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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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20 Mayo 2017 04:00:00
Volver el traste
Regresar el traste es un signo del bien nacido, es santo y seña de la buena cuna, resulta en la conjunción del saber cultural acumulado por muchas generaciones atrás y de la filosofía social para el bienestar común y las relaciones duraderas.

Tener la delicadeza para volver aquello convertido en continente del amor, la amistad, la voluntad, la actitud propia del ser gregario, empieza con la entrega; en palabras llanas: Entregar el recipiente ajeno empieza cuando éste llega a casa con su precioso contenido.

Doña Quica llevaba a casa platitos con nopales guisados al huevo y chile colorado; la servilleta de papel, en su rol de tapadera, resultaba en cierta viscosa materia mezclada la celulosa con el juego imperdonable del guisado. Adivinar el alimento brindado era un bonito juego de antaño, cuyas pistas se diseminaban por las casas del barrio apenas empezando los olores a la hora de cocinar.

Si bien, los guisados se entregaban en el transcurso de la tarde, las tortillas de harina habían de entregarse al pardear, cuando las señoras recién terminaban la tarea diaria de palotear suficiente para la cena. A diferencia del platillo húmedo, las gorditas permitían papalotear el papel blanco apenas suficiente para cubrirlas.

Esa entrega desinteresada iniciaba un rito generacional: el platito volvería con su dueña, mas no vacío, sino con los preciosismos culinarios destinados a sorprender por lo menos en igual forma como lo hicieron los primeros. Así se establecía un compromiso no escrito, pero grabado en la genética de las familias: igual como se heredan los odios, compartir la comida es testado a las descendientes de una estirpe.

En mi calle transitan todavía platos llanos con tortillas, platos hondos con caldito, cajas con capirotada, ollas con atole, desechables con asado y envases reciclados con guisados. El surco hecho por dos generaciones anteriores a la mía, se sigue regando igual para obtener la besana del buen vecino.

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19 Mayo 2017 04:00:00
Sin planes
¿Recuerda usted el tiempo cuando hacíamos planes? En esa época, trazar una ruta de vida no era algo descabellado; prometer y cumplir consistía en calcular las probabilidades con cierto esmero.

Cumplía apenas los 13 años cuando afirmé que quería ser corresponsal de guerra. Dos o tres desvíos temporales retrasaron mi intención pero, a fin de cuentas, acabé por seguir una ruta prevista de muchas maneras. Las niñas de mi generación querían ser maestras y los niños buscaban ser ingenieros; la mayoría se mantuvo en la raya hasta lograr el propósito.

Nuestros padres tenían cierta cajita misteriosa a donde iban a parar los ahorros alcanzados por trabajo extra o por abstinencia voluntaria; luego parecía viable abrir una cuenta bancaria con “réditos”, decían, y comprar luego aquello para lo cual se preparaban durante años.

Hacer planes es un deporte en vías de extinción, porque todo dura muy poco: La insistencia, la voluntad, el plan mismo y las condiciones sobre las cuales se construyeron los castillos no en el aire, más bien, ahora se medio apila en el humo.

La realidad en esta mañana puede ser muy otra al anochecer, y una cajita de metal con billetes acaba por ser una esperanza irrisoria para alcanzar el futuro soñado. No se sueña hoy en día, se vive al margen y se sobrevive al cambio.

No es extraño escuchar los planes de un niño para su futuro profesional: Ser narcotraficante es una opción, porque la idea de uno, la imagen y la volátil prosperidad es una imagen que hoy por hoy forma parte del ideario cultural en América Latina. En esos momentos, tratamos de evadir la palmaria realidad pensando que, al fin y al cabo, la mayoría de los chicos en el kínder quisieron ser bomberos hace dos generaciones y menos del uno por ciento lo hizo. Con mucha fe, pudiera suceder lo mismo en el futuro próximo.


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18 Mayo 2017 04:00:00
Qué le importa
Todavía a mis 10 años, la frase “qué te importa” solía redituarme en un pellizco y dos chancletazos. La ofensiva frase estaba catalogada en el lexicón paterno prohibido como una de las más ofensivas entre las ofensivas.

De todos modos la seguimos usando, a veces con el eufemismo sin sentido de “what in for”, que muy poco limaba la aspereza de la ofensa y menos disminuía los chancletazos si acaso nos pillaban en la acción léxica. Además de la expresión, agregamos otras anexadas a nuestro vocabulario estandarizado, cuya sola mención seguro iba a provocar muchos desheredados en el siglo anterior.

Decir que los abuelos defendieron la lengua o pensar que nuestros padres fiscalizaran nuestra habla es un tema de pretexto, como tocar el tema del clima haciendo esos comentarios innecesarios para la comprensión del comportamiento termométrico pero utilísimas para romper el hielo y saber si se está tocando suelo familiar o sencillamente los bochornos son personalísimos y menopáusicos.

Hablar del habla es bueno; defenderla, innecesario. ¿Cuándo las palabras han requerido de un abogado para sobrevivir o de un fiscal para quedarse presas en la cárcel del silencio? “Nuncamente”, diría una señora, a quien la inexistencia de la palabra jamás le preocupó ni la hizo sentirse impropia.

Nuestra generación alteró las formas de hablar que nuestros padres tenían ya catalogadas en buenas, malas, pertinentes e impertinentes; nosotros generamos una mezcla bárbara, misma que hoy nos resulta el estándar obligado entre nuestros hijos. Pero no, ellos están haciendo su propia revolución.

Tomar una posición frente al habla vigente, plagada de vocablos que hacen estallar nuestros oídos –y que en su momento nos hubieran hecho estallar los dientes si las hubiésemos pronunciado ante los abuelos- es nuestro derecho; decidir ser parte o no de una conversación en donde abundan las palabras altisonantes es una posibilidad; sin embargo, combatirla, satanizarla o enfrentarla, no está ni en nuestras manos ni en nuestra lengua. Así son las palabras.

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17 Mayo 2017 04:00:00
Mejor perro
Me encantaría tener la determinación de los perros callejeros cuando andan por las aceras. No hace falta preguntar: tienen la expresión tallada en su prisa de tener perfectamente claro el destino que los está llamando.

Algunos perros callejeros suelen distraerse con tentaciones banales como un pedazo de pan, una caricia, un mimo o un puntapié, pero siguen su camino, y uno no se explica cómo es posible prefieran continuar en su mundo astroso que permanecer frente a la verja de una casa con ciertas posibilidades de volverse la mascota familiar.

Hay personas con imán para el perro sin dueño; es decir, esa gente es justo el destino por el cual andaba con tanta determinación el can, cuya historia de aventuras se quedará en la tumba perruna, si es que tiene una.

A simple vista, la decisión parece fácil: Quedarse en una casa a riesgo de ser rechazados; sentirse cómodos cuando se sospecha de ellos toda clase de fechorías posibles, fundamentadas únicamente en la apariencia. Hay perros que los elige el dueño, porque este fue elegido por su mascota.

Los callejeros ladinos se distinguen por su simpatía; cuentan con una felicidad a prueba de todo y suelen ser versátiles. Enamoran con su disponibilidad y tolerancia a la frustración; permanecen en un sitio el tiempo necesario, ni un día más, para continuar su camino. ¿Cómo se conoce el calendario de un perro callejero? Eso seguirá siendo un misterio.

Algunas son taciturnos y fantasmales: Vuelven cada noche a dormir junto a la puerta y no emiten queja si apareció algo sobre el plato improvisado que un alma buena tuvo a bien cederle. Si hay comida, se queda a cenar; si no la hay, también.

Un perro callejero rompe toda regla social: No elabora un contrato matrimonial, no tiene un acta de adopción, ni siquiera hay una carta compromiso. Él decide cuándo llega y cuándo se va dejando tácito el acuerdo donde se establecen los límites y las libertades para cada una de las partes.

No son nuestros: somos de ellos.

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16 Mayo 2017 04:00:00
Pajarito
Mi bisabuela revivía a los pájaros soplándoles con determinación sobre del pico. Fueran hijuelos caídos del nido, aves libres accidentadas o algún miembro de su harem emplumado, la técnica solía surtir efecto, a reserva de que se adelantara el gato en los primeros auxilios.

Según he observado, los caballos pasan por el mismo procedimiento, sólo que, en este caso, para familiarizarse con los humores de su dueño y facilitar de este la domesticación y el entrenamiento. A decir verdad, los caballerangos logran respuestas realmente admirables de sus ejemplares.

Jamás vi a mi abuela soplando a ser vivo ninguno. Ella se bastaba con un adusto carácter que amenazaba a cualquiera cuya intención fuera salirse de las normas; siempre pensé que los pajaritos habitantes en las jaulas que pendían sobre la pared del patio hubiesen permanecido dentro así las rejitas corredizas estuvieran abiertas. Sólo a mi abuelo se le ocurrió tener una enemiga de esa talla.

Ciertos loros se volverán incondicionales si se les enseña a ser tan dependientes de sus amos que dejen muy profundo, en el subconsciente, su capacidad para subsistir en la naturaleza, utilizando sus dotes fónicas no para divertir a la concurrencia, sino para mantenerse con vida.

Los millonarios de medio oriente, con cierto picor en la conciencia, mandan fabricar jaulas inmensas para que en ellas habiten sus pájaros exóticos; los cetreros condicionan a las aves para que no sepan vivir de otro modo que en simbiosis; los ornitólogos y los sofisticados desarrollaron chips inteligentes para monitorear las andanzas de sus mascotas emplumadas y hacerlas volver de formas imaginables o lanzarse según su antojo.

Así las cosas, repasando la historia sobre las maneras como el hombre ha logrado aprisionar a los pájaros desde tiempos inmemoriales, llego a la siguiente conclusión: El amor no es un pájaro.


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13 Mayo 2017 04:00:00
Machitos
A estas alturas de la vida, cuando escucho hablar de miembros masculinos inmediatamente se me viene a la cabeza la imagen de unos suculentos tacos de machito. La mente, a fin de cuentas, se apiada del ser humano cuando ya pagó la cuenta por ser descendiente de pecadores.

Las muy escasas parejas que llegan al final de sus vidas en esa misma calidad, como parejas, coinciden en la misericordia con el cual la naturaleza flexibiliza su régimen con el hombre, quien ha de luchar durante casi toda su existencia con las dificultades de la supervivencia, de la socialización y, sobre todo, con el autocontrol.

Si en el primer tercio la edad infantil y la adolescencia se vuelven contra el hombre mismo, como su sus síntomas fuera una enfermedad autoinmune, en el segundo se recrudecen las manías, las taras y los minusvalías físicas y mentales que hereda la imposición familiar, el prejuicio social y le imitar modelos que parecen decisivos.

Los impulsos incontrolables caracterizan las decisiones de las personas, en todos los planos de la vida. En el aspecto íntimo se multiplican las filias y las fobias traduciéndose en una cantidad de dolor incalculable, pues cuando un adulto joven padece de amores, es incapaz de encontrar otra palanca qué mover para seguir andando.

El amor durante la edad adulta está contaminado, sobre todo de esperanza: las prefiguraciones que se hacen sobre la perfección de la vida en pareja arruinan cualquier realidad; las imposiciones religiosas, firmadas a modo de condena, predisponen al tentador delito; los estigmas de la fealdad versus la belleza determinada por los medios acrecientan la inseguridad en hombres y mujeres sobre si son o no capaces de retener a su lado a alguien.

Frisar la ancianidad otorga un respiro. Hasta entonces se empieza a comprender la búsqueda que San Agustín recomendó a la humanidad: buscarse en el interior de cada uno otorgará todas las respuestas y calmará las dudas más profundas.

La tercera edad, por usar el eufemismo en boga, se presenta con un regalo en las manos: No hay más preocupación que ocuparse de sí mismo; los fracasos amorosos no existen, son solo veleidades o partidas mal jugadas. El amor se transforma, después de tantos besos, en un príncipe etéreo que se deja tomar al modo como el otro quiera.

Pensar en la pasión servida sobre el plato preferido, ese es el verdadero amor.

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12 Mayo 2017 04:00:00
San Jack el destripador
Poco me sorprendería ver a Porfirio Díaz en el nicho de los súper héroes, todo esto gracias a una buena historia transmitida en televisión a manera de telenovela. Bastaría un chasquido dactilar de Krauze para que todos estuviéramos de acuerdo con bautizar calles, escuelas y bibliotecas con su nombre.

Bueno, tengo mis argumentos para fundar estas sospechas, y el más poderoso es que hoy estamos a una mordida de convertir en lindo todo lo que antes fue terrorífico y rechazado. Las cosas empezaron con abejitas y hormigas trabajadoras cuyo esfuerzo deberá ser reconocido con una convivencia humana-abejil (u hormiguil) hasta llegar a tejerle suetercitos a los insectos, así es como lo presentan a los niños en los filmes; es más, está la propuesta de Ratatouille para dejar entrar en la cocina a una ratota.

Lo más reciente –seguro ya lo adivinaron- es el culto a los vampiros, sí, los mismos cuyos dientotes fueron por muchos siglos motivo de espanto y amenaza de los chiquillos reacios a dormir temprano. Millones de ristras de ajos, escapularios, biblias y rosarios se vendieron por siglos para estar prestos a defenderse de la terrible amenaza de esos seres envueltos en capas y desvelados. ¿Cómo se dio el doblete?

Desconozco el camino que siguieron, pero estos seres mitológicos hoy están en el hit parade del corazón juvenil de hombres y mujeres. Ya no importa si sacan los colmillos o terminan ensangrentados después de morder el cuello de alguien, hoy resulta que esta acción no sólo es tierna sino hasta sexy y sugerente.

Alguna relación habrá con el hecho de que todos los vampiros cinematográficos han sido personajes bien parecidos, pálidos, ojerosos y trasnochadones, pero al final se erigieron con hombres espigados pero fuertes, mirada profunda y bien vestidos, lo que sea de cada quien. Entonces, la versión moderna es un jovenazo ataviado a la moda Gap, guapetón y con sus respectivas y retráctiles dentaduras.

En conclusión, llevamos al punto donde las historias más románticas, tiernas y apasionadas están protagonizadas por vampiros, a veces es ella, otras, él, como sea, pero saber que una película incluye a estos seres tendrá asegurada una fila de chicas enamoradas frente a su taquilla.

¿Qué vendrá después? Cucarachas también fueron protagonistas ya y uno que otro gusano; personajes de leyenda y mito ya los encumbró la pantalla haciéndonos pensar que Pie Grande sólo es un peluche divino perdido en la nieve; bueno, quedan algunos políticos sin considerar.

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11 Mayo 2017 04:00:00
Comer y querer
El mejor licuado de guayaba lo tomé en su casa. Aprendí la receta, aunque debo de reconocer que es uno de los procedimientos más minuciosos conocidos por mí; lo comparto en el interés de que rinda tantos frutos para ustedes como para mí.

En primer lugar, compre guayabas para cualquier cantidad de personas como pudieran visitarla durante la semana; se requiere yogurt y leche en la misma medida; necesitará miel también, o azúcar, según su preferencia. El corazón del procedimiento radica, justamente en eso: En el corazón del anfitrión quien reciba a las vistas, sea cual fuere la hora.

En primer lugar, reciba con gusto genuino a su huésped, abrácelo, pregúntele por su situación con interés verdadero por saber si todo camina como debiera. Saque el yogurt del refrigerador y lave las guayabas, desinféctelas debidamente.

Enseguida, acomode a la visita en derredor de la mesa, en la cocina, a fin de hacerle sentir bienvenido, en casa y seguro. Corte las guayabas en cuatro partes y mida cinco cucharadas de yogur por persona. Vierta todo en la licuadora.

Atienda con seriedad el asunto por cual es visitado, sea extraordinario o mero extrañamiento. Si lo desea, agregue dos cubos de hielo por ración. Pongo unja cucharada de miel o de azúcar a los ingredientes vertidos en la licuadora.

Con la charla ya encaminada, deje claro cuánto bienestar le provoca la visita, mismo que puede manifestar permitiendo a las personas abordar los asuntos por los cuales llegar hasta su hogar y compartir solamente aquellos que puedan enriquecer a todos los presentes. Licue los ingredientes durante cuatro minutos.

Antes de servir, no pregunte a nadie si comieron o no, solo asegúrese de que nadie sea alérgico a las guayabas, el yogur o la miel; sus visitantes están ahí porque se saben siempre bienvenidos con una cálida recepción, y su humilde receta del licuado de guayaba es la prueba fehaciente de ello. Use un colador para verter el licuado en cada vaso. Sirva bien frío, pero con toda la calidez que le sea posible.

Finalmente, agradezca a doña Tina, quien me enseñó cuánto amor puede caber en un vaso con licuado de guayaba. Si lo desea, agregue leche.

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09 Mayo 2017 04:00:00
Bochornos
Los dos momentos más bochornosos en la vida de un ser humano son: a) En su cumpleaños, mientras le cantan las mañanitas, b) EN una fila donde no queda claro cuál es el turno correspondiente.

Una fila es un reto múltiple para cualquiera. El carácter, la actitud, la circunstancia física, la situación emocional, esto y más se ve confrontado cuando aparece en toda su intensidad. La teoría de la relatividad aplica aquí con toda su einsteniana esencia: El deseo prefigurado antes de arribar al sitio determinará la largura, la velocidad o la inconveniencia de esa cola.

Las filas, estaremos de acuerdo, se hacen de pie. Balancearse como barco en alta mar, pasar de un pie a otro, girar la cadera para mirar nada en particular, mirar desde la altura hacia abajo y desde ahí mismo hacia arriba, sospechar de cualquiera que se acerque porque se convierte en un potencial ratero de sitios; todos son actos determinantes del ritual cuando se hace cola. La modalidad con sillas intercambiables, vino a trastocar la definición ontológica de la fila, porque las distancias quedan marcadas a priori, y se aleja así la posibilidad de haber estado demasiado cerca del amor de tu vida o de ese hermano desconocido que se perdió cuando chiquito.

No tengo claro si es en respuesta a un requerimiento de Derecho Humanos, una estrategia de mercadotecnia o sencillamente manifestación de la buena alma del dueño, pero la espera de turnos en modalidad “sentado”, implica otras complejidades.

Si la tecnología da para la máquina de turnos o, más humanamente tratado, una guapa chica entregando papelitos con números dibujados a mano, las cosas flexibilizan el ambiente y hasta puede convertirse la espera en una experiencia relajante. Ahora bien, irrumpir en una sala con más de tres personas sentadas y uno sin saber cuándo corresponde el propio, eso sí es difícil. El acto de preguntar: “¿Quién llegó al último?” implica asumir una jerarquía, una posición de último que se acabará cuando otro se aproxime y suelte el cuestionamiento.

Esperar es ya difícil, hacer es uno de los castigos que debió venir en el paquete con la expulsión de Adán y Eva.

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06 Mayo 2017 04:00:00
Tengo un viejo
Hay muchas razones por las cuales yo no soy poeta. A más de argumentar mi dificultad para comprender las intrincadas definiciones sobre figuras literarias, aportadas por la deífica Elena Berinstain, hay otras razones de mucho más peso: Tengo un viejo, tengo un hijo, tengo un perro. El último me lo regaló Santa; el segundo la cigüeña y el primero aún no sé bien si Dios o el diablo.

Como sea, cada uno traía algo bajo el brazo, y no era una torta. El perro venía con una serie de requerimientos para su estancia con dignidad como mascota en la familia, so pena de ser yo abducida por la Sociedad Protectora de Animales; el hijo venía sin instructivo y exige observación 24 horas diarias para tratar de entender la mejor forma de mantenerlo vivo, sano y feliz, y con la espada no de Damocles sobre mí, por si no soy tolerante y consentidora; el viejo traía la etiqueta de “wash and ware” y listo para usarse, pero nadie me advirtió acerca de los minuciosos cuidados que requería tan fina prenda.

En verdad no tengo explicación congruente para saber cómo hicieron nuestras madres, lidiando con un equipo de futbol y, además, con el perro, el viejo y hasta un gato necesario que habitaba en las casas de las generaciones pasadas. Por otro lado, ese ajetreo me explica ciertos desvíos sicológicos en mi persona, los cuales enfrentan a diario quienes viven conmigo.

Para escribir poemas se necesitan algunos ingredientes imposibles de eliminar en esa receta: El primero es la abstracción; quedarse con uno mismo dará la sazón necesaria para alcanzar la fama como escritor más o menos dedicado. ¿Cómo lograr semejante acto de valor cuando las señoras hemos de repartirnos como la Coyolxauhqui?

La educación tradicional nos dejó marca de caballo respecto de atender las necesidades del marido, tampoco sin irse al baño, claro está, pero no desentenderse de sus tentaciones y sus urgencias; los hijos, nadie lo duda, dependen de la madre por lo menos los primeros 42 años, pues ahora resultan renegados a salir de casa, porque el matrimonio es una asunto medio tenebroso y con demasiadas obligaciones.

Entre comprar la despensa, lavar la ropa, trabajar dentro y fuera de casa, asegurarse de dar pan y circo a tooodos los miembros de la familia, pagar recibos, atender a las vecinas, ser una buena hija y mediana hermana, mantener vivas a la mascotas propiedad del hijo, el viejo y el resto de la familia, muy poco espacio queda para la introspección, y los únicos poemas resultantes de todo esa rueda de la fortuna, serán unas construcciones medio bizarras en donde se discutan las razones por las cuales el tomate oscila entre 6 y 24 pesos en el súper mercado, o bien, si la carne de pollo deberá ser amarilla, blanca o rositita a fin de no ver crecer pezones donde no debieran aparecer.

Como pueden darse cuenta, no es falta de talento; es de tiempo y nada más.

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04 Mayo 2017 04:00:00
Angélica de fondo
En el caso de Angélica no, pero el resto de las mujeres en mi pasado, quienes dejaban asomar la puntita del fondo bajo la falda, lo hacían para dar una muestra fehaciente de su pudor y recato.

Angélica era desenfadada y el esmero en su apariencia física siempre fue contrariamente proporcional a la fijación con la limpieza de su casa. Yo no la recuerdo con otros ropajes que esas batas en color pastel desvaído, con botones al frente, desde el cuello hasta la pantorrilla: Ella siempre usó nada más siete de los 10 que ofrecía la prenda, pues su calor interno sobrepasaba los más crudos inviernos.

Con la mano derecha se abanicaba sin importar la estación del año; con la izquierda, golpeaba su muslo con tal fuerza que todos apostábamos tenía ya un tatuaje de los cinco dedos. Tras el golpe, milésimas de segundos después, el faldón de la bata bailaba una rumba pavoneando el dobladillo del fondo claro que sin falta usaba.

La función de esa prenda no la tuve muy clara entonces, ahora sí, aunque la lista que compone esta preclara idea incluye muy apenas la funcionalidad de ocultar, modosamente, la ropa interior.

Mi abuela y su hermana usaban fondo bajo sus muy oscuras y gruesas faldas. A diferencia de Angélica, ellas podían andar en volandas sin que se les asomara ni un ápice de las pantaletas o la orillita de las medias; estaban siempre tan cubiertas que de niña apostaba a que su anatomía no incluía las partes íntimas.

El fondo, nieto del refajo y hoy casi en vías de extinción, ha sido un espacio para la imaginación: Su imagen se presta para prefigurar unas piernas albas de tan poco sol, unos muslos recios de estar parados, un modo de ser mujer.

Así como Madonna y Selena pusieron en boga mostrar el sostén, pero uno adicionado con toda clase de lujurias en bisuterías, las señoras de antes inauguraron esa moda con tal conciencia, que durante muchos años no hubo encaje más exquisito que el de la orilla de un fondo de mujer.

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03 Mayo 2017 04:00:00
Tan chiquito pie
Si el invierno urge a sacar las botas apenas el termómetro tiembla amenazante y coqueto con los 10 grados en diciembre, el verano es un reto monumental para todas las mujeres del mundo.

En tanto reina la calceta, los pies femeninos son un misterio apenas descubierto por las mismas dueñas de los mismos. El tiempo de frío es un periodo de gracia para las extremidades inferiores, las cuales se libran de restriego, remojo y crítica; se les da la concesión para estar francos de esa chistosa exigencia de parecer cualquier cosa menos pies.

Aunado al tema de los vellos, los hombres pueden indistintamente mostrar sus pies en condiciones cualesquiera: Crecidos –los vellos- o peludos –los pies- y no descienden ni un ápice en la posición de su espacio social. A las mujeres, en cambio, nos resultaría más fácil un cambio completo de piel que el ritual de prepararnos para usar zapato abierto.

Más allá de la categorización socioeconómica del calzado, hecha en forma de catálogos inimaginables, la exigencia rompe las barreras que marca la desigualdad social: Mujeres de todas las clase sociales, rangos, colores, estaturas y dimensiones deben de cumplir el pago por pertenecer a una comunidad de civilizados.

Los requisitos de ingreso podológico al verano consisten en una hidratación intensa, una exfoliación ingente, un enfrentamiento inevitable a todas las cremas posibles, un corte de uñas urgente, una barnizada indispensable y un redescubrimiento inevitable de las causas por las cuales no se puede ser modelo de zapatos.

Los pies femeninos hablan por sí mismos cuando sube la temperatura: Caracterizan a la mujer, la posicionan, la colocan, la califican sin lugar a duda, la distinguen entre el mismo género y en comparación con el contrario.

Como quedó de manifiesto, hablar de los pies femeninos en el verano requirió de mucha cabeza.

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02 Mayo 2017 04:00:00
Tasa de cariño
La tasa de cariño calculada por una abuela es tan impredecible como fundamentada. No hay acto fortuito en el procedimiento clínico de esculcar el monedero, seleccionar el monto y elegir la moneda o el billete merecidos por un nieto.

Tal vez Don Felipe –que Dios lo tenga sosteniéndose el pantalón con cincho- me llegó a dar un tostón de vez en cuando; suficiente dádiva era para comprarme coquitos de aceite, muelas y un chupirul de rompope, tal vez dos Palelocas, esas con caramelo por ambos lados. Como sea, nunca fui de las nietas agraciadas a quienes sus abuelos los surten de promesas monetarias apenas se encuentra con ellos.

Junto con el ritual de dar dinero al nieto está el introito de descubrir el escondite. Sacar el dinero frente a alguien implica en las abuelas un acto excesivo de confianza, de certeza sobre la seguridad en la que se encuentran plantas; así, encamina su mano derecha hacia el seno izquierdo y ahí, en la parte superior del sostén, aparece en un acto de magia, un fajito caliente de billetes enroladas uno sobre de otro de donde se elige el que corresponde al momento amoroso provocado por la relación filial.

Alguien debiera hacer una investigación científica sobre las estrategias militares para guardarse sus recursos las abuelas: El dobladillo, la liga de las medias, el zapato izquierdo, el puño de la blusa, el sostén. El bolso de mano nunca ha sido, por paradójico que parezca, el sitio más seguro para aquello que más se aprecia.

Si bien mi abuelo entraba la mano en la bolsa de su pantalón para sacar la moneda, las abuelas de antes no tenían un espacio disponible como a ese, a reserva de traer ya un mandil ya un suéter tejido, los únicos permitidos para llevar bolsillos en sus versiones femeninas.

No fue mi caso, pero sé de cierto que hay una cantidad importante de abuelitas que dotan a sus nietos de todo aquello que evidencian necesitar: Más dulces, más libertad, más regalos, más paciencia, más dinero cálido para planear una vida entera con un tostón en la palma de la mano.

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29 Abril 2017 04:00:00
Licuadora de las estrellas
Escuché en la radio, en una de esas magníficas cápsulas de divulgación, que el “ruido” de las estrellas es algo así como una enorme licuadora; si se pudiera escuchar el ruido en el espacio exterior, claro está.

Como sea, alimentó mi imaginación para prefigurar una situación de sonido insistente y eterno; un zumbido insistente que de tanto en tanto se vuelve o invisible o mortal. La licuadora de las estrellas acabaría por convertirse en una estación de onda corta que transmite las 24 horas los 365 días del año.

Para asustar a la soledad, hay quienes sintonizan una estación radial cercana en lo físico para hacerse la cuenta de estar acompañados; otros se conforman con la buena recepción de alguien que transmite no sé dónde pero nunca deja de hablar; algunos no tienen interés por la fidelidad del sonido, lo único que vale es el ruido, corroborar la certeza de que no se está solo en el mundo.

El ruido tiene la solidaridad equiparable de los perros: no se va aunque se le ignore, no se aleja aunque se le deje de escuchar, no desaparece si se le olvida. Estamos hablando de una compañía incondicional y siempre con el talante en pie.

¿Por qué a muchos les aterran los silencios? He pensado en las estrellas internas que cada personas tenemos, de la licuadora personal que nos bulle al interior y suele ser demasiado estridente si se empeña en tocarnos la melodía que nosotros mismos componemos con los actos y las omisiones del día a día.

Ruido y silencio no son contrarios. En realidad, el segundo en la corroboración del primero, es la marca de su existencia, es la señal de vida o muerte en lo que respecta a todo aquello en derredor nuestro.

Callar el ruido sería estar dispuesto a escucharnos; de otro modo, estamos condenados a ser licuados en el sonido del universo.

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27 Abril 2017 04:00:00
Perros nocturnos
No me he dado a la tarea sistemática de buscar estudios científicos al respecto, pero estoy cierta de la siguiente teoría: Dueño de perro ladrador, es sordo. No hay otra forma para explicarme la supervivencia de esas mascotas noctámbulas en sus ladrar y el dueño ni se inmuta, porque si se inmutare, mínimo un chanclazo le lanzare al can escandaloso.

En pro de la buena vecindad, cuando se presenta un caso insomne hecho a puro ladrar, solemos acercarnos al dueño de la bestia con bastante tiento y comentarios así: “Anoche hubo mucho ruido en la calle; el problema es que tengo el sueño muy ligero y no podía dormir… ya imaginarás lo desvelada que me fui a trabajar, espero esta noche esté más tranquila”.

El buen hombre –o buena mujer- escuchan con paciencia la retahíla y suelen responder, con toda sinceridad, algo así: “Ah, no, yo no escuche nada”. ¡Vaya desarmados como nos dejan! Por alguna razón, el angelito de los buenos modales nos impide soltarles una cantidad de improperios y quejas que incluirían algo como esto: a ver si callas a tu perro, porque no lo llevas a la perrera, pásalo al patio trasero o regálalo a tu suegra.

El otro día una vecina mía hizo campaña para desperrizar la calle e incitó a todas y todos para llamar a sanidad; urgía la limpia. Al fin, después de cinco llamadas, vino el hombre de la camioneta y repasó el sitio con la mirada: Solo un cánido negro y medio escuálido estaba sentado frente a nosotros. Ya a punto de la captura, la vecina incitadora le dice: “No, ese no se lo leve, aquí nos cuida”.

El fulano tomó su cuerda, subió al vehículo y se fue más de prisa que como llegó. Ya sabrán cuánto la vergüenza y el coraje invadió nuestros rostros, más aún esa noche, cuando, el animal cuidador, estuvo aullando en franca celebración por su triunfo. Al día siguiente preguntamos a la mujer cómo había dormido con tanto ruido, para encontrar en el fondo de su cordura un poco de lucidez y recapacitar sobre la pésima decisión. Ella, muy oronda, solo dijo: “No, no escuché nada”.
26 Abril 2017 04:00:00
Basura perdida
Ella no calculó cuán profundo era su cuestionamiento, mucho menos la inmarcesible marca existencial que estaba dejando en mi persona cuando preguntó: “¿A dónde se va la basura de la computadora?

Los años posteriores a ese planteamiento he desarrollado teorías diversas, pues ni la cibernética, ni la técnica, ni la semiótica responden a cabalidad para despejar cualquier duda sobre los derroteros de los desdichados documentos puestos en el botón de vaciar.

Hoy sé cosas como que esa basura no se va, precisamente, queda deambulando en algún pliegue espacio temporal y, entonces, no es del todo inviable pensar en que tarde o temprano nos volvamos a encontrar.

Ahora bien, la basura no podría ser el objeto único suspendido en ese inasible sitio, el tiempo mismo podría encontrarse en semejante limbo inexplicable para el común de los mortales.

¿A dónde se va el tiempo? ¿Estará guardado en algún rincón tras la pantalla de los relojes? Siendo así, deshacernos de ellos es tal como tirar una parte vital que bien podríamos requerir en el futuro.

Si mi reflexión no es descabellada, entonces la expresión “perder el tiempo” no tiene sentido, porque no hay manera de extraviarlo, está ahí con nuestra venia o contra nuestra voluntad.

La posibilidad de recuperarlo se convertiría en una promesa, pero no en el modo como los legos la aplicamos: voy a recuperar el tiempo perdido y subiré al Himalaya en mi cumpleaños 82. En ese caso, es más probable la aceleración del tiempo final que el regreso al pasado.

Suponiendo que el tiempo no se pierda, entonces tampoco se termina; nuestro tiempo sigue andando aunque a nosotros nos falten piernas para caminarlo, ojos para verlo o inconsciencia para gastarlo.

Si nada le quedó claro en este texto, ni se preocupe: Leonora Carrington aceptó que jamás comprendió la teoría del espacio-tiempo, Renato Leduc jamás encontró palabra que rimara con tiempo y yo tampoco he comprendido nada.

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25 Abril 2017 04:00:00
Mírame a la boca
Mi vecinita de ocho años tuvo unos días aciagos hace tiempo: Se negaba a dormir en su recámara porque tenía la certeza de que, pasada la medianoche, la entonces recién fallecida Jenni Rivera se le aparecería saliendo del guardarropa.

Nunca pregunté a su mamá cómo resolvió el problema –tal vez no lo ha hecho–, pero mis reflexiones me llevaron a concluir lo siguiente: La pequeña veía demasiada televisión y estaba siendo bombardeada por el trágico accidente de la cantante y la historia de Monsters Inc. Las imágenes grabadas en su mente estaban haciendo efectos caóticos.

Algo parecido me sucedió cuando era niña, pero a mí con una muñeca tiesa y enorme, cuyos cabellos enredados sirvieron de trampa a un ratón que dejó la vida en el empeño por escapar de esa melena castaña y falsa. Yo procuraba ponerla tan lejos que sus ojos eternamente abiertos no alcanzaran a mirarme; sin embargo apenas cerraba los míos, esa mirada fría se aparecía en mis sueños.

Como sea, encontrarse con una parte del cuerpo ajena, de alguien que nos resulta ajeno y, sobre todo, no está vivo, es una escena poco deseable, al menos eso dictan las reglas de la normalidad, pero creo que mi conclusión es anormal, y eso lo prueban las tazas, los tarros, los cojines, los saleros, las plumas, los sillones y todo objeto con formas voluptuosas de labios rojos, ojos incandescentes y pompas paraditas.

Las relaciones establecidas entre el ser humano y esos objetos se vuelven por demás extrañas: Hay quienes los bautizan, los apapachan, les conocen el carácter y les encuentran el modo; así ya no tienen una obra de arte con forma de boca, ojo o nalga, sino una taza feliz, un sillón angustiado o un lápiz insano.

Las formas humanas nos resultan familiares, tal vez esa es la razón por la cual tendemos a encontrársela a lo inanimado, llámese roca, montaña, planta o balón de futbol, aunque el caso del náufrago es tema aparte.

Mi abuela decía que cada frijol, en su ombligo, tenía dibujada a la virgen María. Como adivinarán, limpiar frijoles con ella representaba una dicotomía difícil de librar sin culpa, pues en mi cabeza pasaba de la herejía a la necesidad de santiguarme cada vez que echaba uno en la olla de agua caliente.

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22 Abril 2017 04:00:00
De frente al amo
“No mire de frente al amo”, decía don Felipe –que Dios lo tenga haciendo hijos- con un cierto dejo de irrealidad al terminar la frase.

Debió aprender la orden a punta de dolor, venida de sus padres y de sus tíos, cuyo estricto ser lo forjaron en el trabajo duro y la estrechez de vida, acostumbrándolo a una moderada forma de adquirir todo, menos mujeres.

Así como el miedo aseguraba la autoridad, hoy la determinación nos garantiza la veracidad. Si los abuelos basaron su respeto en el soslayo, las nuevas generaciones la ponderamos en la postura.

Mirar a los ojos es un reto, una prueba de honestidad y certeza en lo que se dice; más aún, es una manera de corroborar el interés, el aprecio o la atención. Convertido en una orden, el “mírame a los ojos” es una cita al duelo con la única arma con la cual nos dota la mirada.

La neurolingüística ha hecho una mina de datos con la mirada; no solo la considera el espejo del alma, sino que ha clasificado incluso las señales enviadas por ese espejo cuando se gira hacia arriba, se cantea a la izquierda, se vierte a la derecha o se decanta hacia abajo.

¿Cómo funcionará la mirada honesta y determinadora en las madres ocupadas y en los invidentes? Una madre atiende a todos a la vez sin tener la posibilidad de una mirada ubicua; un invidente tiene desnudo su espejo y, sin embargo, puede ser honesto, atento y comprensivo al escuchar.

Tal vez haya otras extensiones de la mirada cuando se hace menester hacerla múltiple, suplirla o acrecentarla. Los oídos, el olfato, el gusto, el tacto pueden, al fin y al cabo, convertirse en ojos si la vida lo hace necesario.

Ya nadie evita mirar de frente al amo; de cualquier manera, cuando se le ha dado la jerarquía a alguien, si no los ojos, alguna parte de nuestro cuerpo se habrá puesto de hinojos ante él.

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21 Abril 2017 04:00:00
Muy carbón
Mis mejores esfuerzos han sido insuficientes para comprender el asunto relativo a los bonos de carbono.

Un bono de carbono incluye: Adaptación natural al cambio climático, alejamiento de la amenaza en la producción de alimentos, desarrollo económico sostenible. Lo más admirable es que el bono, en sí, no se palpa, no se ve, no se escucha; es una entelequia.

Bien visto, es tan incomprensible como las garantías.

Las garantías no radican en el papelito que acompaña el producto adquirido. Para empezar, son entregados junto con la advertencia de que se le borrarán los números después de ocho días o de uno expuesto al sol, lo que suceda primero. ¿La desaparición de los números se lleva consigo la vida útil del objeto? En realidad el documento es nada más la presencia palpable de una promesa.

En primer término, garantía es una “fianza”. En el mundo terrenal, la fianza es algo que debe pagar quien es, si no culpable, por lo menos sospechoso; es decir, implica que adquirir un objeto o un servicio conlleva la posibilidad de su ser fallido.

En segundo término, dice el diccionario, garantía es una cosa que asegura o protege contra algún riesgo o necesidad; es decir, que el acompañamiento de ella es la aceptación de lo imperfecto en aquello que recién nos vendieron como insuperable.

Desconozco cómo evolucionó este tema
en la historia de los mercaderes, pero asumo que la señal de tener garantía por algo pasó de ser una certeza a una incertidumbre autorizada, es decir, se transitó de un “te lo garantizo” a un “tiene garantía”. El primero llevaba implícita la infalibilidad de la palabra; el segundo, se cura en salud al aceptar que se corre el riesgo de que las cosas no salgan como uno lo deseara.

El negocio de la garantía es el miedo certificado, la duda oficializada, la falencia regular en todas las cosas que tienen garantía.
20 Abril 2017 04:00:00
Costoso vacío
Sólo hay otra cosa tan amenazante como la hoja en blanco: Un frasco vacío.
Cuando jóvenes, mis hermanos insistían en sacar el diablo a las botellas vacías; hacían malabares incomprensibles para mis seis años de edad, tanto que no podría recordarlos siquiera, sin embargo sí tengo una certeza: Jamás lo vi salir de su guarida vítrea.

Tengo para mí que el diablo es inherente a toda botella; es más, todo envase de vidrio posee uno, el cual no suele salir, en realidad, se queda dentro para apresar el alma de su dueño.

¿Por qué guardamos un frasco vacío? ¿Por qué convertimos en eternidad su cualidad de desechable, reciclable, incluso? La respuesta es sencilla: Porque ejerce sobre los hombres –y más sobre las mujeres– una atracción inenarrable para reinar en los hogares de las formas menos pensadas.

Primero es el dilema: tirarlo o conservarlo. Luego nos hipnotiza con la inercia de su vacío y las más bizarras ideas se vienen a la mente para verlo convertido en dulcero, lapicero, maceta, resguardo de conservas dulces o saladas, envase para llevar, vertedero para congelar, lámpara, bombilla u organizador de todo.
En un frasco se puede clasificar todo en modo similar como cierta enciclopedia china citadas por Borges organizaba a los animales: a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de camello.

Del mismo modo, en sendos frascos se podría crear la más impensada clasificación de botones: Los blancos, los negros, los verdes, los rojos, los que no son ni blancos ni negros ni verdes ni rojos; los de bebé, los que no son de bebé; los grandes, los medianos, los chicos, los inmensos, los miserables.

La transparencia del vidrio permite toda clase de figuraciones para ver dentro del envase toda la potencialidad de su vacío; justo eso erradica la certeza de que una de las posibilidades es echarlo a la basura y acabar con el conflicto.
Los humanos guardamos frascos sin tapas, así esto sea una doble negación del frasco; los consideramos una ganga por habernos hecho de ellos con gratuidad, pero el costo, a fin de cuentas, es el más alto que pueda cobrar el diablo dentro de la botella: La de ocupar, paulatinamente, nuestra vida y nuestra casa con todo su vacío.

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19 Abril 2017 04:00:00
Una mujer sin plantas
Doña Librada tenía helechos, hule, cuna de Moisés y geranios en el zaguán; no afirmaría con certeza cuánto tiempo logró mantenerlas con vida, pero sí tengo la seguridad de que su madre las cultivó y su abuela también.

Todas las mujeres de doña Librada cuidaron plantas en el zaguán; ella heredó no sólo los helechos, el hule, la cuna de Moisés y los geranios, sino también el afán por alejar el estigmático fantasma de ser una mujer sin plantas.

También doña Nora poseía algunas: Les hablaba con cariño y miel sin falta todas las mañanas, bien podía olvidarse de regarlas, pero el diálogo establecido con los alcatraces era una religión para la supervivencia tanto de la mujer como de la planta. Una mujer sin plantas nunca lo ha sido en plenitud.

La historia de la mujer tiene siempre macetas; el lugar que ocupan en la casa ha cambiado, quizá dejó el protagonismo del recibimiento la visitante para convertirse en el discreto encanto de la biblioteca, pero logró mantenerse viva aun en estos tiempos de exacerbado feminismo y alejamiento del compromiso.

Una planta es un compromiso, un nudo con la casa familiar, una obligación femenina, un estigma que se lleva en la conciencia y en el ser si acaso se deja morir todo aquello que mantuvo con vida la pléyade de féminas que pueblan una historia personal.

La simbiosis mujer-planta es una circunferencia vital: Aquella enfrentaría la muerte social y ésta moriría como mártir ante una sociedad indiscreta que valora y califica a cualquier dama por la cantidad y la calidad de las margaritas que puedan producir sus matas.

Las matas hablan de quien de quien cree haber domesticado la vida en una maceta, de quien las posee: el tamaño, el color, la variedad, la ubicación, el empeño, la apariencia. Dime qué plantas tienes y te diré qué clase de mujer eres; esta causa y consecuencia hace imperceptible la frontera para decidir qué es peor: Una mujer sin plantas o una planta sin mujer.

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18 Abril 2017 04:00:00
Distancias
Mi primer teléfono celular medía lo que un estuche rígido de lentes oscuros. Tenía un apéndice a modo de antena, el cual era menester desperezar jalándole un sombrerito metálico a fin de tener una señal que permitiera hacer llamadas cuya duración no excediera un minuto, pues las recargas eran efímeras y los procesos de reposición tan complicados como una aclaración en cualquier banco mexicano.

La cubierta protectora del teclado se abría mediante un mecanismo anclado con bisagras pequeñísima; el rechinido provocado por la operación del mismo, recordaba más el despertar de Drácula que la presencia de una maravilla tecnológica.

Recibir una llamada o realizarla era un albur. Uno debía tener tanto optimismo como alto nivel de tolerancia a la frustración; si bien nunca hice una estadística seria, puedo decir que el factor de éxito era uno de cada 10.

Durante la recepción, las voces parecían provenir bien del inframundo o de un ser con grave trastorno de personalidad, pues pasaban de ser clarísima a una especie de murmullo lejano y esotérico, todo esto mediado por la posibilidad de escucharlas en versión tartamuda, profunda, atiplada o de contralto.

Recargar la batería resultaba un ritual que requería del usuario cierta paciencia de santo y un cargador irremplazable. Volver a tener carga suficiente llevaba aproximadamente dos horas; además, la vida útil de las baterías era bastante inútil y eso obligaba a comprar un nuevo aparato en periodos devastadoramente cortos.

Puestos en antecedentes por esta quien escribe, testigo presencial y protagonista de la era previa a la posesión de teléfonos a fin de sobrevivir, no tengo mucho más qué decir para comprender las razones ostentadas por los mayores de cuarenta para tener bastante tacto al interactuar con la tecnología: No nacimos con ella, sino que tuvimos que lidiar con sus problemas de niñez y adolescencia en lo que se convertían tan manejables como para usarlas en cualquier parte del mundo y sin siquiera tocarlas, sólo dándole órdenes.

Dudo mucho que un chico de hoy hubiese resultado con salud mental si se enfrentara a una llamada telefónica en las condiciones que nosotros lo hicimos hace 20 y tantos años.

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15 Abril 2017 04:00:00
Tengo más
Nada debemos envidiar a esas espantosas mujeres cuyos cuerpos adornan, sin pudor alguno, las pantallas de todos tamaños porque, simple y sencillamente, tenemos lo mismo, quizá mejor acomodado, pero al fin lo mismo.

Ahora sustentaré mi tesis de que no sólo tenemos lo mismo, sino muchos más. Citaré sólo a unas cuantas despampanantes porque son mis argumentos contundentes; y si consideran que saldré por la tangente aludiendo a cuestiones intelectuales a fin de superar a estas pobres inocentes, están equivocados, se trata exclusivamente de temas corporales.

Respecto de Ninel Conde, Thalía y Jennifer López, explicare cómo, por mucho, las superamos. En orden de mención: Casi todas nosotras, chicas, tenemos doble ancho de nariz, triple ancho de cintura y cuádruple de chamorro que esas fulanas, respectivamente (El otro día, un señor que vendía botas, dijo que debía llevarme varios pares porque mis piernas valían por las de dos señoras. ¿Lo haría sólo por vender más? Supongo que sí, es que están a comisión). Alguien contestará: La primera, por ser pobres y sin cirugía; la segunda, por ser mexicanas sin apellido Sodi; la tercera, por cometer el grave error de representar justo la edad que tenemos. Anden, ni hagan caso a las voces de la envidia y la incomprensión.

Si no fuesen suficientes mis palabras anteriores, debo hacer alarde de cuánto amor despierta la perfecta anatomía con que la naturaleza me dotó: Mi marido, a menudo me recuerda que yo valgo el doble que Beyoncé, y hasta hace la medida separando las manos a mi costado para demostrar su dicho. ¿Qué tal? Claro, se ha dado a la tarea de medir bien a esta insulsa muchachita para poder tener punto de comparación. ¡Cuán lindo mi viejo!

Está de más aludir a los kilos con los que superamos a Niurka, Madona y Anahí; pensándolo en términos rastreros –o sea, del rastro eso nos convierte en valiosas presas. Al respecto, ellas, en la vida real, deben ser rechazadas por los caballeros, porque a los que tenemos en casa siempre nos dicen cuánto nos prefieren llenitas.

¿Lo ven? Y ustedes, mujeres de la farándula, ahí luciendo sus flaquezas. ¡Ah, cómo las compadezco!

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14 Abril 2017 04:00:00
La reforma y el problema
La escuela en México está conformado por una serie de asignaturas que construyen un intrincado y reiterativo esquema de conocimientos cuyo estilo, según la moda, es la caja fuerte: Nada parece combinar con lo demás; pero al final, sumados y evaluados, parecen muy justos para cubrir las necesidades de las evaluaciones nacionales y hacernos quedar como palo de gallinero.

Es decir, todas las materias del currículo en educación básica sirven muy bien dentro de las aulas pero parecen poco prácticas a la hora de pedir la feria en el Oxxo. Aun las asignaturas encaminadas a reflejarse en cierta forma de comportamiento en las personas, se trabajan como respuestas para un examen y no como un modo de proceder. Por ejemplo, Formación Cívica y Ética se escinde en impartición de valores, entendimiento de las instituciones sociales o identificación de elementos de identidad en una lista para ser recitada.

Lo que ahora importa es cómo hacemos las cosas; los porqués están demás, para qué y en beneficio de quién, son asuntos en los que nadie debe detenerse porque reflexionar en uno mismo suele ser peligroso, engendra, incluso, revoluciones indeseables. Hoy la educación es una herramienta para el sustento del sistema productivo, educación para entrar en el mercado laboral que es muy competitivo y hace engañoso el avance cuantitativo; el resultado, es una proyección cinematográfica llena de culpables, “De Panzazo”, y de muchos argumentos ciertos en la primaria, pero también presentes en la preparación de los profesores quienes también tiene el vientre muy raspado.

Los jóvenes profesores mexicanos demuestran que integran las TIC a sus clases al apoyarla con una clase bajada de internet: Presione el botón y deje que sus alumnos se diviertan; los profesores de español, piden ejercicios en el cuaderno para calificar ortografía según una regleeta de respuestas, pero ellos no se miden en decir “dijistes”, “haiga” o hasta 73 “este” en 45 minutos.

Viendo lo anterior, bien estamos en posibilidades de aplicarnos la Carta de Derechos Lingüísticos, que heredó la administración de Vicente Fox, mal entendida como aplicable sólo a comunidades indígenas, cuando el acceso al lenguaje es universal, y un derecho lo es “cuando todos lo pueden cumplir en igualdad de condiciones y la escolaridad es igual para todos en la medida que todos tienen cabida en ella”, establece el documento que asevera los hablantes de una lengua indígena tienen derecho a ser enseñados en ella. Bien: Nuestros alumnos hispanohablantes también tienen el mismo derecho y lo violan profesores que egresaron con profundas debilidades al respecto e imparten una clase desde sus limitaciones léxicas. Y todos los escuelantes, también tienen derecho a recibir una educación con sentido, aunque sea el común.

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13 Abril 2017 04:00:00
Viaje mudo
Durante 24 meses viajé por todo México. Montada en un Volkswagen acomodaba mi humanidad lo mejor posible para ser una extensión de ese pequeño y maravilloso vehículo por periodos de entre dos a 24 horas.

El cometido de esos viajes era encontrar rutas turísticas para mostrarlas al mundo. Empezaba la empresa con la revisión de los folletos proporcionados en las oficinas de turismo y acababa siempre en caminos no mencionados en esos papeles, pero siempre mucho más seductores.

No había gran secreto en encontrar caminos nuevos para mostrarle al mundo: Solo se requería hablar con la gente de cada lugar y aparecían ante uno tantos sitios inexplorados por el visitante que daban para hacer diez folletos más.

Gracias a esas conversaciones con lugareños conocí y publiqué las maravillas de la reserva Sian Ka´an mucho antes de que lo fuera; entrevisté a Chan Kin viejo antes de que apareciera en National Geographic y mostré ruinas arqueológicas que nunca habían sido puestas en un recorrido turístico.

Hoy en día, si alguien me cuenta las maravillas de su viaje y me deja ver las fotografías tomadas en los sitios más populares de cada ciudad, siempre le pregunto si habló con personas del lugar; casi nadie lo hace porque no lo consideran necesario si ya internet les mandó decir qué era importante para y ver y lo que no valía la pena.

Para conocer otros pueblos, otras culturas, otros sitios, es necesario hablar con las personas que han construido todo eso, de otra forma, el viaje será mudo y poco retroalimentador; antes que conocer solo se habrá ido a constatar la reiteración de la experiencia vivida por otros.

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12 Abril 2017 04:00:00
Leche blanca y café negro
Mientras la vida se escanció con eche blanca y café negro todo parecía manejable.

Nada más llegar a un hogar sencillo le ofrecían café a la gente; la respuesta era un sí gracias o no gracias, aunque este segundo debía estar acompañado de un buen argumento para el rechazo, de otro modo, el visitante sería clasificado como no digno de entrar en la lista de invitados para la levantada y cosas así.

El café era hervido, negro, cargado y dulcísimo. Al carecer de una variedad para ofrecer al huésped, los anfitriones eran abundantes en lo que tenían, del mismo modo como hacían con la comida: Si frijoles cocinaban, desechaban las mitades para mantener en alto la dignidad de su recurrente platillo principal.

La leche era una oferta aparte: Caliente y espumosa si acaso se contaba con ella. Aceptarla implicaba una bebida espesa, cremosa y blanca, sin variaciones sobre el tema básico dado a luz por una vaca paciente.

La vida se complicó en proporción a las variedades de café que empezaron a salir en el mercado. Primero debió decidirse entre café hervido y café soluble; después apareció la opción de tomarlo descafeinado o con cafeína y más tarde empezaron a ofrecerse cafés saborizados.

La leche no tuvo derrotero diferente: Primero se eligió entre leche bronca o de caja; luego apareció deslactosada o entera; más tarde se pudo elegir con grasa, sin grasa o son leche. En el colmo de la modernidad, tomamos leche ordeñada de semillas y granos.

Siempre fue más fácil decir sí a la oferta de un café y ponerse a platicar del clima, del campo y de los animales. Tomar decisiones tan profundas sobre esta bebida siempre acaba llevándonos a hacer públicas nuestros problemas de salud, origen de elegir entre café de verdad y otra cosa.
11 Abril 2017 04:00:00
Guerra de caracoles
“Nunca hemos sabido de una guerra de caracoles, ¿verdad?”, respondió preguntando Leonora Carrington durante una entrevista que retransmitieron justo ayer como complemento a un recorrido biográfico de esta inglesa tan mexicana.

El tema sobre el cual platicaba con la entrevistadora era relativo a las enseñanzas que los animales pudieran dar al ser humano; ella opinó que la principal radicaba en que aquellos no se mataban por miles como los hombres acostumbran hacer.

En general, hay muchas respuestas poéticas sobre las diferencias entre hombres y animales; en particular, poco se ha reflexionado sobre el verdadero rol del género humano sobre la Tierra, sin comparación con otras especies. La Filosofía trata el problema, pero es un asunto tan intrincado como irresoluto.

En una reflexión novata yo he opinado ante las críticas sociales sobre el depredador comportamiento humano que deberíamos partir de algo innegable: no es el hombre más fuerte ni más “pensante” que la naturaleza. Así como los dinosaurios exterminaron especies de flores, insectos y animales pequeños, así nosotros giramos el ciclo vital de universo pero no porque resultemos vencedores, sino un instrumento más de la evolución.

Algunos animales matan a su contrincante para mostrar el poderío frente a la manada; otros, para ganar la preferencia de una hembra. No buscan alimentarse de su compañerito: es un signo de poder; nadie los califica de innecesariamente violentos, simple t sencillamente se comprende su comportamiento para la supervivencia.

Los seres humanos nos criticamos unos a otros por actuar con violencia “innecesaria”, nos señalamos por “alterar” los ciclos de la naturaleza y, en general, asumimos que somos capaces de comportarnos de otra manera. ¿En verdad lo somos?
A menudo creo que darnos cuenta de nuestra racionalidad nos volvió tan soberbios hasta llegar a creer que nuestra racionalidad nos llevará a ser diferentes y fingir que somos nosotros quienes usamos la naturaleza a nuestro favor e ignorar que es ella quien nos trajo aquí y aquí seguirá inmutable cuando nos hayamos ido.

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06 Abril 2017 04:00:00
Buena crítica

Sobre las cosas hechas todos nos volvemos críticos. Trátese de comida, tecnología, futbol, redacción o moda, como dijo Ego en la película Ratatouille: El trabajo del crítico es sencillo en más de un sentido: Arriesgamos muy poco, y sin embargo usufructuamos de una posición situada por encima de quienes someten su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a nuestras críticas negativas, que resultan divertidas cuando se las escribe y cuando se las lee.

La moda preferida por los jóvenes, trátese de la generación que se tratare, siempre será ajusticiada por una pléyade de críticos que surgen en cantidades similares a las de los virus en el medio ambiente o los paseantes dominicales y veraniegos a las riberas de cualquier charquillo refrescante.

A esos seguidores de Ego, les tengo una noticia: Lo criticable no es la moda juvenil, sino que deben ellos de pasar su tiempo viendo a un grupo tan reducido de muchachos que no se han dado cuenta sobre las múltiples preferencias para vestirse que hay entre ellos.

Como detesto afirmar sin mostrar las pruebas, quiero ofrecerles una, si no contundente, sí lo bastante reveladora para provocar una reflexión: Las compras de ropa por internet. No somos ajenos a la publicidad inevitable al lado de nuestros correos electrónicos y redes sociales; la moda es lo más recurrente.

Cediendo a la insistencia publicitaria, entré a ver la fotografía de los llamativos ropajes que ofrecen por lo menos dos marcas de compras en línea.

Llamó mi atención que un buen número de modelos tenían el sello de “agotado”.

¿Cuáles modelos eran ésos? No los pantalones rotos ni las microfaldas: La mayor demanda se encuentra, a nivel mundial, en los vestidos bajo la rodilla, con vuelos y fondos amplios; los pantalones para usarse con botas, los sacos y chamarras, las blusas con estampados florales y de aves.

¿En qué mundo pasa eso? En el nuestro, es decir, el suyo, si se asoma a verlo.

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05 Abril 2017 04:00:00
Todo cabe
Contra el sobrepeso, la depresión, el deslizamiento o la insatisfacción; para combatir la pereza, evitar la albúmina, alejar el dolor de cabeza, alinear la espalda, resistir la semana, sobrevivir a la rutina, todo eso, y mucho más, está enfrascado en una fórmula cuyo vehículo mejor es una mano femenina. Todo cabe en el termo de una mujer.

Semejante maravilla puede presentarse en polvo, sólida, líquida, gaseosa o coloidal; viene en blanco y negro o a colores. En el principio de los tiempos su apariencia fue algo comestible, pero hoy por hoy, entre más viscosa es mejor, porque implica sacrificio el ingerir esta poción, y cualquier elixir adjudicado entre el sacrificio, por lo menos entre las mexicanas, parece surtir mejor efecto. “No pain no gain”.

Azul, rosa, negro, café chocolate y café café; sabor mora azul, naranja-toronja y bambú oriental, tan puro y natural que, si se destilara, presentaría rastros orinales de bebé Panda.

La mujer poseedora de tal patente debe de ser, además, japonesa: Nadie más haría caber en un espacio de 450 mililitros tanta promesa de efectividad; tal portabilidad, inigualable y variadísimo diseño.

Además, será una empresaria exitosa, de otra forma, si no, pudiera estar tan al día con la creatividad; nada más hoy en la mañana vi cómo una jovencita viajaba con la bolsa completa de la pócima embutida en ese recipiente tan exquisito.

Las señoras acuden con su potingue a cualquier sitio; beben de él en público a manera de aclarar su determinante postura de ser eternas, bellas para siempre y saludables de por vida. A cada trago, así consista de un mejunje más parecido al lodo que a otra cosa, sonríen satisfechas de ver cuánto milagro obra en ellas y tan rápido.

Creo y pienso lo siguiente: El cilindro ha sido el mejor invento de nuestra era para la vanidad femenina: Caben ahí tantas esperanzas, deseos, empeños, decretos y sueños, presentados de forma tan diversa que muy bien representa el género entero y sus variadas etapas en lo diacrónico y estatus en lo sincrónico.

¡Vieran ustedes cuánto las féminas son capaces de encerrar en ese envase su pasado, presente y futuro sin ninguna dificultad, pero sí con bastante misterio! Se atesora ahí el consejo de la amiga, la receta de familia, el horror de la enemiga y la mejor receta de un doctor quien, dicen, es tan maravilloso como desconocido.

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31 Marzo 2017 04:00:00
Casi Singer
La máquina de coser que me regaló es de una marca buena, la que le siguió a la Singer en los años 70. Como sea, en ella se dieron a luz vestidos, fondos, cortinas y calzones de dormir.

La importancia de llamarse Singer hizo una marca profunda en la sociedad mexicana desde mediados del siglo pasado: Toda señora sabía coser, si señora se consideraba; podía hacerlo a mano y salían de sus dedos mil maravillas; sin embargo, quien obtenía una máquina, subía en el rango de la escalada social con cierta rapidez.

Ahora bien, ser acreedora de una Singer colocaba a las mujeres entre el cielo y el limbo, porque, de cualquier manera, si se sentaba frente a la máquina, era seña de ser la que producía para otra, más arriba todavía, que solo tenía costuras para entretener las blancas manos en tanto los maridos volvieran de quién sabe dónde.

Esta máquina es de metal pesado, con gabinete de madera. El pedal tiene filigranas caprichosas que le dan un vestido decente para no ser Singer. Todos la usamos alguna vez: Los hombres hacían dobladillos, las mujeres, más aventuras, deshicimos vestidos y los volvimos a armar en una aventura cuyo resultado era siempre fortuito.

Las comparaciones que detonaba esta marca se extendieron a los usos y costumbres de la comunidad: las personas podrían equiparase como si fueran Singer o la que le sigue; las licuadoras, las lavadoras, los autos, las vacaciones también.

Juanita tenía una Singer. DE ahí brotaban vestidos para la primera comunión, otros para los quince años y también destinados a novias desesperadas por la entrega siempre apresurada de sus pedidos, los cuales, a menudo, eran terminados de zurcir cinco minutos antes de la misa.

Poseerla daba señas de hacendosidad, valía, poder, determinación y cuidado, porque estaba destinada a las damas capaces de dar valor y proteger una preciada joya. Mi máquina no es Singer, sino la que le sigue.
30 Marzo 2017 04:00:00
Préstamelo
Considerar cada tema, asunto, problema como una parcela circulada por alambre de púas es tan efectivo como las parcelas cercadas con alambres de púas: Los animales siempre encuentra por dónde entrar.

No bien se lanza al viento cierta teoría, un paradigma o tal moda, cada lugar la adopta y la adapta lo mejor que puede a sus vientos de cambio. En la educación, por ejemplo, se hace una mezcla de conceptos y cuando menos se piensa, ya lo psicológico brincó las barreras de lo didáctico.

En lo que a sociedad se refiere, la adaptación de las corrientes más sofisticadas se hace con tal verosimilitud que nadie logra asimilar de dónde proviene cuando ya está de salida. Como es de suponerse, nunca se llega entender bien a bien las causas por las cuales nos andamos comportando así o asado.

La semana pasada escuché una conferencia sobre ergonomía, ese arte para diseñar con todos los parámetros de la comodidad los objetos que solazan al humano. Cuando las especialistas enumeraban las características básicas, los postulados en los cuales han basado su vida profesional, no supe si hablaban de objetos, situaciones o personas.

La tendencia a la simplificación, la economía en tiempos, la facilidad de acceso, la limitación de esfuerzo podrían colocarse a una gran cantidad de circunstancias; yo, por alguna razón, lo trasladé a las formas de vida entre las nuevas generaciones.

Si usted trabaja con adolescentes comprenderá por qué la comparación: Es viable pensar que ellos están aplicando esos parámetros a su forma de vida al tratar de simplificar las vías por las cuales alcanzar los logros esperados, la dedicación disminuida a lo que será su ocupación el resto de la vida, la exigencia de la sencillez como un derecho, el esfuerzo mínimo para alcanzar lo mínimo esperado.

Estoy generalizando, claro está, pero a final de cuentas la mayoría es la voz de todo. Cuando a los jóvenes poetas románticos les daba por suicidarse, eran ellos quienes se convertían en noticia, no quienes se mantuvieron con vida; así, una generación de apáticos, tiene más peso en esta sociedad que la minoría ocupada.

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29 Marzo 2017 04:00:00
La pasión
Si no fuera por la ortografía, la pasión fuese prima hermana de la paz; si no fuese por sus raíces, sería hermana de lo pasajero.

Si la paz es concordia, sosiego y calma, existe en exclusiva para dar a luz a la pasión, pues ningún mortal sería capaz de reconocer el ímpetu, la emoción, la afición exagerada de esta emoción personalísima sin tener antes un estado pacífico.

No es pasajera la pasión, ciertamente, mas ese estado es indispensable para impulsar el deseo desmesurado que provoca el anhelar algo con profundo deseo así sea con perfecta sinrazón, porque nadie ha dicho que ser apasionado tenga su qué ver con el raciocinio.

Ambas cosas: la paz y lo pasajero son las cualidades efímeras que hacen más valioso todo aquello que nos apasiona, pues tengo por sabido que el trance para alcanzar el objeto del deseo acaba por ser mucho más vivificador que llegar al objetivo.

La idea de la pasión es mucho más duradera que la manifestación misma. Prefigurar lo que está por alcanzarse está más cerca de la perfección, porque el hecho final, a menudo, resulta desalentador y vacuo.

La búsqueda, cuando se hace con determinación, se convierte en el propósito mismo sustituyendo el impulso que nos lleva a entrar algo, esto, al fin y al cabo, se vuelve un pretexto para seguir buscando, porque el incentivo de la pasión es la esperanza.

La pasión encuentra la paz en su desasosiego; es pasajera en tanto llega a destino, pero es circular: Inicia justo en el momento cuando parece haber terminado. No hay pasión buena ni mala, no es algo que deba cargar con el prejuicio humano: Es una inspiración eterna que nos heredó un dios bueno para recordarnos cuánto somos hálito de lo inconmensurable.

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28 Marzo 2017 04:00:00
Buscando amigos
Fue un maravilloso librito –cuyo costo de cinco pesos se convirtió en el primer atractivo– el cual me llevó a comprender los motivos que empujan a las personas a perderse a sí mismos con tal de hacer amigos.

El título, “Jefes, cabecillas y abusones”, fue dado por Marvin Harris, su autor, con un tino impresionante, porque quienes ostentan el poder sumando aliados con manifestaciones de beneficio y ostentosidad caen, irremediablemente, en alguna de estas clasificaciones.

El ser reconocido por el otro se volvió tan indispensable para el humano común en proporción directa a su incapacidad para reconocerse y autovalorarse; se acaba siendo lo que otros dicen que somos.

El tema es profundo y arisco, así no lo parezca, y deriva en una cantidad impresionante de relaciones estropeadas porque quien domina pierde el objetivo de las finalidades que tiene pertenecer a un grupo y ejercer autoridad sobre él.

En el libro de Harris se explica cómo en ciertas tribus un jefe se confirmaba como cabecilla al ofrecer ostentosos festines, incitar a la comida y la bebida, convivir en planos personalísimos hasta llegar al plano del abuso al exigir a cambio, prácticamente, ser los propietarios de los otros.

En el libro de la vida diaria, el poder se sigue manifestando con dominio, con ejercicio de la posibilidad para dotar o arrebatar aunque, a diferencia de los abusones que mostraban su diente y su lanza, ahora se hace con movimientos silenciosos y ocultos.

Hacerse de amigos da fortaleza; ser parte de todos los grupos da seguridad; ostentar fuerza, volumen o cantidad –de lo que usted guste o se le ocurra– legitima una aceptación social. Los jefes, cabecillas y abusones nunca se quedaban solos, pues sin conocer la filosofía de Hobbes, tenían muy claro que apenas dormidos cualquiera les daría un mazazo en la cabeza, incluso uno de esos muchos “amigos”.

En este tiempo los amigos se buscan en grupos de WhatsApp y comunidades de Facebook en donde se dice en voz alta lo que se desea que el mundo sepa de alguien, aunque no sea capaz de deletrear la palabra introspección.

Un alienado de los amigos en masa se basta a sí mismo y atesora a personas de carne y hueso, que no guarda espaldas. Buscar amigos se ha vuelto una trata de blancos, un mercado negro de amor apócrifo; construirlos, es un arte milenario que muy pocos cultivamos hoy en día.

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25 Marzo 2017 04:00:00
Sábado aquí
El sábado toca, eso ha sido una tradición mexicana desde tiempos inmemoriales.

El sábado se plancha previo a pardear la tarde, lo aprendí de mi madre, de Doña Luz, de mi hermana, de mis tías, de Conchita la de Arteaga, de las vecinas y de toda la pléyade de mujeres que han poblado mi historia mediata e inmediata.

Este día tiene color y aroma especiales. Empieza, en realidad, la noche del viernes, cuando se abraza la ensoñación de levantarse tarde, tomar el café con detenimiento y el almuerzo con cariño, pero esa realidad le llega a muy pocos y muy pocas en este país.

El séptimo día se lava el coche. Los hombres hacen un ritual de agradecimiento para ese tótem mueble que los protege de todo mal; le rinden tributo con decididos tallones en los tapetes y embestidas libidinosas contra los sillones empolvados.

Ellos visten un traje ceremonial cuya vistosidad anuncia a cualquiera la profundidad del acto y la religiosidad del momento; cumplir la ceremonia con pantaloncillos cortos y libre el pecho de la camisa profana es el éxtasis de la simbiosis varón-auto-varón.

Las mujeres, en ese día, hacen hot cakes y lavan ropa; se conectan con la lavadora en una manifestación esotérica, durante la cual, las penas de una levitan sobre el entendimiento de la otra y así se comprenden en las cadenas invisibles que las atan a una rutina nunca escrita, pero asumida por un flagelo histórico intangible.

La lavandería es el preámbulo del viaje al súper ?exceptuando a las mujeres a quienes, en el éxtasis de la desgracia, ?las llevan? a las compras el domingo. Surtir la despensa en sábado, al parecer, vino junto con el anatema eterno cuando el hombre fue echado del Paraíso.

El día cierra sin sobresaltos: Visitar a la abuela en visita oficial, una destinada a visitar y no a llevarle a la santa mujer niños por la mañana y recogerlos en la tarde.

Un sábado así nos deja dormir tranquilos, pues es tan claro que el mundo gira como se debe.

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24 Marzo 2017 04:00:00
Un beso así
Pensé que venía a saludarme de beso, pero pasó de largo y fue a poner su queja en la ventanilla. La perplejidad me invadió, porque nadie camina con la trompa parada rumbo a la autora de sus desdichas.

Hasta ese día, no había notado lo protuberante de sus labios, más bien la recuerdo fina y acotada en sus rasgos faciales, toda armoniosa y pequeña. Cuando me percaté de su desdén, caí en esta cuenta a) ahora pertenecía a la tribu etíope de los mursi y se puso un plato en los labios, o b) se inyectó colágeno para emular a la Jolie.

Pero antes que emularla la pasó a amolar, porque ella de Jolie tenía lo que la humanidad moderna de civilizada. Nadie en sus cinco sentidos defenderá que hemos evolucionado cuando nuestras costumbres siguen siendo tan tribales; la diferencia es que nosotros llevamos vestidos y los aborígenes taparrabos. No, perdón, muy seguido también revistas como Hola y TV Notas publican con bombo y platillo chicas con atuendos de monja si se comparan con la desnudez de las mujeres papúas.

Pero no es el encueramiento lo que nos hermana con los ancestros incivilizados, sino la competencia por tener más hoyos en nuestro cuerpo, y conste que no es albur. El otro día vi en la tele un ritual de conquista entre hombres y mujeres zulu: Todos aparecen con las caras maquilladas de colores fantásticos, abren los ojos y boca desorbitadamente para que vean cuán blancos tienen ambos y se mueven en el frenesí de los tambores.

¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros? Las bodas mexicanas en la actualidad incluyen novios maquillados hasta la ignominia –los dos-, ataviados de formas inusuales en la vida cotidiana y bailando al ritmo que les toque la banda. Estoy hablando de nosotros. En los ritos tribales se perforan por encima de la ceja para colocarse una espina; usan argollas en la nariz y agrandan agujeros en los lóbulos de las orejas. No, señor, ahora estoy hablando de las tribus.

La cosa está así: no hay diferencia ninguna entre esos ritos tribales y las modas vigentes, porque ambos son señas de identidad no consigo mismo, sino con un grupo enorme que dice ser diferente a todos los demás. La pintura en el rostro sigue siendo usada para conquistar o para declarar la guerra, las mujeres no me dejarán mentir.

No he vuelto a ver a mi amiga, pero nada dudo que la próxima vez yo deba torearla con mi chal, pues es muy posible que tenga un aro en la nariz. En todo caso ella podría alegarme la existencia existe una desemejanza entre ambos: los aborígenes salen en National Geographic y nosotros en las páginas de Sociales.

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23 Marzo 2017 04:00:00
Macizo
Un macizo, además de los significados que usted le conozca, es también un grupo de plantas creciendo muy juntas y cuyas flores boyan pegaditas en un festín primaveral para la mirada de cualquiera, esté o no esté enamorado.

Si hablamos de árboles nos referimos a ellos según su tipo: Alameda, olmedo, pinar, por ejemplo. Pero todo depende del propósito con que los estemos agrupando. Yo descubrí uno cuando era niña, lo entendí hasta ahora que soy considerablemente grande y lo enriquecí en este momento cuando me vuelvo mesurada.

La gente del campo decía “pinalito”; a veces se referían al “alamerío” y muchas otras referían un camino señalando un “guayamé”. Con el tiempo comprendí que un pinar no distinguía un grupo de estos árboles comparado con otro; supe que demasiados álamos para ellos no implicaba un sombreado parque, sino una plaga y cambiarle el nombre al oyamel lo personalizaba según la musicalidad de su entendimiento.

Luego de eso, miré la cresta de la montaña y en lugar de distinguir una línea de pinos, pude ver una procesión de camélidos, atados de sus colas uno tras otro, siguiendo la ruta de la Sierra Madre. Ayer apenas aprendí otra forma de agrupar los árboles que se vuelven personales e indispensables, esta me la enseñó Gastón Mirón, un poeta de Quebec, a quien tanto le duele la historia de su ciudad como le gana la poesía de sus árboles.

“Las mareas de abedules”, dice él y luego menciona a “las cofradías de espinetas, de abetos y demás compinches”. No se me hubiera ocurrido una mejor forma para describir esas agrupaciones arboladas sospechosas que de tan juntas se vuelven una.

Además, por si las figuras anteriores fueran insuficientes, coloca sus arboledas bajo “un tropel de estrellas sobre millas de paciencia” y les pone por escenario “un campo espantado de desolación”. Las imágenes que desata este poeta son tan tristes como hermosas, tan bonitas, tan bonitas, pero tan horrorosas, como el monstruo que protagonizaba el cuento que muchas veces me contó, siendo muy niña, mi prima Mini.

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22 Marzo 2017 04:00:00
Formas de recordar
La principal diferencia entre vivir en la ciudad y habitar el campo consiste en los recuerdos y sus maneras. La ciudad deja pasar; el campo, mantiene vivo.

Las distancias en el medio rural son muy grandes: Trasladarse de casa al lugar de trabajo implica hasta cinco horas de camino, porque el trayecto generalmente se hace andando. Cada centímetro parece repetirse entre piedras, tierra, pasto, árboles, gorjeos y murmullos, sin embargo el campesino distingue una cosa de la otra porque la relaciona con las personas que pisaron antes el mismo lugar, con un animal que se perdió aquí y un pino que se quemó acá.

Los recorridos en la ciudad son muy lentos: Trasladarse del lugar de trabajo a casa puede llevar horas, y eso la circulación es en vehículos. Las calles cambian a cada tramo y parecen pedazos de lugares extraños unos a otros; nuevas construcciones aparecen de la noche a la mañana y el asombro se termina al terminar ese día porque nadie tiene tiempo de sembrar pasado en tantos espacios como se ofrecen.

En el rancho la gente sabe con certeza cuándo murió María y cuando nació Betsabé, no hay manera de olvidarlo si fue justo la noche del granizo que tumbó las huertas cuando –presente lo tienen–. Falleció Ismael de pura pena.

En la ciudad el tiempo el vuela y de pronto –porque la televisión lo recuerda– nos damos cuenta de que ya empezó la primavera porque las tiendas cambiaron sus adornos y muy apenas alguien se percata de que es marzo y no hizo frío en el invierno, que los crímenes aumentan y que tenemos 19 años sin Sabines.

En el rancho siguen frescas las flores en el panteón; en la ciudad, las fosas se confunden entre lápidas chiquitas y encimadas.

Qué manera de recordar la del campesino y qué modos tan feos de olvidar tenemos los citadinos.

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21 Marzo 2017 04:00:00
Tres a uno
Doña Quica estudió hasta tercero de primaria; una, dos y tres veces acudió a repasar las mismas lecciones hasta completar nueve ciclos de educación que le dieron nada más –y nada menos- que las herramientas para leer, escribir su nombre con buena letra, sumar, restar y medio dividir.

Un niño del campo con habilidades para el estudio tenía ante sí esa oportunidad: Hacer una escuela única de tres años y repetirlos si le apetecía sin recibir mayor preparación; al mismo tiempo, un pequeño de la ciudad hacía los mismos nueve años con los siguientes aprendizajes: moral práctica; instrucción cívica, lengua nacional, incluyendo la enseñanza de la escritura y la lectura; lecciones de cosas; aritmética; nociones de geografía; nociones de historia patria, dibujo, canto, gimnasia, labores manuales para niñas, instrucción cívica, lengua nacional, nociones de ciencias físicas y naturales, nociones de economía política y doméstica; aritmética, nociones prácticas de geometría, nociones de geografía, nociones de historia general; dibujo, caligrafía, música vocal, gimnasia, ejercicios militares, francés e inglés.

La diferencia es evidente y el impacto social para cada uno de los niños también lo fue no solo para ellos sino para el país que, de muchas maneras, ha relegado a quienes viven en el medio rural por accidente, necesidad o decisión. De la educación indígena en la época infantil de Doña Quica ni hablar: No existía.

A las comunidades las distingue su cultura y esta se construye sobre la tradición y el pasado inmediato aprendido para sujetar al individuo a un grupo que le dé pertenencia; la educación es la vía para esa construcción. Si hay individuos que no tienen acceso a la escuela como tal, tampoco lo tendrán a la comprensión de sí mismos.

En San Cristóbal de las Casas hay una Escuela Normal para jóvenes indígenas, quienes son preparados a fin de ser los profesores de primaria en escuelas ubicadas dentro de comunidades indígenas. Ellos van a educar a los pequeños quienes aprenderán su cultura y su identidad; sin embargo, esos futuros docentes cargan con el peso de la no educación y la no cultura propia, pues al preguntarles cómo se definen frente a quienes no son indígenas, ellos dicen que su cultura es la extraña, la otra, la mestiza, la verdadera.

Doña Quica murió pensando que la escuela tenía nada más tres años para los niños del rancho porque eso era lo que les correspondía por haber nacido allá.

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10 Marzo 2017 04:00:00
Desde aquí
Viajar por carretera es una historia contada, hoy el día, en imágenes públicas y evidentes. Ver viajar a alguien en la carretera es una narración fantástica e imposible.

Vivir cada acontecimiento del camino dentro de un vehículo es ser testigo de la verdad invulnerable de un viaje; ver a la distancia los autos circulando es una oportunidad para imaginar cualquier posibilidad de hechos reales.

A la distancia, el conductor de un camión doble rodada está vestido con una playera cómoda de algodón y un pantalón caqui. Escucha cierta estación de radio ubicada en cualquier parte del país desde donde transmiten baladas en inglés o música country. Del espejo pende una fotografía pequeña de una niña sonriente abrazada por su madre; en la caja se aprieta un cargamento inocuo de papelería.

El otro vehículo es conducido por un adulto joven, distraído con las sombras de la media tarde y más atento a sus planes de aterrizaje que a la música que se perdió hace rato en el reproductor usb conectado al tablero. Ataviado con ropa casual, el hombre tiene buen gusto y transpira un perfume costoso y seductor. Le acompaña su teléfono celular, una tableta y la práctica maleta negra.

Enseguida aparece una camioneta doble cabina, en donde viaja una familia de cuatro personas. Todos algarabía se comunican deficientemente debido a la efusividad del momento, considerando que es el inicio de un paseo planeado hace tiempo. Sobre el auto se dibuja un maletero relleno con los planes de niños y adultos para descansar los próximos cinco días.

Hay muchas realidades simultáneas: mientras mis historias perfectas con final feliz se escriben sin interrupción, bien el camión es tripulado por un descuidado conductor que guía materiales peligrosos a un destino fatal; el segundo es un delincuente con corbata, y el tercero, una mujer desolada que huye de su propia verdad.

Como puede ver, mi verdad vista desde aquí es mucho más bella.
09 Marzo 2017 04:00:00
Historia de un árbol
Desconozco si fue primero el pirul y después la casa; más allá del orden, uno daba sombra a la que le otorgó calor y viceversa, un trabajo de equipo perfecto para su subsistencia y para nuestra memoria.

Los pirules, todos los saben, tienen usos múltiples: Sus semillas hacen de pimienta rosa; su altura se convierte en mirador para los niños; los brazos son guaridas y las hojas sombrilla permanente; las ramas remedio y el olor aliciente y veneno.

Este pirul era, además, el lugar mítico en donde toda clase de seres podían manifestarse. Formaba un triángulo con el cuarto enorme en donde dormía un ejército de nietos y la cocina desde la cual emergían olores irrepetibles en la ciudad.

Su altura siguió siendo imponente, así yo fuera ganando centímetros cada año de vacaciones, cuando trocábamos nuestra vida urbana por una rural y mucho más emocionante. En sus brazos se paraban toda clase de aves canoras durante el día y cualquier suerte de misterios en la noche.

Antes de asimilar la bondad de la mujer que vivía ahí, creí las versiones de mis primos acerca de su brujería, de cómo por las noches, convertida en lechuza, volaba para posarse en las ramas y atisbar por si algún niño osaba salir del cuarto.

El cuarto, como quiera que sea, era un resguardo seguro: Amplio, oloroso a tierra de adobe, ornado con calendarios cuyas imágenes narraban historias de rancheros y sus mujeres hermosas ataviadas con trajes impolutos. Contra la puerta de madera, astillada, golpeaban las sombras del pirul durante las noches con luna; se mecían despacio, sin hacer mucho alboroto.

Alguna vez estuve a punto de corroborar la versión familiar. Junto con las ramas, se proyectó la sombra de un ser vivo, pequeño para ser humano y grande para considerarse pájaro. Se movía despacio, sigilosamente, sin alcanzar el extremo. Desperté a mi prima y en ese momento ella también creyó su propia historia. Se hizo un alboroto dentro del cuarto: Unos gritaban, otros se arrinconaban en la esquina; los mayores trataban de ver hacia afuera por las rendijas de la puerta.

Por encima de nuestro ruido tronó la voz de mi abuelo gritando en el patio: “Gato condenado, ya te metiste otra vez a la cocina”, dijo y todos estallamos en carcajadas, mismas que, seguramente, todavía pueblan las paredes de esa casa y ese pirul, aún vivos, aunque ahora ajenos.

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08 Marzo 2017 04:00:00
Viudo de Nueva York
Cuando las promociones en tu Facebook pasan de vacaciones en la playa a viudos norteamericanos puede implicar dos cosas: La tercera edad está a la vuelta de la esquina o tu madre está “hackeando” esa cuenta.

Sería por demás interesante saber cómo los hackers hacen para mantenerse al tanto de nuestras vidas, su evolución, altibajos y aspiraciones. No tengo ninguna duda sobre su amplio conocimiento de cada terrícola usando redes sociales.

Cuando empecé a usar Facebook me aparecían incontables anuncios ofreciendo becas en el extranjero, estudios de maestrías innombrables en países impronunciables. Comunidades de adultos jóvenes me sonreían desde hermosas postales europeas tentándome a salir del lugar en donde cómodamente me he instalado.

Algunos años después abundaron en la mercadotecnia virtual los comerciales sobre comida saludable, recetas exóticas, vinos afrodisiacos, ropa ajustada y viajes a los paraísos no soñados siquiera por los fotógrafos de National Geographic.

Posteriormente fueron sustituidos por innumerables marcas de ropa elegante, empresarial, moderna, sí, pero con largos conservadores y colores sobrios; los accesorios ofrecidos consistían en elegantes y discretísimas bisuterías, además de zapatos cuyos tacones disminuyeron con el pasar del tiempo de 15 a 8 centímetros.

El acabose empezó hace un par de meses, cuando los vestidos se tornaron largos, oscuros y de cuellos altos; los zapatos ahora son ortopédicos y, lo más grave, me llueven solicitudes de amistad provenientes de viudos norteamericanos, jubilados del Ejército, amorosos, buenos partidos y, lo más probable, falsos.

Inicialmente me preocuparon esas solicitudes por sus derivaciones con la edad: Ya no me buscan apolíneos hombres –nunca lo hicieron, creo- sino caballeros que conocen mi avanzada edad. Luego pasé a un miedo genuino: Si sus perfiles son falsos, tal vez quieran chantajearme de alguna manera, quizá haciendo públicos mis videos en pantuflas cuando estoy en casa, o tal vez mostrando a mi marido cómo paso horas viendo la foto de Palito Ortega en sus mocedades.

Ya no sé ni qué pensar.

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07 Marzo 2017 04:00:00
Depresión circular
Las mujeres gozamos de una ventaja enorme sobre los caballeros en lo que a combatir la depresión se refiere. La paradoja aquí es cómo esa tristeza circular se vuelve la serpiente comiéndose a sí misma.

Salir de compras será siempre el número uno en la lista. No hay mejor remedio para una tristeza profunda que sentir cuánto es posible transformarnos para dejar en la otra, la mujer del pasado, la depresión y llevar ahora la esperanza en la frente. Esto sucederá siempre y cuando tengamos suficientes recursos, en efectivo o electrónico.

Descubrirnos carentes de recursos provoca una importante depresión porque, además del detonante inicial, ahora deberá agregarse el estigma de la pobreza. Se hace entonces necesario recurrir a una segunda opción remedial.

Charlas con las amigas viene a colocarse en un segundo y muy relevante lugar. Coincidir en una cita relajante y relajada, sea en un lugar público –vetado en caso de extrema pobreza– o en casa, promete abrir la puerta a la esperanza. Esto sucederá siempre y cuando las amigas tengan tiempo suficiente entre su trabajo, su familia y sus estudios, considerando que, hoy en día, casi todas hacemos todo eso.

Encontrarnos como la única persona con tiempo libre, quiere decir: a) no tenemos empleo –claro, por eso estamos pobres– b) estamos solteras y sin hijos, c) no estudiamos nada, d) todas las cosas anteriores juntas. La depresión que esto dispara requerirá ayuda profesional.

Iniciar una actividad deportiva ocupa el tercer lugar. Está en tal sitio porque exige bastante fuerza de voluntad y cierta autoestima: Una arrastra su tristeza por la pista en tanto otras chicas perfectas zumban a nuestro lado con ligereza de gacela. Ellas, además, están vestidas con ropa especial para no sufrir calor ni frío, para sentirse cómodas, soportar bien la columna y sus pies; usan protectores solares de muchos y FPS, incluso algunas trotan con cierto maquillaje que se aferra a sus rostros delgados sin una gota de sudor. Bueno, como pueden ver, todo esto generará otra depresión irresoluta de la cual no saldremos ni yéndonos de compras.

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04 Marzo 2017 04:00:00
Alí Babá y las verduras
Abrir la cueva de Alí Babá era hazaña destinada a un hombre inteligente; encontrar la manera de sacar la espada Excalibur, incrustada en una piedra, fue honor para un gobernante; correr los velos del misterioso universo estuvo asignado al mayor de los profetas. Abrir las bolsas para verduras en el súper mercado está a la espera de arúspice, vidente o zahorí.

Las expertas en el tema han desarrollado una buena cantidad de metodologías para lograr, con éxito, introducir en las bolsas plásticas las verduras que ofrecen los grandes almacenes. Las bolsas son gratis, lo que cuesta es dar con el derecho y el revés de cada una, un precio que muchas personas no están dispuestas a pagar.

El revolucionario y contaminante sistema de la bolsa plástica dio al traste con el romántico paisaje mercantil del papel revolución, el cual, a lo largo de 100 años, jamás dio problemas tan vergonzantes como la imposibilidad de abrirlas o hacer malabares en público para lograr sus favores.

El primer y más antiguo sistema consistía en aprovechar los recursos propios de la persona: dedo índice y salivita. En una época cuando el recurso era útil para hojear un libro, peinar a un niño o amansar las cejas, no fue criticable; pero cuando aparecieron las sospechas de poca higiene o contagios inesperados, quedó anacrónico.

Tallarla entre sus propias partes fue cierta opción exitosa en tanto no se inventaron, a fin de economizar, los materiales súper delgados que se adhieren a sí mismos con un narcisismo casi tan grande como el de Salvador Dalí o Melania Trump.

Lo de hoy en estos días consiste en mantenerse cerca de los refrigerados y tocar, con estilo y delicadeza, la humedad de las berenjenas o el hielo de los botaderos para así, con cierta facilidad, hacer presión y generar la tensión necesaria para lograr el cometido que, en palabras llanas, consiste en abrir la condenada bolsa para echar en ella las zanahorias.

Todo está en fase de prueba, nada se ha patentado todavía. Si usted recaba experiencias una vez por semana, haga un favor a la sociedad y divúlguelas sin tardanza.

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03 Marzo 2017 04:00:00
Galletas asesinas
Veinte centavos era un puño de galletas de animalitos; comprarlas por bolsa, una semana completa con la gula infantil cubierta con creces.

Además de las de animalitos, comíamos otras pequeñas y panzoncitas bañadas con gragea; unas más estaban glaseadas en colores rosa, amarillo y azul brillante. Podían adquirirse sueltas o conseguirse en los bolos que tenían a bien darnos los padrinos en las levantadas.

Ahora sé que esas galletas matan, como matan también los caramelos duros, los suaves, las gelatinitas en envases minúsculos, las gomitas, los huevos esponjosos en tonos fosforescentes. Saber demasiado seguro me va a matar.

En los años cincuenta la talidomida, presentada como un inocente sedante y antiácido, provocó millones de malformaciones en los bebés que nacieron en esa época. Luego, hace dos décadas, el país entero se alarmó al conocer el riesgo de usar barro pintado por resultar, la tintura usada, cancerígena.

El desconocimiento sobre los riesgos implícitos en los utensilios de uso cotidiano, en la comida más rutinaria que se llevaba a la mesa provocó enfermedades impensables, muertes innecesarias, confianza excesiva. La pregunta ahora sería si, conociéndolos evitaríamos el uso.

Las frituras, los chetos en particular, están fabricados en gran parte con petróleo. Esa información circuló y fue confirmada hace 10 años; este producto sigue vendiéndose en variedades multiplicadas que chicos y grandes engullen con singular alegría.

Así las cosas, si antes el problema era no saber, saber demasiado igualmente acabará por matarnos.

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02 Marzo 2017 04:00:00
Nota o mito
¿Cómo identificamos un programa de revista? En la escuela de periodismo nos enseñan toda clase de publicaciones, su clasificación y sus clasificadores. Claro está; hacen énfasis en la posibilidad de encontrarnos algunas eclécticas, ya liberadas o no muy bien definidas.

El asunto es este: hoy sería imposible definir con precisión el carácter de los medios, principalmente de los electrónicos. Una rápida solución sería llamarlos a todos de revista; así, diremos que un programa de revista es aquel que analiza el asunto de Carmen Aristegui y, a un lado, da consejos para controlar el berrinche de un bebé.

Cuando yo era una novel reportera –siempre teníamos el cincel a la mano por si había algo para escribir–, las secciones de los medios impresos estaban tajantemente delimitadas, no había duda alguna que Sociales era sociales, Locales, locales y Política, política. Hoy es común encontrarnos a políticos socializando en planos locales y gente local politizando en medios sociales.

Wikipedia nos ayuda mucho a seguir sin entender la mezcla de notas. Dice así:

•Una revista, magazine (por su denominación en inglés) o magacín es una publicación de aparición periódica, a intervalos mayores a un día.

•Hoy es uno de los medios escritos más vendido, diverso y consultado tanto por jóvenes como por adultos, mujeres, ancianos, científicos, profesionales o no; cuyo requisito mínimo de comprensión la hace un artículo de fácil uso y difusión.

•Se compone de una variedad de artículos sobre varios temas o alguno en específico.

•Las revistas se clasifican en: Especializadas, informativas, de entretenimiento y científicas.

Ahora vayan a ver las ediciones electrónicas que nos lanza y Google apenas los abrimos. ¿A cuál clasificación pertenecen? Vaya, hasta la fecha no he podido determinarlo y les cabe casi cualquier adjetivo de la muy famosa Wiki.

La definición de revista cambiará muy pronto, debe hacerlo, porque de otro modo este tema de los medios de comunicación y los géneros periodísticos, que es un tema muy abordado en la educación básica, será como una clase de mitología.

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01 Marzo 2017 04:00:00
No lo hice yo
Hoy no escribiré yo, sino ustedes. Ustedes son los autores porque están representados en el contenido. Este contenido fue aportado por un grupo de personas que, se supone, son una muestra de lo que son ustedes: Miembros de esta sociedad la cual, a veces, habla un idioma que parece diferente al nuestro.

Tuve la encomienda de hacer algunas propuestas para la educación en México. Me organicé con seriedad y me fui pensando en los grandes edificios de progreso que podríamos lograr si cada quién ejercemos, con eficiencia, el papel para el cual fuimos elegidos.

Obtuve respuestas. No todas fueron las que esperaba: A cada uno de mis planteamientos encontró una contraparte interesante de la que todos somos partícipes. Aquí se les comparto la experiencia.

A mi propuesta de progreso individual para alcanzar bonanza en equipo, consistente en riqueza espiritual y material, por qué no si hay quién la disfruta, me topé con este muro: Una gran parte de la población mexicana sostiene el ideario de la pobreza como un vínculo directo con la eternidad; ambicionar una mejor posición económica acaba por ser entre criticable y pecaminoso.

Luego pensé en ofrecer modelos que llevaran a buscar la ciencia como un vehículo de bienestar social, un modo de acrecentar la ética en todo el país; encontré otro muro: Los valores que legitiman los medios de comunicación están más apegados a la ejecución de un milagro que a la estimulación de actuar para lograr algo.

Después ideé un sistema para que la cultura acrecentara el interés por aprender sin dejar de lado nuestra identidad; este muro me salió al paso: Los acontecimientos culturales que legitiman los medios no tienen nada qué ver con un pensamiento crítico en realidad magnificar los XV de Rubí ha sido más trascendental.

Finalmente imaginé las formas para estimular a los estudiantes, quienes tienen presente que su este momento es para crecer en espíritu y mente dedicándose a prepararse para competir en cualquier campo; un gigantesco muro detuvo mi paso: Las leyes protegen y benefician, hoy por hoy, significativamente más a una adolescente que se embaraza que a una quien no lo hace.

Todos esos muros nosotros los hicimos y los estamos pagando.

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28 Febrero 2017 04:00:00
Sí parece
Mi ensortijado cabello no siempre ha sido así, tampoco lo será siempre. Si a menudo parecen los rizos descuidados de Anita la Huerfanita, otros días se asemejan a los que lleva Bellatrix, la de Harry Potter, en su indescriptible melena.

Las pocas ocasiones cuando he logrado darle forma, matiz, brillo, acomodo, largo y posición han sido históricas, no sólo por el triunfo sobre la rebeldía ingente que habita mi cabello, sino porque el comentario siguiente es obligado: ¡Ay, se te va tan bien que hasta parece que te lo enchinaste!

Enchinarse el cabello una lacia es para parecer rizada natural, al menos eso es lo que yo asumí toda mi vida hasta que conocí a las mujeres conocedoras de las más modernas tendencias de la moda capilar.

La vida ha revolucionado tanto nuestra percepción, que hoy por hoy, lo que fue hermosamente natural parece asemejarse a lo perfectamente artificial. Mi cabello sólo fue un pretexto para abordar el tema, pero este asunto se extiende a una cantidad impensable de la anatomía humana expuesta a estas comparaciones: Si es hermosa, seguro es artificial; si fallida, fatalmente natural.

Ayer mismo conocí la obra de Alexa Meade, una joven pintora norteamericana quien se dedica a realizar su pintura sobre el cuerpo humano con el único fin de hacerlo parecer parte de un cuadro plástico. Es increíble lo que logra sobre las personas, que son en realidad su lienzo, a quienes se les puede confundir con personajes de cartones o pinturas impresionistas.

Antes de Alexa Meade estábamos fascinados con los hiperrealistas capaces de engañar a nuestra vista mezclando objetos en tercera dimensión con imágenes pintadas por ellos sobre papel. Es decir, el mundo se esforzó lo suficiente para hacer parecer vivo lo inanimado que hoy pasó de aquietar lo viviente.

Así somos de veleidosos.

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25 Febrero 2017 04:00:00
Lo que enseño
Desde que Platón instauró la significancia de enseñar y sus acotaciones, a la fecha, aún no nos ponemos de acuerdo. Algunos discuten todavía si debemos seguir a Rousseau y dejar que los niños sufran el aprendizaje como un escarmiento. La misma Real Academia aún lo define como amaestrar con reglas y preceptos, en su primera acepción.

Como sea, la raíz sigue siendo la misma: Enseñar nació de insignare, que quiere decir señalar. Cuando alguien aprende algo de nosotros, lo dejamos señalado, por decirlo de alguna manera. El asunto es cómo llegar a ese punto sin que la marca escueza como fierro de caballo.

Los derechos humanos nos marcan un procedimiento de observación, comparación, consulta, espera, escucha, tolerancia y vuelta a empezar. Estamos hablando del aprendizaje de las cosas de la vida. ¿Cómo podremos ser significativos para nuestros hijos, por ejemplo?

Hablar con ellos no funciona siempre –no existirían los sicólogos–, castigarlos está en desuso –de ahí el origen de la CNDH que ahora prohíbe hasta la proverbial nalgada–, dejar que aprendan de sus errores nos parecerá siempre muy riesgoso –y aquí debería mencionar la existencia de la Policía–.

Tal vez las propuestas de la Reforma 2006, criticadas como cualquier otra cosa nueva, contengan ideas valiosas para aplicar dentro y fuera del aula, porque a fin de cuentas es uno de sus principales cometidos y, como resultado de reflexionar en ella, esto digo.

Se trata de enfrentarlos al problema, pero no en una enseñanza física, como lo hacían en Samoa, sino que a partir del análisis de una situación real, pongan frente a sí todas las posibilidades que los involucren, tanto a ellos como a sus cercanos.

La pena de muerte a violadores, por ejemplo. Si hacemos debatir a un grupo sobre el tema, tendremos de inicio una respuesta de catálogo, mas si cambiamos el panorama al suponer que alguien de su familia fue el o la violentada; la respuesta será otra. Y si aparece en escena que el agresor es una persona que vive en su casa, su padre tal vez, entrarán en un análisis personal y de consideración que no viene sólo en las páginas de los diarios ni en los comentarios de televisión, porque los medios son eso, medios para que nosotros lleguemos a un punto.

El aprendizaje –resultado de la enseñanza– por haberse enfrentado a todas las vertientes de una situación, podría darse significativamente sin necesidad de escribir toda una mañana o presentar un examen de opción múltiple. Quizá sea una buena manera de dejar nuestra señal como maestros, padres, hermanos o hijos, porque nunca se acaba de aprender.

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23 Febrero 2017 04:00:00
Abrácela
En retrospectiva, la suma de las ocasiones cuando quisimos abrazar pudiera ser menor al resultado de cuántas pudimos odiar. El resultado numérico viene en segundo plano, en realidad, mi morbo se mueve a saber las causas.

¿Por qué deseamos abrazar? Las respuestas permearán entre motivos físicos -tener frío, sentirse amenazado-, o bien, emocionales -añorar, amar-. Es probable que contestemos cosas muy parecidas si nos cuestionamos sobre las razones por la cuales sentimos rechazo a mostrar ese acercamiento: Porque nos provoca frío o nos da miedo; porque no lo amamos ni, mucho menos, deseamos.

La probabilidad dicta que a estas alturas usted acumuló una buena cantidad de imágenes mentales abrazando o desabrazando a igual número de personas. Así es de anticipada y curiosa, porque, en realidad, no me he referido, hasta ahora, a ese tipo de abrazos.

Más que abrazar, atropellamos el enamoramiento: Sale por los ojos, las manos la sonrisa; nos mantenemos asidos a la esperanza con energía evidente; rodeamos a la promesa con actitud determinada. ¿Qué le pasa a nuestros brazos ante el dolor, el odio, la ignominia?

Aprendí a abrazar la melancolía durante mi adolescencia. Valoré sus andaduras por mi vida cuando me di cuenta de que esta no iba a ceder a mi capricho de exiliarla, que no iba a disminuir por mandato mío y duraría justamente lo que iba a durar antes de anunciarme el alborozo. De la misma manera, enteré cuánto el alivio viene contenido en el dolor.

Me inventé recursos para la espera, cosas como compara un estado emocional difícil con la fila en el banco: Larga, pero se terminará al fin. Domado el rechazo, entonces, abracé mi melancolía con fuerza, me enseñé a disfrutarla y darle rienda suelta hasta agotarla, entendí cómo amarla y, al mismo tiempo, hacerla mi protectora frente a la amenaza.

Así, ahora le puedo decir que abrace su tristeza porque, créalo o no, tarde o temprano se irá.

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22 Febrero 2017 04:00:00
Facilito
Mafalda, la de Quino, se molestaba porque usaban a los niños para definir a las mujeres tontas, esto aludían a procedimientos tan sencillos que hasta un niño podía hacerlo. Pero la situación se complica cada vez más, no porque ya los chicos ya no sean capaces de tal o cual, sino porque esos niños pueden hacer cada vez más cosas que ninguna mujer, ni tonta ni inteligente, pudiera.

En algún momento de la historia las cosas llegaron al extremo: la mujer inhábil se transformó en el niño y a partir de ahí, todos los aparatos domésticos fueron hechos pensando en sus manitas inocentes y esa mente endemoniadamente ágil. Es más, adivino cuántos chiquillos fueron contratados para “testear” las nuevas producciones de Mabe e Easy. ¿Y que pasó con las damas verdaderamente mastuerzas, como yo? Pues nos comió el león.

Bueno, hasta la cafetera tiene ahora dedicación infantil, pues implica un conocimiento amplio de lo programable y la ralentización del tiempo. Así he trazado mi vida en dos etapas anuales: las de vacaciones y las de escuela. Cuando no hay niños a la mano, porque andan de paseo, me abstengo de un despertar oloroso a café luego de una noche previa cuando acabo tomando diazepam tras de la batalla con el aparato que ni me dio la hora, ni hirvió el agua ni, claro está, me dio café.

El aparato de sonido es un caso. Tiene la función perfecta para levantarlo a uno con la música preferida. Del reproductor no me puedo quejar, pues, al fin y al cabo, cumplió su cometido: nunca pudimos programar el control para que encendiera a las 6:45 A.M tocando a Juan Gabriel, pero cada mañana mi marido acaba “haciéndose de palabras con la máquina” y yo me levanto ipso facto.

Lavadoras y pantallas planas entran en el conjunto de aparatos hechos para niños más listos que sus madres. No le relato a usted lo difícil de presentarse uno con ellas, sino tan sólo la hazaña de encontrarles el derecho, porque parecen igual de frente que detrás y los botones están camuflados en coordenadas secretas, cuya ubicación se omite en el instructivo porque ¡vamos! hasta un bebé sabría donde están.

El fenómeno no es tan reciente. Bien recuerdo cómo, hace algunos años, en una ciudad de la frontera, fui a la lavandería y en lugar de ponerle las monedas a la lavadora, le pagué el doble a un chiquillo que correteaba sin descanso. En cada vuelta de ida programaba una carga de 5 kilos; en el regreso, la ponía a secar. Salió caro sí, pero yo salí con mi dignidad impoluta dejando ver cuán preocupada estoy por ayudar a la niñez mexicana.

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21 Febrero 2017 04:00:00
De colores
Su nueva foto de perfil muestra su más reciente evacuación: Rosada por demás, brillante, las tonalidades fosforescentes pelean por destacar entre el repositorio tan indeseable para tan bella obra de arte.

Adorar el excremento humanas no es cosa nueva: A lo largo de la historia se han usado como estuco para la construcción, mascarilla para la cara, medicamento para los sustos, ingrediente para los amarres amorosos, estimulador del folículo capilar, en fin. Cada cultura le ha encontrado utilísimas aplicaciones.

Tan antigua es la veneración esta como, por hace comparación, perforarse las orejas, los labios o impensables partes del cuerpo. Las mujeres de National Geographic, exhibiendo toda la tradición en sus atuendos, a menudo compiten con las expuestas por Hola en las páginas sociales y de diseñador.

En conclusión, estas prácticas discutibles ni son nuevas ni están extintas, se siguen presentando en la cultura moderna aunque en versiones y empaques diferentes. O, como en el caso de las heces en boga, en colores y sabores muy variados.

Cuesta más o menos 300 pesos darle tonos llamativos y combinables al excremento. Los colorantes vienen en pastillas muy fáciles de digerir y cuyo precio no representa ni una mínima parte del gran divertimento que parece estar generando en la gente hoy en día. Tómese, espere, vaya al baño, evacue y verá que cosa tan hermosa.

Considerar perfecta la naturaleza humana es un atributo de nuestra especie, dotada con la capacidad para valorar, distinguir, discernir y discrepar. Gracias a la Madre Naturaleza quien nos distinguió de otras especies incapaces de reconocer lo hermoso y diferenciarlo de lo bizarro.

Pintarse las uñas tiene su origen entre los cazadores; entintarse la cara nació entre los guerreros; perforarse la piel viene de los sabios. Pero colorearse la popó no ofrece un antecedente histórico, antropológico, etnográfico. Definitivamente, si queremos explicarnos la razón por la cual los chavos hoy pintan su caca, tendremos que consultar un libro de sicología.

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17 Febrero 2017 04:00:00
Siete años no es nada
Hace siete años escribí este artículo para esta misma fecha. Lo encontré, lo releí y me solacé al ver que los regalos de la vida a lo largo de 49 años han sido de ésos que nunca se van.

En el pasado, la edad era sinónimo de sabiduría. Los viejos representaban la verdad y el sentido de un pueblo, daban identidad a los suyos, pues eran los vasos preservadores de una tradición que distingue de los otros.

Así como hay quienes han dedicado su vida para indagar sobre los procesos de la memoria y el olvido, también alguien debió registrar la fecha precisa cuando los años se trocaron en exactamente lo contrario de lo que eran: Pasaron de ser orgullo a dar pena.

Aún hay sitios, principalmente en el campo, donde presumen tumbas en las que yacen hombres y mujeres cuasi centenarios que llevaron su vida con energía y decisión hasta el último momento. Pero este valor está en extinción hasta en esos sitios.

Uno de los inolvidables viajes de mi vida fue el que hice a la sierra lacandona, en Chiapas. Hablé largo con Chan Kin viejo, su líder espiritual, quien con 103 años se mecía en la hamaca, orgulloso de haber conservado a su pueblo libre de la corrupción citadina y su única preocupación, en ese momento, era que Quisin, su dios del inframundo, hubiese estado atento a sus buenas acciones y no lo convirtiera, luego de muerto, en serpiente o en gallina. Murió unos meses después y no se dio cuenta de que, al otro lado del río, la mitad de su gente vestía ropas cortas y ajustadas, chicos y grandes consiguieron televisiones a cambio de un pedazo de tierra; las mujeres tenían todas el mismo rojo en los labios y en las uñas: Nadie era diferente ya, pues habían maquillado su esencia.

En el libro Los Nuevos Dioses se narra la historia en apariencia fantástica de un grupo de científicos que encontraron la forma de cambiar cuerpos. Hombres mayores y poderosos acudían a sus clínicas frente al mar y “escogían”, de alguna manera, el cuerpo que deseaban tener. Los cirujanos “instalaban” la cabeza de sus clientes en una anatomía joven que les permitiera seguir con sus excesos del pasado, sin embargo debían conservar el conocimiento acumulado en sus cerebros. El final es más trágico de lo que puedan suponer, pero alguien debe haber tomado la idea y la estará procesando. El mensaje es simple: Para seguir siendo nosotros requerimos conservar lo que hemos visto, aprendido o puesto en práctica, el asunto es que esos datos no sólo se guardan en la cabeza: ¿Cómo es que recordamos el tacto de alguien, el olor de nuestra madre, la sensación de amor en el estómago o el sobrecogimiento que debilita las piernas?

Somos los años vividos y quererlos es amar nuestra propia historia y sus actores. Ayer cumplí 42 (hoy 49) y estoy abriendo apenas un capítulo más de esta narración inconclusa en la que muchos de ustedes tienen diálogos importantes.
16 Febrero 2017 04:00:00
Autogol materno
Hay una edad para todo, dice y han dicho siempre los adultos mayores. Si usted no ha usado ese argumento paterno, lo hará tarde o temprano cuando se vea encerrado ante los cuestionamientos de un adolescente precoz solicitando tal o cual permiso.

Edad para tener novio, para contraer matrimonio, para irse o para quedarse. Esas etapas de la vida son normadas por la sociedad, porque si se deja la decisión a la naturaleza, nuestras comunidades humanas no serían tan diferentes a las de otras especies.

Como sea, yo me pondré adulto mayor hoy y le diré al mundo que sí, en efecto hay un a tiempo para algo, es impostergable ni conveniente hacerse el loco y dejarla para después; tampoco buena decisión sería adelantarlo: es cuando deba ser y punto. Hablo de tener hijos.

Procrear hijos es una acción inclusiva: Da cabida a niñas y mujeres de avanzada edad; tenerlos, es una ocasión para la tolerancia, pero criarlos, es un acto de rebeldía social, emocional, espiritual y sicológica.

No es lo mismo una madre joven que veinte años después. La espalda le recuerda a una que la edad para ser madre quedó en otro calendario; la paciencia se niega a volver de la jubilación y la resistencia para llevarle el ritmo a un chiquito se pensionó algunos cumpleaños atrás.

Tengo la historia de una niña crecida hace un par de años bajo la custodia de una amorosa y adoptiva madre, cuya edad la colocaba más como bisabuela. Esta diferencia de generaciones acabó en un choque doloroso para ambas.

Niñas que tienen hijos; abuelas que paren niños. Tener descendencia tiene un precio, a cualquier edad, pero en estos casos extremos, la experiencia sale a precio de dólar.

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15 Febrero 2017 04:00:00
Estos migrantes
Lo más cercano a una migración que conocíamos los niños era el éxodo guiado por Moisés, y no por coincidir en el tiempo bíblico, si lo penó usted, sino porque las personas que iban y venían dentro o fuera del país, eran simplemente viajeros o trabajadores del campo que cambiaban temporalmente de residencia.

Dice el diccionario que migrar es trasladarse del lugar en que se habita a otro diferente, así, sin más complicaciones léxicas como las que deben de aprender los escolares hoy en día para distinguir la clasificación de un individuo que, por angas o mangas, vive en otra ciudad o salió del país de la forma cual fuere.

Apegada a la Real Academia -sólo porque esta vez me conviene tomar partido- debo decir que soy migrante. Es casi seguro de que su familia exista por lo menos uno, pues las diásporas de citadinos ansiosos de gozar las mieles campiranas aumentan cada día.

Dejo de lado el motivo y la razón de quien cambia residencia por cuestiones económicas, aspiracionales o ensoñaciones fantásticas; ahora me refiero a quienes abrazan durante años la posibilidad de adueñarse del terrenito humilde en donde quepa una cabañita con sus respectivas recámaras, chimenea, cocina grande, baño acondicionado y calefacción central.

Las estrellas son la primera motivación para esos aspirantes a John Wayne. Se imaginan tendidos en un camastro mirando los astros sin interrupción alguna, acompañados de una bebida coqueta y una coqueta bebida. Bien, llegado este punto, quiero hacerles saber el meollo de mis pensamientos y resquemores.

Apenas terminado el rincón de los sueños, el ser humano en cuestión empeña lo empeñable para introducir la energía eléctrica; si es menester tumbar árboles, se derriban; si hace falta rapar follajes, se rapan. Así, unas semanas adelante, una deslumbrante farola ilumina cual si fuese una luna personal. ¿Y las estrellas? No importa demasiado cuando se tiene una luz tan radiante que sea capaz de esconderlas.

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14 Febrero 2017 04:00:00
Caminando con tacones
Me contó una vez Doña Mary –que Dios la tenga cantando a dueto–, cómo lavaban la ropa en invierno las mujeres. Vivían a medio camino entre la ciudad y el cielo, en medio del bosque inmenso y poblado de imposibles. Subían, cada dos o tres días, hasta el ojo de agua, donde se hacía un cúmulo cristalino de agua tan fría como transparente. Tallaban sobre las piedras con los 10 grados bajo cero sobre su espalda, “y cuando tendíamos los pantalones parecía que tenían a la persona adentro, porque se congelaban luego luego”. Después, bajaban cantando en grupo como si la vida fuera buena.

Pero no es de eso que quiero hablar con ustedes, amigas. Sino del largo recorrido buscando algo aún sin encontrar, ni siquiera vislumbramos con suficiente claridad el objetivo que nos siente en la silla correcta por el sólo hecho de ser mujeres.

Después venía Doña Mary –que Dios la tenga rezando el rosario–, una y otra vez, con su niñita muerta cargada en brazos. Ese instante nunca huyó de su presente: La volvía a tocar inerte y buscaba con su abrazo darle el calor que la medicina inalcanzable no fue capaz. El autobús de regreso brincoteaba en el camino pedregoso y la distancia se hizo interminable; ella iba sola, arrellanada en su asiento duro y el frio colándose por la ventana. Llevaba a su casa la novedad de la urgencia que la naturaleza les imponía, a cada rato, a las mujeres campesinas.

Es otro el tema que nos ocupa. Me vino a la mente cuando hojeaba un libro sobre la historia de las mujeres. Ahí estamos todas, metidas en una túnica, vestidas de horticultor, enfundadas en un traje industrial, disfrazadas de fatalidad o envueltas en valentía. En todas las imágenes las mujeres tenemos las manos atareadas: Un hijo en una y la bandera en la otra.

Y luego, cuando vino a la ciudad, trató de descifrar Doña Mary –que Dios la tenga echando gordas– la vida de las mujeres apresuradas entre la casa, el trabajo y la insatisfacción. “Como quiera, una nunca está conforme”, dijo un día y fue como si desinflaran un montón de aspiraciones sin blanco preciso para ensartar. Y un día se murió con la esperanza de que en el cielo también pusieran pino navideño.

Entonces me cansé. Hemos caminado tanto las mujeres y cuando ya nos vamos, el deseo mayor no consiste en ser iguales a los hombres ni distintas de nosotras mismas. No hay camino hecho, lo andamos arando a cada paso y, a menudo, parece que nada más hacemos círculos.

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11 Febrero 2017 04:00:00
La esperanza por venir
La diferencia entre “espera” y “esperanza” cabe en tres letras y puede abarcar incluso una vida entera.

La espera es perceptible porque es una acción con inicio y término, empieza con una promesa y termina, bien con el cumplimiento, bien con el desengaño. Hay un tiempo determinado para su existencia.

La esperanza no se toca, no tiene principio y puede no acabar jamás. Tengo para mí que en realidad no existe tal como la define el diccionario: Estado de ánimo que se presenta cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. Solamente es lo último, un deseo.

En 1894, Berthelot, un reconocido científico parisino, dio un memorable discurso en donde previó cómo para el año 2000 la agricultura sería innecesaria, porque desde los laboratorios se cubrirían todas las necesidades alimenticias. Los minerales estarán a flote y los combustibles a la mano; creyó que las fronteras y las aduanas serían un mito y las energías renovables cosa de todos los días.

Dijo también: “Tampoco habrá diferencia entre regiones feraces y estériles, y quizás los desiertos lleguen a ser los sitios donde con preferencia habiten los hombres, porque allí el clima es mucho más sano que en la humedades mefíticas de los terrenos cultivados. También el arte y todos los encantos de la vida humana llegarán a la plenitud de su desarrollo. A la tierra no la desfigurarán las figuras geométricas de la actual agricultura, sino que vendrá a ser un jardín en que crecerán las flores y las hierbas. No por eso la humanidad se abandonará a la holgazanería y la corrupción moral, siendo el trabajo inherente a la felicidad, en la futura edad de oro el hombre trabajará tanto como antes, con el fin de lograr su perfección moral e intelectual”.

Si la espera tiene tiempo y forma, la esperanza puede fallar por 15, cien, mil años o más, al fin y al cabo, lo único que existe es el deseo.

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10 Febrero 2017 04:00:00
Al niño desconocido
Para incentivar a su hijo, a fin de que la escuela no fuera un terreno ríspido e incierto, cada medio día lo recogía, siempre puntual, llevando consigo una pequeña sorpresa. El niño se acostumbró a la escuela, a la puntualidad de su madre y a la sorpresa: Un chocolate, un lápiz, una piedra extraña entre las piedras.

La madre volvía, henchida de satisfacción, por el logro diario de cumplir su papel como emisaria de la tranquilidad y la esperanza de que mañana habría nuevamente escuela, puntualidad y sorpresa. Ella vio al mundo como un campo lleno de niños sorprendidos y conforme con tan pequeña cosa. Así pudiera haber sido, siempre y cuando las sorpresas para todos los chicos fueran nada más un chocolate, un lápiz o una piedra extraña entre las piedras.

No se percató de cómo los compañeros de su hijo bien podrían ser sorprendidos con la tardanza incierta de quien debiera ser responsable; tal vez con una amenaza o, quién sabe, con la noticia de la muerte de su padre.

No es difícil sorprender a un niño, incluso a ese etiquetado como fuerte y aguerrido, en realidad armadura de un pequeño inseguro y, casi siempre, ofendido por alguien más. Cualquier cosa que salga de la rutina será suficiente para lograr su asombro, el problema es que a menudo, mucho más de lo que esa madre pudo imaginar, ese asombro aparece acompañado de sonrisas y felicidad.

Ayer escuché en la calle a dos personas lamentándose por la muerte repentina de un hombre joven; parecían sentir una pena genuina por la precoz viuda. Nada llamó suficientemente mi atención como el comentario final: Alguien debía ir a la escuela para avisar al hijo del difunto sobre la muerte de su padre. Ayer, ese pequeño recibió una sorpresa al salir de la escuela; quizá muchos otros pasan hoy mismo por la misma situación.

Quisiera, de todo corazón, que ese niño reciba mañana la sorpresa de saber cómo aliviar el alma y volver a la escuela, a la puntualidad de su madre, al lápiz, al chocolate y la piedra extraña entre las piedras.
09 Febrero 2017 04:00:00
En la calle
Espero con mucha fe nunca lleve mi nombre ni una escuela ni una calle. Si una escuela lo lleva, ni modo qué hacer, pero si una calle lo ostenta, tengo algunas peticiones previas a la determinación del cabildo correspondiente.

No deseo ser el nombre ausente en una vialidad. Pido un camellón con su letrero, escrito en tinta indeleble que no borre el paso del viento, la lluvia, el tiempo y los malos deseos; una estructura que resista los embates de la naturaleza pura y, además, la impura naturaleza humana.

Lo último que quisiera es ser un callejón sin salida: más bien deseo convertirme en oportunidad y, de ser posible, tener vías de acceso y salida para emprender caminos diversos y prometedores. Una calle de privada no sería, definitivamente, una buena opción para mi nombre.

Sería tolerable ser mentada en esas respuestas que se dan cuando nos inquieren sobre nuestra dirección: “Vivo en la de Dalia Reyes”, dirá alguien, como decir el nombre de algún presidente, un profesor desconocido o la tía del ingeniero que trazó la colonia nueva.

Requiero pavimento homogéneo y vía libre, sin topes, hoyos, baches, árboles intermedios, boyas, barras luminosas, foquitos laterales: El transeúnte decidirá los momentos de avance y las paradas cuando así se lo exija el paisaje, el cansancio o el encuentro inesperado.

Las ventanas deberán mostrar balcones, y los balcones rejas forjadas; tras de ellas, macetas con flores coloridas y gatos perezosos maullando el sol del mediodía.

Así las cosas, y no de otro modo, sería mi calle. Asumo entonces que ningún bulevar, avenida, vía, cerrada, callejón llevará mi nombre, porque las que conozco con esas cualidades están ya todas ocupadas. ¿Cómo es la calle de sus sueños?

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08 Febrero 2017 04:00:00
El sol de cada quien
Seguimos suponiendo que los “soles” de nuestros nómadas antepasados son, justamente, eso: “Soles” en representación gótica o surrealista o de vanguardia según quien los mire en las rocas de cuevas y montañas.

Pero ¿en verdad ellos y sus antepasados, digamos su padre nómada y su nómada madre, dibujaron soles? Acaso alguien se habrá preguntado s en realidad son pulpos, ciempiés enroscados, collares dentados o una pobre araña luego de la estampida de búfalos viles en las amarillas llanuras del gran Manitú. Entonces ya deberíamos parafrasear aquello de nada es verdad ni es mentira, todo es según el “sol” con que se mira. Hay tantas versiones sobre algo como puntos de vista, concepciones, ideologías o estilos.

Para quienes escribimos, esto puede ser tan oportuno como peligroso, sobre todo cuando debemos alejarnos de la creación literaria y hemos de guardar en el cajón de la esperanza nuestras dotes de poetas, cuentistas o noveleras… perdón, novelistas.

Vamos a suponer que usted tiene en mente una obra dramática, de esas que llevan mensaje. Cae en la cuenta de que, ya estrenada y en marquesina, el público salió feliz por la enseñanza sobre cómo distinguir los puros de los cigarros… ¡pero usted deseaba prevenirlos sobre el peligro de fumar!

No vayamos tan lejos. Al entablar una charla coloquial saldrán tantas opiniones de un asunto como arenas en la playa y al final no sólo se pierde tema y tiempo sino hasta los amigos. En el caso de la obra teatral, usted perderá la ilusión de combatir el vicio por el cigarro, pero siempre habrá alguien que le encuentre algo bueno a su trabajo y usted podrá ganar fama y dinero.

Pero cuando se trabaja con textos informativos y no logramos dar en el blanco con el mensaje, no sólo se perderán lectores, sino también en el puesto del departamento editorial donde se trabaja, porque no se cumple la principal y única finalidad: Comunicar formalidades para que sean entendidas y atendidas con precisión y certeza, independientemente si el lector está perdidamente enamorado y mal correspondido.

Una obra formal o de divulgación debe informar en modo tal que no se preste a interpretaciones personales como en el caso de los “soles”, por ello presenta algunos obstáculos al hacerla pública, considerando que podemos prever el tipo de lector a quien le sea útil, pero nunca sabremos con exactitud su nivel académico, cultura general, capacidad de comprensión ni contexto habitual, factores decisivos para el buen cumplimiento de ese virtual circuito de comunicación autor-lector.

Ahora ya se dieron cuenta: Este asunto de escribir y publicar no es tan sencillo como parece.

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07 Febrero 2017 04:00:00
Lo que despierta
Las ganas de tomar café despertaban a don Pancho Niño. Más que necesidad era urgencia la suya.

Unos segundos antes de abrir los ojos bien a bien, se dibujaba en su memoria aun lúcida el acto sagrado de acercarse al hogar y engullir una dona fría y un café caliente.

No sé qué tanto prefiguraba el olor del grano apenas molido ayer por Consuelo, quien había dedicado una hora completa a pasar por el molino tres puños de córdoba y dos de caracolillo, aliviando el peso de los costales traídos por Manuel hacía una semana.

No se ponía de pie en el acto; se remolineada un poco tanteando el frío afuera de las cobijas tejidas por él mismo. Como cuando uno se despereza con insurrección ante la insistencia del despertador; o bien, tal cual esas rutinas que nos atan a ciertas personas y aciertos sitios convirtiéndose, ambas, en objeto instantáneo del deseo e imperdonables en el día a día. Lo que nos despierta, la esperanza, el miedo, lo que sea, es fugaz y permanente,

Don Pancho a veces no tenía donas, porque llevarlas hasta la punta del cerro no era cualquier cosa, pero siempre tenía café. Su modorra sabía eso y las cuatro de la mañana anunciadas en la radio, entre los anuncios de Laboratorios Mayo y alguna canción ranchera, notificaban que justo en ese momento empezaba la vida otra vez.

Cinco, diez segundos de su tiempo se habían consumido apenas en esa acción sagrada de prepararse para lo impostergable, de ocupar su sitio en la sillita encaramada junto a la estufa hecha a mano también por él y curtida por Consuelo.

Ni un anuncio completo, ni una canción entera duraba el performance de don Pancho: Una milésima de segundo nos retrae del mundo cuando de las rutinas diarias se trata. Entonces, como si hubiese pasado un siglo, se paraba de la cama y empezaba a andar hacia la cocina.

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04 Febrero 2017 04:00:00
Mis pájaros
Durante un periodo de trabajo exhaustivo elegía música de fondo con ondas alfa para desarrollar la súper inteligencia, al menos eso decía el banner. Yo no podría atestiguar ese efecto prometido –es evidente- pero sí doy fe de la mucha concentración a la que encamina.

Ya cansada de la misma onda, busqué algo más. Llegué muy temprano a la oficina, a esa hora cuando todo tipo de sonidos despiertan y nos despiertan. Afuera se manifestaban pájaros madrugadores y esos sonidos que parecen venir con los rayos del sol cuando se desperezan los edificios.

Teclee en el renglón del buscador algo así como “birds sounds”. Porque, claro está, todo lo bueno para nuestra vida viene en inglés ¿verdad? Encontré cantos de aves en un video interminable cuya duración prometía cubrir, con bastante exceso, mi horario de trabajo.

Empezaron a escucharse los gorjeos, variopintos todos ellos, simulaban envolverme en cierto bosque sólo conocido en la película de Blanca Nieves. Pasados 45 minutos, la reiteración del azulejo y la insistencia del gorrión hicieron mella en mí; me hicieron pensar, entonces, que en la naturaleza sucede con más espontaneidad.

Justo en ese momento caí en la cuenta: Busqué un video de pájaros falsos cuando afuera cantaban los verdaderos. Apagué enseguida la computadora y miré hacia la ventana para aprovechar el concierto sin internet con el que me había recibido, pero sus cantos habían sido sustituidos por el ruido de autos, claxon y motocicletas lejanas.

Me sentí como deben sentirse esas personas a quienes se les ocurre halagarnos diciendo cosas como: “Qué bonito cabello, se te ven tan natural, hasta parece que te hiciste la base”. (Para los más jóvenes: Base se llama a los chinos falsos que le vendían a una en el salón de belleza)

Así fue, mis pájaros falsos se escuchaban tan bonitos que de ninguna manera sustituyeron a los reales.

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03 Febrero 2017 04:00:00
Padres o mascotas
Aludo a las mujeres modernas que, dicen: “perdimos el piso de lo que la naturaleza nos manda y andamos hasta trabajando en la calle, cuando eso era asunto de varones”. Bueno, pues ingratas nosotras, andamos manejando, nos ponemos pantalón y hasta somos capaces de mantener una familia si así ha menester.

A lo que voy es que el ser humano, con toda facilidad, se pierde en lo que parecía estar tan claramente dispuesto. Y si estas mujeres perdidas que somos ahora parece que tendremos un final feliz, no lo creo en el caso de los jóvenes.

Asumimos que los muchachos hoy, igual que antes, tienen bien identificados los roles sociales en donde se mueve. Nadie cree que sea necesario decirle a un estudiante de primaria, secundaria o más allá, que hay jerarquías, que los padres se quedan en casa y los profesores en la escuela.

Es que antes lo traíamos en algún chip que se activaba a tiempo, y podríamos ser los más corteses en el salón de clases sin desconocer apodos y palabrotas que usábamos en el anonimato de nuestras autoridades, agazapados en los baños y las salidas nocturnas con los amigos. La distinción entre la terminología que podíamos usar con padres y abuelos era fácil y automática en nuestras personas.

Algo se descompuso, y los alumnos de educación básica y preparatoria pierden la noción con una facilidad increíble, y hablan al profesor como a su vecino, al papá como a su mascota y a sus amigos a voz en cuello sin importar el lugar, la hora y la situación.

Comparto el compromiso que tenemos todas las instituciones sociales, para encaminar a los muchachos a un futuro más deseable, sin embargo, la identificación de roles y jerarquías –necesarios para que funcione un sistema– es una labor de casa y responsabilidad de padres de familia, no podemos esperar, como proponía Rousseau, a que se caigan solos porque es obvio que nos estamos cayendo con ellos.

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02 Febrero 2017 04:00:00
Eso mata
Los fragmentos que les compartiré enseguida fueron publicados en El País. La nota cierra con esta frase palmaria: No es ideología, es ciencia.

La afirmación que esgrime el diario no está basada en una reflexión emocional de algún filósofo social, sino en la numerología tan valorada por la ciencia moderna; incluye también la interpretación que, a todas vistas, pide del lector nada más sentido común. En contraste, también exige de nosotros un alto nivel de tolerancia a la frustración, porque la solución no está en nuestras manos, por lo menos, no de forma directa.

Quien se conmueva con esta noticia y no le baste poner una carita triste en las redes sociales, léala con atención y empiece a actuar desde su espacio social. Yo me hice ya un plan de acción. La nota se llama: La pobreza acorta la vida más que la obesidad, la hipertensión o el alcoholismo.

“La pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

“El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo. Sin embargo las estrategias de salud global no consideran las circunstancias socioeconómicas pobres como factores de riesgo modificables”, aseguran los autores del estudio que publica The Lancet, una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King’s College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres.

Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o el deporte entre la población, el artículo defiende que el factor socioeconómico también puede modificarse a todos los niveles, con intervenciones como la promoción del desarrollo durante la primera infancia, las políticas de reducción de la pobreza o la mejora del acceso a una educación. Por eso, las estrategias de prevención de las enfermedades crónicas se equivocan al no abordar poderosas soluciones estructurales”.

Ya nos dieron un norte para salvar vidas ¿cuál será la brújula que guíe sus intenciones, estimado lector?

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01 Febrero 2017 04:00:00
Cabritilla
Les agradeceré no ensucien con pensamientos impuros el contenido de este texto. Si dije cabritilla no fue por esconder sucias intenciones de agresión verbal típicamente mexicana: Quise decir justamente eso.

La cabritilla no es un cabrito, ni una cabra pequeña, es un ser noble cuya anatomía es tan endeble que no puedo imaginar cómo hay verdugos capaces de acabar con la existencia de este animalillo, cuyo nombre lo aprendí en ciertas novelas rosas y negras que leí cuando adolescente.

Lo rosa de las novelas no tengo que explicarlo. Lo negro se refiere precisamente a las cabritillas; aunque hoy sé que vienen en colores varios, mi imaginación siempre los dibujó en perfecto azabache.

Toda novela romántica, no costumbrista ni tradicionalista, tiene una mujer que se coloca los guantes con parsimonia, cuidado y elegancia, así acabe de recibir la peor noticia de su vida, cuida de sus manos como si en ello le fuera la vida.

La chica de la historia usa guantes de cabritilla. Enseguida, puedo dibujar todos y cada uno de los detalles en su anatomía: Mediana altura, esbelta, casi flaca, pero con ciertas curvas que le permiten lucir esos vestidos acinturados y con crinolina. Proverbialmente blanca, la piel de sus manos contrasta con la del animalillo muerto en pro de sacar a relucir los mejores dones de la muchacha.

Cabe mencionar que esos libros no tenían ilustraciones, todo fue producto de mi imaginación. Pero, díganme ustedes, cómo una mujer que requiere guantes XL para lavar los trastes pudiera calzarse una manufactura hecha en cabritilla. Mis formaciones imaginarias nunca me permitieron crear unos guantes de esa piel en talla más allá de la extrachica.

La lectura del párrafo donde el animalillo hacía su aparición –por lo menos un trozo de su piel- me remitía siempre a la frase de mi abuela, quien sostenía que las manitas gorditas eran manitas trabajadoras. Ella nunca hizo nada para que corroboráramos el dicho, muy al contrario, pero siempre entendí que no tener los dedos largos y estilizados requería de un adjetivo valioso a cambio para no quedarse en el anonimato y el desprecio.

Como sea, nunca he visto en la vida real esas manos imaginadas para calzarse los guantes de cabritilla.

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31 Enero 2017 04:00:00
De reojo
La vista es muy natural. La vista es tan natural como cada uno de nosotros. Mirar fijamente, mirar hacia arriba, torcer la mirada, entornarla, mirar de lado, mirar de reojo, todo esto cabe en la mirada.

La ciencia dedica capítulos importantes a estudiarnos la vista y otros más a descifrarnos la mirada. La vista es un sentido complejo, cuyos actores ocupan a los estudiosos en pruebas diversas capaces de ser repetidas para corroborar su forma de ser. Descifrar la mirada, en cambio, es una aventura intrincada.

Nunca miramos dos veces de la misma forma. Aquella ocasión del encuentro fortuito en circunstancias particulares es irrepetible, como lo es también el sentimiento por alguien frente a nosotros en un momento dado, porque el tiempo cambia, nosotros también y la mirada con nosotros.

Mirar de reojo, dice la neurolingüística, es seña que el observador construye sensaciones. En ese acto confluye la vista y la imaginación en un fenómeno explicable sólo en la anatomía indescifrable del ser humano capaz de ver, disimular, crear, creer y recordar.

Es una milésima de segundo durante la cual el individuo se sabe incurriendo en delito, encubriendo su actuar fuera de la moral, de ahí que no se permita la observación directa para un mejor deleite. Girar la pupila con todas sus insanas intenciones, enfocar apenas el punto interesante, imaginar lo imposible, fingir indiferencia, capturar cuanto sea posible en el lapso que permanecerá en la memoria más allá del tiempo con el cual seríamos castigados en caso de que nos descubrieran.

Muy curiosa es la mirada, caprichosa diría yo, porque se guarda en la memoria con más afán un momento de desliz visual irrepetible que cientos de ocasiones cuando nos vemos frente a frente con permiso del diablo, de la carne y del mundo.

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26 Enero 2017 04:00:00
La gimnasia y la magnesia
Ángela Merkel lo dijo hace un par de años: Quienes deseen habitar el país que gobierna deben de hablar alemán, incondicionalmente y en un nivel comunicativo eficaz. No lo dijo con esas palabras, pero ya sabemos todos que en el tema de las traducciones se dice casi lo mismo.

Donald Trump pugna por el inglés como única lengua válida en el país que gobierna. Supongo que dentro de poco tiempo las cárceles estarán llenas y las multas multiplicarán los ingresos de estado de forma escandalosa. Aunque bien podrá suceder como en algunos estados mexicanos en donde está penado decir palabrotas; hasta donde sé, nadie está en prisión por ello.

Una ex alumna mía regresó a clases tras pasar las vacaciones en su pueblo natal, en donde se encontró con una familia cuyo vocabulario, recién se dio cuenta, está plagado de deficiencias. Así que ocupó bastante de su tiempo en corregirlos.

Otros odian las modas del habla; algunos más afirman que las palabras tienen fronteras Muchos afirman que ciertos términos existen únicamente si los han escuchado; hay quienes detestan términos como impropios a pesar de tener su origen en las lenguas indígenas mexicanas.

Toda la vida del hombre –y toda la vida de los idiomas– los préstamos y los empréstitos léxicos son el pan de cada día, nos demos cuenta o no. A diario cometemos dislates usando sinónimos que no lo son, nombres deslizados, adjetivos inapropiados.

Más de una vez habrá escuchado usted la palabra “empinado” por “agachado”; quizá leyó “desapercibido” por “inadvertido”, y qué me dice de “adolece” por “carece”.

Todos son erróneos si al diccionario nos apegamos, pero eso no ha dejado mudo a
nadie.

Igual que las personas, las lenguas son hermosas por sus defectos, sus confusiones, sus dislates. Hoy mismo debo agradecer a Conchita Carbajal que me envió este bonito recuerdo léxico heredado por su abuela: “A ver valecito (niño) ocupo que vayas a la matanceria (carnicería) de Cananito (así le decían al señor por apodo) y me traigas un kilo de calmantes (son como chicharrones pero antes de que se hagan duros, entre carnitas y chicharrones) y te fijas que te dé bien el vuelto (la feria) porque estas re nango (medio menso)”.

Qué les digo, hace falta enamorarse de las palabras para saber cuánto valen, díganse donde se dijeren.

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25 Enero 2017 04:00:00
Te veo en la tele
A diferencia de las escuelas, los grupos de amigos no publican en sus páginas oficiales el perfil de ingreso para todos los interesados en formar parte de ellos. Digamos que ser aceptado o no es un ejercicio de prueba y error.

Después de una reflexión concienzuda y de ser rechazada en los clanes de señoras los últimos 20 años, puedo afirmar que el 99.9 por ciento de los grupos femeninos incluyen en sus requisitos cierto número de horas semanales frente a la televisión.

Mi afirmación tiene argumentos, antecedentes y marco teórico, por si pensaron que a mi declaración la movía el despecho y el rencor. Por supuesto, no es fácil quedar fuera del intercambio navideño y el almuerzo gratis para las cumpleañeras del mes.

No tardaré más de un párrafo en explicar por qué ver la televisión es un requisito obligado para pertenecer a los grupos sociales de damas. Es sencillo: La televisión provoca mudez, y ninguna mujer que se precie de sociable puede andar callada por la vida; tartamuda, vaya y pase, pero nunca sin hablar.

Los temas predominantes en las reuniones femeninas versan sobre: a) el clima y sus predicciones; b) las noticias más extrañas publicadas en los noticiarios del medio día; c) las extravagancias dichas por los conductores en los programas de revista; c) los avances de las telenovelas, y d) los milagros concedidos por los santos a los personajes redimidos de las series mexicanas.

No se le ocurra a usted, señora mía, acudir a la reunión del mes sin actualizarse en todo lo anterior, porque sus consideraciones climáticas serán revocadas por la cientificidad de la chica sexy de la tele; sus reflexiones políticas serán avasalladas por la nota del perrito que canta; sus previsiones para el Oscar quedarán ocultas ante la magnificencia de Andrea Legarreta; sus personajes literarios serán vasallos ante Lupita, la miserable, y sus pruebas de que la medicina hace más milagros serán llevados al más alto consejo de señoras para no volverla a invitar.

¿Quedó claro cómo la televisión nos deja mudas? Por nada.

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24 Enero 2017 04:00:00
¿Quién es?
Traicionaré la confianza de mis congéneres con la confesión de enseguida. No es por maldad, tampoco tiene jiribilla ni doble intención, sencillamente necesito hacer pública esa información tan íntima de las damas.

Llega un momento en la vida de toda mujer en el cual debe de responder una pregunta difícil, comprometedora. Esta es, a saber, la cuestión: ¿Por qué vas tan arreglada? Quisiera agregar otra característica al cuestionamiento: Dicotómica.

Usé el culto terminajo para envolver en paquete de lujo esa situación cuando las féminas hemos de responder a cuestionamientos cuyas respuestas son infinitas, tales como: a) entonces siempre estoy desarreglada; b) ¿no te fijas que siempre me arreglo?; c) ¿qué quieres decir con arreglada? Bien, sigan ustedes con las letras pendientes del abecedario.

No abordaré esas enriquecedoras conversaciones de pareja, lo que quiero plantear es lo siguiente: una de las palabras finales en esas charlas es la referente a que las mujeres no nos arreglamos para los demás sino para nosotras mismas. Eso, damas y caballeros, es una mentira redonda.

Bien pensado, los hombres proceden igual. Sus acicalamientos, pocos o muchos, cuando salen a la sociedad rutinaria, tiene más que ver con las personas a quienes encontrarán, la gente con quien se convive en el trabajo o la escuela.

Siendo así, no nos vestimos, nos visten. (El contrario –desvisten- no aplica en mi discusión).

Si trasladamos el ejemplo a nuestra forma de hablar, las costumbres para divertirnos, los espacios que habitamos, aplica más o menos lo mismo: Hay parámetros que salen en la tele, otros son vistos en la colonia de nuestros deseos, hay grupos en donde queremos encajar. Entonces no hablamos, no nos divertimos, no habitamos. En conclusión, somos lo que los demás dicen que somos, dice una frase común en los análisis sociológicos por el alto grado de impacto que tiene en todos nosotros la opinión que los demás se hagan.

Insistir en que actuamos para nosotros nos dejaría desnudos, porque muy pocos podrían responder sobre la forma de actuar, las decisiones, los miedos, las preferencias sin encontrar residuos de una imagen pública que, consciente o inconscientemente, estamos siempre cuidando.

En conclusión, no es cierto señor, ella no se arregló para sí misma, sino para todo el mundo.

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21 Enero 2017 04:00:00
Llueva o truene
En el título me faltó completar la frase con “o relampaguee”, como decía la gente de antes para afirmar su disposición a realizar algo sin importar las condiciones imperantes; aunque mencionaban cosas del clima, también se incluían la previsión de condiciones personales.

Esta frase parece desterrada de los usos y costumbres, no nada más entre legos, también alcanza a las instituciones y sus servidores públicos. ¿Acaso no le ha tocado una suspensión de actividades en cierta oficina porque se cayó el sistema, hubo una manifestación, se celebra cierta fiesta patronal o cumplió años el jefe?
En la tocante a la educación, las reformas, las aprobaciones y las operaciones son un vaivén atropellado por calendarios ocultos que tienen vida propia. Las clases se suspenden en lo previsto y en lo emergente; imagínense qué sucedería si hubiese Revolución.

Mi lectura narra que, en alguna época, nuestro país siguió adelante con todo ella: La Revolución Mexicana. Apenas lograda la renuncia de Porfirio Díaz, en tanto las revueltas sociales seguían muy vigentes porque la ida de dictador no era el único pendiente político, los encargados de la instrucción pública propusieron, autorizaron y operaron.

El 25 de mayo de 1911 renunció Díaz; el 26 asume la presidencia Francisco León de la Barra, y en esa misma fecha, tras la toma de protesta, se pasó a lo relevante: aprobación de la educación rudimentaria, el antecedente inmediato de la escuela rural.

Puedo imaginar al Congreso reunido en discusión sobre los elementos básicos con que se salpicaría de conocimientos a indígenas y campesinos en tanto afuera el país convulsionaba. Lo más sorprendente es que el trámite duró solo cuatro días y enseguida se pasó a la instauración de las incipientes instituciones rurales.
No prosperó el proyecto como tal, era de esperarse; sin embargo, el no cejar en la insistencia por educar a los más desprovistos sentó las bases para lo que hoy tenemos a disposición todos los mexicanos. Siguen haciendo falta ajustes, propuestas y modificaciones, pero desde 1920, cuando finalmente se instaura la escuela rural, a 100 años de distancia, hemos caminado lo que ni se sospechaba en la centuria previa.

Es poco probable que nos encontremos con un aviso fuera de las escuelas: se suspenden clases porque hay Revolución; en realidad, la revolución estará más fuerte que nunca cuando logre que siempre estén activas.

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20 Enero 2017 04:00:00
Alguien quiere eso
Hay mucho de masoquista en mí: Disfruto sobremanera cuando alguien me hace guardar silencio porque me demuestra que estoy equivocada en alguna afirmación. En el campo “demostrar” no entran los argumentos maternos, las mociones de soberbia ni es escudo agresivo y gritón con que se viste la ignorancia.
Estando en una tienda de periódicos y revistas, me puse a ver la gran variedad de títulos, temas, estilos y contenidos exhibidos en un sitio pequeño en dimensiones pero inconmensurable en reminiscencias y posibilidades. Ahí me pasó.

Frente al área deportiva, un estante se ocupaba en apilar publicaciones dedicadas única y exclusivamente a las bicicletas. Comenté con mi compañero sobre lo innecesario de publicaciones como esa cuando su demanda debía ser escasísima. Como por arte de magia, se abrió la puerta –de esas cristalinas y con campanita- para dar paso a un grupo de adultos jóvenes quienes casi dejaron vacío el espacio.

Entendí que la visita a una tienda como esas no solo me ofrece la oportunidad de encontrar las nuevas recetas de chefs mexicanos y las mejores ideas para cocinar el desayuno en cinco minutos, sino que ahí están contenidos todos los placeres del ser humano, y ni siquiera tuve que leer largas e incomprensibles estadísticas.

La conclusión fue sencilla: si existe una publicación con el tema, es porque hay suficiente público para comprar cualquier producto relacionado con él. De este modo, pude explicarme el boom de los bebedores de té tras los encartes sobre hojas verdes comestibles en las ediciones culinarias.

Sé de la diversidad existente entre los motociclistas; conozco el interés de la gente por adquirir la moneda que se le cayó al actor de Peter Pan en un vuelo de estudio; aprendí que las cirugías plásticas están mucho más al alcance de la mano de lo que imaginaba; entendí por qué Barbie es un objeto de deseo; me enteré de lo caro que puede costar mantener a un hámster en su castillo.
La regla es clara: si está ahí, es porque alguien lo quiere.

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19 Enero 2017 04:00:00
Quiere de vez en cuando
Vi un video de reflexión cuyo emotivo cierre tenía la frase “quiérelos cuando menos lo merezcan”. Pensando sólo en ella, podríamos imaginar que refiere al perdón, a la tolerancia, a la buena convivencia, pero no, se refiere justo a querer.

El diccionario de la Real Academia trae dos veces querer, la primera como verbo, la segunda como sustantivo. Si es una acción, entonces se trata de desear, apetecer o amar, dice; si es un nombre, sus sinónimos son cariño y amor. Entonces el video hablaba de amor.

Amor, para la misma RAE es un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. Entonces el video refiere a una pareja, a dos en un encuentro emocional profundo. Esto parece ponerse muy candente.

No describe el diccionario de marras las características de esa unión o encuentro que el querer necesita, pero sí queda claro que todo lo relacionado con esa simbiosis contiene una gran fuerza, misma que se ejerce en sentido contrario cuando los dos integrantes se desencuentran.

El desencuentro matrimonial, por ejemplo, provoca revoluciones diversas en los protagonistas, quienes pasan por todos los niveles catalogados en la tanatología y, generalmente, vuelven a su estabilidad tiempo después. Acomode usted a los actores que se le vengan a la mente, y se encontrará con que el amor y el desamor son voraces entre dos y el perdón pudiera ser la palabra oculta en el título de la proyección que les comento. Pero no es así.

Resulta que el video se refiere a los padres y sus hijos adolescentes; hace un recorrido por el actuar común de un jovencito, con todos sus vaivenes, y cierra con la recomendación que ya dije. A los hijos se les ha querido, a lo largo de la historia, de muchas maneras: Marcándoles el camino, dejándoles algunas opciones, dándoles esa libertad que no hace daño.

El problema es que hoy en día no podría explicar cómo es que algunos padres quieren: A distancia, con opulencia material, con la cesión de la presencia paterna a cargo de un empleado. Lo que diré enseguida es una conjetura muy difícil: La manera de querer sus padres a ese jovencito regiomontano que disparó contra su maestra no parece haber sido, definitivamente la mejor.

Ante el azoro, solemos sacar conclusiones apresuradas; aún no sabemos la situación de ese desdichado jovencito, pero quienes hemos sido “madres” de más de mil adolescentes estudiantes de secundaria, sabemos que ese niño necesitaba que lo quisieran, no cuando menos lo merecía, sino que lo quisieran nada más.

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18 Enero 2017 04:00:00
Manteca de maní
La manteca de maní estuvo muchos años en el mismo conjunto del jamón, la crema de leche, la coca cola y la nieve de nevería, es decir, entre los inalcanzables.

El jamón lo conocí hasta mediados de la primaria, porque la mortadela era la máxima aspiración del efectivo destinado a la despensa familiar. La crema de leche no estaba en la lista nunca, porque en ese tiempo la leche de vaca que vendía Licha, tenía bastante nata como para no extrañar aquella. Ahora bien, la manteca de maní, ese fue un descubrimiento tardío en mi vida.

Inicialmente la llamé crema de cacahuate, porque así decía en el empaque.

Después supe que media humanidad la había probado y yo apenas era debutante y ni siquiera podía distinguir si era manteca o mantequilla, porque, a decir verdad, la mantequilla me parece más manteca que crema. En fin.

Con este producto hecho a base del protagonista de los bolos en las levantadas me pasó igual que cuando el jamón, la coca y lo demás: Sabía de su existencia y solo en bacanales de cacahuate y bebida gaseosa podía probarlos, pues es más barato ser adicto al cigarro que a mi inclinación particular.

Yo pensaba vivir el éxtasis de mi vida cuando gané lo suficiente para incluir un tarro de planters, y justo entonces descubrí que las mujeres decentes no andan consumiendo eso so pena de engordar bastante y tener problemas en las coronarias. Tuve que estar en terapia de cacahuate salado un mes para sobrevivir a la abstinencia.

No funciona igual morder la semilla que dejar enfangada la lengua en esa pasta exótica cuya densa textura hace parecer que nuestra boca anda de turista en el satélite Titán. No le hace, esa dificultad y amenazante circunstancia le dan a dicho alimento una característica seductora.

Hace un par de años mi hermano tuvo a bien entregarme una pasta envasada: Mantequilla de maní, natural, sin conservadores ni grasas agregadas. Mi vista se iluminó; repasé el historial médico en mi persona y no encontré impedimento para contraer matrimonio con esa promesa.

Vaya, uno nunca sabe lo que le viene en la vida cuando de adicciones se trata.

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17 Enero 2017 04:00:00
Patas para él
Don Tacho usaba patas de gallo. Sería subjetiva mi apreciación de la talla, porque entonces yo calculaba tres pies míos en una sola de sus chanclas; seguramente hoy tendría mejores elementos para describirlo, pero él ya murió.

Estando vivo fue más bien parsimonioso. Su calzado de hule, apenas cubriéndole la parte media del pie, chapaleaba entre la mezcla que batía entre dos paladas, una fumada de su cigarro y cierto murmullo entre su compañero Don Pedro.

Sus pies eran dos rocas con fósiles varios insertos en ellos. Las profundas hendiduras de los talones daban cuenta de la cantidad de adobes fabricados; la deformación en la planta era testigo de cuán libres sus extremidades andaban por cielo, mar y tierra, así fuera invierno o verano.

Debieron estar hechas sus patas de gallo con materiales resistentes, porque no se rompían al pelear contra la aumentada gravedad que tiene el lodo cuando se pisa con un área tan amplia; el color azul permanecía impávido: nunca era definitivo, pero no se desvanecía con el uso.

Las patas de gallo eran un calzado para millones de mexicanos hace dos generaciones. Ahora mismo, si tecleamos en internet la palabra, en primer término nos remite a las mil formas para combatir las arruguitas en derredor de los ojos, cosa que a Don Tacho lo tenía sin cuidado, porque bien a bien ni siquiera había espejo en la casa que habitaba con Doña Agustina y las nietas, siempre caminando tras de ella como pollitos recién nacidos.

Ahora bien, si insistimos, encontraremos versiones muy modernas, estilizadas, en materiales finos y colorido de patas de gallo que poco se parecen a los diseños de antaño y hoy ofrecen postes para separar los dedos, tacones en animal print y acabados en gamuza, pieles varias y telas sofisticadas.

No cabría el pie de Don Tacho ahí, como no cabe el nombre de pata de gallo en esa montura que llevan las modelos.

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14 Enero 2017 04:00:00
La guerra y el amor
Doña Andrea concluía las conversaciones profundas de mecedora vespertina con una frase profundísima: En la guerra y el amor todo se vale. No comprendí a cabalidad el alcance de la afirmación hasta ayer, apenas, cuando me quedó muy claro que en la guerra cabe hasta la guerra misma.

Sobre ese tema, cabe también poner como antecedente un programa televisivo titulad “Guerras antes de Cristo”, en donde se desglosan, detallan y analizan las formas de matarse, con permiso de los reyes y gobernantes, que usaban antes de las armas tecnológicas.

La tecnología ha venido a alimentar bastante la frase de Doña Andrea. Sí por las armas sofisticadas usadas hoy en días, las amenazas biológicas y las guerras económicas, pero también por esa violenta amenaza visual que se transmite, por ejemplo, en la televisión volviéndola un atentado contra la dignidad del ser humano.

Estrenamos los mexicanos el 2017 con un alentador comercial en televisión abierta –oficial– en donde se proyectan terribles imágenes de la guerra en Alepo. Simultáneamente una voz grave y adusta dice que hay países que tienen problemas; enseguida, aparecen escenas de mexicanos trabajando en el día a día en sus oficios sencillos y muy dignos, y entonces la voz se convierte en oratoria de López Velarde para decir que, en cambio, los problemas que tenemos nosotros los enfrentamos con trabajo.

La respuesta masiva casi puede escurase en una conclusión más o menos así: “Es cierto, nosotros estamos en la gloria”. El mensaje quedará oculto para la mayoría, pero la advertencia implícita de una aceptación de nuestras condiciones o la inminente guerra, acaba por ser indignante.

Doña Andrea pensaría lo mismo ahora, porque su conformidad con la frase inicial era aplicable a cuestiones fútiles en donde tanto el amor como la guerra aludían a enamoramientos incipientes o discusiones ganadas, nunca a colgar una espada sobre nuestras cabezas.
13 Enero 2017 04:00:00
Dos fusiles

A don Raúl del rancho los niños le hacían burla apenas lo veían venir por la vereda. Cubierta media frente con un sombrero revolucionario del cual todos estaban seguros él no se quitaba ni para dormir, andaba con determinación según se lo permitían las piernas añosas y la guaripa sospechosa: Una por el estado astroso del objeto, y dos, porque era su única evidencia de que anduvo en La Bola.

El motivo para la bura era tan simple que no hacía falta explicarlo en aquellos años: para los chiquillos todo personaje de la Revolución Mexicana estaba muerto. Don Raúl, bastante vivito aunque sin colear, no correspondía a la imagen de un revolucionario aprendida en la escuela, es decir, caído en servicio a la Patria; por lo tanto, la única explicación de que poseyera ese sombre auténtico era que lo había robado a un hombre que sí peleó y ahora estaba difunto.

Los soldados morían en la guerra, ahora lo hacen en sus casas y las cárceles personales que les reporta esa clase de empleo tan complicado para describirlo. Los héroes de guerra eran conocidos en las estampas de libros escolares; estaban siempre vestidos impecablemente con los uniformes correspondientes y los peinados perfectos.

Hoy en día, podemos verlos en la televisión, mutilados, deformes, paranoicos o ensimismados en el menos peor de los casos. Algunos ni siquiera lograron conservar los rasgos en sus rostros, otros apenas tienen movilidad para ser autosuficientes y muchos más se olvidaron de dormir plácidamente porque las atroces imágenes los pueblan irremisiblemente.

La medicina ha avanzado tanto en temas de emergencia que hoy en día tiene reglas y protocolos –generalmente respetados- para rescatar héroes de guerra heridos y dejarlos medio funcionales otra vez para que sigan el resto de su vida con el honor de haber matado a alguien, o dejado medio funcional a otro, para defender a su nación.

Sí, la medicina adelantó bastante, lo que sigue igual es la guerra.

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