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El Faro Rojo: La mentira de los nonillizos

Karla Vanesa fue noticia nacional con su embarazo múltiple, pero la historia terminó en un verdadero fiasco

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El Faro Rojo: La mentira de los nonillizos
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Sofocada por los pensamientos que le provocaba su irremediable pobreza, Karla Vanesa urdió un plan para engañar a su vecinos y utilizando su gordura como pretexto, inventó el embarazo en el que alumbraría nueve hijos en un solo parto, lo que provocó el asombro de toda la sociedad cuando se descubrió la mentira.

Tejiendo con frialdad su maléfica obra, la neolonesa se hizo de dinero aprovechando la bondad de quienes se convirtieron en padrinos de su ficticia descendencia.

Sueños de grandeza

Cobijada por el sueño de un futuro digno, Karla se sumía en los pensamientos de la bonanza que no conocía. El tiempo transcurría y la tristeza de saber que su familia mendigaba entre el mar de la hambruna le hacía rabiar de impotencia.

Por eso había salido de su rancho en Nuevo León, donde una infancia plagada de tristezas la hacía voltear para todas partes, sabiendo que entre las milpas del pueblito donde creció jamás encontraría la dulzura de una realidad que le permitiera vivir en la riqueza junto a su gente.

Sabía que la tranquilidad que pretendía era ficticia por el entorno que la rodeaba. Se avecindó en Arteaga para hacer una nueva vida, en la que incluyó a Bernardo como artífice de los sueños que intentaría cristalizar en la tierra prometida.

Junto a él creó la familia con que se asentó en Coahuila, aunque su suerte no cambió porque a quien conoció en una vulcanizadora de su nuevo barrio tampoco podía proveerle del sustento que cambiara el destino de su futuro para siempre.

Durante años, el matrimonio sorteó las vicisitudes que la pobreza les imponía ahora en territorio coahuilense, hasta que una tarde de abril surgió la mentira que los catapultaría a la fama efímera, pero que los dejaría en el mismo camino de la pobreza que nunca se pudieron sacudir.

Grito desesperado


Mientras “El Berny” sudaba removiendo neumáticos en lo más apartado del humilde taller, su mujer lo contemplaba con un dejo de enfado, molesta porque las extenuantes jornadas como asalariado eventual de poco servían para aliviar las penas económicas que los atacaban
diariamente.

De pronto, un rayo de luz mental iluminó las utopías de la fémina que sin dejar escapar la idea respiró muy hondo, haciendo una pausa en sus andanzas mentales para enfocarse en el detalle que les haría ganar mucho dinero en cuestión de días.

Maquinando con maestría el plan que llevó a la realidad, Karina salió de la vulcanizadora para encaminarse hasta la casa de Gloria, la vecina chismosa que sin darse cuenta propagaría la noticia que en tan sólo unas horas se haría viral.

En la tienda del barrio San Francisco, las comunicativas mujeres gritaron la buena nueva al abarrotero del comercio, que tras llegar a Saltillo para comprar sus víveres también desplegó la anécdota que muy pronto se esparció por toda la región.

Para entonces, el destino le estaba poniendo buena cara a la falsa parturienta, que por dentro se regocijaba burlándose de todos aquellos que con bondad le tendían la mano para donarle algunas monedas, creyendo que el embarazo era real.

Histórica mentira

Resuelta a no pasar más hambre, la mentirosa abrió las puertas de su casa para recibir a conocidos, familiares y hasta políticos que intentaron apoyarla, mientras el fantasma del fraude se extendía por todo el país haciendo creer que el milagro de la naturaleza se postraría en Arteaga.

Durante días, los Pérez fabricaron la tranza que les dio dividendos económicos sin límites, hasta que instancias gubernamentales evidenciaron a la mujer con los estudios médicos, donde saldría a relucir la verdad de algo que no podía ser.

Una tarde de mayo, galenos del hospital donde se atendía la neolonesa emitieron el fallo clínico que echó por tierra el creciente negocio familiar, anunciando que Karla era la mujer más común de la región y que con mentiras se hizo de dinero fácil haciendo creer al mundo que pariría nonillizos.

De la noche a la mañana, el ama de casa que vociferaba su hazaña biológica quedó reducida a nada, cuando el reclamo social destruyó lo que hasta entonces parecía la más conmovedora historia de una soñadora embarazada.

Lapidada por el escarnio público, la regordeta mentirosa cerró la boca para perderse entre las sombras del tiempo, aunque el recuerdo sigue vigente entre los dolidos que le regalaron su dinero a cambio de un padrinazgo ficticio.



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