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Rodrigo García
Rodrigo García
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Rodrigo García (Saltillo, 1980) Licenciado en Artes Visuales por la Universidad Autónoma de Nuevo León y con estudios de Maestría en Creación Literaria por el Centro Cultural Casa Lamm. Es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Dos veces seleccionado en el Concurso de Poesía de la Latin Heritage Foundation (E.U.A.), ha publicado en las antologías poéticas Poemas inolvidables y Con otra voz, así como en la antología de cuentos cromofilia y diversas revistas independientes. Ha sido ponente en el taller de Expresión Escrita en el Centro de Atención a Víctimas de la PGJ del estado de Puebla e impartió el taller de Poesía en la Universidad Intercultural del Estado de Puebla.

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31 Agosto 2013 03:00:35
Leer el manual
Es bien conocida la reticencia del mexicano a leer manuales. En casa, ¿quién necesita leer el manual del televisor? Incluso sentimos cierto alivio cuando adquirimos un artículo cuyo manual está en línea: si está en la nube, no es esencial… ¿o sí? En realidad no importa; hemos vivido siempre así, y la casa no ha estallado ni se ha trasladado a otra dimensión.

Es distinto en el trabajo. En principio, podemos hacer una pregunta sencilla sin señales de estrés. Sin embargo, en cuanto el encargado de soporte técnico en el extranjero expresa sus sospechas de que no hemos leído el manual de usuario, nos esforzamos en demostrar nuestro sentido común y diligencia para agotar todas las posibilidades antes de molestarlo.

Por supuesto, el asunto no es cuestión de pereza, sino de cultura. La transmisión oral del conocimiento sigue viva y es la preferida. En el trabajo –está claro–, no nos pedirán que nos sentemos a leer; nos dirán que preguntemos y que piquemos todos los botones hasta saber cómo funciona el artefacto.

Pero, ¿cómo interpretar nuestra predilección por la palabra
hablada?

Visto en la mejor luz, podríamos decir que es consecuencia de nuestra calidez, y que tarde o temprano morirán de frío aquellos países obsesionados con leer desde la primera hasta la última página del manual, antes de considerarse calificados para realizar una tarea.

Visto de manera negativa, podríamos decir que este es el punto al que llega nuestro “analfabetismo por desuso”, que apenas nos permite leer subtítulos. Leer parece una mala inversión de nuestro tiempo.

En realidad, esto podría verse como una filosofía de “sé hacerlo hasta que surgen los problemas”. Porque cuando efectivamente surge una complicación, preferimos preguntarle a alguien que haya pasado por lo mismo; esto parece más rápido y efectivo que ir al manual o iniciar una investigación. De hecho, la sección de “preguntas frecuentes” podría ser la más leída en el país.

No queremos que nos lleven de la mano de lo más sencillo a lo incomprensible. La pregunta es simple: ¿A quién le ha pasado y cómo le hizo para arreglarlo?

Explorar algo a detalle y resolver problemas no sólo son formas distintas de aprender, sino que son placeres distintos.

20 Agosto 2013 03:00:13
Neologismo para una práctica irritante
“Phubbing” es el neologismo que se acuñó para referirse al acto de desviar la atención de la persona con la que estamos, a la pantalla del celular. Ya empezaba esta práctica cuando llegó el SMS, pero se llevó a otro nivel cuando los teléfonos inteligentes nos dieron acceso a las redes sociales en cualquier momento y en cualquier lugar.

Al parecer el mundo se divide entre los adictos a su teléfono y los que consideran que el phubbing es de mala educación. Pero, ¿debería haber polémica? ¿Debemos unirnos a las voces que se muestran alarmadas por los efectos negativos de la tecnología?

El asunto podría ser ajeno a ella, y la manera obvia de verlo es así: es molesto estar con alguien que tiene la atención dividida. Sin embargo, sólo es así de simple cuando son dos los que conversan; en un grupo, el phubbing debería resultar indiferente (bastaría con ignorar a la persona que lo hace), pero no es así.

En realidad nos incomoda cuando una persona no percibe la realidad de la manera en que lo hacemos nosotros; entre más ajena sea su realidad a la nuestra, más intolerantes nos mostraremos.

La música, por ejemplo, por su emotividad y su frecuencia, altera la manera en que vemos las cosas. Si todos oímos la misma canción, tenemos una realidad compartida; si cada uno oye algo distinto en sus audífonos, nos encontramos con múltiples formas de ver.

Igual que un iPod, una cámara fotográfica altera nuestra mirada. Por supuesto, también lo hacen la nube y sus redes sociales, el alcohol, las drogas, la locura (lo que sea que eso signifique)… Entre más disímil sea su mirada, el otro se vuelve más extraño, más impredecible, más incómodo.

Es tan irritante un borracho entre sobrios que un sobrio entre borrachos. Un cibernauta entre la gente de a pie no es más agradable. Está claro que, tecnología o no, cuando estamos en un grupo debemos participar de la misma realidad.


20 Julio 2013 03:00:10
El hombre fuera de balance
Las religiones pueden enseñarnos más que asuntos de fe. En las historias de dioses y héroes que nos narran los antiguos libros sagrados, encontramos verdades acerca del hombre. No son pocos los filósofos y psicólogos que han profundizado en la naturaleza humana gracias a la sabiduría de las distintas mitologías.

La trinidad hindú –que desde Occidente parece incomprensible–, nos revela tres grandes vocaciones y la relación que hay entre ellas. Brahma es el Espíritu creativo supremo, y su esposa es Sarasvati, Diosa del aprendizaje y el conocimiento, las artes y la escritura. Vishnú es el Preservador, el Dios de la permanencia y la continuidad, y su esposa es Lakshmi, Diosa de la abundancia y la buena fortuna. Shiva es el Dios de la destrucción y la regeneración; su esposa es la fuente de poder para todos los seres.

Entonces, la trinidad está conformada por el Creador, el Preservador y el Destructor. Si los dioses fuesen hombres, tendríamos uno que se dedica a la creación artística y científica, uno que se dedica a los negocios y hace que el mundo gire, y un tercero que lleva una vida espiritual y medita acerca de lo que sucede más allá de la muerte. Tres grandes vocaciones. La recompensa que les corresponde, respectivamente, es el conocimiento, la riqueza y el poder.

Y en la relación entre estos tres tipos de ser humano, como entre los dioses, debe haber un balance: una división de responsabilidades y poderes. De otra manera, el mundo se va a la ruina.

Vemos que el balance es inexistente, al menos en la cultura occidental. El papel del preservador ha adquirido una importancia tal, que es como un centro de gravedad sobre el que caen los otros. Así, en un extremo tenemos artistas y científicos haciendo de abogados o ingenieros; en el otro, tenemos ascetas trabajando como meseros o administradores.

Por un lado, debemos reconocer que la sociedad le exige al individuo la extraversión y productividad de Brahma, pero no a todos les corresponde estar en el centro. Por otro, debemos entender que, cuando los hombres que hacen girar el mundo son impermeables al arte y al espíritu, olvidan la razón social de su trabajo.

15 Junio 2013 03:00:10
Ciencia ficción
Cuando pensamos en ciencia ficción pensamos en el futuro. El mismo nombre del género nos dice que el género trata de imaginar la tecnología por venir, y ciertamente muchos de los autores más reputados son aquellos cuyos vaticinios ya se cumplieron o empiezan a hacerlo, como Julio Verne y Arthur C. Clarke. Sin embargo, este no es el único interés ni la única oportunidad que ofrece el género.

Escritores con una preocupación más social han llevado al hombre a muy distintas distopías, que paradójicamente comienzan a cumplirse sin tropezarse una con la otra. Tenemos por ejemplo “Neuromancer”, de William Gibson –donde la gente prácticamente habita el cyberespacio (término que él acuñó)–, o “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley, y “1984”, de George Orwell, donde el control del estado parece absoluto. No sólo está prohibido actuar con libertad; incluso pensar libremente está vedado.

Las novelas en que el hombre está en guerra con una especie extraterrestre no son nuevas, y entre ellas hay muchas que son excelentes, como “El Juego de Ender”, de Orson Scott Card. Pero el encuentro entre especies no siempre lleva a una literatura militar. Un caso notable es el de “The Sparrow”, de Mary Doria Russel, donde los humanos, con las mejores intenciones, le enseñan a una sociedad extraterrestre acerca de la cosecha y la libertad, rompiendo un balance que resulta en un planeta devastado.

Hay también novelas cuyo énfasis está en el individuo y no en la sociedad futura. La ciencia ficción presenta una libertad tal a sus autores, que la oportunidad de llevar a sus personajes hasta distintos límites, es grande. Puede llevarlos a la barbarie o a redescubrir su humanidad. ¿Cómo enfrentarse a un mundo cuyo fin se acerca o uno donde puede cambiar de cuerpo y de sexo con una visita al médico?

Frederik Pohl, en “Pórtico”, explora como pocos el miedo a los desconocido, cuando el hombre se encuentra con tecnología que no entiende y la gloria o la muerte son cuestión de suerte. Samuel Delany, en “Dhalgren”, explora una ciudad en medio de la catástrofe, donde el tiempo se dilata y se contrae, y un edificio puede quemarse durante días sin consumirse y luego aparecer sin daño alguno; cada personaje en esta novela demuestra un conocimiento profundo de la condición humana por parte del autor.

Un caso particular es el de Ryu Mitsuse, apasionado tanto de la ciencia ficción dura como de la mitología y la teología. En “Ten Billion Days and One Hundres Billion Nights”, nos presenta un universo condenado a morir millones de años en el futuro; los hombres mueren y también sus dioses, Cristo y Siddartha viajan para atestiguar el final. Después de leer esta novela queda claro que el género de la ciencia ficción no tiene límites.
25 Mayo 2013 03:00:43
“Si me dejas, te mato”
Mucho se está hablando acerca de la golpiza que le dio a su exnovia el nieto del Procurador General de Justicia. Hay evidencias, hay confesión, no hay denuncia. Se comentan el hecho en sí y la impunidad –que, en cuanto a la violencia en contra de las mujeres se refiere, no se limita a los poderosos–. No hace falta añadirle más adjetivos al agresor de los que ya circulan en las redes sociales; sus acciones hablan alto y claro. Me gustaría, más bien, escribir del “si me dejas, te mato” que hay implícito en el hecho.

Por supuesto, el enojo es una de las etapas del duelo; sin embargo, que alguien se despoje de su humanidad, como de unos calcetines, para desatar ese grado de violencia es injustificable desde cualquier punto de vista. Es importante (tratar de) entender el porqué por el simple hecho de que el caso no es aislado. Este individuo en particular está bajo los reflectores, pero en las sombras hay muchos como él. Quien se pregunte qué habrá hecho la chica para ganarse la golpiza es, al menos potencialmente, uno de ellos.

La sabiduría popular castiga este tipo de acto llamando “poco hombre” al machista, echándole en cara aquello de lo que tanto busca alejarse. En principio está bien la represalia, pero tachar la masculinidad exacerbada de femenina es también, por supuesto, machista. Justo lo que debemos evitar.

Dice también, en un matiz más moderno, que el golpeador de mujeres es un frustrado, como si más abrazos y menos humillaciones pudieran convertirlo en un ciudadano respetable. También esto hay que dudarlo. Ciertamente hay mucha frustración en alguien que “se saltó a la casa como delincuente a golpearla mientras dormía”, como reportó la hermana menor de la agredida, pero hay más.

Creo que, incluso si la mayoría reprobamos la actitud del victimario, para muchos solamente se excedió en actitudes socialmente aceptadas. Porque la sociedad condena al que se sale del molde, y sigue pensando que el hombre piensa y la mujer siente –¿acaso pensó él?–, que el hombre es actor y la mujer es pasiva, que el hombre es violento y la mujer manipuladora. Casi todos pensamos y casi todos sentimos; ahí no hay género.

No cabe duda de que ver al enemigo en el sexo opuesto es una deformación caduca pero vigente, y que cuando a esto se le suma la cultura de la impunidad, la violencia se desata. Mientras no reconozcamos que la guerra terminó y que la única diferencia es biológica y nos une más de lo que nos divide, el fenómeno está condenado a repetirse.

– “Si me dejas, te mato”.

– “Si lo intentas, cárcel”.
11 Mayo 2013 03:00:43
La belleza en la tragedia
En ocasiones nos atrae una fotografía por su composición, color, contraste; por el alma desnuda de los personajes que la pueblan. Nos atrae por su poder estético, pero luego, cuando descubrimos que la escena que representa es de un hecho atroz, sufrimos un pequeño shock, una embarradita de culpa. Sin embargo, ¿no hay cierta belleza en una fotografía nocturna iluminada por la luz amarilla de una farola y las luces rojas y azules de una sirena?

¿No lo son también las siluetas de quienes combaten un incendio?

A veces salen fotografías hermosas de las tragedias más indignantes.

Y no hablo de una atracción morbosa y mucho menos de la nota roja, sino del simple placer estético que produce un juego de geometría, luz, sombra, color. Hablo también de lo conmovedor que resulta mirar un rostro al que las circunstancias han privado de su máscara: lo que vive es tan fuerte, que no le importa y quizá ni siquiera entiende, la mirada intrusa del fotógrafo.

Pero no hay que juzgar. Conviene recordar que para estos fotógrafos, la estética es un vehículo de denuncia. Muchos arriesgan su vida y como recompensa cambian, aunque sea un poco, el mundo. Llevan a la opinión pública crímenes de guerra, hambrunas, miseria, sequías, matanzas, desastres naturales y demás facetas del caos. Al grito indignado de la gente le sigue el cambio o la siguiente noticia –cambiar el mundo debe ser una empresa lentay frustrante–.

Lo cierto es que esa belleza en la fotografía de los hechos más terribles tiene una función relevante: esa atracción y ese shock y esa culpa son los que combaten nuestra indiferencia y nos permiten conmovernos e indignarnos, en lugar de mudar nuestra atención a la siguiente fotografía o al siguiente asunto en nuestro cotidiano.
27 Abril 2013 03:00:12
Cien mil obras de arte en el cajón
Hace días se publicó en “El País” un artículo acerca de una recién descubierta artista: Vivian Maier. Ella fue una fotógrafa activa entre las décadas del 50 y el 60. Su técnica, el juego de luces y sombras, la composición; todo era brillante. Con su cámara de formato medio, hizo grandes retratos en Nueva York y Chicago. Y ahora, medio siglo más tarde, apenas se convierte en una novedad. La artista, hasta donde tenemos noticia, nunca le mostró a nadie sus negativos.

Vivian trabajó como niñera durante unos 40 años. Las relaciones más cercanas que tuvo fueron con los niños que cuidó. Sin embargo, ni siquiera ellos estaban al corriente de su pasión –y asombroso talento– por la fotografía. Su trabajo iba directo al cajón.

Fue hasta 2007 que se descubrió su trabajo tras una pequeña subasta en la que se vendían algunos de sus muebles. El comprador buscó revender los negativos para recuperar algo de su inversión, pero un crítico lo convenció de que no los desperdigara. Tenía una verdadera joya en sus manos: 100 mil negativos de una genial, aunque desconocida, autora. Pronto se lanzaron en busca de esta mujer franco americana, sin suerte. Acababa de morir, a los 83 años, en pobreza y soledad; vivía en un departamento que tres de los niños que cuidó le pagaban por caridad.

Curiosamente, hoy sabemos poco de su vida, pero adivinamos mucho de su alma. La artista no dejó más testimonio de su vida que sus hermosos autorretratos –algunos de ellos como una sombra marcada en el paisaje urbano–.

Ahora que la conocemos, ¿cuál es nuestra relación con esta mujer, que probablemente nunca se definió a sí misma como fotógrafa, y mucho menos como artista? Podemos sentir que mucho tiempo nos robó de su talento. Sin embargo, no podía ser de otra manera. No es la permanencia lo que ella buscaba. Ese atisbo de eternidad que es el reconocimiento no parece haberla tentado. La sedujeron “el instante decisivo” del que hablaba Henri Cartier-Bresson –cuando “se alinean la cabeza, el ojo y el corazón”–, y sobre todo la poesía que esconde ese instante y que poetas y fotógrafos se afanan en capturar.

¿Trascender? Vivian dejó el siguiente mensaje en una grabación: “Tenemos que dejar sitio a los demás. Esto es una rueda. Te subes y llegas al final; alguien más tiene tu misma oportunidad y ocupa tu lugar, hasta el final, una vez más, siempre igual. Nunca nada nuevo bajo el sol.”
13 Abril 2013 03:00:29
Y la humanidad cayó al agua
Según los mitos griegos, Narciso fue un hombre enamorado de su propia belleza. El amor de una musa no le provocó nada; en cambio, la visión de su propio rostro reflejado en un estanque fue tan poderosa, que se arrojó al agua para atraparla. Para la psicología freudiana, este mito es una alegoría que se refiere a una persona que anhela afirmación y admiración, y que sobreestima sus habilidades. Curiosamente, está ligada a una baja autoestima.

Una sociedad individualista y frustrada por su impotencia ante los problemas de su tiempo y los de cada individuo, es una sociedad sin una gran autoestima. Podríamos agregar que, si en esa misma sociedad, cada persona se cree poseedora del bien y la verdad, hay un claro enamoramiento de sí misma. En otras palabras, es narcisista.

Cuántas cosas maravillosas empiezan con la palabra “yo” y cuántas cosas terribles con la palabra “ellos”. “Soy uno de los pocos hombres positivos, pero nada puedo contra esa avalancha de gente negativa.” Y luego vienen los incontables ejemplos: desde nuestra incapacidad de lidiar con nuestra pareja, hasta la de acabar con la corrupción, la guerra, la pederastia, la pobreza.Al parecer la única manera de ser hombres y mujeres de bien, es como víctimas o mártires.Incluso cuando nos topamos repetidamente con nuestras propias faltas, podemos recurrir al “así soy yo”. Es decir, cuando no somos víctimas de las circunstancias, somos víctimas de nosotros mismos. Somos siempre, aun como victimarios, víctimas.

Por supuesto, esa es la salida fácil. Una cultura de víctimas es para una sociedad irresponsable, una sociedad “no es mi bronca”.

Nos lavamos las manos, amamos incondicionalmente al perro y listo. Porque cada que alguien exalta la fidelidad de los perros, por ejemplo, y al mismo tiempo denosta al género humano, está hablando de “ellos”, no de “nosotros”, y la exclusión que hace de sí mismo es significativa: nos está pidiendo que celebremos su existencia y le regalemos nuestra fidelidad, aunque no la corresponda. Así volcamos nuestro amor en niños, mascotas y en nosotros mismos. El resto, al parecer, no lo merece.

Y no estamos en peligro de caer al estanque y ahogarnos. Más bien, por como se ven las cosas, ya empezaron las patadas de ahogado. La solución no está en las filosofías de oriente: desde la meditación hasta nuestra errada interpretación del karma, nos invitan a mirar hacia adentro y a excluir a los no iniciados.

Hace falta mirar hacia afuera, sonreírle al prójimo, reír a carcajadas, ser solidarios, adoptar la acción del héroe en lugar de la pasividad de la víctima. El gran boicot contra la (supuestamente) perversa maquinaria del mundo: Hacernos responsables de nuestros actos y de sus consecuencias.
23 Marzo 2013 02:00:33
Siete años de Twitter
Esta semana Twitter celebra su séptimo cumpleaños con 200 millones de usuarios. Ya pasó el tiempo de debatir si es una maravillosa nueva herramienta o un agente de la corrupción lingüística. Está claro que las facetas son múltiples, y sería ingenuo pensar que son distintos los usuarios que usan esta red social por ocio y los que lo hacen para hacer periodismo ciudadano. Con más de 400 millones de tuits enviados cada día, la cuestión dejó de ser si usarlo o no.

Hoy tenemos nuestra atención dividida entre varias redes sociales y estamos siempre disponibles. Es fácil, e indispensable, estar al corriente, y las fuentes de información son cada vez más numerosas. Naturalmente, esto no podría darse sin sacrificios. Basta con abrir el Twitter para leer los encabezados de los noticieros o los comentarios que los usuarios tienen al respecto; tenemos la ilusión de que estamos al corriente, pero está claro que en 140 caracteres no cabe el contexto.

Y pasa lo mismo en cuanto a la creatividad. Las redes sociales han permitido que la gente “no creativa”, de muestras de ingenio. Ya sea con minificciones, sabiduría light o parodias a los más denostados personajes de la vida pública, los tuiteros le reclaman a los profesionales de las letras el poder de la palabra. Muchos aspiran a esos 15 minutos de fama que implica el retuit, y para obtenerlo deben escoger con cuidado sus palabras.

¿El lado negativo? Estamos en todo y no estamos en nada. Rápidamente nos convertimos en una sociedad que mira el bosque, pero es incapaz de observar el pino –no hay tiempo para ello. Ésta es la cultura de la superficialidad: profundizar un poco en un tema, nos convierte en especialistas… o nos deja pensar que lo somos. El verdadero especialista, por supuesto, es un gurú en la materia que por necesidad debe ser ignorante en todo lo demás; un hombre sin vida.

Es imposible augurar cuántos años más cumplirá Twitter. Lo que está claro es que sólo quedará atrás cuando otra red tome su lugar. El rumbo ya está marcado: pasaremos cada vez más tiempo en la nube.

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09 Marzo 2013 04:00:27
Libros prohibidos
Hace días se publicó en el periódico inglés “The Telegraph” la lista de los mejores 20 libros que se intentó prohibir. Si bien es muchos de ellos eran candidatos obvios a la lista, otros siguen ausentes en las librerías mexicanas. Las principales razones para ejercer este tipo de censura son que el libro en cuestión ofenda la moral de algún servidor público, o que éste lo considere subversivo: un llamado a cuestionar el orden establecido. Sin embargo, cuando vemos cada caso en específico, llegan sorpresas. Con frecuencia, la figura del censor pasa de ser represora a ser simplemente ridícula.

Pero hay algo que permanece igual en distintas épocas y culturas: la gente se pregunta por qué un libro está prohibido y, de caer en sus manos, lo lee con avidez.

Entre los libros de la lista que han ofendido a los más conservadores, está “El Amante de Lady Chatterlay”, de D.H. Lawrence. Estuvo prohibido de 1928 hasta 1960, y vendió 200 mil copias el día de su publicación. En la misma categoría, está “El Pozo de la Soledad”, de Radclyffe Hall, que también en 1928 causó escándalo por la descripción de un beso entre dos mujeres. “Lolita”, de Vladimir Nabokov, censurado a principios de los 50, relata un romance que sigue provocando polémica, entre un hombre de mediana edad y una precoz niña de 12 años.

Entre los libros censurados por razones políticas están “El Diario de Ana Frank”, y “Mein Kampf”, de Adolf Hitler (y que seguirá censurado hasta 2015, que se libera de los derechos de autor). Mucho más actual, “Operation Dank Heart” del teniente coronel del ejército norteamericano Anthony Shaffer, un recuento de los cinco meses que pasó en Afganistán, que describe el funcionamiento de las agencias de inteligencia de su país. El Pentágono compró y destruyó la mayor parte de las 10 mil copias de la primera edición.

En cuanto a las censuras más extrañas, está “Alicia en el País de las Maravillas”, de Lewis Carroll, que prohibió el gobernador de una provincia china por lo subversivo de incluir animales parlantes, “animales y seres humanos al mismo nivel”. El maravilloso “Mago de Oz” se prohibió en los Estados Unidos en la década de los 30 y otra vez en la de los 60 por promover los “malsanos” valores de su independiente protagonista femenina, y lo “impío” de otros personajes. También en los Estados Unidos se han quemado miles de copias de las novelas de “Harry Potter”, de J.K. Rowling, por promover la brujería y el ocultismo; “obras maestras del engaño satánico”. Por su parte, en Líbano se prohibió “El Código Da Vinci” de Dan Brown, y no por su escasa calidad literaria, sino porque sugiere el matrimonio entre Cristo y María Magdalena.

http://www.telegraph.co.uk/culture/books/booknews/9900733/Top-20-books-they-tried-to-ban.html

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23 Febrero 2013 04:00:51
Memes
Un “meme” es un objeto cultural transmisible de un individuo a otro o de una cultura a otra, que se vuelve relevante. Según Richard Dawkins, que acuñó el neologismo, transmitimos información gracias a los genes y a los memes, estos últimos por medio de la memoria y la mímesis. En otras palabras, es cultura que se pasa de boca en boca o de click en click. En la red, los memes se refieren a imágenes y videos generados y compartidos por los internautas, muchas veces con humor. Y si bien hay quien califica este tipo de contenido como “basura para tontos”, está claro que estamos ante un verdadero fenómeno.

Desde el “forever alone” hasta “trollface”, pasando por Chuck Norris, estos memes ya forman parte del lenguaje de la Generación Milenio. Los memes perduran no sólo porque sean graciosos, sino porque, al ser imitados, se renuevan.

Los memes más populares están basados en el descubrimiento de formas de ver y sentir en situaciones específicas dentro del cotidiano; el internauta que los adopta, no sólo está copiando: se reconoce y aporta un matiz. Por razones económicas o por un simple deseo de trascendencia, muchos intentan generar su propio meme, pero en general son percibidos como artificiales y forzados.

El meme de febrero es el Harlem Shake; videos de 31 segundos en los que una persona baila entre gente que no la nota o no le hace caso y, cuando el bajo cambia de ritmo, aparece una multitud que baila de manera convulsa, muchas veces con máscaras y botargas. Otros memes populares han sido el Crasher Squirrel y el Lying Down Game. En cuestión de días se difundieron de manera viral por todo el mundo.

¿Basura para tontos? Los memes son más bien síntoma de que la Generación Milenio está tomando la cultura en sus manos. Para quienes los crean y difunden, no hace falta ser arquitecto, cineasta o pintor para generar un objeto cultural. Participan en un ejercicio democrático cuyas reglas parecen simples: decir algo relevante en el momento indicado y ante la audiencia correcta. No a todos les interesa el arte oficial ni todos lo desprecian; no todos leen, aunque muchos lo hacen. Ésta es cultura al margen y para entrar sólo hay que entenderla.

No tardarán las editoriales en publicar “Los memes más populares del año”. Este fenómeno no se puede ignorar. Y hay que preguntarse qué pasará cuando esta generación sea dueña del mainstream, y llegue la siguiente. ¿Se acerca un movimiento con la fuerza del Pop Art?¿Veremos pronto a Chuck Norris, en los grandes museos? ¿Está sucediendo ya?

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12 Febrero 2013 04:00:37
Sobre Augusto Monterroso
Esta semana se cumplió una década de la muerte de uno de los grandes de las letras hispanoamericanas: Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921–Ciudad de México, 7 de febrero de 2003). El guatemalteco es mundialmente famoso por su cuento más breve (y durante mucho tiempo el más corto de la literatura universal), “El dinosaurio”, de tan solo una línea:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

Según su propio autor, “sus interpretaciones eran tan infinitas como el universo mismo”. Y sí; sólo hacen falta algunos clicks en el teclado para encontrar muy diferentes ilustraciones de este micro relato –con interpretaciones políticas, infantiles, realistas, fantásticas, metafóricas, sexuales, y demás–. “El dinosaurio” tiene la virtud de despertar la imaginación. Por supuesto (y perdonen la ironía), no hay que pensar que luego de leer la línea de arriba ya conocemos la obra de Monterroso. Es autor de muchos cuentos memorables.

¿Qué distingue a este escritor, además de su brevedad? Es un gran observador de la condición humana y sobre todo un ironista, un hombre brillante que no sintió la necesidad de tomarse a sí mismo muy en serio. Advertimos su ingenio y su sentido del humor desde el título de algunos de sus libros, como Obras completas (y otros cuentos) o Viaje al centro de la fábula. También es notable que no escribió una sola página que fuese incapaz de sorprender al lector.

De acuerdo con José Miguel Oviedo, “de muy pocos se puede decir, como de Monterroso, que casi cada una de sus páginas es sencillamente perfecta y, al mismo tiempo, que tienden a serlo de un modo discreto: no buscan nuestro aplauso, sino nuestro placer; producido éste, parecen disolverse en su propio encanto, impalpable como un recuerdo”.

26 Enero 2013 04:00:28
El otro Murakami
Cuando alguien habla de “Murakami”, generalmente se refiere a Haruki Murakami, el excepcional escritor japonés que ha sido candidato al premio Nobel de Literatura. No es el único con ese apellido. Otro autor notable, con un estilo y obsesiones muy distintas a las de su homónimo, es Ryu Murakami. Si el primero goza de reconocimiento internacional, el segundo tiene fieles y numerosos seguidores en Japón.

Mientras Harumi explora el misterio y la ambigüedad, a Ryu le interesa retratar el lado más oscuro del ser humano. En sus novelas no abundan personajes que podamos clasificar de “normales”. La mayoría son seres alienados, incapaces de comunicarse de otra manera que mediante la violencia, asesinos despiadados y asesinos estúpidos; es gente acostumbrada a permanecer al margen, en los ambientes más sórdidos. La vuelta de tuerca: es en la maldad donde encuentran la salvación. En los actos más antisociales logran vencer, por un momento, la soledad, y podrían hasta encontrar el amor. Por supuesto, este desfile de personajes despreciables está lleno de humor negro.

“Popular Hits of the Showa Era”, por ejemplo, narra la guerra entre un sexteto de idiotas que se reúnen cada semana para emborracharse y mirar la silueta de la vecina de enfrente, detrás de las cortinas, y un grupo de divorciadas a las que no une otra cosa que la coincidencia de llamarse Midori. Cuando uno de los chicos asesina por impulso a una de las mujeres, se desata una serie de revanchas. Esta es una sátira en la que todos los personajes están perdidos, aman el karaoke y sólo en la venganza encuentran una escape de su patetismo hacia la realización personal.

“En la Sopa Misu”, su novela más famosa, nuestro anti-héroe es un joven guía en la ciudad de Tokio; específicamente, un guía de lo que él llama eufemísticamente, la “vida nocturna”. Conforme avanza la historia, crecen las sospechas que alberga con respecto a su cliente: un norteamericano repulsivo y temible que bien podría ser el asesino serial que últimamente aterroriza la ciudad. Ryu nos muestra lo peor de la cultura japonesa y del hombre, y la visión tiene un doble propósito: invitarnos a la reflexión y hacernos reír a carcajadas.

En sus primeros capítulos, “Piercing”, su siguiente novela, pareciera ser el relato de un crimen. Sin embargo, pronto nos percatamos de que el autor nos tiene preparado algo más. Al inicio encontramos al protagonista de pie ante una cuna; roza la mejilla de su hija con un picahielo. Con tal de evadir la abominable tentación, comienza a planear un asesinato. Pero, ¿qué hará cuando la mujer a quien elige como víctima le muestra sus propios demonios? El espectáculo es el de dos almas gemelas tratando de destruirse.
12 Enero 2013 04:00:45
Viaje al Oeste
En los tiempos de Cervantes y Shakespeare, también en China apareció uno de los clásicos de la literatura universal: “Viaje al Oeste”, de la posible autoría del sabio Wu Ch’eng-en (1500-1580). La novela narra el viaje mítico del monje Tripitaka desde China hasta el Paraíso Occidental de la India, con el fin de entrevistarse con Buda y conseguir las escrituras con sus enseñanzas. En su peregrinación hacia el Oeste deberá atravesar incontables reinos, ríos y montañas sin tener idea de cuándo llegará a su destino. Las montañas están plagadas de monstruos y los palacios de intrigas.

Si Tripitaka logra sobrevivir, es gracias a la ayuda de algunos poderosos discípulos que se le unen a lo largo del camino: Sun Wu-Kung, el Rey de los Monos –un personaje tan popular en Asia como Don Quijote en los países de habla hispana–; Ba-Chie, el siempre hambriento y lujurioso hombre-cerdo, y el Bonzo Sha, una silenciosa criatura marina. Ellos son viejos monstruos que en su tiempo ofendieron a los dioses celestes y ahora buscan su redención. No sólo son los encargados de librar las batallas, sino de llenar la obra de un gran sentido del humor y, curiosamente, imprimirle el lado más humano.

Tanto como la asechanza de enemigos, el monje sufre por el carácter irascible y las bromas del mono, y por las mentiras y la pereza del cerdo. Vista con atención, esta alegoría podría ser un reflejo más fiel de lo aparente del peregrinaje histórico que la inspiró: un hombre busca la iluminación, y su inteligencia y su cuerpo, además de ser las herramientas que lo llevarán a su destino, son obstáculos a superar.

El Hsuang Tsang histórico (602–664), decide estudiar en los monasterios de la India luego de un sueño revelador. Entre los años 627 y 645 hace a pie el viaje en el que cruza los actuales territorios de China, Pakistán, Nepal e India. No hay mapas y la amenaza de demonios y dragones le parece tan real como la de los tigres y los lobos que en cualquier momento podrían poner fin a su aventura. Incluso sin ser atacado por bestia alguna, los peligros del desierto y las montañas del Himalaya parecen insuperables.

Sin embargo, la empresa es exitosa. A su regreso, el peregrino recibe la bienvenida del emperador y dedica el resto de su vida a la traducción de los textos sagrados. Hoy la aventura histórica es tan celebrada como la literaria.

En cuanto a Sun Wu-Kung, es un personaje siempre popular y para muchos el verdadero héroe de la novela. De sus batallas, bromas y estafas se derivan numerosas obras en distintos géneros. Existen versiones modernas de la novela, antologías de ilustradores dedicadas al Rey Mono, varias películas, novelas gráficas y al menos un personaje inspirado en él: Goku, de la caricatura japonesa Dragon Ball.

En el genial “Viaje al Oeste” tenemos a la vez un tratado budista, una novela filosófica, de iniciación, de aventuras, de comedia. Al fin del peregrinaje no sólo aguardan las escrituras sagradas, sino la iluminación y la posibilidad de escapar al interminable ciclo de las reencarnaciones.


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28 Diciembre 2012 04:00:45
Viejos poemas
En el origen de todas las civilizaciones encontramos historias que nos enseñan a distinguir entre los valores y los actos prohibidos, que relatan las hazañas de reyes y guerreros o que responden a dos de las más inquietantes preguntas que se hacen los hombres y las naciones: quiénes somos y de dónde venimos.

Así, una infinidad de pequeñas historias entretejen el pensar y el sentir de un pueblo. Poco a poco se forman míticos árboles genealógicos y al cabo de un tiempo nace una gran épica que trata del origen de una civilización o del destino de su máximo héroe. Todas las culturas tienen su Creador y muchas tienen su Noé. Ninguna ha escapado a imaginar su nacimiento y su muerte, o la manera de esquivarla. Muchos de los primeros grandes poemas, de hecho, tratan el tema de la
inmortalidad.

En uno de los “Upanishads”, textos sagrados del hinduismo, Nachiketa interroga a la Muerte y obtiene la inmortalidad por medio del Ritual del Fuego. Por otra parte, en “La Ilíada”, quizá la épica más importante en Occidente, Aquiles la obtiene por medio de la gloria, distinguiéndose como el más grande guerrero. 
Sin embargo, con mayor frecuencia, la búsqueda está destinada al fracaso: En la epopeya de “Gilgamesh”, poema mesopotámico, el héroe la encuentra en una planta mágica en el fondo del mar, pero la pierde en el último momento. En “El Anillo de los Nibelungos”, Siegfrid se vuelve invulnerable al bañarse con la sangre de un dragón, pero le confiesa su punto débil a su esposa y ella se lo dice al guerrero envidioso que le dará muerte.

Un caso especial es el de “Beowulf”, de la melancólica épica inglesa del mismo nombre. El héroe obtiene la gloria, pero sabe bien (a diferencia de Aquiles) que eso no lo apartará de la muerte y el olvido. Para él, incluso la memoria de las grandes hazañas se marchita.

Pero no son la gloria y la inmortalidad las que motivan a todos los héroes. Algunos poemas épicos demuestran que más allá del orígen y la muerte hay otros temas poderosos en la imaginación de los pueblos. En el “Ramayana”, de la India, Rama se lanza a la guerra para rescatar a su amada, secuestrada por un monstruo, y en “La Odisea”, de Grecia, Odiseo rechaza la inmortalidad que le ofrece una diosa, puesto que él no desea otra cosa que regresar a casa. Ambos héroes se ocupan de la vida, y no de lo que vendrá después.
15 Diciembre 2012 04:00:52
El peleador que ríe
Es el estadio Rajdamnern, en Tailandia. Aquí se dan 36 peleas de Muay Thai cada semana. Los peleadores suben al ring y hacen una danza ritual (Wai Khru) para llenarse de energía y honrar a sus maestros. Desde las gradas los músicos tocan al ritmo de la contienda.

En la tercera pelea de hoy, un hombre de azul sube sonriendo al ring, feliz de estar ahí. Si lo juzgáramos sólo por su rostro, podríamos pensar que llegó al lugar por accidente; pero no, lo sabe buien y está preparado. Su contrincante, en la esquina roja, es más imponente.

Inicia el primer round y ellos se miden. Atacan con los ocho posibles puntos de contacto (pies, puños, codos y rodillas). Antes de que la batalla se incline a favor de uno de ellos, ya podemos adivinar su maestría por la manera en que siguen el ritmo de la música en sus movimientos. Generalmente gana el que nos da la impresión de estar haciendo una coreografía.

En el segundo round, el peleador de la esquina roja se perfila como el mejor. Al menos, supera al otro en técnica. El de azul no deja de sonreír. Es más: su sonrisa se hace más amplia a cada golpe que recibe. Cuando lo derriban, su sonrisa de profundo amor a la pelea es intimidante, su mirada penetrante.

Fue en la lona que encontró la clave para la victoria. La superioridad técnica del otro (¿en verdad la tiene?), el dolor que apenas se permite sentir, los puntos en contra por la caída... Todo eso le recuerda por qué está ahí, lo alimenta, le dice qué debe hacer con su contrincante. Sonríe porque ha de destrozar al otro.

Da golpes en la caras, rodillazos en las costillas, patadas a las piernas y a la cabeza, y para el tercer round el de rojo visita la lona. Se levanta de inmediato y ataca con fiereza, pero la pelea ya no es suya. Debe ser difícil luchar contra una mirada de loco. De cualquier manera, no retrocede. Sin embargo, se le hacen largos los siguientes rounds. Se levanta cada que cae, pero con el espíritu más pesado.

Cada que cae uin golpe de la esquina roja, medio estadio grita en lugar de su peleador; cada que cae uno del peleador sonriente, grita la otra mitad. Entre los gritos y la música, cada vez más intensa, se crea una atmósfera que nos hace contener el aliento.

En el quinto ambos buscan el knock out, pero no lo encuentran. Se alargan los dos breves minutos y ninguno se rinde. Un segundo antes de que acabe la pelea toman distancia y la sonrisa de nuestro peleador se vuelve más amable. Para cuando suena la campana se dan un abrazo fraterno y se agradecen por la pelea. Le hacen un gesto de respeto a su entrenador y éste les pone un listón con flores sobre los hombros.

Cuando le dan la victoria, el peleador sonriente salta de alegría. Posa triunfante para el fotógrafo del estadio y baja del ring. No tarda la siguiente batalla.



08 Diciembre 2012 04:00:05
Alteraciones de conciencia
Si hablamos de alteración de conciencia, lo primero que viene a la mente son drogas. Dependiendo de lo informado que esté y la postura moral que cada quien tome al respecto, imaginará algo más o menos peligroso, más o menos destructivo.

Sin embargo, hay distintas maneras de alterar la conciencia; muchas son sanas, legales e incluso gratuitas. De hecho, es tan cotidiana la acción de modificar la realidad llana, que bien podría ser más que una necesidad cultural, una necesidad humana. No hace falta ingerir sustancia alguna ni atacar la salud de nadie. Sólo hay que presionar play.

¿No altera la música nuestra percepción de la realidad? Realizar la misma tarea en el mismo recinto será muy diferente si oímos a Bach o a Metallica o a Rihanna o a Juan Luis Guerra. Lo importante es ponernos de acuerdo para estar “en el mismo canal”. Porque no importa que la realidad se vea ligeramente alterada si todos perciben más o menos lo mismo y las reglas de comportamiento queden claras.

Que un individuo viole dichas reglas se verá como un acto antisocial, que deberá ser corregido cuanto antes. Un abstemio moralizando en una borrachera es tan impertinente como un borracho cuando nadie ha bebido. De la misma manera, nos parecería “maleducado” alguien que trae sus audífonos puestos durante la comida o interrumpe una conversación para ponerse a tomar fotografías de los participantes –la cámara también altera la manera en que miramos: de pronto nos interesan la composición, las sombras, los juegos de luz y el contraste entre los colores. Entonces, para convivir, es esencial habitar la misma realidad. Hace falta establecer si beberemos o no, si habremos de posar cada que alguien saque una cámara o si nos iremos todos de safari fotográfico; si vamos a oír música, de qué género y a qué volumen. Habrá siempre presión social sobre la persona que reniegue de la convención. Si no quiere ver tal película o le disgusta tal otra banda, deberá mostrar firmeza y tolerancia, o se verá obligado a participar de la nueva realidad de mala gana o simplemente retirarse.

Si hablamos de alteración de conciencia, lo primero que viene a la mente son drogas, sin darnos cuenta que en el momento de hacer la reflexión probablemente ya hicimos algo para modificarla. Sólo en el teléfono celular tenemos música y videojuegos. Hay muchas maneras de responder a la milenaria pregunta de qué es lo que diferencia al hombre de los animales, y esta es una:

No sólo es capaz de modificar la realidad, sino que puede alterar la manera en que la percibe.


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01 Diciembre 2012 04:00:25
El conversador y el sátiro
El ensayo, muchas veces sustentado en una cuantiosa bibliografía, suele tener por destinatario al lector especializado. No es un género que suela leerse por placer, como sucede con la poesía y la novela. Aún cuando disfrute profundamente su trabajo, solemos imaginar al investigador como un hombre serio, a diferencia de quien devora una novela de aventuras.

Sin embargo, hay de ensayos a ensayos, y no es difícil encontrar algunos para el lector ocasional. Si vamos a los clásicos, veremos que los ensayistas no sólo se han ocupado de temas herméticos, sino que también hablan de lo cotidiano y a veces lo hacen con un gran sentido del humor.

Tenemos por ejemplo a Michel de Montagne (1533-1592), pensador francés en quien se adivina a un gran conversador. Absorbió de tal forma la historia contemporánea y antigua, que formaba parte de su habla cotidiana. Montagne ejemplificó las ideas en sus escritos con hechos históricos con la misma naturalidad con que otro hombre hablaría del clima o de lo que le ocurrió por la mañana. Y lo hace alejado de todo esnobismo, sin presunción. Las ideas Montagne, bien podrían venir de conversaciones frente a la chimenea.

Al leer los ensayos de Montagne, no es difícil notar un gran humanismo. Las horas de soledad que debe haber invertido en reflexión y estudio, parecen haber tenido la sola finalidad de hacer se su mundo un mundo mejor. Por esto viven aún los ensayos de Michel de Montagne: contienen las palabras de un gran conversador.

Trató temas como el valor de la verdad, el amor por los libros, el miedo –cuyos “aguijones” pueden ser más terribles que la perspectiva de la muerte–, o la pureza de las culturas calificadas de “bárbaras”.

Por otro lado, tenemos a Jonathan Swift (1667-1745), cuyo 345 aniversario celebramos este 30 de noviembre. A este escritor se le conoce más por la irónica novela “Los Viajes de Gulliver”, pero entre otras obras, dejó una obra maestra del ensayo satírico: “Una Modesta Proposición”.

Cansado de las ilógicas propuestas de su tiempo para aliviar la pobreza en Irlanda, publicó su modesta proposición para prevenir que los niños de las familias pobres sean una carga para sus padres y país, y hacer que beneficien al público: que estos padres le vendan sus hijos a las familias ricas para que estas se los coman, pero ejemplo, rostizado, empanizado o hervido, o en un fricassee o un ragout.

La burla es evidente –en su tiempo no lo fue para todos–, pero no es una simple muestra de sarcasmo. Como en “Los Viajes de Gulliver”, la crítica a la sociedad de su tiempo es aguda y feroz... Y una delicia para el lector.


24 Noviembre 2012 04:00:01
Las últimas fotografías de la humanidad
La órbita geoestacionaria está a 35 mil 786 km sobre el nivel del mar. Es ideal para los satélites de comunicación puesto que ahí viajan a la misma velocidad en que rota la tierra y, por lo tanto, desde nuestro punto de vista parecen inmóviles. Otra característica importante es que en esta órbita los satélites pueden permanecer intactos por billones de años –un poco más cerca o más lejos, y sufrirían un deterioro normal.

Es por ello que se ha pensado en ellos para dejar ahí una cápsula del tiempo: el EchoSrar 16 fue lanzado el martes 20 de noviembre, y lleva a bordo el proyecto fotográfico ‘The last pictures’: cien fotografías que, a criterio del artista Trevor Paglen, son representativas de la cultura mundial y podrían explicarle a esos posibles arqueólogos del futuro, humanos o no, quiénes fuimos.

Sería superficial decir que esta necesidad de dejar algo que nos sobreviva es producto de la reciente moda de imaginar el apocalipsis. Desde el nacimiento de las civilizaciones madre, como la olmeca, la mesopotámica o la china, el hombre ha buscado trascender. Las pirámides de Egipto y los templos mexicas pueden dar testimonio de ello. Ya que pocos de nuestros objetos cotidianos nos sobrevivirían más de algunos cientos de años, faltaba ese monumento que responda a la pregunta “¿Quiénes fuimos?”

Paglen consultó con científicos, físicos, artistas, filósofos, historiadores, astrónomos y sociólogos para llegar a esa memoria fotográfica. En ella vemos, por ejemplo, a un grupo de refugiados huérfanos que miran el mar por primera vez, la tierra vista desde la luna, un viejo teatro, la excavación en una montaña en Colorado, un tifón golpeando el Japón y a un grupo de migrantes mexicanos vistos por un Predator Drone. No son obras de afamados fotógrafos, sino, según el artista, “las pinturas rupestres del siglo XXI”.

El artefacto que contiene las imágenes, con su estuche de oro, fue diseñado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y el Carleton College, y comisionado por la organización no-lucrativo Creative Time. Orbitará la tierra por billones de años o hasta que alguien vaya a investigar su contenido –cuando seamos una civilización tan misteriosa como la olmeca.

“En algún punto en el futuro del planeta,” dijo Paglen, “la evidencia que quede sobre la superficie de la tierra de la civilización humana, podría ser rara. Podemos imaginar que en un billón de años una nueva generación de dinosaurios o criaturas marinas altamente evolucionadas mire el cielo nocturno y descubra el anillo de máquinas muertas alrededor de nuestro planeta. Si investigan esos extraños monolitos, ‘Las últimas fotografías’ podrían explicarles lo que pasó con la gente que las construyó”.

17 Noviembre 2012 04:00:32
Salvador Novo y la filosofía del cotidiano
Salvador Novo, en los ensayos “De la ventaja de no estar a la moda”, “Antología del pan” y “En defensa de lo usado”, no habla del Ser, de la Nada, de Dios; ni siquiera del bien y del mal. La búsqueda de Novo desde lo cotidiano.

¿Qué no la humanidad se encuentra en la misma medida en el taller del artista que en la cola del pan? Para Novo lo humano pertenece a todos, no al privilegiado que cuenta con una vasta biblioteca ni al “pueblo” como ente abstracto. En cada hombre hay humanidad manifiesta o reprimida, en sus actividades cotidianas.

El poeta penetra ese cotidiano con mirada tan aguda que siete décadas después de su publicación, sus ensayos continúan vigentes: el pan Bimbo le gana terreno al bolillo recién horneado, la industria automotriz avanza más allá de lo que pide el sentido común y la moda exige mucho más de lo que un presupuesto clasemediero puede costear.

O el hombre se ha deshumanizado o el concepto de humanidad vale menos de lo que nos gustaría pensar.

Efectivamente, la industrialización y el progreso nos ha traído cosas de las que difícilmente prescindiríamos; que han hecho tanto como agregarle décadas a nuestra expectativa de vida. Sin embargo, también, como asegura Novo, nos han deshumanizado. No sabemos de dónde vienen las cosas ni quien las fabrica, compramos objetos que ni siquiera servirán para una segunda mano, puesto que están diseñados para averiarse horas después del término de la garantía o tras unas cuantas lavadas. También se ha perdido, según Robret Bly, el contacto con nuestros padres, a quienes muchas veces les resulta imposible explicarle a los niños en qué consiste su trabajo.

Como dicen los norteamericanos, el pasto del vecino siempre se ve más verde. Pero, ¿no nos despoja de nuestra humanidad el hecho de que vivamos con lujos y necesidades que nuestra cultura no es capaz de producir? Los indígenas producen chamanes y quieren hospitales, producen barro negro y desean teléfonos celulares. Nosotros ya no estamos en el México de Novo, donde se buscaban artículos de segunda mano, hoy acudimos a nuestro “pirata” más cercano.

En esta ciudad hay quien sabe hacer pan, zapatos, mezclilla; inclusive hay quien sabe, aunque de manera insuficiente, traernos agua y luz. Pero queremos más. La ciencia y mecánica de los ricos, su arte, su literatura.

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10 Noviembre 2012 04:00:57
Ai Weiwei baila ‘Gangnam Style’
Parecen divorciados el arte conceptual, donde lo primario es la idea, y la cultura pop. Si los ponemos en la misa frase, es generalmente para denostar uno de ellos. Sin embargo, cuando no hay esnobismo ni miedo a lo “elevado”, estas dos expresiones culturales pueden converger. Los extremos, después de todo, suelen compartir la misma esencia.

Hace falta reconocer que necesitamos tanto las Bellas Artes como el Arte Popular, y que de este encuentro entre aparentes opuestos, suelen surgir propuestas frescas. La inspiración viaja en ambas
direcciones.

Ai Weiwei (1957), hace escultura, instalación, curaduría, fotografía, arquitectura (participó en la construcción del Estadio Nacional de Beijing) y es activista político. Recibió un premio de los International Architecture Awards, fue nominado por el Times a la persona del año en 2011, recibió un Doctorado Honoris Causa por la Facultad de Política y Ciencias Sociales de la Universidad de Ghent, en Bélgica; obtuvo el número 13 en el ranking de las 100 figuras más poderosas en el arte contemporáneo y pasó 81 días en una prisión china. Resumiendo, es un tipo al que se le toma en serio...

Pues Weiwei, artista disidente, subió un video a la red en el que baila “Gangnam Style”. Antes, habría sido impensable que un artista como él fuese sorprendido bailando el baile del caballo; hoy es notable que este video de Youtube merecía su atención: es el video más popular en la historia de Youtube con 531,984,265 reproducciones en la versión original de PSY; 104,373,202 en la de Hyuna, y millones más en versiones subtituladas, en concierto, homenajes, memes y parodias –nada menos que Obama Gangnam Style y JuanGa Style. Cuando PSY recibió un Premio Guiness, dijo: “Estoy honrado. Este es el primer certificado que obtengo... no obtuve uno en la escuela.”

¿Por qué este video ha hecho tanto ruido? Hay puntos en común entre muchos videos virales, como el humor y la brevedad. Sin embargo, no hay fórmula. Acaso la canción invita a callar esa enojosa voz de la razón y a tomarse lo menos en serio posible. La paradoja del baile del caballo sería entonces que es simultáneamente una bocanada de aire fresco y una peste.

Lo cierto es que se convirtió en un objeto cultural en buena parte del globo, y como tal, no tiene por qué pasar inadvertido para artistas plásticos e intelectuales.

03 Noviembre 2012 02:24:37
La Capilla Sixtina
Esta semana se cumplen 500 años de que Miguel Ángel Buonarroti (1475 – 1564) terminó su monumental fresco en el techo de la Capilla Sixtina. Desde entonces los visitantes de la capilla han contemplado la obra con asombro, y el resto del mundo conoce de memoria detalles como “La creación de Adán”. Maravilla que un solo hombre haya realizado esa proeza.

Miguel Ángel no empezó la obra por gusto: Tuvo una disputa con el papa Julio II luego de que éste cancelara la realización de un mausoleo –que retomaría años más tarde. Había pasado seis meses eligiendo personalmente los bloques de mármol que esculpiría, planeando. Regresó ofendido a su natal Florencia y se hizo del rogar antes de volver a Roma. Para entonces, Miguel Ángel ya era uno de los maestros más reconocidos de su tiempo y era temido como alguien que no perdonaba a nadie, ya fuera humilde o poderoso.

Una vez en Roma, cuando se le hizo el encargo del mural, hizo todo lo posible por evitar el compromiso: argumentó que él era escultor, no pintor. Creía que el que le hubiesen hecho tal propuesta era por intervención de sus enemigos. Finalmente, lo convencieron, contrató a algunos ayudantes y empezó un poco de mala gana.

Entonces algo pasó. Miguel Ángel se encontró en la majestuosa capilla con un proyecto sumamente ambicioso en sus manos. Sabía que sus conocimientos de anatomía eran superiores a los de cualquier artista desde la época clásica, era dado a experimentar y tenía una creatividad sin paralelo. Ahí estaba la oportunidad de asombrar al mundo.

El maestro echó a sus ayudantes y cerró las puertas del lugar. Salvo él, nadie entraría hasta que la obra estuviese terminada. Fue incansable. Pasó cuatro años pintando de espaldas sobre andamios cuidando hasta el menor detalle. Usó posturas que ninguno de sus contemporáneos se habría atrevido a realizar. Pintó figuras bellas, con gracia, poderosas, inspiradoras. Ningún otro artista gozó de fama semejante, y a pocos les debe haber resultado tan enojosa.

Ya en escultura había hecho milagros. Supuestamente, al ver el “David”, Leonardo dijo que había tanto mérito en haberlo esculpido como lo habría en resucitar un muerto. El halago no fue exagerado: las esculturas de Miguel Ángel, “liberadas del mármol” parecen respirar. Con sus esculturas y sobre todo con el fresco en la Capilla Sixtina, cambió la historia del arte y, logro aún mayor, la forma en que imaginamos estos temas.

¿Cómo imaginar de la misma manera el momento en que Dios Padre, con un toque de su dedo, le da vida a Adán, luego de que Miguel Ángel mostrara su obra en 1512?
27 Octubre 2012 03:00:31
El poeta en el exilio
El 21 de octubre de 1772 nació Samuel Taylor Coleridge, uno de los más grandes poetas del romanticismo inglés. A 240 años de su nacimiento, su filosofía y sus versos siguen teniendo vigencia y una gran fuerza.

Coleridge realizó una obra brillante en una época en que comenzaba una crisis que aún no superamos: los avances de la revolución industrial y el mito del progreso, vendrían con un alto precio. Las predicciones que hicieron los románticos al respecto hoy son parte de nuestra realidad. La imaginación está peleada con la razón, el corazón con los instintos, la vida laboral con la vida espiritual. Para el poeta, todo progreso que deja de lado el espíritu es falso.

Como los otros románticos, fue un hombre solitario. Su reclusión era indispensable para arribar a la “visión” sobre la que habría de escribir. Para él, no era la ciencia, sino la imaginación la verdadera fuente de la sabiduría, pues es a través de ella que el hombre podría comunicarse con lo divino.

Podríamos decir que los románticos eran ingenuos, que se necesita más que imaginación para que el mundo gire. También entonces, la sociedad se enfrentaba constantemente con los artistas, que se sumieron en la autocontemplación, no escapando del mundo, sino en abierta rebelión. El resultado natural del aislamiento era el rechazo. Su sensibilidad y poder creativo les abría un mundo interior que los excluía del exterior. Como escribió Walter Benjamin: “La repulsa del control […] en el asocial es una segunda naturaleza”. El trabajo de muchos románticos fue oscuro e inconforme, pero con frecuencia esperanzador.

Hoy, es más frecuente buscar el camino hacia una vida más espiritual en las religiones de Oriente, que en los poemas de Coleridge, Wordsworth o Blake. Sin embargo, estos poetas aventajan a las religiones milenarias en que le hablan directamente al hombre occidental y en que nos muestran que sólo viviremos el júbilo en la medida en que conozcamos y aceptemos el dolor. Mientras las filosofías orientales buscan trascender lo mundano, Coleridge encuentra la sabiduría en la redención y en la comunión con la
naturaleza.

Por ejemplo, en “La Rima del Antiguo Marinero”, uno de sus poemas más conocidos, el viaje interior inicia en la maldad aparentemente sin motivo, en lo demoníaco, en una rebelión que nace de la desesperación del individuo. Hace falta estar maldito para descubrir la condición humana y ser capaz de sentir compasión sincera.

Coleridge nos invita a buscar un saber que ya existe en nosotros a través de la imaginación. Según él, “la fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.”
13 Octubre 2012 03:00:58
Ser hombre
Cada cultura en cada época ha generado un modelo de masculinidad, una figura que posee todas las cualidades necesarias para vencer las adversidades a las que se enfrenta la sociedad. Es el hombre que encarna nuestros valores y en quien buscamos convertirnos. Por supuesto, nunca alcanzaremos a este ser sobrehumano, pero es, sin lugar a duda, más efectivo como guía que cualquier tratado sobre ética.

Toda la historia estos hombres ideales surgieron de la cultura popular. Sin embargo, en los últimos 60 años hemos aprendido tanto acerca del nacimiento y vida de un mito moderno, que no hemos podido resistir la tentación de arrebatarle el poder de crearlo al inconsciente colectivo. Después de todo, idear y controlar a este hombre ideal es tanto como manipular fuerzas de la naturaleza. Él ya no está ahí para ayudarnos a superar la adversidad; ahora es el perro del pastor.

Y distintos pastores diseñan distintos héroes para nosotros. La publicidad, por ejemplo, nos vende un modelo de hombre elitista, farol, guapo, atlético, exitoso, incapaz de soltar una carcajada y generalmente más mamón que simpático. Pero, ¿está enterado este tipo de la inseguridad y la corrupción o sólo le preocupa la temporada otoño-invierno en Palacio de Hierro? En tiempos complejos, hace falta un guía que también sea complejo.

En la historia mexicana más o menos reciente, encontramos dos héroes notables creados por la cultura popular –y no por un laboratorio especializado–: Pedro Infante y Cantinflas (hablamos aquí de los mitos, no de los hombres detrás de cámaras).

El primero es noble, seductor, alegre; está dispuesto a agarrarse a golpes o a llorar en una cantina, y su corazón está lleno de música. Pedro Infante disfruta de la vida en y fuera del trabajo. Para él, encontrar el amor significa una espiritualidad descubierta; empieza como un joven rebelde y, gracias al amor, se convierte en un hombre de familia.

Por su parte, Cantinflas es humilde y honrado. No se agarra a golpes, pero de ninguna manera se somete a nadie: es un hombre astuto que conoce el poder de la palabra. Antes que el canto y la guitarra, a él le gusta bailar, pues él identifica la sensualidad con la alegría y no con la seducción. También es noble y está dispuesto a ayudar. Para él, el amor, más que sentar cabeza, significa compartir.

Si Pedro Infante es un valiente guerrero, Cantinflas es un valiente pacifista.

En cuanto a la mujer, podemos pensar en María Félix: inteligente, decidida y fuerte. Infinitamente más interesante que una supermodelo. Los tres encarnan valores que todavía están vigentes, pero que resultan insuficientes para superar las dificultades de hoy. Aun cuando los recordamos bien, estos personajes pertenecen al pasado.

Debido a las nuevas crisis que vivimos, hace falta preguntarnos qué valores necesitamos para salir adelante: qué tipo de hombres debemos ser. Y es indispensable diferenciar los héroes verdaderos de los falsos.

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06 Octubre 2012 03:00:43
El porvenir
El porvenir suele anticiparse como un momento dorado antes de la muerte. No importa si creemos venir de los dioses o de un humilde organismo unicelular: nuestras ensoñaciones del porvenir nos llevan a una época mejor. Y puesto que el porvenir no tiene la previsibilidad que tiene el futuro, podemos confiar en que permanezca inalterado en un mítico tiempo sin tiempo; justo más allá de nuestra capacidad para hacer planes o previsiones a largo plazo.

Sin embargo, hay una cierta sensación de urgencia que acompaña la idea del porvenir y es esa cercanía con la muerte. Parecen ir nariz con nariz en una carrera hacia el final de nuestras vidas. ¿Nuestras prioridades seguirán siendo las mismas? ¿Veremos a la distancia los dramas de nuestra vida adulta? ¿Moriremos plenos y un poco más cerca de los dioses, o el desencanto habrá sido más veloz?

Este segundo destino no debe ser tan frecuente como podría pensarse en un principio: aquel que puede prever su fin sin gran satisfacción, puede simplemente renovar y transferir el dorado porvenir a la generación más joven. El porvenir nace con un quizá.

Así, el porvenir no será una realidad ni es mera ilusión: es parte del tiempo mítico que nos acompaña siempre en el presente. Es el tiempo en el que transcurren nuestras aspiraciones y el espacio donde las cosas estarán bien. ¿Quién puede asegurar que es más feliz y más pleno de lo que fueron sus abuelos y los abuelos de estos, o de lo que fue un hombre 100 generaciones atrás?

La dystopia pertenece al futuro; la utopía al porvenir.

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29 Septiembre 2012 03:00:20
Del sol al Twitter
Es fácil pensar que el ser humano comenzó a nombrar el mundo para poder conversar, para referirse al objeto ausente, para recordar y proyectar; que el solo propósito de una lengua es la comunicación entre hombres. Desde este punto de vista, el lenguaje es una herramienta con base en una necesidad.

Sin embargo, por otro lado, los mitos de distintas religiones ofrecen una perspectiva distinta: de acuerdo con ellos, fueron los dioses quienes le regalaron al hombre el don divino de la palabra. Aun si no creemos en los mismos dioses –la ciencia parece negarlos a todos–, estos mitos señalan un origen
posible:

La palabras nacieron del asombro del hombre frente a la naturaleza. Se refirieron primero a aquello más estrechamente vinculado con la vida, como el sol o el fuego; a eso donde habitaba la divinidad. Tenían el poder del conjuro. Por supuesto, antes que hablar de los dioses, se buscaba convocarlos y establecer un diálogo con ellos. Es decir, el poder de una palabra radicaba en su capacidad mágica de vincular al hombre con el más allá. No era una herramienta para transmitir mensajes: eran la mensajera y por lo tanto la frontera misma entre los mundos.

Si bien hoy el lenguaje ha perdido el carácter sagrado que le daba ese vínculo, también es cierto que es más que una herramienta –siempre podemos dejar a un lado las herramientas. Cualquier texto (no importa si cuenta una historia o hace divulgación científica), busca revelar algo que hasta entonces había permanecido oculto para los lectores, busca que sus palabras revelen su potencial en la inteligencia o en la imaginación de su destinatario.

Y no sólo el poeta busca que sus palabras sean longevas y escuchadas por muchos. Incluso el tuitero con la peor ortografía conoce el poder de sus palabras: antes de lanzar un mensaje al ciberespacio –al más allá–, ya imagina la medida que tendrán en cuanto a seguidores, retuits y conversación generada. Aquello que dice debe atraer tantas miradas como sea posible a una región de su ser que quizá había considerado invisible.

La palabra hablada de los mitos es la palabra escrita de la era moderna. Tanto convocar a los dioses como convocar a los hombres es trascender la herramienta y hacer un llamado al alma (el chiste y el comentario vulgar también viven ahí). Del sol al Twitter, la palabra le permite al hombre conversar con lo extrahumano.
22 Septiembre 2012 03:00:43
Literatura en la oficina
Mucho se han preguntado los divulgadores culturales cómo podrían acercar a los adolescentes o a los trabajadores de sol a sol a la literatura, aquellos que prácticamente sólo leen en aeropuertos o en sus vacaciones familiares. Cómo lograr que los empleados de confianza de las grandes empresas, por ejemplo, superen el prejuicio de que consumir cultura cuesta trabajo y dediquen unos minutos a la lectura. Con este propósito, se ha intentado desde el concurso de cartel “invitemos a leer”, hasta la novela vía twitter.

Es posible que en Asia hayan encontrado la respuesta; al menos así parece al encontrar el punto común entre dos fenómenos literarios del lejano oriente. En Japón, por un lado, las novelas de adolescentes, vía SMS, son todo un éxito. Un ejemplo notable es el de Yume Hotaru, que a sus 22 años escribió una adictiva novela en este formato. Gracias a su éxito, la obra se llevó al papel y pronto se convirtió en un best-seller nacional.

Por su parte, en China ha surgido un nuevo género literario: las novelas ambientadas en el lugar de trabajo. Lu Qi, también autor de best-sellers, adjudica el éxito de este género protagonizado por ejecutivos y secretarias, a la pujanza de la creciente clase media. Estos lectores no sólo están hambrientos de historias, sino que buscan información, ejemplos de cómo sortear los mismos obstáculos a los que se enfrentan ellos para sobrevivir y sobresalir en la empresa.

El éxito de estos autores por supuesto está sustentado en el talento que tienen, pero eso no es todo. Si reconocemos las escuelas secundaria y preparatoria, y las empresas transnacionales como lugares con formas de pensar particulares, con reglas y lenguajes propios o, en otras palabras, como subculturas, veremos que les es necesaria una literatura propia. No basta con que el escritor profesional haga su investigación y coloque a su protagonista en ese ambiente: esta literatura debe surgir de los miembros de la subcultura. Así, los lectores potenciales –que no tienen tiempo y que están cansados–, le quitarán minutos al sueño y a las redes sociales para leer.

Entonces, ¿cómo hacer que los adolescentes y los trabajadores de sol a sol lean? Hay que invitarlos a contar sus propias historias, historias de aquello que les interesa y que se ubiquen en contextos que conozcan. No necesitan grandes ambiciones literarias, sino quitarle unos minutos al día y disfrutar contando.
15 Septiembre 2012 03:00:22
La pequeña patria
¿Cómo imaginamos México? Dependiendo del contexto, podría ser a través de su música y su cocina o de su política o de sus sitios turísticos. Podemos imaginar playas y pueblos, ambientes, rostros, la bandera ondeando en el patio de una escuela o incluso un mapa. Cada quién lo hace a su manera, de acuerdo con su ideología y experiencia. Sin embargo, aunque los matices son incontables, las respuestas no deberían resultar muy distantes unas de otras.

Un punto en común que podemos encontrar entre la mayoría de las piezas de este mosaico mexicano, es que las encontramos en las calles y en los reportes de los medios masivos de comunicación. Es decir, ya sea que encontremos la realidad de lo que es nuestro país en las fiestas patrias o en la primera plana de los periódicos, podemos convenir que el país está afuera. La cocina típica muchas veces vive en los restaurantes y las noticias, con suerte, han ocurrido lejos de casa. Nuestra casa está en México, pero México no puede entrar a menos que encendamos el televisor o dejemos entrar al plomero o al del gas, o que el vecino tenga fiesta. Lo más cómodo es formar parte de la sociedad solamente del recibidor hacia afuera.

Necesitamos otra patria más pequeña, donde haya menos problemas y ningún turista, donde lo “nuestro” sea nuestro. Necesitamos un lugar donde haya más descanso y menos miedo, menos patriotismo y más amor.

Pensando en grande y definiéndonos con base en nuestra cultura, nos encontramos pronto investigando las otras culturas que le dieron origen: las prehispánicas, la griega, la latina, las africanas… y si no nos detenemos, la reflexión nos lleva hasta las pinturas rupestres y los más antiguos sitios funerarios. Por otro lado, podemos irnos al otro extremo y considerar que la verdadera patria es el hogar y que, cada que ponemos un pie fuera, nos embarcamos en relaciones internacionales. La línea divisoria entre cultura local, nacional, occidental y humana, si existe, es borrosa y flexible.

¿Qué celebramos, entonces? La emotividad de pertenecer a algo más grande; algo que nos han vendido desde la escuela primaria y continúan vendiendo los medios de comunicación, algo que cada uno viste con sus propias experiencias y opiniones: una realidad convenida sin la cual el mundo ya no gira. Para que la pequeña patria del hogar continúe existiendo, soberana, hay que participar en esa realidad más grande. Hay que practicar el arte de la conversación y mostrar abiertamente nuestro orgullo e indignación. Hay que preservar el país y el continente y el hemisferio y el planeta, para que se nos deje tranquilos en casa viendo un programa norteamericano, en un televisor japonés y vistiendo ropa manufacturada en India, esperando que llegue la comida italiana a domicilio.

08 Septiembre 2012 03:00:22
Contra la inteligencia
Cada día hay decenas de pistas, pequeñitas, que nos susurran “no eres dueño de ti”. Nos dejamos conducir por esos entes detrás de la conciencia y con frecuencia hay un buen pretexto –como el estrés o el alcohol–; pero al final, hay evidencia de que en mucho de aquello aparentemente sin importancia, no tenemos inconveniente en darle el volante a quienquiera que habite nuestro subconsciente. Es él quien hace el comentario inapropiado; el que come de más, el que sale a correr al parque o se queda a ver televisión, el que da el tercer manotazo sobre el snooze en la mañana. La cultura occidental nos enseña que somos seres racionales y dueños de la materia, pero al parecer no es así.

Dedicamos buena parte del día a solucionar los problemas que se nos asignan, de acuerdo con nuestro perfil profesional, y tenemos una creciente necesidad de pequeñas pausas de diversión y gratificación social –las redes sociales me vienen a la mente–. Entretanto, pareciera que entre esa mente abstracta y el cuerpo que habita hay una relación de extraños. El estrés se da, simplemente, cuando estamos en una situación en la que no deberíamos estar: es un grito del cuerpo pidiendo que lo saquen de esa oficina y lo lleven a Cancún. Pero no, la mente tiene que proveer para el cuerpo aunque signifique olvidarse de él por horas sin fin. “Hay que perseguir la chuleta”. Más tarde lo compensará con algún pequeño lujo o, al menos, una chuleta.

Por supuesto, hay muchísima gente que va al gimnasio o practica algún deporte, pero, como ha dicho Hollywood con frecuencia, nos falta detenemos a oler las flores. El cuerpo resiente el abuso y responde con acciones que no van de acuerdo con el plan. Para él, la inteligencia debe estar sobrevalorada. ¿No le ha estorbado siempre a la hora de bailar?

A veces, debemos hacer una pausa y disfrutar, alejarnos un poco de la inteligencia. Sam Keen, un filósofo norteamericano, cita a varias fuentes: “Los mejores hombres siempre han elogiado esta disposición fundamental hacia la vida. Platón y Aristóteles: ‘La filosofía empieza en el asombro.’ Jesús: ‘Les aseguro que si ustedes no cambian y se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos.’ Kant: ‘Dos cosas llenan la mente con creciente admiración y asombro: el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral debajo.’ D.H. Lawrence: ‘La sensación de asombro, ese es nuestro sexto sentido. Y es el sentido natural de la religión’. Dag Hammarskjöld: ‘Morimos el día en que nuestras vidas dejan de estar iluminadas por la radiación, renovada diariamente, de un asombro cuya fuente está más allá de toda razón’”.
01 Septiembre 2012 03:00:32
En llamas
Murió Malcom Browne (17 de abril de 1931 – 27 de agosto de 2012), corresponsal de la “Associated Press” y más tarde de “The New York Times”. Tenía 81 años. El reportero y fotógrafo, que trabajó con frecuencia en zonas de guerra, estaba convencido de que la conciencia acabaría un día con la barbarie. Entonces, la idea del progreso estaba más viva que hoy. Efectivamente, era una época en la que el acto de un hombre humilde, capturado por una cámara, podía cambiar el rumbo de la historia. Browne documentó uno de esos actos y así mostró al mundo una de las imágenes más sobrecogedoras de la década de 1960: la auto-inmolación del monje budista Thich Quang Duc.

El contexto: Vietnam del Sur (1955 – 1975), apoyado por los Estados Unidos y algunos países de Europa, luchaba contra Vietnam del Norte. Su misión era acabar con el comunismo y expandir, por cualquier medio, la religión católica. En junio 10 de 1963 se anunció que a la mañana siguiente ocurriría algo importante en Saigón, hoy Ho Chi Minh; como la rebelión budista en contra de las políticas de su gobierno no era algo nuevo, sólo algunos reporteros acudieron a la cita, entre ellos Browne.

Llegó una procesión de unos 350 monjes a unas cuadras del Palacio Presidencial. Thich Quang Duc bajó de un automóvil y se sentó a media calle, sobre un pequeño cojín. El monje, en flor de loto, tomó sus cuentas de madera y rezó. Un colega le vació cinco galones de gasolina sobre la cabeza, pero fue él mismo quien encendió el cerillo y se prendió fuego. El hombre en llamas no movió un músculo ni emitió quejido alguno. Fueron los testigos quienes lloraban; muchos de ellos se postraron en reverencia. Tanto la fotografía de Browne como la noticia de que aun tras una segunda cremación el corazón del monje había quedado intacto, recorrieron el mundo.

Y casi medio siglo más tarde la imagen sigue siendo tan poderosa como entonces. Tenemos la misma admiración por un hombre dispuesto a cambiar el mundo y todavía nos ponemos del lado de ese hombre que demuestra una fuerza interior inagotable, sin llamarlo fanático. Le reconocemos valores que nos gustaría tener y admiramos que alguien tan grande le haya dado a su persona tan poca importancia.

Sin embargo, con los tiempos han cambiado los valores; Thich Quang Duc y su fotógrafo parecen remotos. Así como ha decaído el mito del progreso, han ido desapareciendo los ideales que pueden llevar a un hombre a dar su vida. O quizá es solamente que la ciencia de desprestigiar a los héroes se ha perfeccionado. O bien, que estamos tan desencantados que los mártires, cuando no han sido santificados por la opinión pública, nos parecen sospechosos. Entonces era común la voz de “tú puedes cambiar el mundo”. Esta década no se oye más que “tú puedes sanar tu vida”. Al menos en occidente, como testigos, nos inquietaría menos el monje en llamas, que la cicatriz emocional que pudiera causarnos.
25 Agosto 2012 03:00:02
El alma de los asesinos
Hoy se cumplen 28 años de la muerte de Truman Capote (30 de septiembre de 1924 – 25 de agosto de 1984), un hombre que si bien demostró muchas veces ser un autor brillante, es especialmente reconocido por la novela “A Sangre Fría”. Es fácil encontrar datos biográficos acerca de Capote; hay libros, películas, páginas web que ilustran y hasta explican su vida. Sin embargo, es con base en sus cuentos y novelas que podemos reconstruir su manera de observar el mundo y a sí mismo.

El lado moral del asunto –sus juicios y prejuicios– es interesante, pero lo es más esa cualidad atemporal que lo definió: a pesar del miedo y la fatiga, observó siempre su angustia. No la dejó atrás para mejorar su calidad de vida y disfrutar del tesoro de la salud mental: la investigó como quien descubre un mundo porque sabía que es ineludible. La angustia precede a la memoria y, a cada quién a su manera, lo acompaña hasta la muerte. Su forma de mirar se convirtió en una ética que debió modelar cada suceso de su vida, como lo hizo con cada página que escribió.

Los personajes de sus cuentos, sean aristócratas neoyorquinos o marinos acerados, están atrapados por sus máscaras, por las reglas y la ceguera de sus clases sociales, por un dolor que no saben que está allí; y a través de un suceso que quizá ellos mismos calificarían de insignificante, se les revela su prisión. Son historias que sólo pueden venir de la pluma de un hombre que se ha extraviado voluntariamente en su particular laberinto mental.

La novela “A Sangre Fría”, basada en una historia real, gira alrededor de la masacre de una familia a manos de un par de ladrones de poca monta. Al principio, Capote nos da a conocer a esta familia de granjeros, haciendo ver a los asesinos como seres desalmados e inhumanos. No obstante, progresivamente nos introduce en su alma –porque la poseen. Y la oscuridad que allí encontramos poco a poco descubre matices de nuestro propio dolor. Los criminales ya no nos resultan inhumanos, sino demasiado humanos; los reconocemos, quizá, de nuestras pesadillas o encontramos en ellos el reflejo de nuestro lado más oscuro.

Es admirable la entrega del autor a la investigación para la novela; el tiempo, las páginas, la amistad que forjó con los asesinos… Pues no se limitó a las motivaciones y los hechos –lo demuestra el grado de empatía que los lectores tenemos para con ellos–: el escritor compartió la particular huella de dolor de aquellos que un hombre con una fuerza interior más limitada habría calificado, simplemente, de monstruos. El genio de Truman Capote residía en esa manera de observar.
18 Agosto 2012 03:00:05
El proceso de Charles Dickens
Surgió una tecnología que permite leer bajo los tachones en un manuscrito. El aparato usa una hoja especial que es sometida a una corriente eléctrica, iluminada por el reverso y después fotografiada; el resultado es interpretado por un software. De esta manera, los estudiosos planean descubrir pasajes perdidos en los manuscritos de Charles Dickens (7 de febrero de 1812 – 9 de junio de 1870), uno de los autores fundamentales de la literatura inglesa.

Podrían ser miles las páginas que se revelen, pues Dickens tachaba y corregía incansablemente. Según los curadores del Virginia & Albert Museum, en Londres, lo que va del estudio muestra al autor “casi pensando en voz alta en el papel.”

La cuestión es: ¿Necesitamos las frases y los párrafos que desechó el propio novelista? Sin duda sería interesante conocer más del proceso creativo de este hombre genial. Serán quienes hayan extendido su interés desde “Grandes Esperanzas” u “Oliver Twist”, hasta la vida y el pensamiento de Dickens, los que analicen los textos revelados.

Sin embargo, desde el punto de vista del lector común, asomarse a ver el andamiaje de su obra podría resultar decepcionante. Poco queda cuando explicamos una ironía o algo que genera ternura, y poco debe quedar, también, a la hora de revisar versiones anteriores de un pasaje poético que, en su forma definitiva, parece inmejorable. Buscar los mecanismos detrás de la magia es negarla; es llevarla al terreno de la ciencia o, peor, del truco.

En febrero se celebró el 200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens, lo que justifica el creciente interés en abordar su obra de nuevas maneras. Y aunque los textos que descubra esta tecnología causarán revuelo entre los especialistas, seguramente llegarán a pocas manos fuera de la Gran Bretaña y los Estados Unidos. Aun así, no dejan de tener importancia para nosotros: al igual que lo han hecho las más de 180 películas y los innumerables ensayos que se han escrito con base en las novelas de Dickens, dichos textos renovarán el interés del lector. Toda obra derivada es un homenaje y, aunque sea más o menos exitosa, nos llevará con frecuencia a la lectura la inspiró. De esta manera podemos pasar con satisfacción de una noticia de tachones como la que nos ocupa, a un pasaje como el siguiente, de “Historia de Dos Ciudades”:

“Es un hecho maravilloso y digno de reflexión, que cada ser humano es un profundo secreto y un misterio para los demás. A veces, cuando entro de noche en una ciudad, no puedo menos de pensar que cada una de aquellas casas envueltas en la sombra guarda su propio secreto; que cada una de las habitaciones de cada una de ellas encierra, también, su secreto; que cada corazón que late en los centenares de millares de pechos que allí hay, es, en ciertas cosas, un secreto para el corazón que late más cerca de él.”
11 Agosto 2012 03:00:42
Los premios de Parra
A sus 97 años, el poeta chileno Nicanor Parra no se toma muy en serio los reconocimientos que le han hecho. Adquirir más o menos prestigio parece no inquietarle. Según su discurso de aceptación del Premio Cervantes, en abril de este año, “los premios son para los espíritus libres y para los amigos del jurado”. En esa ocasión, también, hizo llegar “una máquina del tiempo”: su vieja máquina de escribir y un poema que sólo podrá abrirse dentro de 50 años –un poema burlón, posiblemente.

Este 8 de agosto se le concedió el Premio Neruda, “tan contundente como inmerecido”, y en la ceremonia (en la voz de su nieto pues él no puede viajar), tenía muertos de risa a los asistentes con su lúdico “Poema 21”, que responde a los 20 poemas de amor de Pablo Neruda. Y si se declaró acreedor del premio anterior por un libro que está por escribir, ahora ironizó adjudicando a su edad el haber sido galardonado: “Irregularidades como ésta no debieran volver a repetirse. Yo por mi parte me querellaré contra quienes resulten responsables. Hay una sola explicación posible: el precario estado de salud en el que se debate el anciano decrépito”

Por supuesto, para sus lectores, esto es más que un reconocimiento a la longevidad del poeta; la crítica, de hecho, espera que Nicanor Parra gane el Nobel –sería el séptimo para las letras hispanoamericanas.

En una época en que la novela ya le comió buena parte del mandado a la poesía, el trabajo de Parra es más que bienvenido. No hacen falta doctorados para disfrutar de su humor cáustico, para identificarse con sus temas, para maravillarse con sus paradojas. Su lenguaje directo y coloquial es prueba de que en su poesía es tan poco solemne como en su vida. Es fácil y divertido leerlo, aun cuando aborda temas complejos y emotivos.

Él descubrió muy pronto que se vive la poesía todo el tiempo y aunque uno no lo quiera. Puesto que es ineludible, es asunto que no se debe tratar con gravedad. En “Hojas de Parra” nos advierte: “Y por favor destruye este papel / la poesía te sigue los pasos / a mí también / a todos nosotros”.
04 Agosto 2012 03:00:22
El centenario de Virgilio Piñera
A 100 años de su nacimiento, el cubano Virgilio Piñera (4 de agosto de 1912 – 18 de octubre de 1979) se ha afirmado como un autor imprescindible de las letras hispanoamericanas. Como poeta, cuentista y dramaturgo, nunca dejó de buscar nuevas formas de explorar sus temas; es un escritor de una versatilidad y originalidad asombrosas.

Virgilio no estuvo atado a ningún género. Su obra puede verse como una mirada caleidoscópica a sus obsesiones –quizá la más recurrente sea esa hermandad entre la imaginación y la locura. Reconoció la mente como una fuente inagotable de contradicciones y paradojas, un verdadero laberinto para quien tiene el valor sumergirse en la fantasía, la remembranza y la filosofía; lo reconoció, dio unos pasos atrás, y soltó una carcajada. Porque este autor cultivó la ironía y un humor negro que pareciera dirigido hacia sí mismo, aunque los intelectuales también recibieron su dosis de burla. Es sentido del humor nacido de la angustia existencial.

Ya sea que incursione en el relato detectivesco, como en “El caso Baldomero”, o en el surrealista, como en “El Impromptu en Fa de Federico Chopin” (bello y alucinante), a muchos de sus personajes les interesan más las verdades que pueden fabricar sus mentes, que eso de la realidad objetiva –para ellos, prácticamente un mito. También está el narrador de “Un jesuita de la literatura”, que equipara los laberintos de la imaginación con su máquina de escribir; si bien logra huir, con esfuerzo, de ‘la maquinita’, acabará por darse cuenta de que su escape es sólo momentáneo.

En su poesía pocas veces encontramos el sentido del humor de sus cuentos; las obsesiones y los encuentros con la muerte son los mismos, pero escribe desde una distancia menor, sin la posibilidad de cargarle a un personaje con lo que para él significa vivir. Pero no todo se mira desde la subjetividad del individuo: en el poema de largo aliento “La Isla en Peso”, por ejemplo, captura el alma de Cuba de una manera tan efectiva que sigue siendo un retrato tan fiel hoy como lo fue hace 70 años.

Uno de sus poemas, “En Resumen”, nos ofrece una explicación acerca de la capacidad del autor cubano de viajar entre mundos: “Así pues, habiendo salido de esa caverna / a las cinco de la madrugada / –hora lechosa, indecisa, / en que las brujas imaginarias / se confunden con las brujas reales–, / empecé a ser Virgilio. […] Toda madre / más que dar a luz, da a tinieblas; / y su fruto –topo desvalido– / engulle su primera ración de ceguera.”
28 Julio 2012 03:00:45
En librerías de viejo
Casi en cualquier librería encontramos los best sellers de la temporada y algunos clásicos. Fuera de estos dos grupos de libros (los que venden como pan caliente y los que conforman el canon occidental y el nacional), hay miles de publicaciones, algunas geniales, que están unos pocos meses en exhibición y luego se agotan o desaparecen en alguna bodega. Es un enorme tercer grupo, y para conseguir las obras que lo conforman debemos asistir a la presentación del libro o buscarlo en las librerías de viejo.

“Tiene la Noche un Árbol” , una colección de cuentos de Guadalupe Dueñas (Guadalajara, 1920-2002), es una de esas maravillas literarias que sólo encontraremos en librerías de viejo. Quizá haya que buscar en varias antes de dar con un ejemplar, pero por el hallazgo vale la pena el esfuerzo.

En “Tiene la Noche un Árbol” encontramos desde textos que bien pudieron haberse publicado en un poemario, como “La Araña” y “Caso Clínico”, hasta un cuento que tiene mucho de policiaco, “Guía en la Muerte”, donde la protagonista descubre que el guía es hijo y cómplice en la muerte de una de las momias de Guanajuato. Si bien en cada cuento hay una búsqueda distinta, el libro está unificado por la voz inconfundible de su autora y por la presencia constante de la mirada de los niños.

“Historia de Mariquita”, por ejemplo, es un cuento terrible, narrado por una niña que acepta con naturalidad la locura de sus padres, que llevan a su hermanita muerta en un frasco, o “El Moribundo”, donde se narra con elocuencia la relación de un año que tiene una niña con un tuberculoso, que va desde el rechazo hasta un profundo cariño.

Algunos temas recurrentes en los cuentos de Dueñas son soledad, la desolación, la muerte, el choque entre el mundo de la materia y el de la imaginación. Sin embargo, esto no con un regodeo en el dolor; muchas veces encontramos un fino humor negro, y siempre un ansia de descifrar lo humano, que rebasa la anécdota del cuento. De hecho, en la mayoría de los cuentos, a la autora le interesa más establecer el tono y la atmósfera, en los primeros párrafos, que aclarar quienes son los protagonistas y de qué va la historia. Todavía no sabemos quién narra o desde dónde, cuando ya estamos sumergidos en un ambiente poético y sombrío, extraño.

Otra constante en Guadalupe Dueñas y que no he encontrado en otros autores: para ella la imaginación es un abismo entre cada uno y su prójimo. Muchos de los cuentos tienen un detonante cotidiano, pero no tienen otro remedio que ser transformados por la mirada. Para la autora la objetividad no puede ser más que una fantasía del ser humano, fantasía que a ella no le resulta deseable. Aquí no hay realismo mágico. Hay magia en sus cuentos, pero no está afuera, sino en el punto de vista del personaje narrador. Por ejemplo, en “Mi Chimpancé”, sabemos que la narradora no está hablando con un chimpancé, sino que ve a un hombre como tal.

Guadalupe Dueñas fue sin duda una gran escritora. Con una edición de 1958 y una de 1985 ya es más que justo que se reedite “Tiene la Noche un Árbol”. Necesita nuevos lectores y páginas más blancas.
21 Julio 2012 03:00:55
Los desgraciados hombres perro
Como cazador, el hombre prehistórico se convirtió en un gran observador de la fauna. Mimetizarse con su presa o con depredadores que perseguían las mismas manadas, le era esencial para ser un cazador más efectivo, y para coexistir e incluso cooperar con otras especies. De esta mimesis a la hibridación sólo faltaba un salto de la imaginación.

En todas las culturas se encuentran ejemplos de seres con características tanto humanas como animales, desde las figuras híbridas en pinturas rupestres, en Francia, hasta los nahuales mesoamericanos o las deidades egipcias. En la cultura occidental tenemos a San Cristóbal de Licia, mártir con cabeza de perro, además de centauros, hombres lobo, etc. Apropiarse voluntariamente de características animales, físicas y espirituales, significaba obtener una doble visión, un poder sobrehumano; hacerlo por designio divino o demoníaco, era verse degradado a la barbarie.

Para un autor de ficción, el hombre lobo permite explorar el terror de verse amenazado por ese asesino o de vivir con él en su interior. Sin embargo, hay mucho más por descubrir en estos seres híbridos. Por ejemplo, ¿qué pasaría con una persona al adquirir las características, no del asesino del bosque, sino del que por milenios ha sido su compañero más fiel? Dos maravillosos narradores nos responden:

Mijaíl Bulgákov (1891–1940), novelista y dramaturgo ruso, es autor de “Corazón de Perro”. Inspirado por “La isla del Doctor Moreau” (H.G. Wells), pero con un humor azabache, nos cuenta la historia de “Bola”, un perro callejero dotado por la ciencia de razón y un cuerpo antropomorfo. Más tarde conocido como “Poligraf Poligrafovich”, “Bola” se convierte en un grosero borracho que coquetea con el partido comunista. Y si bien el hombre can es inofensivo, no deja de generarle horror a su creador. Una criatura que derriba la barrera entre lo animal y lo humano, y asciende a un mundo que debía permanecer inaccesible, lleva consigo una verdad terrible: el hombre, apartado de la civilización, también puede descender a la bestialidad.

Cuatro décadas más tarde, el chileno Carlos Droguett (1912–1996) publica “Patas de Perro”. Con una prosa envolvente y única, con ternura y pesimismo, nos presenta a Bobi, un niño que, como indica el título de la novela, tiene patas de perro, perro de raza. De nada le sirven al chico su inocencia, su inteligencia aguda o la belleza de sus facciones: él despierta la compasión de unos pocos (individuos inermes), y los instintos más “inhumanos” de la mayoría. Bobi, valiente y orgulloso, buscará su destino; otros querrán negárselo. De padecer una deformidad, tendría un lugar en la sociedad y recibiría clemencia; pero así, dueño de una perfección inaudita, violenta lo establecido por la naturaleza. Toda la historia hemos buscado destruir aquello que escapa a nuestro entendimiento.

Ambos escritores exploran el monstruo en el corazón del hombre y van más allá: profundizan en la fascinación y el horror que provocan aquellos que simultáneamente habitan dos mundos. Estos seres intermedios han descubierto un puente entre realidades aparentemente opuestas, y bajo sus pies adivinamos el abismo.
14 Julio 2012 03:00:27
Klimt y las mujeres como diosas
Hoy celebramos el 150 aniversario del nacimiento de Gustav Klimt (Baumgarten, 14.7.1862–Viena, 6.2.1918). Autor de pinturas icónicas como “El Beso” y “Muerte y Vida”, su obra se caracteriza por una sensualidad que escandalizó a la Viena de su época y sigue siendo conmovedora hoy por su elegancia y belleza.

La obra de Klimt está poblada por mujeres como diosas y diosas encarnadas en cuerpos estilizados y eróticos, pero alejados de la idealización clásica. Desnudas o ataviadas con los mantos y vestidos más suntuosos concebidos por la imaginación de la Secesión (el equivalente vienés del Art Nouveau), estas mujeres son dueñas de un poder avasallador. Cuanto más femenina es la atmósfera del cuadro, más libres son ellas, más fluida y natural es su actitud; sin embargo, en cuanto se percatan de la presencia del observador (y estar frente a un cuadro de este artista es convertirse en mirón), se retraen a un espacio inaccesible o ejercen su atracción de femmes fatales. El poder que extraen de su femineidad parece inagotable.

Aquí se invierte la visión clásica, donde la belleza de la mujer le pertenece al espectador: en Klimt, ella puede seducir, sugerir, alienar, ignorar, menospreciar a quien la observa. En “Judit II”, por ejemplo, el rostro ausente y las manos como garras de la heroína semidesnuda, parecen advertir que enjaular a una mujer conlleva la destrucción del hombre. En “Serpientes Acuáticas II”, cuatro mujeres de pelo rojo, cubierto de flores, parecen compartir con el reptil sagrado los misterios de las profundidades, su energía incluso en el letargo, su relación simbólica con la sanación, el veneno y la expansión de la conciencia; una de ellas nos da una mirada suave y transparente.

Si Edgar Degas exploró el mundo femenino retratando a sus modelos en soledad, en situaciones cotidianas, como al peinarse después del baño; Klimt lo hace mediante la simbología freudiana y, en lugar de realismo, busca una esencia que trascienda la individualidad de cada mujer, incluida la de aquellas de quienes pintó retratos. En su obra, cuando la mujer admite al hombre, es condescendiente. En “Adán y Eva”, ella mira atenta y sonrojada fuera del cuadro mientras él duerme satisfecho, relegado al fondo del cuadro. Adán ha poseído a Eva, pero no la conoce. También en su más célebre pintura, “El Beso”, la mujer aparenta someterse al cariño de su amante, aunque su rostro parece rehuir del beso que quizá había buscado sus labios, y sus pies y manos tensos son los de alguien que quiere romper el abrazo.

Habitante del “laboratorio del Apocalipsis”, como se le llamó a la Viena de antes de la guerra, Gustav Klimt supo entender y trascender su tiempo; abordar su tema con verdadero arte. Según él mismo dijo de sus dibujos, homenajeó a “la raza ingenua y voluptuosa de los hipersensibles”.
07 Julio 2012 03:00:15
Las voces de William Faulkner
Este 6 de julio cumplió 50 años de muerto William Faulkner (1897–1962), uno de los autores más importantes de la literatura sureña de los Estados Unidos. El premio Nobel de 1949 retrató a una aristocracia del Mississippi que, aunque seguía soñando con su pasado glorioso, vivía una dolorosa agonía desde el fin de la Guerra Civil. Su historia familiar y las anécdotas de la servidumbre, que vivía prácticamente igual que en la época de la esclavitud, fueron una importante fuente de inspiración para él. Su estilo innovador sigue siendo desafiante para sus lectores.

Sin embargo, no parece que Faulkner se haya propuesto introducir la literatura del sur a las vanguardias; en su trabajo más importante la honestidad significó darle la espalda a la crítica. Su contribución al llamado “Renacimiento del Sur” más bien nació de una idea llevada a sus últimas consecuencias: cada punto de vista en la narración debe expresarse con una estética propia.

Por ejemplo, en la genial novela “El ruido y la furia”, usa distintos estilos para darle voz a los protagonistas: con Benjamin, el hermano autista e incapaz de ordenar sus recuerdos, hace incontables saltos de tiempo y no formula juicios; con Quentin, brillante y sensible, pero perturbado y suicida, se deshace de la puntuación y reglas gramaticales conforme el personaje entra en crisis; con Jason, el cínico y resentido hermano que busca restaurar la fortuna familiar, la narración es directa y
cronológica.

La forma responde al contenido. La compleja narrativa se percibe como algo necesario y no como un mero experimento. Puesto que cada voz es particular, el escritor descubre imágenes que no habría podido enunciar con una prosa uniforme. Un personaje construido de esta forma, siempre será más realista que uno basado en algún cuadro de libro de psicopatología, y por lo tanto más entrañable, más memorable. En lugar del tedio de que se nos explique al protagonista y se nos justifique el porqué de todo lo que hace, aquí vemos lo que él ve.

Quizá no se lo propuso, pero Faulkner marcó la literatura del sur de los Estados Unidos y de la lengua inglesa en general. Por supuesto, todo artista tiene influencias (él admitió las de Virginia Wolf y James Joyce); sin embargo, cuando tiene talento, mira las puertas recién descubiertas y las atraviesa solo. Se apropia de las nuevas herramientas sin andar a la sombra de nadie y las usa sin pensarlo, escribiendo desde el corazón. William Faulkner
declaró:

“Dejen que el escritor emprenda la cirugía o la construcción si le interesa la técnica. No hay manera mecánica ni caminos cortos para escribir... El buen artista cree que nadie es lo bastante bueno como para darle consejo. Tiene una vanidad suprema. No importa cuánto admire al viejo escritor, lo quiere vencer.”
30 Junio 2012 03:00:54
Apolo y los políticos
En la Grecia antigua los médicos y los hombres de leyes no se fiaban del aprendizaje práctico de su oficio: era a los dioses, Apolo en particular, a quienes pedían consejo para superar las crisis que se les presentaban. Faltaban siglos para que Cristo cambiase nuestra relación con la divinidad con una sola frase: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” El panteón griego velaba por su pueblo en todas las áreas de la vida; le pertenecía todo.

Estos hombres iban a los templos de Apolo o de su hijo Asclepio, hacían los sacrificios pertinentes y consultaban al sacerdote. Era facultad de éste decidir quién habría de penetrar en las siempre cercanas grutas que, según sus creencias, desembocaban en el Inframundo: si lo hacía él solo o si debía guiar al otro para que recibiera personalmente el oráculo. En este lugar de respuestas ocultas se recostaban sin luz, alimento ni bebida hasta por días, hasta que les hablase su dios. Sólo entonces regresaban con el resto de los mortales, listos para decidir el destino de un individuo o de la comunidad entera.

En este punto choca nuestro modo de ver con el de los políticos, chamanes y sacerdotes griegos: nos parece irresponsable interrumpir el contacto con el mundo y arriesgar nuestra salud por esos largos periodos. Para nosotros la meditación sólo debe realizarse en dosis homeopáticas de unos 50 minutos. Y más importante, entendemos las visiones de Apolo (que va mucho más allá de ser el dios de la razón) como simples alucinaciones.

Por supuesto, los peligros de mezclar la religión con la política no se pueden minimizar; casi siempre llevarán al abuso del poder. Pero no es eso lo que interesa aquí. Lo importante es considerar que quienes se ocupaban del bienestar común no presumían de tener todas las respuestas o de poderlo todo con mano dura y buenas intenciones; sabían también que sin fe en algo trascendente, ajeno al aquí y ahora, el hombre buscará controlar lo incontrolable. Por supuesto, el Dios, Espíritu, Naturaleza, Vida, Cosmos o lo que sea a lo que uno pueda confiarse, está inmaculado por la avaricia.

Desde el punto de vista de los antiguos griegos, podríamos decir que los dioses fueron desterrados de las leyes y la medicina. Desde un punto de vista cristiano, podemos aventurar que es el alma la que está en el exilio. Para la psicología junguiana estamos aterrados de nuestro subconsciente, de nuestra sombra. Esta es la tiranía del hombre material, extrovertido, guerrero, pragmático, luminoso. Y en ella, incluso con las mejores intenciones, un político se conformará con buscar el bienestar material de muchos o pocos; el bienestar espiritual está en manos de cada quién, y cuesta dinero.
23 Junio 2012 03:00:01
Especulaciones sobre un Picasso vandalizado
Este 13 de junio un individuo pintó una escena taurina con la leyenda “Conquista” sobre la “Mujer en Sillón Rojo”, de Pablo Picasso, en el Museo de Houston. Otro visitante grabó el incidente en su smartphone: el vándalo, muy trajeado, rocía el cuadro con pintura en aerosol, arranca la plantilla y se aleja a paso decidido, sin correr. El testigo expresa su asombro con un “What the fuck?!”.

Días después se identificó al sospechoso que, claramente en búsqueda de sus 15 minutos de fama, enlazó la nota periodística a su cuenta de Facebook, y en Youtube se apropió del video. La descripción dice: “El joven artista mexicano-americano URIEL LANDEROS pinta a un torero matando a toro sobre una pintura original de 1929 de Picasso en Houston TX / **En dedicación al arte de la bestia Pablo Picasso**”. En su cuenta de twitter ya había hecho un par de publicaciones referentes a sus planes: “one day pablo one day” (29.3) y “la bestia de conquista” (19.4).

Según la evidencia, Landeros estuvo planeando el que seguramente cree un punto clave en su ascenso como artista plástico: su conquista del pintor catalán y del mundo del arte. Cabe mencionar que los trazos que dejó parecen de Picasso y no suyos; el joven ególatra tiene un buen manejo del color, pero su dibujo es lamentable. Sin embargo, en vista de que gozará de nuestra atención hasta que termine la restauración del cuadro, tratemos de no simplificar lo sucedido: aquí hay más que un mediocre que mira la genialidad en el espejo.

Hay algunos pintores brillantes cuya obra adquiere un aura que roza en lo sagrado; los encontramos en los mejores museos y en los libros de historia. Pintarrajear sobre la obra de un gran artista simboliza en primer término despojarla de esa aura, de ese poder que a los no consagrados podría perecerles injusto. Landeros debe pensar que hacer esto (en lugar de cortarla o quemarla, por ejemplo), significa democratizar el mundo del arte; debe soñar que la firma del inmortal es lo único que los separa. Lo que no tomó en cuenta: al usar la temática y el trazo del otro permaneció invisible.

Otra de sus quejas podría ser el eurocentrismo que caracterizó el medio por buena parte de su historia. Tanto él como la prensa han hecho hincapié en que es mexicano-americano. Quizá además de ver al genio frente al espejo, vea también a un digno heredero de Nezahualcóyotl o Cuauhtémoc. El problema: no es lo mismo tener ascendencia mexicana que mexica y, más importante, Picasso no representa ningún tipo de conquista o represión; al contrario, se le puede ver como un pionero y libertador.

O bien, podría ser que su llamada no haya sido solamente al reconocimiento y la fama, sino a la reprobación por la opinión pública. Ponerse en situación de ser aplaudido por un puñado de amigos y repudiado por el resto hará más fácil el fracaso; ahora será un incomprendido. ¿No es más fácil agredir que enfrentar la realidad?

Lo cierto es que planeó el acto, se vistió para la ocasión y atrajo miradas, aunque sean de vituperio. Y lo cierto también es que no conquistó nada: dejó oír su voz y no tenía nada qué decir. ¿“one day pablo one day”? No es esta vida.
16 Junio 2012 03:30:05
Honrar al patriarca
Al llegar a casa quiere el patriarca bajar la guardia, pero no sabe cómo. Los niños lo miran con temor y admiración, siempre a la distancia, como un misterio que sólo la madre puede desentrañar. Su mujer desaprueba que deje sus imaginarias armas sobre la mesa de madera, pero él no puede más que encogerse de hombros. No hay dónde colgarlas; hace años desapareció el perchero junto a la puerta de entrada. Se sientan todos a la mesa y, como siempre, los chicos callan. Les gustaría que la mesa fuera 10 o 20 metros más larga. Se pregunta el padre cuánto deberá esperar por ellos y sin querer arrastra fragmentos del mundo exterior a la cocina. Deberá aguardar por años.

Porque si bien en las comunidades tradicionales los niños eran arrancados del mundo materno a los 12 o 13 años para ser sometidos a un ritual de paso, en sociedades como la nuestra, que no realizan dicho ritual, uno conoce verdaderamente a su padre al terminar los estudios, si comparte su oficio y lugar de trabajo; o tiempo después, cuando conscientemente busca una nueva relación con él, o cuando tiene sus propios hijos o nunca. Sin importar el tiempo que pasen juntos, muchos sólo conocen a su padre a través de lo que su madre les cuenta.

Entonces, sólo cuando los chicos se preguntan “¿Quién soy en la sociedad?”, pueden realmente mirar al patriarca, identificarse con él y reconocerlo como un hombre de carne y hueso. Viven el angustiante proceso que las culturas de la antigüedad llamaron “el segundo nacimiento”: salir y dejar el tiempo biológico por el tiempo que es dinero, la protección de la familia por la búsqueda de estatus, la curiosidad y la creatividad por la especialización, los sueños por la batalla laboral... La guía del padre significará mil golpes menos y el conocimiento de que aquellos que sean inevitables se sobreviven, todos menos el último; también el saber de que cuando llegue el golpe final ellos mismos tendrán hijos y, con suerte, ya habrán nacido dos veces.

Al patriarca no le interesan las corbatas y billeteras del día del padre, sino la compañía del hijo que ha dejado de ser niño. Con él tiene choques y acuerdos, experiencias distintas, pero una sola filosofía de vida. Quiere una escena como la anterior, pero con la significativa diferencia de que ya no es un extraño. Él y los chicos dejan sus armas sobre la mesa de la cocina y la madre, aunque un poco a disgusto, sabe que así debe ser. Discuten el mundo exterior. No hay nada que lo honre más.
12 Junio 2012 03:00:48
El Premio Príncipe de Asturias de las Letras
Esta semana, Philip Roth (1933) recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2012 por su contribución a la literatura universal. El escritor norteamericano ya ha ganado los más prestigiosos premios que ofrece el mundo de las letras en lengua inglesa y ha sido también candidato al Nobel. El año pasado, uno de los jueces que le otorgaron el Man Booker Prize comentó: “En 1959 escribe ‘Goodbye, Colombus’ y es una obra maestra, magnífico. Cincuenta y un años más tarde, a los 78, escribe ‘Nemesis’ y es maravillosa, una estupenda novela... Dime otro autor que con 50 años de diferencia escribe obras maestras.”

Con Newark, Nueva Jersey como escenario, en su obra hay sátira política, críticas a la clase media judía y a un sueño americano que más bien fue un espejismo, una máscara para la avaricia. Sus personajes con frecuencia son hombres llenos de potencial que de una u otra manera acaban derrotados por sus circunstancias. Tenemos por ejemplo a un hombre deseoso de combatir a los nazis, y que en su lugar acaba por luchar contra una epidemia de polio (Nemesis); a un profesor de literatura cuya reputación y carrera son destruidas luego de que hace un comentario inocente (La mancha humana); a un atleta que debe lidiar con las consecuencias de que su hija adolescente incurra en actos de terrorismo, en los años 1960 (Pastoral americana)...

Pero si bien a Roth le gusta enfrentar a sus personajes a situaciones extraordinarias, los choques más fuertes los tienen consigo mismos. La pregunta a la que responden las novelas es: “¿Cómo llegó este hombre a determinado punto?” El narrador indaga, evento por evento, en el pasado de sus personajes principales y secundarios para dotar de nuevos significados un presente progresivamente más complejo. El azar los encamina siempre hacia el hecho que determinará su destino. Cada vida es un rompecabezas, y un puñado de testigos guarda las piezas en la memoria.

Por supuesto, uno de los actores y observadores es Nathan Zuckerman, alter ego del autor. Este personaje habita algunas de las mejores novelas de Philip Roth, como Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana.

Incluso de cumplirse el pesimista vaticinio de este prolífico escritor, de que en 25 años los lectores estarán al borde de la extinción (que serán entonces casi tan raros como lo son hoy los lectores de poesía en latín), no cabe duda de que sobrevivirá por mucho tiempo lo más notable de su obra. Ciertamente, más de ese cuarto de siglo.
05 Junio 2012 03:00:39
Desde la lucidez de la fatiga
Carlos Días Dufoo (introspectivo, profundo, melancólico) y Julio Torri (que sobrellevó la misma condición mediante la ironía), coinciden en la alienación del hombre ético y pensante. Uno sufrirá la muerte social tanto si hace gala de ideas propias, como si realiza un fatídico acto heroico.

De haber leído a estos escritores mexicanos, bien los habría aplaudido Cioran; a Días Dufoo por la sabiduría que parece sacar de la fatiga, y a Torri por su ironía ante la muerte en textos como “De fusilamientos”. “Desembarazarse de la vida es privarse de la satisfacción de reírse de ella”, escribió Cioran décadas después de la publicación de los ensayos de estos autores.

La definición que ofrece Días Dufoo acerca de la fatiga, “sumisión al ritmo externo, abandono y renuncia”, parece antitética de la de Cioran, para quien de la fatiga surge el camino para llegar al fondo de las cosas; sin embargo, ¿no encontró él mismo, en la fatiga, la base endeble sobre la que estableció su ideología? ¿No fue fatigado, cuando desechó su ideología adquirida y la sustituyó con una nueva, propia, con bese y cimentada en los sutiles deseos de su corazón?

Julio Torri llama a “ser un descubridor de filones”, a semejanza del minero, en lugar de seguir “ocupándonos de un manto que acabó ha mucho.” Él se refiere al ejercicio creativo, en específico a la creación literaria, pero no es una traición a su ensayo abarcar la búsqueda filosófica con el símil que propone. Desde la lucidez de la fatiga, el minero del alma ha de encontrar filones nuevos, puesto que los deseos del corazón son cambiantes y no rígidos como las ideologías y las instituciones.

A la realidad literal, que parecía antes la única importante, la única válida, ahora se le suma la de la imaginación. El hombre fatigado quizá presiente lo que serán sus últimos días, cuando la muerte le pedirá que cierre sus asuntos y simplemente reflexione (aunque no haya nadie con quién dialogar, nadie que entienda); pues es ella la que guarda las claves de la condición humana, y de ella surge la intuición y la imaginación con que se desentrañan.

El hombre profundamente cansado encontrará las armas para encontrar la verdad: la ironía y la conciencia de su propia e insuficiente fuerza. Y son armas puesto que el pensador, en tales condiciones, aún combate a la indiferencia.
26 Mayo 2012 03:00:07
El centenario de John Cheever
Este 27 de mayo cumpliría 100 años el estadounidense John Cheever (1912–1982), considerado como uno de los más importantes cuentistas en lengua inglesa del siglo 20. “El Chéjov de los suburbios” sobresale por lo complejo y profundo de sus personajes, en conflicto permanente con ellos mismos y con una sociedad que retrata como decadente. (En su niñez, él vivió como una “humillación abismal” el que su familia perdiera su fortuna.)

La guerra que los personajes de Cheever sostienen es silenciosa, muchas veces sin otro efecto exterior que andar con el rostro demacrado. Aunque para ellos puedan ser devastadoras, las batallas no suelen afectar a nadie más allá de la familia inmediata. Los protagonistas de estas historias luchan contra su origen, sus instintos o sus circunstancias, y con frecuencia pierden. Se miran actuar en contra de su juicio y sus valores, como si se tratase de un sueño. Pueden narrar lo que sucede con cierta apatía, pero podemos ver que se están desmoronando. Viven en los suburbios como en una prisión, y son contadas las ocasiones en que logran escapar.

Estos hombres atestiguan impotentes cómo el “otro”, oculto en sus propias mentes, toma las riendas y empieza a vivir sus vidas. Molesto por el encierro los convierte en aquello que detestan: un ladrón inconsciente de su envidia, un poeta que vierte su sexualidad en versos para luego quemarlos en la estufa, un hombre atado al pasado por su familia. Todos ellos dedican buena parte de su tiempo en meditaciones acerca de la muerte o de pronto se percatan de que hace mucho que se ha instalado en sus vidas. Puesto que la idea de la muerte pertenece a la vida interior, cualquier contacto con el exterior se percibe como un choque. Poco a poco el mundo los va destruyendo.

Esto no significa que todo sea oscuro en los relatos de Cheever. Sus finales no son siempre amargos; a veces hasta son optimistas. Y en ellos nos encontramos con la paradoja: son tan sorprendentes como inevitables. Como producto del destino. Quizá ésto sea el resultado de una emotividad extraviada, preparada para escapar por la primera grieta que encuentre en el alma del personaje. Pues John Cheever fue uno de esos raros escritores que verdaderamente conocen a sus personajes.

Sabemos que hemos encontrado a un narrador excepcional cuando el protagonista sigue claro en nosotros, como la memoria de un viejo amigo, incluso cuando ya comenzamos a olvidar su
historia.
19 Mayo 2012 03:00:00
Retrato de Carlos Fuentes
Es un retrato conmovedor de Carlos Fuentes el que se dibuja en la imaginación, al escuchar o leer lo que han expresado al respecto de su muerte sus amigos, autores como Juan Goytisolo, Federico Reyes Heroles, Paco Ignacio Taibo II o José Emilio Pacheco. Si conocer a este hombre sólo a través de su obra lo hacía ver como un ser casi mitológico (el que miraba la realidad mexicana desde el extranjero, el que no soltó la máquina de escribir en 60 años, el que deslumbró con una primera novela calificada, con justicia, de “milagro”), las sentidas palabras de estos escritores lo humanizaron; enriquecieron el collage imaginario que veníamos armando con sus novelas, notas y entrevistas.

El que fuera un mago de la narrativa, de pronto es también el hombre que escribió toda su vida a dos dedos, hasta deformarlos con el golpeteo de las teclas. Partió repentinamente. Ya sabía de qué trataría su próxima novela y estaba ansioso por ver el rumbo que tomará el país. Su muerte parece temprana. Pesa la ausencia de Carlos Fuentes:

El que se ganó un aplauso aun cuando ya no podía oírlo, el maestro de jóvenes escritores, el diplomático, el generoso, el crítico literario, el viajero, el que decía justo lo que pensaba, el incómodo, el que cerró una etapa, el que abrió una etapa, el eterno optimista, el incansable, el que escandalizó a padres de familia, el que amaba la vida; el que escribía desde el realismo, el de la literatura fantástica, el de las atmósferas envolventes, el de distintas voces, el de la narrativa precisa, fina, sensual; el embajador de la novela mexicana, el de la prosa poética, el cuentista, el ensayista, el filósofo, el historiador, el que jugaba con la poesía y las ideas, el que encontraba algo de humor en la oscuridad; el que dio vida a campesinos, vampiros, brujas, migrantes, políticos, poetas, periodistas, indios, gringos, aristócratas decadentes, gente “popoff”, Adanes.

Bien lo dijo José Emilio Pacheco: “Es una inmensa pérdida y nadie va a llenar el sitio de Carlos Fuentes”. Ahora que los homenajes públicos a este gran escritor han tenido lugar, es tiempo de honrarlo de manera privada con la lectura de su obra. Será un ejercicio
enriquecedor.
12 Mayo 2012 03:30:08
Maurice Sendak en el vientre del león
Maurice Sendak (1928–2012), autor de amados libros infantiles como “Donde Viven los Monstruos”, murió este 8 de mayo a los 83 años de edad. Durante su larga carrera como escritor e ilustrador se convirtió en el favorito de muchos. En sus cuentos explora ese lado oscuro que hace que a los niños les encanten los cuentos brujas y monstruos, aunque sin olvidar el humor y la ternura.

Aun cuando los adultos insistamos en iluminarlo todo con razonamiento y focos ahorradores, los niños siguen encontrando sombras que miran con sospecha. A sus ojos son ellas y no su fantasía la habitación de los monstruos. Cuentos como los de Sendak los convencen de que no están locos, como parecen sugerir sus padres con su “no te asustes. No es real.”

Pero las criaturas terribles en la obra del autor norteamericano no son las tradicionales: cada niño de cada cuento crea sus adversarios a la medida, gracias a una imaginación desbordante. Tal como sucede en el juego, les permite vivir en un espacio intermedio entre la fantasía y la realidad. Y los héroes de estas historias no se contentan con mirar la oscuridad desde un lugar seguro; usan su lado travieso y salvaje, a veces obstinado (nunca malo), para salir airosos de la situación.

En “Donde viven los monstruos”, Max amedrenta a las criaturas de filosos dientes con el truco de magia de mirarlos a los ojos sin parpadear. Ellos lo nombran “Rey de la cosas salvajes” y reciben su primer mandato: “¡Que el alboroto comience!”

Mickey, por su parte, no pierde la sonrisa y el espíritu travieso en “La cocina de noche” ni aun cuando un trío de cocineros confundidos decide usarlo como ingrediente para su pastel. El chico escapa del horno y tras algunas peripecias sorprendentes, consigue el ingrediente verdadero. “Y por ese motivo, gracias a Mickey, tenemos pastel cada mañana.”

En “Pierre”, un niño apático y francamente insoportable que a todo responde “No me importa”, encuentra la alegría luego de pasar un buen rato en el estómago de un león. Y no precisamente porque haya escarmentado. Tras su comida el león sufre de indigestión y Pierre escapa riendo de sus fauces.

En “Afuera, por allá”, armada de una trompeta mágica, Ida se lanza al rescate de se su hermanita, secuestrada por duendes malvados, idénticos a bebés. La niña muestra una astucia similar a la del Flautista de Hamelin y, a pesar de que ésta es una de las más oscuras historias de Maurice, también obtenemos un final feliz.

Estos niños indómitos visitan las sombras por su propia voluntad y regresan plenos y alegres para ahora disfrutar del lado luminoso de la infancia: una rica cena, un sueño apacible y la compañía de sus padres.

Maurice Sendak, gracias.
05 Mayo 2012 03:00:58
El pepenador del Ganges
En Varanasi, India, hay un hotel con vista al Ganges. También tiene vista al crematorio, aunque esto no lo publicita (la ventana de mi habitación da a la chimenea). Al descender la estrecha calle, uno pasa junto a la pila de leña, el puesto de telas para envolver los cuerpos y llega al establecimiento. Unos metros más adelante están el crematorio, para los más pobres, y dos lugares de incineración al aire libre, considerablemente más caros (imposible oír los precios sin preguntarme cuál podría pagarme en ese momento).

Lo conocí en el restaurante del hotel, en el 3er piso: un hombre de unos 20 años, enjoyado, de bigote ralo y, hasta donde pude entender, intocable. Su trabajo gira alrededor de los funerales; cargar los cuerpos y ese tipo de tareas. La conversación inicia porque en ese momento hay una pira encendida allá abajo y el olor a quemado inunda el lugar. El staff del hotel es reservado, pero al pepenador le gusta la atención que recibe. Es todo sonrisas y ademanes. Me cuenta que la gente va a morir a Varanasi puesto que, a quien muere en el “Ganga”, el río más sagrado de la India, se le perdonan sus pecados y rompe el ciclo de reencarnaciones. Obtiene paz. A los niños y a los santos se les deposita en el río sin cremar, pues son puros.

Sin embargo, no le interesa hablar mucho de generalidades como los ritos funerarios y el papel que en ellos desempeña. Prefiere contar cómo aprovecha una importante ventaja de su trabajo: la cadena, la pulsera y los anillos que lleva (los muestra uno por uno), los ha encontrado en el fondo del Ganges. A los muertos se les crema portando sus mejores alhajas, y los dolientes lo sumergen todo en el río. A hombres como él se les permite bucear por ellas. “Son un regalo que me hace Ganga.”

Una vez encontró un bello dije que le trajo suerte, pero hacía poco se lo había vendido a un familiar en necesidad de mejor fortuna. Mencionó la cantidad que recibió con una orgullosa sonrisa.

Pero a pesar de que le gusta hablar de sí y de que es un hombre que disfruta los obsequios de la vida (de los dioses, diría él), es evidente que está listo, que no tiene miedo. Quizá sea por su fuerte sentido de comunidad, por su convivencia diaria con la muerte, por los regalos que recibe o por las enseñanzas de Shiva, dios de la destrucción y Señor de la ciudad: está listo. Porque no parece desensibilizado, sino familiarizado con ella. Nunca he conocido a alguien mejor preparado para la muerte.

Aunque claro, me faltaron algunas conversaciones. No hablé con los viejos que se preparan bañándose al amanecer en las aguas del río; no hablé con los niños que vuelan cometas frente al crematorio (seguramente los mismos que horas antes acarreaban la leña); no hablé con el Rishi, hombre santo que se unta en el cuerpo la ceniza de los muertos.

El pepenador del Ganges es parte de Varanasi: vive para continuar las tradiciones, no para dejar una marca. Y sueña con riquezas que pueda llevar consigo, no con otra vida. Está ahí.
28 Abril 2012 03:00:48
Guernica
Este jueves fue el 75 aniversario del Bombardeo de Guernica, capital cultural e histórica vasca. El 27 de abril de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española, la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, combatiendo por los franquistas, devastaron la ciudad para cortar comunicaciones entre las tropas republicanas y aterrorizar a la población civil. No fue el primero ni el último bombardeo ni fue en el que se perdieron más vidas.

Si este acontecimiento es hoy un símbolo de las atrocidades de la guerra, se debe en parte a que los dos bandos lo usaron para hacer propaganda a sus respectivas causas, y en parte al célebre lienzo que realizó Pablo Picasso para la Exposición Internacional de 1937 de París.

La pintura de grandes dimensiones (3.50 x 7.80 m.) muestra la escena en blanco, negro y grises: una madre lleva en brazos a su hijo muerto, un hombre implora al cielo, una mujer arrastra su pierna destrozada, un guerrero yace con la espada rota, un caballo agoniza... Sumergirse en el óleo significa oír gritos agudos, oler humo y sangre.

La obra es tan poderosa que ha vuelto indeleble la memoria de esta masacre entre tantas otras. Y es importante recordar; si no para evitar que la historia se repita (el mito de Sísifo viene a la mente), al menos para saber quién somos. El péndulo puede volvernos víctimas o victimarios, y en cada caso seremos capaces de distintas cosas. Picasso nos hace recordar y revivir.

El mensaje llega claro sin necesidad de lecciones en la historia del arte, de España o de geografía. La emociones que despierta son universales y la anécdota es ejemplar, pero no única. Y se percibe de manera distinta que obras que retratan la guerra. Por ejemplo, la fotografía de Nick Ut de la niña vietnamita quemada con Napalm, provoca una gran indignación, y de ninguna manera la fascinación de la obra de Picasso.

La pintura no documenta lo que pasó. Va a la esencia del hecho, la que se repite, y la simboliza. Trasciende el bombardeo al situar sus horrores en un plano fuera del tiempo: la masacre sigue pasando siempre y Guernica se convierte así en un lugar mítico. Es por eso que nos permite ver la muerte de frente, sin azoro. Torna la angustia en belleza. La violencia que contemplamos ya no es solamente la de nazis y franquistas, sino la del ser humano. Es lo que podemos hacer y lo que podemos sufrir, un monstruo que a veces escapa de lo profundo de nuestra alma para hacer estragos en el mundo.
21 Abril 2012 03:00:13
Drácula y el demonio de las pesadillas
Han pasado 100 años de que falleciera Bram Stoker (1847–1912), creador del más renombrado de los no-muertos en la literatura mundial: ‘Drácula’. Este personaje inspirado por las pesadillas del ser humano, hoy habita cómodamente nuestro imaginario colectivo. El escritor irlandés, de hecho, tomó la idea para la novela de un mal sueño, producto de una indigestión. El Rey Vampiro que vio allí continuó atormentándolo en sueños hasta su lecho de muerte.

En la obra de Stoker no sólo hay referencias a figuras históricas como Vlad el Empalador y la Condesa Elizabeth Bathory (a quien se acusó de asesinar a cientos de jóvenes para bañarse en su sangre); también está presente una figura onírica que se ha discutido desde la antigüedad: un demonio de la pesadilla al que los griegos llamaron Ephialtes, “el que salta”. Esta criatura puede aparecer con forma de lobo, como híbrido de perro y simio o con forma humana. Paraliza y asfixia al durmiente encaramándose en su pecho. En algunas culturas se pensaba que literalmente bebía la sangre de los niños, provocándoles anemia y hasta la muerte.

En “El Huésped de Drácula” –capítulo eliminado de la novela y que luego fue publicado como cuento–, el narrador se salva de una hermosa mujer vampiro gracias a la intervención del Conde. Siente cómo lo jalan fuera de la cripta y pierde el conocimiento. Cuando despierta tiene un enorme lobo encima con el hocico rozándole garganta. Horacio escribió casi dos milenios antes:

“Apareceré, muerto a vuestras manos, / como Furor nocturno / sombra que os arañe con sus curvas uñas, / porque tal pueden los Manes; / me sentaré sobre vuestro inquieto pecho / y os traeré insomne pavor.”

Pero no todo es terror en la novela. Hay lujuria mezclada con la angustia. Una noche, Mina descubre a una bestia negra de ojos rojos y brillantes montada sobre el cuerpo semidesnudo de Lucy; “las hermanas”, vampiresas al servicio del Conde, hacen pasar a Jonathan por una experiencia similar, y más tarde Drácula seduce también a Mina y la hace beber su sangre.

En su estudio sobre la pesadilla, W.H. Rosher dice que un espectro como Ephialtes puede producir pánico, erotismo o una combinación de ambos, y aparecer bajo forma humana o animal. Börner añade que “el sentimiento de ansiedad viene acompañado del de lujuria, y las mujeres a menudo creen que el fantasma ha mantenido relaciones sexuales con ellas.

Los hombres tienen sensaciones análogas.” (Las citas son de “Pan y la pesadilla”, de James Hillman.)

Ya sea que los sueños pertenezcan a dioses y demonios, como creían los antiguos, o al subconsciente, como lo entendemos ahora, lo cierto es que las emociones que generan son reales y que desde la seguridad de la vigilia, el terror puede dar lugar a la fascinación. Después de todo, indigestiones, enfermedades y dificultades para respirar no acaban de explicar este tipo de visiones. Bram Stoker se enfrentó a sus pesadillas y creó un mito. Drácula logró en la realidad lo que ya había hecho en la literatura y el cine: vencer a la muerte.
14 Abril 2012 03:00:01
Beatrice y el otro Dante
Un retrato del pintor y poeta inglés Dante Gabriel Rossetti (1828–1882), olvidado por la crítica desde hace un siglo, fue puesto a la venta por un coleccionista privado de origen escocés. “La Acogida de Beatrice” nos muestra a la musa del artista, Jane Morris, representando al personaje de Dante Alighieri (1265–1321), cuya obra fue más que un tema recurrente en el autor.

La identificación de Rossetti con Dante va más allá del nombre. Tradujo sus poemas y buscó adaptar la estética del Medioevo a su trabajo: lo “directo, serio y sincero” del arte de otras épocas. También significativo, ambos quedaron marcados por la muerte de un amor: Dante por la de Beatrice Portinari, y el inglés por la de su esposa, Elizabeth Siddal, que se suicidó tras dar a luz a un niño muerto. Rossetti enterró con ella buena parte de sus poemas inéditos y la convirtió en su primera Beatrice, el espíritu que lo guiaría luego de su descenso a los infiernos. La Divina Comedia será una fuente de inspiración el resto de su vida.

Tras una larga depresión exhumó y publicó el poemario “La Casa de la Vida”, donde captura algunos instantes trascendentales de su relación. La amalgama de lo físico con lo místico causó escándalo en la época. En los versos introductores nos revela su poética : “El soneto es un monumento al momento / Memorial de la eternidad del alma / En una hora muerta e inmortal.” Influenciado por William Blake, llevó los lineamientos de su poesía a la pintura.

Ya inspirado por la modelo Jane Morris, encarnación del ideal estético de los prerrafaelitas, realizó lo mejor de su obra pictórica, representando siempre personajes ligados con el otro mundo: La María de la Anunciación, Prosperina, reina del Inframundo en el panteón romano y, por supuesto, Beatrice.

En su trabajo pictórico hay una cuidadosa observación de la naturaleza, pero no a la manera de los impresionistas: para él, cuerpo y espíritu no son entidades que cohabitan, sino una unidad. Lo invisible en su obra no sólo está presente, sino que posee una densidad embriagadora. Mientras que en sus poemas vemos a Beatrice casi divina, ajena al paso del tiempo y apenas ligada al mundo por la mirada del otro y por un beso; en sus pinturas es también la mirada (la nuestra) la que la ata a la materia.

En “Ensoñación”, por ejemplo, vemos a Jane Morris hundida en sus pensamientos y, justo cuando estamos por apreciar la magnitud de su melancolía, nuestra mirada pasa de sus ojos grandes y extraviados a su nariz griega, a sus labios gruesos, a la línea de su quijada, a su largo cuello. Una distracción inevitable.

En “La Acogida de Beatrice” (un redescubrimiento notable), su cuerpo y sus ojos están en perfecta comunión con el paisaje, casi fundidos en él, y su rostro aparece luminoso y triste. Recibe a ambos Dantes como a hombres llegados de muy lejos, pero aún incapaces de alcanzarla.
07 Abril 2012 04:04:39
El karma
El karma en occidente no está relacionado con la evolución del alma a través de distintas vidas. Incluso quienes deciden poner su fe en religiones de oriente como el budismo o el hinduismo, parecen incapaces de imaginar que la ley de causa y efecto aguardará su muerte para entrar en efecto. Después de todo, se puede cambiar de religión, pero no de un imaginario colectivo que reside en el subconsciente. Entonces, al adoptar esta fuerza invisible, tuvimos que cambiar sus reglas y hacerla actuar aquí.

Sin embargo, esto no significa que la palabra “karma” designe a la ley de causa y efecto. El karma fue adoptado en occidente como una fuerza moral, una
consciencia omnipresente dedicada al premio y castigo de nuestras acciones y pensamientos, una energía conocedora del bien y del mal que convierte las injusticias que sufrimos en culpas ignoradas y las que infligimos en promesas de penuria. Paradójicamente, el karma no es otra cosa que la secularización de Dios (su traslado de lo religioso a lo laico): su culto no requiere rezos ni sacerdotes, pero exige “buena vibra” y acciones
positivas.

El Dios de los hebreos tenía vigilado muy de cerca a su rebaño; estaba siempre presto al premio y castigo de sus hijos, y ejerció terribles venganzas contra “bullies” como los egipcios. Fue un Dios paternalista y tuvo gran interés en educar estableciendo reglas. En la primera infancia, nos dijo qué alimentos eran peligrosos y más tarde nos dio los 10 mandamientos.

Milenios más tarde, en el Nuevo Testamento, relajó la disciplina. En lugar de llevarnos de la mano, se elevó a los cielos, desde donde se dedicó a amar y a perdonar. Fue su manera de reconocernos como adultos con criterio propio.

Ahora que estamos en crisis espiritual, económica, ecológica, de seguridad, etcétera, pareciera que ese salto de la infancia a la adultez fue demasiado abrupto. El Mesías llegó demasiado pronto y no queda más que preguntarse si no se habrá olvidado Dios de nuestra adolescencia. Al menos eso hace parecer la llegada del New Age, cuyas doctrinas son como volver a la casa paterna luego de fracasar en la vida independiente.

Los creyentes le sacrifican su buen criterio al karma occidentalizado, que distingue mejor que ellos el bien del mal.

En este retorno a casa, buscan lo mejor de dos mundos: quieren una fuerza moral que los lleve por el buen camino, pero sin escuchar su voz ni verla ahí cada que miran por sobre su hombro.

De ahí la necesidad de una fuerza cósmica laica: el karma nos guía de manera discreta, entiende que no queramos rendir cuentas o pedir permisos luego de haber vivido solos.

Naturalmente, esta relación no puede durar mucho tiempo. Las historias mundial y familiar demuestran que este tipo de regresiones suceden, pero también que se superan. Antes que pedirle a Dios que nos jale las orejas, parece razonable madurar. En lugar de solamente admirarla, habría que adoptar la filosofía sartreana, que nos hace responsables de nuestros actos y de sus consecuencias primera y última.

Aún hay tiempo. Estamos en crisis, pero no es el fin del mundo.
31 Marzo 2012 03:00:32
El insomnio de Octavio Paz
Podemos imaginar a Octavio Paz (31.3.1914–19.4.1998) asomado a la ventana en una densa noche que no quiere terminar. Descansa los dedos sobre el marco de madera y mira el paisaje urbano de Valencia, París, Delhi, Tokio, Ginebra, Oaxaca, la Ciudad de México... Los faroles iluminan las calles y los edificios dormidos con su luz amarillenta; las sombras iluminan la memoria de la Guerra Civil Española, los rencores de la izquierda, viejos y amargos amores. “Y la vida desfila ante mis ojos sin que uno solo de mis actos lo reconozca mío”, escribió.

Antes del amanecer, cuando se observa más con el corazón angustiado que con los ojos, a Octavio lo acosan ideas testarudas, ideas luminosas, relojes casi detenidos. La culpa y la responsabilidad luchan por su atención, sin importar que él ya está cansado; no llega el sueño ni la mañana. La experiencia le dice que no vale la pena luchar. Va al escritorio, abre su cuaderno y escribe:

“El pensamiento brilla, se apaga, vuelve, / idéntico a sí mismo se devora y engendra, se repite, / ni vivo ni muerto, / en torno siempre al ojo frío que lo piensa”.

Así nacieron algunos de los grandes poemas del Premio Nobel de Literatura 1990. Poemarios como “La Estación Violenta” están llenos de desvelos. Y durante las noches largas el escritor supo reconocer y aprovechar tesoros sólo visibles en la oscuridad, andando con el mejor ánimo posible en ese círculo del infierno reservado a los insomnes. Porque en la madrugada los problemas, las filosofías, los instantes poéticos aparecen cual colosos, y hay que observarlos bien antes de que los diluya la luz del día, hay que tomar notas para no olvidar. Poetas como Parménides, Dante y Blake encontraron la verdad en las profundidades, no en el soleado mundo que habitamos nosotros.

Por supuesto, el precio a pagar por el poeta noctámbulo es alto. Y Octavio Paz lo pagó a sabiendas de que los lectores apreciamos la sabiduría y belleza de versos nutridos por el sufrimiento; que agradecemos leyendo. Paz es uno de los primeros poetas que vienen a la cabeza cuando se piensa en la literatura mexicana, y no por la celebridad que conlleva el Nobel.

Aquí estamos hoy celebrando su trabajo y el 98 aniversario de su nacimiento.
24 Marzo 2012 03:00:36
Van Gogh en la academia
Desde este martes hay un nuevo bodegón de Vincent van Gogh en el museo Kröller-Muller de Holanda. Había dudas acerca de la autoría de “Naturaleza Muerta con Flores Silvestres y Rosas”, que ya fueron resueltas. La firma no debería influir en la apreciación del cuadro, pero, aún así, vale la pena revalorarlo.

Resulta extraño que los mismos bohemios que andaban en cafés, burdeles y psiquiátricos, se sentaran luego a pintar bodegones. Poetas de la época que llevaban vidas similares, como Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, escribieron sobre las calles e infiernos parisinos. Así, mientras unos amigos escribían versos desgarradores, otros pintaban jarrones con flores. ¿De qué manera refleja esta naturaleza muerta la vida del pintor?

No lo hace. La respuesta es práctica. Tener un estudio y contratar modelos era mucho más caro que estudiar en la Academia. Además, como escribió en una de sus cartas a Theo van Gogh, para ser aceptado en París, primero había que trabajar en otro lugar. No podía ir salido de ningún lado con algunos lienzos bajo el brazo. Este cuadro, de 1886, es un estudio realizado en la Real Academia en
Amberes.

Por supuesto, no se trataba de perder el tiempo. En este periodo, Van Gogh practicaba dibujando directamente con el pincel, y seguía el método griego de empezar a pintar por el centro de la figura, en lugar de hacerlo por el contorno. Pintó decenas de bodegones y figuras de yeso, muchas veces empalmados en el mismo lienzo, como en este caso, para lograr que el tema saliera del cuadro. En el trabajo de sus compañeros veía colores realistas, “correctos” cuando se les veía de cerca, pero que unos pasos atrás resultaban “dolorosamente planos”; sobre el suyo escribió:

“Como yo lo hago, de cerca es rojo-verdoso, amarillo-grisáceo, negro y blanco y con muchos pigmentos neutrales de colores que no se pueden definir. Pero cuando uno se para un poco más atrás, el tema emerge de la pintura; hay aire alrededor y una luz vibrante que cae en él”.

Para artistas como van Gogh, era importante mostrar una realidad parcial en su trabajo, vista a través de ideas preconcebidas. Sus retratos y paisajes, su obra más importante, ya reflejan su dolor y su vida; es la obra de un artista inadaptado, abrumado por el mundo. Algunos bohemios de su época, como Gauguin, se refugiaron de la civilización occidental en países exóticos; otros, como Vincent, hicieron un exilio
interior.

Una característica de su trabajo es que muestra una realidad inhabitable y avasalladora. Sus paisajes alteran a quien se atreve a penetrarlos. Grandes pinturas como Noche estrellada o Campo de trigo con cuervos, pueden ser bonitas en un póster o un tapete para mouse, pero en vivo resultan hipnóticas e inquietantes. Cambian a quien las observa.

“Naturaleza Muerta con Flores Silvestres y Rosas” no es un gran cuadro, pero es parte del proceso que llevó a Vincent van Gogh a realizar su obra
inmortal.
17 Marzo 2012 04:00:53
Mœbius y ‘El Incal’
El pasado 10 de marzo murió Jean Giraud “Mœbius”, a los 73 años. El excepcional ilustrador revolucionó el cómic europeo desde los años 70. Junto a los otros fundadores de la revista francesa “Metal Hurlant” (Metal Aullante), buscó llevar el medio a lectores adultos, y contar historias con nuevas formas de narrar e imágenes con un trabajo digno de un lienzo. Buscaba mostrar lo sensorial y lo invisible de la realidad.

“Tenía como proyecto expresar el nivel más profundo de la conciencia, en la frontera con el inconsciente –escribió en su introducción a Arzach–. En esta historia pululan elementos oníricos. Cuando se emprende un trabajo así, los portales del espíritu se abren de repente, dejando aparecer las formas, las imágenes, los arquetipos que llevamos.”

Especialmente notable es la obra que realizó en décadas de colaboraciones con Alejandro Jodorowsky, considerado el más importante guionista de cómics en la Europa de los últimos 35 años. En México se conoce al chileno por su psicomagia y sus películas, pero es en la industria del cómic donde ha hecho su mejor trabajo de ficción (y donde encontró su sustento económico). Quizá por la modestia del medio, por dirigirse a un público distinto o por trabajar con un hombre que se no tomaba tan en serio como él, deja a un lado sus pretensiones de hacer obra “de culto” y su necesidad de transgredir, para lanzarse a proyectos más honestos. Se queda con la metafísica, pero busca ser más accesible, y así explora viejas obsesiones como la obtención la Iluminación en medio de la violencia. “Fundamentalmente, los artistas son acróbatas, saltimbanquis –dijo Giraud en la retrospectiva que le realizó la Fundación Cartier–, y viven únicamente porque atrajeron la atención de paseantes que les arrojan una moneda.”

Ambos artistas amaron el cine. Juntos prepararon la adaptación de la novela “Dune”, de Frank Herbert, que finalmente no se realizó. De hecho, los cerca de 3 mil dibujos que dejó Mœbius para la película, luego servirían para la realización de “El Incal”. Por su parte, Jodorowsky dirigió películas como “Santa Sangre”, “Fando y Lis”, “El Topo” y “La Montaña Sagrada”. Jean Giraud participó como diseñador cinematográfico de “Alien”, “Tron”, “The Abyss”, “Blade Runner” y “El Quinto Elemento”.

Sin embargo, fue en los cómics donde más brillarían. En “El Incal” se sumaron la visión de Jodorowsky con la de Mœbius y el resultado fue una pequeña revolución. Ni con el mejor presupuesto hollywoodense podría llevarse al cine, aun bajo la dirección del mismo autor. Descubrieron gran potencial en un medio que en México parece destinado a niños y nerds. La unión de la acción y aventura con la ciencia ficción y la metafísica, y de la narrativa con la ilustración es, en este caso, perfecta
10 Marzo 2012 06:00:11
La fundación de Macondo
45 años de la publicación de Cien años de soledad no es mucho, en realidad; su autor, Gabriel García Márquez, sigue celebrando cumpleaños (esta semana el número 85). Sin embargo, la novela ya trascendió su tiempo, el genio del escritor e incluso su valor literario. Va más allá. Esta obra ha establecido un nuevo mito: el génesis de un pueblo. Macondo no existe, pero es real; sus habitantes no vivieron nunca, pero son verdaderos.

Leyendo los grandes poemas de la antigüedad y la Edad Media, desde la Epopeya de Gilgamesh hasta el Poema de Mío Cid, podemos encontrar dos temas esenciales para la identidad cultural: el nacimiento mítico de una comunidad y la búsqueda de la inmortalidad de uno de sus héroes, ya sea mediante la gloria o literalmente. Estas obras literarias definen a las naciones de donde surgieron. En el Viejo Mundo, muchas necesitan traducciones a la lengua moderna; en este, los autores están mucho más cerca.

Así pasó en América. Luego de las independencias y revoluciones, hacía falta una obra que explicara nuestro origen y ayudara a forjar una identidad. Ni el Popol Vuh ni El Periquillo Sarniento dieron con el clavo. El primero trata de otro origen y el segundo todavía huele a España. La clave, entonces, no es buscar en textos poblados por dioses endémicos pero lejanos, y tampoco en fechas de publicación. En cada lectura de estos poemas y novelas debemos experimentar quiénes somos.

Finalmente, los argentinos dieron con Martín Fierro, los norteamericanos con Canto de mí mismo, nosotros con Pedro Páramo, como obra nacional. Creo que Cien años de soledad va más allá de las primeras dos, pues Macondo no sólo está en Colombia, sino en cada país de lengua hispana en América. Si en otras culturas esta novela es un clásico del siglo XX, en la nuestra es algo más, ya que abarca una historia y un sentir compartidos.

En cuanto a Pedro Páramo, de Juan Rulfo, bien puede considerarse un espejo, la imagen invertida de la obra del colombiano. En Macondo hay vida y en Comala está la muerte. Los dos son pueblos míticos, lugares donde hemos estado todos, incluso antes de conocer las novelas.

En García Márquez reconocemos sin esfuerzo la fundación del pueblo y su evolución, el fusilamiento del héroe, la peste del insomnio y el olvido, el rapto celeste de la belleza, la convivencia armoniosa de la ciencia con la magia, y reconocemos también a la matriarca que lo atestigua todo.

Cien años de soledad es el poema de gesta de Hispanoamérica.
03 Marzo 2012 10:25:49
Ciegos, zombis y apestados
Cuando la gripa H1N1 apareció en 2009, atestiguamos la rapidez con la que el miedo cundió. La gente dejó de saludarse de mano, cuestionó la respuesta de las autoridades y tejió teorías de conspiración. Al final no descendimos a un estado de caos, pero sí pudimos cuestionar la solidez de la estructura social.

Ahora, con el pretexto de los ciclos celestes, continuamos fantaseando con el fin de la civilización. Guerra, terrorismo, desastres naturales, profecías... infinidad de artistas, investigadores y charlatanes nos han llevado a imaginar el fin. No importa en qué formato y género lo haga, o qué tipo de apocalipsis elija el autor, las preguntas suelen ser las mismas: ¿De qué somos capaces durante el caos? ¿Qué queda del hombre cuando desaparecen las convenciones sociales?

Se me ocurren tres novelas que responden a esto de manera verosímil y con tesis distintas: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago, La peste, Albert Camus y Guerra Mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi, de Max Brooks. Espero que a nadie ofenda comparar el trabajo de dos premios Nobel, con el de un autor apasionado de los muertos vivientes (o, para ser justos, comparar a Camus con los otros dos).

Brooks, desde una premisa fantástica, ofrece el punto de vista más amplio, dándole voz a soldados, médicos, reporteros, etc, para encontrar lo humano en lo que de otra manera serían estadísticas. Especula con realismo el grado de ineptitud con que reaccionarían gobiernos como el de China, Israel, Iran y los Estados Unidos; cómo actuaría la milicia, la iglesia, la industria farmacéutica, y qué efecto tendrían sus decisiones sobre el ciudadano común. Para él, el poder cambiaría de manos y se alteraría el mapa geopolítico, pero al ciudadano ordinario sólo le quedaría sobrevivir, sobrevivir como sea.

Por su parte, José Saramago trabaja con un lienzo más pequeño y con personajes sin nombre. Desata el caos robándole la vista al homo videns. Desde su perspectiva, las instituciones desaparecerían pronto, dejando solo al hombre común. Ensayo sobre la ceguera se centra en un grupo ordinario al que le da la posibilidad de actuar con impunidad. Se pregunta qué pasiones lo animarían al quitarle el dios y la sociedad que una vez le pidieron responsabilidad sobre sus actos: responde con pesimismo. Aquellos que se aferren a su ética y conciencia serán muertos o corrompidos. La tesis es simple: los salvajes los volverían cobardes o también salvajes; víctimas al fin y al cabo.

Albert Camus es de otra opinión. Su novela, que revela una profunda observación de la condición humana, es optimista. Cuando surge la peste en Orán, Argelia, y la ciudad queda en cuarentena, los personajes de Camus se unen. Por supuesto, también hay quien se enriquece en medio de la tragedia, pero al miedo y al enojo sucede la esperanza y la solidaridad. Al enfrentarse al caos (el absurdo, según el autor) y darse cuenta de que la vida y la muerte nunca estuvieron en sus manos, los personajes valoran la humanidad y luchan por ella incluso cuando la batalla parece perdida. Por necesidad hacen lo que pueden; juntos, sin heroísmo, sin buscar recompensa material o divina.

25 Febrero 2012 04:00:23
Un grito infinito en la naturaleza
Una de las cuatro versiones de “El Grito” de Edvard Munch (1863-1944), será vendida por unos 80 millones de dólares (en Sotheby’s, en Nueva York, el próximo 2 de mayo). Petter Olsen, su actual propietario, usará la ganancia para financiar la construcción de un centro cultural en Nedre Ramme, Noruega, donde el artista vivió de 1910 hasta su muerte. Ahí expondrá Olsen su vasta colección de obra de Munch.

“El Grito” se ha convertido en ícono. Pocos son los que lo han visto en persona, y también son pocos los que no conocen el cuadro, aunque sea en su versión de llavero. Incluso en reproducción produce una imagen indeleble en la memoria del espectador. Revela genialidad el que una pintura sobreviva por generaciones, tanto en las clases de historia del arte, como en la cultura popular. La pintura que en su momento fue considerada como el “arte demente” de un “artista degenerado”, es hoy parte importante de la cultura occidental y un espejo en el que todos, alguna vez, nos hemos reflejado.

Según Gotthold Lessing, el genio es el talento aplicado a una idea. El talento de Munch es evidente sin necesidad de contexto, pero ¿qué hay de la idea detrás del cuadro? ¿Con que tradiciones rompió? Como precursor del expresionismo, Munch dejó atrás la espiritualidad exacerbada del simbolismo, lo decorativo del Art Nouveau, lo naturalista del impresionismo, las leyes ópticas del neoimpresionismo. Junto con artistas como Van Gogh, Gauguin y Cézanne, sentó las bases para el arte del siglo 20.

La realidad sólo puede ser vista subjetivamente; había que interpretar y expresar esa subjetividad. Edvard Munch plasmó su mundo interno en crisis existencial, cargado de angustia, sofocado por el drama de su tiempo. Era trabajo del artista mirar hacia dentro y pasmar una visión particular del tema. Técnicamente cambió realismo por trazos marcados y colores intensos que expresaran la deformación que ejerce sobre la realidad una mirada atormentada. No es difícil situar al pintor en la época de Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud.

La versión de “El Grito” que se subastará, de 1895, es la más colorida y, si no cuenta con una atmósfera tan densa como la de 1893, sí tiene mayor agresividad. Además, es la única con un marco pintado por el autor, donde narra la experiencia que inspiró la pintura:

“Caminaba por la calle con dos amigos, el sol se ponía. El cielo se ensangrentó y tuve una sensación de melancolía. Paré, me quedé quieto, muerto de cansancio –sobre el fiordo azul oscuro y la ciudad colgaban lenguas de fuego y sangre. Mis amigos siguieron –yo permanecí atrás. Temblando de ansiedad, sentí el grito infinito en la naturaleza.”
18 Febrero 2012 10:26:02
La carrera hacia las grandes fronteras
Las primeras grandes fronteras con que se encontró el hombre fueron las montañas, los mares y, por supuesto, el cielo. Como todos los lugares inaccesibles al ser humano, se convirtieron en morada de la divinidad. Conforme las creencias de los pueblos evolucionaron, a los lugares sagrados se les añadieron otros, invisibles, como el Monte Olimpo y el Meru, y diversos cielos y mares que envolvían el mundo.

Sin invitación, un hombre no puede visitar el palacio de los dioses; él y su comunidad serían condenados por sólo intentarlo. Por eso, conquistar estas fronteras presentó más que dificultades físicas: había que desafiar a los padres de quienes dependían el sol, la lluvia, la vida.

Para pasar de esta forma de ver el mundo al humanismo del Renacimiento y a la era de los descubrimientos, se requería un cambio radical en la mirada. Atreverse a descubrir la naturaleza implicaba apoderarse del mundo. Los científicos desplazaron a alquimistas y astrólogos, y los viajeros en busca de nuevas rutas comerciales reemplazaron a quienes todavía buscaban el Paraíso en la Tierra.

Había que abrir rutas, construir monopolios y escribir la historia. Europa Occidental entró en una carrera de descubrimientos del siglo XV al XVIII. Si Magallanes ya había circunnavegado el planeta, Drake tenía qué hacerlo más rápido y perdiendo menos hambres.

El siglo pasado los competidores ya no fueron España, Portugal e Inglaterra. Con el mismo espíritu, los Estados Unidos y la Unión Soviética entraron en una carrera espacial en la que estos últimos tenían la ventaja: lanzaron un perro al espacio y más tarde Yuri Gagarin fue el primer hombre en el espacio y en orbitar alrededor del mundo. “Aquí no veo a ningún Dios”, comentó.

Los norteamericanos se sentían derrotados, necesitaban un héroe que los llenara de orgullo. En febrero 20 de 1962, lo encontraron, y el próximo lunes celebrarán el cincuenta aniversario de su hazaña: John Glenn, a bordo del Friendship 7, dio tres vueltas a la Tierra en 4 horas, 55 minutos y 23 segundos. Su país entero estaba al pendiente del hombre que miró tres amaneceres en un sólo un día. A nadie importó que fuera el segundo: es uno de ellos y continuarán celebrándolo.

Aún hay fronteras vírgenes pero, mientras las naciones generan la tecnología para cruzarlas, se siguen atravesando las ya conocidas: más rápido, por rutas más difíciles, de manera más arriesgada. Ya se ha dado la vuelta al mundo en bicicleta, navegando hacia el este y por la más difícil ruta del oeste y en aerostático (no en 80, sino en 13 días, 8 horas, en solitario). En avión casi se logra la circunnavegación polar.

El hombre continúa redefiniendo la frontera de lo imposible, penetrando el territorio de los dioses, secularizando sus lugares sagrados. En esta era, la imaginación no es un fin, sino el primer paso para lograr lo extraordinario. Así como los griegos y romanos marcaban los cruces de caminos en honor al dios de las fronteras y los viajeros que las cruzan, nosotros dejamos testimonios, récords que honren a la nación que los impulsa.

11 Febrero 2012 04:00:00
Julio Verne y el hombre en la luna
A Jules Verne (1823–1905), uno de los padres de la ciencia ficción, se le admira tanto por su talento como narrador como por haber anticipado algunas invenciones del siglo 20: el submarino, las naves espaciales, las armas de destrucción masiva, etcétera. Gracias a su interés en la divulgación científica, visualizó paso a paso en qué dirección nos llevarían los avances de su tiempo, sin olvidar que muchos de ellos eran producto de la industria bélica. Se le llama ciencia ficción, pero sus historias no tienen lugar en el futuro. Los héroes de sus novelas toman el conocimiento a su alcance y dan el siguiente paso.

Hay mucho de aventura y fantasía en su trabajo; sin embargo, tiene elementos que fácilmente se pueden clasificar dentro de la ciencia ficción dura. En su obra hay una gran fe en el progreso y un hambre insaciable de descubrimiento: sus personajes son grandes viajeros que dieron la vuelta al mundo en 80 días, llegaron a los polos, al centro de la tierra, a las regiones submarinas y, por supuesto, a la luna. Ellos se proponían ir a donde el hombre no hubiese llegado antes. Miguel Ardan le dice a sus compañeros de viaje en “Alrededor de la Luna”: “Más allá de nosotros, fuera de nosotros, fina y termina la humanidad, y somos los pobladores únicos de este microcosmos...”

Esto es lo que separa a los personajes de Verne de aquellos que realizaron viajes similares en la mitología o los cuentos y épicas tradicionales. Dante, por ejemplo, ya había visitado el centro de la tierra y los cielos en 1321, pero no con la mentalidad moderna del autor francés, que imagina como podrían realizarse tales hazañas literalmente y no como alegoría. Si en la edad media la terra incognita se conocía por pasajes bíblicos, ahora el mundo había ser descubierto.

En contra de la ortodoxia cristiana Enrique el Navegante, infante portugués, inauguró la época de los descubrimientos en el siglo 15. Él hizo rodear África para llegar a las Indias, Colón tropezó con América buscando el mismo destino, Magallanes circunnavegó el globo y Cook demostró que no existía el mítico gran continente del sur. Estos hombres representan una visión del mundo en radical proceso de cambio y hasta hoy alimentan la imaginación de aventureros y narradores. Los viajes míticos dieron lugar a los viajes posibles. Igualmente, los personajes de Verne usaron la tecnología a su alcance y su inventiva para construir el proyectil que los llevaría a la luna.

Dicha expedición tenía que pasar de la imaginación a la realidad: un siglo más tarde se realizó el sueño cuando en 1961 Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio exterior, y en 1969 cuando alunizó el Apolo 11. En 2008 comenzó el turismo en la Estación Espacial Internacional y hace unos días Vladimir Popovkin, director de Roscosmos, la agencia espacial rusa, expresó que el hombre volverá a la luna en 2020. “El hombre debería regresar a la luna –dijo–, y no sólo como en 1969, para dejar una marca. Podemos hacer trabajo importante ahí.”

¿Qué mejor homenaje a Julio Verne, en su 184 aniversario, que un proyecto de base lunar?
04 Febrero 2012 04:00:38
Gioconda junto a su hermana pequeña
Recientemente restauraron la Gioconda del Prado, copia del trabajo de Leonardo Da Vinci. Al remover pigmento oscuro, añadido unos 250 años después de que el cuadro fuese pintado, se reveló un fondo que guarda notable similitud con el de la obra original. Esto parece indicar que el copista fue testigo del proceso de realización de la Mona Lisa, y por lo tanto alumno de Leonardo. Para entusiasmo de los historiadores del arte, el Prado ya propuso a dos de sus alumnos más cercanos como posibles autores: Francesco Melzi y Andrea Salai. Sin embargo, creo que para el lego esos nombres serán solamente para leer en el catálogo del museo.

El verdadero interés en la obra restaurada radica en que nos da una idea de cómo podría haberse visto esta última en el momento de su creación (los siglos han modificado el aspecto del óleo). La “hermana pequeña”, limpia y con colores más vivos, nos lleva al origen de la Gioconda: Lisa Gherardini, mujer de Francesco del Giocondo, posa; Da Vinci la pinta (y seguirá retocando la obra hasta su muerte), y alguno de sus alumnos hace su propia versión, prestando atención a los símbolos y efectos que pone el maestro.

Entonces, más que original y copia, tenemos dos originales. Las comparamos no para diferenciar técnicas o corroborar el valor de la primera pintura de Leonardo, sino para entender mejor el óleo Leonardo.

¿Qué pasa cuando miramos en el periódico las dos reproducciones juntas? Como en una imagen tridimensional (que resulta superponer de dos imágenes de la misma área en ángulos algo diferentes), interpretamos cada una y las sumamos, esperando que surja una verdad nueva.

Gran parte del estatus de milagro pictórico de la Mona Lisa estriba en el misterio que la rodea: la mirada, la sonrisa que desaparece cuando la vemos de frente, las manos sobre el vientre, que podrían indicar un embarazo... La comparación promete resolver, aunque sea en parte, ese misterio. Queremos saber qué ocurría con la modelo al momento de pasar y qué sigue pasando con ella en la pintura, cada vez que la miramos.

Afortunadamente, la promesa es vana.

Nada se ha aclarado al punto de restarle atractivo y valor alguno a la Gioconda de Leonardo Da Vinci, que continuará sonriendo a los visitantes del Louvre.
28 Enero 2012 05:00:06
La Casa del Espejo
“Y si no te portas bien -añadió-, te mandaré a la Casa del Espejo. ¿Te gustaría eso?”

Lewis Carroll.

“Al Otro Lado del Espejo”

Seguramente a Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas y Al otro lado del espejo y lo que Alicia encontró allí, le sorprendería saber que en el 180 aniversario de su natalicio estamos hablando de él y releyendo su obra, pensada sólo para el público infantil. ¿Cómo habría podido prever que los viajes de su joven personaje al otro mundo afectarían de manera tan poderosa sus lectores?

En todas las sociedades de todos los tiempos abundan los relatos de héroes que viajan a mundos extraños y luego regresan para contarnos su experiencia. Entre tantos están Jonás y Orfeo en la mitología; Dante y Juan Preciado -hijo de Pedro Páramo-, en la literatura; Neo y el Cantinflas de “Un día con el Diablo” en el cine. Y son muy distintos los aventureros que realizan tales hazañas: en contraste con el divino Odiseo, por ejemplo, hay niñas como Dorothy, Coraline y, la más querida de todas, Alicia, que tuvieron maravillosas y pesadillezcas visiones que más tarde compartirían con nosotros.

Es poderosa nuestra necesidad de realizar tales viajes, y un espejo, ese objeto tan cotidiano como extraordinario, es el perfecto portal. En primera instancia, nos lleva a buscar versiones distintas de nosotros mismos; nos anima con su falta de pudor. Ante ninguna otra superficie hemos hecho tantas muecas: el reflejo nos muestra, además del habitual, nuestros rostros posibles. Un momento es la cara que mostramos al mundo la que se asoma, y al siguiente son los habitantes del subconsciente quienes nos devuelven al mirada.

No sólo eso, nos muestra también una imagen invertida de la realidad. Más que una copia de sí mismo, el hombre que se para ante el azogue encuentra a un perfecto imitador (tantas veces se ha parodiado esto en las caricaturas que ya es un lugar común). Y si el espejo refleja la materia de manera infiel, ¿no podrá también alterar la realidad interna, inmaterial?

Eliseo Diego, en “Del Espejo”, responde: “Había sufrido un cambio radical. Amaneció zurdo cuando siempre se valió de la derecha. Su mano izquierda, tan apacible e incompetente, adquirió una habilidad sinestra. Sus amigos lo miraban con el cubilete y comentaban perplejos: “Jamás vimos una siniestra tan siniestra”.

En una imaginación tan vasta como la de Lewis Carroll, surge otra inquietud: ¿Qué habrá más allá del reflejo? El espejo contiene muebles, muros y adornos como los que hay en la habitación, así como una puerta, y es poco lo que puede reflejar más allá de dicha puerta, incluso cuando está abierta. Carroll se pergunta a dónde llega su reflejo cuando cruza el umbral; si es a un espacio como al que él accede. Y en sus meditaciones se olvida de reflejos y concibe dos realidades distintas.

Es entonces cuando Alicia descubre la Casa del Espejo. Más tarde propone a Kitty, su gatita: “Juguemos a que existe alguna manera de atravesar el espejo; juguemos a que el cristal se hace blando como si fuera una gasa de forma que pudiéramos pasar a través.” Así comienza la aventura.

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