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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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14 Octubre 2018 04:00:00
La música en Kazuo Ishiguro
Un piano desenfadado comienza los acordes guiados por los bajos de la mano izquierda, de pronto una voz inconfundible comienza a cantar They All Laughed. Es la voz de Tony Bennett. La mañana comienza con este humor que acompaña la lectura de Kazuo Ishiguro, el Nobel del año 1997.

Normalmente no escucho música al leer y aún ahora, detengo la lectura de tanto en tanto para disfrutar de la música y luego seguir en la narrativa de este escritor. El libro es Nocturnos, una selección de cinco relatos unidos entre sí y cuyos ambientes y personajes transcurren entre música. Por eso que haya puesto a Tony Bennet. Pero no es el único, también suena entre los canales de Venecia y mi biblioteca la sedosa voz de Chet Baker cantando I Fall in Love too Easily, con su voz que parece estar cansada de caer enamorada.

Kazuo Ishiguro, al menos en este libro y por sus referencias musicales constantes, me recuerda a otro japonés, Haruki Murakami. Este también llena de música las páginas que escribe y su gusto por el jazz es similar. Ese jazz que respeta las temas melódicos y no divaga en exceso hasta perderse en improvisaciones exageradas que nada se parecen a la música original.

Nocturnos me atrapa con su melancolía escondida entre cada línea, con su humor que me arranca una sonrisa por ser cómplice de los personajes y del mismo Ishiguro. La guitarra de Django Reinhardt no podía faltar para un efecto mayor de la narrativa. Pero no es para menos, este guitarrista sabía bien improvisar sin caer en los excesos. El sonido de su instrumento en Minor Swing me pone de buen humor.

La lectura continúa entre los acordes de una guitarra sobria de Joe Pass interpretando But Beautiful mientras las escobillas de la batería barren mi mal humor y el contrabajo con su sonido me invita a leer con más cadencia.

Los cinco relatos de Kazuo son una lectura casi inesperada, pero afortunada en todo sentido. Días en los que sumergirse en mundos diferentes resulta complicado, la precisa pluma de Kazuo es eficaz para arrebatarme de este mundo. Busco junto a sus personajes y, al igual que ellos, termino las lecturas sin giros de tuercas. Porque la maestría no sólo está en las sorpresas, sino también en saber narrar momentos sin finales, sin sobresaltos, como la vida misma.

Pienso en eso mientras Frank Sinatra canta One for my Baby.
07 Octubre 2018 04:00:00
The Late String Quartets
Dos de los grandes desafíos en materia de composición para un autor son la fuga y el cuarteto de cuerdas.

En el primero, la forma tan compleja, cuyo más grande ejemplo es

Johann Sebastian Bach, el compositor debe manejar de manera perfecta el uso de voces y temas.

En el segundo desafío, el cuarteto de cuerdas, la dificultad radica en que con sólo cuatro elementos el compositor debe ser capaz de sintetizar toda una idea musical.

No es gratuito que los grandes compositores se impongan este reto a manera de saber si son capaces de hacer una obra perfectamente lograda y equilibrada con tan pocos elementos. Porque con 100 instrumentos la genialidad puede llegar a diluirse, a ser engañosa, pero en el cuarteto todo es evidente.

Beethoven fue criticado por no usar la forma fuga durante un tiempo en su vida. La fuga es tan mecánica, que carece de expresión, solía decir el genio. Aún así había hecho trabajos con este recurso durante su juventud.

Años más tarde, al final de sus días, Beethoven compondría una de las mayores fugas mejor logradas y de una complejidad que incluso hoy asombra y deja atónitos a muchos.

Los cuartetos para cuerdas 12 al 16 son los últimos del compositor y donde se evidencia para muchos la verdadera esencia del genio alemán.

La GROSSE FUGUE deja contundente testimonio de que Beethoven era capaz de componer fugas. Algunos de estos cuartetos fueron bien recibidos. Otros no tanto.

“Qué me importa a mí su maldito violín”, dice alguna vez Beethoven en respuesta a un músico que catalogó como intocable su composición. “¿No les gusta mi obra? No importa, yo no compongo para ellos, yo compongo para el futuro”, respondió.

Beethoven era muy consciente de la trascendencia de sus últimos cuartetos, escritos entre 1824 y 1826. “Muss es sein? Es muss sein” (¿Tiene que ser? Tiene que ser), son las palabras que se leen en el último movimiento del cuarteto 16. Tiene que ser. Un par de palabras sobre el destino que Beethoven en repetidas ocasiones caviló.

Cuando el destino llega, es inevitable aceptarlo. Por más que impongamos nuestra voluntad, existe esta historia que se repite una y otra vez. Es lo mismo que Tomás, en la novela La Insoportable Levedad del Ser, de Milan Kundera, se pregunta al igual que Beethoven. El destino se impone.

También el escritor Thomas Mann admira los últimos cuartetos del compositor alemán y lo deja claro en palabras de Adrián, personaje principal de Doktor Faustus: “Es irritante tan sólo, a menos que no quiera uno ver en ello motivo de satisfacción, que no exista para caracterizar ciertos elementos de la música, o por lo menos de esta música, ningún adjetivo apropiado, ni ninguna combinación de adjetivos.”

Nada qué añadir.

Álbum de la semana: Beethoven. The Late String Quartets. Spotify.
30 Septiembre 2018 04:00:00
Amjad. Njo Kong Kie
La danza clásica es una de mis pasiones, una de las expresiones artísticas que más disfruto. Parte del trabajo que he realizado en mi vida como músico es el acompañamiento de clases de ballet clásico y no dudaría en afirmar que es de las actividades que más me llena, si no es la que más.

Sentarse al piano e improvisar temas que se adecuen a los ejercicios que el maestro de técnica pide a los alumnos y buscar una intimidad con los cuerpos, el movimiento, el sonido y la música es una experiencia que vivo con mucho placer. Siempre he considerado que la danza contemporánea, esa que comenzó con Duncan o Graham y ha explorado cada vez más la abstracción de los cuerpos se asemeja en mucho a la música.

Tanto danza como música son una manifestación artística en la que no necesitamos saber de elementos técnicos para poder disfrutarla. Al menos de primera impresión. Son artes que llegan directo a nuestros sentidos, la vista o el oído, y que basta con tenerlos atentos para dejarnos invadir por la experiencia. No así la literatura, por ejemplo, que requiere de la capacidad de leer el idioma en que está escrito un libro.

Ya en el siglo 20, muchas artes buscaron explorar dentro de la abstracción y poder ampliar sus posibilidades creativas. La pintura, por ejemplo, con Kandisnki, tomaba elementos de la música para titular sus obras. En fin, que la danza contemporánea con exponentes como Sasha Waltz, Pina Bausch, Jirí Kylián o Maurice Béart, por citar algunos, busca esta expresión abstracta de los cuerpos. Un acercamiento a lo que la música ha hecho desde siempre y de manera natural.

Claro, existe la música de programa o el impresionismo que busca retratar un momento o historia. Sin embargo la música nunca podrá decirnos algo en concreto, siempre serán posibilidades, provocaciones e interpretaciones. De ahí su riqueza.

La música de esta semana esta basada en obras de Tchaikovsky y sus grandes ballets. Creada por Gavin Bryars y David Lang e interpretada por el pianista Njo Kong Kie y un ensamble de dos violas y chelo. Esta música fue creada para coreografías de Édouard Lock, el coreógrafo creador de la afamada compañía de danza La La La Human Steps. Sin importar si vemos o no las coreografías, que sugiero ampliamente buscar en internet, la música nos invita a la danza, a dejarnos llevar por el movimiento.

La combinación de dos artes, la música y la danza, esta semana es la sugerencia que estoy seguro no los defraudará. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Amjad. Njo Kong Kie. En Spotify.
23 Septiembre 2018 04:00:00
Orfeo ed Euridice
La escena operística al inicio de los tiempos dista mucho de ser lo que hoy en día es. Imaginamos aquellas épocas de esplendor en las que los grandes salones se llenan de grandes atuendos y la música no es interrumpida por ningún celular, donde la gente aguarda en silencio el inicio de la ópera. Nada más lejos de la realidad.

Cabe recordar que en un principio nada era como podríamos imaginar. La ópera era un momento en el que podíamos hacer alarde de nuestra posición dentro de la sociedad, donde las luces no se apagaban en el auditorio para concentrarnos en el desarrollo del argumento.

Para nada. Había que ver a la gente y la música muchas veces pasaba desapercibida. No era un completo pandemónium, por supuesto, pero imaginemos los argumentos habituales y que por ende la gente conocía muy bien y no tenía necesidad de prestar demasiada atención.

Además de esto, quien regía el espectáculo era el cantante reconocido en turno. De nada le valía al compositor defender su argumento operístico si el primer cantante pedía integrar en medio de cualquier escena su aria favorita, tuviera o no relación con la historia. Y esto, lejos de desagradar, a muchos gustaba.

El fuego de artificio estaba a la orden del día y los malabares melódicos estaban a la orden del día para sorprender y ganar más entradas. Pero siempre se encuentran pepitas de oro entre tanta hojarasca.

Por otra parte, no siempre se siguió la misma dirección. En el siglo 18 un compositor transformó la ópera en muchos aspectos, tantos, que pasó a la historia con este epíteto: El reformador. Christoph Willibald Gluck, el reformador.

Entre las reformas establecidas por el compositor alemán están el haber quitado tanto protagonismo al cantante divo y someterlo al desarrollo de la historia; quitarle la improvisación, usual en la época para lucimiento, y obligarlo a respetar la partitura; introducir una obertura más acorde a la historia y tratamiento musical del resto de la ópera, argumentos más humanos, aunque con mitología aún, donde los personajes demuestran más sus emociones; una duración más limitada, resultado de quitar las cosas superfluas que antes se usaban para aumentar el espectáculo, entre otras cosas.

Por supuesto que no hubo una transformación de la noche a la mañana. Muchos eran partidarios de la ópera como la conocían, de ahí que las querellas, con protestas frente a los teatros y demás euforias, eran comunes, como la que había entre los partidarios de Gluck y los de Piccinni, célebre compositor de la época.

O también el desdén que algunos tenían por Gluck, como el mismo Haendel, quien no se reservaba sus comentarios al decir que su cocinero sabía más música que Gluck.

Pero amén de estos dimes y diretes, la música de Gluck preparó el camino para una visión musical que aprehenderían compositores con Mozart, Beethoven o hasta el mismo Wagner. De tal suerte que estamos ante un compositor notable e imprescindible para el transcurso de la historia musical.

Para muestra su Orfeo ed Euridice, en su versión de 1771.

ÁLBUM DE LA semana: Gluck. Orfeo ed Euridice. Spotify.
16 Septiembre 2018 04:00:00
Sinfonías de Haydn
Franz Joseph Haydn es considerado y llamado el padre de la sinfonía. No es que antes de él no hayan existido composiciones de este tipo, pero con Haydn se estableció una estructura que marcaría la pauta para los futuros compositores. De las 106 sinfonías que tiene, podemos tomar la que sea y encontrar una ejemplo claro de cómo es su estructura. Cuatro movimientos, el primero con una breve introducción en lento o majestuoso y, el segundo lento o andante, el tercero un minueto y para finalizar un cuarto movimiento rápido, de carácter vivaz. A grandes rasgos, claro.

Luego de Haydn la sinfonía ha evolucionado, evidentemente. Desde sinfonías con movimientos más largos, con menos partes o muchas más hasta la introducción de la voz como elemento notable. En este caso tenemos a Beethoven o Mahler con sus monumentales sinfonías que incluyen un coro y solistas. En Haydn podremos escuchar unas sinfonías claras para su apreciación musical. Los temas se suceden de manera perfecta que podemos darnos cuenta cuando el tema A se finaliza para dar comienzo a un tema B, etc. En este sentido considero que son formativas para alguien que desee iniciarse en la apreciación de esta forma musical.

La orquesta desde Haydn también ha crecido. La dotación de instrumentos en sus sinfonías son relativamente pequeñas, aún cuando el resultado sea un gran cuerpo sonoro. Luego de Haydn llegamos hasta los mil integrantes en sinfonías de otro compositores. En la sinfonía podemos apreciar los diferentes colores de la orquesta y cómo los temas pasan de una sección a otra.

La sinfonía número 92 es también llamada Oxford porque fue interpretada en la prestigiosa universidad con Haydn mismo en la dirección en su condecoración de doctorado honores causa. La sinfonía 93 es la primera de las llamadas Sinfonías Londres que comprenden desde esta hasta la 104. Sin duda que Haydn supo ganarse un lugar en la historia desde que él estaba en vida. Es uno de esos casos en que el compositor es reconocido en vida y no como lamentablemente sucede en otros, hasta que la muerte hace justicia. Sus sinfonías son un ejemplo de la visión del siglo de las luces con respecto al arte y como este debía estar bien equilibrado y simétrico.

Hoy entonces escuchemos dos ejemplos para despertar nuestra curiosidad sobre este gran compositor y que sirva como puerta de entrada para su magnífica obra.

Álbum de la semana: Haydn: Sinfonías Núm. 92 & 93. Sir Colin Davis.
09 Septiembre 2018 03:00:00
Canticles Of Ecstasy
Hildegard von Bingen (Alemania, 1098-1179) fue una mujer como pocas. Médico, naturalista, conocedora de ciencias, poeta, compositora, poseedora de un don místico que le permitía tener visiones desde la infancia, mismas que ocultó durante años hasta que se decidió escribirlas y compartirlas con el mundo. Una mujer que supo relacionarse y hacerse respetar por los reyes de la época. Admirada por Leonor de Aquitania, aquella otra mujer pilar de la historia. Una mujer que luchó por lo que creía y lo que amaba, y que no se dejaba vencer hasta conquistar aquello que se proponía.

Actualmente doctora de la iglesia, es por su música por la que yo me siento fascinado. Su obra es de los catálogos más extensos de la música medieval. La calidad de sus composiciones sobrepasa las de la época en la que las melodías eran menos elaboradas. La suya es de una riqueza extraordinaria. Movimientos melódicos más amplios en el que los cantantes deben tener un gran dominio de la voz. El uso de una nota pedal (una nota musical que se mantiene constante durante largo tiempo) que reviste a su canto y nos llena de una plenitud casi mística.

La música de Hildegard nos arrebata para llevarnos a las esferas más recónditas del universo musical. La música de Hildegard es monódica, es decir que está hecha por una sola melodía, como el canto gregoriano, el bizantino, el mozárabe, por citar algunos otros ejemplos. El coro canta al unísono mientras un instrumento, o en otras ocasiones una sección del coro, guarda aquella nota pedal de la que hablaba hace un momento. Los textos religiosos, si bien podríamos no comprenderlos, no nos impiden disfrutar de su obra. Tampoco que se sea creyente o no de las doctrinas que la compositora profesaba.

Hildegard es una muestra de que la música no solamente sobrepasa los tiempos, sino también los credos. Canticles Of Ecstasy es un álbum realizado por Sequentia, una de las agrupaciones más afamadas y especializadas en repertorio medieval. La delicadeza de las voces son como incienso que se eleva en ofrenda.

La música de Hildegard es luz, es un éxtasis que nos arrebata para regresarnos renovados, purificados. Con Hildegard estamos frente a la Belleza y sin duda será una experiencia que deberíamos todos experimentar.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Hildegard von Bingen. Canticles Of Ecstasy. Spotify.
12 Agosto 2018 04:00:00
Robert & Clara Schumann
En el romanticismo tal vez no exista amor más grande para mí que el de Robert y Clara Schumann. Sí, está la Amada Inmortal de Ludwig van Beethoven, de quien se especula mucho su identidad, pero poco se sabe además de que fue un amor imposible. Pero el amor entre Clara y Robert fue un amor correspondido desde la más tierna edad.

“Hoy me ha propuesto tocar la misma música a la misma hora, con la luna llena como testigo para que se encuentren nuestros duendecillos”, escribe Clara Wieck a sus 15 años cuando el amor era apenas una promesa anhelada.

El suyo fue un amor de cartas, de miradas y entregas que debieron esperar años para realizarse. Un amor que no fue aceptado por el padre de Clara, como esos amores que la adversidad hace madurar.

“¿Me pides un sí? Qué palabra tan pequeña y sin embargo tan importante. Una y otra vez digo Sí con todo mi ser”, escribía Clara en su diario. Ella fue una notable y reconocida pianista de su época. Tanto que se equiparaba al virtuosismo de Liszt. Nadie mejor que ella.

Reconocido su talento al piano por Felix Mendelssohn, Frédéric Chopin, Franz Liszt, Niccolò Paganini y el mismísimo escritor Goethe. Incontables giras de conciertos la posicionaron como la mejor pianista de su época. ¿Además de eso? Una compositora que nos ha legado pocas, pero bellísimas obras.

Clara y Robert tuvieron incluso que ir a corte para lograr el permiso de casarse.

El padre de ella se rehusaba a la unión ya para entonces inevitable. Finalmente hubo de ceder y con el paso del tiempo aceptar a su antiguo alumno y yerno. El éxito de Robert Schumann lo hizo cambiar de opinión.

Durante su vida juntos, Clara y Robert no estuvieron libres de problemas, pero aún así se mantuvieron unidos. Ella sosteniendo muchas veces la familia a causa de los padecimientos cada vez más frecuentes de Robert.

La vida de él no fue fácil. Clara sabía que Robert no tuvo una vida pasada feliz. La muerte se había posado inquebrantable y oscura sobre toda su familia y él quedó solo, pero la entrega mutua pudo con esto.

Sin embargo vino la fatalidad: un intento de suicidio por parte de Robert (se arroja al río Rin) y la ineludible necesidad de ser internado en un sanatorio mental en Endenich, cerca de Bonn, en 1854.

Dos años estuvo el compositor ahí y una sola vez Clara pudo visitarlo. En julio de 1856 él moriría. “Que Dios me conceda la fuerza de vivir sin él”, escribe Clara. Le sobreviviría hasta el 20 de mayo de 1896.

El álbum de esta semana es un obsequio poético que nos invita a la intimidad junto a estos dos inmortales e inseparables compositores.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Robert & Clara Schumann. Lieder.

Los Artistas: Barbara Bonney y Vladimir Ashkenazy.
29 Julio 2018 04:00:00
John Williams más allá del cine
Llamamos clásico a aquello que trasciende el tiempo, a aquello que es digno de ser imitado o de tomarse por ejemplo. En este caso, si hablamos de música para cine podemos mencionar bastantes compositores, pero uno en especial es de quien podemos cantar más de una melodía muchos de nosotros: John Williams.

Las influencias de Williams son varias, Max Steiner (Lo que el Viento se Llevó), Bernard Herrmann (Ciudadano Kane o bastantes de Alfred Hitchcock) como ejemplos de compositores destacados en el cine. En el lado clásico están Korngold o Wagner y su idea del leitmotiv: ese tema que identifica a un personaje, objeto o situación y por lo que sabemos que se trata de un tiburón, un arca perdida, un malvado de las galaxias o un mago adolescente.

Son innumerables los filmes que John Williams ha musicalizado: El Violinista en el Tejado, Tiburón, Star Wars, algunas de Harry Potter, E.T., Indiana Jones, La Lista de Schindler, Jurassic Park. Y la lista podría seguir. Algunas de estas obras musicales son más memorables que otras. Todo depende de los gustos fílmicos de cada quien. Sin embargo existen obras de Williams que no fueron pensadas para acompañar una narrativa visual. Ni si quiera como acompañamiento de alguna otra expresión artística, sino simplemente como composiciones orquestales.

Tal es el caso de su concierto para chelo y orquesta y otras composiciones que esta semana sugiero. La música para una película debe siempre acompañar los eventos y hasta hacerlos más intensos para los que vemos el film. Una composición adecuada en un momento dado durante una película puede arrancarnos las lágrimas o hacernos saltar de terror. En este sentido siempre está supeditada a lo que la película narre.

No es el caso del álbum de esta semana. Una música libre en ese sentido. Obras compuestas por John Williams que le permiten ser más aventurero al momento de explorar las nuevas posibilidades sonoras. Es por esto que hasta el mismo compositor cree que puede ser más libre y expandir sus propios límites.

Su concierto para chelo fue dedicado para uno de sus amigos y gran personalidad de la música clásica: Yo-Yo Ma. Este chelista ha tocado prácticamente todo el repertorio musical para su instrumento y en este álbum se convierte en el héroe guiado en la batuta por el propio compositor.

Sin ser una música pensada para un filme, estas obras tienen un carácter lleno de imágenes en donde el chelo participa como personaje principal. Sin duda el legado indiscutible de John Williams va más allá del cine. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Yo-Yo Ma Plays The Music Of John Williams. Spotify.
22 Julio 2018 04:00:00
El último Beethoven
Dos de los grandes desafíos en materia de composición para un autor son la fuga y el cuarteto de cuerdas. En el primero, cuyo más grande ejemplo es Johann Sebastian Bach, el compositor debe manejar de manera perfecta el uso de voces y temas. En el segundo desafío, la dificultad radica en que con cuatro elementos el compositor debe ser capaz de sintetizar toda una idea musical. No es gratuito que los grandes compositores se impongan este reto a manera de saber si son capaces de hacer una obra perfectamente lograda y equilibrada con tan pocos elementos. Porque con 100 instrumentos la genialidad puede llegar a diluirse, a ser engañosa, pero en el cuarteto todo es evidente.

Beethoven fue criticado por no usar la forma fuga durante un tiempo de su vida. La fuga es tan mecánica, que carece de expresión, decía el genio. Aún así había hecho trabajos con este recurso durante su juventud. Años más tarde, al final de sus días, Beethoven compondría una de las fugas mejor logradas y de una complejidad que incluso hoy asombra a muchos.

Los cuartetos para cuerdas 12 al 16 son los últimos del compositor y donde se evidencia para muchos la verdadera esencia del genio alemán. La Grosse Fugue deja contundente testimonio de que Beethoven era capaz de componer fugas. Algunos de estos cuartetos fueron bien recibidos. Otros no tanto. “Qué me importa a mí su maldito violín”, dice alguna vez Beethoven en respuesta a un músico que catalogó como intocable su obra. “¿No les gusta mi obra? No importa, yo no compongo para ellos, yo compongo para el futuro”.

Beethoven era consciente de la trascendencia de sus últimos cuartetos, escritos entre 1824 y 1826. Muss es sein? Es muss sein. ¿Tiene que ser? Tiene que ser. Son las palabras que se leen en el último movimiento del cuarteto 16. Tiene que ser. Unas palabras sobre el destino que Beethoven en repetidas ocasiones caviló. Cuando el destino llega, es inevitable aceptarlo. Por más que impongamos nuestra voluntad, existe esta historia que se repite una y otra vez. Es lo Tomás, en La Insoportable Levedad del Ser, se pregunta al igual que Beethoven. El destino se impone.

También Thomas Mann admira los últimos cuartetos del compositor y lo deja claro en palabras de Adrián, protagonista de Doktor Faustus: “Es irritante tan sólo, a menos que no quiera uno ver en ello motivo de satisfacción, que no exista para caracterizar ciertos elementos de la música, o por lo menos de esta música, ningún adjetivo apropiado, ni ninguna combinación de adjetivos. Nada qué añadir.
15 Julio 2018 04:00:00
Obertura
Como un aperitivo, las oberturas son una preparación musical que se ejecuta antes de disfrutar del platillo musical que es una ópera. En sus inicios las oberturas eran divididas en dos o tres movimientos, dependiendo de la escuela francesa o italiana que rigiera la composición. De estas obras dividas en distintas partes podemos remontar el nacimiento de la sinfonía. Con el paso del tiempo la evolución fue natural y los movimientos se volvieron una sola obra que, además, incluía partes dramáticas que escucharíamos dentro de la ópera. Fue así como Mozart, por ejemplo, con su Don Giovani deja un legado notable de la manera en que la obertura anticipa los eventos futuros. Wagner, por otro lado, amplió el desarrollo de la obertura y la unió al desarrollo total del universo mítico que son sus obras.

La obertura es una obra que puede fascinarnos de manera individual ya que tiene todas las partes necesarias. Como ejemplo tenemos las oberturas de Beethoven que no pertenecen a ninguna obra dramática y que sin embargo son de una potencia total. Una obertura nos ayuda a adentrarnos en el mundo que estamos por descubrir. Te tal manera que, como una iniciación, somos guiados por los senderos que el compositor nos develará posteriormente. Las Oberturas de Tchaikovsky, Wagner, Mozart, Verdi o Strauss son ejemplo de esto.

Pues a manera de prepararnos para la variada actividad musical de esta temporada, la propuesta de esta semana son las oberturas de las grandes óperas. El verano comienza y Saltillo se prepara para dos de sus actividades culturales más notables: el Encuentro Internacional de Ópera Artescénica y el Festival Internacional de Guitarra de México. Con estas dos actividades podemos constatar que la vida cultural en la región no descansa y que día a día se consolida.

El encuentro de Ópera está festejando sus 15 años y el Festival Internacional de Guitarra de México rebasa ya los 20 años y se afirma como el festival de guitarra más importante de la república, siendo estos dos festivales un orgullo para sus participantes y los que tenemos la oportunidad de disfrutar de la riqueza musical de este mes. Invitados de primer nivel en ambos festivales, conciertos que merece la pena escuchar. Así que si por alguna razón nos preguntamos qué hacer durante estos días, no dudemos en consultar la cartelera, que opciones hay a manos llenas.

Domingo de oberturas para inaugurar un mes lleno de música de la mejor calidad. Que lo disfruten.

50 Best Overture. Spotify.
01 Julio 2018 04:00:00
Un canto para sanar
Al los 19 años, Gabriel Fauré (Pamiers, Francia, 1845-París, 1924) habría de componer una de las obras más bellas que puedas existir y que le valdría el gran Premio de Roma, codiciado premio a las artes que desde 1963 se comenzó a otorgar en Europa.

Gabriel Fauré nació al sur de Francia. Un niño tranquilo que aprovechaba la menor oportunidad para escaparse y tocar el armonio de una pequeña capilla de su villa. Ahí es donde descubre su vocación musical sin proponérselo.

A los 9 años su padre, luego de una año de espera y meditación decide llevarlo a París donde hará estudios con Niedermeyer, en una escuela clásica y religiosa. Once años entre sabiduría musical y cultural y una vida casi monástica, con uniformes extraños y comidas casi paupérrimas. Excelente pianista ya para esa época y compositor en desarrollo.

Durante la guerra franco-prusiana va a servir a su país para después radicar un tiempo en Suiza, país de neutralidad durante muchos años de su existencia, y que le permitió a Fauré enseñar en la escuela de Niedermeyer, que se había desplazado a la ciudad de Rambouillet. En 1871 regresará a París.

Organista en la iglesia de Saint-Sulpice, situada en el sexto arrondisment de París. Pero no por mucho tiempo. Su lugar principal y definitivo será a partir de 1877 la iglesia de Madeleine, a unas cuadras de la plaza de la Concorde. Ahí será maestro de capilla.

Gabriel Fauré es laureado como pocos compositores en vida. De una fama en la nación que es casi un amor, será honrado en vida por su contribución musical. Su fama se conoce en Inglaterra, pero es sobre todo en su país donde se le venera. No va a transcurrir mucho tiempo para que el mundo conozca lo grandioso de su creación. Su Cantique de Jean Racine es sin duda un ejemplo que trasciende cualquier creencia. El recogimiento en el que reposamos, mientras escuchamos la obra, nos alimenta a la vez que nos sana.

Hacia el final de su vida, su obra tiene una madurez evidente, pero siempre será el mismo compositor que jugaba inocentemente en un armonio viejo en Pamiers, su ciudad natal. Ahí donde está el amor, está la vocación.

Que lo disfruten.
24 Junio 2018 03:00:00
Nadia Boulanger
Daniel Baremboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, George Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla, tienen en común a una mujer que fue pilar para la música en el siglo 20 Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente. De una mente prodigiosa, a los 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach.

Nadia fue alumna del amigo de la familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años la suplente del compositor como organista en la iglesia de la Madeleine. Con apenas 16 ganaría el Gran Premio de Roma de composición, el cual también ganaría su hermana Lili Boulanger, siendo esta la primera mujer en ganar tan perseguido premio. Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía. En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella.

Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales pasaron cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 alumnos que fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo veinte. Una soltera a quien siempre llamaron Mademoiselle y quien era una fervorosa creyente católica, quien enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años.

Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlo por el camino de cada quien deseaba seguir. Quizás Mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Y eso hizo, respetar la búsqueda de cada discípulo que tuvo y guiarlo de manera completa para que lograran su propio deseo. Así, Mademoiselle fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass.

Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música. Un domingo como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20. Y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.

Nadia Boulanger. Spotify

17 Junio 2018 03:00:00
Karanjan. Gold
¿Cuál es la función del director frente a la orquesta? ¿Es necesario? Estas preguntas no se han hecho pocas veces a lo largo de la historia. Incluso Federico Fellini aborda de manera magistral este tema en su película Ensayo de Orquesta, en la que los músicos se sublevan frente al director e imponen como rey al metrónomo (ese aparato que ayuda a medir el tiempo mediante un mecanismo muy ingenioso).

al final de cuentas, en el filme de Fellini o en la vida real, la figura del director es fundamental. ¿Quién si no, va a guiar a más de 50 personas por la misma senda interpretativa? Sí, claro, la partitura y un conocimiento sobre el estilo musical ayuda, sin embargo el director es el que unifica todos esos mundos que son cada uno de los músicos de una orquesta.

El director es el que va a amalgamar esas mentes artísticas para que la obra se escuche concisa. También cada director dará ese sello personal que lo distingue de otros y que hasta define a una orquesta. Muchas razones existen para valorar el trabajo de un director, más allá de los aspectos estilísticos.

Herbert von Karajan (1908-1989) sería quizá la figura epítome de lo que un director es en su totalidad. Vilipendiado por muchos, amado por otros, Karajan es el director del siglo 20. Por supuesto que existen otros y algunos que todavía siguen vivos. Karajan fue un maestro en la batuta y en las relaciones políticas y comerciales. Gracias a él, dicen los mitos que muestran cierta verdad oculta, el formato CD tuvo la capacidad que tiene para grabar. Fue capaz de dirigir obras de compositores alemanes y franceses en el mismo programa, aún cuando estos países estaban, en ciertas décadas, en desacuerdo político.

No le importaba más que la música. Claro y los medios. Algo le preguntó un músico solista, y el maestro le contestó: “Imposible, no hay tiempo, todavía faltan las fotografías.” No es esta frase la que define la totalidad del austriaco, evidentemente.

Karajan grabó cientos de obras y fue hábil empresario para las reediciones de estas. Director vitalicio de la Filarmónica de Berlín, su perfeccionismo le valió el éxito que tuvo no sólo él sino la orquesta que dirigía. Faltan páginas y tiempo para conocer de manera profunda a este director. Aún así, tenemos sus grabaciones que evidencian su calidad.

En este álbum hacemos un recorrido por muchos de los estilos y autores que dirigió. Desde lo barroco hasta las primeras obras del siglo 20. Es un álbum vertiginoso, emocionante, lleno de fuerza, que sin duda nos pondrá al borde del asiento.

Álbum de la semana: Karajan. Gold. Spotify.


@Almaguerjoel
10 Junio 2018 04:00:00
Epístolas musicales
¿Qué hace un hombre de 70 años con un amor platónico por una mujer joven con la que se ha escrito a lo largo de 13 años? ¿Qué hace con las más de 700 cartas epistolares que existen entre ellos? Traducirlo en uno de los cuartetos mejor logrados de todos los tiempos. Hay sentimientos tan poderosos, que las notas esconden detrás de ellas una evasión, así dice el compositor.

Nacido en 1854, luego de años de estudios y de trabajo como profesor de música en su ciudad natal, Leoš Janácek comienza su carrera como compositor hasta después de sus 46 años. Es por esto que se le considera más un compositor del siglo 20. Con obras de relevancia, sus dos cuartetos, el primero inspirado en la obra de Tolstoi, Sonata a Kreutzer y el segundo una síntesis y materialización de un amor platónico, son una muestra del genio del compositor. Así mismo, representan las posibilidades que el cuarteto de cuerdas, como lo he dicho anteriormente, esconde tras la aparente carencia de recursos tímbricos.

Leoš Janácek dedica su cuarteto Letras Íntimas a Kamila Stösslová, con quien tendría correspondencia apasionada durante más de una década. El uso de la viola y sus capacidades de profundidad apasionada, el lirismo de sus temas y la intensidad de sus movimientos, hacen apreciar claramente la pasión oculta que el compositor checo experimentaba. Claro, esto lo sabemos porque en esta correspondencia el compositor se lo hace ver a su amada.

Para Janácek no existía mejor manera de manifestar y dejar testimonio de esta relación que componer una obra y que esta fuera escrita en ese recurso tan íntimo, sintético y a la vez poderoso que es el cuarteto de cuerda. Una obra que contuviera todo este amor que existía entre ambos. De carácter neorromántico, de una expresividad profunda, de texturas tan variadas que son casi descriptivas.

La obra del compositor no es tan extensa. Durante mucho tiempo se dedicó a rescatar el folclor musical de su tierra natal y esto se ve reflejado en se obra. También su admiración por otros dos compatriotas como lo fueron Smetana y Antonín Dvorák. Y es junto con estos dos compositores más conocidos que Leoš Janácek se sitúa en la historia de la música universal. El tiempo, con los años lo ha ido situando en el lugar donde debe estar: Entre los inmortales de la música. Como ejemplo, sus dos cuartetos para cuerdas.

Que los disfruten.

Álbum de la semana: Cuartetos de Cuerdas, de Leoš Janácek.
03 Junio 2018 04:00:00
Música acuática
En estos días de altas temperaturas los espacios abiertos son la mejor opción para contrarrestar los efectos del intenso sol, siempre y cuando estemos bajo una fresca sombra.

En espera de que la tarde llegue, me siento al resguardo de un árbol y una fresca bebida para acompañar. La música en estas horas debe ser festiva, me digo. Entonces pienso en tiempos pasados y cómo pasarían sus días los grandes compositores.

En pleno verano pero de 1717 Georg Friedrich Händel Halle, Brandeburgo-Prusia, 1685-Londres, 1759) llevaba su música al exterior. El río Támesis y unas barcazas lo suficientemente grandes para albergar a 50 músicos serían el escenario para la llamada Música Acuática.

Esta obra compuesta por tres suites tiene una dotación numerosa para la época, pero óptima para la ocasión: el paseo por el Támesis del rey Jorge I. Mientras el Rey y su corte navegan, la orquesta los sigue al son de la música del compositor europeo.

Como podemos esperar la música es enérgica, más festiva, llena de brío. Realmente digna de una tarde de fiesta y como tal la escucho.

Si bien la orquesta comenzó a tocar a las 8 de la tarde, no olvidemos que el verano europeo dura lo suyo y pueden darnos las 10 de la noche y la luz aún nos acompaña. Así que la velada musical que se extendió hasta casi medianoche, fue una tarde noche inolvidable para todos los que seguían la barcaza del rey.
Gustó tanto la obra que se repitió esa misma velada para el divertimento del rey y grandeza de Händel quien una vez más se consolidaba en Inglaterra como el músico más importante en su época. Y no sólo por su música, sino por sus cualidades empresariales que le hacían obtener siempre provechosos contratos.

Faltarían en eseaño de 1717 algunos años para que la ópera dejara de ser interesante para los ingleses y Händel volcara sus capacidades enteras a la elaboración de un género majestuoso como lo es el oratorio. Género musical que en manos de Händel se transformaría en un género más espectacular que religioso.

Entonces, ya fuera el oratorio o la fresca y festiva música acústica, la música de Georg es espectacular siempre y es una delicia poder disfrutarla tantos años después al resguardo de esta tarde calurosa.

Quelo disfruten.

Álbum dela semana: Water Music. Harmonia Mundi. Spotify.

@almaguerjoel
20 Mayo 2018 04:00:00
Historicismo
Quizás algunos de ustedes, queridos lectores, han escuchado la música de Bach o algunos otros compositores de la época barroca en múltiples interpretaciones y tengan sus preferidas. Acaso también noten que algunas versiones suenan totalmente diferente a otras, casi como si se tratara de otra obra y corran a corroborar con asombro que efectivamente se trata de la misma composición y aún así sus oídos están maravillados por lo diferente que se escucha.

¿A qué se deberá esto? Muchos son los factores, pero el día de hoy quisiera compartirles sobre un término usado en el mundo de la música clásica no ha mucho tiempo y que poco a poco se ha extendido no solamente al campo musical sino teatral también. Las llamadas interpretaciones historicistas.

El historicismo musical se refiere a ejecuciones musicales que tienen una amplia investigación musical e histórica con el objetivo de realizar una interpretación más apegada a lo que el compositor en cuestión deseaba escuchar o llegaba a escuchar en su propio tiempo. De ahí que no solamente se busque una articulación basada en la técnica habitual de cierto tiempo, sino también el número de músicos que conformaban una orquesta barroca o clásica, romántica, según sea el caso.
Además de esto la ejecución se realiza en instrumentos de la época, es decir que, ya sean instrumentos originales o réplicas exactas de los mismos, el sonido es exactamente como el compositor lo concebía. A esto podríamos sumarle muchos otros aspectos como el tocar las obras en espacios que representen los auditorios de la época y no las grandes salas de hoy en día y en el caso del teatro u ópera, iluminación con velas y escenografía basada en la técnica del tiempo en el cual fue compuesta la obra.

Todo esto no es una mera cuestión banal o pretenciosa sino una auténtica búsqueda por la pureza del sonido y ser fieles a lo que fue la música. El resultado es notable. En este tipo de grabaciones podemos notar con más claridad detalles que hasta el momento pasaban desapercibidos por nosotros. Instrumentos y relaciones entre conjuntos de ellos que no notaríamos con una orquesta enorme.
Como ejemplo, esta semana propongo a ustedes el álbum de un grande de la música historicista: Philippe Herreweghe by Himself, obra que pueden encontrar en Spotify. Que lo disfruten.

13 Mayo 2018 03:00:00
Miscelánea musical de mayo
La música es inagotable. La vida entera no nos alcanzará para disfrutarla, por supuesto, y como lo he dicho ya, dependiendo de nuestra manera de ser, esto puede ser motivo de maravilla y asombro o de temor y temblor. Cada quien ubíquese donde más cómodo se sienta.

Estas últimas semanas he estado entre variadas obras musicales y hasta géneros diversos. Desde el barroco y nuestro señor Johann Sebastian Bach hasta el presente siglo y la obra de Alma Deutscher, compositora de apenas 13 años y otra iluminada pianista de apenas 11 años llamada Alexandra Dovgan, cuya técnica e interpretación no sólo asombran, sino que dejan ver una musicalidad única que pasará a la posteridad.

No lo es todo. Entre mis días también han asomado la obra del Johann Stamitz, notable compositor de la primera mitad del siglo 18 y cuya estructura sinfónica es paradigmática y sólo hace falta escuchar sus primeras sinfonías para darnos cuenta de ello. Y entre saltos de siglo llega hasta mis oídos The Seasons, una obra para piano de Peteris Vasks que no carece de exigencia técnica ni musical para quien la interprete.

Pero no todo ha sido sobre la llamada música académica, también he deambulado por callejones misteriosos por los que caminan personajes como Jocelyn Poot quien es capaz de ofrecer música tan variada que es difícil catalogarla. Obra electrónica y oscura que sirve para Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, hasta una dulzura renacentista como la que crea para la poderosa versión fílmica de El Mercader de Venecia realizada por el británico Michael Radford.

Nutridas mis semanas también con música ligera como Michael Bublé y su voz que parece de navidad siempre, pero que de pronto se antoja escuchar. En especial Call me Irresponsible, pero no pasaría por este espíritu tan americano sin un grande como Nat King Cole y su versión inigualable de Unforgettable y para que el viaje por esta mundos no quedará incompleto Mireille Mathieu suena entre mis semanas con C’est si bon.

Música tan variada que podríamos escoger casi para cualquier momento. Es tiempo de escuchar música y en esta miscelánea de mayo las opciones están puestas sobre la mesa. ¿Qué escogerán?

Que disfruten este domingo.

@almaguerjoel
06 Mayo 2018 03:00:00
L’estro Armonico
En sus Confesiones, en el libro VII, Jean-Jacques Rousseau escribe sobre su viaje a Venecia en donde podemos darnos cuenta de lo que vivió el polímata suizo en tierras de gran tradición musical. Estamos en el siglo de la ilustración y Venecia ya en esos años dejó de ser una potencia comercial para convertirse más o menos en lo que hoy es: un gran centro turístico donde se dan cita la cultura cosmopolita y excelentes ejemplos de vida musical.

Por supuesto que para Rousseau, siendo un gran pensador y escritor, pero también músico y compositor, era un destino obligado asistir a los famosos conciertos que se hicieran por parte del Ospedale della pietà.

En este orfanato eran acogidos los muchos niños abandonados naturales o legítimos de Venecia, siendo las niñas a quienes se les instruía en el arte musical. Los conciertos de estas niñas eran famosos Gracias al trabajo y genio de Antonio Vivaldi. Ya desde inicios del siglo 18 Vivaldi convirtió la iglesia y su orfanato en un lugar de enorme fama. Para cuando Rousseau asistió a uno de estos conciertos la fama ya estaba consolidada.

Pero para mala fortuna del filósofo las niñas cantaban detrás de unas rejas donde no podían ser apreciadas y daban lugar a las ensoñadoras imágenes angélicas por parte de Rousseau.

Para él eran los seres más bellos, pero no duró mucho esta ilusión. Pudo conocer a las niñas, gracias a una amistad encargada del Ospedale. La desilusión fue enorme para Rousseau. Niñas con defectos físicos considerables, y que el pensador describe a detalle. Pensar en esto nos deja un sentimiento bastante extraño con respecto a Jean-Jacques, pero no somos nadie para juzgar.

Finalmente, y luego de mucho esfuerzo, pudo disfrutar de los conciertos tiempo después. Pero la virtuosidad de estas niñas es lo que a nosotros nos asombra, pues la exigencia de Vivaldi para su formación y ejecución se ve en las partituras que escribió durante los 30 años que dirigió este lugar.

Como testimonio del prodigio que podían ser estas niñas, está el L’estro Armonico o Il Cimento Della’armonia e Dell’inventione, entre otros. Un conjunto de conciertos meticulosamente estructurados y compuestos en donde Vivaldi no deja espacio para divagaciones.

La música es perfecta y vale la pena escucharse con detenimiento y en más de una ocasión.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: L’estro Armonico. Antonio Vivaldi.
29 Abril 2018 04:00:00
Iannis Xenakis
Admitámoslo: mucha música del siglo 20 supera nuestras capacidades y nuestra comprensión. ¿Pero qué problema conlleva esto?

Me pongo a pensar en ello mientras escucho Metástasis, una obra monumental de texturas profundas, obra del compositor nacionalizado francés que traspasó límites dentro de la llamada música de concierto. Pero vaya, tan complicado, que es mejor dejar a un lado todo concepto prefabricado que tengamos, toda idea de lo que hasta cierto momento de nuestras vidas hayamos considerado como música clásica.

Lo único que nos puede mantener a flote al escuchar las masas de sonido que nos inundan es disfrutar del sonido por el sonido mismo.

Como dice, desde otro lugar muy apartado de las sonoridades de Iannis Xenakis (Braila, Rumania, 1922 - París, Francia, 2001), debemos aprender a disfrutar del sonido en sí, una sola nota puede ser bella.

Arvo Pärt (Paide, Estonia, 1935) es un auténtico iluminado cuya música es lo opuesto a Xenakis, claro, pero consideremos que los dos han pasado a la historia, aunque sea por obras tan dispares.

Pero es verdad lo que dice Pärt y creo que aplica para la obra de Iannis: disfrutar la música, el sonido en tanto que es sonido. Eso nos permite abrirnos a sonoridades nunca pensadas, inimaginables para algo que desee permanecer dentro del marco.

Sería en vano, creo yo, buscar en la vida turbulenta de Xenakis, una raíz a su música. Sí, fue perseguido por sus posturas y activismo político y perdió un ojo a causa de un proyectil, pero pasó, luego de todo esto, casi toda su vida en París, donde concibió la música que heredara al mundo.

Se nutrió de la obra y enseñanza de Le Corbusier, cuervo mítico de la arquitectura del siglo 20.

debemos recordar que Iannis Xenakis estudió la carrera de ingeniería civil y siguió sus estudios con el reconocido francés. Todo esto a la par de estudiar composición con grandes como Arthur Honegger o Darius Milhaud y más tarde y con más empatía con el grandioso Olivier Messiaen a quien yo rindo veneración profundamente.

Sin duda la música del siglo pasado no sería lo mismo sin Messiaen y sin Xenakis, entre otros. Las texturas complejas de su música habitan lo atonal y microtonal. Un teórico que amplió el horizonte musical con sus estudios y obras musicales.

Una visión muy diferente de compositores como John Cage (Los Ángeles, 1912 - Nueva York, 1992). Una música impensable en nuestra ciudad, pero que valdría la pena experimentar definitivamente. ¿Se atreven?

22 Abril 2018 04:00:00
After Bach
Pocas veces me veo emocionado por el mundo del jazz, he de confesar. Por supuesto que tengo música preferida, compositores e intérpretes en este género, pero digamos que se reduce a música de jazz clásico, del de Billie Holliday, Ella Fitzgerald, Art Tatum, John Coltrane y Cole Porter, entre otros.

En la escena de la música actual Eldar Djangirov (quien nació en Kirguistán, en la antigua Unión Soviética en 1987) es alguien que definitivamente vale la pena escuchar entre dos, tres, más y listo, no más.

Claro que desconozco el mundo actual del jazz, pero mis gustos musicales van hacia otros lados. Sin embargo, cuando alguien me atrapa con su musicalidad en la improvisación, quedo fascinado.

La improvisación muchas ocasiones es simplemente fastuosa, pirotécnica, pero carece de profundidad musical y se reduce al fuego de artificio.

Esta semana fue diferente. Brad Mehldau es un pianista y compositor estadunidense (Jacksonville, Florida, 1970) que me atrapó desde un inicio. La manera en la que aborda la música es profunda y llena de sentido. Las influencias en su música son amplias y eso le da un espectro mucho más grande.

Sin duda existe en su formación académica el jazz, pero también la llamada música clásica, principalmente la música del siglo 19, y es esto lo que me atrapa, pues podemos ver en su música e improvisación al piano ideas armónicas y melódicas llenas de sentido y no sólo espectáculo. Schubert, Brahms y Schumann son parte de su formación e influencias.

Además de trabajar durante años en tríos y demás ensambles de jazz, Brad también ha hecho música para algunos filmes (Eyes Wide Shut, Space Cowboys, Midnight In The Garden of Good and Evil), pero sobre todo, lo que a mí me fascina son tres álbumes de música original.

El primero es Love Sublime, un álbum escrito para la maravillosa voz de Renée Fleming donde la complejidad no está peleada con la belleza. El segundo es uno compuesto para Anne Sofie von Otter, un álbum delicioso donde podemos ver los alcances musicales de Brad Mehldau mientras disfrutamos de la elegancia y perfección de la voz de von Otter.

El tercer álbum es After Bach, donde podemos escuchar algunas obras de Bach que están intercaladas con obras de Mehldau y que reflejan la influencia de Johann Sebastian sobre el pianista.

Nada despreciable darse el tiempo para escuchar estos tres álbumes este domingo. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: After Bach. Brad Mehldau.
15 Abril 2018 04:00:00
Rameau & Couperin
En cada periodo de la música existen nombres de compositores que de pronto nos es difícil enumerar. Dependiendo también de la predilección que tengamos por algún periodo u otro, el número aumenta. Sin embrago, dentro de todos estos nombres, ¿se han puesto a pensar el número aún mayor de autores que nos hacen falta por conocer? y más aún ¿es alguno de estos compositores prescindible al desarrollo de la música? Porque es cierto que existen pilares en cada parte de la historia que contribuyen con su obra a sostener la evolución de la música y acaso, difícil de aceptar muchas ocasiones, algunos otros compositores no son tan importantes para el sostenimiento de la música universal.

Pero seamos honestos antes de proseguir, no es estrictamente necesario que un compositor sea un hito en la historia para que nos guste. Este no es el caso de los compositores de esta semana.

Pues bien, en la historia musical, estrictamente en el periodo Barroco y la transición al Clásico, vivieron dos compositores fundamentales para la música y que acaso son poco conocidos por muchos. François Couperin y Jean-Philippe Rameau son dos compositores franceses imprescindibles para apreciar la música barroca y en lo particular, la música francesa. Herederos de la obra de Jean-Baptiste Lully y sucesores de éste, estos dos compositores son esenciales para comprender y apreciar en mayor medida un periodo tan fascinante como lo es el Barroco. La obra para teclado de François Couperin es de una complejidad contrapuntística que hechiza al mismo Johann Sebastian Bach y quien, a partir de la obra del francés, desarrolla magníficas composiciones. Es tan profunda la obra de Couperin que no habrá otro igual en Francia sino hasta el mismo Claude Debussy, pilar del Impresionismo francés.

Por otra parte, la herencia de música operística de Jean-Philippe Rameau nos demuestra que el fuego italiano no lo es todo y que la mesura y el gusto refinado son igual de esplendorosas que la ópera italiana.

Con coros excepcionales e incursiones de danzas que sólo pueden darse en Francia, la obra de Rameau es más completa como obra escénica, pues todo está pensado en su conjunto, incluso las arias llenas de refinamiento y una mesura que igual colma nuestros sentidos. Que disfruten.

Álbum de la semana: Rameau & Couperin. Dances and Suites. Spotify.
08 Abril 2018 04:00:00
Canciones polacas
Durante el siglo 19 se desarrolló enormemente la técnica del piano. Prueba de ello es la extensa y compleja obra del austro-húngaro Franz Liszt; la desgarradora obra del alemán Johannes Brahms; la evocadora fantasía sonora de Robert Schumann y, por supuesto, la intimidad inigualable del polaco Frédéric Chopin.

Y nos imaginamos a ese joven compositor enfermizo, entre la sociedad parisina, siendo adorado por su cualidad única para arrancar suspiros en la punta de sus dedos posados sobre las teclas de marfil de algún piano burgués.

Lo imaginamos en brazos de la mítica escritora George Sand, susurrando algún nocturno que brotara de sus labios posándose como mariposas sobre sus oídos, y bajando en caricias hasta los labios trémulos de una Sand maliciosamente infantil.

Imaginamos un Chopin consagrado al piano, que no podría componer otra cosa que obras para piano. Y sí, podemos casi afirmarlo, si no fuera por una bella excepción: su opus 74. Una colección de canciones polacas para voz y piano.

Notable regalo para la posteridad en la que el compositor incluye poemas de sus amigos poetas. Injustamente infravalorados, o quizá sea más acertado decir apocados por la obra para piano, este ciclo de 17 canciones es una joya que merece la pena admirar con atención.

El trabajo que hace Frédéric Chopin es meticuloso. Se percibe la sensibilidad que conocemos en él. No parece estar en tierras extrañas. El músico polaco no es un extranjero en mundos lejanos.

El siglo 19 es un siglo de ciclos de canciones donde el lied marca la pauta. La íntima relación entre poesía, melodía y piano no es ajena para Chopin. Y no nos extraña porque su obra entera es un cantar sin palabras. El piano en su Op. 74 es exquisito, elaborada filigrana que se entreteje con la dulce voz de la cantante. Como resultado, este ciclo es delicado, íntimo, pero a a vez lleno de profunda pasión.

Es una pena que Chopin no se haya inmerso más en las profundidades de la canción, pero aún así no echamos en falta nada, pues lo poco que escribió para piano vale por cada compás, cada verso, cada respiro.

El tiempo que tardó en escribir las piezas, desde sus 17 años en 1827 hasta 1847, nos muestra la dedicación con la que las compuso y la perfección que podemos encontrar en ellas. Sin duda un tesoro que valdría la pena escuchar alguna vez.

Álbum de la semana: Chopin. Canciones Polacas, Op. 74.
01 Abril 2018 04:00:00
Sleep. Max Richter.
Album de la semana: Messiaen: The organ Works.

Olivier Messiaen nació el 10 de diciembre de 1908 y falleció un 27 de abril de 1992. Un compositor inigualable que recordamos por su obra Quatuor Pour la Fin de Temps, escrita en 1940 mientras estuvo como prisionero de guerra y que compuso con los instrumentos y músicos que estaban con él: piano, violín, violonchelo y clarinete. Una dotación de instrumentos inusual, pero que dadas las circunstancias precarias y dolorosas era lo que podía usar.

El resultado: una obra portentosa que deja el legado de un lamento sin palabras, donde los sonidos dicen más que un sermón entero. Su obra para piano es igualmente maravillosa y reveladora, de la cual será otro el momento de comentar. Lo que el día de hoy quiero compartirles es su obra completa para órgano en la interpretación de Jennifer Bate, una autoridad en la música de órgano del compositor.

La obra para órgano de Olivier Messiaen es única. Junto a Max Reger, y en mi opinión superando a este gran compositor, son el legado más grande para la música de órgano desde la época de Johann Sebastian Bach.

Es imposible confundir la obra de Messiaen con la de otros compositores. Gracias a un desarrollo teórico musical, el compositor francés pudo crear un sonido único que heredaba características de la música de Debussy, de la música de la antigua Grecia, de la música de oriente y del canto de las aves. Amante profundo de la ornitología y gran conocedor, Olivier transcribía el canto de las aves para luego usarlas en sus obras.

Además de estas características de herencia musical y pasión por diversas culturas y conocimientos de la naturaleza, para Olivier Messiaen era vital la vida religiosa. Creyente católico, manifestaba en sus obras una gran fe, fervor y devoción hacia sus creencias. Al escuchar la obra para órgano nos es revelada una fe que la trasciende todo y nos colma.

Una música inconmensurable que surge de la mente del compositor y se eleva hasta los astros. Es prácticamente imposible salir indemne de una audición de su música, pero no tengan miedo, les aseguro que será totalmente reveladora y que no podrán pensar igual sobre el arte musical luego de experimentarla.

Porque al final la música no se compone solamente de sonidos, como Messiaen comentaba a
menudo.
25 Marzo 2018 04:00:00
El Mozart negro
El Chevalier de Saint-Georges esgrime la espada con pasión musical. Los contrapuntos de su estocada logran vencer a cualquier rival que se ponga frente a él. Nada ni nadie se resiste ante la voluntariosa fuerza del espadín. Uno, dos, tres estocadas con la poderosa arma que nada tiene qué ver con el fleuret para principiantes. Luego de arduas competencias, y más para sus rivales, el Chevalier de Saint-Georges se despoja de sus vestiduras de combate y cambia drásticamente el espadín por el filo de una pluma y papel pautado. Un compositor renombrado antes llamado Joseph Boulogne es ahora tratado como caballero y director de la orquesta más insigne de París. Su espíritu de combate no se restringe al mundo de la esgrima, sino que se expande más allá.

El Chevalier es un compositor apreciado en su época. La calidad de su obra y visión musical le permite ser reconocido y buscado por las altas esferas del poder político y cultural. También gracias a su lucha incansable en la política y su postura republicana en plena época de álgidos encuentros ideológicos que no le dejaron de acarrear algunos inconvenientes, pero que por fortuna salió adelante.

La época del Chevalier de Saint-Georges es la misma que la de Haydn y Mozart, dos grandes que recordamos y conocemos casi sin saberlo, aunque en este siglo existieron personajes notables como el Chevalier, entre otros que será momento de nombrar en otra ocasión.

El Chevalier es el primer compositor de origen africano del mundo de la música clásica. Hijo de un acaudalado hacendado y de una esclava llamada Nanon, Joseph Boulogne escaló la cuesta social de manera honorable aunque privilegiada.

Es compositor de conciertos para diversos instrumentos, sinfonías, óperas, música de cámara, sonatas para clavecín y cuya pulcra calidad compositora desvela los rasgos de un músico de su época excepcionalmente instruido y sensible.

El Chevalier pasará a la historia, tiempo después, como el Mozart negro por su ascendencia y color de piel, pero también por la grandeza y sensibilidad de su música. No es baladí que se le comparé con uno de los más grandes genios de la historia musical, aunque bien podríamos irlo despojando del peso de la comparación y comenzar a disfrutarlo con su nombre original: el Chevalier de Saint-Georges.

Le Mozart Noir, un álbum para conocer a un gran compositor. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: El Mozart negro.
18 Marzo 2018 04:00:00
Sleep. Max Richter
A lo largo de la historia han existido obras musicales que han ayudado a conciliar el sueño, a combatir el insomnio, algunas de manera deliberada, y otras por gracia y desgracia de la música misma, según sea el caso.

Las variaciones Goldberg son un caso excepcional en el que Johann Sebastian Bach desarrolla, a partir de un tema llamado aria, una seria de variantes musicales de notable belleza y que fue compuesta por encargo del conde Hermann Carl Keyserlingk para ser interpretado por su clavecinista llamado Goldberg durante las noches de insomnio. Pero estamos frente a un caso de maravilla contrapuntística.

No es el caso de otras obras, que por aburridas o sin emoción, nos causan somnolencia. Pero no seré yo quien juzgue piezas así, cada quien tiene obras que les puedan causar sueño y esto sin importar si la composición es menor o está en las cumbres de las grandes obras de la Historia.

Pero el día de hoy la sugerencia es sobre la esplendorosa obra de Max Richter: Sleep. Con duración de ocho horas y 24 minutos, esta obra minimalista está pensada justamente para dormir. Y no es un juicio mío sino del propio autor quien incluso hace representaciones de esta obra en lugares con luz adecuada y camas o frazadas para que la gente pueda descansar durante la ejecución de la obra.

No entiendan esto como que la obra es aburrida, para nada. Aunque claro que las texturas sonoras, las atmósferas y los temas ayudan a descansar y eventualmente a quedarse dormido. No se preocupen si les pasa eso cuando la escuchen, era esa la intención de Max Richter.

Está dividida en 204 piezas y 29 secciones de música continua. Podríamos poner la obra y escucharla de un tirón, si las fuerzas nos acompañan, o incluso estar en nuestras labores diarias escuchando la obra, si es posible. Incluso podríamos escucharla por secciones y así escuchar despiertos la obra entera. Pero la experiencia de poner el álbum mientras uno se va a la cama a descansar será la intención del autor.

Así que no lo duden, que el domingo amerita renovar fuerzas, les aseguro que se sentarán descansados si escuchan y se dejan llevar por sus sonoridades. Lo encuentran en Apple Music o Spotify como toda sugerencia semanal.

Que la disfruten.

Álbum de la semana: Sleep. Max Richter.
04 Febrero 2018 04:00:00
La belleza del Barroco
Dentro de las actividades que realizo en mi vida cotidiana está impartir el diplomado en historia y apreciación musical dentro de los programas que la UAdeC propone a alumnos y público en general. Son varios años los que he dedicado a esta actividad que me ha dejado incontables experiencias tanto musicales como humanas. Hemos caminado desde los inicios de los tiempos hasta música tan actual que sus creadores no pasan de los 12 años. Siempre de una manera cronológica, hemos abordado los distintos periodos de la llamada música clásica.

Este semestre toca el turno a un periodo que es sin duda uno de los más bellos y esenciales para comprender la música: El periodo Barroco. Comprendido entre el año 1600 y hasta la muerte del más grande compositor de todos los tiempos, Johann Sebastian Bach, en 1750. Más de un siglo que abordaremos. Décadas llenas de belleza contrapuntística, de grandes obras orquestales, de desarrollos notables en numerosas formas musicales.

En este semestre conoceremos conceptos como tonalidad, contrapunto, fuga, sonata y concierto, entre otros más; además de ahondar en el mundo de la ópera.

Todo esto con una visión apreciativa del fenómeno musical en donde aprenderemos a escuchar y a reconocer las diferentes formas y géneros musicales que abordemos. Aunado a las biografías de los compositores y su contexto histórico, en una búsqueda constante por comprender la música no solamente como una expresión artística aislada, sino como parte de una historia de la humanidad.

Compositores como Heinrich Schütz o Buxtehude, pilares en el desarrollo de la música sacra y música para órgano; tres nombres también imprescindibles como Jean-Baptiste Lully, Jean-Philippe Rameau y François Couperin, sin quienes el barroco no hubiera sido el mismo. Por supuesto no podrá faltar la música de Antonio Vivaldi, fundamento indispensable en el desarrollo del concierto y la ópera. Georg Friedrich Händel y Henry Purcell por supuesto serán compositores que también escucharemos. Entre otros más que el espacio no me da para nombrar.

Así que si sus martes por la tarde están libres y es su deseo adentrarse en el mundo musical de tan maravilloso periodo histórico musical, no lo duden y contacten con la universidad e inscríbanse. Me daría un enorme placer contar con su presencia.

álbum de la semana: La Belleza del Barroco.
21 Enero 2018 04:00:00
Carestini: A Castrato’s Story
El siglo pasado apenas nos dejó un registro de las voces que antaño, en siglos de esplendor contrapuntístico, en el barroco, hicieran las delicias de los oídos de innumerables personas dentro de un auditorio y, por qué no decirlo, también en la alcoba de no pocas damas de respetable reputación y dilatada y lúbrica moral.

Por supuesto que estos siglos, los del barroco, lejos están de los primeros registros fonográficos, sin embargo la tradición de los llamados castrati duró su buen tiempo bajo la protección y auspicio de la santa iglesia católica, quien so pretexto de la alabanza al Eterno consintió durante mucho tiempo que a las mejores voces de sus coros infantiles se les castrara para poder impedir su madurez vocal y así conservar per secula seculorum las divinas voces de los niños.

Oal menos hasta que la carne reclamara regresar al polvo, claro está. Pero no es este un espacio para juzgar porque, ¿quiénes somos nosotros, hijos de nuestro siglo, con nuestros propios dilemas de lo políticamente correcto, para juzgar la cosmogonía de siglos pretéritos? Tampoco es menester hacer una apología de la nostalgia, porque, sobra decirlo, con la nostalgia uno debe de andarse con cuidado, ya que es la mejor de las falacias del anhelo.

Pero una cosa es segura, la pobre y, digámoslo llanamente, deprimente grabación de Alessandro Moreschi poco o nada tiene qué ver con la de los castrati. Pero no le achaquemos al finado castrato en pleno albor del siglo 20, el haber tenido una pésima voz. La verdad es que no nos consta, pues la grabación es de sus últimos años y seguros podemos estar de que en sus mejores años gozó de salud vocal como pocos.

¿Habrá que decir, por cierto, que los castrati estaban en pleno uso de sus capacidades físicas para rendir culto a Eros en cualquier alcoba que les abriera sus puertas y el paraíso sin la necesidad de correr riesgos salvo el de ser descubiertos por el señor de la casa? de ahí mucha de su fama también.

Pero dejémonos de dimes y diretes, que las líneas se acaban y no hemos hablado de una maravillosa voz de contratenor, que puede asemejarse a la de los castrati y que definitivamente no son castrados con o en contra de su voluntad. Maravillosa y reveladora la voz de Philippe Jaroussky en este álbum que rinde homenaje a los míticos castrados. Así que sin poder decir más, finalizo: Escuchen el Paraíso.

Álbum de la semana: Carestini: A Castrato’s Story – Philippe Jaroussky.

14 Enero 2018 04:00:00
Rachmaninov y su gran concierto
Luego de un periodo de profunda depresión que duró algunos años y que le impidió componer una sola nota, Sergei Rachmaninov asombró al público de su época con su segundo concierto para piano y orquesta en do menor. El motivo de este bloqueo fue aparentemente el fracaso de su primera sinfonía que en su estreno en 1897 fue dirigida de manera desastrosa. Además de esto se cuenta que Tolstoi, admirado por Rachmaninov, menospreció frente a él su obra.

Esto derrumbó al compositor quien durante tres años tuvo que estar en tratamiento de hipnosis con el doctor Nikolai Dahl. El resultado es este concierto heroico que el compositor dedica a quien considera su salvador. La historia, grosso modo, es esta.

En la historia de música para teclado, el segundo concierto para piano y orquesta en do menor de Sergei Rachmaninov es probablemente el más escuchado. En esta obra se intuye la vida interior del compositor ruso. Con un inicio trágico y oscuro en los primeros acordes del piano, la obra, dividida en tres movimientos como regularmente se divide la forma concierto, no hace sino ascender de manera incansable hacia la victoria final. La claridad de sus temas nos permite apreciar este concierto en multitud de detalles sin que esto nos haga olvidar que la complejidad técnica es inmensa, tanto para el solista como para la orquesta.

El primer movimiento ya despliega todo el virtuosismo de que será capaz el intérprete. Una obra imprescindible para todo pianista consagrado, ya que la gran calidad melódica de sus temas y la complejidad armónica y rítmica son motivos para el despliegue de toda una capacidad técnica. El segundo movimiento, de gran lirismo, nos recuerda a un nocturno. Un tema que comienza, luego de la modulación a mi mayor por parte de la orquesta, con un arpegio etéreo que irá desarrollándose hasta una intempestiva parte intermedia para finalmente regresarnos a nuestro punto inicial. El tercer movimiento vuelve a ser introducido por la orquesta de manera potente para dar pie a unos arpegios ahora más virtuosos en el piano.

El final está cerca y los temas del primer movimiento se muestran por momentos mientras el ascenso heroico del solista se despliega contundentemente. El final será monumental, luego de la coda rápida y precisa. Sin duda es un concierto que se vive a cada compás. Un concierto que no nos deja un momento sin asombro por su técnica y cómo ésta no olvida jamás provocarnos emociones.

Por supuesto que faltaría escuchar los otros tres conciertos de Rachmaninov, que no tienen desperdicio alguno, pero sin dudarlo, podemos afirmar que su segundo concierto es y acaso será el más interpretado de sus conciertos.

El tercero, día a día comienza a ganar su lugar gracias a que en nuestros días la exigencia técnica es aún mayor y este concierto es casi un tour de force, pero será tema en otra ocasión. Que lo disfruten.
07 Enero 2018 04:00:00
The Complete Nocturne
Cuando hablamos de la forma musical Nocturno, a nuestra mente viene un primer y casi solo nombre: Frédéric Chopin (1810-1849). Considerado el mayor exponente de esta forma musical, Chopin nos ha hechizado con su melifluo encanto. Sin embrago existen otros autores que también han compuesto nocturnos. Erik Satie (1866-1925) o Scriabin (1872-1915), por citar algunos. Esto sin mencionar que el nocturno, o notturno en italiano muchas veces llamado, fue utilizado incluso por Mozart (1756-1791) y basta recordar su serenata nocturna como ejemplo.

No es sino en el siglo 19 cuando esta forma adquiere las características que conocemos bien: Una pieza corta para piano de melodía íntima, lírica, con un acompañamiento de la mano izquierda ondulante, en arpegios. El nombre no tiene la intención de evocar un solo estado de ánimo o sentimiento de la noche, sino que eran piezas compuestas para ser ejecutadas en las reuniones nocturnas.

Durante el siglo 19 la música de salón tiene un auge importante y es ahí, entre la calidez de la vida social y la noche, al resguardo del frío, donde el nocturno se desarrolla.

El primer compositor en llamar nocturno a estas piezas cortas para piano fue John Field (1782-1837). Considerado el padre del nocturno, John Field fue admirado en su tiempo por los compositores más renombrados de la historia musical y no sólo por sus composiciones, sino también por su virtuosismo en la ejecución del piano.

El nocturno es introspectivo, sus líneas melódicas son evocadoras, de una calma melancólica que en su parte central se agita para volver de nuevo a la tranquilidad de un estanque en medio de la noche. El abandono al sentimiento, a la contemplación de la naturaleza, y al sentir como vía de conocimiento de lo verdadero son características del periodo romántico. Era su medio de conocimiento de lo trascendente, una clara contraposición al racionalismo del siglo precedente.

Enestas versiones de los nocturnos de John Field escucharemos a su más destacado intérprete: Míceál O’Rourke. Irlandés también como Field, O’Rourke nos hace evocar noches de otros tiempos, donde la calma de la noche no es liquidada por la electricidad ni el ruido de las noches de hoy. Los 18 nocturnos nos llevan de la mano a viajar en el tiempo, a situarnos en otro mundo y otra realidad, ¿y por qué no hacer ese viaje si a final de cuentas hoy es domingo y no tenemos que ir a trabajar?

Álbum de la semana: John Field. The Complete Nocturnes. Míceál O’Rourke, piano. Spotify.

@Amaguerjoel
24 Diciembre 2017 04:00:00
Noche de paz
El frío entumece ese día 24 de diciembre de 1914. Las trincheras apenas los resguardan del peligro mientras el día avanza, pero la noche que está por caer mostrará poco a poco un cielo plagado de estrellas que ese día brillan con tranquilidad sobre la tierra de nadie.

En las trincheras alemanas se escuchan murmullos, melodías resuenan en el campo de batalla y llegan hasta los ingleses que, resguardados, esperan el momento de actuar.

Pero la música que emerge del campo enemigo no es un canto bélico, no es un llamado a las armas y los ingleses lo reconocen.

Stille Nacht. Heilige Nacht; silent night, holy night, all is calm, all is bright; Alles schläft; einsam wacht… y de pronto las voces desde las dos trincheras se mezclan en una sola melodía que es entonada por soldados que se miran sin terror en los ojos por primera vez hace mucho tiempo.

Pueden ver la paz que habita moribunda en sus corazones y salen y se miran unos a otros y caminan para encontrarse con el enemigo que avanza con las manos desarmadas y un brillo en sus rostros.

Frente a frente alemanes e ingleses se miran en silencio sin odio en los ojos, como humanos que saben que el otro también sufre, que está lejos de casa, de los suyos. Se miran como prójimos.

En este momento dejan de cantar Noche de Paz y sin proponérselo, los ingleses recitan The Lord is my shepherd, I shall not want y ahora los alemanes comprenden y responden Er weidet mich auf gründer Aue und führet mich zum frischen Wasser.

El frío de la noche no debilita el calor que sus corazones comienzan a sentir, ni la tregua que sin esperar a las autoridades se ha establecido entre los seres humanos que están ahí, en medio del dolor y la realidad de la guerra.

Los intercambios de cigarrillos, whisky y otros obsequios los acercan más y de pronto las lágrimas ruedan por algunas mejillas al mostrar las fotografías de los seres amados, que dejaron lejos y que no saben si volverán a ver.

La Noche de Paz se extiende por algunos días sin que los altos mandatarios puedan hacer nada, irritados por la debilidad de los corazones de sus súbditos.

Partidos de futbol que los unen en amistad, entierros de los caídos que les recuerdan el dolor de la guerra que decidieron dejar a un lado por un momento y villancicos que, sea cual fuera su fervor religioso los hermanó por un instante.

Y hoy, mi deseo es que en sus vidas tengan lo mejor, y que si al menos la tregua llega en estos días y les trae paz, puedan entonar con un corazón esperanzado Noche de Paz.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Michel Corrette
El músico francés Michel Corrette (10 de abril de 1707–21 de enero de 1795) tenía un espíritu ligero como el globo que veían sus asombrados ojos elevarse por los cielos de París en 1783.

Michel, como tantos otros en ese momento, gritaba con entusiasmo: Le Globe Volant! Y fue así como llamó a la cantata que de su mente emergió ligera y majestuosa a la vez, de la misma manera que aquel globo.

En este año Michel contaba ya con más de 70 años de edad y era reconocido por su trabajo como compositor, organista y autor de libros sobre metodología musical.

En un siglo donde la actividad musical estaba en Viena, Mannheim o algún lugar de Italia, Michel vivió su juventud entre París y Ruen, su ciudad natal, y años más tarde en otras ciudades francesas.

Los pies de Michel Corrette andaban en años pretéritos entre las calles de Ruen que alguna vez la peste azotó con furia. Pero eran tiempos pasados de los cuales sólo quedaba el recuerdo.

Michel Corrette, cuyo padre también fue organista y compositor, cruzaba con paso firme la plaza del viejo mercado donde hace ya mucho tiempo el fuego de la hoguera le había dado la santidad a Juana de Arco como en señal de arrepentimiento.

Entre las calles de Ruen Michel era muy apreciado por sus habitantes tanto por los altos hombres de la aristocracia como por la burguesía.

Todos amaban su música divertida, sin pretensiones, feliz. Esto fue lo que le otorgó a Michel una distinción especial desde su juventud.

los Años pasaron y sus pies y su enorme talento lo llevaron por múltiples cortes y numerosas casas de la burguesía. Su estilo claramente italiano mostraba el pleno entendimiento que el compositor tenía de la música de Vivaldi y su ritornello.

La música gozosa de Michel Corrette la podemos escuchar en sus seis sinfonías de Noëls compuestas hacia el año de 1762, obras llenas de luz y regocijo donde cada movimiento nos sugiere un pasaje del relato de la navidad.

Además sus conciertos sobre temas de Navidad y una misa para la Navidad que merece la pena ser escuchada con más atención.

Michel también es un compositor divertido, hasta cómico, pero con una profundidad única, pues su complejidad no es inaccesible sino diáfana y sin pretensiones.

El francés Fue Un compositor prolífico que supo tomar lo mejor de su conocimiento musical para plasmarlo en obras que merecen ser más escuchadas, sin duda alguna. Música placentera que todos podemos escuchar.

Que lo disfruten.
10 Diciembre 2017 03:00:00
A Ceremony of Carols
Hace muchos años, cuando era estudiante de la Escuela de Música en la universidad, tuve un maestro memorable. Notable, por utilizar esa palabra que tanto gustaba de emplear en clase. Un contador de carácter difícil, que sin embargo nos nutría con sus conocimientos y su amor por la música. Maestro al que temíamos y a la vez admirábamos.

Cada época de Navidad, durante la última clase, la dedicaba a hablar de la pieza Noche de Paz. Nos contaba su historia, sus versiones predilectas y terminaba deseándonos a todos que, fueran las que fueran nuestras creencias religiosas o espirituales, la paz y el amor estuvieran presentes en nuestras vidas. Ahora que diciembre comienza y lo hace de manera tal como hemos vivido estos gélidos días, quisiera dedicar cada semana a sugerirles obras musicales relacionadas con estas fechas.

Y como mi maestro, fuera de cualquier creencia, estas fechas son buenas para valorar lo que tenemos, los tesoros que hemos guardado a lo largo de nuestra vida y por eso, quizás, merezca la pena despertar cada día.

Hacia el año de 1942 un gran compositor británico que pasará a la posteridad por innumerables logros musicales, compuso una obra musical para coro infantil y arpa con temas navideños.

Son 11 textos de Navidad que Benjamin Britten compone, todos cantados excepto uno. Esta obra de inocente ternura musical, pero que no es por esto una obra menor, fue compuesta durante el regreso del compositor a su patria.

Un barco trasatlántico recorre el mar mientras de la mente y pluma de Britten surge una obra que posteriormente será unida entre sus partes, es decir que no fue concebida como una obra sola, sino como varias piezas sin relación entre ellas. Al final, las voces y el arpa se unen en inseparable armonía.

Benjamin Britten, como todo genio, anda sobre hombros de gigantes, por esta razón se puede apreciar un influencia de temas gregorianos en esta obra, lo que le da una calidad vocal singular.

Ahora que el mes comienza y las tiendas siguen tocando reguetón y saturando de música comercial nuestros oídos, es bueno tener esta opción para disfrutar de obras de alto contenido artístico.

Como he dicho en alguna ocasión, el que tenga oídos para oír, que oiga. Que esta obra los acompañe estas semanas llenando de paz sus días.

Que lo disfruten.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Erik Satie
Una suave emoción, un olvido del presente, un preguntarse a sí mismo es la música de Erik Satie. Su obra es precursora de muchos movimientos, estandarte de los dadaístas, influencia para el Grupo de los Seis, para Debussy. Con un personalidad extravagante y un poco esotérica, sí, esotérica, fue miembro único de una religión que él fundó y que tiempo después abandonaría para centrar sus ansias místicas con diseños de edificios tan inexistentes como fantásticos. Erik Satie nos encanta por la bruma de su música, por su lluvia silenciosa y gris, por la clara intención de centrarse no en el desarrollo y entretejido de temas y tensiones musicales, sino por el color, el timbre, el sonido en sí. En este sentido todo un vanguardista adelantado a su tiempo.

En la escuela no la pasó muy bien. El Conservatorio no lo comprendió y lo calificó de incapaz, aun así, luego de cumplir 40 años estudiaría contrapunto en la Schola durante cinco años. Su obra sobrepasa el centenar de obras y la que más podemos rememorar es su obra para piano. Las Gymnopédies, sus Gnossiennes, La Belle Excentrique, por ejemplo. Curiosa su manera de hacer anotaciones a sus composiciones: “Como un ruiseñor con dolor de muelas, ligero como un huevo, nos invitan a la ensoñación”.

Mucha de su actividad como músico era ser pianista de cabaret, donde adaptaba piezas populares a piano y voz. Muchas de ellas se conservan como la bella Je te veux, un vals lánguidamente tierno y luminoso.

Caminaba casi a diario 10 kilómetros para llegar a París, vivía a las afueras, con distinguido andar, trajes de terciopelo, sombrero de copa y paraguas. En casi sus 30 años de vivir en su pequeñísimo departamento jamás tuvo visita. Qué sorpresa fue que, luego de su muerte, sus amigos encontraran en su alcoba cientos de paraguas, algunos sin usar; bocetos de sus edificios imaginarios que publicaba anónimamente en periódicos para ponerlos a la venta, y que nadie sabía; obras olvidadas o nunca publicadas. Todo esto entre polvo y telarañas.

Escuchar a Erik Satie es vivir un misticismo: sin explicación dejamos de ser nosotros mismos con nuestras calamidades de la vida diaria. Viendo a la lejanía, absortos. Y aún así, vivos, pues como dijo el propio compositor: Ya tendremos tiempo de estar en un cementerio.

Podemos escuchar su obra completa para piano por uno de los grandes pianistas franceses: Jean-Yves Thibaudet. Sin duda una experiencia musical que amerita una disposición de espíritu muy particular, pero que ni por asomo será en vano. Que lo disfruten.
26 Noviembre 2017 03:00:00
Cecilia Bartoli
Desde la ventana de la pequeña Cecilia se aprecia la cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma. El sol vuelca su luz sobre los tejados y hace brillar la ciudad. Los ojos de la pequeña Cecilia que miran por la ventana se entrecierran mientras canturrea quedamente. Nunca imagina ni sueña siquiera la pequeña Cecilia que su carrera en el canto la llevará a romper paradigmas, tabúes.

En Roma el coro de la Capilla Sixtina canta con voces masculinas desde el siglo XV y nadie ha pensado en romper la tradición. Años después, en 2017, Cecilia Bartoli fue la primera mujer en cantar con el mítico coro y hacerlo en la Capilla Sixtina. Ese coro que incluso negó la permanencia al gran Giovanni Pierluigi Palestrina en el siglo XVI por haberse casado.

El coro, que solamente alberga voces varoniles, blancas, y en tiempos lejanos a los castrati, romperá la tradición para cantar con la maravillosa voz de Cecilia Bartoli, reconocida mezzosoprano quien se caracteriza no solamente por su portentosa capacidad vocal, sino también por su labor como investigadora en al campo musical.

Cecilia Bartoli ha traído hasta nosotros álbumes que nos develan la obra de compositores muchas veces olvidados, como el dedicado a Agostino Steffani; o también obra desconocida de autores conocidos como Salieri o Vivaldi, así como repertorio de castrati en discos como Sacrificium.

En el álbum Veni Domine, del coro de la Capilla Sixtina, Cecilia Bartoli canta bajo los frescos del genio Miguel Ángel y, en apenas tres minutos y medio, pasa a la historia como la primera mujer en cantar ahí. La obra Beata Viscera Mariae Virgine, del compositor francés del siglo 12 Pérotin, notable compositor de la llamada Escuela de Notre Dame.

Una línea melódica dulce y reverente emana de los labios de Bartoli mientras el coro se une a su oración a la mitad de la interpretación en voces infantiles que alternan con la de Cecilia para después ser acompañada por una nota pedal, grave, constante de coro de hombres.

La melodía que Pérotin el Grande compuso hace ya tantos siglos llega hasta nosotros y, como he dicho antes, vuelvo a decirlo: la maravilla de la música antigua es que nunca envejece. Que disfruten.

Álbum de la semana: Veni Domine.
19 Noviembre 2017 04:00:00
El joven Bach
Muy de mañana Johann Sebastian Bach (1685-1750) abrió sus ojos en medio de su habitación y esbozó una ligera sonrisa cuando recordó que ese día no sería como cualquier otro.

Era octubre de 1705 en Arnstadt y esa mañana Bach comenzaba su viaje a Lübeck para conocer al músico, compositor y organista por excelencia Dietrich Buxtehude (1637-1707). Casi 400 kilómetros de camino lo esperaban.

Después de tomar un desayuno frugal, el joven Johann Sebastian Bach se calzó sus zapatos, se puso su abrigo, tomó su pequeño saco de viaje, las partituras que esperaban ser leídas por el maestro de Lübeck, la vianda, algo de cerveza que llevaba para la comida y emprendió la fuga. Tenía 20 años de edad, la fuerza y el ánimo suficientes para caminar durante 10 días hasta su meta.

Bach tenía cuatro semanas de permiso para realizar el viaje, pero ya sabía que no serían suficientes para lograr su objetivo. Él quería, además de aprender todo lo posible del maestro de Lübeck, ser su amanuense, su asistente y luego, si todo salía como lo deseaba, convertirse en el sucesor de Buxtehude en la renombrada iglesia de Santa María. Cada día Bach aprendía del maestro.

Cuatro semanas se fueron convirtiendo en cinco y luego seis y al final muchas más. Johann Sebastian no dejaba de aprender.

Su meta no era sencilla y dejó de ser una posibilidad porque había una condición que el músico no pudo aceptar: casarse con la hija de Dietrich.

Acaso porque en esos momentos para Bach no había más compromiso que el suyo con la música o quizás porque la hija no era agraciada a sus ojos. Aun así, Bach no dejó que esto le impidiera aprender todo.

Mientras tanto, sus preceptores en Arnstadt comenzaban a inquietarse por la ausencia prolongada. El trabajo esperaba a Bach y el enojo de quienes mantenían a Bach crecía día a día.

A Bach no le importó ausentarse 16 semanas de su trabajo y pagar con pena su falta.

Logró su objetivo de aprender todo del maestro Buxtehude y eso valía la pena por mucho. Su arte musical demostró que no fue en vano la experiencia en Lübeck.

Al final, la ciudad de Arnstadt se vería recompensada con el arte del joven Bach, pero no por mucho tiempo. 

El genio de Bach lo llevaría poco después a la ciudad de Mühlhausen donde seguiría demostrando su genialidad y donde encontraría a María Bárbara Bach (1684-1720) con quien se casaría el 17 de octubre de 1707.
05 Noviembre 2017 03:00:00
Un álbum para recordar
La nostalgia no es recordar un momento del pasado como feliz, ideal, sino creer que en ese momento que recordamos estábamos a sólo un paso de alcanzar la felicidad.

¿Quién dijo esto? No lo recuerdo. No es que el presente se manifieste horroroso, para nada. Pero ya sabemos, recordar es un acto en el que nos visitamos, nos entendemos y vemos en perspectiva.

¿Qué fue de nosotros desde aquel instante que la nostalgia nos revela y qué somos hoy? No pocas veces podríamos pensar en cambiar algo del pasado. Conozco personas que no cambiarían nada porque todo los ha llevado a ser quienes son ahora.

Yo no pienso igual. Sí que cambiaría algo del pasado. No poco.

Apenas algunas experiencias y ya está, que sea de mí en el presente lo que esos cambios hubieran provocado. Nada de importancia, por supuesto, que la música y el arte siempre estén presentes en mis días. Y los libros.

Dentro de estos recuerdos de mis años pasados siempre aparecen obras musicales y de poco a poco crecen en número las melodías en mi cabeza.

Las letras de igual manera se van depositando entre mis venas. Los libros son cofres donde depositamos recuerdos entre sus líneas como tesoros. De ahí que nunca nadie acabará con los libros, los atesoramos porque nos definen, nos dicen quiénes somos.

La música acompaña casi todo recuerdo. Y esta semana se apareció en mi mente la gran Cecilia Bartoli. Majestuosa en su voz, prodigiosa técnica y celestial musicalidad. Ya una vez tuve la fortuna de verla en vivo en el teatro de Champs-Élysées.

Una experiencia única, reveladora. Sin embargo, hay un álbum que está más metido entre mis recuerdos. Un álbum grabado en vivo en el teatro Olímpico de Vicenza. Live in Italy.

La música que está depositada en ese álbum es un tesoro. Desde la música antigua acompañada por una excelente orquesta barroca, hasta cantar dulcemente, pícaramente, amorosamente entre la música que emana de los dedos de Jean-Yves Thibaudet.

Un álbum que me acompañó ya hace muchos años y que tenía en un dvd que ahora pertenece a recuerdos de otra persona que recuerdo con cariño, pero qué maravilla que la música siga presente.

Escucho la voz de Cecilia Bartoli y la recuerdo, vestida de rojo, frente al majestuoso proscenio del teatro Olímpico y yo me hundo en mis recuerdos.
29 Octubre 2017 03:00:00
Franco Zeffirelli
Uno de los primeros encuentros con la obra de Zeffirelli fue su maravillosa adaptación cinematográfica de Romeo y Julieta, filmada en 1968. Los vestuarios perfectos y evocativos; la música tan melancólica, ya recordamos de pronto el conocido tema escrito por Nino Rota; la fidelidad al texto de Shakespeare, que nos guía con su ritmo sólido en belleza; las actuaciones de los personajes principales y sobre todo de Leonard Whiting y desde luego Olivia Hussey cuya belleza renacentista es una viva revelación virginal.

Luego de esta película, que he visto una y otra vez, descubrí que el genio director de este film era también productor de cine y me di a la tarea de conocerlo. Maria Callas y Tito Gobbi fueron las estrellas que participaron en la producción de Zeffirelli de Tosca para la Royal Opera House, pero no brillarían solos sino en el universo de la mente de Zeffirelli, que supo crear el mundo de la ópera de Puccini con tal precisión y sensibilidad que los años han pasado y Zeffirelli se afirma como el más grande productor y diseñador de ópera. En todo caso el más ambicioso. Sus puestas en escena no escatiman en nada.

Los detalles más mínimos cuentan para que la historia, sea cual sea, se crea, se viva, se goce. Es un deleite siempre admirar la perfección y gusto con que sus puestas en escena se llevan a cabo.

Pues bien, luego de años de saber de la obra de este gran personaje, tuve la oportunidad de asistir a dos representaciones históricas: La Bohème y Turandot. Ambas óperas de Giacomo Puccini que Zeffirelli representa en escenario de manera minuciosa y perfecta. Una, asombrosa en el ambiente de un París invernal de calles y edificios apretados en el barrio latino de la capital francesa. Estuarios, calles, tabernas, todo creado para dar placer a quien observa y para quien interpreta en esos
escenarios.

La segunda, Turandot, es imponente. Observar los detalles y majestuosidad de todo lo que aparece en el escenario es apabullante. Uno se siente engullido por la arquitectura colmada de oro, de dragones y leones en columnas inmensas. Los vestuarios de la más fina confección son auténticas piezas de arte. Y todo esto para que la obra de Puccini viva plena, donde la música y las voces se sientan en el mundo que fueron concebidas. Una y mil veces vale la pena vivir la experiencia. Ahora, que el recuerdo está en mi mente, atesoro tal privilegio.
22 Octubre 2017 03:00:00
Evocación mística
Las dulces voces despuntan como una luz al amanecer iluminando todo. El sonido del órgano y del piano envuelven, abrigan, sustentan las palabras que emanan de cada una de las voces. Los instrumentos están indefinidos y presentes en la sala, los escuchamos desde todas partes y en todo lugar. Las voces habitan entre acordes, entre líneas melódicas del sonido aflautado del órgano, del etéreo piano. Una textura que se entreteje dando como resultado un tejido de sonidos suaves, aterciopelados, vivificantes. Todo lo que escuchamos son susurros angelicales que descienden en una anunciación de lo divino en el arte musical. Da Pacem entonan las voces blancas, sin el vibrado afectado del canto operístico. Son diáfanas, cristalinas, mientras una voz grave da cuerpo a la oración. Charles Gounod, el gran compositor operístico, nos deja el Da Pacem; André Caplet, el excelente compositor quizás opacado por el genio de su amigo Debussy, nos regala un Panis Angelicus tan profundo, que sentimos en sus tensiones armónicas como nuestro interior se transforma hasta volver a reposar en resoluciones armónicas que merecen ser experimentadas una y otra vez. Tantum ergo: veneremos, pues, inclinados ante tan grande sacramento. Un texto que está presente en este disco en composiciones por parte de Ettore Pozzoli, Jean-Baptiste Fauré y por supuesto, junto a este texto, el otro, Pange Lingua, también compuesto por santo Tomás de Aquino se revelan en un álbum que no tiene ni un momento en el que asome este siglo, lo mundano. Es un éxtasis que eleva. Sí, quizás el éxtasis religioso tenga mucho de carnal, si recordamos el erotismo, de Georges Bataille, pero pronto nos olvidamos de pensamientos semejantes y la música vuelve a abrazarnos cuando el siglo se revela en la composición de Santo Tomás de Aquino, no sólo recordado por la filosofía y su Summa Theologiae, sino por estas composiciones que nos rebasan, nos conmueven hasta el llanto, al menos a un servidor que no pude evitar que las lágrimas surcaran mis mejillas. Aquí, en este momento del álbum el piano, anacrónico, nos hace pensar en lo eternal de la música. De la verdadera música. Es una Epifanía, pero cuatro piezas más, una de ellas anónima, entre otras que componen el álbum, faltan por revelarse y yo estoy ansioso por escuchar. Ansioso porque ustedes escuchen también.

Álbum de la semana: St. Thomas Aquinas. Spotify.
15 Octubre 2017 03:00:00
Sonata número 32
La tarde de un día tranquilo se posa sobre la sala de mi casa. El silencio es un regalo que aprecio como algo valioso en estos tiempos de ruidos de toda índole. De pronto, me dispongo a romper el silencio. Es momento de llenar el lugar de música. El sonido comienza a emanar potente, trágico. Dos octavas en forte seguidas de dos acordes que me colman y un trino como sólo el genio de Bonn puede darnos: doloroso, enérgico, con el sino ineluctable como una sombra sobre nosotros.

La sonata número 32 es su última sonata, acabada más de cuatro años antes de la muerte de Beethoven. Un testimonio de su genio, de su capacidad de síntesis, aunque a muchos pudiera parecernos paradójico en él. Dos movimientos, en lugar de tres, componen esta sonata y no hizo falta más. Su segundo movimiento, tan en contraste con la tormenta del primero es un adiós a la sonata como forma, como género. Luego de esta obra, ya nada será igual para el piano, ha traspasado los límites, los ha empujado a horizontes insospechados.

La calma de la Arietta, el tema principal del segundo movimiento es un adiós seguido de seis variaciones de una belleza tan refinada, que nos extrañaría en un Beethoven joven, pero estamos ante un genio en plena madurez, inmerso en sus propios mundos que la sordera le ha dejado. La pulcritud de este movimiento es tal, que pudiera un oído distraído, pensar en algo sencillo a la ejecución y sin embargo estamos ante una partitura de enorme dificultan no sólo interpretativa, sino técnica.

La sonata Op. 111 número 32 es un tesoro que guardo desde hace años como muy mío. Alguna vez la toqué, ilusionado por quimeras que se han esfumado, pero el amor por la sonata sigue intacto y lo que es capaz de producirme cada vez que la escucho se acrecienta con los años. Pero en esta ocasión es un genio que desde los 2 años ya había brillado con tal esplendor que nunca más dejó el piano, siempre ejecutándolo con un amor infinito, inagotable,
incondicional.

Evgeny Kissin, 25 años después de no grabar un álbum con Deutsche Grammophon, graba la última sonata de Beethoven, entre otras obras del autor, en una audición pública donde la contundencia y exactitud técnica de Kissin se une a una interpretación más madura del genio intérprete. Nada se escapa de sus manos, de su intención musical. Su paleta sonora es enorme ahora, a sus 46 años y estoy siendo testigo desde la sala de mi casa de ello.

Album de la semana: EVGENY KISSIN.

BEETHOVEN
08 Octubre 2017 03:00:00
Messe de Nostre Dame
Guillaume de Machaut vivió en un siglo complicado. Estamos en el siglo 14 donde, amén de la pequeña era glacial que atravesó nuestro mundo, una peste venía de oriente con tal fuerza que acabó por exterminar a dos tercios de la población europea. La peste negra hacia el año 1346 tomó al mundo, y el hombre europeo estaba indefenso ante el castigo divino, como era más fácil pensar en aquella época.

Además de las muertes por la peste, 10 años antes comenzaba la Guerra de los Cien Años, que como sabemos no duró 100 sino poco más, y tuvo enfrentados a Inglaterra y Francia. En este entorno las danzas macabras, murales y motivos pictóricos en donde la Muerte convive con los vivos se volvió habitual.

El hombre de este siglo convivía inexorablemente con la muerte, no escapaba a su manto, a su abrazo mortal, pero la vida continuaba mientras tanto. Siglo 14, siglo de Felipe El Hermoso y de procesos contra los poderosos caballeros templarios que terminarán en mito y realidad. Durante este siglo, allende el mal, Geoffrey Chaucer hereda al mundo sus cuentos de Canterbury, Boccaccio su Decameron y Guillermo de Ockham, fraile franciscano, su navaja en la que la lex parsimonia explica que la explicación más sencilla a un hecho tiende a ser la más probable.

Este es el siglo del clérigo Guillaume de Machaut, quien es el más grande representante del Ars Nova y sin duda el más notable compositor de este siglo. Si bien el término de Ars Nova se lo debemos a Philippe de Vitry, es Machaut quien representa mejor esta época con su magnífica Messe de Nostre Dame, compuesta entre los años 1360 y 1365. Una misa escrita para la catedral de Notre-Dame de Reims, magnífica obra arquitectónica esta y la misa, por supuesto. Es la primera obra más extensa atribuida a un sólo compositor.

Su estructura en seis partes es un obligado para quien desee conocer los intrincados caminos del contrapunto, pero también para el diletante que anhela sumergirse en el tejido armónico de la música de estos y otros siglos. Imperdible de principio a fin, la misa es un tesoro de un siglo que vio grandes cambios en la estructura social, política y religiosa. Desde el Kyrie eleison, Guillaume nos postra a sus pies y no dejaremos de estarlo hasta el final, cuando las voces clamen Ite missa est. La misa ha sido dada. Podéis ir en paz. La música sea con vosotros.

Álbum de la semana: Messe de Nostre Dame. Spotify.
01 Octubre 2017 03:00:00
Memorias de un pianista
En algún mes del año 1919. Ciudad de México. Arthur Rubinstein, pianista que se convertiría en leyenda y que en ese tiempo ya era un nombre respetable, estaba listo para dar una serie de conciertos en plenos conflictos nacionales. La audiencia, más bien escasa para quien se presentaba, apenas unos 300 asistentes, lo ovacionó como una legión.

Años pasados en los que fue remunerado en monedas de oro, que emocionado contó de regreso a su cuarto de hotel, imaginando lo que representaría en moneda europea. Rubinstein regresó tiempo después. Su opinión siempre fue que los brasileños y mexicanos tenían las mejores capacidades musicales de toda Latinoamérica. Amado en los países latinos, con el tiempo conquistó rotundamente auditorios de Estados Unidos. Arthur fue un genio que vivió pleno toda su vida, en las desdichas y los momentos felices.

Amante del vino, las mujeres y los libros, fue el preferido de la aristocracia y burguesía europea. Desayuno con unos, comida con otros y cena con alguien más de la alta sociedad. Un genio desesperante para sus primeros maestros por su falta de rigor, Arthur Rubinstein tuvo un cambio radical hacia sus 30 años, cuando escuchó la perfección de Vladimir Horowitz. Uno de esos momentos cruciales en su vida, decidió vengarse de sí mismo, dice, y convertirse en todo lo que su capacidad podría dar.

De una memoria prodigiosa, dominaba ocho idiomas y ya al final de su vida era capaz de recordar hasta los mínimos detalles de su vida, Arthur Rubinstein fue un sublime intérprete del repertorio Clásico y Romántico. Capaz de quitar la sensiblería excesiva en la obra de Frederic Chopin, podemos escuchar en él una pulcritud y exactitud perfectas. No hay mejores pianistas y él no se consideraba el mejor, sino simplemente diferente. Para él la importancia de un artista era ser único, como nadie. De ahí que no deseara ser catalogado como el mejor, sino simplemente único.

Y estamos de acuerdo, porque la historia nos ha legado sus magníficas interpretaciones, pero también las de otros notables pianistas. Pero basta escuchar la manera en la que interpreta Chopin, para saber que Arthur Rubinstein es una referencia y un legado indiscutible en la música en Spotify encontramos no pocas pruebas de ello. Que lo disfruten.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Music of the Troubadours
Son siglos perdidos en la memoria. Años en los que la vida transcurría diferente a nuestros días. Días que comenzaban y terminaban regidos por la luz del sol. Los años que habitan entre los siglos 12 y 14.

El hombre pasa sus días en periodos de oscuridad dicen muchos, pero quizás debamos voltear a ver los ábsides en las iglesias para ver el esplendor y la luz que también existía. No todo, acaso estaba inmerso en las penumbras. Es verdad que no fueron siglos difíciles. Sin duda. En estos siglos de desarrollo de técnicas en la agricultura, de modales en la mesa, vieron el cielo músicos itinerantes que divertían a los habitantes de las tierras europeas, principalmente al sur de Francia, aunque también se dieron los casos en Alemania, por ejemplo.

Músicos que esparcían las noticias de pueblo en pueblo, que nos contaban historias de amor. Ese amor cortés como le llaman, lleno de personajes inocentes, ideales, que sobreviven a la adversidad.

De estos siglos, en un lejano 1275 Adam de la Halle creaba el juego de Robin y Marion. Robin Hood. Y de pronto me doy cuenta de que el mundo inmenso en sus siglos es cercano en historias. Siglos aquellos en los que ser pagado con ropa o pan era la meta.

Estos músicos itinerantes eran llamados Juglares. Músicos que hacían todo un espectáculo para divertir. Músicos que no eran bien vistos por la Iglesia y la sociedad, pero que convivían. Los juglares como semilla de las compañías itinerantes que luego darían vida al teatro. Y junto a los juglares, los trovadores, músicos de los cuales pertenecían a la nobleza y, por lo tanto, podemos imaginar otra faceta del artista.

El trovador era más creador que músico multidisciplinario. Componía historias como Adam de la Halle. Juglares y Trovadores convivieron y enriquecieron una época que nos podría parecer dominada por la música litúrgica. Músicos de la nobleza los trovadores y ambulantes los juglares, esparcieron una riqueza literaria y musical que aún hoy nos sorprende.

Y para ejemplos Beatriz de Día, de quien tenemos apenas un registro mínimo, pero suficiente para darnos cuenta de la grandeza de esta compositora. Años de pestes, sí, pero de Boccaccio, Dante, trovadores y juglares que dejaron testimonio del poder del arte en medio de cualquier época adversa.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Music of the Troubadours. Spotify.
17 Septiembre 2017 03:00:00
Mahler. Sinfonía 5
Los sonidos de los metales comienzan como una anunciación del destino. Ya Beethoven nos acostumbró a esas llamadas de lo trágico, de lo inconmensurable. Apenas unos compases después las cuerdas comienzan una danza grave y sentida que va acompañada por breves toques de los contrabajos. Los cornos suenan de nuevo. Cuatro notas repetidas con insistencia. Las percusiones resuenan. Los timbales son profundos. Las maderas nos ofrecen su dulzura mientras las cuerdas van aumentando de poco a poco la tensión. El primero movimiento nos recuerda a una obertura casi salida de la mente de Verdi, pero sabremos que irá más allá. La marcha fúnebre nos inunda de tristeza. La tragedia nos persigue a los largo de este primer movimiento.

Mahler, mal herido corazón, nos tiene acostumbrado a las marchas. A lo largo de su colosal obra nos podemos dar cuenta de ello. La tristeza que desborda, que sobrepasa todo entendimiento y que nos envuelve entre sus melodiosos brazos.

Después de la tormenta viene la calma, la tregua. Mahler nos transporta a un mundo de fantasía, donde lo idílico se mezcla entre riquezas tímbricas para dejarnos caer en un ensueño. Danza de colores, de timbres. En este tercer movimiento la desdicha parece no asomarse, pero está latente en cada compás. Lo sabemos. Las ninfas danzan en míticos bosques, pero la realidad está por alcanzarnos.

El velo no tardará en rasgarse y entre lágrimas que surgen de un arpa doliente de las cuerdas emanan las dulces y más tristes notas que de Mahler quizás recordamos. Es el famoso Adagietto. Desde lo más profundo de nuestra alma clamamos, la música nos purifica, nos salva. Las lágrimas son perlas preciosas que Mariss Jansons toma delicadamente con la punta de su batuta para depositarlas entre las cuerdas de la orquesta. Nos unimos a Mahler, a su dolor sin palabras que dicen más que todo la filosofía del mundo. Largas notas de los chelos y contrabajos nos sostienen. El arpa surge de nuevo como un rayo de sol por la mañana que apenas nos acaricia la piel, que apenas nos hace sentir cómo la vida surge de nuevo. La esperanza se deja ver. Mahler no nos dejará ahí.

El quinto movimiento viene sin tardanza, se apresura, nos alcanza. Inmensa sinfonía esta de Gustav Mahler. Les aseguro que no se arrepentirán de dejarse llevar una vez más por el poder de la música.

Álbum de la semana: Mahler. Sinfonía 5. Mariss Jansons. Spotify.
10 Septiembre 2017 03:00:00
Un Top 10 de Música Clásica
Sin duda alguna existen tantas obras maestras en la música, que no nos bastaría una vida para escucharlas lo suficiente. Tantos siglos ya de música escrita, tantas visiones y transformaciones de lo que se entiende por lo bello y bien logrado en materia musical, que debemos resignarnos a que nunca abarcaremos todo.

Por un lado, esto es maravilloso. Tampoco es que quisiera vivir eternamente. Como Umberto Eco, y parafraseando, también pienso que, de ser inmortal, terminaría por aburrirme de escuchar incontables ocasiones las grandes obras musicales o de leer por enésima vez Los Buddenbrook o cualquier obra cumbre de la literatura. Y más yo, que desde que tengo uso de razón me aburro casi de inmediato. Quién sabe lo que será de mí si existe la vida eterna. Acaso cambiar cada milenio de género o periodo musical, no sé. Quizá la música de las esferas sea algo que haya que escuchar.

Tengo un amigo que colecciona discos. Es tanta la música aún sin abrir y guardada en cajas, a la espera de ser escuchada, que no le bastará la vida, según los cálculos meticulosos que él mismo ha hecho, para disfrutarla toda. Aún a un ritmo incansable como él suele escuchar. Pero es que la sed de conocer, de saber que la música es interminable, nos sobrepasa. Sigue coleccionando. Y lo entiendo.

Sin embargo, por más que podamos escuchar obras nuevas, siempre permanecerá inalterable, o casi inalterable, un lugar donde estarán algunas creaciones predilectas. ¿10? Quizá más.

El número es sólo una elección a la hora de redactar esto mientras miro por la ventana. Entonces 10, me digo.

1. Las Variaciones Goldberg, de J. S. Bach.

2. La sonata número 32, Op. 111, de Beethoven.

3. Für Alina, de Arvo Pärt.

4. La quinta sinfonía, de Gustav Mahler.

5. El Réquiem, de W. A. Mozart.

6. La sinfonía número 3, de Henry Gorecki.

7. La obra de Hildegard von Bingen.

8. Las Kinderszenen Op. 15, de Robert Schumann.

9. Vingt Regards sur l’enfant Jesus, de Olivier Messiaen.

10. El preludio de Tristán e Isolda, de Wagner.

La lista, salvo algunas obras, es totalmente modificable según el tiempo me vaya cambiando. Nunca somos los mismos. Ahora la pregunta surge: ¿Cuál es su selección de la llamada música clásica?
03 Septiembre 2017 03:00:00
Concierto
La oscuridad tras el escenario es un preludio. Un refugio en el que todo permanece latente, a la espera. Se escucha un murmullo en la sala como de río. Es el público que comienza a entrar al recinto y busca su lugar para disfrutar del espectáculo. Se escucha la primera llamada. Los músicos comienzan a entrar en la sala de a poco. Se escuchan algunos pasajes a lo lejos, en algún camerino. Las luces laterales inundan el escenario y ciega un poco.

La segunda llamada se escucha y tomo mi lugar. Entre el piano y el arpa. Detrás de los segundos violines y al lado de los cornos. Dejo listas mis partituras sobre el atril. Me aseguro de tener el teclado con el sonido adecuado para el concierto y el volumen en su lugar. En mi saco llevo mi celular apagado.

Unas llaves, la cartera y un libro. Miro hacia la sala y la oscuridad engulle todo. Es una cueva donde habita un cíclope que vigila cada movimiento, cada gesto, cada sonido. Al acecho. La tercera llamada suena luego de los anuncios pertinentes. La concertino entra y recibe el aplauso del público de pie. Voltea hacia la orquesta y da la señal.

El oboe y todos los instrumentos, por secciones, comienzan a afinar, a vibrar en la misma frecuencia. La orquesta vibra un solo la, hipnótico, como un mantra.

De pronto el silencio desciende y, tras una pausa, el director entra al escenario, la orquesta se levanta entera y los aplausos lo abrazan. Volvemos a nuestros asientos. La batuta entre las manos del director late imperceptiblemente.

La energía fluye desde el cuerpo del director hasta sus ojos y la punta de los dedos que sostienen la batuta. Contacto visual con los argonautas musicales que están a punto de conquistar al cíclope oculto en las sombras del auditorio.

La batuta se eleva y la orquesta entera nos preparamos para el inicio. Es el momento. No hay más esperas.

A la indicación del director, el sonido surge poderoso de la orquesta.

Un poder emana de cada sección de la orquesta. Desde mi trinchera escucho el piano, los cornos enérgicos. La energía se hace una sola. El público siente este poder y se desvanece en el silencio. La música lo domina todo. El director, en éxtasis, guía a cada sección, a cada instrumento por donde su visión desea. Cierra los ojos arrebatado por las musas.

La música siempre conquista cuando la entrega es total y el director, la orquesta, lo saben. El público presencia el trance junto a nosotros hasta el acorde final.
27 Agosto 2017 03:00:00
Historia de la música
Hablar de la historia de la música es aceptar que los caminos son incontables y que hace falta centrarse en algo para no perderse. Dejar un hilo que nos permita regresar sobre nuestros pasos. No es tarea fácil, es necesario discriminar para avanzar sin desviarnos. Y uso la palabra discriminar en el sentido primero de la palabra: la de distinguir, separar mediante un acto intelectivo para así poder enmarcar una serie de sucesos o cosas y poderlas estudiar mejor.

No en el sentido de marginar. Aunque en estos días todo deba ser incluyente, para el estudio es imperante delimitar.

En fin, ¿a qué viene todo esto? Pues que esta semana comienzo un diplomado en historia y apreciación musical para la Universidad Autónoma de Coahuila, y entre los muchos caminos que podíamos elegir, elegimos el que nos es más cercano social y culturalmente hablando: la música occidental.

Sabemos que en India o Japón y China, por citar tres ejemplos, la música tomó durante siglos cambios diferentes y que actualmente se siguen notando esas raíces aun cuando las influencias occidentales estén ahí; sabemos que podríamos hablar de la música en el continente americano, pero nos toparíamos invariablemente con que occidente, es decir la música europea, influye en cierto momento también; o finalmente podríamos decidirnos por estudiar la música en México, y de igual manera nos veríamos en aprietos porque nada es puramente mexicano aunque existan las excepciones.

Entonces, al final, para no perdernos en laberintos cada vez más complicados, decidimos volver sobre nuestros pies a la cuna de la civilización de occidente: Grecia y Roma.

Desde ahí comenzaremos el diplomado e iremos avanzando por los caminos de la música pasando por el medioevo, el renacimiento y de ahí lo que ya al menos de oídas conocemos. No hablaremos de una evolución de la música porque sería incorrecto.

El camino de la música no es evolutivo aunque existan desarrollos en las formas.

Cada periodo tiene en sí mismo su medio y su fin. Claro está que entender la música de manera más completa nos ayuda a comprender los senderos que ésta ha tomado a lo largo de la historia y nos permite comprender el presente.

Así que si están interesados en hacer este camino histórico-musical, sean bienvenidos.
20 Agosto 2017 03:00:00
Manon Lescaut
Visitar una librería de viejo es adentrarse en mundos fantásticos, en una mística filológica. La entrada de la librería ya anuncia el misterio. Afuera el mundo corre, empuja. Hacia adentro, la semipenumbra atrae tus ansias de silencio, de paz, de inquietud por descubrir. Apenas unos pasos dentro de la librería, el silencio se manifiesta. El olor de los libros llega a tus sentidos como un incienso. Columnas de un lado a otro se elevan mostrando en sus lomos la palabra donde uno ya puede aprender sin siquiera abrir sus páginas. Te rodeas de libros, de conocimiento que cobija contra la ignorancia.

Ya ese hecho es suficiente para permanecer sin atender a Cronos. Los títulos se muestran en los estantes, historia, filosofía, artes, poesía, música, novela, novela latinoamericana.

Los secretos se desvelan. Entre las manos ya sientes el peso de un tomo que llama tu atención. En busca de misterios te adentras dentro de pasillos llenos de saber. Los siglos se manifiestan en papel. El color ocre inunda tus ojos.

De pronto, otro libro llama tu atención y dejas esperando al que tenías entre las manos. Manon Lescaut, del Abate Prévost. Tapa dura, de un color rojo intenso, como una tentación. Las letras en color oro ya demandan tu entrega. Largo tiempo esperado, abres sus páginas que se revelan sólo para ti.

Sin pensarlo, te sientas y comienzas a leer sus páginas. Una a una Manon te arrebata del presente y te sumerges en la pasión con ella, en el exilio. El arrebato es tal que no sientes que la vida corre, que la realidad te exige atender cosas presentes. No existe más que tu pasión por Manon, pobre joven Des Grieux. Ya no es tu ciudad más, ahora habitas París. Saint-Germain. Y después, páginas adelante, luego de decenas de peripecias, alegrías y desgracias, el destierro. El desierto que quema tu piel, y no seca las lágrimas por Manon que agoniza a tu lado.

Las manos te tiemblan de impotencia ante la implacable muerte que se posa sobre tu amada, entregada finalmente por entero entre tus brazos. Fra le fue gracia, amore, última volta.

Entre mis brazos, amor, por última vez, susurran sus labios cerca de tu oído. Tus ojos se inundan de lágrimas. Funesto delirio se apodera de ti. La noche oscura cae sobre la librería. Sales. Es de noche y caminas vuelto a la realidad con un libro entre las manos que guarda una historia entre sus líneas que sólo será para ti.

Álbum de la semana: Manon Lescaut, Puccini.
06 Agosto 2017 03:01:00
Rossini
Esta semana fue de viajes, de ajetreos entre pendientes por hacer y proyectos por ir poniendo en marcha.

Pero entre todo eso sin duda que hubo un espacio para despojarse de la ansiedad que el siglo 21 nos regala de manera un poco macabra. Y para no guardar el secreto, lo diré sin más: esta semana me he quedado sin mi teléfono celular.

¿Se dan cuanta de la magnitud de este evento en plena era de la híperdisponibilidad? Yo no lo sabía hasta unos días después de haber tomado la decisión un poco gracias al destino y a mi poca iniciativa. El teléfono dejó de funcionar y punto. De pronto una llamada se cortó y no fue posible seguir.

Este evento hasta cierto grado afortunado me desconectó de muchas cosas. Entre ellas los mensajes interminables de gente y gente, los correos por responder, las notificaciones de más de una red social y de la música.

Aunque ésta, he de confesar, que comenzó a sonar un poco en mi cabeza luego de algunos días. Hasta ahora sigo sin teléfono móvil y mi vida se convirtió en un deleite en el silencio y la música que llevo dentro y los libros que llevo conmigo. ¿No sería delicioso quedarse así de una vez por todas?

Lamentablemente en esta era no es posible del todo. Pero me aferraré a mi propósito autoimpuesto de cierta manera fortuita y seguiré así hasta que sea posible.

¿Por qué esta semana se trata de Rossini? Pues simple, este compositor, que en vida fue capaz de alcanzar la fama a edad tan temprana y dedicar su vida a una de sus pasiones: la gastronomía, me vino a la mente.

Y simplemente porque el buen comer me fue desvelado como una Epifanía durante esta semana. Tuve la oportunidad y el privilegio de conocer la cocina de dos reconocidos chefs de México, y del mundo. Enrique Olvera y Mikel Alonso, dueños de Pujol y Biko, respectivamente.

Que Maravilla disfrutar de la cocina de tan excelsos chefs. Y en esos momentos de deleite y arrobamiento recordé al eximio compositor Gioachino Rossini, quien luego de dejar una vida exitosa en el mundo de la música decidió dedicarse a explorar con perfección el mundo de la alta cocina.

Otro momento será para charlar de las recetas que este compositor dejó como legado.

Por lo pronto sus oberturas más famosas (El Barbero de Sevilla, Guillermo Tell, La Urraca Ladrona) suenan en mi cabeza mientras sigo desconectado del mundo. Abriendo los ojos a lo qué pasa afuera: La vida.
23 Julio 2017 03:01:00
Cuartetos para cuerda de Haydn
Franz Joseph Haydn, padre de la sinfonía. Gran figura musical que estableció los parámetros para un género que se consolidara como el más íntimo y exigente para un compositor: el cuarteto de cuerdas. Este género musical se estableció, entonces hacia mediados del siglo 18.

Recordemos que el longevo Haydn, quien naciera en 1732 y falleciera en 1809, tuvo bastante tiempo, 77 años, para desarrollar este género musical. No es para menos, más de 70 cuartetos creados por Haydn dejan las bases para el género musical que será prueba fehaciente del genio de cualquiera que desee llamarse compositor.

Junto con el cuarteto de cuerda también está la sonata como género y forma musical y la sinfonía, todos ellos los cimientos de la música futura. Aunque Luigi Boccherini es por algunos considerado antecesor y creador de esta forma musical, el cuarteto no es sino hasta Haydn que adquiere su estructura definitiva, aunque nunca última. Y ni siquiera todos los cuartetos de Haydn tienen la misma estructura de cuatro movimientos.

No es sino hasta el opus nueve, 19 cuartetos después, ya en el año 1771, que podemos escuchar en Haydn la madurez en el género. No es que las obras anteriores sean desdeñables. Para nada. Pero compuestos en cinco movimientos, tienden más a parecer divertimenti que estrictamente cuarteto, aunque claro, son ejecutados por cuatro instrumentistas: un chelo, dos violines y una viola. Todos valen la pena.

Quizás de mayor importancia sea el Op. 9 por el hito que establece, pero podemos deleitarnos con la brillantez de la música de Franz Joseph Haydn en cada uno de sus cuartetos. Excelente manera de abrirnos las puertas a un género que abordará años más tarde Mozart, quien por cierto dedica algunos a Haydn y éste dirá que el hijo de Leopold Mozart es el más grande música vivo en su época. Desde Haydn, Mozart, por supuesto Beethoven, hasta Brahms, Dvorak, Bartók, Schubert, Schönberg, Berg, Janacek, Debussy, Messiaen, Ligeti, Glass… y la lista es enorme como enorme la curiosidad por saber qué nos depara escuchar un mundo poco explorado como el cuarteto, que despoja el efectismo y se centra en lo estrictamente esencial. Nada más resta que atrevernos a abrir una puerta a nuevos mundos sonoros… Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Cuartetos para cuerda de Haydn.
16 Julio 2017 04:00:00
The Five String Quartets
Elliott Carter vivió más de 100 años, 103 para ser exactos. Nació en 1908 y falleció en 2012. Todavía en sus últimos años seguía componiendo de manera constante y grandiosa. Sus obras más tardías son del año 2011.

El día de su cumpleaños 103 festejaba dirigiendo un concierto memorable que está registrado en un álbum que incluye varias de sus obras.

Casi antes de llegar a los 104, Elliott Carter dejaba este mundo y con su partida un legado que ha cambiado posiblemente como pocos, el curso de la música futura.

Entre 1950 y 1995, Elliott Carter compone cinco cuartetos para cuerda que pudieran verse como una breve historia de su vida como compositor. Aunque su obra sinfónica es otro caso que podríamos afrontar, si nuestras fuerzas nos lo permiten.

La música de Carter es esa que transforma los senderos por los que las musas caminan apaciblemente. No es posible mirar los siglos 20 y 21 sin la obra de Elliott Carter.

Tan prolífico y longevo él que, como dice Barenboim, se hablaba de un tardío Carter con frecuencia, pero el compositor seguía sorprendiendo al mundo con obras nuevas siempre.

De difícil acceso, la música de Carter nos obliga a estar atentos siempre. No es fácil permanecer sentados sin esfuerzo mental frente a semejantes obras, es verdad.

Pero el esfuerzo vale la pena. Pudiera parecernos inaccesible, intrincada, imposible, pero si nos armamos de valor, al final la satisfacción será enorme.

Carter tuvo estudios en Literatura en la Universidad de Harvard y luego se graduó en Música. Fue profesor de Matemáticas, Física y Griego. Un hombre de cultura colosal, de una memoria infatigable. Recordaba todo, conocía el lenguaje musical de Stravinsky o Schoenberg, desde Bach hasta Beethoven o Debussy. Además admiraba y comprendía la obra literaria de James Joyce o Marcel Proust, autores de Ulises y En Busca del Tiempo Perdido, respectivamente.

Un universal. Como tantos otros compositores y músicos notables, estudió en París con Nadia Boulanger, de quien aprendió contrapunto, mismo que utilizaría en toda su obra, llevándola a niveles de sofisticación apoteósica. No es para menos, los intrincados contrapuntos rítmicos son de tantas capas que llegan a ser imposibles de percibir.

Para ejemplos, los cinco cuartetos para cuerda que hereda al mundo. Desde ahora lo advierto: su música no es fácil, pero en este mundo hay cosas que por difíciles valen la pena y otras en que lo que vale la pena no se obtiene sin esfuerzo.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Elliott Carter: The Five String Quartets.
09 Julio 2017 04:00:00
Silogismos
Cioran es un escritor cuyo pesimismo suele espantar a muchos, pero no hay nada más revitalizante que podamos leer que el azote de sus letras para darnos cuneta de la inutilidad de nuestras quejas y que una vez que hemos tocado fondo es preciso reírnos de nosotros mismos, de nuestro patetismo y futilidad y seguir adelante. Sin embargo incluso para el mismo Cioran existían atisbos de lo sublime y éstos los encontraba en la música de Bach y Mozart, principalmente. De su amor y abandono al arte musical germinaron y florecieron notables silogismos que bien podemos reflexionar hoy. Por ejemplo en su libro Silogismos de la Amargura podemos leer:

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos…”
“Sin el imperialismo del concepto, la música hubiera sustituido a la filosofía: habría sido entonces el paraíso de la evidencia inexpresable, una epidemia de éxtasis.”
“Beethoven vició la música: introdujo en ella los cambios de humor, dejó que penetrara en ella la cólera.”
“Sin Bach, la teología carecería de objeto, la Creación sería ficticia, la nada perentoria. Si alguien debe todo a Bach es sin duda Dios.”
“¡Qué son todas las melodías al lado de la que ahoga en nosotros la doble imposibilidad de vivir y morir…!”
“¿Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo?”
“Sin medios de defensa contra la música, estoy obligado a sufrir su despotismo y, según su capricho, a ser dios o guiñapo.”
“Hubo un tiempo en que, no logrando concebir una eternidad que pudiera separarme de Mozart, no temía la muerte. Lo mismo me sucedió con cada músico, con toda la música…”

Estos son sólo algunos ejemplos de un libro. Sumergirse en la lectura de su obra es estar dispuesto a dejarse desgarrar la carne para sentirse vivo y sacudir el aletargamiento del espíritu. “¿Poseeré la suficiente música dentro de mí como para no desaparecer jamás? Hay adagios tras los que no puede uno ya pudrirse".
Que disfruten su domingo.
02 Julio 2017 04:00:00
ASLSP, John Cage
Nueva York, 1985. Está frente a la ventana. Mira la ciudad moverse a una velocidad estrepitosa. El ruido del mundo es como un mantra para él en ese momento. En medio del silencio, en su cabeza solamente hay un acorde que suena.

Simple. La, do, fa sostenido. Sus dedos se mueven apenas repitiendo lo que su cabeza acaba de escuchar. La3, do4, fa#4, repiten sus labios sin pronunciar palabra. Su mirada atraviesa el cristal de la ventana mientras sus labios, sus dedos y su mente permanecen en calma alimentados por las tres notas. De pronto, el rostro sereno de John Cage repite lentamente, como creando palabras nuevas, como un idioma traído de tiempos inmemoriales: As Slow As Possible y sus palabras apenas perceptibles reverberan en la habitación. As Slow As Possible, repite en un tono místico y sus ojos brillan delante de la epifanía.

Halberstadt, Alemania, 1361. La noche comenzaba a caer y Nicolaus Faber daba los últimos ajustes al órgano de la iglesia San Buchardi. Su creación estaba lista para honra y gloria del Eterno. Con reverencia, Nicolaus alzó los ojos al Cristo crucificado emulando a manera de gracia reverencial: Consumatum Est, y posó la mirada en el órgano que acababa de construir. La iglesia, construida el año 1050 era testigo de la invención del teclado de doce notas y Nicolaus Faber reconocía con humildad que quizá sería ese un momento histórico. Por eso, en silencio y adoración, dirigió sus pasos a la puerta y salió reverente. Años más tarde, un músico de Halberstadt, el más prolífico de la historia, haría música en ese órgano.

1997. Un grupo de músicos y filósofos se preguntan sobre las implicaciones de la indicación de Cage. As Slow As Possible, repiten y se llenan de estupor. Tienen la revelación lo que deben hacer. 639 años después de la construcción del órgano de Faber, ya en el año 2000 comenzaría la interpretación más larga de la historia. En el histórico lugar, Halberstadt, un órgano comenzaría con apenas seis tubos a interpretar la obra de manera automática. Los primeros silencios de la obra duraron diecisiete meses y de pronto, el 5 de febrero de 2003 un primer acorde: La3, do4, fa#4. La interpretación de la partitura seguirá hasta el año 2639. Años en que seremos polvo y el arte seguirá siendo eterno… siempre y cuando exista alguien para apreciarlo.

Álbum de la semana: ASLSP, John Cage. Spotify.
25 Junio 2017 04:00:00
Bach & Before
Querida, recibí tu carta.

Después de largo tiempo de viaje he de decirte que la inmensidad del mundo, de las cosas que he visto y no te imaginarías, climas exóticos, bebidas que parecieran hechas para los dioses, de gente que da todo con una sonrisa, sobre todo al saber que no quieres más nada que conocerlos y saber de su mundo, después de esto, te digo, el mundo se encarga de ponernos en nuestra justa dimensión. Somos pequeños comparados con este mundo.

Traje conmigo algunos mapas del excelso Joan Blaeu. No te imaginas lo que nos ha servido en el transcurso de este mítico viaje. Me pregunto si alguna vez, en siglos perdidos en el futuro alguien pueda conocer más que Joan y su padre. También traje conmigo el libro de oraciones, por supuesto. Sé bien que no me perdonarías que maitines pasara sin que elevara plegarias al Altísimo, pero ya estar aquí y ver mundos tales como los imaginara Francis Bacon en su Nueva Atlántida es ya suficiente para sentirse parte de algo que nos sobrepasa.

Ahora que me cuentas de un tal Johann Sebastian Bach que has visto en la iglesia interpretar al órgano de una manera celestial, me pregunto cuántas maneras de experimentar lo divino podremos vivir. ¿Que es capaz de componer una misa cada semana a partir de los textos sagrados? ¿Toda la misa? me parece inmenso, increíble y sin embargo te creo. Sus sonatas, y sobre todo aquella que me dices en sol mayor debe ser maravillosa. Casi puedo escucharte cantar de manera tan delicada como todo lo que haces. Los adagios siempre te han cautivado.

Por favor, la próxima vez escríbeme algunas líneas de lo que has escuchado. También del maestro Buxtehude, a quien gustoso caminaría leguas para escucharlo. La música que escucho en este nuevo mundo es tan diferente, aunque maravillosa, que me parece lejano el momento de escuchar esas sonoridades majestuosas del órgano de la iglesia. Heinrich Ignaz Franz von Biber, Johann Heinrich Schmelzer, Antonio Bertali, son compositores que conozco gracias a ti, pronto podré escucharlos.

¿Imaginas que con el puro deseo pudiéramos escuchar la música que deseamos? Suena a cosas de un mundo futuro. Cuento los días para verte. Disfruta de la música que tanto te gusta. Yo acumularé historias para contarte a mi regreso.

Álbum de la semana: Bach & Before. Chatham Baroque

18 Junio 2017 03:01:00
Motherland
Cierro los ojos y me dejo llevar por el sonido de un piano. De pronto, sin pensarlo más, me encuentro al pie de una pequeña colina. Es una tarde apacible. Mis pies sienten una alfombra murmurante de hojas húmedas color ocre. Estoy en una tarde de otoño, me digo. El silencio es casi total sin ser abrumador. Es ese silencio que encontramos en la naturaleza. Mis pies hacen sonar a cada paso las hojas.

Miro hacia arriba, hacia donde los árboles cubren el cielo dejando entrar los rayos de sol que se proyectan hasta el piso como la luz de la anunciación del ángel. Los altos árboles mecen sus ramas con parsimonia ancestral. Mientras subo la colina alzo la mirada y descubro una casa al final. No es grande ni pequeña. De color blanco tocado por el tiempo.

Me acerco a ella y miro por la ventana. No hay nadie, ni nada. Está deshabitada, por lo que decido entrar. En la sala-comedor, el piso de madera cruje perezoso bajo mis pies intrusos. Las cortinas blancas casi transparentes se mecen con el viento que canta entre los árboles junto a un fauno invisible. Danzan las cortinas mientras dos ventanales altos sueltan un pequeño chirrido como de fantasmas que estiran sus extremidades incorpóreas. Miro hacia afuera y la calma es total, los árboles duermen su otoño mientras la luz del sol y el azul del cielo se dejan ver en un místico adiós arrebolado. Me quedo de pie, frente a la ventana, mirando. Mis manos sienten el suave roce de las cortinas.

No digo nada. Estoy en silencio sin siquiera pesar en nada. De pronto volteo la mirada y la dirijo hacia la cocina que se encuentra a unos pasos de mí. Me acerco y miro el vacío. No hay nada sobre la barra ni la isla al centro, salvo una epidermis de polvo gris. Entre estos espacios de la cocina hay un piano de cola igualmente cubierto de polvo lunar. Está callado, dormido. Me acerco paso a paso mientras mis pies van dejando huella como un astronauta en un mundo interestelar.

La calma reina en el lugar. Escucho mi respiración a lo lejos, pausada, sin alteraciones. No hay miedo en este sueño, hay calma, paz. Estiro mis brazos y abro la tapa del piano. Las teclas emiten un resplandor de diamante que se proyecta por las paredes y me hechiza. Parado frente al piano, veo mis dedos entre destellos de un caleidoscopio de piedras preciosas.

Con reverencia poso los dedos de mi mano derecha sobre las teclas brillantes. Un acorde inunda todo. La sala-comedor es un eco. Las cortinas danzan bajo el cobijo del acorde. La cocina se llena del aroma de estos sonidos que me alimentan. De pronto la nada.

¿Y qué música me trajo este sueño de adolescencia ahora a mis 37años? Motherland, en manos de la pianista Khatia Buniatishvili. ¿Qué despertará en ustedes? Que lo disfruten.
11 Junio 2017 03:01:00
Tres conciertos para guitarra
Hay multitud de instrumentos musicales en el universo sonoro. Cada uno posee su propia identidad, su propio carácter y forma de expresarse. Los hay majestuosos, todopoderosos como el órgano; algunos son faunos del bosque como la flauta, que toma una siesta por la tarde para dormir con pañuelos de ninfas; los hay pasionales como el chelo o el violín, que pueden pasar de un pasaje de extremo arrebato a la magnificencia de Bach.

El piano, con carácter más complejo, puede pasar desde la intimidad de un Nocturno de Chopin hasta la esquizofrenia de Kaikhosru Shapurji Sorabji y su Pastiche de Habanera. Por supuesto algunos son más o menos limitados en su sonido o alcances armónicos y expresivos, pero en manos de compositores atinados, cada instrumento puede hacer que exprese lo mejor de sí.

Tal sería el caso de las Ondas Martenot, un instrumento arcaico y monódico que en el universo de Olivier Messiaen habita maravillosamente entre aguas y aves que surcan el cielo, como en Fête des Belles Eaux o su apoteósica Turangalila, sinfonía de alcances cósmicos.

entre la multitud de instrumentos musicales, las últimas semanas conviví con uno que tiene igualmente sus propias características: la guitarra.

Este instrumento de mundos tan distintos a los mencionados, llenos de sol, de oriente, de majas desnudas y cantos a medianoche, puede ser todo un descubrimiento, si aún no lo escuchan.

Y no hablo de escuchar boleros, o esa música con la que solemos relacionarla en primera instancia. Que es un deleite escuchar a Los Tres Reyes, por supuesto, más si las penas de amor necesitan dónde apoyar la cabeza. Aunque en lo personal preferiría otras alternativas.

No, me refiero a la guitarra de compositores como Leo Brouwer, quien ha hecho de la guitarra un instrumento respetado por sus particularidades expresivas y para muestra su Concierto Elegíaco; o de la Fantasía para un Gentilhombre, de Joaquín Rodrigo con su corte feudal de sonidos maravillosamente regidos por las normas de su intérprete; por último, el concierto Múdejar, que nos muestra la herencia oriental de este instrumento que ahora casi exclusivamente asociamos con lo español.

Un concierto, este último, maravilloso por la meliflua voz de las cuerdas y la pasión con que la armonía sustenta el desarrollo temático que hace Anton García Abril de manera genial. Pues bien, estos tres conciertos serán interpretados esta semana por la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila y tres guitarristas pulcros y precisos que son hijos intelectuales y musicales del maestro Martín Madrigal.

Una oportunidad única para apreciar a tres músicos que seguro pronto volarán a horizontes más lejanos aún. Éxito para Ernesto Garza, Santiago Chío y Luis Fernando Subealdea.
28 Mayo 2017 03:01:00
Tres Coleridge
Yo soy malo para los nombres. Tan pronto conozco a una persona, tan pronto olvido su nombre. No pocas veces he dado la impresión de ser mal educado por no recordar cómo se llama una persona. A todos nos ha pasado eso de hablar con alguien que nos saluda de pronto por la calle y sin prestarle toda la atención a lo que nos dice, nuestra cabeza está dándole vueltas a la lista de nombres a ver si de pronto podemos recordar cómo se llama nuestro interlocutor. Me pasó esta semana y ya transcurridas las horas caí en cuenta del nombre de la persona… demasiado tarde.

Cuando se trata de retener nombres de autores, ya sean pintores, escritores, compositores, intérpretes, bailarines –directores de cine no, porque en realidad no tengo una lista grande de favoritos–, me pasa lo mismo. La lista de nombres es interminable y debe uno vivir con ellos a diario para comenzar a recordarlos por sus obras y detalles de su vida. La lista es de no terminar, se vuelve un acto continuo de memorización. A todo esto, los nombres extraños no faltan, pero definitivamente donde de pronto me enredo es en nombres que son parecidos, pero no son los mismos personajes. El caso de los ingleses John Taverner y John Tavener. Ambos compositores excelsos, salvo que uno nació en 1490, favorito y protegido del bien conocido cardenal Thomas Wolsey; el segundo, nacido en 1944 y cuya obra está ya dentro de la música inmortal.

Pues bien, a esta lista de nombres casi iguales se suman esta semana a mi catálogo tres Coleridge. El primero seguro ya nos suena aunque no es compositor: Samuel Taylor Coleridge, el gran poeta inglés nacido en 1772, autor de Kubla Khan. El segundo es un compositor poco conocido, pero cuya obra es de una exquisitez absoluta: Samuel Coleridge-Taylor, británico también, nació en 1875. Su vida fue corta, apenas 36 años. Su obra Scenes from “The Son of Hiawatha” es quizá su composición más notable, aunque sus 24 Negro Melodies son excepcionales. El tercero de los Coleridge es Coleridge-Taylor Perkinson, compositor estadunidense, quien nació en 1932. Su obra que bebe de las aguas del jazz y de la música del siglo 20 americano es de una potencia enorme. Enérgica, rítmica, de múltiples coloridos es emocionante. La Sinfonietta No. 1 es una excelente opción para conocer al autor. Tres Coleridge sin relación entre ellos, pero que bien podemos leer y escuchar hoy para pasar un domingo entre letras y música. Que los disfruten.
21 Mayo 2017 03:00:00
Edgar Allan Poe
La influencia que ha tenido la literatura hacia la música es innegable. Podemos recordar cómo grandes poetas como Goethe, Heine o Gautier inspiraron a músicos como Schubert, Brhams o Berlioz. Esto por citar solamente tres autores, pero la lista es enorme y daría para un capítulo entero de El Vértigo de las Listas, de Umberto Eco.

Y no solamente en la poesía, con sus versos como agua fresca donde las musas dan de beber a quien se acerca sediento de lirismo e inspiración, es donde los compositores buscan las aguas. También en la novela y el cuento. Basta recordar las grandes óperas basadas en la literatura: Fausto, de Charles Gounoud, por ejemplo, sobre la obra de Goethe; Macbeth, de Giuseppe Verdi, basada en la arrolladora obra de Shakespeare; Eugenio Oneguin, de Tchaikovsky, sobre la obra de Aleksandr Pushkin; El Amor de la Tres Naranjas, de Prokofiev, sobre la obra de Carlo Gozzi… Y la lista puede seguir casi inagotable.

Pero existen obras musicales que si bien están basadas en obras literarias no son necesariamente óperas u obras vocales. Tal es el caso de los poemas sinfónicos o la música programática, aquella que busca provocarnos imágenes a partir de un título sugestivo o relacionado a alguna obra literaria. Y así como la literatura es capaz de hacernos vivir innumerables mundos, la música lo hace otro tanto más.

Podemos experimentar desde la felicidad hasta la cólera o la desesperación pasando por la expectación de mundos nuevos, de fantasías llenas de mitológicos seres que, convertidos en música, nos llevan de la mano por mundos fantásticos. Tal es el caso de Edgar Allan Poe, quien ha influenciado a compositores con sus cuentos grotescos, macabros, misteriosos. La Caída de la Casa Usher, por ejemplo, sirve de inspiración a Claude Debussy en su, por otro lado, lamentable ópera inacabada.

André Caplet, excelente músico y compositor, íntimo amigo de Claude, compuso Conte Fantastique: una obra emocionante llena de misterio y emoción que durante 17 minutos nos arrebata, basada en La Muerte de la Máscara Roja. Sobre esta misma obra suscita en Per Nogard una pieza dentro de Hedda Gabler alucinante, que merece la pena cada segundo de esos poco más de dos minutos de duración. El polémico Florent Schmitt nos ha legado El Palacio Encantado, obra orquestal descriptiva, digno heredero del impresionismo de Debussy, que cautiva desde sus primeros acordes, inspirándose en el poema de Allan Poe que está dentro de La Caída de la Casa Usher.

Y la influencia de Poe sigue sobre tantos otros compositores, pero las líneas se terminan. Basten estos ejemplos para ir a nuestra biblioteca, leer las obras citadas hoy acompañados de esta música maravillosa. Que lo disfruten.
14 Mayo 2017 03:00:00
Ballet
Saltillo, Coah.- El salón está delimitado por unos ventanales que abarcan toda una pared. Del otro lado el pequeño jardín le confiere un aire de tranquilidad al lugar que se ve acentuado por el silencio que hay alrededor. Un gato juega con una pelota y hace grandes saltos que aprendió del grand jeté que los alumnos de ballet practican a diario dentro del salón. Las barras donde la primera parte de la clase se desarrolla aguardan pacientes a que el calentamiento inicie. Los bailarines anudan sus zapatillas, se estiran.

Los dedos deformados son bellas y dolorosas pruebas de la pasión por la perfección. Marie Taglioni sonríe desde la noche de los tiempos. Las puntas se convirtieron en parte esencial de las bailarinas. Una extensión de su cuerpo. Sílfides que danzan sin cesar. En una esquina del salón un cajón contiene la brea que ayuda a mejor desplazarse durante la clase de técnica. Un piano está callado en un rincón esperando a que el pianista llegue.

Las bailarinas comprueban que las puntas estén bien puestas. Peinado perfecto, leotardo y mallas impecables. Algunos hombres ya hacen alarde de sus pirouettes ansiosos por demostrar sus destrezas. Un y, y, y, dos y, y, y, tres y, y, y… La clase +paña como flotando los movimientos precisos. Música de los grandes ballets: La Bella Durmiente, de Tchaikovsky; La Fille Mal Gardée, de Ferdinand Hérold; el delicioso Pas de Deux, de Adolphe Adam de Giselle.

El tiempo se remonta a otras épocas, por momentos estamos en otro mundo donde la belleza de la música y la danza todo lo absorbe, todo lo eclipsa. Las bailarinas se hacen pintura, impresión, instante. Nos recuerdan a las inmortales Danseuses de Edgar Degas que habitan las salas del museo d’Orsay. En un momento dado los hombres seducen con grandes saltos convertidos en Corsarios. Muchas historias dentro de la música: Coppelias que cobran vida, Romeos y Julietas que en música de Prokofiev danzan su amor, Scherezadas que no hechizan mil y una vez con sus relatos.

La música acompaña, envuelve, traza paisajes donde se viven todas estas historias que transcurren durante la hora de clase. Al final podemos recordarlas cada vez que queramos al escuchar las grandes obras. La danza es pasión, movimiento que surge desde las entrañas, la música, el mundo donde habita.
07 Mayo 2017 04:00:00
La Villa Wesendonck
Zurich. Verano. 1857. El lago es un espejo quieto, mudo, luminoso. El sol acaricia la piel y hace vivir la naturaleza que, apacible y majestuosa, rodea la villa Wesendonck. El silencio reina. Al fondo de la villa, detrás del château está el Asyl, la casa donde habita Wagner.

El sonido de un piano colorea la tranquilidad que se respira. El viento anima las hojas. Cada mañana Mathilde Wesendonck cruza el sendero que conduce a la casa del compositor. Lleva unas hojas en la mano cargadas de versos. “En los albores de mi infancia oí decir que los ángeles cambiaban las felicidades celestes por la luz del sol terrenal”, murmura Mathilde apenas moviendo los labios que tiemblan impacientes.

Las faldas hacen danzar la hierba que mira testigo la ruta del ángel. Dramaturgo como es, Wagner hace a un lado el Gesamtkunstwerk, la obra de arte total para ceder al encanto de la poesía de lo imposible. Transcurren largas horas entre cortinas, sillones, cuadros y melodías profundas como el lago. La fiebre y el arrebato los poseen. Wagner y Mathilde desafían las reglas y el tiempo. “Detente, oh incesante rueca del tiempo, medidora de la eternidad… déjame ser”.

Las Walkirias surcan el cielo, la tragedia de Tristán e Isolda se posa como una sombra sobre la casa del compositor. Cinco poemas escritos por Mathilde serán música con Wagner. Los dos, unidos en las esperas de la poesía. De esta música serán las bases para temas del Tristán e Isolda.

El sol comienza a declinar, el cielo se tiñe de colores. “Sol, lloras todas las noches hasta que logras enrojecer tus bellos ojos...” espera la mañana siguiente cuando el canto de las aves emerge de la copa de los árboles anunciando un nuevo día. Sueños que no tardarán en romperse como pompas de jabón murmuran los labios trémulos de Mathilde enamorada.

Como una flor florecen llenos de belleza y se marchitan antes de que poseerla puedan las manos de alabastro de la señora Wesendonck. Exhala de su aliento un perfume, una ofrenda a Eros que apenas se eleva sobre su pecho desciende hasta el abismo más profundo. El piano de Wagner emite los últimos acordes.

Años más tarde, Felix Mottl, director de orquesta, caerá hechizado por los Wesendonck Lieder y hará la transcripción para orquesta. La eternidad de este ciclo de lieder es. Wagner, conocido por sus monumentales óperas, deja un legado con este ciclo que destila la esencia de uno del controvertido compositor.

Que lo disfruten.
30 Abril 2017 03:01:00
La Traviata
El frío había amainado y nos daría tregua para caminar desde el hotel hasta el Lincoln Center. Lo que vimos esa noche nos arrebató el corazón y nos hizo experimentar una de las noches más memorables en mi vida. Testigos sin nombre, salvo por el del ticket que ostentaba nuestro nombre, de la vida de uno de los teatros más importantes de ópera del mundo, tuvimos nuestros asientos en un balcón predilecto que nos permitió vivir cada parte de la ópera que se representaba esa noche: La Traviata.

Llegamos a tiempo, una hora antes del evento, y nos dio tiempo de mirar la tienda del Met, como le dicen a la Metropolitan Opera House. Música por todos lados y souvenirs que son de pronto irresistibles no tomar. Luego, en lo alto de los estantes, cuadros con firmas de los hombres que hicieron historia en el mundo de la música. Tener un tesoro de Massenet o Puccini o Karajan no es algo permitido a cualquiera. Mi corazón se olvida de esos fetiches y me permito disfrutar de estar en lugar tan histórico para la ópera. Una media hora antes de comenzar la obra, nos dirigimos a nuestros lugares.

Pisamos la alfombra roja, subimos los históricos escalones y miramos por un tiempo los candelabros impecables del recinto. Nos damos tiempo de vivir eso, sin celulares ni fotos que nos desvíen la atención de lo que queda en el alma. La puesta en escena es la misma de la que dejó registro Anna Netrebko y Rolando Villazón. Minimailsta. Sobria e impecable. Un gran reloj recargado sobre la pared curva y un sillón rollo. Pocos elementos en donde la fuerza dramática de Verdi y la perfección técnica-vocal e histriónica de los cantantes de esta noche desbordarán durante los tres actos que componen la ópera.

La obertura es una de mis predilectas. Un comienzo dulce y trágico a la vez. La batuta de Nicola Luisotti es precisa, con carácter. En sus manos están los músicos y los cantantes. Carmen Giannatasio en el papel de Violetta Valéry fue imponente. El fuego de su voz en cada aria desde E’ strano! hasta la agonizante Addio del Passato nos permitió atestiguar su maravillosa expresividad.

Su capacidad vocal cautivadora a la vez que seductora su presencia en el escenario. La sensualidad del personaje hechiza al auditorio entero, muestra de ello serían los aplausos finales. Ataya Allan en el papel de Alfredo Germont es sin duda una de las voces más sedosas y bien interpretadas de la noche. Desde Un Dì, Felice, Eterea, ya estábamos enamorados con él de Violetta. George Petean, en el papel de Giorgio Germont el padre de Alfredo, fue tan odioso como perdonable al final de la ópera. Uno de esos papeles que se odian, pero acabamos compadeciendo. Una fuerza en escenario indudable.

Una noche inolvidable y qué mejor manera de recordarla que escuchar la obertura de La Traviata y algunas de sus maravillosas arias.
23 Abril 2017 03:01:00
Música Bizantina
Los pies empolvados se dirigen hacia la sombra del pórtico. Las sandalias transmiten el calor que de la tierra emana. El sol en lo alto anuncia la hora para el inicio del rito. El calor se respira, pero la sombra ya nos resguarda. Las paredes de piedra nos refrescan. Las tocamos con las palmas de nuestras manos para beber por los dedos su frescor. Tomamos un respiro litúrgico, reverencial y avanzamos hacia el interior de la iglesia. Los altos muros nos abrazan, nos protegen. Las columnas de piedra tocadas por el tiempo se elevan hasta los arcos. Santos y ángeles nos miran desde el cielo. Los colores ocres, terrosos se diluyen entre la luz tenue del recinto. Las velas emiten la luz de sus votos, se elevan entre piedra, colores jade y oro. El incienso es la palabra que se eleva como ofrenda al Altísimo. Las oraciones se perciben al respirar. Siglos de plegarias y adoraciones. La oscuridad es mística. El calor del sol que afuera consume, aquí mengua ante la magnificencia del lugar. El tiempo se detiene.

De pronto, como anunciantes, los pasos de los sacerdotes se escuchan avanzar. Tres golpes secos se escuchan en la alta puerta. El rito está por comenzar. El Cristo Pantocrátor, todopoderoso, posa su mirada eternal sobre nosotros, mortales, nos cobija. Su mano bendice. Santos se arrodillan ante él en lo alto de la cúpula. Abajo, en la tierra, los isócrates comienzan el sonido pedal que será la base del canto.

Una nota grave constante, mística, omnipresente, como si nunca se hubiera callado desde el siglo 18 emite el bordón vocal. Nuestro cuerpo vibra con la nota vocal. El texto en griego entonado por los demás sacerdotes se eleva en melismas. El texto se enraiza en lo más profundo de la tradición cristiana, en el idioma en que fueron escritos los grandes libros que sustentan sus creencias.

La melodía está en función del texto, existe gracias a éste. La antigüedad es presente, constante, imperecedera. La herencia de Pedro Lampadarios no se agota. El canto bizantino no se ha transformado casi nada desde el siglo 12 y su florecimiento hacia el siglo 18. Las voces son hipnóticas, cósmicas. Nos estremecen. el carácter kalofónico, de sonido bello, de sus melodías nos transforman. El incienso se eleva, llena el lugar como una nube mientras el rito continúa.

Tres horas que abarcan la eternidad y que sin embargo se van como la niebla. La tradición del canto bizantino la resguarda la iglesia católica ortodoxa y es ofrenda y regalo de la historia para creyentes y no creyentes. Escuchemos, que el tiempo se suspenda este día.
16 Abril 2017 03:00:00
El evangelio según Bach
La obra del más grande compositor de la historia está volcada en gran manera hacia la obra religiosa. Para compositores excelsos como Robert Schumann quien dice: “Solamente hay uno de quien los demás podríamos sacar algo nuevo: Johann Sebastian Bach”, la obra de Bach es inconmensurable.

Una prueba de que el ateísmo es insostenible para Salvador Pániker.

Solamente basta escuchar su pasión según san Mateo para comprender la grandeza de Bach.

El compositor es un mar y no un río, como dice Beethoven. La obra de Bach es monumental, perfecta. No hay nada en Bach que sea menospreciable. Ni la más mínima obra.

En estos días de fervor religioso, Bach se vuelve un evangelista más.

No podríamos ver de la misma manera a Dios sin la obra de Bach. La religión Judeo-Cristiana debe enormemente lo que es a Bach.

Como dice Cioran: “Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso”, y agrega que su ateísmo se tambalea siempre que escucha al compositor.

Si bien no toda la obra de este grande es religiosa y tenemos como gran prueba el Arte de la Fuga, la Ofrenda Música o el Clave Bien Temperado, sus pasiones son inconmensurables. Catedrales de la música, pilares de la fe.

Friedrich Nietzsche, aquel filósofo alemán que dijera alguna vez “Dios ha Muerto”, pero quizá como un lamento como apunta Jorge Eduardo Rivera traductor de Heidegger, comentó alguna vez: “Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración.

“Una persona que -como yo- ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios”.

Si la obra de Johann Sebastian Bach es capaz de conmover de tal manera, qué no hará con nuestro mortal espíritu. Esta semana es una gran oportunidad de escuchar su Pasión según San Mateo siguiendo la traducción propuesta en kareol.com.

Nada más qué apuntar sino seguir los pasos del divino Bach y atender a su voz cuando dijo sobre su obra entera: “Para la gloria del Dios Altísimo y la edificación de mi próximo”.

Que lo disfruten.
02 Abril 2017 03:00:00
The Blue Notebooks
Hace unos días me hicieron un regalo: la obra para piano de Max Richter. Él es uno de los compositores vivos que más me conmueven. Si la música es un instrumento de viaje, de desapego de la realidad, Max Richter es uno de mis guías predilectos.

Toda su música es capaz de arrancarme del mundo y ponerme en lugares donde el tiempo se detiene, donde el silencio es total y la contemplación de nada cobra sentido.

Nunca regreso igual de cada pieza que toco al piano o escucho de este compositor.

Max Richter estudió con grandes como Luciano Berio. Ha estado al lado de figuras como Philip Glass o Arvo Pärt. Su obra es grabada por la Deutsche Grammophon, una de las casas discográficas de música clásica con más renombre. Los paradigmas se rompen al situarse en una constante cuerda que fluctúa entre lo clásico formal y lo electrónico o música ambiental. Sin embargo sus composiciones van más allá de lo que la música new age hace.

Richter es capaz de profundizar en la mente de quien escucha y trastocar su realidad. Las obras que están incluidas en este álbum son un ejemplo sintetizado de su música, pero podríamos escuchar su recomposición de las cuatro estaciones de Vivaldi y confirmar su genio.

La simplicidad en la música no es sinónimo de falta de ingenio o de belleza. Podemos encontrar en la historia musical ejemplos claros de obras tan complejas técnicamente, pero que no resultan bellas y en cambio afrontar obras con recursos tan sencillos, que no simplones, que nos arrancan de nuestro letargo.

¿Dónde radica entonces lo bello en el arte? Lo bello es difícil de definir. El genio, por otro lado, puede demostrar su gran potencial cuando usa los mínimos recursos y con ello logra un objeto artístico que nos toca.

Como toda obra minimalista, Richter debe escucharse de principio a fin para experimentarlo a profundidad.

El silencio que venga después, al final de nuestra experiencia, cobrará un sentido tan distinto, tan pleno, que es probable, en este mundo que nos distrae cada segundo con notificaciones, que no queramos ensuciarlo con nada el resto del día.

Que lo disfruten.

Album de la semana: The Blue Notebooks. Max Richter. Spotify.
26 Marzo 2017 03:01:00
La música se escucha
La música ha sido desde siempre parte importante en la vida de la sociedad. La usamos para casi cualquier actividad. Hoy en día y desde que el siglo anterior nos trajo la música grabada, la música se ha convertido poco a poco en acompañante y de pronto en ambientación de nuestras actividades. Esto trae consigo un menosprecio no del todo consciente del acto de escuchar música. La música está presente en los restaurantes y las fiestas, pero sin ser escuchada. Ritmos repetitivos muchas veces que nos ponen en trance y nos hacen olvidar el tiempo y a nosotros mismos, pero no como una iluminación, sino como una evasión insustancial.

No sabemos convivir con el silencio, nos es imposible estar con nosotros mismos, por eso es mejor tener música que suene para evitar el silencio que cada vez se nos hace más extraño.

Tengo un grupo de amigos con los que periódicamente me reúno para hablar de libros, música y de todo tema que se ponga sobre la mesa. Estas tertulias cargadas de compositores, obras, directores, de múltiples aspectos de la historia musical son siempre sin música ambiental. Extraña cosa que nos pasemos la velada hablando de música y jamás escuchemos algo, pero sin acuerdo tácito, todos nosotros coincidimos que la música se escucha. O platicamos o escuchamos.

Quizás esto sea para algunos extraño, pero luego, cada uno en su soledad, puede escuchar las obras que mencionamos durante la velada y la siguiente reunión expondremos nuestra opinión. No significa que esta sea la única forma. Pero lo vital es que la música sirva para nutrirnos, para aliviar la pesadez de la diaria existencia, de esa insoportable levedad del ser.

Que la música sea una experiencia y no una cosa baladí. Para Nietzsche quedaba claro: sin música, la vida sería un error. Y como estas, existen otras personas que han experimentado la grandeza de la música como algo más allá de lo anecdótico y gastronómico. Beethoven dijo que la música era una revelación superior a la filosofía, por ejemplo. Misteriosa forma del tiempo, dice Borges, y agrega: Gracias por ello. Para Cioran la música es capaz de hacer tambalear su ateísmo. También dice: Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.

Esta semana el compositor danés Rued Langaard nos hará experimentar todo esto expuesto con su obra Staerernes Musik. Música de las esferas. Una obra que nos arrancará de nuestros asientos, incluso de nuestra comodidad para llevarnos por paisajes desconocidos y fascinantes, llenos de colorido y ricas texturas.

Que lo disfruten.
19 Marzo 2017 03:01:00
Trío para piano
La evolución artística de un compositor se puede constatar con regularidad. Desde autores como Haydn o Beethoven, o Arvo Pärt ya en este siglo. Y no solamente en el arte musical, en la pintura suele ser mucho más evidente esta evolución o descenso a los mundos interiores de la creatividad, de la locura o de la
enfermedad.

Lo que caracteriza a un autor, que lo identifica, suele revelarse con el paso del tiempo. Salvo excepciones notables como Mozart o Johan Sebastian Bach, a quienes escuchamos e identificamos casi inmediatamente. Más al primer genio que al segundo, y no por motivos de grandeza o genialidad, sino porque simplemente Mozart siempre se deja ver claramente es su obra. Estos dos compositores fueron de una grandeza desde siempre. Otros, tuvieron que pasar por diferentes etapas hasta encontrar su propia voz. No negando su talento y evidente genialidad, compositores como Schoenberg, o Liszt o Debussy, el que escuchamos esta semana, hubieron de pasar por un crecimiento que fue transformando poco a poco su sonido, justo hasta encontrar aquello que los mantenía en constante búsqueda y terca y apasionada creatividad.

Claude Debussy vivió un mundo convulsivo, cambiante. La tecnología ya miraba hacia el futuro, hacia coches que vuelan y máquinas que nos enseñan en las escuelas. La exposición universal en París hacia finales de siglo reunió a creadores, entre ellos a Debussy que conoció ese mundo que se vislumbraba. Ahí conoce el gamelán, la orquesta típicamente indonesia. Esos sonidos de mundos nuevos, de ensoñaciones fueron parte de lo que buscaba Claude en su música. En el piano no tardó en imitar estos sonidos.

El carácter y sonido típicamente debussyniano no se muestra, sin embargo, en su obra temprana. Un ejemplo es su trío para piano el sol menor, que compuso a sus ardientes e impetuosos 18 años. Y fue durante sus viajes de verano con Nadezhda Von Meck, la mujer con quien Tchaikovsy tuvo una relación epistolar de poco más de 13 años. Este trío nos muestra el ímpetu creador de un joven Debussy que tenía 18 años y aparentaba 16, según la propia Nadezhda. Las cuerdas y el piano se arrojan por senderos turbulentos y enérgicos.

En el piano por momentos podemos escuchar destellos de lo que sería el Debussy que todos conocemos, aún así, es imposible darse cuenta que en este trío para piano estamos frente a Claude de France. Un genio que vibra desde su juventud y persigue la trascendencia hasta alcanzarla. Que lo disfruten.

Álbum: Trío para piano de Claude Debussy. Spotify.
12 Marzo 2017 03:01:00
Dedicatoria
La historia de amor de Robert Schumann y Clara Wieck es de grandeza mítica como Tristán e Iseo, Romeo y Julieta, como Pamino y Tamina también, nos dice Graham Johnson. Sabemos que esta pareja de compositores supera grandes pruebas y salen siempre victoriosos, que el diario que llevaban juntos testimonia la entrega mutua que esta pareja tuvo.

“Mi espíritu desfallece cuando pienso que podría perderlo algún día”, escribe Clara un día antes de su boda, justo cuando recibe un regalo por parte de Robert.

Su boda fue el 12 de septiembre de 1840. “Mi Robert me hizo un hermoso regalo de bodas. Cuando lo abrí me invadió un sentimiento de sacralidad”. El regalo fue el Opus 25 titulado Myrten. Bellamente encuadernados en terciopelo rojo, Robert Schumann le obsequia los 26 lieder que guardan todo un significado para su relación. Veintiséis como las letras de su alfabeto.

No es casualidad que Robert pusiera en este ciclo todas las cosas que se pueden decir sobre el amor que sentía por Clara y lo dichoso que era de estar por fin y para siempre al lado de su alma gemela. En la tradición alemana de la época los mirtos son las flores que se usaban y usan en los enlaces matrimoniales. De ahí el título del ciclo de canciones. “Tú, mi alma, tú, mi corazón”, comienza el primer lied.

Con arpegios vivos en el piano y que remiten a la ansiedad alegre por la pronta unión, el poema comienza así: “Tú, mi delicia, tú, mi dolor. Tú, mundo mío en el que vivo, tú, mi cielo en el que vuelo.

"Oh tú, tumba mía, dentro de la cual enterré para siempre mi dolor”. Este poema escrito por Friedrich Rückert es el que usa Schumann en Widmung. Y continúa diciendo “Tú eres la paz, tú eres la calma. El piano acompaña todo el espíritu que transmiten los versos”.

Robert Schumann sabe lo que hace. Gran admirador de Schubert y su famoso, y más famoso en nuestros días, Ave María, lo incluye como un epílogo a este lied. Suenan la memorable melodía y vemos cómo Schumann eleva a Clara a niveles celestiales, donde le rinde adoración su vida entera. La vida de esta pareja superará multitud de pruebas hasta el final, cuando la locura se instale implacable y definitiva en la mente del compositor en 1854.

Luego de esto el amor que los une se hará más grande, nada los podrá separar ni siquiera la muerte acaecida dos años más
tarde.

Durante el tiempo que le quede de vida, Clara será quien siga dando a conocer la obra de uno de los grandes compositores de nuestra historia. Widmung es sólo una muestra, pero basta para colmarnos.

Que lo disfruten.
05 Marzo 2017 03:01:00
Valentín Silvéstrov
En la escena musical del siglo 20 a la actualidad muchos son los clichés o mitos. Gran parte de los amantes de la música consideran que el caos, el ruido, la cacofonía reinan durante todo este tiempo e incluso en la actualidad. Pero en estos siglos tan abrumadores existen siempre, como en todo tiempo, personajes que se salen del molde y que si bien no niegan su lugar en el siglo que los ve nacer, buscan ir más allá.

No por esto unos son más que otros. Como dice Rubinstein, a propósito de una pregunta que le hicieron sobre quién era mejor pianista, parafraseo: en arte no hay mejores ni peores. Es decir, cada quien tiene un lenguaje que hace propio, que usa como medio de expresión íntimo, único y en muchos casos irrepetible. Tal es el caso en intérpretes y en creadores. ¿Cómo comparar un compositor con otro con fines de obtener a un ganador? Hay tantos compositores consagrados e inmensos que difícil se hace la tarea de elegir al favorito. Por eso cuando llegan a preguntarme qué compositor es mi preferido, la pregunta se vuelve una cosa difícil de responder. Claro, hay compositores que son recurrentes en nuestros momentos de escuchar música.

hace años un amigo me presentó la música de Valentín Silvéstrov, y quedé prendado de su expresividad. Este compositor ucraniano nacido en 1937 posee una capacidad única de usar la tonalidad y la música modal, cosa no nueva, sino que existe desde tiempos del canto gregoriano, por citar un punto de referencia, y de al mismo tiempo que usa estos recursos, no expresar algo ya dicho sino nuevo. Su música es nostálgica, sumamente expresiva. Cala hondo. Las texturas armónicas son perfectas. "Yo no escribo nueva música. Mi música es una respuesta y un eco de lo que ya existe", dijo en alguna ocasión el compositor.

Ya desde algunos títulos como Nostalghia nos permiten apreciar la hondura de su concepción musical. Usando recursos postrománticos mezclados con las reglas de la música dodecafónica heredada por Schönberg Valentín Silvéstrov nos hace vivir una música nueva, que sabe a algo que ya vivimos. Un dèjá vu, quizás. Su sonata para piano número uno es una parábola sin palabras. Como sucedió con varios músicos de su época y lugar, Silvéstrov usó la música como propuesta al sistema que oprimía su nación. Esto le valió ser olvidado por mucho tiempo, pero no el suficiente para que el tiempo no recompensara sus sacrificios con el reconocimiento.

Es un mensajero de la música. The Messenger, obra para piano, nos lo ratifica. Con un lenguaje clásico y liberado de la rigidez, la obra vibra en cada momento. Es nostalgia a cada momento. Heredero brillante de formas románticas, Valentín Silvéstrov nos cimbra con su sinfonía número cinco. Es un fiel y digno heredero de la música de Mahler, que lleva el mundo de los sonidos y el arte a nuevos horizontes. Sin duda un compositor vivo que merece ser escuchado por más gente.

Que lo disfruten.
26 Febrero 2017 03:00:00
¿Orquesta Filarmónica o Sinfónica?
Nopocas veces hemos escuchado nombrar filarmónica o sinfónica a una orquesta. Luego viene una pregunta habitual, ¿cuál es la diferencia entre una y otra? Pues básicamente ninguna.

El término Orquesta Filarmónica se refería a las personas que integraban ésta y que no eran necesariamente profesionales. Es decir, amantes de la música que podían destinar su tiempo e incluso dinero para financiar este gusto artístico.

Ya en el siglo 18 surgían grupos de amantes de la música y de profesionales que integraban orquestas. Los dos casos más notables son en Mannheim, que ya hemos mencionado aquí, y Viena.

dado que en un principio aquellos que conformaban una filarmónica eran personas que incluso destinaban dinero para el sostenimiento de la orquesta, en la actualidad el término puede referirse, quizás y no necesariamente a su estructura administrativa. Es decir, si hay alguna asociación que mantenga la orquesta filarmónica. Pero no necesariamente.

Entonces podemos usar Orquesta Sinfónica o Filarmónica sin temor a caer en confusiones. Son exactamente lo mismo. Las dos orquestas están conformadas por una buena cantidad de músicos que en algunos casos sobrepasan los 100 miembros. Dentro de las agrupaciones orquestales tenemos otras donde sí podemos encontrar diferencias claras. La llamada orquesta de cámara sí es un grupo que se diferencia de la sinfónica o filarmónica por su tamaño. Por definición una orquesta de cámara debería caber en un salón. De ahí su nombre. Por lo tanto su número no rebasaba los 18 miembros.

Estas orquestas se concentran en repertorio que corresponde a sus capacidades sonoras, especialmente la música del periodo barroco, aunque no necesariamente. Aquí encontramos el inicio de las orquestas monumentales. La orquesta de cámara no cuenta con un director frente a los instrumentistas. Generalmente es el primer violín quien dirige.

Y hablando de directores, estos no siempre existieron como los conocemos hoy en día. Normalmente las orquestas eran dirigidas por el concertino, o primer violín, o el clavecinista. No es sino hasta el siglo 19 que el director nace.

Entre otros aspectos, dado que las orquestas van en aumento de número de integrantes, es necesaria una dirección más clara y eficiente para lograr homogeneidad a la obra abordada. En fin, entre una cosa y otra, se nos acaban las líneas. ¿Y la música?

Esta semana la sugerencia es la Royal Concertgebouw y su brillante director Mariss Jansons dirigiendo la cuarta sinfonía de Mahler. Seguro no quedarán defraudados. Que lo disfruten.
19 Febrero 2017 03:16:00
Aplausos
Existen diferentes géneros musicales dentro de la llamada música clásica que están conformados por varias partes o piezas independientes que llamamos movimientos. Una sonata para algún instrumento, un concierto para solista y orquesta, un cuarteto de cuerdas, un quinteto, un trío, una sinfonía, por citar algunos ejemplos, son obras que se componen de movimientos. La estructura tradicional de éstos es la siguiente: rápido, lento y rápido.

En la sinfonía a finales de siglo 18, entre el segundo y tercer movimiento se introdujo uno llamado minueto o scherzo. Por ejemplo en la notable sinfonía número 40 de Mozart encontramos ya estas cuatro partes. Estas obras musicales fueron concebidas así, en movimientos, de tal manera que la idea general del compositor compone la suma de sus partes. Estas obras deben escucharse de esta manera.

Claro que existen movimientos excepcionales que nos gustan por separado. Podemos escuchar el grandioso adagio de la quinta sinfonía de Mahler sin adentrarnos en toda la obra. Y no está mal, por supuesto. Ahora bien, cuando estamos en un concierto y el programa presenta un concierto para piano y orquesta o una sinfonía, por lo general se presenta completa, con todos sus movimientos. Ahí es donde nos ponemos a pensar: ¿aplaudimos entre movimientos o no? La respuesta es clara: no.

Si el compositor crea una obra y esta obra está conformada por más de un movimiento, deberemos esperar hasta el final. No es cuestión de pose intelectualoide o algo parecido. La música está creada por sonidos y silencios, esto incluye ese silencio expectante o reparador entre movimientos. Es un momento que nos ayuda a entender el todo de la obra.

Si asistimos a un concierto donde se interpretará el concierto en La menor para piano y orquesta de Grieg, por ejemplo, ¿no es mejor aguantar el aplauso hasta el final y disfrutar de esos silencios que existen entre sus partes? Por supuesto, el placer aumenta. Además de que contribuimos a no perturbar la concentración de los intérpretes. Claro está que esto no existe en todos los géneros musicales, pero sí en la que llamamos música clásica. Así que, no por convención social o pose intelectual, la próxima vez que asistamos a un concierto aplaudamos hasta el final de la obra. Esto aumentará el placer de escuchar. ¿O acaso no es mejor explotar en aplausos luego de ser invadidos del placer de la música entera? Aquí mencionamos algunos ejemplos que seguramente harán de su domingo algo placenteramente diferente. Que los disfruten.
12 Febrero 2017 03:01:00
El Camino de la Música II
El clasicismo es un periodo que comprende los años 1750 a 1820, aproximadamente. Éstas son las décadas de compositores como Haydn, Mozart y Beethoven, por citar a los más renombrados, y llamados tiempo después, la primera escuela de Viena.

Los ideales de proporciones helénicas estaban en todo arte de esta época. Ya lejos de las intenciones de los compositores hacer obras musicales con barroquismos. Ahora las melodías son cristalinas, claras, de una proporción simétrica en sus partes; armonías que no suenan ya a aquellas complicadas estructuras del periodo Barroco. Y en esta época de aristócratas que son mecenas de grandes orquestas y destacados compositores, la naciente burguesía poco a poco entra en el juego de poder sobre el arte.

Aún así, Mannheim se erige como el semillero de todas estas experimentaciones y transformaciones musicales. La llamada Escuela de Mannheim iba a la vanguardia en materia de composición, de formas como la sinfonía. Johann Stamiz se presenta aquí como una figura destacada.

Las dinámicas que ahora nos son tan familiares, esos crescendos o diminuendos de las obras musicales nacieron en Mannheim. Este lugar era la fuente donde se bebían las nociones musicales más avanzadas de su época, ahí fueron a aprender compositores como Mozart, que quedó maravillado por la actividad y calidad artística de la corte.

Este periodo clásico es la época donde la forma sonata se consolida y se presenta en prácticamente toda composición, desde la sonata misma hasta los cuartetos, las sinfonías o conciertos. Durante el primer movimiento de este tipo de obras podemos escuchar la forma sonata con claridad: la exposición del tema en dos partes, primero; luego un desarrollo de las ideas musicales donde hay una variación de tonalidad y el carácter de la obra se enriquece; en tercer lugar una reexposición para finalizar con una coda, la parte que concluye.

Pero ¿a qué suenan todas estas ideas? En las sinfonías de Johann Stamitz podemos escuchar con claridad estas ideas. Sus sinfonías pertenecientes al Opus 4 son un ejemplo donde podemos apreciar la forma sonata de manera clara y precisa.

Las sinfonías 1, 2 y 4 del opus mencionado son un deleite a nuestros oídos. Sinfonías frescas, llenas de vitalidad donde podemos apreciar que el creador de la llamada escuela de Mannheim iba a dejar huella en toda una época.

Su obra la pueden encontrar en las aplicaciones como Spotify. Un remanso la obra de Stamitz que hará de su domingo un domingo apacible.

Que lo disfruten.
05 Febrero 2017 03:00:00
El Camino de la Música
En el mundo de la llamada música clásica existen diferentes periodos en los que podemos enmarcar cierto momento histórico musical. Como en todas las artes o estudios de alguna materia social, por supuesto.

Estos diferentes periodos no son determinantes, claro, sino que proponen entender la música por etapas. Pero como sabemos una evolución, o mejor dicho, transformación, se da de a poco.

Por esto es que entre periodos musicales podemos encontrar las cosas un poco confusas, pero a medida que un periodo llega al tiempo intermedio podemos notar con mayor claridad sus aspectos.

Podríamos enumerar una serie de periodos que van desde los inicios de la música occidental, con Hildegard Von Bingen, una de las primeras de quien tenemos música escrita. Pero adelantémonos unos siglos y tomemos como punto de partida el Renacimiento, a los siglos 15 y 16, los siglos de figuras como Josquin Desprez o Tomás Luis de Victoria y de Palestrina, por supuesto. Esos siglos de esplendor polifónico, de madrigales y misas monumentales, siglos de formas que nos han sido heredadas hasta nuestros días.

Luego el Periodo Barroco, y el nombre de Johann Sebastian Bach que deja caer su sombra sobre nosotros.

El hombre que llevó a lo más alto los ideales de la música de este periodo que va del siglo 17 a 1750, año de la muerte del grande Bach. Pero hay otros nombres que son grandes como catedrales también. Jam Dismas Zelenka, por ejemplo, compositor checo que luego de siglos resurge gloriosamente a finales del siglo pasado.

El Barroco es el periodo de compositores como Antonio Vivaldi y George Friedrich Händel, conocidísimos para nosotros. Tiempos de Henry Purcell, de Monteverdi. Tiempos de Fugas, de la forma concierto como forma ya establecida en marcos bien claros.

Y luego de este periodo de esplendor de formas contrapuntísticas, de tejidos melódicos que se concierten en texturas complejas y maravillosas, la sociedad comenzó a transformarse de poco a poco, las casas de los nacientes burgueses se llenaron de pianos en las salas y las exigencias por composiciones que no fueran tan complejas y pudieran ser tocadas en la intimidad se pusieron de moda.

Armonías simples y melodías fácilmente recordables, frescas y divertidas fueron la preferencia de la Música Galante, que sería el inicio de otros caminos con respecto al siglo anterior. La música del Periodo Clásico nacía poco a poco y compositores como Franz Joseph Haydn, padre de la sinfonía, y quien naciera en 1732, iba preparando el camino para establecer la ruta que llevarían los compositores en el Siglo de las Luces.
29 Enero 2017 03:01:00
Lied
El lied, con su poesía y su intimidad llena cada rincón. Por la noche, antes de dormir, las suaves notas emanan del piano. La simplicidad es aparente. La partitura es perfecta. Robert Schumann existe en cada nota que escribió. Toda su vida pasa por nuestra mente cuando su música suena. Sus amores con Clara, las cartas, el enojo del padre de ella, su pasión incontenible, su locura, su destino, el Rin, la desesperación, el asilo… cada nota es testimonio y lo sentimos al escuchar, al tocar. La voz de Dietrich Fischer-Dieskau inconfundible, perfecta.

El lied es la forma musical de cámara más personal e intima. Con un piano, una voz y de la mano de versos, el compositor expresa mundos enteros. El lied es una forma del periodo romántico principalmente, pero podemos remontarnos hasta Haydn y escuchar lo que el padre de la sinfonía nos dejó como legado.

Más al pasado, hasta el siglo 12, los minnesänger, aquellos trovadores del pueblo germánico cantaban al amor y a los héroes que entregan su vida por sus ideales.

Luego de varios siglos un hecho histórico aparentemente ajeno motivaría un desarrollo en las poéticas germanas. La reforma luterana hacia 1521 proponía, entre otras cosas, que el pueblo alemán recibiera la doctrina en su idioma natural y no en latín.

Esto tendría implicaciones fuera del mundo religioso, pues la vida cultural se vio enriquecida por aquellos que tomaban a las melodías populares y les anexaban textos religiosos con el fin de instruir a la feligresía.

Poco a poco, paralelo al volkslied, que era el canto popular alemán, se desarrolló el kuntslied, o canción de arte. No sería sino hasta el siglo 19 que la forma se consolidaría de manera definitiva como una de las más poéticas y sensibles. Y no es para menos, sabemos ya la visión que este siglo tenía y los ideales que guardaban los artistas.

Los sentidos como medio de conocimiento frente al racionalismo del siglo precedente era tierra fértil para la creación. Schubert como el liederista más prolífico es uno de los predilectos de los intérpretes, así como Robert Schumann.

Pero existen otros, Mahler, Wolf, Strauss, por decir algunos que existen en el universo musical. Pero como intérpretes, quizás el más famoso y querido es el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, quien ahora suena en mi sala.

Que lo disfruten.
22 Enero 2017 03:00:00
Concierto
La sala está vacía. Unas 500 sillas color guinda están dispuestas en perfecto orden. La ciudad se ve afuera. Un desfile de coches fluye continuamente del otro lado de la ventana mientras el silencio en el que me encuentro es completo. El piano de cola está afinado desde hace un rato ya y el ensayo general fue bueno. Me dispongo ahora a respirar un poco, a contemplar la vida desde fuera y dedicarme a disfrutar de la música. Quedan aún seis horas antes del concierto y tengo tiempo de estudiar las piezas una vez más. Lento y sin prisa, como me dijo alguna vez la grande maestra Guadalupe Parrondo.

Arias, canciones, zarzuela, son parte del programa de esta noche. El programa también incluye Written in the Sky, de Max Richter, una obra pequeña y de inmensa belleza que puede envolvernos como un abrazo y que siempre disfruto tocar una y otra vez. Una más: The Hours, de Philip Glass, obra que desde tiempo atrás me ha cautivado y que esta noche también interpretaré.

Como saben, mis gustos musicales son diversos en el mundo de la llamada música culta, o de concierto, o clásica, pero la música del siglo 20 y minimalista es de mis predilectas. Claro, Bach y Mozart y tantos más son inamovibles e inconmensurables.

La sala se llena dulcemente de las sonoridades minimalistas y todo afuera parece adquirir otro sentido. Los coches se mueven diferente. La luz se esparce de manera distinta. La vida parece otra. Eso es lo bello del arte: nos permite apreciar la realidad de otra manera, desde otra perspectiva. Cierto que podemos evadirnos de la realidad por medio del arte, embriagarnos de poesía, como dice Baudelaire, pero sin duda nuestros ojos y ser entero cambian luego de la experiencia de lo bello.

La fortuna de sumergirnos en el arte es inmensa, por eso disfruto del piano en esta sala aún vacía, pero llena de música. Me permite estar a solas, dejándome ser a mí mismo. El mundo por un momento se transforma y yo con él. Hoy será un programa variado. Mis manos están listas, las piezas en su lugar y mi cabeza también. Ahora sólo falta esperar el tiempo para iniciar. La gente comienza a llegar y a tomar sus lugares. La luz del día se despide poco a poco y la emoción por comenzar esta experiencia crece.

Una noche de concierto, de compartir música con personas extraordinarias y para un público expectante. Promete ser una gran noche. Por lo pronto, la música de Max Richter sigue en mi cabeza como un mantra.
15 Enero 2017 03:00:00
Krzysztof Penderecki
Cuando hablamos de música contemporánea podemos referirnos a la música que fue creada a partir del siglo 20 hasta nuestros días. Aunque poco a poco nos vamos alejando de los inicios de aquel siglo pasado, aún tenemos compositores que siguen vigentes nacidos hacia los años treinta. Uno de estos es el polaco Krzysztof Penderecki, que nació un 23 de noviembre de 1933 en Débica. Muchos compositores han aportado grandes cosas al mundo, pero algunos han sabido avanzar con el mundo.

Si pensamos en algunos compositores, ya sean contemporáneos o pasados, y analizamos un poco su obra y evolución, podríamos darnos cuenta que crearon obras sublimes y de gran belleza, pero no evolucionaron. Aportaron un enorme conocimiento, pero fueron otros los que desarrollaron sus nuevas maneras de crear. Penderecki no es uno de ellos.

El compositor polaco ha tenido una transformación a lo largo de su vida, que nos hace pensar en las etapas de otros grandes. Su fama se asentó cuando en 1960 estrenó Treno a las Víctimas de Hiroshima, obra para cuerdas frotadas que se salió por completo de los cánones establecidos y exigía a los ejecutantes tocar en zonas insospechadas en su instrumento o haciendo uso de la microtonalidad. La obra fue un hito en la historia. Su fuerza dramática es inigualable.

Esta obra clasificó al compositor como vanguardista, pero Penderecki como siempre, siguió explorando. Tanto así que podemos escuchar una transformación evidente en sus sinfonías.

Usando formas antiguas y revistiéndolas de nuevas vestiduras, Penderecki compone su Concerto Grosso número uno para tres chelos y orquesta, obra inmensa donde leyes barrocas, ya anunciadas desde el nombre de la obra, se hacen presentes para añadir un nuevo soplo de vida a la pesada anarquía atonal.

Así mismo pasa con Largo, una obra también para cello, que sabe equilibrar las atrevidas extravagancias de la música serial y atonal con melodías desgarradoras y de una profunda belleza. Krzysztof Penderecki sigue vigente, explorando en el mundo antiguo mostrándonos que la música siempre se puede reinventar y nunca dejar de ser. Su Benedictus, obra coral es memorable, de claras influencias ancestrales, pero que viven hoy y habitan entre nosotros.

La textura contrapuntística de Benedictus nos será familiar y nueva a la vez. Qué grande Penderecki que ha sabido ahondar en lo más profundo para heredar al mundo una concepción totalmente diferente de lo que la música es y seguirá siendo.

Que lo disfruten.
08 Enero 2017 03:00:00
Música de cámara
De tiempo en tiempo nos puede llegar una saturación de música. Escuchamos tanto que a veces ya no tenemos una atención adecuada para apreciarla. Claro, hablo ahora del acto de escuchar: sentarse, darse el tiempo para disfrutar una obra entera, así como nos ponemos a ver una película o leemos el libro en turno.

Actualmente es casi un lujo darse ese tiempo, o más bien se ha banalizado tanto el acto de escuchar música que simplemente ponemos a cualquier autor mientras seguimos con nuestras actividades diarias. Sentarnos y dedicar un tiempo a solamente escuchar, es casi una locura para nuestra mente acostumbrada a ser bombardeada por multitud de estímulos para mantener nuestra atención.

Pero si no lo han experimentado últimamente, dense el tiempo de apagar su celular y escuchar alguna sinfonía, la sexta de Gustav Mahler, por ejemplo, y verán que la inmensidad de sensaciones que podemos vivir con el solo hecho de escuchar es inmenso.

Es extenuante por supuesto, sobre todo si nos enfrentamos a obras colosales, pero ocurre siempre que disponemos todo nuestro ser a recibir una obra musical maestra. Algunas obras vigorizan, otras nos arrebatan de tal manera, que las fuerzas a veces nos faltan. Cuando llega este momento de sentirnos saturados de escuchar tanta música, siempre podemos recurrir a dejar de escuchar por un tiempo o bien cambiar de género o forma radicalmente.

De ahí la expresión de un amigo mío cuando dice Limpiemos la paleta, refiriéndose a que es necesario descansar un momento de escuchar, leer, o ver obras artísticas. Cuando esto me sucede, mi salida es cambiar de época. Una de mis favoritas para descansar la mente es la música del siglo 20 a la actualidad. Sobre todo la de primera mitad de siglo pasado. ¿Por qué? Pues porque la falta de un centro tonal en multitud de obras, y de reglas definidas, me permite escuchar por escuchar. No sin atención, pero sin reglas que me hagan diseccionar la música en sus partes. Escuchar por escuchar, dejando todos mis sentidos a la deriva en el mar de sonidos. No hay reglas que me distraigan, no hay tonalidades que me provoquen adivinar. Es música, simplemente. Sonidos. Las leyes que rigen a la música atonal son tan variadas, que es mejor olvidarse de ellas y disfrutar puerilmente del acto. Nada interviene en el disfrute.

La música de cámara de la compositora Kaija Saariaho es una de mis predilectas. La intensidad de su obra y su capacidad sonora y melódica inundan sin más. Una obra musical deliciosa si lo que deseamos en ocasiones es dejar de pensar y simplemente deleitarnos con el arte musical más elevado.

Que la disfruten.

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