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hace 2 meses
[FILC 2018]

Rulfo en otra clave; la mirada más allá del escritor

Cristina Rivera Garza comparte una amplia visión del autor de Pedro Páramo

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Rulfo en otra clave; la mirada más allá del escritor
Saltillo, Coah.- “Este es un libro incómodo”, sostiene Cristina Rivera Garza sobre Había Mucha Neblina o Humo o no Sé Qué (Penguin Random House, 2016), el libro que escribió sobre Juan Rulfo y que causó polémica en medio del centenario del autor de Pedro Páramo.

Ninguno de los libros de Rivera Garza son cómodos, y es que la autora siempre ha sostenido que una de las virtudes de la escritura es “plantear las preguntas incómodas, poner el dedo en el renglón indebido, hacer el feo incluso”.

La catedrática, que ayer se presentó en la Feria Internacional del Libro Coahuila 2018, sostiene que hay que leer a Rulfo en otra clave. Sí es un narrador extraordinario, pero también editor y fotógrafo, profesiones que también dejaron huella en la cultura nacional del siglo 20.

“Trataba de descentrar el lugar de la literatura en su actividad creativa. Eso no quiere decir quitarle importancia, sino ponerlo en conexión, que también es muy importante en su vida, en términos de la fotografía y de la edición. Me parecía que si en lugar de leer a Rulfo con la mirada vertical que nos da la literatura, como si todas las otras artes, sus otras actividades fueran menores, nos podemos encontrar primero con sorpresas y luego con una visión tal vez más humana, más pareja de sus actividades. Creo que si lo vemos así dejaremos de preocuparnos tanto por la pregunta de por qué dejó de escribir, y podríamos empezar a hacernos la pregunta: ¿qué es lo que se puso a hacer en lugar de eso?”, explica en entrevista con Zócalo.

Además, la también poeta refiere que vale la pena ver Pedro Páramo y El Llano en Llamas con otra mirada. Cristina no tiene empacho en decir que hay una profunda carga de la visión y el sentir femeninos en la narrativa del jalisciense.

“Hay un montón de trabajo de académicas feministas sobre todo que han estado interpelando el trabajo de Rulfo, poniendo atención precisamente a momentos en que personajes femeninos demuestran otro tipo de agencia. Esto no quiere decir que (no existan) las lecturas más tradicionales, más en clave del macho violento que sojuzga a todo un pueblo, porque claro que la novela invita a ese tipo de consideración, pero a la vez se vuelve mucho más contrastante, mucho más complejo y más interesante cuando podemos incluir, problematizar esa visión al incorporar esos otros momentos, otras escenas en los que el cuerpo y el deseo femenino son enunciados con una claridad. A veces es tan explícito que parecería como si Rulfo no estuviera escribiendo a mediados del 20 sino a finales del 20 o el 21.

“Lo que a mí me sigue fascinando es esta carnalidad que está igualmente presente, que palpita de la misma manera en hombres, mujeres y niños. Hay una sexualidad en Macario, por ejemplo, diríamos ahora que hay un montón de sexualidades alternativas en sus escritos. No es la terminología que se usaba en los 50, pero me parece que el hecho de que sea un observador tan directo de su vida cotidiana hace que saque a la luz cuestiones que siguen siendo parte de nuestras discusiones hoy”.

Lejos de hacer una biografía, Rivera Garza se valió del ensayo y la crónica para dar forma a una obra que abreva en los documentos, pero también en la imaginación, la anécdota, los recorridos por la comunidad mije.

“Parte de la discusión del libro es que a Rulfo se le ha presentado como escritor indigenista o rural, pero poniendo atención a su circunstancia, Rulfo es un escritor urbano, de la metrópoli, que tiene sus escapadas, que sale, que tiene un ojo increíblemente disciplinado por la fotografía, pero parte de la argumentación del libro es que lo que estamos viendo aquí es esta formación de Comala como el lado B de la modernidad mexicana, que es mucho más visible desde la Ciudad de México, que es una metrópoli en formación apenas. No sé si lo mismo habría pasado si se hubiera quedado a vivir en Jalisco. Lo que sí sabemos es que el haber estado en la ciudad y creando desde la ciudad le permite tener esta visión melancólica, complejísima también del campo mexicano”, concluye.


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