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Enrique Martínez y Morales
Enrique Martínez y Morales
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Enrique Martínez y Morales Presidente del Colegio de Economistas de Coahuila, A.C. e-mail: [email protected] Twitter: @enriquemym

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21 Marzo 2017 04:09:00
Jugo de naranja o Tratado
La mayoría de los analistas económicos ha visualizado los riesgos para México por la inminente renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Pero son pocos quienes han detectado la gran oportunidad para nuestro país.

La semana pasada, frente a un nutrido grupo de reconocidos economistas, Ildefonso Guajardo explicó algunos puntos relevantes a considerar. El secretario de Economía es una de las voces más acreditadas y con mayor conocimiento y experiencia sobre el tema no sólo por su posición actual, sino también por haber participado en la integración del Tratado vigente y haber invertido parte de su vida en su seguimiento.

El avance democrático en México nos coloca en una posición de igualdad para negociar que no teníamos hace 25 años. Ildefonso nos compartió la anécdota: “Cuando queríamos llegar a un acuerdo favorable para nuestros productores de jugo de naranja, la contraparte norteamericana nos decía que eso no lo permitirían sus legisladores de Florida. Y preguntaba: ¿Qué quieren, ¿jugo de naranja o Tratado?”.

Y cuando seguía el turno de defender a nuestros productores y se trataba de utilizar el mismo argumento, lo desactivaban de inmediato, minando así nuestra capacidad negociadora, con un: “Ustedes no tienen problema con eso, pues cuentan con una mayoría legislativa que obedece la línea presidencial”.

Los derechos laborales y ambientales, que originalmente fueron tratados en líneas paralelas, ahora deberán integrarse plenamente, trayendo beneficios importantes a nuestros trabajadores y al medio ambiente.

Considerando que no se pueden reinventar cadenas productivas -perdidas desde hace décadas- y la existencia de ineficiencias generadas por la integración de insumos en los contenidos de valor, será muy difícil proponer modificaciones radicales. En Estados Unidos no hay problema de desempleo, y si lo hubiera, sería consecuencia de la automatización, no del libre comercio.

Esto lo conoce muy bien Ildefonso. Por eso ha sido tranquilizador para México y los mercados que sea él quien esté al frente de las negociaciones, no sólo por su conocimiento y habilidad persuasiva, sino por su visión integral y optimista de la oportunidad histórica que se avecina para México.
14 Marzo 2017 04:09:00
La paz de Ronald McDonald
McDonald’s, empresa líder mundial en la venta de comida rápida, es objeto constante de análisis comparativos de todo tipo: desde aquellos que buscan desvelar el secreto de su éxito comercial, hasta los que se esmeran en demostrar lo dañino que resulta para el cuerpo humano el consumo excesivo de sus productos.

No es el único tipo de estudios a los que es sometida la transnacional norteamericana. Desde 1986, la prestigiada revista inglesa The Economist desarrolló el Índice Big Mac, el cual es un indicador basado en el precio de la hamburguesa insignia de McDonald’s en diferentes países, con el objetivo de calcular el nivel de apreciación o depreciación de la moneda local con respecto al dólar, siguiendo los postulados de la Teoría de la Paridad del Poder Adquisitivo.

Y es que McDonald’s se ha convertido en el ícono del libre mercado. Por eso, más interesante resulta aún la observación hecha por Thomas Friedman, columnista de The New York Times, quien descubrió que ningún país con un McDonald’s ha invadido nunca a otro país que tenga un McDonald’s. Y no es que Ronald McDonald, su mascota oficial, sea un buen negociador de la paz, sino porque el libre comercio lo es.

En el mundo de la libre competencia, los países productores tienen un sano interés en el éxito de las economías a las que exportan, por lo que prefieren comerciar con ellas que luchar contra ellas. Como alguna vez manifestó el célebre economista y tribuno francés Frédéric Bastiat: “Cuando las mercancías no cruzan las fronteras, los soldados lo harán”.

El comercio une a las naciones y a las culturas en la medida que intercambian bienes, servicios e ideas; luchan juntas por combatir enfermedades y epidemias, y tratan de resolver amenazas comunes, como la contaminación ambiental y los desastres naturales. Cualquier amago de destruir esta armonía enemista y abona al conflicto.

Caro le ha salido a la humanidad padecer líderes populistas que han bloqueado el comercio internacional y han calado las bayonetas de sus ejércitos. Hagamos votos por que este binomio no se repita y Ronald McDonald pueda continuar con su apostolado pacifista.
07 Marzo 2017 04:09:00
Chorizo con huevo
En América del Norte no sólo existe una profunda dependencia comercial fruto de un cuarto de siglo de libre comercio, sino una pronunciada interrelación productiva entre Canadá, Estados Unidos y México. “Es como en el chorizo con huevo”, me dijo un distinguido empresario regiomontano: “Una vez hecho el guiso, imposible regresar las partes a su estado original”.

Difícil es, por ejemplo, determinar la nacionalidad del Learjet 85, de Bombardier, cuyo diseño e investigación se realizan en Montreal, el motor se manufactura en Toronto, las alas, arneses y fuselaje se fabrican en Querétaro, para finalmente ensamblarse en Kansas. El avión no es ni mexicano ni canadiense ni estadunidense. Es un producto de América del Norte. Y punto.

Al igual que las personas, los países no pueden ser todólogos. Las teorías básicas de comercio demuestran la conveniencia de que cada economía atienda sus ventajas comparativas, produzca en lo que es eficiente, y luego se beneficie con el intercambio. La especialización en el trabajo es la fuente de riqueza.

Nike, fabricante de artículos deportivos, ocupa cuatro veces más empleados en Vietnam que en Estados Unidos. Pero de no haber aprovechado las ventajas comparativas asiáticas para maquilar allá sus productos, ni Nike ni sus 8 mil empleos en Oregon existirían.

Como para enloquecer a Trump saber que cuando compró su iPhone, ¡él fue el primer norteamericano en tocarlo! Gracias a que se ensambla en China, la matriz de Apple en Cupertino, California, puede dar empleo a más de 12 mil personas que trabajan en diseño e ingeniería.

Como región, hemos venido perdiendo terreno contra China. En 2000 la participación de América del Norte en el comercio mundial era de 19% contra 3.9% del Dragón Asiático. Ahora, nos encontramos empatados con ellos en un 14 por ciento.

Sólo espero que cuando el nuevo Gobierno del Tío Sam tenga conciencia del alto nivel de nuestra integración económica, de la imperante necesidad de no restringir el libre comercio, y de que México es su principal aliado, no su enemigo, el chorizo con huevo no se haya quemado ya.
28 Febrero 2017 04:09:00
Dólar caprichoso
Hace no muchas semanas el tipo de cambio de nuestra moneda frente al dólar rondó los 23 pesos por unidad. La noticia fue motivo de encendidos discursos de políticos de oposición y un sinfín de columnas apocalípticas vaticinando un desastre financiero e inflacionario. Ahora que el tipo de cambio se aproxima con paso firme a los 19 pesos por dólar, poco se habla de ello.

El tipo de cambio es un regulador entre la inflación de dos países. Es decir, la depreciación de la moneda tendría que ser igual al diferencial inflacionario entre las dos economías para ajustar de manera natural la relación comercial. Fuera de esto, es mera especulación. Y los mercados tienden a retornar el tipo de cambio a sus niveles de equilibrio, que es lo que está sucediendo.

El problema con una depreciación especulativa, como la que sucedió recientemente a consecuencia de la volatilidad de los mercados internacionales y la amenaza trumpiana, es que esta genera inflación, ampliando la brecha entre los niveles de precios de ambas economías, y generando una devaluación sustantiva de la moneda. Una especie de “profecía autocumplida”.

Sin duda las oportunas medidas tomadas por Banco de México, el extraordinario manejo mediático del secretario de Economía relacionado con la crisis comercial con Estados Unidos y los reveses recibidos por Trump ante muchas de sus propuestas draconianas, han quitado presión al tipo de cambio. Sin embargo, la razón principal del ajuste a la baja es que la burbuja especulativa se empieza a desinflar.

Nada es completamente bueno o completamente malo en economía. Un peso devaluado conviene a los exportadores, a ciertos especuladores y a quienes reciben remesas; es malo para los importadores y los productos importados, sobre todo los commodities, como la gasolina, el maíz y la carne, por mencionar algunos ejemplos que impactan de manera relevante en los bolsillos de la gente.

El dólar es muy caprichoso y su cotización no siempre depende de nuestra voluntad. Debemos aprender a vivir con la inestabilidad del tipo de cambio y a saber aprovechar con inteligencia sus fluctuaciones fuera del equilibrio.
21 Febrero 2017 04:09:00
¡Escúchame!
Hace algunos días me encontraba en mi oficina, abstraído en la lectura de un interminable documento, cuando comencé a oír un murmullo del exterior originado por una distorsionada bocina. Frente a mi sede laboral se encuentra la Macroplaza, flanqueada por la Presidencia Municipal de Monterrey y por el Palacio de Gobierno, así que no es raro encontrar ahí grupos manifestándose, por lo que no presté mucha atención.

La mención de mi nombre en la arenga del sujeto al micrófono captó automáticamente mi atención. Al asomarme por la ventana observé al individuo de la voz rodeado por una docena de mujeres. La distancia, el ruido del tráfico y la baja calidad del equipo de sonido me hacían imposible entender el mensaje, por más esfuerzo que hacía en escuchar. Así que los invité a pasar a mi oficina.

Pocos de los temas tratados, motivo de la inconformidad, tenían que ver con la dependencia que represento. Pero el haberlos escuchado con atención fue suficiente para que de ahí salieran satisfechos.

Vivimos en un mundo que oye mucho pero escucha poco. Gracias a la conectividad permanente, estamos expuestos, como nunca antes, a cantidades ingentes de información, casi toda inútil. Son tantos los distractores generadores de ruido, que dejamos de escuchar lo realmente importante.

Creo que Dios, en su infinita sabiduría, nos proporcionó a los seres humanos dos oídos y una boca, para que los usemos en esa proporción. No siempre podemos resolver todos los problemas que se nos plantean, pero a veces es suficiente el saber escuchar y obsequiar una sonrisa, una palmada en el hombro o una palabra de aliento.

La empresa que deja de escuchar a sus clientes está condenada al fracaso. Lo mismo pasa con los gobiernos, las relaciones personales y la familia. En esta última es donde se concentra el problema, ya que los hijos ignorados son la fuente de desintegración familiar y pérdida de valores.

Para hablar se utilizan varias decenas de músculos. Para escuchar, ninguno. Dice el dicho popular: “Nunca pierda la oportunidad de quedarse callado”. Así que mejor escuchemos, genera menos riesgos y aporta grandes beneficios.
14 Febrero 2017 04:09:00
La falacia del déficit
El ser humano es averso a los déficits. La sola mención de la palabra nos eriza la piel, ya que tradicionalmente han sido el proemio de males mayores. Los déficits presupuestales se convierten en mayores impuestos, recortes brutales o endeudamiento; los déficits de divisas se transforman en devaluaciones y mayor inflación. De hecho, uno de los razonamientos utilizados por el presidente Trump para justificar la aplicación de sus draconianas medidas comerciales es precisamente el alto déficit comercial prevaleciente en Estados Unidos.

Desde hace muchos años México le vende más a Estados Unidos que viceversa. Y aunque los mexicanos hemos sido por esta razón el blanco de sus ataques, aderezándolos con los argumentos racial y migratorio, países como Alemania, Japón y, por supuesto, China, presentan un desbalance comercial con Estados Unidos mayor al nuestro.

Los déficits no son necesariamente malos. Un déficit en la ingesta calórica para una persona con sobrepeso o un déficit en ingresos penitenciarios pueden ser buenas noticias. Incluso, un déficit comercial, ¡puede ser una extraordinaria noticia!

Las naciones no comercian entre sí, lo hacen sus empresas e individuos, quienes producen para consumir. En economías socialistas la producción no es suficiente para atender la demanda de consumo, por lo que los ciudadanos presentan superávits comerciales, lo cual debiera ser bueno. ¡Pues no lo es!

Honk Kong, uno de los países más ricos del mundo, debe importar petróleo, alimentos y electrónicos. Gracias a eso, es una nación próspera. Sus habitantes, que son altamente productivos con empleos de primera, intercambian los frutos de su trabajo por la riqueza del mundo… a cambio de un déficit masivo, que no les afecta. Lo mismo sucede en Estados Unidos.

Por definición, todas las transacciones internacionales están siempre en equilibrio y los déficits son la recompensa a la productividad, a la riqueza y al éxito. Mientras el señor Trump no entienda esto, será difícil llegar a un acuerdo comercial razonable.
08 Febrero 2017 04:09:00
Recorte legislativo
La legislativa es una de las actividades menos prestigiadas en nuestro país. En las encuestas de percepción siempre se disputa el fondo con otras funciones públicas, como las de seguridad. Un juicio muy ingrato y severo, en mi opinión, toda vez que existen tribunos prudentes, probos y patriotas.

Por eso fue tan bien recibida en la sociedad la propuesta del Revolucionario Institucional de reducir a la mitad los diputados de representación proporcional y eliminar la totalidad de los senadores electos por esa vía. Dada la baja estima hacia nuestros legisladores, he escuchado voces que se pronuncian por quitar a todos los de lista, otras, incluso, se inclinan en suprimir alguna de las cámaras.

El Legislativo es, o debiera ser, el contrapeso del Ejecutivo. Este último sin el primero se convertiría fácilmente en dictador, con todos los males que eso conlleva. Sin embargo, coincido que un Congreso más esbelto sería no solamente menos oneroso, sino más eficiente, mientras no se caiga en el extremo de la pérdida de representatividad: un justo medio, pues.

El espíritu del Senado es ser una representación igualitaria de las entidades federativas, por lo que la introducción de senadores plurinominales, sin discriminar por su procedencia, ha roto ese equilibrio. Así que la propuesta de su eliminación es no sólo lógica, sino deseable.

En contraparte, la Cámara de Diputados es una representación de la población. Los plurinominales fueron incluidos para brindar espacios institucionales de expresión a minorías en tiempos en que el partido en el poder era invencible. Como eso quedó atrás, la competencia electoral es real y cualquier fuerza puede ganar un escaño en las urnas, su vigencia es cuestionada.

Sin embargo, creo que es conveniente mantener la mitad de los plurinominales, tal como está propuesto, siempre y cuando los partidos incluyan en esa lista no cuotas políticas, sino académicos e intelectuales que enriquezcan la labor legislativa, y que por su perfil difícilmente resultarían vencedores en una justa electoral.

A final de cuentas no es un asunto de “más o menos”, sino de contar con mejores legisladores. Y eso es tarea de todos.
07 Febrero 2017 04:05:00
Recorte legislativo
La legislativa es una de las actividades menos prestigiada en nuestro país. En las encuestas de percepción siempre se disputa el fondo con otras funciones públicas, como las de seguridad. Un juicio muy ingrato y severo, en mi opinión, toda vez que existen tribunos prudentes, probos y patriotas.

Por eso fue tan bien recibida en la sociedad la propuesta del Revolucionario Institucional de reducir a la mitad los diputados de representación proporcional y eliminar la totalidad de los senadores electos por esa vía. Dada la baja estima hacia nuestros legisladores, he escuchado voces que se pronuncian por quitar a todos los de lista, otras, incluso, se inclinan en suprimir alguna de las cámaras.

El Legislativo es, o debiera ser, el contrapeso del Ejecutivo. Este último sin el primero se convertiría fácilmente en dictador, con todos los males que eso conlleva. Sin embargo, coincido que un Congreso más esbelto sería no solamente menos oneroso, sino más eficiente, mientras no se caiga en el extremo de la pérdida de representatividad: un justo medio, pues.

El espíritu del Senado es ser una representación igualitaria de las entidades federativas, por lo que la introducción de senadores plurinominales, sin discriminar por su procedencia, ha roto ese equilibrio. Así que la propuesta de su eliminación es no solo lógica, sino deseable.

En contraparte, la Cámara de Diputados es una representación de la población. Los plurinominales fueron incluidos para brindar espacios institucionales de expresión a minorías en tiempos que el Partido en el poder era invencible. Como eso quedó atrás, la competencia electoral es real y cualquier fuerza puede ganar un escaño en las urnas, su vigencia es cuestionada.

Sin embargo, creo que es conveniente mantener la mitad de los plurinominales, tal y como está propuesto, siempre y cuando los partidos incluyan en esa lista, no cuotas políticas, sino académicos e intelectuales que enriquezcan la labor legislativa, y que por su perfil difícilmente resultarían vencedores en una justa electoral.

A final de cuentas no es un asunto de “más o menos”, sino de contar con mejores legisladores. Y eso es tarea de todos.

31 Enero 2017 04:09:00
Thank you, Mr. Trump!
Salvo algún encuentro de México en Copa Mundial, nunca había sentido un ánimo nacionalista tan apasionado y unánime como el que ha invadido nuestro espíritu en los últimos días. Robert Greene, en Las 48 Leyes del Poder, explica que un enemigo poderoso es el mejor acicate para salir del área de confort y poder triunfar: “Si no tiene enemigos, busque la forma de creárselos”.

Sin buscarlo, los mexicanos ya encontramos al nuestro. El ahora hombre más poderoso del mundo, nuestro perverso favorito, nos ha satanizado y subestimado, visualizándonos como un pueblo atrasado y dividido. Pero se ha topado con pared y se ha perdido en la barbaridad de sus palabras.

¿Cobrar el muro a los mexicanos con un impuesto a las importaciones? ¡Vaya estupidez! No se requiere ser Nobel de Economía para darse cuenta que esa contribución transfiere el costo al consumidor final, al pueblo norteamericano. He leído una idea mejor en diversos foros que resolvería el problema sin necesidad del muro: expedir más visas laborales.

La inmigración ilegal es consecuencia de un mercado negro debido a una oferta y una demanda insatisfechas por regulaciones políticas. Gustosos, nuestros paisanos pagarían por una visa en lugar de arriesgarse a atravesar el desierto para realizar, legalmente, el trabajo que ningún norteamericano quiere hacer.

Pero en lugar de buscar soluciones de “ganar-ganar”, Trump quiere mostrar sus dotes de negociador rudo que aplasta a su oponente, al que cree débil e inferior. Le hemos demostrado ya que no somos ni lo uno ni lo otro. Vamos ganando la partida, pero no cederá fácilmente. Debemos ir pensando el siguiente paso.

Tenemos años luchando una guerra que no es nuestra, la del narcotráfico. La inmensa mayoría de la droga que cruza por nuestro territorio tiene como destino el ávido e insaciable mercado estadunidense. ¿Qué cara pondría Trump si le dijéramos que nuestro Congreso analiza la posibilidad de permitir la transportación de estupefacientes siempre y cuando no se consuman en México? Es pregunta…

Por fin encontramos un factor de unidad. Thank you, Mr. Trump! Aprovechemos ahora la coyuntura para embriagarnos de patriotismo y romper las cadenas del conformismo y la mediocridad.
24 Enero 2017 04:09:00
Historia de la unidad
Coahuila y Nuevo León comparten origen y destino. Sus capitales están íntimamente ligadas desde su creación hasta en su futuro económico. El capitán Alberto del Canto fundó Saltillo en 1577. Inmediatamente después realizó un fallido intento de crear el pueblo de Santa Lucía, a la orilla del río con ese nombre, en el Valle de Extremadura, hoy Monterrey.

Pocos años más tarde, Luis de Carvajal, en cuyo homenaje se bautizó la pronunciada cuesta desde donde su expedición divisara el Cerro de la Silla por primera vez, hace un segundo intento de fundación, ahora con el nombre de San Luis. La brutalidad de la Inquisición, que llevara a Carvajal a la hoguera, y la ferocidad de los indios coahuiltecas dieron al traste con el proyecto.

Finalmente, procedente de Saltillo, Diego de Montemayor logra exitosamente fundar la Ciudad de Nuestra Señora de Monterrey.

También fue una saltillense de origen tlaxcalteca, Antonia Teresa, quien llevara a Monterrey a la Purísima Concepción de María, conocida además como la Virgen Chiquita, ícono religioso de la ciudad y cuyos milagros documentó fray Servando Teresa de Mier.

La industrialización de ambas capitales se dio de la mano, en sinergia. Desde la antigua alimentación de los hornos regios con carbón coahuilense, hasta la consolidación de un poderoso clúster automotriz regional en la actualidad.

Mucho nos une, aunque nos separan mil metros de altura y 80 kilómetros de distancia. Nuestras disputas suelen ser gastronómicas, regularmente sobre la paternidad del cabrito, y las rivalidades se reducen a los partidos de Saraperos contra Sultanes.

El flujo de personas entre ambas entidades es enorme. Miles de mis paisanos se mudan a Nuevo León a estudiar y trabajar, y no pocos nuevoleoneses buscan en Coahuila destinos turísticos y de inversión. En este intercambio no hay prejuicios ni sentimientos xenofóbicos. Nos vemos como familia. Y de hecho lo somos: es raro encontrar un regio sin raíces coahuilenses, y viceversa.

Es momento de fortalecer no sólo la unidad regional, que nos ha granjeado importantes dividendos económicos, sino la nacional. Sólo así podremos sortear los vientos huracanados del norte que amenazan a México.
17 Enero 2017 04:07:00
El acicate de la competencia
La semana pasada caminé como hacía mucho tiempo no lo hacía. Completé casi 90 mil pasos, alrededor de 77 kilómetros, en 5 días, medidos con una pulsera para tal efecto. ¿Cómo? Me levanté temprano a correr, contesté las llamadas telefónicas andando, atendí audiencias caminando por las calles, usé mínimamente el automóvil y disfruté increíbles paseos familiares. ¿La razón? Una competencia entre amigos, aprovechando la novedad de una aplicación tecnológica.

El espíritu del ser humano es competitivo por naturaleza. Así está inscrito en nuestro ADN desde hace cientos de miles de años. La competencia es sana y benéfica, y las personas participan en concursos, aun con remuneraciones simbólicas o nulas, por el simple placer de competir.

Sin duda la calidad cinematográfica que disfrutamos actualmente mucho tiene que ver con el aliciente otorgado por los premios Oscar y los Globos de Oro. El periodismo norteamericano se ha profesionalizado gracias al Pulitzer y la ciencia ha avanzado en mucho por el acicate de los galardones Nobel y Príncipe de Asturias.

Hace 20 años, Peter Diamandis, presidente de la Fundación Premio X, reunió de la filantropía 10 millones de dólares para otorgarlos como recompensa a quien desarrollara un modelo de viaje comercial tripulado al espacio, un sueño acariciado por él desde su infancia. No sólo obtuvo el prototipo, sino una derrama de más de 100 millones de dólares en investigación y desarrollo sobre el tema, cortesía del resto de los participantes.

En tiempos de vacas flacas, una alternativa interesante para multiplicar la inversión en ciencia y tecnología es que el Gobierno, las universidades y las fundaciones dedicadas a promover el emprendimiento promuevan concursos y competencias con propósitos específicos y con premios atractivos.

El ingenio sólo espera ser motivado por el incentivo correcto: una competencia ordenada y dirigida a resolver los grandes retos de nuestra sociedad, a desterrar el conformismo y desarrollar el enorme potencial de nuestras mujeres y hombres.

Ya lo dijo René Descartes: “No basta tener buen ingenio; lo principal es aplicarlo bien”.

Y para ingeniosos, nadie como los mexicanos.
10 Enero 2017 04:09:00
La ‘vending machine’
Hace tiempo, en un ensayo de Tim O’Reilly, autor del concepto Web 2.0 y pionero en los movimientos de software libre y código abierto, leí una analogía que llamó poderosamente mi atención: el Gobierno es como una “vending machine”.

Una vending machine es, traducida al castellano, una máquina expendedora. Son muy populares en nuestro país desde hace años. Están prácticamente en todos los lugares con aglomeraciones humanas y ofrecen productos variados como refrescos, botanas y golosinas.

De manera simplista, pero no sin razón, O’Reilly afirma que el Gobierno es una especie de vending machine en la que depositamos nuestro dinero y, a cambio, esperamos recibir ciertos bienes y servicios, como calles, carreteras, seguridad y salud, entre otros.

En el Gobierno, como en las vending machines, la oferta de productos es limitada y el menú de opciones no siempre satisface la totalidad de los deseos de los consumidores, con perfiles y preferencias muy disímbolos.

Cuando la máquina no nos da lo que queremos, o cuando existe esa percepción, protestamos. Y esa protesta no siempre queda en epítetos altisonantes y reclamos severos al aparato despachador; a veces sube de tono y se convierte en una severa sacudida a la máquina.

El ciudadano agita la vending machine con la esperanza de que el armatoste le entregue el anhelado producto por el que ya pagó. Hasta ahí todo bien. La inconformidad es válida y la zarandeada legítima.

El problema se gesta cuando el individuo arremete violentamente contra la máquina para canalizar su enojo y frustración, y se agudiza cuando comienza a vandalizarla, incluyendo todo lo que la rodea aunque no haya vela en el entierro de por medio.

Los actos de barbarie en una sociedad racional dañan nuestra imagen, nuestras instituciones, y sobre todo, nos dañan a nosotros mismos. Se vale estar en desacuerdo con el tipo y calidad de los productos ofrecidos, de eso se tratan las democracias. Pero existen conductos, legales y eficientes, para manifestarlo.

Lo que es imperdonable es pretender destruir esa máquina, única e insustituible, que cambia de administrador cada seis años. Es la vending machine que, fallas aparte, proveerá a nuestros hijos el día de mañana.
03 Enero 2017 04:09:00
Propósitos de Año Nuevo
Siempre la llegada del nuevo año trae consigo un tentador ánimo de renovación del que pocos pueden escapar. Es momento de hacer recuento y reflexión del ejercicio que concluye, pero sobre todo, mirar hacia delante, fijar metas y propósitos, aunque a las pocas semanas muchos abandonen tan titánica empresa.

Atendiendo la curiosidad de quienes me han interrogado al respecto y en un afán de forzar su cumplimiento al publicarlos, compartiré en este espacio algunos de mis propósitos 2017.

Disfrutaré más atardeceres y amaneceres al aire libre, a costa de la tecnología. Disfruto mucho trotar, lo seguiré haciendo, pero en superficies adecuadas para cuidarme las rodillas, esas no retoñan.

No puedo proponerme leer más sin caer en un conflicto conyugal, pero sí puedo leer mejor: seleccionar con más cuidado los textos y los horarios de lectura, que no resten tiempo de convivencia familiar.

Me preocuparé menos y me ocuparé más. Dejaré los problemas afuera de la casa y por ningún motivo los llevaré a la cama. Pondré más atención en cómo la gente se siente al tratar conmigo y menos en el qué dirán. Atenderé con gusto la crítica constructiva e ignoraré la ofensa estéril.

Comeré más de lo que no me gusta y menos de lo que me gusta esperando que, a fuerza de costumbre, se inviertan los papeles. Más frutas y verduras, menos carbohidratos y leguminosas.

Le daré más tiempo a mis amigos, para no perderlos con el tiempo. Disfrutaré intensamente mis pasatiempos, como ver una buena película en el cine o deleitarme con una entretenida serie en casa en compañía de mi esposa.

Dormiré menos y soñaré más. Seguiré luchando desde cualquier trinchera, con honestidad y perseverancia, para mejorar la sociedad en que vivimos, para dignificar la política y para que mis hijos se sientan orgullosos siempre de su padre.

Todos los especialistas vaticinan un 2017 especialmente complicado. Yo más bien creo que será un año de cambios, y los cambios generan siempre oportunidades, oportunidades que serán aprovechadas por quienes estén atentos y listos, optimistas y propositivos, y que tengan propósitos firmes y tengan la voluntad para alcanzarlos…

¿Y tú, tienes ya los tuyos?
27 Diciembre 2016 04:09:00
Top ten 2016
La presente es mi última columna editorial del año. Más que una reflexión sobre un ciclo que agoniza, quiero compartir con mis apreciables lectores, como ya es costumbre en estas fechas, los 10 textos que más me gustaron e influyeron durante 2016, como una modesta recomendación literaria para estos días de descanso.

Jorge Zepeda Patterson me volvió a dejar gratamente sorprendido en Milena o el Fémur más Bello del Mundo por su habilidad para hilvanar una absorbente novela policiaca, salpicada de política mexicana, con los mismos caracteres de su primera incursión novelesca. Ni qué decir de Paula Hawkins con su adictivo thriller La Chica del Tren, que fue a parar hasta la pantalla grande.

Mi amigo José Elías Romero Apis nos regala en El Jefe de la Banda un extraordinario manual de política contemporánea escrito con gran maestría, basado en vivencias trascendentales y anécdotas invaluables. De lectura obligatoria para quienes participan en el servicio público.

Muy recomendables dos narrativas históricas. Julián Herbert, en La Casa del Dolor Ajeno, explica con lujo de detalle el vergonzoso genocidio ocurrido en La Laguna hace poco más de 100 años, mientras Carlos Tello Díaz, en Porfirio Díaz, su Vida y su Tiempo, cuenta con gran realismo y esmero la etapa heroica de esa controversial figura. Ninguna tiene desperdicio.

Aunque disfruto mucho a los clásicos, por alguna razón nunca había leído Crimen y Castigo, la extensa obra de Fiodor Dostoievski publicada hace siglo y medio. Ahora lo hice y no me arrepiento. Sus diálogos son elocuentes y lo pormenorizado de su descriptiva nos ofrece una radiografía fidedigna de la situación política y social imperante en la Rusia zarista.

El Murmullo de las Abejas, de la regia Sofía Segovia, es una riquísima prosa que cuenta, mediante una niñez imposible, una vida aciaga y siempre sobre la delgada línea del mito y la realidad, la fundación de la zona citrícola neoleonesa en el contexto de la época revolucionaria.

Cinco Esquinas no es el mejor aporte literario del Nobel Mario Vargas Llosa, pero sin duda hace una honorable defensa a dicho premio. Por el estilo se encuentra El Amante Japonés, de Isabel Allende, que me absorbió por completo por lo entretenido de su historia, lo sabroso de su narrativa y lo interesante de su contenido.

Mark Sisson nos comparte Los 10 Mandamientos del Cavernícola como la receta ideal para despertar a nuestros genes primitivos y vivir así una vida sana y saludable. Buen motivo para iniciar el próximo año con el pie derecho.

Diez obras. Diez autores. Diez formas inmejorables de sacar provecho a esta temporada.

¡Salud y prosperidad para 2017!
20 Diciembre 2016 04:09:00
… lo concede el Infierno
“No hay mal que por bien no venga”, es uno de los aforismos más recordados de nuestro muy colorido refranero popular. Víctor Hugo plasmó esa misma idea, en términos más poéticos, en su conocido apotegma: “A veces, lo que se pide al Cielo lo concede el Infierno”.

Los grandes males de la humanidad siempre traen aparejados beneficios que no se vislumbran hasta después. La emancipación de la mujer occidental, por ejemplo, fue acelerada, indiscutiblemente, durante las dos guerras mundiales: mientras los varones combatían en el frente de batalla, las mujeres debieron salir de sus casas, para ya nunca regresar, a ocupar esos huecos laborales.

Esas conflagraciones bélicas globales también fueron una especie de catarsis en las disparidades mundiales -como lo demuestra Thomas Piketty en su controvertida obra El Capital en el Siglo XXI- al terminar, de golpe y porrazo, con la concentración obscena de la riqueza.

Steve Jobs fue corrido de Apple, empresa fundada por él en una cochera en sus años mozos. Eso lo impulsó a desarrollarse por su cuenta para después regresar por la puerta grande y convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo. Twitter partió de un fracaso y sus fundadores, como Biz Stone, estaban al borde de la quiebra por haberle apostado a proyectos fallidos en el pasado.

El destino nos ofrece un sinnúmero de problemas y desafíos, pero siempre vienen acompañados de soluciones escondidas y al alcance de quienes saben buscar. El ser humano cuenta con una capacidad asombrosa de adaptación para sobrevivir a la adversidad y aprender de las desgracias. Nuestro pueblo es el mejor ejemplo de ello.

Para que los astros se alineen, a veces deben dar la vuelta completa a la bóveda celeste. Igual sucede con nosotros, con la salvedad de que durante el ciclo algunos se de-sesperan mientras otros pierden la esperanza.

Ese es el juego del destino, lo que le da vida a la vida. Lo que parece una gran tragedia, en algún momento tendrá un rostro amable. Pero sólo los grandes saben que “la noche es más oscura justo antes del amanecer”.

¡Feliz Navidad!
13 Diciembre 2016 04:09:00
Artillería virtual
Conforme se aproximan las épocas electorales, los partidos comienzan a revisar encuestas, analizar sus números y plantear alianzas, en busca de la estrategia que conlleve al triunfo al menor costo posible. Si algo hemos aprendido de los recientes procesos electorales es que esa lógica ya no funciona.

Recordé, al respecto, una conversación entre dos estadistas que leí en algún libro de historia, desarrollada en los momentos más álgidos de la Guerra Fría. Mientras discutían asuntos de guerra y paz, Mao le dijo a Khrushchev: “Camarada, si comparamos el poderío militar del mundo capitalista con el del socialista, notarás que contamos con una clara ventaja sobre nuestros enemigos. Piensa cuántas divisiones podrían aportar China, la Unión Soviética y los demás países socialistas”.

“Camarada Mao”, respondió con parsimonia el líder soviético, “esa forma de pensar está completamente fuera de época. Ya no puedes calcular tu fortaleza militar basado en quién tiene más hombres. Antes, cuando las disputas se dirimían con puños y bayonetas, sí que marcaba la diferencia. Después, cuando apareció la ametralladora, el bando con más tropas no necesariamente tenía la ventaja. Ahora, con la bomba atómica, el tamaño del ejército de cada una de las partes es prácticamente irrelevante”.

Las campañas electorales son guerras civilizadas. Y al igual que en las contiendas bélicas, las electorales han evolucionado. El electorado está más informado y es más analítico que una década atrás; actúa con estrategia y reserva sabiamente sus preferencias hasta el momento de acudir a las urnas, engañando a las encuestas.

Pensar que los votos se pueden sumar simplemente, cual fichas o canicas, al pactar una alianza entre ideologías opuestas, es un error. La propagación de la información ya no tiene filtro ni control: en pocas horas, con un obús acertado, las redes sociales pueden dar un vuelco estrepitoso a una elección.

Las ideas y las propuestas, armas tradicionales de la contienda electoral, ahora ceden terreno a la metralla de las campañas negras y a la radiación tóxica de los escándalos políticos. Los candidatos, en adelante, tendrán que ser a prueba de balas… y de la artillería virtual de las nuevas comunicaciones.
06 Diciembre 2016 04:09:00
Callejón sin salida
Con pan y palo, Donald Trump logró retener una inversión norteamericana destinada a establecerse en Nuevo León. El pan lo recetó a través de la promesa de un jugoso paquete de incentivos fiscales; el palo, mediante la sutil amenaza de sacar a Carrier de la lista de proveedores consentidos del gobierno del Tío Sam.

Ya sea un afán por demostrar su intención de cumplir lo prometido, por asestar un golpe propagandístico temprano o por un interés genuino de proteger el empleo, con esta acción Trump encamina a su país a la boca del lobo.

No tardarán en llover noticias de empresas anunciando su decisión estratégica de trasladar sus operaciones a otro país, esperando recibir un cheque o un contrato. Cuando el Gobierno decide utilizar el dinero del pueblo para tratar de desviar el inflexible cauce del libre mercado, las consecuencias son siempre funestas.

Y ya montados en ese populismo demagogo, no nos extrañe que su próxima decisión sea la prohibición de cajeros automáticos, de bombas autodespachadoras de combustible y el uso de tractores, para obligar a bancos, gasolineras y empresas agrícolas a contratar locales, ¿o no?

Querer relanzar como manufacturero a un país que dejó de serlo hace mucho tiempo para montarse en la era de la tecnología, el internet y los servicios, es un retroceso de magnitudes imponderables.

Querer obligar a las compañías de su país a competir pagando ocho veces más en mano de obra, sacará a muchas del mercado y le pegará duro al bolsillo de los ciudadanos, quienes enfrentarán la escalada de precios. El consumo se desplomará y con él, el crecimiento económico.

La destrucción de empleos es consecuencia propia de una economía desarrollada y del intercambio comercial. No es algo negativo, pues vuelve a esta más competitiva, más eficiente y, con el tiempo, generadora de más y mejores fuentes laborales.

Si realmente Trump quiere impulsar el empleo, debe comenzar por replantear el seguro de desempleo, ese que encarece la mano de obra y mantiene legiones de holgazanes a costa de los contribuyentes.

El populismo impregnado de proteccionismo es un binomio peligroso e insostenible, generador de crisis. Un callejón sin salida.

A los mexicanos nos preocupan las acciones de Trump, pero sus gobernados debieran estar aterrados.
29 Noviembre 2016 04:06:00
La ley del mínimo esfuerzo
La del mínimo esfuerzo es una de Las Siete Leyes Espirituales del Éxito explicadas por el hindú Deepak Chopra en su texto de ese nombre. Muchos la citan para justificar su desgano y parsimonia, y refugiarse así en la comodidad que brindan la inactividad y pasividad. Víctimas de las circunstancias, muchos prefieren aceptar la mediocridad ofrecida por el destino en vez actuar.

“Es sólo a través del trabajo y el esfuerzo doloroso, por la energía sombría y el valor resuelto, que pasamos a mejores cosas”, solía decir con gran acierto Theodore Roosevelt. No sé cuántas horas invertiría en esfuerzo físico un atleta para ir a la Olimpiadas, pero apuesto que no son pocas. Cuando menos se requieren 10 mil horas de práctica en alguna actividad para hacernos expertos en ella, concluye Robert Greene es su libro Maestría.

Si nos queda alguna duda, observemos a la naturaleza: las especies sobrevivientes son aquellas que se han esforzado por adaptarse al medio y a los nuevos retos. Quien ayuda a una crisálida a abandonar su capullo o quien le facilita a un ave la ardua labor de romper su cascarón, los condena a su muerte por no haberles permitido desarrollar la fuerza suficiente para sobrevivir.

Hasta en los vegetales ocurre: las frutas que fueron cultivadas con pesticidas, al no tener que desarrollar defensas contra plagas y enfermedades por sí mismas, presentan una muy pobre generación de antioxidantes y nutrientes, necesarios en la dieta humana.

Los jóvenes problemáticos regularmente provienen de familias cuyos padres no resistieron la tentación de darles todo, sin dejar que ellos se esforzaran por conseguirlo.

Más bien, creo que Chopra sugiere que estemos dispuestos a corregir el rumbo cuando las cosas no fluyan naturalmente o cuando los obstáculos sean infranqueables, en lugar de frustrarnos y cruzarnos de brazos. ¡Eso sí que es una buena idea!

Ahora, como nunca, nuestro país demanda un esfuerzo adicional de nuestra parte. Saquemos la casta y abandonemos la comodidad en la que nos encontramos instalados. Levantémonos, esforcémonos y demos lo mejor de nosotros. Sólo así construiremos el México que todos queremos.

No nos queda de otra.
22 Noviembre 2016 04:09:00
De tripas corazón
Desde que cayó el Muro de Berlín y el comunismo dejó de ser una amenaza real, poca atención se le ha prestado a esta forma de gobierno. Los pocos bastiones socialistas se relegaron a un segundo plano. La propia condición aislacionista de este modelo contrastó durante décadas con las políticas liberales del capitalismo.

Después de muchos años de ausencia, los que lleva este siglo, pude volver finalmente a la Isla gobernada por los hermanos Castro. Quedé gratamente sorprendido. Tendemos a imaginar a esa nación como una enorme cárcel de la que todos quieren salir. Nada más alejado de la realidad.

Seguridad, empleo, pobreza y salud, son las principales preocupaciones de los ciudadanos de cualquier país, según publican las encuestas.

En el primer rubro, Cuba es uno de los países más seguros del mundo, con índices de muertes violentas de un dígito al año. Nadie consume drogas, por lo cual el narcotráfico es un concepto ajeno. Se respira un ambiente de paz y tranquilidad que envidiaría cualquier potencia europea.

Asegurar a todos los cubanos un empleo, es uno de los pilares del sistema. Los sueldos y salarios son muy similares entre sí, no importa la actividad realizada. Esto permite a cada quien trabajar más por gusto que por dinero. Nadie pasa hambre, pues el Gobierno asigna raciones alimenticias por persona, y privilegia a niños, enfermos y grupos vulnerables.

El acceso a la salud es gratuito para todos. Su esperanza de vida supera, por mucho, a la nuestra.

La falta de equipos de punta lo sustituye el trato personalizado y cálido de los doctores. Adelantos médicos y áreas de especialización distinguen a la Isla, como en el caso de la rehabilitación, homeopatía y tratamientos contra el cáncer, entre otros.

La igualdad forzada, requisito indispensable del sistema cubano, castiga el éxito, pero aun así es un pueblo feliz, educado e innovador, que hace de tripas corazón y ha sabido vencer adversidades.

Hay mucho que podemos aprenderle al pueblo cubano. La apertura, la cercanía y el relanzamiento de nuestra relación es una oportunidad que no podemos ni debemos desperdiciar.
15 Noviembre 2016 04:09:00
La locomotora capitalista
Finalmente, y contra todo pronóstico, ganó Trump. Sin duda el episodio merece muchas reflexiones. Las encuestas volvieron a fallar de cabo a rabo, víctimas de una estrategia ciudadana empeñada en ocultar cada vez más, por alguna extraña razón, sus preferencias.

Volvió a triunfar el voto inesperado y aparentemente irracional, como el “sí” al continuismo de las hostilidades contra las FARC en Colombia; ganó otra vez el sufragio globalifóbico y populista, como el que sacó a Reino Unido de la Unión Europea. Al optar por una alternativa diferente al establishment, la ciudadanía muestra que está dejando de lado su aversión natural al riesgo y al cambio.

Por quinta ocasión llega a la Casa Blanca el candidato que no conquistó la mayoría ciudadana, poniendo en evidencia el agotamiento del sistema electoral estadunidense.

¿Qué pasará ahora? Esa es la gran interrogante. Las preocupaciones van desde lo pragmático, como la cancelación de acuerdos comerciales importantes; hasta lo fantástico, como la detonación de la Tercera Guerra Mundial; pasando por lo mundano, como la construcción del multicitado muro y las deportaciones, ya existentes en demasía.

Aparte de la volatilidad temporal contagiada a los mercados, el principal riesgo es un resurgimiento de la xenofobia y el odio racial, que tanta violencia han generado en nuestro vecino del norte. De ahí en fuera no va a suceder gran cosa. Estados Unidos es un país de instituciones, no de caudillos. La fuerza inercial del aparato hace imposible virajes pronunciados sin descarrilar la locomotora capitalista.

Quizá no nos vaya a ir tan mal a los mexicanos como pensamos. Tal vez era el acicate que necesitábamos como país. Hernán Cortés quemó sus naves para evitar que sus soldados estuvieran pensando en la posibilidad de regresar. Gracias a eso, fue posible la conquista del Nuevo Mundo.

Tal vez si creemos que nuestras fronteras se cerrarán, en términos comerciales y migratorios, despertemos nuestro emprendimiento aletargado y talento subutilizado, y de una vez por todas demostremos de lo que somos capaces los mexicanos cuando nos lo proponemos.
08 Noviembre 2016 04:09:00
El Jeremías
Si no ha ido al cine a verla, hágalo antes de que salga de cartelera. No solamente por ser una comedia sumamente divertida e ingeniosa, ni por ser una película producida y dirigida por talentos con raíces coahuilenses, sino porque “El Jeremías” aborda un tema frecuentemente descuidado por la sociedad: los niños superdotados.

Jeremías es un niño-genio originario de Sonora, nacido en el seno de una familia modesta, que llegó tarde a la repartición de talentos. El gran diferencial intelectual complica la comunicación con sus padres; lo extraño de su comportamiento dificulta el hacer amigos; la posibilidad de dejarlos en ridículo, ocasiona la animadversión de sus maestros.

Incomprendido en casa, aislado y buleado en la escuela, es orillado a buscar alternativas de crecimiento, incluso a costa de su seguridad e integridad física.

El caso del protagonista no es aislado. Según estadísticas confiables, en México hay alrededor de un millón de menores en la misma situación de Jeremías. La mayor parte de ellos son ignorados o diagnosticados, erróneamente, con Trastorno por Déficit de Atención (TDA). El subsecuente tratamiento inhibe lo extraordinario de su capacidad. De los pocos que reciben impulso e incentivos, la mitad acaba por abandonar el país.

Un niño superdotado bien dirigido aportará, cuando adulto, mil veces más en términos de crecimiento económico que ciudadanos con un coeficiente intelectual promedio. ¿Se imaginan el potencial? Cada talento extinguido, cada genio sin detectar, cada superdotado inadvertido es un invento sin crear, una vacuna sin desarrollar o una solución sin encontrar.

La SEP promueve la aceleración académica como modelo de intervención educativa para impulsar al talento. El Tec de Monterrey, al igual que otras escuelas, cuenta con programas para alumnos de excelencia. Organismos como el Centro de Atención al Talento brindan direccionamiento a niños y jóvenes en estas condiciones.

Nuestros sistemas educativo y económico se encuentran en el camino de absorción de talentos. Alternativas existen, sólo se requiere un esfuerzo para detectar a los potenciales Jeremías. Y la sociedad puede aportar mucho en este sentido.
01 Noviembre 2016 04:09:00
Sana cercanía
Quienes proponen desaparecer las delegaciones federales no innovan en su empeño. Desempolvan, eso sí, una vieja idea surgida desde los orígenes mismos de la existencia de las oficinas federadas. La utilizan como ariete político, según coyuntura y circunstancia.

Son los gobiernos locales quienes, regularmente, ondean esa “bandera” federalista. ¿Sus argumentos?: duplicidad de funciones, falta de coordinación y altos gastos indirectos; ¿el objetivo?: hacerse de su presupuesto. Es un discurso muy redituable en términos político-electorales. Pero, ¿qué pasaría de concretarse?

Primero, no todas las dependencias federales tienen representaciones estatales. La Secretaría de Salud, la de Energía y el DIF nacional, por mencionar algunas, ejercen sus recursos a través de convenios estatales, igual que la SEP.

Imaginemos:

Desaparecen las oficinas locales del SAT y las entidades federativas asumen esa responsabilidad. ¿Resultado?: la promesa de eliminar el ISR sería la constante en las campañas políticas, como sucede con la Tenencia. ¿Y el Municipio cobrando el IVA con la misma puntualidad y eficiencia con que muchos cobran el predial y los derechos de agua? ¡La recaudación se iría por los suelos!

Cada gobernador dictaría arbitrariamente al INEGI la población de las ciudades en su estado con el afán de "jalar" más participaciones federales.

Además, sería inviable trazar proyectos carreteros allende las mojoneras de cada entidad, pues la SCT pasaría a ser un apéndice estatal.

Y más grave aún: el equilibrio al que obliga la coordinación de las instancias de seguridad pública se rompería al desaparecer los destacamentos policiales y las regiones militares.

Las autoridades locales, a su vez, serían juez y parte en el otorgamiento de permisos, licencias y autorizaciones ambientales, sanitarias, laborales, comerciales… ¿Consecuencia?: conflictos de interés a la orden.

La mayoría de los fondos de pensiones locales están técnicamente quebrados: ¿así administrarían el del Instituto Mexicano del Seguro Social?

Cada nivel de gobierno tiene muy claras sus responsabilidades constitucionales. Podrán fusionarse algunas delegaciones, mejorar otras, ¡claro! Pero desaparecer, no; reingeniería, sana cercanía y mejor coordinación, sí.
25 Octubre 2016 05:12:00
El Camino de las Personas Comunes
La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante: Coehlo.

Una de las rutas de peregrinaje más socorridas por la cristiandad es, sin duda, la del Camino de Santiago. El recorrido comienza en los Pirineos franceses y termina, después de cruzar el norte de la Península Ibérica, en la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias de uno de los dos apóstoles con ese nombre.

La Ruta Jacobea, como también se le conoce, es una especie de catarsis para quien la recorre. Los peregrinos, avituallados con un cayado, una mochila y una cantimplora, con una concha por emblema y sus sueños por bandera, acuden al místico sendero en busca de sí mismos.

Algunos andan el camino para encontrar sus orígenes; otros, para adivinar su destino. Algunos buscan enfrentar sus demonios; otros, aprender a vivir con ellos. Algunos más pretenden abandonar un vicio; otros, adquirir un hábito. Hay quienes acuden al Camino para alejarse y esconderse de sus problemas; otros, para prepararse y combatirlos.

Los enfoques son diversos, pero al final de cuentas todos buscan en el Camino la respuesta al “¿Por qué?”: ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi misión en la vida? Para contestar las preguntas, primero debemos encontrarnos, reconocernos y conocernos a nosotros mismos. Es el requisito indispensable para cumplir con el objetivo último de todo ser humano: trascender.

El Destino Está en tus Manos, libro que tuve el honor de presentar en la Feria Internacional del Libro en Monterrey y aportar uno de sus capítulos, es como ese Camino para sus autores: la búsqueda espiritual para encontrarse a sí mismos.

Describe Paulo Coelho esa ruta, en su libro El Peregrino, como El Camino de las Personas Comunes, como comunes son los autores del texto. Exrectores, inventores, académicos, coaches, políticos, artistas, empresarios y madres comprometidas, cada quien aportando una experiencia, una idea, una solución, con el objetivo último de trascender.

Para dejar huella, primero hay que poner los pies sobre la tierra y después andar el camino, El Camino de las Personas Comunes.
18 Octubre 2016 04:09:00
Por una sonrisa
Teletón, la fundación creada hace casi dos décadas para apoyar la rehabilitación de niños con alguna discapacidad motriz, está en crisis. Así lo ha comunicado reiteradamente su presidente, Fernando Landeros.

“Estamos pasando un momento muy difícil”, reconoce. Esta situación ha obligado el cese de más de 20% del personal operativo de los Centros de Rehabilitación Integral Teletón (CRIT) y ha dejado en el desamparo a centenares de niños sin otra forma de atenderse.

¿La causa? Una campaña de odio y desprestigio en contra de la institución, fraguada desde el anonimato de las redes sociales, la cual afirma que Teletón no es más que una estrategia para evadir impuestos y decorar la imagen de ciertas empresas, según explica Landeros.

Pero creo que el fondo es otro. Teletón, como su nombre lo indica, basa su éxito en la promoción que el evento tenga en la televisión y la influencia que despierte en el “homo videns”, en palabras de Giovanni Sartori. Interés que se desvanece progresivamente porque cada vez la gente ve menos televisión.

Contra la profecía de Sartori, el ciudadano ha dejado de ser un sujeto pasivo, que sólo recibía imágenes visuales obsequiadas por la “caja negra” y en detrimento de su capacidad de abstracción, para convertirse en ente activo, que interactúa mediante las redes sociales, gracias a la magia de internet.

¿Para qué esperar al noticiero cuando puedo acceder a cualquier fuente informativa desde la computadora? ¿Por qué esperar la programación de la cadena televisiva cuando puedo escoger la película, la serie o el programa que desee y a la hora que mejor me acomode?

Para entender lo generoso de la causa, basta preguntar al padre de alguno de los más de 27 mil niños atendidos diariamente su experiencia en el CRIT. La respuesta haría cambiar de opinión incluso a muchos cibernautas renuentes.

Teletón ha comenzado su colecta. Con creatividad e inventiva demos un uso noble a las redes sociales. No hacerlo supondrá condenar a la invalidez a cientos de niños, arrancarles la sonrisa y aniquilar su esperanza.
11 Octubre 2016 04:09:00
¡Que se jodan!
Unos recibieron la noticia con sorpresa; otros, con indignación: ¿Cómo es posible que el pueblo colombiano haya rechazado, mediante plebiscito, el acuerdo de paz del Gobierno federal con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)? ¿Son los colombianos tan masoquistas como para querer seguir viviendo en un baño de sangre?

El análisis es más complejo que eso. La política y el conflicto, ese binomio inseparable que en todos lados aparece, también se inmiscuyó en el proceso. Los egos de dos grandes y rutilantes figuras se enfrentaron en un duelo que dividió a la población en mitades.

Por un lado, el presidente Juan Manuel Santos, con un sexenio al frente del Gobierno, vio frustrado su intento de colocar la cereza del pastel a su Premio Nobel de la Paz, recientemente recibido, al perder el referendo popular por estrecho margen. Con ello, los esfuerzos por llegar a un acuerdo de paz con el mando guerrillero y terminar con medio siglo de hostilidades, cristalizados en la firma de compromisos pacifistas en La Habana, se echaron por la borda.

Por el otro, el expresidente Álvaro Uribe, predecesor de Santos, logró por medio punto porcentual que continuara la lucha a favor de la legalidad, del fortalecimiento institucional y de respeto irrestricto al estado de derecho, motivos para estar en contra de los acuerdos. Quizá es lo férreo de su convicción, o el recuerdo del asesinato de su padre perpetrado por las FARC y los atentados fallidos en su contra.

Las FARC comenzaron como grupos de autodefensa. Se nutrieron en la espesura de la selva con la filosofía comunista propia de la época, hasta prostituir sus principios y convertirse en viles narcotraficantes, secuestradores y asesinos. Se cuentan por cientos de miles sus víctimas e incuantificable el daño económico que han causado a Colombia.

¿Borrón y cuenta nueva, siempre y cuando se garantice la paz? ¿Seguir luchando para que los criminales paguen sus fechorías y se restablezca el estado de derecho? Una decisión nada fácil para los colombianos. Por lo pronto, un tímido “¡No!” en el que subyace un rotundo “¡Que se jodan!”.
04 Octubre 2016 04:09:00
El Auto Increíble
Durante mi infancia mi serie televisiva favorita era la de El Auto Increíble, allá por principios de los ochenta. “Kitt”, el protagonista de la serie, era un vehículo Trans Am provisto de inteligencia artificial, capaz de hablar, conducirse y hasta externar juicios de valor. Cuando comentaba con adultos sobre el particular, me respondían que eso era pura fantasía hollywoodense. Hoy, esa ficción es superada por la realidad.

Desde que Google lanzara su proyecto del vehículo autoconducido, se espera ver estas maravillas sin volante circulando por las calles en un par de años. Si a eso le añadimos los avances exponenciales en las tecnologías de generación de energía limpia y de administración de transporte público, pronto la estructura de la economía mundial se verá profundamente alterada.

La apuesta es que dentro de pocos años ya nadie posea vehículo propio. Quien necesite transporte lo solicitará mediante una aplicación y pagará electrónicamente por el traslado, como sucede con Uber ahora; incluso se podrá compartir la ruta, como también se hace en el presente. Los congestionamientos viales se reducirán considerablemente, y descenderán hasta en 94% los accidentes automovilísticos.

La industria automotriz, pilar económico de algunas regiones, recibirá un duro revés; la industria petrolera mermará su relevancia; la industria de seguros se vendrá a pique, y los estacionamientos deberán encontrar un uso alterno.

¿Qué nos depara esta innovación tecnológica? Un tráfico más ordenado, ágil y silencioso. Los recordatorios maternales con el claxon serán cosa del pasado. Y lo mejor: se respetará finalmente al peatón.

Se avizora toda una panacea y un caudal de oportunidades. Una ventana para emprendedores con visión, siempre y cuando le apuesten, desde hoy, a un futuro nada improbable.

La fantasía fílmica vuelta realidad en sólo décadas. “Kitt” se encuentra listo para salir de la pantalla, cambiar el modelo económico vigente y compartir con nosotros calles, autopistas y sueños. El Auto Increíble ya no lo es tanto. ¿Estamos listos?
27 Septiembre 2016 04:09:00
Limonada
Después de días aciagos para el peso mexicano, la Fed decidió finalmente dejar inalterado su tipo de interés de referencia. Los mercados reaccionaron favorablemente y nuestra moneda reconquistó algo de lo perdido, aunque no lo suficiente. La tensa calma instalada ante la posibilidad de un incremento de hasta medio punto en dichas tasas para finales de año, la incertidumbre sobre los acuerdos de la OPEP para repuntar el precio del petróleo, así como el nerviosismo en torno al debate presidencial Clinton-Trump, abonaron a ello.

El tipo de cambio no es otra cosa más que el precio de una moneda por otra. En México somos asiduos a endilgarle males mayores a la depreciación del peso; quizá por el recuerdo en el subconsciente colectivo de ese binomio inseparable crisis-devaluación, quizá porque se sea importador de insumos, de mercancía para consumo o de experiencias, a través de viajes vacacionales.

Cuando han sido por crisis, las depreciaciones son la reacción de los mercados al diferencial inflacionario, no siendo el caso actual, ya que la inflación en México ha sido inusualmente baja. En esas crisis del pasado se mantenía también un estricto control de cambios por intereses políticos, profundizando más el problema; ahora, el tipo de cambio es libre, determinado por el mercado.

Una depreciación de la moneda no es mala en sí. Preguntémosle si no a las empresas exportadoras, a los parques industriales que rentan sus naves en dólares, a los receptores de remesas o a Pemex, que exporta crudo. El riesgo principal de una depreciación es que el encarecimiento de insumos importados pueda disparar la inflación.

El optimista en todo busca una oportunidad. Una política industrial acertada, el empoderamiento de los emprendedores y una liberalización financiera pueden detonar una plataforma saludable de sustitución de importaciones. Creo que por ahí vamos.

Tenemos que aprender a convivir con la volatilidad y la incertidumbre, vienen implícitos en el acuerdo globalizador. Si el árbol nos da limones, pues ¡aprendamos a hacer limonada!
20 Septiembre 2016 04:09:23
Recortes
Aunque apenas con un día como secretario, José Antonio Meade presentó el Paquete Económico 2017 al Congreso de la Unión en tiempo y forma. La Cámara de Diputados tiene hasta el 15 de noviembre para aprobar el proyecto de Presupuesto de Egresos, pero los posicionamientos de los partidos políticos, académicos y líderes de opinión no se han hecho esperar.

Dos son las herramientas principales de un gobierno para intervenir en la economía: la política monetaria y la política fiscal.

La primera busca influir en la economía, principalmente tratando de contener la inflación mediante el control del circulante. Para ello utiliza mecanismos como el encaje legal, las operaciones de mercado abierto y el tipo de interés.

Desde su autonomía en 1994, las decisiones de política monetaria son tomadas por la Junta de Gobierno del Banco de México.

Por tal razón, para llevar a cabo su política económica y lograr sus objetivos de crecimiento y desarrollo, el Gobierno sólo puede echar mano de la política fiscal. Dentro de ella, el Paquete Económico es la herramienta por excelencia, cuyo principal instrumento se denomina Presupuesto de Egresos de la Federación.

El gasto de gobierno y la inversión pública, contenidas ambas en dicho documento, son dos de las cuatro variables que impactan en el crecimiento de una economía, además del consumo y las exportaciones netas.

Las discusiones por dinero siempre son ríspidas. Más cuando se trata de mucho y las partes involucradas tienen agendas diferentes.

Cada fracción parlamentaria quiere llevar agua para su molino y opina en consecuencia. Hay voces que se pronuncian por un recorte adicional al ya propuesto, argumentando razones de salud financiera. “Todavía hay mucho de dónde recortar”, han señalado otros.

Por supuesto que debemos tener gobiernos esbeltos, pero no tanto. Como bien señala René Villarreal en su artículo sobre “déficits gemelos” publicado la semana pasada en El Universal: “… quitar la grasa es sano, pero cortarle el brazo sería contraproducente”.

Es decir, un régimen no obeso, pero tampoco esmirriado.

Recortar por razones políticas puede resultar catastrófico para la economía nacional. La solución es gastar con mayor eficiencia, transparencia, en coordinación y con visión de futuro. No hay de otra.


13 Septiembre 2016 04:20:57
Rompiendo paradigmas
Si gana, Hillary Clinton pasará a los anales de la historia. No sólo por convertirse en la primera mujer en ostentar el cargo de Presidente de Estados Unidos, sino por empatarle el récord a Ronald Reagan como el mandatario de mayor edad en aquel país.

Durante el siglo pasado, de los mil 941 jefes de Estado registrados por Arnold Ludwig que gobernaron los países independientes en el mundo, únicamente 27 fueron mujeres. Es decir, ¡sólo 1.4%! De estas, muchas enviudaron de algún mandatario carismático y supieron capitalizar su popularidad, como Corazón Aquino en Filipinas, Violeta Barrios de Chamorro en Nicaragua, Mireya Moscoso de Arias en Panamá o María Estela Martínez de Perón en Argentina.

Hubo también mujeres que forjaron sus carreras políticas por méritos propios, dando una lucha ejemplar y consiguiendo triunfos en ambientes completamente hostiles para ellas: Margaret Thatcher en Reino Unido, María Eugenia Charles en República Dominicana y Jenny Shipley en Nueva Zelanda, entre otras. Su ejemplo encuentra eco en el nuevo siglo.

En cuanto a la edad, los 69 años que tendría la candidata demócrata al asumir el encargo estarían 14 años por encima del promedio de los 44 presidentes norteamericanos y 8 años arriba del más viejo de los presidentes del México posrevolucionario, Adolfo Ruiz Cortines, con 61 años.

La trayectoria y la capacidad de Hillary son sobresalientes, pero no podemos soslayar los antecedentes políticos de su cónyuge, que podrían restarle méritos. Hay quienes dicen que llegó a este punto por el carisma y las relaciones de su marido; otros afirman que Bill llegó a la Presidencia por la astucia y la inteligencia de su mujer. Puede ser más bien una mezcla de ambas, aunque después de leer su libro Historia Viva, me inclino por la segunda opción.

De ganar y reelegirse, Hillary estaría dejando la Presidencia a los 77 años, edad en la que muchos creen que ya no tienen nada que aportar a la sociedad. Nunca se es demasiado grande, ¿verdad?

Ya lo dijo Shakespeare: “La edad de oro está delante de nosotros, no detrás”.
30 Agosto 2016 04:09:51
¡Bienvenidos!
Al parecer, nuestros vecinos del norte empiezan a entrar en razón, y la cordura gana terreno día con día: Trump pierde intención de voto. Aunque las encuestas no han resultado últimamente ser un estimador confiable de un resultado electoral, sí podemos asignarles cierta credibilidad en la determinación de tendencias.

Sin embargo, todo puede pasar. Las sorpresas electorales son un signo inequívoco de los nuevos tiempos políticos. Así es que el triunfo de Trump, aunque cada vez más improbable, no deja de ser posible. Si este fuera el caso, he escuchado a muchos ciudadanos norteamericanos, unos en broma y otros en serio, plantear su intención de abandonar su patria.

Los millones de indocumentados, en su mayoría mexicanos, constituyen el blanco predilecto: son a quienes Trump dirigiría su furia en primera instancia. Desde los que cruzaron el río Bravo nadando o atravesaron el desierto de Arizona bajo un sol abrasador, hasta quienes se fueron becados y allá siguen, son bienvenidos de vuelta en casa. Requerimos sus manos y sus cerebros, necesitamos de mexicanos con esa voluntad y determinación en un país diferente al que debieron abandonar hace algunos años.

También sean bienvenidos todos aquellos ciudadanos estadunidenses con apellido español, rostro musulmán o color oscuro de piel, centro de discriminación, persecución e intolerancia en los regímenes fascistas. Bienvenidos los empresarios norteamericanos que han invertido en otros países o que hayan contratado inmigrantes; las amenazas de hostigamiento en su contra son creíbles.

¿Por qué venir a México? Por muchas razones. La cercanía y la infraestructura carretera ofrecen las facilidades necesarias para los traslados terrestres. Las oportunidades económicas y de negocio son enormes. La mano de obra es cada vez mejor calificada y sigue siendo barata en términos relativos. Con el tipo de cambio actual es una ganga consumir e invertir en nuestro país. La Inversión Extranjera Directa crece año con año a tasas de dos dígitos. La nación con la mayor cantidad de acuerdos comerciales formales es la nuestra, lo que nos convierte en centro estratégico para la exportación.

Nuestra gente es buena y cálida. La solidez de nuestros valores hace de nuestro país uno de los mejores lugares para crecer una familia. El clima es inmejorable, más templado y benigno que en la mayoría de las regiones de la Unión Americana. Tenemos las mejores playas del mundo y nuestra riqueza culinaria es reconocida allende fronteras.

La calidad de vida en muchas de nuestras ciudades es alta, y aunque sigue siendo un tema en la agenda, la inseguridad ha cedido terreno y vuelto a niveles manejables. Las reformas estructurales traerán como resultado una mejora en la calidad educativa y mejores condiciones de competitividad para nuestras empresas.

Triste y decepcionante postura de Trump, pues seguramente ignora que ante los retos globales un destino común nos une: la geografía, la historia y los valores.

El aislacionismo siempre ha sido la ruina de las naciones. Esperemos que las encuestas no se equivoquen.
23 Agosto 2016 04:09:26
Lección de vida
Un acaudalando empresario, preocupado por la actitud engreída y rebelde de su pequeño hijo, decidió darle una lección: llevarlo un fin de semana a una comunidad rural para que conociera en persona el rostro de la pobreza y viviera en carne propia la realidad cotidiana de muchos mexicanos.

Como todos los niños, el de esta anécdota no era malo, pero la influencia de algunos compañeros de escuela y la propia dinámica del estilo de vida ofrecido por sus padres eliminaban toda posibilidad de que el menor conociera el valor real de las cosas. Pedir siempre el platillo más caro en los restaurantes y distanciarse de sus amigos a consecuencia de su arrogancia fueron síntomas que su papá detectó muy a tiempo.

El padre conocía comunidades deprimidas en su estado por haberlas visitado como misionero en su época de adolescente. Hacía muchos años de eso, pero con suerte sabía que daría con el lugar y sería recibido por los habitantes de la comunidad con los brazos abiertos, sobre todo por los paquetes alimentarios y los juguetes para los niños que echó en la camioneta.

Ya de regreso a la ciudad, preguntó a su hijo sobre sus experiencias y aprendizaje como resultado del viaje. “He aprendido mucho en este viaje. Principalmente a hacer consciencia sobre la pobreza. Gracias papá”.

“Por primera vez pude admirar las estrellas”, continuó. “Esos astros luminosos que alumbran las noches de esas personas, mientras nosotros debemos pagar por la luz en la casa. Ellos ordeñan todos los días sus vacas y sus cabras, y el campo les obsequia las verduras que nosotros tenemos que comprar. El agua que corre por sus acequias es pura y no quema los ojos por el cloro, como la de nuestra alberca”.

Confundido, el padre a punto estaba de abrir la boca cuando el hijo prosiguió: “Nosotros tenemos bardas, candados, alarmas, ellos ni puertas necesitan. Su jardín se extiende hasta donde alcanza la vista. Y lo mejor, papá, por fin pudimos platicar y convivir en la mesa sin ser interrumpidos por una llamada o por un mensaje de tu trabajo. Y me divertí y entretuve sin necesidad del internet ni de mis videojuegos”.

Después de un largo silencio, finalmente sentenció: “Ya me di cuenta qué tan pobres somos, papá. Te prometo que te ayudaré a no gastar tanto y a fijar mejor los pies en la tierra”.

Como sociedad, hemos entrado en un permanente y constante estado de pesimismo y negatividad. Nos quejamos de todo y culpamos siempre al vecino, al adversario o, lo más fácil, al Gobierno. Nunca estamos conformes con nada y centramos nuestra atención en lo que nos falta, despreciando y subestimando lo que tenemos.

Cuando nos demos cuenta de que somos ricos, inmensamente ricos por el simple hecho de tener vida y salud, familia y amigos, entonces comenzaremos a ser realmente felices. Pero mientras ello no suceda, nuestra misión de vida no tendrá mayor sentido.

Será tanto como vivir por vivir. 0 vivir una vida, hueca, vacía.
16 Agosto 2016 04:09:17
Pueblos bicicleteros
Con frecuencia utilizamos el término “pueblo bicicletero”, provisto de una connotación peyorativa para referirnos a localidades pequeñas, pobres o alejadas de la modernidad. Recuerdo, incluso, cómo durante mi niñez me molestaba, al grado de llegar a los empujones, que amiguillos defeños se refirieran a mi querido Saltillo con ese calificativo.

Crecimos con el prurito y falso paradigma norteamericano de que el desarrollo de una comunidad se equipara a la cantidad y calidad de automotores en circulación, desacreditando en nuestro subconsciente al velocípedo como medio de transporte digno. Ya estamos pagando caro esta forma de pensar.

Las eternas horas malgastadas en el desesperante tráfico y los problemas de salud en las vías respiratorias causados por la contaminación vehicular, son solamente dos de las consecuencias primarias de haber “superado” el estatus de pueblo bicicletero.

Los países nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia) ocupan siempre las primeras posiciones en los índices e indicadores de desarrollo humano y económico que publican las fuentes oficiales. Y tienen en común, además de una cruz horizontal como emblema en sus banderas, la utilización de la bicicleta como medio de transporte habitual.

La infraestructura de las ciudades principales de esos países permite una sana convivencia entre bicicletas, peatones, transporte público y vehículos privados, cuya prioridad es valorada en ese orden.

No cabe duda de que en la península escandinava y sus alrededores sus habitantes no fueron cultivados con una idea equivocada y despectiva sobre las bicicletas, sino todo lo contrario.

Es admirable observar cómo hombres trajeados, pequeños con mochila al hombro, jóvenes deportistas y hasta madres con su crío se transportan por este medio, en abono a su salud, por respeto al medio ambiente y en solidaridad con la sociedad. Además de eliminar toxinas y liberar endorfinas, desplazarse en bicicleta los convierte en una comunidad más feliz.

Sus gobiernos, por supuesto, han trabajado para generar los incentivos correctos a fin de lograrlo.

Tal es el caso de ciclovías construidas con toda la mano y la proliferación de estacionamientos para este medio de transporte. Con el mismo motivo, esos gobiernos han tenido que aplicar políticas impopulares, como altísimos impuestos en la adquisición de automóviles, gasolinas mucho más caras que aquí, y hasta cobros exorbitantes en los parquímetros.

Cambiar una idiosincrasia centenaria y promover una nueva cultura no es fácil. Se requieren décadas de planeación y acciones consecuentes, pues sería utópico pedirle a los habitantes de Guadalupe trasladarse en bicicleta hasta sus centros laborales en Apodaca, o a los del oriente de Saltillo pedalear hasta Ramos Arizpe o Derramadero, donde se concentra la demanda laboral.

Para los trabajadores, hay servicio de transporte en muchas empresas. Aun así, los que poseen un vehículo prefieren usarlo. “Es más cómodo”, suelen justificar. Pero luego se llega al exceso de emplear el automóvil hasta para ir a la tienda de la esquina.

Es un reto nada sencillo. Mas nunca es tarde para empezar a cambiar viejos paradigmas. Porque pensándolo bien, yo sí quiero vivir en un “pueblo bicicletero”.
09 Agosto 2016 04:09:11
Queso oaxaqueño
Oaxaca, tierra convulsionada y actual rehén de la sedición, es mucho más que foco de conflictos recientes. Ha aportado a la nación desde la tradicional Guelaguetza hasta sus delicias culinarias, como los tamales y el queso (ese enredo lácteo que evoca la situación política prevaleciente en la entidad), pasando por grandes personalidades de la diplomacia, como Matías Romero; de la filosofía, como José Vasconcelos; o de la política, como Benito Juárez y Porfirio Díaz, los personajes más importantes del México de la segunda mitad del siglo 19.

Ambos, grandes patriotas que combatieron al enemigo externo con denuedo y arrojo. La historia oficial, redactada con el maniqueísmo propio de los vencedores, le ha dado al primero una corona de laurel, un lugar preponderante en el altar de la Patria, su efigie en el circulante y un Hemiciclo para honrar su memoria; al segundo, el desprecio y el destierro vergonzoso, donde aún sus restos purgan el veredicto infame del juicio sumario de la historia.

Se conocieron en su tierra, ambos de origen muy humilde. Aunque no de la misma generación, sí contemporáneos: Juárez ya gobernador cuando Díaz apenas iniciaba en la carrera de las armas y la política, después de concluir sus estudios en el seminario.

Juárez, zapoteca, abogado y hombre de letras; Díaz, mixteco, militar y hombre de Dios. Ambos apoyaron fervientemente la causa nacionalista. El primero tomando decisiones y el segundo ejecutándolas en el campo de batalla, ante las dos invasiones extranjeras que ha sufrido nuestro suelo patrio: la norteamericana y la francesa.

Paradójicamente, ya como presidentes, ambos próceres se aliaron con esas potencias: Juárez con Estados Unidos, en busca de apoyo para defender la soberanía americana de la intervención europea; Díaz, con Francia y Europa, de donde recibió su influencia, quizá para contrarrestar la voracidad norteamericana.

Dicen los historiadores no oficiales ni oficiosos que la guerra con Estados Unidos la perdimos -y con ella la mitad de lo que fuera nuestro territorio- no por la superioridad bélica del enemigo ni por la falta de destreza de nuestro ejército ni por la “siesta” de Santa Anna en San Jacinto, donde fue hecho preso. No, no fue por eso, sino por la abulia de muchos mexicanos.

Oaxaca fue de los pocos estados que no se desentendió ni miró para otro lado con indolencia. Aportó dinero e hijos, pereciendo muchos de ellos con honor. En esa participación heroica bastante tuvieron que ver nuestros adalides: Juárez, como Gobernador, y Díaz en el batallón Trujano, a donde corrió después de colgar el hábito.

Oaxaca siempre ha sido un referente nacionalista predicando con el ejemplo. Ha aportado mucho a México, sobre todo hombres de talento (algunos esperando un juicio justo de la historia). Espero pronto se resuelva el conflicto. Va un voto de confianza a mi amigo el gobernador electo Alejandro Murat, con quien comparto ideales y sueños desde hace un par de décadas, para que con sabiduría desenrede esa bola de conflictos e intereses, más enmarañado que un queso de hebra oaxaqueño.
26 Julio 2016 04:09:15
La confianza no retoña
De todos es sabido que las encuestadoras en nuestro país no pasan por su mejor momento. Los pronósticos de las contiendas electorales de los últimos años no solamente han sido imprecisos, sino, en mucho casos, completamente equivocados al confrontarlos con la realidad del día de la elección.

Todo esfuerzo por mejorar sus técnicas y procedimientos para recabar y analizar información debiera ser aplaudido, pero en México pareciera que no es así.

El INEGI, la encuestadora oficial de la Nación por excelencia, modificó su mecánica para conocer el ingreso familiar, causando una sobrerreacción del Coneval, principal consumidor de esos datos para calcular la pobreza, secundada por algunos actores políticos.

Pleito estéril y dañino para ambas partes y para México. ¡Hasta pareciera que nos ofenden las buenas noticias!

¿Qué dicen los organismos internacionales sobre la pobreza en nuestro país? En 2014, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, México tenía únicamente 3.4 millones de pobres, mientras para el Banco Mundial eran 6.8 millones.

Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico rondaban los 22.1 millones los mexicanos en pobreza, mientras la Comisión Económica para América Latina y el Caribe contabilizaba 49.4 millones. Coneval presentaba 55.3 millones.

Por su parte, el SAT declaraba que, según sus cifras recaudatorias, el ingreso promedio debería triplicar lo manifestado en la encuesta.

¿Por qué tanta diferencia? Precisamente por la forma de medir.

Las encuestas fallan principalmente por la resistencia del encuestado a proporcionar información real y a revelar sus preferencias, sobre todo cuando se le cuestiona sobre su ingreso. “¿Irá a conocer el SAT mis datos?”. “¿Me quitarán mi apoyo gubernamental si doy a conocer mis percepciones reales?”.

“¿Y si mi declaración cae en manos de la delincuencia?”. Son algunas de las preguntas que con seguridad atraviesan por la mente de los sujetos en estudio.

El cambio, avisado con toda oportunidad al Coneval, consistió en realizar un esfuerzo adicional para reducir esos vicios y obtener información más fidedigna, más actual, mediante la realización de preguntas adicionales cuando las incongruencias fueran evidentes, e incluir segundas visitas cuando no estuviera el cónyuge presente, en lugar de registrar sus percepciones en ceros como tradicionalmente se hacía.

Los programas y transferencias gubernamentales prácticamente no eran contabilizados, pues no son percibidos por los beneficiarios como ingresos, descalificando injustamente los esfuerzos del combate a la pobreza.

El problema con la medida es que, al modificar la metodología, los resultados se vuelven incomparables en el tiempo. Ese es el principal punto de la disputa entre INEGI y Coneval.

Creo que el INEGI hizo lo correcto. No es justificante hacer las cosas mal “porque así se venían haciendo”.

Ojalá pronto encuentren una solución porque nadie gana con este desencuentro. La confianza, principal activo de esos organismos, es un recurso no renovable, y ya comenzó a esfumarse.

De seguir estas diferencias, sólo habrá un gran perdedor: México.
19 Julio 2016 04:09:41
De política y aviones
Siempre he pensado que existen grandes similitudes en el arte de conducir un aeroplano y el de gobernar. Ambas son actividades apasionantes y sublimes; pero, a la vez, pueden ser riesgosas y peligrosas, convirtiéndose frecuentemente en el epicentro de noticias internacionales.

Cuatro son las fuerzas que interactúan tanto en los aviones como en los gobiernos: la potencia, la sustentación, la gravedad y el lastre. La primera, es la tracción ofrecida por el motor, ya sea de pistón o turbina, alimentado por el combustible: jala siempre hacia delante. En un gobierno equivale al empuje otorgado por la figura de sus representantes, la eficacia de sus acciones y la certeza de sus políticas públicas. En ambos casos, de ella depende la velocidad y lo lejos que se pueda llegar.

La sustentación la generan las alas y es lo que mantiene al avión en vuelo, así como el andamiaje legal y la solidez institucional son las fuerzas que sostienen un Estado: jala siempre hacia arriba. Las alas, como las instituciones, deben ser fuertes y de la envergadura apropiada. De otra forma, colapsarán y causarán una catástrofe.

La gravedad es una fuerza que afecta a todas las aeronaves por igual. Constituye el principal reto de la aerodinámica, aunque es necesaria para un final feliz de todo vuelo: jala siempre hacia abajo. Los gobiernos se ven asediados continuamente por factores y amenazas externas, y a cada cual corresponde convertirlos en oportunidades. Eso sí, entre más pesado sea un aparato, aéreo o burocrático, más complejo resultará lidiar con esta fuerza.

El lastre es la fuerza generada por la resistencia al aire y está íntimamente ligada a los materiales y a su diseño: jala siempre hacia atrás. En una administración, frena o detiene su buen desempeño, y suele estar relacionado con rasgos personales o agendas ocultas de sus representantes, así como grupos de choque o de presión con intereses particulares.

Pareciera que tanto los pilotos como los políticos, ambos comandantes al mando de sus respectivas naves, fueron maldecidos con el mismo sortilegio: por más que se esfuercen y pongan todo su empeño en hacer bien las cosas, no conseguirán llegar más pronto a su destino ni recibirán el reconocimiento de sus pasajeros; pero el más mínimo descuido de su parte puede causar tragedias insospechadas.

Las de piloto y político son profesiones incomprendidas, demandantes y, muchas veces, no valoradas en su justa dimensión. No respetan horarios ni fines de semana. Ambas requieren de preparación y experiencia para poder sortear vendavales y tormentas.

Convertir las debilidades en fortalezas y las amenazas en oportunidades es una virtud. Al final de cuentas, el piloto avezado y el estadista saben que entre más fuerte sople el viento en contra, más rápido cobrarán altura.

Y qué mejor que sean diestros y capacitados para enfrentar las turbulencias y llevar felizmente a su destino a una carga tan exigente y frágil.

¡Feliz viaje!
12 Julio 2016 04:09:04
Solidaridad empresarial
México es un país de contrastes, desequilibrios y muchas necesidades. No hay, ni habrá, presupuesto público suficiente para revertir, por sí solo, el atraso ancestral ni erradicar la pobreza que arrastramos desde épocas coloniales, por mejor intención y empeño que sus gobernantes pongan en ello.

Se requiere de mucha participación social, ciudadana y empresarial. Muchos hemos crecido en la creencia del mexicano solidario por excelencia, bondadoso de nacimiento y filántropo por convicción. Y muchos lo son, pero como país no es el caso. Según el ranking de World Giving Index, basado en información de Gallup, México ocupa el lugar 75 en donación de dinero para causas sociales, participando únicamente el 22% de su población. Como referencia, Chile ocupa el lugar 18, Paraguay el 25, Haití el 30 y Uruguay el 35.

La solución, propuesta por el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, es la creación de empresas sociales. Él mismo puso el ejemplo, instituyendo una empresa financiera para otorgar créditos blandos, con intereses mínimos, a población en pobreza y sin garantías.

Cada vez resulta más difícil conseguir dinero para la caridad. Pedir recursos para obras sociales es desgastante y no puede ser permanente. Pero si con ingenio, relaciones y buena voluntad se establece una fuente de recursos constante, o se inicia un negocio que solvente una necesidad sin más objetivo que combatir una determinada carencia y reinvertir las utilidades en consolidar el proyecto, las cosas empezarían a cambiar.

Una opción exitosa es vender la tecnología o el producto a las grandes empresas y regalarlo a quienes no pueden sufragarlo, como lo propuso el chileno Alfredo Zolezzi con sus sistemas de purificación de agua; otra, cobrar el bien o servicio a precio de mercado para quienes lo puedan pagar y utilizar la utilidad para becar a quienes no, como lo hace una clínica oftalmológica en Bangladesh, descubierta por Andrés Oppenheimer, con las cirugías de cataratas.

En México tenemos un caso de empresa social exitosa. Con 47 clínicas de prevención y 6.5 millones de usuarios, Salud Digna se ha convertido en la institución de asistencia privada de apoyo a la salud más grande de México y la tercera en cuanto a número de beneficiarios, superada nada más por el IMSS y el ISSSTE.

El modelo Salud Digna nace hace 13 años como un proyecto social por iniciativa de Grupo Viz (SuKarne), que lidera Jesús Vizcarra Calderón, hombre visionario y gran empresario con una enorme vocación social. Es autosustentable, ya que opera como una empresa, aunque no busca generar utilidades sino otorgar un servicio de calidad y con calidez accesible a toda la población.

Los empresarios deben asumir esta responsabilidad, pues son quienes saben hacer funcionar los negocios. Si cada empresa exitosa de este país siguiera el ejemplo de Chuy Vizcarra y creara una filial social para combatir alguna de las facetas de la pobreza, este país sería diferente.

Si privilegiamos la solidaridad y dejamos de lado el egoísmo, México será otro.
05 Julio 2016 04:09:23
Cuestión de pollos… y huevos
Su fundación no es una estratagema fiscal. Tampoco un escaparate para ocupar las portadas de las revistas de sociales. Realmente, cree que puede ser un factor de cambio. Por ello trabaja en serio, en mangas de camisa, por las causas sociales. Sus programas, además, no desperdician una gota de la capacidad, ingenio y experiencia que ha obtenido en los negocios.

Hablamos de Bill Gates, el hombre más rico del mundo, con una fortuna estimada por la revista Forbes en más de 80 mil millones de dólares. Un tipo más bien sencillo y agradable, cuya supremacía económica, lejos de llenarlo de arrogancia, lo compromete y motiva a buscar soluciones integrales para combatir la pobreza en el mundo.

Confieso que cuando escuché su más reciente propuesta, presentada hace algunas semanas, mi primera reacción fue de incredulidad y escepticismo. ¿Crianza de pollos como remedio para la pobreza? Mis dudas comenzaban desde la capacitación y el financiamiento del proyecto, y concluían con mecánica de aplicación de vacunas y la comercialización de las aves.

Conforme me adentré en su propuesta, mis inquietudes fueron saciadas. Basta un ingreso de 2 dólares diarios para adquirir 11 pollas y un gallo en un mes, suficientes para iniciar el proyecto. La alianza estratégica con la asociación Heifer International permitirá entregar 100 mil aves en paquetes de arranque, junto con la capacitación adecuada y las vacunas necesarias. Todo esto en la África subsahariana, lugar con altos índices de pobreza alimentaria.

Las aves encuentran por sí mismas su propia comida. Ponen huevos todos los días y en pocas semanas alcanzan su madurez física. Pueden ser vendidas, intercambiadas o utilizarse como alimento para la familia, incrementando dramáticamente su ingreso en el corto plazo. Nada de esperar todo un año, como sucede con la agricultura. “Los pollos se multiplican exponencialmente; no existe ninguna otra inversión que tenga porcentajes de retorno similares a la crianza de pollos”, nos comparte Gates.

Ser productor de huevo y pollo no es sencillo. Hace poco, avicultores mexicanos sacrificaron millones de aves por un brote de influenza aviar, desbalanceando el mercado. Las complicaciones logísticas para transportar el frágil huevo y los requerimientos de cadena de frío para manejar el pollo en canal, son más que evidentes. Sin embargo, estos riesgos y problemas desaparecen en el caso de la pequeña producción, porque es aislada y básicamente para el autoconsumo.

Además, si muchas personas en circunstancia de pobreza de un país se pusieran a criar pollos, los precios de este producto y sus derivados tenderían a bajar, generando una externalidad positiva para el resto de la población al incrementar su nivel de ingresos, vía reducción de precios de la canasta básica.

Después de todo, no es mala la idea de Gates. Incluso, puede ser aplicada en México y secundada por alguna fundación nacional.

Cuestión de voluntad, pollos… y muchos huevos. Literalmente.
28 Junio 2016 04:09:32
Relación infiel
Después de varias semanas de incertidumbre, tensa calma y un pronóstico equivocado, los británicos dieron la nota y terminaron de manera abrupta su maridaje con la Unión Europea; una relación infiel desde el comienzo, un matrimonio que nunca llegaría a consumarse del todo: el euro jamás pudo desplazar a la poderosa libra esterlina.

Las bolsas, en caída libre. A los mercados financieros los golpeó un terrible viernes negro y a nuestro peso una depreciación pronunciada de casi 7%, demasiado para una sola jornada, pero no tan grande como la que sufrió la propia moneda británica, llegando a sus niveles más bajos desde 1985. Los mercados se han vuelto tan sensibles y especulativos que cualquier pretexto es suficiente para refugiar sus posiciones en dólares y desequilibrar las relaciones cambiarias.

Nuestro billete de 20 pesos, custodiado por el rostro adusto de un Juárez aparentemente inflexible, es acechado ya de cerca por un Washington que no da tregua. Pareciera una broma macabra del destino que sea precisamente este último, uno de los artífices de la independencia norteamericana de la Corona inglesa, el que cobre venganza a la afrenta del Benemérito, quien siglo y medio atrás derrumbara las ambiciones monárquicas y expansionistas europeas en nuestro continente, con epicentro en el Cerro de las Campanas.

Reino Unido es una potencia económica, la quinta más grande del mundo. Sin embargo, su relación comercial con México es más bien simbólica, no llegando siquiera al 1% de la que tenemos con el resto del mundo. Nuestra banca no se nutre con capitales británicos y los flujos migratorios son más bien limitados. Entonces, ¿por qué tanto impacto en nuestro país?

Vivimos en un mundo globalizado y no podemos sustraernos a su dinámica. La integración internacional trae muchos beneficios para todos, pero también algunos costos, como el que hoy padecemos. El problema es el fondo de la decisión. La Comunidad Europea, aunque formaliza su relación en 1993, tiene su origen décadas atrás, después de la Segunda Guerra Mundial, como estrategia de fortalecimiento económico regional y de comunicación, unidad y relación permanente para evitar hostilidades futuras.

En términos generales, nadie gana con la salida, ni ellos mismos siquiera; de hecho, son quienes más pierden. Triunfó el nacionalismo irracional, el individualismo radical y la xenofobia chovinista, combustible puro para las ideologías de ultraderecha fascista, y caldo de cultivo para los liderazgos mesiánicos populistas. Combinación letal en un mundo al borde de la desesperación por la pobreza lacerante y la desigualdad creciente.

Ese es el verdadero peligro y los mercados lo saben. Por eso lo resienten y manifiestan su preocupación con volatilidad e inestabilidad. Hoy, más que nunca, la paz mundial está en riesgo, y hoy, más que nunca, debemos impulsar la llegada de líderes mesurados, conservadores y racionales, que busquen sumar, no restar; multiplicar, no dividir; unir, no amarrar navajas.

Todas las naciones del mundo en ascuas por el divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea. ¡Cuidado al escoger pareja, cuidado al escoger un líder!
21 Junio 2016 04:09:26
Un regalo para Trump
Con motivo de mi más reciente cumpleaños, mi hermana y mi cuñado me regalaron un “kit” con una prueba para conocer los rasgos esenciales de mi ADN. Según el instructivo, la empresa prometía generar más de 60 reportes genéticos sobre mi salud, sus riesgos, sus propensiones, sus mecanismos de prevención y, lo que llamó más poderosamente mi atención, datos sobre mis ancestros.

Decidí gustoso participar en el experimento: aprovechar los avances de la ciencia para viajar en el tiempo, conocer mis orígenes e imaginar la vida de mis antepasados. Después del enfadoso y aparentemente interminable proceso de llenar con saliva un tubo de ensayo, realizar las mezclas con soluciones contenidas en el kit y sellar las muestras, envié el paquete por correo y esperé impaciente el diagnóstico.

¡Los resultados fueron sorprendentes! Nuestra raza, fruto del mestizaje español e indígena, supondría una preponderancia de esos genes. Sin embargo, en mi caso sólo es explicado por un 46% “ibérico” y un 13% “nativo americano”. ¿Y el otro 40%?

Está muy dividido: un 4% de “África del Noroeste”, un 3% de “Asia del Este”, un 5% “Nórdico”, un 2% “Judío”, un 1% de “Europa del Este”, hasta un 20% de “Europa del Sur”, principalmente de la Península Itálica, de Grecia y de Turquía.

¿Qué quiere decir esto? Todos tenemos miles de ancestros. En mi caso, de cada 100, cuatro fueron africanos cuyos descendientes habrían sido vendidos como esclavos; tres fueron orientales y quizá les tocaría la responsabilidad de construir La Muralla China o luchar contra el invencible Gengis Khan, y cinco fueron escandinavos, tal vez vikingos, esos salvajes marineros que conquistaron los mares.

Las personas nativas de Asia del Este y de América han compartido su historia genética. Según datos históricos, nuestros ancestros comunes partieron de Europa del Este rumbo a Asia, hace decenas de miles de años. Ellos cruzarían el Estrecho de Bering hace unos 12 mil años para poblar el Continente Americano. Y si nos vamos más atrás en la historia, todos provenimos de donde mismo: de África y del mono.

Después de todo, el mundo es un lugar pequeño y todos estamos interrelacionados genéticamente más de lo que creemos. Quizá si esto se hubiese sabido antes se habrían evitado guerras y magnicidios. Con toda seguridad una prueba de ADN hecha a Hitler hubiera derrumbado de un plumazo su ideal ario y su odio judío. No extrañaría que, por su estatura y sus rasgos físicos, su composición genética registrara un alto contenido judío, africano y asiático.

No estaría nada mal que la sociedad norteamericana exigiera a sus candidatos a la presidencia una prueba de esta naturaleza. Trump se percataría así de que es más lo que une a nuestros pueblos que lo que nos separa. Sin duda, su ADN sería más común al de los mexicanos de lo que a él le gustaría.

Y el kit sería un muy apropiado presente para el candidato republicano por parte de la comunidad hispana radicada en Estados Unidos.
14 Junio 2016 04:09:00
Las 5 del 5
Ya pasó una semana de la elección del “súper domingo”. Han sido decenas las columnas, los editoriales y los artículos escritos al respecto, a lo largo y ancho del país, especulando y brindando teorías sobre el resultado electoral. He leído de todo. Desde las opiniones más estudiadas, concienzudas y plausibles, hasta las conclusiones más improbables y descabelladas. Rescato, a continuación, algunas ideas importantes con las que coincido:

1) Las estructuras ya no funcionan como antes. Las de Tamaulipas y Durango, consideradas como de las más sólidas del país, fallaron. Se nos ha olvidado que las bases partidistas están conformadas por personas de carne y hueso, que piensan y sienten, y cada día están más informadas. “Tienen la consistencia del merengue”, dice mi paisano “Catón” al describir las estructuras.

2) Las candidaturas independientes se desinflan. Aunque ganaron algunos municipios importantes, la expectativa era muy superior, como en Chihuahua; con lo cual se fortalece la tesis de que lo sucedido en Nuevo León fue un conjunto de circunstancias de improbable repetición en el futuro cercano.

3) El voto de castigo fue en contra de los gobiernos locales. No comparto la idea de, en la generalidad, un sufragio en contra del PRI o del Gobierno. Si eso hubiera sido cierto no se habría retenido ni una gubernatura ni el PRI hubiera rescatado importantes bastiones, como Oaxaca y Sinaloa. En cambio, la alternancia se observó en ocho entidades federativas.

Coincido con la teoría de Leo Zuckermann sobre “la segunda transición a la democracia en México”: en 2000 se dio la transición en el Gobierno federal, generando vacíos de poder que fueron llenados por los gobiernos locales, al grado de convertirse en verdaderos virreinatos. La reciente elección fue una cruzada en contra de la corrupción, el endeudamiento, el autoritarismo y la impunidad local. Todos los partidos perdieron; claro, al PRI le tocó más porque gobernaba más.

4) Las encuestas fallaron… ¡Otra vez! Incluso las de salida, lo que hace la situación más grave aún. Los encuestadores no se han pronunciado. Sus detractores señalan faltas que van desde la torpeza metodológica hasta el sesgo voluntario y dirigido. Yo me inclino por pensar que ellos fueron a su vez engañados por una ciudadanía que jugó con estrategia y por una estructura que mostró su rebeldía e inconformidad en las urnas, no antes.

5) La izquierda crece, pero se divide. Aunque se esperaba más de Morena, no le fue nada mal para ser un partido de reciente creación. Al PRD, por su parte, le funcionó ese extraño maridaje electorero con el PAN para ganar algunas gubernaturas y fortalecerse en esos estados.

Existen otras ideas y colofones relevantes que por cuestiones de espacio me es imposible incluir. Sólo insistiré en mencionar lo de una columna anterior: los resultados electorales (del 5 de junio) no vaticinan nada para 2018, salvo una contienda reñida. Las dinámicas electorales municipales, estatales y federales son propias y diferentes; el electorado lo sabe y vota en consecuencia.
07 Junio 2016 04:09:30
La paradoja del artista
El arte es la expresión de las culturas y el sustento de la trascendencia humana. Es alimento del alma y estímulo del espíritu. Sin embargo, a pesar de su concepción superior y su origen metafísico, no escapa a la realidad mundana de los mercados. Singular industria es la de las artes, en especial la pintura, la tercera en la numerología de Ricciotto Canudo.

En los mercados tradicionales la competencia obliga a los precios entre bienes similares, con costos de producción parecidos, a tender a ser iguales. Pero en el caso de la pintura las diferencias pueden llegar a ser estratosféricas. Cierto, algunos invierten varios meses en preparar una sola obra, como lo hacía Kandinsky, mientras otros en pocas horas de trabajo y con unos cuantos brochazos terminan un cuadro, como era el estilo de Pollock. Al fin y al cabo todo es óleo o acrílico sobre tela, ¿no?

La Ley de la Oferta y Demanda valora la escasez del bien: su precio tiende a subir infinitamente cuando su demanda es creciente y la oferta fija. Adquirir una obra de Rubens, Caravaggio o Vermeer resulta imposible porque los siglos que llevan sepultados en el cementerio han convertido su limitado legado en invaluable.

Esa es precisamente la tragedia del artista. Para que su obra adquiera valor, salvo que se desenvuelva bajo la égida de un rico mecenas (Boticelli, con Lorenzo de Medici; Miguel Ángel, con el papa Julio II, o Van Dyck, con el rey inglés Jacobo I), el autor debe dejar de existir. Los autorretratos de Rembrandt son la principal atracción en los mejores museos del mundo; irónicamente, su autor murió en la miseria.

Con sus 85 años a cuestas y ya en el ocaso de su vida, mas no de su obra, el zacatecano Rafael Coronel cotiza sus obras en varias decenas de miles de dólares, mientras jóvenes talentos deben conformarse con cheques menos abultados.

El mercado también premia a obras hechas famosas por circunstancias ajenas o indirectas, como la revalorización de las pinturas de Margaret Keane tras exhibirse la película Ojos Grandes, en 2014. Y ni qué decir del valor de las consagradas como identidad nacional: la Mona Lisa, de Da Vinci en Francia, o La Dama Dorada, de Klimt en Austria, esta última morando actualmente en Nueva York después de un largo juicio.

Obras disruptivas de artistas que a la postre crearon corrientes, en su momento no fueron valoradas en su justa dimensión. Ejemplos son las cubistas de Picasso o las impresionistas de Monet, ahora cotizadas en millones de dólares. La industria del arte es caprichosa y de los pocos mercados muy sensibles a la demanda del consumidor. Apostarle al arte puede ser una buena inversión, por más descabellado que parezca. ¿Quién iba a pensar que las latas de sopa Campbells pintadas por un tal Andy Warhol hace medio siglo se convertirían en las representantes del Arte Pop, tan cotizado en la actualidad?

Después de todo, en gustos se rompen géneros.
31 Mayo 2016 04:08:47
¿Preámbulo de 2018? ¡Para nada!
No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla. Finalmente, el próximo fin de semana se llevarán a cabo las multicitadas elecciones para renovar los poderes Ejecutivo y Legislativo locales en 12 entidades federativas.

La constante en esas campañas ha sido, desgraciadamente, la descalificación, la diatriba, la calumnia y la guerra sucia, a pesar de estar prohibidos en la ley esos ataques arteros. Ideas y propuestas sin duda también las hubo, pero fueron sepultadas por las gruesas capas de inmundicia lanzadas entre adversarios. Con ello sólo se consigue un desprestigio mayor de la política, una repulsión del electorado y una aversión en general hacia el servicio público, grave situación para un país en proceso de consolidación democrática, como el nuestro.

Es cierto, el acontecimiento no es cosa menor. Más de una tercera parte de los estados de la República Mexicana definirá su destino el próximo domingo. La lluvia de encuestas no se ha dejado esperar, presentando una conclusión incuestionable: todas las elecciones son de pronóstico reservado.

Los analistas políticos han dado rienda suelta a su imaginación con datos probados, escenarios posibles, resultados probables y combinaciones deseables. La mayoría de ellos coincide en afirmar: el desenlace electoral del domingo será el preámbulo al de 2018. Me permito disentir al respecto.

Cada elección es única e irrepetible. Candidatos no tan conocidos sacados del ostracismo han mostrado mejor desempeño proselitista sobre cartas más vistas y expuestas; figuras sanas, consolidadas y acreditadas han debido asumir el costo político del desprestigio de gobernantes anteriores, por el vínculo partidista y de filiación percibido entre ellos. Así es la política: caprichosa e impredecible.

Muchos factores alteran un resultado electoral, como la circunstancia prevaleciente y el ánimo popular. Pero el más importante de todos es el candidato. El entorno para dentro de dos años es incierto. Para la mayoría de los partidos, el nombre de quien aparecerá en la boleta con sus siglas aún es desconocido, por lo tanto conjeturar resultados con tanta anticipación en estos supuestos me parece aventurado y temerario.

Sin duda, eso sí, las próximas elecciones presidenciales serán sumamente competidas, como lo han sido las anteriores. Triunfará el candidato más identificado con el pueblo, más convincente y con más adeptos, aunque no sea necesariamente el más popular antes de iniciar la contienda. López Obrador, candidato autoimpuesto de Morena y en campaña ininterrumpida a lo largo de todo este siglo, seguirá bien posicionado en las encuestas mientras los demás partidos no definan a sus abanderados, aunque difícilmente incrementará una preferencia ya topada por una sobreexposición.

Tendrá posibilidades de triunfar el candidato que trascienda a los partidos, que sea factor de unidad, que tenga experiencia con resultados, que lleve una vida congruente, ejemplar e incuestionablemente honesta, y sobre todo, que contagie a México de optimismo, confianza y esperanza.
24 Mayo 2016 04:08:39
¿Diconsa? Magnífico, ¿no?
Soy de los que disfrutan mucho ir al “súper”, y si lo hago con la familia, mucho mejor. Recorrer los pasillos detrás de un carrito, cazando ofertas, comparando precios y ponderando calidades es, además de un relajante natural, saludable ejercicio para la economía familiar.

La economía citadina de mercado funciona con gran precisión, cual reloj suizo. La oferta de productos es enorme, las alternativas de consumo son amplísimas y las posibilidades de integración de una canasta son incontables. Y todo ello accesible a precios razonables, cortesía de la libre competencia.

Esta vorágine nos atrapa en su rutina absorbente y nos impide ver más allá de los límites urbanos. Nos induce a olvidar el campo, las comunidades rurales, los ejidos, los pequeños centros poblacionales en donde la economía de mercado no funciona y los grandes almacenes comerciales no llegan. Poca población, grandes distancias y caminos intransitables lo hacen inviable e incosteable.

Con sus más de 27 mil tiendas, Diconsa atiende a 13 millones de mexicanos asentados en miles de comunidades en esta situación. Se ha convertido en la red de abasto más importante de Latinoamérica, llegando, precisamente, a los lugares donde los mercados fallan y no despliegan sus bondades.

La principal responsabilidad de esta empresa social es ofrecer acceso a la población de las comunidades rurales a una alimentación sana, variada y suficiente. Para ello, cuenta con una oferta de cuando menos 23 productos de la canasta básica a un precio entre 20 y 30% inferior al del mercado.

Con el tiempo, algunas comunidades crecen y los caminos mejoran. Aparecen tiendas de abarrotes y supermercados donde los empresarios detectan oportunidades. La rehabilitación de caminos y la construcción de carreteras facilitan a los pobladores abastecerse en el supermercado de la ciudad más cercana, aun cuando deban pagar precios superiores a los de Diconsa.

¿Por qué? “Es una cuestión aspiracional”, me dijo su director general, Juan Manuel Valle. Recordé mi gusto por “hacer el súper”; no fueron necesarias más explicaciones para entender este punto.

Muchos pensarían que con la llegada de proveedores de abarrotes a esas comunidades la misión de Diconsa concluiría. Nada más alejado de la realidad, ya que aún debe realizar una función muy importante: regular los precios.

Cuando llega a instalarse una tienda de básicos se convierte en un monopolio porque la plaza no es redituable para dos establecimientos; difícilmente llegará otro a competir. Para esos casos ahí está, y estará siempre esta empresa social, heredera de la desaparecida Conasupo, “anclando” los precios de la canasta básica.

Sus orígenes datan desde hace casi 80 años, como estrategia federal reguladora de precios y para garantizarle un abasto popular suficiente y oportuno a las zonas rurales. Estos modestos minisúper se han diversificado. Ahora ofrecen, además, servicios de telefonía, medicamentos que no requieren receta y pago de la luz. Magnífico, ¿no?

Instituciones como Diconsa deben fortalecerse, son un orgullo nacionalista.
17 Mayo 2016 04:08:19
Tarifas de congestión
Había dejado ya de ser novedad aunque no por ello se había resuelto el problema; al contrario, su agudizamiento reciente ha llevado el tema nuevamente a los encabezados de los medios. La calidad del aire se deteriora en la Ciudad de México, y en los principales centros urbanos del país, causando estragos irreversibles en nuestro organismo, estemos o no conscientes de ello.

Aquellos otrora hermosos y diáfanos paisajes capitalinos adornados por el “Popo” y el “Izta” en la lontananza han dado paso a una capa gris, turbia y asfixiante que ensucia los edificios, ataca las mucosas y destruye los pulmones.

Las medidas tomadas por las autoridades de la Ciudad de México han sido débiles e insuficientes, aun suponiendo se respetaran cabalmente las disposiciones oficiales, cosa que, como sabemos, no sucede.

Un día de contingencia severa se aplicó el “doble no circula”, generando grandes trastornos en la sociedad. Y es que restringir la circulación del 40% del parque vehicular de la gran urbe forzosamente tiene que generar efectos secundarios. Uno de ellos fue el disparo de las tarifas de Uber, llegando a cobrar hasta mil pesos por un viaje sencillo.

La empresa fue muy criticada por eso, teniendo incluso que ofrecer devoluciones para los casos más extremos. Sin embargo, Uber funciona con base en una ecuación económica que equilibra los mercados: una alta demanda repentina por el servicio con una oferta fija de vehículos circulando aumenta automáticamente los precios.

Quien iba a salir a tomar un café con las amigas o al cine con su novia, quizá encontró muy oneroso el pago por el transporte y mejor decidió quedarse en casa, generando el efecto deseado por la medida. Aquel padre que tenía prisa para llegar al hospital para atestiguar el nacimiento de su hijo o el empresario que deseaba llegar puntual a cerrar un negocio millonario, con seguridad pagaron encantados de la vida la tarifa de Uber al circular por calles más despejadas.

Hay ciudades que han instalado taxímetros en las unidades del transporte público y con tarifas fijadas por decreto, sin importar si es de día o de noche, si hay congestionamiento o se circula con fluidez. El efecto ha sido que muchos trabajadores del volante prefieran descansar de noche en lugar de ruletear por un banderazo que no los incentiva, perdiendo muchos clientes dispuestos a pagar más con tal de no caminar de noche.

Ciudades como Londres, Estocolmo y Singapur, entre otras, han implementado con éxito “tarifas de congestión” o “peajes urbanos”, cobrando, con ayuda de la tecnología satelital, una cuota por circulación según zonas y horarios, mejorando sustancialmente la calidad del aire y la circulación vial.

Debemos permitir que los mercados realicen su función: a problemas graves, soluciones radicales. Sí, pero también se vale utilizar el ingenio y generar estímulos correctos. ¿Qué tal si en lugar de un cobro a la no circulación en horas pico o lugares de congestión se otorgan descuentos en derechos de control vehicular o en la tenencia?
10 Mayo 2016 04:09:47
Dolor de madre
El 10 de mayo es un día de fiesta para México y los mexicanos. Las muestras de cariño y reverencia hacia nuestras progenitoras son la constante; incluso, las ausentes son recordadas con nostalgia, con cariño y con esa alegría muy nuestra, que transforma a los cementerios en jardines del Edén por lo colorido y aromático de sus flores y las melodiosas notas musicales del mariachi.

Desafortunadamente, no todas las madres tendrán un día feliz. Y no me refiero a quienes atraviesan por una etapa de penuria económica; esa es temporal y siempre habrá almas caritativas que apoyen. Me refiero a las que han perdido a la razón de su maternidad. El dolor de haber sepultado a su pequeño sólo puede ser superado por haberlo perdido, en el sentido literal de la palabra.

El saber que su inocencia le abrirá las puertas del Paraíso y el tener un lugar para llorarlo y llevarle flores, hacen el suplicio más llevadero. Tarde o temprano la resignación ganará terreno. Pero cuando un niño ha desaparecido, la angustia asfixia, el dolor oprime, la herida sangra, la desesperación corroe y la incertidumbre aniquila. ¿Vivirá, sufrirá?

Hace unos días conocí a Yahaira y Miguel, un joven matrimonio saltillense que desde hace más de 6 meses vive una terrible pesadilla. Su hijo de 3 años desapareció durante un domingo otoñal mientras recolectaban piñones en un ejido vecino de la sierra de Arteaga, justo en la línea divisoria entra Coahuila y Nuevo León.

Johan Gael, niño inquieto que ahora ya debe tener 4 años de edad, jugaba dentro del vehículo, mientras a escasos metros sus padres y demás familiares se afanaban en recolectar el fruto de los pinos. Bastó una distracción de unos cuantos minutos para que el menor fuera sustraído. Un vehículo gris circulaba cerca, principal objeto de sospecha. No se ha vuelto a saber nada de éste ni del pequeño Gael.

La ambigüedad inicial sobre la jurisdicción retrasó la activación de los protocolos aplicados en estos casos; al final, se referenció a Nuevo León. La intensa búsqueda de voluntarios y fuerzas de seguridad descartó la hipótesis del extravío en el bosque. Desde entonces, Yahaira y Miguel se dedican en cuerpo y alma a tratar de encontrarlo. Han perdido su escaso patrimonio y muchos kilos, aunque no la fe ni la esperanza.

Han recibido decenas de llamadas de simpatía y apoyo, pero también de extorsión, “cortesía” de infames delincuentes a quienes el 10 de mayo seguramente no les dice nada.

Es momento de unirnos fuertemente como sociedad. Difundamos en nuestras redes sociales la foto de Johan Gael. Que viaje a todos los dispositivos móviles y se siembre en la memoria de todos los mexicanos. Es el mejor regalo que le podemos hacer a una madre desesperada.

Casos como el descrito menudean. Hay muchas Yahairas que este martes no recibirán una llamada, una carta, un abrazo, una sonrisa. Apoyémoslas para revitalizar su fe y esperanza. Hagamos algo verdaderamente inteligente con nuestros “teléfonos inteligentes”.

03 Mayo 2016 04:08:29
La magia de las redes
Uno de los escándalos más sonados en las redes sociales en los últimos días, de esos que se hacen virales y se convierten en “trending topics”, fue sin duda el de la ya afamada #Lady100Pesos. Para quienes no vieron el video, lo resumo en este espacio: una hermosa dama guanajuatense, con su mayoría de edad recién cumplida, es detenida por elementos de la Policía Municipal al conducir su vehículo después de impactarlo contra otros, en un evidente estado de ebriedad. La chica intenta inútilmente sobornar a la autoridad con un billete de 100 pesos, hasta que finalmente es sometida y subida a la patrulla.

Muchas reflexiones pueden derivarse del bochornoso episodio. No me convertiré en uno más de sus verdugos como los que la calificaron con toda clase de epítetos funestos e hicieron escarnio de su desgracia. Por supuesto que condeno su irresponsabilidad al conducir pasada de copas, pero ya pagó su falta con la detención, con multa y con creces.

Corromper (o pretender hacerlo) a una autoridad no es una falta menor. En este caso, quedó en frustrado intento por la resistencia estoica de los guardianes del orden a aceptar el billete. Quizá en ese rechazo influyó la baja denominación del óbolo ofrecido, la presencia intimidante de una cámara de video o que realmente está cambiando nuestra sociedad. Nunca lo sabremos.

La corrupción, lo he sostenido en diversos foros, es la consecuencia de otro mal mayor llamado deshonestidad. A atacar ese flagelo es hacia donde debemos dirigir nuestras energías, reforzando valores y creando incentivos sociales correctos. Una adolescente como #Lady100Pesos no es más que una víctima de algún hogar disfuncional y una sociedad en proceso de descomposición.

Sus primeras declaraciones al alcanzar nuevamente su libertad fueron de disculpa y de arrepentimiento. Realmente se percibe en su actitud la perplejidad y el bochorno que alguien siente cuando cobra conciencia de la magnitud de las consecuencias de sus actos. Sabe que nada volverá a ser igual, y no necesariamente para bien.

Y así fue durante los primeros momentos. Luego, todo comenzó a cambiar como producto de un extraño sortilegio. Los insultos groseros, los juicios sumarios, las burlas lacerantes y los “memes” ofensivos dieron paso a las muestras de solidaridad. En pocos días aumentaron en decenas de miles sus seguidores en las redes sociales, que ella desconoce como propias. Aún así, el efecto de atracción existe y sería la envidia
para cualquier político moderno.

Esa es la magia de las redes sociales. En cuestión de horas destruyen reputaciones o crean celebridades. Hago votos por que estas últimas sean lo suficientemente maduras y responsables como para convertirse en modelos dignos para la juventud y en ejemplos de lo que todos queremos como sociedad.

Una oportunidad de oro para dejar huella y para trascender aportando algo de valor a la humanidad.
26 Abril 2016 04:09:08
La paradoja del papel higiénico
Ser pobre es caro. Es la conclusión de expertos de la Ross School of Business de la Universidad de Michigan, después de realizar una investigación y publicarla en los medios con el seductivo título de “¿Por qué los pobres gastan más en papel higiénico?”.

Aunque el colofón del estudio es un axioma en sí mismo y se antojaría ociosa su comprobación, el estudio es valioso porque aborda el problema por el lado del consumo, regularmente ignorado. Sabemos que la pobreza es onerosa para la sociedad porque aniquila las posibilidades de inversión, merma las oportunidades de preparación y crecimiento individual y genera un lacerante círculo vicioso; pero poco se habla del sobreprecio pagado por quienes ganan los menores ingresos al adquirir la canasta básica.

El papel higiénico es un producto de primera necesidad. Todos los hogares lo utilizan. Sin sustitutos cercanos, se consume a un ritmo constante. No es perecedero, por lo cual es almacenable, y aunque existe en el mercado con diferentes características para hacerlo más atractivo, en esencia es un bien homogéneo. Estas son las principales razones por las que los investigadores decidieron observar el comportamiento de la adquisición de este singular producto.

El papel de baño, como la mayoría de los bienes, cuesta menos si se compra al mayoreo. Pero esto para las familias de ingresos bajos no es una alternativa factible. Primero, porque deberían adquirir una membresía de alguna de las cadenas mayoristas, erogación extra que desbalancearía su presupuesto familiar, y segundo, porque comprar
adelantadamente papel higiénico es un lujo que no se pueden permitir, pues deben hacer otros gastos inmediatos e impostergables.

Los mercados ofrecen rebajas y descuentos para incentivar las compras en ciertas épocas del año, pero la misma dinámica de consumo inmediato de las familias de menor ingreso les impide con frecuencia lograr estas oportunidades, aprovechadas por quienes sí pueden adelantar compras grandes de artículos duraderos para almacenarlos.

Por sus características ya mencionadas, el papel higiénico es un buen referente para el análisis que nos ocupa. La paradoja se extiende a otros bienes, desde la adquisición de cigarros sueltos por quienes no pueden adquirir una cajetilla completa (ya no digamos el paquete de 10 cajetillas) y terminan pagando más del doble por su vicio, hasta la compra de inmuebles: si no pueden pagar de contado deben recurrir al crédito, instrumento que les eleva mucho el costo final.

Los mercados son la mejor vía para asignar eficientemente los recursos, pero esto no implica que los resultados sean justos en términos sociales. Por eso es importante la ejecución de programas redistributivos, como los ofrecidos por Diconsa y Liconsa, que llevan abasto a las zonas marginales a precios preferenciales.

Debemos encontrar nuevas soluciones. De lo contrario, los mercados seguirán castigando a los pobres con sus fallas.
Y esto es, sencillamente, inadmisible.
19 Abril 2016 04:08:50
Una aliada diligente
La cruz, indiscutible símbolo cristiano, transmite con su sola presencia sentimientos encontrados. La bondad, el auxilio y el consuelo que las órdenes religiosas ofrecen a las almas necesitadas, por un lado; la pasión, el sacrificio y el calvario que padeció Jesús antes de entregar su espíritu al Creador, por el otro.

El rojo es un color primario. De él emanan sensaciones fuertes y enérgicas. Es un color que evoca pasiones y desborda nacionalismos, por su semejanza con la tonalidad sanguínea y por lo severo de su talante.

La fusión de la cruz y el rojo forma un ente poderoso. Un símbolo que trae a cuentas a todos los sentimientos anteriores, y algo más gracias a la sinergia de la mezcla: el resultado es superior a la suma de sus partes.

La Cruz Roja es la institución humanitaria por excelencia. Tiene presencia en la mayoría de los países del mundo y cuenta con una eficiente estructura internacional que no han podido contener las fronteras porque no discrimina razas, colores, religiones, ideologías ni preferencias sexuales.

A la Cruz Roja le debo mucho. Mi madre fue durante casi una década presidenta de su Comité de Damas en Saltillo, periodo que coincidió con la mayor parte de mi niñez. No asumió esa función de mero membrete, sino que la desempeñó con gran dedicación y esmero.

En los pasillos de la Cruz Roja pasé una parte importante de mi infancia: tardes después de la escuela, días de asueto y fines de semana. Ahí aprendí muchas cosas, desde la escrupulosa contabilidad en los aciagos meses de la colecta, hasta el servicio desinteresado y los valores
humanitarios promovidos por la institución. La convivencia en una sala de urgencias, siempre llena de pacientes, y una sala de espera repleta de impacientes y necesitados familiares, me ayudó a crecer consciente de una realidad, regularmente desapercibida para la niñez.

El enorme compromiso demostrado por los socorristas voluntarios me enseñó, desde pequeño, que hay cosas más importantes que un sueldo por las cuales trabajar y arriesgar la vida. De hecho, una avenida de agua que trajo consigo el huracán “Gilberto” se llevó a uno de ellos cuando
trataba de rescatar a una familia atrapada en un vehículo. Lo despedimos con honores, pero también con una gran tristeza. Siempre he sentido esa pérdida como propia.

La Cruz Roja cambia vidas; cuando menos la mía y la de muchas personas que conozco. No tengo la menor duda de que gran parte de la construcción de mi carácter y mi sensibilización como ser humano provienen de mis vivencias ahí. Gracias a mi madre por compartirme esa maravillosa
experiencia a mi tierna edad, y gracias a la Cruz Roja por sus enseñanzas.

Sumémonos a esta causa, participemos, aportemos. La colecta está en marcha. La Cruz Roja necesita de todos. Por modesta que sea tu contribución, cuenta, y mucho. No la dejemos sola. Es nuestra aliada más diligente en caso de una desgracia.
12 Abril 2016 04:08:31
Ventanas rotas
Para los estudiantes de la administración, tanto pública como de empresas, es obligada la referencia hacia la “Teoría de las Ventanas Rotas”; bueno, cuando menos lo fue en mis tiempos estudiantiles. Ahora, gracias a la magia de internet y las redes sociales, me he vuelto a topar con ella. No pasa da moda. Por el contrario, cada día gana más vigencia.

Hace algunas décadas, investigadores psicosociales de la Universidad de Stanford llevaron a cabo un singular experimento. Dejaron dos vehículos idénticos abandonados, uno en el Bronx de Nueva York, lugar reconocido por sus altos índices de inseguridad y pobreza; el otro, en Palo Alto, en California, barrio acomodado y caracterizado por su habitual tranquilidad.

Después de una semana se observó lo esperado: el primer vehículo había sido completamente desvalijado y vandalizado, mientras el segundo permaneció intacto. ¿Se corroboraba el viejo axioma de que pobreza genera delincuencia? Sin embargo, el experimento no terminó ahí. Los investigadores rompieron un cristal
del coche abandonado en Palo Alto y, ¡oh sorpresa!, al poco tiempo, y de manera gradual, observaron el mismo fenómeno delictivo que en el Bronx.

¡Los hallazgos del sencillo experimento son enormes! Si la pobreza no es la causa de la delincuencia, entonces ¿cuál es? Thomas Hobbes, filósofo inglés, propuso su teoría de absolutismo político partiendo del hecho de que el hombre es malvado por naturaleza, dominado por las bajas pasiones y víctima de un
irremediable egoísmo.

Estudios recientes y experimentos como el que nos ocupa demuestran que Hobbes no estaba tan equivocado. En general, los seres humanos poseen una dosis de salvajismo, irracionalidad y violencia contenida en su información genética, regularmente en forma latente, heredada de ancestros lejanísimos, quienes
requerían esos instintos para sobrevivir ante otras especies.

Cierto es que esos impulsos son imposibles de erradicar, pero también lo es que pueden mantenerse dormidos. ¿De qué depende? De que la sociedad, en su conjunto, no genere estímulos para despertarlos.

Si un vidrio se quiebra, debemos reemplazarlo inmediatamente. Si la sociedad tolera pequeñas faltas, pronto se convertirán en delitos mayores. Todas las reglas, desde las que parecen menores, como la prohibición de fumar en espacios cerrados, los límites de velocidad y los horarios de venta de alcohol, deben ser
estrictamente observadas. De otra forma, estamos dejando al criterio del ciudadano decidir qué leyes observar y cuáles no: el principio del fin de una sociedad.

La dejadez trae como consecuencia deterioro; la abulia genera destrucción. Si una persona descuida su salud pronto su cuerpo le cobrará la factura; de la misma forma, si una comunidad se desentiende de sus asuntos políticos y sociales, pronto todo se comenzará a podrir y descomponer, y tarde o temprano todos
pagaremos caro el descuido.

No azucemos nuestros instintos atávicos. Una buena forma de evitarlo es inculcar en nuestros hijos, desde pequeños, respeto a las reglas básicas de la convivencia familiar, estudiantil, vecinal, comunitaria… Reglas que los mismos adultos debemos empezar por respetar.
De lo contrario, los genes primordiales del homo sapiens siempre terminarán por imponerse.
05 Abril 2016 04:07:50
Me lo contó un pajarito
No cabe duda que en los últimos años han cambiado radicalmente las formas de hacer negocios y generar riqueza. Ahora, las ideas valen más que los activos, la creatividad se pondera más que los grados académicos y la propiedad intelectual se cotiza más que la de equipos y máquinas que se deprecian con el tiempo.

En marzo pasado, una de esas empresas que revolucionó la forma de comunicarnos, cumplió su primera década de existencia. Ha sido el medio para promover manifestaciones políticas, transmitir advertencias sobre desastres naturales, burlar la censura gubernamental en algunos países y hasta derrocar gobernantes. Comenzó como una vaga idea
de un grupo de genios cibernautas y ahora el mercado la cotiza en 15 mil millones de dólares. Así es, lo adivinó, me refiero a Twitter.

Biz Stone, uno de los fundadores de la empresa, nos comparte su experiencia como emprendedor en su libro Cosas que me Contó un Pajarito. El texto no tiene desperdicio y aspira a convertirse en un manual informal para quienes pretendan lograr el éxito empresarial. Además de recomendarlo ampliamente, me permito comentar algunas de sus
enseñanzas para triunfar:

Lo primero es no temer al riesgo. La historia de Stone está llena de fracasos previos, por un lado, y por el otro, de situaciones de confort ofrecidas al alcanzar metas mediocres. Ambos son fuertes desmotivadores para emprender nuevas aventuras y se convierten en importantes obstáculos que sólo una voluntad férrea puede vencer. “Para triunfar
espectacularmente, tienes que estar dispuesto a fracasar espectacularmente”, dice Biz.

Las oportunidades no se esperan: se buscan o se crean. Primero se confecciona un sueño, luego hay que comenzar a vivirlo. Cuando menos lo esperamos, se convertirá en realidad.

El desafío es permanente, la creatividad es un recurso renovable y su fuente debe estar siempre activa. La misma limitación de los textos en la herramienta a 140 caracteres, la característica más odiada y más amada a la vez, es en sí un reto a la creatividad y a la productividad.

Pero el factor más importante de éxito es algo que Biz llama la inversión emocional. Si no amas realmente lo que haces, si no lo sientes en la piel, si no estás dispuesto a hacer sacrificios por ello ni contagias la emoción al compartirlo, el fracaso está garantizado.

Esa inversión emocional que pusieron sus creadores en su proyecto los llevó a creer aún más en él y a no dejarse deslumbrar por la tentativa oferta que les hizo Facebook de adquirirlos por 500 millones de dólares hace algunos años. Actualmente, vale unas 30 veces eso.

En temas de emprendimiento no hay fórmulas mágicas, recetas únicas ni soluciones comunes. “El tiempo, la perseverancia y 10 años de trabajar, con el tiempo te hacen ver como una persona de éxito”, ha dicho Stone.

Pero conocer las historias y las sugerencias de los grandes nos puede ayudar a ahorrarnos errores y a contar con una guía básica.

Y Cosas que me Contó un Pajarito es una de ellas.
29 Marzo 2016 04:08:16
No hay desayuno gratis
En mi vida he visto de todo. Presencié emocionado la caída del Muro de Berlín y aterrorizado el derrumbe de las Torres Gemelas, baluartes del socialismo y el capitalismo. Fui testigo del impensable colapso financiero más grande desde la depresión del 29, al estallar la burbuja hipotecaria en Estados Unidos, contagiando viralmente al resto del mundo.

Me tocó, por primera vez en la historia de la Iglesia Católica, ver renunciar a un Papa al solio pontificio para ser sustituido, también por vez primera, por uno latinoamericano. Tuve la reciente oportunidad de disfrutar la noticia del arribo a la Casa Blanca de un mandatario de ascendencia afroamericana, y con la amplitud de miras suficiente como para visitar Cuba después de 88 años de ausencia presidencial estadunidense en la Isla.

Ni qué decir de los cambios tecnológicos. En mis cuatro décadas de vida he atestiguado la evolución exponencial de computadoras y móviles, de sistemas y aplicaciones. En la última década las redes sociales han cambiado radicalmente la forma de hacer amigos, de hacer negocios y de hacer política.

He visto a los mercados internacionales cotizar nuestro petróleo en una, dos y hasta tres cifras en dólares, y he visto a nuestro peso perder tres ceros a la derecha. Me tocó despertar un día con la terrible noticia del temblor del 85, y otro, ir a la cama triste, frustrado y desesperanzado al enterarme del magnicidio de Colosio.

Muchas cosas he vivido. Pensé, incluso, haber perdido ya toda capacidad de asombro. Pero lo que leí en los medios hace unos días me dejó perplejo, boquiabierto y con los ojos como platos. Contra toda la lógica económica, un grupo de millonarios neoyorquinos le pidió a su Gobernador ¡subirles los impuestos!

Uno de los problemas clásicos de la ciencia económica es, precisamente, que todos queremos ciudades más seguras y con mejores servicios, pero nadie está dispuesto a pagar por ello. La “paradoja del polizón”, la llamamos los economistas.

Envuelto en un manto patriótico, el grupo de empresarios (que incluye apellidos míticos como Disney y Rockefeller) solicitó al gobernante de “La Gran Manzana” no sólo un incremento impositivo al 1% más pudiente del estado, sino una tasa progresiva, justo la receta propuesta por Thomas Piketty en su best seller El Capital en el Siglo XXI para evitar la peligrosa acumulación de la riqueza.

No lo hacen por filántropos, aunque así lo manifiesten en su exposición de motivos. En economía “no hay tal cosa como un desayuno gratis”, decía el Nobel Milton Friedman. Combatir la pobreza y mejorar la infraestructura de la ciudad son causas nobles, sin duda, pero la derrama económica que se generará con esas medidas les traerá beneficios económicos a sus empresas.

Sin embargo, la propuesta no deja de ser tan inédita como ejemplar. Un país pobre es un pobre país. Dejar de lado las prácticas socorridas de evasión y elusión fiscal, de la mano con una renovación moral en los tres órdenes de Gobierno, es requisito indispensable para ingresar al virtuoso círculo del desarrollo económico.
22 Marzo 2016 04:08:34
Lo que el señor Trump ignora
El mundo ya no se divide en países, sino en zonas económicas. Las regiones exitosas son las que dejan de lado las pasiones nacionalistas y se integran en favor del bien común. La relación entre Estados Unidos y México ha venido madurando de comercial a industrial. Aun así, en lo que va del siglo el dragón asiático nos arrancó de un zarpazo más del 30% de nuestra participación en el mercado mundial, como Región América del Norte. Es el momento de fortalecer puentes, no de destruirlos. Pero eso el señor Trump no lo sabe.

Si algo nos ha enseñado la historia de la humanidad es que cuando los fundamentalismos prevalecen sobre la razón, cuando la intolerancia vence a la transigencia y cuando un pseudolíder con ínfulas mesiánicas siembra el odio xenofóbico en la población, exaltando un falso orgullo patriótico, las consecuencias han sido devastadoras: masacres estériles, exterminios inhumanos y guerras fratricidas. Pero eso el señor Trump probablemente lo ignora.

Entre los Apalaches y las Rocallosas un fértil valle abarca gran parte del territorio norteamericano. Produce una enorme cantidad de productos agropecuarios. Realizan esas actividades principalmente inmigrantes, sin cuya mano de obra el mercado laboral de nuestro vecino lanzaría por las nubes los salarios, sacaría de competencia a muchas empresas y les encarecería la canasta básica, con sus respectivas consecuencias inflacionarias y en las tasas de interés en todo el planeta. Pero eso el señor Trump quizá tampoco lo comprende.

Es cierto que la mayoría de la población estadunidense no es católica, religión latina por excelencia. Pero más del 70% profesa una religión cristiana, incluida la protestante, en las que la crucifixión y resurrección juegan un rol importante. Por lo que equipararse con Jesucristo, con la diferencia que él no necesitaría “una tonta cruz”, es una apuesta tan insolente como arriesgada. Pero eso tal vez el señor Trump lo desconoce.

Aparte de más de un millón de dólares por minuto en mercancías, México exporta a Estados Unidos talento, cultura, arte, trabajo y progreso. Los delincuentes son pocas y lamentables excepciones, y existen en todas las sociedades. La nuestra es una relación simbiótica. Pero eso al señor Trump lo tiene sin cuidado.

Es muy grave que el señor Trump ignore todo esto. Ultimadamente no es su culpa. Pero sí lo es de sus padres por malcriarlo; de sus profesores, por haberle permitido aprobar las materias de economía, historia, geografía, religión y lógica, y de quienes lo apoyan.

Y más grave aún si el señor Trump lo sabe, pero no le importa en su afán de privilegiar una aventura personal y una ambición insana a costa de infligirle un mal terrible a su país y al mundo. Pierda -y espero que así sea- o no la elección, el daño ya está hecho.

Extraer la semilla del odio xenofóbico requerirá voluntad, paciencia y, sobre todo, tiempo. Por lo pronto, urge frenar las impúdicas aspiraciones del señor Trump.

La comunidad hispana, avecindada allá, tiene la última palabra. Cuenta con todo nuestro apoyo.

15 Marzo 2016 04:08:26
Dualidad cambiaria
Contrariado, un viejo amigo de la familia acudió con quien esto escribe, buscando más la opinión del economista que el consuelo del confidente, para plantearme un trance cambiario que lo mantuvo en jaque por semanas: quería sorprender a su esposa en su aniversario matrimonial con un reloj de marca, de esos que se compran una vez en la vida por su gran valor. Visitó una joyería de renombre para hacerse de un presupuesto. Se lo tasaron en dólares.

Con esfuerzo, ahorró la cantidad indicada. En vista de la inestabilidad financiera, esperó paciente a que el dólar le diera un respiro al peso para adquirir la divisa en un centro cambiario, pues el cargo en la joyería era sustancialmente superior. Permaneció al acecho de la mejor oportunidad. Cuando la estimó conveniente, compró los dólares.

Satisfecho, se encaminó al establecimiento para liquidar su compra. Pero grande fue su sorpresa, y mayor su molestia, cuando le dijeron que no aceptaban dólares. En desagravio al comercio, le expliqué que nuestra Ley Monetaria prohíbe tajantemente dentro del territorio nacional las transacciones de esta naturaleza.

Me confesó que la causa principal de su descontento no fue tanto la pérdida económica en la que incurrió al tener que realizar este viacrucis cambiario (de pesos a dólares, de dólares a pesos, para terminar pagando el equivalente en dólares a la joyería), sino la frustración de pagar al tipo de cambio que le vino en gana al vendedor, sin tener ninguna otra alternativa.

La realidad es que no hay tal arbitrariedad. Los controles y las férreas restricciones para depositar efectivo en ambos lados de la frontera han hecho de los dólares insertos en el sistema financiero un activo diferenciado, con un valor entre un 5 y 10% superior al de los billetes y monedas. Esta es la razón por la que el dólar interbancario, tan de moda hoy en las noticias, es siempre más caro que el anunciado en las casas de cambio.

Los dólares en cuentas bancarias ya causaron contribuciones o pasaron la prueba del ácido de las autoridades de inteligencia financiera, lo que los revalúa y los cotiza con un valor superior, pues conllevan una especie de impuesto implícito incluido.

Este no es un fenómeno nuevo. Lo hemos visto en algunos países latinoamericanos cuando sus autoridades monetarias establecen controles de cambios. Y como las leyes del mercado no son abrogables, el sistema cambiario, siempre saludable, encuentra pronto su equilibrio, regularmente en un nivel muy por encima del establecido por decreto. Las consecuencias de esta dualidad cambiaria han sido terribles para esas economías.

No es el caso que nos ocupa. Las causas y los efectos son radicalmente diferentes. Aun con el incremento en el tipo de interés que hizo la Fed, las tasas siguen siendo muy bajas en Estados Unidos. Sin embargo, tener dólares en las cuentas de ahorro les da un valor superior a tenerlos debajo del colchón.

Es la mejor manera de proteger su “guardadito” en dólares, que por cierto, siguen perdiendo terreno contra el peso.
08 Marzo 2016 05:08:18
Los entretelones del Oscar
Sin duda uno de los eventos más esperados por los amantes del séptimo arte es la ceremonia de entrega de los premios Oscar. Momentos emocionantes, sentimientos encontrados y enormes sorpresas, inmersos en un adictivo ambiente de alta tensión, nos regala la noche de gala transmitida desde el Teatro Dolby a quienes la seguimos por televisión.

Esta última entrega no fue la excepción: a DiCaprio por fin le hizo justicia la Academia al otorgarle la anhelada estatuilla después de cuatro fallidas nominaciones. Lo mismo a Morricone, quien en su sexta nominación consiguió hacerse con el premio a la mejor banda sonora. Y qué decir de la explosión de orgullo nacionalista obsequiada por nuestros compatriotas Iñárritu y Lubezki al arrasar en sus respectivas especialidades.

Pero los premios Oscar tienen un problema. Una falla de origen causada por su metodología: el veredicto final no deja de ser una valoración subjetiva, realizada por los miembros de un club privado, no exentos de los sesgos, paradigmas, filias y fobias propios del ser humano.

Salvo casos extraordinarios, es difícil rebatirle un triunfo al caballo ganador de la carrera, al equipo de fútbol que metió más goles durante el partido o al golfista que dio menos golpes durante un torneo; pero siempre quedará un asomo de duda, un dejo de suspicacia o de desacuerdo con las decisiones de los jueces en el box, en los clavados o en los premios Oscar.

Woody Allen, considerado por muchos la figura cinematográfica más importante e influyente de todos los tiempos, es consciente de esta dolencia: ha sido nominado 24 veces a este galardón y nunca ha asistido a uno de esos eventos. ¿Sus argumentos? Principalmente utiliza dos: un impostergable juego de basquetbol o su imperdible noche de jazz con un grupo de amigos, en el que él toca el clarinete.

Sin duda excusas torpes para enfatizar su desprecio por la Academia, con todo y su rimbombante ritual. Woody cree firmemente que los premios no siempre estimulan la creación, sino por el contrario, la inhiben y la destruyen; y de aceptar los cuatro premios Oscar que la institución le ha entregado, afectaría la calidad de su trabajo.

“No puedo acatar el juicio de otras personas, porque si lo hago cuando dicen que merezco el premio, también tendré que aceptar cuando digan que no”, dijo Allen.

Quizá esta forma de pensar haya mantenido a Woody Allen en el ánimo del público a través de las décadas. Su reinvención permanente, su creatividad sin límites y, sobre todo, no dejarse llevar por el canto de las sirenas han sido su clave de éxito. Como dijo T. S. Eliot al rechazar el Premio Nobel de Literatura: “El Nobel es el boleto a tu propio funeral. Nadie ha hecho nada después de recibirlo”.

El problema no son los premios ni los reconocimientos. Ni el hecho de recibirlos. Es lo que hagamos con ellos y cómo afecten nuestro ego y nuestra capacidad para seguir creando… Como lo han hecho nuestros compatriotas “El Chivo” y “El Negro”. ¡Bien por ellos!.

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01 Marzo 2016 05:08:30
Señor Internacional: el mensaje
Hace unos días tuve el privilegio de acompañar al secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade, a recibir un importante y emocionante reconocimiento en el estado vecino de Texas: el de Señor Internacional. Es otorgado por la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés) y con la aprobación de las autoridades estadunidenses. Se ofrece en pareja, al binomio compuesto por una figura mexicana y otra norteamericana que se hayan distinguido por una trayectoria intachable y hayan abonado, desde sus respectivas trincheras, a fortalecer la relación binacional.

El premio no se circunscribe a un evento. Se inserta en las festividades conmemorativas del natalicio de George Washington, engalanándolas y engalanándose. El primer evento deriva de una tradición centenaria, impregnado de una alta dosis de misticismo: el abrazo internacional.

A los flancos de la guardarraya México-Estados Unidos, sobre el puente internacional que une a los dos Laredos, los contingentes de ambos bandos rinden honores a sus banderas y entonan con pasión sus respectivos himnos. Acto seguido, las comitivas caminan para encontrarse en la línea divisoria y fundirse en un afectuoso y prolongado abrazo, símbolo de la hermandad que nos debiera unir.

A Meade lo abrazó uno de los hombres más influyentes de la Unión Americana, el secretario de Seguridad Nacional, Jeh Johnson; alcaldes, legisladores, obispos y representantes empresariales hicieron lo propio. Nunca pensé ingresar a EU sin mostrar la visa ni atender el riguroso interrogatorio; pero así cruzamos, revestidos de una confianza inusual, propia de otra época, que debemos restablecer.

Después siguió el desfile. Decenas de miles de personas diseminadas a lo largo del recorrido vitorearon a los contingentes y a las autoridades, entre ellas a Meade, quien recibió cualquier cantidad de muestras de afecto desde el descapotable que lo transportaba.

Acto seguido, el Alcalde de Laredo le entregó al homenajeado mexicano las Llaves de la Ciudad. Fotos, muchas fotos; encuentros trascendentales desde con nuestro embajador hasta con legisladores, para concluir el día con la entrega de la presea, momento por demás emotivo y motivo de orgullo nacionalista, cargado de simbolismos. La contraparte homenajeada fue George P. Bush, poderoso Comisionado de la Tierra en Texas y nieto del Presidente del mismo nombre.

El acontecimiento reviste una relevancia especial por dos razones. La primera es el mensaje claro y contundente que se envía: el valioso gesto de solidaridad de un importante sector político estadunidense ante el riesgo de que un hispanofóbico, como Trump, llegue a la Casa Blanca.

La segunda razón tiene que ver con el contexto de desacreditación que prevalece de algunos políticos mexicanos en el extranjero. Unos investigados; otros, perseguidos. El hecho de reconocer a un alto funcionario de nuestro país en tierras del Tío Sam pone de manifiesto que no todos son iguales: en la política mexicana hay hombres de honor, íntegros y ejemplares.

La política es una actividad sublime. Es la oportunidad de realización personal sirviendo a los demás. Que unos cuantos la hayan denigrado y manchado no significa que todo sea así. Mientras tengamos funcionarios valiosos, eficientes y honorables, seguirá existiendo una esperanza para México.
23 Febrero 2016 05:08:36
Horas de 15 minutos
Vino el Mensajero de la Paz. El pueblo mexicano, ávido de esperanza, le dio una bienvenida apoteósica y lo abrazó con fervor. Su mensaje, meticulosamente estudiado para cada escenario, fue valiente, intenso, profundo, elocuente. Criticó, sin tapujos, al sistema económico vigente que da cobijo a la corrupción, excluye a los pueblos indígenas y sostiene una lacerante pobreza. Retó al narco de manera abierta. Le leyó la cartilla al clero, advirtiéndole del riesgo de caer en las garras del materialismo.

El Santo Padre se entregó a su gente, se dejó querer. Repartió bendiciones, abrazos, sonrisas... y hasta regaños. Nuestro pueblo, consentidor como ninguno, no escatimó medios. Soportó fríos y sufrió desvelos por escucharlo o, incluso, sólo verlo pasar. Llevó su mensaje hasta un penal, aun cuando lo recibimos con medio centenar de muertos dentro de uno de ellos y la noticia de la peor masacre penitenciaria en nuestra historia.

Para disgusto de los norteamericanos, habló alto sobre la tragedia de los migrantes; para desazón de los iconoclastas, se sentó a dialogar con la Guadalupana. Imposible abordar todos los temas, pero dados los nuevos tiempos, considero que dos asuntos relevantes quedaron en el tintero, sobre todo en esa dinámica en la que el mensajero se convierte en el mensaje.

El primero está relacionado con el celibato, imposición que va contra natura. Ya en su viaje de regreso, Francisco condenó la consecuencia más monstruosa de esta condición: la pederastia. Los apóstoles escogidos por Jesucristo eran, en su mayoría, hombres casados. Conforme pasaron los siglos, la Iglesia, a través de concilios y bulas, comenzó gradualmente a restringir el sacramento del Matrimonio entre sus integrantes por razones no tanto espirituales, sino económicas. Algunos papas, como Pelagio II en el siglo 4, ofrecieron hacer mutis con los sacerdotes casados mientras éstos no heredaran el patrimonio eclesiástico a su descendencia.

El segundo es sobre una participación más activa de las damas en la Iglesia, cuyas tradiciones y rituales no dejan de ser discriminatorios e incongruentes, propios de épocas pretéritas. La equidad de género debe ser en todos los sectores, incluido el religioso, en donde sin duda las mujeres pueden desarrollar capacidades más allá de la oración, la adoración, la filantropía y la contemplación, y desempeñar cargos superiores en la jerarquía eclesiástica.

No dudo que estas ideas ya germinen en la cabeza del jesuita. Un Papa que abandona la comodidad del solio pontificio para recorrer el mundo con sus casi ocho décadas a cuestas, que tiene ideas renovadoras y habla fuerte, no puede ser sino un reformista. No ha sido el único. Sin embargo, la Iglesia poco se ha modernizado y cada día crece el riesgo de sufrir un desmoronamiento. Aparentemente existe una rara maldición sobre ellos: o mueren muy rápido por causas sospechosas (como Juan Pablo I), o asumen la tiara papal en las postrimerías de su vida.

Ojalá Dios le conceda larga vida al papa Francisco, aún queda mucho por hacer. Aunque debemos ser realistas: las horas del Papa son de 15 minutos, no hay tiempo que perder.
16 Febrero 2016 05:09:12
Nobleza obliga
Durante la Segunda Guerra Mundial, como en otros momentos históricos, países como Alemania y Francia fueron acérrimos enemigos. Defendiendo sus ideologías y sus intereses, se enfrascaron en una conflagración despiadada que les costó grandes pérdidas, humanas y materiales. Sin embargo, después del cese de hostilidades tuvieron la madurez y la inteligencia suficientes para aliarse y formar un exitoso bloque económico: la Comunidad Europea.

Así debiera ser la política en México. En las contiendas electorales los partidos políticos presentan a sus candidatos, pero no es lo único que postulan; en esa candidatura van incluidos ideología, estatutos, visión, programa de acción y plataforma electoral consensuada para la ocasión, aditivos con los que, por cierto, no cuenta un candidato independiente.

La política es pasión; claro que lo es. Y en épocas de campaña se vale defender a capa y espada esos ideales envueltos en los colores partidarios; se vale utilizar las mejores tácticas y estrategias para vencer al adversario, que no enemigo, en las urnas; se vale promover los logros propios y señalar los desaciertos de la oposición. Se vale debatir, contrastar y hasta exagerar.

Se vale cuestionar el qué de la propuesta ajena, pero sobre todo el cómo y el porqué; se vale criticar el actuar público del candidato alterno, y se vale indagar, incluso, sus valores, desvaríos, debilidades y vicios; se vale utilizar los tiempos, se vale asestar golpes y se vale esquivarlos.

Lo que no se vale es mentir, calumniar o engañar; tampoco violar la ley, o los golpes bajos. Las perversas campañas de lodo salpican y ensucian más a quien las promueve, aunque pretenda ampararse bajo las ominosas sombras del anonimato.

Pero sobre todo, lo que no se vale es que la lucha trascienda más allá del día de la elección. El equipo ganador debe de ser magnánimo en la victoria y promover alianzas con sus oponentes en aras de lograr una mayor gobernabilidad y consensuar un proyecto de nación incluyente.

Confiemos en ello, pues al final de cuentas la gente bien nacida que participa en la política y en el servicio público por convicción y vocación genuinas tiene un mismo objetivo: dejar a sus hijos un mejor país.

Los partidos políticos son puentes entre la sociedad y el gobierno, y como tales ejercen una importante función. Lejos de pensar en derrumbarlos, debemos fortalecerlos. Si los partidos quieren sobrevivir, tienen que escuchar a la comunidad y reinventarse. Y buena parte de esa reinvención radica en la actitud conciliadora entre sus líderes y militantes: la gente quiere escuchar propuestas y soluciones integrales, no insultos ni pleitos estériles.

Ya tomará cada quien su lugar en la trinchera que más lo convenza cuando inicien los comicios; por lo pronto, la armonía entre partidos y la caballerosidad entre partidarios es indispensable para construir un mejor mañana. Nobleza obliga. La ciudadanía lo exige. La sociedad lo merece.

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09 Febrero 2016 05:08:38
Ultimátum
Los partidos están en crisis. Nada nuevo. Desde que tengo uso de razón, los escándalos de corrupción y de abuso de poder relacionados con personajes de la política, y por ende con algún partido político, han sido la regla y no la excepción. Y no solamente en México.

Cuando las elecciones son atractivas y competidas, el porcentaje de sufragios emitidos difícilmente alcanza el 60%; pero si la contienda es menos interesante para la población, como es el caso de la renovación de un congreso local, no llega ni al 40 por ciento. Más que una falta de interés democrático, el desánimo ciudadano se fundamenta en un hartazgo de la partidocracia que vive nuestro país.

La abrumadora participación en comicios donde una candidatura independiente es percibida como viable, como sucedió en Nuevo León, no es sino una exigencia social a gritos de que cambie el esquema de partidos, cimiento de nuestro sistema político.

Claro que la desaparición de los partidos no es posible ni deseable. Existen en todos los sistemas democráticos del mundo. Sin ellos, sería prácticamente inviable consensuar las reglas de acceso al poder y de gobernabilidad. La principal responsabilidad de los partidos políticos es también su mayor debilidad: su función vinculatoria entre sociedad y Gobierno.

En esta catarsis, los partidos son como una marca, cuyas siglas debieran avalar la solvencia moral y la capacidad administrativa de sus candidatos. Así como el que paga un sobreprecio por un bien de marca para poder exigir garantías, quien vota por el candidato de algún instituto político merece una fianza mínima sobre la calidad del producto ofrecido.

La carta de no antecedentes penales para aceptar un registro ya resulta insuficiente. Tampoco se vale que, argumentando cualquier cosa, los partidos se desentiendan de las atrocidades cometidas por funcionarios emanados de sus filas, ya que sus comisiones de honor y justicia sólo existen para adornar el papel. La sociedad exige ahora investigar a fondo antecedentes, preparación, intereses e intenciones de quienes pretendan representar a un partido en una contienda electoral.

Por lo demás, la propia competencia política se encargará de expulsar del mercado a quienes fallen en cumplir este cometido.

Por esto, iniciativas como la 3 de 3 liderada por el Instituto Mexicano para la Competitividad y Transparencia Mexicana, que exige a los candidatos la presentación de las declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses, deben ser bienvenidas en todos los partidos. Esquemas partidarios de rendición de cuentas y de seguimiento de compromisos de campaña, con castigos ejemplares por incumplimiento, deben ser incluidos.

Según Latinobarómetro, los mexicanos somos los más desencantados con la democracia, al grado que la mayoría preferiría cualquier otra forma de gobierno. Es un ultimátum que no podemos ignorar. Si nuestro sistema de partidos no cambia y continúa esta tendencia de decepción crónica en el subconsciente colectivo, que no nos asombre el encumbramiento de un sistema dictatorial.

Los líderes de los partidos tienen la palabra.

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@enriquemym
02 Febrero 2016 05:08:10
El mito de la genialidad
Nuestra idiosincrasia nos ha hecho creer que las grandes invenciones y creaciones sólo pueden ser obra de mentes brillantes y genios espontáneos que abandonan repentinamente el anonimato para ocupar un lugar en la historia: una iluminación repentina, inspiración mágica o un momento de ¡eureka!

Esta forma de pensar nos coloca en un dilema perverso: la resignación que responsabiliza a la naturaleza por la aparente falta de talento o la espera abúlica a que se atraviese una musa en el camino. Lamentable idea arraigada en el subconsciente colectivo, atizada por el inexorable temor a lo nuevo instalado ahí mismo.

La creación no tolera atajos ni es fruto de un momento de inspiración. Es producto de una vida consagrada al trabajo y al esfuerzo, de noches en vela, de fines de semana lejos de la familia y cerca del taller, de pestañas quemadas en los libros y no en las redes sociales, de reuniones frecuentes con colegas y no con amigos, de jornadas monótonas, intensas y absorbentes.

THomAs Alva Edison sólo pudo inventar la bombilla eléctrica después de mil intentos fallidos; los hermanos Wright lanzaron su primer vuelo exitoso después de tratar por años; Henry Ford comercializó su primer modelo de vehículo después de fracasar decenas de veces.

En las artes no es diferente: Kandinsky, uno de mis pintores favoritos, tardaba meses planeando, diseñando y ejecutando sus obras, aunque la aparente espontaneidad de sus trazos sugiera otra cosa; Mozart, a diferencia de lo que se piensa, hacía bosquejos de sus sinfonías, las revisaba y corregía constantemente. Incluso, cómicos de la talla de Charles Chaplin o Cantinflas comenzaron sus andanzas en carpas ambulantes y fueron perfeccionando su método con la práctica y el tiempo.

A pesar de que las sociedades han intentado siempre segregar y clasificar a los seres humanos por sexo, raza, origen y religión, y atribuir su capacidad intelectual a ello, se ha demostrado mediante estudios que no existe ninguna diferencia evidente, y salvo alguna discapacidad, todos los humanos tenemos exactamente las mismas posibilidades.

Entonces, ¿por qué los japoneses registran 125 patentes por cada millón de habitantes y los mexicanos menos de una? ¿Por qué alrededor de 200 personas de ascendencia judía han conquistado el Premio Nobel y únicamente 3 mexicanos han recibido el galardón? Muchas son las causas, sin duda: la pobreza, la falta de educación, el miedo al fracaso, las dificultades de acceso al crédito, nuestra cultura pasiva y principalmente, el mito de la genialidad.

Crear es un proceso natural al ser humano, inventar es una necesidad de la especie inscrita en nuestros genes; pero también es natural la aversión a lo nuevo porque implica incertidumbre, cosa que va en contra de la conservación de la especie.

çEl secreto es estar conscientes de esta dualidad en apariencia contradictoria y vencerla. Cuando realmente creamos que todos nacimos iguales, que todos somos capaces de todo y que no hay mentes brillantes sino corazones tesoneros, entonces cambiaremos la realidad de México.
26 Enero 2016 05:08:31
¿Crisis en puerta?
Sin duda la nota que sacudió a los mercados la semana pasada fue la referente a las declaraciones apocalípticas de Agustín Carstens. El gobernador del Banco de México, fuera de su habitual optimismo, utilizó adjetivos por demás fuertes, como “severa” y “violentas”, para calificar una eventual crisis y sus consecuencias.

¿Se curará en salud el Dr. Carstens después de aquel pronóstico del “catarrito” para nuestra economía en 2008 y que terminara en un complejo cuadro de neumonía por complicaciones del contagio procedente de Estados Unidos, o de plano nos encontramos en la antesala de una hecatombe financiera?

Las crisis mexicanas han tenido detonantes diversos, pero en todos los casos los factores que han vulnerado nuestra economía han sido los mismos: endeudamiento externo en niveles riesgosos, agotamiento de reservas internacionales, alta dependencia del petróleo en las finanzas públicas y sobrevaluación del tipo de cambio.

Sin embargo, el panorama actual para nuestro país es muy diferente.

Aunque la deuda es alta no representa riesgos inminentes y la proporción externa es muy menor; a pesar de que las reservas han disminuido por las intervenciones monetarias para reducir la volatilidad cambiaria, son aún muy nutridas; aunque los derechos sobre hidrocarburos siguen siendo una partida relevante, la reforma fiscal y el aumento de la base gravable han permitido despetrolizar al fisco en gran medida; y nuestra moneda, por cualquier método de medición, está ampliamente subvaluada frente al dólar, coinciden Carstens y Videgaray.

El riesgo internacional principal, en parte responsable de traer en jaque a nuestra moneda, es la fuga de capitales de los países emergentes observada en 2015 y no vista desde 1988: 735 mil millones de dólares, la mayoría prófuga de Asia. La desaceleración china, la baja del precio del petróleo y el alza de las tasas en Estados Unidos han azuzado el vuelo de las golondrinas.

La nota esperanzadora es que América Latina no corrió con la misma suerte y fue la única zona del mundo que mostró atracción de flujos extranjeros, mostrando México una participación destacada.

Como para enmendar su comentario, Carstens aclaró posteriormente que la depreciación del peso es causada por la sobrerreacción de los mercados a una percepción de un riesgo mundial mayor, y que “los participantes no han atendido a los fundamentales de la economía”. Su pronóstico es que pronto las aguas se calmarán, permitirán la evaluación de riesgos sin tanta turbulencia y el peso podrá regresar a sus niveles de equilibrio. En esto coincidió también el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray.

México tiene un casco sólido y velas firmes para sortear cualquier vendaval, no tengo duda. La mayor parte de los problemas económicos tienen su origen en la percepción, ese fantasma intangible y caprichoso que puede ser muy dañino. Por eso nuestras autoridades fiscales y monetarias deben transmitir confianza y certidumbre.

¿Crisis en puerta? Eso depende de nosotros…

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19 Enero 2016 05:08:11
Secretos
No soy asiduo a la lectura ramplona ni a los estilos superfluos de redacción. Títulos espectaculares y fantásticos, concebidos como infalible anzuelo para el lector ingenuo, rara vez llaman mi atención. No sé si sería lo místico del nombre o lo grave de la sentencia, pero fue el caso de Los Cinco Secretos que Debes de Descubrir Antes de Morir, de John Izzo, lo que me empujó a darle una oportunidad y revisar su prólogo.

Aunque ausente de rigor metodológico, la forma de recabar información y de generar una hipótesis fue suficiente para doblegar el criterio estricto del economista, así que decidí continuar con la lectura. Su primer paso fue definir una muestra de personas sabias en el ocaso de su vida.

Izzo preguntó a más de 15 mil personas sobre nombres de adultos sabios. Obtuvo mil referencias y finalmente una lista, ya depurada, de 235. Se abocó a entrevistarlos, dedicando preciosas horas a la charla, para escucharlos responder a la pregunta de “¿Qué debemos descubrir de la vida antes de morir?”.

Cinco fueron los “secretos” finalmente obtenidos, después de cribar una y otra vez el contenido de las entrevistas.

“Vivir con intención” es el primero. Tener sentido, rumbo, dirección y destino, así como seguir a nuestro corazón y ser honestos con nosotros mismos. Vivir nuestra propia vida y no la de alguien más, haciendo las cosas que son importantes para nosotros. Nuestra conciencia es la mejor brújula para guiarnos.

El mayor temor de los entrevistados no es a la muerte, a pesar de estar tan cerca de ella. Es al “si hubiera”. Por eso, el segundo secreto se sintetiza en “vivir sin arrepentimientos”. Nadie se arrepiente de haber tomado riesgos aun con desenlaces funestos, porque hasta de eso se aprende, ni de haber pedido perdón ni de haber saneado relaciones.

El tercer secreto consiste en “volverse amor”, no entendido el término en su acepción romántica, sino pragmática: no es una emoción, sino una actitud. Elegir respetar a los demás y respetarnos a nosotros mismos, y actuar siempre con valores y como nos gustaría que los demás actuaran con nosotros, es la fórmula del amor y la felicidad.

“Vivir el momento”, el cuarto secreto, significa estar presente en cada instante de nuestra vida, por más simple que parezca, sin juzgarnos, sin preocupaciones y sin aburrimientos. Cada día de nuestra vida debe ser visto como una vida independiente: no es el camino a nuestro destino, es el destino en sí.

El último secreto, “dar más que recibir”, es una máxima propagada por la gente que vive a plenitud. Al final de la vida no nos llevaremos nada de este mundo, en cambio, sí podemos dejar mucho en él.

Dos verdades en la vida de todo ser humano: tenemos una cantidad limitada e indefinida de tiempo, y una cantidad limitada de opciones de cómo usarlo. Nadie tenemos la vida comprada, así que más vale que comencemos a palomear la lista de Izzo lo antes posible.
12 Enero 2016 05:08:47
La hipoteca social
Conocí a David Noel Ramírez Padilla, aunque él no a mí, cuando era rector de la zona norte del Tecnológico de Monterrey y yo estudiante de esa institución. Siempre me causó una positiva impresión por sus dotes académicas y de liderazgo. Unos lustros después tuve la oportunidad de conocerlo mejor, cuando comenzamos a trabajar juntos desarrollando proyectos económicos y sociales propios de mis funciones desempeñadas en esas áreas como delegado federal en Nuevo León.

La sorpresa más reciente me la dio ahora como rector del ITESM, al obsequiarme un libro de su autoría. Hipoteca Social, como se titula, es un manual práctico para combatir la pobreza, la desigualdad y la inseguridad en nuestro país con un sólido sustento académico e ideológico.

Una hipoteca, nos explica Ramírez Padilla, es el derecho sobre un bien para garantizar el cumplimiento de una obligación. Hipoteca social, término acuñado por el papa Juan Pablo II durante la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla en 1979, es la deuda que tienen con la sociedad quienes han sido beneficiados con diferentes carismas y dones, lo que facilita la construcción de un patrimonio.

Esta idea no es nueva. Ya el compendio legal más antiguo del que se tiene registro, el Código de Hammurabi, hacía referencia a “la importancia de la acción social a favor de los necesitados”; la Torá hebrea y el Antiguo Testamento en general, mencionan la solidaridad y caridad en repetidas ocasiones; en la antigua Grecia, la ayuda social no se percibía como una obligación exclusiva del Estado sino de toda la sociedad, mientras que en Roma, el Estado asumió esa responsabilidad.

Las guerras más atroces y las revoluciones más sangrientas que ha padecido la humanidad, como lo demuestra Piketty en El Capital en el Siglo XXI, se han originado por olvidar el pago de la hipoteca social. Las guerras mundiales estallaron en el punto máximo de la acumulación de capital y de desigualdad social en Europa, convirtiéndose en catalizadores de inflexión que revirtieron la tendencia. Lo mismo sucedió con revoluciones como la francesa y la mexicana.

El pago de la hipoteca social nos compete a todos los actores sociales, políticos y económicos de una sociedad; no se trata de expedir un cheque, sino de cambiar nuestra actitud y nuestra forma de vida; no es dar una limosna, sino entregarnos nosotros mismos, involucrándonos realmente en los proyectos sociales de nuestra comunidad. Es vencer la abulia, el individualismo, el materialismo, el hedonismo y el egoísmo.

Si no comenzamos a cubrir nuestra hipoteca social estaremos condenando a un amplio sector de nuestra sociedad a permanecer en la más lacerante pobreza, y al hacerlo, estaremos sentenciando a nuestro país a una inseguridad permanente, a una desigualdad constante y a un atraso eterno.

Afortunadamente, ya hay mexicanos conscientes que, como David Noel, comenzaron a pagar puntualmente su hipoteca social.

¿Te sumas?
06 Enero 2016 05:00:41
Lotería de Ovarios
Cuando un grupo de estudiantes le preguntó a Warren Buffett con base en qué se formaba su ideario político y cómo sería para él el mundo ideal en el que desearía vivir, el destacado inversionista y tercer hombre más rico del mundo obsequió a la concurrencia un experimento fetal, al que llamó Lotería de Ovarios.

Pidió a los presentes situarse en el momento previo a su concepción e imaginar a un genio ofreciéndoles la posibilidad de establecer las reglas del sistema político y la estructura económica del mundo en el que estarían por nacer, aunque primero deberían meter la mano a una enorme urna y sacar una ficha, representando cada una de éstas un ovario fértil sobre la tierra y con idénticas posibilidades de ser insaculado. ¿Cómo idearían el mundo y sus reglas?

La siguiente alma por nacer tendría un 60% de probabilidades de sacar ficha asiática, 15% africana, 14% americana y 11% europea; 33% de nacer en una familia cristiana, 22% en familia musulmana, 14% hinduista, 7% budista, 12% otra religión y 12% sin religión; todo esto, según los datos recopilados por la fundación 100people.org y el Banco Mundial.

La probabilidad más alta sería nacer en el seno de una familia que hable chino, con 12%; le siguen el castellano y el inglés (5% cada uno), y 78% nacería hablando alguna de las otras decenas de lenguas o dialectos dispersos sobre el planeta.

Hasta aquí las diferencias son superfluas y externas, y no van más allá del color de la piel, el credo religioso o el idioma. Sin duda el miedo se apoderaría del ser que está por meter la mano a la tómbola cuando se le explique que tiene 17% de probabilidades de nacer en una familia que no sabe leer ni escribir, 23% de no tener electricidad ni refugio, 78% de no poseer o compartir una computadora y 13% de no contar con acceso a agua potable.

El bebé por ser fecundado tendrá 15% de probabilidades de crecer desnutrido, 21% con sobrepeso, 1% de morir de hambre, 15% de tener alguna discapacidad durante su vida, y únicamente un 7% de recibir educación universitaria. Adicionalmente, recibirá con toda seguridad una alta cantidad de odio racial, indistintamente su etnia, por el simple hecho de respirar.

La propuesta de Buffett no es nueva. Jonh Rawls, entre otros filósofos, ya había propuesto mucho antes, en su Teoría de la Justicia, la forma ideal, aunque utópica, para quienes establecen las reglas del juego político, económico y social: en la posición original, los fundadores de la sociedad deberían de hacerlo cubiertos por un “velo de la ignorancia” que les impidiera conocer el lugar que ocuparían en el nuevo engranaje social.

Si todos, pero principalmente quienes idean e implementan las políticas públicas, hiciéramos más seguido estas reflexiones, indudablemente el planeta tendría otro rostro. No habría necesidad de apostar el presente y futuro de nuestra civilización a ninguna lotería y todos los ovarios serían un lugar digno para nacer.

¿Cierto?


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29 Diciembre 2015 05:07:19
Libros: top ten 2015
Decía Ralph Waldo Emerson que en muchas ocasiones “la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida”. De ese tamaño es la relevancia de una buena lectura. Por esa razón, y como en años anteriores, me permitiré compartir los 10 libros que más me impactaron durante este año que agoniza.

La Genealogía de la Soberbia Intelectual, escrito por Enrique Serna y que llegara a mis manos por la gentileza de Rubén Olvera Marines, sin duda es la obra máxima de su autor y un análisis profundo sobre la relación entre el poder y las élites culturales, ensoberbecidas por el lugar que la historia les ha asignado. Ocupa ahora un lugar preponderante en mi cabecera.

En Crear o Morir, Andrés Oppenheimer nos ofrece otro atinado tratado sobre las oportunidades de emprendimiento en Latinoamérica. De manera por demás pragmática y con ejemplos tangibles de casos de éxito en otras latitudes del mundo, Oppenheimer nos lanza el reto: crear o morir.

La Ventaja de la Confianza, de David Horsager, lo adquirí gracias a una imprevista y prolongada permanencia en el aeropuerto de Dallas, Texas. Obra útil para quienes creen que para triunfar en los negocios y en la vida se debe ser incrédulo y desconfiado.

¿Por qué Fracasan los Países?, de Acemoglu y Robinson, libro obsequiado por el empresario Alfonso Romo, encuentra las razones del tercermundismo, haciendo especial énfasis en el caso mexicano. Lectura obligatoria para políticos y académicos sociales.

Thomas Piketty sacudió la ortodoxia económica mundial con su Capital en el Siglo XXI, trayendo a la palestra temas tabú para el capitalismo, como el daño causado por la acumulación desproporcionada de la riqueza y sus posibles soluciones.

En Hombres Buenos, Arturo Pérez-Reverte nos transporta a una divertida y absorbente aventura, dentro del contexto histórico en el que miembros de la Real Academia adquieren y transportan la Enciclopedia Francesa a España. No apta para cardiacos.

Hay mitos dañinos y paradigmas erróneos que nos anclan al subdesarrollo y al atraso. Juan Miguel Zunzunegui nos dice cuáles en La Tiranía de las Ideas.

Szuchman y Anderson, en su libro El Negocio del Matrimonio, proponen soluciones desde la lógica económica para negociaciones de pareja. Sin duda, texto de gran ayuda para fortalecer los lazos familiares.

El controvertido Jorge Castañeda me dejó gratamente sorprendido con su interesante autobiografía narrada con delicia en Amarres Perros.

Muy atinado obsequio me hizo Héctor Faya con Monterrey en la Historia y en la Leyenda, escrito por mi paisano Vito Alessio Robles en 1936. Elocuente ensayo sobre el origen y destino del Noreste de México.

Regalar un libro, además de obsequio, es un delicado elogio. Gracias a todos aquellos de quienes he recibido un reconfortante cumplido a través de un texto.

Dicen por ahí que de nuestras lecturas y amistades dependerá la persona que seremos en 20 años. Así que a frecuentar sanas amistades y a alimentar el intelecto.

¡Feliz 2016!
22 Diciembre 2015 05:08:34
Póker abierto
La nota económica de la semana pasada la dio el incremento, en un cuarto de punto, de la tasa de interés en Estados Unidos; y no es para menos. El ajuste de la Fed es un punto de inflexión: concluye un ciclo en la política monetaria mundial, que inició hace casi una década, e inicia uno nuevo.

Mucho ya se ha comentado sobre el tema: causas y orígenes, ganadores y perdedores, riesgos y consecuencias. Las razones pertenecen al pasado, por lo que son fáciles de encontrar. El saldo de beneficiados y perjudicados corresponde al presente, por lo que con un poco de análisis e investigación se puede determinar con sencillez. En cambio, los efectos y amenazas se inscriben en el incierto espectro del futuro; de ahí la diversidad de opiniones.

Prolongados meses de especulación sobre un lance largamente anunciado trajeron a los mercados internacionales de cabeza, azuzando la maligna volatilidad y alimentando la Hidra de las economías del orbe: la incertidumbre.

Al final del día, el anuncio que podría haber abierto la “caja de Pandora” sobre nuestra economía fue más que bien recibido por los agentes económicos. Ni volaron los capitales ni se depreció abruptamente el peso, sino todo lo contrario. La larga espera permitió que los efectos fueran descontados, previa y gradualmente, de tal suerte que la reacción positiva de los mercados fue más bien la celebración del fin de la incertidumbre.

Más tardó la Fed en anunciar la medida que otros bancos centrales, como el nuestro, en emularla. La medida tuvo tiempo suficiente para madurarse, internalizarse y consensuarse, por lo que su implementación ya estaba más que preparada. Una cosa debemos reconocer a las autoridades monetarias de nuestro vecino del norte: siempre jugaron sus cartas abiertas. La reacción inmediata de Banxico fue la esperada y compensó la ventaja norteamericana en pocas horas.

Con un incremento en el interés ganan los ahorradores y pierden los deudores, sobre todo quienes fijaron sus compromisos a tasa variable. También se castiga la inversión, pues la demanda por crédito se reduce. Los banqueros mexicanos han dicho que esto no pasará. El acicate de la competencia generado por la reforma financiera permitirá que disfrutemos de los beneficios de tasas mayores sin pagar sus costos; sólo se reducirá el “spread” entre tasas.

La agenda oculta, el engaño y el albazo no siempre son la mejor estrategia para conducir las negociaciones económicas ni ejecutar las decisiones de política monetaria, y menos en un mundo tan interconectado en el que compartimos suerte y destino.
Muchos retos se vislumbran, desde tasas de descuento superiores hasta una moneda depreciada, en un contexto de precios petroleros complicado. Algo de certidumbre ayuda, mas no resuelve. Las cartas están repartidas. No tenemos mala mano, que ganemos la partida dependerá de nuestra habilidad para jugar el juego.

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15 Diciembre 2015 05:08:31
El tesoro perdido
“¡Gran noticia!: ¡Encontramos el Galeón San José!”. Con ese tuit, el Presidente de Colombia agitó las aguas internacionales de la avaricia y revivió el espíritu aventurero de quienes acarician la ilusión de encontrar un tesoro perdido para alcanzar sus sueños, al estilo de Edmundo Dantés en El Conde de Montecristo.

Se dice que las riquezas contenidas en ese barco, hundido a cañonazos en aguas colombianas tres siglos atrás por un buque inglés, son “el mayor tesoro de la humanidad”. Nadie puede dar un número exacto. Los más optimistas sitúan su valor por encima de los 15 mil millones de dólares, equivalentes a casi una cuarta parte del presupuesto colombiano anual.

¿Son hallazgos como éste realmente bendiciones para una nación? ¿Qué le pasará a la economía colombiana una vez que las monedas sean rescatadas del fondo del mar? Suponiendo, sin conceder, que el Gobierno colombiano logre su cometido, ya que otros países y empresas han reclamado también su propiedad, pueden preverse varios escenarios.

Si el tesoro se destinase íntegramente a ser exhibido en un museo, la economía no se alteraría en absoluto. El metal y las piedras preciosas sólo se mueven de lugar: del fondo del océano a una vitrina.

Pero si los doblones se utilizaran como moneda de curso legal, se incrementaría la masa monetaria sin sustento en la productividad ni en la producción, disparándose inexorablemente la inflación. Afortunadamente, esta posibilidad es cercana a cero.

Para que dicha riqueza pueda utilizarse, debe convertirse a pesos colombianos mediante su venta. Ya con el dinero en sus arcas, el Gobierno podría utilizarlo para apuntalar objetivos de política económica y social. La efectividad del uso de los recursos dependerá de la eficiencia y la transparencia en la ejecución del gasto, pero sobre todo, de quién compre el botín.

Si los adquirentes fueran connacionales, el impacto en el PIB sería nulo. Me explico: Los recursos de la iniciativa privada para sufragar la compra del tesoro que hubiesen sido destinados a la inversión o al consumo mediante el reparto de utilidades, pasarían a la hacienda pública como si de un incremento en la recaudación fiscal se tratara, con todas las distorsiones económicas que esto genera.

En cambio, si los compradores fuesen extranjeros, el flujo de recursos se asemejaría a un ingreso por venta de crudo como consecuencia del descubrimiento repentino de ricos yacimientos en aguas someras. Sería ésta la única alternativa que impactaría positivamente en el crecimiento económico de Colombia.

Más allá del misticismo que envuelve al caso, desenterrar tesoros millonarios no resuelve problemas, ni genera cadenas de valor ni favorece a la productividad; al contrario, puede anclarnos al subdesarrollo como les ha pasado a las naciones que han basado su estrategia de crecimiento en la explotación de materias primas.

Moraleja: Dejémonos de utopías y sueños guajiros. No hay mejor tesoro que la educación y el trabajo.
08 Diciembre 2015 05:08:22
La profecía (cumplida) de Keynes
“La mitad de las plazas laborales en Japón será ocupada por robots en 2030”, sentenció lapidariamente el Nomura Research Institute la semana pasada, y rápido se convirtió en una de las notas de mayor divulgación a través de las redes sociales. Preocupación y admiración, dicotomía encontrada de sentimientos que da rienda suelta a la imaginación, a las posibilidades y a la vorágine colectiva.

Y es que los avances tecnológicos se transfieren cada vez con mayor rapidez a través de las invisibles redes de este mundo globalizado. El eventual triunfo de la inteligencia artificial nipona sobre su mano de obra humana permeará, tarde o temprano, al resto de las economías, incluida la nuestra.

Nadie, mucho menos los economistas, puede argumentar desconocimiento ni mostrar sorpresa. Hace 85 años, Keynes, el economista más influyente del siglo pasado, en su ensayo titulado Posibilidades Económicas para Nuestros Nietos, hacía ya referencia a la enigmática fecha: profetizaba que la humanidad podría satisfacer sus necesidades básicas en 2030 y que “nuestro real y permanente problema sería cómo utilizar nuestra libertad de preocupaciones materiales y cómo ocupar nuestras horas de ocio”.

Hay quienes permanecen escépticos. No han sido pocas las predicciones alarmantes vertidas en el subconsciente colectivo a lo largo del tiempo que han errado atronadoramente, como la maldición maltusiana de hace dos siglos: en el futuro cercano no habrá suficiente alimento para la humanidad, pues la producción del campo crece aritméticamente mientras la población lo hace de manera exponencial.

Thomas Malthus, economista inglés y promotor de dicha teoría, eliminó toda posibilidad de alteración de las circunstancias del momento. Los cambios en preferencias, modas y educación quedaron fuera de su modelo, así como lo más importante, el progreso tecnológico. Este último, es precisamente la piedra angular utilizada por Keynes y la academia japonesa para llegar a tan controversial presagio.

La sustitución de fuerza laboral por computadoras no es novedad. Quien retira dinero de su cuenta bancaria, rellena su garrafón de agua purificada o compra un boleto de avión por internet, no interactúa con ser humano alguno. En nuestro vecino del norte la gama de actividades se extiende mucho más y las máquinas sustituyen a despachadores de gasolina, operarios en las fábricas y cajeros en los supermercados, por mencionar algunos.

No debemos temer al avance tecnológico ni oponernos a él; al final de cuentas, es una ola imposible de contener. Que la inteligencia artificial realice la mitad de las actividades laborales no necesariamente significa un riesgo al empleo. Al contrario, dejemos a los robots las actividades más monótonas y aburridas, y a los seres humanos las tareas creativas, culturales, y sobre todo, más tiempo para disfrutar a la familia y el esparcimiento.

Ser más felices y vivir a plenitud. Al final de cuentas, de eso se trata la vida, ¿o no?


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01 Diciembre 2015 05:09:55
La ‘enchilada completa’
El programa Bracero fue un acuerdo laboral migratorio lanzado en 1942 entre México y Estados Unidos. Allá escaseaba la mano de obra por tenerla ocupada atendiendo los compromisos bélicos de la época, obligándose a abrir su frontera del sur para que campesinos mexicanos trabajaran sus tierras. Más de 4 millones de compatriotas cruzaron el río amparados en ese acuerdo.

Aunque criticado por algunos sectores debido a sus prácticas discriminatorias, explotación laboral y violación de derechos humanos, Bracero vino a resolver un dilema añejo entre los dos países: la demanda de mano de obra barata para ellos, y la necesidad de empleo de nuestros compatriotas. Finalmente, por las razones señaladas y la presión de agrupaciones laboralistas de aquel país, como la liderada por el célebre César Chávez, fue abolido en 1964.

Las leyes del mercado no son abrogables. Toda oferta crea su propia demanda, dice la Ley de Say, famosa entre economistas. Cuando por decreto o capricho de una de las partes se quieren imponer barreras al flujo natural de la intención de intercambio, se generará un saludable mercado negro que costará muchísimo combatir. Lo mismo ocurre para el mercado de bienes indeseables como las drogas, el alcohol y las armas, o fenómenos transnacionales como la inmigración.

Concluido el programa Bracero, la nación que se ufana de tener el andamiaje institucional más sólido del mundo debió hacer lo que más aborrece: violar sistemáticamente su estado de derecho. Durante 30 años, el Tío Sam se hizo de la vista gorda ante el éxodo de millones de mexicanos que cruzaban a nado el Bravo o a pie los inclementes desiertos de Sonora y Arizona, arriesgando la vida en busca del “Sueño Americano”.

La tregua terminó con la llegada de Clinton a la Casa Blanca al endurecer las medidas antiinmigrantes. Paradójico resulta que haya sido a partir de entonces cuando se intensificó la llegada de inversiones norteamericanas a nuestra patria en busca de mano de obra mexicana.

Los costos económicos y en vidas humanas para cruzar se han multiplicado desde entonces. Por ello, un acuerdo migratorio favorable para México se ha convertido en la prioridad de la relación binacional. Como “Enchilada completa” se le conoció a la propuesta integral impulsada por el gobierno de Fox. Estuvo a punto de materializarse, de no ser por el atentado del 9/11.

Desde entonces el asunto está empantanado. Se politizó, pues de ser un problema de oferta y demanda, no pasó inadvertido el potencial electoral de millones de migrantes.

A muchos compatriotas no les va mal allá, económicamente hablando. De hecho, son la fuente principal de divisas a nuestro país. Pero la separación familiar, las violaciones a sus derechos y el miedo permanente a ser detenidos, convierten cada caso en una tragedia.

Estamos a un año de la siguiente elección norteamericana. Es momento de hacer propuestas y compromisos con los candidatos; momento de compartir la “enchilada completa”, no sólo migajas.
24 Noviembre 2015 05:08:51
Educación contra desigualdad
La inequidad social existe desde tiempos inmemoriales. A lo largo de la historia, uno de los principales retos de la ciencia económica ha sido reducir la desigualdad sin mermar el crecimiento económico, objetivos en apariencia contradictorios.

Pareciera que la inequidad es un costo inalienable y consustancial al éxito en las economías de mercado.

Los capitales se siguen acumulando de manera geométrica en la punta de la pirámide y las percepciones de los directivos de las empresas crecen desproporcionadamente, mientras los salarios de la base apenas se ajustan en función de la inflación, ampliando permanentemente la irreductible brecha.

Incluso países que se desarrollaron bajo la égida comunista, como China, también padecen de este terrible mal, en parte por el pragmatismo capitalista de sus líderes durante las últimas décadas del siglo pasado, en parte por los altísimos niveles de corrupción y los abusos de la casta gobernante.

La asimetría existe entre países y dentro de ellos, y debemos tener mucho cuidado al interpretar las mediciones que se hacen al respecto. Brasil, por ejemplo, es mucho más desigual que la India. Alguien pudiese pensar que el modelo indio es más justo y eficiente, cuando sucede todo lo contrario: su sistema es tan deficiente que acumula la mayor cantidad de pobres del planeta, estimada en 300 millones.

Dentro de los países, la disparidad económica se calcula con base en los niveles de ingreso de sus habitantes. En los últimos años se ha presentado un curioso fenómeno, observado por algunos estudiosos del tema: los países angloparlantes como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, han incrementado considerablemente sus niveles de inequidad en relación con el resto de las economías desarrolladas.

La búsqueda de explicaciones no se ha dejado esperar. Los argumentos esgrimidos van desde la desintegración familiar, la mezcla racial, el crecimiento de la inmigración, el debilitamiento de los sindicatos o los estereotipos culturales; sin embargo, ninguno ha sido lo suficientemente convincente para validar el caso.

El economista británico Tim Harford propone una interesante tesis: las disparidades educativas causan la desigualdad económica y social. En esos países, por un lado, los estudiantes de nivel básico no salen nada bien evaluados en la prueba PISA; por el otro, es ahí donde se encuentran las universidades mejor “rankeadas” del mundo. La inequidad surge de esta dicotomía contradictoria: las economías ricas más desiguales sobre la faz de la tierra ofrecen una educación mediocre para las masas, pero una educación universitaria de primera para una élite.

Harford no descubre el hilo negro, simplemente comprueba algo que ya sabíamos. Vale la pena insistir en ello: la mejor receta para combatir la desigualdad es la educación de calidad, sobre todo en los niveles básicos. ¡Ahí es donde hay que invertirle!.

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17 Noviembre 2015 05:08:50
El costo de la felicidad
¿Cuánto necesita ganar una persona para ser feliz? Esta es la eterna pregunta que nos hemos hecho los economistas desde la existencia de nuestra profesión. 75 mil dólares anuales (poco más 100 mil pesos al mes) es la cifra que propone Angus Deaton como el umbral de la felicidad; ganar más allá de esta cantidad no agrega valor a la alegría en la vida, pero ingresar por debajo de esta cifra nos vuelve menos felices.

Esta teoría hubiese sido una más de tantas existentes si no fuera porque su promotor acaba de ser galardonado con el Premio Nobel de Economía 2015. De ser cierta esta aseveración, México sería un país infeliz, ya que muy pocos perciben arriba de la línea de Deaton y el ingreso familiar promedio apenas supera los 10 mil pesos al mes. Sin embargo, todos los estudios relacionados posicionan a nuestro país como uno muy dichoso, por encima de los europeos y Estados Unidos.

México no es un caso aislado. De hecho, el economista estadunidense Richard Easterlin registró el fenómeno a través de una paradoja bautizada con su nombre para darle una salida a un hecho aparentemente inexplicable: los países felices tienen ciudadanos infelices, y viceversa.

Son varias las razones que explican esta aparente contradicción. Van desde la diferencia cultural entre los países hasta problemas con la confiabilidad de los datos y la información existente.

El propio Deaton encontró, con datos duros, que existe una correlación directa entre la felicidad del ciudadano norteamericano y el desempeño de la Bolsa de Valores. En los días nublados y lluviosos en Nueva York de 2008 a 2010, el índice primario bursátil tuvo sus peores jornadas, mientras la gente declaró sentirse más triste y abúlica.

Lo que no nos ha podido explicar el Nobel es la causalidad de los eventos: ¿Los días oscuros pegaron en el ánimo de los agentes económicos al grado de influir en sus decisiones de inversión?, ¿o una mala racha financiera lastimó el ambiente general de la población y lo gris de los días fue una desafortunada coincidencia?

Si el fin último que busca la humanidad es encontrar la felicidad, las aportaciones de Deaton fortalecen las ideas de Thomas Piketty, el revolucionario autor del El Capital en el Siglo XXI: las fortunas ingentes son estériles para la sociedad y la acumulación de riqueza debe ser desmotivada.

La felicidad se debe buscar en el interior de uno mismo, no en lo material, sostienen algunos. De acuerdo. Pero sin duda ayuda mucho contar con un ingreso decoroso que otorgue tranquilidad financiera a nuestra familia.

¿Estamos?.

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10 Noviembre 2015 05:08:19
El valor de las ideas
Para las generaciones pasadas la lógica era muy sencilla: la creación de riqueza era inexistente si no tintinaban las monedas en el bolsillo, o si los billetes no se podían guardar en la caja fuerte o de perdido en una cuenta bancaria. No fue hasta que los registros públicos se volvieron confiables y el estado de derecho comenzó a respetarse que los bienes inmuebles se convirtieron en una alternativa patrimonial.

En tiempo pretérito se hubiera considerado una locura ponderar monetariamente algo intangible, como lo es una marca o una patente. Hoy las sociedades han evolucionado y valoran más las ideas que los activos. En términos nominativos, por ejemplo, vale más la marca Coca-Cola que toda la infraestructura refresquera física sobre el planeta.

Uber, la compañía de taxis más grande del mundo, no posee un solo vehículo y supera en valor a las grandes compañías aéreas como Delta Airlines, American Airlines y United Continental, incluidos aviones, edificios y centros de tecnología. De la misma forma, Airbnb es la empresa de acomodación hotelera más grande del orbe y no posee edificio alguno; vale más, incluso, que algunas de las grandes cadenas hoteleras con todo y sus propiedades.

El joven Mark Zuckerberg se posicionó rápido en la cima de las listas de Forbes tras materializar en la web una idea: Facebook. Sin generar ni poseer contenido alguno, es la plataforma de media social más valiosa de la economía mundial. De la misma manera, Alibaba es la empresa comercializadora de más valor en el planeta y no cuenta con una sola pieza de inventario. El año pasado la aplicación WhatsApp se vendió por cerca de 20 mil millones de dólares, cantidad superior al PIB de muchos países en vías de desarrollo.

Las ideas valen, y valen mucho, muchísimo dinero. Por ello es importante generar las condiciones y los estímulos correctos para que los mexicanos echemos mano de nuestro ingenio y produzcamos ideas. Es importante, también, generar los canales para que éstas se concreten y generen empleo, pero lo es más aún, protegerlas.

Por desgracia, he visto empresas exitosas y consolidadas tener fuertes traspiés por no registrar oportunamente sus nombres, marcas y logotipos ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). En el subconsciente, seguimos arrastrando una pesada carga de nuestra idiosincrasia: no darle valor a los activos intangibles.

Proteger la propiedad intelectual es un buen hábito que debemos comenzar a practicar. No hay país desarrollado ni economía exitosa que no lo haya hecho. Al final de cuentas, es parte del patrimonio que habremos de heredar a nuestros hijos.

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03 Noviembre 2015 04:08:42
La apuesta de envejecer sin hijos
Un maestro de la universidad solía describir la economía como un globo lleno de agua a presión, y sus variables como los innumerables agujeros por los que ésta escapa. Una persona sólo tiene 10 dedos en sus manos, lo que vuelve inevitable descuidar alguna de las fugas cuando se quiere contener otra.

Ya sea por la complejidad de la materia, una visión cortoplacista o por la estrechez de miras de los tomadores de decisiones, a veces las políticas públicas implementadas tienen terribles consecuencias, inimaginables en el tiempo que fueron planteadas.

¿Quién hubiese imaginado, por ejemplo, que la decisión del Gobierno de Australia de eliminar el impuesto a las herencias promovería horrendos sufrimientos en decenas de moribundos padres, a quienes sus hijos mantuvieron artificialmente con vida sólo para librar la fecha de entrada en vigor de la medida? ¿O que la política de subsidiar a las madres solteras en Estados Unidos haya fomentado una brutal disminución en la cantidad de matrimonios celebrados y un incremento en las uniones libres, con los consecuentes problemas sociales generados por el debilitamiento del tejido social?

China anunció finalmente la abolición de una medida tan dañina como absurda: la política de “hijo único”, promovida desde 1979. Se pretende justificar la medida al explicarse su contexto: China siempre ha sido el país más poblado del planeta; incluso hace dos siglos, si le añadíamos la población de la India, ambos países reunían a más de la mitad de los seres humanos.

La medida surtió efecto. La tasa de natalidad disminuyó considerablemente, pero el costo ha sido altísimo. Se cuentan en más de 300 millones los abortos, principalmente niñas como víctimas, lo que ha causado un desequilibrio de género enorme en la juventud y la niñez: 30 millones más de varones que mujeres menores de 24 años. La población está envejeciendo y la cantidad de personas en edad de trabajar, disminuyendo, escenario nada halagüeño para un país en franco crecimiento.

Por eso se desplomó la apuesta sociodemográfica del “hijo único” del gigante asiático.

La mejor manera de controlar la natalidad de una nación es como lo han hecho los europeos: con mayores niveles de educación y elevando los ingresos de sus habitantes. Debe ser la consecuencia de otras políticas exitosas, nunca una estrategia en sí misma, si es que queremos evitar los desequilibrios actuales.

Los seres humanos respondemos a incentivos, es inevitable. Las decisiones que no toman en cuenta todas sus posibles consecuencias y las prohibiciones que van contra natura, que nadan a contracorriente de la preferencia ciudadana o que se establecen por un capricho de la autoridad, siempre causarán problemas imprevistos y encontrarán, pronto, un agujero por el cual escapar del globo que los aprisiona.

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27 Octubre 2015 03:09:30
Volver al futuro
Viajar a través del tiempo es de los pocos caprichos aún no concedidos la humanidad. Quizá sea por eso que al asunto siempre lo rodea un halo de emocionante misticismo. Predecir acontecimientos se ha convertido en obsesión de muchos y en ocupación constante de adivinos, gitanos, videntes y economistas.

Algunos autores han recurrido a esta ficción literaria para desarrollar sus argumentos. Proponen viajes al pasado para conocer a detalle acontecimientos históricos, como J. J. Benítez con su Caballo de Troya, en los tiempos de Jesús de Nazaret. Otros van al futuro. Aldous Huxley, en Un Mundo Feliz, trata de representar las consecuencias posteriores de ciertos comportamientos actuales de la humanidad.

El 21 de octubre de 2015 fue el día al que Marty McFly viajó hace 30 años para salvar a su aún inconcebido hijo en la segunda parte de la trilogía Volver al Futuro, el filme más exitoso de su época y considerado entre las 10 mejores películas de ficción por el American Film Institute.

La enigmática fecha no pasó inadvertida. Hubo desde relanzamientos de la película hasta innumerables comentarios vertidos en las redes sociales. Artefactos y circunstancias que en 1985 parecían imposibles, han sido superados ampliamente por la realidad: televisores planos con múltiples imágenes, drones grabando video, videojuegos sin controles, patinetas flotantes, computadoras que escuchan y la nostalgia por los 80.

Otras predicciones realizadas por los productores de la película no resultaron tan acertadas: autos voladores, ausencia de abogados, el predominio de la economía japonesa en el mundo, el uso del fax y la extrovertida y pintoresca moda al vestir, incluida la patética corbata doble usada por el mismo Marty en el futuro.

El Financiero publicó esa misma fecha un interesante artículo exponiendo qué hubiera pasado si Marty, antes de volver al pasado, hubiese adquirido una memoria con los resultados de la Bolsa de Valores: invirtiendo 100 dólares mensuales durante los pasados 30 años en alguna acción exitosa (como Nike), habría acumulado casi 1.5 millones de dólares, contra 36 mil de haberlos guardado debajo del colchón. Negocio nada despreciable.

En vez de eso, Marty adquirió un almanaque con los resultados deportivos de 1950 al 2000, con la idea de ganar dinero fácil en las apuestas. Una desgracia monumental, de proporciones apocalípticas, fue el resultado de esa travesura, al caer dicha revista en manos equivocadas.

El pasado, en el pasado está. Aprendamos de él, pero mirando siempre hacia delante. La única forma de predecir el futuro es influyendo en él. Cada uno es el arquitecto de su propio destino, parafraseando al poeta Amado Nervo: “Que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse la hiel o las mieles sabrosas; cuando planté rosales coseché siempre rosas”.

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20 Octubre 2015 04:08:44
La verdad os hará libres
La credibilidad, aun con su forma intangible y etérea, es el principal activo de cualquier gobierno. Me resulta difícil comprender que muchas veces es dilapidada por ciertos actores políticos. “Prometer no empobrece”, solemos decir los mexicanos; es cierto, siempre y cuando se cumpla lo ofrecido. De otra forma, se alimentará el monstruo de la desconfianza que todo lo destruye.

La confianza es un recurso no renovable; una vez perdida, es muy difícil recuperarla. Sin credibilidad, las instituciones no funcionan ni cumplen su cometido. Sin confianza, las inversiones difícilmente arriban a un país y las políticas fiscal y monetaria no son más que un catálogo de buenas intenciones.

En nuestra cultura, “mentir” y “no decir la verdad” no son sinónimos. El mexicano aprende desde pequeño a decir pequeñas mentiras por temor, conveniencia o estrategia; nada grave si esta práctica no condujera, en muchos casos, al extremo de la mitomanía.

Se puede mentir por obligación, presión o necesidad, pero quien es noble de corazón irradia la verdad con su lenguaje no verbal: “Yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento”, dijo Al Pacino en su papel de Tony Montana, en el afamado filme norteamericano “Scarface”, inmortalizando la frase.

En el siglo pasado fue insuficiente que los gobiernos prometieran a los ciudadanos un manejo responsable de la política monetaria y una emisión de dinero acorde a las necesidades económicas, alejada de los ciclos políticos, para contener la inflación. Era ya una estrategia tan socorrida como incumplida. En cambio, tuvieron que otorgarle una autonomía real a sus bancos centrales. La independencia y ciudadanización de los organismos electorales, de transparencia y de información y estadística, siguen la misma lógica.

Ahora que la inflación en México reporta mínimos históricos se ha vuelto a entablar el añejo debate sobre la conveniencia de añadirle al banco central el mandato de la procuración del crecimiento económico, adicional al de la inflación. Ambos indicadores siguen, en ocasiones, una dinámica contradictoria, por lo cual la credibilidad del Banco de México quedaría en entredicho, con sus respectivas consecuencias económicas.

Si un ciudadano engaña, perjudica a sus cercanos y a sí mismo; si lo hace un político, afecta a todo y a todos. No pretendemos que los actores políticos o las autoridades siempre informen exhaustivamente; nos inundaríamos de datos irrelevantes. Pero de eso al engaño, hay una diferencia abismal. Al final de cuentas, las verdades a medias se convierten en mentiras completas.

Esfuerzos por una genuina transparencia y una rendición de cuentas real fortalecen la credibilidad y mejoran el entorno económico, político y social de una nación. Ésta es una verdad completa.

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13 Octubre 2015 04:10:48
Hecho en México
¿Qué tienen en común el pequeño sultanato de Brunéi y la democracia norteamericana? ¿En qué se parecen las pequeñas islas de Malasia y el extenso territorio continental canadiense? ¿Existe algún punto de comparación entre la laboriosidad japonesa y el rezago peruano? ¿Alguna semejanza entre la helada Patagonia chilena y la bochornosa costa vietnamita? ¿Entre las pronunciadas serranías mexicanas y las vastas llanuras australianas?

Que a estas 12 economías (incluidas las de Singapur y Nueva Zelanda) las baña el inmenso Océano Pacífico.

Es necesario un mapamundi para comprender la lógica del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). Y aunque falta la ratificación por los congresos de los países involucrados, tener ya un documento final después de cinco años de negociaciones (dos, en el caso de México) y más de un millar de reuniones de trabajo, es una buena noticia.

En estos días se han vertido en la prensa opiniones editoriales y espontáneas de todo tipo. Desde las esperadas posturas globalifóbicas y maniqueas, que condenan y descalifican anticipadamente cualquier intento de apertura comercial, hasta los juicios optimistas de conocedores en la materia.

Por supuesto que en las negociaciones se trataron temas delicados e importantes para nuestro país, como los relacionados con la propiedad intelectual, la regulación de patentes, el contenido de integración nacional en el sector automotriz y la protección de la industria láctea, entre otros. En todos los casos, México logró llegar a un saludable punto medio, benéfico para todos.

La contienda de “Juego suma cero”, aquella en la que no todos los participantes pueden ganar, no es el caso de un acuerdo de esta naturaleza. La teoría más aceptada del comercio internacional dice que todos ganan cuando cada país se limita a producir los bienes en los que es eficiente y luego permite el libre intercambio. La condicionante es la participación de un gobierno que vigile el dumping, la competencia desleal, y cuide sus industrias estratégicas.

Vamos a competir sin barreras contra los coches japoneses, los textiles vietnamitas y los lácteos neozelandeses, y eso es criticado por algunos. Pero, ¡qué bueno que compitamos con los mejores! Eso nos hace mejores a nosotros.

Con este lance, México se convierte en la quinta economía más abierta del mundo. Eso atrae las inversiones de quienes requieren que sus productos lleven el sello de “Hecho en México” para acceder a mercados vetados para ellos, generando empleos de calidad y presionando al alza los salarios como consecuencia.

Felicidades, México. ¡Bienvenido el TPP!

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