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[Internacional]

El lado oculto de la Segunda Guerra Mundial

El novelista Robert Harris tiene otro punto de vista sobre el verdadero rol del primer ministro británico Chamberlain en Múnich

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El lado oculto de la Segunda Guerra Mundial
El Confidencial | Londres.- El 30 de septiembre de 1938 se aprobaron y firmaron los conocidos como acuerdos de Múnich. Con ellos se ponía fin a la crisis de los Sudetes, que estuvo a punto de hacer entrar en guerra a Reino Unido y Francia contra Alemania, pero abrían la puerta a la Segunda Guerra Mundial, que estallaría apenas un año más tarde. En la ciudad bávara se acordó que la cadena montañosa se incorporase a Alemania sin que hubiese ningún representante de Checoslovaquia, donde se encontraba esta región, y contraviniendo el Tratado de Versalles. Para la historia queda la imagen de Adolf Hitler y Benito Mussolini junto al sonriente primer ministro británico, Neville Chamberlain.

La historia ha sido particularmente dura con el político inglés, quien se vio forzado a dimitir el 9 de mayo de 1940 (moriría en noviembre de ese mismo año), después de que la invasión nazi de Noruega pusiese de manifiesto que la política de apaciguamiento por la que se le recordará eternamente no solo había sido fallida, sino que había dado alas al Führer en su intento de extender el Reich por toda Europa. Para muchos ingleses se trata del peor primer ministro del siglo XX, una figura totalmente oscurecida por el papel que su sucesor, Winston Churchill, desempeñó al frente del Reino Unido.

El escritor Robert Harris, responsable de la conocida como trilogía de Cicerón o de 'El índice del miedo', tiene otro punto de vista sobre el verdadero rol de Chamberlain en Múnich. Una mirada, en definitiva, mucho más amable. Por una parte, porque entiende que la aparente cordialidad con la que trató al dictador no era más que una fachada diplomática para ocultar la verdadera repugnancia que sentía hacia Hitler (el sentimiento era mutuo); por otra, porque la aparente cesión de Chamberlain hizo que en realidad Europa ganase un tiempo precioso para poder erigirse victoriosa en la contienda que estallaría poco después.

La nueva novela del inglés, 'Munich' (Hutchinson) narra la intrahistoria de la negociación entre el político inglés y Hitler en un 'thriller' que se centra en Hugh Legan, uno de los secretarios de Chamberlain, y en Paul Hartmann, un diplomático inglés anti Hitler; a la manera de John Le Carré, dos viejos amigos que se reencuentran en distintos bandos en uno de los momentos cruciales de la historia de Occidente. Hartmann traslada a su amigo un documento secreto que detalla los mucho más ambiciosos planes de expansión del Führer; Legan se verá en la encrucijada de qué hacer con la información de la que dispone. El resto es historia (la de la novela).

El abogado del diablo



Durante las últimas siete décadas, la imagen que se ha difundido de Neville Chamberlain es la de un anciano contemporizador –tenía 69 años en aquel momento– al que la amenaza nazi le quedaba demasiado grande. También jugó un papel esencial en la Guerra Civil española, al defender la neutralidad inglesa en la contienda y disuadir una posible intervención de Francia contra el bando franquista. Su decisión de entregar los Sudetes a Alemania, y de implicar al presidente francés Edouard Daladier en ello, terminaría haciendo renunciar al presidente chechoslovaco, Edvard Benes.

Cuando Chamberlain volvió a pisar Inglaterra, sin embargo, declaró haber conseguido “la paz para nuestro tiempo” mientras agitaba el documento ante los ingleses que le recibían. Los ecos de la devastadora Primera Guerra Mundial aún resonaban en la cabeza de muchos ingleses, y el primer ministro era consciente de ello. Pero más célebre aún es quizá la aseveración de Churchill cuando señaló que “a nuestra patria se le ofreció elegir entre la humillación y la guerra; ya aceptamos la humillación y ahora tendremos la guerra”. Para Harris, no obstante, la historia ha sido muy cruel con Chamberlain, de ahí que haya decidido erigirse en “abogado del diablo”, en sus propias palabras.

“El hecho de que haya sido tan denigrado me hizo pensar que alguien debía decir algo en su favor”, ha explicado a 'Times of Israel'. Harris tiene claro que, aun discutibles, los acuerdos de Múnich consiguieron impedir lo que de haberse producido habría sido un desastre para Reino Unido y para Francia, ya que carecían del poder militar suficiente como para enfrentarse con el ejército nazi. Una de las frases pronunciadas por Chamberlain en privado durante dicho período fue “no puedes jugar al póker con un gángster si no tienes cartas en la mano”.

El gobierno inglés no comenzaría a preparar a su ejército hasta la primavera del año siguiente, cuando se dio cuenta de que evitar la confrontación era imposible. 'Munich', no obstante, recuerda que la población civil inglesa, en el momento en que Chamberlain se embarcó rumbo a Baviera, estaba preparándose para una guerra inminente que probablemente habría sido devastadora. El propio Hitler le dio la razón al primer ministro inglés, recuerda Harris al reproducir la siguiente frase al inicio del libro, pronunciada en febrero de 1945: “Teníamos que haber ido a la guerra en 1938… Septiembre de 1938 habría sido la mejor fecha para nosotros”.

¿Héroe o patán?



No todo el mundo está de acuerdo por completo con Harris, claro. El historiador Max Hastings, autor de 'Armagedón: la derrota de Alemania 1944-1945' (Crítica) ha señalado que “incluso un revisionista increíblemente imaginativo no podría convertir en un héroe creíble al viejo Primer Ministro abrazado a su absurdo paraguas”, aunque concede que el escritor es más riguroso que muchos de los historiadores que han ridiculizado a Chamberlain a lo largo de los años. Es más, está de acuerdo en que “Gran Bretaña sacó más del pacto y Hitler menos de lo que la gente piensa”.

La mentalidad del político, recuerda, se encontraba en sintonía con la mayor parte de la población, que defendía que había que evitar por todos los medios otra confrontación como aquella que había costado en Gran Bretaña la vida de más de un millón de personas (alrededor de 900.000 soldados y unos 111.000 civiles). Una herida que apenas tenía 20 años, y que condicionó gran parte de la política de apaciguamiento defendida por Chamberlain. Es más, como recuerda Hastings, el Partido Laborista, uno de los grandes detractores del político, se posicionó durante mucho tiempo en contra del rearme inglés. De ahí que las Fuerzas Armadas se encontrasen en 1938 en una posición tremendamente debilitada, como se le advirtió al propio político conservador antes de partir a Múnich.

“Todas las fuentes contemporáneas le retratan furioso”, recuerda Harris para recordar que Chamberlain no estaba tan feliz con el resultado como sugerían las imágenes que lo mostraban encantado. “Podría haber montado la ceremonia de firma más extraordinaria para medios de todo el mundo. Al contrario, tan solo dejó que hubiese una cámara. Creo que es una prueba importante de que realmente estaba irritado”. Ni tan villano, ni tan héroe, la nueva novela de Harris pone en contexto a Chamberlain, un hombre que incluso más que Churchill –quien debería enfrentarse a su propio ostracismo en 1944– pertenecía a otra época y otro tiempo. Pero aun con ello, probablemente fuese más sagaz que lo que la historia sugiere.





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