×
hace 3 meses
[Ruta Libre]

Perrhijos, los nuevos niños de casa

Son la nueva generación de familias que han optado por tratar a uno o más perros como un miembro más de ellos

Imprimir
Perrhijos, los nuevos niños de casa
Fotos: Zócalo | Gerardo Ávila / César Vargas
Por: Adrián Galindo

Saltillo, Coah.-
Usan ropa de marca, accesorios, sombreros y hasta zapatos. Tienen cepillos de dientes propios, pastas dentales, jabones para baño especiales y hasta aromas para dormir relajados.

Son los niños de la casa y sin decir una palabra se ganaron el cariño de quienes se dicen sus padres. Y se comportan como cualquier otro pequeño al que le gusta jugar en el parque, correr, conocer nuevos lugares y hasta tener cuenta propia de Facebook.

Los llamados “perrhijos” son una generación de mascotas con personalidad humanoide, en un fenómeno que va en crecimiento a causa de la comercialización, el consumismo y las redes sociales.

BRUNO: EL PRÍNCIPE DE LA CASA

"Bruno" espera paciente a que su dueña regrese del trabajo. Son las únicas horas del día en que se encuentra solo en casa. Cuando Jazmín Elizabeth Alonso Rodríguez atraviesa la puerta del departamento en el que viven, se funden en una algarabía que se prolonga por algunos minutos. Ambos están felices de reencontrarse nuevamente.

La historia del pequeño yorkshire no es diferente a la de otros perros. Esta raza originaria del Reino Unido se volvió popular por su tamaño diminuto. El yorkshire o yorkie, como también se le conoce, es la mascota ideal para mujeres, niños, familias y adultos mayores que desean un perro de compañía, ideal para casas chicas o departamentos reducidos.

En este caso fue a través de una amiga que Jazmín Alonso compró a Bruno, cuando este tenía algunos meses de nacido, simplemente por tener una mascota de compañía. Hoy su “perrhijo” y mejor amigo tiene casi un año y al menos 7 meses con ella.



“Desde el primer día que 'Bruno' llegó a mi vida me volví loca. La verdad es un perro muy tranquilo. Él vive en el departamento solo porque yo trabajo, y la mayoría de las veces yo regreso tarde y no nos vemos tanto tiempo como nos gustaría. Es el amor de mi vida el muchacho”, expresa Alonso Rodríguez.

El yorkshire original es descendiente de la raza terrier. También fue muy popular en la Inglaterra victoriana, por lo que a decir del sicólogo Carlos Gutiérrez Montenegro la relación humano-perro no es ninguna novedad del siglo 21, pues esta se remonta a la era de las cavernas cuando los lobos grises se acercaban al ser humano en busca de refugio y alimento.

Sin embargo, el especialista considera que la comercialización de infinidad de productos para perros, que cada día se parecen más a los que usan los seres humanos, fomenta de alguna manera el desarrollo de esta conducta, que si bien en principio no sería una patología de las personas, sí pudiera caer en una serie de trastornos.

“El perro se ha convertido en una extensión del ser humano, es una extensión del propio yo, por eso adquiere los rasgos característicos de su dueño, que de igual manera influye en su comportamiento cotidiano”, explica Gutiérrez Montenegro.

'PERRHIJO' MILLENIAL

"Bruno" Alonso Rodríguez tiene una cuenta de Facebook, acta de nacimiento y está tramitando su credencial perruna para votar. Es fanático de las fotografías y le encanta posar con todo tipo de accesorios, disfraces y demás.

Por ello, Jazmín forma parte de una comunidad virtual de propietarios de yorkshire de todo México, donde además de fotografías, los usuarios comparten anécdotas y consejos para criar a sus mascotas.

“Me gusta mucho tomarle fotos y vestirlo con ropita porque se ve todo tierno. Vamos a la casa de mi mamá y me lo llevo; a la casa de mis amigas, que ellas tienen hijos: ellas llevan a sus hijos y yo llevo al mío”, apunta.



Sus amigos aman a Bruno. Nunca han impedido que Jazmín lo lleve a las fiestas, e incluso al trabajo. Cuando sale de viaje se lo deja encargado a una de sus mejores amigas, pues considera que las pensiones o estancias para perros no son seguras para su pequeño.

Como si en verdad se tratara de su hijo, Jazmín le dedica sus fines de semana para llevarlo a pasear o para comprarle algún accesorio nuevo, pues aunque en Saltillo son pocos los establecimientos que comercializan estos productos, de cierta manera existe un sector que cubre la demanda.

Si no resulta suficiente esta oferta, la dueña de "Bruno" viaja ocasionalmente a Monterrey, Nuevo León, o McAllen, Texas, en Estados Unidos, donde además de encontrar mayor variedad en estos productos, los precios son más accesibles.

En promedio, tomando en cuenta los alimentos y vacunas que requiere su mascota, Jazmín invierte entre 600 y mil pesos por mes en su pequeño, lo que considera poco oneroso tratándose de un perro con certificado de raza.

De acuerdo con el veterinario Francisco Rivas, en la ciudad existen diferentes servicios para mascotas que van desde tiendas donde venden ropa, accesorios, productos de limpieza y juguetes, además de clínicas maternas que ofrecen ultrasonidos, spas para perros, centros de entrenamiento, peluquerías y hasta funerarias, en una lista de productos y servicios que continúa en aumento.



“Son perros que tienen su plato en la mesa, que comen con sus dueños, que duermen con ellos y les hablan como si se tratara de una persona; les compran vestidos, con zapatitos, como si fueran humanos”, indica el especialista.

“Los productos que te venden en las tiendas en realidad no son necesarios para el cuidado de los perros, ellos no necesitan ropa ni zapatos, tampoco jabones especiales, salvo algunas especies como el xoloitzcuintle, que requieren de cremas y bloqueadores solares para proteger su piel”, concreta.

Pero para Jazmín se trata del amor que le tiene a su mascota, pues "Bruno" la escucha cuando está triste, le hace “fiestas” cuando llega a casa, y la acompaña a todas partes sin cuestiones.

“Estoy consciente de que es un perro, que claro que el cariño que le tengo es como si fuera mi hijo, y siempre digo que es mi hijo, pero es en tipo broma, al final sé que es un animalito, pero al final nada como un perro que sea honesto, cariñoso, que sepa agradecer y que sepa que lo quieres”.

FAMILIA NUMEROSA

Es un día lluvioso en Monterrey, pero no es impedimento para que la saltillense Cristina López Ruiz, una joven doctora radicada en esta ciudad, saque a pasear a sus cinco “perrhijos”: “Bruno”, “Nala”, “Nacho”, “Mima” y “Nona”, en quienes asegura encontró una razón más para ser feliz.

Si para muchos tener un solo perro resulta complicado, tener cinco refiere un trabajo colosal que demanda de tiempo y recursos económicos, más cuando cada una de tus mascotas requiere diferentes niveles de atención y de cuidados.

La rutina de las mascotas de Cristina comienza muy temprano en la mañana. Ella se levanta y les abre la puerta del patio para que hagan sus necesidades, pues duermen en la misma habitación. Posteriormente les prepara un tazón de croquetas como desayuno, y si es necesario los viste para la ocasión.



Más tarde, al mediodía, Cristina les coloca sus correas para llevarlos a pasear, corriendo con ellos de 3 a 5 kilómetros diarios, pues los perros “no perdonan” y requieren de actividad física para mantenerse saludables.

“Es difícil y lleva mucho tiempo, porque son como hijos; mucha gente piensa que es bien fácil limpiar las popós, pero es pasearlos, darles de comer, ponerles sus vacunas, son animales que demandan mucha atención y cuidados”, considera.

Un bulto de alimento, vacunas, juguetes y ropa, además de los servicios de corte de pelo y baño para sus cinco “perrhijos” significan un costo mensual de al menos mil 500 pesos, que dice pagar con gusto, pues en este momento de su vida no tiene ningún otro gasto.

ANIMALISTA INDEPENDIENTE

Hace cinco años Cristina compró a Bruno, un ejemplar de cocker spaniel, que con su mal humor y personalidad grunoña se ganó su corazón.

Esta raza de perros, también originaria de Europa, es pequeña, de bello pelaje, atlética y muy alerta; ideal como mascota familiar, pues es saludable y no requiere de cuidados especiales. "Nala" y "Nacho" también son cocker spaniel.

“Primero compré a Bruno, y después a Nala. Tuvieron una camada y de ella me quedé con Nacho. Yo estaba segura que sólo tendría estos tres perros, pero siempre me gustó rescatar animales y buscarles hogar, lo hago de forma independiente, en redes sociales y grupos de WhatsApp”.

Bruno está peleado con la vida y es muy enojón, pero es parte del rol de macho alfa que tiene en su manada, pues aunque no muerde ni hace daño, es protector y pelea siempre por la seguridad de su familia.

"Nacho" es hijo de "Bruno", y es un perro noble, “es puro amor y besos”; es flojo, pero es muy bueno, muy diferente que su madre "Nala", quien disfruta estar sola y descansar en el sol, pues es muy introvertida, y prefiere convivir poco con el resto de la manada.

Después llegaron "Nona" y "Mima", dos perritas mestizas que se topó en el camino y que hoy forman parte fundamental de su familia canina.

“'Nona' estaba embarazada cuando la rescaté, y le tomé mucho cariño. Y en el caso de 'Mima', ella estaba llena de garrapatas cuando la rescaté, estaba flaquita, y la di en adopción, pero nadie la quería, de hecho me la regresaron tres veces porque se portaba mal en las casas. Conmigo es muy linda y mejor me la quedé”.

Mima está loca. Es hiperactiva, siempre está mordiendo algo y termina por romperlo todo, pero es parte de su naturaleza, ya que todavía es una cachorra, pues por lo general es agradecida y cariñosa.

Nona no puede negar “la cruz de su parroquia”, pues es altanera, ruidosa y protectora. Defiende a su familia ladrándole a todos, no hace ningún daño, y al final es buena como todos sus “hermanos”.



ENTRE EL AMOR Y LA LOCURA

Pero el proceso de adoptarlos fue un tanto difícil, pues Cristina tuvo que afrontar críticas de su familia y amigos “por tener tantos perros”, pues no faltaron las voces de quienes aseguran que su comportamiento no es normal.

“Sí, son como hijos. Mucha gente me dice que estoy loca. Mis papás me han juzgado de todas las formas habidas y por haber. Me han mandado al sicólogo, al siquiatra; es un poco feo que tu familia no te entienda, pero igual es algo que no voy a dejar de hacer”, comenta Cristina.

Sobre esta relación, el sicólogo Gutiérrez Montenegro dice que mientras tener un perro no aparte a las personas de sus actividades cotidianas, no afectará en lo absoluto a sus dueños, pues incluso puede ser terapéutico para ellos.

“Se vuelve enfermo cuando se dejan de lado actividades por no dejar al animal, cuando se vuelve angustiosa la separación, también si se le dan rasgos familiares”, explica.

“Cuando un perro sustituye a un padre o a un hermano, vemos un trastorno, también cuando la persona considera que sus perros tienen que estar vigilados todo el tiempo, que no socializa, que se absorbe en el animal, pero si los perros le permiten hacer sus cosas, por muy raro que sea su comportamiento, puede decirse que es normal”.

Hace frío y los perritos lucen su ropa invernal, y pareciera que todos andan en pijama. Cristina regresa a casa después del paseo, y decide si va o no a Saltillo para visitar a su familia. Cuando va se lleva a todos sus perros, pues no le gusta dejarlos solos durante el fin de semana. A pesar del gran trabajo que representan, ella lo hace con gusto porque los ama.

HERMANOS MAYORES

Durante casi 10 años, los hijos de Miriam Goretti Martínez y Eduardo Johnson fueron sus perros "Phoebe" y "Nala" de la raza schnauzer, además del Canelo, un golden retriever macho que rescataron del maltrato.

Cuando eran niños nunca tuvieron perros, pues sus padres no los dejaban tenerlos. Fue hasta que se casaron, en abril de 2006, que semanas después del evento adquirieron a la primera integrante de su familia.

“Ellos nos dan su cariño, nos regalan sus caricias, juegan con nosotros, y de veras que eso no se paga con nada. Yo estuve 10 años sola, sin bebé, y pasas por un proceso triste, pero ellos te dan mucho amor”, comenta Miriam.

Así llegó "Phoebe" a sus vidas, quien un año después tuvo una camada, de la cual nacieron "Nala", con la que se quedaron, y "Junior", un macho que se quedó al cuidado de la mamá de Miriam, y al que ven frecuentemente.

Un año después llegó "Canelo", que tenía apenas 4 meses cuando la familia Johnson Martínez lo adoptó.

“‘Canelo' era un niño maltratado. Cuando le hablábamos fuerte se tiraba al suelo y se hacía pipí. Una vez, no se nos olvida, tenía poco de haber llegado. Estábamos comiendo cuando se paró en la mesa y se robó un pan. Estaba muy hambriento porque no le daban de comer”, platica Eduardo.

La falta de un bebé en la casa los acercó más a sus “perrhijos”, pues en ellos encontraron amor, lealtad y mucho cariño.



Para el sicólogo Carlos Gutiérrez este es un comportamiento normal en las familias que no tienen hijos, y considera que es bueno para ellos. Dice que esto también ocurre cuando los hijos de una pareja se van de casa y los perros adoptan ese rol.

“Se compensa lo que llamamos el Síndrome del Nido Vacío, pero no es malo, es simplemente un cambio de roles. Las familias le dan a sus perros la atención que tendrían sus hijos, generan vínculos de apego con ellos, que están en su derecho, y desarrollan una relación”, explica.

Una opinión contraria es la del veterinario Francisco Rivas, quien expone que la relación entre perros y humanos debe ser eso: de perros y humanos, pues al tratar a los animales como hijos, tanto los humanos como los perros pueden ponerse en peligro.

“Por un lado, los perros pueden desarrollar trastornos al grado de sentirse humanos: ya no conviven con otros perros, ladran en exceso si no están con su dueño, son agresivos y celosos con otras personas, y por el otro, también hay riesgos en la salud, ya que tenemos enfermedades que pueden pasar del humano al perro, y del perro al humano. Es importante que los perros que tienen este trato, sean animales saludables”, expone.

LA LLEGADA DE FERNANDA

Cuando nació su hija Fernanda, la casa de los Johnson Martínez se llenó de luz, sin relegar de ningún modo a sus “hermanitos”, pues tanto Miriam como Eduardo tomaron un sinfín de precauciones para que todos pudieran vivir en armonía.

“Lo primero que nos dijeron los amigos fue ‘adiós perros’. Y no, ellos siguen aquí. La niña ya va a cumplir 2 años. La verdad, nunca ha tenido reacciones alérgicas ni nada. Ella juega con 'Canelo', que es mucho más grande que ella, y nunca han tenido ningún comportamiento negativo”, subraya Miriam.

Antes de que Fernanda llegara a casa, la familia consultó con el pediatra de la niña y con el veterinario de los perros, cómo podrían compartir el mismo techo, y las respuestas de ambos especialistas fueron más que positivas.

“Ella está acostumbrada a los perros, les da de comer, nos ayuda con los platos, nosotros le enseñamos que tiene que respetar a los animales, no sólo a los de nosotros, también a los de los vecinos y todos los que vemos”, dice Eduardo.

Los perros, por su parte, la recibieron bien. "Canelo" adoptó una postura protectora, mientras que las “niñas”, aunque un tanto celosas, se acostumbraron a su presencia.

“'Nala' es la niña consentida. Es la que más resintió, de hecho cuando apenas llegó nos rompieron un sillón. El doctor nos dijo que bajáramos el portabebés, que dejáramos que los perros olfatearan a la bebé y nunca tuvimos problemas”, recuerda la mamá de Fernanda.

“Al principio no sabíamos cómo le íbamos a hacer, porque sí es difícil, pero le dije a mi marido ‘hay que salir adelante porque ahora tendremos cuatro hijos’. Fernanda, por ser la chiquita tendrá, más atención, pero a nuestros perros no los vamos a dejar”, agrega.



PARTE DE LA FAMILIA

En la mesa de la sala de los Johnson hay una fotografía familiar de cuando Fernanda todavía no nacía. En ella se encuentra la pareja con "Phoebe", "Nala" y "Canelo", a quienes les hacen fiestas de cumpleaños como a cualquier otro niño.

“Les hacemos nuggets de pollo y les llevamos el refrigerio a los perros de los vecinos, les ponemos gorritos y les cantamos Las Mañanitas, ellos son parte de nuestra familia. Es divertido y ahora más con la niña. En Halloween nos disfrazamos y pasamos momentos muy agradables con ellos”, confiesa Miriam.

Hace dos años Canelo comenzó a engordar sin ninguna explicación. Eduardo pensó que se debía a que el perro ya no salía a correr con él, pero en realidad se trataba de un tumor que desarrolló en la glándula tiroides.

Aunque sus perros siempre han sido sanos, "Canelo" debe tomar una pastilla todos los días para controlar el sobrepeso. El golden retriever es parte de la familia y el costo del tratamiento no es relevante, pues prometieron cuidarlo en las buenas y en las malas, desde que apenas era un cachorro.

“No sabemos qué va a pasar el día que nos falte alguno de ellos, será muy doloroso porque los queremos mucho. Hemos pensado en ir a una funeraria para perros, y tener las cenizas con nosotros”, sostiene Miriam.

La familia se levanta de la sala y sale de su casa para tomar una fotografía. De inmediato cada integrante toma su lugar. Fernanda en los brazos de su padre, las pequeñas "Phoebe" y "Nala" en los de Miriam, y el bonachón de "Canelo" en medio de todos. Se pone algo triste porque a él no lo pueden cargar.




Imprimir
te puede interesar
[Espectáculos]
hace 21 horas
[Bomberos]
hace cerca de 3 horas
[Taller]
hace cerca de 3 horas
[Seguridad]
hace cerca de 3 horas
[Elecciones 2017]
hace cerca de 3 horas
[Seguridad]
hace cerca de 3 horas
similares