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hace 1 semana
[Ramos Arizpe]

Entregan mochilas a niños de Las Norias y La Leona

decenas de niños agradecieron la entrega de mochilas en las escuelas de los ejidos Las Norias y La Leona

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Entregan mochilas a niños de Las Norias y La Leona
Eduardo Covarrubias | Ramos Arizpe, Coah.- Niños de las primarias ubicadas en los ejidos Las Norias y La Leona, en Ramos Arizpe, recibieron con gran entusiasmo las mochilas donadas por los lectores que respondieron a la convocatoria 42K con Causa.

Situados a 64 kilómetros de la capital del estado, y a tres el uno del otro, destacan del panorama por la vegetación en relación al entorno; un paisaje árido que se extiende hectáreas a la redonda. El motor económico es la agricultura y la ganadería, quienes no se dedican a esto decidieron ir a trabajar a Saltillo, “en cualquier fábrica”. Los que se quedan trabajan en tiendas locales, o en el penal federal de Paredón.

En Las Norias, un letrero de madera apenas visible, da la bienvenida al ejido. Casas de adobe marcadas por el tiempo parecen desmoronarse, para integrarse de nuevo a los caminos de tierra; otras de concreto, menos comunes, se levantan.



Destaca de inmediato la convivencia entre sus habitantes, dos pequeños se esfuerzan por llevar algo en una carretilla, uno replica al otro por su manera de hacer las cosas. Las madres en sus mecedoras pueden “echar un ojo” a sus hijos mientras acuden a la escuela. Pareciera que todos tienen su lugar y sus horarios. Un hombre encima de una piedra de media tonelada, vigila extrañado, en compañía de su perro, nuestro andar por el pueblo.

Llegamos a las escuelas General Guadalupe Victoria y Miguel Hidalgo y Costilla, no fue difícil encontrarlas, encumbradas al centro de los ejidos. El saludo, el respeto y la atención fue unánime, “¡buenos días!”, gritaron los pequeños, quienes ya enterados de nuestro propósito no dejaban de sonreír. Después de explicarles la dinámica para recoger su mochila, se les entregó uno a uno.

La voz se corrió rápido, pues las madres de los estudiantes hacían fila afuera de la puerta de la escuela, bajo llave, por cuestiones de seguridad, asomándose para ver lo que estaba pasando. Una de ellas pegó un tremendo grito “¡Ángel!”, el pequeño que no había asistido a clases, llegó con agitación evidente, después de correr desde su casa, con el único objetivo de obtener su mochila, agradeciendo el regalo con una sonrisa.








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