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Lloran al ver el mar por primera vez

Adultos mayores y niños disfrutan de un atardecer en la playa

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Lloran al ver el mar por primera vez
Mazatlán, Sinaloa.- Cuatrocientos noventa kilómetros de distancia, una cifra equivalente al mismo tiempo que debían aguardar 40 soñadores para encontrarse por primera vez con el mar. 

La espera inició desde el 19 de mayo, el punto de reunión era la Central de Autobuses de Torreón. El reloj marcaba las 11 en punto, una manta los esperaba con el nombre de la fundación, mientras uno de los organizadores preparaba las playeras azul turquesa para que cuando fueran llegando, pudieran portarla y tomarse la foto del recuerdo. 

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Los minutos pasaron rápidamente, adultos mayores llegaban acompañados de sus hijos y familia, todos ellos empacadores de una tienda de autoservicio.

“Estoy que no me la creo, siento una sensación muy extraña en el pecho, a la vez mariposas en la panza, nunca creí que esto sería posible, porque simplemente no podía costearlo, soy empacadora voluntaria y antes trabajé por muchos años como empleada doméstica, esto es un sueño que espero pronto se haga realidad”, comenta doña María quien constantemente se toca las manos y el pecho del nerviosismo que tiene desde que llegó a la central. 

La ilusión se veía en sus rostros, sonrisas que sostenían mientras platicaban con sus hijos, quienes agradecidos con la fundación 100 Sueños por Cumplir, abrazaban fuerte a su madre o padre para desearles un buen viaje. “Estoy tan agradecida con esta fundación, ni mis hermanos ni yo habíamos podido cumplir este sueño que hoy llena de alegría y emoción a mi madre. Que Dios los cuide y proteja para que regresen con bien, pero que disfruten mucho porque a eso van”, dijo Olga Alicia, hija de doña María y quien no dejó de abrazar a su madre, mientras secaba las lágrimas de sus ojos. 

Los minutos pasaron y un grupo de jóvenes llegó, todos ellos en situación difícil, pues viven en un albergue del DIF, ya que sus padres no se han podido hacer cargo de ellos por diversas situaciones. Sin embargo, entre ellos se consideran una familia, pues han pasado tanto tiempo juntos que se han tomado un gran cariño, un viaje que les da emoción compartir, aunque en sus rostros se note cierta angustia y seriedad.  

El reloj marcó las 12, todos se acomodaron frente a aquella lona azul, sonreían, los ojos se llenaban de alegría y entusiasmo por la aventura que les aguardaba a tan solo 490 kilómetros de distancia. Momentos después, el autobús emprendió el viaje. Poco pasó cuando una parada en Gómez Palacio detuvo a los viajeros, unas últimas personas se unían al viaje, una madre con sus tres hijos y un joven a quien lo habían apadrinado los Dreamers de La Laguna, jóvenes motociclistas que pusieron todo su empeño para conseguir los fondos y así Jesús viajara por primera vez a la playa. 

Pasaban las 12:30 de la madrugada, todos se refugiaban en cobijas, buscando conciliar el sueño, una docena de motociclistas escoltaban al autobús, algunos tomaban fotos, otros más se sorprendieron por lo que estaban presenciando, recuerdos que aseguraron no olvidarán. 

El sueño venció a los ojos cansados, los hizo dormir profundamente y no sentir el largo trayecto, sin embargo, ni las incómodas dormitadas, ni el ambiente congelante, les quitó la emoción de ver el mar a su llegada. 

mama

Una realidad

“¡Llegamos!”, gritó uno de los jóvenes, lo que hizo que los demás rápidamente enderezaran sus asientos, las cortinas comenzaban a abrirse, sin embargo, una espesa neblina los detuvo de ver más allá; “Que creían que ya iban a ver su sorpresa, pues no, hasta mandamos a hablarle al Dios de la neblina para que nos mandara poquita y así no pudieran hacer trampa”, señaló Santiago Chaparro, uno de los organizadores. 

El clima empezó a mejorar, la niebla desaparecía, pero antes de que ésta se quitara, todos recibieron una misma indicación antes de llegar al hotel, “¡Rápido!, todos hay que cerrar las cortinas, no se vale hacer trampa, no arruinen la sorpresa que los ha traído hasta acá”, exclama con emoción. 

Instantes después, un hotel moderno con diversas tonalidades de azul, recibía a sus huéspedes con los brazos abiertos. Todo estaba preparado, un desayuno los esperaba y después... el mar. 

Apenas terminaron y una fila comenzó a formarse, las maletas quedaron atrás, todos emocionados aguardaban su lugar. Pasaron una puerta de vidrio, recorrieron por unos metros un camino empedrado y curvilíneo con los ojos vendados. 

Con ayuda de su padrino o madrina, quien aportó dinero para que estuvieran ahí; bajaron los escalones, uno, dos pasos y de pronto, sus pies ya sentían la fina arena. Todos pasaron por el mismo procedimiento, sin embargo, unos no evitaron que las lágrimas y la emoción se desbordara. 

“¡Mira ‘lagua mamá, está muy grande y muy bonito, está fría, ven mamá, acércate y mira el mar!”, esas fueron las primeras frases que Julisa escuchó decir a uno de sus pequeños hijos, rápidamente su fortaleza le impidió llorar de la emoción que sus ojos reflejaban. 

“No sé ni que decir, es una emoción tan bonita, fui tan afortunada, muchos vienen solos, pero yo pude venir con mis hijos, bueno me falta otra, pero ella esperemos que en otra ocasión nos pueda acompañar; mis hijos pensaban que veníamos al canal, como le hacemos llamar ahí en Torreón a algo similar a un arroyo, pero yo les decía que no veníamos al canal, que el mar era más libre y grande”, comenta Julisa quien dedica sus días a cuidar a sus hijos y trabajando en casas como empleada doméstica, mientras su esposo es obrero. 

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Los sueños continúan

El segundo día, un clima agradable recibía a nuevos soñadores, esta vez venían pobladores de Matamoros, Coahuila, en su mayoría mujeres, algunas acompañadas de sus hijos, la emoción fue diferente, pues todas ellas llegaron con cantos y risas, pasaron instantes y de pronto todas se encontraban pisando y sintiendo la playa. 

“¡Mientras haya vida hay que disfrutar!”, se gritaban unas a otras, al tiempo que intentaban recordar una canción emblemática del mar. Y mientras los grandes disfrutaban, los más pequeños comenzaron a formar los tan anhelados castillos de arena, obras arquitectónicas que los hicieron completar su sueño. 

De esta forma, la Fundación 100 Sueños Por Cumplir realizó la promesa que hizo hace tres meses, un sueño que ahora viajará hasta la capital del estado, esperando hacer feliz a un centenar de personas más.


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