×
hace 1 semana
[Ruta Libre]

Las andanzas de ‘La Coneja’

Aunque ahora le cuelgan el apodo por su ‘proclividad’ de reproducir fondos ilícitos para su partido, el mote vino de más atrás

Imprimir
Las andanzas de ‘La Coneja’
Por: Claudia Olinda Morán

Saltillo, Coah.-
El flequillo lacio y escaso, la piel blanca, las mejillas regordetas y el ser el heredero de una añeja casta política, la de Eulalio Gutiérrez Ortiz, Presidente de la república entre 1914 y 1915, le valieron el apodo de “El Yupi” y “El Pirrurris” para unos, y de “La Coneja” para muchos más.

Aunque ahora le cuelgan el apodo por su presunta “proclividad” de reproducir los fondos ilícitos para su partido, la verdad es que el mote le vino de más atrás, de cuando las mejillas sobresalían de sus pómulos y después en su juventud, dicen, por aquel dicho de “presta zacate para el conejito”, del tipo de hierba que deja los ojos enrojecidos.

Nada que ver con las fotografías con los ojos enmascarados con un rectángulo negro, las tomadas casi de espaldas durante el juicio, o aquellas con la sudadera gris de su detención.

Gutiérrez Gutiérrez, como los priistas promedio de su generación, nacidos en los 50 y bajo el signo de Escorpio, tenía en la mira una carrera política que empezó a los 24 años como dirigente del Frente Juvenil Revolucionario, crisol de los jóvenes talentos dinosaurios. Egresado de la Universidad Anáhuac y con antecedentes de empresario, pronto migró a otros cargos y en ocho años se convirtió en diputado electo del PRI y líder de la bancada.

En 1999, queriendo ser gobernador, se embarcó en la primer elección interna organizada por el partido, para elegir entre cuatro aspirantes a quien debía ser su candidato. Alejandro Gutiérrez, declinó frente al candidato más fuerte, Enrique Martínez, y se fue por el carril de baja hasta llegar al Senado y colocarse en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI al lado de Manlio Fabio Beltrones.

Esto, mientras en el mundo empresarial y de la aviación sus contactos crecían. Su nombre era frecuentemente asociado al de Carlos Slim Helú, con quien incluso actuaba de portavoz cada vez que Forbes lo ubicaba entre los hombres más ricos para declinar las entrevistas.

Hace 11 meses, Alejandro Gutiérrez publicó en su cuenta de Facebook su intención de escribir un libro, una introspectiva sobre el trabajo legislativo de 20 años, aunque en realidad desde una curul y el Senado, apenas sumaba 12 años y el resto quizás fungiendo como asesor.

En esa última entrevista, para hablar de su proyecto bibliográfico en libertad, Alejandro Gutiérrez se veía relajado en su casa de Loma Blanca, la misma en donde sería detenido y sacado en medio de la noche dos meses después acusado de peculado; cruzó un pequeño lago artificial y se sentó en su jardín para platicar. Pidió al jardinero acallar el motor de la máquina de podar mientras era entrevistado dejando que una de sus mascotas, un Pug retozara cerca.

Pensaba regresar a Saltillo, entrarle a la política, a “servir al pueblo” como llaman los políticos a las ambiciones contenidas, a seguir ayudando y a dedicarse a sus empresas; en su cochera, dos vehículos Porsche, uno negro modelo 90 y uno 1973 color azul, a la espera de ser conducidos algún día.

“Aquí no se puede andar en uno de estos” dijo Alejandro Gutiérrez, quien se trasladaba en una camioneta blindada por instrucciones de la empresa que obligaba a proteger a todos sus directivos.

Hasta ahí la historia de un empresario minero, de la aviación, de un político que nunca fue alcalde ni gobernador, pareciera no tener mayor interés que el decir que ya se tuvo un hijo, se plantó un árbol y se escribió un libro. Ahora, que la Procuraduría General de la República lo ha exonerado, su libro podría ser un thriller político y de los más vendidos.




Imprimir
te puede interesar
similares