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hace 3 meses
[Especial]

Por su hijo soportó infidelidad

A sus 26 años, Alfonso Ávalos, trabaja, cuida y proteje a su hijo, a quien su madre nunca defendió en el proceso ante Pronnif

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Por su hijo soportó infidelidad
Doña Imelda Carrizales, apoyándolos siempre.
Frontera, Coah.- El amor de papá también cuida, también cura, también acaricia el alma, y entre el afecto de sus besos y la fuerza de su abrazo, se siente la protección en esa conexión de cariño llamada paternidad, lazo que demuestra en una sociedad tradicionalista que el hombre, al igual que la mujer, tiene la misma capacidad de amar y cuidar a sus hijos.

Alfonso Ávalos Ramírez es un joven carismático muy trabajador, terminó la preparatoria, de oficio mesero, tiene como objetivo estudiar una carrera universitaria, muy luchador, sabe cocinar, domina la computadora, repara celulares… y es papá soltero.

Soñaba convertirse en padre y la vida le dio la oportunidad, pero no en las condiciones en que deseaba, aguantando infidelidades para que su niño tuviera a sus padres juntos, y ante la imposibilidad de retenerla, ahora depende de él la crianza de su hijo.

Aunque no lo llevó en su vientre, desde su concepción lo lleva en su corazón, lo carga en sus brazos, lo llena de besos, le cambia pañales, le prepara el biberón y está al pendiente de que no le quiebre más jarrones a la abuela.

Él, con 26 años de edad, y su bebé próximo a cumplir los dos añitos, viven en la planta alta de la casa de su abuela materna, doña Imelda Carrizales, en la colonia Aviación, quien al ser coordinadora de zona en Programas Sociales, le ofreció trabajo para tener mas tiempo de cuidar a su pequeño.

“Soy el mayor de tres hermanos y desde los 15 años quería ser papá, pero mi padre me pidió esperarme, que no cometiera sus mismos errores porque ellos me tuvieron cuando eran muy jóvenes, precisamente cuando tenían 15 años de edad”, platica Alfonso.

Sentado en el sillón de la sala y sin perder de vista a “Ponchín” que jugaba a su alrededor, recuerda cuando María Estefanía Ríos Cruz le dijo que estaba embarazada, creyendo que iniciaría la familia que siempre soñó, pero después de vivir juntos un año ya no soportó la deslealtad en la intimidad, decidiendo quedarse con el bebé, apoyándose en la Pronnif para obtener la custodia.

Comenta que la joven de 19 años no se negó a delegarle toda la responsabilidad, y desde hace tres meses que no convive con Ponchín, comprobando así la discusión que tuvieron al separarse, que ella prefería su vida sin compromisos.

“Desde que nació, siempre me ocupé de él, me despertaba cada tres horas a prepararle el biberón, lavaba su ropa, también le cocinaba, era la ama de casa pues, y cuando nos separamos tuve que renunciar a mi chamba de capitán de meseros y fue cuando mi abuela me ofreció trabajar para ella como capturista de datos”, recuerda.

Reconoce que su hijo le enseña cuál es el amor más puro y auténtico, y no hay tiempo de derramar una lágrima cuando el miedo se apodera de él pensando que se puede equivocar en cómo educarlo, porque la tarea de convertirlo en un hombre exitoso exige el mayor esfuerzo que jamás creyó podía aportar.

“Al bebé lo duermo en mi pecho, no logra conciliar el sueño, ni yo tampoco, si no lo tengo abrazado a mí, me gusta conectarme al latido de su corazón, aunque no sé cómo le haré cuando crezca y esté más pesado”, platica sonriendo.

Sin ocultar el orgullo en sus palabras, al decir que conoce a su hijo cuando está decaído, el motivo de sus rabietas, cuando se fastidia, su forma de llorar, identificando hasta su tono de voz cuando va a enfermar de la garganta, todo gracias a la dedicación de 24 horas al cuidado del niño.

Su motivo para respirar y levantarse cada mañana es su bebé, por eso su vida personal está suspendida, para que nadie más ocupe los brazos de papá e infundirle seguridad a pesar de la ausencia de mamá.

Reconoce que se apoya leyendo en Internet la Guía para Padres, y sigue haciéndose responsable de lavar y planchar la ropa de ambos, además de prepararle sus alimentos gracias a que aprendió a cocinar y no sólo a ser mesero.

“Mi abuela me apoya con lo más indispensable, y me estoy preparando para vivir solo con mi bebé en dos meses más, será muy duro cuando estoy tan apegado a él, pero debo trabajar más y eso significa separarnos, aunque serán las horas más difíciles de superar”, reconoce el papá soltero.

Doña Imelda comenta que sí dudaron que Alfonso pudiera hacerse cargo del niño, y al comprobar que el amor paterno brinda la misma protección, aun así hay temor de que en los años venideros el bebé sufra tras el abandono de su madre.

“Los dos tenemos miedo de cómo reaccionará cuando sepa que ella no quiso hacerse cargo de él, de alguna manera le hará daño el no haber tenido los abrazos y besos de mamá; ahorita lo entretienes con cualquier cosa, pero cuando crezca puede ir a reclamarle o a pelearse con ella”, señala doña Imelda.

Reconoce que cuando una de sus hijas se quedó sola al cuidado de sus seis retoños, nunca dudaron porque el instinto maternal supera todas las adversidades, pero cuando su primer nieto se haría cargo de Ponchín, de inmediato surgieron las dudas, insistiéndole en que obligara a la mamá a cuidarlo, porque se supone que así debe ser por naturaleza.

“Lo apoyaremos para que viva solo con el niño, ya nos demostró que sabe cuidarlo y aunque quisiera que se quedaran conmigo y con su abuelo, no tenemos la vida comprada y debe hacer su vida, aunque, mientras le busco alguna buena mujer para que le ayude con su hijo”, manifiesta doña Imelda.

HABLA LA PSICÓLOGA

La especialista en Psicología, Ana Karen Aguilera Huitrón opina que: “Estar con la mamá no es garantía de calidez y amor hacia los hijos”, y refirió que no por ser mujeres se tiene ese instinto maternal por naturaleza.

La psicóloga del DIF comenta que a un hombre se le resta esa capacidad de cuidar a los hijos y cada vez son más casos de hombres que se hacen cargo de sus vástagos por completo.

“También el hombre tiene ese instinto de paternidad, ese ser más cálido con los hijos”, reconoce la profesionista.

La figura del varón no es solamente la de proveedor de la familia, destacando que todo es adaptativo, porque mientras más se conviva con los hijos, esa conexión va mejorando.

Reconoce que las madres solteras no tienen tiempo para su vida personal, lo mismo ocurre con los papás solteros, que también corren el riesgo de que por estrés y presión de enfocarse sólo a los hijos, puede perjudicar la relación con ellos.

Y concluye diciendo: “Hay mamás estresadas y agotadas por la rutina, sin tiempo de atenderse ellas mismas, y lo mismo sucede con los papás, es necesario darse tiempo porque si no estamos bien con nosotros mismos, no podremos atender bien a esa personita”.

MUNDO FELIZ

Recostándolo en el sillón le cambia el pañal, aprovechando para besar su pancita; mientras Ponchín no suelta el biberón, se preparan para ir a jugar. Alfonso quiere disfrutar cada momento juntos y trata de hacerlo un niño feliz, lo lleva en sus brazos y quisiera cargarlo así siempre para compartir juntos el dolor por el abandono de su madre… aunque actualmente parezca no extrañarla.


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