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[Arte]

El retorno a la memoria: Alejandro Espinosa Fuentes

El autor ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2019 con Recuerdos de Hilo

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El retorno a la memoria: Alejandro Espinosa Fuentes
Saltillo.- “La palabra es un instrumento poco confiable para intentar plasmar una emoción constante, porque siempre se puede reinterpretar a lo largo del tiempo”, dice Alejandro Espinosa Fuentes, autor de Recuerdos de Hilo, el libro que resultó vencedor del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2019. El jurado estuvo integrado por los escritores Andrés Acosta, César Silva y Jesús de León Montalvo.

Los relatos que aparecen en el libro acceden a las memorias de los personajes que viven dentro de esas páginas y dan un vistazo a su pasado, ya que son “artefactos narrativos que se conforman de voces caóticas y contradictorias.

“Recuerdos de Hilo es una serie de cuentos breves en los que voces diferentes, de personajes que están estancados en algún momento de su vida, evocan su pasado para salir adelante. No es un libro con un sólo tema, sino que es multitemático”, como explicó Espinosa en entrevista con Zócalo.

Autor de novelas como Nuestro Idioma, Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas en 2015, y Agenbite of Inwit (Ediciones Contrabando, 2019), la escritura de Espinosa navega en el mar de las memorias y encalla en las arenas de un momento concreto. Bucea en ellas y se ayuda solamente del lenguaje. La palabra busca ser esa linterna que eche luz sobre las oscuras cavernas del recuerdo.

“El tema del pasado es una constante en mi narrativa. En ella es el lenguaje el que debate con el pasado en un intento de transformarlo. En este caso, al ser un cuento breve, necesité mucho ingenio y agilidad para darle una personalidad y característica a la voz y dejar que fuera el lenguaje el que explorara el conflicto interno de cada uno.

“Recuerdos de Hilo es un libro sintomático, ya que más allá del tema (el pasado) son los síntomas los que unen a los personajes. Ellos padecen la culpa, el arrepentimiento y la frustración; un poco en reflejo a los síntomas de una generación joven que quería retratar”, detalló el nacido en la Ciudad de México.



Motivos de generación

Esos seres que deambulan por la prosa firme de Espinosa son hijos de su tiempo, cuyos síntomas se deben al contexto en el que nacieron y en el que han crecido: una constante guerra informática e informativa que los lleva a tener emociones límite en su presente, y cuyo único resguardo es la mirada hacia atrás, el olvido del ahora en la neblina del ayer.

“Los nacidos a finales de los 80 y principios de los años 90 somos una generación ‘conejillo de indias’, ya que hemos pasado muchos cambios en la forma en que nos comunicamos y nos relacionamos. Eso lleva a una inmediatez y le damos demasiada importancia a las emociones inmediatas que puede llevar tanto a la sabiduría como a la torpeza.

“Cuando las cosas cambian, no de un año al otro, sino de una semana a otra, es un zangoloteo informativo que no nos deja definirnos como una generación. Sin embargo, creemos que hay ahí una esencia particular que nos unifica, eso es un poco la búsqueda de mi narrativa en cuanto a los síntomas, como lo son la frustración del mercado laboral en el que no tenemos cabida, en amores temporales o ideologías efímeras. La labor de sintetizar esto no acaba nunca, pero creo que el lenguaje es la herramienta ideal para comenzar su identificación”, ahondó el ganador de los 100 mil pesos de bolsa económica que tiene el premio.



Lengua que cambia

A pesar de que la angustia de nuestra época invade cada pensamiento y la realidad se diluye en lo que el sociólogo Zygmunt Bauman llamó “modernidad líquida”, la búsqueda de la identidad de la generación a la que pertenece no es lo que motiva a Espinosa. Para él, la escritura es algo maleable con el pasar del tiempo. a la vez que es el mejor medio para conocerse a sí mismo.

“La palabra es un instrumento poco confiable para intentar plasmar una emoción constante, porque siempre se puede reinterpretar a lo largo del tiempo. Escribir no ha sido para mí una búsqueda sociológica de identificar el conflicto o la identidad de una generación, sino más bien de disfrutar del juego que da el lenguaje para intentar nombrar el mundo nuevamente, darle nombre a las cosas otra vez.

“Y a la vez, creo que el lenguaje es el mejor sitio donde se expresan los cambios históricos. Son las palabras las que ya no son lo mismo para mí, después de una serie de experiencias vitales, pero que así como también cambian a nivel íntimo o colectivo lo hacen también a nivel social o global, La palabra ha sido un arma de resistencia para conocerme mejor a mí y al mundo”, concluyó el ganador del Premio Sergio Pitol en 2015.


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