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Trabajar como edecán; oficio bajo el acoso

Trabajar como edecanes les ha traído críticas por mostrar su cuerpo, PERO ellas defienden su oficio sin sentirse explotadas

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Trabajar como edecán; oficio bajo el acoso
Foto: Zócalo | Gerardo Ávila
Por: Ana Luisa Casas

Saltillo, Coah.- Ana Karen trabaja como edecán desde hace 8 años. En su primer evento un jovencito le pidió que accediera a tomarse una foto con él, pero luego quiso propasarse y le apretó una nalga y se echó a correr. A Ana Karen nadie le advirtió sobre el acoso cuando decidió ejercer este oficio.

Tampoco a Fernanda Ferrer ni a Perla Martínez les advirtieron de los inconvenientes del trabajo. Todas ellas han recibido, como mínimo, comentarios lascivos, abrazos malintencionados, roces, nalgadas y arrimones. Aun así ellas decidieron continuar ejerciendo este empleo que les genera dinero en pocas horas a cambio de mostrar su encanto y sonrisa.

Ninguna de las entrevistadas admitió sentirse explotada, esclavizada o utilizada, para ellas es un trabajo como cualquier otro. Sin embargo, es indudable que el estigma rodea al oficio: mostrar el cuerpo en diminutos o ajustados atuendos no siempre es bien visto.

Aspiración

Ana Karen Muñoz inició a los 16 años pensando que podría ser un trampolín para una carrera en el modelaje. En un principio usaba vestidos casuales y tacones para recibir a los asistentes en eventos para los que era solicitada.

La contactaron tiempo después para exposiciones de vehículos clásicos, promoción de telefonía, refaccionarias y cervecerías. Vestía diminutos uniformes que marcaban las curvas de su cuerpo y con ellos bailaba alguna coreografía sensual que atrajera la atención de potenciales clientes, sobre todo hombres.

El pago de 150 pesos por hora era una muy buena ganancia para su edad. De un momento a otro Ana Karen se convirtió en una edecán con capacidad adquisitiva para tener cierta
independencia.

Durante este tiempo se dio cuenta de que dedicarse a la edecanía no sólo implica mantenerse bonita y sonriente, sino adentrarse a un mundo donde también se ejerce la prostitución, se tolera el acoso y se tiene innumerables propuestas indecorosas sin importar que al evento asistan empresarios, políticos o padres de familia.

En una ocasión, Yaritza Lara tuvo que soportar a un asistente que no paraba de verla, y que no se quedó sólo en eso porque también la siguió hasta su casa. Antes de entrar, la tomó de un brazo y le preguntó a bote pronto “¿cuánto cobras?”.

Esa pregunta la ha escuchado miles de veces durante y al finalizar los eventos, pues la veinteañera afirma que algunas de ellas sí ejercen el trabajo sexual y la prostitución utilizando la edecanía para disfrazarlo, ya que es bastante fácil contactar a hombres que quieran pagar por un sexoservicio.

Incluso hay edecanes que acuden a eventos para identificar a un número mayor de clientes, otorgando su número de teléfono o solicitándolos para después contactarlos y ofrecerse como acompañante.

“Uno sabe hasta dónde pone el límite al momento en que te abrazan, te piden una foto o hasta el número de tu celular”, comenta Ana Karen, quien además de soportar el acoso durante su trabajo, debe aguantar los gestos y las críticas de otras mujeres, quienes también estigmatizan este oficio como un trabajo para “mujeres fáciles”.



Este es un trabajo honrado como cualquier otro, en el que se cumple un horario y ciertas indicaciones, expresa Ana Karen. Ser bonita y sonreír no es lo único que se necesita sino también la facilidad de palabra y el carisma, además de ser amable con los asistentes.

“Eres la imagen del evento o artículo. Tienes que conocer lo que estás promocionando. Nadie toma en cuenta que pasamos todo el día en tacones o el esfuerzo que implica cuidar tu imagen”, comentó Ana Karen.

La edecán señala que en algunos eventos no siempre existe la posibilidad de tomar un pequeño descanso, y que en otros lugares no hay dónde cambiarse de ropa ni un área para comer ni sanitarios. Sin importar el clima deben lucir minishorts y tops con la marca a promocionar.

“Tenemos que mantenernos con un buen cuerpo y un buen rostro, eso implica cuidar tu alimentación, saber maquillarte, hacer ejercicio, entre otras cosas que van por cuenta propia”, coincide Yaritza, mientras cubre sus pestañas de máscara negra.

Vacío legal

Otras de las desventajas de ser edecán es que en numerosos casos se emplean bajo la informalidad, es decir, no pueden reclamar seguridad social ni prestaciones, y no siempre tienen la garantía de que su trabajo será remunerado.

Además de estas carencias, el pago continúa siendo el mismo, máximo 200 pesos por hora o hasta 500 pesos durante 7 horas cuando se trata de un patrocinador local.

La falta de legislación propicia que las agencias que las contratan operen en clandestinidad, siendo uno de los principales “ganchos” para incurrir en la trata de personas y prostitución, considera la organización Unidos vs Trata.

Incluso las empresas o agencias serias que se dedican a este negocio ofrecen precarias condiciones laborales, informalidad en las contrataciones, bajos salarios, nulas prestaciones y violencia sexual, mismas que transgreden los derechos humanos, señala la organización.

“Una mujer que es tratada no significa que deba estar esclavizada o encadenadas sino alguien que es explotada para utilizar su cuerpo como mercancía y tolerar las constantes faltas de respeto”, informaron por parte de la organización.



La asociación fue constituida en 2012 como una coalición con más de 80 ONG de México, Estados Unidos, Canadá, Colombia, España, Argentina, Reino Unido, para erradicar la trata de personas en todas sus formas. Se estima que al menos 97% de quienes fueron víctimas de trata y prostitución fue engañado a través de algún tipo de agencia dedicada al modelaje y la edecanía.

Existen agencias que contratan a menores de edad, algunas desde 14 años, quienes son más fáciles de introducir en el mundo del sexoservicio.

La mayoría de las edecanes pertenece a agencias o redes de empleadores que ofertan “contratos de mano” con multimarcas, sin que haya un documento que especifique sus derechos como trabajadoras. Una fracción de ellas también prefiere trabajar por su cuenta, pues gracias a las redes sociales es más fácil encontrar organizadores que busquen edecanes sin el compromiso de exclusividad.

“Creo que todas empezamos en alguna agencia o a través de alguien que nos jalaba a más y más a eventos, pero después cada quien busca los eventos a los que desea ir, los que mejor se le acomodan y con las marcas que mejor pagan”, dice Ana Karen.

Señala que es un trabajo viable para quienes estudian o son madres de familia, ya que las jornadas laborales son elegidas por ellas, sin tener que cumplir un horario de oficina.

“La gente que juzga este trabajo o nos etiqueta como mujeres de la vida galante, no sabe las razones por las que estamos aquí”, complementa Fernanda, quien al igual que el resto de sus compañeras de evento inició entre los 14 y 17 años. Ella ha ejercido la edecanía durante los últimos cinco.


Fernanda Ferrer y Perla Martínez

Pagar la vida

Algunas de ellas todavía estudian o son amas de casa, y aunque comenzaron por el interés de ser modelos o porque era un trabajo que les gustaba, también existe una necesidad de trasfondo.

“Hay quienes están aquí para costear una carrera profesional, porque no pensamos dedicarnos a esto toda la vida, y vemos este espacio como un mundo de relaciones públicas de las que en algún momento podemos contactar algún empleo profesional”, señala Fernanda.

Otras para aportar a sus casas o simplemente porque ser edecán, menciona, es mucho más fácil que permanecer en una zapatería o un Oxxo 8 horas trabajando. Para ellas sólo es suficiente acudir a 2 o 3 eventos por semana.

Aunque vieron truncado su sueño como modelos ante los estándares de belleza y categorías impuestos por las agencias para formar modelos en Saltillo, encontraron en la edecanía un ambiente que también implica mantener los reflectores.


Una de las dificultades de ser edecán es que a veces en los eventos que asisten no hay ni baños ni mucho menos vestidores.

“El problema no es la ropa que usamos porque una mujer puede salir a la calle en ropa escotada o más corta y aun así debe ser respetada, el problema está en que las personas crean que somos prostitutas o que los hombres sientan el derecho de acosarnos o tocarnos sólo por vestir de ese modo”, expresó Ana Karen.

En un sondeo durante la demostración de un evento de vehículos clásicos, la mayoría de las edecanes dijo sentirse cómoda. “A quién no le gusta verse sensual, sentirse bonita o atraer las miradas de la gente”, expresó Cecy Salgado Zamora, edecán que ha logrado viajar hasta otras partes de la República Mexicana gracias a este trabajo.


"A quién no le gusta verse sensual, sentirse bonita o atraer las miradas de la gente”, Cecy Salgado Zamora.

Triple A

Acudir a eventos de marcas nacionales, inauguraciones o apertura de compañías que se llevan a cabo fuera de la ciudad no es una opción para todas las edecanes, porque al igual que en el modelaje, las edecanes son categorizadas según la medida de sus tallas y el tono de su piel.

Michelle Sepúlveda es una edecán Triple A, quien con estatura aproximada de 1.70 metros, piel blanca y ojos verdes, consiguió esta clasificación para ejercer la edecanía luego de ganar un certamen de belleza.

Las edecanes con esta clasificación asisten a eventos de puerta cerrada, inauguraciones institucionales, bufetes privados, con algunas comodidades que el resto de las edecanes consideradas doble A o A no tienen. Además son contactadas para modelar marcas de ropa en pasarelas, promocionar el trabajo de fotógrafos y asistir a eventos ejecutivos, por lo que tienen mayor posibilidad de asistir a eventos fuera de la ciudad, hacer un cobro mayor a los 200 pesos por hora y rara vez utilizan atuendos escotados.

Por lo general las edecanes triple A o ejecutivas son entrenadas para fortalecer su trato con las personas del evento, potencializar su carisma y amabilidad para ofrecer un servicio más profesional, dice Michelle.

“Trabajar como edecán me ha hecho conocer a fotógrafos muy importantes y a personas que me invitan a pasarelas de marcas reconocidas”, considera Michelle, como una de las cosas más satisfactorias de su trabajo.



Aunque en este tipo de eventos también existe el acoso y hostigamiento, en su mayor parte por adultos mayores. En algunas ocasiones se ha visto sonrojada por halagos o solicitudes para ceder su número de teléfono e incluso ha recibido recados con algunas proposiciones.

“Tenemos estrictamente prohibido dar el teléfono a cualquiera que nos lo pida y debemos poner un alto si alguien está molestándonos”, dice Michelle, quien asegura que es elemental contar con el apoyo de los padres, quienes están al tanto de los sitios donde acudirá a trabajar y la han acompañado en las decisiones laborales.

Está consciente de la brecha entre los derechos humanos y laborales, de las edecanes triple y doble A que categorizan las agencias, asegura que la cultura, pensamiento y actitudes de la sociedad en general son quienes han marcado estas diferencias.

“Pienso que no habría necesidad de hacer categorías porque todas tenemos la posibilidad hacer un trabajo excelente como una triple A, que estos estándares se deberían eliminar y dar la oportunidad a todas las mujeres que desean incursionar en el modelaje y la edecanía”, expresó Michelle.



Sobre todo, agrega, porque hay mujeres con mucha más facilidad de palabra que una reina de belleza.

“Sé que no es justo y soy parte de esto, pero las reglas de esta industria fueron impuestas desde hace mucho tiempo y hechas a petición de los clientes”, dice.

Cosificación

La directora del Instituto Municipal de la Mujer, Susana Vereecken, afirmó que si bien existen marcas y compañías que imponen uniformes escotados y vestuarios diminutos entre las edecanes, sexualizando de alguna manera su trabajo, es porque persiste la relación demanda-mercado.

“Si no existiera la fascinación de ver a las mujeres promocionar artículos en ropa muy pequeña o atrayendo a la gente con bailes eróticos; si las marcas y compañías dejaran a un lado la cosificación de la mujer en su publicidad que fortalecen cada día a través de los medios de comunicación y redes sociales para atraer a sus clientes, no existiera esa forma de calificar, categorizar o exponer a las edecanes”, expresó la funcionaria municipal.

Podrían ejercer su trabajo de edecanes sin utilizar dichas prendas, agregó Vereecken.

“No porque sea malo utilizarlas dado que cada mujer es libre de vestir lo que desee, siendo respetadas, sea falda o pantalón, sino porque siempre son estos vestuarios tan diminutos los que se imponen”.
Por su parte, la feminista Aída Sifuentes sostiene que es en las mujeres donde los estándares de belleza son más peligrosos.


Las edecanes señalan que el acoso es una constante.

“Es curioso que se diga que las mujeres somos libres, pero esta libertad nos orilla a estar delgadas, a depilarnos, a comprar maquillajes carísimos, cuando la libertad de los hombres no los lleva a eso”, complementa la feminista Aída Sifuentes, quien también considera que ejercer este oficio es completamente legal y honrado.

Sin embargo, exige superar los estándares de belleza que alimenta la industria y que toma a la mujer como un símbolo sexual y una una mercancía.

Mientras las grandes multimarcas impongan estándares de belleza y continúen cosificando a la mujer mediante su publicidad para atraer a sus clientes en dichos eventos, y mientras este empleo no tenga regulación alguna y la sociedad no lo reconozca como un oficio honesto, Ana Karen seguirá siendo vulnerada afuera de las gasolineras o eventos deportivos donde trabaja; Fernanda Ferrer cobrará el mínimo para costear su carrera, Perla Martínez soportará hostigamientos y Yarizta continuará respondiendo “No soy prostituta sino edecán” a la pregunta de “¿cuánto cobra?'”.




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