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Estalla la furia

Fake news alimentan la hoguera de ira e ignorancia, en un México dominado por la barbarie

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Estalla la furia
Por: Rosalío González

Saltillo, Coah.-
A un año de que se cumplan 200 vueltas al sol desde que la Santa Inquisición desapareció de México, el país se convulsiona por un fenómeno social que, imitando al extinto Tribunal de la Fe, utiliza las plazas, las calles y hasta las presidencias municipales como hogueras. Las turbas enardecidas montan letales espectáculos bajo la consigna de que sus actos no son más que el principio de “justicia por propia mano”.

Antes, por lo menos, el Santo Oficio celebraba un proceso jurídico para sentenciar a muerte por herejía, bigamia o hasta por comer hostias de más durante la misa; pero ahora, las escenas del México bárbaro que se difunden por redes sociales y medios tradicionales delatan una sociedad no sólo atizada sino también ignorante y confundida.

LA PSICOSIS DEL RUMOR

El antepenúltimo día de agosto, en Acatlán de Ocampo, un municipio enclavado en la zona mixteca de Puebla, una turba tomó la Presidencia Municipal y replicaron las campanas para alertar a la gente sobre lo que sucedía en la plaza pública.

Dos hombres, uno de 22 años de nombre Ricardo Flores, sobrino del segundo de 43 años que era Alberto Flores, habían llegado detenidos por la Policía Municipal a la Comandancia, procedentes de la comunidad de San Vicente Boquerón.

Ellos eran originarios del ejido de Tianguistengo, pero según su familia, habían ido a San Vicente a visitar a una tía y, estando ahí, aprovecharon para tomar una cerveza en la plaza, cuando un dedo los apuntó.

La denunciante, una mujer que todavía no tiene rostro ni nombre para la opinión pública –y que por lo tanto vive en la comodidad de la impunidad– gritó que Ricardo y Alberto eran ladrones de niños.

Según las autoridades de Puebla, Ricardo y Alberto eran campesinos y obreros de la construcción, sin embargo, ante la intempestiva acusación, la gente en San Vicente se reunió para detenerlos.

La Policía Municipal llegó a tiempo. Logró rescatarlos de la turba y llevarlos a la Comandancia, pero hasta allá, en masa, llegaron los pobladores de San Vicente, enardecidos y cargados con bidones de gasolina.

Pasaba del mediodía cuando comenzaron a sonar las campanas de la Alcaldía y, la vil difamación contra los “robachicos” corrió por todo el pueblo.

Sin denunciante en el lugar, sin ningún niño desaparecido, sin antecedentes de secuestros de menores en el municipio, sin una postura oficial de las autoridades, las 150 personas reunidas frente a la Comandancia exigieron justicia.

Ninguno tuvo la inteligencia o el chispazo mental de preguntarse ¿de qué exigían justicia?, ¿dónde estaba la víctima del delito?, y ¿quiénes eran esos hombres cuya madre y abuela gritaba que eran inocentes?

Durante una hora, la turba gritó y pronunció discursos encendidos sobre la inseguridad y la injusticia, mientras los policías municipales intentaban mantener cerrada la Comandancia para evitar que entrara la “marabunta” por los detenidos.

“Abran porque estamos hasta la madre”, gritaban hombres desde la primera fila de la turba, “abran ¿o quieren que aparezcan los niños abiertos, sin órganos, sin corazón y tirados en los baldíos?”, insistían dramatizando el futuro.

TRANSMITIENDO SU 'JUSTICIA'

La “autoridad”, que no era más que un pequeño grupo de policías municipales temblando de miedo, falló en la implementación del plan antilinchamientos planeado por el Gobierno de Puebla, por eso nunca llegaron los refuerzos estatales.

A mazazos, la turba abrió la Comandancia y entró por Ricardo y Alberto. Los amarraron del cuello con mecates y los jalaron hacia la plaza pública, donde a patadas, puñetazos y palazos los dejaron inconscientes, moribundos.

Frente a la Alcaldía, la Policía y la iglesia, hombres rociaron de gasolina al par de campesinos y luego les prendieron fuego, mientras decenas de personas los fotografiaban ardiendo, los grababan o incluso, transmitían en vivo el linchamiento con comentarios para familiares y amigos de Facebook. “Aquí, haciendo justicia”.

En los cuerpos carbonizados de Ricardo y Alberto no había nada de justicia, sino desinformación y sugestión, provocada por las cadenas de alertas falsas que recientemente invadieron los grupos y las listas de difusión de Facebook y WhatsApp.



PÁNICO GOLPEA A SALTILLO

Durante el último mes, en Saltillo se han identificado por lo menos cinco alertas falsas sobre secuestros de menores de edad, que por el morbo y el pánico que provocan se convierten en pocas horas en cadenas de alto impacto que logran audiencias conformadas por millares de personas.

Estas alertas son emitidas originalmente desde perfiles sin fotografías ni antecedentes de otras publicaciones, que logran su objetivo, despertar la psicosis y el enojo entre la población: “dicen que están robando niños en Saltillo, hace rato vimos que la Policía estaba deteniendo coches con niños y nos dijeron que era porque se los están robando”, decía una de las alertas “fake”.

El problema ha escalado al grado de que la Comisión de Seguridad del municipio tuvo que emitir una réplica desmintiendo la alerta y pidiendo tranquilidad a la gente. No han cesado de cazar noticias falsas respecto al robo de menores o al secuestro de personas en colonias concurridas, donde estas publicaciones surten efecto incendiario.



RED SOCIAL, CON SED DE SANGRE

El domingo 2 de septiembre, en el parque Xochipilli de Monclova, una turba intentó linchar a Manuel Alberto, un padre que intentó tener en sus brazos al menos durante unos segundos a su hija de nueve meses.

Manuel asistió al parque porque Griselda, su exesposa, lo citó para que viera a la niña, pero discutieron y ella gritó que él quería robarle a su hija, lo que inmediatamente encendió al México ignorante y bravo que nos caracteriza por estos días.

Un grupo de hombres detuvo a Manuel Alberto y lo golpearon para después fotografiarlo. La imagen muestra a un hombre herido e impotente, que resiste que los “justicieros” le tiren del cabello y le pisen.



Al exhibirlo en redes, otra turba –pero esta digital– pedía su linchamiento, querían verlo arder en vivo, “este es el tipo que le quiso arrebatar su bebé a una señora… gracias a Dios –como en la Santa Inquisición– y la gente cooperó para la captura de esta mierda”, escribió uno de los que lo detuvieron.

Cuando casi ocurre la desgracia llegó la Policía Municipal y Griselda tuvo que reconocer que Manuel Alberto era su expareja y que la bebé era hija de los dos, dejando a la turba y a ella misma en ridículo.

Pero el fenómeno late, la gente desinformada y fácil de manipular está ahí afuera, dispuesta como lo hemos visto a matar teniendo sólo como prueba una boca acusadora.

LA IMPUNIDAD ES EL 'COMBUSTIBLE'

El filósofo madrileño, José Ortega y Gasset lo dijo bien en su libro La Rebelión de las Masas (Norton, 1930) que, “como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad”.

Para que la masa no se dirija así misma existen las instituciones, el problema es cuando estas no funcionan y permiten que la impunidad y la injusticia operen rampantemente por todo el país.

De acuerdo con el más reciente estudio de la organización Impunidad Cero, en México se necesitan 2 horas y 15 minutos para poder interponer una denuncia ante un Ministerio Público y solamente uno de cada 100 delitos denunciados será resuelto.

A nivel estatal, en Coahuila se necesitan dos horas y media para realizar una denuncia y, la efectividad de esclarecimiento delictivo de la Fiscalía General del Estado es de apenas 2.1 por ciento.

En los estados donde la incidencia de manifestaciones de turbas y linchamientos es mayor como Puebla, donde en 2017 fueron rescatadas 109 personas de ser linchadas y, otras 22 murieron a manos de la masa, el tiempo para interponer una denuncia ante la Fiscalía de esa entidad es mayor, de 3 horas y 15 minutos y la efectividad es de 1 por ciento.

O en Hidalgo, donde se necesita una hora y media para denunciar ante el Ministerio Público, sabiendo que sólo 2 de cada 300 delitos denunciados serán esclarecidos. En esa entidad, en la comunidad de Santa Ana Ahuhuepan, del municipio de Tula, una pareja fue asesinada por una turba que, así como en Puebla y como casi pasa en Coahuila, también creyó que se trataba de “una banda de robachicos”.

El hombre y la mujer paseaban tranquilamente por la plaza del lugar cuando fueron acusados y luego quemados vivos. Él falleció en el lugar y ella en un hospital debido al paro cardiaco que le ocasionaron las quemaduras de tercer grado.

La Procuraduría de Justicia de Hidalgo reconoció que días antes en Tula había arreciado la difusión de rumores –falsos sobra decir– del robo masivo de niños.

PROBLEMA DEL MUNDO

Pero que no se crea que el enojo y la desinformación masiva son un fenómeno que solamente tiene resultados letales en México, pues en Estados Unidos la problemática fue bautizada por el propio Presidente, Donald Trump, como “fake news”.

Y en la India, las turbas han cobrado la vida de 50 personas en lo que va del año, debido, principalmente a la difusión masiva de cadenas de WhatsApp donde se alerta de la presencia de “robachicos”.

O en Sri Lanka, una isla ubicada en el paradisíaco Golfo de Bengala donde el Gobierno tuvo que bloquear WhatsApp y Facebook debido a la campaña de desinformación que se emprendió en ellas y que incitaba a atacar a los musulmanes en la isla.

Ahora en México, o en cualquier parte del mundo, principalmente países en desarrollo, a donde llegó la tecnología, pero no la educación, ni la buena y sana costumbre de verificar la información, prevalece el entusiasmo letal de dejarse arrastrar por la masa, somos muchos los que corremos peligro.

Ahora cualquiera tiene el dedo de un juez, o peor aún, el pulgar de un César en el Coliseo de Roma, con capacidad para decidir si debes o no morir en nombre de lo que es “justo”.



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