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El Faro Rojo: Morder la mano… pintores de la muerte

Le quitaron la vida a quien les abrió las puertas de su casa y les dio la oportunidad de ganarse un sueldo honradamente

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El Faro Rojo: Morder la mano… pintores de la muerte
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Apretando con todas sus fuerzas el cuello de su víctima, Francisco sintió cómo se desvanecía para dejarla inerte en las inmediaciones de la recámara, concretando el crimen que por tan sólo unos pesos lo dejó sin patrona.

Junto al cómplice de mañas, el pintor revisó todos los rincones de la casona donde acababan de trabajar para la mujer a quien estrangularon sin piedad, provocando la sicosis social que derivó en su arresto poco después del asalto.

Maldita necesidad

“El Quico” contaba los días para entregar la encomienda que le asignaron en la calle Purcell. Hacía mucho tiempo que no trabajaba y el destino le había brindado una nueva oportunidad para salir adelante.

Resuelto a definir su futuro inmediato con el oficio que le tocó ejercer, acompañado de su vecino, el hombre que hasta entonces brillaba como la “oveja negra” de su familia tenía la oportunidad de reivindicarse frente a todos.

Fue así como durante días validó sus esfuerzos por crecer por el bien de los suyos, apoyado por María, la anciana que le pidió pintar la vivienda que desde hacía tiempo lucía gris por la falta del mantenimiento.

De esa forma, el viernes llegó y los artistas de ocasión se despidieron de la faena que hicieron ante su desconocida jefa, quien les entregó la confianza que les permitió conocer cada rincón del sitio que después allanarían con bestialidad.

Fatídica avaricia

Ya con la responsabilidad completamente relajada, los amigos deambularon por las calles del primer cuadro de Saltillo contando los billetes que se habían ganado honradamente. En su cabeza sólo albergaban la idea de embriagarse para celebrar tan inusual hazaña.

Mientras la cerveza corría sin parar por la mesa del bar en donde se detuvieron para ahogarse de placer, Francisco y Felipe reflexionaban sobre su estadía en la residencia de doña Mary, la misma que recorrieron de arriba a abajo durante el tiempo en el que se disfrazaron de honrados para cumplir con su tarea de ocasión.

Empleando sus dotes de vagancia absoluta, los compadres vieron pasar la noche intercambiando experiencias para satisfacer su ego. Fue de pronto cuando Felipe sintió que las grandes ideas le llenaban la cabeza en un plan que suponía perfecto.

Sabedor de que su patrona vivía sola en casa, el sujeto propuso a Pancho el robo que resultaría más fácil de lo que parecía, y es que tan solo unos minutos bastarían para hacerse del dinero que los sacaría de pobres por algún tiempo.

Embestida fatal

Tambaleando por el efecto del alcohol que se recetaron durante toda la madrugada, los cómplices de aventuras caminaron hasta llegar al destino convenido. El sol apenas salía cuando la maldad los alcanzó de lleno para empujarlos a su cita con la fatalidad.

Una vez en la residencia de la anciana, los pintores entraron sin problemas, para luego recorrer los pasillos con torpeza por el efecto de las bebidas embriagantes que ya les habían robado la razón.

En la más grande de las habitaciones Mary dormía cuando un ruido la despertó. Asustada, alertó a su madre de 90 años, que sólo atinó a cuestionarla sobre el porqué le había espantado el sueño abruptamente.

Con miedo justificado, la sexagenaria se dirigió hasta la recámara de donde provenían los sonidos del mal, topándose con una silueta masculina que se abalanzó sobre ella en medio de la penumbra de la pieza. Fue ahí donde comenzó la batalla en que la anfitriona se convirtió en víctima de las circunstancias.

Empujado por la confusión de sentirse descubierto, Pancho sometió con violencia a la fémina, que nada pudo hacer para defenderse, cediendo ante la bestialidad del ladrón que la dejó tendida en el suelo mientras salía corriendo para encontrarse con su cómplice que hacía la tarea en otra parte.

Y es que en el cuarto de las señoras, Felipe arrinconaba a la nonagenaria que por naturaleza se vio impedida para ponerse a salvo, limitándose a ver cómo los individuos que logró reconocer se hacían de dinero y cosas de valor, con las que huyeron minutos después.

Al otro día, los parientes de las ofendidas llegaron de visita al lugar y fue entonces cuando descubrieron la macabra escena: en el suelo yacía tirado el cadáver de Mary, mientras que su anciana madre lloraba la suerte vivida a manos de sus verdugos.

Buscando resolver el crimen de inmediato, la PGJE ordenó una intensa investigación que concluyó con el paradero de los presuntos asesinos, quienes pagaron con encierro el aberrante asesinato de quien les tendió la mano para darles el trabajo que cambiaron por un asalto.



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