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hace 1 mes
[Especial]

¡La bestia del molino!

La estructura de piedra data de 1790

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¡La bestia del molino!
El antiguo molino data de 1790 y se ubica en el cruce de las calles Progreso y Constitución de la Zona Centro de Monclova.
Monclova, Coah.- Durante el verano de 1947, Monclova amaneció con “el Jesús en la boca”: un par de vacas fueron encontradas muertas a pocos metros del molino que hoy en día se ubica en el cruce de la calle Progreso con la avenida Constitución, a orillas del río Monclova.

Las autoridades municipales estaban desconcertadas como la mayoría de la ciudadanía. Apenas cinco años atrás, la ciudad había nacido a la industrialización pero las supersticiones arraigadas por muchos años, aún estaban latentes.

Ambos animales eran propiedad del matrimonio formado por el Vasco Ramón Franco y Elba Tenorio González, que también tenían ganado caprino pues se dedicaban a atender la forrajera que instalaron en la casona que era parte del viejo molino. Había qué actuar de inmediato pues los bellos parajes en el afluente eran frecuentados por la gente en sus ratos libres.

La estructura de maciza piedra que existe hasta nuestros días y que es de las pocas que se mantienen en pie desde finales del siglo XVIII, sería inspeccionada minuciosamente por la policía.

Personas aseguraban haber visto a un animal que describían con el lomo lleno de espinas, largo, con escamas y unas fauces enormes, además que se camuflaba perfectamente entre los carrizales.

¿Qué animal era capaz de devorar dos vacas y otros animales despedazándolos como si fueran de papel? Esta es una de las historias más extrañas que ocurrieron en la Capital del Acero. . .¡Completamente verídica!

UN MOLINO CON HISTORIA Y MUERTE

Los primeros reportes del molino datan de 1790, cuando Monclova era regida por el Teniente de Gobernador Francisco Xavier de Arizpe. La fuerza del agua del río se encargaba de accionar una enorme rueda de madera y esta a su vez la maquinaria para despepitar algodón, moler trigo y maíz, además de caña.

De acuerdo al doctor Jorge Valdez Villarreal el molino pertenecía en ese entonces a un personaje de apellido Camacho, que vivía en la hoy calle Morelos (que por muchos años se llamó calle de los Camacho). Esa familia se hizo cargo de las riendas del ingenio y por último fue heredado a Juan Camacho en 1797.

En el año de 1835, éste lo puso a subasta siendo adquirido por el Cura José María Villarreal Montemayor, quien posteriormente en 1850 lo hereda a su sobrino Andrés Villarreal Villarreal que fue presidente de Monclova. El molino pasó a manos de su hijo Miguel Villarreal Ontañón, que también sería electo alcalde de Monclova en varias administraciones.

Con Villarreal Ontañón, el molino ingresó al siglo XX y estaba de encargado su hijo Enrique Villarreal Ramón, obteniendo buenas ganancias pues la gente buscaba los servicios que ofrecía.

Desgraciadamente la tragedia se cernía en la familia Villarreal: Una mañana del invierno de 1909, el pequeño Enrique Villarreal Corona, nacido en 1902, hijo de Enrique, acudía a dejarle el almuerzo a su padre. Tenía siete años y se cubría del frío con una capa, misma que lamentablemente se enredó en la maquinaria del molino.

Sus gritos fueron escuchados demasiado tarde: una de sus piernas fue arrancada dolorosamente y triturada en mil pedazos, muriendo el infante desangrado.

El 1º de enero de 1916 dejó de existir Villarreal Ontañón y cuatro años después, en 1920, el molino fue vendido siendo adquirido por José Gil Samellera que llegó a Monclova proveniente de Santander, España. Tras diez años de explotarlo, en 1930 la maquinaria se quemó dejando inservible la empresa. Una vez más el vetusto lugar fue vendido, los afortunados fueron la familia Garza Ramón quien rentó los caserones que eran parte del molino, hacia el norte de la estructura de piedra a los Franco Tenorio, quienes instalaron su forrajera.

¡CAZAN A LA PELIGROSA BESTIA!

Y tras conocer más acerca de uno de los pocos vestigios que tenemos del Monclova antiguo, volvamos a 1947 cuando los pueblerinos estaban aterrados. Diferentes sectores de la sociedad acudieron ante el alcalde José J. De la Fuente para exigir una pronta respuesta.

El doctor Valdez Villarreal mencionó que el monstruo que realizaba los letales ataques a los animales domésticos y de granja, era nada más y nada menos que un...¡Cocodrilo!

Pero...¿Qué hacía un lagarto de ese calibre en el río Monclova? Bueno, la respuesta la tenía la revista AHMSA Avante, donde aparecía un artículo y fotografía del enorme reptil que fue adquirido por uno de los ejecutivos de la importante siderúrgica.

Sin embargo, el animal creció a tal grado que su propietario negligentemente lo aventó a las márgenes del río sin medir consecuencias y claro que de una u otra manera tenía qué sobrevivir.

Llegó a orillas del molino y encontró en la forrajera del Vasco un gran almacén de alimento; movido por el olor de las excreciones de los animales. Ese lagarto se escondía en uno de los recovecos de la estructura.

Abraham Tenorio, sobrino de doña Elba y quien atestiguó el incidente, dijo al doctor que la búsqueda fue implacable y un domingo 6 de julio fue encontrado cerca de las compuertas de “Las Tres Piedritas”.

Se deslizaba para agarrar una de sus presas que tenía a su merced en los corrales, ya estaba bien amañado, las arrastraba al agua, las ahogaba y finalmente quedaban despedazadas. Nunca atacó humanos.

El impresionante cocodrilo murió a manos de los policías de aquellos años, quienes pudieron haberlo capturado vivo pero prefirieron acabarlo pues representaba un peligro. Años después la forrajera fue cerrada y vivieron en las casonas del molino unas monjas y posteriormente el señor Manuel Galindo Nájera y su familia, pues la propietaria doña María, les prestó el lugar. En 1967, durante el devastador huracán Behula, Galindo Nájera y más personas fueron rescatadas por medio de unos cables para sacarlos del molino durante la endiablada crecida del río, el edificio se convirtió en una especie de islote que de un momento a otro quedaría sumergido.

Esta historia y muchas más fueron perdiéndose al igual que el caudal del majestuoso río. Uno de los últimos dueños del molino fue el doctor Alfredo Garza Ramón, que vendió gran parte de la propiedad para que se llevara a cabo el proyecto de la avenida Ribereña durante la administración 1976-1978 de José Dimas Galindo Villarreal y culminada durante el Ayuntamiento 1979-1981 de Carlos Alberto Páez Falcón.

Gracias a invaluables fotografías tomadas por el lente del doctor Alberto Fernández Garza a principios del siglo pasado, es que conocemos cómo eran las casonas que formaban parte del molino.

Afortunadamente la vetusta estructura pétrea de 228 años sigue en pie y se ha conservado al igual que el árbol que está a su lateral. Eso sí, a pesar de estar descuidada por las autoridades que van y vienen a lo largo de décadas (el único que le metió mano fue Páez Falcón) el viejo molino se niega a desaparecer, constituyéndose en uno de los pocos vestigios de una época en la que el río era muy caudaloso y daba vida a un paraíso lleno de nogaleras.


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