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hace 2 meses
[Especial]

La noche que brilló el cielo y se estremeció la tierra

La tragedia sucedida en Celemania, Municipio de Nadadores, enlutó a decenas de familias coahuilenses.

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La noche que brilló el cielo y se estremeció la tierra
La tragedia de Celemania sucedida hace exactamente 11 años; la famosa gráfica antes de la explosión fue tomada por el extinto re
Monclova, Coah.- Andrés llegó a las oficinas del periódico ubicado en la calle Ermita de la Zona Centro, enseñaba orgulloso la fotografía de su hijo, nacido el sábado y para lo cual pidió el día libre.

“Miren a mi hijo…¿A poco no está muy chulo?” y mostraba las imágenes de la cámara digital, una Minolta en color plata que tuve el honor de prestarle para que tomara las primeras gráficas de su orgullo recién nacido.

Ese día 9 de septiembre del 2007, Jesús Andrés Ramírez Reyes, de 22 años de edad, se desempeñaba como reportero de la sección policiaca, se disponía a tomar el turno nocturno tras relevarme; ese domingo yo trabajaba mi descanso.

Me desempeñé como editor de la nota roja a lo largo de nueve años y puedo asegurar que Andrés era uno de los reporteros más comprometidos con su trabajo desde su llegada a realizar las prácticas cuando estuvimos en el diario de Allende y Guatemala.

No…aquí no se aplica el dicho que “Muerto el guajolote se convierte en pavo”, mi compañero a quien afectuosamente conocíamos como “El Papa Papa” (En claves policiacas quiería decir Pancho Pantera) en realidad era un comunicador completo.

Debido a que siempre se batalló para conseguir un automóvil oficial de la empresa, le pregunté en qué se iba a mover por si existía la posibilidad de un aventón a mi casa en Ciudad Frontera.

“Va a venir el Cone por mí, si quieres ahorita nos vamos”; Carlos Antonio Ballesteros Villarreal, joven periodista, amigo de todos y a quien se le conocía como “El Cone”, trabajaba en ese tiempo para el diario de la familia Zavaleta. No había cosa más importante para él que su hija y su madre doña Chelo. Un joven que contaba con el llamado “don de gentes”.

Sin embargo, las cartas estaban echadas y por uno de los pasillos de mi entonces lugar de trabajo pasaba el experimentado fotógrafo de la sección de Sociales, Jesús Osio, de quien recordé que vivía por mi rumbo.

Por alguna razón, Osio se atravesó en mi camino y le pedí el aventón a lo que accedió de inmediato; en esos momentos llegó Andrés y dijo que ya estaba Carlos en el exterior para llevarme pero le dije en broma “Ya se te adelantaron”.

Salí a la calle y en la acera de enfrente estaba Ballesteros Villarreal en su auto, un Chevy color rojo con el cofre negro fondeado al que le llamaba “El Perla Negra” y tras saludarlos, ambos se retiraron con rumbo a la comandancia policiaca de Monclova para reunirse con el reportero Jesús González Meza “El Mosco”, eran las 19:00 horas.

Mientras eso sucedía, paralelamente, Jesús David Herrera García, quien laboraba para Zócalo Monclova fue a visitar a su hija en San Buenaventura.

Abogado de profesión y periodista por convicción David tenía siempre la opinión contundente, de finos modales al hablar al igual que su refinada redacción.

Siempre tenaz, terminaba su turno de reportero y seguía ejerciendo su carrera litigando en las agencias del Ministerio Público para tener otra entrada de dinero. David, ya tenía varios años alternando sus dos pasiones.

Para todos iba a ser una jornada laboral como cualquier otra, la vida transcurriría en medio de radio transmisores, ambulancias, patrullas, policías y delincuentes. Nadie se imaginaba que el destino tenía preparada una funesta jugada.

CHOQUE DESENCADENA LA TRAGEDIA

José Alberto Borrego González y su ayudante José Rosales Contreras en punto de las 19:30 horas salieron de la empresa Orica, enclavada por seguridad en medio de unos cañones parte de la serranía de Sacramento.

Tripulaban un tráiler de la empresa Fletes y Traspaleos, S.A. de C.V., en el remolque, tipo tolva, trasladaban 25 toneladas de nitrato de amonio cuyo destino era el Estado de Colima.

Todo iba en orden por la carretera federal 30 y a pesar de lo peligroso del cargamento no llevaban una unidad piloto ni se avisaron a las corporaciones de seguridad sobre el paso del material por áreas urbanas.

Arribaron al kilómetro 35 y apenas salieron del sinuoso tramo del puerto Del Carmen llamado “El Cariño de la Montaña” cuando repentinamente una camioneta marca Ford Lobo, en color guindo salió a exceso de velocidad, apareció proveniente del ejido Las Flores, mejor conocido como Celemania en el Municipio de Nadadores atravesándose al paso del armatoste. Su chofer, Josué Joel Castañeda Hiracheta, era acompañado por otro individuo.

Eran las 19:45 horas cuando la colisión fue inminente quedando uno de los tripulantes prensado y el otro tirado en el asfalto, mientras debido a una fuga de diésel el camión comenzó a incendiarse.

Se reportó como un accidente carretero acudiendo socorristas de Cruz Roja, Águilas Doradas y Bomberos así como las corporaciones policiacas, quienes en la medida de lo posible prestaban el auxilio mientras que el armatoste comenzaba a incendiarse.

CARTAS ECHADAS

Mientras que el chofer del tráiler gritaba desesperado: “¡Corran, corran va a tronar!”, en Monclova “El Cone”, “Papa Papa” y “El Mosco”, echaban botana, se sobresaltaron al escuchar el reporte vía radio transmisión donde se informaba acerca del accidente en Celemania donde había personas prensadas.

Tomaron sus cámaras y libretas para enfilar con rumbo al retirado paraje. Simultáneamente David escuchó la alerta en su radio, se despidió de su hija y debido a que geográficamente estaba más cerca fue el primero de los comunicadores en llegar.

Sus gráficas fueron explícitas, logró plasmar el accidente de la camioneta con el tráiler, mientras que socorristas y policías además de algunos civiles prestaban el auxilio. La lumbre seguía su acción devastadora cada segundo. Nadie sabía que el tic tac del reloj la vida les iba robando.

Sin embargo, también se apreciaban en sus fotos decenas de personas que nada tenían que ver y por mero morbo no se retiraban a pesar que las autoridades siguiendo el ejemplo del chofer los invitaban a retirarse, pues se corría el riesgo de un estallido.

Juan José Villa, en ese entonces comandante de la Cruz Roja junto a sus compañeros y los socorristas de Águilas Doradas Denis Pérez, Luis Ángel Zapata y Alfredo Sánchez, trataban de ayudar y conminar a los curiosos a irse, la angustia se acrecentaba a cada momento.

Posteriormente se reportó a manera de lo que hoy es el Código Rojo que en el accidente se originaba el fuego y se necesitaba más apoyo.

LA MUERTE TENÍA RESPLANDOR

Los periodistas llegaron rápido al lugar pero en el trayecto dijeron que tenían que tener cuidado, porque aparte del choque, el tráiler se quemaba. Debido a la gran cantidad de vehículos que se hallaban en la cinta asfáltica así como ambulancias decidieron parar la marcha del auto compacto, un chevy color blanco conducido por González Meza, aproximadamente un kilómetro.

Andrés y Carlos corrieron a buscar una buena toma mientras que Jesús se disponía a realizar una fotografía abierta cuando se le cayeron las baterias de la cámara. David se hallaba en la escena.

De pronto y en punto de las 20:05 horas, un escalofriante estruendo se escuchó, el cielo se iluminó con una gran llamarada que alcanzó casi los 50 metros de altura y en cuestión de segundos una bestial onda expansiva con una velocidad inusitada viajó desde el epicentro.

“El Mosco” se tiró al suelo y eso le salvó la vida pues la onda aumentó terriblemente la presión y la temperatura del ambiente. Dobló postes, árboles, destrozó vehículos.

Volaron pedazos de fierro, láminas y madera convirtiéndose en peligrosos proyectiles que desmembraron cuerpos humanos. Otros desafortunados fueron lanzados por el aire y algunos simplemente se desintegraron. Y en medio de toda aquella vorágine inmisericorde sonó la hora de David, Andrés, Carlos y otras decenas de personas.

El huracán devastador alcanzó un radio de cerca de 170 metros a la redonda. Aquello parecía el fin del mundo o una escena después de la detonación de una bomba nuclear.

Cientos de heridos, cuerpos tirados en el pavimento, labores de siembra, y arriba de los árboles; pedazos humanos y miembros mutilados encajados en vehículos se encontraron por doquier.

La confusión entre muchos se hizo presente y la ayuda no se hizo esperar acudiendo además efectivos del Ejército Mexicano y las ambulancias no se daban abasto al igual que los hospitales de la región principalmente Monclova.

Un cráter de 25 metros de diámetro y de casi cuatro metros de profundidad se formó en el lugar donde se hallaba la pipa. Incluso el eje del armatoste fue encontrado a mayor hondura enterrado.

Las agencias funerarias también auxiliaron con sus carrozas como ambulancias y tenían repletos sus anfiteatros y la entonces Procuraduría General de Justicia a cargo de Jesús Torres Charles al igual que las otras corporaciones iniciaron operativos de rescate.

Luego iniciaron las investigaciones y deslindar las responsabilidades, las cuales cayeron en la empresa Orica que asumió las consecuencias, oficialmente fueron 29 muertos pero hasta el momento se piensa que la cifra fue mucho más alta.

HERIDA SIN SANAR

Recuerdo ese día cuado se recibió la llamada de Sergio Olivares quien informaba acerca de la explosión y que nuestros compañeros no se reportaban.

Nos desplazamos hasta el lugar cerca de las 20:30 horas encontrándonos en el camino a Gildardo Sánchez(+), Roberto González y Julio Calvillo llegando a la salida de Nadadores en donde las autoridades restringían el paso para no obstruir la entrada y salida de vehículos de emergencia. A un lado estaba aún consternado “El Mosco” que afirmaba que nuestros compañeros habían fallecido. Trepamos a una patrulla de la Policía Investigadora del Estado y enfilamos al “infierno”. Estamos acostumbrados a observar la tragedia de cerca debido a la fuente periodística que cubrimos pero nunca preparados para ver a un amigo o un familiar en aquellas condiciones.

Al bajar de la unidad lo primero que observé fue el cuerpo de Andrés, a pocos metros el de Carlos y eso fue suficiente para “quebrarme”. David ya había sido trasladado a un anfiteatro mientas que un policía federal preventivo entregaba la cámara del licenciado a sus compañeros, en ella estaban las imágenes explícitas antes de la explosión y que ganaron un Premio Nacional de Periodismo. Mostraban la escena de lo que realmente pasó.

A los tres los conocí, dos de ellos llegaron muy jóvenes a las filas del periodismo. Puedo decirles con orgullo que jamás tuve un altercado y a pesar que sólo fue un simple saludo con el que me despedí la tarde noche de ese día, partieron convencidos de la sinceridad y aprecio que les tenía. Muchos otros buscarían un perdón que jamás llegaría.

Pero… así es esta labor del reportero policiaco: Salimos por la puerta de nuestra casa a trabajar pero no sabemos si vamos a regresar.

La tragedia de Celemania cambiaría totalmente la manera de llevarse a cabo las medidas de seguridad en los transportes de material peligroso. “Pararía más las antenas” de Protección Civil y el Estado endurecería los protocolos de seguridad. El luto ennegreció a las familias coahuilenses y hoy en día un monumento recuerda la fatídica fecha con los nombres de los finados.

Y para concluir con esta triste crónica parafraseo al grupo Bohemios Norteños que en su corrido de la tragedia recomiendan: “En memoria a su recuerdo, como un consejo les digo…no se acerquen de curiosos, retírense del peligro; otros como héroes murieron prestándonos sus servicios”.


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