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hace 9 años
[Especial]

México en las sombras por guerra contra el crimen

Un convoy militar en busca de narcotraficantes salió de su base en esta ciudad fronteriza bajo control de un poderoso cártel

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Reynosa, Tamaulipas.- Un convoy militar en busca de narcotraficantes salió de su base en esta ciudad fronteriza bajo control de un poderoso cártel de la droga –y una voz siniestra crepitó por la frecuencia bidireccional del radio sólo para anunciar eso.

La voz, perteneciente a un espía del cártel, transmite la ruta de los soldados por la ciudad, calle por calle, usando el mismo lenguaje militar que el de los milicianos.

“Nos están siguiendo”, dijo encogiendo los hombros el coronel Juan José Gómez, quien monitoreaba la transmisión en el asiento delantero de un camión.

La presencia de los informantes, algunos de ellos ex soldados, resalta una paradoja en el ataque ambicioso y sangriento de México contra los cárteles de la droga que han asolado al país.

El país ha desatado una guerra pero no puede confiar totalmente en sus mismas instituciones –la policía, aduanas, prisiones, incluso, el Ejército relativamente limpio–, necesarias para ganar la guerra.

Los cárteles tienen miles de millones de dólares más de los que el Gobierno mexicano gasta para derrotarlos, y ellos gastan su riqueza para aumentar sus filas con una cantidad incalculable de políticos, jueces, custodios carcelarios y policías; de hecho, son tantos los policías, que se han disuelto fuerzas policiales enteras en todo México y se han reconstruido desde cero.

En el último año se ha detenido desde el fiscal de más alta jerarquía encargado del crimen organizado por recibir dinero de los cárteles, hasta el director de Interpol en México. Incluso, los cárteles se las ingeniaron para meter a un topo en la Embajada estadounidense.

Es frecuente que maten a balazos a quienes estando en puestos importantes se han resistido a tomar dinero del narcotráfico, un incentivo poderoso para otros que podrían estar titubeando.

Se trata de una guerra iniciada por México, pero apoyada –y en algunas formas minada– por EU. El modelo se elaboró en EU, una estrategia antinarcóticos originalmente diseñada para Colombia.

México usa inteligencia de EU para rastrear a los narco y está esperando helicópteros y aviones estadounidenses para perseguirlos, una parte de cientos de millones de dólares en ayuda iniciada por el ex presidente. Bush y ampliada por el presidente Barack Obama.

Al mismo tiempo los drogadictos estadounidenses impulsan la demanda de drogas y las armas estadounidenses están suministrando el poder de fuego usado con tanta ferocidad por los cárteles de México, una realidad reconocida por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, durante su viaje a este país.

Dado que la perspectiva de una victoria rápida se hace más y más difícil de alcanzar, cada vez más voces, en ambos lados de la frontera, cuestionan el costo y las secuelas del ataque contra los cárteles.

Los mexicanos, aterrados por la cuenta de cadáveres, los cuerpos mutilados en las calles y el pavoneo de los jefes del narcotráfico, se preguntan si no estarán pagando un precio demasiado alto en la persecución de las bandas del crimen organizado que han operado por generaciones en su territorio.

“En ocasiones creo que en realidad esta guerra no se puede ganar”, susurró un soldado mexicano cuando su comandante no podía oír, durante un patrullaje reciente en Reynosa. “Haces lo que puedes, pero ellos son muchos más que nosotros”.

EL EJÉRCITO A LAS CALLES

El ímpetu por la guerra contra el narcotráfico comenzó en la campaña del presidente Felipe Calderón en 2006. Aun cuando el tema número uno era la economía, Calderón, un tecnócrata de la ley y el orden, puso atención al incremento constante en la criminalidad desde un principio.

Los cárteles del narco amenazaron su vida durante la campaña, lo que profundizó su indignación, según funcionarios cercanos a él. Y empezó a sospechar que el dinero de las drogas estaba llegando a los partidos políticos.

Calderón optó por enviar al Ejército a las calles para combatir a los cárteles. El objetivo de un paso así de audaz era ganarse el apoyo de la población harta de la delincuencia y para reafirmar su legitimidad como Presidente de todos los mexicanos.

Unos 28 meses después, el Gobierno anuncia un récord en aseguramientos de drogas, dinero y armas para mostrar que está dando golpes serios al narco.

El gobierno menciona decenas de miles de elementos de base a los que ha detenido de los cuatro principales cárteles mexicanos, así como a algunos de los jefes que los dirigían. Hace poco se detuvo a tres narcotraficantes importantes, incluido al “Canicón”, acusado de organizar un ataque contra el Consulado estadounidense en Monterrey.

Sin embargo la violencia ha aumentado. Aun cuando los mexicanos, en gran parte, respaldan los esfuerzos de Calderón, la cifra en la que parecen fijarse más estos días es en los más de 6 mil 200 asesinatos relacionados con el narco en 2008 y en las más de mil 100 muertes en lo que va del 2009.

Los muertos se deben a que los traficantes están imponiendo la disciplina entre sus filas, a batallas encarnizadas entre cárteles rivales por el territorio y por enfrentamientos entre criminales y autoridades. Los que han generado mayor indignación, pero representan la cantidad más reducida, son los inocentes que han caído por balas perdidas.

Calderón argumenta que la violencia muestra la desesperación de los cárteles a medida que los desmantela el Gobierno.

Actualmente, quienes ofrecen las mayores “mordidas” son los narcotraficantes, que el gobierno de Calderón reconoce tienen en sus nóminas a policías, alcaldes de pueblos e, incluso, a funcionarios gubernamentales de alta jerarquía, algo que ahora se considera una crisis nacional hecha y derecha.

“Cualquiera puede ser un narco”, comentó un funcionario gubernamental mexicano.

DESCONFIANZA

Hace mucho que los mexicanos perdieron la confianza en sus autoridades judiciales.

» La mayor parte de los delitos nunca se resuelve en México.

» Una investigación encontró que sólo 24 de cada mil delitos, reportados ante las autoridades, resultan en sentencias para los sospechosos.

» De cada 100 personas
que están bajo custodia por sospecha de haber cometido un delito, se encuentran culpables a menos de cuatro.

» Se estropea la evidencia, los testigos se niegan a hablar y se manipula al Poder Judicial.

» Cerca de 90 por ciento de quienes han sido víctimas de un delito nunca lo reportó ante alguna autoridad convencido de que no serviría de nada.

» El Gobierno estadounidense estimó hace poco que 450 mil mexicanos se ganan la vida en la industria de las drogas.

» Alrededor de una tercera parte de éstos está involucrada directamente en el narcotráfico y dos terceras partes en el
cultivo en el campo.

» Sin embargo, nadie sabe realmente cuántas personas están vinculadas a lo que es una economía de las drogas en expansión.

» Para resolver el problema de la corrupción, la Secretaría de la Defensa propuso hace poco un lapso de 60 años en prisión para cualquier soldado relacionado con el crimen organizado.

» Los comandantes admiten que deben guardar cuidadosamente la información sobre sus misiones para evitar que se enteren los miembros uniformados de los cárteles.

‘CALDERÓN ALBOROTÓ EL AVISPERO’

La brutalidad de los cárteles –el hecho de que los asesinos estén cortando cabezas, disolviendo cadáveres en ácido– han generado cada vez más críticas al enfoque de Calderón.

“Calderón tomó una vara y alborotó el avispero”, dijo Javier Valdez, un periodista sinaloense, en una crítica sobre la guerra contra el narcotráfico que se oye con frecuencia en México.

Culpan a Calderón de lanzar un ataque frontal contra los cárteles sin primero haber recopilado la inteligencia sobre ellos, ni preparar una fuerza policial confiable.

Se le reprocha que no haya perseguido a los políticos que colaboran con los cárteles.

Se le critica por no haber hecho una mella significativa en las ganancias de los narcos que financian sus operaciones. Se está llevando a cabo un esfuerzo por cambiar las leyes para facilitar el decomiso de negocios vinculados a los narcos, pero se ha estancado por la feroz lucha política interna.

“Seguimos oyendo que vamos a ganar”, dijo Víctor Hugo Círigo Vásquez, presidente de la Asamblea de la Ciudad de México hace poco a un reportero. “Eso fue lo que el presidente estadounidense dijo en Vietnam”.



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