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hace 3 meses
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El Faro Rojo: Pacto de pasión

La promesa era que si alguno de los dos engañaban al otro, entonces ambos morirían

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El Faro Rojo: Pacto de pasión
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Cobijados por el ambiente de amor enfermizo que inundaba la recámara, María y Gustavo se fundieron en un beso mientras la ropa resbalaba de sus cuerpos para dar paso al frenético “acostón” que terminaría en tragedia.

Entre la oscuridad de la noche que se convertiría en la más fiel de sus confidentes, los amantes sellaron su pacto de lealtad perpetrando la masacre que los mandó a dormir el sueño eterno, sin que nada ni nadie lo impidiera.

Amor sin límites

Contemplando el vaivén de personas que deambulaban por las populosas calles del barrio de Chapultepec, Mary se perdía entre los pensamientos de la locura que estaba por co-meter. Apenas tenía cinco meses de relación con su amado, pero la premura por mostrar sus sentimientos iba más allá de la imaginación.

La tarde apenas caía aquel viernes de agosto, pero el furor afectivo de la costurera por su hombre se multiplicaba a cada instante y así se lo hacía saber, tanto que lo obligó a firmar con sangre la alianza de un futuro común entre ambos.

La eterna soltería de la fémina había rayado en una obsesión por el idilio perfecto, encontrando en Gustavo al amor que utilizó para llenar el vacío de soledad que durante años pareció matarla en vida.

Cuando por fin tuvo a su Romeo, María le hizo jurar que se amarían hasta la saciedad con pasión infinita, decretando que algún día finiquitarían sus andanzas sentimentales si alguno de los dos rompía su pacto de “amasiato” perfecto.

De pronto el fantasma de la traición apareció y rompió las ilusiones de la solterona, quien resuelta a cumplir su palabra, citó al mentiroso en casa y con violencia extrema matar el romance que de repente se convirtió en falsedad.

Desgracia en puerta

Recargada sobre la pared del cuarto que se convertiría en escena del crimen, Mary dejó volar su imaginación mientras en la calle seguía el andar de los vecinos que ajenos estaban a lo que ocurriría intramuros, muy cerca de ellos.

Contando los minutos para validar su juramento de amor, la desencantada mujer seguía viendo fijamente la baraja humana que deambulaba en el exterior de su casa, mientras adentro crecía la sensación de una maldad invisible.

Abriendo los ojos más que de costumbre, la solterona avistó a lo lejos la figura del hombre que había roto su juramento con la daga de la mentira, y una sensación de tragedia inevitable se postró de lleno en el ambiente.

Instantes después, el visitante abrió con sigilo la puerta del recibidor que lo guió hasta la sala, donde una voz que le hizo voltear ordenó con tono de terciopelo que se dirigie-ra a la recámara, donde le esperaba una noche de frenética pasión.

Una vez frente a su doncella, “Tavo” recibió una lluvia de reclamos que lo obligó a admitir que había tenido un encuentro fugaz con otra mujer de la que se estaba enamorando, lo que acabó de romper el corazón de María.

Puñalada fatal

Sintiendo que la sangre le hervía, María guardó las apariencias para no estallar y respirando hondo se apretó al cuerpo del traidor, para entre el juego de placer comenzar a desvestirse mientras el individuo hacia lo mismo ignorando que lo matarían.

Fundiéndose en un apasionado beso, la mujer distrajo la atención del galán mientras con un suave movimiento alcanzaba el cuchillo que tenía guardado bajo una de las almohadas. Justo cuando sus cuerpos estuvieran en el coito, ella pondría fin a su existencia terrenal.

En el momento que más borracho de sexo estaba su amante, María empuñó el filero y lo enterró en la espalda para ultimarlo, recetándose también una puñalada que dejó a ambos tendidos en la blancura de la cama que después se tiñó de rojo.

Por la mañana doña Petra llegó a la casa para hacer sus quehaceres como de costumbre, pero al no recibir res-puesta abrió la puerta de la recámara y descubrió el cuerpo inerte y desnudo de su patrona, que yacía envuelto en sangre sobre el hombre con el que alguna vez se juró amor eterno.

Conmocionada por lo que veía, la sirvienta tomó el teléfono para llamar a la Policía, que minutos después arribaría para matizar aún más la tragedia de la casa en donde los amantes desenfrenados pusieron punto final a la historia de amor.



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