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hace 4 meses
[Ruta Libre]

El Faro Rojo: Su última pieza

Raquel regresaba contenta del baile, pero en casa la esperaba la furia de su marido

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El Faro Rojo: Su última pieza
Ilustración: Zócalo | Alejandro Oyervides
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Rasguñando con desesperación las cobijas de la cama, Raquel se arrastró para tomar el cuchillo que se le había caído de la mano, pero su destino estaba escrito, porque Ángel la sorprendió con la piedra que le atizó en la cabeza hasta matarla sin piedad.

En las inmediaciones del patio carcomido por el tiempo, los hijos del matrimonio divisaron con horror la escena que los dejaría huérfanos, porque fue su propio padre quien, traicionado por un ataque de celos, acabó con la vida de su amada, cuyo pecado fue divertirse con los amigos en el baile.

Una vida de excesos

Apenas caía la tarde cuando el sonar del teléfono sacudió las fibras emocionales de Raquel, porque del otro lado de la bocina se escuchó la voz de Martha, quien con tono festivo avivó los recuerdos de un pasado con una invitación de reencuentro, le despertó la ilusión de quien pretendió divertirse sin límites, a pesar de ser casada.

Y es que sorprendida por el llamado de su amiga, Raquel imaginó la noche de añoranzas que viviría con los conocidos que tenía años sin ver, planeando el encuentro sin tomar en cuenta la opinión de su marido.

Convencida de regresar al pasado en un instante, la joven madre se alistó para sacudir el cuerpo. Minutos después recibió a su hombre para restregarle con delicadeza el plan que tenía hecho, dejándole a sus cuatro hijos para que los arrullara mientras ella daba rienda suelta a su pasión por el baile.

Ignorando los reclamos de su pareja, Raquel salió presurosa de la casa donde la semilla de la desconfianza se había sembrado desde tiempo atrás, cuando la relación entre ambos se había fracturado debido a las constantes salidas de la fémina, quien comenzaba a sentirse soltera sin serlo.

Durante toda la noche, la veinteañera se sumió en el vaivén de la música que la hizo desvelarse como nunca. El reencuentro con los suyos revitalizó tanto sus emociones, que le impidieron notar que la cuenta regresiva de su existir había comenzado.

Por la mañana de aquel fresco domingo de marzo, la zozobra reinaba en el hogar de los Navarro. De pronto el suave crujir de la puerta dio paso a la figura de la parrandera, quien con paso lento se encaminó hasta su cuarto para no despertar a la familia que creía dormida.

Para su sorpresa, al fondo de la recámara, divisó la silueta somnolienta de Ángel, quien con ojos de asesino la miró fijamente para luego increparla, iniciando la discusión que dio paso a la tragedia que conmocionó a la colonia Oceanía.

Visiblemente irritado, el operario se paró del colchón donde aguardaba el regreso de su mujer y con palabras de desprecio la cuestionó, llevándose a cambio una bofetada de indiferencia, que caló muy hondo en su orgullo de jefe de la casa.

Tras ver que la parrandera se deslizaba en la cama pretendiendo olvidarse del mundo, el enfurecido marido la levantó con violencia y tras exigir una explicación convincente, comenzó el intercambio de insultos que se transformó en desgracia.

Horrendo fin

Imaginando que lo peor estaba por venir, el humillado marido sacó a los niños al patio para reanudar la andanada de preguntas que se fue convirtiendo en golpes, luego de que el forcejeo entre ambos se hiciera tan tenso que un preludio de muerte se veía venir.

En medio de la lluvia de agresiones que inundaban la recámara del matrimonio, el embrutecido sujeto amagó con movimientos toscos a la amada, quien de pronto se vio en desventaja, cayendo al suelo para quedar a merced de su potencial victimario.

Con la razón ausente, Ángel se agachó para arrancar un pedazo de block que sostenía la pata de la cama, disponiéndose a atacar a su mujer que por instinto de supervivencia tomó un cuchillo que estaba sobre el buró y que usó como recurso para defender la vida, pero el destino de Raquel estaba escrito con letras de sangre, porque tras recibir un golpe con el trozo de concreto cayó en la cama, donde ya no se pudo reponer, pues, aunque intentó tomar de nuevo el arma que se le había caído al suelo, la habilidad de su esposo resultó letal porque la sorprendió con varios golpes seguidos, con los que la mandó al otro mundo casi de manera instantánea.

Al ver que se había convertido en asesino en un instante, Ángel corrió hasta el patio para tomar de la mano a sus hijos y llevarlos a la casa de sus familiares, donde los dejó mientras se daba a la fuga para evadir la acción de las autoridades.

Horas más tarde, agentes ministeriales lo aprehendieron cuando caminaba sobre la margen del arroyo donde pretendía esconderse, consignándolo ante autoridades penales por el delito de uxoricidio, el mismo que pagará con cárcel durante el resto de su vida.




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