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hace 4 semanas
[Relatos y Leyendas]

La mirada de terror de un niño

Ésta historia ocurrió en la colonia Lázaro Cárdenas, en el año 2005

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La mirada de terror de un niño
Foto: Especial
Por: Gloria Román Cuéllar

Aquella pequeña casa, deteriorada por el paso del tiempo, con los vidrios rotos y la puerta destrozada, ocupada por delincuentes y llena de grafitis; alguna vez fue habitada por una familia…

Los recuerdo perfectamente, un matrimonio joven con un bebé de poco menos de 3 años… Se veían muy felices…

¿Qué sucedió? … a continuación lo sabrán…

El esposo, que por su trabajo debía viajar constantemente, salió fuera de la ciudad por una semana, tiempo en el cual sucedieron acontecimientos extraños en el hogar…

Una mañana, en que la mujer tomaba café antes de iniciar con las labores propias del hogar, escuchó un ruido en la habitación del bebé, quien en ese momento dormía plácidamente; al revisar de dónde provino el ruido, se dio cuenta que el crucifijo que estaba colgado en la pared, se había caído y desafortunadamente se rompió; ella pensó en comprar otro en la primera oportunidad, ya que era la única imagen religiosa con la que contaba.

Cuando recogía los pedazos del crucifijo, ella sintió que alguien la observaba; entonces volvió la vista, y le pareció ver una sombra en la puerta de la habitación, misma que desapareció en el instante en que ella volteó…

La mujer, de nombre María, no le dio importancia al acontecimiento, las personas imaginan “cosas” cuando están solas…

Rato después, mientras María lavaba los trastes, Juanito (el bebé) jugaba en la sala con algunos carritos, de pronto, comenzó a llorar desconsoladamente y María corrió a ver qué pasaba, ─ ¡Beto me pegó! ─ gritaba el niño y apuntaba con su dedito hacia donde estaban los carritos; obviamente no había nadie, y María pensó que era su amigo imaginario, “dicen” que todos los niños tienen uno, y quizá Juanito se picó con alguna pieza de uno de los carritos…

Por la noche, la mujer se disponía a dormir, cuando le pareció ver pasar una sombra con dirección al cuarto del niño, casi de inmediato, el niño comenzó a llorar; la madre corrió junto a él ─ ¡Beto me pegó! ─ gritaba el niño, y apuntaba hacia la puerta.

Ahora sí, María se empezó a preocupar porque “alguien” hacía llorar a Juanito; no quería parecer paranoica, pero ya le estaba dando un poco de temor; entonces se llevó al niño a dormir con ella.

Al siguiente día, cuando la madre se encontraba barriendo la cocina, el perro comenzó a ladrar, María se asomó al pequeño patio y le pareció ver que alguien se escondía tras la lavadora… Tomó un cuchillo y se dispuso a salir, pero justo en ese momento Juanito lloró nuevamente; la mujer se sobresaltó y fue con el niño ─ ¡me pegaron Beto y Lalo! ─ decía llorando el niño; entonces, la mujer vio que el bebé tenía un rasguño en uno de sus brazos, pero ahora no había carritos con los que podía lastimarse; además, sus ojitos reflejaban el terror que sentía…

Sumamente asustada y con sus piernas temblando como gelatina, María tomó a Juanito en sus brazos y le preguntó:

─ ¿Cómo son los que te pegaron?
─ Muy feos ─ respondió el niño ─ me raspan con sus uñas y me pegan, y me quitan mis juguetes… mami, les tengo miedo…
─ La madre, al escuchar y ver a su pequeño tan lleno de miedo, se armó de valor y comenzó a gritarle a aquellos seres:
─ ¡Largo de mi casa! ¡váyanse, aquí no son bienvenidos!
─ ¿Ya se fueron? ─ preguntó al niño.
─ NO, allí están.
─ Decía mientras apuntaba con su manita… María sintió que el corazón se le salía del espanto, pero era más grande su enojo por el hecho de que le hacían daño a su hijo.

Tomó un palo que estaba recargado en la pared, tomó aire y todo su coraje para luego vociferar:

─ ¡Largo de mi casa! ¡Si no se van en este momento, les daré de palos y de patadas! ¡Aquí no son bienvenidos! ¡Juanito no está solo, largo de aquí!
─ María gritó todas las maldiciones y palabras altisonantes que se sabía (las cuales no repetiré por respeto a los lectores), desquitó su rabia, como cualquier madre lo haría para defender a su retoño…

Durante las siguientes horas, la madre y su hijo permanecieron encerrados en una de las habitaciones; María, pensativa, recordando una y otra vez la cara de terror del pequeño…

A la mañana siguiente, salieron muy temprano, María llevaba una maleta… jamás los volví a ver...

Uno nunca sabe las cosas extrañas y terroríficas que pasan en los hogares de Saltillo, desde el momento en que los inquilinos cruzan la puerta… Ésta historia ocurrió en la colonia Lázaro Cárdenas, en el año 2005, los nombres de los protagonistas fueron cambiados.



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