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Christian García
Christian García
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20 Mayo 2019 04:00:00
Bajo la pisada del kaiju
Una de las escenas más tontas y que más me gustan de esa horrible película gringa de Godzilla que hizo Rolland Emmerich, en 1998, es cuando el lagarto gigante camina acelerado en una calle de Nueva York y avanza directo hacia un periodista quien, con su cámara, intenta capturar al gigantesco saurio. Una pata enorme cae sobre el reportero que refugiado en la división de los inmensos dedos, sobrevive. Así me siento yo, año con año, cuando sé que la Feria Internacional del Libro Coahuila llega al estado, y que en su 22 edición llegó los pasados 10 al 19 de mayo.

Un caudal enorme de actividades culturales se gesta en los terrenos de la Universidad Autónoma de Coahuila y se abalanza sobre los periodistas que debemos cubrir la fuente. No es una labor molesta pero sí cansada. Utilizo la imagen de Godzilla del ‘98 porque no es tan poderoso como el original, el japonés de 1954, un dinosaurio reanimado y mutado por la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki que, si lo pusiéramos a escala, sería esa inmensa mole que es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la más grande de Latinoamérica.

Además de mi trabajo como periodista tuve dos participaciones en actividades. La primera de ellas fue en una mesa de diálogo sobre la labor actual del oficio con grandes colegas de medios nacionales, pero mejores personas (disculpen que omita sus nombres pero el espacio apremia, como bien saben ustedes). Un reforzamiento para mí. Lo disfruté mucho.

La otra fue la presentación del libro ganador del Premio Julio Torri 2018: Cosmos Nocturno, de Gerardo Lima. Fantasía oscura y nerd, para un nerd como yo. Agradable.

La idea del dinosaurio atómico no es gratuita y va hacia un lado: el país invitado este año fue Japón, lugar de nacimiento de mi monstruo gigante favorito. También del anime y el manga, dos productos que a su vez, fueron representados en la Otaku Feria del Libro, una idea, a mí parecer bastante bien lograda: cosplay, la voz de Vegeta, la canción de Dragon Ball Z. Me pareció un gran acierto de la organización abrirse a esos otros públicos que atraerán más. Espero que en algún momento tengan uno sobre cómic.

El terror atómico es algo que marcó al Japón en muchos sentidos. Uno de esos fue el nacimiento de Gojira, el nombre original del kaiju, que fue imaginado en su primera aparición como una metáfora del terror nuclear. Renovado en 2016 debido al tsunami que inundó una planta nuclear causando otro desastre. Pero además de la cultura pop, las heridas abiertas de las explosiones más destructivas de la historia se reflejaron en su gente y quedaron como traumas contra los que han luchado y han superado. Prueba de ello fue la participación de Yasuki Yamashita, sobreviviente del siniestro y residente en México desde hace 50 años. Su narración sobre la caída del meteoro artificial consigue algunas imágenes aterradoras. Aún más que la bestia con la que Ishiro Honda inauguró el género de monstruos gigantes en el cine nipón.

Ayer fue el último día: tuve que correr para enviar las notas de último momento, e hice las compras de pánico. Espero que al momento de que leas esto, yo ya tenga Cuando ya no Importe de Onetti y tres nuevos tomos de Berserk en mi repisa.

La FILC terminó con un concierto de Luis Pescetti con la Banda de Música del Estado, mientras los fuegos artificiales llenaron el cielo de Artega. Los escucho y suenan como las estruendorosas pisadas que avisan la llegada de Godzilla, antes de lanzar un rayo atómico que ilumine el cielo como esos fuegos artificiales que ahora observo.

Volteo, los miro y pienso que al igual que Tokio, tendré que levantarme de los escombros del cansancio y esperar tranquilamente, que este monstruo regrese el otro año para destruirme bajo su pisada. O quién sabe, quizá sobreviva otra vez entre sus dedos.

26 Marzo 2019 03:38:00
Caer en abismos
El universo es un monstruo que nos devora todos los días. Caminamos, nos enamoramos y morimos. Caemos rendidos ante lo inevitable no del destino sino de esa otra cosa mutable, pero inamovible, que es la vida. De eso van los relatos que Alejandra Costamagna (Chile, 1970) cuenta en Imposible Salir de la Tierra (Almadía, 2016).


Estos relatos son ventanas a cotidianidades que escapan de las manos de los personajes. Son vidas lentas o rápidas, silenciosas o ruidosas en las que el mundo se acompasa al ritmo de palabras que, poco a poco, entretejen una visión ajena, pero cercana, a lo que es caminar por este mundo.

Para la chilena las pausas son importantes. Su prosa se deshace en huecos que cubre con descripciones en apariencia nimias que sirven como puente entre el universo exterior y el interior del personaje. Quizá de ahí proviene el título del libro, de un imposible salir de nosotros mismos.

Epidemia en Triguén narra la obsesión de una joven por su jefe. Una historia que se construye lenta y avanza de forma vertiginosa a un final trágico. Es como el amor: inicia con una mirada o una palabra y se acelera en un torbellino de perversidad, un tifón de celos y caos.

Con Cachipún asistimos como vouyeristas a la historia de dos hermanas que deben trabajar para mantener a su familia. Una entrevista para ser contratadas en un bar revela, a través de un juego de niños, una relación incestuosa que sostiene un fracaso personal y, a la vez, dinámico.

El cuento que da nombre al libro muestra una metáfora sobre las relaciones filiales que aparecen como un tumor que crece lento dentro de una joven, cuya hermana está enferma también. Vemos la muerte de un padre lejano, una madre que no lo soporta y el orgullo por dejarse morir. De nuevo, otro fracaso.

Los personajes se permiten mirarse a sí mismos en relación con el resto de su mundo. Son reflejos de lo pequeño que son en comparación de su universo.

Quizá todo el libro pueda resumirse en una frase del cuento Are You Ready?, un viaje de conocimiento al otro lado de la cordillera de Los Andes. Visitar a algo que alguna vez fue alguien, o como dice el narrador: “Lo que veía ahora no era una persona. Era una mudanza, una evaporación, otra cosa. Y supuso entonces, que eso era morir”.

La visión de la infancia también es importante en el libro. Niñas pequeñas le dicen adiós a su inocencia y entran en el terreno pantanoso de lo que desconocen. Se ensucian con las ideas y las palabras de los adultos que las crearon y, después, las forjaron a su imagen y semejanza, como sucede en Agujas de Reloj y Nunca Nadie se Acostumbra.

La autora habla también de la adolescencia y la paternidad, como sucede en Gorilas en el Congo y Cielo Raso. En ambos cuentos somos partícipes de las contradicciones de etapa.

Naturalezas Muertas es el último relato, el fin de un viaje que se alarga y se ramifica con los temas que lo antecedieron. Un hombre se enamora de una chica que lo motiva a abandonar su vida en Santiago para iniciar juntos una nueva existencia en un pueblo pequeño del que él nada sabe. Así como también desconoce la relación que ella mantiene con su tío. Un bar nuevo y un vacío que nada llena y crece.

Costamagna muestra realidades que desconocemos y nos extrañan. Las cubre con un suave velo de silencios y nos atrapa, cuando pisamos sobre ellas, sin conocer los abismos que nos aguardan.
20 Noviembre 2018 04:00:00
Dormir en la caverna
Escribo esto de madrugada, cuando la frontera entre vigilia y sueño se desvanece. También lo hago después de una terrible pesadilla. Tecleo estas palabras despierto con el temor de dormir de nuevo. Por eso escribo, para no dormir. Y si duermo, dejar un legado de que existí, antes de desaparecer como en el sueño del que acabo de despertar.

Yo no sé si a Luis Jorge Boone (Monclova, 1977) le suceda así. Creo, más bien, que él escribe dormido, que viaja a los sueños y roba las historias. Pienso que es así al menos en Cavernas (Era, 2014), libro que nos enfrenta con uno de los rasgos más primitivos del ser humano: la maravilla ante los horrores de la imaginación.

Con un total de 10 cuentos —el libro se encuentra dividido en tres partes: Con un Frío Abrazo de tu Espectro; Últimas, Verdaderas, Irrefutables Teorías Acerca de la Extinción Humana, y Ni el Péndulo, ni la Arena, ni el Átomo, ni el Sol—, Boone se revela como lo que es: un contador de historias, ese chamán de las palabras que frente al fuego educaba a la tribu. Cuentos en los que el escritor tensa la realidad hasta romperla y deja en claro que lo que sostiene nuestro mundo es la fantasía, el mito.

Con un Frío Abrazo de tu Espectro, el monclovense se vuelve incorpóreo, como un viento helado en la nuca, una voz que susurra a las espaldas. El Jardín Interior, Psicopompos, Los Relámpagos, y La Costumbre de Andar entre Sombras son historias de fantasmas contadas en diversos registros. El terror ante la muerte, la curiosidad que conlleva la tragedia, el horror que produce lo desconocido y hasta el humor habitan estas páginas.

Cavernas es, como dice la contratapa del libro, un retorno al mundo onírico que precavía de los peligros que acechaban al salir del hogar, al alejarse de la luz del fuego, de los demonios y monstruos que habitaban fuera de los lindes de nuestra creencia, pero que llegan a nosotros, a través de las puertas que abren los sueños.

Últimas, Verdaderas, Irrefutables Teorías Acerca de la Extinción Humana son obras que miran más allá: al futuro, a lo cercano de la ciencia, al juego divino de crear. El Lugar del Hombre, Diosas y Momentos no Humanos de la Tercera Guerra Mundial son cuentos que versan sobre nuestra capacidad para vencer a la muerte y de crear nuevas vidas, pero también sobre lo insignificante que somos para el universo.

El apartado Ni el Péndulo, Ni la Arena, ni el Átomo, ni el Sol, en cambio, cierra el libro con tres relatos fantásticos en su construcción y en su tema. El Hombre que Recorre el Acueducto, es una leyenda oral, un recuerdo de un hombre muerto; Soñé que Ayer era la Bruma es un texto que juega con la idea del regreso, del nunca avanzar del tiempo; mientras que Espera de un Día, un relato casi decimonónico en su estructura, es sobre una casa que existe más allá de nuestra realidad.

El mito y la leyenda, el cuento escrito y la anécdota hablada tienen cabida aquí. Los muertos vivientes, los ángeles caídos, las sombras que miras por el rabillo del ojo durante la noche, todos ellos tienen una página dedicada, escrita con glifos rupestres, en las paredes de estas Cavernas, las cuales exploro ahora que me encuentro dormido.


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