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hace 1 mes
[Relatos y Leyendas]

Jugando con los niños

La historia que a continuación leerán es verídica; sucedió en el año de 1985

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Jugando con los niños
'Los columpios de mecate y tablas fueron hechos por mi abuelo'. Foto: Especial
Por: Luz Gricelda Cruz Bautista

La historia que a continuación leerán es verídica; sucedió en el año de 1985, en un pueblo de la huasteca potosina, en Tamuín, S.L.P.

En aquel tiempo yo sólo tenía 12 años de edad, recuerdo que vivíamos junto a la casa de mis abuelos maternos, ambas casas dentro del mismo predio. Siempre me gustó que los patios fueran muy amplios, con árboles frutales de la región (limas, mangos, mandarinas, tamarindos, papayos, naranjos, etc.) y con unos columpios hechos de mecate y tablas que mi abuelo había construido para mis hermanos y para mí.

Nuestra familia estaba conformada por mi padre, que por su trabajo se la pasaba viajando; por mi madre que siempre se ha dedicado al hogar; mis tres hermanos y yo.

Precisamente la historia que conocerán a continuación gira alrededor del más pequeño de mis hermanos, que en ese tiempo tenía 1 año 10 meses de edad, un bebé muy inteligente, que hablaba claramente a pesar de ser tan pequeño.

Pues bien, todo comenzó una madrugada del mes de enero (aproximadamente la 1 a.m.), cuando mi abuelo Alejandrino (“Ino” como le decíamos de cariño los nietos), tocó la puerta de nuestra casa, se escuchaba algo agitado; mi mamá preguntó que qué pasaba y mi abuelo respondió con otra pregunta: – ¿dónde está el bebé?

– ¿El bebé? Está dormido en su cuna –respondió desconcertada mi madre.

– A ver chécalo – insistió mi abuelo.

Mi mamá, llena de intriga, se dirigió a la cuna de mi hermanito, y cuál fue su sorpresa… la cuna estaba vacía…

Inmediatamente mi mamá corrió hacia la puerta y al abrirla se dio cuenta que el bebé estaba en brazos de mi abuelo… se quedó estupefacta; lo cargó, invitó a mi abuelo a pasar y comenzó a revisar la casa; checó las ventanas… todas cerradas por dentro; checó la otra puerta que daba a la lavandería… cerrada por dentro y obviamente la puerta principal que ella misma le abrió a mi abuelo…

La pregunta que hacía eco en sus cabezas: ¿por dónde se salió el niño?

Como deben imaginarse, comenzaron a hacerle preguntas a mi hermanito:

– ¿Cómo te saliste? ¿Qué hacías afuera? –recuerdo claramente cuando el bebé respondió con una sinceridad que sólo los niños pueden tener:

– Estaba jugando con los niños…

– ¿Cuáles niños? –preguntó mamá.

– Los niños –insistió mi hermanito –los niños me preguntaron si quería jugar, me ayudaron a bajar de la cuna y me llevaron a los columpios y me iban a llevar a su casa, pero Ino (mi abuelo) salió y se fueron corriendo…

Mi madre, muy asustada, regresó al niño a la cuna y volvió a la cocina con mi abuelo, donde ya tomaban un café para disminuir los nervios.

Mi abuelo le platicó a mi mamá que estaba dormido y tuvo necesidad de ir al baño, pero oyó unas voces que venían del patio; unas risitas de niños que jugaban por el área de los columpios. Le extrañó que alguien anduviera afuera a esas horas; pero por si las dudas, mi abuelo tomó su machete y se dispuso a salir. Justo en el momento en el que él abre la puerta, mi hermanito corrió hacia él y le abrazó una pierna; como estaba oscuro, mi abuelo se asustó, y estuvo a punto de soltarle un machetazo al niño, pensando que podía ser un animal…

Afortunadamente en ese momento mi hermanito gritó: –¡INO! –y mi abuelo soltó el machete muy asustado, pensando que pudo haberle hecho daño al bebé. Lo tomó en sus brazos y encaminó sus pasos hacia nuestra casa…

Hasta el día de hoy, no sabemos qué o quienes sacaron a mi hermanito aquella noche, pero recordarlo me estremece porque pudo terminar en tragedia; por un lado, porque querían llevarse al bebé y por el otro, porque mi abuelo pudo haberlo lastimado con el machete…

Nuestra familia radica en Saltillo desde 1990, pero sin duda ésta historia siempre nos acompañará; ahora todos (mis hermanos y yo) tenemos hijos, y cuando les contamos la historia de su tío se sorprenden mucho y claro está, sienten temor al imaginar quiénes eran los niños con los que jugaba aquella madrugada…



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