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Productores de récord: Arteaga, tierra de manzanas

Este año celebrarán en la Feria de San Antonio de las Alazanas la producción récord de 2 millones y medio de cajas del fruto

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Productores de récord: Arteaga, tierra de manzanas
Fotos: Zócalo | Gerardo Ávila
Por: Jesús Jiménez

Saltillo, Coah.-
Arteaga no era tierra de manzana. Los primeros pobladores sembraban el trigo y la cebada que durante siglos aprovecharon las harineras de Saltillo y la industria cervecera en Monterrey, hasta ya entrado el siglo 20. Sin embargo, su vocación agrícola cambió en los años 50, cuando el gobernador Román Cepeda Flores llevó el cultivo de este fruto.

Han pasado más de 60 años desde que aprendieron a sembrar manzana –prácticamente desde cero–, y hoy, en la vigésima edición de la Feria de la Manzana, celebrarán una producción récord de cajas de esta fruta.

En menos de un siglo Arteaga se convirtió en la segunda población manzanera del país, aún sin superar a Chihuahua, estado que tiene desde tiempos de la Colonia sembrando el fruto. No será en cantidad, pero sí en sabor, porque cada año san Isidro Labrador riega sus tierras con bendiciones, aseguran los
arteaguenses.

De lo difícil que sigue siendo cultivar manzana, como desde hace más de medio siglo, en un terreno y clima hostil, da testimonio José Antonio Recio Valdez, presidente de la Asociación de Productores Frutícolas y Manzaneros de la Sierra de Arteaga, en cuya gestión se está por obtener el récord de producción, con más de 2.5 millones de cajas de manzana.

“En realidad el cultivo de la manzana es muy caro. Tienes que invertir mucho y luchar contra muchas cosas, por eso dicen que aquí en Arteaga producimos manzanas con colesterol, porque las producimos ‘a huevo’, batallando con el granizo, con la falta de frío, con el cambio climático, y sin embargo, aquí estamos al pie del cañón”.

El productor de manzana tiene una vida de contrastes, como su cosecha. Aunque pasa la mayor parte de la semana en el campo, en realidad su familia ha dedicado su vida a la venta de calzado en Saltillo. Es un agricultor incansable a quien ni el cáncer ni la quimioterapia lo detienen.

“Cada año, cuando nos va bien, levantamos alrededor de 2 millones de cajas, pero en esta ocasión, vamos a andar fácilmente en 2.5 millones. Vamos por una cosecha récord, gracias a Dios”, dice con la emoción que sólo experimentan aquellos que trabajan la tierra con el cariño y la dedicación que aprendieron de sus padres, y que él ha sabido transmitir a sus hijos.

Dice haber visitado ya los diferentes cañones de la sierra, tanto por La Carbonera, El Tunal, Los Lirios, Jamé o San Antonio de las Alazanas, observando que hay buena manzana en toda la sierra, “muy limpia”, “excelente”, “fina la fruta” y “muy bonita”, por lo que esperan también un récord de venta.

Lo anterior nos lo explica en su huerta Ronses Valles, ubicada antes de llegar a Los Lirios, y cuyo nombre se lo puso su padre hace 60 años, siendo pionero en este tipo de sembradío en la región. José Antonio voltea orgulloso a ver los árboles cargados de manzana, como nunca, a pesar de una granizada que afortunadamente no hizo daño.

Desde el lunes 31 de julio encabeza la pizca, recolección de la fruta y supervisión de todos los productores unidos. Revisa que todo esté caminando en esta etapa, en la que hay que tener mayor cuidado, para después empacar la manzana y que llegue en su mejor presentación a los anaqueles.

“Es un trabajo que debemos realizar con mucho esmero. Se requiere tener cierto cuidado, porque la manzana es delicada y si le aprietas mucho los dedos se marca. Si la dejas caer en el morral donde pizcas, también se marca; lo mismo puede ocurrir en el cajón donde la recolectamos, por eso hay que hacer las cosas bien, porque si llega marcada a la hora del empaque, esa manzana ya no sirve y va para el desecho”, explicó.

Atento y girando siempre indicaciones, José Antonio sigue paso a paso cómo un tractor entra y sale de las líneas de la huerta, con esos enormes cajones llenos de manzana, que de tres en tres conducen hasta la plataforma, y ahí él vuelve a entrar en acción, trepando al volante y controles del montacargas. Va apilando de manera vertical, también de tres en tres, y directo al cuarto frío o bien al camión que los llevará a la bodega de empaque, en El Tunal.



DE LA ESPIGA AL MANZANO

Originalmente eran tierras donde vagaban los nativos coahuilenses, y al llegar los españoles, se asentó en 1591 a familias tlaxcaltecas dirigidas por Buenaventura de Paz y Joaquín de Velazco, para intentar pacificar a las tribus belicosas de la sierra.

Fue en ese mismo año cuando Francisco de Urdiñola fundó ahí la Congregación de San Isidro de las Palomas, lugar donde convivieron indios huachichiles y tlaxcaltecas, convirtiéndola en una rica tierra de cultivo de trigo. En 1608 llegaron las familias irlandesas O’Davis –apellido que luego se castellanizó a Udave–, quienes obtuvieron tierras y aguas.

Durante la época de la Intervención Francesa, en1865, esas tierras fueron ocupadas por franceses. Algunos de aquellos soldados galos se asentaron en las serranías al terminar la Intervención.

Para 1866, San Isidro de las Palomas aún dependía de Saltillo, pero el gobernador Andrés S. Viesca le concedió el título de Villa de Arteaga, en honor del general José María Arteaga, héroe de las dos intervenciones: la norteamericana y la francesa. Fue durante esa época en la que la buena tierra de la serranía fue consolidando al poblado, que luego se convirtió en municipio, el cual ya era el principal productor de trigo de la región.

“Nuestra región se conocía por la gran calidad de algunas variedades de trigo... para las principales harineras de Saltillo y Monterrey, y lo mismo pasó con la cebada. Venían de empresas de Nuevo León. Se proveía desde semillas hasta créditos refaccionarios, para que al momento de la cosecha, el compromiso era de que les vendieras la producción a ellos”, dice Francisco Galindo González, director de Fomento Económico de Arteaga y presidente del Comité del Pueblo Mágico

Pero con el paso del tiempo se dan cuenta de que los rendimientos dejaron de ser tan buenos como en décadas anteriores y las ventas dejaron de ser las mismas, bajando la producción y la derrama para los productores y pobladores de la región.

Fue en los años 50 cuando el gobernador Román Cepeda Flores se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y propició el cambio de vocación agrícola de la región y los cañones de la sierra de Arteaga.

“Y es cuando empieza la incursión de la manzana, con cultivares traídos de Washington (EU). Comenzaron a introducir esos cultivares a manera de experimento, pero de ahí cambia el municipio”, explicó Francisco Galindo.



Los agricultores encontraron que la tierra, el clima y el nivel del mar eran propicios para sembrar manzana, por lo que comenzaron a cambiar sus parcelas de trigo por surcos de manzano, experimentando desde cero un producto que no se había sembrado antes en el municipio.

“Fueron años de dominar el cultivo, de ver pocas cosechas; de manejos de labores y que les dieran mejores resultados. Antes en una hectárea cabían 300 manzanos, ahorita hasta 4 mil 500 plantas por hectárea”.

DETRÁS DE CHIHUAHUA

Para las décadas de los 80 y 90, la manzana de Arteaga se había posicionado en el mercado local y nacional, para luego comercializarse también en el extranjero. Hoy en día 80% del producto es para consumo nacional y el resto se exporta.

Llegó tan lejos la vocación manzanera de Arteaga, que a pesar de que otras entidades como el Estado de México o Tlaxcala tienen siglos de producir manzana, los agricultores locales lograron situar al municipio coahuilense en el número dos en el país, como productor manzanero.

El primer lugar lo ocupa Chihuahua, que tiene desde la época colonial sembrando y produciendo manzana, aunque, según dicen los manzaneros locales, no de la misma calidad que la que se produce en Coahuila.

“Quizá nuestra manzana no tenga el tamaño que trae la manzana americana, pero nuestro sabor es insuperable. Competimos con Estados Unidos y con el resto de la producción nacional. Los productores de Chihuahua se enojan mucho cuando les decimos que, en sabor, ninguna manzana le gana a las de Arteaga”, declara Antonio Recio.

Saben que en volumen será difícil competir con Chihuahua, porque debido al tipo de tierra, el nivel al que están del mar y el clima de entre 13 y 25 grados centígrados durante el verano y de 0 a -10 en invierno, le dan las condiciones óptimas para tener una manzana de mejor calidad, presentación y, sobre todo, sabor.

MUCHO TRABAJO, MENOS GENTE

Sin duda, producir manzana se ha vuelto cada vez más agotador y con mayores retos. La escasez de lluvias y los climas cada vez más cambiantes han causado la reducción de 60% de aquellas huertas tradicionales familiares, convirtiéndose en campos tecnificados, luchando contra le escasez de agua y la llegada de granizo o heladas. Lo que hace que el trabajo sea pesado.

“Sí, hay ratos en que me canso; me siento un rato y vuelvo al trabajo, a hacer lo que hemos hecho siempre, porque aún y cuando allá en Saltillo tenemos negocio de botas, porque mi familia casi toda se ha dedicado al calzado, yo por lo regular me paso aquí cuatro o cinco días de la semana, en la manzana”, dice José Antonio.

Se producen tres variedades de manzana: Golden Delicious, Red Delicious –que es rayadita–, y una nueva variedad llamada Gala, que es muy roja, y de la cual han ido incrementando la superficie de producción, porque está teniendo muy buena aceptación, ya que es una manzana muy dulce.

A pesar de que los huertos familiares han disminuido, los grandes productores están dando empleo a entre 4 y 5 mil personas, además la derrama económica que deja cada año la producción va en aumento. Aunque no todo es miel sobre hojuelas.



“Traemos problema de gente, porque las industrias de Saltillo están viniendo a la Sierra de Arteaga por personal, y por eso tenemos que traer trabajadores de otros lugares. Incluso, algunos se trasladan más de 150 kilómetros, desde comunidades de Nuevo León, como Pinal El Alto, Ciénaga del Toro y otros puntos de ese rumbo, y hay que hacerlo así, porque hay escasez de mano de obra”, refiere el productor.

No sólo trabajadores coahuilenses y neoleoneses vienen a la pizca, también en las huertas se recibe a gente de los estados de El Bajío, como de Tamaulipas, Michoacán e Hidalgo, y de otras entidades donde falta el trabajo. Todos ellos son muy importantes para los productores, porque los ayudan a recolectar y a sacar el producto, y al mismo tiempo, llevar el sustento a sus hogares.

Al respecto, Francisco Galindo dice que a los jóvenes provenientes de familias que se volvieron manzaneras ya no les gusta tanto el campo, se han ido a la ciudad a estudiar carreras, dejando las tierras, lo que provoca falta de mano de obra.

“Los manzaneros se han quejado muy duramente con la Secretaría del Trabajo porque las empresas ya se van a buscar mano de obra a nuestras comunidades”, señala el director de Fomento del Municipio. Agrega que esto provoca que los pocos jóvenes que no migran a las ciudades, en vez de trabajar en el campo se van a las fábricas.

“Ya tenemos un corredor industrial donde mucha gente se interesa, por que al estar trabajando en una empresa sus ingresos se ven más beneficiados que en el campo. Acá tiene seguridad social o algún tipo de sistema de salud, que en el campo no tienen, además de incentivos como aguinaldo, utilidades o vacaciones”, refiere el funcionario municipal.



De tal manera que el municipio cada año recibe a familias de otros estados para trabajar por temporada durante la época de la cosecha. Se trata de trabajadores de las regiones de Veracruz, Hidalgo y otros estados del sur que vienen a ocupar el lugar de los jóvenes locales.

Sobre la cantidad de huertas que todavía existen en los cañones, José Antonio dice que deben tener una superficie plantada de 6 mil hectáreas de manzana con alrededor de 2,500 productores, entre el sector social y los pequeños propietarios, con unos 3 o 4 millones de árboles.

“Y como ya les anticipaba, esperamos llegar a 2.5 millones de cajas de 20 kilos, que esperamos colocar en un mínimo de 250 pesos por caja. Esperamos lograr muy buenas ventas este año”, señala orgulloso.

Advierte que no se trata sólo de producir, sino de vender. Así que la idea es lograr que la manzana llegue al consumidor a precios accesibles, pues si la venden a 50 pesos el kilo, difícilmente van a comprar.

“La gente está hoy en día apretada por los bajos salarios, entonces tenemos que vender en precios competitivos y al alcance de todas las familias, para que no sea tan gravoso para la gente y que a la vez sea suficiente para mantenernos nosotros en la actividad”, agregó el productor.

“Traemos problema de gente, porque las industrias de Saltillo están viniendo a la Sierra de Arteaga por personal, y por eso tenemos que traer trabajadores de otros lugares”.

EL RUMBO DE LA COSECHA

Las huertas y productores que quedan, aunque ya no son la actividad económica predominante en Arteaga, sí ocupan poco más del 40% de la derrama económica que recibe el municipio. Esto es posible gracias a que los productores se han unido y tecnificado los cultivos, explica Francisco Galindo.

Así, los productores ya no se tienen que preocupar tanto por si llovió o no, si hubo o no granizo, o estar a la expectativa de las heladas, porque se cuenta ya con implementos tecnológicos, agropecuarios y apoyos gubernamentales para salir al paso ante cualquier problema.



El mismo José Antonio Recio explica la forma en que se está produciendo manzana actualmente en la Sierra de Arteaga.

¿Cómo producir más en las mismas huertas?

“Estamos intensificando la densidad de plantación, ya que anteriormente en las huertas viejas cada línea estaba de 10 por 10 metro. La cerramos a 10 por 5, y luego le metimos otra línea en medio, por lo tanto, en lugar de 200 árboles por hectárea, ahora traemos 800 por hectárea, y hay mucha gente que ya trae huertas de mil 200 por hectárea”.

¿Nuevas huertas con más árboles?

“Hay nuevas huertas con nuevas estructuras, sobre todo en áreas como El Tunal, Huachichil y Sierra Hermosa, con 3 mil árboles por hectárea, o sea que buscan y plantan árboles más compactos, más chicos, no tan altos y más fáciles de pizcar y de cuidar.

¿Y la vida útil de los manzanos?

“Aquí en mi huerta tengo árboles de 60 años, del tiempo de mi padre, que él mismo sembró; otros que me tocaron sembrar a mí, ya de 40 años, y otros de más de 16 años. Todos están produciendo, pero es como todo: si al árbol lo mantienes con todos sus cuidados, lo vas nutriendo y le vas dando de comer, pues va a tener una vida útil bastante larga y provechosa”.

¿A dónde va la manzana de Arteaga?

“Las tres plazas principales, nacionales, son la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, que es donde se consume 60 y 70% de la fruta. Sin embargo, hay mucha que se va a El Bajío y otra hacia Tampico. Todo el sureste se abastece de la CDMX, así como del mercado de Iztapalapa y del mercado de Huixquilucan, en Puebla”.



¿Combinan tecnología y mano de obra?

“En la empacadora ubicada en las afueras de El Tunal se combina el cuidado y talento de las mujeres de esa comunidad con la tecnología, porque ahora se cuenta con una nueva máquina que después de lavar y secar la manzana, la va distribuyendo por tamaño en diferentes estaciones, por lo que cada estación empaca manzana de diferente peso, pero al final del empacado, todas las cajas salen de 19 kilos totales en caja de cartón y con divisiones de charolas. Listas para el mercado”.

¡A FESTEJAR LA COSECHA!

Este viernes 15 de septiembre, Arteaga celebrará, como desde hace 20 años, la ya tradicional Feria de la Manzana en el ejido San Antonio de las Alazanas, donde podrán festejar la abundante agua con que los bendijo el tiempo de la cosecha, pero sobre todo por una producción récord.

Según Francisco Galindo, quien también es presidente del Comité del Pueblo Mágico de Arteaga, la diversificación de la economía local se ha orientado no sólo a la industria, sino al turismo, apoyando a las comunidades de la sierra para vender lo que producen en los más de 20 eventos que tienen programados por año.

Uno de esos eventos es la Feria de la Manzana, que tan sólo el año pasado les dejó a los locales una derrama de más de 2 millones de pesos en productos derivados de ese producto, desde ates y pays, hasta empanadas, conservas y vinos. Además del resto de la vendimia que producen los locales, que se instalan alrededor de la plaza principal de San Antonio de las Alazanas.



“Es un evento en el que se celebra la manzana en todas sus variedades, que es la manzana que se comercializa a nivel nacional y que nos coloca en el segundo lugar como productor nacional”, comparte Gabriel Orsúa, secretario del Ayuntamiento.

Dice que la feria, a pesar de tener ya 20 años, la que inició como un proyecto muy humilde, apenas en los últimos 10 años ha tomando fuerza hasta ser ya un referente esperado por la población local, de los diferentes cañones, de la Región Sureste y Monterrey.

Comenzará el próximo viernes 15 y terminará el día 17, para aprovechar el puente de fiestas patrias, lo cual ha hecho que el Alcalde de la localidad haga tres gritos de Independencia, uno a las 9 de la noche en Huachichil, otro en la Presidencia Municipal de Arteaga y el tercero a medianoche en San Antonio de las Alazanas, con lo cual arranca oficialmente la Feria.

Desde el viernes habrá bailes, presentación de las candidatas a Reina de la Manzana, cabalgata desde el ejido Jamé, con más de 400 caballos, participando la Federación Nacional de Cabalgantes, rodeo, teatro del pueblo y bailes populares cada día, con personajes como Carlos y José Jr., el penco Leandro Ríos, para cerrar la Feria con Los Cadetes de Linares.





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