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[Saltillo]

¡Feliz Día de las Madres! Historias de sacrificios y amor

Ángeles convertidos en madres, amigas y madrinas

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¡Feliz Día de las Madres! Historias de sacrificios y amor
Elvira admite que a veces es difícil, pero vale la pena esforzarse. Fotos: Zócalo | Juan Villarreal
Diana Rodríguez / Ana Luisa Casas | Saltillo, Coah.- Elvira Ibarra Pérez, de 31 años, no cargó en su vientre ni sintió las pataditas de sus dos hijas Alejandra y Lupita porque ellas no crecieron en su vientre, sino en su corazón.

Ella decidió cumplir la voluntad de quienes la eligieron como madrina de sus hijos antes de verlos en alguna casa hogar, para lo cual “echó más agua a los frijoles” y abrió un espacio en su casa.

Las “hijas” de Elvira son dos pequeñas de 8 y 9 años, que perdieron a su padre hace 8 años y a su madre hace apenas 2, víctima de una sobredosis.

Al quedar huérfanas, las niñas pasaron un año en un albergue del DIF, más tarde vivieron con una de sus tías, pero luego las llevó con su abuela, para al final decidir que volvieran una vez más a la casa hogar.

“Dijeron que ya no podían con ellas y para los familiares era más fácil que el DIF se llevara a las niñas. No hacían nada por cuidarlas o llevarlas a la escuela, andaban en la calle, hacía frío y andaban sin suéter”, comenta Elvira.

Entonces intercedió por la custodia de ambas, pues el padre fue un gran amigo de su infancia y pariente lejano. Sin pensarlo dos veces, decidió cuidar de las niñas, quienes al poco tiempo la llamaron mamá.

“Mis otros tres hijos estaban acostumbrados a estar solos, pero se adaptaron rápido, al inicio eran un poco celosos, pero ahora son ellos quienes las cuidan; si salen con alguna tía por parte de su papá, están preguntando a cada rato a qué hora las van a traer y hasta lloran porque no llegan”, dice riéndose.

Su esposo tampoco tuvo problema en aceptar a las niñas, siendo chofer de pipa, esto representaba más gastos y una responsabilidad importante, sin embargo, también hizo un espacio en su corazón para recibirlas como un acto de admiración al amor de madre de su esposa.

Recuerda con nostalgia el esfuerzo que hizo para proceder legalmente y conseguir una carta responsiva, aunque aún no logra tener la guardia y custodia, por lo que teme que la familia de su madre biológica aún quiera quitárselas, pues pese a rechazarlas anteriormente, ya ha recibido amenazas sobre separarlas de ella.

“Sacarlos adelante es el sacrificio de toda madre para con sus hijos y ellas son mis hijas, al igual que el resto; no va a ser fácil soltarlas, no habrá forma de que nos separen porque yo soy su mamá”, comentó Elvira.

En el lecho de muerte

Alma Dolores Ramírez Hernández, de 33 años, también se convirtió en madre de otros dos pequeños además de los tres hijos que ya tenía.

A casi 2 años del fallecimiento de su comadre, Alma acogió a sus dos ahijados, cumpliendo la promesa que le hizo a su amiga Verónica, durante su agonía, un día antes de morir.

Sin importar el reducido espacio de la casa en la que vive con sus tres hijos y su marido, en la colonia La Gloria, y el esfuerzo que representa alimentar dos bocas más, Alma Dolores dijo sí a la petición de su comadre en su lecho de muerte.

“El mismo día en que la sepultamos me traje a los niños de 7 y 8 años conmigo porque ella me pidió que los cuidara en caso de que faltara”, cuenta Alma Dolores.



Desde entonces, ella y su esposo se hacen cargo de sus ahora cinco hijos; hacen milagros con lo que ganan para alimentar a dos bocas más, adecuaron un espacio para que durmieran e incluso resolvieron que fueran trasladados a la misma primaria a la que asisten sus hijos, con tal de que continúen estudiando.

El brillo de sus ojos lo vale todo

Entre la grasa y refacciones de un taller mecánico de la Zona Centro, Alma Delia Mendoza cambia balatas de automóviles averiados y cuida de sus dos hijos con autismo, quienes nacieron casi una década después de iniciar su matrimonio con Xavier Valerio, a quien dializa por su insuficiencia renal.

“Tenía mucha ilusión de tener hijos, los amo mucho y por ellos soy capaz de todo”, dice la madre de 48 años, mientras pela un par de papas al fondo del mismo taller para alimentar a sus pequeños.

Ser madre significó el milagro que esperó por casi 10 años. Cuando supo que Elías, su primer hijo, tenía autismo avanzado no pensó en buscar ayuda en todos los sitios para que recibiera la atención adecuada y aprendiera a valerse por sí mismo.



“Ser mamá es una lucha constante, sin importar que tus hijos sean especiales”, asegura Alma Delia, pues ni siquiera la beca que el pequeño recibe del DIF abastece las necesidades del menor, aunque el brillo de los ojos de sus hijos y el avance que tienen durante las terapias son su motor para continuar luchando.

Este 10 de mayo, celebrará la maternidad en algún parque de la ciudad con su familia. “Le dije a mi viejo ‘este año a ver a dónde nos vamos, pero nos vamos’”, pues durante años anteriores todas sus ganancias se han destinado a lo que requieran sus hijos.

“Me he topado con madres que ya no quieren llevarlos a las terapias, que caen en desesperación porque esto no es fácil, pero de eso se trata, de seguir adelante aunque uno no vea luz en el camino”, comenta mientras prepara la comida del día.

Para ayudar

» Mamá Alma Delia Mendoza Muñoz
» Taller: Guillermo Prieto 786, Zona Centro
» Celular: 844 348 0111.

Sufre junto con su hijo

Everardo Zúñiga Aranday tiene 20 años y fue diagnosticado con esquizofrenia. Su padecimiento le ocasiona ataques que lo llevan a golpearse al grado de lastimarse e incluso romper cosas, situación con las que ha tenido que lidiar su madre, Olga Elizabeth Zúñiga Aranday.

“No me han dado bien el diagnóstico de si es esquizofrenia o trastorno mental grave, pero estos últimos años él ha sido muy agresivo, se autoagrede y destruye todo, las crisis son tan fuertes y varía el tiempo que le duran, y cuando tratamos de auxiliarlo, nos agrede”, explicó Elizabeth.

Aunque lleva tratamiento desde sus primeros años, en los últimos 5 los ataques se han incrementado, al punto de tenerlo sedado la mayor parte del tiempo para evitar que haga daño.ç



Para su padre, Everardo Zúñiga de la Peña, también implica un gran esfuerzo, pues a raíz de un accidente de trabajo perdió una de sus piernas, lo que también le impide ayudar a controlar las crisis de ira que sufre.

A pesar de que han buscado ayuda, les han cerrado las puertas en algunos lugares como el Cesame, y han tenido que recurrir a instituciones y atención médica privada, lo que genera altos costos, que ya no pueden solventar.

“En el Cesame me han negado la atención, ahorita ya lo privatizaron, cobran mil 20 diarios y 247 la consulta, yo no tengo esa cantidad. Yo fui a pedirles ayuda para que me lo estabilizaran, que lo internaran y me dijeron que no, el médico que me atendió me dijo que esto no era una guardería”, denunció.


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