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hace 9 meses
[Arte]

Tras las huellas de Tario

Alejandro Toledo presenta una antología esencial del autor mexicano.

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Tras las huellas de Tario
Saltillo, Coahuila.- Hace tres décadas Alejandro Toledo realizó un primer acercamiento editorial a la obra de Francisco Tario, bajo el título Entre tus Dedos Helados y Otros Cuentos (INBA/UAM, 1998). Ahora, dio forma a una antología esencial que demuestra que el escritor mexicano nacido en 1911 dejó atrás su vocación de fantasma, pues su obra está más viva que nunca.

“Tario es un fantasma que me persigue, del que no me puedo separar, en realidad ese es el influjo más fuerte porque mi intención no fue dedicarme a mantener su memoria. La obra de Tario se convirtió en un trabajo de vida, desde hacer una investigación profunda de su obra y sus papeles personales, y editar no sólo sus textos literarios, también sus cartas, sus dibujos eróticos, sus textos sueltos”, refiere el escritor en entrevista con Zócalo.

Después de largos años de seguir sus huellas, Toledo le quitó ese velo de misterio a Francisco Tario, seudónimo de Francisco Peláez Vega. Si bien en la década de 1980 pocos conocían el trabajo del autor de La Noche, con el paso del tiempo fueron llegando los lectores y el reconocimiento de la crítica.

“Conocí a Tario en los años 80, cuando yo tenía 20 años, y fue en 1988 cuando realicé una primera antología que también tenía un prólogo de Esther Seligson. Ahora, con esta nueva antología hay una revisión, en el sentido de que ya tengo un conocimiento más amplio de la obra de Tario y decidí poner al cuento como la columna vertebral de la antología, aunque también aparecen otro tipo de registros”, detalla Toledo.

En Francisco Tario, Antología (Cal y Arena, 2017), el antologador incluyó no sólo 20 de los cuentos y prosas poéticas más destacados del escritor, también dio cabida a una sección titulada Escritura Fragmentaria, en la que presenta de forma íntegra Equinoccio (1946), una obra que destaca por su originalidad al reunir una serie de aforismos. También aparecen varios textos que el escritor dedicó a sus hijos, como El Caballo Asesinado, así como partes de sus novelas Aquí Abajo y Jardín Secreto.

“Mi intención es mostrar lo esencial de Tario, que en estas páginas pueda sentirse la esencia del fantasma”, afirmó el investigador y autor de Mejor Matar al Caballo y Cuaderno de Viaje.

Largo camino

Portero del equipo Asturias y copropetario de dos cines en Acapulco —ciudad en la que vivió varios años–, Francisco Tario fue un hombre fuerte y extravagante que se codeó con Octavio Paz, Elena Garro y Carlos Fuentes. Exiliado en España por razones misteriosas, durante mucho tiempo fue objeto de culto por parte de los lectores jóvenes.

“El reconocimiento para Tario llegó mucho después, uno podía verlo organizando tertulias con Octavio Paz y Elena Garro, pero cuando se va de México lo hace como un escritor al que llaman amateur, al margen de la historia literaria”, apunta Toledo.

Al marcharse a España, donde murió en 1977, Tario dejó tras sí esa imagen de autor misterioso, una presencia fantasmal en las letras mexicanas que primero atrajo a los jóvenes, y que después se hizo de un lugar en las letras mexicanas. El autor quimérico de mitad del siglo 20, ahora es un clásico en el nuevo milenio.

“Tario debe ser un referente al momento de hablar de la literatura fantástica de México, incluso un joven Carlos Fuentes llevó sus primeros cuentos a Tario para que se los revisara. Sin duda es una pieza central”, señala el antologador.

Lector de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Tario fraguó su escritura en lo insólito, lo estrambótico y disparatado. Cargado de un peculiar sentido del humor, el autor dio forma a historias que transformaron en su tiempo la concepción de lo fantástico.

Han pasado muchos años, y mucha tinta, desde aquel día en que Alejandro Toledo buscó algunos ejemplares de Francisco Tario en la antigua librería Robledo, gracias al consejo de su maestro de Literatura. Agotada toda exploración de sus papeles personales, esta antología representa el fin del camino para el investigador que siguió las huellas de un escritor desconocido para colocarlo de nueva cuenta bajo los reflectores.

“Haré del mundo un antro fantasmal e irrespirable. Volveré histérica a cuanta criatura se agita”, escribió Tario en su cuento La Noche de los Cincuenta Libros. Ahora toca al lector atreverse a visitar este universo estridente y fantástico.


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