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Ruta Libre
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04 Agosto 2014 03:00:13
Editorial
Los moldes que caracterizan el comportamiento de una sociedad, especialmente aquellos que refieren conservadurismo y apego a costumbres ancladas en la religión, se empiezan a desbordar, generalmente, en los sótanos, en lo clandestino y oculto, hasta que a fuerza de su repetición y práctica cada vez más extendida, terminan por romper las barreras de contención.

Tal parece ser el fenómeno que vive hoy Saltillo en relación a las prácticas sexuales distintas a las consideradas en público, y por la mayoría, como "normales", específicamente las de hombres que se relacionan con otros hombres. Activistas gay alertan que cada vez es más frecuente que hombres casados, de familia, busquen y se relacionen sexualmente con otros hombres.

El fenómeno se esparce, a decir de los propios activistas, en términos de clandestinaje y ello se abre la puerta a serios riesgos de salud pública. Hombres casados que concretan citas por medio de páginas electrónicas, o bien, en lugares que ya tienen fama de propicios para este tipo de encuentros como la Alameda Zaragoza, el cine Olimpia o baños públicos, principalmente en plazas comerciales, suelen realizar el acto sexual sin protección, ya que además, prevalece la idea de que es la mujer la que debe cuidarse.

Si bien es ya una realidad que Saltillo vive cotidianamente y en público diversas manifestaciones de una sexualidad distinta a la tradicional, también lo es el creciente fenómeno de hombres casados y con hijos, considerados por su entorno social y familiar como dedicados y con valores religiosos, que experimentan sexualmente con otros hombres. Se estima que alrededor del 10% de las citas que se concretan vía páginas electrónicas es de este tipo, la muestra de que los moldes se empiezan a romper.

20 Mayo 2014 03:00:45
Editoria Ruta Libre 19 de Mayo del 2014
La sociedad, como tal, es una suerte de organismo vivo que crece y madura, que busca y encuentra soluciones a problemas y condiciones emergentes, las que simplemente antes no existían ya que son consecuencia de la propia evolución. La sociedad se adapta y abre espacios, reivindica derechos y coloca sobre el escenario nuevos roles que deben ser ocupados por sus integrantes.

En términos de generalidad, más allá de las naturales excepciones, nada es fortuito o producto de generación espontánea, sino la resulta del mismo proceso de evolución. Tal es el caso de las mujeres y de las pautas de comportamiento, los roles que asumen en el estado actual de nuestro desarrollo como sociedad.

El clásico y ya superado estereotipo de la mujer mexicana abnegada, sufridora y sumisa que nació para casarse, para hacer feliz a un hombre y para criar a los hijos, es una imagen que quedó anclada en las películas de la llamada época dorada del cine mexicano, de los 40s y 50s del siglo pasado, aunque en ciertos sectores, especialmente los más vapuleados por la marginación y pobreza, es posible encontrar ejemplos vivos de aquella que fue una condición generalizada.

Hoy, la mujer puede sopesar y elegir entre las distintas opciones que ofrece su entorno y los casos en que se pondera el desarrollo personal y profesional, incluso económicos sobre la vida en pareja y aun la maternidad, son cada día más frecuentes. Es la resulta de la maduración que como sociedad experimentamos, y por ello a nadie debe extrañar que el abanico de opciones se abra cada día más, para todos.

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