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Publicar desde la trinchera

Las editoriales emergentes del país dan paso a conocer las nuevas plumas de la literatura

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Saltillo, Coahuila.- Las nuevas editoriales se arriesgan en sus productos, y a la vez, tienen que enfrentarse a un escenario difícil. Zócalo conversó con editores de cinco editoriales emergentes, para conocer su opinión sobre el oficio, los retos, y el panorama en el que se desarrolla su trabajo.

Llegar y quedarse

Ediciones Antílope se formó hace tres años como un proyecto entre amigos. Bajo el lema “Hacemos libros que nos gustaría leer”, la casa editora ha consolidado un catálogo que abarca la narrativa, la crónica, la poesía y el ensayo.

“El reto más grande para una editorial independiente es el dinero, y no como ganancia en cuestión de sueldos, sino en el simple hecho de que no sabes si podrás hacer más libros después del primero. Lo nuestro fue una apuesta para seguir adelante, y aquí seguimos tres años después con apoyos a veces, y otros con meses muy difíciles”, señala Isabel Zapata, coeditora de Ediciones Antílope.

La industria editorial vive de los lectores, Zapata piensa que en México sí se lee, pero que hay que trabajar en qué es lo que se ofrece a los lectores, ademá pensar en los altos costos que muchas veces alzan barreras para acercarse a los libros.

“Otra cosa importante es el hecho de que no todo sea literatura. Hay personas con gustos distintos y para atraer ese público debemos experimentar. Es importante entablar un diálogo entre disciplinas. Esto sirve para sacarnos la idea de que los libros son sólo para ciertas personas y llegar a un mayor público”, señaló.

Amar las historias

Fundada en 1998 Editorial Paraíso Perdido ofrece “Historias sin spóilers”. James Nuño, editor del proyecto jaliscience, señala que lo que intentan hacer es proveer lecturas que estén “fuera del catálogo, casi inamovible, de las grandes compañías libreras”.

Esas historias provienen de autores nuevos, voces literarias que buscan expandir los géneros y los horizontes de las letras. La libertad de una editorial emergente es uno de sus principales privilegios, explica.

“En este trabajo hay dos partes: el primero es el amor a las historias, buscamos que sean obras interesantes y arriesgadas, y el otro es el mercado. En estos años hemos visto que sí hay un público que busca autores que no se suscriban a los cánones comerciales. Las editoriales independientes mostramos esos libros que no reciben la oportunidad en otros lugares”, comentó Nuño.

El también escritor señala que el publicar nuevos talentos es otro de los pilares que mantienen viva a la industria.

“El que nosotros como editoriales tengamos la oportunidad de mostrar estos nuevos nombres y sus obras, es lo que de una u otra manera llena también de vitalidad al mundo editorial. Ver siempre los mismos títulos en los escaparates de las librerías es algo que daña. Es vital dar nuevas voces, nuevos libros y nuevos formatos. No sabemos cuánto nos durará el gusto, pero mientras tengamos la oportunidad, lo importante es hacer cosas”, concluyó el editor.

Llegar a más lugares

An.Alfa.Beta es una editorial emergente de Monterrey. Su catálogo se extiende desde las playas de la poesía hasta los cimientos de la crónica histórica y la narrativa. Su editor Alejandro Vázquez Ortíz explica que su editorial busca, siempre, llegar a nuevos territorios tanto literarios como geográficos.

“Para una editorial emergente el principal problema, que no ha alcanzado a paliarse de manera definitiva, es la distribución. Especialmente el de una editorial de la periferia del país, y además del norte. Aunque hay apoyos estatales que permiten que haya un poco de estabilidad, hay que decir que esto no se ha convertido aún en un negocio, por no contar con una facilidad de distribución”, explicó.

Aunque salir del lugar de origen es un reto, es también un problema que se tiene en la cuna. El editor menciona que muchas veces las personas no saben que existen escritores y editoriales cercanos a ellos. Señala que este es un punto a atacar en la labor de la edición actual.

“Creo que los editores deberíamos enfocarnos en vincular dos cosas: distribución y difusión, tanto afuera como adentro. Lo que necesitamos atacar es la falta de conocimiento de lo que se ofrece cerca de nuestros lectores”, dijo.

Confianza y colaboración

Iván Trejo ideó Editorial Atrasalante como “una casa editora en la que los autores tuvieran la confianza de volver”. La editorial regiomontana, se especializa en poesía, y busca un balance entre poetas consagrados y nuevos nombres, además de una apuesta por el diseño atractivo.

“Muchas veces se piensa que publicar poesía no vende, pero hay que entender que siempre existe un público para todo. En este caso (de la poesía), el catálogo debe de formarse por autores de gran calidad, para que el público y los lectores identifiquen a la editorial como algo de peso. Atrasalante trabaja de manera constante en la búsqueda de gente que está escribiendo, este empuje a nuevas plumas es lo principal”, mencionó el editor.

Trejo señala que una editorial emergente como lo es Atrasalante, vive de la confianza que depositen en ella sus lectores, es por eso que se busca ofrecer la mejor calidad posible tanto en la edición como en los textos. Es por ello que la editorial ha realizado diversas colaboraciones con la Universidad Autónoma de Nuevo León, así como con la Secretaría de Cultura, con quienes han publicado los dos últimos ganadores del Premio de Poesía Manuel Acuña.

“No creo que haya editoriales independientes pero sí emergentes, todas peleamos por las coediciones y los apoyos del Estado. Las coediciones ayudan a que tengamos un catálogo más amplio y más cuidado, en la que ambas partes ganan. Nosotros ofreceremos el mejor trabajo editorial posible, mientras que las instituciones pueden funcionar como los distribuidores de la publicación”, concluyó.

Terquedad norteña

“Norteños somos y en el desierto andamos”, esta frase es un mantra para Jesús de León Montalvo, escritor y editor de la editorial saltillense La Terquedad.

“El mundo editorial se encuentra lleno de libros que son inmensos mamotretos que nadie quiere leer. En La Terquedad busco que el lector tenga una lectura cómoda y de calidad.”, señala el autor de Cuentos de la Sierra.

De León, también señala que el trabajo de editor es “un desmadre” en el que no existe una seguridad económica, y que se palía sólo con la terquedad que define al norteño. Pero va más allá, pues es también un trabajo de abogacía.

“El trabajo de un editor es estar siempre del lado del lector. Yo no voy a defender al escritor sino a quien leerá su libro. Tengo que ser un abogado del lector frente al escritor. Criticar su trabajo y hacer que sea lo mejor posible, porque en esa calidad es donde se fundará la confianza para la editorial”, finalizó De León.

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