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[Especial]

La fiesta de ‘Doña Chepita’

Doña Josefa, tenía escasos 19 años de edad pero desde los 16 había probado las mieles matrimoniales

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La fiesta de ‘Doña Chepita’
En el edificio que existía a un lado de la iglesia fue donde mantuvieron arrestado a Pedro Aranda (hoy locales y banco).
Monclova, Coah.- Doña Josefa, tenía escasos 19 años de edad pero desde los 16 había probado las mieles matrimoniales, era muy conocida en la sociedad monclovense además que su marido Ignacio Castro, gozaba de muy buena posición económica.

Eran los tiempos de la revuelta insurgente que era el tema de conversación por todos lados. En la hoy Capital del Acero las opiniones estaban divididas, pero la mayoría simpatizaba con los realistas.

El entonces gobernador de Coahuila, Pedro Aranda, (nacido en Comanja, Lagos de Moreno, Jalisco) impuesto por el caudillo Mariano Jiménez el 13 de enero de 1811, llegó a Monclova donde se puso a las órdenes del matrimonio.

El director del Archivo General del Estado, Lucas Martínez Sánchez, explicó que éstos habitaban una casa en lo que hoy es la calle Juárez con el Callejón de la Soledad de la Zona Centro de Monclova. Actualmente la edificación es ocupada por las oficinas de la Unidad de Medidas Cautelares de la Región Centro.

Llevaba cartas de recomendación además que sabía, ambos eran simpatizantes del Movimiento Independentista. El cronista José M. De la Fuente manifiesta en sus trabajos que el carácter sencillo y honesto de Aranda rápidamente le ganó las simpatías y confianza de ambos (El Gobernador gustaba de francachelas seguidas).

A Josefa le conocían cariñosamente como “Chepita” y se acercaba el festejo de su santo, a lo que el Gobernador se ofreció a organizar una gran fiesta; fue durante una cena cuando la primera autoridad le pidió a don Ignacio le permitiera regalarle a su mujer un baile.

Paralelamente a eso, en lo oscuro, se realizaron juntas entre varios personajes importantes para pactar la eliminación del movimiento encabezado por el Cura Hidalgo. Se llevaron a cabo una serie de planes en la junta de Santa Rosa, hoy Múzquiz.

Lo que siguió a continuación es una de las páginas históricas más importantes de México: el primer paso para la traición, emboscada y captura del Ejército Insurgente en Castaños inició con ese famoso baile...¿Sorprendente verdad?

UN GRAVE ERROR DEL GOBERNADOR

En sus anotaciones para “Hidalgo íntimo”, José M. De la Fuente describe a la dama monclovense como: “Alta, fornida, sin que pudiera llamársele gorda, blanca, con el color de la cara algo encendido; ojos azules, el pelo debió haber sido rubio, pero cuando la conocí lo tenía negro, acostumbraba pintárselo”.

Debió haber nacido en 1792, pues en 1811 contaba con 19 años y tenía dos de casada con don Ignacio Castro, con el cual procreó su única hija, Guadalupe.

Eran muy conocidas las fiestas que su marido ofrecía el día 19 de marzo, día de Santa Josefa y es por ello que la noche en que cenó con Aranda, don Ignacio expresó que ya tenía todo listo para el festejo.

Aún así aceptó el regalo pero le pidió que lo hiciera otro día. El Gobernador sugirió que el 18, pero la dama se negó ya que no quería desvelarse dos días seguidos. Así que la fecha para la gran celebración sería el 17 de marzo de 1811.

Don Benigno Vela, uno de los vecinos importantes del Monclova de principios del siglo XIX, llegó a la cena en medio de esa plática y Aranda, confiado le pidió el favor de arreglar todo lo necesario para el festejo.

“Puedes asociarte con el Teniente José María Uranga, pues ambos conocen la población”, dijo el Gobernador mientras tomaba su vino sin pasarle por la mente que aquellos eran miembros de la contra insurgencia. (El autor de “Hidalgo Íntimo” expresa que el nombrar organizadores del festejo a Vela y Uranga, es lo que ha confundido a los estudiosos del tema que argumentan que fueron los traidores, quienes ofrecieron la fiesta en honor a Uranga cuando la realidad fue otra). Rápidamente informaron a sus compinches sobre los planes de Aranda para ofrecer la fiesta ¡con fecha, hora e invitados!

¡EL DESAFORTUNADO DOMINGO!

Eran las siete de la tarde del 17 de marzo cuando entró a Monclova uno de los personajes más importantes de la historia de México, considerado como villano por la mayoría: Ignacio Elizondo. Fingió revisar a las fuerzas militares, sin embargo se escondió en casa de Vela para afinar detalles y a las nueve de la noche preparó a su gente.

Mientras eso sucedía, en la casa de los Castro todo era alegría, familias importantes abarrotaban la sala. Narra De la Fuente, quién dialogó con “Doña Chepita”, que a las nueve y media comenzaron las primeras piezas de baile mientras Aranda se la pasó sentado, ingiriendo bebidas embriagantes. (En el libro “Apuntes para la historia de Monclova” de la Sociedad Monclovense de Historia, refiere otra versión en la que Vicente Flores, uno de los conjurados, encuentra en la calle a Aranda sumamente borracho y lo lleva hasta la fiesta a seguir la parranda).

El reloj marcaba las 11 y media cuando entró violentamente Ignacio Elizondo y se aproximó con el Gobernador. Creyendo le daría un informe acerca de la revisión de las tropas, lo cuestionó acerca de alguna novedad y este contestó: “No se alarme, no hay más novedad sino que en nombre del Rey, Nuestra Majestad, se dé vuestra merced por preso”.

Lo encañonó y entraron los soldados, Elizondo prometió respetarle la vida acto seguido sacó una carta doblada y le pidió a Aranda que la firmara. Aún con la pistola apuntando al pecho, el Gobernador firmó aquel documento sin saber qué decía o a quién iba dirigido. Tras ese episodio, Pedro Aranda fue atado de manos y llevado al cuartel de las compañías presidiales que se hallaba a un costado de la Iglesia de Santiago Apóstol.

UNA CARTA INFAME Y TRAIDORA

Más tarde, en casa de Benigno Vela, Elizondo entregó la epístola firmada por Aranda a José María Uranga, quien junto al soldado Pedro Bernal emprendería el viaje para encontrarse con Mariano Jiménez en la Hacienda del Anhelo (Además el Barón de Bastrop iba infiltrado entre la tropa de los héroes guiándolos por caminos inclementes rumbo a Baján). Esta era la segunda parte del plan: La misiva estaba llena de mentiras, infame escrito donde “Pedro Aranda” informaba a Hidalgo y los demás caudillos que toda la Villa de Monclova los esperaba con los brazos abiertos y grandes fiestas estaban preparadas a su llegada. La carta también contenía la tercera y última parte del ardid: ¡Ignacio Elizondo los estaría esperando en Baján “para hacerles los honores correspondientes”!

Y así fue como se gestó este terrible episodio de nuestra historia que desembocó con la captura de los principales cabecillas de la Guerra de Independencia de México el 21 de marzo de 1811.

¿Pero, qué fue de Aranda y el matrimonio Castro? Don Ignacio murió antes que ella, pues José M. De la Fuente asegura que fue amigo de José su nieto “Vivía sola en su casa, nada más con sus criadas”. Ella dejó de existir entre los años de 1859 y 1860.

En cuanto a Aranda, nunca supo lo que firmó; tras su arresto fue transferido a Castaños y posteriormente a Chihuahua siendo condenado tras un juicio a perder todos los bienes que poseía y se le dictó una pena de diez años de prisión en encinillas donde murió en 1813.


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