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hace 11 meses
[Coahuila]

Supera el PRI otra carrera de obstáculos

Para llegar a la Gubernatura, los aspirantes del tricolor han tenido que sortear dificultades dentro y fuera del partido

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Supera el PRI otra carrera de obstáculos
Saltillo, Coahuila.- Con excepción de Rubén Moreira, quien en 2011 transitó sin obstáculos a la candidatura del PRI por el Gobierno estatal, desde hace casi tres décadas la nominación del abanderado priista se aderezó en el golpeteo de quienes aspiraban y se quedaron en el camino, y la defensa sin cuartel de los elegidos.

El último candidato del PRI a gobernador de Coahuila que llegó sin dejar heridos de guerra fue Eliseo Mendoza Berrueto. Su mejor carta: ser amigo del presidente Miguel de la Madrid Hurtado, en 1987. Seis años después, con Carlos Salinas de Gortari en Los Pinos, Mendoza atendió instrucciones y dejó vía libre a quien desde casi dos años antes llegó al estado como delegado del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), Rogelio Montemayor Seguy.

Con la venia presidencial y del gobernador en turno, y camino recorrido por las distintas regiones del estado donde fue generoso en la distribución de recursos de asistencia social, Montemayor era candidato natural del PRI, pero se le atravesaron las aspiraciones del exalcalde de Saltillo y exsecretario de Gobierno, Enrique Martínez y Martínez, quien levantó la mano al contar con respaldo en las bases priistas de todo el estado.

Martínez levantó revuelo con su precandidatura y en el Gobierno federal encendieron las señales de alarma, pues el proyecto del presidente Salinas para Coahuila era con Montemayor. Con nadie más. Martínez escuchó a varios emisarios, pero ninguno lo convenció para dimitir a favor del “oficial”.

Luego vino un tiro de precisión desde Los Pinos: el rebelde aspirante fue llamado a la Secretaría de Gobernación y justo cuando volaba a la capital del país, el PRI lanzó la convocatoria para registrar a los aspirantes a la Gubernatura. El saltillense cumplía los requisitos y tenía a la mano los documentos necesarios, pero no pudo hacer nada pues el periodo de registro se limitó a dos horas. Así de sencillo lo sacaron de la jugada. Montemayor ganó sin problemas frente a Rosendo Villarreal Dávila, del PAN, y el expanistas Jesús González Schmal, abanderado por una alianza de partidos de izquierda.

Lejos de romper con el PRI y Montemayor, Martínez se fortaleció al interior del estado y en 1999 no hubo quien lo superara en encuestas sobre intención del voto. El “dedo presidencial” todavía existía, pero sus indicaciones ya no eran incandescentes: Ernesto Zedillo estaba en la etapa final de su convulsa Administración y su poder no era nada comparado con el de Salinas de Gortari.

Enrique Martínez no era el candidato de Montemayor, quien desde el principio de su sexenio impulsó a su amigo, el ahora fallecido Jesús María Ramón Valdez, empresario originario de Ciudad Acuña. Pero “Chuy María” nunca despertó pasiones electorales entre los priistas, contrario a la popularidad de su adversario.

Para evitar un nuevo albazo, Martínez impulsó una consulta abierta a militantes y simpatizantes, como método para elegir candidato a Gobernador. Hizo equipo con su amigo Alejandro Gutiérrez, quien también se registró y luego declinó a su favor; compitió con Ramón Valdez y relegó al último sitio a Braulio Fernández Aguirre, también fallecido.

En la elección constitucional, el abanderado priista superó sin contratiempos a Juan Antonio García Villa, candidato de la alianza PAN, PRD, PT y PVEM; al exministro Atanasio González Martínez, de Unidad Democrática, y por el Partido Cardenista, a Magdalena García Rosas, quien entró a la candidatura en relevo de Patricia Torres.

En 2005, con el PRI fuera del Gobierno federal, desapareció el “dedazo” y la elección de candidato del PRI tampoco fue tersa. Como gobernador, Enrique Martínez envió señales encontradas a distintos aspirantes, entre ellos su secretario de Gobierno, Raúl Sifuentes, a quien después bloqueó al establecer un “candado” en la convocatoria: para registrarse, los contendientes deberían haber competido al menos una vez por un cargo de elección popular. El expoderoso secretario de Gobierno terminó por irse del PRI. Se refugió primero en el PRD y actualmente está a cargo de Movimiento Ciudadano en el estado.

El PRI llegó a la elección interna con cuatro precandidatos: el exalcalde de Torreón y exlíder del Congreso del Estado, Heriberto Ramos Salas; Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, senador con licencia; el exsecretario de Finanzas, Javier Guerrero García, y Humberto Moreira Valdés, secretario de Educación y alcalde de Saltillo durante el sexenio de Enrique Martínez. El profesor Moreira arrasó, y también lo hizo al enfrentarse meses después con Jorge Zermeño Infante, del PAN; Juan Pablo Rodríguez Delgado, del PRD; Ramón Díaz Ávila, PT y Convergencia, y Ana Patricia Rey-noso Alvarado, del PVEM.

En 2011, Rubén Moreira no tuvo contrincante. Era el hermano del gobernador; diputado federal y dirigente del PRI en el estado. En la constitucional de ese año, venció por 25 puntos de diferencia al panista Guillermo Anaya; a Genaro Fuantos, del PRD, y a Jesús González Schmal, del PT y Convergencia.

En diciembre de 2016, seis priistas tenían la mano alzada para competir por la nominación: la senadora Hilda Flores; los diputados federales Jericó Abramo Masso, Javier Guerrero García y Armando Luna Canales; el entonces delegado de Sedesol en Nuevo León, Enrique Martínez y Morales, y Miguel Ángel Riquelme Solís.

La lucha fue de todos contra todos, vino el rompimiento con la renuncia de Guerrero a 40 años de militancia en el PRI, pero finalmente las condiciones se dieron a favor del exalcalde de Torreón, quien este viernes rendirá protesta como Gobernador para el periodo 1 de diciembre de 2017-30 de noviembre de 2023.

Con 2.4 puntos de diferencia, Riquelme venció a su más cercano contrincante, el panista Guillermo Anaya; dejó atrás a los otros candidatos: Mary Telma Guajardo, del PRD; Armando Guadiana, de Morena; José Angel Pérez, PT, y a los independientes Javier Guerrero y Luis Horacio Salinas Valdez.

Por ahora el PRI superó la última carrera de obstáculos.


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