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Jorge Castañeda
Jorge Castañeda
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28 Abril 2017 04:07:00
El mini pánico del miércoles
El pequeño pánico que vivieron los mercados el miércoles con la amenaza filtrada por la Casa Blanca de que Estados Unidos pronto anunciaría su intención de retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte debe ser premonitorio. En varios sentidos.

La apreciación del peso de los últimos meses puede ser efímera, o en todo caso, precaria. Cualquier susto golpea a la moneda mexicana, y es lógico que así sea. Las razones que llevaron a su hundimiento entre noviembre y finales de enero siguen vigentes; sólo han sido desterradas de las primeras planas por la tranquilidad artificial generada por los propios medios internacionales y las corredurías y bancas de inversión. Los cambios constantes de opinión de Donald Trump son ya legendarios, incluso sin llegar a los 100 días de gobierno. Su proclividad por los giros de 180 grados, ya sea por ausencia radical de convicciones, ya sea como táctica negociadora, seguirán proliferando y son, por definición, imprevisibles. Tampoco son negociables: de nada sirve llegar a un acuerdo con el propio presidente o con sus principales colaboradores, ya que ningún acuerdo resiste un cambio de parecer
repentino.

Tampoco debemos caer en la tentación del alivio por motivos de distracción. No es porque surjan o se creen crisis en Corea del Norte, Siria, el mar del Sur de China o Venezuela, que Trump se olvidará de México. Para Trump, el TLCAN, el muro, las deportaciones y la guerra contra las drogas son temas de política interna tanto como externa. Los costos de un enfrentamiento con México debido al TLCAN son mucho menores que con China, Alemania, Rusia o la ONU. Los aplausos por cumplir las promesas sobre México con sus seguidores son mucho más sonoros que otros.

Si a todo ello sumamos las complicaciones de calendario ya descritas en estas notas hace unos días –y que se han corroborado: el negociador comercial ya no fue ratificado esta semana- vemos como no hay ningún motivo de optimismo en el panorama. Por eso ya es tiempo que el Gobierno mexicano, a través del jefe del Ejecutivo, le explique claramente al país lo que ha sucedido y lo que va a acontecer en esta materia. ¿Cuáles son los tiempos de la renegociación del TLCAN? ¿Cuáles son las condiciones jurídicas reales e inamovibles de Estados Unidos y de Canadá? ¿Cuáles son las implicaciones político electorales en México del verdadero calendario, y no del calendario deseado? ¿Cuáles son las consecuencias comerciales para México –y no del consuelo de tontos para Estados Unidos- de regirnos por reglas de la OMC? ¿Cuál sería el impacto comparativo e hipotético sobre la inversión extranjera directa en México durante los próximos 10 años de una renegociación verosímil y no ideal, por un lado, y de retirarnos ahora del TLCAN, por el otro?

Entiendo que Peña Nieto haya preferido ni pensar en estos dilemas, o en todo caso no compartir malas noticias con la sociedad mexicana para no asustarla. Había, quizás, una muy pequeña esperanza de que la actitud pública –insostenible en privado- de optimismo beato ante Trump en lo referente al TLC, se reivindicara en un futuro mediato. Después de la amenaza ni siquiera velada del miércoles, no sólo es iluso seguir albergándola. Es insensato.
26 Abril 2017 04:08:00
El video de AMLO
El video de una candidata de Morena para las elecciones municipales de Veracruz de junio de este año nos recuerda obviamente las clásicas tomas de 2004 del señor de las ligas, de los abrigos, de las maletas y de las bolsas de aquella época: todos colaboradores de Andrés Manuel López Obrador, recibiendo dinero de Carlos Ahumada, quien se tomó la molestia de grabar la totalidad de las escenas. Hay muchos parecidos y hay algunas diferencias importantes. Empecemos con los parecidos.

El guionista podría ser el mismo. Esto es Rocky I, Rocky II, Rocky III y Rocky IV. Se trata de una donación posiblemente ilegal, a una destinataria cuya aceptación del dinero también puede resultar ser un delito. De la misma manera, todo indica que se trataba en aquella época de un “cuatro” en potencia, que Ahumada le puso a la gente de López Obrador, no tanto para “ventanearlos” en lo inmediato sino como un seguro de vida que en efecto necesitó más adelante, cuando languidecía primero en un calabozo cubano, luego en otro del DF (no sé cuál sea peor).

En el caso de la candidata Eva Cadena, existen múltiples razones para pensar que ni siquiera se trató de un “cuatro” en potencia o hacia futuro, sino más bien de una trampa un poco simplista y rústica tendida a una simpatizante de AMLO también simplista y rústica. No parece muy creíble que esto haya sido espontáneo y grabado de pura casualidad, por una especie de cámara de seguridad.

Ya se ha dicho que, si se trató de un ardid, eso no disculpa a Cadena ni, por cierto, a quien la engatusó. Si ambos están cometiendo un delito electoral, pues ambos deben ser castigados, cualesquiera que hayan sido las motivaciones profundas que llevaron a este bochornoso incidente. Lo lógico debió haber sido que Eva Cadena rechazara, indignada, el ofrecimiento de los 500 mil pesos; que denunciara de inmediato el nombre del “generoso” donante ante la autoridad electoral y ante los medios de comunicación; y que fuera corriendo con López Obrador para informarle de lo que había sucedido. Nada de esto aconteció. No pudo ella evitar la tentación de recibir el dinero, ya sea para Morena, ya sea para su propia candidatura en el municipio de Las Choapas. Se entiende, aunque no la exculpa, que ni la madre Teresa de Calcuta hubiera rechazado donativos. Primero los acepta, los destinaba a los niños desamparados a quienes cuidaba y luego averigua de dónde venía el dinero.

El problema es que la gente que está reclutando Morena para sus distintas candidaturas y para sus apoyos hacia la campaña presidencial del 2018 no está siendo filtrada por nadie. Ya hemos visto aparecer en los mítines de López Obrador a gente por lo menos cuestionable de un pasado priista muy reciente. Seguramente con el paso del tiempo veremos más. Cuántos de ellos no aceptarán también el donativo anónimo –o ni tanto– de dinero bien habido, pero mal donado, o mal habido y mal donado ¿Qué procedimientos tiene López Obrador para evitar que esto vuelva a suceder, más que denunciar que fue víctima de una maniobra perversa? Esta sin duda lo es.

Que estos $500 mil empalidecen frente a las gigantescas sumas que distintos gobiernos estatales y empresarios han canalizado a las campañas de gobernadores y candidatos presidenciales en los últimos años es innegable. Que se trata probablemente de delitos tan graves los unos como los otros, también es indiscutible. Este es el sistema electoral que tenemos. Habría que felicitar a todos los que lo han construido por lo menos desde 1996. ¿Realmente están contentos con lo que han labrado?
21 Abril 2017 04:07:00
El nuevo calendario del TLC
Las declaraciones recientes de los dos principales encargados de la negociación comercial entre México y Estados Unidos –Wilbur Ross e Ildefonso Guajardo– y el propio Donald Trump anuncian, en los hechos, un nuevo calendario para la revisión del TLCAN. Y los pronunciamientos de Trump sobre los cambios “mayores” que busca en el NAFTA auguran una negociación de mayor complejidad y profundidad de lo que muchos en México pensaban (yo no) y que requerirá aprobación legislativa en los tres países, y en las dos cámaras en Washington. En realidad, para nosotros, ambas dificultades están vinculadas, y son por completo ajenas a la agenda electoral mexicana.

El procedimiento legislativo de EU es claro: para empezar negociaciones comerciales bajo la actual Trade Promotion Authorization (TPA, la versión actual del fast-track de antes, y que por cierto se vence en julio de 2018), el ejecutivo debe enviar una carta de intenciones detallada a las dos comisiones pertinentes de ambas cámaras legislativas y “consultar” el contenido de la misma con ellas durante 90 días. Esto, que iba a ocurrir hace más de un mes, se ha demorado, obligando a posponer el arranque del reloj debido a una maniobra legislativa medio dilatoria de los demócratas. Exigen que la carta del Ejecutivo lleve la rúbrica del Representante Especial para Negociaciones Comerciales (USTR), y éste no ha sido ratificado por el Senado. Este retraso se debe a su vez a que, para ser enviada su candidatura, debe obtener un permiso especial (waiver) por haber trabajado como cabildero para dos gobiernos extranjeros durante el año anterior. En el mejor de los casos, el USTR será confirmado en la última semana de abril –y más bien durante la primera quincena de mayo– para que se programen las reuniones preliminares con el Congreso sobre el borrador de la carta, y esta sería recibida en el Capitolio entre el 15 y el 30 de mayo. Los 90 días correrían hasta mediados de agosto, cuando nadie trabaja en Washington, y por tanto las negociaciones con México y Canadá comenzarían en septiembre. En una hipótesis optimista, podrían concluir para abril o para mayo de 2018, aunque francamente lo dudo.

Con independencia del calendario electoral mexicano –la coincidencia con la cual generaría una tormenta perfecta– existe una regla no escrita de la política de comercio exterior en EU: el Ejecutivo no envía nunca un acuerdo comercial al Congreso para su aprobación en un año electoral. El 2018 lo es: en noviembre se renueva toda la Cámara baja, y el tercio del Senado. Como todas las reglas no escritas, se puede violar, como en los casos de Australia y Perú. Pero se antoja muy cuesta arriba que Trump cuente todavía entonces con el capital político para correr el riesgo de un rechazo de lo que sería su NAFTA. Lo cual nos lleva a finales de noviembre de 2018 para aprobar el nuevo texto en EU, y más bien a la primavera de 2019. Para entonces, habrá otro gobierno en México, y otro Congreso.

Algunos de los más autorizados expertos mexicanos en estos temas (yo desde luego no lo soy) han sostenido que en realidad esto no sería tan grave. Al no aprobarse un nuevo TLCAN hasta 2019, regiría, como default option, el actual, a saber, el que más nos conviene. Trump simplemente se resignaría ante la imposibilidad de lograr una aprobación expedita. Co-existiría con un TLC que según él es el peor de la historia para Estados Unidos, hasta que surgieran condiciones para lograr una votación favorable  para el nuevo acuerdo.

No me cuadra el argumento. Políticamente hablando, veo muy difícil que Trump prefiera conservar un TLC “malo” que abandonarlo de plano; tampoco creo que acepte mandarlo al Congreso sin la garantía de una pronta aprobación. Entonces tendremos que esperar, con la consiguiente incertidumbre. Quién sabe hasta cuándo.
19 Abril 2017 04:06:00
AMLO, la amnistía anticipada, “el largo brazo de la ley”
Hace unas semanas tuve la oportunidad de conversar largo y tendido con uno de los principales colaboradores de Andrés Manuel López Obrador. Nos conocemos desde hace años, y entre gitanos no nos leemos las cartas. Aunque tocamos múltiples temas, el que me interesa abordar aquí abarca la especie de amnistía anticipada para corruptos y violadores de derechos humanos que AMLO ha anunciado en varios discursos, y sobre todo en su libro La Salida, en particular a la luz de la detención o denuncia de varios exfuncionarios mexicanos en el extranjero en las últimas semanas.

No me referiré a lo que muchos han señalado, y criticado: quién es él para decidir a quién indulta o perdona, arrogándose atribuciones del Poder Judicial; el borrón y cuenta nueva garantiza la perpetuación de la impunidad, etc. En la citada conversación, procuré convencer a mi interlocutor que ya no estaba en manos de AMLO, o de cualquier presidente de la República –bueno o malo, honesto o ratero, magnánimo o vengativo– absolver a nadie de determinados delitos. El factor internacional ya no lo permite.

Insistí en el capítulo de derechos humanos primero, recordando el pavor que le provocó a Felipe Calderón ser arrastrado al banquillo de los acusados en la Corte Penal Internacional de La Haya, y los ejemplos menos fallidos que ese de otros violadores de los derechos humanos que no fueron juzgados en sus propios países. Pero el capítulo principal para la opinión pública hoy en México es el de la corrupción –no sé si con razón– y no el de los derechos humanos.

Si pudiera continuar nuestro intercambio, le preguntaría al consejero “pejista” ¿Qué haría AMLO en el caso de Tomás Yarrington, por ejemplo? Según su libro, sería perdonado, y podría volver a México. Pero si hubiera sido detenido antes en Florencia por las autoridades italianas, a solicitud de las norteamericanas ¿pediría que lo soltaran? ¿No buscaría extraditarlo a México? O si primero volviera a Tamaulipas, acogiéndose a la amnistía presidencial, y Washington solicitara su detención provisional para fines de extradición, por delitos cometidos en Estados Unidos ¿la negaría? O ya preso en Nueva York, con “El Chapo” y Veytia ¿le exigiría a Trump que por favor lo liberara, ya que goza de un versión mexicana de amparo universal?

Le insistiría a mi interlocutor con el caso de Emilio Lozoya. Sin prejuzgar si el exdirector de Pemex efectivamente recibió una mordida de 5 millones de dólares ¿qué haría AMLO si los brasileños o los suizos o los norteamericanos pensaran que sí, e intentaran juzgarlo en sus tribunales por delitos cometidos ante su legislación (Foreign Corrupt Practices Act en EU, escándalo Lava Jato en Brasil)? López Obrador trataría de hacer valer la “soberanía” mexicana que tanto le gusta y sostendría que a los mexicanos sólo se les juzga en México, y a este (o éstos, porque no ha sido indiciado sólo Lozoya), él ya lo perdonó?

Entiendo que en una campaña no se tiene respuesta a todo. También que el ámbito más ajeno a AMLO (y a los demás precandidatos a la Presidencia) es el internacional. Pero ya sería tiempo de que ellos entendieran que ya no hay nada en México que sea puramente interno, ni nada que resulte exclusivamente externo. Javier Duarte se fugó a Guatemala, no como “El Chapo” a la sierra madre occidental y los cerros de Sinaloa y Durango; César Duarte a El Paso (según su sucesor), otros exgobernadores andan como Pedro por su casa en la Ciudad de México o en Cozumel. ¿En verdad AMLO va a poder decidir todo esto sólo porque según él México es un país soberano? Ojalá su asesor le explique que no es ya tan fácil, o lo convenza de platicar con Yarrington, o Duarte, o Veytia, o Lozoya, más los que se acumulen.
17 Abril 2017 04:05:00
¿Quién captura a los capturados?
Mientras no comparezcan ante un juez –en México, en Italia, en Guatemala o Estados Unidos– no habrá cómo saber si Édgar Veytia, Tomás Yarrington, Emilio Lozoya o Javier Duarte incurrieron en los delitos de los cuales han sido acusados por unos o por otros. No nos consta si los cargos o los motivos de las denuncias son válidas, o proceden de cualquiera de las otras explicaciones posibles: delación premiada en Brasil, testigos protegidos en Estados Unidos, venganza política en Veracruz. Pero podemos aventurar una hipótesist preliminar a propósito de las capturas de las últimas semanas: el factor foráneo fue decisivo, y las autoridades nacionales se vieron impotentes u omisas mientras no entrara en juego el involucramiento internacional.

Uno de los acusados fue fiscal o procurador del estado de Nayarit durante siete años. Otros dos fueron gobernadores durante seis, y luego prófugos a lo largo de seis meses, o seis años. Un cuarto fue director de Pemex por dos años, y el principal colaborador de política exterior del candidato y presidente-electo Peña Nieto. Salvo el caso de Duarte en Guatemala –y habrá que esperar– resulta inimaginable su detención o “ventaneada” sin la participación del Gobierno de Estados Unidos, del Poder Judicial brasileño, y de los medios de ambos países.

En el caso del escándalo de Odebrecht y de Pemex, varios hemos insistido en algo desde hace meses –mucho antes que AMLO, aunque sus términos y ejemplos sean calcas de los de otros, mucho después. Parecía increíble que expresidentes, exministros o subsecretarios fueron mencionados en múltiples países de América Latina, pero en México tanto la paraestatal petrolera como la PGR y la Secretaría de la Función Pública insistieran en mantener bajo sigilo los nombres de los destinatarios de más de 10 millones de dólares de mordidas. Asimismo, Veytia jamás habría sido detenido si la DEA no lo hubiera buscado. El Gobernador de Nayarit, y quizás hasta su amigo el de Nuevo León, o ignoraban todo de sus actividades y “ahorros”, o sabían algo y eran algo cómplices. Y todos vimos con nuestros propios ojos la foto del agente de ICE en Florencia acompañando –extrañamente, porque no es su función– a la Policía italiana en el arresto de Yarrington.

No se puede descartar que ante la posible derrota del PRI en el Estado de México, y el seguro fracaso de su partido en el 2018, Peña Nieto haya decidido insistirle a Washington que ayudara, en lugar de obstaculizar o permanecer en la indiferencia ante las huidas de Yarrington y Duarte. En ese caso, podría ser inminente la detención en Estados Unidos, o en México a solicitud de Estados Unidos, de otro Duarte y otro exgobernador de Tamaulipas. Si no podemos los mexicanos sin el apoyo de Washington o de otros países (Suiza y Brasil, en el caso Pemex), ni modo. Mejor presos así, que libres de otra manera.

Pero tampoco se puede desechar otra explicación, por lo menos en los casos de Veytia y Yarrington, más los que se acumulen. La postura de los gobiernos de Obama y de Bush, y en realidad de todas las administraciones norteamericanas de la historia moderna, ha sido de pasividad, tolerancia, o hacerse de plano de la vista gorda ante la corrupción mexicana. Preferían no hacer olas, a pesar de que buena parte de las fortunas robadas en México... se guardaban en Estados Unidos y eran fáciles de rastrear. Siempre pensaron los norteamericanos que el beneficio de cualquier acción suya contra la corrupción en México empalidecería frente al costo o el riesgo de la consiguiente inestabilidad o del darle la espalda a sus antiguos socios, amigos o cómplices.

Es posible, aunque por ahora sea imposible de aseverar, que Trump, por una razón u otra, haya abandonado la tradicional actitud estadunidense. Molesto por anteriores agravios personales, frustrado por las dificultades de avanzar en su agenda con México, o preocupado en serio por los estragos que la corrupción mexicana puede surtir sobre la “estabilidad” del país, quizás Trump ha optado por perseguir a los autores y los frutos de la venalidad mexicana. Ambas listas pueden ser interminables.
12 Abril 2017 04:08:00
Los tiempos del TLC, de Trump y de Peña Nieto
Por buenas y malas razones, el Gobierno mexicano prefiere concluir con el de Estados Unidos las negociaciones en materia comercial antes de fin de año. Sin entrar a la consideración de los motivos involucrados, quisiera subrayar un primer obstáculo para que eso suceda, y una primera consecuencia negativa.

Hace unos días comenzó el receso de Semana Santa del Congreso norteamericano. Vuelven hasta el 24 de abril. Será hasta entonces, en el mejor de los casos, que empezarán a considerar el nombramiento de Robert Lighthizer como representante especial de Comercio Internacional (USTR), primero en comisiones y después en el Pleno. Él fungió como cabildero de los gobiernos extranjeros hasta hace poco, y por lo tanto requiere de un permiso especial para ser ratificado. Dicho permiso debe solicitarlo el Poder Ejecutivo. Mientras no lo pida, no será aprobado; mientras no sea ratificado, los demócratas (minoritarios) en la Comisión de Finanzas del Senado se niegan a recibir la carta de intenciones del Gobierno que echaría a andar el reloj de los 90 días para iniciar las negociaciones con México y Canadá. De modo que es poco probable que el plazo arranque antes de principios de mayo, y concluirá, en la hipótesis más favorable, a principios de agosto. El secretario de Comercio estadunidense ha afirmado, por un lado, que las negociaciones tardarían un año; y por el otro, que puede ser menos. Antes de principios de 2018, se antoja difícil que culminen. Y se sabe que en año electoral en Estados Unidos, es casi imposible que se apruebe un acuerdo comercial. En una próxima entrega examinaremos lo que eso puede significar para México.

La consecuencia más ominosa para nosotros de esta recalendarización del tema comercial yace en la integración de la llamada negociación... integral. Como en muchos otros asuntos, desde que Videgaray llegó a la cancillería, el Gobierno ha mostrado una mayor disposición a atender sugerencias de otros: amigos, críticos u opositores. La negociación en paquete es una de ellas. El problema es que la separación en el tiempo de los temas de seguridad –esto es, migratorios, de guerra contra el narco, antiterrorismo y el muro- con los comerciales puede dificultar enormemente la “integralidad”. En particular, obstaculiza la vinculación entre los dos grandes rubros.

Existen dos caminos de vinculación. Uno, el que parece haber escogido el Gobierno de México, consiste en condicionar la continuidad de la cooperación en el conjunto de rubros de seguridad a una actitud constructiva y moderada de Washington en la renegociación del TLCAN. Si hay buena voluntad norteamericana en comercio, persistirá la buena disposición mexicana en seguridad. En todo caso, una mayor cooperación quedaría sujeta a resultados concretos –y muy ulteriores– en seguridad. La otra vía, parecida a la que acaba de esbozar Trump frente a China, es la inversa. Si Beijing arregla el tema de Corea del Norte, EU negociará con mayor flexibilidad los asuntos comerciales; si no, no. México podría –y debiera– hacer lo mismo. Por lo pronto, suspender partes o la totalidad de los esquemas de cooperación, hasta ver si se comprueba la buena voluntad estadunidense en el TLCAN; si no se corrobora está última, no se reanudan las primeras.

Los dos caminos contienen riesgos y dificultades innegables. El primero padece los efectos del calendario: las reglas de origen se negociarán a fin de año, las deportaciones ocurren ahora. El segundo puede ser visto en Estados Unidos como un chantaje –lo es, por cierto– y ello nos enemistaría con posibles aliados dentro de ese país. Si los tiempos esperados por la SRE y Economía se cumplieran, quizás la primera opción resultaría preferible. De no ser el caso, la segunda se vuelve más atractiva, porque parece remota la posibilidad de poner en práctica una postura de enfrentamiento con Washington por un gobierno tan debilitado como el de Peña Nieto, ya en plena campaña electoral de 2018. No está fácil.
10 Abril 2017 04:07:00
Venezuela: falta más
Finalmente el presidente Peña Nieto hizo lo que debió haber hecho hace casi 3 años: recibir en Los Pinos y tomarse la foto con la esposa de Leopoldo López, el líder encarcelado de la oposición venezolana. Asimismo, el secretario de Relaciones Exteriores ha echado a andar una estrategia diferente para México, tanto dentro de la OEA como en el plano bilateral con varios países de América Latina. Todo ello a propósito de Venezuela. Mejor tarde que nunca y como ha dicho Aguilar Camín, no hay que regatearle al Gobierno este cambio positivo y necesario.

Sin embargo, los acontecimientos no tienen siempre la paciencia, la resignación o la tolerancia que podemos albergar los comentaristas o los funcionarios. Lo que ha sucedido con la nueva política mexicana frente a Venezuela es que se ha ido rezagando día con día conforme se agrava la crisis de ese país: crisis política, humanitaria, económica, social. Para poder seguir avanzando sin embargo y mantenernos al día, convendría que tanto Peña como la cancillería se deshicieran de algunas telarañas mentales que todavía ofuscan su pensamiento.

La idea de que México nunca ha intervenido en conflictos internos de otros países, a través de opiniones, recursos, apoyos o sanciones, es completamente falsa. Sólo existe en la cabeza trasnochada de los principistas o de algunos sectores de la izquierda. Desde la guerra civil española, México ha tomado partido en varias ocasiones a favor de un régimen o de otro, en un país o en otro. De la misma manera que defendimos a la República española, tomamos partido contra el golpe de Estado en Guatemala en 1954, contra la dictadura de Batista en Cuba de 1956 a 1959, a favor del régimen de Allende en Chile y contra el de Pinochet, y a favor de distintos proyectos revolucionarios en Centroamérica a finales de los años 70 y principios de los 80: Nicaragua, El Salvador y en menor medida Guatemala, y desde luego siempre aprobamos y mantuvimos las sanciones contra el odioso régimen del Apartheid en Sudáfrica, al grado de que en 1976, el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Alfonso García Robles, por instrucciones del presidente Echeverría, le prohibió al equipo mexicano de tenis competir en Sudáfrica en la Copa Davis, en la época del célebre Raúl Ramírez.

Muchos dirán en México que se trataba en todos estos casos de tomas de partido a favor de los buenos y en contra de los malos. Si ese fuera el criterio, pues ya todo dependería de cuál es el rasero que se utiliza para definir a los buenos y a los malos. No me queda claro cuál de las dictaduras latinoamericanas de todos estos años ha sido la peor y cuál ha sido la mejor: Chile, Cuba, Somoza, y ahora Maduro en Venezuela. La lógica de todo esto no es que México no interviene, es que México como todos los países toma partido y lo hace a veces en función de intereses, de simpatías o de ciertos valores. Por mi parte prefiero la intervención basada en valores, y en particular en dos: la democracia y el respeto a los derechos humanos. Pero entiendo que pueda haber otros: la revolución, el socialismo, el antiimperialismo, etc. Pero por lo menos aceptemos que de eso se trata.

¿Qué debe hacer México ahora en Venezuela? En primer lugar dejar de insistir en la tontería del diálogo. Ya se intentó un esfuerzo mediador encabezado por el ex jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y fracasó estrepitosamente. No puede haber diálogo, cuando la mitad de los líderes de la oposición están en la cárcel, y peor aún si es detenido en estas horas o días, Henrique Capriles, el otrora candidato de la oposición a la presidencia y actual gobernador del estado de Miranda. No hay diálogo posible cuando la represión es cotidiana o cuando el Poder Judicial, de alguna manera disuelve al Poder Legislativo (maniobra que fue echada abajo por la presión internacional y por la calle en Caracas, pero que puede volver a ser impuesta).

Así mismo, México debe dejar de buscar consensos en la OEA e ir planteando proyectos de resolución cada vez más duros, invocando el artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana para lograr la suspensión de Venezuela de la OEA, si no celebra elecciones, se liberan a los presos políticos y se devuelve la autonomía a la Asamblea Nacional y al órgano electoral. Pero además, México debe ir buscando con otros países latinoamericanos, y en particular con los dueños del circo de Caracas –los cubanos- para encontrar activamente una salida a la pesadilla venezolana, en lugar de simplemente lamentarla o censurarla. Se han dado pasos muy importantes, muy bienvenidos, y muy tardíos. Faltan más.
07 Abril 2017 04:07:00
Ganar y perder en el Edomex
Habrá muchas maneras de interpretar los resultados de las elecciones del Estado de México en cuanto a su pertinencia para el 2018. Una será a la luz de las encuestas: quién le “atinó” y quién no, por mucho que todo el mundo insista, con razón, que los sondeos equivalen a la fotografía de un instante, no a un vaticinio. Sobre todo cuando impera una elevada tasa de rechazo, como parece ser el caso hoy en el Edomex. Dicha tasa puede distorsionar hasta la fotografía, ya sin hablar del vaticinio.

Otra, la más común y lógica, será en función del ganador o los derrotados. Como en toda elección, alguien ganará y los demás perderán. El vencedor, además del ímpetu que siempre genera una victoria, dispondrá de un enorme presupuesto durante casi un año para financiar –dentro o fuera de la legalidad- la campaña presidencial del aspirante de su partido en los comicios presidenciales de 2018. Si gana el PRI, se dirá que conservó su bastión; que la bala pasó cerca, pero no dio en el blanco; y que se comprobó que utilizando bien los recursos del Estado y escogiendo a un buen candidato, no todo está perdido para el año entrante. Si gana el PAN, se dirá que va en caballo de hacienda hacia la Presidencia, y que al resultar exitosa la estrategia de Ricardo Anaya, no habrá cómo arrebatarle la candidatura azul. Y por último, si triunfó Morena, se podrá concluir que López Obrador ya es imbatible, tanto por el acervo de votos amarrados en el padrón más abultado del país, como por los miles de millones de pesos de los cuales dispondrá para su campaña.

Pero hay una manera adicional de leer los resultados de junio. La pura carrera de caballos no es siempre lo más importante. Se vio en 2015, cuando el PRI y el Verde alcanzaron una mayoría en la Cámara de Diputados, pero obtuvieron números de votos inferiores a 2012, que presagiaban una derrota en el 2016. Derrota que se produjo de manera contundente. Aún si perdiera la candidata de AMLO, puede ganar con miras al 2018. En otras palabras, si Morena y los partidos que conformaron las coaliciones anteriores de López Obrador obtienen un número absoluto o un porcentaje superior de votos al que este último alcanzó en 2006 y 2012, aunque no gane, sus augurios para 2018 serán superlativos.

En 2006, la coalición que respaldó a AMLO obtuvo 2 millones 462 mil 614 votos en el Edomex, es decir, 43.3% del total. Le sacó una ventaja de 12 puntos al PAN, y de 25% al PRI. En 2012, el conjunto de partidos que presentaron a AMLO como candidato presidencial obtuvieron 2 millones 304 mil 129 votos mexiquenses, aproximadamente lo mismo, en términos absolutos, pero mucho menos en porcentaje: 34%. Enrique Peña Nieto captó 43% del voto (en su estado), y el PAN, con la misma candidata que ahora, se desplomó, quedándose con por ciento.

Si Delfina Gómez no gana, pero sola supera el porcentaje y/o los votos de AMLO en 2012, acercándose a los números de 2006, será una gran avance para Morena. Si no gana, pero junto con los candidatos del PRD y el PT, rebasa el 34% de AMLO de 2012, y si es probable que los votantes de estos dos partidos se inclinen mayoritariamente a favor de AMLO en 2018, hagan lo que hagan las cúpulas, Morena logrará un desenlace muy favorable, aunque haya perdido.

Recordemos que en 2006, López Obrador perdió la elección nacional por medio punto, mientras que en 2012 perdió por casi 8%. Parte de la diferencia en el margen de derrota provino del Estado de México.
05 Abril 2017 04:06:00
Naufragio del SNA
Llegó el día fatídico del arranque del Sistema Nacional Anticorrupción para ser instalado formalmente; pero lo fue de una manera totalmente incompleta y trunca. Como dijo Jacqueline Peschard: “el Sistema Nacional Anticorrupción está todavía incompleto, no está nombrado el Fiscal Especial Anticorrupción ni los Magistrados de la Sala Especializada, ni las Salas Regionales del Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, y que tendrán a su cargo imponer las sanciones administrativas a los servidores públicos que cometan faltas graves”.

Desde luego, los partidos no pudieron ponerse de acuerdo, y el Gobierno y el Congreso no pudieron decidir quién debía ser 1) el Fiscal General de la República, 2) el Fiscal Anticorrupción y 3) si se mantenía el pase automático. En una más de las intrigas de este Gobierno, se había dado a entender que el presidente Peña Nieto desistió de su afán por nombrar al Procurador General de la República -Raúl Cervantes- como fiscal mediante el llamado pase automático. En realidad, no hubo tal, y al día de hoy no se ha resuelto ni que sea ni que no lo sea.

Esto nos dice mucho sobre varias cosas. Nos dice algo sobre la renuencia cada vez más clara del gobierno federal a que se puedan instalar instituciones, mecanismos y personas capaces no sólo de perseguir la corrupción hacia adelante en este sexenio y en el que sigue, sino hacia atrás una vez que este concluya. Nos dice algo también sobre la complicidad de los partidos de oposición: PAN, PRD y Morena, que no sólo no han podido imponer algo distinto, sino que no han querido utilizar otras palancas, otras fichas de negociación, para imponer lo que no querían. Los partidos no han querido obstaculizar otras iniciativas del gobierno en la Cámara de Diputados o en el Senado para obligarlo a ceder en la designación de los dos fiscales, el que manda -el General de la República- y el subordinado –el Fiscal Anticorrupción–.

Complicidad también de los organismos de la sociedad civil que tanto lucharon –en muchos casos con gran mérito y empeño– para armar un sistema, ciertamente alambicado, en ocasiones incomprensible, pero que sin duda correspondía a las mejores intenciones de las personas que lo construyeron. Y finalmente, para variar, complicidad de los medios de comunicación que no han podido denunciar con suficiente vigor la incapacidad de las instituciones políticas del país de cumplir con los plazos establecidos.

Pero el problema de fondo no es ni el carácter bizantino del sistema, ni la reticencia del Gobierno, ni la complicidad de los partidos y de las instituciones de la sociedad civil, sino la dificultad de avanzar en la lucha contra la corrupción dentro de las instituciones existentes. Dentro de los innumerables enunciantes de la corrupción en México a lo largo de los últimos 30 o 40 años, siempre ha habido quienes piensan que las instituciones existentes y los actores nacionales pueden arrojar resultados en la materia. Y hemos sido muchos otros que siempre hemos pensado, en primer lugar, que con las instituciones existentes es imposible barrer con la corrupción hacia atrás, es decir, reducir la impunidad y por tanto evitar la corrupción de futuro. Pero también hemos pensado que es inconcebible que esto lo podamos hacer sólo con actores nacionales; sin un fuerte apoyo internacional, nada de esto será posible.

Hoy lo que estamos viendo ante el evidente naufragio del SNA es que esas dos tesis parecen ser cada día más acertadas. Con las instituciones existentes, es decir la PGR, –transformada en Fiscalía–, con la Auditoría Superior de la Federación, con la Secretaría de la Función Pública, con lo que hay en México, no se va a poder. Para eso se necesitan instituciones de excepción como una Comisión de la Verdad. Pero tampoco vamos a poder solos los mexicanos. No es cierto. Mejor reconocerlo de una vez, sin apoyo internacional nada de esto va a prosperar. A ver qué día nos convencemos todos.
03 Abril 2017 04:05:00
El asco del Edomex
La elección del Estado de México es un cochinero. El PRI y el Gobierno se han puesto a regalar mugre y media a la pobre gente necesitada de las comunidades más rezagadas. Abusan de las carencias reales, de la radical ausencia de la llamada cultura del esfuerzo, y de la presencia perenne de la demanda mexicana: el Gobierno está para ayudarme.

Bajo el cínico –aunque exquisitamente nacional– eufemismo del “apoyo social”, secretarios de Estado, incluso de dependencias como Hacienda (who should know better), el Gobernador y hasta la esposa del Presidente reparten tinacos, sillas de ruedas, pensiones, escrituras, reafiliaciones a distintos programas asistenciales, gallinas, pollos, hornos de microondas, lavadoras, monederos electrónicos, materiales de construcción, fertilizantes, uniformes escolares y cuanta porquería inventen.

Todo, en muchas ocasiones según los medios nacionales, a cambio de la credencial de elector. No sé si les alcance para ganar, pero estoy seguro que basta para alejar a mucha gente de la política electoral en México. No tienen vergüenza.

Ahora bien, no podrían incurrir en semejantes cochinadas sin un triple “compló”: electoral, del INE con López Obrador; político-jurídico, de la oposición en el Congreso y la Suprema Corte; y fiscal, de la ASF y la Secretaría de Hacienda. Me explico.

En 2007 se redactó y aprobó una nueva legislación electoral con el exclusivo propósito de complacer a AMLO. Se inventaron 48 mil reglas, cortapisas, prohibiciones, mediciones, restricciones y reglamentos para evitar –en teoría– las trapacerías que, según AMLO, permitieron que se le arrebatara la victoria en 2006. Igual no quedó contento; se fueron legislando cada vez más letras de la ley, mientras se debilitaba día a día el famoso espíritu de la misma. Hasta que llegamos al Edomex del 2017.

El Gobierno viola con descaro el espíritu –“sin rubor”, parece que dijo Peña Nieto– de la ley, mientras que el PRI cumple, más o menos, con la letra. Y el INE no dice esta boca es mía. Se niega a atraer la elección; y la deja en manos de una autoridad local entregada, comprada, controlada por completo, por las autoridades de Toluca.

En segundo lugar, la oposición en ambas cámaras tendría cómo boicotear diversos temas de interés para el ejecutivo en el Congreso –desde nombramientos de embajadores y de la adorno-currículum vice-presidenta del INEGI, hasta el presupuesto, la ley de seguridad interior y la neutralización de la reforma judicial de 2008– a menos de que Peña y su Gabinete desistieran de su desfachatez y de sus mañas. Pero para eso, se necesitaría un mínimo de columna vertebral en dicha oposición (son iguales PAN, PRD y Morena), que por supuesto no se ve por ninguna parte.

Lo mismo es cierto de parte de la SCJN. Sabemos que no debe ocuparse de cuestiones electorales; para eso está el TEPJF. Pero la acción del Gobierno no es estrictamente electoral: es criminal, inmoral y violatoria de todas las reglas de acción gubernamental. En una palabra, anticonstitucional, y eso sí es materia suya. Es inconcebible que los abogados de la oposición no busquen la manera –aunque fracasen– de obligar a la SCJN a definirse al respecto.

Por último, está el problema fiscal. El dinero con el que Rosario Robles, Eruviel Ávila, Luis Miranda, etc, regalan todo lo regalable es nuestro: de los contribuyentes. No es del Edomex: como todas las entidades federativas, no recauda nada. Es de las magnánimas dependencias federales, pero en ninguna parte, que yo sepa, se estipuló que esos recursos se debían gastar en esas comunidades en estos momentos.

Si se aprobó ese gasto para el Edomex en el presupuesto, no se determinó que se entregará en las dos semanas previas a la veda electoral. Y si no se definió el destino estatal del gasto de las dependencias federales involucradas, podemos preguntarnos por qué se canalizan tantos dineros a un estado ni tan rico, pero tampoco tan pobre.

El Edomex ocupa el lugar 16 en PIB per cápita y en desarrollo humano de la ONU: a la mitad exactamente. O por qué se concentran los recursos en dádivas personales y no en escuelas, o clínicas, o caminos, o cualquier esfuerzo colectivo, no individual. La respuesta es obvia: porque aún en el Estado de México, el voto es individual. ¡Que asco!
03 Abril 2017 04:05:00
El asco del Edomex
La elección del Estado de México es un cochinero. El PRI y el Gobierno se han puesto a regalar mugre y media a la pobre gente necesitada de las comunidades más rezagadas. Abusan de las carencias reales, de la radical ausencia de la llamada cultura del esfuerzo, y de la presencia perenne de la demanda mexicana: el Gobierno está para ayudarme.

Bajo el cínico –aunque exquisitamente nacional– eufemismo del “apoyo social”, secretarios de Estado, incluso de dependencias como Hacienda (who should know better), el Gobernador y hasta la esposa del Presidente reparten tinacos, sillas de ruedas, pensiones, escrituras, reafiliaciones a distintos programas asistenciales, gallinas, pollos, hornos de microondas, lavadoras, monederos electrónicos, materiales de construcción, fertilizantes, uniformes escolares y cuanta porquería inventen.

Todo, en muchas ocasiones según los medios nacionales, a cambio de la credencial de elector. No sé si les alcance para ganar, pero estoy seguro que basta para alejar a mucha gente de la política electoral en México. No tienen vergüenza.

Ahora bien, no podrían incurrir en semejantes cochinadas sin un triple “compló”: electoral, del INE con López Obrador; político-jurídico, de la oposición en el Congreso y la Suprema Corte; y fiscal, de la ASF y la Secretaría de Hacienda. Me explico.

En 2007 se redactó y aprobó una nueva legislación electoral con el exclusivo propósito de complacer a AMLO. Se inventaron 48 mil reglas, cortapisas, prohibiciones, mediciones, restricciones y reglamentos para evitar –en teoría– las trapacerías que, según AMLO, permitieron que se le arrebatara la victoria en 2006. Igual no quedó contento; se fueron legislando cada vez más letras de la ley, mientras se debilitaba día a día el famoso espíritu de la misma. Hasta que llegamos al Edomex del 2017.

El Gobierno viola con descaro el espíritu –“sin rubor”, parece que dijo Peña Nieto– de la ley, mientras que el PRI cumple, más o menos, con la letra. Y el INE no dice esta boca es mía. Se niega a atraer la elección; y la deja en manos de una autoridad local entregada, comprada, controlada por completo, por las autoridades de Toluca.

En segundo lugar, la oposición en ambas cámaras tendría cómo boicotear diversos temas de interés para el ejecutivo en el Congreso –desde nombramientos de embajadores y de la adorno-currículum vice-presidenta del INEGI, hasta el presupuesto, la ley de seguridad interior y la neutralización de la reforma judicial de 2008– a menos de que Peña y su Gabinete desistieran de su desfachatez y de sus mañas. Pero para eso, se necesitaría un mínimo de columna vertebral en dicha oposición (son iguales PAN, PRD y Morena), que por supuesto no se ve por ninguna parte.

Lo mismo es cierto de parte de la SCJN. Sabemos que no debe ocuparse de cuestiones electorales; para eso está el TEPJF. Pero la acción del Gobierno no es estrictamente electoral: es criminal, inmoral y violatoria de todas las reglas de acción gubernamental. En una palabra, anticonstitucional, y eso sí es materia suya. Es inconcebible que los abogados de la oposición no busquen la manera –aunque fracasen– de obligar a la SCJN a definirse al respecto.

Por último, está el problema fiscal. El dinero con el que Rosario Robles, Eruviel Ávila, Luis Miranda, etc, regalan todo lo regalable es nuestro: de los contribuyentes. No es del Edomex: como todas las entidades federativas, no recauda nada. Es de las magnánimas dependencias federales, pero en ninguna parte, que yo sepa, se estipuló que esos recursos se debían gastar en esas comunidades en estos momentos.

Si se aprobó ese gasto para el Edomex en el presupuesto, no se determinó que se entregará en las dos semanas previas a la veda electoral. Y si no se definió el destino estatal del gasto de las dependencias federales involucradas, podemos preguntarnos por qué se canalizan tantos dineros a un estado ni tan rico, pero tampoco tan pobre.

El Edomex ocupa el lugar 16 en PIB per cápita y en desarrollo humano de la ONU: a la mitad exactamente. O por qué se concentran los recursos en dádivas personales y no en escuelas, o clínicas, o caminos, o cualquier esfuerzo colectivo, no individual. La respuesta es obvia: porque aún en el Estado de México, el voto es individual. ¡Que asco!
31 Marzo 2017 04:07:00
‘CDMX, más homicidios que en 1997’
El lunes pasado se publicaron las cifras de homicidios dolosos en la Ciudad de México para el primer bimestre de este año. Totalizaron 170, el número más alto desde 1997 y quizás desde antes, pero no se contabilizaban de la misma manera; es un resultado devastador.

Representan un incremento de 7% en relación a los mismos meses de 2016 y, proyectándolos hacia adelante, el año cerraría con 990 homicidios dolosos. Esto equivale a casi 15 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. Obviamente no estamos en los niveles de Caracas o de Sao Paulo, pero sí muy por encima de las demás capitales sudamericanas y de las grandes ciudades de Estados Unidos.

Obviamente no es sencillo saber exactamente por qué ha sucedido esto, pero es evidente que algo ha cambiado en la ciudad. Es lógico que la delegación con los mayores totales sea Iztapalapa -de lejos la más poblada- pero en tercero y cuarto lugar vienen Álvaro Obregón y Cuauhtémoc, es decir, zonas de la capital con una composición social diferente y
heterogénea.

Este es un problema para los habitantes de la Ciudad de México, para sus gobernantes, y también para los aspirantes a distintos cargos de elección popular en el 2018 de los partidos gobernantes en la capital. Desde luego, el primer afectado es Miguel Ángel Mancera, el jefe de Gobierno. Más allá de su amabilidad y capacidad de trabajo, y del aprecio personal que muchos le podemos tener, el haber Presenciado una descomposición de esta naturaleza no puede presagiar nada bueno para un candidato a la Presidencia. Y si nos atenemos a las encuestas -por ejemplo, la de GEA-ISA de hace unos días- en efecto, como candidato del PRD, Mancera se encuentra en los niveles más bajos de los últimos tiempos (entre 4 y 7% dependiendo de los contrincantes).

Otros como Ricardo Monreal, que aspira a ser candidato de Morena a la jefatura de Gobierno, también pueden sufrir las consecuencias del aumento de la violencia en su delegación. De alguna manera todo esto lleva a pensar que, en primer lugar, los miles y miles de muertos de esta guerra de 10 años fueron en vano, que las decenas de miles de millones de dólares gastados no sirvieron de nada y que el increíble deterioro de la imagen internacional y nacional de México no tuvo nada a cambio.

Normalmente en una democracia, las consecuencias de decisiones de este tipo se pagan en las urnas; no está claro que siempre suceda así en México. Lo que sí conviene subrayar es que, si a pesar de un total de más de 100 mil policías en la Ciudad de México, para una población de un poco más de 8 millones de habitantes, ya no se pueden mantener bajos los niveles de homicidios, menos se puede hacer en las demás entidades de la República, ni en sus grandes ciudades que carecen desde luego del presupuesto de la capital.
29 Marzo 2017 04:07:00
Venezuela y México
La reunión extraordinaria de ayer del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) abrió un dilema para varios países, sobre todo los más importantes del hemisferio: Brasil, México, Argentina, Perú, Colombia, Estados Unidos y Canadá. Una vez logrados los votos para que hubiera una reunión de esta índole sobre el tema de Venezuela, comenzaba una disyuntiva. O bien los países que suscribieron una declaración la semana pasada sobre la gravedad de la situación en Venezuela y pidieron la liberación de los presos políticos en ese país, así como la celebración de elecciones en un plazo indefinido, podían insistir y endurecer su postura; o bien podían mantenerla relativamente diluida o incluso debilitarla aún más para poder cosechar los 18 votos necesarios para una resolución con ciertos dientes.

En el fondo, la discusión es relativamente sencilla, aunque la ecuación de votos y geopolítica no lo es. El secretario General de la OEA, Luis Almagro, planteó en su segundo informe sobre Venezuela un diagnóstico y un remedio relativamente claro: existía ya una situación de virtual dictadura en ese país junto con una crisis humanitaria; se justificaba plenamente la aplicación del artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana y, en caso de que Venezuela no llamara a elecciones, liberara a los presos políticos y cambiara la composición del órgano electoral en 30 días, debía ser suspendida de la OEA.

A esta postura radical, formulada justamente para obligar a países menos radicales a que fueran modificando su postura, se opuso el texto firmado por 14 países la semana pasada que no ponía un plazo, volvía a apoyar la absurda gestión mediadora del expresidente de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y mencionaba la Carta Democrática Interamericana sólo en términos muy generales.

Ayer la situación se planteó de manera más tajante. Por un lado, existía la posibilidad, de ninguna manera garantizada, de alcanzar los 18 votos necesarios para aprobar una resolución semejante al texto de la semana pasada, o un poco más diluido; o bien, plantear una posición firme y categórica que incluyera plazos, llamado a elecciones e invocación del artículo 21 de la Carta a sabiendas de que no habría los votos para aprobarla. Cuando mucho podría obtener la aprobación de 12 o 13 países. En buena medida la decisión le corresponde a México, ya sea porque países como Brasil, Argentina y Perú pueden estar de acuerdo, pero no necesariamente se encuentran en situación de hacerlo; ya sea porque Estados Unidos parece estar sintiendo la pauta que marca México, como ha sucedido en el pasado en este tipo de temas.

De las dos opciones, huelga decir que a mí me parece muy superior la segunda: perder para ganar. Un proyecto de resolución tibio, abstracto, conciliador, no va a surtir el menor efecto, ni sobre el gobierno venezolano, ni sobre la comunidad internacional en su conjunto, ni sobre la evolución futura de la crisis venezolana. En cambio, un texto fuerte, firme, incluso tajante, puede no recoger hoy los votos necesarios, pero sí puede centrar el precedente para una votación ulterior dentro de unos dos o tres meses cuando se siga deteriorando la situación económica, política, social y hasta humanitaria en Venezuela.

Al momento de escribir estas líneas, no sé cuál de estas dos posturas haya adoptado México. Espero que haya sido la segunda. Lamentaría que fuera la primera, pero es preciso reconocer que a pesar de la posibilidad de una postura a medias tintas mucho se ha avanzado en México al respecto. Si un cercano colaborador de Andrés Manuel López Obrador acusa a Videgaray de ser cómplice de Almagro, algo está haciendo bien Videgaray.

Nota: Esta columna fue escrita antes de darse a conocer los resultados de la votación en la reunión.
27 Marzo 2017 04:05:00
Salarios en México
Para nadie es un secreto que la desigualdad en México constituye el reto principal del país. Números van y vienen, el Gini sube y baja; el INEGI mejora la calidad de sus encuestas de ingreso y gasto de los hogares pero no logra penetrar en el 1% más rico; los candidatos proponen mejores o peores soluciones. Abundan los datos de la pobreza, la desigualdad y el ingreso, y el trabajo del comentócrata no es generar más cifras, sino divulgar algunas. De preferencia ilustrativas.

Durante una conferencia en Puerto Vallarta la semana pasada pude obtener la tabla de salarios de un hotel de cuatro estrellas todo incluido (la mayoría lo son) de unos 250 cuartos. En este tipo de establecimientos las propinas –siempre importantes en la industria de la hospitalidad– puede alcanzar hasta un poco más del doble del salario mensual. De suerte que para tener una estimación más realista, duplico los montos y le agrego un pilón a los datos que con mucha generosidad y confianza me entregaron la dueña del hotel y el gerente de administración. Estos datos se refieren sobre todo a camaristas, meseros, cocineros y ayudantes de limpieza.

El sueldo mensual de un mesero fue en marzo de 2 mil 433 pesos. Suponiendo el complemento de la propina, podría llegar a un poco más de 5 mil pesos al mes, que al tipo de cambio actual equivale a 250 dólares. Un auxiliar de limpieza categoría A gana 3 mil 54 pesos mensuales; de nuevo, utilizando la misma fórmula para el servicio, podría alcanzar unos 7 mil pesos, o 350 dólares mensuales. Una camarista –la categoría más numerosa en cualquier hotel de ciertas dimensiones– ganó 2 mil 915 pesos en marzo; con su parte alícuota de las propinas, 7 mil, es decir, lo mismo que el auxiliar de limpieza. Los mejor pagados son los oficios más calificados, como plomero, mecánico general, electricista, técnico en refrigeración y panadero. Todos ellos reciben entre 8 y 9 mil 500 pesos al mes de salario; no sé exactamente si les corresponde una proporción semejante de propina, o probablemente menos.

La traducción a dólares es engañosa, desde luego. La moneda mexicana se ha depreciado de manera significativa en el último año, y habría que hacer la conversión a PPP (purchasing power parity) para tomar en cuenta el diferencial de precios de distintos bienes y sobre todo de servicios entre México y Estados Unidos. De todas maneras, conviene recordar que el salario mínimo en Estados Unidos, dependiendo de cada estado, oscila entre 7.50 y 10 dólares por hora. Recuérdese también que el sector turismo es de los más exitosos de la economía mexicana, que Vallarta en particular lleva dos años de auge, pero también que los precios en varios destinos turísticos mexicanos se acerquen mucho a los de Estados Unidos.

Una comparación adicional. El sector más dinámico, globalizado y competitivo de la economía mexicana es la industria automotriz. De acuerdo con el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte del INEGI, el salario promedio para obreros en la categoría de fabricación de automóviles y camiones (3 mil 361) fue en octubre de 2016 de 9 mil 820 pesos al mes. Es una cifra superior a la de los meseros, camaristas y ayudantes de limpieza en los hoteles de Puerto Vallarta, pero menor a la de los plomeros y electricistas.

Sólo para documentar nuestro optimismo, de acuerdo con Autoblog, publicación cercana al sindicato de trabajadores de la industria automotriz (UAW), en 2015, a pesar del sistema de dos pisos (Two Tier) establecido en 2008 cuando el rescate de GM, Ford y Fiat-Chrysler: “Como están las cosas, los salarios por hora, incluyendo prestaciones, son de $58 en General Motors, $57 en Ford, y $48 en Fiat-Chrysler”. Saquen la cuenta, queridos lectores.
24 Marzo 2017 04:07:00
El oso de Odebrecht
Escribí en estas páginas hace algún tiempo que México corría el riesgo de hacer el ridículo en el concierto latinoamericano al ser el único país donde no se divulgaran los nombres del escándalo Odebrecht. Como se sabe, la empresa constructora brasileña creó una división especial para obtener contratos en América Latina y en África vía sobornos de funcionarios. Cuando fue descubierto, a través de las investigaciones del Lava Jato en Brasil, cuando su director y principal accionista fue encarcelado y cuando la empresa fue demandada en otros países, llegó a un acuerdo con los gobiernos de Brasil, EU y Suiza. Se comprometió a pagar una multa de 1.3 mil millones de dólares, y se hicieron públicos en un tribunal de Nueva York los detalles de la corrupción generalizada en la que incurrió.

Empezaron rápidamente a circular nombres, montos, órdenes de aprehensión y filtraciones. En Argentina fue acusado un exministro; en Colombia resultó que Odebrecht contribuyó con una cantidad importante a las dos campañas presidenciales de Juan Manuel Santos, aparentemente sin su conocimiento; en Perú, dos expresidentes –Alejandro Toledo y Ollanta Humala– fueron acusados de haber recibido recursos con su conocimiento. Se giraron órdenes de aprehensión, notas rojas de Interpol o de arraigo en su contra. En México, nada.

Puede tratarse de un nuevo oso para el zoológico nacional. La magnitud de los sobornos –4.5 millones durante el sexenio de Calderón, 6 en el de Peña Nieto– dificulta pensar que los destinatarios de la mordida fueron funcionarios menores. Por esa razón, o varias más de alguna manera imaginables, el gobierno de México ha hecho todo lo posible para que no se publiciten los nombres.

El procurador Raúl Cervantes viajó a Brasil hace unas semanas, ostensiblemente para convencer a los encargados de la investigación allá y a varios homólogos suyos de América Latina, pero regresó con la noticia de que hasta el mes de mayo o junio se abriría la reserva en ese país en cuanto a los nombres de los funcionarios acusados en los documentos del tribunal de Nueva York y del acuerdo entre la empresa y los tres gobiernos mencionados. Pemex, por su parte, anunció hace poco, de acuerdo con una columna de Carlos Loret de Mola, que no podía hacer públicos los dos contratos firmados por la paraestatal con Odebrecht, ya que hacerlo entorpecería las investigaciones que lleva a cabo la PGR y la Auditoría Superior de la Federación. Huelga decir que ni la PGR ni la PF han informado a alguien sobre el curso de dichas investigaciones, hacia dónde apuntan, cuándo piensan terminarlas, si han entrado en contacto con los brasileños o no, además del viaje de Cervantes, y todos los demás elementos que podrían ser útiles de conocer.

Por otra parte, un grupo de académicos de la UNAM concentró el fuego sobre Calderón, pero también contra algunos de los funcionarios de Pemex durante el sexenio actual. Los nombres que reaparecen con insistencia en las versiones de prensa –en efecto no corroboradas– son los de Miguel Tame y Jordy Herrera como posibles beneficiarios de las aportaciones de Odebrecht. En el caso de Tame en particular se supone que él podría ser uno de ellos ya que ocupó cargos importantes en Pemex en ambos sexenios. El hecho es que por ahora no se sabe nada y todo indica que no se sabrá.

Huelga decir que los medios de comunicación mexicanos, así como varias organizaciones de la sociedad civil dedicadas a denunciar y descubrir hechos de corrupción en México han sido especialmente pasivos en este caso. No es seguro que si los medios le rascan con seriedad al tema en Nueva York, en Brasil y en Suiza, pudieran descubrir los nombres de los mexicanos involucrados. Pero es seguro que si no le rascan no van a descubrir nada, a menos de que alguien les filtre algo: su vocación natural. Lo bueno es que esto no está sólo en manos de las organizaciones y medios mexicanos. Si ellos se niegan a hacer su chamba habrá medios u organizaciones de la sociedad civil en otros países que sí la harán. Y entonces sí se sabrá si hay algún paralelo entre el caso de los expresidentes peruanos y el de los actuales y futuros expresidentes mexicanos.
22 Marzo 2017 04:07:00
Videgaray y Venezuela
El Gobierno de México tiene cosas más importantes de que ocuparse hoy en materia de política exterior, pero se aproxima una nueva crisis diplomática en torno al desastre de Venezuela. En eso consiste la peculiaridad de la cartera de Relaciones Exteriores: uno no escoge los temas; los temas lo escogen a uno. México tendrá que adoptar una definición dolorosa para un Gobierno tan timorato y anacrónico como el de Peña Nieto.

El pasado 14 de marzo, Luis Almagro, el secretario general de la OEA (uruguayo y excanciller del Frente Amplio), presentó su segundo informe sobre Venezuela. En un documento de 73 páginas, expuso con todo detalle las características de la situación que impera en ese desdichado país. Concluyó: “El régimen venezolano viola todos los artículos de la Carta Democrática Interamericana... está lleno de abusos, violaciones de derechos, restricción de las libertades civiles, políticas y electorales, pobreza, hambre, privación de libertad, tortura, censura y todo el catálogo de violaciones de la dignidad política, social y personal... (vive una) crisis humanitaria... a una escala inaudita en el hemisferio occidental.”

Por ende, Almagro exige que en un plazo de 30 días se celebren elecciones libres, se cambia la composición del órgano electoral, y sean liberados todos los presos políticos. De lo contrario, pedirá a la OEA que, invocando el Artículo 21 de la Carta Democrática Interamericana, suspenda la membresía de Venezuela en dicha organización. Para ello se requiere el voto de las dos terceras partes de los 34 integrantes. La Carta fue invocada ya en junio de 2009, cuando el episodio de la destitución de Manuel Zelaya en Honduras. Firmada en 2001 en Lima, por todos los gobiernos del hemisferio, incluyendo el de Hugo Chávez, su propósito es claro: impedir colectivamente la ruptura del orden constitucional en América Latina, y generar consecuencias si se produce tal ruptura.

Almagro ya intentó invocar la Carta el año pasado. Paradójicamente, fue el Gobierno de Obama, y en particular el subsecretario de Estado Tom Shannon, quienes lograron torpedear la iniciativa. Argumentaron que convenía darle tiempo al esfuerzo mediador de José Luis Rodríguez Zapatero, apoyado por el Vaticano. A pesar de que Brasil y Argentina ya habían abandonado su postura de defensa incondicional de Nicolás Maduro el esfuerzo no prosperó. Hoy tal vez sí.

Perú, Brasil y Argentina probablemente vean con buenos ojos el proyecto. Trump ya se comunicó con los presidentes de Brasil y Chile, por lo menos, para informarles del cambio de posición de la Casa Blanca e instarlos a votar a favor. No sabemos si le habló también a su amigo Peña Nieto, pero la SRE sí informó que el titular reunió a sus principales colaboradores hace unos días para hacer frente a la nueva encrucijada hemisférica.

Desde 2007, México ha tenido dos posturas frente a la tragedia venezolana. La primera, vergonzante y vergonzosa, de Calderón y de la primer parte del sexenio de Peña Nieto, consistió en hacerse de la vista gorda frente a los crecientes atropellos del Gobierno venezolano en materia de elecciones, derechos humanos y corrupción. Sus voceros aducían la no-intervención, la defensa de las inversiones mexicanas en ese país, a partir de 2013 el supuesto peligro –demencial– que Maduro o sus amigos financiaran el combate de López Obrador a la reforma energética, y después de 2014, el miedo a Ayotzinapa. En una palabra: complicidad pura con la
dictadura.

Cuando llega Claudia Ruiz Massieu a la cancillería, las cosas comienzan a cambiar. Recibe a la esposa de Leopoldo López, crítica los abusos de Maduro, y adopta una actitud más digna. Hoy Videgaray debe escoger entre la postura pusilánime del primer tercio del sexenio, o rebasar la de su predecesora. O apoya el esquema de Almagro, con Brasil, Argentina, Perú, Estados Unidos y Canadá, y vota a favor de la aplicación de la Carta; o se opone al proyecto frontalmente; o a la mexicana, se hace guaje.

Es posible que si avanza la iniciativa de Almagro, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y tal vez El Salvador y Ecuador (dos países cuya divisa nacional es el dólar) opten por salir de la OEA. Tampoco sería tan grave; preferible que Venezuela sea suspendida, o acate las condiciones del secretario general. Pero no al costo de la neutralidad, indiferencia o temor de México de tomar partido.
17 Marzo 2017 04:06:00
Otro oso para el zoológico nacional: fiscal anticorrupción
Con la novedad de que “dos aspirantes a ocupar el cargo de titular de la Fiscalía Anticorrupción declinaron luego de que el Senado encontrara similitudes en sus ensayos... La secretaría técnica de la Comisión de Justicia encontró una similitud muy específica en cuanto a la redacción de dos ensayos de los candidatos”. (Reforma on line) Una vez que los dos autores/candidatos fueron pillados por haber copiado uno al otro, o por haberse puesto de acuerdo, ambos –Braulio Robles Zúñiga y Angélica Palacios Zárate– declinaron su postulación. Supongo que prefirieron eso a ser rechazados. Algunos medios informaron que incluso se repetían los errores de ortografía. Aunque tal vez no sea requisito para ser fiscal el no cometerlos.

Más allá del ridículo que hicieron los plagiarios o cómplices, parece broma de mal gusto que dos personas de esa calidad moral hayan llegado hasta la etapa de presentación de propuestas escritas ante las comisiones unidas del Senado. Obviamente no pensaron que podrían ser detectadas sus trampas, ni tampoco creyeron que el recurrir a ese tipo de artimañas los descalificaba ipso facto para el cargo. Eso no es culpa del Sistema Nacional Anticorrupción.

Pero sí lo es el creciente cuestionamiento y escepticismo ante la Fiscalía en ciernes. Hace una semana varias organizaciones de la sociedad civil, incluyendo algunas que participaron en el diseño y aprobación del SNA, pidieron cambiar el formato para designar al titular de la Fiscalía, y pidieron al Senado cancelar el procedimiento de designación mientras no se garantizara su autonomía. Anunciaron que no acompañarían al Senado en dicho proceso. Entre las organizaciones firmantes figuran IMCO, México Evalúa, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, México Unido contra la Delincuencia, Coparmex, WOLA, Freedom House, Artículo 19, Centro Pro, y muchas más.

Parece también extraño que se escoja al segundo de abordo (el fiscal anticorrupción) antes que al capitán de la nave, a saber, el fiscal general de la República, que podrá removerlo, de quien dependerá administrativa y presupuestalmente, y cuyo periodo de designación es de nueve años, mientras que el de Anticorrupción, en este caso, será sólo hasta fin de sexenio. Si con este tipo de procedimientos y mañas Peña Nieto, el PRI y algunos de los artífices del SNA lite que fue aprobado, piensan dotar de credibilidad al combate contra la corrupción, creo que están muy equivocados.

En el ambiente actual, con un Duarte fugado gracias a la complicidad de alguien el Gobierno federal; con otro Duarte libre y tan campante; con un exgobernador más, Roberto Borge, asistiendo a los juegos del Miami Heat; con el candidato presidencial puntero anunciando por escrito que indultará/perdonará a todos los presuntos corruptos que hayan pecado antes de su toma de posesión en 2018; cuando los altos funcionarios de Pemex sobornados por Odebrecht siguen sin conocerse, siendo que en Colombia el propio presidente Santos admite que su campaña recibió dinero de la constructora brasileña, aunque él no lo sabía, ¿cómo se le puede pedir a la opinión pública que crea en todo esto?

El problema yace en la evidente intención de Peña Nieto y su gobierno de entorpecer –o mejor aún imposibilitar– cualquier indagación de actos de corrupción de este sexenio una vez que concluya. Tal vez no lo logren, pero la tentativa es tan evidente que no puede más que manchar el proceso en su totalidad. Cada vez más, parece que este es el hilo conductor de lo que queda del sexenio. ¿O a poco alguien cree que el Gobierno pidió –y la SCJN aceptó– reservar las bitácoras de vuelo de los aviones del EMP para evitar que algún “extraño enemigo” derribara al TP-01? Sigilo ocioso: Washington debe otorgar un permiso de sobrevuelo cada vez que se usa un TP para ir a Miami, a Houston, a Los Ángeles, a Toronto, etc., y para obtenerlo se debe dar la lista de pasajeros, el origen, motivo y destino del vuelo. No vayan a soltar la información un buen día....
15 Marzo 2017 04:06:00
Se desfonda el PRD…y el Partido Socialista en Francia
El diario El País cabeceaba hace unos días que el Partido Socialista francés se desfondaba. En las encuestas relativas a las próximas elecciones presidenciales de abril y mayo, se hallaba en 13% de intención de voto, lo cual lo llevaría a su peor resultado desde 1969. La razón: una transferencia masiva de votos y de apoyos socialistas al candidato independiente, Emmanuel Macron, hoy colocado en el segundo lugar de las mismas encuestas.

Algo por el estilo le sucede al PRD en México. Ya ha perdido una parte considerable de su electorado, que siguió a Andrés Manuel López Obrador a Morena. Ya había perdido también a varios de sus dirigentes históricos, sin que necesariamente se alinearan con AMLO. Ahora comienza una desbandada de sus senadores, quizás mañana de sus diputados, en dirección de AMLO, de nuevo. Pero lo peor no es eso. Lo más grave reside en la confluencia franco-mexicana del voto útil y de la cargada.

En todas partes, los votantes prefieren votar por el ganador. En México, país de la bufalada, esto es, de una estampida hacia el posible ganador por el mero hecho de serlo, el fenómeno se agudiza. En un sistema político de pocas lealtades electorales partidistas, no hay por qué avergonzarse de apoyar y votar cada vez por partidos distintos. Recuérdese solamente cómo el PRI perdió 16% entre 2000 y 2006, y el PAN casi 20% entre 2000 y 2012. El voto útil también pertenece ya a nuestros usos y costumbres electorales: ¿para qué votar por una primera opción perdedora, si puedo hacerlo ya sea por una segunda preferencia vencedora, o contra un rival contrario a mis intereses o predilecciones?

La combinación de ambos comportamientos puede hundir al PRD, y no hay salvación evidente. Hoy algunos pronostican que una candidatura de “cuarto polo”, de alguien como Miguel Ángel Mancera, en alianza con Movimiento Ciudadano (MC) y el PT, podría conservarle unos 8 a 10 puntos al sol azteca. Lo dudo. Las encuestas –que debemos tomar con un grano de sal debido al elevado porcentaje de no respuestas- suelen otorgarle menos puntos a Mancera –un político respetable- pero, sobre todo, no pueden tomar en cuenta el final de la historia. ¿Qué va a hacer un elector perredista, en junio de 2018, si su gallo va en cuarto o quinto lugar en las encuestas, si AMLO va en primero y va subiendo (la cargada) o va bajando (el voto útil)? Ni Mancera ni cualquiera de los otros posibles aspirantes del PRD lograrían amarrar a esos votantes, y terminarían por hacer un triste papel que no merecen.

Por ello, creo que no lo harán. Se sumarán a López Obrador. A menos de que el PRD logre armar una coalición con el PAN, con MC e independientes, e incluso, si Peña Nieto entiende, con un candidato sin partido (no el que escribe) y un programa progresista, que le dé batalla a AMLO en el equivalente de un segunda vuelta que por razones incomprensibles, Peña Nieto rechaza.
13 Marzo 2017 04:00:00
Trump, AMLO y los déficit comerciales
Se ha hablado repetidamente de las semejanzas entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Creo que la analogía es menos absurda de lo que parece, si nos alejamos de las idioteces de tipo: AMLO es mexicano, Trump norteamericano; AMLO es de izquierda, Trump de derecha; AMLO quiere al pueblo y es austero, Trump es rico, ostentoso y desprecia a las mujeres. No se trata tampoco de construir similitudes tan abstractas que no sirvan de nada: ambos deben su éxito electoral al resentimiento de sectores sociales desamparados; ambos son “populistas”, es decir apelan a los peores sentimientos de la gente y buscan relacionarse con las masas sin mayor mediación que Twitter o Youtube. Pero en algunos casos concretos, hay cercanías interesantes.

Tomemos un tema algo técnico: el déficit comercial de un país con otro, esto es, de México con Estados Unidos en algunos rubros, de Estados Unidos con México en su conjunto. Trump y sus principales consejeros comerciales –Steve Bannon, Stephen Miller, Peter Navarro- han insistido con vigor –o virulencia- en que el déficit comercial de EU con México y China es intolerable, ya que demuestra una “tomadura de pelo” por parte de esos países a EU, y una transferencia de empleos y de riqueza de su país a los demás. No es del todo cierto, pero sí encierra una dosis de verdad: según las cuentas de Trump, México ha acumulado a lo largo de los últimos 15 años un superávit comercial con EU de 5% del PIB anuales; si nos vamos a la balanza de bienes y servicios, llegamos a 10% del PIB, o 120 mil millones de dólares anuales de superávit nuestro con ellos.

Esto en sí no es bueno ni malo: depende de que se importe, que se exporte, como se compensa en la cuenta de capital, y hasta que punto el déficit norteamericano refleja un “plus” para el consumidor norteamericano: paga menos por los bienes importados. Pero para Trump y sus asesores, la clave yace en una idea etérea de soberanía, de “America First” y de que un déficit comercial abultado y permanente es nocivo para su país. Es un problema estratégico López Obrador ha manifestado ideas análogas en su libro 2018. La Salida. Sobre todo en dos temas: energía y agricultura. Quiere construir y reconfigurar refinerías para “dejar de importar 653 mil barriles diarios de gasolina... El objetivo debe ser industrializar la materia prima y ya no vender ni un solo barril de petróleo crudo al extranjero, a fin de generar empleos y utilidades en beneficio de los mexicanos.” O como dice también, “darle valor agregado a la materia prima significa generar empleos... y ser autosuficientes”.

En cuanto a la agricultura, AMLO dice: “Por cada dólar en alimentos que México importa no solo transfiere al exterior divisas escasas que podrían utilizarse para otros fines, sino que pierde empleos rurales... Se apoyara a los productores nacionales con subsidios y créditos para alcanzar la soberanía alimentaria y para dejar de comprar en el extranjero lo que consumimos.” En el fondo, AMLO plantea la necesidad de un superávit comercial en agricultura también, y la autosuficiencia en por lo menos maíz, frijol, arroz,sorgo, trigo, carne de res, de cerdo de pollo y pescado.

Para concluir: Trump y AMLO coinciden en que es mejor producir ciertas cosas –cada quien las suyas- dentro de su país que importarlas. No cuenta si dicha producción refleja en términos ricardianos la utilización óptima de capital y trabajo, o si hay otros productores más eficientes de los mismos bienes (o servicios). Existen razones estratégicas para producir determinadas cosas –coches, alimentos, gasolinas- dentro del país, y no en el exterior. Incluso para quienes nunca hemos sido adeptos de las teorías de las ventajas comparativas en el comercio internacional, el planteamiento resulta hoy de un gran simplismo. Por parte de ambos.
10 Marzo 2017 04:07:00
El golpe más duro de Trump… hasta ahora
De acuerdo con varios reportes de conversaciones privadas con el secretario de Relaciones Exteriores y sus principales colaboradores, el Gobierno mexicano tenía más o menos armado su cronograma para la negociación “integral” con la administración Trump. Dejando a un lado los detalles, lo esencial era que todo quedara resuelto, para bien o para mal, en noviembre de este año a más tardar. El motivo ostensible de la urgencia: evitar que temas tan conflictivos como el muro, las deportaciones, el TLCAN, la seguridad, la migración centroamericana, la guerra contra las drogas, se empalmaran con la campaña presidencial en México. Agregaría una razón: la remota posibilidad de que Luis Videgaray fuera el candidato del PRI a la Presidencia dependía de que pudiera renunciar a la Cancillería en octubre-noviembre para ser postulado. Dicha renuncia no sería factible de no haber terminado (con éxito, se supone) las pláticas con Washington.

El miércoles, durante una entrevista con Bloomberg, Wilbur Ross, el nuevo secretario de Comercio –uno de los “buenos” de Trump– afirmó que las negociaciones sobre el TLCAN comenzarían en “the latter part of this year” –bien traducido, significa “en la segunda parte de este año, tirándole al final–  y que tardarían aproximadamente un año. Con un breve comentario, no muy cuidado tal vez, dio al traste con los planes de Peña Nieto, Videgaray y México. Visto que los plazos de los mecanismos legislativos y jurídicos del ejecutivo norteamericano son complejos, discrecionales y tortuosos, Ross puede imponer este calendario, aunque no fuera indispensable. Incluso insinuó que el Gobierno de Trump solicitaría una nueva TPA (Trade Promotion Authority, o ex “fast-track”) al Congreso, aunque en el sentido estricto, no parece necesario, ya que el de Obama sigue vigente hasta mediados de 2018.

Ahora bien, lo de la campaña presidencial mexicana, y la raja que cada candidato opositor al PRI pueda sacarle a cada filtración o rumor sobre el curso y el contenido de las negociaciones es lo de menos, como lo son las posibles ambiciones persistentes de Videgaray. Lo más grave de la declaración de Ross consiste en la complicación que introduce en la noción correcta que presentó el Gobierno de “integralidad”: todo está en la mesa, y nada está acordado hasta que todo esté acordado. Las negociaciones comerciales empezarán en septiembre, digamos, pero las redadas, las deportaciones, la construcción del muro (o por lo menos la aprobación de fondos), la hostilidad retórica y sustantiva con México y los mexicanos en Estados Unidos, empezaron todas ya. Si México intenta negociar estos temas hoy –como quizás estuvo tratando Videgaray en Washington ayer– lo tendrá que hacer sin el componente comercial. Si espera a que este último arranque deberá dejar en paz los otros temas hasta entonces, sin contar con las fichas mexicanas –centroamericanos, drogas, demandas en Estados Unidos, apelar a la comunidad internacional– por el momento.

No hay buena solución. La menos mala probablemente estribe en lo que hemos reiterado en estas páginas desde noviembre: elevar el costo de la “mexicanofobia” de Trump lo más posible, lo más pronto posible, y buscar el mayor número de aliados en Estados Unidos cuanto antes. Por las razones esperadas, la táctica de dejar pasar el tiempo para que Trump se desgaste lo favorece a él, no a nosotros. Hacer algo ahora es la única vía, sin estar exenta de riesgos y de tropezones.
08 Marzo 2017 04:06:00
Un umbral del TLCAN
El Gobierno de Peña Nieto, y en particular los negociadores del conjunto de temas con la Administración Trump, encabezados por el secretario de Relaciones Exteriores, han ido aceptando varias sugerencias de distintos sectores de la sociedad mexicana que han podido convencer a Peña Nieto y a Videgaray de algunas de sus ideas.

Doy como ejemplo la declaración de Peña Nieto de negociar el paquete con EU; la respuesta de México al general Kelly de Seguridad Interior de que México no aceptará deportados que no sean comprobadamente mexicanos, y también la asignación de mayores recursos, en particular los mil mdp procedentes del INE, a la defensoría jurídica de los paisanos deportables en EU a través de los consulados de México. No siempre lo ha hecho el Gobierno, pero lo importante es que paulatinamente ha ido asumiendo posiciones que provienen fuera del mismo. Qué bueno.

En este sentido, convendría que el Gobierno entendiera que hay un tema adicional en el que haría bien escuchando algunas ideas procedentes de distintos sectores a propósito del aspecto específicamente comercial. En lo individual, tanto Ildefonso Guajardo como Videgaray, y de vez en cuando el propio Peña Nieto, han esbozado algunas líneas rojas en lo que se refiere a las negociaciones relacionadas con el TLCAN, pero no han establecido con precisión cuáles son sus líneas rojas al respecto. Una de ellas debiera ser el dilema de la aprobación legislativa por cualquier nuevo instrumento jurídico por parte del Congreso norteamericano.

Desconozco quién es el responsable de determinarlo, ni el mecanismo preciso a través del cual se decida, pero es evidente que existe un umbral jurídico y conceptual que define qué tantos cambios son susceptibles de ser incorporados al TLCAN original sin necesitar una nueva aprobación por el Congreso de EU. Ese umbral de cambios, equivalente al “qué tanto es tantito” existe. Más allá del umbral se requiere de aprobación legislativa, por debajo, no es necesario. México debiera afirmar claramente que todo aquello por debajo del umbral de aprobación legislativa puede estar en la mesa; y nada por arriba es aceptable siquiera como tema de negociación.

¿Por qué? Primero, volver al calvario del 93 sería una gran imprudencia mexicana ya que le permitiría a la Administración Trump incluir una serie de nociones en sus exigencias que no han terminado de plantear hasta ahora. Por el momento, su gente sólo ha sugerido la inclusión de cambios en las reglas de origen o contenido de Norteamérica, y cambios significativos en los mecanismos de resolución de conflictos o disputas. Ahora se escuchan voces en EU que hablan de poner límites a la llamada manipulación de divisas para México, y en su caso Canadá, y también la imposición de cuotas o restricciones voluntarias de exportaciones de México a EU. Estas sugerencias adicionales podrían ser más mortales para México y difícilmente podrían caber en un tratado que no requiriera de una aprobación legislativa. Pero lo más importante es que abrir la puerta a un cambio legislativo constituiría una invitación a cualquier legislador norteamericano a imponer sus propias condiciones. En teoría, la llamada autorización de promoción comercial que se les otorga a los presidentes, obliga al Congreso a votar sí o no, a favor o en contra, del acuerdo que se negocie, sin modificaciones del mismo por parte del Congreso. Sin embargo, como en el 92 y 93, la votación corre el riesgo de ser muy cerrada, cualquier congresista puede exigir ciertas concesiones para sí mismo, su distrito, sus votantes, o peor aún, con el propósito de torpedear el acuerdo en su conjunto.

Esto ya sucedió el pasado 17 de febrero cuando seis representantes demócratas, apoyados por varios sindicatos, plantearon una serie de exigencias y cronograma, resumidos en 10 principios, para cualquier renegociación del TLCAN. Todos ellos son veneno para la sobrevivencia del tratado. No significa esto que todo lo que ellos planteen se incorpore a un nuevo tratado hipotético, sino que al igual que esos seis plantearon, muchos otros pueden hacer lo mismo.

Es una mala idea permitir que esto suceda, la única manera es plantear claramente que, como diría Fidel Castro, dentro de la aprobación legislativa norteamericana actual todo, fuera de ella nada. Ojalá vuelvan a hacer caso.
06 Marzo 2017 04:00:00
EDOMEX: el miedo al voto útil
El Estado de México no es un buen indicador de la elección presidencial. De serlo, Francisco Labastida hubiera ganado en 2000, y Roberto Madrazo en 2006. Montiel y Peña Nieto fueron electos en 1999 y 2005 gracias a la maquinaria priista, pero no pudieron entregar un margen suficiente de ventaja a los abanderados del PRI para la Presidencia al año siguiente. Hoy parece que un triunfo del PRI de nuevo no garantiza una victoria en 2018, pero una derrota en la tierra de EPN sí entierra a cualquier candidato priista el año entrante. El Edomex no predice, pero sí constituye un laboratorio electoral y político, y así lo están viendo el Gobierno, el PRI y sus aliados.

El único desenlace asegurado de antemano parecía ser una alianza PAN-PRD, con un candidato (o candidata) aceptable para ambas cúpulas y para los respectivos electorados. Una vez que Alejandro Encinas decidió no confrontar a Andrés Manuel López Obrador –en el Edomex, por lo menos– y que Josefina Vázquez Mota optó por entender los mensajes cifrados procedentes de la Secretaría de Hacienda y negarse en los hechos a participar en una alianza, esta última se quedó en el camino. La amenaza restante para Peña Nieto se redujo al voto útil, consciente o tácito.

En efecto, el peligro para el PRI reside en la virtual e hipotética alianza de facto entre los votantes del PAN –furiosos, como todos los mexicanos, con Peña Nieto y Cía. y los de Morena –motivados por esa misma furia más la devoción por las quimeras de AMLO. Si los panistas se inclinaran paulatinamente por la candidata de Morena, porque creyeran que ella puede ganar y su aspirante no, pierde el PRI. Si el PAN hubiera presentado una candidatura débil, local, generadora de pugnas locales, la hipótesis del voto útil se podría confirmar.

De allí la lógica para el PRI de la postulación unipartidista de Vázquez Mota. Extraña que cuando podía haber ido en alianza, alguien filtró los datos que dieron lugar al escándalo de los 900 millones de pesos de Juntos Podemos en Estados Unidos. Hoy que es candidata sólo por el PAN, no hay más filtraciones. Una posible explicación radica en la “tirada” del PRI: una división del voto en tres partes iguales, gracias a la cual la mermada pero persistente capacidad de manipulación del voto por el Gobierno en el Estado del Presidente permita ganar de “panzazo”. Si se desplomara el PAN, la lógica no funcionaría; si Morena tirara la toalla, y López Obrador no hiciera campaña, tampoco. Con Vázquez Mota hay la seguridad de una candidatura fuerte, pero posiblemente empatada con el PRI y Morena; con AMLO dedicado al Edomex, hay la seguridad de una candidatura de izquierda antigua también susceptible de llevarse un tercio del voto.

La jugada es hábil. Puede prosperar. Peña Nieto le entiende a su estado. Al país en su conjunto, quien sabe. El PRI en el Edomex puede todavía ser competitivo; a nivel nacional, no lo es. Hace muchos meses que ya no hay tres tercios en México; Los Pinos no es Toluca.
03 Marzo 2017 04:07:00
La cargada
Aunque la actualidad sigue imponiendo los temas de Trump, de EU, de la reacción mexicana, a todo ello y a los enormes retos que le impone al país el cambio dramático que se ha producido en el vecino del norte, hoy quisiera hablar más bien de un tema estrecha y directamente vinculado a ese dilema: me refiero desde luego a la elección presidencial del 2018 en México. ¿Qué tiene que ver una con el otro? Absolutamente todo, aunque hoy no será tan fácil de demostrarlo.

Hoy en día López Obrador conserva y ensancha la ventaja que según algunos que lo escribimos desde hace tres años tendría en este momento. Tiene un extraordinario jefe de campaña –Enrique Peña Nieto– y una capacidad de trabajo ídem; conexión con los sentimientos más sencillos y simples de la gente, que ningún candidato puede tener en este país en esta época. Para todos fines prácticos, tendría ganada la elección si fuera hoy.

El dilema que enfrentan los demás candidatos consiste en que quieren hacen en vista de este hecho contundente: intentar en vano ganarle, o fortalecer su presencia en el Congreso como contrapeso, aspirando a un fuerte segundo lugar; o buscar la manera de aliarse directa o tácitamente con él, contribuyendo a algo que ya estamos viendo dentro del empresariado y en algunos otros círculos, a saber, el clásico fenómeno de “la cargada”.

Conviene recordarlo, México no es priista; el PRI es profundamente mexicano. “La cargada” no es un fenómeno priista, es ante todo mexicano. Hoy que mucha gente piensa que López Obrador no puede perder, empiezan a alinearse con él.

Empresarios, intelectuales, activistas, políticos locales de buena o mala reputación –ver Tlaxcala y Puebla– se empiezan a sumar a una candidatura que ven con simpatía no porque estén de acuerdo con sus propuestas o incluso con la personalidad del candidato, sino porque va a ganar. Esto existe también en otros países, pero México es tal vez el lugar privilegiado de “la cargada”.

En estas condiciones, o bien alguien opera con extrema audacia, habilidad y talento para crear un polo diferente (ni el cuarto polo de Dante Delgado, ni el gran polo opositor de algunos otros) sino una candidatura independiente que pueda canalizar el descontento y los recursos que otras candidaturas independientes hasta ahora no han podido reunir.

De no ser el caso, y de no producirse un acontecimiento imprevisto, como ya dije, parece difícil evitar una victoria de AMLO. Este es el gran reto que enfrenta el país y sus vecinos.

La pregunta que deberá hacerse EU, Centroamérica, el empresariado y la parte más libertaria de la sociedad civil mexicana, es si en vista de este hecho aparentemente inevitable, conviene más oponerse a él o alinearse.
01 Marzo 2017 04:06:00
¿Trump en China?
Algunas horas antes de su primer discurso ante el Congreso de EU, Donald Trump filtró ante conductores de noticieros de las principales cadenas del país (con excepción de Jorge Ramos, que muy dignamente decidió no aceptar la invitación) que estaba abierto a algún tipo de reforma migratoria integral. Esta incluiría la legalización de millones de indocumentados en EU que no hubieran cometido delitos graves, es decir, casi la totalidad. De inmediato las cadenas, y hasta el New York Times, se fueron con la finta de que en dicho discurso, anoche, Trump anunciaría, si no los detalles por lo menos los fundamentos de una tal reforma. Huelga decir que eso no sucedió.

Hace casi medio siglo, uno de los presidentes norteamericanos más conservadores de la época moderna envió a su consejero de seguridad nacional a la China de Mao Tse Tung para poner un término a los entonces 25 años de distanciamiento entre el país más poblado del mundo y el país más rico del mundo. Poco después, Richard Nixon viajó a Beijing y a Shanghái, se reunió con Mao Tse Tung y con Chu En-Lai, y desde entonces existe la leyenda (no urbana) de Nixon en China: que sólo un presidente norteamericano tan conservador, derechista o reaccionario y anticomunista como Nixon podía llevar a cabo una reconciliación que se había tardado desde 1949.

En alguna ocasión, cuando Leo Zuckermann, Héctor Aguilar y yo invitamos al entonces candidato Peña Nieto a nuestra Hora de Opinar, él utilizó este ejemplo, y el de Felipe González en España, para argumentar que sólo un priista podría llevar a cabo una reforma energética. Tenía razón, salvo que la hizo mal y tarde. Pero es cierto que sólo un presidente de un gobierno socialista como González hubiera podido llevar a cabo el ingreso de España a la OTAN y también a la Unión Europea en condiciones no siempre favorables.

Debido a esos ejemplos, alguna gente, perspicaz y quizás excesivamente optimista ha pensado que sólo un presidente norteamericano tan antiinmigrantes, xenófobo y nacionalista, podría llevar a cabo una reforma migratoria como la que Bush y Obama buscaron con perseverancia y buena fe, no siempre con habilidad ni sentido de oportunidad, y que no pudieron lograr. No es descartable del todo la idea.

En una de esas, un día Trump, después de deportar a millones de mexicanos, de construir cientos de kilómetros de muro, de destruir el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, podrá en efecto proponer una reforma migratoria integral en EU. La famosa “enchilada completa” entrañaría lo que siempre tenía que incluir: la legalización de los que están allá y la legalización de los flujos futuros que seguirán siendo indispensables para la economía y la sociedad norteamericana. Pero no lo hizo anoche y no lo va a hacer en un futuro cercano. Error de quienes pensaron que así iba a ser, error de los especuladores que fortalecieron al peso anoche, error de los que quieren buscarle la parte buena a todo, incluso con Trump.
22 Febrero 2017 04:06:00
Calderón, Peña y Cuba
Ayer el Gobierno de Cuba negó la entrada a la isla al expresidente Felipe Calderón, quien pensaba asistir al aniversario luctuoso de Oswaldo Payá. El disidente cubano, autor de la Iniciativa Varela, falleció en un accidente automovilístico considerado por sus hijos como sospechoso, poco después de la visita del presidente Calderón a Cuba en 2012. Durante dicha visita, Calderón se negó a recibir a Payá o a cualquiera de los disidentes cubanos, rompiendo el esquema de sus dos predecesores, Ernesto Zedillo y Vicente Fox. Ellos, ya sea a través de su canciller, ya sea personalmente, se reunieron con los disidentes en La Habana, y Fox recibió a Payá en Los Pinos a finales de 2002. Es decir, la postura de Calderón frente a Payá y la dictadura cubana fue una siendo presidente, y otra siendo expresidente.

Pero no sÓlo ante el tema de los disidentes. Calderón cometió uno de los más graves atentados mexicanos contra la defensa colectiva de la democracia en América Latina, al promover y permitir el ingreso de Cuba en 2008 al entonces llamado Grupo de Río, organización que se creó en los años 80. Surgió del Grupo de apoyo a Contadora, y siempre enarboló como condición de pertenencia al mismo la vigencia de un régimen democrático. Era imposible argumentar que esa condición existía en Cuba; Calderón y su canciller simplemente la hicieron a un lado. Triste consuelo la ulterior metamorfosis del Grupo de Río en ese adefesio regional denominado CELAG, una OEA sin Estados Unidos ni Canadá, singularmente inútil para México hoy.

Subrayo la hipocresía de Calderón y su doble rasero por una sencilla razón. A pesar de ello, y de su absurda, sangrienta, costosa y optativa guerra contra el narco, pienso que la ofensa del Gobierno de Cuba es contra el Estado mexicano, no contra la persona de Calderón. Los expresidentes de México no suelen ser bien tratados por sus sucesores, salvo De la Madrid por Salinas, Zedillo por Fox, y Calderón por Peña Nieto gracias al pacto de omertá del cual hemos escrito, en orden inversa, Álvaro Delgado y yo. No creo que haya sido una buena idea, porque la investidura ... dura. De la misma manera que los excancilleres no tienen derecho a un pasaporte diplomático (ninguno de mis sucesores en la cancillería se ha atrevido a cambiar esa norma que fijé en 2001), los expresidentes, sí. Con razón, tienen también derecho a una pensión vitalicia, a un equipo de seguridad, y a la deferencia de las instituciones, sino es que de la sociedad. No somos Colombia, Chile ni Estados Unidos, para sólo dar algunos ejemplos, pero algo ya debemos asumir en esta materia.

Por eso resulta tan decepcionante la actitud del gobierno de Peña Nieto ante la majadería cubana. No se trata de lamentarla. Debieron haber condenado el acto, explicando la razón de la condena, llamar al embajador de Cuba a Relaciones Exteriores para entregarle una nota de protesta, y hasta en su caso llamar a consultas al embajador de México en la isla. Nada: sólo un pobre “lamento” castrófilo, ni siquiera borincano, como el del jibarito de Rafael Hernández.

¿Que no conviene abrir tantos frentes simultáneamente? Veremos si se produjo alguna represalia de Peña contra la nueva cachetada de Trump: expedir los odiosos y ominosos lineamientos para llevar a cabo deportaciones masivas de mexicanos en Estados Unidos en la víspera de la llegada a México del firmante de los mismos, el general de Marines John Kelly. ¿Más frentes, o ninguno?
20 Febrero 2017 04:05:00
Peña, Trump y Venezuela
A principios de año tuve la oportunidad de compartir con algunos altos funcionarios del Gobierno, una sugerencia para imprimirle un sello distinto a la política exterior de México, bajo la nueva conducción de Luis Videgaray. Pensé que se podría profundizar e incluso radicalizar el cambio que ya había introducido Claudia Ruíz Massieu frente a la postura pusilánime y troglodita de los primeros dos años del sexenio de Peña Nieto.

Durante ese periodo ni siquiera la subsecretaria encargada de América Latina se dignó a recibir a cualquiera de los dirigentes de la oposición democrática venezolana, ni los radicales como Leopoldo López, en esa época aún libre, o María Corina Machado, o a los más moderados como Capriles. Ruiz Massieu rompió con ese esquema al recibir a la esposa de López, y al adoptar una postura más firme, más comprometida con la defensa de los derechos humanos y de la democracia en Venezuela, en foros como la OEA. El nuevo equipo de Relaciones podía, en mi opinión, dar un par de pasos adicionales.

El primero consistiría en buscar un acuerdo con los nuevos gobiernos de Brasil y Argentina para invocar la Carta Democrática Interamericana y en particular su capítulo 18, a propósito de la ruptura del orden institucional en Venezuela, aun corriendo el riesgo de que o bien no alcanzaran los votos, debido a la posición venal pero comprensible de las islas del Caribe en manos de Maduro, o de que Venezuela y los demás países del Alba, se retiraran de la OEA.

Pero además se podría realizar el gesto simbólico, pero expresivo y contundente como todos los buenos gestos, de que el presidente Peña Nieto recibiera en público a Lilian Tintori. Se trataría del escalón siguiente después de que la hubiera recibido la canciller anterior y enviaría una señal incontrovertible sobre la mayor claridad del nuevo grupo al mando en la SRE.

Probablemente porque les ganó la agenda, porque se la pasan de evento en evento –el Día del Ingeniero, el Día del Albañil, el Día del Niño, del padre, de la madre y de cuanta idiotez se les ocurre– no se organizaron para llevar a cabo el encuentro con Tintori. Era muy fácil. Las personas que la asesoran y la ayudan en México estaban dispuestas a responder en un par de horas a cualquier invitación que se le hiciera por parte de Peña Nieto. Simplemente se les pasó, a menos de que hayan decidido conscientemente no hacerlo.

No se puede descartar esa hipótesis, porque es factible que Peña por lo menos haya pensado que si se reunía con la esposa del dirigente opositor encarcelado, Maduro empezaría a despotricar contra Peña por cuanta imbecilidad se le ocurriera al Presidente venezolano, que se le ocurren muchas por cierto.

En esta hipótesis, Peña lo último que querría es abrir un frente adicional. De ser cierto, esta actitud volvería a la posición acobardada de los primeros dos años del sexenio. Con la pequeña diferencia que entonces era presidente de Estados Unidos Barack Obama, y ahora es Donald Trump.

A Peña se le fue la oportunidad. Trump recibió a Lilian Tintori en la Casa Blanca, hace unos días donde se tomó la foto con ella y donde fue ella una de las primeras personas de relieve en ser recibidas por el nuevo presidente. Ya Peña no puede hacer lo mismo porque la jauría chavista en México y en Venezuela no dejaría de gritar que Peña solo recibió a Tintori porque Trump se lo pidió, se lo exigió o por simplemente copiar la decisión de Trump para quedar bien con él.

Por tanto, ahora parece difícil si no es que imposible que Peña reciba a Tintori o a Capriles o a ambos, y por tanto se desperdició la oportunidad de marcar un rumbo nuevo, por lo menos en materia de política latinoamericana en lo que queda de este sexenio. Una lástima pero hasta cierto punto previsible. No se puede gobernar con puros eventos y anuncios. De vez en cuando hay que hacer algo.
17 Febrero 2017 04:06:00
López Obrador y los derechos humanos
El nuevo episodio de uso aparentemente desproporcionado de la fuerza y con un índice de letalidad inexplicable por parte de la Marina en Tepic, Nayarit, con 12 “abatidos” por parte de los “malos” y cero por parte de los “buenos” ha despertado cuestionamientos que antes no habíamos visto. En particular, me resulta especialmente interesante que en esta ocasión Andrés Manuel López Obrador sí haya protestado y denunciado la guerra de Calderón y de Peña contra el narco.

Probablemente no tuvo razón al afirmar que los muertos eran menores de edad; tampoco la tuvo en pensar que no eran sicarios o semicapos, o capos del narco. Pero por lo menos ahora empezó a preocuparse por las violaciones a los derechos humanos en México, por la guerra contra el narco, y por los inexplicables índices de letalidad que se dan en nuestro país. Es interesante que por fin López Obrador empiece a entender que más allá los narcos, la violencia, la inseguridad y el crimen organizado son o no productos de la pobreza, la desigualdad y la mafia en el poder, son criticables y denunciables en sí mismos, y que dicha guerra no tiene el menor sentido.

El siguiente paso es saber si para López Obrador los derechos humanos son un asunto primordial o no. Si se tratara simplemente de un político tabasqueño, transfugado al DF durante seis años, y sin futuro en México, la verdad no le importaría a nadie lo que piensa. Pero tratándose no sólo del candidato puntero para las elecciones del 2018, sino muy posiblemente el próximo presidente de la República, sus posturas ante el tema primordial, absolutamente decisivo en México hoy de los derechos humanos y sus violaciones, resultan especialmente interesantes.

Pasando de un extremo al otro, en una entrevista con León Krauze hace pocos días, parecía preocuparle la detención de Leopoldo López en Venezuela: una clarísima violación a los derechos humanos en ese país. Obviamente nunca se había pronunciado sobre cualquier situación en Venezuela, limitándose a repetir incansablemente la idiotez en 2006 y 2012 que él no conocía a Hugo Chávez (como si todos los católicos hubieran conocido a Jesucristo). Tampoco se había escuchado jamás una crítica a las violaciones a los derechos humanos en Cuba. Pero nunca es tarde: si ahora sí le preocupan las violaciones a los derechos humanos en México, enhorabuena. Sólo que entonces de ahí se derivan varias consideraciones.

¿Qué parte de la guerra del narco le disgusta o con qué parte está en desacuerdo? Quienes hemos denunciado la absurda, sangrienta y optativa guerra de Calderón contra el narco desde el principio, hemos propuesto también una alternativa: legalizar las drogas, o por lo menos la mariguana; crear una policía nacional única, y mandarle la señal sin negociaciones explícitas al narco, que mientras se dediquen al narco y no a extorsionar, secuestrar, asaltar, violar, etcétera, se trata de una actividad empresarial aceptable para el Estado mexicano. López Obrador obviamente nunca va a decir algo de esto, primero porque no lo entiende, segundo porque está en campaña y probablemente sería políticamente peligroso hacerlo. Pero el tema es que si no está de acuerdo con la guerra del narco de Calderón y de Peña, con la violación a los derechos humanos, con el involucramiento del Ejército y de la Marina, entonces ¿qué propone? ¿Cuál de las posibles soluciones es la que a él le gusta?

La campaña presidencial ha empezado, los candidatos están ya presentando sus propuestas y sus críticas. Es el momento en que todos debemos preguntarles, empezando por los punteros, es decir, López Obrador, Margarita Zavala de Calderón y Miguel Ángel Osorio Chong, ¿qué piensan? De Osorio Chong no tenemos muchas dudas, piensa lo que piensa Peña, por eso ha sido su secretario de Gobernación todo este tiempo. De la señora Calderón tampoco debemos tener muchas dudas, piensa lo que piensa su marido, hasta que diga lo contrario. Pero López Obrador sí puede ser en esta materia un enigma, ojalá empiece a despejarla lo más pronto posible para que sepamos a qué atenernos. Calderón nunca nos habló de su guerra hasta que la inició y Peña Nieto nos dijo que iba a poner un término a la misma. No lo hizo.
15 Febrero 2017 04:06:00
IMSS, INE y deportados
Una de las afirmaciones más desgarradoras de las muchas que escuchamos los participantes en el segundo foro de Agenda Migrante, organizado entre otros por Eunice Rendón, en Phoenix el fin de semana pasado, provino de una mujer que había sido deportada a México hace unos cinco años y después volvió a Estados Unidos. Dijo que se sintió tan indocumentada en México durante su estancia como en EU. Explicó por qué, y la experiencia de cualquier extranjero que se instala a vivir en México durante unos años sin el apoyo de una empresa o embajada, confirma su dicho.

El meollo de su explicación consistió en sentirse indocumentada por carecer de... documentos. Los mexicanos que nacimos, crecimos y residimos hoy en México disponemos de una serie de papeles que nos permiten navegar los turbulentos mares de la burocracia mexicana: desde la FIEL y el RFC hasta la cartilla militar para quienes nacimos antes de la supresión de la exigencia de presentarla para salir del país o sacar un pasaporte, pasando por toda la parafernalia de certificados escolares, INAPAM, IMSS o ISSSTE, INE o licencia de conducir. Una deportada, que salió de México a los 10 años, es devuelta por la fuerza a los 30, y debe organizar su vida a partir de cero, sufre un verdadero calvario en un país de papeles, reglamentos, requisitos y reconocimientos.

Por eso el senador Armando Ríos Piter formuló una propuesta sencilla, viable y hasta cierto punto económica, a raíz de la intervención de la mujer en cuestión. Sugirió que se abriera, en cada uno de los once puntos fronterizos donde son entregados los deportados por Estados Unidos a las autoridades mexicanas, un módulo del Instituto Mexicano del Seguro Social y otro del Instituto Nacional Electoral. Cada deportado, al verse comprobada su nacionalidad mexicana como condición para ser aceptado en México, se inscribiría en el IMSS, y recibiría una credencial de elector.

La inscripción en el Seguro sería excepcional y provisional –digamos, por un año– ya que en teoría se paga por cuotas, entre el empleado y el empleador. Pero hay ya muchos mexicanos registrados en el IMSS que pagan su propia cuota completa, o cuyo empleador la cubre en su totalidad. En el caso de los deportados, el Estado cubriría las cuotas, al exentar el pago por un año. Aún si se tratara de una cifra enorme de deportados y que se enfermaran todos al mismo tiempo, el costo sería manejable, y obviamente eso no va a suceder de inmediato. Les daría a los deportados un apoyo importante en caso de algún padecimiento, una credencial para identificarse, y una sensación de pertenencia, de la cual todos carecen.

Se podría hacer el equivalente con el INE. Desde luego que no podría ser una credencial para votar en todas las elecciones, ya que muchos deportados no cuentan con un domicilio en México. Por lo tanto no sabrían de entrada en qué sección electoral, municipio o estado residirán, si es que no intentan regresar a Estados Unidos. Pero en cualquier lugar del país donde se instalen, podrán votar en la elección presidencial de 2018; su credencial lo estipularía. Además de volver a generar un elemento de pertenencia, les daría la única identificación universalmente aceptada en México, para entrar a un edificio, abrir una cuenta bancaria, subirse a un avión o identificarse como mexicano ante la autoridad. De nuevo el costo no sería exorbitante.

Propuestas concretas como ésta pueden funcionar en nuestra emergencia. Si éstas no le gustan a alguien, como dijo Groucho Marx a propósito de sus principios, hay otras. Propónganlas.
10 Febrero 2017 04:06:00
La resistencia: en los tribunales, con los paisanos
El Tribunal Colegiado de Apelaciones del Noveno Distrito de Estados Unidos le dio palo a Donald Trump ayer en materia de su prohibición de viajes a Estados Unidos para nacionales de varios países de mayoría musulmana y de recepción de refugiados procedentes de Siria. El asunto irá a la Suprema Corte, donde Trump debiera contar con las votos necesarios para ganar, a condición de que sea confirmado su candidato para ocupar el noveno escaño, vacante desde mediados del año pasado. Es una gran derrota para Trump, que muestra el camino a seguir en la resistencia contra la larga noche que nos espera. México tiene fichas de negociación y de lucha contra la embestida norteamericana. Ya las hemos mencionado varias veces: suprimir el llamado sellamiento de la frontera sur; hacerse de la vista gorda ante cargamentos de mariguana destinados al estado de California; incluso incluir en la agenda bilateral el aseguramiento de las fronteras mexicanas en materia de terrorismo. Pero, al final de cuentas, se trata de estrategias de alto riesgo, audaces, pero de difícil ejecución y propias del ámbito político. A la larga, ese será el conducto más eficaz para derrotar las políticas de Trump. Pero en el corto plazo, como ya comenzamos a ver, el litigio en los tribunales es más productivo.

Este sábado en Phoenix, Arizona, varios mexicanos trataremos de reunirnos con compatriotas carentes de documentos para escucharlos y tratar de discernir de qué manera podemos ayudarles a contrarrestar la ofensiva de Trump, sobre todo en materia de persecuciones y deportaciones. Irán gobernadores, senadores, diputados. Conductores de noticieros, académicos y activistas nos desplazaremos a Phoenix, gracias al apoyo de diversas organizaciones, desde Coparmex hasta Chicanos por la Causa, para entender de qué manera podemos ser más útiles.

Pero desde diciembre pasado quedó claro que la respuesta a las primeras preguntas es obvia. Los paisanos prefieren que se les apoye para permanecer en Estados Unidos a que se destinen recursos para su inserción en México, una vez ya deportados. ¿En qué consiste el apoyo? Abogados, abogados y abogados, junto con información a través de los medios de comunicación en español, presencia de los consulados, subsidio para fianzas. Sobre todo si prospera la propuesta que hemos presentado en diversos foros Eunice Rendón y yo de que los indocumentados que sean detenidos en Estados Unidos deben acogerse al derecho de audiencia, fianza y juicio migratorio, en lugar de aceptar, en el momento de la detención, la alternativa del llamado retorno voluntario. En lo individual, conviene esta última; en lo colectivo, la otra. Ojalá el Gobierno de México empiece a recorrer el camino del Poder Judicial norteamericano. Existen muchas maneras de hacerlo.

Todas son caras y peligrosas, unas más que otras. Pero la peor opción reside en aceptar la nueva normalidad de Trump, en incurrir en el “business as usual”, en poner la otra mejilla ante cada golpe o cachetada, como si no pasara nada. Hay una ruta de resistencia. Hay que explorarla.  
08 Febrero 2017 04:00:00
Tropas, letalidad y violencia: 2017
El diario Reforma informó el martes que la Sedena reportó en 2016 un incremento significativo de efectivos militares desplegados en operaciones anticrimen organizado. De acuerdo con los datos del Ejército, el año pasado participaron 51.9 mil tropas en las calles. Durante el año de mayor despliegue de Calderón, en el auge de la violencia provocada por la guerra del anterior Presidente, se desplegaron 52.7 mil tropas, prácticamente lo mismo. No sólo no ha habido retiro de las Fuerzas Armadas de las plazas y vías públicas del país, sino que, al término de 10 años de guerra, de 100 mil muertos adicionales al monto inercial, más de 30 mil desaparecidos, y decenas de miles de millones de dólares gastados, hay el mismo número de soldados involucrados.

En 2013, el primer año de Peña Nieto, el Presidente logró reducir la presencia militar en México. El total de efectivos castrenses en operaciones bajó a 34.5 mil, pero de 2015 a 2016 dio un salto de casi 40 por ciento. Lo cual pareciera confirmar los resultados de determinados estudios y análisis en el sentido de que el monto de enfrentamientos de las fuerzas del Estado con el crimen organizado depende del número de tropas desplegadas, y el total de muertos y heridos depende del número de enfrentamientos. Entre otras investigaciones que debiéramos citar figura el último trabajo del CIDE, dirigido por Alejandro Madrazo. Según el boletín publicado en Reforma:

“Un estudio del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), basado en información oficial de 3 mil 327 combates registrados en el sexenio pasado, establece que en cuatro de cada 10 combates fueron ‘eventos de letalidad perfecta’, es decir, sólo registraron muertos y ningún herido. Los denominados ‘eventos de letalidad perfecta’ incrementaron año con año, pues mientras en 2007 hubo 15, para 2011 hubo 451, además de que en ellos se dieron el 86% de las 3 mil 413 muertes de presuntos delincuentes registradas en combate. Estas cifras, señaló Alejandro Madrazo, autor junto con Laura Atuesta y Óscar Siordia del estudio, evidencian que lo que hubo fue una actuación sistemática de las Fuerzas Armadas para exterminar ‘presuntos delincuentes’. Desde 2011 ya teníamos fuertes indicios que lo que había era una política de exterminio, los hallazgos que nosotros pudimos hacer con esta base de datos, nos dicen dos cosas o tres cosas que van en ese sentido”, señaló. La política de exterminio, explicó, se dio, o bien porque las fuerzas armadas hicieron un uso desproporcionado de la fuerza, o bien porque cometieron ejecuciones extrajudiciales, cuando ya los presuntos delincuentes estaban vencidos. Todos los indicios nos dicen que lo que se está buscando es maximizar el número de muertos, que no iban a detener a gente para procesarla penalmente, que lo que iban era a matarla, y eso es muy preocupante, y sobre todo eso embona muy bien con el hecho de que hay muy poquitas averiguaciones previas iniciadas por esas muertes”, señaló. El estudio fue elaborado con base en información oficial que de manera anónima fue entregada al CIDE de operaciones realizadas por las Fuerzas Armadas del 1 de diciembre de 2006 al 30 de noviembre de 2011 y los resultados fueron obtenidos luego de un trabajo que implicó analizar mil 561 registros a través de 52 variables. Los índices de letalidad, refirió Madrazo, son muy superiores a los que registran ejércitos en guerra, en donde generalmente hay más heridos que muertos, pero en el caso mexicano, en el periodo analizado, esto no tuvo ese comportamiento”.

Enero fue el mes más violento del sexenio de Peña Nieto, combatiendo al narco. Mientras que fue también el primer mes de plena legalización de la mariguana en California. Go you to know.
06 Febrero 2017 04:05:00
Ingreso ciudadano universal en la India… y en México
¡Una de las discusiones más interesantes de la próxima campaña presidencial puede involucrar al llamado “ingreso ciudadano (o básico) universal” (ICU o IBU). Es un tema presente en México desde tiempo atrás, inicialmente propuesto en una plataforma política por Patricia Mercado en 2006, y por Gabriel Zaíd desde antes. Ha sido retomado en tiempos recientes por economistas como Gerardo Esquivel, por la CEPAL, por legisladores como Cecilia Soto y Luis Sánchez, y apenas hace unos días, en las deliberaciones de la Constituyente de la Ciudad de México.

Como ya se ha dicho, se trata de entregarle a cada mexicano –en principio mayor de 18 años, para no fomentar el crecimiento demográfico, aunque algunos discuten esto– un ingreso monetario determinado, trabaje o no trabaje, sea pobre u opulento, tenga hijos o no. Puede ser igual al salario mínimo, o al costo de un canasta básica, o el cociente de dividir la totalidad de los programas asistenciales existentes entre el número de mexicanos de más de 18 años (unos 85 millones de personas).

Los pros y contras han sido debatidos, sobre todo en países ricos (en particular en Suiza), donde el temor es que debido a la automatización del trabajo –camiones sin choferes, líneas de ensamble robotizadas, cajas sin cajeros en las tiendas– mucha gente pase a ser permanentemente desempleada. Las objeciones van desde el desincentivo para trabajar hasta el costo fiscal, pasando por variaciones dentro de la idea. ¿Es justo entregarle un estipendio, por pequeño que fuera, a un magnate? ¿O cuesta más la administración de criterios de elegibilidad que dárselo a un multimillonario? El programa ¿debe sustituir a los ya existentes –en México, Prospera/Oportunidades/Progresa, pensión para adultos mayores, y miles más- o deben conservarse esos, el ICU siendo un complemento? ¿Es preferible un estipendio puro y simple, o conviene más un impuesto negativo sobre la renta –la idea original de Milton Friedman y que existe en EU como “earned income tax credit”?

Retomar este tema hoy viene el caso por dos motivos. Primero, porque si bien Santiago Levy tiene razón cuando afirma que los bajos salarios en México se deben a la baja productividad en el enorme sector informal, y mientras no se reduzca de modo drástico este último, nada será eficaz, un piso de ingreso mínimo puede ser útil. Sobre todo si recordamos los números escalofriantes del INEGI.

De acuerdo con la Encuesta Mensual de la Industria Manufacturera, el salario promedio de los trabajadores dependientes de la razón social del sector “Fabricación de automóviles y camiones”, en octubre de 2016, fue de 9 mil 820 pesos. Es decir, al tipo de cambio actual, 490 dólares al mes. Sin meternos a PPP (purchasing power parity, para tomar en cuenta la diferencia de precios entre México y EU), esto es más o menos la décima parte de lo que gana un obrero de la UAW pagado por hora en un planta automotriz de EU: 30 dólares la hora, o aproximadamente 5 mil dólares al mes.

Sobre todo, se ha vuelto más pertinente porque según la revista The Economist, la semana pasada el Gobierno de la India, el país con más pobres en el mundo, sugirió la idea de sustituir los casi mil programas federales de asistencia, incluyendo subsidios, por un ICU. Los programas cuestan 5% del PIB; un ICU muy bajo, costaría 6-7%. Gracias al sistema Aadhaar, es factible entregarle el estipendio a cada indio por teléfono celular. Repugna la idea de transferirle cualquier dinero a los marrajas industriales de la India; existe el riesgo de que el ICU se agregue a los programas vigentes. Pero como dice The Economist (publicación que se opuso al ICU en el referéndum suizo de 2016), a propósito del Gobierno derechista de Modi: “Hay razones para no saltar ciegamente hacia el ICU. Pero como instrumento para ayudar a los más pobres del mundo, los razonamientos a favor son fuertes”.
03 Febrero 2017 04:00:00
Las llamadas… entre presidentes
Las distintas y contradictorias versiones sobre el contenido y el tono de la llamada telefónica entre los presidentes Peña Nieto y Trump, demuestra los peligros que existen siempre en comunicaciones de este tipo entre jefes de Estado. Tengo algo de experiencia en la materia al haber instigado y presenciado la conversación telefónica entre el presidente Fox y Fidel Castro hace 15 años.

Es muy difícil salir bien de estos lances, cuando se trata de interlocutores demagogos, populistas y traicioneros como Trump y Castro. Es algo que deben tomar en cuenta nuestros actuales gobernantes.

Sin tener datos contundentes al respecto, me parece evidente que la filtración vino de la Casa Blanca, y en particular de un bando de la misma que quiso golpear a otro sector del equipo presidencial de Trump. Se ha dicho, con algo de bases, que el instigador de todo esto fue Steve Bannon, el consejero estratégico de Trump, para pegarle a su rival desde la campaña, el jefe de la oficina presidencial, Reince Priebus, y el yerno de Trump, Jared Kushner. No es posible saber si así haya sido exactamente, pero el viejo dicho norteamericano de que el barco de Estado filtra desde arriba parece cierto (The ship of State leaks from the top).

La gravedad del asunto no reside en la filtración en sí, que al final de cuentas es, insisto, un pleito entre rivales dentro de la Casa Blanca, y ni siquiera si en efecto el tono que utilizó Trump con EPN fue de “cotorreo” o fue en serio. Parece verosímil que se haya tratado de algo coloquial y casi de “cuates” más que de amenazas en serio. En este sentido, la versión de los Pinos, de SRE, es más creíble que las primeras filtraciones a la prensa mexicana o de EU.

El problema reside en qué contestó Peña Nieto. No debe, bajo ningún motivo, hacer público el contenido de la conversación. No sé si ahora se graben dichas conversaciones. Cuando estuve yo en la Cancillería no se hacía. Resulta un poco ocioso hacerlo, aunque siempre había un tomador de notas que dejaba registro, porque por definición no se puede hacer público, y se corre el riesgo de que las “barredoras” de los norteamericanos lo cachen a uno grabando.

Pero en este caso sí hubo una ofensa importante para un sector en México que puede sentirse agraviado y que quizás necesitaría no sólo saber qué contestó el presidente Peña Nieto a Trump cuando bromeó que el Ejército mexicano no hacía su trabajo, sino que quisiera que fuera pública su respuesta. No sé si la Secretaría de la Defensa haya visto con buenos ojos que el Presidente de EU bromeara con el Presidente mexicano sobre “la incompetencia o falta de valor de las Fuerzas Armadas mexicanas en el combate al narcotráfico” sin conocer la respuesta de EPN.

Si Trump lo dijo en tono leve y de “chiste”, no sé si al Ejército le parezca que Peña haya contestado con el mismo tono, o si “balbució”, o si respondió con la solemnidad que lo suele caracterizar.

Por todo esto, las llamadas telefónicas entre jefes de estado, cuando se pueden evitar, son evitadas. Quizás debimos evitar la llamada de 2002 entre Fox y Castro. Pero hay dos diferencias importantes: Castro llevaba 42 años en el poder, Trump 10 días; Castro era el dictador de un país de sexta, Trump es el Presidente de EU.
01 Febrero 2017 04:07:00
El hombre más rico de Brasil… al tanque
Antier fue detenido en Río de Janeiro el empresario Eike Batista, hasta hace poco el hombre más rico de Brasil, el sexto más rico del mundo, y quien aspiraba a ser el “Slim” brasileño. Volvió de Nueva York y llegando al aeropuerto de Galeão la Policía Federal lo apresó para llevarlo a la prisión de Bangu, donde fue rapado y encerrado en una celda con otros cinco reos.

No tiene derecho a prisión de cuello blanco ya que, en Brasil, para tener acceso a ello se necesita comprobar estudios universitarios.

Batista había hecho una enorme fortuna desde principios de siglo por varias vías. Primero, supo de la ubicación de grandes yacimientos de minerales ya que su padre había sido ministro de Minas bajo el régimen militar y después presidente de la enorme empresa hoy llamada Vale, en esa época Vale do Rio Doce.

Después se adentró en otros ámbitos, desde una constructora hasta plataformas marinas y, sobre todo, compró lotes para explotación petrolera en aguas profundas (no el presal) brasileñas donde en principio esperaba lograr niveles de producción elevadísimos. Eso no sucedió. Sus previsiones de producción siempre se quedaron cortas y a casi tres años empezaron a quebrar sus empresas.

Hoy todo parece indicar que no sólo fueron equivocadas sus previsiones, sino que él fue obteniendo recursos de diversos inversionistas (al estilo Bernard Madoff) contra proyecciones de producción muy elevadas y dichos recursos fueron transferidos a las campañas del Partido de los Trabajadores en general, y en particular de Lula en 2006 y de Dilma Rousseff en 2010 y 2014.

Ha sido acusado formalmente de haber transferido una suma relativamente pequeña, quizás de simple compra de buena voluntad a la cuenta de Sergio Cabral, exgobernador del estado de Río de Janeiro, también preso, y una de las principales figuras del llamado “Lava Jato”.

Junto con Marcelo Odebrecht, el dueño de la mayor constructora de Brasil, y André Esteves, uno de los principales financieros del Banco BTG en Brasil, es el tercer gran empresario que cae preso por los escándalos de corrupción de Petrobras y el PT, pero sin duda el que fue el más glamouroso, conocido y ambicioso.

No es imposible que Batista sea liberado pronto de la prisión preventiva en la que ha caído; tampoco es imposible que haya entrado en la dinámica de la llamada delación premiada que existe en Brasil, al estilo “plea bargain” en Estados Unidos, donde un acusado se vuelve testigo de cargo y presenta testimonios que permiten acusar a otros, en particular a ciertos políticos.

El juez Sergio Moro sigue buscando como imputar al expresidente Lula Da Silva por actos de corrupción, y es posible que la detención de Batista y su probable delación tengan que ver justamente con Lula.

Hay desde luego un elemento de revanchismo social o clasista en Brasil frente al encarcelamiento de Batista, que sí se pasaba en sus excesos de gastos ostentosos. Y es probable también que hoy se le imputen delitos que cuando los cometió, o en todo caso cuando se hizo rico, tal vez también lo eran, pero aceptables.

De cualquier manera, lo que hoy vemos en Brasil es que la impunidad no existe, ni siquiera para el hombre más rico del país más rico de América Latina. No es poca cosa. Conviene mirar hacia el sur, no como argumento estúpido para sustituir EU por Trump o para diversificar nuestros lazos, pero sí para entender lo que incluso países con una larga historia de corrupción como Brasil pueden lograr.
27 Enero 2017 04:06:00
Las líneas rojas con Trump
La pregunta hoy no es tanto quién es responsable de los garrafales errores de los últimos días en la relación con Estados Unidos, sino qué hacer hacia adelante. Conviene dividir la reflexión en dos: lo coyuntural, y el mediano y largo plazo.

Es indispensable controlar el daño y luego repararlo. México no está en condiciones de sostener un enfrentamiento intenso y duradero con EU. Pero para arreglar las cosas, quizás se tengan que descomponer un poco. El Gobierno debe trazar públicamente sus líneas rojas en materia del muro: “No al muro”, como dice Aguilar Camín; sobre el TLCAN: sí a cualquier cambio que no entrañe aprobación legislativa en Estados Unidos, no a cambios que obliguen a un nuevo proceso intolerable de aprobación en las cámaras norteamericanas, como en 1993. Y por último, “No a las deportaciones”, empoderando al máximo a nuestros connacionales para pelear paso por paso, en los tribunales, los intentos de las autoridades estadunidenses para repatriarlos por la fuerza.

Asimismo, debemos volver explícitas, mediante medidas públicas, nuestro disgusto ante el comportamiento de Trump estos días. Suspender las comunicaciones con los sectores de seguridad, policiacos y militares de EU en México; limitar la cooperación con ellos; expulsar, como lo empezó a hacer Salinas en 1992 ante el secuestro de Álvarez Machaín, a una parte de los agentes de la DEA o de ICE en México; revisar los protocolos antiterroristas y de visas a nacionales de países terceros: estas son algunas de las manifestaciones de disgusto a las que pudiéramos recurrir.

¿Son peligrosas, arriesgadas y controvertidas? Por supuesto. ¿Sería preferible el status quo? Desde luego. ¿Existen opciones intermedias? No las veo. Para la coyuntura actual, no vamos a salir bien librados si no subimos la puja, para luego volver a la mesa de
negociación.

Eso debe ocurrir dentro de algún tiempo. No están preparados aún los equipos de la nueva administración en Washington. La oposición a Trump no se ha organizado. El inevitable desgaste de cualquier gobierno no ha comenzado. Y no se han abierto todavía los múltiples flancos que el magnate ha empezado a descubrir. Mejor llegar a la negociación más adelante, sin prisas.

Cuando lleguemos, es preciso hacerlo con un esquema más realista de la relación con los vecinos. En estos casi 25 años de TLCAN, sin que nos beneficiara tanto como se esperaba y se prometió, hemos acumulado un superávit comercial enorme en relación a nuestra economía, se han ido una enorme cantidad de mexicanos a EU en proporción a nuestra población, y un número considerable de empleos (no tanto como a China) se han desplazado de EU a México. No era sostenible, y se nos acabó el veinte.

La otra gran pregunta es si las prisas de Peña y de Videgaray tienen que ver con el calendario sucesorio. Yo creo que sí. De no ser el caso, Peña Nieto debiera decirlo, con pelos y señales: fulano y mengano no serán los candidatos del PRI a la presidencia. Sólo sus “palabras mayores” cuentan. Y mientras no queden fuera los involucrados en la negociación, tendrán prisa. Asimismo, mientras se insista en amarrar todo antes de que empiece la campaña presidencial de 2018 (digamos, dentro de 8 o 9 meses), habrá prisa. Punto.
25 Enero 2017 04:07:00
Los muertos de Peña Nieto
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública publicó, con bastante celeridad, los datos de homicidios dolosos para 2016. Son aterradores. Antes de revisarlos conviene recordar que muchos estudiosos de estos temas han detectado que las cifras del SESNSP suelen ubicarse en rango de 10% por debajo de los del INEGI, que salen con más demora.

En 2016, tuvieron lugar en México 20 mil 766 homicidios dolosos, un aumento de 22% en relación con el año anterior, que a su vez arrojó un incremento de 9% frente al 2014. Es la cifra más alta desde 2012, y apenas 10% inferior al pico histórico de 2011. Representa una duplicación de los números del 2007, el año con menor homicidios dolosos, en términos absolutos y por 100 mil habitantes, en la historia moderna de México. Prácticamente garantiza que durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se habrán producido más homicidios dolosos que durante la hecatombe de Calderón.

Al cabo de 10 años de guerra contra el narco, hay el doble de violencia, de acuerdo con el rasero más confiable (o menos incierto) con el que contamos en México. Si quisiéramos irnos a un indicador menos robusto, ya que depende de denuncias y no de datos duros, el total de secuestros pasó de 438 en 2007 a mil 128 en 2016, más que en 2015, de nuevo, y más o menos lo mismo que en 2012.

En el número de enero de la revista Nexos aparecen varios artículos sobre la Guerra de 10 años. El de Alejandro Hope establece una diferencia fundamental por un lado entre la violencia de los primeros años, la caída de la misma entre 2012 y 2014, y el nuevo auge de 2015-2016 por el otro. Según el autor, los homicidios dolosos de los dos primeros periodos se concentraron en un puñado de estados: Chihuahua, Coahuila, Durango y Nuevo León. En cambio, a partir de 2014, el recrudecimiento de la violencia se volvió “un fenómeno (casi) nacional”.

Entidades como Colima, Veracruz, Zacatecas, Campeche, Tlaxcala, y en términos absolutos el Estado de México, se han vuelto las capitales del crecimiento de la violencia. Uno puede o no sacar las mismas conclusiones prácticas de esta evolución que los autores de los textos de Nexos. Pero es innegable que no merma la violencia, que los beneficios de la guerra de 10 años son nulos o ínfimos, y que no existe razón alguna para pensar que con más tiempo, más dinero, más muertos, surgen réditos superiores.

En un país diferente, los responsables de esta catástrofe se verían por lo menos estigmatizados en el ágora, en las urnas, en las calles y las universidades. En México, no. Luego nos preguntamos por qué sigue todo igual. Por que no pasa nada, salvo los muertos. Y también nos preguntamos por qué los paisanos no quieren volver de Estados Unidos.
23 Enero 2017 04:01:00
Rústicos lugares comunes
Entre las pocas convergencias que han surgido entre mexicanos en los últimos meses a propósito de la llegada de Trump y de nuestra relación con Estados Unidos figura la sensación de que no hemos pensado bien nosotros mismos donde estamos.

No debió habernos sucedido esto, o debimos haber hecho algo para que, de suceder, no nos afectara tanto. Pues bien, van un par de reflexiones de lo que podríamos hacer para pensar bien la negociación con Washington y cómo concebir nuestra relación con los vecinos.

En primer lugar, la clase política mexicana debe abandonar, hasta donde sea posible, el recurso a palabras como soberanía, respeto, dignidad o firmeza para describir cómo vamos o debemos tratar con Estados Unidos.

En vista del inverosímil provincianismo e ignorancia de nuestra clase política, y de las limitaciones intelectuales de muchos de nuestros gobernantes (Peña Nieto es sólo el ejemplo más reciente), cuando un político mexicano dice que México es un país “soberano” y que va a negociar con “dignidad” con
Washington, pero exigiendo “respeto”, existe el serio peligro que ese político piense que está diciendo algo dotado de algún contenido. Corre el peligro de que piense que... está pensando.

En lugar de tratar de entender los retos que enfrenta (en materia comercial, migratoria, de seguridad, regional, multilateral) el Presidente, diputado o senador que aclara que habrá “firmeza”, únicamente está abdicando de su responsabilidad de explicarle a la sociedad mexicana lo que en realidad sucede. En un país donde la gente está tan poca expuesta a información y experiencia en esta materia, es casi criminal decirle al mexicano de a pie que no pasará nada porque México es soberano. Lo puede creer el pobre, y no tiene cómo comprender que todos los países del mundo son más o menos soberanos, que México no es ni el más ni el menos soberano, que cada negociación internacional trascendente entraña cesiones voluntarias de soberanía de cada parte.

La segunda reflexión es la misma pero a propósito de otros, es decir, de quienes sí deben saber que están utilizando lugares comunes, banalidades o palabras huecas en cuanto a su contenido práctico. Una cosa es que los políticos rupestres de nuestra partidocracia no tengan de otra; otra cosa es que tan simples como la defensa de la soberanía o de los intereses mexicanos o de la patria, etcétera, sean válidas en determinados momentos para despertar o agudizar un nacionalismo latente y necesario; y otra cosa más sea que en el lenguaje diplomático en ocasiones el empleo de esos términos puede ser útil. Pero algo muy distinto es escuchar a un especialista decir que México es un país soberano y por tanto va a salir adelante de la próxima negociación con Donald Trump.

En realidad, cuando altos funcionarios o especialistas dicen semejante cantidad de barbaridades, y saben que lo son, están llevando a cabo una doble traición.

La primera es con sus jefes, cuya rusticidad no les permite entender que no se trata de lineamientos verdaderos sino simplemente de rollo. La otra es con la sociedad mexicana a quienes finalmente ellos son los que le explican qué sucede, ya que su jefe no lo puede hacer.

Se puede estar en desacuerdo con propuestas que se han hecho sobre qué y cómo se debe negociar: en paquete o no; con líneas rojas o no; con una posición de rechazo de entrada a las principales demandas de Trump o no.

Pero sustituir estas disyuntivas por apelaciones a los sentimientos más simplistas de la sociedad mexicana y a la retórica más fatigada de la clase política mexicana es peor que una irresponsabilidad: es una tontería.
20 Enero 2017 04:06:00
El día D
Por fin hoy es viernes 20 de enero y llegó el día D, de Donald, es decir, la fecha en que alguien que nunca se pensó que podría llegar a la Presidencia de los Estados Unidos pronunciará su juramento de defender la constitución de ese país. Para el mundo entero se abre un periodo turbulento, sin rumbo, en el que parece que no habrá nada bueno por lo menos en el corto y mediano plazo. Esto, que es cierto para muchos países, lo es quizá más para México.

Los temas ya han sido detectados y denunciados, por el momento no hay mucho más qué agregar, salvo las declaraciones del candidato a la Secretaría de Comercio de EU, Wilbur Ross, y la filtración que hizo el Gobierno de Canadá al periódico The Globe and Mail de Toronto el día de antier. En cuanto a Ross, afirmó sin ambages que los dos temas que más le interesan en la renegociación del TLCAN con México son el de las reglas de origen y el contenido de América del Norte de los bienes que pueden circular libres de aranceles por los tres países y la composición, rendición de cuentas y el sesgo de los mecanismos de resolución de controversias que fueron pactados hace más de 20 años. Por otro lado, el Gobierno de Canadá filtró que ellos no se sentían especialmente concernidos por la invitación que se le haría a México y a Canadá la semana que entra de abrir esa renegociación y que en cualquier caso tenían la impresión que todo el esfuerzo del nuevo gobierno de Trump se dirigiría a y contra México y no con ellos, dando a entender que si los mexicanos sabemos contar, no contemos con ellos.

Todo parece indicar que sigue imperando una fuerte dosis de ingenuidad por lo menos en la mente del presidente Peña Nieto que parece pensar que a partir de la toma de protesta de Trump se definirán más o menos las posturas del mismo en temas como el TLCAN, el muro y las deportaciones masivas. Por eso es un buen momento para reflexionar sobre algunos comentarios que aparecen de manera recurrente en las redes sociales a propósito de todo esto. Me voy a limitar a dos o tres que me parecen especialmente estúpidos.

El primero: dejen de ocuparse de Trump, hay que ocuparse de los problemas en México. Digo especialmente estúpido porque en efecto hay enormes problemas en México, los ha habido antes, y los habrá después de Trump, pero estos no son nuevos, Trump lo es. Sí, hay que ocuparse de los problemas, y además, también de Trump.

Otra estupidez: En lugar de preocuparse por los migrantes, las deportaciones y el muro, hay que crear oportunidades para que la gente no se vaya de México a EU. Sí, en efecto es una muy buena idea, por supuesto que hay que crear oportunidades, pero ¿las vamos a poder crear en las próximas semanas? Obviamente no. ¿Entonces qué hacemos? ¿Nos lamentamos de que se tengan que ir o tratamos de defenderlos allá en lugar de salir con la misma cantaleta absurda de que mejor creemos condiciones en México para que no se tengan que ir?

Y una tercera especialmente ofensiva e imbécil: los migrantes en EU son traidores a la patria porque en lugar de quedarse en México se fueron a volverse gringos. Es una actitud especialmente absurda ya que en la gran mayoría de quienes se van a EU son en muchos casos los mejores mexicanos, los más emprendedores, audaces, valientes, trabajadores, innovadores, que simplemente en sus lugares de origen no han encontrado -y no van a encontrar en los próximos años- un buen empleo, con un buen salario para mantener a su familia.

Ojalá las semanas, meses y años que se nos vienen encima con Trump nos obliguen a que reflexionemos un poco sobre estos y otros temas y dejemos de decir y de pensar tantas idioteces.

Por fin una acertada decisión frente a EU: tiene mucho más sentido entregarle “El Chapo” a Obama, quien lo pidió insistentemente hasta los últimos días y apreciará el gesto durante los próximos 20 años, que a Trump, a quien seguramente no le interesa en lo más mínimo. Nobleza obliga: Felicidades.
18 Enero 2017 04:07:00
México: trabajo sucio también en la frontera norte
He insistido en varias ocasiones en la incongruencia de la postura del Gobierno de Peña Nieto sobre los migrantes centroamericanos desde julio del 2014. Algunos recordarán que en esa fecha se desató una ola de menores no acompañados huyendo de la violencia en Honduras, El Salvador y Guatemala, dirigiéndose a la frontera de Estados Unidos, donde al cruzar se abalanzaban a los brazos o paneles de la Patrulla Fronteriza para solicitar asilo.

O en todo caso, tratándose de niños, de ser detenidos y luego encargados a familiares en Estados Unidos mientras se resolvía su situación migratoria. Siempre pensé que estábamos haciendo el trabajo sucio de EU a cambio de nada. Pero también pensé que con el tiempo, el desgaste y la exigüidad de los recursos humanos y financieros disponibles, el Gobierno desistiría.

Asimismo, en distintos artículos o entrevistas, y en particular en el ensayo que publiqué con Armando Ríos Piter en Nexos este mes, he reiterado la idea de que este tipo de cooperación de México con EU, en el mejor de los casos, sólo tiene sentido con un gobierno amigo, como hasta cierto punto lo fue el de Barack Obama. Carece de lógica este tipo de cooperación si nos agrede todos los días quien tomará posesión de la Presidencia de EU pasado mañana.

Ahora resulta, según un artículo de Joshua Partlow de The Washington Post, que las autoridades migratorias mexicanas no sólo están haciendo el trabajo sucio de Estados Unidos en la frontera sur, sino también en la frontera norte. De acuerdo con dicho reportaje, por ejemplo: “Hace unas semanas un expolicía guatemalteco se dirigió a unas guardias de seguridad norteamericanas privadas en uno de los cruces fronterizos de Tijuana y solicitó asilo en EU. Dijo: “Estoy huyendo de mi país, recordó después el policía que les había dicho a los guardias, explicando que ya había sobrevivido a dos atentados. Soy un perseguido entre la vida y la muerte. Se le dijo al policía que necesitaba entrevistarse con las autoridades migratorias mexicanas que lo colocarían en una lista de espera para que pudiera más adelante plantear su caso con funcionarios norteamericanos. Pero las autoridades mexicanas se negaron a agregarlo a la lista, dijo el policía, y desde entonces se ha encontrado varado en el norte de México. El guatemalteco es uno de cientos, o quizás miles de extranjeros, que han sido bloqueados en meses recientes y a quienes se les ha impedido entrar en contacto con funcionarios de asilo norteamericanos en toda la frontera”.

Es cierto que se han disparado las solicitudes de asilo de centroamericanos y mexicanos en EU, de menos de 40 mil en el 2011 a más de 83 mil en 2015. Es cierto también que en el caso específico de los haitianos en Tijuana, las autoridades mexicanas adoptan una actitud distinta y positiva, aunque lenta y sin recursos. Y es verdad que los norteamericanos violan sus propias leyes al no escuchar los alegatos a favor del asilo.

Pero no tiene explicación que México ayude a EU en esta materia antes de sentarse a negociar con Donald Trump el paquete de temas en la agenda bilateral al que se refirió Peña Nieto en la Reunión de Embajadores y Cónsules hace una semana. Si ya desde ahorita nos hacemos cargo de los haitianos, cubanos, guatemaltecos, salvadoreños y hondureños porque EU no los quiere dejar entrar, y nosotros no sólo actuamos como muro de contención en el sur, sino también en el norte, y no sólo los extorsionamos, chantajeamos, violamos y asaltamos a la entrada y durante su trayecto en México, sino que también les dificultamos la vida al llegar a la frontera con EU, resulta una postura completamente incomprensible.

Lo lógico sería aplicarle a Trump desde pasado mañana la famosa regla de Pottery Barn a la que se refirió Colin Powell a propósito de Irak: “Si lo rompes, es tuyo”: “Si rompes la frontera, es tuya”. Y si construyes un muro, es tuyo. Usa tu muro para detener a los migrantes, las drogas, los terroristas y todo lo demás, pero no nos pidas que te cuidemos la frontera. Para eso está tu muro.
16 Enero 2017 03:57:00
Gasolinazo, Odebrecht y Lozoya
A finales de diciembre, en plena época navideña, cuando nadie se fija mucho en nada, se hizo pública la “confesión” o acuerdo de la constructora brasileña Odebrecht con los gobiernos de Brasil, Estados Unidos y Suiza, a partir de un juicio en un tribunal federal en Nueva York. Según los documentos oficiales divulgados por los tres gobiernos y el tribunal, la firma pagó entre 2.6 y 4.5 mil millones de dólares de multas por haber sobornado a distintas personas en 12 países, por un total de 788 millones de dólares.

En el caso de México, los documentos divulgados por la Corte norteamericana mencionaban que entre 2010 y 2014 Odebrecht pagó 10.5 millones de dólares en sobornos a “altos funcionarios de una empresa paraestatal mexicana” y obtuvo a cambio beneficios por 39 millones de dólares. No se mencionaron los nombres de los funcionarios, ni la paraestatal, pero se supuso en los medios especializados que se trata de Pemex, que 6.5 millones del total fueron entregados entre finales de 2013 y mediados de 2014, para asegurar, se especulaba, contratos de construcción del complejo Etileno XXI en el sureste y de la construcción de la segunda fase de Los Ramones en el norte.

Animal Político reveló que en octubre de 2013, semanas antes del primer pago de esa etapa, el presidente de la constructora, Marcel Odebrecht, hoy en la cárcel en Brasil, se reunió con Enrique Peña Nieto en Los Pinos. Función Pública y el SAT de inmediato anunciaron que investigarían todo.

Anteayer, El País informó que La Nación en Argentina había descubierto que uno de los funcionarios sobornados en ese país dentro del mismo escándalo era Gustavo Arribas, magnate futbolero argentino, amigo personal del presidente Mauricio Macri, y actualmente jefe de la Agencia Federal de Inteligencia. Varios políticos y comentaristas han pedido la renuncia de Arribas.

En Colombia, el jueves pasado fue detenido el ex-vice ministro de Transporte, Gabriel García Morales, que ocupó el cargo entre 2009 y 2010, bajo la presidencia de Álvaro Uribe. Él habría recibido 6.5 millones de dólares de Odebrecht, para otorgarle a la empresa brasileña el contrato de construir la carretera denominada Ruta del Sol, entre el centro de Colombia y el Caribe. En Perú, si bien sólo ha sido mencionado el nombre de Genaro Matute, contralor del gobierno de Alejandro Toledo en 2006, el contralor actual, Eduardo Alarcón, ha descrito en conferencias de prensa de principios de enero los contratos asignados, las irregularidades ya detectadas y el monto provisional de perjuicios al país: 283 millones de dólares. Se esperan aprehensiones en los próximos días.

En México, sólo sabemos que Emilio Lozoya, el anterior director de Pemex, envió una carta al periódico Reforma negando haber recibido cualquier soborno de ese tipo –no hay porque descreer su dicho- pero tampoco aclaró quién sí, en su opinión, ni tampoco si algo por el estilo hubiera podido suceder. Si se le pagó esa suma a un funcionario de segundo nivel, ¿como se decidían las cosas en Pemex en esa época?

Reforma también reveló la intención de Pemex de vender los dos conjuntos de fertilizantes en el sureste que la paraestatal compró a precios que parecían inflados en 2013 y 2014. Al saberse en cuánto Pemex puede liquidar dichos activos, sabremos si el precio de compra fue excesivo.

La pregunta es obvia: ¿en vista de todo esto, se puede “vender” el gasolinazo a una sociedad de por sí escéptica?
13 Enero 2017 04:06:00
Trump, Peña y nosotros: por fin
En un ensayo publicado en el número de enero de la revista Nexos (disponible online desde el 30 de diciembre), Armando Ríos Piter y yo formulamos una serie de propuestas para enfrentar a Trump, hoy en la víspera de su llegada a la Casa Blanca. Después de un breve análisis de los cambios profundos en la opinión pública norteamericana y de los orígenes de su triunfo en noviembre, buscamos exponer, bajo la metáfora de las canicas o fichas de negociación, algunas de las cartas con las que México llega a la mesa. Veo que por otros caminos, varias voces comienzan a llegar a las mismas conclusiones.

Arturo Fernández, rector del ITAM, alma mater de una parte del Gabinete presidencial, declaró ayer que: “Llegado el momento, sería mejor abandonar el TLC a vivir en la incertidumbre que ha pasado el país en los últimos meses... Sería preferible dejar el tratado, hacerlo a un lado, que entrar en negociaciones que duren varios años”. Ríos Piter y yo escribimos hace medio mes: “Una renegociación prolongada del TLCAN podría ser aún peor, con años de incertidumbre que desalentarían la inversión en el país“.

A propósito de la mejor manera de negociar con Trump el conjunto de asuntos que él mismo ha planteado, nosotros sugerimos que convenía negociar en conjunto todos los temas: “... hoy nos conviene mucho más armar un paquete de todas las fichas que hemos enunciado y tratarlas en conjunto. Presentando nosotros un paquete, y ellos llegando separados a la mesa de negociación, llevaremos una ventaja –ciertamente marginal– pero quizás decisiva”. Peña Nieto, en su discurso ante los embajadores y cónsules reunidos a principios de año en México, como siempre, dijo: “Impulsaremos una negociación abierta y completa. Todos los temas que definen la relación bilateral están sobre la mesa, incluyendo migración, comercio y seguridad.” No es exactamente lo mismo, pero se parece. Desde luego que EPN no adoptó esta postura por lo que escribimos Ríos Piter y yo, pero la convergencia espontánea de enfoques es interesante.

Por último, en lo tocante a un tema en el que no sólo hemos insistido los autores del citado ensayo, sino también los participantes en el foro de migrantes que organizamos Eunice Rendón y yo el 17 de diciembre, a propósito de la necesidad de incrementar los recursos para nuestros consulados en Estados Unidos, Pablo Escudero, presidente del Senado (PRI-PVEM), afirmó; “Voy a proponer, y lo haré de manera formal con el Secretario de Hacienda y con el canciller, que parte de ese dinero (el de las nuevas instalaciones del INE) se utilice para fortalecer en primera instancia a los consulados que tenemos en Estados Unidos para la protección de los migrantes, que es un tema que nos preocupa y que nos incumbe de manera diaria”. Nosotros dijimos: “En primer lugar, (debemos a través de los consulados de México) seguir el ejemplo de la asamblea legislativa de California, que aprobó partidas de varios millones de dólares a principios de diciembre para apoyar a los indocumentados en vías de deportación con abogados, traductores, trabajadores sociales, albergues para sus familias y otras necesidades”.

Se trata de convergencias naturales que debieran ser obvias y que muestran que poco a poco sí se puede construir un consenso interno en México sobre la resistencia a la ofensiva de Estados Unidos (a partir del 20 de enero, ya no de Trump). No podemos más que congratularnos de ello, a condición de que la tendencia siga, y no se revierta por mezquindades gubernamentales, de un Gobierno al que le encantan.
11 Enero 2017 04:06:00
Gasolinas: tres malas opciones
Si entiendo bien lo que el Gobierno de Peña Nieto se propone en materia de precios de hidrocarburos, o por lo menos de gasolinas, pretende, para finales de 2018, entregar un país donde el precio de los tres combustibles líquidos utilizados por vehículos en México se encuentre plenamente indexado a dos costos variables, y a dos relativamente fijos.

Estos últimos son el del transporte de las dos gasolinas y del diésel desde su punto de producción (las refinerías de Pemex) o de importación de Estados Unidos, hasta el punto de venta en alguna gasolinera, y los impuestos diversos que el propio Gobierno le cobra al consumidor. Los dos variables son el precio internacional del petróleo y el precio “nacional” del dólar.

Nada de esto es muy original en el mundo, y es sensato. Uno puede discrepar radicalmente de la manera en que se pospuso el inicio del proceso, y después se aceleró el mismo por motivos exclusivamente electorales, y también por la falta de medidas compensatorias, demagógicas o no, para endulzarle la píldora a la sociedad mexicana.

Asimismo, es criticable la falta de rendición de cuentas en Pemex –alguien es responsable de la caída de la producción, de la ordeña, de los elevados costos de transporte– y de Hacienda y Energía, alguien es responsable de haber mantenido el subsidio a lo largo de siete de los últimos 10 años. Pero el objetivo final, y el fondo, es difícil de objetar.

Insisto: en otros países, sucede los mismo. En EU –gran productor de petróleo, aunque importador neto todavía–, el precio de la gasolina varía en grandes proporciones de año en año, y de estado en estado. Lo mismo sucede en Europa, y las variaciones han ocasionado severos trastornos, cuando crecen en exceso –1973, 1979, 2010– o cuando van hacia la baja, como hace tres años. Hasta aquí, poca diferencia con México.

En efecto, de 1998 a 2015, con la excepción del 2009, en la medida en que el tipo de cambio se mantuvo relativamente estable, tomando en cuenta la inflación mexicana, una indexación de esta naturaleza no hubiera sido muy distinta a la de otros países.

El euro, o la libra o el yen (divisa de un país que importa todo su petróleo), se mueven en relación al dólar –moneda en la cual se fija el precio de los hidrocarburos– pero dentro de márgenes moderados la mayor parte del tiempo. Pero de dos años para acá, y de septiembre para acá en particular, ya no es el caso del peso. Y lo será cada vez menos.

De modo que la indexación del precio de la gasolina al precio del petróleo y al del dólar obliga a mantener las oscilaciones de la moneda mexicana dentro de márgenes estrechos... o a amortiguar una caída estrepitosa de la divisa nacional mediante un subsidio... o a convivir con una inflación mucho más elevada que la de los últimos 20 años y muy superior a la de nuestro principal socio comercial. Visto que los economistas de Hacienda y del Banco de México entienden esto mucho mejor que yo, lo saben desde hace tiempo. Supongo que habrán escogido cuál de las tres opciones es la menos espantosa, o qué combinación de las tres es la menos dolorosa. Pero son esas: tipo de cambio fijo dentro de una banda; subsidio que puede resultar insostenible; o inflación del doble o más que EU. Podrían decirnos algo, en cuanto a sus preferencias... o –quizás prefieran– ... irse a Basilea.
09 Enero 2017 04:00:00
La pickup de Rosarito
Yo espero que para cuando sea publicada esta nota, el conductor de la pickup amarilla que embistió a un contingente de policías federales en Rosarito, hiriendo a casi una decena de entre ellos el sábado, haya sido detenido. Espero también, por supuesto, que dichos policías se encuentren ya fuera de peligro y que se recuperen rápidamente. No quiero destacar este incidente deplorable más que otros igualmente odiosos que han sucedido durante los últimos días, ni por las víctimas ni por la ubicación en la República, ni por el video especialmente impactante que se ha difundido en las redes sociales.

Subrayo este “evento” porque si bien no puede descartarse que el conductor tenga serios problemas mentales, o iba borracho o bajo la influencia de algún estupefaciente, y por tanto la explicación de su conducta debe encontrarse únicamente en su cabeza, creo que es el reflejo de algo más. De algo mucho más serio y grave hoy en la sociedad y en la psique mexicanas, y que vemos repetirse decenas o centenares de veces todos los días desde que iniciaron las protestas contra el llamado gasolinazo.

Me refiero al reflejo unipersonal, y entre personas en ocasiones de muy escasos ingresos, de la percepción de impunidad generalizada que existe en el país. El conductor de la pickup amarilla embistió a los efectivos de la Policía Federal porque estaba absolutamente convencido de que no le iba a pasar nada si lo hacía. Cometió un acto delictivo, de rabia, imperdonable, que cualquiera puede hacer en cualquier país del mundo pero que muchos no hacen en distintos países del mundo porque le temen a las consecuencias.

No menosprecio la rabia de la gente que saquea tiendas, que bloquea carreteras, que toma instalaciones o pipas de gasolina. Pero debemos preguntarnos por qué esa rabia se transforma en un acto que normalmente no sucedería, todos podemos embestir a policías desde nuestro vehículo, si odiamos a la Policía eso podemos hacer, sobre todo cuando sabemos que tanto civiles como militares armados tienen la instrucción de no disparar salvo si se trata de narcos.

¿Por qué hoy ese conductor actuó como actuó? Insisto, por una simple razón: está convencido de que no lo van a filmar, no lo van a encontrar, no lo van a juzgar y no lo van a sentenciar, y que puede perfectamente atacar con un arma letal –eso es una pickup conducida a cierta velocidad– a policías de manera totalmente impune. Quizás no tenga razón. Pero lo importante es que piense de ese modo y que obre en consecuencia. Es el caso de miles y tal vez decenas de miles de mexicanos que hoy están haciendo lo mismo en distintos puntos de la República.

Podemos detenernos en el aspecto más grave e inmediato de esta protesta: el coraje, la desesperación, la indignación. O fijarnos más bien en una faceta especialmente peligrosa a mediano y largo plazo, que todos hemos detectado en abstracto pero que hoy vemos en la televisión y en las redes sociales cada 5 minutos: amplios sectores de la sociedad mexicana que actúan impunemente, en abierta violación a la ley, a las buenas costumbres e incluso a un principio básico de humanidad. A menos de que consideremos que se despertó el México bronco –yo no lo creo– debemos entender que el desprecio completo de los mexicanos por el estado de derecho sólo tiene parangón en la inexistencia del mismo.
06 Enero 2017 04:07:00
Saqueos, provocaciones y Tlatelolco
Cada vez que se producen fenómenos sociales dispersos, desorganizados, pero hasta cierto punto violentos e ilegales, como los saqueos, bloqueos y tomas de gasolineras o de pipas en los últimos días en México, proliferan las versiones sobre su verdadero “origen”, así como rumores que amplifican el movimiento. No tiene nada de nuevo en México ni en muchas partes del mundo, en ese sentido no hay de que espantarse.

Una diferencia proviene de fenómenos nuevos y viejos típicamente mexicanos. El nuevo son las redes sociales en un país donde no hubo nunca medios impresos de gran circulación -digamos de más de un millón de ejemplares diarios-; donde la televisión llegaba a más de 95% de los hogares pero sin ningún contenido político hasta hace 15 años; donde reinaba un régimen autoritario que a propósito despolitizaba a la gente; y en una sociedad débilmente organizada como pocas en el mundo, las redes sociales de repente se han vuelto un instrumento de politización, de ventilación de quejas, de rabia e intercambio de información como no existía antes. Al mismo tiempo esto se combina en nuestro país hoy con una vieja tradición mexicana propia del sistema sucesorio priista que imperó en México desde 1940 hasta el año 2000: el dedazo. La combinación es explosiva y eso en buena medida es lo que puede estar sucediendo ahora.

La gente cree mucho de lo que ve en las redes sociales, en gran medida por ignorancia, en buena medida por falta de otro tipo de información -radio, televisión, prensa, partidos, sindicatos, congreso, oposición, organizaciones de la sociedad civil- y la reproduce, y eso hace que acciones de pequeños grupos en pocos lugares se vuelvan un fenómeno nacional amplificado por las redes. Este análisis no tiene nada de original pero es evidentemente una parte de la explicación de lo que está aconteciendo. Sabemos que en México existe una tradición de utilizar a provocadores, a infiltrados, a “porros”, y a todo tipo de agentes públicos o privados, para hacer avanzar posiciones políticas.

Yo no creo por un minuto que López Obrador tenga ni la capacidad, ni la voluntad de incendiar al país; lo hará una vez que gane. No antes. Pero sí creo que entre los priistas puede existir una tentación seria de crear problemas para luego resolverlos, al estilo de Luis Echeverría en 1968 o de Manuel Camacho entre 1988 y 1994, y venderle cara la solución al presidente en turno -Díaz Ordaz con Echeverría, Salinas de Gortari con Camacho-.

Estas patadas por debajo de la mesa, o golpes por debajo de la cintura, son lo propio de los aspirantes priistas: siempre lo han hecho así. No debe sorprender a nadie que lo estén volviendo a hacer.

El problema con la posible fusión de estas dos tendencias -lo más arcaico del priismo, lo más moderno de las redes sociales- es que puede colocar a ciertos sectores de la sociedad en un dilema sin solución. Ya un funcionario de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) pidió la intervención del Ejército. Ya hemos visto fotos en los últimos días de patrullas militares protegiendo a distintos comercios, gasolineras o tiendas. Se entiende que empresas y dueños pidan la intervención del Ejército porque al igual que contra el narco, no existe alternativa. Pero al igual que contra el narco, la tentación debiera ser resistida por el Gobierno. Lo peor que podría pasar en México hoy es que hubiera soldados resguardando las instalaciones de Walmart, de Liverpool o de Pemex. No sólo por la patética imagen, sino porque el Ejército no lo sabe hacer. Y si se le coloca en esa situación, esto va a terminar en una tragedia. El 2018 será el 50 aniversario del 2 de octubre.
04 Enero 2017 04:07:00
Ford en SLP:  ¿No que no?
La incredulidad es lo último que muere, no la esperanza. ¡Cuánta gente en México y en Estados Unidos no ha proclamado en los últimos meses que Donald Trump jamás podrá cumplir con sus promesas de campaña! ¡Cuántos expertos y funcionarios de ambos países no nos tranquilizaron, demostrando con sesudos análisis que jamás las grandes empresas norteamericanas sujetarían sus decisiones de negocios a los estados de ánimo del ocupante de la Casa Blanca! ¡Cuántos empresarios no nos explicaron que si Washington aplicaba las equivocadas teorías económicas proteccionistas de Trump, se dispararía en el pie, dañaría a la economía y el empleo norteamericanos, y que por lo tanto jamás sucedería algo por estilo! Y ¡qué pocos fuimos quienes advertimos que convenía tomar a Trump en serio, en todas sus amenazas y promesas, y que el daño para México sería enorme! Ya empezamos.

Después de haber insistido en que no suspendería la construcción de su planta productora del modelo Focus en San Luis Potosí, la Ford Motor Company ayer anunció exactamente lo contrario. Canceló la creación de casi 3 mil empleos, abandonó las instalaciones que pudo haber erigido desde el mes de mayo, y dejó al Gobierno del Estado embarcado con los incentivos y las inversiones aledañas que pudo haber realizado (aunque el Gobierno federal asegura que Ford pagará todo –ya veremos). El Focus se armará en Hermosillo, en la planta instalada en 1985, sin crecimiento de empleo en México.

Aunque Mark Shields, el CEO de Ford, reiteró 15 veces ayer que su decisión no tiene nada que ver con Trump, sino únicamente con los gustos cambiantes del consumidor norteamericano, nadie en sus cinco sentidos le puede creer. Tuve la oportunidad de repetir incansablemente estos meses –entre otras ocasiones, cenando con Juan Manuel Carreras, el Gobernador de SLP, el 12 de mayo– que ningún CEO de Estados Unidos resiste una llamada de la Casa Blanca que empieza así: “Please hold for the President of the United States”. El mandatario no puede realizar mil llamadas análogas, ni poseen la misma fuerza al segundo o tercer año de su mandato que antes de arrancar, pero la presidencia intimida. Me consta, porque trabajé para un Presidente que utilizaba con frecuencia el teléfono. Carrier y Ford son las primeras empresas en doblarse ante las exigencias de Trump, no serán las últimas.

¿Qué hacer? Primero, dejar de contarnos cuentos: la cosa va en serio, y no se trata de un seminario de posgrado de teoría de comercio internacional, de Ricardo a Krugman. Segundo, comenzar a tratar el tema de la convergencia salarial entre México y Estados Unidos con seriedad: mientras la brecha alcance la proporción actual de casi 10 a 1 (ciertamente en parte por el tipo de cambio), seguirán y crecerán las presiones para evitar nuevas inversiones estadunidenses en México (o en China), para re-exportar manufacturas a EU. Tercero: arreglar el tiradero interno de violencia, corrupción y falta de estado de derecho. Se trata de una condición indispensable para atraer inversiones extranjeras destinadas o bien al mercado interno mexicano, o bien para exportar a otras partes del mundo, o bien a Estados Unidos sin depender de los bajos salarios mexicanos.

Si cree uno en las cabañuelas, se nos viene un año horroroso. Primero de enero: gasolinazo. Dos de enero: protestas desorientadas y fútiles. Tres de enero: Ford en SLP. ¿Con qué nos amaneceremos el 4 de enero, es decir, ¿cómo nos irá en el mes de abril?
02 Enero 2017 03:57:00
Gasolinazo caracazo
Casi todo se ha dicho sobre el gasolinazo, y seguramente se dirá mucho más en los días y semanas siguientes. No tiene mucho sentido repetir lo que personas que saben mucho de esto, como Lourdes Melgar y otros, han comentado. Es obvio que conforme importamos más gasolina, conforme se permite la importación por parte de particulares, y conforme se deprecia el peso frente al dólar y/o aumentan los precios internacionales del petróleo, la gasolina, y no hay capacidad ni voluntad de mantener un subsidio que en efecto beneficia a los perfiles de mayor ingreso en el país, es inevitable que los precios suban. Puede uno discutir si subieron demasiado de un golpe el día de ayer; si Peña Nieto prometió que ya no habría gasolinazos –aunque no lo haya vinculado a la reforma energética– y si la Secretaría de Hacienda, con sus dos secretarios hasta ahora, tiene un especial talento para cantinflear y explicar mal las cosas.

Me interesa más tratar de entender la reacción de la ciudadanía en México. Se ha dicho en estos años que la gente en México no se enoja ni se moviliza por temas como la hecatombe de derechos humanos de Calderón, el asalto en descampado de los funcionarios de Peña Nieto en materia de corrupción, la disfuncionalidad de un sistema político paralizado, pero que podría llegarse a molestar si hubiera verdaderos golpes al bolsillo. Aquí hay uno.

En otros países y en otros momentos aumentos –ciertamente mayores– de los precios de la gasolina desataron protestas generalizadas, incluso violentas, que fueron reprimidas a sangre y fuego. Recuérdese el caracazo de Carlos Andrés Pérez en 1989. Ojalá en México no haya esa violencia ni esa represión, pero sí haya una verdadera movilización popular. Me temo sin embargo que no pasará nada.

Es cierto que las clases medias-bajas se verán severamente afectadas por el aumento en los precios de la gasolina y por tanto del transporte y de muchos otros precios vinculados a la energía. Y es cierto que esas clases medias son imprevisibles en su reacción frente a acontecimientos de este tipo. Pero a juzgar por el tipo de idioteces que se han propuesto en estos días –no comprar gasolina los primeros días del año- o cerrar las carreteras en el regreso de vacaciones para generar malestar, difícilmente se puede esperar que haya algo que valga la pena. Ya no sabe uno que resulta más absurdo: pedir como lo hace el presidente del PRI que no se politice una medida tremendamente impopular del Gobierno –como si eso no fuera la chamba de la oposición- o pensar que con acciones individuales el Gobierno dará marcha atrás.

El tema central aquí es que revertir medidas de este tipo requieren de acciones colectivas en la calle y vinculadas a las organizaciones políticas y/o de la sociedad civil realmente existentes. Si los sindicatos no se meten; si los partidos no se meten; si las organizaciones de la sociedad civil no se meten; y si la gente no quiere salir a la calle, no va a pasar nada. Por eso este es el país del “no pasa nada”.
23 Diciembre 2016 04:08:00
¿Videgaray a SRE?
Muchas fuentes bien enteradas, empezando por la columna de Joaquín López-Dóriga, han insistido en estos últimos días en los inminentes cambios en el gabinete, y en particular en la SRE. Se supone que en enero Claudia Ruiz Massieu sería sustituida por Luis Videgaray, y ella o bien iría a Cultura o a algún otro ministerio en donde EPN le seguiría agradeciendo el buen trabajo que ha hecho. Huelga decir que yo no tengo la menor idea de si todo esto va a suceder o no, pero sí puedo especular sobre la lógica de proceder de esa manera.

Se ha vuelto ya una leyenda urbana que Videgaray organizó la visita de Trump a México a finales de agosto, que forjó una relación estrecha con el yerno del nuevo presidente de EU, y es a quien Peña le tiene la mayor confianza para coordinar la multifacética negociación con EU que comenzará en los próximos meses.

De ser así, y si uno acepta como evidente que Peña no está en condiciones de ser quien coordine la negociación de los distintos temas –libre comercio, deportaciones, muro, centroamericanos, droga– con la nueva administración en Washington, pues el personaje idóneo para ello, tanto por la confianza que le tiene EPN, por la supuesta relación que tiene con Trump, como por su propia competencia, sería Videgaray. Si a esto agregamos la tesis falsa, pero muy socorrida, de que Videgaray “acertó” al invitar a Trump a México, pues tenemos ya una argumentación robusta para entender por qué se darían los enroques o cambios en el gabinete.

Pero la verdad es que, si sólo nos atenemos a los temas de EU, no se justifica la sustitución de Ruiz Massieu por Videgaray. No sé si en un mundo ideal Claudia Ruiz Massieu fuera la persona idónea para ocupar ese cargo en esta coyuntura. Pero el hecho es que ahí está, y que ha entendido algo que sus dos predecesores nunca comprendieron: lo más importante que tiene que hacer un canciller en México es ocuparse de EU.

Por otro lado, cualquiera que sea la relación de Videgaray con Jared Kushner, a partir de la confirmación de Rex Tillerson como secretario de Estado, la única interlocución que tendrá la secretaria de Relaciones Exteriores de México con Washington será con él. Amistades, cercanías, afinidades –lo que se quiera– con el yerno de Trump pasa a un segundo plano. Porque lo último que quiere Peña, o cualquier persona sensata, es que el Secretario de Estado de un presidente que no sabe de asuntos internacionales se enoje porque uno de sus colegas –en este caso el mexicano– tiene una relación privilegiada con la familia presidencial.

Por tanto, y como todo esto es bastante obvio, y hasta Peña lo entiende, me parece que si los cambios se dan será por motivos de política interna. De lo que se trata no es de organizar la negociación en paquete con EU –sí creo que Videgaray tenga el talento para hacerlo– sino volverlo a poner en el juego de la candidatura presidencial del PRI. En vista de la enorme mediocridad de todos los aspirantes priistas, no hay ninguna razón por la que Peña pueda pensar que Videgaray fuera peor candidato que los demás. Y tiene una ventaja: es el preferido de Peña y con creces.

Por tanto, conviene ver cualquier posible cambio en la cancillería o en otro cargo, que involucre a Videgaray, no tanto como algo que tenga que ver con Trump, EU y el tsunami que se nos viene encima a partir del 20 de enero, sino con la grilla interna del PRI. Que por cierto es lo único que siempre les ha importado a los priistas.
21 Diciembre 2016 04:00:00
Tijuana: el regreso de la violencia
La ciudad de Tijuana ha sido, en estos últimos años, una especie de buena noticia nacional en materia de violencia. Después de haberse transformado, entre 2010 y 2012, en una de las dos capitales de la violencia en México (la otra siendo Ciudad Juárez), los índices de criminalidad, de homicidios dolosos, de zozobra y desinversión, la urbe fronteriza recuperó su vitalidad y calma. Ahora parece andar por el camino inverso.

Según Animal Político, que cita datos oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública, si en 2010-2012 las cifras de asesinatos se redujeron hasta 270 entre enero y noviembre, en 2015 alcanzó 498, y en 2016, 671 –un aumento de 35%. Se trata de una cantidad similar a la de la Ciudad de México, sólo que con la octava parte de los habitantes. De acuerdo con el sitio citado, Tijuana cerrará el año con una tasa de 45 homicidios dolosos por 100 mil habitantes, la mayor de cualquier ciudad del país con más de un millón de habitantes.

Animal Político recurre a las autoridades estatales de Baja California para buscar una explicación a esta desgracia. Invoca el resurgimiento del conflicto entre los cárteles del Pacífico y de Sinaloa, que se había resuelto a favor del segundo, así como la aparición del Cártel Jalisco Nueva Generación en la plaza, que viene a disputarle a los otros dos su anterior dominación. No hay por qué dudarlo, aunque a primera vista parece insuficiente el razonamiento.

Conviene recordar que la pacificación de Tijuana se solía atribuir a tres factores. El primero fue seguramente la pax sinaloense impuesta por “El Chapo” al derrotar a los otros aspirantes a dominar la plaza. Que se haya logrado con o sin la complicidad activa o tácita de las autoridades resulta indiferente. En segundo lugar, el apaciguamiento de esa zona fronteriza se debió a la política represiva, sanguinaria, violatoria de los derechos humanos, pero eficaz a corto plazo, de Julián Leyzaola, el jefe de la policía de Tijuana –lo fue después de Ciudad Juárez– y de los comandantes de la zona y el campo militar. Nadie en Tijuana ignoraba lo que acontecía en las instalaciones del Ejército; algunos lamentaban las prácticas en cuestión, muchos las aplaudían, debido a los aparentes resultados exitosos que arrojaban. Hoy, supongo que a pesar del desempeño electoral de Leyzaola en junio pasado –quedó en un cercano segundo lugar en los comicios para presidente municipal– muchos se arrepienten de haber creído que el recurso del equivalente de escuadrones de la muerte podía funcionar.

En tercer lugar, el trabajo de José Gallicot y sus colegas en la iniciativa Tijuana Innovadora contó mucho (a diferencia de lo que no se cuenta, pero sí cuenta). No fue sólo la participación del empresariado y de la sociedad civil organizada en las actividades de prevención y pacificación. Importó mucho el desatar un círculo virtuoso de “hablar bien” de Tijuana, para que volvieran los inversionistas y los residentes de la zona de San Diego, y por lo tanto mejorara la economía, y por lo tanto descendiera la violencia.

Todo esto funcionó, hasta que dejó de funcionar. La pregunta pendiente es si la solución para frenar de nuevo la violencia reside en volver a hacer lo mismo, o en aprovechar la legalización plena de la mariguana en California para restarle trascendencia a la plaza. Si nadie pretendiera impedir ya la salida de mariguana a EU –buscando narco-túneles, colocando retenes en las carreteras que conducen a la frontera, quemando sembradíos– Tijuana perdería algo de su significado como plaza. Y lógicamente, bajaría la violencia.
19 Diciembre 2016 04:00:00
Encuentro con líderes migrantes de EU
El sábado tuvo lugar en México un encuentro de líderes migrantes de Estados Unidos. Bajo el patrocinio de la revista Nexos y de La Hora de Opinar, Eunice Rendón, exdirectora del Instituto de Mexicanos en el Exterior, y yo, invitamos a una treintena de activistas mexicanos –algunos también con nacionalidad norteamericana– para exponer su opinión sobre la actual coyuntura en EU, en vísperas de la toma de posesión de Trump.

Joaquín López Dóriga, Héctor Aguilar Camín, Carlos Puig y Javier Tello moderaron las cuatro mesas en las que cada uno de los participantes expuso sus temores, deseos, exigencias, quejas y esperanzas ante lo que López Dóriga llamó una emergencia migratoria.

Aquí sólo quisiera reseñar las respuestas a cuatro preguntas que entre varios les dirigimos a los líderes, partiendo de mi afán incontrolable de acercar a nacionales mexicanos a situaciones binarias, donde nuestra propensión idiosincrática a evitar la toma de partido se dificulta.

La primera abordó el tema de qué hacer ante la detención de un indocumentado en EU: ¿Aceptar la llamada repatriación voluntaria, sin juicio ni detención, y ser devuelto a México de inmediato, o exigir una audiencia, apoyado por un abogado, con alguna posibilidad de ganar, dependiendo de las circunstancias, y sobrecargando el sistema de justicia, pero corriendo el riesgo de una larga detención y de ser fichado? Por una mayoría pequeña, los casi 30 asistentes a la reunión prefirieron la segunda opción.

Poco después, planteamos la disyuntiva de dónde canalizar los posibles recursos adicionales que liberara el Gobierno de México para enfrentar la emergencia migratoria: ¿a impedir las deportaciones, en EU, contratando a más abogados, trabajadores sociales, centros de atención para niños, etc., o a la reinserción de los deportados en México? Por una mayoría un poco más abultada, los activistas optaron por la opción del gasto en México en empleos, capacitación, regularización de oficios y títulos, etcétera.

La tercera pregunta se centró a la propuesta que varios habíamos formulado, incluyendo a Marcela Guerra, la senadora del PRI por Nuevo León. ¿El Gobierno de México debe exigirle al de EU que compruebe, con documentos, la nacionalidad mexicana de cada deportado antes de aceptarlo, o conviene seguir el camino tradicional de realizar el triage en México, a sabiendas que en el primer caso nuevamente congestionamos el sistema de justicia pero que podría haber represalias estadunidenses? Aquí sí, por una muy amplia mayoría (20 vs 1) los invitados escogieron la exigencia de pruebas de ciudadanía mexicana.

Por último, abrimos una alternativa estratégica, al entrar a la discusión del Tratado de Libre Comercio y el tema migratorio. ¿Se debe negociar cada tema –el muro, las deportaciones, el TLCAN– por separado, como se ha hecho casi siempre, para que los demás asuntos no contaminen lo esencial, a saber, lo económico? ¿O ya es hora, como lo sugirió Rafael Fernández de Castro, de negociar todo en paquete? Por 12 votos contra 8 y varias abstenciones, los activistas se pronunciaron por separar los temas, aunque algunos cambiaron de opinión durante la discusión.

Se trató de un ejercicio simplista, maniqueo y de menor importancia frente a los demás debates y deliberaciones del encuentro, pero que resultó útil. Entendimos un poco mejor los mexicanos de aquí como piensan los de allá. Supongo que el Gobierno ya levantó una amplia batería de estudios “cuali” y “cuanti” mucho más rigurosos que le permitan tomar decisiones bien fundamentadas.
16 Diciembre 2016 04:07:00
La crisis financiera
Durante una conferencia que organicé en la Universidad de Nueva York a principios de esta semana sobre las implicaciones de la elección de Trump para México y América Latina, el exsubsecretario de Estado para asuntos hemisféricos, Arturo Valenzuela, comentó que le preocupaba más, en el caso de México, la situación financiera que el muro, las deportaciones o el TLCAN. Esta sorprendente afirmación en realidad tiene mucho sentido y puede resultar ser cierta. Por desgracia.

En efecto, Valenzuela y muchos han pensado en estos últimos días que se puede desatar una tormenta perfecta en las semanas y meses venideros que afecte seriamente las finanzas internacionales de nuestro país.

Un primer paso ya se dio el miércoles: la previsible y esperada subida de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos. El Banco de México, con toda razón, siguió al día siguiente con un alza del doble de la de la FED, sobre un porcentaje ciertamente más alto.

Pero esta no será ni mucho menos la última elevación de tasas por el banco central norteamericano y cada una de ellas repercutirá sin duda no sólo sobre las finanzas públicas mexicanas sino también sobre la fortaleza o debilidad del peso.

Una segunda consideración que se ha contemplado abarca el posible programa económico de Trump. Si en efecto lleva a cabo una reducción importante de impuestos, como lo ha prometido; si lanza un gran programa de gasto público en infraestructura; si en efecto estas medidas fortalecen aún más al dólar, aunque a la larga debiliten la posición externa de EU, esto también va a generar presiones muy fuertes para México.

Un dólar fuerte frente al resto del mundo también lo es y quizás de manera primordial frente al peso mexicano. Un tercer elemento en el que insistió Valenzuela con toda razón es que se vislumbra ya en el horizonte una suspensión de pagos o default de Venezuela, ya sea a finales de este mes, ya sea durante el primer trimestre del año entrante.

El calendario de pagos de ese pobre país es infernal y simplemente no existen las reservas ni el acceso a créditos internacionales para cumplir. Si bien México obviamente no es Venezuela, un default de esa magnitud afectaría a los mercados emergentes en general y por tanto a México también.

Y Valenzuela, recordando su experiencia en la Casa Blanca en 1995, evocaba el último factor que podría complicarnos enormemente la vida. Se trata desde luego de la salida de capitales de México cuando surge una situación como la hasta aquí descrita.

Si a ello se agrega la inevitable incertidumbre vinculada a la renegociación (o no) del TLCAN; la construcción (o no) del muro; las deportaciones masivas (o no) de cientos de miles de mexicanos sin papeles en EU, es posible que inversionistas e incluso ahorradores mexicanos prefieran salirse de pesos, aún con un dólar carísimo, para evitar pérdidas ulteriores.

Si esto no nos hubiera sucedido tantas veces en el pasado no nos preocuparía. El problema es que ya hemos visto la película.

No existen buenas opciones para el Gobierno frente a este panorama. En parte es producto del manejo de la economía estos últimos cuatro años; en parte tiene que ver con factores totalmente ajenos a esa gestión cuestionada.

Pero en efecto, antes de todos los demás peligros que representa Trump para México, está este. Y por si faltara algo más, las elecciones presidenciales del 2018 y la creciente probabilidad de que gane López Obrador.
15 Diciembre 2016 04:00:00
Ya hay gabinete de Trump para México
Con la designación de su secretario de Estado, Trump prácticamente concluye el proceso de integración de su gabinete presidencial. Faltarían un par de designaciones, ambas inminentes: la del número dos en materia internacional, en principio el exembajador ante la ONU John Bolton, y el representante especial para Negociaciones Comerciales (USTR), Dan DiMicco, el exempresario acerero. Con estos dos nombramientos quedaría ya integrado el equipo encargado de todos los temas en la agenda de Washington con nuestro país.

El panorama se antoja desolador, pero es el que es. Ya no hay muchos motivos de especulación, aunque quienes sigan prefiriendo postergar decisiones y medidas de México frente, ante y contra Trump, encontrarán excusas para perseverar en la pasividad y la espera indefinida. Algunos nos recordarán sabiamente que los miembros del Gobierno aún no han sido designados, que el Senado puede rechazarlos, o que algún milagro intervendrá para evitar que hagan lo que han dicho que harán. Cada quien…

El problema es que, si bien es factible que todas estas acciones de Trump sean ocurrencias o puntadas, también cabe en la fatalidad que haya un “método en su locura”. No es imposible que la designación de enemigos de dependencias federales para encabezarlas (el caso de la Agencia de Protección Ambiental, del Departamento de Energía, de Comercio) o de quienes se identifican con grandes cambios en el rumbo que EU debe seguir (Seguridad Interior, Departamento de Estado, Procuraduría, Consejo de Seguridad Nacional) refleje una postura congruente y hasta democrática de Trump. Suena absurdo, pero…

Al iniciar su mandato, Barack Obama le respondió así a un grupo de legisladores de oposición que le cuestionaban su fervor en defender sus causas: “Las elecciones tienen consecuencias, y yo gané”.

Tenía razón. Para eso son las elecciones: para cambiar de rumbo, incluso radicalmente, si eso desea el electorado que se pronunció por el candidato ganador. Trump prometió muchas cosas durante su campaña, y ahora ha conformado una administración pública que corresponde en buena medida a dichas promesas.

Si a diferencia de Obama, Trump afirmó durante la campaña que el adversario o rival más importante de Washington es China, no Rusia; que en Medio Oriente el problema no es Siria ni El-Assad, aliados estrechos de Moscú, sino ISIS, pues cobra mucho sentido verse acompañado de un encargado de relaciones exteriores amigo de Rusia, es decir, de Putin. Si se comprometió a construir un muro en la frontera, y ser draconiano en el empeño por cerrarla ante migrantes y drogas, se entiende que nombre en Homeland Security a un general de los Marines, exjefe del Comando Sur, conocido por su línea dura en estos menesteres.

Sé que la esperanza nunca muere, pero también que el tiempo pasa. Quienes en México dijeron desde un principio que Trump no podría ser el candidato republicano, que no podía ganar la elección y pensaron que no conformaría un gabinete esencialmente afín a las ideas que propuso durante la campaña, ahora dirán que ese gabinete no va a durar, no va a ser ratificado y que va a verse maniatado por la burocracia norteamericana y el Congreso. No lo creo. Al contrario.

Esto es lo que hay y esta gente va a escoger segundos y terceros también afines a las promesas de campaña de Trump y las van a cumplir. Ya es hora de decidir cómo responder, como sociedad, Gobierno, empresariado, academia, e intelectualidad. No tiene mucho sentido seguir esperando.
12 Diciembre 2016 04:07:00
Cienfuegos y la guerra
Las declaraciones del general secretario de la Defensa la semana pasada, en vísperas del décimo aniversario del inicio de la guerra del narco, han recibido una gran publicidad y han sido objeto de múltiples comentarios. Van desde la sorpresa ante un lenguaje de vigor y franqueza inusitados, hasta porras medio hipócritas de los Calderón y los lugares comunes habituales de López Obrador. De las muchas ideas manifestadas por Salvador Cienfuegos me llaman la atención dos, aunque desde luego habría varias tesis adicionales dignas de comentar.

La primera abarca el tema del marco jurídico que quisiera la Sedena que regulara sus actividades en materia de seguridad pública o interior, y en particular su participación en la guerra contra las drogas. El militar da la impresión de que se resolvería una parte importante del dilema, que él mismo describe a propósito de sus 10 años en combate, con una nueva legislación apropiada. Es hasta cierto punto lógico que Cienfuegos cometa el mismo error, o caiga en la misma ilusión, que sus colegas en este gobierno, o que miles de integrantes de la clase política mexicana desde tiempos inmemoriales. Con una nueva ley, todo se arregla.

Huelga decir que se trata de una falacia. El problema de las Fuerzas Armadas hoy, y desde finales de 2006, yace en otro ámbito. Se trata de la orden aberrante de un comandante en jefe legal y legítimo, que están obligados a seguir, y que sin embargo le ha causado un enorme daño al país  y a la institución castrense. En efecto, no existe marco jurídico en el cual se pueda insertar el acatamiento de esa instrucción, pero el problema no es el marco, sino la orden. La de entonces, y su perpetuación en este sexenio.

No hay manera de evitar que el Ejército y la Marina violen derechos humanos, incurran en desapariciones forzadas o en ejecuciones extrajudiciales (ver el último caso en Veracruz), y se sobregiren al tratar de atender exigencias excesivas dado el presupuesto que reciben, la historia que tienen, y los resultados alcanzables.

La alternativa para este secretario de la Defensa, y para el que lo suceda (ojalá por fin un civil), es infame. O bien cumple con una instrucción absurda, insostenible, sangrienta y condenada al fracaso, como los obliga su lealtad; o bien le explicaba a su superior jerárquico, hace 10 años y anoche, que esa misión es imposible, que no pueden ni deben cumplirla, corriendo el riesgo de poner en peligro el mando civil.

La segunda reflexión se refiere a las policías municipales y estatales. Cienfuegos acierta cuando lamenta que en esta década no se ha construido una red de autoridades civiles en los estados y ciudades que permitan el regreso de los militares a los cuarteles. Donde se equivoca (con ingenuidad o malicia) es en dar la impresión de seguir pensando que algún día existirán esas policías. No es cierto, o en todo caso, tendría que explicar por qué lo que no ha sucedido en 10 años, sí va a suceder ahora.

No existe ninguna posibilidad de crear policías municipales o estatales competentes, honradas, bien formadas y equipadas. Salvo en tres o cuatro entidades federativas. El mito del federalismo mexicano sirve para los ritos y la oratoria de plazuela de jilgueros de sexta; no hay que creérselo, general secretario.
05 Diciembre 2016 04:07:00
Nosotros y los centroamericanos
De acuerdo con varias versiones recientes, después de las elecciones en Estados Unidos, se ha producido un incremento significativo en el número de migrantes centroamericanos, en particular, del llamado triángulo del norte, que han emprendido el peligroso y caro camino hacia ese país. De acuerdo con estas versiones, se trata de familias enteras.

De ser el caso, se trataría de un fenómeno bastante lógico. Trump ha dicho que va a construir su muro, y sería sensato que personas que tienen la intención algún día de irse a Estados Unidos, desde el Salvador, Honduras o Guatemala, decidieran emprender el viaje desde ahora, justamente antes de que se erija dicho muro.

En vista de que la violencia en esos países sigue, tendría mucho sentido que las personas aterradas por la situación en sus países, decidieran irse, estando aún Obama en el poder.

Algunos recordarán que cuando se produjo la primera ola de menores de edad no acompañados, buscando llegar a EU en julio del 2014, el Gobierno de EPN decidió aceptar la solicitud de la Casa Blanca de cooperar para detener el flujo. La lógica de hacerlo era razonable.

Se trataba de evitar que se desatara una histeria antiinmigrantes en EU, justo cuando parecía posible legalizar a millones de indocumentados. Dicho eso, EPN, con el paso del tiempo, desistió de adoptar cualquiera de las dos actitudes más factibles o más viables para cualquier país atrapado en esta situación.

Hubiera podido decidir que para México la mayoría de las personas que proceden del triángulo del norte son personas que huyen ante un temor bien fundado de persecución, por sus vidas, sus bienes, sus comunidades, etc. Es decir, refugiados, y que deben ser tratados como tales. Que no deben ser deportados, que deben ser protegidos en campamentos de refugiados bajo la supervisión del alto comisionado para Naciones Unidas de Refugiados, ACNUR, y en todo caso que al término de 30 días o más, deben abandonar el país hacia donde ellos quieran: EU o su país de origen.

La otra posibilidad era adoptar la actitud de Turquía. Cuando la canciller Merkel le pidió al presidente Erdogan, hace poco más de un año, que detuviera el flujo de refugiados sirios y afganos hacia la Unión Europea, el cínico de Erdogan respondió afirmativamente, pero con varias condiciones.

Pidió que se reanudaran las pláticas entre Turquía y la UE para el acceso de Turquía a la misma, que se eliminara el requisito de visas para nacionales turcos que viajaran a Europa, 6 mil millones de euros al año para atender a los refugiados que permanecieran en territorio turco, y una especie de programa de uno por uno con la UE; por cada refugiado que Turquía aceptara de Siria o Afganistán, la UE aceptaba un inmigrante turco.

No tiene el menor sentido que México le siga haciendo el trabajo sucio a EU, con Trump como su presidente, si éste quiere construir muros, deportar a mexicanos, o revisar el Tratado de Libre Comercio.

Por eso tendría tanto sentido que este tema, es decir, el detener a los centroamericanos en la frontera sur, o dejarlos pasar libremente hacia la frontera norte, debe ser una de las fichas de negociación que México puede usar ahora con Trump. No hacerlo es pecar de cobardía, de ignorancia o de desidia. Por desgracia estos tres atributos no parecen escasear en el Gobierno actual.
02 Diciembre 2016 04:07:00
1ª promesa de Trump: cumplida
Todas las críticas al arreglo que le impuso Donald Trump a United Technologies –Carrier– de suspender la transferencia de por lo menos mil empleos de Indiana a Monterrey son válidas. Se puede convertir esto, a través del síndrome de daño moral, en un incentivo para que otras empresas norteamericanas chantajeen al Ejecutivo, amenazando con irse a México y luego pactando incentivos, subsidios, apoyos de diversa índole.

No es una política generalizable: Trump no puede hablarle personalmente, o a través de su vicepresidente, a los ejecutivos de todas las empresas que piensen venir a México. Además, es cierto que ya hay una planta de Carrier en Monterrey, y que algunos de los empleos de Indianápolis sí se trasladarán a la Sultana del Norte.

Asimismo, a la larga, es probable que la empresa de aires acondicionados pierda competitividad frente a sus rivales de Corea del Sur, y que otras empresas, en otros rubros, también verían mermada su capacidad de competencia ante rivales de otros países.

Y, por último, es un hecho que los presidentes no deben intervenir en el funcionamiento del mercado más allá de ciertos límites, no como política general, y mucho menos en escoger a ganadores y perdedores como parece estarlo haciendo Trump.

Todas estas críticas, así como las que podrían sumarse subrayando que esto sólo le hace daño a EU y no a México, pueden ser ciertas. Y Trump estará pensando: ‘que digan misa’. El hecho es que, a menos de un mes de las elecciones, tratándose del caso emblemático de la transferencia de empleos de EU a un país con el cual Washington tiene un acuerdo de libre comercio, el presidente electo paró buena parte de la pérdida de empleos.

El hecho es que cumplió incluso antes de tomar posesión, con una promesa de campaña. El hecho es que llevó a cabo un evento en la propia fábrica, con los trabajadores de la misma, donde no sólo anunció el acuerdo, sino que dijo que no permitiría que otros empleos se fueran a México, y que el TLCAN es el peor acuerdo que haya firmado EU en toda su historia.

Para todos aquellos que pensaban que Trump era puro jarabe de pico, creo que sería tiempo de despertar. Si hay un solo tema sobre el cual Trump parece tener ciertas convicciones, es el proteccionismo o sus críticas a los acuerdos de libre comercio.

Ha sido su postura desde hace más de 30 años. Y además sale barato. El chistecito de Indianápolis le costará a alguien (probablemente al Gobierno del estado de Indiana y a la ciudad) 700 mil dólares al año: una bicoca.

Políticamente lo podrá criticar la izquierda –Bernie Sanders– y la derecha –los llamados libertarios o partidarios del libre mercado–, en términos de propaganda, del impacto mediático de una promesa cumplida, de las tomas con los trabajadores y la entrevistas con los mismos, es inmejorable la jugada de Trump.

Supongo que todo esto lo discutió largamente Peña Nieto en La Habana con colegas de gran visión e inteligencia como Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales, Salvador Sánchez Cerén, y el mayor de todos ellos, Raúl Castro. Supongo que volvió de la capital cubana y de la glorificación de Fidel Castro con ideas muy precisas sobre cómo enfrentar el primer gran éxito de Trump en esta materia.

Ojalá así sea. Porque si no, no quiero ni pensar cuántas más plantas suspenderán sus proyectos de inversión en México. La siguiente que probablemente esté en la mira sea la de Ford en San Luis Potosí. Ya veremos qué pasa.
30 Noviembre 2016 04:07:00
La Fiscalía: pase automático y chamaqueada
Mientras acompaña a los presidentes del ALBA –incluyendo a grandes estadistas como Daniel Ortega y Nicolás Maduro- y a uno que otro dictador tropical, el presidente Peña Nieto tuvo el tino de replegarse en su absurdo intento de imponer al próximo fiscal General de la Nación. Ojalá tuviera el mismo instinto para los asuntos externos, que simplemente no se le dan.

Como ya se ha explicado por comentócratas más versados en el asunto que yo, las reformas constitucionales (con sus transitorios) que crean la Fiscalía General prevén, por ahora, que quien ocupe el cargo de procurador General de la República en el momento de aprobarse la legislación secundaria correspondiente, en automático ocupará el cargo de fiscal durante nueve años. En otras palabras, como estaban las cosas Raúl Cervantes, el recién nombrado y ratificado titular de la PGR, de mantenerse en el cargo hasta que se aprobaran las leyes secundarias, se convertiría en el primer fiscal General, y lo sería bajo Peña Nieto y sus dos sucesores. Casi tan buena chamba como la que originalmente buscó Cervantes: Ministro de la Suprema Corte.

Cervantes no alcanzó esa responsabilidad, en parte porque se gestó una reacción vigorosa y oportuna de organizaciones de la sociedad civil para cerrarle el camino. Ahora ha sucedido de alguna manera lo mismo.

Varios activistas, académicos, columnistas y hasta algunos legisladores o líderes de partidos se han opuesto al llamado “pase automático” de Cervantes. Sostienen, con algo de razón, que alguien tan cercano al PRI y a Peña no ofrece las garantías necesarias de autonomía. Han considerado, también con algo de razón, que su designación obedece más bien al propósito de cubrirle las espaldas a EPN y a sus colaboradores una vez que abandonen el Gobierno, y no a construir una Fiscalía que no sea un mero gato
revolcado de la PGR. Le ganaron las vencidas a Peña.

El problema es que la iniciativa de ley enviada ayer por EPN, casi desde La Habana, y que deroga el “pase automático”, permite que el procurador en funciones participe en la “contienda” para fiscal. Cervantes podrá ser candidato, siendo titular de la PGR. De suerte que si los partidos de dizque oposición –PAN y PRD– vuelven a someterse a Los Pinos y al PRI, volverán a votar por Cervantes. Lo harán porque el sistema de cuotas y cuates del Senado –muy en particular– es parte de la profunda corrupción que arrastra la partidocracia. Cervantes fue procurador, y ya iba a ser fiscal no porque Peña lo quiso, sino porque el PAN y el PRD lo aceptaron.

De allí el problema del activismo de la sociedad civil, cuando no desemboca en cambios electorales, tanto en el legislativo como en la presidencia. Los chamaquean los
feroces grillos de la partidocracia.

Así les sucedió con el Sistema Nacional Anti-Corrupción, así les ocurrió con la Fiscalía, y así les acontecerá con la otra Fiscalía: la de Anti-corrupción. Elecciones sin una sociedad civil organizada, potente y dotada de recursos, no bastan para cambiar a un país. Pero una sociedad civil renuente a comprometerse en el proceso puro y duro de las contiendas electorales, tampoco.
28 Noviembre 2016 04:08:00
AMLO y Fidel: gigantes
La gran mayoría de los obituarios de Fidel Castro fueron escritos hace 10 años, y no hay mucho que agregar a los juicios ya formulados. Fue un personaje central de la historia latinoamericana del siglo 20, y un referente para la izquierda mundial hasta la caída del socialismo en 1989.

Dejó un legado desastroso en su país, tanto económico (estancamiento perpetuo), político (una dictadura dinástica), social (la prostitución como modo de vida para muchas, y el desempleo mal pagado para todos), e internacional (pasar de la tutela de EU a la dependencia completa ante la URSS, para acabar en los brazos de Nicolás Maduro).

Unos le endilgan la culpa de estos males al bloqueo y al imperialismo, otros a la megalomanía castrista; unos dicen que ese fue el precio a pagar por la “dignidad”, la educación y la salud; otros, que el pueblo cubano nunca fue consultado sobre su disposición a asumir ese costo, y que los presuntos logros educativos y de salud no resistirán la prueba de una evaluación externa. Cada quien sus cubas.

Por eso resulta más interesante reflexionar sobre las reflexiones poscastristas de algunos actores políticos, sobre todo aquellos que se descuidaron, por un motivo u otro –prisas, cansancio, indiferencia–.

Andrés Manuel López Obrador siempre ha procurado disimular su castrofilia. En 2006 y 2012, respondía a las preguntas sobre su afinidad con Chávez y Castro, que no los conocía. Quienes sí conocíamos a AMLO, sabíamos que consideraba a Fidel Castro el líder latinoamericano más admirable del siglo 20; así se lo confesó a García Márquez en casa de un amigo común ya fenecido. Pero ahora se deschongó.

La revista Proceso publicó el sábado una nota con sus declaraciones en Colima sobre Fidel Castro. La reproduzco tal cual: “Nosotros sí reconocemos a quienes luchan por la dignidad y la independencia de los pueblos; para nosotros el comandante Fidel Castro es un luchador social y político de grandes dimensiones, porque supo conducir a su pueblo y alcanzar la auténtica, la verdadera independencia”. Externó su reconocimiento a Fidel Castro, a quien caracterizó como “un gigante” que “está a la altura de Nelson Mandela”. En el caso de Cuba, el dirigente nacional de Morena recalcó que a pesar de todas las adversidades, “se mantuvo hasta ahora, después de décadas, como una nación libre, independiente y soberana.”

Primer punto: AMLO considera a Castro como el equivalente de Mandela: personaje y un demócrata, admirable universalmente. El término “gigante” no es neutro o dimensional: es de admiración.

Segundo punto: Cuba, según AMLO, es y ha sido desde 1959, un país libre, independiente y soberano. En otras palabras, la subordinación completa ante la URSS, y la dependencia total frente a Chávez y Maduro, no amenazan la soberanía isleña; sólo la pone en el peligro la relación con EU.

En cuanto a “libre”, lo importante es que Washington no mande. Deja de importar si hay libertades en Cuba: individuales, de prensa, sindicales, electorales ¿AMLO considera que Cuba es un país libre en ese sentido?

Castro es un político de “grandes dimensiones”: normalmente los seres humanos buscamos emular a las personas imbuidas de grandeza. O sea, AMLO quisiera emular a Castro: ser como él. Y lo admira –se entiende– porque “supo conducir a su pueblo”. Esa sabiduría, hasta donde yo entiendo, se ha traducido en un liderazgo autoritario, represivo, personal y dinástico.

¿Eso es lo que quiere AMLO para México? ¿Puede separar tan fácilmente su veneración por Castro de sus intenciones mexicanas? ¿En verdad basta la muletilla y el lugar común de que México es México y Cuba es Cuba? Destape a la española.
25 Noviembre 2016 04:07:00
Trump, demócratas y valores
Quisiera compartir un par de reflexiones propositivas sobre lo que México podría hacer para enfrentar la tormenta de Trump. La primera tiene que ver con el tema de los valores, que puede ser uno de los ejes que conduzca la postura mexicana –sociedad y Gobierno–, aquí y en EU, en estos años.

Con toda la hipocresía que se quiera, EU ha sido la cuna, el baluarte y un actor importante de la defensa de los valores de occidente. Estos hoy se ven amenazados por Trump y por algunas personas de su equipo. México puede volverse uno de sus defensores, quizás el primero, por ser nosotros los más afectados por Trump.

¿A qué valores me refiero? Para empezar, los derechos humanos y la democracia, y el combate a todas las posturas que los contradicen: el racismo, la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el antisemitismo. El orden jurídico internacional existente, las organizaciones multilaterales y regionales que lo acompañan, las ideas aún exageradas de libre comercio, libre circulación de bienes, capitales y personas, el derecho internacional humanitario, son banderas que México podría adoptar y transformar en la punta de lanza de la resistencia contra las posturas de Trump.

Habrá muchos países que nos acompañen tanto en América Latina como en Europa, pero al final tenemos que ser nosotros los primeros en levantar la voz a favor de estos valores. Muchos se preguntarán quiénes somos nosotros para hablar de derechos humanos. Hay algo de cierto en eso, pero si dejamos atrás las guerras absurdas de Calderón-Peña y las consiguientes violaciones a los derechos humanos, tal vez sí podamos hablar de ellos.

La otra reflexión tiene que ver con las opciones que tenemos en EU. En la normalidad histórica de la relación entre ambos países, nuestra relación privilegiada tiene que ser de modo inevitable con el Poder Ejecutivo, y dentro del Poder Legislativo con quienes detentan la mayoría en ambas cámaras. Pero en estas circunstancias puede ser más sensato, audaz y viable dejar en una especie de stand by la relación con el Ejecutivo, salvo en lo que sea absolutamente indispensable, y buscar aliados entre las fuerzas opositoras a Trump para poder defendernos en los años siguientes.

¿A quién me refiero? Primero, al derrotado Partido Demócrata, tanto en sus liderazgos visibles como entre sus representantes en el Congreso, en las gubernaturas, alcaldías y otros puestos de elección popular. En seguida, a los sectores hispanos, tanto de segunda o tercera generación, así como los ciudadanos mexicanos en EU con o sin papeles. Otros sectores importantes son la Iglesia católica, la comunidad judía y algunos sindicatos que si bien pueden no ser aliados nuestros en los temas del TLC, sí lo pueden ser en los migratorios y de deportaciones. Y, en general, a todos los demás sectores liberales en EU: la mayoría de los medios de comunicación, universidades, fundaciones y todas las organizaciones de la sociedad civil norteamericana.

¿Se molestarán los republicanos y el propio Trump con esto? Probablemente sí ¿Realmente tenemos alternativas? Probablemente no. Algo similar ocurrió entre México y EU a propósito de Centroamérica entre los años 80, cuando empiezan a terminar las guerras centroamericanas. Los gobiernos de López Portillo y de De la Madrid terminaron hablando más y sintiéndose más cercanos a todos los sectores opositores a las guerras de Reagan en Centroamérica que con el Ejecutivo de EU. Los secretarios de Relaciones Castañeda y Sepúlveda llevaron a cabo ese acercamiento ciertamente en algo menos directamente decisivo para México como eran las guerras en esa región. No es una mala lección que podría ser muy útil ahora para México y este Gobierno.
18 Noviembre 2016 04:07:00
Trump y 2018
Es evidente que las elecciones en Estados Unidos surtirán algún efecto en las de México en 2018. Por el momento sólo existen reacciones de bote pronto, más o menos fundadas. Por ejemplo: que la derrota de Hillary Clinton debilita a Margarita Zavala Calderón, no sólo porque el pase de la batuta matrimonial no es bien visto en ninguna parte, sino también porque el electorado mexicano –por buenas y malas razones– tal vez no la vea con las dimensiones necesarias para enfrentar a Trump. Por ejemplo: si cualquier candidato de Peña Nieto y del PRI estaba condenado a perder el magro crecimiento económico del próximo año y de la primera mitad de 2018 lo golpeará más todavía. Por ejemplo: la extensión a EU de la ola anti-globalizadora, anti-sistémica, anti-clase política tradicional, puede contagiar a México, y favorecer a AMLO. No porque él represente una opción anti-sistémica –no hay nadie que pertenezca más a la partidocracia mexicana de nuestro sistema político que él- pero porque la gente así lo considera.

Lo más interesante, sin embargo, yace en un posible cambio de las actitudes y preocupaciones de los votantes en México. El electorado mexicano nunca se había interesado realmente en asuntos de política exterior…hasta ahora. Las glorias y desventuras de las relaciones internacionales de México eran un asunto de élites, y más bien incluso de especialistas.

Caracterizar el exterior como un espacio de oportunidades o una palanca de desarrollo, nunca atrajo mayormente la atención del ciudadano de a pie. Pero si éste último percibe al exterior como una amenaza, real o en potencia, la actitud evidentemente cambiaría.

Dependiendo de la coyuntura y del país, docenas de líderes han basado exitosamente sus campañas y sus gobiernos en consideraciones geopolíticas y de política exterior. Nunca había sido el caso en México. Ahora podría ser diferente porque el electorado puede ver en esta coyuntura, de manera directa y tangible, el impacto que la política exterior tendrá en política interna e intuye, quizás por primera vez, que su empleo, su vida cotidiana, su ingreso, su seguridad, dependen en una gran medida de lo que sucede en EU, y de cómo el gobierno de México se conduzca frente a los retos que de allí emanan.

De todos los pre-pre-pre candidatos mencionados hoy en las encuestas, sólo dos encierran la más mínima experiencia internacional y de estudio o trato directo con Estados Unidos y su gobierno: José Antonio Meade y un servidor. Lo demás es Cuautitlán.

Desde el sexenio de Salinas, el país se ha abierto cada vez más al mundo y se ha vuelto cada vez más sensible al exterior. Al mismo tiempo, cada presidente ha tenido menos “mundo” (o ha sido más aldeano) que su predecesor. Si él o la siguiente son los que están en la palestra se acentuará la tendencia. Antes no importaba. Hoy sí.

Un poco como en EU, los mexicanos estamos enojados y ahora también asustados. México necesita liderazgo para la era de Trump (que puede durar hasta 2024). En esta coyuntura, dicho liderazgo, antes que prometer otra cosa, debe poder defender a los mexicanos de las amenazas del exterior, con algo más que la repetición fatigosa de lugares comunes o abstracciones.
16 Noviembre 2016 04:05:00
Trump, TLC y crecimiento
Puede ser un poco simplista, pero en escritos anteriores o conferencias he insistido en una tesis en materia de inversión y crecimiento. Si queremos crecer al doble del promedio de los últimos 20 años (2.3%), nuestra tasa de inversión promedio de estos años (21% del PIB) debe subir por lo menos 5 puntos porcentuales. También habría que elevar la productividad de dicha inversión, ya que, a los niveles actuales, el incremento tal vez no sea suficiente.

Basta ver el comportamiento de la inversión pública (la más baja como proporción del PIB en décadas), y de la inversión privada mexicana para entender que el aumento de 5% –casi 60 mil millones de dólares adicionales al año, difícilmente provendrá de estas dos fuentes. Los grandes conglomerados mexicanos como América Móvil, Bimbo, Cemex, Alfa, Femsa, Coppel, Televisa, han desarrollado planes de negocios que entrañan fuertes inversiones fuera de nuestras fronteras. Enhorabuena la globalización de las grandes empresas mexicanas, ya que a la larga implica empleos y progreso para México. Pero no pensemos que pronto se reorientarán hacia el país, ni para un mercado interno estancado, ni para exportar a nuestro único mercado de exportación: Estados Unidos.

De ahí que por lo menos tres de los cinco puntos del PIB deberán provenir de la inversión extranjera directa (IED), que se ha estancado en poco más de 2% del PIB desde hace varios años. Casi habría que triplicarla (que sólo nos llevaría al rango de varios países latinoamericanos), para crecer al 4-5% anual. Y aquí entra Trump en la ecuación.

El TLCAN le dio un empujón inicial a la IED en 1994, que posteriormente se detuvo durante los siguientes 20 años. Si Trump reabre el TLC y México y Canadá aceptan una renegociación que podría tardar un par de años (ya no se puede incorporar al TPP, ya que éste murió con la elección de Trump), no sólo no aumentará la IED en los montos necesarios, sino que probablemente disminuirá hasta que los “tiradores” sepan exactamente cómo quedó todo. Abrir el TLCAN es abrir la puerta a esa incertidumbre y condenarnos a seguir creciendo al mismo 2% de EPN.

Aquí hay una disyuntiva. Podría México, como parece haberlo decidido el Gobierno de EPN, aceptar la idea de la renegociación y esperar que todo salga bien en relativamente poco tiempo. Esto parece poco probable, aunque sólo fuera porque el equipo de Trump en esta materia difícilmente habrá definido sus líneas rojas y sus propuestas por ahora. El encargado de estos temas, el exempresario relativamente proteccionista Dan DiMicco, tiene por lo menos la ventaja de saber que él será seguramente la cabeza del equipo negociador con México y Canadá. Pero es altamente probable que se trate de un proceso muy prolongado, durante el cual, se detendrán las inversiones de EU en México y las de Europa y Japón con miras a la exportación desde México.

Otra posibilidad consiste en negarnos a reabrir la negociación y obligar a EU a limitarse a abrir un diálogo sobre qué más podemos hacer en materia comercial y demás entre los tres países, pero en un nuevo instrumento jurídico, que no modifique el existente o, de plano, que EU invoque la cláusula de salida del TLC con seis meses de anticipación. Esto último sería muy dañino para México, aunque de alguna manera sería decirle a Trump que a ver si como ronca duerme.

Para todos aquellos que piensan que no pasa nada con Trump, les sugiero que reflexionen sobre este tema. A menos de que crean que también en materia del TLCAN Trump se va a rajar porque le caemos bien.
14 Noviembre 2016 04:00:00
Peña, Trump, los cubanos y los votos
Para seguir con la infinita especulación sobre los comicios norteamericanos, van tres reflexiones adicionales. Una sobre Peña y Trump; otra sobre Obama y Cuba; la tercera sobre la amplia victoria de Clinton en el llamado voto popular.

Si la absurda invitación de EPN a Trump, y el ignominioso recibimiento que le dio, fue para lograr una ventaja comparativa mexicana por si ganara el magnate, no funcionó. Conviene recordarlo: EPN hubiera podido hacer lo mismo que el Presidente de Egipto o el Primer Ministro de Israel. Podía ver a Trump y a Clinton en Nueva York en el contexto de la Asamblea de la ONU.

Su gente temía una tormenta financiera en México, e invitaron a Trump para evitarla. Sólo que el peso se depreció casi 14% en tres días, más que cualquier otra moneda del mundo, y más que la mexicana en cualquier otro momento desde 1994. La Bolsa cayó 7.2% la semana pasada; el Dow Jones, al que siempre sigue el IPC, subió 2.8%. ¡Que buen blindaje!

Si el oso de Videgaray fue para establecer comunicación con Trump, quienes no lo invitaron a sus respectivos países también lo lograron. Durante las primeras 48 horas después de su elección, el nuevo mandatario de EU habló con los ejecutivos de la India, Irlanda, Turquía, Japón, Egipto, Israel, Australia, Corea del Sur, Alemania y Reino Unido. Este jueves, el jefe de gobierno japonés será el primer colega de Trump en reunirse con el, en Nueva York. Trump no fue invitado a Tokio durante la campaña.

Clinton se llevó el voto Latino o Hispano por casi 40 puntos porcentuales a nivel nacional. Pero en Florida, su margen se redujo a 25-30%. La razón: los cubano-americanos. El 54% –o casi el 60% según algunas encuestas– de los mismos votaron por Trump, siendo que en 2012 y 2008 lo hicieron mayoritariamente por Obama: el cambió fue de 12 %. Según un analista latino, Clinton, quien perdió el estado por 125 mil votos sobre 9 millones emitidos, vio crecer el apoyo cubano a Trump por 20 puntos durante las últimas dos semanas de la campaña.

De acuerdo con Andrés Oppenheimer, el motivo fue la decisión de Obama de permitir la importación de puros y ron cubano, y de abstenerse en la ONU sobre el embargo de EU a Cuba… dos semanas antes de las elecciones. Florida tiene 29 votos electorales, y Trump obtuvo 290, 20 más de los necesarios. ¿Valieron la pena los Cohiba y el Matusalém o Tesoro?

En el conteo de los votos emitidos antes del 8 de noviembre y ese mismo día, Clinton le ganó a Trump por 630 mil votos: un margen superior al de John F. Kennedy sobre Richard Nixon en 1960. Una vez tabuladas todas las boletas enviadas por correo, es posible que esa ventaja se acerque a los dos millones de votos.

El sistema norteamericano del colegio electoral ya había generado desenlaces aberrantes (en el 2000, por ejemplo), pero nunca así. Si la elección fue un referéndum nacional sobre la presidencia de Obama, ganó Obama: para nada una presidencia desastrosa, ni mucho menos la peor de la historia de EU, como me dijo un alto funcionario de Los Pinos hace dos años.

Si fue un reflejo de la estrategia clintoniana, se transformó en un desastre. El triunfo de Trump en el colegio electoral se debió a errores de campaña de Clinton, y de los demócratas desde hace 24 años en los estados industriales de la unión americana. Clinton perdió en Pennsylvania, Michigan, Ohio y Wisconsin, estados que Obama ganó en 2008 y 2012, pero que Clinton visitó menos que lo necesario. Pero sobre todo, son los estados de donde provinieron gran parte de los diputados que votaron en contra del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1993. La vieja base manufacturera del centro de EU le cobró cara la factura a los Demócratas. Con razón.
28 Octubre 2016 03:00:00
La entrega-recepción de EPN-AMLO II
En materia económica, el crecimiento es igual de mediocre, sólo que 10 años más tarde y con una deuda pública creciente, un tipo de cambio volátil, una inflación que empieza a subir, un precio del petróleo caído, un gasto público en pleno recorte, y con los niveles más bajos de inversión pública desde hace más de medio siglo. La violencia ha vuelto a despuntar, como lo ha indicado Guillermo Valdés en estas páginas, acercándose a los números de 2012 sólo que, de nuevo, 10 años después del inicio de la guerra de Calderón/Peña. Lo que Eduardo Guerrero, de Lantia Consultores, llama la conflictividad social ha aumentado enormemente en los últimos dos años, y no sólo en los estados tradicionales.

La aprobación de Peña Nieto en las encuestas es la más baja… desde que existen encuestas en México, y lo que él mismo llama el mal humor social se ha diseminado a todos los sectores de la sociedad mexicana. La impopularidad presidencial ha hundido la popularidad de las reformas, cuyos efectos tardarán años en llegar. La confianza en las instituciones –todas– se encuentra en los suelos, y hasta las Fuerzas Armadas se dicen “desgastadas”. Hay focos rojos políticos con la CNTE y el SNTE en varios estados, en la frontera sur con los migrantes que entran y en la frontera norte con los que salen.

La corrupción no sólo escandaliza e indigna, sino que se ha convertido en una maraña de problemas políticos en los estados y a nivel federal. O las autoridades pertinentes encarcelan a los gobernadores y secretarios de Estado corruptos o que solaparon la corrupción, y le llueve a sus partidos y amigos; o los dejan libres, y le llueve a los nuevos gobernantes y a Peña por solapar la impunidad. Esta última se extiende al terreno de los derechos humanos, materia en la cual el país vive una crisis generalizada, de acuerdo con la opinión nacional e internacional.

El ámbito internacional, justamente, es también adverso. En parte por los graves errores de EPN –derechos humanos, corrupción, visita de Trump- pero también por una situación en sí misma conflictiva e imprevisible. Nunca antes el país había sido tan sensible y abierto a lo que sucede en el mundo, y tan poco preparado para responder a los nuevos retos externos, aún sin Trump, o los Castro, o Chávez, o una nueva crisis financiera.

Este es el México que recibirá López Obrador en el 2018. No se necesita ser un analista de riesgo o una agencia calificadora para entender que esta vez, el espacio para errarle será mucho más reducido. Aún para quienes piensen que AMLO ha madurado, o que se ha serenado y empieza a buscar a los empresarios para poder ganar y gobernar, es evidente que aquello que Lenin llamaba las “condiciones objetivas” en México serían difíciles para cualquiera, y sobre todo para alguien sin experiencia federal, internacional o financiera.

Y cuya visión del país, del mundo y de la sociedad en general pertenece a otra época. Por mi parte siempre he creído que el riesgo con AMLO no es el castro-chavismo, sino el echeverrismo y los quebrantos de López Portillo. Y justamente a ellos también les entregaron un México en llamas: a Echeverría el de Díaz Ordaz y el 68, y a López Portillo el de Echeverría, de la devaluación de 1976, el mini-maximato y los rumores de golpe de Estado del 20 de noviembre de ese año. Ambos le dieron inicialmente la vuelta a la catástrofe que recibieron, pero pagaron (pagamos todos) el costo de la forma en que lo hicieron. Ese es el peligro de AMLO.
27 Octubre 2016 04:00:00
La entrega recepción de EPN-AMLO I
Si Andrés Manuel López Obrador hubiera ganado la elección presidencial en 2006 –o, lo que da lo mismo, si le hubieran reconocido su triunfo ¡legítimo!– no sabemos si se habría vuelto un peligro para México, o un miembro más del ALBA castro-chavista, o un echeverrista trasnochado. Pero sí conocemos el país que hubiera recibido, o el que Fox le hubiera entregado.

Era un país más o menos ordenado. El crecimiento económico era mediocre, pero sostenido. La inflación, la deuda pública, el tipo de cambio, la inversión pública, se encontraban bajo control y en niveles convenientes. Existía un problema político importante en Oaxaca –la APPO– pero nada más (el plantón y el pleito de AMLO vendrían como consecuencia de la elección). El ánimo social no era pesimista: el propio Fox mantenía índices de aprobación muy aceptables. La violencia se acercaba a sus cifras más bajas en la historia del México moderno (medida en homicidios dolosos por 100 mil habitantes), y la corrupción seguía a la baja, sin haber sido erradicada, pero sin grandes escándalos o indignantes verdades reveladas. Sin desaparecer ni mucho menos (recuérdese el caso de Atenco de 2006), las violaciones a los derechos humanos descendían. El entorno internacional (casi dos años antes de la crisis de 2008-2009) se presentaba tranquilo, después del principio del fin de la guerra de Irak y la reelección de Bush.

En otras palabras, el margen de maniobra o de error de AMLO era amplio. Tenía espacio para cometer errores, para improvisar, para experimentar o para traducir en políticas públicas su demagogia provinciana. Hoy, no sólo no es el caso, sino que prácticamente todos los indicadores se hallan en las antípodas de esa lejana Foxilandia de 2006. Si AMLO ganara en 2018, como todo lo parece indicar, recibirá de Peña Nieto un país en condiciones muy distintas: desastrosas.
24 Octubre 2016 04:00:00
Tres notas chilenas
En un viaje de pisa y corre a Santiago de Chile, tierra de mis afectos y de mi historia, me impactaron tres anécdotas que viví en compañía de mis amigos chilenos y de mis colegas mexicanos de viaje –Aguilar Camín y Mastretta– ya de muchos años. Las comparto por interesantes.

Al término de un almuerzo con un expresidente y futuro candidato a la Presidencia, con un exsenador y futuro ministro, y con la actual ministra de Educación, bajamos del departamento del anfitrión a la calle para que cada quien se fuera a su destino. Un amigo ofreció llevarme a mi hotel, en una dirección opuesta a donde iba la ministra de Educación, quien, al pasar un taxi libre en ese momento, decidió tomarlo.

Me gustaría ver que algún día, el secretario de Educación en México tomara un taxi, solo o sola, en la calle, sin personal de seguridad y de la manera más natural del mundo.

En espera de eventos regulares en la feria del libro, Aguilar Camín y yo, en compañía de nuestro entrañable amigo el Gato Gaspar, decidimos que la espera era excesiva y que nos urgía algún consumo etílico moderado antes de nuestro “conversatorio”. Fuimos entonces a una cantina de muy mala muerte pero de gran encanto llamada “La Piojera”.

A la hora de pagar, sobre un total de 25 dólares, decidimos dejar en lugar de los 3 dólares que correspondían de propina, 5 más. El mesero, insisto, en un bar de mala muerte, nos respondió: yo estoy aquí trabajando, dejen lo que corresponde y quédense con lo que me ofrezcan, este es mi trabajo. Sigo buscando al mesero mexicano que me diga lo mismo.

Tercera. Hubo elecciones municipales en Chile este domingo y en un rápido recorrido por algunas casillas en el Estadio Nacional, me enteré de algo bastante peculiar para un país en el fondo chovinista y hasta cierto punto medio racista.

Resulta que en Chile, desde hace algunos años, el casi millón de inmigrantes (bolivianos, peruanos, colombianos y de todo tipo) si llevan más de cinco años de residencia legal en el país –y todos son legales– pueden votar en las elecciones municipales. Y votan con niveles de participación mucho más elevados que los chilenos.

Chile es un país aburrido. Santiago es una ciudad bellísima en primavera cuando empiezan a florecer las jacarandas, pero sin gran encanto. Pero qué envidia me da.


21 Octubre 2016 04:00:00
AMLO y Trump
A todas las barbaridades que ha dicho Trump durante el último año y medio, el magnate sumó en el debate de anteayer algunas más. Varias sandeces destacan por su mal gusto, ignorancia o insolencia, pero una me parece de antología. Y que debe enorgullecernos a los mexicanos por haber demostrado una vez más nuestra competitividad y sentido de innovación. Ya varios colegas han resaltado nuestra nueva imagen en el exterior.

Me refiero, claro está, a la insistencia de Trump de no aceptar los resultados de la elección si él no gana, y la justificación de su rechazo: los comicios están amañados, los medios conspiran en su contra, se debió prohibir la candidatura de Clinton, van a votar millones de “ilegales” o de muertos en los ghettos negros y latinos, y las autoridades no son confiables. Al día siguiente dobló la apuesta y señaló que aceptaría el resultado … a condición que él ganara. ¿Te suena, querido lector?

Como dije minutos después del debate en el noticiero de Denise Maerker, sólo falta un plantón en la Quinta Avenida. El “lópezobradorismo” se ha vuelto un producto de exportación altamente atractivo: ni Obama lo tiene.

Aunque se indignen los “pejistas”, el problema no es si Andrés Manuel o Trump son de izquierda o de derecha (ambos sostienen posiciones tanto conservadoras como progresistas), sino si comparten actitudes semejantes o idénticas ante la democracia, las instituciones, la globalización, las elecciones y el clientelismo. Todo indica que sí.

Más aún, cuando Trump evoca el Brexit como antecedente de la sorpresa electoral que tendrá lugar el 8 de noviembre, uno hasta puede escuchar los hipotéticos susurros de AMLO aplaudiendo la salida de Tabasco de la República Mexicana.

Exagero, pero el innegable provincianismo de Trump, de los partidarios del “Leave” y de López Obrador los une. La teoría del “compló”, esgrimida por Trump a propósito de Slim y los banqueros internacionales (con su tinte anti-semita que recuerda Los Protocolos de los Sabios de Sión), se parece como una gota de agua a las teorías de AMLO y de sus seguidores sobre los “vendepatrias”, la mafia en el poder y el sionismo internacional.

Lo peor del caso es que la similitud más impactante proviene de un talento de ambos para tocar fibras de sectores sociales azotados por la vida y el mundo actuales. El voto de Trump –a pesar de su inminente derrota, no menor a los 50 millones de electores– sí echa raíces en el resentimiento de los varones blancos, de 40 para arriba, sin educación universitaria completa, en pleno
desamparo ante la transformación tecnológica
norteamericana.

El voto de AMLO –de acuerdo a las encuestas, mayoritario hoy– brota del descontento y la ira de millones de mexicanos al margen de los beneficios restringidos de la modernidad globalizada.

Por último, Trump y AMLO se encuentran en el carácter profundamente erróneo de sus propuestas. De ponerse en práctica, sólo perjudicarían a la gente que por motivos enigmáticos se reconoce en ellos. En el caso de Trump, no sucederá. En el de Andrés Manuel, parece que sí.
17 Octubre 2016 04:00:00
Candidatura independiente del EZLN
El anuncio del subcomandante Marcos de que el EZLN piensa presentar a una militante indígena e indigenista como candidata independiente a la Presidencia para 2018 es una gran noticia. Para eso sirven las candidaturas sin partido: para que personas, organizaciones o grupos regionales puedan hacer política electoral sin pasar por un partido, si estos no les gustan o convencen.

Era mucho esperar que Marcos reconociera que su iniciativa sólo es viable porque muchos luchamos para que existiera la opción que ahora ha escogido. Pero hoy que el EZLN toma esta decisión, vemos las grandes ventajas que encierra la figura de los independientes para grupos de esa naturaleza.

La causa indigenista es precisamente el tipo de esfuerzo que embona con las candidaturas independientes. No la comparten todos los mexicanos, o siquiera un mayoría relativa: no por desacuerdo, sino por indiferencia o lejanía. Tampoco radica en una sola región, aunque por supuesto los estados de Chiapas y Oaxaca concentran al mayor número de afectados. Y por último, no se trata de una lucha a la cual los partidos políticos nacionales, o los candidatos independientes con aspiraciones nacionales, puedan subordinar sus otras demandas. El EZLN es desde 1994 un “single issue lobby” que, al igual que los otros defensores de derechos humanos debe figurar en la boleta. Todas las tonterías retóricas de Marcos sobre los combates “anti-capitalistas”, “alter-mundistas” o “globalifóbicos” son puros saludos a la bandera. La candidata del EZLN se centrará en un tema único, que no es de menor importancia. Habrá mexicanos que por convicción o por voto útil, no deseen sufragar por ella. Otros sí.

Que haya varias candidaturas independientes que simultáneamente busquen las firmas necesarias para llegar a la boleta es algo que yo hubiera preferido evitar. Hoy parece ineluctable. No todos lo lograrán. Habría sido mejor idea un proceso democrático, transparente y abierto, para desembocar en una sola candidatura que abrazara a todas las causas únicas. En ausencia de ello, la decisión del EZLN es bienvenida. Como hubiera dicho el presidente Mao. ¡Que florezcan cien flores! Y si se molestan quienes no quieren ni a los indígenas ni a las candidaturas independientes, ni modo.
14 Octubre 2016 04:00:00
El INE y los independientes
El Universal publicó antier la siguiente nota: “El presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, realizó una reflexión sobre las candidaturas independientes y dijo que no hay que sobredimensionarlas. ‘Nos vamos a llevar un chasco”, dijo. Explicó que, según él, esta figura tiene una serie de riesgos intrínsecos como la demagogia. Córdova hizo esta afirmación en un evento organizado por Nueva Alianza en la Cámara de Diputados, y dijo que los independientes pretenden dividir al mundo entre los políticos corruptos y los arcángeles puros, “eso no existe en ningún lado, salvo en las iglesias, y eso si creen en ellos’, y para ejemplo, citó a Alberto Fujimori, en Perú; a Hugo Chávez, en Venezuela, y a Silvio Berlusconi, en Italia. En su cuenta de Twitter, Córdova publicó ayer a las 5:12 pm, un video que confirma lo dicho por la fuente periodística.

Uno puede discutir tal o cual de sus afirmaciones, por ejemplo, el citar a Fujimori, a Chávez y a Berlusconi como candidatos independientes. He subrayado varias veces a propósito de los dos primeros que ambos fueron candidatos de partidos registrados o coaliciones, en 1990 y en 1999. En cuanto a Berlusconi, durante sus tres primeros periodos de Gobierno en Italia, fue diputado y candidato a primer ministro por el partido Forza Italia, como es evidente en un régimen parlamentario.

Pero no se trata de tener una discusión académica sobre candidaturas independientes con Lorenzo Córdova, que sin duda conoce mucho del tema. La pregunta que uno no puede más que formularse es ¿qué hace uno de los principales árbitros y el primer organizador de las elecciones en México descalificando a determinados contendientes? Más allá de que tenga o no la razón, o que algunos puedan estar de acuerdo con él o no, no le corresponde opinar al respecto. Él ya no es un académico, es la máxima autoridad electoral no judicial del país. Está constantemente involucrado en discusiones, recursos, fallos y reglamentos que involucran a candidaturas de partido y a candidaturas independientes. No es un empleado de los partidos, es un funcionario de los ciudadanos que debe tratar a los partidos y a los candidatos independientes en completo pie de igualdad.

Me hubiera encantado saber qué sucedería si Córdova se hubiera expresado en los mismos términos a propósito de los perredistas, los priistas, los panistas o los candidatos de Morena: se hubiera armado un escándalo monumental. No entiendo la lógica de una autoridad electoral repartiendo críticas o estrellitas a los distintos participantes en las contiendas electorales, sobre todo a menos de dos años de la elección presidencial de 2018.

El árbitro no puede, antes de dar el silbatazo de arranque del partido, dirigirse a las gradas del estadio y compartir con el “respetable” su opinión sobre los distintos jugadores, o uno de los dos equipos, comentando que Messi ya no puede, que Neymar ya no debiera pintarse el pelo, y que Luis Suárez ya no muerde a los otros jugadores. Tal vez tenga razón, pero no puede decirlo.

Me parece una locura, que por supuesto va a pasar de-sapercibida y sin consecuencias. Lo menos que podría hacer Córdova es retractarse y pedir una disculpa. Lo más sería que algún partido político planteara ante el INE la necesidad de su renuncia por un acto de parcialidad tan público y tan evidente, que lo inhabilita como autoridad electoral.
07 Octubre 2016 04:00:00
Juntos Podemos: JVM, los Calderón y EPN (II)
La segunda reflexión tiene que ver con lo que sugerí en el pequeño libro Sólo Así, que publiqué a principios de febrero de este año. Ahí mencionaba “otro pacto”, es decir el de la omertá o silencio, entre los gobiernos y los equipos de Calderón y Peña Nieto en 2012.

Apuntaba, como muchos otros antes y después, que evidentemente Calderón había sacrificado a Josefina Vázquez Mota (JVM) como candidata a la Presidencia, para garantizar el triunfo de EPN y la derrota de AMLO. A cambio, el nuevo Presidente priista “indultaría” a los Calderón y a su equipo, desechando de antemano cualquier investigación de violaciones a los derechos humanos o corrupción durante ese sexenio.

Faltaba el detalle de la compensación a JVM, no tanto para premiarla sino más bien para mantenerla en silencio. O en todo caso para lograr su aceptación tácita de lo que había sucedido. Para eso sirvieron los enormes recursos, que según algunos cálculos sumaron más de 80 millones de dólares, que ella ha recibido de alguna manera o de otra, de instituciones vinculadas al Gobierno de México desde el 2012. Canalizados a sus libros, sus oficinas, o proyectos de migrantes, empezaron a fluir incluso antes de las elecciones de 2012 y antes de la toma de posesión de EPN aquel 1 de diciembre.

La discusión por el momento no estriba en la legalidad de la entrega de esos cuantiosos recursos a la organización de JVM. Radica en dos temas. El primero, involucra la legitimidad de JVM para constituirse en la intermediaria –en el mejor de los casos sin “moche”– entre el Estado mexicano y los migrantes mexicanos ¿Por qué ella? ¿Hubo licitación? ¿Se exploraron otras opciones? ¿Por qué no el IME? Y, en segundo lugar, si la mejor manera de transferir esos recursos era a través de un aparato montado por alguien que acababa de perder la elección de 2012 ante Peña Nieto, y que presentaba un claro conflicto de interés. Si no es que parte de un acuerdo global que incluía la amnistía completa a un sexenio que provocó lo que junto con otros llamé “las decenas de miles de muertos y desaparecidos de Calderón”.

No tengo cómo saber si el pacto de silencio o de omertá incluyó el acuerdo señalado por Álvaro Delgado en su libro sobre la segunda candidatura presidencial de los Calderón para el 2018. Me extrañaría, pero de ninguna manera se puede descartar. Lo que sí me parece evidente es que no va a ser fácil repetirle tres veces la misma jugada a AMLO: sacrificar a un aspirante del PRI o del PAN para que gane el otro. Menos aún si se divulga todo esto ahora por razones tácticas propias del Edomex y se echa a perder la única estrategia aparente de EPN y el PRI para cerrarle el camino a López Obrador.

Se trataría de volver al esquema de 2006, es decir, al sacrificio del candidato del PRI en beneficio de la candidata de los Calderón.

Un último comentario: Aunque la Secrataría de Relaciones Exteriores nunca ha sido una isla químicamente pura, exenta de corrupción, como muchos lo piensan, había permanecido al margen de las maniobras más reprobables de los sucesivos gobiernos del PRI y del PAN. Parece que ya no. Ya nada queda al margen de la corrupción. Usar a la cancillería para “lavar” dinero y encaminarlo a fines políticos puros es una mala idea. Sobre todo, cuando todo se acaba por saber.
06 Octubre 2016 04:00:00
Juntos podemos: JVM, los Calderón y EPN (I)
Ya se ha escrito más de lo esperado en estas páginas sobre el creciente escándalo de los más de 900 mdp canalizados, vía la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y el Instituto de Mexicanos en el Exterior (IME), a la organización Juntos Podemos, que dirige Josefina Vázquez Mota a través de varias asociaciones en EU.

Más allá de la duda sobre los motivos por los cuales el Gobierno utiliza a estos grupos para encaminar fondos públicos a proyectos de los migrantes mexicanos en EU, en lugar de hacerlo con el IME, que existe justamente para eso, y de las preguntas a propósito de los gastos operativos de la organización que dirige de JVM, el asunto me provoca dos reflexiones.

La primera tiene que ver, como ya lo han comentado, con el Estado de México. Para nadie era un secreto, desde 2012, y no sólo ahora, que el estado, primero con Calderón en sus últimos meses y luego con Peña Nieto desde sus primeros, financió una parte importante de las actividades de JVM en EU, lo hizo directamente, o a través del BID.

Hace un poco menos de un mes, le comenté a un amigo y colega de estas páginas que estaba convencido que JVM no sería candidata del PAN o de una alianza PAN-PRD para la Gubernatura del Estado de México. El Gobierno y el PRI disponían de parque para amenazarla con revelaciones dañinas si decidiera contender contra la voluntad de EPN. Poco después salieron las primeras filtraciones relativas a los recursos otorgados a JVM a lo largo de estos cuatro años. Culminaron con las revelaciones de antier de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). Si no desiste JVM seguramente habrá más revelaciones.

Mañana compartiré con los lectores mi segunda reflexión sobre este asunto.
03 Octubre 2016 04:00:00
Colombia: desastre
A nadie agradó, pero a todos sorprendió, el resultado del referéndum sobre la paz en Colombia. Aunque fuera por el mínimo de los márgenes, la sociedad colombiana decidió rechazar un convenio y los resultados de una negociación histórica, épica y extraordinariamente favorable para el país. De nuevo, las encuestas se equivocaron.

No tenía el menor sentido pensar que ganara el “no”. Aunque políticos tan populares entre los votantes colombianos como Álvaro Uribe y Andrés Pastrana se opusieran al arreglo de paz negociado por el presidente Juan Manuel Santos; aunque el mundo entero aplaudiera el contenido de estos arreglos de paz, con todo y sus bemoles; aunque hubiera legítimas razones para dudar de un convenio que tuviera la cantidad de garantías para las FARC como lo tuvo éste; de todas maneras es obvio que se trataba de un acuerdo bueno para Colombia.

Juan Manuel Santos ha sido, por lo menos en la opinión de alguien que lo conoce, lo admira y lo quiere desde hace muchos años, el mejor Presidente que ha tenido ese país en muchísimos años. Pero al igual que en otros países, los caminos de los votantes son insondables.

Ni las encuestas ni la opinión internacional valieron frente a un resultado devastador para todos los principios, la lógica y la virtud en esta materia. Quizás el error de Santos fue pecar de exceso de democracia: someter a un referéndum un acuerdo de paz que no tenía que sujetarse a ese destino, y que no necesariamente sería aceptable para una mayoría de la población.

Al mismo tiempo, llegar a una decisión y a un convenio de tal trascendencia, sin el apoyo de una parte mayoritaria de la sociedad, resultaba ser una falta de respeto por la democracia colombiana, una de las más viejas del hemisferio.

Uno no puede más que esperar que Santos y los colombianos encuentren una salida a este verdadero desastre. Por lo pronto, no queda más que solidarizarse con una figura latinoamericana como pocas ha habido, y seguir preguntándonos ¿Por qué los votantes, de manera creciente, se equivocan? No vaya a suceder de nuevo, y muy pronto.
30 Septiembre 2016 04:00:00
Clouthier y yo
Según una nota del periódico Reforma del día de ayer, Manuel Clouthier me sugiere amistosamente impulsar las reformas legislativas necesarias y pertinentes para facilitar las candidaturas independientes en 2017 y 2018, en lugar de “estar promoviéndose”. Ya que, en esta ocasión, como en tantas otras, estoy completamente de acuerdo con el Maquío, quisiera aprovechar su consejo para insistir en varios temas relacionados justamente con lo que él comenta.

Por supuesto que en cada ocasión que hablo de las candidaturas independientes, presentando mi libro o dando conferencias y entrevistas al respecto, o lo que pueda escribir en relación con este tema, no dejo de insistir en la necesidad de una nueva reforma político-electoral antes del mes de julio de 2017, que incluya como una de sus tres vertientes fundamentales cambios en la legislación relativa a las candidaturas independientes.

Tan le he dado importancia a este tema, que hace un poquito más de un año acompañé a Manuel Clouthier a la Cámara de Diputados cuando él presentó ante los medios su propia propuesta de modificaciones a la Constitución y a la legislación secundaria al respecto. He sostenido también varias conversaciones con él al respecto y hemos estado juntos en múltiples foros insistiendo en lo mismo. Dejaré a un lado en este artículo los otros dos capítulos indispensables de dicha reforma política-electoral, en mi opinión: la segunda vuelta para la elección presidencial y un nuevo esquema de comunicación política para “desespotizar” las campañas, permitir el mayor número posible de debates y eliminar el mayor número de reglamentos en materia electoral.

Ayer mismo, en esta columna describí uno de los problemas que existen para todos los candidatos, a cualquier cargo de elección popular, pero en particular para los independientes: los vacíos legales o las contradicciones inherentes a los reglamentos relativos a los actos anticipados de campaña.

Ayer en Colima me informó uno de mis anfitriones, en una conferencia que di en el 25 aniversario de la Coparmex de ese estado, que entre los requisitos aberrantes que existen en la legislación electoral del estado, figura la obligación de que cualquier candidato independiente, después de conseguir las firmas necesarias, deberá llevar en persona a los firmantes a comparecer ante la autoridad electoral estatal para ratificar su firma. Más complicado, engorroso y prácticamente imposible… imposible.

Me he reunido en las últimas semanas con quienes fueron o trataron de ser candidatos independientes en Veracruz, Zacatecas, Durango e incluso en Colima, para conocer justamente su experiencia en la materia y tratar de ver cuáles son los puntos más importantes que debería cubrir la legislación a la que se refiere Clouthier y que me parece en efecto indispensable.

La más obvia por supuesto es la que tiene que ver con las firmas. A nivel presidencial se requerirán aproximadamente 900 mil, desde un punto de vista estrictamente legal, pero más bien alrededor de un millón 400 mil tomando en cuenta la merma inevitable que se padece en todo proceso de esta índole. Al mismo tiempo, todo parece indicar que el plazo de cuatro meses actualmente en vigor para juntarlas es más que insuficiente: casi contradice la disposición constitucional que permite las candidaturas independientes a la Presidencia. De la misma manera el hecho, por ejemplo, que no se permita el uso de la FIEL para la firma, a pesar de que sí se permite para el pago de impuestos y para la obtención de la credencial del INE, es especialmente ridículo. En Puebla, los candidatos independientes en junio pasado, y principalmente Ana Teresa Aranda, insistieron mucho en este punto, mas no han podido avanzar demasiado por la vía jurídica.

Entonces amigo Maquío, totalmente de acuerdo contigo. La única pregunta que me haría es a propósito del carácter aparentemente excluyente de las dos tareas: impulsar cambios legislativos hasta donde alguien que no es legislador como él pueda hacer; e impulsar una candidatura independiente en particular, la mía, a la Presidencia, si decido algún día postularme. ¿No será que la mejor manera de promover reformas legislativas es siendo candidato, tanto en Sinaloa para la senaduría como lo pretende, espero con éxito Clouthier, como a la Presidencia, como lo pretendemos varios posiblemente?
29 Septiembre 2016 04:00:00
Retroactividad en Zacatecas
Nunca es fácil enterarse con precisión de lo que sucede en elecciones locales en estados lejanos y en circunstancias nebulosas. Con todas las reservas del caso, quisiera comentar hoy la anulación de las elecciones a la Presidencia Municipal de la ciudad de Zacatecas como un ejemplo de las posibles aberraciones en las que hemos caído con nuestra legislación electoral, y que pueden afectar seriamente los comicios del 2018.

Hace unos días, el pleno del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación anuló las elecciones para la Alcaldía de esa ciudad debido a lo que consideró actos anticipados de campaña realizados por la candidata de Morena. Según pude informarme en Zacatecas, con personas que no necesariamente toman partido a favor o en contra de Morena o del PRI, el asunto encierra ciertos peligros muy evidentes. Desde noviembre del 2015, AMLO designó en ese estado, como lo ha hecho en muchos otros, incluyendo el Estado de México, a un representante o defensor de la soberanía nacional. Persona que en realidad era la candidata de Morena a la Presidencia Municipal.

Esta persona, Soledad Medina, empezó a llevar a cabo una serie de actividades que no fueron impugnadas desde un principio por ningún partido y que parecían eventos de proselitismo perfectamente normales: pintar bardas, colgar lonas, regalar playeras y gorras. También celebraba reuniones públicas para dar a conocer sus posturas de “defensa de la soberanía nacional”. Todo esto comenzó 7 meses antes de la elección municipal de junio.

En mayo de este año, el PRI impugnó a la candidatura de Morena, alegando inequidad y actos anticipados de campaña. El recurso fue desechado, pero después del triunfo de Morena en las elecciones del 5 de junio, volvió a presentar la impugnación, y esta vez sí prosperó ante el Tribunal Electoral Estatal, que anuló la votación.

Morena apeló a la Sala Regional del Tribunal Federal, radicada en Monterrey, que ratificó la anulación y posteriormente, después de una nueva apelación, el Pleno ratificó ese fallo.

El problema no es si se trata o no de actos anticipados de campaña, que es muy posible que sí hayan violado la legislación electoral. La pregunta que me hago es si no se está violando el principio de no retroactividad de las leyes. Ni el INE, ni el Instituto Electoral Estatal de Zacatecas que, según mis informantes, estuvo en la ciudad recopilando información sobre los actos anticipados o no de campaña de todos los candidatos desde el año pasado, nunca dijo absolutamente nada sobre el carácter indebido de dichos actos. Los partidos tampoco lo hicieron. Cuando la candidata de Morena se registró ante el IEEZ el 27 de noviembre de 2015, tampoco le negaron dicho registro. En otras palabras, la autoridad y los partidos rivales no cuestionaron los supuestos actos anticipados de campaña hasta después de haber perdido la elección. Por tanto, no tenía cómo saber la candidata de Morena si los estaba llevando a cabo o no. Anular la elección por sucesos acontecidos meses antes de la elección que no fueron imputados en su momento, me suena a una aplicación retroactiva del reglamento. No digo que la Presidencia Municipal de Zacatecas no importe, pero es un hecho que lo que sucede ahí no tendría ninguna relación con lo que pudiera suceder si después de las elecciones presidenciales del 2018 algún partido perdedor impugnara y lograra anular la elección del ganador porque llevó a cabo supuestos actos de campaña anticipados no impugnados en su momento, no cuestionados por la autoridad en su momento, dos años antes. ¿Queremos entrar en esa dinámica?
23 Septiembre 2016 04:00:03
¿Qué decir de la economía?
Muchos analistas consideran hoy que la salud de la economía mexicana es precaria, y que va agravándose. Por un lado, crecemos poco; por el otro nos endeudamos más, y hasta el sector externo, en particular el de exportación de manufacturas, se ha enfriado. El dólar llegó a 20 pesos y vamos por más; las tasas de interés subirán de nuevo. Si a ello sumamos los problemas estructurales –informalidad, productividad estancada, finanzas públicas sanas pero a un nivel insuficiente de gasto y en particular de inversión pública– existen razones para preocuparse.

De ser así, o de volverse aún más crítica la situación, si el presupuesto aprobado no es ni tan austero que satisfaga a las calificadoras de riesgo y a las corredurías, ni tan “social” que no enardezca a determinados sectores de la sociedad mexicana –estudiantes, médicos, empleados públicos, etc.– se puede asemejar a momentos previos de gran dificultad para el país. Pensando en eso, algunos han sugerido que el Presidente debiera seguir el camino de dos de sus predecesores –Miguel de la Madrid y Ernesto Zedillo–.

Como a Peña no se le da la salida pública, y es poco didáctico en los medios, pero sí conecta en corto con sus interlocutores, podría reunirse con pequeños grupos para exponer la profundidad de la crisis, sus orígenes, y lo que piensa hacer para sortearla. Y, en todo caso, despojarse de eufemismos y de todo rasgo de optimismo beato para “netear” con el país a través de estos diálogos.

El problema que veo con este enfoque –y se nota en una frase del secretario Meade en la Cámara ayer– es que obliga a responsabilizar a alguien de la citada gravedad. De la Madrid le echó la culpa a López Portillo; Zedillo a Salinas; Peña ¿a quién?

Según Reforma, el titular de Hacienda dijo que “las finanzas deben regresar al equilibrio que perdieron hace varios años”. Sin duda, pero habría que explicar por qué se perdió. ¿Sólo por el precio del petróleo? ¿Dos años son varios años?

Este es el quid del asunto. EPN no puede echarle la culpa al secretario de Hacienda anterior, porque le entregó todo el poder, sin ningún contrapeso en Los Pinos. Tampoco puede culpar a su propio predecesor, ya que con él firmó un pacto de no-agresión: ni en materia de violencia, ni de corrupción, ni de gestión económica.

¿Cómo llegamos a esto? Hay explicaciones, pero EPN no las puede verbalizar, ni en corto ni ante todo el país. Quizás convenga más, contar las cosas buenas, aunque no cuenten.
19 Septiembre 2016 04:03:36
Las encuestas, Trump y AMLO
Muchos hemos señalado varias similitudes entre las raíces y motivaciones de los votantes en las elecciones del Reino Unido, en junio pasado, de EU en noviembre y de México en el 2018. Asimismo, no faltan quienes vemos grandes semejanzas entre los “Leave” del Brexit, los “indignados” o “deplorables” (dixit Hillary Clinton) de Donald Trump y los iracundos de López Obrador: una respuesta aberrante a problemas reales y parecidos. Ahora me encuentro con una semejanza adicional.

Parto de que los encuestadores en México y en EU son técnicamente sólidos y de buena fe y que hoy enfrentan nuevos retos significativos. En México, durante los últimos tiempos (incluyendo las encuestas de salida el 5 de junio), se ha elevado el número de “rechazos”, alcanzando en muchos casos entre el 30 y el 50 por ciento.

No son personas que responden que no saben por quien votarían, o que optan por no contestar esa pregunta del entrevistador. Son quienes le cierran la puerta en sus narices cuando toca el timbre. Normalmente, se sustituye al individuo seleccionado y recalcitrante con uno parecido, o con uno escogido aleatoriamente. Pero además, en México hay otro 25-30% de quienes sí se someten al cuestionario, que entran en la categoría no sé/no responde.

Las empresas suelen suponer que estos dos universos distintos pueden asignarse de manera simétrica entre los posibles candidatos, ya que no hay mala fe por parte de quienes se niegan a la entrevista o a responder sobre su voto. Pero en muchos casos, no es cierto.

En el 2000, el no sabe/no responde escondía un voto escondido por Fox muy superior al reparto equitativo; en 2016-2018, creo que se trata de votantes “pejistas” embozados, por buenas o malas razones. De ser así, aguas con las sorpresas en 2018.

En EU sucede un poco lo mismo, aunque en otro sentido. Un buen número de republicanos, de 35-45 años, con alto nivel educativo y de ingreso, se niega a confesarle su voto por Trump a los encuestadores. O bien responden que no saben, o que votarían por alguien más: les da vergüenza aceptar la posible perplejidad del encuestador.

¿Cómo es posible que alguien como usted vote por ese barbaján? Pero ya en la soledad de la casilla, lo harán. Como sucedió con tantos electores blancos en los años 80, a quienes les avergonzaba reconocer que jamás votarían por un candidato negro, y al refugiarse detrás de la mampara, hacían justamente eso. Ya veremos.

16 Septiembre 2016 04:00:38
La audacia (o el pragmatismo) de Zedillo
La semana pasada Ernesto Zedillo publicó un editorial en The New York Times, en coautoría con el cubano-americano Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio de George W. Bush, sobre los flujos migratorios entre México y Estados Unidos. El texto constituye un resumen de un informe, mucho más largo, titulado Frontera Compartida, Futuro Compartido: Un plan para Regular la Movilidad Laboral entre México y Estados Unidos. Se trata de una iniciativa de posible gran trascendencia, y de contenido seguramente acertado.

La tesis central es muy sencilla: “Proponemos un nuevo acuerdo bilateral para regular los flujos futuros de trabajadores poco calificados entre México y Estados Unidos”. Reconocen que siguen partiendo hace el norte entre 150 y 200 mil mexicanos cada año. Y concluyen: “Hemos intentado el unilateralismo durante dos generaciones, y ha fracasado”. Más claro el enfoque… imposible.

Desde hace varios decenios expertos como Jorge Bustamante postularon la necesidad de un enfoque bilateral para el tema migratorio. Durante los primeros 3 o 4 años del gobierno de Fox, tanto bajo mi gestión en la SRE como en la de Luis Ernesto Derbez, se sostuvo la tesis de que el asunto migratorio no era un tema interno de Estados Unidos, sino algo perteneciente, de manera más que legítima, a la agenda bilateral. A partir del 2006, en parte por razones norteamericanas, en parte por miedo mexicano, se abandonó este precepto.

Durante los dos siguientes sexenios se volvió a la postura retrógrada del siglo 20. La suerte de los mexicanos en Estados Unidos constituía un asunto interno de ese país; la posición mexicana se reducía a la protección consular de sus derechos (en condiciones terriblemente adversas). Hoy se manifiesta en la tesis discutible, y probablemente equivocada y dañina para México (así se lo expresó Vicente Fox a Bush en febrero del 2001), de fomentar la naturalización de los residentes mexicanos en EU para que voten contra Trump (ni el tiempo ni los números alcanzan).

Volver al bilateralismo es un gran paso adelante. Ciertamente, tengo la convicción absoluta por haber seguido de cerca el tema desde hace 30 años, sin un componente relativo al destino de los 6 millones de indocumentados mexicanos que hoy viven en EU no hay acuerdo bilateral que prospere. El Partido Demócrata jamás lo aceptaría. Fue la lógica de la enchilada completa.

Pero que Zedillo y Gutiérrez resuciten el carácter bilateral del fenómeno migratorio y de sus posibles soluciones es fundamental. En una de esas, Trump los escucha (aunque el cubano-americano se haya negado a apoyarlo). Y en una de esas, gana, y en materia migratoria se vuelve Nixon en China. ¿Wishful thinking? Sí, pero es lo que nos queda.
15 Septiembre 2016 04:00:11
Trump dentro del margen de error
Ayer la medición cotidiana que lleva a cabo Real Clear Politics sobre el promedio de encuestas de intención electoral en EU arrojó la brecha más pequeña a favor de Clinton sobre Trump en un par de meses: 1.8%. RCP no siempre establece una diferencia entre la calidad de distintas encuestas ni sobre los distintos grados de impacto mediático que cada una de ellas tiene, pero en términos generales es la mejor medición que existe en EU. Gracias a eso sabemos que hay un serio riesgo de que Trump pueda ganar la elección.

Si la brecha entre Clinton y Trump fuera aún de 4-5 puntos, ella se encontraría a salvo de uno de los posibles imprevistos que pueden suceder: una enfermedad más grave que la que ya padece ella, un atentado terrorista en EU o en Europa, un descalabro de Clinton en uno de los debates, o un nuevo escándalo de corrupción o encubrimiento por parte de la candidata demócrata. Con la elección prácticamente empatada, sería altamente improbable que ella pudiera sobrevivir a cualquiera de estos acontecimientos imprevisibles, pero no imposibles. Para todos fines prácticos, el resultado de la elección ya está en el aire.

Hace exactamente un año empecé a alegar que la candidatura de Trump no sólo era viable, sino que podía ser el próximo presidente de los EU. Lo hice a tal grado en lo referente a que alcanzaría la postulación republicana que gané varias apuestas al respecto. No le apostaría hoy a Trump pero…

Asimismo, he insistido que no podía descartarse la posibilidad de que ganara en noviembre. Huelga decir que ni las autoridades mexicanas, ni la comentocracia, ni buena parte de la academia, atendieron las advertencias que varios –no tantos– hicimos en estos meses.

Esto no significa que la absurda decisión de invitar a Trump a México deba verse bajo una luz diferente. Fue un error monumental cualquiera que sea el resultado de la elección. Porque no sólo hicimos el ridículo ante el mundo; no sólo nos enemistamos con el propio Trump al violar, según él, el acuerdo que había de no hablar de quién iba a pagar el muro; sino que su viaje a México parece haber sido el punto de partida de su re-despegue en las intenciones electorales.

Hoy ya no hay nada que hacer para evitar su triunfo, si eso es lo que está escrito. Lo que sí se puede hacer desde ahora, es arrancar un proceso de discusión en México, de consulta por parte del Gobierno y de información sobre las posibles consecuencias de una victoria de Trump en noviembre. El error de Peña no fue adelantarse a los hechos sino adelantarse mal. Ojalá no se cometa ahora el error opuesto.
09 Septiembre 2016 04:00:42
El oso insular
Con los cambios de esta semana, en un pequeño, pero decisivo, segmento del Gabinete presidencial, Enrique Peña Nieto se queda con pocas cartas para la selección del candidato del PRI a la Presidencia.  Más aún: se queda con uno solo, si no cambia de baraja.

Se llama Osorio Chong, que la ha jugado con habilidad y audacia. Nada está escrito, pero por eliminación o descarte, el secretario de Gobernación se ha transformado en el único candidato viable en este momento. Como, además, ya había despuntado en las encuestas desde antes, y EPN dispone de poco tiempo para inventar a alguien nuevo (no es cierto que todo se resuelve en la campaña al final), parece difícil que no sea el aspirante priista. Si suponemos que también podrán figurar en la boleta Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala de Calderón o Ricardo Anaya, y quizás Miguel Ángel Mancera y un independiente, ya podemos comentar una de las características de la contienda de 2018.

Pero antes, dos consideraciones. Desde 1988, el país vive en medio de dos curvas que se mueven en dirección opuesta. La primera es la curva ascendente de apertura al mundo y la creciente sensibilidad de la economía, la sociedad, el sistema político y hasta la coyuntura política ante lo que acontece fuera de nuestras fronteras. La segunda es la curva descendente del “mundo” de nuestros mandatarios: Salinas más que de De la Madrid, pero Zedillo menos que Salinas, Fox menos que Zedillo, Calderón menos que Fox, y Peña Nieto menos que Calderón. La mejor prueba es el escándalo Trump/Peña/Videgaray: un factor externo trastoca la sucesión presidencial y la (im)popularidad del Presidente. Sucedió antes: en 1981, López Portillo perdió a Díaz Serrano como posible candidato a sucederlo gracias a la caída del precio del petróleo y a sus propios errores al reaccionar ante ella. Pero era otro mundo, y otro México.

El dilema del 2018 es que la curva descendente sigue cuesta abajo, y la incidencia de los factores externos sigue creciendo. Para el 2018, México será uno de los países más sensibles al resto del mundo... en el mundo. Comparable apenas a algunas naciones europeas, Japón, y quizás Chile. Sin embargo, los prospectos para el 2018 son más insulares (por no utilizar otros términos más ilustrativos, pero quizás peyorativos) que nunca. Un exgobernador de Hidalgo, una exprimera dama, dos exregentes de la Ciudad de México, uno de ellos oriundo de Tabasco y nacido en el siglo 19: la caballada no está flaca, pero si muy rústica.

Todo esto para enfrentar a Trump, tal vez, o a una Hillary Clinton poco propensa al apapacho de México, a diferencia de su marido. Y, sobre todo, para conducir al país en un mundo cada día más convulso, con cada vez más incidencia en México, y para el cual estamos cada día menos preparados. La debacle de la semana pasada –más lo que ha seguido y quizás seguirá– encierra muchas explicaciones, pero una de ellas consiste en la insularidad de nuestro Presidente. Pregunta a las élites mexicanas, que mandan demasiado en este país:

¿Queremos seguir con estos osos?

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