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hace 1 mes
[FILC 2018]

El territorio de las nínfulas

Ana Clavel escribe sobre la figura que dio pie a Lolita, de Nabokov

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El territorio de las nínfulas
Saltillo, Coahuila.- Ana Clavel afirma que “la literatura y el arte son de los poquísimos espacios de libertad individual que tenemos”, y es que en los tiempos de movimientos como #metoo y #yotambién son varias las novelas que han sido condenadas por ofrecer una visión de la mujer con la que muchos no están de acuerdo. Uno de estos libros es Lolita, de Vladimir Nabokov, obra literaria que puso a la luz el arquetipo de la nínfula y sobre la que el escritor ruso escribe: “No hay nada más atrozmente cruel que una niña adorada”.

La escritora aborda en su ensayo Territorio Lolita (Alfaguara, 2017) una amplia visión sobre esta criatura creada bajo una óptica masculina. Para hablar de ello se presentará hoy en la Feria Internacional del Libro Coahuila (FILC), pero antes compartió con Zócalo algunos detalles de su obra y del taller que impartirá durante su estancia en el Campus Arteaga de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Háblame de los arquetipos que exploras en tu libro. Desde Beatriz hasta Julieta, la fantasía y deseo en torno a la joven figura femenina ha fascinado a las artes y la literatura.

“El arquetipo de la nínfula, puesta a la luz por la novela Lolita, de Nabokov, en 1955, pero cuyas apariciones centellean desde la antigüedad (recuérdese a la afamada Elena de Esparta, raptada por Teseo a los 12 años, antes de casarse con Menelao y desencadenar la guerra de Troya). Se trata de la magia y el poder de seres que están en el cruce de los reinos de la infancia y la adolescencia y a quienes se asocianen potencia la feminidad más atávica, esa que desarrollan a plenitud sus hermanas mayores: las ninfas.

“No en balde Roberto Calasso, al hablar de las ninfas, decía que su posesión era paradójica, pues poseerlas significaba ser poseídos. Es el concepto griego de la ‘ninfolepsia’, el arrebato, la locura que viene de las ninfas. Se dice que el primer ninfolepto, el que quedó atrapado en las aguas mentales de la ninfa (en el sentido de fuente), fue Sócrates”.

¿Qué representa la figura de Lolita en el imaginario de la época moderna, esta nínfula que nos presentó Nabokov y que de inmediato fue adoptada por la sociedad?

“Más allá del arquetipo y el mito, el personaje de Lolita desnuda el deseo masculino ciclópeo tan arraigado aún en nuestros días. Se trata de una relación unilateral de fascinación por más que se trate de darle peso a la figura de la nínfula cargándola de una perversidad manipuladora. En la novela de Nabokov, y en muchas de las sucesoras de Lolita, se construye el universo del deseo a partir de la mirada del deseante.

“Y es tan poderosa esa mirada –pienso en Kubrick y el llamado efecto Stern que produjo la Lolita con gafas acorazonadas–, que ha llevado a la explotación de la imagen de la pequeña, convertida en un sex symbol, una enfant fatale, un estereotipo comercializable.

“Creo que al no poder con la dimensión del mito, su revelación de misterio profundo, tendemos a banalizarlo para profanarlo y restarle importancia”.

En la novela del escritor ruso-norteamericano vemos a Lolita bajo la óptica de Humbert Humbert, ¿qué tendría Lolita por decir si se le diera una voz?

“Podría decir mucho si se animara a hablarnos de su deseo más allá de esquematismos depravados (que ya se ha hecho) o de una victimización que la reduciría a un papel muy pobre. Pero cuando yo hablo en mi libro de la ‘interioridad de la nínfula’ como un territorio todavía virgen, no sólo pienso en devolverle un voz auténtica, sino en la posibilidad de enriquecer nuestra mirada para acercarnos a ella.

“Lo que solemos hacer es o bien venerarla como un arquetipo idealizado a la manera de Cortázar en el cuento Silvia, o bien vulgarizarla como un estereotipo perverso y sexualizado como en el cuento Ninfeta, de García Ponce. Así, de un extremo a otro, el territorio de la interioridad de la nínfula ha pasado de noche”.

En tu ensayo hablas del caso de Josephine Mutzenbacher, ¿podrías abundar sobre la historia de este personaje, tendría alguna influencia en la creación de la Lolita de Nabokov?

“Josephine es una prostituta vienesa de la segunda mitad del 19 que hacia el final de sus días dicta sus aventuras de nínfula y meretriz profesional desde los 12 años. Sus Memorias escritas por Felix Salten –nada menos el autor de clásicos infantiles como Bambi– fueron leídas como literatura pícara licenciosa. Su figura llevó a los conocedores a nombrar ‘Josefinas’ a las nínfulas de esa época. Yo la incluyo en Territorio Lolita como un antecedente en el tema, pero nunca señalo que haya ejercido influencia directa en Nabokov”.

Territorio Lolita llegó en un momento en que apareció el movimiento #metoo y el tema del papel de la mujer en la sociedad es de discusión global. En tu opinión, ¿qué reflexión podemos hacer sobre estos tópicos?

“Cualquier lucha por la reinvindicación de los derechos de las personas siempre será bienvenida. A mí me preocupa que en aras de la corrección moral o política, dejemos de indagar en los claroscuros y sombras de lo humano.

“Hay gente que dice que no debe leerse Lolita, o que pretende decirnos cómo debemos leerla. Y eso, en estos tiempos liberales o en los tiempos más críticos para la crítica –valga la redundancia– se llama censura. No deberíamos olvidar que la literatura y el arte son de los poquísimos espacios de libertad individual que tenemos. Y son espacios indispensables porque nos permiten la sublimación, la ritualización del deseo”.

En la Feria Internacional del Libro Coahuila impartirás un taller de novela. Háblame un poco sobre los temas que abordarás.

“Trabajaremos algunos elementos teóricos sobre el arte de la novela, así como la revisión de ejemplos prácticos para su escritura y trama, a fin de evitar los errores más comunes del oficio”.

La novela es la reina de la industria editorial, ¿a qué crees que se deba esta fascinación que sienten los lectores hacia ella?

“Recordando un título del querido Sergio Pitol, yo diría que la novela es el arte de la fuga. Nuestras sociedades sofocantes, despersonalizadoras, enajenantes por cuanto nos vuelven ajenos a nosotros mismos, nos hacen ensoñar fábulas que nos permitan transportarnos, alejarnos, fugarnos. Creo que tanto como el deseo nos define lo que llamo el ‘síndrome de Scherezada’, nuestra necesidad de contarnos historias, de urdir un relato que dé justificación a la existencia, para relatarnos el cuento que queremos habitar.

“No es otra cosa lo que hacemos al cerrar los ojos en la noche y comenzamos a rehilar lo acontecido en el día. Tanto el cuento como la novela cumplen esa tarea, pero la novela es una fuga más completa por su tiempo más moroso, su aliento más largo, que nos permite un escape mayor, la alteridad en otro mundo posible mediante el juego de la imaginación.

“Una fuga bien entramada que posibilita el juego de la imaginación personal nos permite un goce y un poder íntimos y enormes. De ahí la increíble vigencia de la novela por más que algunos hayan vaticinado su debacle”.

Agéndalo

Presentación de Territorio Lolita

Con la autora y Paola Velasco

Hoy, 16:00 horas

Sala Manuel Acuña

Taller de novela

Imparte Ana Clavel

Hoy y mañana, 11:00 horas

Sala Enriqueta Ochoa


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