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hace 1 semana
[Relatos Paralelos]

Una heroína sobre ruedas

Una mujer transmite amor desde el volante en este relato en paralelo

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Una heroína sobre ruedas
Las cuatro de la mañana –vistas desde la pantalla de mi celular– fueron el anuncio perfecto para salir de esa fiesta familiar y prepararme para sucumbir ante los embrujos de Morfeo. Abrí una aplicación para pedir que un auto pasara por mí y, aunque al comienzo tardé en recibir una respuesta satisfactoria de algún chofer, la música, las risas y la ebriedad que nos abrazaban a mí y a mi familia hizo que la espera fuera grata.

Finalmente, una chofer decidió tomar la carrera y dirigirse hasta el extremo norte de la ciudad para llevarme a la Zona Centro. Me despedí de mis primas, primos y tíos que mantenían viva una celebración que no tardaría en concluir cuando veía el diagrama con el que me cercioraba que estaba cerca de llegar. Salí para encontrarme con “Matilda”, que ya esperaba con el Focus encendido a la puerta de la casa.

Abrí la puerta trasera del lado derecho e iniciamos “el viaje”. La saludé y le dije cuál sería mi destino, pese a que la aplicación y el GPS ya se lo habían indicado, de paso le agradecí por ser mi heroína y haberme “rescatado”, ya que cuatro choferes me cancelaron al ver que estaba en una de las zonas más retiradas de la zona de bares y restaurantes –y sobre todo porque pagaría con tarjeta y no con efectivo–.

Saqué mi teléfono y me apareció su calificación. Tenía 4.9 “estrellas”, más de 115 reconocimientos de excelencia, buena conversadora, héroe, amable y atenta, entre los múltiples reconocimientos de la app, cosa que me sorprendió porque la mayoría de los choferes sólo tienen una calificación estándar y no hay comentarios o tantos “trofeos” con etiquetas.

No me percaté de que “Matilda” llevaba copiloto, tal vez por el descuido de no dejar escapar la vista de la pantalla del celular, el cansancio por la fiesta o la emergente resaca que ya anunciaba sus efectos inmediatos. Una pequeñita de 2 o 3 años iba casi recostada, tapada por una tersa cobijita y en un estado de sueño profundo –lo noté porque la pequeña no se inquietó por el sonido de mi voz ni por el frío cuando abrí la puerta–.

Al percatarse de que advertí la presencia de su acompañante, “Matilda” me dijo rápidamente y con cierto nerviosismo: “Es mi hijita, lo que pasa es que me extrañaba mucho, no me quería dejar salir a trabajar y pues me la traje”. Yo asentí y le dije que no se preocupara. La presencia de la niña no me molestaba en lo más mínimo, ella estaba plácidamente soñando con princesas, unicornios o algún elemento fantástico que la mantenía suspirando, o al menos eso creí.

“Matilda” me contó que había sido víctima de abuso y optó por dejar el maltrato atrás para salir a las calles como chofer y garantizar el sustento de sus hijas. Me comentó que su hija mayor, de 6 años, se había quedado en casa con su abuela, pero que la pequeña lloraba y se aferraba a su cuello para no dejarla ir cuando se dio cuenta de que era momento de iniciar la jornada nocturna.

Le pregunté que por qué no trabajaba mejor de día y me aseguró que pese a sus intentos por trabajar durante la madrugada, mañana, mediodía y tarde, el mejor horario para “ganarle” era la noche, ya que las carreras eran más largas y casi siempre en efectivo, aunque ella no despreciaba a los pasajeros que pagaban con tarjeta, como lo hace la mayoría de los choferes registrados –la muestra es que yo era una de esas carreras–.

Yo perdí el sueño cuando comencé a escuchar su historia. Ella mantenía el rumbo fijo y manejaba con mucha sutileza cuando ingresamos al distribuidor vial de El Sarape para enfilarnos hacia el Paseo de la Reforma. Siempre atenta, “Matilda” me comentó que de hecho era su última carrera porque no le gustaba llevar a la pequeña en el asiento, aunque ella era quien insistía en que quería estar con su mamá. En el retrovisor sus ojos dejaban escapar el brillo de la ternura mientras ella mantenía el vehículo en orden.

“Matilda” me comentó que procuraba no “chiflar” a su hijita muy seguido, esta era una de las pocas veces en la que la llevaba con ella a “recorrer la madrugada” aprovechando que era fin de semana.

“Es la única manera en la que también puedo estar segura de que mi niña descansa, porque los fines de semana no se quiere dormir hasta que yo llegué y mantiene despierta a su abuela y a su hermana. Por eso mejor decidí traérmela, cuando está conmigo se queda dormida y ni hace ruido. Además, más de una vez los pasajeros no se dieron cuenta de que venía conmigo acá adelante”, me confiesa.

A dos cuadras de llegar a mi casa recuerdo los reconocimientos y los comentarios que la definen como una “excelente persona”. Finalizamos el viaje, abro la puerta y le digo: “ahora sí a descansar”, mientras me sonríe, acaricia la frente de su pequeña para quitarle los cabellos del fleco de los ojos y me dice “que tengas una linda noche”.

Entro a casa y una notificación de mi celular suena mientras enciendo la luz. La aplicación me recuerda que debo calificar el
desempeño del chofer. Nuevamente veo los comentarios de los usuarios que le dejan palabras de ánimo y le muestran su admiración por ser una mujer dispuesta a vivir mejor y garantizar un mejor futuro para sus hijas.

Las cinco estrellas para connotar su excelente servicio no me bastan, le agrego un reconocimiento con la etiqueta “Héroe” porque sin duda me conmovió su entrega, amor y devoción a sus hijas, motivos que la llevan a poner las manos en el volante y conducir su vida con entusiasmo y valentía.




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