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hace 2 años
[Historia]

La Coronela de Zapata que luchó por ser reconocida como Coronel

No quiso ser soldadera. Ella se negó a cuidar niños y a confortar sexualmente a los revolucionarios.

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Ciudad de México.- No quiso ser soldadera. Ella se negó a cuidar niños y a confortar sexualmente a los revolucionarios. Sus planes no era preparar comida en las barracas. Amelia nació mujer, pero al final vivió como hombre

El 3 de noviembre de 1889, en Xochipala, Guerrero, nació Amelia Robles Ávila. Fue la menor de tres hermanos. Aprendió a leer y escribir con las Hijas de María, y, como cualquier niña rica de pueblo, a bordar, cocinar y tener impecablemente almidonadas las camisas de los hombres de casa.

Pero la “güerita Amelia”, como la recordaban los vecinos, fue siempre una jovencita caprichosa cuyo carácter rebelde no pudo ser domado ni por las apacibles monjitas. Quedó huérfana de padre siendo adolescente y la llegada de su padrastro no fue un feliz acontecimiento. Algo debió ocurrir para que la muchacha llegara a odiar tanto al marido de su madre.

Entonces, llegó la revolución y su suerte cambió. No se sabe a ciencia cierta bajo qué circunstancias la joven se unió al Ejército Libertador del Sur, encabezado por Emiliano Zapata, pero algunos decían que había sido Josefa, su madre, quien la había entregado a un guerrillero a cambio de protección. A partir de entonces, su vida se transformó radicalmente.

No quiso ser soldadera sino coronel

Amelia no quiso engrosar las filas de las soldaderas. Ella no quería andar cuidando hijos de nadie ni confortando sexualmente a los compañeros; ni estaba entre sus planes preparar las barracas ni la comida de la milicia. No. Amelia decidió ir mucho más allá y ser otra cosa.

Se cortó las trenzas, cambió una “a” por una “o”, y pasó a convertirse en lo que siempre había querido ser, un hombre. Un hombre de verdad.

Su nueva identidad no necesitó de cirugías estéticas ni tratamientos hormonales. Solo tuvo que usar un bisturí imaginario para cortar de cuajo todos los prejuicios de un montón de machos bigotones y sombrerudos que andaban haciendo la revolución.

Era diestra en domar, lazar y montar caballos, así como manejar armas y echar tiros. Con cada gesto fue proclamando cada día su virilidad y se ganó el respeto de propios y extraños.

Para que no quedara duda de que era más hombre que muchos, el soldado Amelio se mandó hacer una fotografía de estudio donde aparecía con una pistola enfundada en la cintura. Estuvo bajo el mando de los principales jefes revolucionarios de su región.

Entre sus archivos personales, dejó escrita de su puño y letra una bitácora donde registró las más de 70 acciones militares en las que intervino entre 1913 y 1918, año en que entregó las armas.

En el campo de batalla, era un soldado más. Destacó por su valentía y fue reconocida con tres estrellas por el mismo general Zapata, quien le tuvo gran estima.

Construyó el cuerpo deseado

Amelio Robles era apuesto. A muchas mujeres les gustaba su gallardía y natural elegancia. Sostuvo relaciones de pareja con varias pero fue con Ángela Torres con quien se casó y adoptó a una niña llamada Regula.

Jamás dudó de su identidad masculina. Se cuenta que cuando alguien le decía señora o doña Amelia, sacaba su pistola y exigía que lo llamaran coronel. Sólo sus amigos más íntimos, ya pasados de copas, se permitían decirle “mi coronela” sin temor a recibir un balazo.

Ganar este sitio le costó muchísimo. En su ensayo “Inocultables realidades del deseo. Amelio Robles, masculinidad transgénero en la Revolución Mexicana”, la historiadora Gabriela Cano relata que, en cierta ocasión, fue asaltado por varios hombres que pretendían humillarlo descubriendo su secreto corporal. No les pasó por la cabeza que el coronel fuera a desenfundar su arma y a dispararles sin titubear.

Algunos lograron huir pero Amelio mató a dos, por lo que fue a dar a la cárcel en Chilpancingo. “El encarcelamiento debió acarrearle la humillación adicional de estar recluido en la sección de mujeres”, señala Cano. La investigadora del Colegio de México afirma que “la batalla más ardua que el coronel Robles libró no se dio a campo traviesa, no tuvo olor a pólvora”, fue más bien, “una batalla cultural, una lucha silenciosa y lenta, cuya gran victoria fue convertirse en varón, negando su anatomía corporal de mujer”.

Reconocimiento como Veterano de la Revolución Mexicana

Lejos de la vida militar, Amelio se dedicó a la agricultura, la ganadería y la organización agraria. A los 66 años, comenzó a realizar trámites ante la Secretaría de la Defensa Nacional para ser admitido como veterano, y no veterana, de la Revolución Mexicana.

A pesar de que su partida de nacimiento original indicaba lo contrario, su expediente personal en los archivos militares incluía un documento falso, proporcionado por él mismo, donde se certificaba que había nacido como “niño”.

Amelio Robles y Esteban Estrada, ca. 1942 (Foto de Gertrude Duby, Museo Na Bolom, San Cristóbal de las Casas, Chiapas)

Veinte años más tarde, le fue concedido el nombramiento de Veterano de la Revolución. Así, se convirtió en la primera persona transgénero en ser reconocida por el Estado mexicano.

Durante su larga vida, construyó el cuerpo deseado. Batalló como nadie para ganarse el respeto y la aceptación de los demás. Sin tener otros ejemplos ni modelos a quienes imitar, luchó cada día para vivir como había querido.

Después de su muerte acaecida el 9 de diciembre de 1984, corrió el rumor de que, en el último minuto de su vida, el coronel Amelio Robles Ávila había pedido dos últimas voluntades: ser despedido con honores por sus méritos militares y que la vistieran de mujer para presentarse ante Dios. Esto último no está absolutamente confirmado.



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