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Roban ornamentos históricos en la CDMX

Diversos edificios de la Ciudad de México han visto minimizadas sus construcciones

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Roban ornamentos históricos en la CDMX
Los daños no son solo por robo, sino también por descuidos en la infraestructura.
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Ciudad de México.- Clavos ornamentales, aldabas y bisagras, entre otras piezas de antigua herrería, desaparecen paulatinamente de las puertas coloniales de inmuebles del Centro Histórico de la Ciudad de México.

La casa del Conde de Regla, en República de El Salvador 59; el exPalacio del Marqués de Selva Nevada, en Venustiano Carranza 49, y la residencia del Conde de la Torre Cosío, en Uruguay 90, son algunas de las edificaciones desprovistas de estas piezas, como se constató a partir de un registro realizado por el antropólogo Jermán Argueta, editor de la publicación Crónicas y leyendas.

Estas y otras edificaciones de los siglos 19, 18 y pretéritas se incluyen en el decreto presidencial de 1980 que declaró Zona de Monumentos Históricos esta área de la Ciudad de México, con 1500 inmuebles catalogados.

Es probable su desprendimiento intencional para venderlas como antigüedades o quizá para fundirlas, como ha ocurrido en otro momento con las tapas que hurtan de las alcantarillas, considera Argueta, residente del Centro.

El año pasado también fueron robados los emblemáticos caballos de bronce que decoraban el barandal de la tienda La Palestina, en la calle 5 de mayo.

Norma García, especialista en restauración de monumentos, atribuye la pérdida de clavos ornamentales o chapetones a la ausencia de mantenimiento en los inmuebles, más que al saqueo, pues en muchos casos el sostén de hierro de los clavos -cuya cabeza es de bronce- acumula corrosión que propicia el desprendimientos de los mismos.

Otras veces se desmontan desde dentro, incluido el sistema de anclaje de los clavos, posiblemente para limpiarlos, sin que después se reintegren, o por alguna intervención inconclusa, considera.

Algunas puertas sí muestran marcas de herramientas en la madera para expulsarlos, desde fuera y por la fuerza.

En el inmueble de Uruguay 94, particularmente, García identifica signos que revelan un apalancamiento hecho tal vez con desarmador plano, para sacar los clavos.

“Aquí es más claro el robo porque encontramos huella de la herramienta para hacer palanca y metal con fracturas nuevas”, explica la experta.


Si durante el hurto rompen los clavos, es más probable que pretendan sólo obtener material, pero sí los mantienen íntegros es factible que se destinen al mercado de antigüedades, sobre todo las aldabas, que se extraen completas, como se observa en otros ejemplos de la calle Venustiano Carranza.

Plataformas como Mercado Libre ofrecen aldabas, cerrojos, bisagras y clavos rústicos y/o antiguos en precios que oscilan entre 300 pesos y 5 mil pesos.

Jorge Guzmán, quien trabaja en la tienda Baby Room de Uruguay 94, asume que son ladrones quienes arrancan de un día a otro los clavos históricos, y después vuelven por más.

“He preguntado a las personas que ocupan o habitan esos inmueble si no se dan cuenta de cómo se desprenden estas piezas, y responden que los quitan en la noche. Es un robo hormiga”, comenta Argueta.


Con presencia predominante de comercios y bodegas, varias calles del Centro permanecen sin actividad al cierre de estos, lamenta el antropólogo.

“Esto ha generado la expulsión de los habitantes, porque los dueños de los inmuebles prefieren rentarlos para el comercio en lugar de mantenerlos como vivienda, pues generan más ganancia; cuando hay población pueden cuidarse más estos espacios porque pertenecen a la comunidad, la gente se apropia de ellos”.


La desaparición de los ornamentos exhibe también la deficiente seguridad en la zona, opina el especialista.

“El Centro Histórico es un espacio no vigilado, aunque parezca que sí. La vigilancia es para el comercio en el día y, aunque en la noche hacen rondines las patrullas, no vigilan”.



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