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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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08 Septiembre 2016 04:00:46
Comonfort anda en apuros
Don Ignacio Comonfort, presidente de la República en aquel año de 1856, veía cómo el país iba a la ruina. En la capital los liberales puros seguían intrigando para quedarse con el poder. En todo el país se constituían cacicazgos que eran una amenaza constante para la paz y aun para la integridad de la nación. Santiago Vidaurri amenazaba en Nuevo León con engullirse a Coahuila; don Juan Álvarez hacía y deshacía, señor absoluto en las serranías del sur; Juan Antonio de la Garza tenía convertida a Tamaulipas en feudo impenetrable; Benito Juárez era el amo de Oaxaca.

Bien se daba cuenta Comonfort de que todo aquello sucedía en virtud del aberrante sistema federal que Poinsett logró imponernos.

Así, quiso hacer que el país volviera al sistema central. Junto con sus ministros moderados, especialmente con don José María Lafragua, elaboró un proyecto de legislación al que dio el nombre de Estatuto Orgánico, el cual tendría el carácter de una Constitución provisional mientras se elaboraba la que los diputados debían redactar. Nunca tal cosa hubiera hecho don Ignacio. Los puros montaron en cólera. Acusaron al presidente de usurpar la función de legislador, de traicionar el Plan de Ayutla, de pretender liquidar al federalismo, con lo que “... provocaba resistencias terribles y justísimas en los estados, a los que pretendía reducir a la miseria, a la nulidad, y a la más humillante y oprobiosa tutela...” (O sea, digo yo, exactamente a la situación en que los estados de la República se encuentran ahora).

Al pobre de Lafragua se le vino encima el mundo. En la Cámara un tal diputado Escudero dijo de él: “... Acaso su único objeto ha sido satisfacer su vanidad con la gloria, más vana todavía, de que (al Estatuto) se le llame la Constitución-Lafragua; pero su señoría ha ganado con su obra maestra la celebridad, el renombre del incendiario del templo de Diana en Efeso...”. Menos culto, pero más violento se manifestó don Santiago Vidaurri, el hombre fuerte de Nuevo León. Escribió en una dura misiva a don José María: “... Me permitirá que le diga que no es usted el célebre liberal Lafragua en cuyos escritos podría cualquier republicano buscar los principios más luminosos del liberalismo. Desearía yo que comparara usted ese Estatuto con lo que ha escrito, y entonces vería que me es indispensable suspender la publicación de esa ley que no puede en manera alguna cuadrar a la República ni ser conforme con las ideas proclamadas por la revolución y acogidas con entusiasmo por los pueblos...”.

Murió, pues, antes de nacer el famoso Estatuto Orgánico de don Ignacio Comonfort. El presidente se vio obligado a retirarlo ante las amenazas provenientes lo mismo del Congreso, dominado por los puros, que de los caciques que con el centralismo veían amenazada su preponderancia. Demostró así el presidente la debilidad de su gobierno y abrió la puerta a los males que luego habrían de sobrevenir.

Ya no se detuvieron los “puros”, engallados por aquel triunfo. Lograron la destitución de don Manuel Payno, quien desempeñaba la cartera de Hacienda y que pertenecía al partido moderado, y pusieron en su lugar a don Miguel Lerdo de Tejada, terrible jacobino. Este don Miguel fue uno de los que fueron a Turbaco, en Colombia, a traer a don Antonio López de Santa Anna. Ahora se aparecía como extremado liberal, y así figura hasta ahora en el gubernamental panteón.
12 Septiembre 2014 04:10:54
‘Maestros: No enseñen’
"Necesitaré una muestra de su orina -le indicó el médico a Babalucas-. Por favor llene aquel frasquito que está sobre el estante del rincón". Respondió, cauteloso, Babalucas: "Pos a ver si la llego, doctor"...

Comentó cierto playboy: "Me gusta jugar con el peligro. Tengo una cama de agua y una amiguita con uñas largas en las manos y en los pies"...

La señora salió corriendo atrás del camión de la basura. Lucía su acostumbrado aspecto mañanero: Bata rota y arrugada; viejas pantuflas de peluche; gastados calcetones; rizadores en la cabeza; el rostro untado con una crema de color morado; ojeras hasta la cintura. Alcanzó la mujer al camión y le preguntó a uno de los encargados: "¿Llego tarde para la basura?". "No, señora -respondió el individuo-. Súbase"...

Rosibel, pizpireta secretaria, conoció a la esposa de su jefe, don Algón. "Señora -le dijo-, debe usted batallar mucho con su marido, tan olvidadizo". "¿Olvidadizo? -se extrañó ella-. "Sí -confirmó Rosibel-. En la oficina todas las secretarias tenemos que estarle recordando constantemente que es un hombre casado"... El joven pretendiente fue a pedirle la mano de su novia al papá de la muchacha. Objetó el severo genitor: "-No creo que Susiflor esté madura para el matrimonio". "Ya está madura" -afirmó con certeza el galancete. "¿Cómo lo sabe usted?" -se atufó el padre. Explicó el muchacho: "Hice lo mismo que con las sandías, señor. Le di una caladita"...

El policía que cuidaba el parque escuchó un grito de mujer, y acudió a todo correr a ver qué sucedía. Tras unos arbustos vio a una pareja entregada al sempiterno rito de la naturaleza. "Todo está bien, oficial -le dijo entre acezos, agitaciones y vaivenes la que había gritado-. Grité porque al principio creí que lo que el señor quería era robarme el bolso"...

La inconsolable viuda se presentó a cobrar el seguro de su esposo. "Perdone usted, señora -le informó el agente-. Su difunto marido no tenía seguro de vida. Lo tenía de incendio". "Ya lo sé -respondió ella entre sus lágrimas-. Por eso lo hice incinerar"...

Rosilí cedió por fin a las instancias amorosas de Afrodisio, galán concupiscente que por meses la había asediado con solicitaciones de pasional amor. "Está bien -le dijo sin fuerzas ya para aguantar el sitio-. Te ofrendaré la gala de mi preciada doncellez. Debo advertirte, sin embargo, que lo haremos en el último piso de un rascacielos, sobre el angosto pretil que dé al vacío, en una noche de tormenta, en posición vertical, y apoyando nada más un pie cada uno sobre el piso". "¿Por qué quieres que lo hagamos así?" -preguntó con espanto el lascivo amador, que sintió vértigo con sólo imaginar la escena. Explicó Rosilí: "Es que no quiero que pienses que soy una mujer fácil"...

Ahora que las clases han empezado ya en todas partes, excepción hecha de Oaxaca, me gustaría hacer algunas reflexiones sobre el tema de la educación, a fuer de viejo profesor. Cuando hablo ante maestros suelo proponer una idea que al principio escandaliza a no pocos directores.

Les digo: "Maestros: no enseñen". Al decir eso me hago eco de Juan Jacobo, quien escribió en su "Emilio": "Maestros: Perded el tiempo". Él decía que el educador debe dejar que la naturaleza actúe; yo digo que más que trasmitir conocimiento el maestro debe trasmitir entusiasmos, hacer que sus alumnos se enamoren de la materia que imparte, de modo que sigan aprendiendo sobre ella aun cuando no sean ya sus estudiantes.

Yo tuve tres maravillosos maestros de literatura: Doña Amelia Vitela de García en la escuela secundaria; Guillermo Meléndez Mata y Julia Martínez en la preparatoria. De ellos adquirí, después de mis padres, el amor a los libros y el gusto por la lectura. No me hicieron aprender nombres ni fechas que de seguro habría olvidado ya: Me hicieron ver los prodigios que guardan en sus páginas esos maravillosos amigos que son los libros, y me incitaron sabiamente -y suavemente- a emprender la bella aventura de leer. Voy por ese camino todavía, el camino en que ellos me pusieron, y sigo aprendiendo de su magisterio igual que si estuviera aún en su salón de clases. Ser maestro es enseñar a amar. Lo demás es estéril ejercicio que no sobrevive al obligado examen. La señora le dijo al obispo: "¡Qué bonito anillo, Su Excelencia!". Respondió en voz baja el dignatario: "Y también tengo los aretes".
25 Septiembre 2013 04:10:28
Arma de doble filo
El conde Pitorreal, viripotente hidalgo apuesto y bien guarnido, le alzó en la cocina las faldas a la nueva criadita de la casa y ahí mismo le dio a ver -y a sentir- sus cualidades de varón. “Esto -le dijo al terminar el trance- es en castigo por haber quebrado ayer aquel plato”. Una hora después se hallaba el caballero en su biblioteca estudiando unos mapas de las Indias cuando llegó la garrida moza y le dijo al tiempo que mordía con rubor la punta de su blusa: “Señor conde: Ya quebré otro plato”... Astatrasio Garrajara y Empédocles Etílez iban en vertiginoso descenso en la altísima montaña rusa. Habló sin despegar los dientes Astatrasio, y le dijo lleno de espanto a Empédocles: “Vamos haciendo bien tiempo, pero ¿estás seguro de que éste es nuestro autobús...?”

Meñico Maldotado, infeliz joven con quien se mostró avara la naturaleza en la parte correspondiente a la entrepierna, casó con Dulciflor, muchacha que algo sabía de las cosas de la vida. La noche de las bodas Meñico le preguntó, solemne, a Dulciflor: “¿Eres virgen?”. “Sí -respondió ella-. Y no creo que eso que tienes vaya a alcanzar a cambiarme dicha condición”... Todo depende de cómo se haga la pregunta. El seminarista simplón le preguntó al prefecto: “Padre: ¿puedo fumar mientras rezo?”. “No -contestó, ceñudo, el pedagogo-.

Eso te apartará de la oración”. El estudiante listo, en cambio, le preguntó: “Padre: ¿puedo rezar mientras fumo?” “Desde luego -respondió el preceptor, conmovido por la piedad del escolapio-. Así aprovecharás un tiempo muerto para acercarte a Dios”. En el caso de la reforma energética no se debe aplicar la autoritaria máxima del marqués de Croix según la cual el pueblo debe callar y obedecer, y abstenerse de opinar en los altos asuntos del gobierno.

Tampoco, sin embargo, la cuestión debe ser manipulada usando mañosamente una demagogia elemental que quienes la esgrimen saben bien que es demagogia. Con eso quiero decir que tengo mis dudas acerca de la llamada consulta popular sobre el petróleo. Estamos aquí en presencia de un asunto que presenta ángulos técnicos complejos. No es cierto que sacar petróleo sea tan sencillo como sacar agua.

Por principio de cuentas el agua no se enciende ni arde, si me es permitido señalar una diferencia elemental que me fue dictada por el inefable Perogrullo, rey y señor del sentido común. La búsqueda, extracción y aprovechamiento del petróleo no son enchílame otra, con perdón por el uso de ese culteranismo. Ahora bien: una cosa es preguntarle a la gente: “¿Quiere usted que las perversas, nefastas y malvadas compañías extranjeras vengan a apoderarse de nuestro petróleo?” y otra muy diferente es preguntarle: “¿Piensa usted que se deben aprovechar todos los medios que el mundo y la modernidad ofrecen para aprovechar cabalmente nuestros recursos petroleros en beneficio del pueblo mexicano?”

Porque la demagogia, digo yo, es arma de doble filo que lo mismo se puede usar por un lado que por otro. Yo no me opongo a la consulta popular. Dios me libre de apartarme de lo políticamente correcto, y menos ahora que esa consulta, a la par con la CNTE y sus bloqueos, ha recibido bendición episcopal. Lo único que hago es señalar las dificultades de la tal consulta. Si las partes en conflicto se ponen de acuerdo sobre ella, adelante. Yo empezaré a estudiar desde ahora día y noche a fin de estar en posibilidad real de contestar las preguntas que se me hagan... Entró un señor en el local y requirió: “Me da una docena de rosas rojas, por favor”. Le informó el encargado: “Ésta no es una florería, caballero: es una clínica especializada en circuncisiones y vasectomías”. Inquirió el visitante: “¿Y entonces por qué tienen arreglos de flores en el escaparate?” Con otra pregunta respondió el de la clínica: “¿Podría sugerirnos qué poner...?” Un solitario individuo bebía ensimismado su copa en la barra de la cantina.

El tabernero, hombre compasivo como casi todos los de su oficio, le preguntó: “¿Qué le sucede, amigo? ¿Por qué se ve tan triste?” Con acento pesaroso respondió el interrogado, la mirada perdida en el vacío: “Hoy se cumple un año de que perdí a mi amada esposa”. El cantinero se conmovió: “Caramba, señor -declaró con sentimiento-. Lo acompaño en su pena”. “Sí -replicó el otro, afligido-. ¡Jamás olvidaré ese juego de poker...!”

FIN.

Mirador
Historias del señor equis y de su Trágica lucha contra La Burocracia.
El Funcionario del Estado hizo llamar al señor equis y le dijo: -Vendrán lluvias que inundarán tu pueblo.

El señor equis se afligió.
-Esas lluvias -prosiguió El Funcionario- provocarán derrumbes que causarán daños y muertes.

El señor equis se angustió.
-Las lluvias -añadió El Funcionario- interrumpirán todas las comunicaciones. Quedarás aislado, sin agua y alimentos.

El señor equis se echó a llorar, y preguntó temblando: -¿Cuándo vendrán esas lluvias? -Respondió El Funcionario del Estado: -Ayer.

¡Hasta mañana...!

Manganitas
“... Se separan nuevamente Cárdenas y López Obrador...”

Ese trato singular de AMLO con el ingeniero, es siempre, según infiero, cuento de nunca acabar.


10 Septiembre 2013 04:15:03
Culpa ajena
Plaza de almas. Cargo el peso de una culpa ajena que me llena de remordimiento. Esa falta tiene casi 70 años de edad, y sin embargo la llevo conmigo todavía. A veces, en alguna noche de duermevela, se me aparece repentinamente y me mira en medio de la oscuridad. Entonces las tinieblas de la habitación se pintan de rojo con el color de la vergüenza...

Aquella mujer se llamaba Macaria. Vivía sola en La Calera, un lugar apartado y polvoriento que estaba entre los ranchos El Refugio y La Soledad. En El Refugio pasábamos de niños las vacaciones grandes: Dos meses largos -¡ay, tan cortos!- del verano. ¡Qué de hermosuras tenía aquel refugio! Los Ojitos, donde brotaban manantiales cuyas aguas de cristal y música iban luego por las acequias festoneadas de picante berro...

La Magueyera: Ahí campeaban las descaradas liebres que se burlaban del acoso de los perros dando saltos olímpicos por el chaparral... El Pasito, un canal de riego tan niño que hasta los niños podíamos cruzarlo con un solo paso...

La Mojonera,una lomita -el Everest para nosotros- coronada por la gran piedra blanca que señalaba el límite de aquella vasta propiedad...

A todos esos lugares podíamos ir los niños, libres, solos. A todos, menos a uno: La Calera. ¿Por qué no podíamos ir a La Calera? Porque ahí vivía Macaria, y Macaria era bruja...

Por las noches, al terminar la cena, las estrellas en lo alto como cocuyos, en el jardín los cocuyos como estrellas, salíamos al portal, y ahí nuestras madres nos contaban con misteriosa voz los malos hechos de Macaria. La vez que mató un perro con la pura mirada. O cuando el hijo de Josefa López la vio en el momento de convertirse en lechuza, a consecuencia de lo cual el muchacho quedó mudo para siempre. O la pequeña que vino de Saltillo a un día de campo, y se acercó demasiado a la casa de Macaria. Jamás volvió a saberse de ella; hay quienes dicen que se la comió...

Los niños oíamos aquello y nos llenábamos de temor. Las raras veces que Macaria venía al rancho corríamos a escondernos; si teníamos que ir a La Soledad hacíamos un largo rodeo para no pasar frente al jacal donde vivía sola. Ella nos miraba; nos sonreía; nos hacía señas para que nos acercáramos; nos mostraba en alto un vaso de aguamiel, como invitándonos. Pero nosotros ya sabíamos: Era bruja; nos estaba atrayendo para atraparnos. A todo correr nos alejábamos, porque si nos echaba mano nos mataría como a la niña de Saltillo, y nos devoraría sin dejar ni los huesitos. Huíamos, huíamos siempre de aquel lugar horrible y de la mala bruja...

Pasaron los años. Eso es lo que saben hacer mejor: Pasar. De pronto, sin darme cuenta, dejé de ser niño. Un 6 de agosto, en la fiesta del Santo Cristo, una vejuca me saludó al salir de la capilla. “¿Se acuerda de mí, Armandito? Soy Macaria”. Era una pobre anciana, enteca, pequeñita, de mirada humilde y gesto dulce. Me apenó verla, no sé por qué -sí sé por qué-, y apenas acerté a tenderle la mano torpemente. Al día siguiente le conté a mi madre aquel encuentro, y le pregunté por qué ella y mis tías nos contaban a los niños que Macaria era una bruja. Me explicó:

“Porque vivía cerca del tanque hondo, aquel pozo de aguas profundas y bordes resbalosos. Un niño del rancho se ahogó al caer ahí, y no queríamos que ustedes se acercaran a ese sitio”. Entonces entendí: Nuestras madres, para protegernos, inventaron aquella mentira acerca de Macaria. Ella era una mujer sencilla, bondadosa, de buen corazón, pero arrojaron sobre ella una fea calumnia; la hicieron bruja, y mala, para alejarnos de un lugar de muerte. Ésa es la culpa ajena que llevo como propia. Recuerdo a aquella mujer sin hijos, solitaria, sin presencia de niños en su vida, y la miro ofreciéndonos desde lejos un vaso de aguamiel para que fuéramos a ella. Quizá nos habría hecho una caricia -a veces, más que nos acaricien, necesitamos acariciar-, pero nosotros escapábamos corriendo, temerosos y asustados. Veo a Macaria triste, sin entender por qué los niños huían de ella, y siento en el filo del alma un calosfrío de vergüenza. Ahora mismo lo estoy sintiendo otra vez al escribir. Y me pregunto: ¿se le puede pedir perdón a un recuerdo? Si eso es posible, perdónanos, Macaria: Ni tú merecías nuestro terror de niños ni nosotros merecíamos tu vaso de aguamiel... Y es todo por hoy. Habrán notado mis lectores -los cuatro- que este día me he apartado de mi habitual modo de escribir. Mañana volveré a mi estilo acostumbrado... FIN.
29 Octubre 2011 04:10:06
Aplauso
Llegó Babalucas a una papelería. “¿Tiene papel para muerto?”. “No conozco esa clase de papel” -respondió con extrañeza el encargado. Fue Babalucas a otra papelería: “¿Hay papel para muerto?”. “De ése no tenemos” -le dijo la dependienta. Preguntó Babalucas en una tercera papelería: “¿Venden papel para muerto?”. “No manejamos esa línea” -le contestó, desconcertado, el dueño. Regresó Babalucas a su casa y le informó a su mujer: “En ningún lado pude hallar papel para muerto”. “¡Ay, Babalucas! -alzó los ojos al cielo la señora-. ¡Te dije papel parafinado!”... No fue una separación: Fue un desgarramiento.

He aquí que fui a Miami a perorar. Al término de la perorata mis amables anfitriones me invitaron a cenar. En la mesa uno de ellos me dijo: “Qué hermosa corbata trae usted, maestro”. ¿Acaso un caballero mexicano, y más si es de Saltillo, puede dejar de hacer honor a la hospitalidad que ha recibido? De inmediato me quité la corbata con galano gesto y se la entregué a mi nuevo amigo como regalo de amistad.

Se turbó él, y me dijo que de ninguna manera había puesto en sus palabras alguna insinuación. Yo le pedí que aceptara mi obsequio. Entonces él, en correspondencia, se quitó su corbata y me la dio. Bella corbata, debo decirlo, y finísima, de elegante marca. ¡Pero la mía era Pineda-Covalín! ¡Qué maravillas salen de esa casa, tanto para las damas como para los señores! Sus diseños son preciosos, y tienen el señalado mérito de que todos son de inspiración mexicana. La corbata que obsequié, por ejemplo, recoge la belleza de los sarapes saltilleros.

En otros artículos de Pineda-Covalín he visto las Mariposas Monarca que en Michoacán tienen santuario; los cactus sonorenses; los gallos de palenque, o las figuras entrañables de la lotería tradicional. Desde luego esto que digo no es publicidad, pues en primer lugar no conozco a los diseñadores de cuyas manos salen estos prodigios de hermosura, y en segundo lugar ellos no necesitan de ninguna propaganda, pues el buen paño -decían nuestros ancestros- en el arca se vende. Lo que sucede es que merecen reconocimiento quienes exaltan lo mexicano, y más en estos tiempos en que nuestro orgullo nacional sufre, por más que se fortalezca en momentos como los de la inauguración de los Juegos Panamericanos, cuya ceremonia inaugural tuvo más lucimiento que la de cualquier Olimpiada que hayamos visto.

Un aplauso, pues, a esa marca, Pineda-Covalín, que nos abre los ojos para ver las bellezas de nuestro hermoso país. El señor era un poco sordo, de modo que no escuchó que alguien estaba tocando la puerta. El que tocaba arreció los golpes, y como nadie le abría tocó más fuerte aún, hasta casi derribar la puerta. Entonces sí lo oyó el señor. “¿Quién es? -preguntó muy enojado-. ¿Qué quiere?’’. Contesta el que tocaba: “Vengo a preguntar si está usted empadronado’’. “¡Cómo no voy a estarlo! -responde furioso el señor-. ¡Cualquiera se pone encaboronado con esos toquidotes’’...

Doña Panoplia de Altopedo, dama de la mejor sociedad, era pianista aficionada, y gustaba de entretener a sus amistades con sus interpretaciones. En cierta ocasión sorprendió a las visitas con un anuncio sensacional: Iba a tocarles una versión completa al piano de la Obertura “1812’’ de Chaikovski. Todos aplaudieron. El marido de doña Panoplia, sin embargo, les pidió en voz baja, con angustia: “¡No! ¡Pídanle que toque alguna otra cosa!’’. “¿Por qué?’’ -se extrañó uno de los invitados. Responde muy apurado el buen señor: “¡No saben ustedes cómo hace los cañonazos!’’...

Las dos parejas de casados, compadres entre sí, fueron a una feria, y por curiosidad entraron en la carpa donde una adivinadora veía en una bola de cristal el futuro de sus clientes. Después de consultar la esfera, les dijo la mujer: “Una de ustedes, señoras, se va a sacar la lotería’’. “¿Cuál de las dos?’’ -preguntan ansiosamente ellas. “No veo muy claro cuál -responde la adivinadora-. La afortunada tiene una pequeña mancha roja en el interior del muslo izquierdo’’. “¡Ah! -exclama uno de los esposos-. ¡Felicidades, comadrita!’’... FIN.
06 Mayo 2011 04:10:53
Suave patria
La Suave Patria, el emblemático poema de Ramón López Velarde, cumplió 90 años el Domingo de Pascua de esta Semana Santa que pasó. El poeta fechó esa opus magna el 24 de abril de 1921. Nacían sus versos, hermosamente endecasílabos, y moría él: Pocas semanas después se le acabó la vida a los 33 años, “la edad del Cristo azul” que se le acongojaba en la atribulada dualidad de su agonía -o sea combate- entre el azul y el barro, entre el espíritu y la carne. Yo amo ese poema. Si estuvieras aquí conmigo te lo recitaría de memoria. La Suave Patria es un caleidoscopio; un collage; una sucesión de diapositivas sin orden aparente, hiladas como intuiciones súbitas, igual que si el poema se hubiese ido haciendo a sí mismo. Eso sucede con la verdadera poesía: Se hace a sí misma, y el poeta es sólo su amanuense. No son vigentes ya, obvio es decirlo, algunas de las idílicas imágenes de ese entrañable canto laudatorio.

Pero algunas de sus palabras parecen haber sido escritas hoy. López Velarde vio “la hora actual, con su vientre de coco”, es decir redondo, como el de una mujer preñada; una hora cargada de futuros acontecimientos. Así es la presente hora de México. De nueva cuenta trepida el País, sacudido ahora por otras violencias diferentes a las de la Revolución que vivió el zacatecano, pero ominosas como aquéllas. Ya no puede ser esa patria siempre igual, fiel a su espejo diario. En el cristal se reflejan hoy la pobreza, la injusticia, y uno de los mayores frutos de esos males: La inseguridad. Enfrentada al hambre y al obús, otra tendrá que ser la patria, muy distinta, para que vuelva a tener las suavidades que perdió. Y sin embargo estas horas sombrías no son culpa de la patria. Ella es -lo dijo el poeta- impecable y diamantina, vale decir sin mancha, clara y fuerte. Inaccesible al deshonor, seguirá floreciendo por encima de las perversidades de sus malos hijos, y sobre la tibieza y dejadez de de quienes quizá no somos malos, pero sí indiferentes, aun sabiendo que nuestra indiferencia abre la puerta a la maldad. Tomo el inadvertido aniversario, estos 90 años de la Suave Patria, y lo hago ocasión para decir mi fe en ese México tan diferente al de López Velarde, y tan igual al que pintó en ese mural hecho de palabras que es su poema testamentario. Mayor fue la violencia que conoció el jerezano. Pero los truenos de tempestad que oyó no lo hicieron mirar a la patria como algo duro o torvo, sino suave, con belleza y ternuras de mujer.

Veamos así a México los mexicanos de hoy. Abracemos a nuestra suave patria. Abracémonos en ella. Hagámosla florecer, alacena y pajarera, de modo que llegue un nuevo día en el que todos sus hijos -nuestros hijos- puedan tener los dones de la canción y el pan... Termino con el relato de una historietilla, para aliviar la gravedumbre de esta perorata que a mis cuatro lectores infligí... Don Astasio salió de la oficina a media tarde, pues sintió cierto amago de jaqueca. Al llegar a su casa sorprendió a su mujer, doña Facilisa, entrepiernada con un lacertoso individuo. Colgó don Astasio en el perchero su cachucha de fieltro y su bufanda, y fue al chifonier donde guardaba la libreta en que tenía anotados diversos términos peyorativos para tildar con ellos a su esposa en tales ocasiones. Regresó a la alcoba y le dijo a la infidente: “¡Pípila!”. Ese vocablo es un mexicanismo que sirve para designar a la mujer fácil de cuerpo. El diccionario de la Academia lo registra, y de ahí don Astasio lo tomó. Tras de pesiarla en esa forma don Astasio le dijo a la señora: “¿Puedes explicarme por qué te hallo en este trance, al mismo tiempo pecaminoso e ilegal, contrario a las buenas costumbres y a la urbanidad?”. Sin suspender los meneos del in and out le respondió con desparpajo doña Facilisa: “Y tú ¿puedes explicarme por qué llegas a la casa antes de tiempo?”... FIN.
22 Abril 2011 04:10:41
Cuaresma
Hace algunos años doña Burcelaga se fue a vivir temporalmente a Roma, pues por motivos de trabajo su esposo se encontraba ahí. El primer día de su estancia en la Ciudad Eterna la robusta dama salió a buscar algo para comer. No sin cierta admiración se detuvo frente a un enorme edificio que tenía una gran puerta muy ornamentada. Llamó, y le abrió un imponente guardia suizo. Le pregunta la señora: “¿Tienen chiles rellenos?”. “¿Queeé?” -se desconcertó el guardia, quien hablaba muy bien el castellano. “Que si tienen chiles rellenos” -insistió la mujer. “Mire, señora -la amonestó el suizo con severidad-. Está usted en la basílica de San Pedro. Aquí ha habido Papas, pero no hay chiles rellenos”. “Pues debería haberlos -se enoja doña Burcelaga-. ¿Entonces para qué tienen en la puerta ese letrero que dice: ‘Cocina Económica’?”. “No leyó usted bien -replica el guardia suizo-. El letrero dice: ‘Concilio Ecuménico”... La señora sufría mucho porque su niño era un problema: Lo expulsaban de todas las escuelas a causa de su mala conducta. Así, decidió llevarlo con un siquiatra. Después de examinar brevemente al crío, el analista le dijo a la madre: “Creo que con unas semanas de tratamiento el niño modificará su conducta. Tráigamelo el próximo lunes. Mientras tanto le daré a usted estas poderosas píldoras tranquilizantes que le aliviarán la angustia y ansiedad que le provoca el mal comportamiento de su niño”. Llegó el lunes, y la señora no se presentó.

El siquiatra tomó el teléfono y la llamó. “¿Por qué no trajo al niño?”. Responde la mujer: “¿Cuál niño?”... Un individuo debía tomar el último ferry del día para cruzar el río, pero llegó mucho tiempo antes de la salida del barco, de modo que resolvió esperarlo tomándose unos jaiboles en el bar del muelle. Oyó de pronto ruido de máquinas, salió, y vio el ferry a unos metros de la orilla. Corrió desesperadamente; dio un tremendo salto y cayó de panzazo en la cubierta. Se puso en pie, quebrantado y dolorido, pero feliz por no haber perdido el viaje. Le preguntó, orgulloso, a uno de los tripulantes: “¿Qué le pareció el salto, amigo?”. “Formidable, señor -respondió el tipo-. Pero hubiera esperado un poco. Ya estamos llegando a la orilla”... Días morados son los cuaresmales. Ramón López Velarde describió a la cuaresma como “opaca”. Antiguamente estos días se llamaban “santos”. Al paso del tiempo descubrí que todos los días son santos, pues todos son un regalo de vida y una ocasión de bien. Sin embargo en todas las religiones algunos días se separan de los demás por su especial significado. A veces son días de gozo y regocijo; otros son de pesadumbre y de dolor. Para los cristianos este día, el llamado “Viernes Santo”, es de sufrimiento. En él se recuerda la muerte en la cruz del Dios hecho hombre. Hay en los relatos evangélicos del sacrificio de Jesús una hermosura trágica que ha inspirado a los artistas de todos los tiempos a lo largo de la era cristiana.

Desde la desgarrada visión naturalista de Grünewald hasta la sobrenatural serenidad del Cristo de Velázquez, el arte ha recogido la agonía del crucificado. Y sin embargo al final triunfó la vida sobre la muerte, y a la sombría tragedia del Calvario siguió el gozo del resucitado. Por eso nuestra fe de cristianos es alegre; por eso en nuestra vida, por encima de todos los dolores y los sufrimientos, debemos poner un poco más de Resurrección y un poco menos de viacrucis. Tal es a fin en cuentas, creo yo, el mensaje del cristianismo: El amor a la vida; la fe en su eternidad, y la esperanza en ella. Si no creemos que la vida triunfa siempre sobre la muerte, entonces vana es nuestra fe. Decía una señora: “Cuando nos invitan a una comida, mi marido come hasta que le duelen los tobillos”. “¿Los tobillos?” -se asombra alguien. “Sí -explica la señora-. Es que empiezo a darle patadas por abajo de la mesa para que ya no coma”... Proclamaba un individuo jactancioso: “Soy de Texas, el lugar donde los hombres son hombres y las mujeres son mujeres”. Se interesa una chica. “Y ¿en cuál de los dos lados pudiste acomodarte?”... Llegó el encargado del censo a una granja, y sólo encontró a un pequeño niño. “¿Cuántas personas viven aquí? -le pregunta. Responde el muchachito: “Cuatro: Mi papá, mi mamá, mi hermana y yo”. “¿Dónde está tu papá?” -pregunta el empleado. Contesta el niño: “Debe haber ido a pescar. No veo sus botas de agua, y no anda regando”. “Y tu mamá ¿dónde está?” -quiere saber el del censo. “Seguramente fue al pueblo -le informa el pequeñín-. No está la camioneta, y no les anda llevando forraje a las vacas”. Pregunta el visitante: “Y ¿dónde está tu hermana?”. Responde el chiquillo: “Ha de estar en el granero con su novio. Solamente hay dos cosas en el mundo que le gusta hacer, y la tele está apagada”... FIN.
15 Abril 2011 04:10:20
Aplauso y trompetilla
Castaldo y Puritina eran esposos. En el renglón de lo sexual tendían a la ortodoxia. Nada sabían del erotismo, ese arte placentero que da variedad y gozo lúdico al acto del amor, enriquece la intimidad de la pareja, evita el peligro del tedio y la rutina, y humaniza al sexo, convirtiendo su mera dimensión biológica o animal en plenitud de espíritu y de cuerpo. Cierto día Puritina le dijo a su marido: “Una amiga me contó que en la cama ella y su marido lo hacen a veces ‘doggie style’. ¿Qué será eso?”. “Quién sabe -duda Castaldo-. A juzgar por la traducción él se acuesta, y luego ella, como perrito, le lleva a la cama las pantuflas y el periódico”... Esta columnejilla otorga muy de cuando en cuando el sonoro tributo de un aplauso a quien a juicio del autor lo ha merecido. Más rara vez aún se impone aquí el castigo de una escarnecedora trompetilla a aquel que por alguna torpe o mala acción se ha hecho acreedor a ella. Y es que el escribidor de estos renglones, si bien está muy lejos -lejísimos, a años luz- de ser un hombre bueno, tampoco es uno de esos especímenes humanos que sólo ven lo malo de su prójimo -espejo de su propia maldad-, y gustan de abaldonar a los demás por un sí o por un no. Miran el sarpullido de los otros y no ven su propia lepra. (Permítanme un momentito, por favor. Voy a anotar esta última frase, que juzgo variación afortunada de aquéllo de la paja y la viga, etcétera).

En esta ocasión, y sin que el caso siente precedente, el pendolista tributará un aplauso a una persona, y a otra la estigmatizará con una trompetilla. La ovación de reconocimiento es para la diputada del PAN Augusta Díaz de Rivera, en tanto que la infamante pedorreta se dedica a Gerardo Fernández Noroña. Mujer tenía que ser, y además panista, quien le dijera ¡basta! a ese rupestre diputado del PT, que ha hecho del insulto y la provocación su oficio. Tiene mucha razón la representante de Acción Nacional cuando afirma que ese señor, por su conducta violenta y agresiva, es una lacra del Congreso. Ya se sabe que quien no tiene la razón grita e insulta, y Noroña es un insultador profesional, y un gritón necio. Gente así no sólo degrada el nivel del debate parlamentario: Lo anula por completo. Sabemos bien que la Cámara de Diputados no es un recinto conventual. (Si acaso se puede comparar con uno es porque ahí se escuchan puras madres). La Cámara Baja -¡qué bien le cuadra a veces ese título!- es caja de resonancia de la Nación, y a ella llegan voces de todos los orígenes y procedencias. Pero esas voces se deben oír, todas. Y hombres como Noroña pretenden que sólo su voz se oiga, y tratan de acallar las de sus adversarios con injurias y alaridos. Por tipos como él se dice que el puesto de diputado es muy ingrato: La chamba dura tres años, y la vergüenza toda la vida. Vergüenza del Congreso es ciertamente Fernández Noroña. Alguna buena cualidad ha de tener -todos tenemos alguna; yo, por ejemplo soy... soy... en fin, todos tenemos alguna buena cualidad-, pero nunca la ha dado a ver en su ejercicio.

Envío, pues, un aplauso congratulatorio a la señora Díaz de Rivera, por haber puesto en su lugar a ese paleolítico diputado del pleistoceno inferior, o más bien ínfimo. Ese aplauso a la representante panista lo tributo con ambas manos, para mayor efecto. Va: ¡Clap clap clap clap clap! Y hago llegar a Noroña, por su cinismo y prepotencia, la desdeñosa onomatopeya de una trompetilla, imitadora del inurbano ruido que produce un cuesco, flato, ventosidad o flatulencia. Hela aquí: ¡Ptrrrrrrrrrrrrrr!... Cierta señora se quejaba de la conducta sexual de su marido. “No sabe del foreplay -decía-, ese amoroso juego preliminar de caricias y palabras que el hombre debe llevar a cabo siempre a fin de disponer a su pareja, corporal y espiritualmente, para la unión íntima”. “En cambio a mí -declara la otra-, mi esposo siempre me dice unas palabras como preludio al sexo”. “¿Qué te dice?” -se interesa la señora. Responde la amiga: “Me dice: ‘¿Estás despierta?’”. (¡Y ñácatelas!)... FIN.
08 Abril 2011 04:10:58
Despenalización
Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, pasó un fin de semana con cierta amiguita que tenía. Para justificar su ausencia le dijo a su esposa que iba a ir a cazar patos. ¡Qué cazar ni qué cazar! Se encerró en un cuarto de hotel con la obsequiosa chica, y ahí gozaron ambos los cálidos deliquios de la pasión sensual. Ni de comer se acordaban los amantes. Una cosa sí recordó Pitongo al término de aquel tórrido encuentro: Debía justificar ante su esposa que había ido de cacería. Ya de camino a casa llegó a una tienda de las llamadas delicatessen, y preguntó al dueño si tenían patos. “No -respondió el hombre-. Pero tenemos gallinas, cuya carne es a mi juicio de mejor sabor, más tierna y delicada”. “Quizá lo sea -respondió Pitongo-. Pero no puedo llegar a mi casa y decirle a mi mujer que cacé cuatro gallinas”... Estoy comiendo en un restorán de Guanajuato. De repente siento en los hombros dos fuertes manos, y escucho una voz grave. “Me dijeron que aquí estaba el gran Catón”.

Vuelvo la vista, y me encuentro con Vicente Fox. Estoy, en efecto, en su rancho, vecino de la hermosa capital guanajuatense. Invito al ex Presidente a sentarse en nuestra mesa, y él nos habla de su Centro, que al término de la comida nos invita a visitar. Grata experiencia fue esa para mí, pues fui encendido crítico de Fox, y no me gusta dejar reconcomios. Más allá de toda consideración política hay en Fox una bonhomía y una generosidad que todos le reconocemos. Ahora me entero de que en un foro de San Diego el ex mandatario mexicano expresó opiniones que a mi modo de ver son atinadas. “Lo prohibido -dijo- parece generar tentaciones de consumo. Yo creo que las prohibiciones no funcionan. Aquel que en su sano juicio, haciendo ejercicio de su libertad, quiera consumir drogas y suicidarse, es su problema”. Pregunta luego: “¿Por qué le piden al gobierno de México que detenga el flujo de drogas? ¿Por qué no lo detiene aquí el presidente Obama?”. Fox habla de la despenalización del consumo de drogas, y señala que en Portugal, país que tomó ya esa medida, la demanda se redujo en 25 por ciento en 10 años. El mensaje de don Vicente es razonable, y debe ser objeto de consideración... Babalucas fue con un amigo a pescar truchas en el río Beaverhead, de Montana, estado de la Unión Americana por cuyas sendas boscosas, hermosísimas, quien esto escribe caminó en su juventud, mochila al hombro y corazón en alto. (Dicho sea entre paréntesis, el lema oficial de Montana está en español. Es “Oro y Plata”).

Una sola trucha pudieron pescar los campistas; de no haber sido por esa solitaria presa habrían regresado con las manos vacías a Helena, la capital del estado. El amigo hizo algunos cálculos sobre los gastos que originó el viaje, y luego, mohíno y enfadado, le dice a Babalucas: “¿Sabes cuánto nos está costando esa maldita trucha? 4 mil dólares a cada uno”. “¡Caramba carambitas! -exclama Babalucas con azoro-. ¡Qué bueno que no pescamos más!”. (Nota: El pasmarote había llevado a la excursión un libro con las obras de los hermanos Álvarez Quintero; por eso usó esa interjección)... El padre Arsilio fue al Colegio de las Madres de la Reverberación a hacer la entrega anual de diplomas escolares. Subió a recibir el suyo una alumna mal encarada, de aspecto hosco. Le dijo, sonriente, el padre Arsilio: “Con profunda satisfacción te entrego este diploma, buena niña”. Sin tomarlo replicó la muchachilla: “¡Tizne usté a su madre!”. El manso sacerdote pensó que no había oído bien, de modo que repitió: “Con profunda satisfacción te entrego este diploma, buena niña”. En voz más alta, para que se oyera bien, volvió a decir la pedorrienta huerca: “¡Tizne usté a su madre!”. Lleno de confusión el padre Arsilio dirigió una mirada de angustia a la madre superiora y le preguntó, aturrullado: “¿Qué hago, reverenda madre?”. Respondió la dulce monjita sin dudar: “No le dé el diploma. Que vaya ella a tiznar a su madre”... FIN.
01 Abril 2011 04:10:23
Obsesión
Lord Drago le contó a un amigo: “Sorprendí a mi esposa con un negligé de encaje transparente, medias negras de malla, y una brevísima tanguita roja”. Pregunta el amigo, interesado: “¿De veras se sorprendió?”. “Sí -confirma lord Drago-. Nunca me había visto luciendo esas prendas”. En el club nudista dos tipos observaban con golosa mirada a una nueva socia, lindísima muchacha dueña de muníficos atributos pectorales. “¡Qué bárbara! -exclamó uno de los sujetos-. ¿Cómo se verá con un suetercito ajustado?”. Avaricio Matatías, hombre ruin y cicatero, tuvo un extraño gesto amable, y le dijo un cumplido a su mujer: “Te ves igual que el día que te conocí, hace 30 años”. “No me sorprende que me veas igual -respondió con tono hosco la señora-. Traigo el mismo vestido”.

El maduro funcionario llamó a su esposa por teléfono. Le dijo: “A la noche voy a tener una elección”. Responde ansiosamente la señora: “¡Te esperaré en la recámara, ya lista!”. Aclara mohíno el funcionario: “Dije ‘elección’”. (No le entendí). Felipe Calderón gobierna al PAN, y en los ratitos que le quedan libres gobierna un poco a México. El Presidente parece estar poseído por una obsesión: Impedir a toda costa que el PRI vuelva al poder. Yo tengo para mí que Calderón preferiría ver sentado en la silla presidencial al mismísimo López Obrador, su acérrimo enemigo, antes que entregarle la banda presidencial a Peña Nieto.

Los tejemanejes que se hacen en Los Pinos para estorbar el regreso priísta dan lugar a curiosísimos sainetes, como ése de la reunión en que don Felipe solicitó a los suyos apoyar la coalición PAN-PRD en el Estado de México, según narró con paladina sinceridad una de las asistentes a la junta, sólo para que en seguida un personero de la Presidencia saliera a negar, en el más puro estilo de la administración foxista, que Calderón dijo lo que se dijo que dijo. No todo es comedia, sin embargo. En las entidades donde habrá elección de gobernador se están haciendo movimientos para colocar en la delegación local de algunas secretarías a elementos duchos en manipuleos electorales que puedan fortalecer al partido oficial -el PAN- frente a los candidatos opositores. Por encima de los partidos, sin embargo, está el interés de la nación. Y ese interés reclama que el ejercicio democrático se imponga sobre cualquier voluntad particular. En sus afanes por impedir que el PRI regrese, el Presidente Calderón actúa como los presidentes priistas del pasado, que eran al mismo tiempo presidentes de la República y de su partido. Ciertamente es muy grande la tentación de intervenir en el proceso electoral, pero don Felipe debe reconocer que su margen de maniobra es sumamente limitado. Le convendría más dedicarse a sus tareas de gobierno, en vez de comprometerse en una tarea cuyo buen éxito se antoja muy difícil. Deje que la sucesión presidencial sea eventualmente un fracaso de su partido, pero no haga que sea -como dice la canción- su último fracaso.

¡Qué bárbaro, columnista! Tus palabras finales tuvieron una contundencia bastante contundente. No digo que conmovieron desde sus cimientos el territorio nacional, con inclusión de la plataforma continental y el zócalo submarino. Eso sería quizás exagerar un poco. Pero sí puedo asegurar que tus frases fueron lapidarias. Eso significa que por su solemne concisión merecerían ser inscritas en una lápida, si no de bronce eterno, por lo menos de mármol duradero. Ea, relata un cuentecillo final que nos devuelva el sosiego necesario para no caer en eso que los franceses llaman “surmenage”, agotamiento de espíritu y de cuerpo. En la barra de una cantina el solitario individuo compartía sus penas con el cantinero. “Trabajo en un circo -le dijo-. Me levanto a las 4 de la mañana para darles de comer a los animales. Cuando paso junto a la jaula del gorila, el maldito animal me toma entre sus membrudos brazos y me hace víctima de sus instintos. A las tres de la tarde debo darles otra vez de comer. Y el desgraciado gorila me vuelve a hacer objeto de su bestialidad. A las once de la noche debo llevar de nuevo la comida. Y otra vez el infame gorila sacia en mí sus atávicos impulsos. El resto del día trabajo en otras cosas; sólo duermo cuatro horas cada noche”. “¡Caramba, amigo! -se compadece el tabernero-. ¡Debería usted dejar esa chamba tan pesada!”. “Imposible -replica con tristeza el individuo-. Amo profundamente el circo: Su música, sus luces, su magia, sus leyendas. De mis abuelos y mis padres heredé la gloriosa tradición circense. Además el gorila ya me tiene muy malacostumbrado”. FIN.
25 Marzo 2011 04:10:51
Doble juego
“Estoy dispuesta a cumplir cualquier fantasía que tengas”. Así le dijo en la recámara la esposa a su marido. “Es tu cumpleaños -añadió-, y quiero hacerte ese regalo especialísimo. Pídeme lo que quieras”. “¡Fantástico! -se alegró el tipo-. Siempre he soñado en que me hagas una cosa y, por lo que me dices, voy a satisfacer esta noche mi deseo. ¿De veras harás lo que te pida?”. “Te lo juro -prometió la señora-. Dime qué debo hacer”. “Primero -empezó el hombre-, así vestida como estás, ponte junto a la cama”. Ella, intrigada, obedeció.

Seguidamente el hombre, también vestido, se le subió en la espalda, como se dice, a caballito. “¿Y ahora?” -se sorprendió la mujer. “¡Ahora llévame a la cantina!” -le ordenó, triunfal, el individuo. La renuncia de Carlos Pascual, embajador de los Estados Unidos en México, puso a Felipe Calderón en el difícil trance de evitar que los norteamericanos le jueguen el dedo en la boca, si me es permitido usar esa frase coloquial. En efecto, los vecinos le dijeron a nuestro Presidente que sí, pero no le dijeron cuándo, y ahora resulta que el señor Pascual, que ya no debería estar aquí, todavía está aquí.

La diplomacia es la hipocresía en frac. Un buen diplomático es aquel que puede callar en varios idiomas, o mentir en todos. Ante la ambigua situación que ahora se presenta en relación con el ex embajador yanqui, el Presidente de México no puede permitir que se le burle con un doble juego. Según las cosas se ven ahora, podría suceder que a Calderón le llegue el tiempo de irse antes de que haya nuevo titular de la embajada. Está bien que la diplomacia tiene sus protocolos, sus modos particulares de decir nada mientras se dice mucho, o -como en este caso- de decir mucho mientras no se dice nada; pero el decoro de una nación exige que eso tenga límite. Al presidente Calderón toca ponerlo. Yo no me comprometo a intervenir, porque en estos días estoy muy ocupado. Como dijo el inmigrante italiano cuando presentó su examen para obtener la ciudadanía americana. Le preguntó el examinador: “Cuando ya sea usted ciudadano ¿puede ser Presidente de los Estados Unidos?”. Respondió sin vacilar el hombre: “No”. “¿Por qué no?” -se sorprendió el otro. Contesta el italiano: “Porque no tengo con quién dejar la peluquería”. El alcaide de la prisión le dijo al encargado de la biblioteca: “He observado que el reo 2485 se la pasa leyendo todo el tiempo”. “Sí -confirma el bibliotecario-. Siempre está leyendo literatura de evasión”. En la playa todos los hombres rodeaban a una curvilínea chica que lucía brevísimo bikini. Comentó doña Jodoncia con disgusto: “No sé qué le ven a esa mujer”. “Yo tampoco -respondió don Martiriano, su marido-.

Voy a acercarme más para averiguarlo”. El juez se dirige con severidad al acusado: “¿De modo que robó usted 50 millones de dólares de un banco?”. “Sí, su señoría -reconoce el individuo-. Pero compréndame y tenga compasión de mí. ¡Tenía hambre!”. Un estudio reciente ha demostrado que el 60 por ciento de los varones mexicanos sufren de obesidad. Quienes forman el restante 40 por ciento también tienen obesidad, pero no sufren. Les vale madre. Un señor fue a ver la versión fílmica de “La Guerra y la Paz” dirigida por Sergei Bondarchuk . Se sorprendió mucho al observar a un perro que, sentado en la butaca de al lado, junto a su dueño, siguió con atención profunda todas las escenas de la película a lo largo de los 434 minutos de duración del film . Al terminar la proyección y encenderse la luz de la sala, el perro aplaudió con entusiasmo. Asombrado, el señor apenas acertó a comentarle al propietario del caniche: “Parece que a su perro le gustó la película”. “Sí -confirma el hombre-. Me dice que la disfrutó más que el libro”. Babalucas se hizo novio de una chica que había otorgado sus favores a todos los hombres del pueblo, y a un buen número de sus visitantes. Cómo sería esa muchacha, que nunca pudo aprender a manejar, porque automáticamente se pasaba al asiento de atrás. Los papás del tonto roque se angustiaron. “¡No te puedes casar con esa mujer!” -le dijo su papá. “¿Por qué no?” -preguntó el enamorado badulaque. “¡Porque es liviana!” -manifestó la madre. Replica Babalucas: “¿Y tienen ustedes algo contra Libia?”. FIN.
24 Marzo 2011 04:10:50
Rapiñas
Ciudad con mucho genio, y en ingenios rica, es San Miguel de Allende. El señor licenciado, Leobino Zavala, recuerda a aquel cura que en el sermón de la misa dijo que el poder de Dios es tan grande que “a su lado el de todos los presidentes del mundo vale puro cerote”. (La Academia define esa palabra como “excremento sólido”, con perdón sea dicho). En la Santa Casa de Loreto el toque de ánimas se daba a las 7 y media de la noche, en perpetua oración por el alma de los miembros de la familia de la Canal. En las demás iglesias las campañas tañían a las 8. Los sanmiguelenses, entonces, llamaban al toque de Loreto “las ochito”, o “las 8 chiquitas”. Todos los conventos de monjas tenían abadesa, pero el de la Purísima Concepción tenía sólo abadesa vicaria, pues decían las religiosas que el puesto de propietaria correspondía siempre “a María Santísima, Nuestra Señora”. Cerca de San Miguel había una pequeña capilla -¿existirá todavía?- En tierras que fueron de los Sautto. Estaba dedicada al beato Sebastián de Aparicio, primer constructor de caminos que hubo en México, primer arriero, primer carretonero y primer charro del país. Una leyenda cuenta que en el sitio donde está ahora esa capilla hubo una fragua.

Llegó a ella fray Sebastián a lomos de un burrito, y le pidió al herrero que le pusiera herraduras a la bestezuela. Hizo el trabajo el herrador, y el franciscano le dijo: “Dios os lo pague, hermano”. “¡Qué Dios ni qué Dios! -se molestó el herrero, que era hombre rudo, a más de avaricioso-. ¡Pagadme vos!”. El fraile, humilde, le dijo entonces al pollino: “Ya ves, hermanito asno: Este buen hombre quiere su dinero. Ninguno traemos nosotros para darle. Devuélvele, pues, sus herraduras y sigamos nuestro camino confiados en la Providencia del Señor. Dios proveerá”. El burrito sacudió las patas y soltó las herraduras y los clavos. El herrero cayó de rodillas; le pidió perdón a fray Sebastián, y fue desde entonces caritativo y generoso. Él mismo construyó la capilla dedicada al beato. De dos personajes de San Miguel de Allende quiero hacer particular mención. El primero es un cierto don Jesús, rebocero de oficio y músico por afición; buen intérprete de tuba, trombón y contrabajo, instrumentos los tres de voz muy grave. En contraste, don Jesús enseñaba a silbar melodías tradicionales, o de moda, a los canoros pájaros -cenzontles y clarines- que las señoras tenían en sus casas. Padre de una hija, desde que la niña era pequeña don Jesús empezó a guardar los zapatos que después de usarlos ella iba desechando conforme crecía. Cada vez que a la muchacha, casadera ya, le salía un pretendiente, el rebocero lo llevaba a ver el enorme montón de zapatos que había acumulado, y le decía: “Sin quieres casarte con mi hija tendrás que pagarme toda esta zapatería”.

El otro personaje es don Miguel Correa Pérez, tesorero municipal que fue de San Miguel de Allende a finales del siglo diecinueve y principios del veinte. En las noches de luna, tan pronto ésta daba su claridad a las calles de la ciudad, salía don Miguel a su balcón y sonaba un silbato. A esa señal los encargados del alumbrado público apagaban las farolas, cuya luz la lunar hacía innecesaria. Así se ahorraba el Ayuntamiento buenas sumas. De aquel don Jesús y de este don Miguel deberían aprender la sana virtud del ahorro los actuales gobernantes y administradores de la hacienda pública, pues muchos de ellos con frecuencia olvidan que los dineros que manejan provienen del trabajo de la gente, y deben por lo tanto cuidarlos con esmero, y no dilapidarlos o hacer de ellos desvío para provecho propio o del bando político al que pertenecen. Otra costumbre tenía don Miguel Correa, el tesorero municipal sanmiguelense. Guardaba en la caja fuerte de la Tesorería los pagos que recibía de los contribuyentes, y ordenaba en filas los billetes y monedas. Junto a cada montón ponía la estampita de algún santo, a fin de que cuidara la recaudación. Lo mismo deberíamos hacer nosotros, pues sólo las potencias celestiales nos pueden proteger de las rapiñas que los malos políticos cometen, y que parecen ya ser parte de nuestra vida nacional. Fin.
18 Marzo 2011 04:10:42
Supina necedad
Don Frustracio, el esposo de doña Frigidia, le contó a un amigo: “Anoche le hice el amor a mi mujer, y creo que tuvo un orgasmo”. “¿Por qué supones eso?” -preguntó el amigo. Contesta don Frustracio: “Dejó caer la lima de las uñas”.
Por enésima vez Pepito levantó la mano para pedir permiso de ir al baño a hacer pipí. “Ahora no, Pepito -negó la profesora-. Estamos a media lección. Podrás ir cuando acabemos”. Terminada la clase le dice la maestra al chiquillo: “Ahora sí puedes ir a hacer pipí”. “Ya no necesito ir, señorita -responde Pepito-. Abrí mi libro de Geografía y acrecenté las aguas del Océano Pacífico”. Astatrasio Garrajarra, ebrio consuetudinario, fue llevado ante el juez por ebrio y escandaloso. El juzgador interpeló, severo, al temulento: “¿Recuerdas lo que te dije que te iba a hacer si otra vez te traían aquí?”. “¿Cómo, señor juez? -exclama Garrajarra-. ¿Qué a usted ya se le olvidó?”. Max the Ax, hirsuto leñador, bajó al pueblo después de varios meses de estar remontado en su cabaña del bosque. Fue a la cantina en busca de un whisky. Después de servirle la copa le preguntó el cantinero: “¿Cómo están tu mujer y tus hijos?”. “Están bien -respondió el leñador-. Comiendo, como todos los días”.

Inquiere el tabernero: “¿Y aquel caballo tan bueno que tenías?”. “Ya no lo tengo -dice con acento sombrío Max the Ax-. Se quebró una pata, y tuve que rematarlo”. “Lo siento mucho -se conduele el de la cantina-. Y tu suegra ¿cómo está?”. “Murió” -replica el leñador con laconismo. “¡Qué barbaridad! -exclama el de la cantina-. No era mujer de mucha edad. ¿Qué le sucedió?”. Explica Max the Ax: “Estaba cosiendo, y se pinchó un dedo con la aguja. Tuve que rematarla también”. Sonó el teléfono, y el ginecólogo tomó la llamada. Era una de sus pacientes, joven señora que le preguntó: “Doctor: ¿Por casualidad dejé mi pantaleta en su consultorio esta mañana?”. Después de buscar le informa el facultativo: “No, señora. Aquí no la dejó”. “No se preocupe -dice ella-. Entonces debo haberla dejado en el consultorio del dentista”. Aviso: El próximo domingo saldrá aquí un chascarrillo más propio de goliardos que de gente con sindéresis. Titúlase el tal cuento “La pe muda”, y es un relato que de consuno reprobarán las personas defensoras de la decencia (la poca que aún queda en el mundo) y de la urbanidad. Lo leyó doña Tebaida Tridua, defensora de la pública moral, y fue víctima de un súbito arrechucho conocido por la ciencia médica como fenómeno de Charcot-Marie, consistente en un rapidísimo temblor muscular que se localiza principalmente en los glúteos. Las personas que no quieran sufrir tan raro síndrome deberán abstenerse de leer el supradicho cuento.

Después del trágico desastre que asoló a Japón, los japoneses no han dudado en pedir apoyo a otros países, en especial a Estados Unidos, para hacer frente a los efectos del sismo que tantas muertes y destrucción causó. En circunstancias parecidas los gobernantes mexicanos no sólo no han pedido ayuda a otras naciones, sino además han rechazado la que les era ofrecida. No podemos librarnos todavía de un necio sentimiento nacionalista por el cual nos creemos autosuficientes, aunque no lo seamos, y nos negamos a aceptar que el mundo no tiene ya fronteras. Conceptos como el de soberanía, orgullo patrio y otras reliquias de pasados tiempos nos hacen cerrarnos y dar la espalda a la cooperación internacional. Hoy por hoy tenemos gravísimos problemas que convierten en riesgo cotidiano la vida en muchas ciudades mexicanas. Ante tal situación ese obtuso nacionalismo no es patriótica virtud, sino supina necedad. (¡Bófonos! Con esta última frase el nacionalismo debe haber quedado muy bocabajeado. No quisiera estar en sus zapatos, si es que el nacionalismo usa zapatos. A lo mejor anda patrióticamente descalzo, o de guaraches). Don Fecundino le dijo con angustia al médico de la familia: “Doctor, soy padre ya de nueve hijos. ¿Qué debo hacer para matar a la cigüeña?”. Responde el galeno: “Dispare en el aire”. (No le entendí). FIN.
11 Marzo 2011 05:10:25
Ideologías sepultadas
Lord Killforth E. Sakeofit, cazador blanco, narraba sus aventuras en la selva de África. “Mi instinto venatorio -relató- me hizo presentir que Simba, el león, no andaba lejos. Con el cañón de mi Magnum aparté cuidadosamente unos arbustos. En efecto, a menos de 30 centímetros de mi rostro vi al rey de la selva. Me hizo: “¡Ptrrrrr!”. “Milord -acotó con respeto uno de los oyentes-. El león hace: ‘¡Grrrrr!’, no: ‘¡Ptrrrrr!”. Contesta muy mohíno Sakeofit: “Éste se hallaba de espaldas”. En Coahuila, mi estado natal, se anunció la formación de una alianza PAN-PRD por la cual esos partidos irán juntos en la próxima elección local. En la ceremonia que sirvió para hacer oficial la coalición, la principal dirigente del partido amarillo, perredista de hueso colorado, vistió de azul, y el mayor líder del partido azul, panista de hueso colorado, lució una corbata amarilla.

Muertas y sepultadas las ideologías, condenados a perpetuo ostracismo los principios, hay ahora un ordenado caos en el cual los partidos se confunden, y confunden a los electores. Todo se reduce a la búsqueda del poder por el poder mismo. A nadie asombre eso; nadie diga: “¡Ah!, ¡oh! y mucho menos “¡uta!”. Desde siempre la política ha sido llanamente una lucha por el poder. Se trata de ganarlo y retenerlo a toda costa, por encima de cualquier escrúpulo moral. Lo dijo aquel maquiavélico señor llamado Maquiavelo. En vano son, por tanto, mis inanes jeremiadas, y también las de López Obrador, con quien coincido en eso de condenar tales alianzas. Ya veremos cómo los tres partidos principales, y el resto de los partidejos, seguirán revolviéndose, mezclándose, uniéndose, amalgamándose, mixturándose y fundiéndose ante una estupefacta ciudadanía que ya no entiende nada de nada y que duda acerca de todo. Hago por eso una proposición, audaz quizá, pero llena de sentido. Propongo el establecimiento de una monarquía que bien pudiera llamarse “partidacional”.

Los tres partidos mayores se turnarían en el poder, igual que se alternaban en los pasados tiempos las dinastías reales: En Inglaterra las casas de Lancaster, Tudor y York; en España las de Borbón o Austria. Aquí serían seis años para el partido azul, seis para el rojo, y seis para el amarillo. Esa sabia medida nos ahorraría muchas molestias, y sobre todo muchos gastos, pues ya se ve que la democracia nos está resultando muy ruidosa, muy latosa y muy costosa. Las ingentes sumas que ahora se entregan a los partidos por concepto de prerrogativas -nunca tan bien empleada esa palabra-, dineros que se consumen en machaconas propagandas y en el sostenimiento de una profusa burocracia electoral y partidista, podrían emplearse en tareas de educación, de fomento a la agricultura, la industria y el comercio, o para la dotación de becas a columnistas que hagan proposiciones audaces quizá, pero llenas de sentido. Afrodisio Pitongo, galán diestro en toda suerte de voluptuosidades, casó con Rosilí, muchacha ingenua. La noche de las bodas ella le confesó, nerviosa, que no sabía nada acerca de “eso”. “No te preocupes, linda -la sosegó Afrodisio-.

Mira: A tu cosita la llamaremos ‘La prisión’, y mi cosita será ‘El prisionero’. Pondré yo mi prisionero en tu prisión, y ya verás que todo irá muy bien”. Así lo hizo Afrodisio, y todo marchó -hay que reconocerlo- más que bien. Acabado el primer trance le dijo Rosilí a su maridito: “Tu prisionero se salió de la prisión, mi amor, y quiero tenerlo de regreso en ella”. “Espera un poco -respondió Afrodisio- y haré que vuelva a su lugar”. En efecto, se cumplió un segundo trance, acabado el cual Rosilí volvió a decirle a Afrodisio: “Otra vez el prisionero está fuera de la prisión, mi vida. Con ansiedad deseo que regrese ya”. “Aguarda unos minutos, cielo mío -contestó él-, y ya verás que vuelve”. Un tercer trance de amor se realizó, a cuyo término la extasiada Rosilí reiteró por vez cuarta su demanda: “El prisionero volvió a salirse de la prisión, amado mío. Lo quiero otra vez en ella”. “¡Pero, mi vida! -clamó Afrodisio , exhausto y agotado-. ¡Si no es prisión perpetua!”. FIN.
04 Marzo 2011 05:09:59
Reto grande
Don Algón recibió a su nueva secretaria. Le dice con melifluo acento: “-En esta empresa, señorita Pompilina, todos somos como una familia. No le extrañe, por lo tanto, que de vez en cuando le pida que haga el papel de mi esposa”... Babalucas se propuso ser pianista. Luego de estudios prolongados coronó la carrera de virtuoso. No quiso, sin embargo, entrar en el mundo de la música con su nombre de pila: Le pareció poco musical. Así, adoptó otro, y pasó a llamarse Bae de Luca, nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo. No contento con mudar de nombre cambió también de viso, que ahora se llama look: Tiñose el pelo; se dejó crecer la barba, y hasta se puso unos lentes de contacto para tornar sus ojos en azules. Fue otro hombre. Así, cambiado por completo, se presentó a tocar su primer concierto en Bellas Artes. Sin embargo apenas se sentó al piano le gritó un sujeto desde la galería: “¡Ése mi Babalucas!”. Mohíno, cuando terminó su recital le pidió a un guardia que localizara al incivil gritón y lo llevara a su camerino. Ya que lo tuvo enfrente así le dijo: “Soy muy otro del que ayer fui: Bajé de peso; me pinté el pelo; uso ahora bigote y barba; mis ojos son de otro color. ¿Cómo hiciste para reconocerme, y además desde la galería?”.

“Fue muy fácil -respondió el individuo-. Todos los pianistas que he visto acercan el banquillo al piano. Tú te sentaste en el banquillo, y luego, con enorme esfuerzo que te hizo sudar y fatigarte, acercaste a ti el piano”. (¡Y era un Steinway de cola entera! ¡Hasta Neza se oyeron los pujidos!)... Se divorció una pareja. Al día siguiente de consumada la separación sonó el teléfono de la casa, con la cual -claro- se había quedado la mujer. Una voz masculina preguntó por el hombre. “Ya no estoy casada con él” -respondió secamente la señora. Poco después sonó otra vez el teléfono. “¿Se encuentra el señor?”. “Ya no estoy casada con él” -repitió ella, molesta. Y así, lo mismo: Cada 15 minutos sonaba el teléfono; alguien preguntaba por el sujeto, y la mujer volvía a decir: “Ya no estoy casada con él”. Después de 20 ó 30 llamadas semejantes la señora cayó en la cuenta de que era su ex marido quien estaba hablando. “¿Por qué haces eso? -le preguntó furiosa-. ¡Ya no estamos casados!”. Explicó el tipo: “Es que todavía no lo puedo creer, y necesito oírlo una y otra vez para convencerme”... No puedo vaticinar cómo será el PRI bajo la dirigencia de Humberto Moreira Valdés, paisano mío saltillense. Lo que sí puedo asegurar es que el nuevo líder priísta se entregará por completo al desempeño de la nueva tarea que le ha sido encomendada, tal como lo hizo cuando fue alcalde de Saltillo, y después gobernador de Coahuila. En ambos caso llevó a cabo una extraordinaria labor que no tiene precedente, y se hizo querer por todos los sectores de la población, cuyos requerimientos atendió, especialmente aquéllos de los más necesitados.

Le espera ahora en el PRI un reto grande. Tiene ante sí procesos electorales muy difíciles, como el del Estado de México, y le tocará coordinar los esfuerzos para lograr que su partido vuelva a ganar la Presidencia. Posee Moreira muchas cualidades que de seguro lo ayudarán a cumplir su tarea en el partido tricolor. A su capacidad de trabajo añade talento político, lo mismo que habilidad para conciliar y para solucionar problemas. Es, sin embargo, enérgico, y no rehúye los combates. Seguramente impondrá su estilo. Deberá lograr que todas las corrientes de su partido se unan, condición indispensable si los priístas quieren ser de nuevo la primera fuerza política de la nación, y ocupar otra vez Los Pinos. Yo no soy priísta, pero soy de Saltillo, y coahuilense. En tal calidad, y porque lo conozco bien, confío en que la tarea de Humberto Moreira redundará en bien de México.Una parejita de recién casados se registró en el hotel donde iban a pasar su luna de miel. Cuando el botones los conducía a su habitación le dice él a ella: “PC”. “No -replica la muchacha-. PD”. Insiste él: “PC”. “No -vuelve a responder ella-. PD”. “Te digo que PC” -repite el muchacho. “No -opone de nuevo la chica-. PD”. Cuando el muchacho iba a darle la propina al botones le pregunta éste en voz baja: “Perdone la curiosidad, joven. ¿Qué significa eso que dice usted: PC, y lo que ella le contesta: PD?”. Replica el muchacho: “Ella primero quiere desempacar”. (No le entendí)... FIN.
18 Febrero 2011 05:10:55
Pequeñeces
Tengo -lo digo con orgullo- 72 años de edad. No sé si bien vividos; sí sé que bien gozados. De ellos he dedicado 62 al jubiloso oficio de menear la pluma.
Quizá son más, pero sólo ésos puedo comprobar, y en estas cosas de currículo son los papeles los que hablan. Conservo un cuadernillo en el cual escribí un asomo de cuento. Está fechado el 8 de julio de 1948, y es documento fehaciente que confirma mi arcaica antigüedad. Viejo escritor soy, pues, a más de escritor viejo. Escribo todos los días, con empeño y asiduidad dignos de mejor causa. Y sin embargo a veces meto patas -si me es permitida esa expresión pedestre- que me hacen sentir a la altura del betún. Tantos y tan dificultosos meandros tiene nuestro idioma; tan complejos y abstrusos son los temas que debe tratar quien escribe en los periódicos; tan poco espacio dejan las exigencias y prisas del diarismo para el estudio ponderado de la realidad y el cuidado y atildamiento de la prosa, que esos yerros no deben extrañar. (Asoma en la columna un individuo y dice: “También déjale algo a tu pendejez ¿no?).

Hay amables lectores que se encargan de señalarme esos dislates, y yo se los agradezco mucho, porque amenguan mi enciclopédica ignorancia. Pero aun así los errores no me preocupan mucho, pues nunca me he ostentado como infalible sabio. Por otra parte, como decía mi maestro don Cipriano Briones, en periodismo los aciertos y las equivocaciones duran 24 horas. ¿Que cometiste un error al entrevistar en su lengua -no en la tuya- a un actor británico? ¿Que ese error fue causado por una súbita falla técnica que no te dio ni un segundo para ordenar tus palabras y tu pensamiento? No te inquietes. Los únicos que no se equivocan nunca, son los que nunca hacen nada. Además ya se ha dicho que todo buen mexicano debe hablar el inglés patrióticamente mal.

Claro, la vox pópuli es a veces señora cruel e injusta. Aciertas mil veces y no te dice nada; una vez te equivocas y cae sobre ti como sañuda erinia. Pero tampoco hay que hacerle mucho caso. ¿Que alguna gente festejó con risas el error que cometiste? Ríe tú también junto con ella (ya lo hiciste). No viene al caso cargar un momentáneo yerro como lápida. La santa virtud de la tolerancia debe empezar por uno mismo. Si yo fuera Joaquín (para serlo me faltan su inteligencia, su don de gentes y su generosidad) le daría la vuelta a esa página que, por lo demás, ya está camino del olvido, y diría esa feliz y esperanzada frase que clausura las pequeñeces de hoy y abre la puerta a todo lo bueno que viene: “¡Mañana será otro día!”. El famoso beisbolista llegó a su casa y encontró a su mujer en trance de coición con otro hombre.

Le dice la mujer: “¡Buenas noticias, Rutho! ¡También yo me declaré ya agente libre!”. La esposa de Babalucas iba a dar a luz. El obstetra le sugirió a él que acompañara en el alumbramiento a su mujer, y le preguntó: “¿Ha estado usted presente en algún parto?”. “Sólo en uno” -respondió el badulaque. Inquiere el facultativo: “ Y ¿qué le pareció la experiencia?”. “No recuerdo bien -contesta Babalucas, pensativo-, pero creo que primero todo estaba muy oscuro, y después muy claro”. Nuestro Señor entró en un restaurante, vio la carta y pidió luego un vaso de agua. Se lo trajo el mesero, y el Señor convirtió el agua en vino. “Perdóname, hijo -se disculpó-. Con esos precios tiene uno que defenderse”. Doña Jodoncia y don Martiriano paseaban por el parque. Ella dijo señalando a unos esposos: “He ahí una pareja feliz”. “No te fíes -replica don Martiriano-. Probablemente ellos están diciendo lo mismo de nosotros”. El papá de Pepito leía el periódico. Le propone a su esposa: “Vamos a mandar a Pepito a la India. Aquí dice que bastan 10 dólares al mes para alimentar a un niño”. Avidia descubrió después de casada que su marido no tenía en qué caerse muerto. “¡Tú me dijiste que eras rico!” -se quejó amargamente. “Rico no -aclara él-. Te dije que era sabroso”. FIN.
11 Febrero 2011 05:10:13
Virtudes teologales
Se casó Adiposio Sebiliánez, sujeto exageradamente gordo. La noche de bodas, en la dulce fatiga del amor consumado, pregunta a su flamante mujercita: “-¿Te gustó, Rosilí?”. Responde ella: “-Sí. Me quitaste un gran peso de encima”. Una empresa afrontaba dificultades económicas. Muchos trabajadores y empleados fueron despedidos. Después, uno tras otro, algunos funcionarios de la dirección recibieron sus liquidaciones. Aquella mañana uno de los jóvenes directores fue llamado a la oficina del consejo directivo. Regresó tembloroso y con los ojos llenos de lágrimas. “-¿Qué sucedió? -le pregunta su secretaria con angustia-.

¿Te despidieron también?”. “-Peor todavía -gime el desdichado-. ¡Me hicieron socio de la compañía!”... Llegó doña Tebaida a confesarse, y vio dentro del confesonario a un desconocido. “-¿Quién es usted?” -le pregunta recelosa-. “-Soy el carpintero” -responde el individuo. Inquiere doña Tebaida: “-Y el padre Arsilio ¿dónde está?”. “-No sé -responde el individuo-. Pero si oyó lo que yo he estado oyendo en el rato que llevo aquí, seguramente fue a dar parte a la Policía”... La señorita Peripalda, catequista, les pregunta a los niños de la doctrina: “-¿A dónde van las niñas y los niños buenos?”. Contesta Rosilita: “-Al Cielo”. “-Y las niñas y los niños malos ¿a dónde van?”. Levanta la mano Pepito: “-¡A la parte de atrás de la iglesia!”. Nos reíamos de la señorita Menchita (Clemencia), y a sus espaldas le hacíamos burletas. Ella era la encargada de dar el catecismo a los niños del barrio. Los sábados por la mañana llegaba al templo de San Juan Nepomuceno y se afanaba por meter en el caletre de los hirsutos catecúmenos las enseñanzas del buen Padre Ripalda.

Nos hablaba la señorita Menchita de los mandamientos de Dios y de la -Iglesia; de las virtudes teologales; de las obras de misericordia, tanto de las que atañen al cuerpo como de aquellas que tocan al espíritu. Nos exhortaba a ser buenos: Con eso daríamos satisfacción a nuestros padres aquí en la tierra y a nuestro Padre allá en el Cielo. ¿Qué se hizo ese tiempo? La señorita Menchita y el buen Padre Ripalda ¿qué se hicieron? ¿Quién les habla ahora a los niños -y a los grandes- de las virtudes teologales, de los mandamientos, de las obras de misericordia? Ahora los temas son políticos, sociales y económicos. Los púlpitos se volvieron tribuna; la homilía se convirtió en discurso... Y yo no digo nada: Signos quizá sean estos de los tiempos. Pero, la verdad, extraño a la señorita Menchita (Clemencia)... Se presentaron los novios ante el padre Arsilio, para las amonestaciones. Ella se apellidaba Merúlez; él también. “-¿Alguna relación?” -pregunta el párroco. “-Bastantes -responde ella-, pero ya vamos a regularizar la situación”. Al empezar la noche de bodas el flamante novio se quitó la bata y quedó in puris naturalis -es decir en peletier- frente a su mujercita.

“-Prepárate -le dice con engallado tono-. Me siento lleno de potencia, como si todo mi cuerpo estuviera lleno de energía eléctrica”. La muchacha lo ve de arriba a abajo a en medio y responde con preocupación: “-Si en verdad traes tanta energía ese fusiblillo va a resultar demasiado pequeño”... FIN.
04 Febrero 2011 05:10:15
Buen panorama
Un viejecito llegó a una casa de mala nota, y pidió pasar un rato con una de las chicas. Ninguna se animaba a ir con él, pues consideraban la muy avanzada edad del provecto señor, pero al fin una de las muchachas se animó. Tremenda fue su sorpresa cuando el viejito le demostró su potencia varonil no una vez, ni dos, ni tres, sino cuatro veces seguidas. “¡Caramba! -exclama la chica con admiración-. ¡Esto tendré que contárselo a mis compañeras!’’. “Calma, preciosa -la detiene el viejecito-. ¿Por qué no esperas el marcador final?’’... Pasó a mejor vida una señora y su esposo ordenó una corona funeraria.

Pidió al encargado de la florería: “Póngale a la ofrenda un listón que diga por los dos lados: ‘Amada mía, descansa en paz’. Y si queda espacio póngale también: ‘Nos veremos en el Cielo’’’. El florista apuntó los textos y los entregó a su ayudante. Cuando llegó la corona, decía el listón: “Amada mía: Descansa en paz por los dos lados. Nos veremos en el Cielo, si queda espacio’’... Le dice una muchacha a otra: “Te ves muy triste, Pirulina’’. “Sí -responde ella-. Pienso en mi futuro, tan incierto’’. “¿Y qué es lo que hace incierto tu futuro?’’ -se extraña la amiga. Contesta Pirulina: “Mi pasado’’... Iba por el campo el turista en su automóvil, cuando se le atravesó un gallo y lo atropelló. Salió una viejita de su jacal, y al ver muerto al pajarraco prorrumpió en agudos gritos plañideros. “No se mortifique, señora -trató de consolarla el turista-. Yo reemplazaré su gallo’’. “¡Qué lo va a reemplazar! -responde la anciana entre sus lágrimas-. ¡A poco van a quererlo las gallinas!’’... Tendremos que preguntarnos si el buen panorama que -afirman los voceros oficiales- se observa en México en el renglón de la macroeconomía, se ve reflejado en un mayor bienestar para los mexicanos, especialmente para aquellos que viven en estado de pobreza.

Las cifras económicas son una cosa, y lo que se ve en la vida diaria es otra. Lo mismo puede decirse en lo concerniente a la creación de empleos. Por más que la propaganda del Gobierno hable de cientos de miles de empleos nuevos, lo cierto es que los jóvenes recién egresados de las universidades afrontan problemas grandes para hallar trabajo, y muchos de ellos deben resignarse a desempeñar actividades de bajo ingreso que nada tienen que ver con sus estudios. Lo que gasta la administración en esa machacona propaganda en la que nadie cree ya debería emplearlo en programas de beneficio a la comunidad. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado. Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, le dice a una amiga: “Ya supe quién es la mujer con la que me está engañando Galantino.

Es su esposa”. En la barra de la cantina del hotel un sujeto quedó sentado junto a una chica de abundoso tetamento. “Soy mago -le dijo-. Te apuesto un dólar a que puedo poner mis manos en tus bubis sin tocarte la ropa”. Ella, intrigada, aceptó la apuesta. Entonces el sujeto puso sus manos en los muníficos encantos pectorales de la chica, y los sobó y palpó sabrosamente a toda su satisfacción.
Dice ella: “Pero me tocaste la ropa”. “Tienes razón -concede él-. Aquí tienes tu dólar”. Capronio, sujeto rudo e incivil, comentó en la oficina: “Mi esposa se quejó anoche de mí. Afirma que nunca escucho con atención lo que me dice, o algo así”. Una mundana chica que tenía gran experiencia de la vida contrajo matrimonio con un músico. Al terminar la primera experiencia matrimonial ella se mostró decepcionada. Con cáustica voz le dice a su flamante esposo: “No sabía, Semifusio, que tus interpretaciones son en un órgano tan pequeño’’.

“No es que el órgano sea pequeño, Balaciata -replicó el galán-. Lo que sucede es que tu sala de conciertos es demasiado grande”. Don Sinoplio, caballero de la más alta sociedad, recibió la visita de una joven reportera que lo quería entrevistar. “Entiendo -comenzó la muchacha- que pertenece usted a una familia muy ilustre’’. “En efecto -responde el vejancón-. Por parte de padre desciendo de Haromoso Diallá y de Pepino de Vilón. Por parte de madre provengo de los Flatosfortes, y cuento entre mis antepasados al marqués Opanela y al cardenal Guillas Cecas’’. “¡Caramba! -exclama la chica-. ¡Que pedigrí se carga usted!’’. “¡Señorita! -protesta muy ofendido don Sinoplio-. ¡Le aseguro que estoy completamente sobrio!”... FIN.
28 Enero 2011 05:10:27
Cultura humanística
“Todas las noches, sin fallar ninguna, le hago el amor tres veces seguidas a mi esposa. ¿Eso es bueno o malo?”. Tal consulta le planteó a don Arsilio, en el confesonario, un hombre ya de edad. El buen sacerdote, conocedor profundo de la naturaleza humana, le respondió: “No es ni bueno ni malo. Es mentira”. Aquel señor amonestó a su hijo adolescente: “Si incurres en placeres solitarios la vista se te va a debilitar”. Le indica el muchacho agitando los brazos: “Acá estoy, papá”. El maduro señor llegó al hotel con una mujer joven. “Mi esposa y yo queremos una habitación” -pidió a la recepcionista. “Tenemos cuartos disponibles -le informa ella-, pero sólo con camas gemelas”. El señor se vuelve hacia su acompañante y le pregunta: “¿Así está bien, querida?”. Responde ella: “Sí, señor”. ¿Qué haría yo si el Presidente me nombrara secretario de Educación Pública? Mi primera acción sería buscar de inmediato a alguien mejor que yo para que me sustituyera. Luego le aconsejaría restablecer el estudio de las humanidades en todos los grados escolares, desde la primaria hasta el doctorado.

Hay materias como las matemáticas, que por ser ciencias exactas admiten sólo una respuesta verdadera para cada pregunta. Los malos profesores hacen difícil el estudio de esa asignatura, lo mismo que de otras como la física y la química, y por soberbia o incapacidad las presentan como estudios esotéricos reservados sólo a unas cuantas inteligencias privilegiadas. Atormentan a sus alumnos, y los reprueban por el placer de sentirse superiores, en vez de acompañarlos en el aprendizaje -que puede ser interesante, y aún ameno- de algo que es en verdad bello por su armonía y precisión. Imprescindibles, claro, son esos conocimientos, los científicos, pues de la ciencia derivan las únicas indubitables certidumbres, y las herramientas para el progreso material del hombre. Pero la ciencia es a su vez otra herramienta, y las herramientas son por naturaleza inertes, sin relación alguna con conceptos como el del bien y el mal.

Un piolet -bastón de alpinista con hierro puntiagudo en un extremo-ayudó a sir Edmund Hillary a conquistar el Everest “porque estaba ahí”; y de un piolet se valió Mornard para asesinar a Trotsky. Así las ciencias: Son también neutrales; pueden servir por igual a un propósito bueno o malo. En cambio los estudios llamados humanísticos -la filosofía, la historia, la literatura y las artes, entre otros- tienden a orientar nuestras acciones hacia un fin valioso, y ayudan en la solución de problemas relativos a la vida humana, que sí son muy difíciles, porque pueden tener muchas y muy variadas respuestas. La falta de cultura humanística lleva al hombre a un burdo pragmatismo utilitario que suprime toda valoración ética o moral. No digo que para ser bueno es necesario ser culto. Lejos de mí tan temeraria idea. Pero sí pienso que de la ignorancia derivan muchos males. El desconocimiento de las humanidades conduce muchas veces a la inhumanidad. La ausencia de asignaturas humanísticas en los programas escolares explica muchos males del mundo -y del país- de los cuales no me hago responsable. Yo ya di la receta. Con eso cumplo este día mi deber de orientar a la República. Si no atiende mi consejo, en su salud lo hallará.

Un mílite de alta graduación cortejó a una joven y guapa mujer que formaba parte también de la milicia. Le dio a entender que si cedía a sus instancias de libídine la ascendería de grado. Ella, que anhelaba con ardimiento subir en el escalafón, aceptó la salaz propuesta, y juntos fueron al departamento del cortejador. Ahí entró él en batalla sin siquiera explorar antes el campo, cosa muy desaconsejada tanto por la estrategia como por la táctica. En pleno trance lúbrico ella le preguntó a su superior, que se afanaba con denuedo de cadete en el rítmico in and out: “¿Y a qué grado me va usted a ascender, mi general?”. “A cabo primero” -respondió él entre jadeos acezantes. “¿Cabo primero? -se sorprende ella-. ¡Pero si ya soy capitán!”. “No, linda -aclara el superior sin alterar el compás de sus eróticos meneos-. Te estoy diciendo que primero acabo y luego te digo a qué grado te voy a ascender”. FIN.
14 Enero 2011 05:10:51
Políticos mesurados
Carenio, joven educado, invitó a salir a Nalguria, muchacha de opulentas formas, pero de cultura exigua. Al final de la cita dice él: -“Estaré lejos los próximos seis meses, Nalguria, pues voy a estudiar fuera. ¿Aceptarías tener conmigo una relación epistolar?”. -“Claro que sí” -acepta ella-. ¿Vamos a algún lado o nos pasamos al asiento de atrás?”... Contaba una señora: -“En cierta ocasión mi marido empezó a hacerme el amor cuando el reloj marcaba la media noche exacta, y terminó cuando las manecillas señalaban la una y un minuto de la mañana. Pero fue aquella vez en que se adelantó el reloj una hora para ahorrar luz”...

Babalucas conoció a una linda muchacha. De buenas a primeras le dice con torpe atrevimiento: -“Rosilí: Te doy 500 pesos si aceptas ir conmigo a mi departamento”. -“Te equivocas, -responde ella con toda calma y dignidad-. No soy de las que hacen eso”. -“¡Ah! -se alegra Babalucas-. ¿Entonces no me vas a cobrar?”... El marido llama por teléfono a su esposa. -“Tengo mucho trabajo en la oficina -le dice-. No llegaré a la casa antes de la medianoche”. Le pregunta la señora: -“¿Puedo estar segura de eso?”... He aquí un apólogo oriental: “El califa de Bagdad salía todas las noches de su palacio disfrazado de mendigo a fin de conocer lo que pensaba de él la gente. Un día le preguntó a un mendigo: -‘¿Qué piensas del califa?’. Respondió el mendigo: -‘La noche es noche.

El destino vaga. Duerme el caballo. La flor es blanca’. Desde ese día el califa gobernó conforme a las palabras del mendigo y llegó a ser el mejor califa de Bagdad”. ¿Qué significa ese apólogo? ¡Nada! El apólogo que acabo de narrar tiene el gran mérito de ser el único apólogo oriental que no significa absolutamente nada. Todos los apólogos orientales contienen alguna enseñanza. Por ejemplo, el famoso apólogo oriental llamado “Lo que un perro le enseñó a Ben-Ezra” enseña a no andar descalzo por la calle porque puedes pisar una caca de perro. Sin embargo, el apólogo que narré no contiene ninguna enseñanza. Lo único que contiene son palabras: La noche es noche, el destino vaga, duerme el caballo, etcétera. No todos los apólogos orientales tienen la obligación de enseñar algo. Si tal deber tuvieran, habría que pagarles. Y hasta ahora no he visto ninguna nómina en que venga un apólogo oriental con sueldo. Comparables al apólogo que narré son las palabras de muchos políticos nuestros. Y es que ellos usan las palabras no para decir algo, sino para callar todo.

Ya es tiempo, digo yo, de que los políticos hablen menos y la gente común hable más. Cuando la gente común hable, sus palabras significarán mucho. (¡Bófonos!)... Nalgarina Grandchichier, mujer de anatomía exuberante, le hizo una confidencia a su vecina. -“Estoy teniendo una relación con un hombre casado -le contó-. Es muy feo, es el hombre más tonto del mundo, no tiene en qué caerse muerto y es malísimo en la cama, pero no sé por qué le he tomado cariño y no lo puedo dejar”. Esa noche la vecina le pregunta a su marido: -“¿Estás teniendo una relación con Nalgarina?”... El juez reprendía severamente al malhechor. -“Veo en su expediente -le dice- que le robó usted todo el dinero que traía a esa pobre mujer y no contento con eso la violó”. -“Sí, señor juez -reconoce humildemente el tipo-. El dinero solo no da la felicidad”. La mamá de Pepito notó que su hijo usaba a cada rato la palabra “indejo”. -“Hijito -le propone-.

Te daré cincuenta pesos si ya no dices esa palabra tan fea”. -“¡Juega! -acepta Pepito muy contento-. ¡Y sé otra que vale por lo menos 200!”... Los escoceses tienen fama de ser muy ahorrativos. Uno le compró anteojos a su mujer, que desde hacía mucho tiempo los necesitaba. Le dice al entregárselos: -“Y te los quitas cuando no estés viendo nada ¿eh?”... Para terminar he aquí un chiste que no entendí... Grandpitol, robusto campesino francés, asistió en París a un teatro de burlesque. Al terminar la función dice al encargado: -“No encuentro mi sombrero”. -“Monsieur -le responde éste-. Lo trae colgado abajo”... FIN.
07 Enero 2011 05:10:47
Cartas abiertas
Susiflor, muchacha pizpireta, contrajo matrimonio con un caballero de edad ya muy madura. En la noche de bodas le dice con disgusto: “Blandino: Me casé contigo para toda la vida. Pero a ti no se te ve ninguna’’... El señor va con el siquiatra y le pide muy preocupado: “Doctor: Quiero que me haga favor de examinar a mi esposa. Creo que se está volviendo loca’’. “¡Por qué piensa usted eso?’’ -pregunta el analista. Responde el señor: “Porque ayer me dijo: ‘Viejo, con los vestidos que me compré el año pasado tengo suficientes.

Este año no me voy a comprar ninguno’’’. El jefe de personal de una empresa puso un anuncio en el periódico solicitando un doctor en ciencias electrónicas para operar el complejo sistema de computadoras de la empresa. Requisitos: Dominar toda clase de técnicas de la computación, y además hablar un segundo idioma. Para asombro del jefe de personal, un perro se presentó a solicitar el empleo. El funcionario le aplicó todas las pruebas habidas y por haber, y el perro las aprobó todas. Lo llevó ante los más sofisticados sistemas computacionales, los de tecnología de punta, y el can los manejó con absoluta solvencia. Luego le planteó dificilísimos problemas a base de complicados algoritmos, y el animal los resolvió sin vacilar. Desconcertado, el tipo le pregunta: “¿Y lo del segundo idioma?’’. Responde el perro: “Miau’’... Una señora acudió a la consulta de un consejero matrimonial y le dijo: “Mi esposo tiene una práctica sexual que no me gusta nada: Cuando hacemos el amor insiste en besarme antes las orejas’’.

(¡Caramba, los circunloquios a que debe uno recurrir para escapar a la censura!). Le recomienda el terapeuta: “Si quiere usted evitar eso úntese en la dicha parte una buena cantidad de queso roquefort. Seguramente el olor hará que su esposo ya no la bese ahí’’. Una semana después le pregunta el especialista a la señora: “¿Funcionó el consejo que le di?’’. “Resultó peor -contesta la señora-. Ahora mi marido lleva a la cama pan negro y cerveza’’... Año de política será éste. De hecho hemos tenido ya muchos años de política, y de administración muy pocos. El sexenio de Felipe Calderón ha terminado prácticamente ya. Desde hace meses dio principio el juego de la sucesión, animado por el propio Presidente. En efecto, don Felipe, a más de ocupar el cargo del Ejecutivo, funge también como oculto dirigente y operador principal de su partido. (Si antes tuvimos prigobierno, tenemos ahora pangobierno. Ya se ve que las cosas cambiaron únicamente para no cambiar). Algo me preocupa: Que a la política se vaya a mezclar algún factor derivado de la situación reinante en materia de seguridad. Esa mezcla sería muy inflamable, y podría dar lugar a sucesos en los que ahora no quiero ni pensar. Sea como fuere, este año los partidos deberán decidir quién será su abanderado en la contienda presidencial.

Las cartas están ya muy abiertas, y todo indica que en el proceso participarán -si no se presenta una sorpresa, algún acontecimiento inesperado- los mismos personajes cuyos nombres se mencionan ahora. Imposible predecir el resultado de esa lucha. Nadie, a pesar de las actuales apariencias, puede darla por ganada. Pero algo se puede asegurar: la elección del próximo año será muy interesante -por decir lo menos-, y su resultado, sea cual fuere, no estará libre de problemas. El joven curita iba en el autobús. Le tocó en el asiento de atrás, y quedó entre una muchacha de exuberantes formas y una matrona más que abundosa en carnes. Cuando el vehículo tomaba una curva hacia la izquierda, la muchacha quedaba reclinada sobre el padrecito, y éste no podía menos que sentir las mórbidas redondeces de la chica.

Rezaba lleno de angustia: “¡No nos dejes caer en la tentación!’’. Pero luego el autobús giraba hacia la derecha, y entonces era la gorda mujer la que caía sobre el cura. Entonces oraba el pobre, más angustiado aun: “¡Y líbranos del mal, amén!’’... Amaneció por fin, y por fin terminaron los meneos de himeneo de la noche de bodas. Antes de acomodarse para dormir, el novio, rústico mocetón, le dice a su flamante mujercita: “Quiero que sepas que la licencia matrimonial me costó 5 mil pesos’’. Pregunta la muchacha: “¿Por qué me dices eso?’’. Responde el silvestre galán: “Para que lleves la cuenta. Esta noche desquitaste el primer peso’’... FIN.
30 Diciembre 2010 05:08:51
Triste
Tres mujeres, una muy joven, otra no tanto, y la tercera ya algo madura, brindaban en su reunión de fin de año. Dice la más joven levantando su copa: “¡Por ellos, aunque mal paguen!’’. Brinda la ya no tan joven: “¡Por ellos, aunque no paguen!’’. Y remata con afligido acento la de más edad: “¡Por ellos, aunque tenga qué pagarles!’’...

El pasado 24 de diciembre una frondosa mujer llamada Pomponona contrajo matrimonio con un añoso señor de nombre don Languidio. Al día siguiente comentó muy mohína Pomponona: “No tuve noche de bodas: Tuve Noche de Paz”.

Un sujeto mal encarado le dijo al padre Arsilio en el confesionario: “Me acuso, señor cura, de que me enfurezco cuando alguien me lleva la contraria. He llegado a romperle las costillas a quien se atreve a contradecirme’’. “Hijo mío, -le pregunta con dulce voz el sacerdote-. ¿Crees en la misericordia divina?’’. “Dios no existe’’ -responde con fosca actitud el individuo. “Tienes razón, hijito -se apresura a decir el padre Arsilio-. Tienes mucha razón”...

¡Mañana! Sí, mañana aparecerán aquí “Los Dos Chistes Más Pelados del Año”. Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, leyó esos vitandos chascarrillos y vino al suelo poseída por violentos espasmos convulsivos de los llamados por la ciencia médica “saltatorios” o “danzantes”, los cuales hacen que la persona caída se mueva como si estuviera bailando en posición yacente. Fue inútil que su médico de cabecera, el doctor Ken Hosanna, le administrara varias dosis de tártaro estibiado, un vigoroso medicamento emético elaborado a base de antimonio y tartrato de potasa.

La ilustre dama no se ha repuesto aún de aquel tremendo síncope. Eso me hace pedir a mis cuatro lectores que lean con precaución aquellas dos historias, por los efectos que su lectura puede producir. Triste estoy; me siento apesarado y melancólico. ¿Será verdad lo que escuché apenas ayer, que en Lima va a cerrar sus puertas la librería “El Virrey”? Insigne casa es ésa, que durante muchos años ha cumplido en Perú la benemérita función que en México cumplen las librerías Gandhi, la de poner el libro al alcance de todos. La última vez que estuve en la ciudad limeña compré ahí una edición preciosa de las “Tradiciones peruanas”, obra de ese señor tan romántico, tan comecuras y de ingenio tan travieso que fue don Ricardo Palma. ¡Y ahora me dicen que ya se va “El Virrey”! Dos establecimientos, digo yo, jamás deberían desaparecer: Las tahonas y las librerías. Aquéllas nos dan el pan, alimento principal del cuerpo, y éstas nos ofrecen el libro, pan que nutre el alma. Los gobiernos de las naciones civilizadas -muy pocas quedan ya- deberían proteger a esos comercios, porque sin ellos la ciudadanía padece hambruna, corporal y del espíritu. Yo soy hombre de libros. Mi esposa dice que vivimos en una biblioteca que tiene una pequeña casa anexa. Si por misericordia del Señor me llama un día San Pedro para invitarme a entrar en la morada celestial, preguntaré primero si ahí hay libros, y sólo si los hay aceptaré la amable invitación. Por eso me apeno mucho cuando sé que una librería, cualquiera y en cualquier parte, va a desaparecer. Eso es como si desapareciera algo de nuestra humanidad, pues en los libros reside la palabra, y en la palabra -y por la palabra- vive el hombre. Hermosa frase esta última, merecedora de ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero.

La guardaré para un concurso de oratoria.

Le preguntó alguien a Solicia Sinpitier, madura señorita soltera: “¿Qué hiciste en los días de Navidad?’’. Responde ella: “Visité al Santa Claus de todas las tiendas de la ciudad. Ésa es la única oportunidad que tengo de sentármele en el regazo a un hombre’’... “A ver, Pepito, -pregunta la maestra-. ¿Qué es un paralelepípedo?’’. Arriesga el chiquillo: “¿Un tartamudo borracho?’’... Don Astasio llegó al consultorio de un eminente médico. “Doctor -le contó-. Hace una semana encontré a mi esposa en la alcoba con un desconocido. Antes de que pudiera yo decirle algo ella me mandó a la cocina a que me tomara un café. Al siguiente día la volví a sorprender en lo mismo, y otra vez me mandó a la cocina a tomarme un café. Todos los días la encuentro en la recámara con un hombre distinto, y siempre mi mujer me manda a la cocina a tomarme una taza de café. ¿Qué debo hacer?’’.
19 Diciembre 2010 05:00:06
Grata compañía
Tiempos de la Revolución. Llegó un militar uniformado a un congal, burdel, prostíbulo, zumbido, ramería, casa de lenocinio, putería, quilombo, mancebía, chongo, berreadero o lupanar, y preguntó a la mujer encargada del establecimiento: “¿Cuánto me va a cobrar usted, señora, por disfrutar mi compañía?”. No dejó de amoscarse la madama por la actitud fanfarronesca, facunda, farolona, faceta, fantesiosa, fafarachera, farfante, facultosa, faramallera, fastosa, farolera, fardona y fatua que mostraba el fachendoso mílite, pero igual respondió: “50 pesos”. Entregó el uniformado las monedas, y luego, asomándose a la puerta, gritó con imperiosa voz: “¡Compañía! Paso redoblado. ¡Ya!”... Las vecinas estaban conversando. Dice una: “El problema con los maridos es que las esposas jamás podemos saber con certidumbre dónde andan”.

“No generalicemos -replica otra-. Yo conozco una señora que sabe siempre dónde está su esposo”. Le preguntan: “¿Quién es ella?”. Responde la otra: “La viuda del 14”... Una chica de nombre Yaka Laditta iba a contraer matrimonio. Se angustiaba mucho, pues era madre de un niño de tres años, y su prometido no conocía ese pequeño detalle. Nada le había dicho Yaka acerca del delicado asunto, pues temía que la revelación de aquel secreto diera al traste con la esperanza que tenía de conseguirle un padre a su hijo. Además no encontraba la manera de enterar a su novio de ese antecedente maternal. Halló, por fin, el modo de darle la noticia. Al terminar la misa nupcial Yaka se persignó devotamente ante el altar, y dijo: “En el nombre del Padre y del Espíritu Santo, amén”. Con una sonrisa, el flamante marido preguntó: “Y al Hijo ¿dónde lo dejas?”. “Con una tía -respondió Yaka con naturalidad, como sin darle importancia a la cuestión-. Ya pasaremos por él al terminar la fiesta”... Don Languidio, señor de edad madura, leía el periódico en la sala. Le dice a su mujer: “Van a crear un seguro contra el desempleo”. “Asegura tu parte de varón -sugiere ella-. Siempre está desempleada”... Llegó a México un OVNI, y fue asaltado de inmediato por una turba vociferante. El jefe de la expedición marciana le dice a uno de los tripulantes: “Observa en la pantalla de traducción lo que dicen los terrícolas”. Va el marciano, y regresa con la traducción.

“Dicen: ‘¿Se lo lavo?’. ‘¿Se lo cuido?’. ‘¿Se lo encero?’”... Se casaron el Hombre Nuclear y la Mujer Biónica. La noche de bodas ella se metió en el baño y procedió a desatornillarse el brazo biónico, la mano biónica, el ojo biónico, una pierna biónica. En eso advirtió que el Hombre Nuclear la estaba viendo.

“¡Oh! -exclamó apenada-. ¿Qué quieres?”. Responde él: “Tú sabes bien lo que quiero. Desatorníllatelo y aviéntamelo”... El encargado del censo le preguntó su edad al jefe de la casa. Dijo él: “35 años”. Al funcionario le pareció que el individuo tenía más edad, así que le pidió su acta de nacimiento. Después de revisarla le dice: “Según este documento, señor, usted tiene 50 años de vida”.

“Amigo -replica el individuo-, los 15 años que he estado casado con mi mujer no pueden llamarse vida”... Don Cornulio les dijo a sus amigos: “¡Qué ciudad es Las Vegas! Te llevan allá en avión; te hospedan en el mejor hotel; te dan de comer y de beber fantásticamente. ¡Y todo eso de gratis!”. Acota uno: “Muchas veces he estado yo ahí, y nada de eso me lo han dado gratis. ¿Tú has ido a Las Vegas?”.

“Yo no -contesta don Cornulio-, pero mi esposa sí”... Babalucas sentía con frecuencia el repentino impulso de hacerle el amor a su mujer. Ese llamado de la naturaleza le llegaba sin aviso, a cualquier hora, incluso cuando los niños estaban aún despiertos, y Babalucas no sabía cómo dar a saber aquello a su señora, de modo de ir los dos a la recámara sin que los hijos se enteraran de lo que iban a hacer. Habló de la cuestión con un amigo, y éste le aconsejó: “Usa el lenguaje de la efe. Cuando a mí se me presentan esas ganas le digo a mi mujer: ‘Ponles la tele a los niños, y nosotros vafa mofos afa lafa cafa mafa’. Los chicos no entienden que le estoy diciendo: ‘Vamos a la cama’, y se quedan muy contentos viendo la televisión”. La siguiente vez que a Babalucas lo acometió la urgencia de erotismo, le dijo a su mujer delante de los pequeños: “Pofon lefes lafa tefe lefe a los niños, y nosotros vamos a la cama a follar”... FIN.
18 Diciembre 2010 05:10:32
Descanse en paz
Al salir de su casa don Augurio Malsinado pisó una caca de perro. Así supo que ese día no sería su día. Se confirmaron sus temores cuando al regresar a su domicilio aquella tarde sorprendió a su consorte Culipanda en brazos de su mejor amigo. “¡Caramba! -suspiró con tristeza Malsinado-. ¡Pocos son los amigos que tengo, y me los gana mi mujer!”...

“¡Señor, Señor! -rezaba el tal Capronio-. ¡Dame casa, vestido y sustento! ¡No te pido más, que mujeres, vino y juego yo tengo dinero para podérmelos pagar!”... En la habitación del hotel un solitario viajero tomó la Biblia que los Gedeones habían puesto en el cajón del buró. Leyó en la página primera: “Si sufres enfermedad, lee el Salmo 18... Si te agobia la preocupación por tu familia, lee el Salmo 45... Si la soledad te atribula, lee el Salmo 92...”. El hombre leyó este último salmo, pues se sentía muy solo. Al terminar la lectura vio al pie de la página una nota manuscrita que decía: “Si después de leer el Salmo 92 todavía te sigue atribulando la soledad, marca en el teléfono el número 9-4555-792-14, y pregunta por Pirulina”...

Al final de esta columna viene un test que de seguro ayudará a mis cuatro lectores a mejorar su vida. ¡No se lo pierdan!... Enrique Morente, famoso cantaor, descansa ya en Granada, lugar de su nacencia. Lo acompañaron al panteón versos de Lorca y quejos de guitarra.

Morente vino a México, invitado, si no recuerdo mal, por Juan Ibáñez, que lo llevó a cantar en “La edad de oro”. (En ese mismo sitio, si mal no recuerdo, Óscar Chávez, gran trovador popular y extraordinario ser humano, estrenó en tiempos de Díaz Ordaz mi parodia de “La casita”, canción en que se hablaba de la corrupción reinante en el país: “... Me dirás muy asombrado / que de dónde habré sacado / coches, dinero y mansión. / A las claras te lo dice / este letrero que hice: / ¡Viva la Revolución! / Si tú quieres al momento / casa, vestido y sustento, / y una vida cual no hay dos, / ya no seas reaccionario: / hazte revolucionario, / y que te bendiga Dios.... Óscar hizo de “La Casita” un éxito sensacional.

Con las regalías que percibí por la canción pude dar el enganche de la casita a donde, recién casado, me fui a vivir con mi mujer. Envío desde aquí un abrazo de admiración, afecto y gratitud a Óscar Chávez). Pero me estoy apartando del relato. Vuelvo a él. Vino Morente a México, y le pidieron que cantara para un destacado intelectual que de seguro podría ayudarlo en su carrera. El destacado intelectual llegó al encuentro más ebrio que una cuba, tanto que sus acompañantes debían ayudarlo a sostenerse en pie.

Se desplomó sobre una silla, perdida la mirada, desmadejado el cuerpo. Morente se negó a cantar para él. Después supo que el destacado intelectual se llamaba Octavio Paz. Flamenco, agitanado, crecido a la sombra de la Alhambra, Enrique Morente fue gran innovador del cante jondo, ese hondo canto del que Camarón de la Isla fue vivificador. Don Francisco A. de Icaza, mexicano, de paso por Granada, hizo que su mujer diera limosna a un ciego granadino. Le dijo que no podía haber pena mayor que la de ser ciego en Granada. Murió Enrique Morente. La hermosísima ciudad lloró al Ronco del Albaicín, y en su lloro puso ese pellizco que salía, desgarrado, de la garganta de su cantaor... Nosotros, por nuestra parte, sigamos viviendo. O sigamos muriendo, que las dos cosas se dan al mismo tiempo. Recordemos que el día último de este mes saldrán en esta misma columneja “Los dos Chistes más Pelados del Año”... Sigue ahora el anunciado test que ayudará a mis cuatro lectores a mejorar su vida... Primera pregunta: Di una marca de cigarros. Segunda pregunta: Di una marca de tequila. Tercera pregunta: Di una marca de condón. Cuarta pregunta: Di cuál es el río más largo de Asia; cuál es la distancia de la Tierra a Júpiter; y cómo se llamaba el primer emperador azteca. Resultado del test: Sabes más de fumar, beber y follar que de cultura general... FIN.
17 Diciembre 2010 05:08:15
Inflación
Doña Jodoncia dijo en la reunión de damas: “Mi esposo, que representa aquí al sexo débil...”. Una señora la corrigió: “Querrás decir al sexo fuerte”. “No -contesta doña Jodoncia-. Al sexo débil. Después de hacerlo una vez se cansa”...

Tras revisar a la mujer le dice el médico al marido: “No me gusta nada el aspecto de su esposa”. Responde con voz sombría el individuo: “Ya somos dos, doctor”... Al empezar la noche de bodas el novio no podía desatar el nudo en la cinta de uno de sus zapatos. La flamante mujercita, ya en la cama, repetía con voz de éxtasis: “¡No puedo creer que ya estemos casados! ¡No puedo creer que ya estemos casados!”. Le dice el muchacho, hosco: “Deja nada más que pueda desatarme esta maldita cinta, y te convenceré de que ya lo estamos”... Lady Loosebloomers reprendió con acrimonia a su mucama, pues no había arreglado bien las flores de un jarrón. La fámula le retobó: “Las arreglo mejor que usted, milady. Eso me dice siempre el jardinero. Y también, dicho sea de paso, hago el amor mejor que usted”. Lady Loosebloomers se amoscó: “Supongo que eso te lo dijo mi marido”. “No -replica la muchacha: “Eso me lo dijo el chofer”... Suelo dar fin a mi jornada anual de escribidor narrando, el 31 de diciembre, “El Chiste más Pelado del Año”. Para tal ocasión escojo un cuento de color subido, de esos que cimbran los cimientos morales de la sociedad y hacen caer sobre mí los vilipendios, anatemas y dicterios de la Pía Sociedad de Sociedades Pías.

Sus admoniciones deberían hacerme cambiar tan incivil procedimiento por una conducta más apegada a la sindéresis. Los altos valores del espíritu han de mover la péñola de quien escribe en los papeles públicos, pues el hombre de pensamiento es un potente faro cuya luz guía las conciencias. El problema es que yo no soy hombre de pensamiento, sino escribiente huizachero; ni soy potente faro, sino humilde vela, y no de parafina, esperma o estearina, sino de sebo, esas pestíferas candelas que dan más humo que luminosidad, las cuales ni siquiera alcanzan a alumbrar los rincones tenebregosos de un sórdido figón, menos aún a poner una brizna de claror en la calígine de la humanidad. (Permítanme un momento para apuntar eso de “tenebregoso”. Puede servirme como diatriba para abaldonar a alguien: “¡Es usted un pen...!”. “¡Y usted, señor mío, es un tenebregoso!”). Pero veo que me estoy apartando del discurso.

Vuelvo a él. Me propongo narrar el día último de este mes no “El Chiste más Pelado del Año”, sino “Los Dos Chistes Más Pelados del Año”. ¡Dos cuentos en vez de uno! Cosas de la inflación, supongo. Cuando de inflaciones se habla siempre recuerdo la que se desató en los primeros meses del gobierno de Salvador Allende, en Chile. Un comunista chileno dijo muy contento: “¡Esta inflación acabará con la burguesía!”. “No -respondió Pablo Neruda-. Acabará con nosotros”. Ha habido en México inflaciones galopantes. La de los tiempos de Miguel de la Madrid habría podido ganar, por galopante, el Derby de Kentucky. Eso fue motivo de gran resentimiento popular que, unido a otros factores acumulados, trajo consigo finalmente la defenestración del PRI. La inflación es un impuesto adicional que los ciudadanos pagan. Cierto señor ventripotente llamaba a su prominente panza “El ciprés de cementerio”. “Porque da sombra a un muerto”, explicaba con tristeza. Decía ese mismo señor: “En mi caso la inflación se da más arriba de donde debería darse”. Cuide la actual administración de que los repetidos aumentos en el precio de la gasolina no sigan siendo causa de nuevas alzas en el costo de la vida, pues eso, señores míos, en las urnas se paga.

(¡Bófonos!)... La verdad es que todo se paga. Don Astasio encontró a su esposa, Facilisa, en apretado concúbito libidinoso con el vecino de al lado. “¡Ah! -bufó el coronado marido enrostrando al verriondo galán-. ¡Esto lo va a pagar usted muy caro!”. El fornicario se vuelve hacia la pecatriz y le reprocha: “No me dijiste que me iban a cobrar”... FIN.
10 Diciembre 2010 05:10:40
Bribonería
“Aunque tengan muchos años de casados, con frecuencia los esposos no se conocen entre sí”. Eso dijo el conferencista que daba pláticas de motivación. En seguida, dirigiéndose a uno de los asistentes, le preguntó: “Por ejemplo: ¿Sabe usted, señor, de qué color son los ojos de su esposa?”. El hombre vaciló.

“Caramba -reconoció avergonzado-. La verdad, no podría decir si son negros o cafés”. Al llegar a su casa lo primero que hizo el tipo fue ir a la recámara donde su esposa se encontraba. Le miró muy bien los ojos, y exclamó: “¡Negros!”.

De abajo de la cama salieron con premura dos individuos de color, completamente en peletier. Exclama uno con temeroso asombro: “¿Cómo supiste que estábamos aquí, chico?”...

“Bribonería” es palabra poco usada. Designa al ejercicio del bribón. Y el bribón es un bellaco o pícaro que daña a los demás con sus acciones. Algunos piensan que la bribonería es propia de políticos. Sin embargo hay empresarios que por sus actos bien pueden ser calificados de bribones.

Tampoco la bribonería tiene patente mexicana: Algunos malos inversionistas de otros países vienen acá, y actúan inmoralmente para medrar a costa nuestra. En la autopista Monterrey-Saltillo podemos ver un flagrante caso de deshonestidad.

Sucede que el letrero que había antes para anunciar la salida hacia Saltillo, Matehuala y México, fue alterado. Se suprimió de él la palabra “Saltillo”, y el nombre de esa ciudad se puso en otro que señala la dirección hacia Torreón y Monclova. Por esa fraudulenta alteración los automovilistas que no conocen bien tal autopista siguen de largo, y para llegar a Saltillo no sólo han de pagar una cuota adicional, sino además deben dar un enorme rodeo, con la consiguiente pérdida de tiempo, y las molestias y riesgos consecuentes. Se evitarían todo eso si en vez de tomar aquella engañosa ruta tomaran la antigua, la de la carretera libre. Así llegarían pronto, y sin ningún costo extra, a Ramos Arizpe, y a Saltillo después. Pero la empresa española concesionaria de esa autopista engaña a los usuarios para tener mayor ganancia. Sorprende que la delegación correspondiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no haya tomado de inmediato cartas en el asunto, pues está claro el engaño a los usuarios de esa vía, y es patente el perjuicio que se les causa con esa falsa señalización.

Por estos días nuestros heroicos paisanos que trabajan en Estados Unidos vienen a su país con motivo de la Navidad y el Año Nuevo. Ni ellos ni nadie deben ser víctima de ese engaño, cometido por una empresa que al parecer cuida más de los dineros que de su prestigio y el de su país. Por este medio aviso a mis cuatro lectores que viajan por la autopista de cuota Monterrey-Saltillo: Si su propósito es venir a mi ciudad, al llegar a la desviación cuyo letrero dice: “México - Matehuala”, tómenla inmediatamente, en vez de seguir por la que anuncia “Saltillo - Torreón - Monclova. Cuota”. Así llegarán a Saltillo en forma directa, en vez de gastar tiempo y dinero a causa de los engañosos letreros puestos con gran bribonería por esa empresa que al actuar así incurre en inmoralidad... Doña Mesalinia les dijo a sus amigas: “Antes de casarme con mi esposo le hablé de todas las relaciones amorosas que tuve antes de conocerlo. No quería yo que nuestro matrimonio empezara con mentiras ni con ocultaciones”.

Comenta una amiga: “¡Qué honestidad!”. Dice otra: “¡Qué valor!”. Exclama una tercera: “¡Qué memoria!”... Un tipo les contó a sus amigos: “Todas las noches, cuando estamos en la cama, mi mujer me dice: ‘¡Fantástico!’”. “¿De veras?” -preguntan con envidia los amigos. “Sí -confirma el tipo-. Le digo: ‘Nevelia: Esta noche vengo muy cansado. Me voy a dormir’. Y ella me dice: ‘¡Fantástico!’”... Un político invitó a otro a cenar en su casa. Los dos recelaban el uno del otro. Al terminar la cena el anfitrión se disculpó, y se levantó de la mesa. Poco después se escuchó un ruido inconfundible: El dueño de la casa había ido al baño, y estaba desahogando una necesidad menor. Pero había olvidado cerrar la puerta, y aquello se alcanzaba a oír con toda claridad. La esposa, apenada, le dice al visitante: “Perdone usted. Voy a cerrar la puerta”.

“No se preocupe -la tranquiliza el otro-. Por primera vez sé con seguridad lo que su marido trae entre manos”... FIN.
09 Diciembre 2010 05:10:17
Llorones famosos
Llorones muy famosos ha habido entre nosotros. Don Porfirio no pudo contener el llanto cuando los bravos norteños le infligieron una fuerte derrota militar en Icamole. Lloró López Portillo -con lágrimas de cocodrilo, dijo la Oposición- cuando expresó su pena por el sufrimiento de los mexicanos pobres. En mis tiempos había profesionales de las lágrimas: Las plañideras y los declamadores.

Alcancé a ver todavía -sobre todo a oír- a esas mujeres que por unas cuantas monedas lloraban con gran eficacia en los velorios y sepelios. En tales ocasiones la viuda tenía la obligación de caer en un síncope, soponcio, telele, vahído o patatús para mostrar su dolor por la muerte del desaparecido. Sucedió en cierta ocasión, en mi ciudad, que la mujer no daba trazas de desmayarse, y eso que pasaba ya la media noche.

La capitana de las plañideras fue hacia ella y le preguntó: “¿A qué horas le va a dar el ataque, señora? Es que ya nos tenemos que ir”. En las nobles cantinas de Saltillo pude aún escuchar a esos desmelenados recitadores, vestidos siempre con un luctuoso y raído traje negro, que a cambio de una copa recitaban aquello de: “En un charco de sangre ahí estaba tendida, / para siempre callada, para siempre dormida...”, de Felipe Guerra Castro; o “El brindis del bohemio” de Guillermo Aguirre y Fierro, o “Por qué me quité del vicio” de Carlos Rivas Larrauri. En lo personal yo fui un niño muy llorón. Empecé a llorar desde que estaba todavía en el vientre de mi madre, según contaba ella.

Parece que ya sabía yo cómo iba a andar el mundo. Cobré temprana fama por mis tendencias lacrimógenas. Cuando me llevaban a visitar a mi abuelo, cuya casa estaba en la misma calle que la nuestra, lloraba todo el camino, y mi llanto llenaba la redondez del mundo. “Ahí viene Armando”, decía Goya, la criada de la casa. Y nos faltaban aún 100 metros para llegar. Mis tías tenían un perico. Nada les importaba la conseja según la cual las mujeres de la casa jamás se casarían si en ella había un cotorro. (A las solteras de madura edad se les llamaba “cotorronas”). El loro se aprendió aquello de: “Ahí viene Armando”.

Los pericos, ya se sabe, viven muchos años. Yo ya era adolescente, y cuando lloraba en la calle algún chiquillo el pérfido cotorro volvía a repetir la cantaleta: “Ahí viene Armando”. Reían todos, y me encalabrinaba yo. El diablo tenga en su perol al maldecido pájaro. Después fui poeta melancólico: “...De unos muslos dolientes broté / con el rostro de sangre manchado. / Desgarré una virgínea cintura; / destrocé un vientre cálido, / y sembré en la materna pupila / la amargura salobre del llanto...”. Luego la vida me enseñó que eso de llorar era una obviedad, de modo que me alejé de las lágrimas por algún tiempo. Pero ahora que soy abuelo tengo otra vez cerquita el agua, como dicen, y se me arrasan los ojos cuando veo que un nieto mío aprendió ya a caminar; o al oír a esta nieta pequeñita decirme “Tito” por primera vez. En la conversación de sobremesa me acuerdo de mis padres, y me levanto con cualquier pretexto, porque siento que se me van a salir las de San Pedro. Eso, debo decirlo, me apenaba mucho. Mil veces oí aquello de: “Los hombres no lloran”, una de las mayores falsedades que se han dicho urbi et orbe, y tenía a vergüenza lagrimear.

Pero he aquí que Mario Vargas Llosa, fiel a sí mismo, como siempre, lloró al decir su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura. Con él lloraron también quienes lo oyeron, mujeres y hombres por igual. Es el primer recipiendario, aseguraron quienes disciernen ese premio, que llora en la ocasión. Alabo a Vargas Llosa por sus lágrimas. Su ejemplo nos beneficia a los hombres; pues el don del llanto nos ha sido vedado injustamente. De aquí en adelante me propongo llorar en forma descarada cuantas veces lo amerite la ocasión. Le doy las gracias a ese lúcido escritor, tan libre de dogmas, tan razonable y razonador que es Vargas Llosa. Muchos servicios le ha prestado al pensamiento. Ahora le hizo un gran servicio al sentimiento... FIN.
03 Diciembre 2010 05:10:37
Historia
“Mi mujer se vuelve loca conmigo cuando le hago el amor”. Así le dijo Jactancio, sujeto vanidoso, a un amigo. “No me sorprende -replicó éste-. ¿Por qué habrías de ser tú la excepción?”... Babalucas tenía cara de tonto. Un pintor pensó que sería el modelo perfecto para su cuadro “La irracionalidad humana”, de modo que le dijo: “Soy pintor. Te daré mil pesos si me permites pintarte”. “¡Ah no! -rechaza la oferta Babalucas-. ¿Y luego cómo me quito la pintura?”. (Este Babalucas es el mismo que le contó a un compañero de oficina: “El otro día jugué al golf en la nieve”. Le pregunta el otro: “¿Tuviste que pintar tus pelotitas?”.

“No -contesta el badulaque-. Nada más me puse ropa interior gruesa”)... Hasta los diputados conocen esa máxima según la cual la Historia es la maestra de la vida. En México, sin embargo, la Historia no es maestra, sino pugnaz mujer sembradora de discordia y desunión. Por causa de ella los mexicanos hemos estado divididos desde siempre: Hispanistas contra indigenistas; liberales contra conservadores, reaccionarios contra revolucionarios. No permitimos que nuestros héroes gocen la paz de los sepulcros; antes bien los esgrimimos como arma de combate, y los traemos al mal traer con nuestras disensiones. Las batallas de ayer siguen librándose hoy. En cierta ciudad norteña se le ocurrió al alcalde ponerle a una calle el nombre de Iturbide. Un ínclito historiador de la localidad se aplicó de inmediato, escalera en hombro y martillo en mano, a la ímproba y patriótica tarea de quitar de las esquinas las placas con el nombre de ese réprobo, condenado per fas et per nefas al mexicanísimo basurero de la Historia. Y esto que digo no sucedió hace décadas, sino recientemente. Para algunos escribidores la Historia no es ciencia todavía, sino rencor aún vivo.

Afortunadamente las cosas parecen ir cambiando. Por ejemplo, el centenario de la Revolución ha servido para mirar desde otra perspectiva la figura de don Porfirio Díaz. Se mencionan, es cierto, sus evidentes fallas y sus yerros, pero empieza a ser reconocida su obra en bien de la Nación, sobre todo cuando sus logros se ponen en contraste con los sucesos que luego acontecieron, y con los resultados de aquella “perfecta dictadura” -más larga aun que el porfiriato- en que devino la Revolución, y cuyos malos efectos sufrimos todavía. El próximo domingo 5, a las 5 de la tarde, presentaré en la FIL de Guadalajara mi más reciente libro: “La Otra Historia de México. Díaz y Madero. La espada y el espíritu”. Éxito editorial ha sido esa obra: llegó al primer lugar en ventas tanto en las excelentes librerías de Sanborns como en esa benemérita institución que es Gandhi. En la presentación ante mis cuatro lectores jaliscienses y circunvecinos narraré anécdotas de mi familia, que vivió con intensidad el drama de las luchas revolucionarias; evocaré recuerdos de infancia y juventud; diré de las figuras, algunas hilarantes, trágicas las más, que llenan el relato de aquellos días de cataclismo, y expresaré mis opiniones sobre los personajes de esa época definitoria. Te espero a ti, que eres uno de mis cuatro lectores fidelísimos. Si así lo quieres firmaré tu libro; me retrataré a tu lado, y nos uniremos en ese sentimiento que supera todas las diferencias y todas las ideologías: nuestro común amor a México...

Llegó a su casa el esposo de Uglilia, mujer poco agraciada, y la encontró boca con boca y cosa con cosa -así decía Quevedo- con su mejor amigo. Lleno de sentimiento le dijo al desleal tipo: “Pílades: yo debo hacer eso por obligación ¿pero tú?”... Varios hombres jóvenes tomaban el sol en la playa. Uno de ellos, por travesura, dijo a los demás:

“Tenemos ya bronceado todo el cuerpo, menos aquellita parte. Cubrámonos con arena, y dejemos expuesta sólo esa porción”. Así lo hicieron todos, en efecto.

Acertaron a pasar por ahí las señoritas Himenia Camafría y Solicia Sinpitier, maduras célibes. Al ver aquello Solicia exclama, pesarosa: “¡Caramba! ¡Nunca pude tener una de ésas, y cuando ya me estaba olvidando de ellas resulta que ahora crecen hasta en estado silvestre!”... FIN.
26 Noviembre 2010 05:10:00
Sin caballada
“A mi novio le gusta que le dé lambiditas en el lóbulo de la orejita”. Así le dijo una chica a su nutriólogo. “No se preocupe usted -la tranquiliza el dietista-. Cuando mucho han de ser 30 ó 40 calorías”. (¡Vaya circunloquios que debe uno inventar para escapar a la censura de la Pía Sociedad de Sociedades Pías!)... La vaca mora estaba pariendo en el establo. Llegó el pequeño hijo del granjero y se puso a ver aquello. Pensó el hombre: “Ahora tendré que explicarle lo de las abejitas y los pajaritos. Pero no me apresuraré: Voy a esperar a que él me lo pregunte”. El parto se llevó a cabo felizmente: El muchachillo, con ojos muy abiertos, miró al ternero salir del vientre de la vaca.

Acabado el trance el niño le dice a su papá: “Quiero preguntarte algo”. “Dime” -respondió inquieto el granjero. Pregunta el muchachillo: “¿A qué velocidad venía el ternero cuando chocó con la vaca y se le metió en la panza?”... De cara a la elección presidencial del 2012 no se puede decir que la caballada del PAN esté flaca. Se debe decir que el PAN no tiene caballada. Calderón preparaba a su delfín, Mouriño. El joven funcionario podría haber dado la batalla, pese a todo, mas la tragedia se lo llevó. No se ve ahora otra figura que pueda competir con los figurones que se han apuntado ya para buscar la Presidencia. Entre los aspirantes panistas hay algunos tan desconocidos como el papá de Whistler.

Eso, y los menguados frutos que la nación ha recogido después de dos sexenios blanquiazules, hará que la contienda sea librada entre el centro priísta y la izquierda perredista y lópezobradorista. El PAN tendrá que optar entre hacer por su cuenta un triste papel que lo pondría en tercera posición en el espectro político -tan espectral- de México, o uncirse al carro de quienes han llamado espurio al Presidente salido de sus filas. La alternativa no parece muy airosa... Un especialista en cosas de sexualidad les aplicó una encuesta a dos casados. Le dice al marido: “Veo una discrepancia en las respuestas de usted y de su esposa. En el renglón correspondiente a ‘Frecuencia con que tienen sexo’ usted puso: ‘Dos veces por semana’. En cambio su esposa declaró: ‘Todas las noches, varias veces’”. “Lo que ella dice es cierto -responde el tipo con enojo-. Y así seguirá hasta que acabe de pagar el coche y lo de las tarjetas de crédito”... La niñita le pregunta al novio de su hermana: “¿Qué clase de pez eres tú?”. El muchacho se desconcierta: “¿Por qué me preguntas eso?”.

Explica la pequeña: “Porque mi hermana dice que ya mordiste el anzuelo”... Don Algón le reclama a uno de sus empleados, individuo haragán e irresponsable: “¿Por qué andas diciendo que yo soy para ti como un padre?”. “Señor -se justifica el tipo-. Usted me dijo el otro día: ‘Para mí tú eres un hijo”. “Es cierto -reconoce don Algón-. Pero no me dejaste terminar la frase”... Los niños presumían de la influencia de sus respectivos padres. “Mi papá -dice Juanilito- desayunó ayer con el alcalde”. “El mío -declara Rosilita- comió con el gobernador”. “Pues el mío -se jacta Pepito- cenó anoche con don Francisco I.
Madero”. “¡Oye! -protestan los otros-. ¡Don Francisco I. Madero murió hace casi un siglo!”. “Ya veo -contesta Pepito sin turbarse-. Ahora entiendo por qué mi papá me dijo que Madero es un hombre bastante tranquilo”... En lo más candente del juicio el fiscal le dice al testigo: “Usted me parece un caballero; un hombre honesto, inteligente; un ciudadano útil a su comunidad”. “Muchas gracias, abogado -replica el testigo-. Yo diría lo mismo de usted; pero desgraciadamente juré decir la verdad, toda la verdad y solamente la verdad”...

Una neurona femenina entró por equivocación en el cerebro de un hombre. Como se vio sin sus compañeras se asustó. Preguntó con temblorosa voz: “¿Hay alguien aquí?”. Nadie le respondió. Llena de nerviosismo volvió a preguntar, ahora en voz más alta: “¿Hay por aquí alguna neurona cerebral masculina?”. A lo lejos, muy lejos, oyó una voz que le contestaba: “¡Estamos acá abajo!”... FIN.
18 Noviembre 2010 05:10:31
Reformas
El jet iba a hacer un aterrizaje de emergencia. La ingenua muchacha le dice a su compañero de asiento: “Perdone usted, señor: Efectivamente, oí el aviso de que hay que poner la cabeza entre las piernas. Pero creo que cada quién en las suyas”... El conferencista hablaba de los agujeros de ozono. Babalucas, que seguía con gran atención la conferencia, se inclina de pronto hacia su compañero y le dice: “Me estoy aburriendo’’. “¿Cómo? -se extraña éste-. Me pareció verte muy atento’’. “Sí, -reconoce Babalucas-. Pero es que al principio creí que Ozono era el nombre de una mujer de oriente’’... Pirulina y su novio Pitoniel iban a contraer matrimonio. Les pregunta el oficial del Registro Civil: “¿Traen sus actas de nacimiento, su examen médico y demás documentos necesarios?’’.

“No traemos ningún papel’’ -responde Pitoniel. “Entonces -dice el oficial-, no puedo casarlos. Vengan el lunes con su documentación en regla’’. Pirulina, muy afligida, le pregunta: “¿Y no nos puede decir algunas palabritas que nos sirvan al menos para el fin de semana?’’... El zoológico del pueblo recibió un canguro en donación. Como sabía que los canguros saltan muy alto, el director le hizo poner una cerca de 3 metros de altura. Al día siguiente el canguro fue encontrado vagando por el parque. Lo regresaron a su lugar, y le pusieron una cerca de 5 metros de alto. Por la mañana el canguro andaba otra vez afuera, muy feliz. El director ordenó que la cerca fuera de 10 metros. Inútil: De nuevo el canguro se escapó. Desesperado el director llamó al especialista en canguros.

Le pregunta: “¿Cuántos metros de altura debe tener la cerca para que el canguro no se salga?’’. Responde el australiano después de inspeccionar el sitio: “Podrían hacerla de 50 kilómetros de alto; pero mejor sería que alguien cerrara la puerta’’... El dueño del cine se quejaba con su distribuidor. “¿Cómo voy a pasar esa película? -le reclama-. ¡Es de hace 10 años!”. “En efecto -reconoce el distribuidor-. Pero se exhibió solamente en autocinemas, de modo que nadie la vio”... Me pregunto si alguna vez se llevarán a cabo las reformas que urgentemente necesita nuestro país para ingresar en eso que se llama “la modernidad”. Los desacuerdos de los diputados están frenando el desarrollo nacional, y ponen trabas a su progreso. Arrastramos grandes vicios del pasado, y no podemos remediarlos porque los llamados representantes populares miran más por su propio interés, y el de sus partidos, que por el bien de la República.

Hay quienes piensan que sólo cuando el Presidente y la mayoría en la Cámara Baja pertenezcan al mismo partido será posible que tales reformas se produzcan. No sería necesaria esa coincidencia si la clase política pusiera por encima de todo interés el de la comunidad nacional. Supongo, sin embargo, que para eso se requiere una madurez y una altitud de miras que nuestros políticos están muy lejos de tener. Ellos no hacen política: Lo suyo es la politiquería, y de sus tejemanejes, tendientes sólo a conseguir poder y lucro, no puede salir nada que favorezca a México. Así seguiremos mientras los diputados no sean verdaderos representantes de quienes los eligieron, en vez de ser instrumentos dóciles de su facción. Le pregunta el niñito a su papá: “¿Por qué te casaste con mi mami?”.

“¡Por tu culpa” -responde el señor, mohíno. Doña Balena, señora de abundantes carnes, fue examinada por un médico. Le informa el facultativo a la robusta dama: “Tiene usted inflamadas las meninges”. “No, doctor -replica ella-. Así se me ven cuando estoy sentada”... El preocupado marido le dice a su mujer: “Quiero esforzarme, Avidia, para que tengas una plena satisfacción sexual. ¿Qué puedo hacer?”. Responde ella: “¿Por qué no te vas de la ciudad un par de semanas?”... FIN.
05 Noviembre 2010 04:10:41
América
Don Languidio, señor de edad madura, les dijo a sus amigos de café: “Ayer disfruté una noche de placer”. Los otros se asombraron: No olvidemos que ese grupo recibe el nombre de “Los Minifaldos”, pues quienes lo integran, añosos caballeros todos, están a cinco centímetros del hoyo. Le preguntaron a don Languidio: “¿De veras disfrutaste una noche de placer?”. “Sí -confirma el valetudinario-. En toda la noche no me levanté para ir al baño”. América es un continente. Eso se sabe en todo el mundo, menos en Estados Unidos. Ahí América es Estados Unidos, y viceversa o al revés volteado. Lo dice ese himno, “God bless America”, que hubimos de escuchar, machaconamente repetido en versiones diferentes, durante la transmisión de la Serie Mundial de Béisbol. En las actuales circunstancias ese canto no es una declaración de amor: Es una declaración de guerra. Se entona en homenaje “a nuestras fuerzas armadas”, ocupadas todavía en una campaña ya perdida, como la de Vietnam.

¿A dónde irán próximamente esas fuerzas armadas, que deben mantenerse activas y en combate para que la economía norteamericana -una economía de guerra- no sufra un colapso y se desplome? Y otra pregunta: ¿Cuál es la capital de Dakota del Sur? Tan poderoso país es el del norte que puede apropiarse hasta de las palabras. Tomó para sí la voz “América” y la volvió su nombre, con exclusión de las demás naciones que forman este continente. También alteró el sentido de aquella canción, “God bless America”, e hizo de ella un himno belicista. Dios bendecirá en verdad a los Estados Unidos cuando las guerras a que ese país se lanza de tiempo en tiempo sean sustituidas por la paz, y cuando en los estadios de béisbol vuelva a cantarse aquella entrañable canción, “Take me out to the ball game”, que unía a quienes la cantaban en un fraternal sentimiento de alegría, no de nacionalismo belicoso y de supremacía imperial.

¡Qué bruto, insensato columnista! Si hace unos días cimbraste con tus palabras al Capitolio y a la Casa Blanca, ahora cimbrarás al Pentágono también! Deja de lado tus filípicas y narra un chascarrillo final que devuelva el sosiego a la nación vecina. Doña Panoplia, dama de la alta sociedad, solía pasar las vacaciones con su esposo en la finca rural de la familia. En aquella ocasión todo iba bien, hasta que la robusta campesina que atendía las labores de la casa anunció que se iba a retirar, pero que su lugar sería ocupado por su hija. La tal hija resultó ser una guapa moza en flor de edad, poseedora de exuberantes atributos tanto en la parte pectoral como en aquella que le servía para sentarse. Pocos después de la llegada de la chica -que dormía en el cuarto de servicio-, el marido de doña Panoplia le dijo a su consorte que a partir del día siguiente se levantaría a las 5 de la mañana, pues iría a pescar truchas en el río que atravesaba la propiedad, y esa pesca se hace antes de que raye el sol. Doña Panoplia entró en sospechas: Jamás su esposo había tenido inclinaciones piscatorias, y no salía de la cama sino hasta la hora en que ya había caldo en las fondas del pueblo.

Sospechó que lo que hacía el hombre era ir al cuarto de la criadita a refocilarse con ella en actos pecaminosos de fornicación. Así, un día que su marido tuvo que ir a la ciudad, doña Panoplia le dijo a la muchacha: “Ve a dormir hoy a tu casa, Mary Thorn, y no vengas mañana”. Regresó en la noche el señor. Poco antes de las 5 de la mañana doña Panoplia fue al cuarto de la criadita y se acostó en la cama de la chica. Sus temores se vieron confirmados cuando una sombra entró por la ventana de la habitación. Se metió en el lecho la tal sombra y le hizo el amor a doña Panoplia en forma apasionada. Jamás había sentido ella tales deliquios de placer. Varias veces llegó al éxtasis de la plenitud sensual. Acabado el trance, doña Panoplia no se pudo contener, y clamó con voz enfebrecida: “¡Otra vez! ¡Otra vez!”. “Regresaré mañana, linda -le respondió la sombra-. Ahora no puedo quedarme, porque debo entregar el pan en otras casas”. FIN.
29 Octubre 2010 04:08:37
La Medalla Belisario Domínguez
El rey dijo a sus caballeros que le daría la mano de su hija a aquél que le llevara la gallina de los huevos de oro. Uno de ellos, después de muchas búsquedas y luchas, le llevó la gallina. El rey estaba feliz. Junto con sus cortesanos vio a la gallina poner un huevo de oro cada hora.

Le dice el rey al vencedor: “Puedes casarte con mi hija”. “Olvídese de su hija -le dice el caballero-. Deme la gallina de los huevos de oro”. Al igual que el país, la Medalla “Belisario Domínguez”, preciada condecoración, es hoy propiedad de los partidos que señorean la República. El Senado otorga esa presea, se supone; pero la institución senatorial ha sido desvirtuada por la casta política: No representa ya, como en su origen, la soberanía de los Estados; es ahora un espacio más para acomodar a esa copiosa burocracia partidista que aparte de gravitar onerosamente sobre la economía nacional, estorba la llegada de México a la modernidad. Podría hablar más de este asunto, pero el tema me encaborona de tal modo que me quita toda capacidad de juicio, anula en mí lo poco que me queda de sindéresis, y déjame privado de una de las cuatro virtudes cardinales que enunció el buen Padre Ripalda en su olvidado catecismo: La prudencia.

(Las otras tres son la justicia, la fortaleza y la templanza. De ellas la única que practico es la templanza. Pero eso se debe a falta de fortaleza).

Sin embargo, como digo una cosa digo la otra. Aplaudo -con las dos manos, para mayor efecto- la entrega de aquella medalla a don Luis H. Álvarez y, post mórtem, al ingeniero Javier Barros Sierra. Don Luis es un hombre íntegro que ha hecho aportaciones valiosísimos a la causa de la democracia en México.

Barros Sierra fue un acrisolado universitario en cuya persona encarnó, en días definitorios, lo mejor del espíritu de la Universidad. Acertados anduvieron los senadores en su reconocimiento a esos dos buenos mexicanos que merecen el bien de la República.

En estos días otoñales caen las hojas de los árboles. Por dos razones no miro su caída. La primera, para no ponerme en trance de escribir alguna copla dolorida como aquella que a la letra dice: “Hojas del árbol caídas / juguete del viento son. / Las ilusiones perdidas / son hojas ¡ay! desprendidas / del árbol del corazón”. La otra razón por la que no miro caer las hojas muertas es porque estoy viendo los juegos de la Serie Mundial de Béisbol. En estos días recuerdo las hazañas que realizaron algunos de los grandes peloteros de las Ligas Mayores, pero no en el diamante, sino en la cama. Joe Pepitone, primera base de los Yankees de Nueva York, no era precisamente un hombre guapo.

Cuidaba mucho, eso sí, su apariencia personal. Continuamente se estaba acomodando el pelo con un peine; vestía ropa glamorosa, y fue objeto de las bromas de sus compañeros al introducir en los vestidores una secadora de pelo, aparato que se consideraba de exclusivo uso femenino. Pepitone se divorció de su esposa porque ella encontró un cuaderno en el cual Joe llevaba el registro de todas las mujeres con las que había tenido sexo, con nombres, fechas, lugares y detalles completos del encuentro erótico. La lista incluía a más de 150 damas.

Feíto y todo, Pepitone se volvió a casar en 1974 con una conejita del Playboy.

Alguna cualidad debe haber tenido, a más de la de ser extraordinario inicialista. (Mañana: Pete Rose). Un mexicano y un judío llegaron juntos a las puertas del Cielo. San Pedro les dijo que no los podía admitir: No estaban en su lista. Irían al infierno. Si Satán los dejaba salir, entonces podrían ingresar en la morada celestial. Grande fue la sorpresa del apóstol cuando una hora después regresó el mexicano. Le pregunta San Pedro, con asombro: “¿Cómo hiciste para que Satán te dejara salir?”. Responde el tipo: “Le ofrecí una mordida de mil pesos”. Inquiere el portero celestial: “¿Y el judío?”. “Lo dejé regateando con el diablo -contesta el mexicano-. Cuando salí ya lo había bajado a 200”. FIN.
22 Octubre 2010 04:10:39
El poder de la oración
Conozco algunos cuentecillos sobre el tema de la oración. Por ejemplo, el de los náufragos que flotaban en una balsa tras largos días en el mar. “¡Señor! -clama uno, desesperado-. ¡Si nos salvas te prometemos dejar de fumar, dejar de beber, dejar de jugar a las cartas, dejar de...!”. El otro lo interrumpe: “Ya no prometas más. La playa está a la vista”. O el del automovilista que se dirigía a una importante reunión. Iba con retraso, y no hallaba estacionamiento. “¡Dios mío! -elevó con angustia una oración-. ¡Si me haces el milagro de encontrarme un sitio dónde estacionar el coche te prometo una limosna de 2 mil pesos para los pobres!”. En eso, milagrosamente, un automóvil dejó un espacio justo frente a la puerta del edificio a donde se dirigía el sujeto.

“No te molestes más, Diosito -dice el tipo-. Ya encontré lugar”. Recordemos también al alpinista que resbaló al trepar a la alta cumbre, y quedó agarrado precariamente a unas hierbas sobre el abismo de mil metros de profundidad. “¿Hay alguien allá arriba?” -preguntó con tembloroso voz. Una majestuosa voz le respondió: “Estoy yo, hijo mío: Tu padre Dios. Ten confianza en mí. Suelta esas hierbas. Te tomaré en mis brazos para que no caigas, y te elevaré por el aire hasta dejarte sano y salvo en la cima del monte”. Tras una pausa vuelve a decir el alpinista: “¿Hay alguien allá arriba?”. (Escribió Robert Frost: “Perdona, Señor, las inocentes bromas que hago sobre ti, y yo perdonaré la pesada broma que me hiciste a mí”). Hay quienes dicen, con razón, que la religión debe estar en el corazón, no en las rodillas.

Y un proverbio popular enseña que ante un perro bravo es bueno tener un padrenuestro en los labios, pero es mejor tener una piedra en cada mano. Sin embargo yo creo firmemente en el poder de la oración. Pienso que alguien escucha nuestras oraciones. (Billy Graham, predicador famoso, afirmaba que el único lugar donde Dios no oía sus oraciones era el campo de golf). Cuando rezamos, algunas veces la respuesta es sí. Otras es no. Y las más de las veces es:
“Échale ganas tú, hijo mío”. Aquel que reza con verdadera fe no hace abandono de su voluntad para poner toda la responsabilidad en Dios. Le pide con humildad que no lo deje solo en el trance que afronta, que lo acompañe en el dolor, en la esperanza. Y es que no rezamos para que Dios nos oiga, sino para oírlo a Él.

(Kierkegaard dijo: “La oración no cambia a Dios, pero puede cambiarnos a
nosotros”). Las oraciones deben ser un complemento de nuestros esfuerzos, no un sustituto. Don Abundio, que es hombre de fe, pero realista, dice a propósito del cultivo de su tierrita en el Potrero de Ábrego: “Vale más cagarruta de chiva que bendición de obispo”. Con eso quiere decir que es mejor abonar el campo, trabajarlo, que esperar que la cosecha llegue como por milagro. Debemos entonces orar como si todo dependiera de Dios, y trabajar como si todo dependiera de nosotros. Por estos días se está rezando una bellísima oración en Monterrey, ciudad sobre la cual se ha abatido con particular intensidad el mal de la violencia. Dice así esa conmovedora plegaria: “Señor Jesús, tú eres nuestra paz.

Mira nuestra patria dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. Consuela el dolor de quienes sufren. Da acierto a las decisiones de quienes gobiernan. Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte. Dales el don de la conversión. Protege a las familias, a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a nuestros pueblos y comunidades. Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en ti nuestro pueblo tenga vida digna. Amén”... Todos deberíamos decir esta hermosa oración. Todos deberíamos poner en práctica lo que propone... FIN.
15 Octubre 2010 04:10:49
Amor
Juan Jacobo Rousseau, citado aún por muchos, leído ya por nadie, es uno de los autores más agradables y más desagradables que hay. Es agradable por su desordenada vida aventurera; es desagradable por los profusos consejos morales que asesta a sus lectores. Rousseu postulaba la abolición de la propiedad privada (excepción hecha, claro, de la suya). Sostenía que todos los males del mundo comenzaron el día en que un hombre fue lo suficientemente imbécil para decir: “Esto es mío”, y los demás hombres fueron lo suficientemente imbéciles para creérselo. La falsedad de esa tesis me la mostró don Francisco Gámez Cardona, llamado “La Gallina”. Maestre de los matachines del Ojo de Agua, el más popular y populoso barrio de Saltillo, don Pancho tuvo como oficio el de los pajareros. En tal carácter fungió durante luengos años, según decía la tarjeta de presentación que entregaba solemnemente a quien lo saludaba, como “Secretario General del Sindicato Nacional de Captores, Expendedores y Adiestradores de Aves Canoras, de Ornato y Similares de la República Mexicana”. Él me dijo que para apresar a los pájaros no les ponía comida como cebo, ni hembra que los atrajera.

Llevaba otro pájaro macho, que cantaba dentro de una jaula ad hoc. Al oír ese canto, el pájaro que señoreaba el territorio iba a combatir a su rival, y así caía en la jaula. Aún en el mundo natural hay el instinto del dominio, de la exclusiva posesión, presente en la naturaleza humana. Por haber ignorada esa sencilla verdad, sabida incluso por un hombre tan humilde como don Pancho Gámez, los autores de las doctrinas comunistas llevaron a la pobreza a muchos pueblos; y por la misma causa los sesudos intelectuales y políticos que en nuestro país crearon el ejido, arruinaron el campo mexicano y condenaron a la miseria o al exilio a millones de campesinos, a sus mujeres y sus hijos. ¡Cuántos males se habría ahorrado el mundo, y cuántas calamidades México, si Marx y nuestros agraristas hubieran conocido a Pancho Gámez, llamado “La Gallina”! Algo, no obstante me gusta de Rousseau: Creía que el hombre era bueno por naturaleza.

Pero está casi solo en esa convicción. La mayoría de los pensadores que se han ocupado de la criatura humana, afirman que en ella anida la maldad. Algunos, como San Pablo (Romanos 5: 12-19), piensan que esa maldad está en cada hombre aun desde antes de su nacimiento. El mismo pesimismo está presente en Maquiavelo y Hobbes, quien tomó de la “Asinaria” de Plauto la frase “Homo homini lupus”, “El hombre es el lobo del hombre”, que ahora corre como suya. La convicción de que el hombre rige su vida por bajos apetitos se halla igualmente en el ya citado Marx, y en Freud,y en Kierkegaard, hasta llegar a Sartre. La visión cotidiana de la realidad nos inclina a darles la razón a quienes piensan mal de la criatura humana. Pero entonces sucede un milagro como el de los mineros de Chile, y volvemos a sentir fe en el hombre. He aquí que todo el mundo estuvo pendiente de la suerte de esos hermanos en desgracia, y tal se diría que el planeta entero prorrumpió en un “¡Ah!” de alivio y alegría cuando fueron rescatados. Lo sucedido en esa mina perdida en un confín remoto de la nación chilena hizo que todos los habitantes de la Tierra se unieran en un haz de buena voluntad, y que todos sintieran júbilo por el buen fin de los acontecimientos.

Hay maldad en el mundo, ciertamente. Pero anidan en los seres humanos sentimientos de amor y bien eternos. Por esos sentimientos se puede salvar cada hombre. Por ellos se salvará el Hombre... FIN
08 Octubre 2010 04:10:41
Pactos
El joven recién matrimoniado llegó a su casa a la hora de la cena. Su mujercita le preguntó encaminándose hacia la cocina: “¿Te caliento?’’. “Todavía no -contesta él-. Primero dame de cenar’’... La pobre gallina fea miraba con arrobo al hermoso y arrogante gallo. Le dice a otra gallina igualmente feíta:

“¿No te gustaría que el gallo fuera elevadorista?’’. “¿Elevadorista? -se asombra la otra-. ¿Para qué?”. Responde la gallina: ‘’Para que nos dijera: ‘¿A cuál piso?’’’... Un individuo caminaba, feliz, por la calle. Iba del brazo de una despampanante negra de rotundos glúteos y abundantísimo tetamen. Lo detiene una señora, y le dice con tono de reproche: “¿Cómo le va, compadre? Desde que mi comadre murió no lo había visto’’. “Pues aquí me tiene, comadrita -responde el tipo tomando por la cintura a la negra-, todavía de luto’’... El borrachito se acercó trastabillando al policía que estaba en su patrulla, y le preguntó con tartajosa voz: “Perdone usted, señor oficial. Con el mayor respeto, sin ofender:

¿ha visto usted alguna vez a alguien que haga pipí de colores?’’. “Jamás he visto semejante cosa’’ -contesta el policía, receloso . “Pues yo hago así -dice muy orgulloso el borrachín-. Hago color de rosa, azul, verde, morado, magenta, gualda, plateado, chedrón, escarlata, solferino, fiucha y carmesí’’. “No es posible’’ -replica el oficial. “Se lo demuestro -lo reta el ebrio tipo-. Le apuesto 500 pesos a que hago pipí de todos colores’’. “Van’’ -acepta el policía.

Circunspecto, con gran decoro y gravedad, el borrachito procedió a liquidar el motivo de la apuesta sobre una de las puertas de la patrulla. “¡Perdió! -le dice muy contento el policía-. ¡La que hizo es amarilla, como todas’’. “Tiene usted razón, señor oficial -concede el borrachito-. Perdí. Aquí están sus 500 pesos’’.

“Oiga -le dice el policía muy intrigado embolsándose el dinero-. ¿Por qué hizo semejante apuesta, si sabía que la iba a perder?’’. Responde el borrachín: “¿Ve usted a aquellos indejos que están allá? Les aposté 2 mil pesos a que le meaba la patrulla estando usted en ella’’... El Consejo Estatal del PRD en Coahuila acordó rechazar cualquier alianza con el PAN para contender en las elecciones locales. La dirigencia perredista calificó a Acción Nacional de “partido de la regresión”, y señaló que queda abierta la posibilidad de aliarse con otros partidos, excepto con el blanquiazul. Ciertamente tal decisión muestra coherencia. Por más eficaces que hayan sido las alianzas de los panistas con el PRD, esos tratos vulneran las ideas y principios del partido que fundó Gómez Morín. Los tiempos cambian, en efecto, pero eso no significa renunciar a la esencia fundacional del PAN. Igual crítica puede hacerse al PRD:

Sus pactos con Acción Nacional contradicen en forma abierta la posición de izquierda del partido del sol azteca, cuya verdad y origen se desibujan al coligarse con una organización a la cual ha tildado de reaccionaria, de donde salió el Presidente al que con tesón digno de mejor causa sus dirigentes califican todavía de ilegítimo. La postura de los perredistas coahuilenses (la misma, entre paréntesis, que ha sostenido López Obrador) muestra coherencia, y contrasta con los arreglos de la cúpula nacional, arreglos que no por eficaces dejan de ser contrarios a la esencia del PRD... Se casó la hermana de Pepito. “Mami -le preguntó el precoz niño a su mamá-: ¿qué le va a pasar esta noche a Susiflor?’’.

La señora pensó que la pregunta era una más de las insolencias del chiquillo, y le propinó unas fuertes nalgadas al tiempo que le decía: “¡Esto es lo que le va a pasar a Susiflor hoy en la noche!’’. Ya en el banquete de las bodas Pepito fue a la mesa donde estaba la muchacha con su novio y los invitados principales. Le dice muy serio: “Hermanita: Si sabes lo que te conviene, esta noche cuídate las pompis’’... FIN

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