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hace 2 meses
[Relatos Paralelos]

Manejo editorial y música ligera

La monótona conversación sobre el clima es una constante con el chofer, su nombre regularmente pasa desapercibido o no importa

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Manejo editorial y música ligera
La monótona conversación sobre el clima es una constante con el chofer, su nombre regularmente pasa desapercibido o no importa; el pasajero cumple con educación –a veces– con responder a las observaciones o señalamientos por medio de palabras monosilábicas durante el trayecto por las calles de Saltillo. Bastaron 10 minutos para cambiar mi percepción.

Eran las 10:30 horas del 7 de agosto y necesitaba transporte urgente. Me encontraba en avenida del Rosario, en el fraccionamiento del mismo nombre, pero debía llegar a Venustiano Carranza, justo frente al distribuidor vial. Fue entonces que solicité una unidad, de esas que carecen de color amarillo y se mimetizan entre el parque vehicular.

Recibí pronta respuesta. Eran las 10:34 horas y frente a mí se estacionó un Volkswagen Gol. Al volante, un hombre de cabello que empieza a tornarse grisáceo, camisa arremangada y pulseras en la muñeca derecha. Era José Emilio, “capitán” en turno del auto azul marino.

Lo que esperaba fuera un saludo protocolario y frío, seguido por un comentario sobre los intensos rayos de sol matutinos, se transformó en una conversación turístico-grastronómica con remate editorial.

El sistema de audio reproducía rock en español, que armonizaba a la perfección con el look del conductor veracruzano “con algunos años” en la ciudad, de recuerdos vivos de su tierra natal.

Con un viaje a aquella zona del país en puerta, mostré sumo interés en los detalles. De manera súbita estamos inmersos en un recorrido, tan descriptivo como suculento, sobre los platillos típicos del puerto y sus alrededores.

Sobre el cómo llegar, la recomendación de José fue contundente: por aire. “La carretera por Tamaulipas es peligrosa y no sabes qué te puedes encontrar, así que te recomiendo viajar en avión”, y ante la incertidumbre que se cierne sobre los tramos terrestres de dicha entidad, me limité a escuchar y tomar sus palabras a consideración.

“Por ser costa no va a faltar el pescado y existen distintas formas de prepararlo, al menos en casa mi madre así lo hace”, advirtió sobre el menú veracruzano, con lo que su semblante –percibido desde el espejo retrovisor– adquirió un tono de nostalgia.

Con nueve meses manejando para Uber, ha recorrido las calles de Saltillo narrando historias de su trajinar de vida que lo trajeron a la capital coahuilense, empleando frases de fondo más que de forma. Como ejemplo de ello son las referencias que usuarios han plasmado en la aplicación: “Buena conversación”, afirman 93 personas que la tuvieron con José Emilio e incluso existen 52 que lo describen como “héroe”, estampando un 4.97 de calificación general, de un máximo de 5.

Eran las 10:39 horas y la charla tomó otro rumbo –así como lo hizo José Emilio al abandonar su núcleo familiar en el Golfo de México y forjar el propio en Coahuila–, para convertirse en una reflexión mediática.

Tan sorpresiva como intempestiva, pero grata, fue la breve conversación en torno al manejo editorial de los medios en Coahuila, ponderando el contenido noticioso y la búsqueda que hacen los lectores sobre el acontecer de su entorno, con base en la forma en que se presenta la información.

Letrado y analítico, es manera de describir al conductor de este Gol azul marino mientras circula por bulevar Pedro Figueroa casi esquina con bulevar Venustiano Carranza, la culminación del viaje se aproxima.

Durante los últimos 800 metros José Emilio mostró su amplio conocimiento sobre autores, columnistas y periodistas, por medio de los cuales forma una sólida opinión en torno a los grandes temas del país, no sólo emite juicios de valor y cae en un círculo interminable de puntos sin sustento. El sonido que emana de las bocinas del auto sigue perteneciendo al rock en español, las décadas de los 80 y 90 son al parecer sus favoritas, por no decir su “época”, que hacen una combinación perfecta con la charla en cuestión.

El final del viaje llegó, son las 10:45 horas. La tarifa a pagar es de 41.94 pesos, por medio de tarjeta, como se había indicado.

Abro la puerta y antes de poner un pie fuera del vehículo el conductor gira y extiende su mano, tal vez de agradecimiento, tal vez por educación, tal vez por instinto. “Excelente charla, muchas gracias... ojalá no sea la última vez en que podemos encontrarnos”, expresa mientras respondo a la cortesía.

Salgo de la unidad y el rock en español aumenta su volumen. Llegó su momento de volver a recorrer en soledad las calles de Saltillo mientras monitorea la aplicación para su siguiente viaje, otro breve espacio para conversar, otra oportunidad de compartir ideas.

Tan grande es la ciudad como lo son las coincidencias. Pasaron 10 días de aquel viaje cuando me encontraba caminando por calles de la colonia Magisterio Sección 38, absorto en la lista de quehaceres matutinos cuando, de pronto, veo circular frente a mí un Gol azul marino que disminuye su marcha.

Es el mismo conductor de pulseras en muñeca derecha y de nuevo con camisa arremangada, con rock en el sistema de sonido para amenizar su recorrido.

Extiende un brazo para saludar a distancia antes de acelerar de nuevo; reproduzco el movimiento en honor a aquella conversación que rompió con la monotonía de un viaje en auto de alquiler, una en la que bastaron 10 minutos para cambiar mi percepción.



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