×
hace 3 meses
[Arte]

Dos Miradas a los Kikapús

Germán Siller y Raúl Cantú documentan la vida de la tribu coahuilense.

Imprimir
Dos Miradas a los Kikapús
Saltillo, Coahuila.- Una mirada documental, pero con destellos de intimidad y cercanía, se aprecia en la exposición Dos Miradas a los Kikapús, de los fotógrafos Germán Siller y Raúl Cantú. La muestra explora el universo cotidiano de una de las comunidades que conforman el retablo cultural coahuilense.

La exposición, que se inauguró la noche del jueves en el teatro García Carillo, fue presentada por Iván Márquez, director del Instituto Municipal de Cultura (IMCS), Magda Dávila, coordinadora de Artes Visuales, y Germán Siller, entre otros.

“El objetivo con el que inició el proyecto fue ilustrar un libro de culturas populares de Coahuila, que forma parte de la serie Patrimonio editada por la Secretaría de Cultura de Coahuila. En este libro, había apartados dedicados a diversas comunidades como los Mascogos, los Mazahuas y los Kikapús. Con el material que surgió de ahí nació la exposición”, comentó Siller en entrevista con Zócalo.

La exposición, que estará en el recinto hasta abril próximo, está integrada por dos series: una hecha por Raúl Cantú y la otra por Germán Siller. La muestra que corresponde a este último cuenta con 18 piezas que reflejan la intimidad de los kikapús, la familia del jefe, sus tradiciones y costumbres.

UN REINO CERRADO

La primera de las imágenes de Siller muestra un río que atraviesa como un suave cuchillo el paisaje verde. Después aparece un retrato del legendario jefe Chacoka quien, con un penacho, remarca la realeza de una tribu que sobrevivió al salvaje oeste.

“Es muy importante preservar esta vida. Creo que uno de los puntos importantes es haber conservado la imagen del jefe Chacoka, ya que fue econocido a nivel internacional por ser el portavoz de la tirbu kukapú, ya que después de hacer el trabajo, el jefe falleció”, expresó.

“Aunque la historia de ellos es realmente larga, también es interesante el cómo hablan español, inglés o cómo migran y regresan. Entonces esta mezcla kikapú-mexicana-estadunidense es muy singular e interesante, es algo que con el tiempo puede ir desapareciendo”, planteó.

La muestra sigue con un hombre al lado de un caballo, una relación centenaria que continua con dos fotografías que muestran el proceso de curación de las pieles: una piel extendida secada al sol y una mujer curtiendo una pieza, a la vez que vemos dos objetos de uso cotidiando en la comunidad como vasijas y moliendas.

“El permiso para entrar a la comunidad y estar ahí fue muy difícil porque era muy cerrada, aun así lo conseguimos por parte del jefe, quien conocía a Iván y a Patricia Carrillo. En realidad las fotografías son casi únicamente del espacio de él y de su familia, no son de toda la tribu: es su casa, su familia, sus hijos y sobrinos”, explicó.

El año pasado, Siller presentó una exposición acerca de la comunidad de los negros mascogos en el Coloquio de las Tres Culturas realizado en el Centro Cultural Vito Alessio Robles. Aunque las dos obras documentales surguieron del mismo proyecto, Siller señaló la diferencia que alcanzó a percibir entre las dos comunidades que capturó con la lente.

“Los Mascogos son algo distintos a los kikapús, pues ellos no tienen una tradición lingüística o una serie de tradiciones tan marcadas como el gran bagaje que mantienen los kikapús”, mencionó.

Las piezas finales de la serie de Siller reflejan el ambiente familiar del jefe Chacoka: jóvenes y viejos que se unen en torno a una mesa o que se funden, en un abrazo, ante el ojo cautivado de la cámara del fotógrafo.

TRIBU Y SOMBRAS

Si bien la obra de Siller retrata un mundo colorido en el que las tonalidades dan forma y dibujan a los kikapús y sus objetos, la obra de Raúl Cantú utiliza el blanco y negro para mostrar la atemporalidad de la tribu.

Las piezas que integran la serie de Cantú son 18 fotografías donde destacan dos retratos: uno del jefe Chakoka y otro de un niño, este último es la única imagen a color. Las obras están una sobre la otra, para presentar la idea de lo viejo y lo nuevo, lo antiguo y lo moderno.

La serie sigue con tres perfiles del jefe, quien fuma en su pipa y recuerda la idea hollywoodense de que este gesto es para conservar la armonía y la paz entre desconocidos. Un cofre de un antiguo auto y un fogón rematan la serie y dan testimonio de la vida actual de esta tribu.

Las piezas finales de Cantú presentan rostros de hombres y mujeres que se funden para dar testimonio de la diversidad con la que cuenta el estado coahuilense.


Imprimir
te puede interesar
similares