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hace 9 meses
[Ruta Libre]

El Faro Rojo: Velada de locura, del baile al funeral

Dos hermanos sufrieron la peor de las muertes al quedar envueltos por las llamas

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El Faro Rojo: Velada de locura, del baile al funeral
Ilustración: Zócalo | Alfredo Garza
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Desafiando las llamas del infierno en que había caído junto con sus amigos en plena madrugada, Martín jaló con desesperación el cuerpo inerte de su hermano Joel, creyendo que estaba vivo, ignorando que la tragedia les costaría la vida en medio de la nada.

Tratando de obtener fuerza sobrenatural, el tramoyista aguantaba los embates de la lumbre que le laceraba el cuerpo, mientras rogaba por un milagro que nunca llegó, porque ambos tenían su destino marcado en aquel solitario paraje de la carretera a Monclova.

Noche de fiesta

Tras las bocinas que animaban el ambiente de El Fandango, en la calle Abasolo, los Pérez se entretenían revisando los detalles con los que brindarían el mejor de sus bailes en Saltillo. Su experiencia era mucha, pero la idea de triunfar en la capital coahuilense los ilusionaba sobremanera.

Afuera del taller adaptado como centro de diversión, la muchedumbre se arremolinaba para ingresar. Sabiendo que tendrían una velada de locura, el grupo musical que se presentaba prometía mucho aquella noche de sábado.

Mientras los técnicos en iluminación reposaban tras todo un día de ajetreo por el acomodo del escenario, en el ambiente flotaba el fantasma del desvelo, porque fue este el que los encaminó hasta la desgracia cuando emprendieron su camino de regreso a casa.

Luego de un agitado fin de semana por los escenarios saltillenses, los cargadores abordaron el tráiler con que formarían la caravana de siempre. Contentos de haber cumplido lejos de su tierra, enfilaron su marcha hacia el destino planeado, el mismo que se quedaría en deseo.

Justo cuando el reloj del tablero del camión rojo en el que movían bocinas marcaba las 5:00 horas, los Pérez iniciaron lo que se convertiría en un viaje sin retorno y en el cual la muerte sería en la peor de sus compañeras de aventura.

Trágico andar

Recibiendo el aire cálido en su cara en aquella madrugada de verano, los hermanos se sacudían el sueño manteniendo las ventanas del camión abiertas: querían llegar a Sabinas frescos para disfrutar de la familia sin una brizna de sueño.

Barajando las anécdotas vividas en el baile de El Fandango, Joel expresó a Martín su deseo de llegar al pueblo lo antes posible, excitando sus emociones al recordar que en la distancia lo esperaban su mujer y sus hijos.

Apenas amanecía cuando la desgracia se atravesó en el camino de los músicos: sobre el ejido La Esperanza sufrieron la pinchadura de una llanta que les hizo salir del camino, volcando aparatosamente para evocar a la muerte sin remedio.

En medio de la confusión, Martín despertó entre la maleza por la sensación de que algo grave estaba pasado, fue entonces cuando divisó el tráiler volcado y envuelto en llamas, mientras al fondo se escuchaban los gritos desesperados de Joel implorando auxilio.

Sintiendo que su corazón salía de su pecho, Martín corrió hacia el transporte que para entonces se había convertido en una enorme antorcha, donde permanecía el cuerpo prensado de su hermano, que moría lenta y dolorosamente.

Se apagó la música

A lo lejos se escuchaba el aullido de las ambulancias que iban en su auxilio, sin embargo Martín hacía lo imposible por sacar a Joel de entre los fierros retorcidos, pero de pronto ya no escuchó nada, aún luchaba contra la muerte sin saber que su hermano ya había perdido la partida.

Mientras el cadáver de su hermano se reducía a cenizas entre las llamas que consumían el tráiler de la agrupación musical, él se hacía inmune al dolor y dejaba la piel sobre el asfalto.

Vencido por el sufrimiento, Martín cayó desvanecido a la orilla del camino, de donde fue recogido por paramédicos de Cruz Roja que lo trasladaron de emergencia a un hospital de Monterrey, donde luchó contra la adversidad hasta que no resistió más.

Durante casi dos horas los cuerpos de auxilio cerraron la carretera a Monclova para sacar el cuerpo quemado de Joel, que pereció calcinado en el incendio que desapareció el camión.

Días después, los Pérez despidieron a Joel en un cementerio de Monclova, pero reanudaron su pesar en Monterrey, donde Martín dejó de existir al no soportar las lesiones que le arrebataron la vida en su intento heroico por salvarle la vida a su hermano.


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