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El Tema de la Semana: Los frutos del sindicalismo

Elba Esther Gordillo salió de prisión al no comprobarse las acusaciones por delincuencia organizada y desvío de dinero

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El Tema de la Semana: Los frutos del sindicalismo
Saltillo, Coah.- Pasada la una de madrugada del miércoles y casi a punto de cerrar la edición de este diario, una escueta información, pero lo suficientemente fuerte, obligó a cambiar titulares: Elba Esther Gordillo había sido absuelta de las acusaciones por delincuencia organizada y lavado de dinero.

La noticia fue pólvora encendida y a los pocos minutos estaba en todos los portales informativos. Lo que suceda y deje de suceder con Elba Esther Gordillo siempre será en este país un asunto de interés de público, porque estamos hablando de la mujer que manejó durante décadas el destino de la educación en México.

Elba Esther Gordillo fue líder del Sindicato Nacional de Trabajadores (SNTE) de la Educación, el mayor en América Latina. En ese cargo permaneció durante 24 años, hasta que en febrero de 2013 fue capturada por la Policía Federal en el Aeropuerto de Toluca, adonde La Maestra arribaba en avión privado desde San Diego California. Llegaba de un viaje de placer, como era habitual en ella.

La Maestra había sido acusada por orquestar el desvío de casi 2 millones de pesos al SNTE, provenientes de cuotas sindicales. El estilo de vida de la líder no hizo más que reforzar la sospecha –que casi medio México tenía y, quizá, sigue teniendo aún–: era adepta a los aviones privados, ropa y accesorios de marcas de lujo; a la compra de propiedades sin miramientos en zonas de alta plusvalía, tanto en México como en Estados Unidos, además de las cirugías estéticas. “Me gustan las cosas caras. ¿Dónde está el delito de eso? Lo sudo, no me lo robo”, dijo una vez en entrevista.

La pregunta que muchos mexicanos aún se hacen es cómo de simple maestra pasó a excéntrica millonaria. No existe otra respuesta más que los frutos del sindicalismo. Lo que en un principio había sido creado para defender los derechos de los trabajadores pronto desvirtuó y se convirtió en un arma para fines políticos diversos. El PRI se benefició durante décadas del voto corporativo de los sindicatos, especialmente del SNTE.

La historia de Gordillo es la misma que la de Carlos Romero Deschamps, líder del Sindicato Petrolero de la República Mexicana, o el de Francisco Hernandez Juárez, del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, o Napoleón Gómez Urrutia, con el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, quien además está autoexiliado en Canadá tras la muerte de 36 mineros en Pasta de Conchos, aquí en Coahuila, pero que pronto gozará de fuero al ser designado por AMLO senador plurinominal en la próxima Legislatura.

Ninguno de estos líderes sindicales está libre de señalamientos por el uso de los millonarios fondos que aportan sus agremiados. “En México, a los líderes sindicales ya nadie les cree (salvo honrosas excepciones) que representan a sus bases”, señala Javier Aguilar García, investigador de la UNAM.

La liberación de Elba Esther nos dice que el sindicalismo en México no está muerto y que el poder que aún representa puede ser usado para unos fines u otros, porque incluso su captura y encarcelamiento “servirían” para legitimar un Gobierno con amplios problemas de credibilidad como lo es el de Enrique Peña Nieto. Pero ni eso pudieron hacer bien porque, según la resolución del miércoles pasado, el caso no fue debidamente armado y ninguna de las acusaciones estuvo suficientemente acreditada.





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