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[Ruta Libre]

Para recordar: Un insólito robo de base

Marco Tulio López, el aficionado que le robó la base a Saraperos

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Para recordar: Un insólito robo de base
Foto: Zócalo | Jerson Cardoso
Por: Gerardo Alvarado

Saltillo, Coah.-
Si el expelotero Luis Arredondo, máximo robador de bases de la Liga Mexicana de Beisbol, conociera al saltillense Marco Tulio López Chapa, quedaría impactado, porque el exleón de Yucatán pasará a la historia como el mejor hurtando almohadillas con 577 en su trayectoria, en tanto que al coahuilense, sin ser jugador, le bastó una para ser parte de la historia.

A Arredondo se le recordará por 19 temporadas consecutivas conectando 100 o más hits, o por vestir la casaca yucateca durante 14 años seguidos, además de que su número fue retirado. A López Chapa se le recordará por su pasión a los Saraperos, pero también por robarse una base, ya que ante el júbilo de la afición que celebró el campeonato de la Nave verde en 2009, él realizó la proeza de correr hacia el diamante y tomar una de las tres colchonetas para llevársela como un recuerdo de la victoria.

“Robarse una base” dentro del juego de pelota es cuando un jugador espera a que el pitcher lance a home y salga corriendo a tomar la siguiente, llegando con éxito a su destino. Lo mismo sucedió con Marco Tulio, quien esperó pacientemente a que todos festejaran para emprender la carrera a robarse la colchoneta, no sin antes pasar por una larga travesía para obtenerla.

UNA COLECCIÓN COMO TESORO

El amor de Marco Tulio por los Saraperos inició cuando tenía tres años y vio su primer partido acompañado por su padre. Desde entonces, año tras año asistió de manera religiosa al estadio, excepto esta temporada de 2018 y como una forma de castigo por el mal paso del equipo y el mal manejo de su directiva.

Posee una colección con una bola autografiada por cada pelotero de cada campaña. Le faltará la de este año, aunque en su vitrina, detrás de los cristales, las pelotas comparten el espacio con su tesoro más preciado. Ahí tenía, hasta antes de platicar con Ruta Libre, la almohadilla de primera base del campeonato de 2009 totalmente resguardada y forrada con papel filmina para mantener intactos los vestigios de esa batalla, tierra, sudor y un sinfín de historias.

¿Pero cómo la obtuvo? Marco revela que se reunió un día antes del partido decisivo de la Final entre Saraperos y Tigres de Quintana Roo con unos muy buenos amigos. Uno de ellos tiene un negocio de impresión y se le ocurrió la idea de plasmar en 3 mil playeras la leyenda “campeones”, una idea sumamente arriesgada, aunque no tanto como la del día del juego en el estadio.

LA FORTUNA LE SONRIÓ

Llegaron al juego el 28 de agosto con las playeras al estadio Madero. La venta, por obvias razones, no fue buena, la afición estaba escéptica de que la Nave Verde ganaría ese juego y se alzaría con la corona, pero Marco, a sabiendas de que lanzaría Rafael Díaz, tenía confianza y fe de que todo saldría como lo esperaba.

A pesar de que las ventas eran mínimas –usted pensará qué tiene que ver con el robo de la colchoneta, pero es parte importante de la historia– Marco tomó su palco, el llamado “Sarape Dotes”, y ahí estuvo con sus cuates y familiares.

El play-ball y una enorme ventaja en el marcador, llevó a la afición a comprarle sus playeras de “campeón”. De inmediato, Marco vio su buena fortuna y fue con un amigo del estadio para dejar pasar a quien las tenía para venderlas, claro, con un costo más elevado, pues ahora él tenía la sartén por el mango.

El dinero comenzó a llegar y él lo guardó en su bolsa del pantalón. Vendió casi todas las playeras, regaló otras más, una de ellas al entonces gobernador Humberto Moreira, y fue entonces que se le vino a la mente la disparatada idea de robarse una de las almohadillas del juego. Ese plan lo contó a sus acompañantes y todos esperaron el momento en que cayera el tercer out para ver si se atrevía.

Entonces ocurrió el momento esperado. Una rola al shortstop, este la pasa al segunda base y termina con doble matanza en el guante de Refugio Cervantes en la primera colchoneta. Jugadores, directiva y toda la afición corrieron al centro del diamante a festejar. Marco también corrió, pero en otra dirección: él se lanzó a tomar la almohadilla.

NEGOCIACIÓN POR LA BASE

Como pudo, a jalones y esfuerzo, arrancó la base antes de que fuera visto por la seguridad del estadio. Marco Tulio inició una persecución donde desafortunadamente fue alcanzado, ahí le quitaron de las manos ese trofeo por el que saltó al campo. Mientras caminaban y sin darse por vencido, Marco Tulio rogó al guardia que le devolviera la base y argumentó que se merecía llevar a casa ese recuerdo por luchar por él. Ambos entraron a los vestidores de Saraperos.

Ahí inició el reto de convencer a parte del staff de seguridad de la novena saltillense, hasta que entró Orlando Sánchez, mánager de Saraperos, y este le dio el terrible “no”, ya que esa colchoneta es parte del equipo, de la historia, del estadio y de la directiva. En cambio, el timonel verde le regala la casaca con la que salió al juego. Gustoso, Marco la toma pero no desiste, al irse Sánchez, insiste de nuevo con el guardia, al cual conoce, para que le entregue la base y lo deje ir.

Entre el estira y afloja, Marco metió su mano a la bolsa del pantalón y tomó todas las ganancias de la venta de playeras y se la ofreció al guardia. Él aceptó el trato asegurando que al salir, si alguien más del staff de Saraperos le quitaba la almohadilla ese ya no sería su problema y tampoco le devolvería el dinero. El riesgo era todo para Marco.

Una idea vino a su mente para rescatarlo. Marco Tulio envolvió la base en la casaca regalada por Orlando y se dirigió a la salida trasera de los vestidores, esperando que nadie lo viera, y para su fortuna iba entrando Humberto Moreira con un gran número de personas para felicitar a los campeones. Entre la algarabía y el “dejen pasar, háganse a un lado”, logró esquivarlos y llegó hasta la tribuna, a celebrar que él también tenía en sus manos un trofeo de este campeonato de 2009.

La demás afición celebró la hazaña, que se logró con una negociación donde hubo tres ganadores: uno de ellos fue el guardia porque se llevó un buen de dinero; otro fue uno de los amigos de Marco que al ver su logro fue por la colchoneta de la tercera base, la cual está también en una vitrina y finalmente, Marco, porque esa noche ganó una casaca de Orlando Sánchez, que ahora tiene enmarcada, la colchoneta, guardada en una vitrina y sobre todo, una historia para recordar.



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