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hace 3 semanas
[Relatos Paralelos]

‘Mi hija era Diana Laura’

Tuve que echar mano de Facebook para retomar una historia que escribí hace ya –me di cuenta– seis años

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‘Mi hija era Diana Laura’
Tuve que echar mano de Facebook para retomar una historia que escribí hace ya –me di cuenta– seis años. En esa publicación hice referencia de un encuentro que tuve con una persona años atrás, a quien conocí en la calle, y que se había quedado enamorada de mi hija Miranda.

Según mis cálculos, estos hechos acontecieron en 2009, no recuerdo el mes, aunque lo que pasó se me quedó muy grabado, así que trataré de relatarlo con el mayor detalle posible.

Yo trabajaba por las tardes como editor de un periódico local y en esa época mi hija mayor tendría 4 años. Era común que mientras su madre se ocupaba de la más pequeña en casa, yo saliera por la mañana con Miranda a hacer algunos pendientes.

Uno de aquellos días me llevó a los locales exteriores de Soriana San Isidro, donde existe, todavía, una veterinaria.

Miranda me pidió acompañarla a ver los animales que ahí tenían, y mientras observábamos unos cachorros en el aparador se acercó una mujer alta, delgada, ya mayor y vestía un traje sastre azul oscuro.

Detrás de ella estaba un hombre joven, de pelo corto, bigote y portaba un traje oscuro; deduje de inmediato que se trataba de un guardaespaldas.

Sentí la mirada de la mujer clavada en mi niña, que seguía observando los cachorros con sus enormes ojos verdes.

-Qué bonita está su niña–, dijo la mujer.

Muchas gracias, le contesté con extrañeza al tiempo que apretaba la mano de Miranda. Aún y acostumbrado a que chulearan a mi niña, me causó inquietud que la mujer siguiera ahí de pie sin quitarle la vista de encima.

-Disfrútela ahora, porque cuando crecen... – insistió la mujer, que aunque amable, provocaba una desconfianza al alza, entre silencios y sonrisas fingidas mientras asentía con la cabeza y de vez en cuando levantando las cejas.

Traté de alejarme jalando a mi hija hacia la puerta del centro comercial, pero estaba embelesada con los canes de la veterinaria y se resistió.

La mujer no desistió de continuar la plática.

-Me recuerda mucho a mi hija cuando estaba pequeña. Nosotros somos de Nueva Rosita, pero ahora yo estoy viviendo aquí... nos invitó el Gobernador, y nos ofreció todas las facilidades–, dijo mientras volteaba a ver al guardaespaldas que tampoco nos quitaba la vista de encima.

Obligado más por la intriga que por su amabilidad, decidí entablar conversación.

–¿Y cuántas hijas tiene?– pregunté.

Con la mirada perdida, y como si no me hubiera escuchado, dijo, “Mi hija se llamaba Diana Laura”.

Sin entender del todo, me quedé esperando la otra parte de la historia. Me volteó a ver y exclamó:

-Diana Laura Riojas.

Creo haber hecho un gesto de sorpresa, o incredulidad, mientras siguió conversando, sin quitarle la vista a Miranda, quien me jalaba la ropa para que apreciara a las mascotas.

La mujer, de ojos enrojecidos, era la madre de Diana Laura, viuda de Colosio.
–Fueron tiempos muy difíciles. Yo le decía a Luis Donaldo que no se metiera en eso, que era muy riesgoso, pero ya ve... nos lo mataron–.

Me quedé sin palabras. Por primera vez comprendía que el mentado “magnicidio” había sido algo más que el asesinato de un candidato presidencial. Dejó en la desgracia a su esposa y a sus dos hijos y por supuesto, a toda la familia.

–¿Sabe?, mi hija no lo soportó. Y también se murió. No duró mucho después de que lo mataron–.

Dio la vuelta y se dirigió a una camioneta que la esperaba a unos metros, no sin antes voltear y decirme de nuevo, “Cuídela mucho”.

Quedé ahí, frío, con mil preguntas en la punta de la lengua e impactado por el dolor de la mujer, que en aquel entonces tenía cinco años de haber perdido a su hija, según la versión oficial, víctima del cáncer.

Cuando se retiró, sólo me le quedé viendo a Miranda –que ahora tiene 12 años–, la cargué y sin decir más le planté un enorme beso.





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