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Visita al inframundo

Bernardo Esquinca explora el horror y la fantasía que entraña la Ciudad de México

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Saltillo, Coahuila.- Continúa la saga Casasola, esta serie de libros que llega al cuarto título con esa mezcla de fantasía, historia, horror y tono policiaco que ha seducido a los lectores desde que apareció La Octava Plaga en 2011. En aquel entonces su artífice, Bernardo Esquinca, no intuyó que el personaje central, ese periodista de nota roja afincado en la Ciudad de México, se convertiría en uno de los protagonistas indiscutibles de la novela negra que se ha escrito recientemente en el país.

Ahora, Casasola es dueño de su propia saga y Después de Toda la Sangre y Carne de Ataúd, llega el turno de Inframundo (Almadía, 2017), novela en la que aparecen personajes clave del pasado mexicano. Y es que el libro de adivinaciones escrito por Blas Botello, astrólogo de Hernán Cortés, aparece después de cinco siglos como punto de partida de esta nueva aventura.

-¿Cómo llegaste al libro de las adivinaciones de Blas Botello? Este tono de fantasía y superstición, en torno a la historia, sigue presente en Inframundo.

“Supuestamente este libro de adivinaciones sí existió, incluso el español Bernal Díaz del Castillo hace referencia a él en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, aunque no hay otras referencias que ayuden a verificar su existencia. Ahí es cuando comienza la ficción, porque narro que el libro sobrevive a la Noche Triste, esta célebre derrota de Hernán Cortés, y con el paso de los años va cambiando de dueños y provocando desgracias.

“A nuestra herencia prehispánica hay que sumarle la formación católica española, una mezcla de superstición, religión, pensamientos mágicos y macabros. Me parecería de lo más natural que la literatura fantástica y de horror fuera la que marcara nuestra tradición literaria, pero ha pesado más el realismo que padecemos desde la novela de la Revolución, así como esta visión que tiene parte de la academia de que la fantasía y el terror son subgéneros. Me parece un planteamiento equivocado, porque sólo existe buena o mala literatura”.

-¿Cuándo le diste vida a Casasola, ya planeabas que se convertiría en el protagonista de una saga?

“En un acto de congruencia dije: sí da para más y puedo expandir el universo de este personaje. Cosa que ocurrió, creo yo, con Toda la Sangre, que es la segunda novela de la saga. Vemos a Casasola muy integrado con su entorno en la Ciudad de México, disfrazado de indigente, haciendo la nota roja, lo vemos evolucionar y que tiene otras vivencias, consolida su amistad con el griego, que es un gran cómplice.

“Carne de Ataúd me permitió ir al pasado, indagar en su linaje con su abuelo en la época del Porfiriato, y ahora en Inframundo lo meto en muchos aprietos. Pero las posibilidades de este personaje las he ido descubriendo en el camino, porque nunca fue planeado y eso fue lo mejor. Creo que las cosas muy planeadas pierden espontaneidad”.

-¿Cómo ha sido esta evolución de la mancuerna escritor-personaje?

“Quiero pensar que yo he evolucionado como escritor junto con Casasola. La Octava Plaga es una novela lineal, donde nace el personaje y empieza en un punto y avanza hacia adelante hasta que se termina. Después Con Toda la Sangre me animé a hacer un prólogo histórico donde sale Humboldt, y vemos a la ciudad del presente.

“Me atreví con Carne de Ataúd a hacer una novela histórica, no soy un historiador, pero me encantó dar ese paso. Inframundo mezcla todo eso: ocurre en la época actual, también hay episodios históricos. He ido encontrando las mejores maneras posibles de ir narrando esta saga, siempre de manera distinta. Creo que eso me ha permitido si no evolucionar, por lo menos probarme a mí mismo como escritor”.

-En la saga, además del tono fantástico, esta el tema de lo policiaco y la nota roja.

“El tema de lo policiaco es el leitmotiv de la saga. Es un tema que me obsesiona. He consumido nota roja porque hay un registro social importante ahí, permite asomarnos a esos abismos, indagar en las violencias, porque este país está ligado a eso.

“En Carne de Ataúd, que es el volumen anterior, había una indagación de la historia de la nota roja, pero en los cuatro libros hay esa exploración porque la nota roja me gusta mucho. Es decir, no me gustan las temáticas, sino la exploración que hace la nota roja porque nos muestra el reverso de la sociedad. En Inframundo también aparecen estas cuestiones. Es uno de los hilos conductores principales de la saga”.

-¿Qué opinas de esta fascinación que tenemos por la violencia, el crimen, la crueldad? Nos provocan horror y atracción al mismo tiempo.

“Ese binomio que vivimos todos los seres humanos de atracción-repulsión, también nos define como personas. Hay cosas que nos repelen, pero a la vez no podemos dejar de mirar un accidente en la calle.

“Este binomio me parece muy interesante y creo que es inherente al ser humano, algunos lo tienen más fuerte que otros, pero es parte de la condición humana. Supongo que tiene que ver con que observamos esas tragedias desde un lugar seguro, podríamos ser nosotros, pero no lo somos, le tocó a alguien más.

“Claro, somos seres complejos y son muchas otras cosas más las que nos definen, pero ese es un aspecto importante, esa parte de oscuridad que llevamos, ese morbo y esa atracción que sentimos de mirar al abismo”.


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