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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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04 Septiembre 2016 03:10:32
Dónde se empinó el PRI
Esto de la rebelión en el PRI, se arreglaba con un telefonazo.

Claro, cuando había un dirigente nacional fuerte.

Pero ahora, una escaramuza local, provoca que se muevan en la sede nacional, los alborotó, sin necesidad, el que Samuel Rodríguez se haya puesto a las patadas con Javier Guerrero.

Como en todo, hay niveles, y el de Samuel es nada contra el del diputado federal.

Esas cosas que ponen a temblar a los priístas.

Vea usted que el PRI está desdibujado.

Se desgastó a nivel nacional porque no supieron defender a su Presidente de la República… y no lo supieron o quisieron defender, porque el grupo cercano al Presidente se volvió cerrado, y el Estado de México hizo lo que hicieron otros gobernadores en otros estados: Convertirse en bloques inexpugnables de poder… nada para el resto, y todo para ellos.

La gran riqueza del sistema mexicano durante más de 70 años, es que todos podían pasar a la piñata, algunos con palitos cortos y otros con cachiporra.

Pero todos le sacaban algún dulce.

Así pues, en menos de cuatro años se acabó la Presidencia.

Como se acaban gobiernos a causa del mismo problema: Cerrazón de grupo y cero concesiones para los demás.

Así se acaban cuando quieren apropiarse de la piñata y creen que todo se puede heredar.

Así de cerrado y abusivo fue Borge en Quintana Roo…

nada más él y su grupo, cerró la puerta al resto.

Así de corrupto e impositivo fue Duarte en Veracruz…

borró a todos los grupos y se quedó con su pandilla a devorar lo que encontraba.

Esta camada de priístas no leyó la historia de éxitos y se inventó un éxito basado en la soberbia.

El PRI se empinó por segunda vez.

Y así, debilitado, con un pretendido nuevo discurso, ni siquiera tiene la fuerza y el poder para arreglar las cosas con una llamada desde México, cuando se trata de una escaramuza sin sentido.

Tiene que encerrarse cuatro horas, obligarse a escuchar y definir todo, como si pidiera permiso.

Sin disciplina, sin la capacidad para bañarse y “salpicar”, como decían los viejos tricolores, este PRI ha perdido su esencia.

Y de ahí a perder la Presidencia, nomás es cosa de tiempo.

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28 Agosto 2016 03:10:34
Se las vio a la Nico
Yo ni cuenta me di, pero dice Chibirico que le vio las chiches a Nicolasa.

“Bueno sí, pero me asomé sin maldá”.

Meche blande la cuarta en alto, aspira profundo…

“¿Cómo jijos de la rechingada que tengo un hijo sátiro jijueputa?… ¡¿Cómo?!”

Nicolasa se fue a quejar de que la andaban espiando cuando se fue a bañar al río, y que eran el Chibirico y como seis chamacos.

Pero que Chibirico fue el que se acercó más, que abrió el matorral y que alcanzó a verlo.

Hombre de palabra, mi amigo reconoce su falta, pero alega en su descarga que fueron dos veces, e insiste… “sin maldá”.

“verdagüena que fue sin maldá”.

Algo le dice a Meche que debe escuchar, y levanta la cuarta pero al mismo tiempo le dice a su nejo muchacho…

“¿Cómo es eso de que las viste sin maldad?”

La cosa es que andábamos jugando beis, cuando Chéchere, fiel a su costumbre, bateó de faul rumbo a los matorrales de zacate limón.

Fueron dos a recoger la pelota, pero Neto el Pique regresó corriendo, con los ojos pelones, sofocado…

“¡Chiches… chiches… pinchis chichotas!”

Hagan de cuenta que llegó un convoy de la Cruz Roja con alimento a un campo de refugiados.

¡A correr!…

Por alguna razón, debo reconocer, iba yo corriendo entre los tres primeros lugares, pero recordé que los bates y la pelota eran míos, y que si los perdía me esperaba una tunda…

y me regresé.

Nomás a recogerlos, a ponerlos amarrados con la pita de trenza abajo del palo de aguacate, y me regresé… pero cuando iba en camino para ver el espectáculo, el Chibirico ya venía de volada, esquivando las pedradas de Nicolasa… y los otros como pollos delante del tlacuache, corrían a treparse a un árbol… a una rama…

Así fue que la mujer llegó chorreando agua y con la blusa al revés, buscó a Meche y le contó que vio a Chibirico espiándola.

¿Y dónde estaba la ausencia de maldad?

Chibirico cerró los ojos, apretó el culamen… subió los hombros para esperar el primer cuartazo.

Pero dijo…

“Yo pensé que el Pique decía que eran chiches… o sea, chiches de vaca… porque cuando se salen del corral de don Alaffita, nos da permiso de ordeñarlas y luego las arriamos pal corral”.

Meche se quedó pensando… y Chibirico se ganó el indulto con su explicación…

“Es que Neto dijo chiches amá… chiches… ¡No dijo chichis!”

¡Cierto… hay una gran diferencia entre una y otra cosa…

hasta Nicolasa lo reconoció.

Pero que la hubieran visto un ratito como de medio minuto con la boca abierta, bueno…

“Ta bien, pero que no güelvan a hacerlo”.

¡Santo remedio!… manejar correctamente el idioma nos salva más de una vez.

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21 Agosto 2016 03:10:48
Mi reino por un líder
Nunca en la historia reciente del país, tuvimos una crisis de liderazgo como la que ahora vivimos.

Tan dura es la crisis, que después de la derrota estrepitosa en las elecciones del 5 de junio, Manlio Fabio Beltrones no pudo -o no quiso- retirarse.

Luego de tomarse unos días, regresó y de inmediato ha quedado en claro quién tiene al partido, aunque no tenga la silla de la presidencia.

La institución presidencial, lamentablemente no ha logrado recuperarse porque no dejan de lloverle revelaciones sobre actos de presunta corrupción.

Eso ocurre en el PRI, y en el PAN las cosas no están muy distintas…

El triunfo maquillado en siete gubernaturas, ha generado que ahora todos se sientan capaces de ganar la Presidencia de la República.

Eso rompe cualquier posibilidad de que haya un liderazgo al que se le brinde respeto; el PAN se convirtió en una cena de negros y en un carnaval de traiciones, que son tan recurrentes entre los albiazules.

En el PRD ya no hay posibilidad de liderazgo real, ese partido está roto… Morena es el Peje y nadie más, no es un líder, es un objeto de culto.

Y si nos vamos a los estados, allí la cosa está más triste… Gobernadores desprestigiados… ex gobernadores en vías de ser procesados…

La gente al dejar de creer en los independientes, no regresó a creer en los partidos.

No hay institución, no hay persona capaz de liderar… de focalizar.

Las redes sociales se incendian en críticas a todos y a todas.

Y no habrá liderazgo mientras no tengamos ejemplos claros de buenos ejercicios de gobierno… de resultados… de atención al ciudadano y de honestidad.

Casi nada.

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14 Agosto 2016 03:10:26
Salió corriendo por el callejón de la cuartería…
LOS PELOS DEL COPETE LEVANTADOS al chocar contra el viento de aquel otoño gris…

descalzo, los pies apenas tocaban la calle empedrada, iba danzando sobre la superficie.

DETRÁS DE ÉL, SU MADRE, doña Benita, se agachó y tomó una piedra…

“AHORA VERÁS HIJO DE LA gramputa”… lanzó con aquella certeza de quien conoce bien su brazo… como quien no requiere de apuntar mucho… o quizá, como quien sabe que va a fallar.

Y FALLÓ…

BUENO, FALLÓ EN PEGARLE AL Neto, su chaval de cinco años… prieto, seco y huesudo…

PERO NO FALLÓ EN DARLE en la mera frente a don Genito…

HOMBRE DE 75 AÑOS DE EDAD… chaparrito, cabeza blanca con pelo de cepillo.

EL HOMBRE NOMÁS ENTORNÓ LOS ojos en la silla donde estaba sentadito, y se puso blandito…

EL MUNDO SE DETUVO… LOS gritos se contuvieron…

NETO DETUVO LA CARRERA… su madre Benita quedó con el brazo humeante en alto… yo dejé en suspenso
la mordida de un taco de zaragaya…

Chibirico venía en pleno vuelo desde la rama del hule, y a fe mía que se hubiera quedado suspendido en el aire… Víctor el Ganso babeó sobre el cazo con manteca que andaba vendiendo casa por casa…

“AY VIRGENCITA… ¡YA ME ECHÉ al viejito!”…

EL GRITO DE BENITA ROMPIÓ la magia que duró lo que un suspiro.

LÁNGUIDO EL CUERPO… NO SANGRABA -era lo bueno- del sitio en que recibió la pedrada, justo en la
frente.

ERA UNA PIEDRECILLA BOLA… QUE divisé a unos dos metros de la silla.

“NEGRITO… CHIBI… ÉCHENLE UNA MIRADA a don Geno… por favorcito… échenle una mirada a ver si está vivo”.

YO TODAVÍA TENÍA EL TACO en movimiento congelado hacia la boca… y Chibirico estaba con las patas temblorinas… el Ganso pelaba tamaños ojotes.

“PA´MI QUE YA FELPÓ, SEÑO… ya felpó”…

NO ESTABA TIESO… PERO NO se le notaba el resuello.

DESDE QUE FELIPE LA COTORRA me levantó para ver a mi abuela Pavita en el velorio, nunca había visto un muerto.

ENTONCES SALIÓ DOÑA CHUCHA DE la cuartería congalito…

VIO AQUELLA ESCENA Y MENEÓ la cabeza…

“¿Qué hiciste Benita?”

“CREO QUE ME ECHÉ A don Genito”…

LA MUJER ASPIRÓ SU CIGARROTE de hoja…

café oscuro y apestoso…

“BUENO, VETE PA`ADENTRO… HAY CLIENTE preguntando por ti”.

ELLA QUISO RESISTIRSE… ¿CÓMO IBA a ir a trabajar si allí tenía a un difunto?

PERO LA VOZ DE DOÑA Chucha fue terminante…

“Que te metas, te digo”.

LE HABLÓ A NICOLASA, LA ayudanta… la chamaca entró corriendo con el vestido al vuelo a la cuartería y salió con una bolsita que le dio a doña Chucha…

ELLA SE ACERCÓ A DON Genito… estando cerca sacó un gran calzón colorado y se lo aventó a la cara…

¡VAYA!… YO SABÍA QUE A los difuntos se les cubre con una sábana… o con trapos… ¿Pero con un calzón?

“ÉSTE ES MI LEVANTAMUERTOS”, DIJO…

ENTONCES OCURRIÓ EL MILAGRO… DON Genito se movió lento… apretó el calzón contra su cara y aspiró
más hondo…

“AY JESUSA… ¿ENTONCES SÍ ME lo vas a fiar?”

SE ACABÓ EL ENCANTO… DOÑA Chucha regresó…

don Genito se abrazó a su regalo… el Neto regresó, ya sin el sofoco.

“OYE… ¿Y POR QUÉ CORRÍAS?”

SE RASCÓ LA CABEZA… LA meneó…

“¡AH!… ES QUE EN LA noche tenía ganas de mear…

y por no salir me oriné en una botella de caguama y mi mamá…”

ENTONCES SE VOLVIÓ A ESCUCHAR el mismo grito…

“¡HIIIIIIIIJO DE LA GRAMPUUUUUTA!”

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07 Agosto 2016 03:10:31
Es más fácil ser criminal
Tres ratas se aventaron dos asaltos la noche del viernes en cuestión de hora y media… en el mismo sector.

Por fortuna, la Policía logró capturarlos, pero… no van a pasar mucho tiempo encerrados.

Y lo dicen ellos mismos, los delincuentes.

¿Cómo se siente un ciudadano después de enterarse que un grupo de ladrones, criminales y asesinos, son liberados por criterios baratos acerca del Nuevo Sistema Penal Acusatorio?

Quizá no entiende, o no entendemos la técnica jurídica que allí se aplica… lo que sí entendemos, es que hubo dinero de por medio, o lo creemos, porque tenemos derecho a creer lo que se nos plazca.

¿Y cómo se siente el ciudadano, cuando le caen inspectores de Salud a su negocio para exigirle un pago por no aplicarle una multa de 200 mil pesos por encontrar una bacha en la banqueta?

¿Y cómo se siente el ciudadano si quiere echar una pared en su casa y le caen inspectores de Obras Públicas para multarle por no sacar permiso?

O te caen los de Protección Civil, para extorsionarte por no tener el extinguidor en el sitio correcto… o no poner flechitas.

¿Que clase de justicia es ésta?

Aquí y en todos lados puedes secuestrar y asesinar, que por un criterio te sacan.

Pero no puedes como ciudadano buscar tu progreso, porque siempre habrá quién te aplique la Ley de la Extorsión.

No… no cambiamos, la corrupción sigue, y sigue desatada.

Peor aún, las expectativas de algunos están defraudadas.

No puede ser, honestamente lo digo, que ganar el pan limpiamente sea tan difícil, y ser criminal sea tan sencillo.

Eso es lo que ocurre ahora en mi hermoso estado.

Y todavía dicen que le demos tiempo.

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31 Julio 2016 03:10:00
La maldición de los patios
Jugando a las seguidillas nos fuimos dándole hasta el patio trasero de doña Vianey…

Los cayucos se perdieron entre el zacate, quelite de puerco y el chuchuyate.

No te veo Negrito… “Tírale a ver si le pegas”.

Metió la mano entre el monte para buscar su agüita de color verdoso… Y la sacó de volada.

¿Qué fue?

Chibirico brincó como si tuviera un resorte en las patas…

¡Aijuesú!

¿Qué fue?… ¿Un chichagüe?… ¿Borreguillo?… ¿Gusano quemador?

No, no… Otra cosa…

“Juesupinshi”…

Sacudió la mano una y dos veces… “Creo que agarré chichicaxtle”.

¡Futa!… La maldición de los patios enzacatados…

¡Ardía como lumbre y picaba como la mera fregada!

Dejamos las cuirias olvidadas y corrimos a la casa…

“Dicen que hay que poner saliva de mujer embarazada”… “O embarrarte con ajo”…

En el camino estaba el grandioso tío Juan comiéndose una mandarina…

“¿Qué les pasó?… “¡Chichicaxtle tío!… Agarró chichicaxtle!”

Con los gajos en la boca, hizo una seña de hombre sabio, y como quien calma una tempestad con el gesto, nos dijo… “Orínate la mano”.

Se detuvo el Chíbiri… ¿Orinar la mano?

Bueno, tomando en cuenta que la mujer panzona más cercana esta a dos cuadras -la hija de doña Chila- y que el ajo apesta regacho, orinar la mano era lo más sencillo.

Así que no dudó…

La inocencia de los cinco años nunca repara en pudores, allí mismo echó mano a la bragueta y liberó el pizarrín…

El tío quiso intervenir… Pero los gajos de mandarina lo impidieron…

Manoteó… Se atragantó… Finalmente, cuando pudo hablar era muy tarde.

“¡Agárralo con la otra mano… Muchacho zonzo!”

Demasiado tarde…

Chibirico empezaba a sonreír aliviado de su mano, cuando empezó a sentir la picazón en donde menos pensaba…

“¡Se me está hinchando el chilito!”…

Parecía una cuetla… Un gusano de los que brinca la mariposa antes de reventar… ¡Y la comezón!

“¡Ya me cargó… Ya me cargó!”… Le puso chichicaxtle a su pajarito.

¿Y ahora?

Corrimos, pero la hija de doña Chila no quiso escupir, y mucho menos untar saliva…

A lo más que llegaron fue embarrarle ajo… Harto ajo.

A los 10 minutos la emergencia estaba superada…

Se fue a su casa y regresó bañadito, pero aún despedía un intenso aroma de ajo.

Checherengüe le dijo… “Ya nomás embárrate tomate, pa que hagas una salsita martajada, de ajo, chile y tomate”… Y de la carcajada escupió un pedazo de bolillo…

Pero Chibirico, filósofo ocasional, levantó el dedo pontificador…

“Dice mi mamá, que está bien, porque al menos… La riatita ya no me va a oler a cebo!”

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24 Julio 2016 03:10:13
Perdón al Presidente
En el 2012 dudé a la hora de votar. De pronto pensé que mi voto tenía que ser para Andrés Manuel López Obrador.

No quería a Peña en la Presidencia… y coincidía en todo con Carlos Fuentes en cuanto al riesgo de gobernar desde la ignorancia.

Pero ahora Peña es presidente de mi país, pero más que eso: Representa la institución presidencial… Recién hablaba del riesgo para nosotros, como habitantes de este México, de tener una institución presidencial devaluada, desprestigiada, sin autoridad moral.

En este país del mítico Tlatoani, un Presidente solucionaba todo: Desde la corrupción y abuso de un alcalde pueblerino, hasta los abusos de un gobernador chicharronero.

El empresario iba con el Presidente a solucionar sus problemas.

El ciudadano iba con el presidente en busca de justicia…

le entregaba papeles a su paso y éste los entregaba a su asistente.

Con el tiempo recibía una respuesta en papel lacrado de la Presidencia.

En el caso de Peña Nieto, llegamos al grado de golpear al Presidente hasta la saciedad, burlarnos de él, festejar cuando en el extranjero lo ninguneaban.

A mí sigue sin gustarme Peña Nieto como Presidente…

Pero como mexicano, quiero una institución presidencial fuerte… fuerte y honesta.

En la actual condición, a Enrique Peña Nieto no le quedaba ya de otra.

Pedir perdón es inédito, nunca lo hizo otro mandatario, nunca reconoció haber sentido la irritación, el enojo de los mexicanos en su contra.

Se tardó en pedir perdón.

Pero a estas alturas no hay otra salida.

Insisto, a nadie le conviene una institución presidencial que no pueda ejercer actos de autoridad.

Enrique Peña Nieto sabe que la impunidad ya no es posible… que pedir perdón es apenas el primer paso de un largo camino hacia la legitimación.

¿Qué sigue?

En primer lugar, alejarse de cualquier práctica corrupta…

en segundo lugar, castigo para los evidentes actos de corrupción en su gabinete y en gobiernos estatales. México debe cambiar.

Yo no creo en lágrimas de cocodrilo.

Me gusta que haya pedido perdón, pero ello de nada valdrá si a esto no le sigue una lucha sin cuartel contra los corruptos.

Si en cada rincón del país no vemos ir a los tribunales a los ex funcionarios y a los gobernantes actuales sumidos hasta las orejas en el cieno de la corrupción.

Entonces de nada valdrá.

Por hoy, sólo por hoy, me agrada que reconozca su error y que pida perdón.

Pero mañana, cuando amanezca, los mexicanos esperamos ver a la institución presidencial legitimándose a través de impulsar el castigo a todos, absolutamente todos los corruptos más evidentes, los que más han lastimado y aún lastiman a los mexicanos.

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17 Julio 2016 03:10:18
Todo yo, todo yo
Los de Fuerza Coahuila están por el Estadio Monclova, están recogiendo carros… alertan por las redes sociales.

Es un operativo, dicen, para revisar que anden en regla, como Dios manda.

Y de repente, de la nada, tienes que sacar dos o tres mil pesos para liberar tu carro.

¿No es recaudatorio el asunto?… ¡Ah, bueno!, de repente me dio la idea de que sí.

La relación entre autoridad y mandante, empieza a volverse confusa… irritante.

Tenemos baches por todos lados.

Tenemos robos domiciliarios.

Tenemos asaltos en la calle… extorsiones por teléfono.

Entonces el ciudadano se pregunta: ¿Y mis impuestos?…

¿Nuestros impuestos?

Porque me traen en friega juntando para la tenencia que no me quitaron… para el Predial que se acumula… para el seguro de gastos médicos porque el Seguro no me atiende como quiero… las colegiaturas… los seguros del auto…

¿Y luego, aparte vivo la experiencia de ser perseguido por la autoridad?

El ciudadano encuentra cada vez más complicado llevar una vida digna… una vida sin estrecheces y con una relación positiva con el Gobierno, cada quien a lo suyo.

Pero no…

Y de repente las grúas…

Benditas grúas que llegan, levantan su carro, se lo llevan al corralón.

Pero… ¿quién obliga a que sea la grúa de Salas o la de cualquiera otra empresa?

¿No puede usted pedir una más barata?

¿Por qué tiene que ser llevado a un corralón que le cobra la pensión como si estuviera en un hotel de cinco estrellas?

Esto es un abuso, pero además resulta ilegal…

¿Tendríamos que soportar esto for ever and ever?

¿Así queremos a esta sociedad?

Sí, entiendo que los municipios sufren por estrecheces heredadas.

Pero digo yo… ¡Vayan por los rateros y que regresen aunque sea la quinta parte de lo que se han mamado!

Con eso pagan alumbrado y les queda para unas cuantas patrullas.

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08 Julio 2016 04:00:37
El terror a la incertidumbre del amor.
“La incertidumbre aterra

porque nos deja ver que

la naturaleza humana es más vasta.

Abel Pérez Rojas

En un mundo donde está demeritado cuestionarse y se endiosa la seguridad, la incertidumbre –lo mismo en el amor que en cualquier otro asunto pagano- aterra porque nos perfila a atisbar que la naturaleza humana es más vasta de lo que nuestros limitados sentidos y paradigmas nos han dosificado.

Logro ver con claridad lo anterior en la más reciente novela del joven poeta poblano Gustavo Javier Hernández de la Peña, titulada: Rubí. El Encuentro con un Sueño (2016) México: Editorial Gasper.

El autor nos regala en Rubí más que una novela, es una confesión ante el lector, una especie de bitácora de navegación romántica en medio de mares teóricos de referencias. Porque al fin y al cabo nadie está obligado a renunciar a su naturaleza; y la de Gustavo es una mente inquieta empecinada en los misterios de la vida y de la muerte entreverados por su pasión: la Filosofía.

Rubí no es puramente un relato romántico, es una confesión del estado que guarda la mente y el corazón del autor.

Para quienes han leído y escuchado a Gustavo, sabrán que es un hombre amante del terror y de las historias oscuras que dan pie a poner en tela de juicio nuestras creencias sobre el bien y el mal, a través de pasajes oscuros ubicables en la literatura del horror, por eso en una breve charla que sostengo con el escritor le pregunto: ¿Qué vincula al terror con el amor?

“Esa es una buena pregunta -sostiene mi interlocutor-. Y sin pensarlo mucho afirma: “en el presente, abundan las personas que se horrorizan por tener amor. Porque el amor en sí mismo es como un miedo al fracaso, porque el amor conlleva ilusión”.

Atajo de inmediato y le digo: ¿El terror al amor y el terror del amor?

¡Exacto! ¿Por qué? Porque el terror verídico que se puede sentir o engendrar en el amor es no saber qué va a suceder en el futuro cercano –dice el también poeta.

Le suelto a quemarropa a Gustavo si estas ideas que viene compartiendo tienen por hilo común la incertidumbre.

El escritor, maestro en artes marciales e incipiente actor amplía: “Sí, la incertidumbre genera celos, caos, desvelamientos, intriga, sensación, y eso conlleva al horror”.

La incertidumbre del amor y la incertidumbre del terror de alguna manera es el puente de tu más reciente novela Rubí -le digo- no por lo que tratas en el texto, sino por la vena literaria que emana de tu pluma.

Gustavo dice que eso es algo que deberán en gran medida responder los lectores, sobre todo los lectores que le van siguiendo la huella en cada una de sus producciones literarias. Pero sería magnífico si ese punto fuera abordado por filósofos en la extensión de la palabra y no sólo escritores de filosofía.

Cierro el breve diálogo preguntándole ahora sobre el terror. Gustavo me dice que el terror humano, más allá de la definición libresca que remite al miedo, al espanto y al pavor, debe entenderse a la luz de la incertidumbre, como en la muerte, por ello le tenemos miedo.

Por supuesto Rubí es rica en citas y pasajes reflexivos de grandes autores y del propio escritor, y en breve le estaré trayendo más al respecto. Mientras tanto vale la pena adentrarse a nuestra intimidad e identificar cómo el temor a la incertidumbre en el amor nos ha influido en el rumbo que ha tomado nuestra vida. ¿Se anima?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.
03 Julio 2016 03:10:40
El caldo de los disparates
Lo ocurrido en Inglaterra es impactante…

Pero sobre todo, más allá del gran lío financiero que se nos viene encima, hay una realidad social que no alcanzamos a ver de primeras.

Mire usted: Las encuestas de salida sirven para maldita la cosa, las predicciones de los analistas son show de enredos.

En España, el PSOE se fue a tercera fuerza, dos partidos nuevos toman el segundo puesto y pelean el primero con el Partido Popular.

¿Por qué tantas sorpresas… porqué tanta falta de madurez al votar?

Bueno, en el Mundo está votando una generación mayoritaria de jóvenes que como tales, no tienen madurez a la hora de razonar.

Razonan con las tripas y como jóvenes, van contra lo establecido.

Jóvenes que representan a un conglomerado de “mirreyes” que nunca tomaron una responsabilidad, que no se casaron…

que no tienen una familia por mantener.

Por tanto, su percepción de los riesgos es bastante distinta de la que tenemos los que sí pensamos en la estabilidad como el mejor entorno para la economía.

Por eso ocurren tantos disparates…

Por eso, olvide usted -que yo me olvido- de las encuestas previas y las de salida.

No hay forma de medir a un voto caprichoso, veleidoso y tan fugaz que puede cambiar en un instante.

En esas condiciones nos aproximamos al 2017.

Piense en un disparate… bueno, ese disparate se vuelve posible.

Si los actuales tiradores por la gubernatura de Coahuila quieren de veras tener posibilidades, tendrán que pensar en abandonar las posturas llenas de madurez e ir a favor de quienes significan ruptura.

Miguel Ángel Riquelme, Javier Guerrero, Guillermo Anaya, Gerardo García… ¿Armando Guadiana?

Lo que se le ocurra.

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26 Junio 2016 03:10:21
Del caos nace la vida
Para los creacionistas y para los impulsores del Bing Bang, solamente hay una coincidencia con el nacimiento de la vida.

La tierra estaba desordenada y vacía antes de que la Voz Todopoderosa creara un mundo perfecto.

Para el otro lado, una explosión, el caos y luego el tiempo en millones de años da lugar a lo que ahora vemos.

Yo creo en lo primero, pero esto no es un acto de confesión de fe, sino un análisis sobre lo que México vive.

Estamos en medio del caos… un terrible caos.

Violencia en Oaxaca, los empresarios con su brazo armado que se le va encima al Gobierno Federal… el PRI sin cabeza, el PAN en vías de una carnicería tremenda… la ley Tres de Tres enciende ánimos empresariales… la ley del Matrimonio Igualitario amenaza con generar grandes marchas de quienes la rechazan y quienes la apoyan.

No hay orden…

No se siente un liderazgo pleno, porque a la figura presidencial nos la acabamos.

En este caos ¿quién gana?

Aparentemente nadie, pero hay dos posibilidades: Una, que el caos sea el efecto de la falta de líderes y la falta de capacidades de quienes tienen el poder, y Dos: Que el caos es el resultado de una mente maestra que necesita que todo se rompa, para construir de cero, es decir, este mundo político y de equilibros, ya no aguanta más parches.

Por eso el PRI como gran catalizador se tragó a sí mismo…

por eso el PAN se autoaniquilará en la carrera por la candidatura presidencial… por eso la izquierda se despedaza.

Por eso no hay alguien que pueda gritar… “¡Aaaaaalto la música!”

A nadie se le cree, a nadie se le sigue así nomás.

Quiero creer que detrás de este caos hay una calvita que está pensando y acomodando las fichas de tal modo que se genere una fuerza centrífuga que se lleve por el caño a todo lo que conocemos como política despreciable.

Y quiero creer que esa calvita ya tiene en su mente cómo se van a acomodar ahora las fichas, para que siempre caigan hacia el mismo lado.

De ser así, esa mano pachona y cabeza ausente de pelo, ya tienen un plan definido.

Las cosas se acomodan para que al generarse el golpe de pelota en el centro de la mesa de billar, cada bola salga disparada a una buchaca, la que corresponde.

Habrá bolas que se pierdan… pero lo mejor, es que habrá un nuevo reacomodo en los poderes.

Mi corazón desea que así sea todo… porque de lo contrario.

¡Ya nos cargó el payaso!

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19 Junio 2016 03:10:09
El beisbol… ¿nos une?
En un restaurante en la colonia Brisas, un grupo de mujeres se reúnen a su socialité, luego de dejar a los niños y niñas en el cole y de practicar softbol en el Country…

Una de ellas lleva un regalo para otra, su amiga del alma: Unos quequitos con betún, pero de color azul y blanco.

Como los colores de los Acereros de Monclova. La susodicha los recibe, sonríe… saca un quequito ¡Y se lo embarra en el rostro a la otra!

Por poco y terminan trenzadas del chongo… de no ser por la intervención de sus amigas.

Resulta que una de ellas es amiga de la esposa de José “El Chapo” Amador, el jugador clave de los Acereros que salió del equipo de fea manera y por lo tanto no quiere saber nada del equipo.

En otro restaurante, ubicado sobre el Pape, en la Guadalupe, una mesa de faldillones, así los apodaron, que tienen años reuniéndose a diario, a platicar de todo y de nada, a pasar el día desde las nueve de la mañana a las 11 de la mañana, se han convertido en inseparables.

Pero esta mañana de miércoles, alguien toca el tema del partido Monclova-Puebla y a los dos minutos ya están en volumen alto sus frases… “¿¡Qué tienes puñetas!?”… “¡Llégale o te rompo la madre!”

¿El beisbol nos une?… ¿Eso dice la publicidad?

No, el beisbol nos ha separado en esta ciudad… ese deporte nos hizo una incisión en el centro de los afectos y nos hace odiar a los mejores amigos.

Bastante daño hacen e hicieron a esta sociedad los mercachifles de la narración y del análisis.

Han generado odios… odios verdaderos a los colores adversarios.

Y cada vez que llegan las finales, deseamos que no califiquen los dos, porque los enfrentamientos entre ambos son riesgo de violencia, de pleitos en la familia… de bullyng.

Yo escuché en plena narración a un locutor hablar bastante mal de los Acereros, nomás porque ahora le va a los Pericos del Puebla.

-Que se calle el hocico… en Monclova le vamos a los Acereros y cuando Pericos juegue aquí, pos ya veremos.

Es lo de hoy, de los que van al estadio con la playera de Acereros y la cachucha de los Pericos.

Esto se metió ya en una espiral que solamente va a desembocar en pleitos.

Imagine usted una final entre Pericos y Acereros.

No, mejor no me la quiero imaginar.

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12 Junio 2016 03:10:10
La negriza y su origen
Somos cubanos, me dijo Felisa…

¿Cubanos?… miré al Negrón que silbaba el Son de la Loma mientras lijaba un fierro oxidado de una vieja lavadora que estaba armando para mi Ma Linda.

El Negrón no respondió, solamente movió el nalgatorio como bailando el son.

Pero yo sé en dónde nací.

Chibirico, que se tragaba a tajadas un taco de frijoles con huevo detuvo de repente la acción y peló tamaños ojos.

“¿Cubano Pichojitos?”

Bueno, la cosa es que cuando uno ha recorrido de Tampamachoco a la Barra, puede contar no menos de seiscientos negros por dos güeros.

Pero la negriza es cosa del paisaje urbano con el que uno se acostumbra… negros de aquí, de allá, pero nunca me imaginé que el origen estuviera más allá del mar.

Ora me explicaba aquellas tardes de Felisa y el Negrón sentados en la mecedora frente a la playa murmurando una canción que nunca entendí.

Como si le mandaran un mensaje a su tierra… su lejana tierra.

La cosa no paró, porque entonces hubo junta de los descamisados, y por la noche en la fogata el tema fue cosa de orígenes.

“¿O sea que todos los negros no salimos de acá?”… yo todavía andaba estupefacto, ¿cubano?… ¿cubano?

Como el café cubano… como los frijoles cubanos…

como los negros cubanos… ¡Oye chico!

Resolvieron cada quien indagar en su casa de dónde venían…ñ

Al otro día, ante la Fogata de los Descamisados, abrí plática debido a que todo mundo tomaba su té de limón en silencio, con el pocillo en las bembas como para justificar que no hablaban.

“¿De dónde son… de dónde?”

Chibirico tragó la infusión… se aclaró la garganta…

habló quedo… “Mejor eso ya no Pichojitos”.

¿No?… ¡Momento!… a ver, qué fue…

Es que Chibirico iba acompañado del Chéchere y de la Totucha cuando le preguntó a Meche… “Amá, ¿de dónde vengo yo, de dónde los agüelos?”

Meche se le quedó viendo…

“Mira Jijuepucha… ¿qué pregunta es esa?… ¡grandísimo recabroncito!… Si no sé quién rechingaos es tu padre, menos voy a saber quién es tu abuelo…”

Santo remedio… a nadie le interesó correr el riesgo.

Si somos negros, dijimos, podemos ser de cualquier lado en donde haya negros y negras.

¿Pa qué más?

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05 Junio 2016 03:10:32
En el árbol seco
No es que fuera un degenerado, pero El Fayo tenía la costumbre de ver gente encuerada en todos lados.

En las nubes… en las manchas de humedad…

en el cemento fresco recién colocado…

“Mira”, decía… “Allí está una vieja encuerada… ¿Ya la viste?… en la nube gorda… esa que se ve al ladito del cerro del abuelo”.

Y si uno batallaba, comenzaba a describir lo que sus ojos recibían, claro, por orden de la mente.

“Ira… ira… el nalgatorio está acá… ¿Ya lo viste?, son las dos bolas que salen por esa cosa que está larga, como su cabello…

¿ya captaste?”

Y más valía decirle que sí…

Porque de lo contrario insistía… iba por un cuaderno, un lápiz y dibujaba su visión con detalles.

Pero el lugar más fértil para producir visiones de encuerados y encueradas, era un árbol de chaca, seco por enmedio y altísimo, que no acababa de caerse.

El Checherengüe le había prendido lumbre y quedó hueco, pero nada de caerse…

Allí, en las formas que producía la corteza vidriosa, El Fayo encontraba encuerados y encueradas…

“¿Ya viste al que está miando?… ¡Íralo!… el chisguetito cae para este lado…”

O a veces los encontraba en situaciones más comprometidas… y comprometedoras.

“No vayas a mirar… porque ora los encuerados amanecieron encimados”.

¿Encimaos?… el Chibirico abrió los ojotes, pelones…

Eso ya era palabra mayor… porque un encuerado era novedad al principio, pero la soledad desnuda dice poco a las febriles mentes costeñas…

En cambio, la desnudez acompañada era atractiva…

Así que fue corriendo a llamar a la pandilla de los Descamisados…

¡Ándenle!… que el Fayo encontró dibujos de encuerados encimaos en la chaca.

Y no se trataba de ver lo que él veía, sino pedirle que los dibujara para entenderlos…

Éramos no menos de ocho chavales frente al árbol, inclinando la cabeza… mirando desde arriba… por un lado…

tirados de panza…

“No, no Fayo… no se mira nada… trai el cuaderno pa´que lo dibujes”.

Y se fue por el cuaderno… las sonrisillas pícaras iluminaron los rostros… ¡Encuerados encimaos!

Vino el Fayo y comenzó a dibujar… Chibirico, más atrevido, ya estaba restregándose contra la corteza… “¡Ándale…

dibújalos!”

El Fayo empezó a dibujar… un rostro… una cabellera…

“¡Las chiches… las chiches Fayo!”, gritó El Cuito…

desesperado… Es que la paciencia no era virtud entre nosotros…

Mala suerte… muy mala suerte…

Lo escuchó doña Meche, la mamá de Chibirico, quien sigilosa se acercó y encontró a su chamaco restregándose contra el árbol… a Farino buscándose canicas invisibles por la bolsa agujereada del pantalón… al Cuito con los ojos pelones…“ ¡Jéitale… sátiros!”

Y se llevó a su retoño a pescozones… pero antes de eso, le avisó a la mamá de Farino… al papá del Chino… y a mi má linda.

En vano insistí en que nunca vi a los encuerados encimados…

En vano dije que era puro cuento, que Fayo estaba loquito…

Seis cintarazos sobre la nalga pelona…

Y luego, lo peor… a todos nos juntaron para encalar hasta donde se pudiera, el tronco de la chaca.

Durante un mes, remedio ranchero, nos levantábamos e íbamos con María la Puerquera para que nos untara la mano con chichicaxtle… esa planta extraña que provoca una comezón espantosa.

“A ver si con eso se les quita lo mañoso… ¡Sátiros!” El Fayo se volvió tímido y taciturno… nunca más volvió a mencionar visiones.

Ora, decía, veía virgencitas en las nubes y en los árboles.

¡Puras virgencitas!…

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22 Mayo 2016 03:10:56
Los puercos de la difusora
Yo escogí seis bejucos nuevos, verdes… Chibirico los prefiere secos, zumbadores… el Chéchere los agarró al fregadazo, los primeros que se encontró.

Bejuquear puercos requiere de condición, de valentía y de suerte.

“No tiembles Negrito… pinches puercos te la van a pelar”.

Checherengüe lanza bejucazos a los mosquitos culoeperro que le acosan en el monte aquel.

Vamos a incursionar en el patio grande, el de la difusora, en donde una solitaria y elevadísima antena de radio domina un panorama desolado.

Dicen que allí te puede caer un rayo… que por eso nadie se mete.

O que los puercos de María la cubana te atacan, porque se han vuelto casi salvajes y andan por el enorme patio como dueños del panorama y del horizonte.

Así que nos vamos a meter, vamos a bajar chalahuites del árbol, y si los cochinos se nos lanzan, entonces respondemos a bejucazo limpio… que hacerlos correr.

Porque afuera hay muchos árboles de chalahuite, pero esos de la difusora tienen algo especial, son más sabrosos y la semilla hervida con sal, es la gloria del paladar.

Aparte la adrenalina del reto marranezco… ¡Ah qué divertido cuando el puerco sale corriendo y chillando!

Pero eso hacen los puercos de patio, de chiquero, pero a estos marranos libres nunca los hemos enfrentado… solamente María viene a darles de comer y cuando ha de matar a uno, le echa pretil al pescuezo y se lo lleva mientras se quita de encima a los otros a punta de garrote.

Cuatro y media de la tarde, el sol amaina un poco y podemos caminar por entre la sombra de los mangos…

escogemos cada quien al grupo de cuinos que atacará.

Yo escojo a la puerca negra, prieta, que se junta con otras cuatro cochas, una pintuzca, otra cafecita y la blanca de hocico rosa.

Si los libro, llego a dos palos de chalahuite… me trepo y corto los que pueda, los meto en la bolsa y listo.

Chibirico se va sobre el montón de puercos prietos y Chéchere va con el toro… un puercote de tamaño que no es imposible montarlo…A las tres… a las dos… ¡Al ataque mis valientes!

Voy encarrerado y grito como desaforado… mi campanilla juega a elaborar sonidos capaces de asustar a un ratón, pero a un marrano hecho y derecho, no.

Me detengo… ¿qué se hace si los puercos no se asustan?…Iba a preguntar, pero vi a Chibirico correr con el terror dibujado en el rostro mientras grita…

“¡Aaaaaaaay mamacita liiiiinda!”A él sí le respondió el marrano y se le fue encima, con otros tres detrás suyo… es que el muy animal de mi amigo les aventó tres tochones que llevaba escondidos, para distraerlos, y los marranos creen que trae comida, por eso lo siguen.

Y Chéchere le da la vuelta al toro, corre y el puerco apenas le presta atención… el que sí lo toma en cuenta es un cochinillo prieto, que viene adelante de Chibirico… que corre igual que Chibirico, pensando que lo quieren fregar entre todos.

La puerca persigue a Chibirico… Chibirico sin querer persigue al puerco y el puerco… ¡Ah, el puerco!…

como dotado de un radar, va directo contra la entrepierna del Chéchere.“¡Mis huevos… mis huevos!

”Se revuelve, se retuerce y cae al suelo… por suerte los marranos le ignoran.Chibirico es una centella que se brinca la alambrada como una gacela…

¡Bendito miedo!

Yo, congelado, ni siquiera molesto a mis puercos, que siguen rascando en la tierra en busca de gusanos o quelites…Me retiro como si nunca hubiera entrado.

No he perseguido a un puerco, pero llevo mis pelotas indemnes… Chibirico regresa sofocado, agarrándose el pecho…“¡Pinche puerco… me enseñó unos dientotes de este vuelo!”Chéchere regresa retorcito, agarrándose los genitales, pujando…

“Me deshuevó el jidepú”.

No habrá chalahuites de la difusora… habrá una historia de tres descamisados, tres negrillos que entraron a pelear gallardamente con la piara de cochinos que les atacaron, pero los cambujos les propinaron una auténtica bejuquiza… y aunque salieron medio heridos, al final se impusieron.

No hay marrano que nos gane, ni de a uno, ni en bola.

Si quieres ir a la difusora, pídele ayuda al Negrito, a Chibirico o al Chéchere, y si tienen tiempo y disposición (que nunca la tendrán) quizá vayan contigo.

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15 Mayo 2016 03:10:05
De a calzón por bolillo
Venía bailando, con el ombligo relleno de un pedazo de migajón de bolillo… las caderas como calzón en tendedero… y la música, bueno, la música estaba en la mente de este mojino de cinco años.

¿Qué lo hacía bailar?“Juta güira Negrito… me acabo de ganar uno cincuenta, nomás de llevarle taguarniz al viejito de la cuartería”. Levanté los ojos sobre mi anteojera…-

-¿Uno cincuenta te dio el vejete?

“No, no… su hija… o su nieta, ¿qué voy a saber?… pero vino a verlo, le sacaron cantidad de mugre de la casa, y le lavaron las paredes, ¡Lo bañaron al muy jijuepucha!… vieras el gritadero que tenía… ¡Que no me echen agua porque me voy a 'ogar por el culo!… ¡Que déjenme en paz hijosdesurepincheagüela!

”-¿Y luego? “Ya bañadito les pidió su cañita, y me dieron dos pesos para comprarle su botella, me dijeron que me quedara el vuelto “¡Y era uno cincuenta!” Bueno, ese día Chibirico estaba de suerte… porque otras veces lo mandaban a traer cualquier cosa y le daban cinco centavos… diez cuando mucho. Y
como suele ocurrir, el dinero fácil atrae gaviotas, buitres…

¡Y descamisados! No sé quién lo olió, pero el Chéchere llegó de primerito… Monzo el Chilango detrás… y en un ratito ya estábamos todos en derredor del buen amigo. ¡Hombre!…

con uno cincuenta se pueden comprar suficientes bolillos de a cinco centavos para darle de tragar a un regimiento… o se compran de esos chicles del negrito bembón, de a dos por cinco… Pero no, Chibirico tenía otros planes para su dinero.

“Me voy a comprar calzones”. Al Chéchere le tembló la bemba… se le saltó la manzana de Adán… “¡¿Calzones… calzones?!” Bueno, Chibirico confesó que tenía dos semanas de andar “a rais”… “¡Y ya me arden las pelotas y el fundillo!” Pero bueno, se puede uno comprar dos calzones… y usar cincuenta centavos para los amigos. “No… voy a comprar de los buenos, de los que tienen dibujos de carritos… de las trusas”.

Monzo quiso llevar el tema a estratos superiores… “Mejor vamos a votar todos… o sea, que digamos cada quien, mano… que no seas maje Chibi… vamos a votar a ver qué se hace con ese dinero”. Silencio… la negriza se miró entre sí, unos con otros… midiendo la reacción a la propuesta…

“¿Tú qué opinas, Negrito?” Estaba confundido, la verdad… le pregunté a mi mejor amigo… -¿Y te cansaste mucho de traer el taguarniz? “¡Juta!… le camellé hasta 52…

¡Hasta allá fui por la caña, porque quería farolazo”. -¿Y alguno de estos te acompañó?… “¡Ni madres…!” -Bueno… yo digo, que si a ti ya te sudó, a ver ahora… ¿quién le regala un calzón de los suyos a Chibirico para que no gaste y nos invite bolillos? Silencio… No se toca más el tema, Gelo sacó unos cayucos y empezó a jugar a las seguidillas…

Monzo se fue a sentar bajo el caimito… Chéchere se trepó al árbol de hule. En efecto… descubrimos que con los calzones de otro es mejor no decidir… si todos nomás teníamos el que traíamos puesto, y se ponía un día al derecho, otro al revés y por la noche se lavaba…

No valía la pena andar “a rais” por el pasajero placer de un bolillo caliente de la Primavera.

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08 Mayo 2016 03:10:12
La verdad sobre la tristeza de los viejos
Sobre el tronco de la chaca, cuatro tordos machos, relumbran de negros, sentados en cuclillas saborean un trozo de manco cocoyo… un pedazo de bolillo…

ciruelas… un camarón seco…

Es cuando el espíritu filosófico de Chibirico despunta como sol de alba…“Oye Negrito… ¿por qué será que los huevos de los viejitos cuelgan tanto como costales con media carga de naranja?”El Chéchere se atraganta con el bolillo…

“¡Aijuesú!… ¿tú andas espiando los huevos de papá grande o qué?”Chibirico menea la cabeza… le molesta que a una pregunta profunda, le respondan con algo tan corriente y vulgar.

“A ver, alguien que le destorrente el hocico a este comemielda”… Chistamos para callar a Chécherengüe… para que Chibirico siga con su alocución…“Yo pienso que ahí se van las penas de la gente… o sea, ahí se cargan las tristezas… y como los huevos pesan mucho, jalan pa' abajo… ¡Por eso los viejitos se van volviendo jorobados!”

Armando La Rata se pone de pie sobre el tronco…“¡Eres la mera pinga enmantecada!… ¿onde aprendiste eso?… ¿lo viste en la revista de las peludas?”. Pero ante todo sabio, surgen las preguntas…“¿Y las penas son las que hacen que los huevos se hagan grandes?… o sea, que entre más triste estés, más grandotes y pesados se te hacen los huevos”Chibirico asiente con el gesto del sabio que condesciende ante los ignorantes que pretenden abrevar en el río de su sabiduría infantil.

El Totuche no se anda con requiebros y mete su mano al pantalón por enfrente para tocarse…“A ver si no ando muy triste hoy”…“¡Pérate… pérate…”, el llamado urgente de Chibirico no lo detiene.Se toca las pelotas para indagar su índice de felicidad… pero no advirtió lo que Chíbiri quería decirle.¡Pum!… santo escobazo en las nalgas y el Totuche va en picada al suelo desde el tronco de la chaca.

Doña Lola, su santa y venerada madre hizo otra vez justicia.“¡Diantre de chamaco puerco… sucio… meco!… ¡cuantas veces te vea haciendo la chaqueta!… ¡Cuantas veces te voy a dar tu escobiza!”Cuando se levanta del suelo, tiene en la mirada la pregunta… la duda…¿Qué fue?… ¿ahora por qué?… ¡Ahora no estaba haciéndose la chaqueta!

Eso pasa en la historia de los grandes filósofos incomprendidos… ¡Si a Sócrates le dieron la Cicuta!… ¡Cuantimás al Totuche le darán a beber una escobiza!

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24 Abril 2016 03:10:31
Veredita angosta
Era un camino de lodo… lodo chicloso, bordeado de un monte inmenso en donde uno se sumergía.

Veredita angosta a punta de machete.

Las chanclas de mi madre se quedaban pegadas, volvía por ellas y luego regresaba a su trabajo de guía.

Atrás nosotros, libros en ristre… caminito de la escuela.

Éramos los únicos en la cuadra… los que salíamos cada mañana, tempranito a las seis de la madrugada, rumbo a la escuela.

¿Por qué tenía que ser así?… ¿por qué?

Nadie más tomaba ese rumbo… los demás chamacos reposaban hasta las 11:00 de la mañana, y para cuando regresábamos de la escuela, ellos estaban llenos de historias.

De historias emocionantes, de historias de holganza…

Mientras estábamos en la escuela, ellos se fueron a la poza a pescar wapotes…

Mientras hacíamos las marchas, ellos corrían libres…

Al otro día, lo mismo.

El camino de lodo y zacate… los pies atascados…

Nos juntamos todos una noche, dos hermanos y una hermana.

Mamá tenía que saberlo… esto no era justo.

¿Por qué nosotros sí… por qué nosotros levantarnos temprano?

¿Por qué no tener la oportunidad de corretear… de tirarnos debajo del framboyán?

¿Por qué?

Mi madre nos recibió con la atención debida a tan serio asunto…

-¿Por qué tenemos que ir todo el día a la escuela?

“¿No les gusta la escuela?”, respondió.

-No, porque nos levantas temprano cuando tenemos sueño… porque todos juegan… porque la maestra nos dice cosas… nos jala del pelo… nos pega con la vara…

“Ya, ya entiendo… a ver… entonces… no quieren ir a la escuela, y yo no puedo obligarlos…

perfecto, a ver…

ahora díganme, ¿quién prefiere tomates… quién elotes…

y quién calabazas?

No… mi madre no estaba entendiendo el asunto… ¿cómo se le ocurre hablarnos de comida cuando le pedimos que nos saque de la escuela?

-Bueno… a mí me gustan los elotes… pero se los dejo a Mapy porque ella no tolera las calabazas ni el tomate… yo me quedo con calabazas y el Yayi que agarre el tomate, se los come crudos…

“No es para que los coman, es para que los vendan…

mañana su papá les va a traer o armar sus carretones para que se vayan a vender, espero que les vaya bien…”

-¿Cómo?… ¿pero por qué?

“Es que en esta casa no hay zánganos… el que no quiera ir a la escuela, que trabaje, que se gane su dinerito y cuando lo tenga en la bolsa, entonces sí, que me deje para hacerle de comer y luego que se vaya a tirar a donde quiera”.

Silencio absoluto…

Nos miramos y salimos con la impresión de que nos habían obligado a hacer algo que no queríamos.

“Si no nos dejan, yo me voy a escapar”, dije con aquella resolución de rebelde irreductible.

Me miraron como quien mira a un loco…

Al otro día mientras iba chancleando el lodo… mientras abría paso entre matorrales, maquinaba la idea de escapar de la escuela…

Sí, definitivamente… me iba a escapar.

En eso, la chancla de mi madre se atoró en el lodo y se le reventó… con aquella naturalidad se dio la vuelta, la levantó y volvió a unirla…

Cuando me descubrió con los ojos extremadamente abiertos, me dijo…

“Qué tiene que se rompa… al fin que cuando mi niño sea doctor, me va a comprar unas chanclas nuevas”.

No me escapé…

No fui doctor…

Pero sí alcancé a comprar unos zapatos con mi primer sueldo.

Creo que ella había olvidado ese suceso… a mí se me quedó para siempre.

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17 Abril 2016 03:10:00
Se las vieron a Nicolasa
Dos veces… nomás dos, dice Chibirico que le vio las chiches a Nicolasa.

“Bueno sí, pero me asomé sin maldá”.

Meche blande la cuarta en alto, aspira profundo…

“¿Cómo jijos de la rechingada que tengo un hijo sátiro jijueputa?… ¡¿Cómo?!”

Nicolasa se fue a quejar de que la andaban espiando cuando se fue a bañar al río, y que eran el Chibirico y como seis chamacos.

Pero que Chibirico fue el que se acercó más, que abrió el matorral y que alcanzó a verlo.

Hombre de palabra, mi amigo reconoce su falta, pero alega en su descarga que fueron dos veces, e insiste… “sin maldá”.

“verdagüena que fue sin maldá”.

Algo le dice a Meche que debe escuchar, y levanta la cuarta pero al mismo tiempo le dice a su nejo muchacho…

“¿Cómo es eso de que las viste sin maldad?”

La cosa es que andábamos jugando beis, cuando Chéchere, fiel a su costumbre, bateó de faul rumbo a los matorrales de zacate limón.

Fueron dos a recoger la pelota, pero Neto el Pique regresó corriendo, con los ojos pelones, sofocado…

“¡Chiches… chiches… pinchis chichotas!”

Hagan de cuenta que llegó un convoy de la Cruz Roja con alimento a un campo de refugiados.

¡A correr!…

Por alguna razón, debo reconocer, iba yo corriendo entre los tres primeros lugares, pero recordé que los bates y la pelota eran míos, y que si los perdía me esperaba una tunda… y me regresé.

Nomás a recogerlos, a ponerlos amarrados con la pita de trenza abajo del palo de aguacate, y me regresé… pero cuando iba en camino para ver el espectáculo, el Chibirico ya venía de volada, esquivando las pedradas de Nicolasa… y los otros como pollos delante del tlacuache, corrían a treparse a un árbol… a una rama…

Así fue que la mujer llegó chorreando agua y con la blusa al revés, buscó a Meche y le contó que vio a Chibirico espiándola.

¿Y dónde estaba la ausencia de maldad? Chibirico cerró los ojos, apretó el culamen… subió los hombros para esperar el primer cuartazo. Pero dijo…

“Yo pensé que el Pique decía que eran chiches… o sea, chiches de vaca… porque cuando se salen del corral de don Alaffita, nos da permiso de ordeñarlas y luego las arriamos pa'l corral”.

Meche se quedó pensando… y Chibirico se ganó el indulto con su explicación…

“Es que Neto dijo chiches amá… chiches… ¡No dijo chichis!” ¡Cierto… hay una gran diferencia entre una y otra cosa… hasta Nicolasa lo reconoció.

Pero que la hubieran visto un ratito como de medio minuto con la boca abierta, bueno…

“Ta bien, pero que no güelvan a hacerlo”. ¡Santo remedio!… manejar correctamente el idioma nos salva más de una vez.
10 Abril 2016 03:10:11
Doña Irma González
Dos días antes de su muerte, tal vez ni mi nombre supo, me regaló una sonrisa.

No dijo nada, su mirada lo decía todo… y ese débil apretón en mi mano.

Doña Irma luchaba contra el cáncer, de frente, tomada de la mano de su inseparable Gilberto.

Juro que no hay nada más doloroso que mirar a alguien al final de su vida enfermo de cáncer.

Don Gilberto, su esposo, amigo, confidente, compañero, trata de ser fuerte, de no perder el sentido del humor.

Ya no está doña Irma, Don Gilberto se ha dado cuenta mientras duerme y al cruzar su brazo para abrazarla, para sentirla cerca.

Ya no está conmigo, susurra mientras está junto al féretro.

Delante de todos, su hijo e hijas, mientras las lágrimas inundan sus ojos, le habla a su amada, le habla con el corazón en la mano.

-Gracias, gracias por todo, por esta familia, por estos hijos que me diste, gracias amor.

Don Gilberto se resiste a despedirse de ella, de la mujer que lo llevó de la mano por muchos años.

Espera el momento del último adiós, trata de mantenerse fuerte, que sus hijos no lo vean derrumbarse.

En la iglesia coloca su cabeza sobre la pared y llora.

Coloca las manos sobre el féretro y vuelve a dar las gracias.

En voz baja le habla a doña Irma:

-Tú lo eras todo para mí. He sido la persona que más te ha querido. Te seguiré amando, día y noche, sin dejar de olvidarte, viviendo junto a ti.

Don Gilberto seca sus lágrimas.

- Quiero dejar de llorar y despedirme finalmente de ti con unas palabras que nunca has dejado de escuchar por mi parte…

- TE AMO
-
Adiós doña Irma

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03 Abril 2016 04:10:06
La pandorga
Terminé de hacer la pandorga… ¡La primera de mi vida! La recorté con la ayuda del Checherengüe, con papel de china… le puse el arco y la barrita con la varita que saqué de la hoja de palma.

Engrudo para pegar las alas… y una cola de trapo larga, para que no “rabiara” a la hora de elevarla.

“Es una güila”, me dijo el Negrón…

¿Una güila?… ¡Es una pandorga!… ¡Pandorga!…

Pero él, que en su infancia errante al lado de mi abuelo el teniente coronel y Felisa, mi amada abuela, vivió muchos años en Matamoros, tenía palabritas norteñas allá en donde todos hablamos cantadito.

No íbamos a discutir el nombre… porque con la curia de quien realiza una delicada cirugía, con la lengua saliendo a través de los labio apretados, le puse los frenos con hilo y aguja…

¿Listos para volarla?

Cuando la levanté, me di cuenta de que estaba preciosa… el Chéchere estaba ansioso…

Desde el terreno de la huapilla nos plantamos y empezamos a soltarle el hilo, y se elevó majestuosa… “¡Le zumba la carabina!”, exclamó el bembón con aquella satisfacción de quien había colaborado en el éxito.

“¡Suéltale el cáñamo Negrito… suéltale cáñamo!” Le di hilo… y hubo un momento en que la pandorga flotaba majestuosa sobre la copa del caimito, que era un arbolote enorme…

Es la cosa que tiene el éxito… se nos acabó el hilo, ¿Y ahora?… ¿La bajamos?

Volar alto era emocionante, pero cuando ya no hay más… se acaba el chiste.

“Aguántame Negrito… voy por hilo”…

El Chéchere sacó polvo con las patas prietas y callosas, se me perdió de la vista por el callejón de la cuartería… aquello merecía ir más lejos, más alto…

Regresó resoplando… los cachetes que se inflaban y desinflaban… El negro rostro en tono morado… la respiración agitada… “¡Échale Negrito!”

Me lo entregó y volvió a largarse corriendo.

Así estaba yo, con la mano izquierda que controlaba la pandorga…

con la derecha sosteniendo el nuevo carrete de hilo…

¿Y cómo voy a empatar el cáñamo?… imposible hacerlo solito, entonces aparecio El Negrón… mi ayuda providencial.

Venía cubriéndose los ojos del reflejo solar de aquella tarde con la mano como visera en la frente.

“Apá… ¿Me ayuda a empatar el hilo?”

Estaba orgulloso de su esquelético y negro retoño… ¡La hice volar!… ¡Vaya!… la primera pandorga y era un éxito.

Usualmente cauteloso, esa vez estaba tan emocionado que ni siquiera me preguntó de dónde había sacado ese hilo extra…

Rompió el hilo de mi pandorga para empatarlo con el nuevo… le puso saliva a un extremo, y justo entonces aparecieron… doña Chila y el Chéchere… ella lo traía de la oreja… “Muchacho cabrón… orita te voy a coser los huevos con el hilo que me robaste”.

“¿Él te lo dio?”

El Negrón tenía aquella expresión dura de sargento disciplinario…

¡Uta güira!… ¿Cómo se me olvidó decirle?… ¿Cómo se me ocurrió agarrar el hilo con la fama de ratón del Chéchere? “¡Te estoy preguntando!… ¿Te lo dio él?”

Sentí, palabra de niño… palabra de chamaco de cinco años… palabra de Pichojitos, que me iba a orinar… supe que se me iba a salir el agua…

Pero no era yo… era El Negrón quien tenía el hilo robado en la mano… ¡Bonita cosa!… ahora resultaba que estaba metido en un robo.

¡Y tan honrado él… tan lejano a los escándalos con las vecinas groseras!

Volteé para ver a Chéchere, a ver qué carajos se le ocurría…

“Sálvame jijo de tu rechinchurria… me van a cintarear”.

“Tío… tío… yo compré el hilo, doña Chilita me debe 25 centavos de unos mandados, y no me ha pagado”.

¡Ah qué bonita salvada!… si robar era malo, cobrar a lo chino era indecente…

“Mejor cállate el hocico”, tuve que intervenir, y de plano me oriné… ¡Ya qué!

Doña Chila le quitó el hilo a mi padre, quien no atinó a decir nada… de suerte que la vieja le tiraba el calzón desde hacía mucho.

“No se preocupe Lonchito… no se preocupe… ya conozco a este chamaco…

A ver si mañana o pasado me viene a arreglar la lavadora, y haga de cuenta que nada pasó”.

Yo estaba congelado… miado… asustado… y ni cuenta me di cuando solté el hilo de la pandorga.

Volví a la realidad cuando Chéchere gritó… “¡La pandorga… la pandorga… no mames… no mames!”

Se fue haciendo chiquita… chiquitita… se fue desmayando en el cielo, cayendo en reversa… “Va para la bimba”, dijo el bembón. Yo me fui de puntitas, con una oreja sujetada por El Negrón que no hablaba…

Dos horas después yo estaba sollozando todavía por la cintariza…

Chéchere estaba sollozando con los pedazos de la pandorga en las manos.

El Negrón nos trajo un vaso de agua de arroz, para signar la paz.

“Pa la otra aprendan”…

“Uno vuela hasta 'onde da el hilo… si a fuerza quieres más, terminas como tu pandorga”.

¡Ah, bendita sabiduría del Negrón!…

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27 Marzo 2016 03:10:56
Bailando con La Negra
Ella era grande… inmensa.

A los seis años mi esmirriado cuerpo quedaba frente al de ella, con la cabeza justo a la altura de sus caderas.

Abrazar a Benedicta era intentar lo imposible.

Si cubría el frente… la retaguardia quedaba expuesta.

Imposible darle vuelta.

Pero cantaba como un ángel…

Cantaba con aquella entonación, con el juego de bajos y de agudos… con un sentimiento que casi siempre, me provocaban llorar.

“Ay pena… penita, pena, penita peeeena… ¡Pena de mi corazón¡”

Salía la voz cubierta de espinas, de púas, y me desgarraban el alma.

Disfrutar de aquella voz se había convertido en una razón de abrir los ojos, cada vez que ella llegaba, de no sé dónde, y se quedaba en casa cuatro o cinco días.

A las cinco de la mañana, aquella caricia que brotaba de su garganta, llegaba a mis oídos, diáfana y suave.

“La luna se está peinando… en los espejos del ríiiio… y un toro la está mirando, entre la jara escondíiiio”.

Me levantaba raudo, quería estar cerca, lo más cerca posible para dejarme querer, para dejarme levantar del suelo y acceder a esos espacios del éter en donde uno se mece al compás de una vieja canción…

Pero aquello significaba que la negra me tomaría como pareja de un danzón.

Un delicioso danzón con aquellas caderas que golpeaban mi nariz… que se daban la vuelta frente a mí, para terminar restregándome contra aquellas inmensas nalgas… ¿Quién me mandaba a ser tan chaparro y a ella tan cadenciosa?

Hubiese podido evitarlo, haciendo al dormido cuando escuchaba la voz, pero aquello era imposible, porque me perdía la posibilidad de escucharle, de permitirme el lujo de que me levantase en sus brazos y que luego… luego para mi mal, me pusiera sobre mis piernas en el suelo.

Entonces la inmensidad pasaba frente a mis ojos, frente a mi rostro…

Era como caer en el mar y hundirte, sin poder sacara la cabeza para domar tantito aire.

Terminaba sobre un banquito, sentado, exhausto… atarantado de tantas cachetadas con aquel inmenso trasero.

Un día decidí que no me iba a levantar…

Que iba a probar cómo sería la mañana sin aquella hermosa voz… pero también sin convertirme en una hija de palmera vencida por el inmenso mar de un nalgatorio interminable.

Eso lo decidí yo…

Ella decidió que me iba a buscar… que me encontraría cubierto hasta la cabeza… ella decidió que no me dejaría sin bailar…

Ella decidió que además se echaría una copita de fumarancho…

Y me llevó, de la mano como siempre, suave al principio como ola mansa…

Luego un poquito de fumarancho, luego un gritito… luego yo con la punta de mis dedos que rozaban su mano hermosa y negra, de palmas blanquísimas.

Tercero el trago… tercera mi distracción.

Mi negra Benedicta dio el pasito hacia atrás… su nalgota derecha se estrelló contra mi cara y me mandó al suelo.

Y allí estaba refugiado a medias, porque entonces ella tropezó…

H empezó a tambalearse hacia atrás, hacia atrás… hacia atrás.

Vi entonces precipitarse contra mí aquella bestialidad de trasero… aquella inmensidad convertida en nalgas…

Vi pasar mi vida frente a mis ojos; imaginé a mi madre que recibe mi cuerpo estampado en el vestido de la negra; Imaginé a mi amado y sabio padre con una lágrima en el rostro… vi a Felisa, mi abuela, que me daba el beso postrero.

Pero vi también al hermoso trasero suspendido en el aire… listo para caer sobre el miserable cuerpo mío.

¿Cómo fue aquel bendito milagro?

La negra Benedicta se agarró de la camisola de mi padre que iba pasando… mi padre se pescó de una columna de madera de la casa…

Y así, a escasos 10 centímetros de convertir mi humanidad en puré de ejote… o en chocolate líquido…

Vi la inmensidad de aquel trasero… vi lo enorme suyo… lo vi como si cobrara vida…

¡Salte de ahí muchacho baboso que te despedorro!, gritó mi bienamada negra, lista para despegarse de mi padre.

Fueron dos o tres segundos, yo me quité a tiempo y me sentí aliviado… a salvo…

Pero no corrió la misma suerte El Canelo… perro corriente, que cuidaba el frente de la casas y que al seguirme, quedó justo de aquella inmensa mole que lo arrolló y lo aplastó.

No hubo más canelo… no humo más Fumarancho… no hubo más danzón.

Pero fue ella quien me vio un día por la noche intentando bailar danzón con el gato.

Imposible, sin aquel trasero en mi nariz era imposibe.

Nada qué hacer, excepto extrañarla un mundo… y cerrar los ojos para imaginar que viene otra vez, que me saca a bailar.

Y claro, que allí se encuentre El Canelo, bailando sobre sus dos patitas posteriores, feliz de vernos.

Como si aquel percance hubiese sido solamente un sueño.

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20 Marzo 2016 03:10:24
El crimen de los pollos
SE ESTIRA COMO ACORDEÓN.. SE alarga sobre la barda y adelanta la cabeza como si tuviera un resorte.

CHIBIRICO DE CACERÍA…

ESE GATITO QUE SE HA comido media docena de pollos va a terminar apaleado, con una paloma de a cinco pesos amarrada en la cola y un tizón caliente en el fundillo.

¿TANTO ASÍ?

¡PUCHA!… “SI ME HAN DADO 10 cuerazos por cada pollito que se traga, mi amá no se anda con mamadas, si yo los cuido, yo pago con las nalgas por cada uno”.

¿CÓMO LE HACE PARA ENTRAR?… ¿Cómo los saca de abajo de las alas de la gallina y se los traga?

EL MUY CABRESTO NOMÁS DEJA las patitas y unas plumas.

POCO ANTES, A LA HORA de la estrategia, el cónclave…

EXPONGO LA DUDA.

-OYE CHIBI… ¿Y SI NO fuera gato?… Digamos, que fuera otra cosa… Un tlacuache.

“NO NEGRITO… NO, NO… EL tlacuache se come los huevos… Le encanta comerse los huevos”.

UN ZUMBIDO ROMPE LAS CAVILACIONES… “¡Laviiiiiiirrrga…

LAVIRRRRGA! NO MAMES… A MI carnala le dicen ‘la Tlacuacha’”.

YO ME AGUANTO LA RISA, pero el Chéchere no…

SE CARCAJEA COMO PAPANO, COMO esos pájaros que se llaman como él y avisan la llegada de cristianos a su dominio en el monte.

“¡A LA HERMANA DEL MONZO le dicen ‘Tlacuacha’…

DE VERAS QUE NO ME acordaba… Jajajaja!”.

EL SILENCIO PESADO DE TODOS acabó con su parloteo…

EL CASO ERA SERIO, ESE animal estaba diezmando la población de pollos.

HABÍA QUE IR POR ÉL…

CHIBIRICO IBA A BUSCARLO ESA noche, gateando por la barda hasta encontrarlo… Luego nosotros lo íbamos a esperar atrás del árbol de aguacate oloroso, con un garrote para zumbarlo… Luego a un costal y de allí al arroyo de aceite prieto.

AVANZÓ CHIBIRICO… TENSO EL ESPINAZO, contenida la respiración… Ese gato tenía que estar por aquí…

LAS DOS DE LA MADRUGADA es la hora en que todo pasa… Bajan los duendes del árbol de mango… Se columpia la bruja en el patio de Yaya… Llueven estrellas, a veces…

Y en otras, cintarazos…

¡AJUM… AJUM… AY MAMITA MI colita!

PAJUELAZO LIMPIO SOBRE EL GATO humano, Meche embozada tras un jorongo castiga a Chibirico…

¿DE DÓNDE SALIÓ… CÓMO SALIÓ? Secretos que nomás las madres conocen, y ésta sabía muchos, pero no todos.

“¿QUÉ JIJOS DEL BIZCOCHO ANDAS haciendo muchacho del carajo?”.

¡EL GATO COMEPOLLOS, DOÑA MECHE… Andamos buscando al gato que se los come!”.

SALIERON LOS DEL COSTAL, SALIERON los del garrote…

LA NEGRIZA EN PLENO… SIETE descamisados de los que nomás se distingue lo blanco de los ojos, se paran en seco frente a la doña.

RECONOCE MECHE EL ERROR… “PENSÉ que eran roba pollos… Bueno, bueno, síganle buscando”.

EN ESO, EL ANGUSTIADO PILLIDO… El pollito atacado…

¡EL GATO!

Y CORREMOS… GARROTES EN ALTO… Costal… Me tropiezo con el costal y me llevo de encuentro al Ganso…
Farino rebota contra una rama del guanábano…

¡AH! BENDITA PANDILLA DE INÚTILES…

LO SIENTO PASAR SOBRE MI barriga mientras estoy tirado, lleva al pollito en las fauces, pero no es gato… Pego el brinco asustado y gracias a eso el tlacuache rueda…

Suelta a su presa y Chibirico le asesta el primer guamazo…

Chéchere una patada con sus pies desnudos y callosos…

¡Costal… Costal!

LO PESCAMOS… ¡LO TENEMOS!… ¡ASESINO preso! LA VÍCTIMA AÚN SE MUEVE… ¡Vive!

MONZO RESPIRA ALIVIADO… “¿YA VEN? los tlacuaches no se comen los huevos”.

MECHE LEVANTA AL ANIMALITO, SE lo acerca a los ojos… No hay herida grave, todo bien.

“ES UNA POLLA… UNA POLLA”.

¡LAVIIIIIIIIRRRRGA… LA VIIIIIIIRGA!

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13 Marzo 2016 03:10:48
El sapo y los cuervos
Tres cuervos… Tordos machos que relumbran de negros al sol del mediodía, sobre las ramas del ciruelo.

Chibirico… Armando La Rata y su servidor.

Es uno de esos días en que nada es todo… o mejor dicho, por la mente no cruza idea alguna.

Ha de ser el sopor… El vaporcillo que se ve salir de los charcos que empiezan a consumirse.

¡Un sapo!...

La mirada de Chibirico se agudiza, un ojillo medio cerrado apunta hacia el charco en donde las fauces del batracio asoman, como respirando para no ahogarse…

Un sapo es mala suerte si cuando lo miras, no corres y lo orinas antes que él te orine.

Porque los sapos orinan, han de saberlo… te mean a los ojos para dejarte ciego.

¡Ah la güira!...

“¿Y pa’ qué lo miras güeyón?… yo no quiero miar”, La Rata de veras se molestó, era feliz en aquel limbo veraniego.

Chibi voltea a verme en busca de una sabia disposición que acabe con aquello…

“¿Y si no lo orinamos?”

“¡Ay Pichojitos!… ¡Ya’stás bien trolis!… ¿Cómo se te ocurre?…

¡Se nos cai la pichita… o se nos tuerce l’ocico!”

Pero la verdad, nunca supimos hasta dónde alcanzaba la mala suerte por no mear a un sapo.

“¡Qué!… ¿Le sacan?”

Se miraron… Y agarraron aire… “Bueno, pero tú respondes” Acepté, no muy convencido, pero me llamaba la atención saber qué era eso de la maldición del sapo.

“Vamos a escondernos en el guayabal, allí nos quedamos hasta la noche, cuando se acabe la maldición y entonces vamos a ganarle al sapo”.

Y nos fuimos a la confortable sombra del guayabal… a dormitar, a dormir de plano.

A pasar las horas que se fueron tranquilas, jugando cayucos y luego una laaaaarga siesta.

A las nueve, el tecolote nos dijo que ya era hora, salimos y fuimos a casa.

¡Qué alboroto!

El Negrón y mi má’ Linda alarmados… Meche y doña Irene en el soponcio… todos los descamisados en una banca, interrogados…

“¡¿Dónde jijos de la grampucha andaban?!”… Meche no se ahorró gritos.

Oficialmente estábamos perdidos, creyeron que nos habían robado.

Y sí, vimos venir a padres y madres con cinto en la mano… Chibirico nomás meneó la cabeza.

“¿Ya ves?… ¡Por no miar al sapo!”

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06 Marzo 2016 04:10:34
Lugar de pecado
La zona estaba por el rumbo de la Santa Emilia…

Altas paredes descascaradas, en obra gris sin enjarre, y encima sobresalen unos cuartos verdes, con el color a medio devorar por el sol del trópico.

Cuando pasábamos enfrente a bordo del camión, El Negrón me tomaba de la cabeza y me evitaba mirar hacia ese mítico lugar de pecado.

La zona… La zonaja…

Como si enfrente de mi casa no estuviera plantada la vieja cuartería en donde las muchachas recibían visitas de hombres quienes se medio cubrían el rostro.

El Neto era hijo de una de esas muchachas…

A sus tres años y medio llegaba corriendo con una revista bajo el brazo, nos llevaba hasta la parte baja de la cocina en donde nadie miraba.

Chibirico… Chéchere… Ganso…

Cuatro años nebulosos, y Neto abre la revista.

¡Mujeres peludas!… ¡Inmensamente peludas!


Nunca habíamos visto una mujer desnuda… ¡Nunca!

Solamente Neto… Sólo él sabía cosas que ninguno de nosotros imaginaba que pudieran existir.

Neto se baja el zípper, saca su diminuto chilillo y lo pone encima de la foto de la mujer desnuda… Y empuja…

“¿Qué hace este jijueputa?”… Chibirico pela los ojos.

“¡Se quiere mear en el papel!”

Ganso salió corriendo asustado… Chéchere hizo lo que no debía… ¡Gritó!… “¡Se te va a podrir el pito!” Entonces un rostro hartamente conocido se asomó por la ventana de la cocina.

Y allí estaba Neto con la revista de mujeres desnudas… El pito de fuera…

Bueno, aquella fue una cintariza… La primera que recuerdo a manos de El Negrón…

La que no entendí fue por qué.

Chibirico y yo terminamos en un saloncito junto al pastor de la iglesia que nos hablaba con suavidad sobre los pecados más sucios.

Pelábamos los ojos…

No entendíamos y él lo supo.

Nos llevó de vuelta, Meche estaba furiosa…

“¡Hijo de la gramputa!… Te voy a cortar el pito para que dejes de pensar en cochinadas”

Pero el pastor levantó la mano, pidió calma y habló con la mamá de Chibi… Con El Negrón y con mi Ma Linda.

Éramos aún inocentes de cuerpo y mente.

Decidieron que nunca más nos juntaríamos con Neto, porque él sí que estaba sucio de su cabeza por culpa de la profesión de su madre.

Hablaron con la dueña de la cuartería… Llamaron a Doña Muñeca, la mamá de Neto.

Si veían a Neto con nosotros la iban a mandar a la zona… ¡A la zona!

No queríamos eso.

Dos semanas Neto fue una sombra… Salía corriendo a la tienda y volvía sin mirar.

Hasta que encontramos la forma…

Caminábamos hacia el río… Con calzón para bañar, con toalla…

Por allá andaba Neto pescando acamayas, y nos juntábamos a tirar piedras a las paguas.

Entonces sacaba sus revistas…

Nos quedamos helados.

No… No eran las peludas.

Eran cuentitos con historias de santitos.

Sí… Después de todo, Neto terminó por convertirse en un niño misionero.

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28 Febrero 2016 04:10:51
Mejor sin calcetines
El zapato de hule hace que mis patitas suden sin cesar.

Son las seis de la mañana, es el día de la foto… irá el señor que se esconde detrás del trapo negro y que nos exige quedar quietecitos, como estatuas para no salir movidos.

Ni cerrar los ojos… ni pelarlos como chícharos. Son las seis de la mañana y ma’linda nos viste y acicala…

No me gusta la brillantina para nada.

No me gusta el copete para arriba… y mucho menos, me gustan las patas sudorosas.

Mi hermano Adlay está listo desde esa hora y me apura.

Entramos a las ocho, pero hay que salir a desafiar el zacatal y la tierra chiclosa.

Hay que caminar despacio para no caer, para no llenar de barro el pantalón.

Solamente una queja… “Mami, sin calcetines, es mejor”.

Ella no pronuncia palabra, solamente menea la cabeza…

No hay duda, con calcetines.

Todo normal hasta que llegan las 10 de la mañana…

“Todos al patio”, dice el maestro Jorge… “Y se acomodan”.

Yo sabía en donde… la banca de frente, extrema izquierda, a un lado del Camarón de Agua Puerca… y delante del Chino Orejas de Marrano…

“Negrito… levántese el calcetín porque los pantalones le dejan la espinilla pelona cuando se sienta”, me dice el maestro Jorge.

Muevo la pierna para ver si el pantalón baja tantito… “Negrito, qué le dije”.

Vuelvo a mover la pierna…

Pero el pantalón no baja… y tiene que venir la señora ayudanta del fotógrafo, me agarra el calcetín y lo estira hacia arriba con vigor.

“¡Le estoy diciendo!”, dice…

Y se queda con el tubo de mi calcetín entre las manos…“

¡Ay muchacho!… lo traías bien podrido”.

Por eso le decía a mi mamá que sin calcetín… porque se iban a reír de mí.

Porque le iba a decir al maestro que ahora a ver quién

le explicaba a mi ma’linda que iba a llegar sin calcetín.

Les dije…

Por eso salgo en la foto sentado chueco… para que la pata del pantalón me tape la pata pelona, aunque en la otra lo traiga hasta la mera espinilla.

Yo por eso decía desde las seis de la mañana… “Es mejor sin calcetín”.

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21 Febrero 2016 04:10:10
Mi navajita de rasurar
Escuché el llamado del Negrón mientras le sacaba una enorme garrapata a La Duquesa…

Mi perra, cruza de todas las razas que recuerde, enderezó las orejas y me avisó que el tono era de urgencia.

Corrí, la voz venía del baño…

“Oye Secundino” -era yo la encarnación del mítico negro Secundino Alegría- “¿Vas con don Melquiades y me traes una navaja de rasurar? Ahí está el tostón en la mesita”.

¡Válgame!… ¡Una navaja de rasurar!

Recuerdo haber ido a comprar tomate… cebolla… un knorr suiza… pero, ¿navaja de rasurar?

“Sí papi”…

El Negrón estaba dándole al jicarazo, bañándose y se le olvidó meter navaja para la rasurada.

Allá voy, raudo y veloz a lo que mis cañas podían impulsarme… hasta que a medio camino me topé con Chibirico.

“¿A dónde, negrito?”

Iba a contestar, pero estaba sofocado… señalé hacia la tienda.

“Te acompaño”, dijo… “Sirve que me despego las verijas”.

Se levantó, hizo una sentadilla con las piernas abiertas y empezó a caminar rumbo a la tienda… diez metros más adelante salió El Ganso…

“¿Pa dónde, negro?”…

Y se unió sin esperar respuesta… tres descamisados por una navaja de rasurar… llegando al tendajo, doña Zoveida estaba quejándose de que unos marranos se habían metido a romperle la cerca del jardín… que seguramente eran de doña Paula…

“Mi navaja”…

Pero don Melquiades, chismoso por naturaleza, le dijo que el otro día a él se le metió un marrano en la bodega y le rompió como 12 sacos de maicena…

“Y ni quién me pague”

“Debería agarrarlo cuando esté adentro y me habla para matarlo y hacer chicharrones, los vendemos y nos cobramos el daño”.

Chibirico se puso nervioso, su madre también criaba marranos, y esa nueva disposición ponía en riesgo el patrimonio.

“Mi navajita, don Melquia”…

¿Y qué tal si un día se les escapa un puerco y lo toman prisionero?…

“¡Lo capa mi jefa, negrito!… que no se le ocurra a este viejo sobuca matar a uno de mis puercos, porque lo capa mi jefa”.E l Ganso hacía cuentas… digamos que salen 12 kilos de chicharrón, de a nueve pesos el kilo… 108 pesillos eran muy buenos, más la manteca, más la carne y las carnitas.

“Sí salen quinientos pesos de pura ganancia”.

Entonces pensó en ese maravilloso plan de poner trampas para marranos, para que cuando se metieran a un patio quedaran atrapados y allí mero se tenía al prisionero que permitiría una jugosa ganancia.

“Don Melquia… mi navajita”.

Para esas horas ya el Negrón estaría desesperado porque no regresaba con el encargo, así que me colgué del mostrador y grité con todas mis fuerzas… “¡Una navaja o mi papá me va a pajuelear!”

Y se hizo el silencio…

Zoveida y don Melquia conocían la manera de corregir del Negrón…

Se miraron, don Melquia se rascó la cabeza.

“Te van a dar… mira, ten una paletita de a .25 para después de la zumba”.

Tomé la navaja, la paletita y los deseos de que me fuera leve, y salí corriendo a todo lo que daban mis cañitas…

Ya no platiqué…

¿A quién le importan unos marranos?

Llegué al baño, y con voz temblorosa avisé mi regreso… “Papi… su navaja”.

Silencio pesado, tremendo silencio…

Entonces la voz del Negrón resonó detrás mío.

“¿Dónde andabas?”…

Me di la vuelta, ya el Negrón se había secado y cambiado…

No quise dar largas al asunto, caminé hacia el ropero, saqué el cinto de cuero y se lo llevé a mi sabio padre.

“¡Ándale!”… lo tomó en sus manos… “Apúrate que vamos a ver a Mamá Pile”.

¿Cómo?…

Bueno, mi sabia madre salvó mis nalgas porque segundos antes, cuando el Negrón salió furioso por la falta de la navaja, ella le dijo… “Mirá qué bien te ves barboncito… muy varonil”.

¡Uffff!…

El Negrón no atentaría contra aquel atractivo, ni contra mi magro culamen.

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14 Febrero 2016 04:10:17
Burro manadero
Oye Negrito… ¿Sabes montar? Chibirico se balanceaba sobre un palo de escoba y avanza a brinquitos sobre el caballo imaginario.

¿Montar?

Bueno, una vez me trepé en el lomo de El Pulgón, no me paseó mucho y me tiró un par de mordidas.

“Pos no… No sé montar”

“Es que vamos a brincar al otro lado del río a montar al burro manadero”.

¿El burro manadero?… A ver, a ver… ¿El manadero?

“¿Tas tú loco, Chibirico?… ¿El manadero?… Si no montas el burro del naranjero, ¡menos el manadero!”

Pero Sabino “El Toques”, el de 14 años… Grande y sabihondo Había convocado a los descamisados para ir por la aventura de montar al mítico jumento.

Eran seis o siete, a lo mejor 10, que andaban libres al otro lado del río… Unos burros grandotes, orejones y pardos.

Salvajes…

Contaban historias de gente perseguida por ese grupo de borricos… De orejas mochas de un mordisco… De nalgas marcadas por el diente del asno…

La aventura le pareció a Chibirico un reto irrechazable… “Vamos Negrito”

No es que fuera cobarde, pero ser perseguido por una manada de burros furiosos no estaba en mi agenda.

De plano me quedé…

Salieron todos, con mecates, con costales para taparles los ojos… Con ajos para untar en los raspones…

Checherengüe llevaba además su lonche de huevo con frijol en bola.

“¿No vas… Te cai?”

“¡Me cai!”

Me quedé engrasando los baleros del cochecito de madera… Y se me olvidó el tema. A eso de las seis de la tarde, doña Meche iba de casa en casa preguntando por El Chibi… La tía Godeleva llamaba a gritos al Chéchere… Doña Irene buscaba entre los mandos a su hijo Armando La Rata…

Y me cayeron a mí…

“Negrito… ¿Qué sabes de estos infelices?”

No quería confesar… Iba a soportar el acoso pero mi ma linda me convenció con el cinto en mano…

“Se fueron a montar al manadero”

¡Aaaaay jijos de la grampucha!… Meche se agarró el pecho, Pensé que se iba a desmayar…

¡Jijos de sietepitos!…

Y sacó toda una lista de jijos que no me sabía… “¿Seguro Negrito?”

Asentí con la cabeza…

Ella y la tía Godeleva agarraron para el río… Iban tras los valientes y ahora sí, me di el valor de acompañarles.

Pasamos el río y los gritos llamaron a mis amigos… ¡Chibirico, sal hijo de la grampucha!… ¡Chéchere!… ¡Ándale mi

tordito! ¡Y nada!

¿Seguro Negrito?…

“Eso dijeron” Meche trepó a un montón de tierra para ver más claro… Ni burros ni chamacos.

Entonces el grito… El rostro desencajado… Checherengüe subió por la ribera, con el rostro desencajado.. Pálido…

Abierta la boca para el grito…

¡Jasugüira!… ¡Jasugüira! Llegó para abrazarse de su madre…

Con el corazón que se le sale por la boca.

Resopla… Resuella… ¿Y el burro?… ¡Madre santa!… ¡Seguro

alcanzaron a los otros!… ¡Los burros los estarán matando!

Yo me los imaginaba destrozados… Ensangrentados…

Pero llegaron todos, todititos sin faltar uno.

Chéchere se escondía tras la tía Godeleva… Y allá vienen los otros.

Cada uno con un burro, ¡qué burro!… Un hombre… Un hombre que los trae de las orejas.

“¿Son ustedes sus padres?”… Lo eran…

“Estos malditos… ¡Estaban tirados en las piedras,viendo a las mujeres que salieron a bañarse al río!” Meche le dio con el bejuco en la entrepierna al Chibiri…

¿Y todavía llegas con el chicle parado?

No, no fueron a montar el burro, fueron a espiar a las mujeres…

Tres semanas se fueron todos de morrongos a la peluquería de don Chano.

“¿Querían ver pelos?… ¡Llénense hijos de su mal dormir!".

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07 Febrero 2016 04:10:36
Una Maldición inesperada
Le apunté con el ojo medio cerrado… Racimo de mangos verdes, cocoyitos quiero decir.

Chibirico preparaba junto al Ganso la mezcla de chileseco molido con sal.

Desayuno veraniego… A las seis de la mañana suele uno levantarse antes que las mamás.

“¡Dale Negrito!”

Me concentré y lancé la piedra, como si estuviera sin maldad… ¡En el mero centro!

El racimo generoso cayó a tierra y se desperdigó… El Pique, Chéchere y Ganso corrieron a juntarlos.

“¡Ay chiquito, te voy a tragar”…

¡Orden… Orden!… Hay para todos.

Como solía hacerlo, Checherengüe mordió uno para apartarlo… “Sabalito-Sabalón… Sabalito-Sabalón… ¡Que el culo se te afloje por tragón!”

Maldición descamisada que al bembón le vino guanga, ya tenía su mango apartado, el mejor, el medio maduro y medio verde, jugoso y con pulpa.

Comimos a gusto… Enchilados y aullando con las jetas hinchadas.

Agarramos camino… Unos a terminar el sueño en casa, otros a dar de comer a los marranos, otros a llevar el nixtamal con don Macario.

Serían las seis de la tarde cuando Farino, el hermanito del Checherengüe vino a buscarme… “¿Onde anda Chibirico?…

¡No lo hallo!”

Venía con la cara de asustado, blanco de papel, colorados los ojos y los labios temblorosos.

¿Pos qué fue?

“Que al Chéchere no se le para la cagalera”

No entiendo… “¿Y luego, Chibirico no es doctor”

“¡Pero le echó la maldición!”

“¿Cuál maldición?”

“¡La del culo flojo!”

Válgame… Fuimos con doña Meche a buscar a mi amigo, pero andaba pal rumbo de Paso Pital…

Serio el asunto, llamé a Ganso, a Pique, al Chino Edy… Y fuimos a casa de la tía Godeleva.

¿Qué fue?

Chéchere estaba detrás del árbol de aguacate oloroso, llorando por los ojos y por el fundillo.

“Ándale chamaco tragón, si no dejas de cagar aguado orita te voy a poner un palo de escoba”.

Tenía como tres horas que le vino el chorrillo y él estaba seguro de que era por la maldición del Chibirico.

Solamente Chibiri se la podía quitar… “¿Y si te cantamos nosotros?”

“¡Tiene que ser el que me la echó!”… Entre llanto y un concierto de pedos, acuclillado, el Chéchere se alistaba para dejar este mundo.

Entonces el milagro…

Chibirico llegó entre las hojas de la platanera, con ese aire altivo del sabio.

“¿Qué fue… Qué fue?”

Chéchere clamó… Entre orden, advertencia y súplica…

“¡Quítame la maldición!… Porque si me muero de ésta.. ¡Te voy a venir a jalar las patas!”

El Chíbiri tragó saliva… Respiró hondo…

“Por las almas del Negrito, del Pique y el Ganso…

Que tu culo encuentre descanso…”

Y cantamos los cuatro… “Que tu culo encuentre descanso…

Que tu culo encuentre descanso”

Dirán que fue cosa de la fe del muchacho, o de la fuerza de una maldición… O de las hojas maravillosas del te de aguacate oloroso…

Lo que quieran…

Pero el Chéchere pidió olote para limpiarse y se paró, encuerado sí, pero con el intestino liberado de toda maldición…

“Pa la otra fíjate lo que dices”, le recrimino a Chibirico, quien serio reconoce el exceso.

“Sí trompañero”.

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31 Enero 2016 04:10:43
Una maldición inesperada
Le apunté con el ojo medio cerrado… racimo de mangos verdes, cocoyitos quiero decir.

Chibirico preparaba junto al Ganso la mezcla de chile seco molido con sal.

Desayuno veraniego… a las seis de la mañana, suele uno levantarse antes que las mamás.

“¡Dale Negrito!”

Me concentré y lancé la piedra, como si estuviera sin maldad…

¡En el mero centro!

El racimo generoso cayó a tierra y se desperdigó… El Pique, Chéchere y Ganso corrieron a juntarlos.

“¡Ay chiquito, te voy a tragar”…

¡Orden… Orden!… Hay para todos.

Como solía hacerlo, Checherengüe mordió uno para apartarlo…

“Sabalito-Sabalón… Sabalito-Sabalón… ¡Que el culo se te afloje por tragón!”

Maldición descamisada que al bembón le vino guanga, ya tenía su mango apartado, el mejor, el medio maduro y medio verde, jugoso y con pulpa.

Comimos a gusto… Enchilados y aullando con las jetas hinchadas.

Agarramos camino… Unos a terminar el sueño en casa, otros a dar de comer a los marranos, otros a llevar el nixtamal con don Macario.

Serían las seis de la tarde cuando Farino, el hermanito del Checherengüe vino a buscarme… “¿'Onde anda Chibirico?… ¡No lo hallo!”

Venía con la cara de asustado, blanco de papel, colorados los ojos y los labios temblorosos.

¿P'os qué fue?

“Que al Chéchere no se le para la cagalera”.

No entiendo… “¿Y luego, Chibirico no es doctor”.

“¡Pero le echó la maldición!”

“¿Cuál maldición?”

“¡La del culo flojo!”

Válgame… Fuimos con doña Meche a buscar a mi amigo, pero andaba p'al rumbo de Paso Pital…

Serio el asunto, llamé a Ganso, a Pique, al Chino Edy… Y fuimos a casa de la tía Godelva.

¿Qué fue?

Chéchere estaba detrás del árbol de aguacate oloroso, llorando por los ojos y por el fundillo.

“Ándale chamaco tragón, si no dejas de cagar aguado 'orita te voy a poner un palo de escoba”.

Tenía como tres horas que le vino el chorrillo y él estaba seguro de que era por la maldición del Chibirico.

Solamente Chibiri se la podía quitar… “¿Y si te cantamos nosotros?”

“¡Tiene que ser el que me la echó!”… Entre llanto y un concierto de pedos, acuclillado, el Chéchere se alistaba para dejar este mundo. Entonces el milagro…

Chibirico llegó entre las hojas de la platanera, con ese aire altivo del sabio.

“¿Qué fue… Qué fue?”

Chéchere clamó… Entre orden, advertencia y súplica…

“¡Quítame la maldición!… Porque si me muero de esta.. ¡Te voy a venir a jalar las patas!”

El Chíbiri tragó saliva… Respiró hondo…

“Por las almas del Pichojitos, del Pique y el Ganso… Que tu culo encuentre descanso…”

Y cantamos los cuatro… “Que tu culo encuentre descanso… Que tu culo encuentre descanso”

Dirán que fue cosa de la fe del muchacho, o de la fuerza de una maldición… O de las hojas maravillosas del té de aguacate oloroso… Lo que quieran…

Pero el Chéchere pidió olote para limpiarse y se paró, encuerado sí, pero con el intestino liberado de toda maldición…

“Pa' la otra fíjate lo que dices”, le recriminó a Chibirico, quien serio reconoce el exceso.

“Sí, trompañero”.

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24 Enero 2016 04:10:12
El Mamachichis
¡Ya te dije que no tengo… no tengo… no estés fregando!

El Chéchere salió de su casa con la quijada por los suelos y temblorosa, como quien sostiene un sollozo.

La tía Godeleva fue terminante ante su petición.

Estábamos sentados como cuervos, en el tronco del árbol de chaca que se cayó una madrugada de tormenta.

Llegó a sentarse, calladito…

Pensamos que había pedido un cinco, para los chicles Yucatán… o el veinte pal bolillo.

Chibirico se quitó un zapato y del interior sacó, además de la pata envuelta en un calcetín agujereado, una moneda de a 10 centavos.

“Ahí ta… ahí ta… no chilles”.

Chécherengüe volteó a mirarlo… meneó la cabeza y de plano escondió la cara entre las rodillas para llorar.

¡Ah!… no era dinero… ¿Pues qué fregados quería el muchacho?

Se negaba a platicar, a decirnos…

¿Qué te pasa bembón?

Silencio total…

Entonces vino Gualenche, comiendo un caimito que chorreaba su dulzor…

“¿Qué fue Chéchere?… ¿No hubo chiche?”

¿Chiche?… ¿Chiche?…

“¡Oye pinche Chéchere!… ¿todavía te le pegas a la chiche de tu mamá?”

Levantó la cara de entre las rodillas… se le quedó mirando a Gualenche, quien congeló el mordisco al caimito… “La cagué ¿verdad?”

Un chamaco de seis años que todavía mama es como un marciano…

como un perro de dos cabezas…

Chéchere tenía la ventaja de que su mamá nunca dejó de criar, se llevaban todos un añito de diferencia.

Pero los que seguían de él ya habían dejado de chuparle al morral.

“¿En serio todavía mamas?”

Seguía mirando al Gualenche con aquella cara de reproche…

con el insulto contenido…

“¡Claro que no!”…

La bemba le temblaba… “¡Claro que no!”… y lo señalaba con su dedo índice… “Yo no mamo chiche”.

Nosotros estábamos estupefactos… casi con la respiración contenida ante aquella revelación…

¡Un mamachichis!… tan cerca de nosotros y ni cuenta nos habíamos dado.

¡Con razón se desaparecía de repente a medio juego!…

Con razón nunca quería tomar el chocomil del vaso… con razón todo lo quería con popote.

Intentó explicar… se quedó con una palabra contenida, con la frase inexpresada…

Movía las manos, movía la cabeza…

“Es mentiroso el Guale… ¡Yo no mamo!” Fue que salió la tía… cargando al bebé…

“Dile a Meche que me mande una caguama… que me la apunte, pa’cargarme… o te quedas sin chiche”.

Levantó las manos al cielo… como quien se fastidia de ser descubierto…

“¡Ya no quiero… ya no quiero!”

Y no quiso…

La vergüenza acabó con su larga trayectoria chichera…
17 Enero 2016 04:10:07
Adair, el refugiado y la traición
¡Por favor… por favor… por favor Negrito!… dile a tu mamá que me deje quedar en su casa, que me adopte… ¡Sí!, que yo sea tu hermano.

Por principio de cuentas, Adair llegó con sus patas pelonas y nejas a provocar una rebelión en el centro de las canicas, las pateó cuando yo estaba cerrando el ojillo izquierdo, apuntando para ver cuántas podía sacar.

Estaba seguro de que iba a llevarme de encuentro por lo menos tres, me había colocado estratégicamente para que no me dieran un quenco… ¡Y justo ahora se le ocurre a este infeliz llegar a revolverlo todo!

La tensión que antecede al tiro se rompió… ¡Jijuetuchepindrema!… así exclamaba Checherengue cuando una maldición, producto del enojo, rondaba sus labios, sellados para no decir malas palabras.

-¿Qué trais?

Temblaba Adair… “Tavo me quiere dar mis cuerazos”.

Suspiramos… Chibirico que estaba moviendo con el pie su cayuco para alejarlo de Gelo, quien lo tenía a tiro de un quenco, protestó…

“No mames nalgón… ¿por unos cuerazos andas huyendo?” Los cuerazos eran tan cotidianos, que nadie huía de su casa para evitar una cueriza… acaso algunos corrían y regresaban en la noche, o más tarde, con suerte se le pasaba el coraje al verdugo… con mala suerte no.

Pero, ¿huir de la casa para que no te arrimen la cintariza? Adair tenía los labios pálidos… “Es que me va a matar” Tavo, el hombre que lo tomó como entenado al juntarse con su madre, era barbón… fornido… y holgazán como ninguno.

Adair… seis años, científico en ciernes, lo encontró dormido y se preguntó si era cierto eso de que el pelo del hombre no se quema.

Tomó la veladora puesta en memoria de su abuela Nicanora y se la acercó a la barba a su padrastro…

“Yo nomás quería quemarle uno… o dos, y tenía el vasito con agua para mojar el dedo y apagarlo de volada”.

Interesante experimento, sin duda, que nos tenía con la boca abierta.

-¿Y luego?

“Le quemé un pelo… bueno, yo quería quemarle uno, pero se prendieron varios… bueno, un chingamadral de pelos… ¡se le prendió la barba!”

“Jijuesupilinga… ¿le quemaste la barba a Tavo?

Asintió con la cabeza…

Al ver aquel desastre, le echó el agua del vaso… la lumbre se medio apagó, Tavo despertó sobresaltado y al sentir que se quemaba corrió desesperado por todos lados de la casa con la barba en brasas…

se apagó con la toalla…

De principio pensó que fue por quedarse dormido con el cigarro encendido, pero Adair, petrificado, no movió la veladora.

De allí, a que el hombre fuera a buscar el cinturón de cuero para ajusticiar al chaval, fueron apenas unos segundos… vitales para escapar.

Había que protegerlo, la ciencia podía perderse de un futuro hombre valioso.

Nada de adoptarlo, conocía a mi ma’linda, auspiciadora de atender al desvalido, pero incapaz de meterse entre la disciplina de un padre y de su hijo… “Cada quien sus hijos”.

No lo íbamos a poder adoptar, entonces lo esconderíamos y guardaríamos el secreto… le llevaríamos de comer todos los días…

en la noche y tempranito salir a cagar o a mear y luego otra vez al pozo.

Hasta que a Tavo se le pasara, o se largara como acostumbraba hacerlo de vez en vez…

Chibirico encontró un pozo por el lado de las palmas de coco… grandecito, le metimos unas sábanas viejas pero limpias que estaban en el taller de Sabino El Toques…

Se metió asustado… “No hagas ruido”

“¿Me pueden traer unos frijolitos y unas tortillas?… ¡No he comido!”

¡Primera misión del comando salvador!… Pivo fue por la tortilla, el Chino Edy por los frijolitos… hasta eso, calientes…

Se los tragó como náufrago… le hacíamos plática, cada quien un ratito para no llamar la atención.

“¿Y no tendrás un panecito con cajeta?”…

Panecito con cajeta, sacado de casa de Armando la Rata…

Tres horas después, mi turno de platicar con él, pero el nalgón estaba dormitando… con los ojos cerrados aún pide: “¿Vasito de leche con bolillo?”

Este refugiado era bastante tragoncito.

No sé quién fue, si me fuese dado jurar, juraría que no fui yo…

Pero de repente llegó Adoración, la madre de Adair… lo sacó a cuerazos del pozo, y se lo llevó así por toda la calle hasta su casa.

Tavo no estaba, se fue enojado de la casa, como lo hacía de vez en vez, sólo para volver a los 15 días, después de todo, no había muchas mujeres dispuestas a mantener a un vividor.

La cueriza no lo mató, pero nosotros descansamos… eso de los refugiados por caridad no es asunto tan sencillo.

“Se iba a tragar todo de la casa y los cuerazos iban a ser para mí”, justificó Chibirico.

Mañana continuamos con el juego de las canicas, justo desde donde estábamos antes que llegara Adair, fue el trato en la fogata nocturna.

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10 Enero 2016 04:10:56
La chamaca salió panzona
Pues bueno… La chamaca que exigía libertad, ya está bien tripona.

¿Y ahora?

En ese afán sincero de castigar a los partidos y políticos corruptos, de votar sin considerar la oferta, ahora tenemos lo que ni siquiera imaginamos.

Cuando la muchacha le da vuelo a la hilacha, difícilmente piensa en embarazo.

Cuando la ciudadanía piensa en “voto de castigo”, no piensa en gobernante.

La muchacha piensa que castiga a sus papás cuando se acuesta irresponsablemente con el vago de quien le prohibieron cercanía.

La ciudadanía piensa que castiga a los partidos cuando vota precisamente por aquel de quien le advirtieron se cuidara.

¿Y qué tenemos?

Una chamaca con la panzota que ahora no sabe qué hará con la criatura.

Gobiernos a los que no encontramos forma, que nos engañan, que se caen del pedestal en un soplido.

Salimos castigados todos…

Menos el gañán que desahogó el instinto en la muchacha.

Menos el vival que se agarró del poder de hacer negocio sin tener capacidad.

¿Tiene usted el Alcalde o la Alcaldesa que buscaba… El Gobernador que se esperaba?

No son muchos los casos en donde la respuesta es positiva.

Autoflagelarnos, pensando que con eso castigamos a la autoridad es de una ingenuidad tremenda.

El riesgo es que conocido el placer, a la chamaca le dé por llenarnos de nietos.

El riesgo es que encontremos divertido poner cada vez a los peores.

La oportunidad es madurar ahora, que dentro de poco hay que elegir de nuevo.

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03 Enero 2016 04:10:01
El fondillo de cortaúñas
Sería porque en aquellos remotos parajes que alguna vez fueron pantanos, uno comía lo que había… y como estuviera.

Mal se afanaba mi ma´linda en preparar las tortillas a mano y servir desde el jarro de frijoles hasta que mostrásemos las manos limpias y olorosas a jabón, que al rato andábamos apedreando mangos para comerlos con chile en polvo.

La consecuencia eran aquellas tremendas rasquiñas de fondillo… la típica comezón que indica que algún ser alienígena se encuentra en nuestro organismo.

Lombrices, casi siempre…

Yo no lo padecí mucho, debo decirlo…

Felisa, mi cubanísima abuela solía preparar un menjunje espeso, en base de epazote y un pegamento que debía ser polvo de pata de chiva… o algo parecido.

Espantoso al olfato y una tortura al paladar… no había bicho que se le resistiera.

Por eso es que uno adoptaba ciertas maneras de caminar, de culito apretado para rascar el fondillo sin necesidad de llevar los dedos hasta ese sacro lugar.

Porque apenas Felisa nos descubría dándole masaje a los bichos, se lanzaba al monte a buscar la yerba necesaria para mezclarla y preparar el menjunje…

Me recuerdo aquella vez en que Armando, el Ratón, andaba como desesperado… miraba para todos lados, agarraba ramitas del ciruelo que estaban secas del otoño… las pulsaba, las quebraba y meneaba la cabeza.

“No, no… esta no”.

Entonces reparó en mi mochila, colocada en el corredor que daba a la casa paterna… los ojos le brillaron cuando vio el lápiz Mirado, al que mi sabio padre acababa de sacar punta con la navaja de afeitar.

Lo tomó con mano temblorosa y sonreía gustoso mientras se dedicaba a rascarse el fondillo…

Felisa lo vio… lo espió desde la rendija de la ventana y luego salió con la pócima de marras.

“A ver Ratoncito… venga para acá… le voy a invitar de este remedio”.

“¡No Má Pile… No Má Pile!”, decía el chamaco levantando las manos, una de ellas todavía con el lápiz en la mano…

“Ándale… orita le voy a decir a tu mamá que te dé la purguita… porque te estabas rascando la colita”.

Ratón se quedó quieto un rato… como conejo lampaceado… Finalmente reconoció, a su modo… “Sí… güero… sí”.

“¿Verdad que sí?”

“Sí, Má Pile… pero no mes por bichos”.

“¿Entonces?”

“Es que le estoy enseñando a mi fondillo a sacarle punta al lápiz… ¡mire qué bonito me quedó?”

Por aquella gracejara, llena de ingenio, se ganó el Ratón el derecho a tomar un Mister Q de fresa luego de la purga… pa'que no le supiera tan feo.

Aunque de salvarse… ¡nada!

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27 Diciembre 2015 04:10:55
¿Te rindes Chibirico?
¡Pajía… Pajía… Pajía!

La rama del tamarindo tenía forma de metralleta, arma superior al pedazo de palo de escoba que Cano el Cerillo tenía al otro lado del patio.

El tiraba de a uno, yo tiraba de a tres.

La cosa es que en aquellos juegos precursores del Gotcha, nadie aceptaba ser herido.

Nadie aceptaba recibir el impacto que con toda certeza le fue disparado.

Así que a los 20 minutos de disparar sin descanso, de trepar por los montones de tierra, de vadear el árbol de chaca y quedar entre el anono y el guanábano, estabas sudoroso, afónico…

Y aburrido.

Entonces el juego se convertía en un desafío mental intenso.

“¿Te rindes Chibirico?”… “¡Ni madres!” Rueda un zapote seco frente a mis ojos…

¡Y me lanzo como lince sobre el montón de hojas de palma! ¡Pum!…

La granada estalló sin herirme, bueno, eso digo yo… Porque el Chino Edy asegura que me hirió mientras volaba en busca de refugio.

“A huevo… A huevo… Fue como cuando el sargento Sonder quedó tirado”

Pero yo me tocaba y estaba completito. Y volvíamos al juego mental…

“¿Te rindes Ganso?”…
“Nunca me rendiré” El aburrimiento empieza a ganar… Pero rendirse ahora es perder el juego.

Un juego sin goles ni carreras… Un juego de aguante.

Y en ese sopor de tiempo detenido, de murmullo de chicharras… De panales suspendidos.

A Neto el Pique se le ocurre la bendita idea de pegarle con el pico de su arma de palo a un panal de avispas.

Una… Dos… Tres…

“¡A la güira… A la güira… Avispaaaaaaas!”

Esas desgraciadas sí traían armas de verdad…

Por acercarme a mirar recibí el primer impacto en el ojo izquierdo…

Lucio el Chéchere traía las bembas de negro como globo inflado… Chibirico se llevaba desesperado las manos a la espalda.

Corrimos, americanos y alemanes hasta la esquina de don Nato cara de gato.

Resoplando…

¿Y así quién gana?… ¿Quién?

¡Las avispas!
20 Diciembre 2015 04:10:44
La palabra que me dejó con hambre
Aquí se quedan, dijo El Negrón…

Terminal camionera Flecha Roja, vamos a México a ver a mi Ma' Linda que se encuentra allá con el Negro Yayi, mi hermano, gravísimo en un hospital grande, por tragar chanclas, hilos, tierra y lo que se pueda.

Aquí se quedan, orita vengo…

Al Pollito y yo, no hay más todavía… Uno allá y dos acá.

Yo soy valiente, dice El Negrón, porque me aguanto siempre las ganas de llorar.

Sé que el camión sale a la una de la madrugada.

Sentaditos en las maletas, Pollito empieza a mirar en derredor, puro costalero, familias que viajan… Chamacos dormidos en el suelo…

“¡Papantla doce y cuarto… Papantla doce y cuarto!” Se levantan unos… La señora de la mesa que tiene muchos papeles parece una cotorra con el pelo mitad güero y mitad negro… La papada como bajacresta de gallina…

Volvemos a mirar… Ella me sonríe nerviosa…

El Negrón va a volver, lo sé…

Aunque me recuerdo cuando Chibirico platicaba de niños abandonados por sus papás en el mercado, porque no tenían para darles de comer.

Pero no… El Negrón nunca haría eso…

La Pollito, que ya sabe el reloj, mira a la pared… Yo empiezo a temblar, ¿y si nos roban?

¿Y si nos llevan… Y si nos ponen a pedir limosna?… ¿Y si me mochan un brazo para dar más lástima?

“Jalapa doce y media… Jalapa doce y media”…

Y luego los gritos… El borracho que sale tambaleante, detrás la mujer que con una mano se baja la minifalda y con la otra la emprende a cachetadas.

“¡Y ve a agarrarle el tesorito... a tu abuela!” El borrachín tira zarpazos al aire, se quiere detener de un lazo imaginario… Se va contra el cobrador del camión, quien lo avienta.

Y salen detrás como cuatro mujeres más… Minifaldas, carnes trémulas, maquillaje y veneno de los labios.

“¡El tesorito... no se agarra si no traes dinero papacito!”

¡Ah, menos mal!… Es el papá de todas ellas, pienso.

La Pollito asustada se esconde detrás mío… No dice nada, llora en silencio un chorro de lágrimas de miedo.

Y El Negrón no vuelve…

Un cuico… Dos cuicos… Tres cuicos… Gordos, chaparros…

Llegan empujándose, levantan al borrachín… Que lo van a someter… Que le van a echar guante.

Entonces la primera mujer se adelanta… ¡Ahora le pega al poli!

“No lo estés bolseando, rata”

El poli sonríe nervioso… El borrachín intenta correr, pero se cae a unos cuantos pasos… De hocico…

Entonces mi rostro se ilumina… Le digo a Pollito… La jalo para que mire…

El borrachín fue a caer a los pies de El Negrón, quien vuelve con una bolsa de pan.

Pollito corre para abrazarlo… Yo me quedo a esperarlo como gendarme que entrega su guardia.

Me pone la mano en la cabeza y me revuelve los medios chinos…

“¿Tuviste miedo?”

Meneo la cabeza, digo que no…

La Pollito come un pan… Ojo de Pancha que trajo El Negrón.

Yo escojo uno… Bueno, lo estaba escogiendo mientras le pregunto…

“¿Pa… Qué es tesorito...?”

Y en un fugaz instante me quedo sin bolsa y sin pan.

Mala palabra… Mala palabra…

Lo aprendo con el dolor de mi tripa.

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13 Diciembre 2015 04:10:27
El perro verijero
“¡Chamaco jijo del hule… déjese esas verijas, o se las voy a cortar para dárselas al perro!” Quizá hubiera mejores formas para explicarle a un niño de cuatro años que explorar su cuerpecito frente a la gente era desagradable, o al menos, visto como una “maña”.

Bolillo Sánchez, hermano del Espinilla, tenía esa costumbre…

Se notaba más porque andaba encuerado todo el día.

Le escurría la mugre por el abultado vientre en aquellos agobiantes días del verano.

Chupón en boca, para que tuviera algo con qué entretenerse en esos días en que les daba por pedir algo más que los fideos con frijol en bola.

Es que no hay peor delito que ser pobre y tragón, decía su padre, Catarino, quien se ganaba la vida en los billares.

Pero Bolillo tenía la única costumbre capaz de escandalizar a María la Puerquera…

“Mira ese chamaco jijueputa… no deja de sobarse las verijas, lo dejan así para que al rato sea un degenerado”.

Y en buen castellano, ella pretendía evitar que en el futuro, Bolillo engalanara alguna de las páginas policiacas de La Opinión.

Pero no entendía… así que decidió asustarlo con el cuento de que si seguía agarrándose los testículos o el pene mismo, un perro se los arrancaría.

Jamás quiso entender el buen chamaco… que pelaba los ojotes y succionaba con más fuerza al chuponcito.

El día menos pensado, María lo volvió a sorprender y trajo al Canelo, su perro de cuatro cruzas y lo acercó a Bolillo… “Cómele las verijas”, le dijo.

Claro, era de juego… era para inspirarle miedo…

Y Canelo se le acercó… adelantó el hocico hacia la zona genital de Bolillo que se quedó helado…

Espinillas iba saliendo de la casa de carrizo… yo estaba mirando con el trompo listo para dar su baile y me quedé petrificado.

María se dio cuenta de que el susto había ido demasiado lejos…

“¡Espérate Canelo… espérate animal!” Demasiado tarde, Canelo ya estaba sobre ello…

Pero no para arrancarlo… estiró la lengua y en cuestión de segundos, el rostro de Bolillo tenía una sonrisota… por primera vez se quitó el chupón… y de la nada salieron como cuatro encuerados pidiéndole a Canelo que les hiciera también la misma gracia.

María la Puerquera se llevó a su perro a garrotazos y lo amarró en el patio de atrás para no soltarlo nunca.

Ni Bolillo ni el resto de los encuerados se hicieron degenerados…

en realidad, María solucionó el problema regalándoles calzones.

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06 Diciembre 2015 04:10:04
El bolillo o la nalga
Uno sabía que ese patio estaba vedado.

A menos que tuvieses centellas en los pies y fueras capaz de correr más veloz que El Firuláis.

Corriente, color acanelado y con manchas por todo el cuerpo, un ojo medio tuerto, pero los dientes completitos.

De lejos podíamos tirarle piedras, torearlo y correr despavoridos hasta el almendro y colgarnos de sus ramas, mientras el perro enloquecido se levantaba en las dos patas cortas para tratar de alcanzarnos, infructuoso.

Así transcurrían las tardes… o los larguísimos veranos.

Me recuerdo, siete años, volver de la tienda de La Güera, con mi bolillo de a 25 centavos, con un jalapeño en vinagre y una rajita de queso fresco.

Dos mordidas antes de llegar al puesto de huapilla…

dos mordidas y ese delicioso sabor del pan que cede y se mezcla con el picante y la tenue sal.

Sería tal embrujo, no tan constante como yo hubiera querido… que caminé sin darme cuenta directo al Firuláis.

No me hubiese dado cuenta, y dicen los expertos en canes, que el perro no me hubiese atacado si el Chibirico no me grita…

“¡San Martincito, el perro!” Con la boca llena del más reciente mordisco, miré… y miré bien, porque debí abrir los ojos como cayucos bocholones.

¡El perro!

Ese malhadado perro, que empezó a gruñir… que empezó a avanzar… que empezó a ladrar.

Y mis piernas flojas, mis rodillas que chocan y esa orden cerebral de emprender una carrera que no encuentra respuesta inmediata en mis canillas.

¡Corre… corre… corre Negrito!

Decía mi tío Veneno, cuando me entrenaba al beisbol, que los buenos peloteros pueden chocar con una barda, pero nunca sueltan la de spolder.

Y yo no pensaba soltar aquel bolillo…

No había dado cinco pasos cuando sentí el hocico de Firuláis, húmedo, baboso, que chocaba con mi espalda y luego se retiraba…

¡Corre… corre… corre Negrito!

Y volví a correr… pero allá venía el perro…

¡Va a morderte la nalga!

Antes de que clavara los colmillos, imaginé el mordisco…

¡Qué vergüenza!, una nalga mordida por un perro.

¡Tírale el bolillo!… ¡El bolillo Negrito!

¿El bolillo?… ¿Mi bolillo?… ¿Por el que ahorré cinco centavos diarios del gasto para la escuela?

¿Mi bolillo?

Me detuve en seco, pálido, sudoroso… miré a los ojos del Firuláis, y me dije, vas a dominarlo… enséñale los dientes, dale una pedrada, pero ese bolillo no lo sueltas.

Poco sabía el perro desgraciado de sicología… Se me acercó, despacio… gruñendo…

¡Tírale el bolillo!

Hay veces en que un hombre tiene que mostrar que existen límites, que la bestia irracional no puede triunfar siempre sobre la inteligencia…

¡Doña Chucha… su perro!

Grité con todas mis ganas, con tal angustia… con tal denuedo, que no sé cuánto tardó en salir la buena doña, con un palo en las manos a gritarle a su perro, que escondió la cola entre las patas y se fue…

“¡Jándile perro cabrón!”, le decía…

Me fui, con las patas temblorosas hasta donde Chibirico sonriente, me felicitó por la hazaña.

“Debieras darme un cacho del bolillo, por avisarte”.

Lo que es de gentes, es de gentes… le di un pedazo, con poco queso y me fui, cerca del almendro, a disfrutar el resto.

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29 Noviembre 2015 04:10:10
Y le dijo Vieja Guanga
Una cosa es que le dijeran huevona… O chancluda… O que le dijeran que tenía más bigote que su marido.

Pero a Paula no le podías decir Vieja Guanga… ¡Porque se encendía! Ese fue el asunto…

Donato Cara de Gato andaba medio borracho… O borracho y medio, caminaba haciendo “eses” por la calle engravada.

Chibirico lo vio venir, y muy jijo de la tostada hizo el truco de la llave… Fue a la colectiva y abrió el chorro a todo lo que daba.

¡Santo escalofrío!… El vejete se detuvo y arqueó la espalda como gato erizo… Se quiso enderezar pero no pudo.

La naturaleza llamaba… Y cuando a mear llaman… A mear se acude.

Desenfundó y corrió con el pellejo en la mano hasta la mata de Floripondio que tenía Paula afuerita del jacal.

¡Listo!… Chibirico y el Chéchere unieron voces… ¡Se están miando en el Floripondio… Se están miando en el Floripondio!

Donato volvió apremiado… “¡Cállesen chamacos de siete chiles!”

“¡Agarren al mión… Agarren al mión!”

Paula salió a ver qué pasaba y encontró al Floripondio llorando lágrimas de agüita de riñón…

¡Y vaya que el orín de borracho es apestoso!

Abanicó a escobazos las nalgas derretidas de Donato, quien bailaba meneando las caderas para esquivar los impactos.

“¡Viejo sucio!… ¡Vaya a miarle la cabeza a su rechingada agüela!”

No, no… El espectáculo valió el chorro de agua… Donato ya quería detener aquello… “Por favor Paulita…
Perdone…

Perdone… Es que me ganaba” Pero Paula no entendía razones… Bufaba… Resoplaba… Y Donato exasperado levantó la mano en señal de rendición…

“¡Ya… Ya… Me rindo, pinche vieja guanga!”

¡¿Quéeeeeeeeee?!

Entonces sí, Paula enfureció… Los cachetes relumbraron y la mirada se le hizo turbia…

Se le fue encima como la Tonina Jackson al Cavernario… Y lo planchó.

Luego lo pescó de los tanates y se los jaló con tal fuerza que Donato ahogó un grito de angustia y los ojos se le salían.

Se desmayó…

“¡Ya lo mato!”, dijo aterrado Chibirico… “O de perdido lo deshuevó!”

Ni una ni otra cosa…

Pero el apretón estuvo canijo, diez minutos después Donato se levantó y durante varios meses, dicen, no pudo mear ningún árbol ni llanta de carro.

Y cómo, si durante mucho tiempo tuvo que orinar sentado…

Y aparte, hacerle caravana a Paulita cada vez que la encontraba.

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15 Noviembre 2015 04:10:51
Y se parchó a la gallina
La noticia corrió como si se tratara del muertito más reciente… O del pleito a planazos de machete.

Son cosas que hacen una marca, una muesca en el machete, en la guaparra de la historia.

“Así como te lo digo Pichojitos… Que se me achicharren las bembas si te digo mentiras”.

El Checherengüe estaba pelando una naranja y las jetas se le fruncían y desfruncían, conforme quisiera darle más énfasis a una palabra.

“Que al Neto… Al Pique lo encontraron parchándose una gallina”.

Que tenía los calzones llenos de plumas y los pantaloncillos truncos hasta las rodillas.

Que lo encontró doña Vicky, su mamá, cuando escuchó escándalo en el gallinero y pensó que era un tlacuache.

“¿Pos cuál tlacuache?… El que estaba acabando con sus pollos era el chamaco calenturiento.

Cinco años del Pique… ¿Dónde habrá visto eso?, platicaban los grandes, azorados por la noticia.

En aquel barrio donde reinaba la cuartería de doña Chucha, donde las muchachas de la vida atendían con la mayor discreción posible, pero que estaban tan al alcance del ojo pícaro por las rendijas de la madera… ¿En dónde más se podían ver cosas como esa?

Al Pique lo encerraron… Quince días en el cuarto, sin derecho a salir.

“¿Y no sale para nada?”.

“Nomás a cagar dos veces al día”.

Solidarios, los descamisados nos turnamos para hacerle visitas…

Por la mañana los que iban a la escuela por la tarde…

Y por la tarde los que iban por la mañana.

Fuimos lo más diplomáticos que se pudo, pero la curiosidad era más grande.

El Ganso no le dio tantas vueltas…

“Oye Pique… ¿Y por qué te parchaste a la gallina…

Quién te enseñó?”

El amigo puso la cara como los presos, como el papá de Carne Seca cuando íbamos a visitarlo…

Así pensativo, como que arrepentido…

Yo le di un zape al ganso… “¡No seas animal!” Se quedó callado, medio avergonzado… Al final el Pique casi lloraba.

“No me vayan a cabulear cuando salga… Porque voy a sentir regacho…”

Le explicamos que era difícil, pero que no le íbamos a echar bulla… Que seríamos buenos amigos.

En eso llegó doña Aldegunda, la abuela… Apurada y con las manos en el delantal.

“A ver chamacos, ayúdenme a pescar la guajolota café… Le toca mole… Ándenle, me la pescan”.

Chibirico se puso en línea de arrancada…

“Sale doña Gunda… ¿Y no quiere que de una vez se la matemos?”.

-”¿No les da cosa?”.

Entonces le pegó en la madera al cuarto donde estaba recluido Neto.

“¡Te toca la conyugal, cabroncito!”

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14 Noviembre 2015 04:00:36
Morena confía en voto de castigo
BUEN DÍA … Los gobiernos priístas son rateros y los panistas ladrones y arbitrarios, dicen en las filas del partido político Movimiento de Regeneración Nacional, (Morena) quienes consideran que ante el desastre del priísmo y la decepción del PAN, son muchas las posibilidades que en las elecciones municipales del 2017, la izquierda de Monclova obtenga copiosa votación durante la renovación del Ayuntamiento.

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, estratega nacional de Morena, suele decir en sus discursos,- la única diferencia entre el PRI y el PAN es que mientras que los priístas son rateros, los panistas son ladrones, y la realidad es que son múltiples los casos que ilustran perfectamente lo anterior, con todo y la demagogia que caracteriza a priístas y panistas.

Por cierto, mañana domingo en Monclova se llevará a cabo la primera sesión del Consejo Estatal de Morena que preside MIROSLAVA SÁNCHEZ y que vigila RAUL YEVERINO cuyo cuadro directivo apenas días atrás quedó integrado, y ahí diseñarán las estrategias y el rumbo con que trabajarán en Coahuila.

La militancia de diversos partidos políticos recuerda los tiempos en que los albiazules años atrás apoyaron el incremento al IVA del 12 por ciento al 16 por ciento, también el –gasolinazo- el fraude del Fobaproa con cargo al pueblo y muchas otras pillerías más con sus aliados del PRI y el más reciente maridaje fue el Pacto por México con ENRIQUE PEÑA NIETO al frente.

Dicen que en las elecciones de ayer en AHMSA 1 organizadas por la Sección 147, PACO MORALES trabajador de Laminadora en Caliente y partidario del ciudadano canadiense NAPOLEÓN GÓMEZ URRUTIA, intentó romper la cédula de votación, pero agregan que rápidamente lo conminaron a que no hiciera eso, y le advirtieron que si no quería participar pues que se retirara del lugar, y lo sorprendieron en la maroma porque ya lo estaban observando desde minutos antes.

El comité dice que la tirada del opositor PACO MORALES era generar bronca para empañar la elección, pero le falló la jugada porque le agarraron la señal que le hacía el couch desde el cajón de tercera base. En la madrugada de este sábado terminó el conteo y de los 21 participantes sobraron 9 cachuchas tomando en cuenta que solamente había 12 boletos disponibles de los cuales 4 son para conformar la comisión revisora del tabulador y 8 del comité de huelga.

El 18 de octubre de 2014, PACO fue golpeado por un desconocido saliendo del túnel y colocó la denuncia ante el Ministerio Público, pero luego el 26 de septiembre de este 2015 lo sucedió lo mismo al lado de sus amigos JOSÉ JUAN SIFUENTES y ROBERTO VELOZ y todos ellos sirvieron de sparring a SILVERIO PÉREZ REBOLLOSO quien les dio –batería- a los 3 al mismo tiempo.

El lunes es 16 de noviembre y ya están a la vuelta de la esquina las posadas y lo más probable es que dentro de algunos días ya queden suspendidas las reuniones de todos los grupos sindicales de la 147 y 288 pues la banda se dedicará a hacer planes del presupuesto del ahorro y aguinaldo, y luego de las desveladas decembrinas y sin un cinco en la bolsa con tantos gastos, recibiremos el 2016 que económicamente estará muy complicado.

FRANCISCO PÉREZ TOVAR, administrador de la funeraria de la Sección 288, decía recientemente que la falta de médicos legistas está ocasionando muchos problemas pues no hay quien haga esa labor y los familiares de los difuntos se molestan bastante por obvias razones, pero la explicación que le damos a Pancho es que Coahuila está en bancarrota porque toda la lana de miles de millones de pesos van a parar a los bancos tan solo por intereses de la mega deuda.

Los médicos legistas de la Procuraduría de Justicia renunciaron por los salarios de hambre, no le pagaban horas extras, ni prestaciones de tal forma que ya nomás quedó 1, pero no se da abasto con tanta actividad desde violaciones, homicidios dolosos o accidentales, certificación de lesiones, entre otras más funciones.

Por cierto que mañana los pirrurris del PRI de Monclova tienen show con una disque elección de consejeros municipales y estatales, y es la misma pandilla de siempre, o sea los que se han enriquecido durante años con dinero público brincando de cargo en cargo y con percepciones enormes y cuya labor consiste únicamente en adular al régimen, y a cambio de eso tienen luz verde para robar, robar, y robar.

HASTA MAÑANA




08 Noviembre 2015 04:10:24
El charco de los calzones
Era un charco de aguas turbias en donde solamente podían cazarse caraballos… Jugar a los patitos o echar barcos de papel.

Hasta que el Checherengüe le encontró mejor utilidad.

Venía como siempre, bolillo en mano y bocado en el cachete…

“¿Un secreto, quieren un secreto?… ¡Yo sé dónde ver calzones!”

Chibirico estaba midiendo las “cuartas” para establecer las reglas en el juego de los retachitos… Así que contestó sin ver… “¡Pos en los tendederos!”

“¡Noooo!”… “¡En el charco!”… ¿El charco de los sapos barraganes?… El de los caraballos… Nos miramos… “A ver”…

Aquello requería de paciencia, aplanarse media hora, a veces más, hasta que pasara una muchacha con falda o con vestido, que pasara cerca del charco y sus piernas y más arriba, se reflejaran en el espejo líquido.

Y claro, que la imaginación hiciera lo suyo, porque en aquella difusa imagen, mal se veían las piernas… Pero ¿calzones?

aquellos dos juraban ver lo que yo no veía… A lo mejor porque yo estaba cegatón.

“¡Paaaaa su güira!… ¿Viste?… ¡Con moñitos!…”

“¡Aaaaaaurrepinchísisisisi-si… Florecitas, ¿viste?” Tres calzones en dos horas era una gran cosecha, decían…

Yo me aburrí de no ver lo mismo que ellos, y me fui a entrenar el trompo”.

Estaba bailándolo en la zurda cuando los gritos de María la Puerquera me distrajeron… “¡Separen a esos jijueputa que se van a matar, cabrones!” ¡Pleito… A lo mejor a machetazos!

Corrí a la calle, pero no…

Eran Chibirico y el Chéchere… Fieros y trenzados, haciéndose un candado en el pescuezo… Mentándose la madre.

Tirados en el charco, bañados en aguas turbias… En lodo… Y claro. Impidiendo el paso camión de la Dos Equis que iba a surtir los cartones de cerveza en la piquera de María la Puerquera.

Por fin una ronda de cintarazos separó a los gladiadores que bufaban de coraje.

“¡Pinche hediondo!”…

¿Qué fue?

Bueno, que hasta en las cosas más bajas hay honor… Hasta en los placeres más perversos…

El Chéchere no respetó el paso cuando vino doña Meche…“ ¡Este puerco le vio los calzones a mi jefa!”

“Pero fue sin querer”…

¡Y se iban a trenzar de nuevo!… Cuando les pidieron explicar cómo fue eso.

El misterio del charco fue aclarado.

Y como tampoco se trataba de pavimentar, se le puso un cerco de por los lados, chamaco que fuera sorprendido acercándose a la orilla sospechosamente, sería reportado y castigado a cintarazos.

Ese verano los caraballos se reprodujeron con absoluta libertad.

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01 Noviembre 2015 03:10:49
Cuando Farino orina se cura el pollo
El patio común… los pollos de todos. Una marca azul los de ma´linda… una rosa los de la tía Godeleva.Las casas de madera terminaron por rodear el solar y un patio de 10 por 10 quedó en medio, para jugar… para soñar… para cortar anonas y mangos… Para criar los pollos. Esperanza de un buen plato de mole… o de venta… Esperanza que solía diluirse cuando llegaba una extraña viruela que terminaba con todos los pollitos. Hasta que Godeleva encontró el remedio mágico… “hay que orinarles la cabeza”, dijo… Es que un día, por mera distracción, Farino, su hijo el que siempre andaba encuerado, orinó por la ventana sin advertir que un pollo virulento se encontraba moribundo allí enfrente. Lo bañó literalmente… y el pollo milagrosamente sanó. Pensó que a lo mejor la orina de Farino era milagrosa, así que comenzó con sus experimentos… Puso a sus demás hijos, Eleazar, Lucio y Emir a probar… ¡y dio resultado!, los pollitos sanaron. Orinoterapia en su más zoológica expresión. Salvación para todos mis amigos… esta vez sí habría pollos para Navidad… para comer un delicioso pollo al horno, sueño guajiro de los descamisados de aquellos patios. ¿Pollo para la cena?… no era un sueño. Gracias a la mágica pis de los 14 descamisados, era posible. Y ocurrió que Godeleva y ma´linda encontraron una manera muy sencilla de aplicar el remedio; rodearon el patio con una cerca de malla para que los pollos no pudieran escapar. Cuando aparecía un pollo con viruela, todos los demás eran encerrados en un gallinero, y el solitario enfermo era soltado en el solar común. Y entonces venía el grito… “¡Poooollo con viruela!”

No se necesitaba más… como en las caricaturas de los superhéroes; podía uno estar jugando a las cuirias a punto de hacer rebolión… podría uno estar ensimismado en la tarea escolar… o podía estar imaginando cosas… El llamado era ineludible y allá salía uno… bajando la bragueta en el camino para llegar a tiempo y perseguir al pollito, pajarito en mano, mientras se soltaban a manera de metralla los chisguetes. El pollo corría como desesperado… emitiendo pillidos angustiados, hasta que por fin, acorralado junto a la cerca de malla, terminaba por acurrucarse mientras le aplicábamos el remedio. Obvia decir que de ahí teníamos que ir directos al guaje de agua para bañarnos… las huellas de la batalla eran evidentes en manos y pantalones truncos. Cual guerreros tras la batalla, volvíamos a la actividad normal, para esperar el siguiente llamado del deber. Y sí… los pollos sanaron. Pero no los comimos en navidad, ni después… No pudimos, los llegamos a querer tanto, que los dejamos morir de viejos.

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25 Octubre 2015 02:10:16
¡Bríncale Farino… bríncale!
Según Gualenche, la cerca de don Joaquín estaba “letrizada”… porque daba toques.

-¿Y tú sentiste?

“Yo lo sentí… de güenas que alcancé a quitarme, porque capaz que me achicharra”.

Se hizo pues la leyenda.

Un batazo de faul, la pelota de hule se va para el patio de don Joaquín y doña Carmelita, ¡y adiós!… ni manera de brincar la cerca, porque te chichinabas.

Perdimos no menos de 20 o 25 pelotas…

Pero ocurrió, como suele ocurrir, que un día decidimos desafiar aquella mítica cerca… claro, tampoco era cosa de que arriesgáramos todos el pellejo.

Un faul bateado por el Chino Edy… una pelota prestada que teníamos que regresar de a fuercita… y la llegada de Farino.

“Hey Farino… ¿Te pasamos al otro lado de la cerca pa´traer la bola, padre?”

La sonrisa del mojino lo dijo todo: No estaba dispuesto.

Pero le dijimos que iba a llevarse la oportunidad de espiar antes que nadie por el agujero del baño de doña Chucha, donde se bañaban Silvia y la Prieta…

Los ojos le brillaron, se quedó con el pedazo de bolillo que mordía a medio masticar… “¿Palabra de hombre?”… ¡Palabra de hombre!

Lo izamos entre todos, sus patas en las jetas, en la frente, en los ojos… ¡y sobres!… pasó por encima de la cerca… y fue por la pelota.

La traía en la mano cuando crujió la puerta de aquella casona de madera…

Crujió y se asomó el rostro agrio de Carmelita…

La mujer se enfiló por el corredor… caminó hacia la escalera para bajar al patio… el rostro de Farino dibujó la angustia de sus cinco años… el llano ahogado… los bracitos que piden ayuda.

¡Bríncale Farino… bríncale mi sangre!

Pero Farino estaba medio tieso… luego reaccionó, corrió y se detuvo en seco a medio metro de la barda…

“¡Noooooo!… me achicharro… me achicharro… ay mamacita!”

Segundos eternos… largos como el castigo que nos aguardaba…

Entonces, como los viejos héroes surgió la figura de El Negrito, con una vara del tendedero de la tía Macri.

¿Qué vas a hacer, animal?, me dijo el primo Memote…

El plan era sencillo, saltar con la garrocha… levantar a Farino para que ellos lo pescaran… brincar luego de regreso con la garrocha y pelarnos…

¡Juta Negrito!… ¡juta… juta!

Y allá voy… con toda la decisión marcada en esa lengua que sale por un lado de la boca… con la mirada resuelta… con los huaraches que vuelan… con… con… ¡Con la garrocha que se rompe!

Y voy derechito contra la cerca… hacia mi achicharramiento temprano… vida en flor que va a cortarse…

Y doy contra ella… se quiebran los tarros… se quiebra un palo guía… y me levanto al otro lado, con la cerca tirada en un pedazo.

Farino sale corriendo por encima y me quedo allí, congelado… Me dejaron solo de repente.

Me agarró Carmelita del brazo… me agarró la tarde, martillo en la mano, clavando otra vez la cerca…

Pero al menos, tuve mano al día siguiente en el hueco del baño.

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18 Octubre 2015 03:10:20
Miando la palmera
Me dijo, con esa cara de negro socarrón… de negro que cree saberlo todo…

“Es que tú eres poblano”…

Se va uno seis meses y resulta que ya no eres de esta tierra de sal y de arena… que ya las palmeras no te conocen.

“Tienes que volver a miar la palmera”.

Chibirico sabe que mi respeto al mar abierto no es miedo, bueno sí… pero eso no quiere decir que no me guste bogar en el cayuco.

Eso no quiere decir que no me guste tirar cordel pa sacar mojarra de piedra.

Nomás que irme remando rumbo a la bocana no es mi idea de miar la palmera.

“Voy si tú vas”…

Chibirico pierde la sonrisa… no se trataba de que lo desafiara, se trataba nada más de que yo me rajara, de que aceptara que no era tan costeño.

“Tons qué”…

Chibirico se rascó la cabeza…

“Bueno, mira Negrito… vamos a dejar el asunto por la paz, verdagüena que te creo que eres de acá todavía”.

Yo aceptaba la tregua, pero en eso llegó el Chéchere, mascando una hoja de elote hervido…

“¿Qué fue?… ¿Te rajaste Negrito?”

La mirada hacia Chibirico le provocó esa clase de sonrisa nerviosa de quien se haya descubierto en la treta.

O sea, que ya se habían puesto de acuerdo para ponerme en aprietos.

“Ora vamos”…

¿Vamos?…

¡Vamos todos!…

No, bueno… era cosa de negociar todos, de hablar con todos…

Nadie iba a andar contando que me había vuelto poblano, que ya le tenía miedo a la bocana… que no sabía remar… que nomás me metía a la orillita… que se me llenaban los calzones de arena. ¡Nada de eso!

¿Quién más sabe?

“La Rata… el Ganso… el chino Edy… Pocho…”

¡Vaya!… estos descamisados me recibieron con un complot.

“Nomás era una broma, mi sangre”, dice Chibirico.

No quise saber más…

Cinco minutos después remábamos en el cayuco del Cocoyo rumbo a la bocana…

La ola jorobada movía aquello…

Uno sentía que el cuerpo se desprendía del asiento y al bajar…

al bajar la cosa era diferente.

“Negrito… ¡Siento que los huevos se me quedan en la cabeza!”

Chéchere estaba pálido…

La Rata vomitaba por un lado… El Ganso imploraba… iba rezando algo que no entendí…

Entonces salió El Negrón de entre la breña, agarró un mecate y jaló nuestro cayuco hacia la orilla…

¡Ja!… estábamos amarrados, no avanzamos ni cinco metros.

¡Benditos costeños!

Decidimos guardar el secreto… estábamos jugando todos…

nunca tuvimos miedo.

El Negrón nomás sonrió… nos guardó el secreto.

Nos guardó el honor costeño.

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11 Octubre 2015 03:10:48
Negrita santa…
Como si fuera ayer, recuerdo cuando mi Güerita venía en camino, estaba en vientre de su mamá.

Muchas veces vi latir su corazón y al verlo aceleraba el mío.

Siempre la misma pregunta: ¿Sería como yo o como su mamá? O sea, en el color de su piel.

Y es que aunque usted no lo crea la piel morena dice tantas cosas.

Yo recuerdo con toda claridad aquellos lamentos cantados de mi abuela…

Eran tonadas que por las tardes, cuando el sol se escondía, brotaban de su garganta.

Como si le cantara a aquel lado… al otro lado del mar. Allá donde otras costas y otros negros miraban, quizás, también al mar.

Hay algo EN NOSOTROS…

Lo sé, porque cada vez que voy al mar, irremediablemente me quedo viendo el horizonte durante muchas horas.

Es como un llamado…

Con el tiempo, nos fuimos aclarando en nuestra piel, pero aún predomina el rasgo y la tez morena.

Pero sobre todo, el alma…

Esa alma que muchas veces me recuerda a mi tía Angelita Loya, negra como la noche y el pelo ensortijado.

Negra y caderona…

Negra que de tanto andar por las calles con su bolsa de Avón.

Esa negrura que se lleva en el alma…

No como aquella de los afroamericanos, los negros que llegaron a los Estados Unidos…

Su esclavitud y su lucha fue distinta… ellos terminaron por ser adversarios y enemigos de los blancos.

La suya es otra historia y otras circunstancias.

Acá, no pasaba de un apodo cuando por azares del destino, llegabas a estudiar o a trabajar a un mundo de blancos…

Pero esta negrura que se lleva en el alma, nos hace recordar los cuentos de Alejo Carpenter… el bohío… el chiclar…

la zafra…

¡Bendito este México en donde los negros encontramos mucho más que un espacio!

Benditas las costas mexicanas llenas de gente morena…

Cada quien su historia.

Cada quien con su añoranza, esas añoranzas que se llevan en las fibras más profundas.

Hoy mi Güerita me impulsa A mirar el horizonte, y recordar que allá, en algún lugar bañado por las mismas olas, se quedó un pedazo de cada uno.

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04 Octubre 2015 03:10:33
Los partidos y los independientes
Como en la película de Space Jam, de repente los oprimidos descubren que el opresor no es tan grande como presume, y lo mandan de una patada por el trasero al planeta en que se purgan las penas.

El principio de la disciplina partidista se resquebraja… Sufren ahora, y más van a sufrir en breve, aquellos líderes que se acostumbraron a manejar a “Su” gente con disciplina hitleriana, bajo el concepto de pan, o palo.

De eso hay en el PAN… de eso hay en el PRI.

Y con las siglas dañadas, manchadas y malqueridas, mantener a las bancadas legislativas unidas, será toda una proeza.

En el tricolor, por ejemplo, no les gusta mucho la idea de ser el Partido de la Construcción, como lo definiera su líder nacional.

Es que los tricolores, muchos, sienten que Noé Garza les traicionó.

Que era un priísta que mamó del sistema todo lo que pudo, que hizo capital y fuerza en el PRI, para luego erigirse en independiente y pregonar que vomitaba a su ex partido.

Roberto Madrazo, en una entrevista me decía allá por el 2005, que las instituciones más desprestigiadas de México eran los partidos políticos.

Si no se actuaba entonces, iban a lamentarlo.

Hoy Roberto Madrazo está retirado de la actividad política, pero eso no le quita el cúmulo de conocimientos adquiridos en su largo caminar por el PRI.

Uno de los más recalcitrantes madracistas de Coahuila lo es Noé.

Pero no lo es más… de hecho no parece recordarlo.

Aunque su campaña de ruptura me recuerda a la que Madrazo encabezó en el 2000 contra Labastida por la candidatura presidencial… “Dale un Madrazo al Sistema”.

Madrazo sembró mucho y cosechó poco.

Otros ni siquiera siembran y cosechan.

Los partidos siguen desprestigiados y peor, 10 años después; los hombres del Sistema manchan a la política.

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27 Septiembre 2015 03:10:17
La podrida corrupción
Gilberto Marcos, joven comunicador en Monterrey, consigue la gran entrevista con el personaje del momento, el gobernador de Coahuila, don Óscar Flores Tapia, convertido en noticia nacional por la persecución que sobre él desataba José López Portillo.

Le destapaban escenarios de malos manejos, de malversación. Gilberto va al grano…

-¿Qué hay sobre las acusaciones de corrupción en su contra?

Don Óscar, viejo lobo de mar, le regresa la daga… “¿Corrupción?… ¿Qué me quiere decir?… ¿Qué cosa es corrupción?” Gilberto intenta no perder el blanco…

-Pues tomar el dinero público… realizar malos manejos…

“Bueno, eso que me dice usted puede ser robo… puede ser fraude… pero déjeme decirle, la corrupción es algo que se echa a perder, algo que se pudre… ¿Qué cosa ve usted podrido aquí?”

Y don Óscar toma el micrófono para no volver a soltarlo, da una clase de semántica y al final terminamos convencidos de que lo que está corrompido es el sistema.

Un sistema político mexicano al que la corrupción, como atisbara don Óscar y develara luego Gabriel Zaid, le sirve como aceite lubricante.

México no se mueve sin corrupción…

¿Es necesaria?

Creo que llegamos al tiempo en que debemos preguntarnos en serio sobre el tema.

Se ha puesto de moda señalarla y decir que la combatimos.

Pero, en serio… ¿Ya podemos vivir sin ella como eterna sombra compañera?

Hay un Sistema Nacional Anticorrupción…

¿Y si los ciudadanos se la creen?

¿Y si denuncian?

¿Y si esperan que se persiga al funcionario que se gana

varios millones de pesos con la cotización de luminarias?…

¿Y si quieren ver preso al que vende su municipio al crimen organizado… al que entrega a la Policía para que los delincuentes trabajen para ellos… al que pide el 40 por ciento por adelantado?

¿Les van a cumplir?

Tengan cuidado, no vaya a ser que de veras la gente un día se lo crea y les exija resultados, y luego resulte que otra vez, lo único que tengamos sean explicaciones.

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20 Septiembre 2015 03:10:32
Jugando a las escondidillas
LA PRIMERA VEZ ME LO explicaron clarito…

“MIRA NEGRITO… TE VAMOS A tirar el bote lejos, hasta donde dé el churro… vas por él y nos escondemos, al que encuentres le dices un-dostres…

y le pegas con el bote a la piedra”.

YO PELABA LOS OJOS DETRÁS de los anteojos…

MI PRIMERA OPORTUNIDAD DE JUGAR con los más grandes, al bote escondido…

“PERO SI UNO VIENE Y te gana el bote, entonces ese va a decir “Salvación para todos mis amigos”… y te fregaste, porque te quedas otra vez”.

ASENTÍ CON LA CABEZA…

ERA BIEN SENCILLO…

FIDELOTE ME LO LANZÓ Y nomás lo vi que se perdía en la oscuridad.

“AIJUESÚ… NO FRIEGUES FIDEL… LO mandaste hasta la Coyola”.

NOMÁS SE ENCOGIÓ DE HOMBROS, y de repente, todos salieron corriendo… ¡A esconderse!

CORRÍ PARA DONDE ESTABA EL bote, pero les juraría que todavía no alcanzaba a esconderse el último, cuando de las mismas sombras en las que desaparecí buscando el bote, emergí como poseído…

“¡AY MAMACITA… LA LLORONA.. LA Llorona!”

MIS PATAS VOLABAN COMO REHILETES… rebasé al Chino, al Chibirico… al Espinillas… Fidelote se tiró al suelo y comenzó a rezar lo que se sabía…

LUEGO, EL SILENCIO… SILENCIO LARGO y pesado, expectante, de gargantas congestionadas, hasta que comenzaron a salir todos del escondite, poco a poco…

TEMBLANDO…

“AMOS POR AGUA BENDITA… MI mamá tiene tantita…”

EL PIQUE SE PUSO COLABORADOR para ahuyentar aquel mal espíritu.

SÍ… ALLÁ AL FONDO SE miraba una fantasmal silueta blanca, vaporosa que volaba… se mecía… se elevaba… bajaba…

EL PIQUE FUE POR EL agua bendita y la trajo en una botellita de cloro… Élfego, el más católico se acercó rezando y rociando… rezando y rociando…

YO TEMBLABA, PA’QUÉ MÁS… SENTÍA un nudo en la panza… “Es que se te subieron los huevos”, me dijo Chibirico…

NOS ACERCAMOS Y DE REPENTE, el suspiro aliviado…

“¿Cuál Llorona Negrito?… ¡Es el tendedero de doña Chucha!…

mira… es una bata… y al lado unos calzones, ¿ya los viste?”

PUES SÍ… LOS VI… TENÍAN razón…

“ADEMÁS EN TU IGLESIA NO creen en los fantasmas”.

PUES NO… NO CREÍAMOS…

AGARRÉ EL BOTE Y TODOS corrieron desaforados a esconderse…

todos, menos Pancholín… tieso… quieto… con los brazos tensos sobre el costado.

“¡ÉIIIITALE… JÉITALE!… PANCHOLÍN SE QUEDÓ trabado… del susto”.

Y ALLÁ VIENEN TODOS OTRA vez, y El Pique con su botella de agua bendita para sacarle el mal ánima.

PERO PANCHOLÍN SEGUÍA TIESO…

“PANCHOLÍN… PANCHOLÍN… QUÉ TIENES… ¿SE te salió el ánima?”

Y TIESO… RÍGIDO… NOMÁS DIJO sin moverse…

“SE ME SALIÓ… SE ME salió otra cosa… ¡Me cagué del susto!”… “¡Pinche Negrito… mira lo que hiciste!”

YO AGARRÉ EL BOTE, Y comencé a cantar “Una dos tres… por cada uno, por todos… hasta por Pancholín que se cagó”.

MI DEBUT EN EL JUEGO con los grandes…

MI PRIMERA VICTORIA EN EL bote escondido, gracias a la cola floja de Pancholín.

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13 Septiembre 2015 03:10:18
Ana la trenzuda
CHAPARRONA… APERLADA… DE ROSTRO AGRIO y expresiones luminosas.

ANA LA TRENZUDA RECORRÍA LA calle con una bolsa de red, cargada de quesos y de chorizo.

NO PREGONABA LA MERCANCÍA… LA gente la llamaba al pasar si recordaba que le faltaba y que en ese rato tenía para el pago.

PORQUE ANA NUNCA FIABA…

ACABANDO EL RECORRIDO, VENDIERA LO que vendiera, acababa en la tienda de doña Carlota, allá donde el patio era una cantina.

Y SE TRANSFORMABA…

LEVANTABA LAS ENAGUAS GRISES Y trepaba en la mesa, a la cuarta o quinta cerveza, para bailar de a brinquito.

LOS BORRACHINES CONSUETUDINARIOS LE APLAUDÍAN… babeaban con sus ocurrencias y chillaban de tanto carcajearse.

PERO ELLA TENÍA ALGO CONMIGO… no sé qué. ME ACECHABA… ERA YO UN chaval de cuatro años, y cuando ella regresaba de la tienda de doña Carlota, de vez en vez me topaba.

“¡MIRA… SAN MARTINCITO… VEN PARA acá!”

¡PATAS PA’QUÉ LAS QUIERO!… MIS cañas que hacían función de piernas saltaban y empezaban a correr hacia el patio… o hacia el caimito… o hacia las palmeras cuatas.

“VEN ACÁ SAN MARTINCITO”…

LO PEOR, ERA CUANDO SE agarraba aquellos pechos caídos que parecían enormes calcetines rellenos de canicas…

“VENGA ACÁ… QUE LE VOY a dar su almuerzo”.

LE DIJERON A LA TRENZUDA, que por aquellos rumbos, los chamacos teníamos la malhadada costumbre de seguir pegados a la chiche materna cuando ya estábamos peladotes.

PERO NO ERA MI CASO… reconozco que todavía le pegaba al biberón, pero mi ma´linda ya estaba criando a dos hermanos más pequeños, así que no había lugar para mí.

“YA ESTÁ USTED BIEN VERIJÓN para andar con su mamilota…

¡Venga para acá!”, me decía y me correteaba con sus pasos huarachudos.

NO FUERON POCAS LAS VECES en que mis pesadillas estuvieron acaparadas por aquellos espantosos pechos desnudos…

ASÍ QUE DECIDÍ ACABAR DE una buena vez por todas con aquel suplicio…

UNA TARDE ME SENTÉ A esperarla, bajo el framboyán que estaba anaranjado de flores y frondoso del verde veraniego.

TEMBLABA… ME CASTAÑEABAN LOS DIENTES…

ENTONCES APARECIÓ TAMBALEANTE, O MEJOR dicho, medio tambaleante como siempre… y cuando me vio, dejó la bolsa de red en el piso y avanzó hacia mí.

PERO SE DETUVO A UNOS dos metros cuando descubrió que yo no corría.

LEVANTÉ MI BIBERÓN… EL AZULITO opaco… el que se antojaba de verlo lleno de lechita… ME ACERQUÉ A ELLA CON paso tembloroso y extendí mis manos con el biberón…

“AQUÍ ESTÁ… YA NO VOY a mamar… pero ya no me dé chiche”.

NO SÉ CÓMO ESTARÍA MI voz, ni cómo lo pronunciaría… Ana por primera vez esbozó una sonrisa.

ME SENTÍA GRANDE Y MUY valiente…

“BUENO SAN MARTINCITO… YA NO te voy a dar chiche, pero… ¡Te voy a poner pañal!”

MIRÉ HACIA MIS PANTALONCILLOS TRUNCOS…

¡Diantres!

ME HABÍA MEADO…

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06 Septiembre 2015 03:10:20
El nostálgico regreso
PARECE QUE HASTA AL VOLCÁN le dio gusto…

ALLÍ ESTABA, MOVIENDO SU COLA y siguiéndome mientras cargaba yo un banco de madera para meterlo en la casa… en esa vieja casa de madera, pintada aún de verde.

¡DE VUELTA!

SERÍAN LAS DOS DE LA madrugada cuando llegamos a casa…

LOS RUMORES DE GRILLOS… EL canto del sapo barragán y los ladridos lejanos me parecieron tan nuevos y tan deleitosos, como si fuese la primera vez.

ATRÁS EL FRÍO DE PUEBLA.

VENÍA YO DE REGRESO RUMBO al camioncito que cargaba nuestros tiliches, cuando mi Má Linda, sonriente me dice… “Ahí te hablan”.

¿ME HABLAN?

ATRÁS, EN LA PARTE DE atrás del camión, con su pantaloncillo trunco de hilos colgantes, descalzo, sin camisa y su negra humanidad fundida en sus propios brazos, Chibirico medio dormido…

¡CHIBIRICO!

MI MEJOR AMIGO TENÍA LOS ojos entrecerrados…

“¿QUÉ JAIS NEGRITO?”

¡VUELVO A SER NEGRITO!… BUENO… nunca dejé de serlo…

PERO MI RENEGRIDO CONTLAPACHE SE levantó aquella madrugada para recibirme de vuelta en esas calurosas tierras.

“DIJO LA TÍA GODE QUE ora venían, y estábamos todos esperándote… pero a las diez nos metieron a todos porque ya era la hora de dormir”.

LE DI UN ABRAZO, MI primer abrazo de amigo…

MI MADRE NOS MIRÓ COMO quien contempla una escena de las películas lacrimógenas de Pedro Infante…

YA NO DIJIMOS NADA, OFRECIÓ su ayuda para bajar las demás cosas…

¡ESTOY DE VUELTA!

ESA NOCHE DUERMO MIRANDO AL cielo y viendo en las figuras de la oscuridad el rostro de Nadia.

ESTOY HECHO PARA EXTRAÑAR AMORES imposibles, para la nostalgia.

PARA EL MELANCÓLICO AFÁN.

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30 Agosto 2015 03:09:59
La marrana y las nalgas acartonadas
Yo pensé que andaba calzoneando…

Pero no, Chibirico tenía los pantalones al tobillo, es cierto… estaba semi encuclillado, es cierto…

No obstante, lo que el chaval hacía debajo de la tarima del corredor, era colocarse cartones por debajo del calzón.

¿Qué tienes Chibi?

Meneó la cabeza… “Ora sí me carga la rechingadísima…

la mismísima gramputa”.

-¿Qué fue?

“Se me perdió una puerca”.

-¿Cómo?

“No sé cómo abrió el chiquero… pero se me salió, y cuando la fui a perseguir la marrana jidepú ya andaba por la heroica… y no la alcancé”.

Una marrana perdida era tragedia, ni duda cabía.

Por ello ante la certeza de que recibiría una buena cintariza de su madre, mi amigo se colocaba protectores… “pa’ que no me duela tanto”.

Es que era cosa de minutos para que Chucha la tripona fuera con el chisme… cosa de un ratito para que doña Meche lanzara el grito…

Y allí estaba…

“Muchaaaaaaaaaaacho jijo de la gramputa madre que te reventó”….

Chibirico meneó la cabeza otra vez… se encogió de hombros y me miró resignado… “Ni modo Negrito, ya llegó la malora”.

Allá voy tras él, solidario en el dolor… en la adversidad…

Nomás alcanzo a escuchar la cantidad y la variedad para intercalar todas las maldiciones del acervo alvaradeño en unas cuantas frases.

Meche está “como chile en fondillo de monja”… se siente “como pito con roncha de chichicaxtle”…
Se siente irritada, pues… enojadísima.

Así que va por la cuarta, aquel pedazote de cuero… y con la cabeza gacha va hacia el rincón de los suplicios… se apresta a recibir el primer golpe, cuando el grito de Chucha la Tripona interrumpe todo el procedimiento.

“¡Ahí viene la marrana… ahí viene la marrana!” En efecto, la marranita venía corriendo hacia la casa de Meche… rauda y veloz, perseguida por un perro prieto…

Meche soltó la cuarta…

“¡Ándale Chibirico!… ve por ella… ve por ella”.

Y el Chibi hizo todo el esfuerzo por salir corriendo tras la marrana… pero… ¿Quién puede correr con las nalgas forradas de cartón.

No señor, no pudo correr… parecía pollo escaldado…

las nalgas entiesadas no permitían el movimiento motriz para ir por la cerda.

“¿Pues qué te pasa muchacho animal?”

Chibirico intentaba, pero por fortuna no fue necesario correr… la marranita llegó sola y probé mi brazo con una piedra bola que fue a dar a las costillas del perro prieto que salió aullando.

¡Se acabó!… la puerca ya está en casa… no hay cintarazos.

Meche suspira hondo… y luego, comprensiva le da una nalgadita cariñosa a su hijo…

“¿Qué rechingaos traes en las nalgas, muchacho?” -Na… na… ¡Nada, amá!

Pero sí traía… y cuando Meche le revisó los calzones, le encontró el forro de cartón.

“Ah cabroncito… me ibas a engañar ¿Verdad?”

-¡No… no mami…no!

Imposible evitarlo… fuera cartones… y dos buenos cuartazos… secos… certeros…

Dos buenos cuartazos en las nalgas y el efecto llega hasta el otro lado.

Chibirico moja el pantalón como los meros machos.

“No me mié Negrito… son las lágrimas que no dejé salir por los ojos”.

Pues sí, eso era sin duda.

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23 Agosto 2015 03:10:13
El gran secreto
Yo era malo para trepar a los árboles… pero trepaba.

En la parte media del mango, podía ver al bulevar por donde cruzaba el tío Juan cuando venía de la Ford, con su uniforme kaki.

Yo era malo para trepar, pero Lucio el Checherengüe era poco menos que un simio.

En 15 segundos estaba hasta mero arriba, columpiándose entre las ramas.

“Súbele Negrito”…

Yo me quedaba tranquilo, pescado con todas las uñas de mi rama… “No gracias, aquí estoy bien”.

Pero un día… un malhadado día, en que estaba yo en mi rama disfrutando de una guanábana recién cortada, llegó Chibirico resoplando.

“¡Negrito… Negrito!… ¡La prieta se está bañando!”

Yo no dejé de saborear mi guanábana… pero Chibirico insistió…

“¡Te digo que la Prieta se está bañando!”

Sentí que el desgraciado meneaba mi rama… solté la guanábana y me abracé de las hojas… del tallo… de lo que pude, para no caer.

“¡Deja de fregar!… ya oí que se está bañando… ¿quieres que le vaya a lavar la cola?”

En eso llegó el Checherengüe… Chibirico le explicó el tema y subió hasta arriba.

“¡Pa' su rebomba madre!… ¡Está en pelotas!” ¿En pelotas?

La Prieta… mi Prieta… mi amor imposible… la que me quitaba el sueño…

“¡Ira… ira!… ven a ver”.

Chibirico tampoco era bueno escalando árboles, pero era mejor que yo… así que con la lengua de fuera… pescándose a como podía fue subiendo… tres, cuatro metros más arriba…

“¡A'ijuepucha!… ¡A'ijuepucha!”…

¿Valía la pena arriesgarme a subir… a sentir el vértigo de las ramas mecidas por el viento, conmigo colgado de una de ellas?

Bueno, ¡era la Prieta!…

Hice el intento… pero la mera verdad, se me aflojó el cuerpecito… me temblaron las patitas… me dieron ganas de orinar… decidí que no…

Los dejé paladeando aquella hermosa vista que para mí, era nada más imaginaria.

Bajé e hice lo que un buen muchacho debía hacer.

“¡Chibirico… chamaco culocaliente!… ¡Bájese de ese árbol!”

Doña Meche estaba abajo del árbol, con tremenda cuarta…

La tía Godeleva no decía nada… pero con la mirada hizo que Checherengüe bajara despacito, con la mirada humillada…

¡Y sopas!… cuartazo para uno… cintarazo para el otro.

“¡Sátiros… enfermos… pervertidos… seguro traerán los calzones almidonados!”

Sí señor, fui a denunciar los hechos a la autoridad, y la autoridad procedió.

Esa noche, en la fogata de los descamisados, fui llevado a juicio…

“Pinche Negrito… te mamaste… ¿Pa' qué nos fuiste a acusar?”

Guardé silencio…

“¿No somos amigos?”, pregunté… dijeron que sí.

“Entonces, si un amigo no se puede papear… nadie se papea… somos todos o ninguno”.

El argumento bastó…

Además, no me iban a reclamar… yo había llevado un pedazote de pastel que mi Má Linda tenía en el refri… claro, también me gané mi cuartiza por ello.

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16 Agosto 2015 03:10:28
La madrugada de los absurdos
Nomás porque la cara de Chibirico estaba pálida y los ojos pelones… Nomás porque los labios le temblaban y porque tenía los ojos líquidos, líquidos y colorados.

Nomás por eso aguanté que llegara a las cinco de la madrugada… Que me despertara cuando estaba durmiendo a pedo libre, como diría mi abuela María Capitanachi.

“Negrito… Ya valió madres”

Me levanté de un brinco… Chibirico no me dejó hablar. “Ya se cargó la pistola a mi agüela” Doña Chibita… Así le decíamos, así entendía ella…

Vieja cantinera, de aquellos tiempos cuando la “zonaja” estaba por la Santa Emilia.

Era una mujer que andaba todo el día con un cigarro de papel hechizo ente los labios… Que mascullaba sus frases sin quitarse el tabaco de la bemba.

-¿Tas seguro?

“Ya la moví tres veces seguidas… ¡Ya le hablé Negrito!, ya se la cargó San Vergulio”

No sé de dónde sacaba tantos santos… Pero siempre tenía uno a la mano, o una santa.

No se me ocurría nada…

Llamar a mi madre, que seguro a esas horas ya estaba por levantarse para preparar el lonche del Negrón.

Fuimos a pedir consejo… En efecto, mi madre ya estaba contando monedas para mandar a tío Sequito por la masa para echar tortillas.

“Mami… Parece que se murió doña Chibita”…

Mi Má Linda se estremeció, luego se quedó como petrificada…

Entonces reaccionó, vio a Chibirico y le extendió los brazos.

Mi amigo no pudo más, se fue a refugiar en el regazo de mi madre y se soltó a llorar con sollozos entrecortados…

Con gemidos.

Nunca lo vi llorar así…

Yo mismo me quebré y me puse a llorar… Nos fuimos los tres a la casa de Meche, la madre de Chibirico, hija de doña Chibita.

“Algo se le ofrecerá… Tráete la olla de café”.

Meche estaba con los pelos como electrizados… Comiéndose un bolillo con nata.

“¿Qué fue Pelanchita?”, saludó a mi madre.

“Es que me dicen que se murió doña Chibita…”

Meche negó enfática con la cabeza…

“¡Qué fregaos se va a morir!… Orita está en el baño, le agarró la cagalera por tanto que se mamó anoche”.

Chibirico peló los ojos… Se emocionó con la posibilidad de que su abuela estuviera viva.

Se fue corriendo al cuarto, ansioso por ver que estaba equivocado… Pero regresó llorando.

“¡Amá!… Aistá la agüela toda tapada y tiesa… ”

Meche no dejó de mojar su bolillo en el café negro…

“¡Ah… Ah… Ah!… Es su amiga doña Gela, se mamaron dos de vodka anoche… Esa sí, para que veas… ¡Esa ya está en el valle de las calacas!”

¿Y luego… Y luego?

Meche siguió remojando su bolillo en la nata… Le quitó más café a mi Má Linda…

“Chibirico… Ve a traer hojas de aguacate oloroso para pararle la cagalera a tu abuela”

¿Y la difunta?

“Pos esa no sé… Dicen que no tiene parientes… Que no deja dinero… ¡Nada!… Chibirico, trae los cerillos”.

-¿La va a quemar?

“¡No animal!… Voy a prender otro cigarro”.

Mi madre, bien consciente del respeto que el difunto o la difunta merecen, le llamó la atención a Meche…

“Meche… La difuntita”

Iba a apagar su tabaco, pero luego se encogió de hombros…

“No hagas pedo Pelanchita… Orita vale madre, ¡jaja!… No creo que le vaya a dar tos por el humo, ¡si la jijueputa está bien tiesa”.

Pues sí… Tenía razón…

Fumó tranquila, luego le habló a doña Chibita…

“Madre, saque el triciclo y a ver a dónde va a sembrar a su amiga pedota”.

Esa fue la noche, el día de los absurdos…

A Chibita la agarró la poli porque estaba cavando un pozo en el Mercado Juárez… A la difunta se la llevaron con todo y triciclo a la morgue… Y a Chibirico lo mandaron a encalar el baño y el cuarto donde felpó la difunta.

Má Linda y yo volvimos en silencio y sin café…

“Lo único que me duele, es que por andar en el chisme, tu papá no llevó lonche”.

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02 Agosto 2015 03:10:11
Los encuerados del árbol seco
No es que fuera un degenerado, pero El Fayo tenía la costumbre de ver gente encuerada en todos lados.

En las nubes… en las manchas de humedad…

en el cemento fresco recién colocado…

“Mira”, decía… “Allí está una vieja encuerada… ¿Ya la viste?… en la nube gorda… esa que se ve al ladito del cerro del abuelo”.

Y si uno batallaba, comenzaba a describir lo que sus ojos recibían, claro, por orden de la mente.

“Ira… ira… el nalgatorio está acá… ¿Ya lo viste?, son las dos bolas que salen por esa cosa que está larga, como su cabello…

¿ya captaste?”

Y más valía decirle que sí…

Porque de lo contrario insistía… iba por un cuaderno, un lápiz y dibujaba su visión con detalles.

Pero el lugar más fértil para producir visiones de encuerados y encueradas, era un árbol de chaca, seco por enmedio y altísimo, que no acababa de caerse.

El Checherengüe le había prendido lumbre y quedó hueco, pero nada de caerse…

Allí, en las formas que producía la corteza vidriosa, El Fayo encontraba encuerados y encueradas…

“¿Ya viste al que está miando?… ¡Íralo!… el chisguetito cae para este lado…”

O a veces los encontraba en situaciones más comprometidas…

y comprometedoras.

“No vayas a mirar… porque ora los encuerados amanecieron encimados”.

¿Encimaos?… el Chibirico abrió los ojotes, pelones…

Eso ya era palabra mayor… porque un encuerado era novedad al principio, pero la soledad desnuda dice poco a las febriles mentes costeñas…

En cambio, la desnudez acompañada era atractiva…

Así que fue corriendo a llamar a la pandilla de los Descamisados…

¡Ándenle!… que el Fayo encontró dibujos de encuerados encimaos en la chaca.

Y no se trataba de ver lo que él veía, sino pedirle que los dibujara para entenderlos…

Éramos no menos de ocho chavales frente al árbol, inclinando la cabeza… mirando desde arriba… por un lado…

tirados de panza…

“No, no Fayo… no se mira nada… trai el cuaderno pa´que lo dibujes”.

Y se fue por el cuaderno… las sonrisillas pícaras iluminaron los rostros… ¡Encuerados encimaos!

Vino el Fayo y comenzó a dibujar… Chibirico, más atrevido, ya estaba restregándose contra la corteza… “¡Ándale… dibújalos!”

El Fayo empezó a dibujar… un rostro… una cabellera…

“¡Las chiches… las chiches Fayo!”, gritó El Cuito…

desesperado… Es que la paciencia no era virtud entre nosotros…

Mala suerte… muy mala suerte…

Lo escuchó doña Meche, la mamá de Chibirico, quien sigilosa se acercó y encontró a su chamaco restregándose contra el árbol… a Farino buscándose canicas invisibles por la bolsa agujereada del pantalón… al Cuito con los ojos pelones…“

¡Jéitale… sátiros!”

Y se llevó a su retoño a pescozones… pero antes de eso, le avisó a la mamá de Farino… al papá del Chino… y a mi má linda.

En vano insistí en que nunca vi a los encuerados encimados…

En vano dije que era puro cuento, que Fayo estaba loquito…

Seis cintarazos sobre la nalga pelona…

Y luego, lo peor… a todos nos juntaron para encalar hasta donde se pudiera, el tronco de la chaca.

Durante un mes, remedio ranchero, nos levantábamos e íbamos con María la Puerquera para que nos untara la mano con chichicaxtle… esa planta extraña que provoca una comezón espantosa.

“A ver si con eso se les quita lo mañoso… ¡Sátiros!” El Fayo se volvió tímido y taciturno… nunca más volvió a mencionar visiones.

Ora, decía, veía virgencitas en las nubes y en los árboles.

¡Puras virgencitas!…

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26 Julio 2015 03:00:32
¡Vamos de vuelta!
Ocho meses son la eternidad…

Me voy acostumbrando a estos tiempos y a estos sitios… Lúgubres noches de frío y llovizna pertinaz.

De sombras y de silencio… De soledades.

Embozados, desde un galpón inventamos el entretenimiento en contar burros y arrieros.

No me quejo, me voy acostumbrando…

Me enamoré de Nadia… ¡Nadia!, hermosa piel blanca y ojos claritos como sol de crepúsculo…

La sueño… La vibro…

Me asomo a verla pasar a su secundaria, me encantaría que de repente me viera, que de alguna extraviada forma reparase en mi presencia.

El amor todo lo cura…

Extraño a los Descamisados, a las tardes calurosas, al sudor constante en la piel, a las corretizas rumbo al río.

Pero Nadia me hace pensar que quizá no todo es triste acá.

No hace falta que me dirija ni sonrisas, ni palabras…

Basta con que alegre a mis ojos cada día.

Cosas del destino…

Ese día nos topamos, así de frente, al dar la vuelta en la esquina de la tienda de tío Aurelio.

Chocamos leve, la sentí…

Ella sonrió… Sonrió y quedé estático, mudo, congelado…

“¿Te asusté negrito?”

Asentí con la cabeza…

“¿Estoy fea?”

¡Vigoroso agité la cabeza para negar!

Ella sonrió… Una carcajada leve y pasó la mano sobre mi mejilla…

Se fue y me quedé temblando.

Llegué a casa en estado zombie… Ajeno al mundo, a la realidad de todos.

No me di cuenta.

El Negrón platicaba con mi madre y ella lo abrazó emocionada…

Reparó en mí.

“¡Mi niño… Vamos a regresar a casa!”

¿A casa?… ¿A la otra… A la de antes?… ¿Justo ahora?…

¿Ahora que el amor me ha sonreído?

Me congelo peor…

Que me perdonen Chibirico y los Descamisados, pero no termino de sentirme feliz como debiera.

Dos horas antes hubiese saltado de gusto.
19 Julio 2015 03:10:30
Un calzón y un manchón
En primero de primaria, Efraín el Tolucas tenía 19 años… su hermano Javier tenía 17… Los dos llegaron a estudiar a esa edad, y se sentaban hasta atrás.

Eran güeros… despistados…

Allí mismo la otra pareja de hermanos… Rutilo y Porfirio… de 18 y 16 años…

Es que hay padres que se resisten a ver a sus hijos convertidos en asnos perenes, sin leer, escribir ni hacer cuentas.

Calor del trópico durante casi todo el año, excepto una partecita de diciembre y otra de enero…

Tremendos fríos congelantes de 12 grados centígrados.

Uno se pone encima la chamarra de borrega… el gorro de lana… el rebozo de la abuela enredado en la cabeza para cubrir las orejas.

Es que las orejas sufren más cuando el pelo de casquete las deja huérfanas de toda cobertura.

Miraba yo a la maestra Gloria, desde la ventana de su salón de cuarto año de mujeres, mirando pasar al grupo de chavales… divertida con los inventos de las madres y de las abuelas.

Lino, el Camarón de agua puerca, con calcetines en las manos… frotaba la nariz colorada… colorada y pecosa.

Efraín y Javier, armados con gorros de bebé, con tiras amarradas por la barbilla.

El Camarena, con rostro furioso… con un gorrete untado a la cabeza que le hacía parecer como una bala achatada… y prieta.

Cuando me tocó el turno, escuché una carcajada estruendosa…

Se me nublaron los anteojos… tomé la borla de mi gorro azul de estambre… ¿Lo habría zurrado un pájaro? No… nada de eso.

¡Hazte a un lado Negrito!, escuché el grito a mis espaldas… Era Rutilo, el otro berraco del salón, quien corría con la cabeza agachaza y sus manazas que pretendían ocultar completita su cabeza…

Su abuela no lo dejó salir sin protección…

Su hermano Porfirio le ganó la cachucha con orejeras del abuelo, y a él le quedó como opción única un calzón de trusa…

Se había resistido, nos contó… pero a varazos de bejuco lo obligaron a colocar sobre la cabeza un viejo calzón de trusa, amarrado por los huecos de las piernas con un mecatito de tendedero.

Así llegó… así provocó aquella estruendosa carcajada de la maestra Gloria…

Los maestros definieron que no era justo, que el chamaco iba a terminar dañado de la mente con esas vergüenzas, así que decidieron cooperar para comprarle algo distinto para que no sufriera aquella humillante situación.

“A ver Rutilo”, le dijo el maestro Pistache… “¿Qué quieres que te compremos… gorro o cachucha?” “Otro calzón”, respondió…

“¡Pero cómo!… ¿Otro calzón?”

“Sí… porque si llego sin el calzón, la abuela me va a dar más bejucazos… nomás cómprenme uno limpio… ¡Sin el manchón que trae éste!”.

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12 Julio 2015 03:10:47
Camotes y liliaques…
Dos medidas de camote hervido, humeante… Otra medida de liliaque sancochado… Treinta centavos.

¿Les gusta tanto?

El Gusi… ¿Gusi?… Gustavo el Gusano… El Betolocho…

La Chiquis… El Tejos…

Uta madre qué clase de apodos son esos.

Pero es la banda, la banda de El Nene Ubaldo, mi primo…

Y de toda la parentela.

Vamos a jugar, me dicen… Cárgate.

¿Cárgate?

Una hora después lo entiendo.

Afuera la neblina se ha precipitado y no alcanzas a mirar a dos metros, ni modo de jugar al bote pateado, o a las escondidas…

¡Mucho menos hacer una fogata!

Los juegos son distintos, hoy toca Pedolimpiada… Hay que levantar la pierna derecha… Así, medio dobladita…

Acercar la cara a la rodilla y pujar…

“¡Aitá mi pedo!… ¡Cuéntenle malillas!”

Y sale la flatulencia… Y cuentan todos a coro… “¡Uno…

Dos… Tres… Cua… Cua… No llegaste!”

No, el pedo no llegó a cuatro segundos.

La segunda prueba es la de los patitos… Como las piedras en el agua, cada vez que la piedra emerge del río para volver a hundirse es un patito.

Aquí se trata de cortar el sonido… Hacerlo cortito para luego continuarlo, cortar… Continuar… Cortar… Continuar

¡Cinco patitos!… ¡Cinco!… El Gusi es el rey del pedo en repetición…

La Chiquis en la duración…

Ese es el juego de hoy, pedorrearse… Hombres y mujeres…

No, pues sí… Qué divertido…

“¡Ora el Abdel... Ora el Abdel!”

Oigan, no la frieguen… Negrito es un apodo que infunde respeto… ¿Qué es eso del Abdel?

El Abdel tiene que pedorrearse… ¿Y cómo?

Pues hago todo el esfuerzo y sale un tímido y extraviado pedo chillón…

Nada de que enorgullecerse…

¡Uuuuu!… “Los de Veracruz no saben”

¡Ah, malhadado orgullo!… Regresamos a casa antes de tiempo debido a que el Betolocho tuvo un contratiempo… Le salió con premio y todos se burlaron.

“¡Se cagó… Se cagó… Se cagó!”… En castigo le tocaría ser el que nos persiguiera en el próximo día soleado, cuando jugáramos al Jiote.

Yo sigo pensando en mi tímida flatulencia…

Debió ser sin duda que culamen se puso nervioso, porque debo reconocerme que bajo ciertas circunstancias, no era un mal pedorro, de hecho, siento que podía haber ganado.

Estuve intentando en el camino… ¡Nada!

En la cena… ¡Cualquier cabecita de alfiler!… Nada digno.

No lo niego, nunca pensé que me sentiría frustrado por no poder soltar uno con todo el mofle abierto.

Fuimos a dormir y en aquella oscuridad, tapados hasta el pescuezo con las gruesas cobijas, insistía en vano.

Hasta que La Paz nocturna se rompió como una cortina que se rasga…

¡Ptrrrrrrrrrrrrrrrrrr!

Si no fueron siete segundos, ese pedo no existió.

¡Yujuy!… Exclamé satisfecho.

“¡Muchacho puerco!”… Exclamó el Negrón, que dormía en la cama de al fondo con mi Ma Linda.

“¡Levántese al baño!”

¿Con este frío?

El baño estaba afuera de la casa… Y como en casa no había mucho dinero, pero sí había disciplina, tuve que obedecer.

Un jorongo encima… Las corvas temblorosas…

Rumbo al baño lo quise repetir y no pude.

En eso sí, nunca tuve habilidad, nunca gané ni la de bronce en una Pedolimpiada… Pero sé que aquel pedo hubiera derrotado a cualquiera de los campeones.

Eso pasa cuando tu culamen tiene voluntad propia.

No lo puedes obligar a dar lo que no quiere.

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05 Julio 2015 03:10:49
De las majiadas al Pachinchal
“¡Eh… Eh… Te majié… Te majié!”

¿Majiar?… Un momento… ¿Qué jijos de la retiznada significa eso?

“Que te hice maje”

¡Maje!… ¿Y eso qué es?

Empezamos con el significado… Es como si llegaras a un país en donde las bolsas no están llenas, están “jartas”…

Donde no se juega al Voto… Se juega al “jiote”… Porque los granos se llaman así, “jiotes”

Y vivo con la boca abierta un día sí y el otro también.

Hoy vamos a jugar al bote pateado, que es como el bote escondido, pero en vez de lanzarlo para darle tiempo a todos para esconderse, hay que patearlo.

Lo patean y me lanzo a esconderme detrás de un enorme macetero.

Van encontrando a todos, Pilar me busca cerquita del bote para que no se lo robe y salve a todos. Pero no me encuentra, y yo tampoco puedo salir porque me pesca… Entonces canta…

“El chinchulín sale a buscar… La chinchulina saca su itacate… Mejor que salgas porque eres puro guaje… A la una… A las dos… Al cuartito PA las tres”.

¿Estaré en peligro?… ¿Qué carambas es esa canción?

Sale mi negra y escuálida humanidad del escondite y Pilar pega de brincos emocionada… Suspira hondo y me nombra encontrado.

Los demás dejan caer los brazos, decepcionados…

¿Cómo… Qué fue?

¡Ya ibas a pichulear?…

¿A qué?… ¿A quién iba a pichulear?

“Es que si te quedabas hasta que ella cantara otras dos veces, entonces salías y gritabas ¡La Pichuela!… Y nos salvabas a todos, y tú eras el héroe ganador”.

Bueno, no les entiendo nada… ¿Por qué no podemos jugar algo más sencillo?

“Bueno, podemos jugar al Pachinchal… Pero que cada quien traiga su Pachincha”.

Dejo caer los brazos…

Un zombie negro camina rumbo a su humilde casa.

Mañana voy a juntar piedras para tirarle a los botes en el barranco.

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28 Junio 2015 03:10:36
El burro y el negro inconfundible
“Si la muerte me la dieras tú, con desprecios de tu corazón”…

Se abren las puertas del Chililico… Esa piquera a donde los arrieros acuden a embriagarse y salen para dibujar un rastro de “eses”…

La primera aventura en esta expedición a la sierra de Puebla.

Huauchinango luce embozado a toda hora, el calor del sol no existe.

Existe la niebla pesada…

El frío húmedo que cala a mi escuálida humanidad.

El Nene Ubaldo, mi primo… Hijo de la hermosa tía Elvira, parte de mi familia blanca, la de mi Má Linda, conoce escondrijos para ver el espectáculo interior que ocurre en el Chililico.

Por una de las tejas superiores se asoma mi negro rostro… Nadie repara en mí.

¿Qué ves?

Una gorda que viene desde la barra, bailando con un porrón de líquido blanco en la cabeza.

Una mano en la enagua, para abanicar con ella… Otra en el porrón del pulque y mueve el cuello para darle ritmo.

Una turba de arrieros levanta los vasos, alegres… Con esa risa idiota de la ebriedad contenta.

Yo feliz en la contemplación cuando escucho un rebuzno e instintivo miro hacia la calle.

El Nene y su amigo El Pelos van a bordo de un jumento que tomaron de los que estaban estacionados afuera de la piquera.

“¡Ya se chingaron mi burro!”, grita un arriero que a trompicones sale a la calle machete en mano.

Yo estoy congelado… De frío y de miedo.

Desde mi precaria altura puedo ver el callejón por el que entraron mi primo y su amigo con el burro, le pintan caritas en las nalgas con un marcador Esterbrook y se alejan envueltos en carcajadas.

¡Ah, qué divertido!

Hasta que el arriero por esas cosas del destino mira hacia arriba… “¡Ahí está, uno de los rateros!”

¡Jijos de siete churrias!

Y como que se quiere subir al techumbre con el machete en alto… Y como que me acuerdo de cuando brincaba en el mango manila de rama en rama.

Y como que brinco al techo de al lado, pegadito… Y como que me agarro de un tubo y me deslizo a un callejón…

Y como que mis piernas de popote me hacen huir a toda velocidad, mientras me imagino al filoso machete detrás mío.

Llego a la casa resoplando… Nene está leyendo el misal…

¡Santo niño!

Me voy al fondo a tranquilizarme un poco, no quiero tener pesadillas con machete.

La pesadilla es al otro día, un arriero viene con su burro a la casa… Pintarrajeado, y delante de El Negrón me señala como parte de la banda que le robó su burro en El Chililico.

El Negrón me mira, mira al arriero…

¿Está seguro que es él?

“Pos no le vi muy bien la cara, pero es fácil… ¡Era un negro, y desos no hay aquí!” Estoy perdido…

La primera aventura y la primer cueriza.

Lo importante es que aguanto vara, no delato a los perpetradores.

Ya vendrán otras.

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21 Junio 2015 03:10:33
El olor a calzón y don Genito
Salió corriendo por el callejón de la cuartería…

LOS PELOS DEL COPETE LEVANTADOS al chocar contra el viento de aquel otoño gris… descalzo, los pies apenas tocaban la calle empedrada, iba danzando sobre la superficie.

DETRÁS DE ÉL, SU MADRE, doña Benita, se agachó y tomó una piedra…

“AHORA VERÁS HIJO DE LA gramputa”… lanzó con aquella certeza de quien conoce bien su brazo… como quien no requiere de apuntar mucho… o quizá, como quien sabe que va a fallar.

Y FALLÓ…

BUENO, FALLÓ EN PEGARLE AL Neto, su chaval de cinco años… prieto, seco y huesudo…

PERO NO FALLÓ EN DARLE en la mera frente a don Genito…

hombre de 75 años de edad… chaparrito, cabeza blanca con pelo de cepillo.

EL HOMBRE NOMÁS ENTORNÓ LOS ojos en la silla donde estaba sentadito, y se puso blandito…

EL MUNDO SE DETUVO… LOS gritos se contuvieron…

Neto detuvo la carrera… su madre Benita quedó con el brazo humeante en alto… yo dejé en suspenso la mordida de un taco de zaragaya… Chibirico venía en pleno vuelo desde la rama del hule, y a fe mía que se hubiera quedado suspendido en el aire… Víctor el Ganso babeó sobre el cazo con manteca que andaba vendiendo casa por casa…

“AY VIRGENCITA… ¡YA ME ECHÉ al viejito!”…

EL GRITO DE BENITA ROMPIÓ la magia que duró lo que un suspiro.

LÁNGUIDO EL CUERPO… NO SANGRABA -era lo bueno- del sitio en que recibió la pedrada, justo en la frente.

ERA UNA PIEDRECILLA BOLA… QUE divisé a unos dos metros de la silla.

“NEGRITO… CHIBI… ÉCHENLE UNA MIRADA a don Geno… por favorcito… échenle una mirada a ver si está vivo”.

YO TODAVÍA TENÍA EL TACO en movimiento congelado hacia la boca… y Chibirico estaba con las patas temblorinas… el Ganso pelaba tamaños ojotes.

“PA´MI QUE YA FELPÓ, SEÑO… ya felpó”…

NO ESTABA TIESO… PERO NO se le notaba el resuello.

DESDE QUE FELIPE LA COTORRA me levantó para ver a mi abuela Pavita en el velorio, nunca había visto un muerto.

ENTONCES SALIÓ DOÑA CHUCHA DE la cuartería congalito…

VIO AQUELLA ESCENA Y MENEÓ la cabeza… “¿Qué hiciste Benita?”

“CREO QUE ME ECHÉ A don Genito”…

LA MUJER ASPIRÓ SU CIGARROTE de hoja… café oscuro y apestoso…

“BUENO, VETE PA`ADENTRO… HAY CLIENTE preguntando por ti”.

ELLA QUISO RESISTIRSE… ¿CÓMO IBA a ir a trabajar si allí tenía a un difunto?

PERO LA VOZ DE DOÑA Chucha fue terminante… “Que te metas, te digo”.

LE HABLÓ A NICOLASA, LA ayudanta… la chamaca entró corriendo con el vestido al vuelo a la cuartería y salió con una bolsita que le dio a doña Chucha…

ELLA SE ACERCÓ A DON Genito… estando cerca sacó un gran calzón colorado y se lo aventó a la cara…

¡VAYA!… YO SABÍA QUE A los difuntos se les cubre con una sábana… o con trapos… ¿Pero con un calzón?

“ÉSTE ES MI LEVANTAMUERTOS”, DIJO…

ENTONCES OCURRIÓ EL MILAGRO… DON Genito se movió lento… apretó el calzón contra su cara y aspiró más hondo…

“AY JESUSA… ¿ENTONCES SÍ ME lo vas a fiar?”

SE ACABÓ EL ENCANTO… DOÑA Chucha regresó… don Genito se abrazó a su regalo… el Neto regresó, ya sin el sofoco.

“OYE… ¿Y POR QUÉ CORRÍAS?”

SE RASCÓ LA CABEZA… LA meneó…

“¡AH!… ES QUE EN LA noche tenía ganas de mear… y por no salir me oriné en una botella de caguama y mi mamá…”

ENTONCES SE VOLVIÓ A ESCUCHAR el mismo grito…

“¡HIIIIIIIIJO DE LA GRAMPUUUUUTA!”

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14 Junio 2015 03:10:03
El niño que orinaba bien lejos
De esas largas… laaaaargas noches de fogata y huevos fritos, al fondo del patio de doña Vianey, venían las historias, los cuentos… los chismes. Sábado por la noche, permiso de meterse hasta la medianoche.

Los descamisados ante la lumbre, y Víctor El Ganso traía una novedad…

“Vi a una señora que tiene el pelo más largo que nada… me cai… le arrastraba… le arrastraba” “Sería alguna enana”, replicaba Armando La Rata…

Y tras dos o tres comentarios, comenzaban a aparecer las rarezas… y la ronda se dejaba venir con la obligación de mencionar las cosas más raras que nos hubiese tocado ver, como una competencia.

Ante las llamas, los negros rostros refulgían… de repente se veían medio naranjas… medio ocres… con los ojos pelones…

“Yo vi una vieja con unas chichotas que le llegaban al ombligo”…

“Yo vi un maistro que tenía el bigote bien raro, que como manubrio de bicicleta le daba hasta la nuca”.

Inventábamos y creíamos los inventos…

Pero cuando le llegó el turno a Chibirico, estaba hurgando con una ramita el suelo, las cenizas de la fogata…

“No… yo nomás vi al niño que orina más lejos del mundo”.

¿Un chamaco mión?… ¿es todo lo que has visto?… ¿Le andabas viendo la pirinola mientras meaba?

Chibirico se encogió de hombros, acababa de echar a perder la ronda… ¡Un mugre chamaco mión!

“En serio Pichojitos… si lo paramos en el limonero, nos apaga la fogata de un chisguete”.

Nos miramos…

Mi amigo Chibirico tenía muchos defectos, pero era de los que menos inventaba… “¿Te cai, Chibirico?”… “¡Me cai!”

Se trataba del hijo de Elodia, la planchadora de ropa… la que iba a la casa de los señores y señoras de Las Palmas a dejar la ropa lisita… la que andaba arrastrando todo el día a ese chamaco que se le pescaba del vestido y corría con pasitos cortos y rápidos para no quedarse atrás.

¿Y cómo fue el descubrimiento?…

“Mira… lo llevaba doña Elodia arrastrando y el chamaco le dijo que quería miar y que quería miar…

ella no se quiso parar, pero luego el chamaco jijueputa se bajó el cierre y se sacó la pirinola caminando… yo estaba del otro lado de la banqueta, y si no brinco, me mea las patas”.

De todos los inventos mencionados allí, ese era el único que realmente podríamos ver con nuestros propios ojos… así que aguardamos el momento.

El día que doña Elodia pasó arrastrándolo, El Chino Edi se le acercó con una sonrisa desdentada, por causas de estar mudando…

“Doñita… ¿no deja al niño jugar con nosotros?”

Ella lo miró, como analizándolo… entrecerró un ojo…

“¿Y de cuándo acá se les ocurre?”

“P’os es que siempre lo lleva arrastrando, pobrecito”.

Le preguntó si quería… el chamaco dijo que sí, curiosamente, no era feliz siendo arrastrado, y la buena mujer que no deseaba que el chaval se juntara con esa negriza, ya estaba cansada del arrastre…

“Bueno, pero me lo cuidan”.

“Claro, doñita”.

Ya estaba con nosotros… Gelo sacó cuatro canicas y se las dio… “Vamos a las cuirias”… y jugamos canicas un rato… le enseñamos al chaval, que se llamaba Marcelito… ¡Malo pa’ las canicas!…

¡Malo pa’l trompo!

Entonces a Chibirico se le ocurrió… “Vamos a jugar al chisguete”… Lo inventó…

Era poner vasos de plástico recolectados de los patios de la cantina y del congalito de doña Chucha para llenarlos desde un metro y medio de distancia.

Era de amigos… Chibirico conmigo… El Ganso y la Rata…

Gelo con Gualenche… Marcelito con Edi…

Al fondo del patio, sacamos nuestras armas… y cuando Marcelito desenfundó, Edi comenzó a gritar…

“¡No… no!… no mamen… no mamen… ¿con esa mierdita vas a miar, niño?”

Vaya que era pequeña, como un cacahuatito…

Pero apuntó hacia el vaso desde donde estaba… diría yo que dos metros, y tras afinar la puntería le aventó el chorro que tenía… como tres dedos de líquido en unos segundos.

Nosotros no le llegamos… bueno, sí le medio llegamos, pero sin puntería… el chamaco tenía esa sonrisa socarrona de superioridad en el rostro.

“¿Qué les dije… qué les dije?”, Chibirico se acercó al chaval…

“Juta güira… juta güira… este chamaco tiene un cañón en el pito”. Le trajimos un vasote de agua de coco… écheselo niño… y se lo tomó…

Corrimos… brincamos 10 minutos, le echamos agua en el espinazo y volvió a desenfundar… Chibirico le puso el vaso a tres metros…

¡Y le llegó!..

Si mis ojos no hubieran visto aquello, a estas alturas de la vida aún me daría risa que alguien dijera algo así…

Pero allí estaba… meando con una precisión de teodolito.

Y se me ocurrió, como suelen ocurrir esa clase de cosas…

¿Y pa’rriba, cuánto la llegas?

Marcelito, de pocas palabras, nomás se encogió de hombros y frunció los labios… no sabía.

Era cosa de acostarlo y de prepararlo para el chorro…

Ahora no pidió agua de coco, ahora pidió coca… una coca chica, de a 25 centavos.

¿Y de dónde?… Gualenche traía 10 centavos de su venta de pan… Gelo cinco centavos de unas canicas recién vendidas… y yo traía los 10 centavos que había ahorrado por no comprar el desayuno escolar el viernes.

Allá vamos por la coquita…

Se la tomó Marcelito, eructó dos veces… y luego brincoteó un ratito…

Agua en el espinazo ¡Y listo!

Se tendió en el piso… desenfundó y allí estaba, el chorro más potente que he visto elevarse hacia arriba… sobrepasó mi estatura…

la de Chibirico… la del Ganso que estaba garrochudo y alcanzó justamente la ropa tendida que nos servía de parapeto…

¡Maldita sea… la ropa!

Corrimos desesperados a escondernos, nadie nos vio.

Pero cuando la tía Godeleva fue a descolgar la ropa descubrió el aroma de orín…

Juntó a las madres y decidieron que no buscarían un culpable…

Esa noche, como brujas, estábamos lavando casi por la madrugada, toda la ropa de los tendederos porque a madres y padres no les interesó escuchar que solamente estaban perjudicadas un par de sábanas…

Pero hubo solidaridad…

Nadie me reclamó que fuese mía la idea de orinar pa’rriba. Desde entonces y durante un buen tiempo, nos dio por medir la distancia de nuestros orines…

A los 18 años, ya lejos de aquellos rumbos de sal y de arena, me mandó decir Chibirico que por fin, la había llegado a tres metros y cinco centímetros… ¡Había todo un récord!

Bueno, para algunos fue una fijación.

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07 Junio 2015 03:10:34
Aquel frío… aquella espumosa
Dos cobijas no bastan…

Debajo del mar de frazadas y con aquella temblorina que no me deja, lo blanco de mis ojos refulge como luz de cocuyo.

Tiemblo…

Un negrito que se niega a levantarse.

Puebla… Sierra de Puebla… nunca este cuerpecito sintió tanto frío.

¿Escuela? ¿Así nos llevamos?

No quiero ir, pero debo ir…

¿Dónde queda mi tierra tropical?…

Me forra mi Ma’ Linda… pijama abajo, la de franela que me queda como brincacharcos… un gorro de lana que me cubre casi hasta los ojos…

Mi chamarra con borrega…

Salgo temblando, y el negrito Yayi me despide… “Ah negro infeliz, ya te tocará ir a la escuela”
El camino, de la mano de mi Ma’ Linda, se me hace eterno… El chocolatito caliente antes de salir me provoca cierta sensación de querer orinar.

Pero me aguanto…

Le digo a mi Ma’ Linda que apresure el paso, ella nota mi urgencia.

Ese frío, ese canijo frío…

Siento ese cosquilleo en el pizarrín… camino encontrando las piernas una con otra para detener aquel flujo que amenaza.

Así llego a la escuela, y la maestra Toya, que es la que corresponde a mi grupo, me recibe, mientras bailo, mientras cierro los ojos…

La maestra me arrastra casi hasta el templete desde el que se domina el patio central, estamos en la asamblea.

Mi maestra, precursora de la tolerancia, mira que sudo copioso.

“Ya sé que te sientes muy mal pequeño, pero aquí te vamos a hacer feliz”.

Ya no puedo, la verdad…

El frío me pega en los magros cachetes… el aire me aúlla…

“A ver niños, quiero que le den la bienvenida a su nuevo compañerito… Omarcito… por favor reconozcan su valor, que a pesar de su discapacidad, viene a clases”.

Me quedo sin saber qué hacer… me lloran los ojitos, y la maestra cree que es por su discurso…
¿Cuál discapacidad?

La maestra le pregunta a mi atónita madre… ¿No hay cura para este problemita de las piernas?”

No entiende Ma’ Linda… no entendería si le explico.

“No es problemita, maestra”.

Ella cree que estoy tullido de las piernas…

Finalmente me enderezo…

“Maestra… quiero ir al baño”.

La buena maestra Toya pregunta si hay algún voluntario que me acompañe.

Mi Ma’ Linda teme lo peor…

¡Ya no puedo!… pero tampoco voy a permitir que el primer día de clases me gane el apodo de “El Mión”…

Corro bueno y sano… normalito, y atrás de una nopalera desenfundo y dejo salir el líquido.

¡Ufffff!

Escucho que la maestra se aclara la garganta…

“Bueno niños, su compañerito va a hacer 30 planas de ‘No debo engañar a los mayores cuando tenga ganas de hacer de la chis’”.

¿La chis…?

¿La chis?

Bueno, no me decían “El Mión”… me decían “El Chis… pas”.

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31 Mayo 2015 03:10:44
Me voy pa’ Puebla
Lloradero…

Lágrimas en los ojos de la tía Macri…

el tío Veneno me abraza y me dice que tengo que hacerme muy hombre allá en esa nueva tierra.

Nos vamos a Puebla, a la Sierra de Puebla.

La negriza, los descamisados, me miran trepar a la camioneta Willis que nos lleva a la terminal de Los Verdes, Líneas Unidas, a la Sierra de Hidalgo.

Nos vamos a buscar la vida, el Negrón tiene que trabajar en donde haya.

Miro desde la ventanilla del camión las palmeras que se inclinan… el señor de la carretilla… el que vende cocos con chile…

Veo los árboles de mango rebosantes de fruto verde.

Y luego, la niebla… la intensa neblina que acompaña el ascenso hacia esos lugares que parecen sacados de un cuento de terror.

Frío… intenso frío para mi cuerpecito acostumbrado al trópico.

El aire húmedo y el camión que huele a pedo de arriero…

no, ésta no es mi tierra… no son mis dominios.

Por la tarde los chamacos se resguardan, las calles zumban de ausencia.

Una cuartería en donde hemos aposentado, con Amparo la Cebollera como única vecina y su hijo Pío… un pelón que se revuelca a la menor provocación.

Atrás de casa, un barranco profundo en el que retozan las chivas perniciosas.

Los primeros días traigo el corazón en la garganta…

todo es descubrir, y lo primero que descubro es que… ¡Somos los únicos negros en este reino de gente colorada y relumbrosa!

Las muchachas me parecen hermosas, nunca vi tanta gente blanca junta…

“Una de esas mi niño, para mejorar la especie”, me dice mi ma’ Linda.

Somos además un referente… “Por la casa de los negritos”…

“A ver, ese que está sentado atrás del negrito”… “¿Ves aquel negro?”…

Mi corazón se llena de nostalgia por las noches, cuando la niebla desciende y pone un manto sobre la ciudad.

Huauchinango… Xicotepec de Juárez… Acaxochitlán…

Las Ventas…

¡Ah qué nombres!

Estoy en Puebla, acá voy a cumplir cinco años, y me duele el alma, pero me aguanto las ganas de llorar frente a mi ma’ Linda.

Extraño mi playa… mi río… mi arena… mis columpios…

mis amigos.

Lo extraño todo.

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24 Mayo 2015 03:10:11
Las encuestas de las encuestas
Un debate sin debate, más preocupados muchos por la lluvia que empezaba a hacerse notar al interior del recinto que por las propuestas de los candidatos.

Fallidos ataques de la chiquillada contra Lupita Oyervides. Nelly San Vicente obedeciendo órdenes de atacar, no lo hubiera hecho por iniciativa propia, su religión se lo impide.

Lupita Oyervides en lo suyo, con las propuestas y sin meterse al ring.

Eduardo García expuesto a sus debilidades, confundiendo el nombre de la escuela que organizó el debate.

Al final, los panistas se dicen ganadores, porque las encuestas así lo dicen.

Mire usted, una encuesta dice que ya nadie cree en las encuestas…

La contradictoria realidad enseña que en vez de ser una herramienta de certeza electoral, la encuesta sirve nada más con fines mercantilistas. Y bajo ciertas circunstancias.

Es decir, ya no sirve para saber por quién va a votar la gente.

Sirven, eso sí, para determinar si el nuevo envoltorio de las papas fritas le gusta o le disgusta a la gente.

Si es mejor un toque de limón en el sabor de los cacahuates salados.

Para saber si en el sabor la gente prefiere la Pepsi sobre la Coca.

Inclusive, para determinar a qué edad comienza una persona a beber alcohol o a fumar.

Pero en cuestiones más íntimas, por ejemplo en el tema de la religión, las encuestas no son confiables.

La gente no contesta con certeza su militancia en una o en otra creencia.

Más aún en el tema de la preferencia electoral, una persona puede reportar dos o tres distintas preferencias.

Todo, por aquello de que el voto es secreto.

Por ello, porque las encuestas ya se convirtieron en herramientas para destantear, para desinformar, para influir de manera perversa, es que la autoridad electoral tendría que ser más directa…

No más encuestas, y desde luego, ni siquiera más encuestas de salida el día de la votación.

Para que la gente razone sin la perversa intrusión de los mentirosos profesionales.

Las encuestas ya son una pachanga.

A la que nos dejan fuera, y solamente nos dejan ver detrás de la alambrada.

Y luego nos dicen que todo es para nosotros.

¡Mira tú!

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17 Mayo 2015 03:10:02
Hijos del chaca-chaca
Somos hijos de la cultura del chaca-chaca…

Todavía creemos que si le ponemos cierto detergente a la tina, se va a mover solita y hacer espuma.

Hay mucha ropa sucia en nuestra amada Monclovita…

¡Mucha ropa sucia!

Entonces se nos ocurre que el próximo diputado o diputada son como ese detergente mágico que mueve a la tina.

No hay tal… en serio…

Yo sé que no me lo va a creer, pero este asunto de la suciedad, de la corrupción, de los abusos y de la impunidad no se va a curar con el diputado o diputada.

Uno y otra representan, cada quien, diferentes ofertas y estilos.

Pero hay que tallarle, hay que fregar… pero no fregamos.

Nomás le echamos el detergente a la tina.

Y así, mientras usted se queda en la sala viendo en Face que les digan a los de Monclovita “conchudos”, “comodines”

y hasta sicarios… o se va a platicar de Tigres y Santos…

o de la Champions, a lo cual tiene todo el derecho, piensa que hay alguien que debe estar limpiando.

Sale a la calle, se la encuentra sucia…

Se encuentra policías que molestan…

Se topa con transporte deficiente…

¡Ah qué engaño!

Me vendieron el detergente chafo…

¡Pues sí!

¡Pues no!

Porque si queremos limpiar, tenemos que fregar.

No solamente en la elección… hay que fregar en el Congreso.

Hay que aparecerse, hay que fregar para que no aprueben cuentas de alcaldes corruptos… hay que fregar para que no tuerzan las leyes… hay que fregar para que no manden el presupuesto a donde les conviene…

O acostumbrarnos a vivir entre la churria.

Pero ni uno de los que se dicen punteros representa una garantía de que esto va a limpiarse sin fregar.

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10 Mayo 2015 03:10:58
La cadera… la colita… ay mamá, qué cinturita
Dominguito… a las seis de la mañana se levanta la negriza menuda para andar por la playa.

TODA LA ARENA…

TODOS LOS TRONCOS… TODOS LOS peces que brincan del chinchorro.

SE VALE JUNTAR UNOS CUANTOS para llevarlos a la olla del caldo… pero nomás en domingo.

PORQUE LOS PESCADORES SE APRESURAN, quieren terminar de limpiar la red antes de las tres de la tarde y luego a bañar el cuerpecito para la tertulia.

“¿QUIÉN VA A TOCAR HOY?”, pregunta Juan Camadol…

“YO MERO… YO MERO”, DICE desde uno de los extremos Ray la Cherna… “Yo voy a tocar chiche y nalga”.

ES UN LOCAL DE 10 por 20… todo es pista, y a un ladito el conjunto que toca salsa mi negro… salsa del puro sentimiento… merengue…

mambo y cha-cha-chá…

CAMADOL MUEVE LA CADERA… UNA mano a la barriga, la otra en ángulo de 90 grados, como si tuviese a una mujer de cintura breve bien ceñida mientras baila acompasadito la Falsaria.

TARDE SE ME HACE PARA que llegue la hora…

Y LEVANTAMOS PESCADO… LLEVO TRES mojarritas de piedra…

somos 12 en la casa… con esto se hace buen caldo, pero si quiero que alcancemos un bagacito de pescado, me faltan tres o cuatro…

LOS JUNTO… UN PARGUITO, UN bagre que es de mala pata y lo regreso… una lebrancha… y la mojarrita final.

ÁMONOS…

PERO EL CHINCHORRO SE ATORÓ en una piedra… y allá van los pescadores renegridos a sacarlo.

LAS OLAS ME LAMEN LOS pies y vuelven adormiladas al mar.

IBA A TOMAR MÁS PESCADO… pero me enseñaron a que no hay que ser encajoso con el alma generosa, así que mejor ayudo arrastrando la enorme red.

NO AYUDO MUCHO, MI ESCUÁLIDA humanidad es derribada, revolcada… enredada…

FINALMENTE LA TRAEN, Y ESTOY apenas liberándome…

“TOS QUÉ PICHOJITOS… ¿TE PELEASTE con la red… quién ganó?”

LAS CARCAJADAS NO ME HACEN gracia, sonrío forzadito, después de todo son mis benefactores.

AVANZAN LAS HORAS… LA RED viene llena de hojas y de algas…

COMIENZAN A INSTALARSE LOS MULATOS… y afinan…

“Sí… sí… bueno sí… mmmm… bueno sssssshi… ssssshi…”

“APÚRATE MOJINO… QUE YA EMPEZARON”.

Y LE DIERON CON MÁS fuerza y rapidez…

“PICHOJITOS… ÉCHANOS LA MANO, JÁLATE las algas… jálate con una varita…”

Y MENOS DE ESO ES una grosería, si me han de llenar la tripa y la de mis hermanos.

DE REPENTE CASI ME ATROPELLAN, vienen enredando el chinchorro… juntan los bártulos y se van a la regadera…

SALEN 15 MINUTOS DESPUÉS OLOROSOS a la colonia de naranja que vendía Doña Chica… a dos cincuenta el chisguete…

RELAMIDOS Y CON LA CARA opaca de jabón de pastilla…

VAN MOVIENDO EL CULAMEN, CON la cabeza recargada en el hombro… ensoñando…

BUSCAN CON LA MIRADA CHAMACAS solitarias que tamborean con las puntas el piso, deseosas de ser invitadas… escogen de lo poco que ha quedado…

EL LUGAR YA ESTÁ REPLETO…

SACAN CADA QUIEN A LA suya, ninguno sufre ni batalla…

¿UNA CERVATANA, MI REINA?

ASIENTEN CON LA CABEZA… Y precipitan el líquido ambarino a sus gargantas.

Y TOCAN… TOCAN LOS MULATOS…

CAMADOL LEVANTA LA COLA… EXTIENDE los brazos a los lados… mueve los pies cortitos, hacia adelante y hacia atrás… así camina en derredor de la muchacha, con los ojos cerrados…

“LA CADERA… LA COLITA… AY mamá que cinturita”.

Y EL SILENCIO EXPECTANTE… TODOS lo miran…

“CHÉCATE MOJIMO… LOS TENGO CON la bemba abierta”.

Y SÍ… ESTABAN CON LA bemba abierta… porque a dos metros, lívida, estaba Francelia, la novia de Camadol…

“LA CINTURA… LA COLITA… ¡AY mamá… ay mamá…

ayyyyyyyyyja de tu pinche madre!”

DOS CINTARAZOS DE ENTRADA, POR las nalgas una… por las canillas la otra.

Y SE LO LLEVÓ A puro cintarazo por todo el caminito hacia las escolleras, Camadol brincoteaba… se revolvía entre la lluvia de cuero…

para luego irse al caserío en donde él vivía.

AL DOMINGO SIGUIENTE LLEGÓ CALLADITO… él solito sacó mis siete pescados, me dio los míos… igual con los de Chibirico…

“TE DOY 20 PESCADOS SI me dices quien le fue con el chisme”.

“NADIE”.

“SI NO ME DICEN, LES quito el pescao”.

“NADIE”.

“DAME ACÁ… NEGRO MENTIROSO”.

“TE DIGO QUE NADIE… ELLA andaba bailando con Gonzalito…

el lanchero… y tú no la viste por bailar con los ojos cerrados”.

APRETÓ LOS PUÑOS… LOS LABIOS…

POR LA TARDE ESTABAN BAILANDO juntitos en la tertulia…

Camadol lloraba del coraje, pero se desquitaba moviendo la cadera sabroso.

TOTAL, NO HAY MEJOR CURA para el mal de amores… que un mambo bien bailado.

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03 Mayo 2015 03:10:48
Don Genito revivió
Salió corriendo por el callejón de la cuartería…

Los pelos del copete levantados al chocar contra el viento de aquel otoño gris… descalzo, los pies apenas tocaban la calle empedrada, iba danzando sobre la superficie.

Detrás de él, su madre, doña Benita, se agachó y tomó una piedra…

“Ahora verás hijo de la gramputa”… lanzó con aquella certeza de quien conoce bien su brazo… como quien no requiere de apuntar mucho… o quizá, como quien sabe que va a fallar.

Y falló…

Bueno, falló en pegarle al Neto, su chaval de cinco años… prieto, seco y huesudo…

Pero no falló en darle en la mera frente a don Genito…

hombre de 75 años de edad… chaparrito, cabeza blanca con pelo de cepillo.

El hombre nomás entornó los ojos en la silla donde estaba sentadito, y se puso blandito…

El mundo se detuvo… los gritos se contuvieron… Neto detuvo la carrera… su madre Benita quedó con el brazo humeante en alto… yo dejé en suspenso la mordida de un taco de zaragaya… Chibirico venía en pleno vuelo desde la rama del hule, y a fe mía que se hubiera quedado suspendido en el aire… Víctor el Ganso babeó sobre el cazo con manteca que andaba vendiendo casa por casa…

“Ay, virgencita… ¡ya me eché al viejito!”…

El grito de Benita rompió la magia que duró lo que un suspiro.

Lánguido el cuerpo… no sangraba -era lo bueno- del sitio en que recibió la pedrada, justo en la frente.

Era una piedrecilla bola… que divisé a unos dos metros de la silla.

“Pichojitos… Chibi… échenle una mirada a don Geno…

por favorcito… échenle una mirada a ver si está vivo”.

Yo todavía tenía el taco en movimiento congelado hacia la boca… y Chibirico estaba con las patas temblorinas…

el Ganso pelaba tamaños ojotes.

“Pa’ mi que ya felpó, seño… ya felpó”…

No estaba tieso… pero no se le notaba el resuello.

Desde que Felipe La Cotorra me levantó para ver a mi abuela Pavita en el velorio, nunca había visto un muerto.

Entonces salió doña Chucha de la cuartería congalito…

Vio aquella escena y meneó la cabeza… “¿Qué hiciste Benita?”

“Creo que me eché a don Genito”…

La mujer aspiró su cigarrote de hoja… café oscuro y apestoso…

“Bueno, vete pa’ adentro… hay cliente preguntando por ti”.

Ella quiso resistirse… ¿Cómo iba a ir a trabajar si allí tenía a un difunto?

Pero la voz de doña Chucha fue terminante… “Que te metas, te digo”.

Le habló a Nicolasa, la ayudanta… la chamaca entró corriendo con el vestido al vuelo a la cuartería y salió con una bolsita que le dio a doña Chucha…

Ella se acercó a don Genito… estando cerca sacó un gran calzón colorado y se lo aventó a la cara…

¡Vaya!… yo sabía que a los difuntos se les cubre con una sábana… o con trapos… ¿Pero con un calzón?

“Este es mi levantamuertos”, dijo…

Entonces ocurrió el milagro… don Genito se movió lento… apretó el calzón contra su cara y aspiró más hondo…

“Ay, Jesusa… ¿Entonces sí me lo vas a fiar?”

Se acabó el encanto… doña Chucha regresó… don Genito se abrazó a su regalo… el Neto regresó, ya sin el sofoco.

“Oye… ¿Y por qué corrías?”

Se rascó la cabeza… la meneó…

“¡Ah!… es que en la noche tenía ganas de mear… y por no salir me oriné en una botella de caguama y mi mamá…”

Entonces se volvió a escuchar el mismo grito…

“¡Hiiiiiiiijo de la grampuuuuuta!”

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26 Abril 2015 03:10:08
La barrunta y la paleta de Juan Bembas
Cuando Santiago de la Peña barruntaba el mal tiempo, se nos venía una peste a pescado viejo por toda la barra…

Entonces la bisabuela Pavita nos llamaba…

“Vénganse mis pollitos”… nos agarraba temprano, sacaba gorros de estambre, uno para cada quien… sacaba los hules del cajón por si el agua… y las ollas de las goteras.

Y así, sentaditos en el corredor de la vieja casa de madera, a esperar que comenzara el frío.

Acomodados como cuervos vestidos…

Chorritos de sudor y mugre por la sien… por el pescuezo…

por la frente.

Tensa espera a que la primera ráfaga de viento apareciera por encima del caimito… arrasando a los tordos y a las garzas que buscan refugio.

Entonces sí…

En la hora en que el sudor se vuelve frío… en que sale Pavita con el pocillo de chocolate… ese vaporcillo dulzón… esa nariz que se pone cálida.

Pero mientras llega, miramos a Juan Bembas con su paleta colorada de hielo… gotea… y él lame el contenido con ávida inspiración, a ojos cerrados.

¿A poco quieren?… nos dice…

Nomás pelamos los ojos, nadie de los cuatro negritos contesta…

Llevamos media hora de espera a que el nortazo nos afecte…

a que las palmeras se sacudan… a que los pinares se dobleguen sin quebrarse.

A que vuelen los techos de casa de Adoración… y los calzones flameados de Chencho Pulques salgan volando desde el tendedero.

Los pollos están guardados, y el Raisulí se fue a echar debajo de una vieja mesa de madera.

El sol picoso… picoso de barrunto…

La mollera está caliente…

Juan Bembas está sentado y lame otra paleta, ahora una verde…

“¿A poco no quieren un cachito?”

Ya me sé el resto de la historia, a cualquiera de nosotros que le conteste que sí… que sí quiere, le va a responder con lo mismo…

“¡Pues compra!”

No vamos a caer esta vez…

El negro Yayi, mi hermano que sigue, saca la liga de poner medias… la gruesa, colorada…

y un pedacito de parque… una ramita gruesa y verde… lechosa, que se dobla sobre la liga cuando la estiras, y luego puedes dispararla.

Le voy a disparar a Juan Bembas…

“Dijo Mamá Pile que es pecado”, interrumpe Abdel…

¡Pecado!… pues sí, es pecado… y el pecado es feo y te condena.

Pero Juan Bembas se merece el escarmiento…

¿Y si nomás le disparo a pasarle de cerquita?

A lo mejor así sí… a lo mejor, pero no sé…

Yo creo que no…

Entonces le apunto al copetito… a pasar rozando…

Pongo el pulso firme… aguanto la respiración, y le iba a disparar cuando el ventarrón apareció aullando por encima del caminito…

traía hojas… hules y una rama que se desprendió del framboyán…

Sí… la rama que le cayó a Juan Bembas en la mano… que le arrancó la paleta verde… que lo puso a llorar…

Así es el nortazo que se barrunta… repentino y frío… frío que te cala…

Juan Bembas corre para un lado… para otro… el agua lo empapa todito.

Sale Pavita con el chocolate calientito… el sudor se congela en la frente, en el pescuezo, en los sobacos…

“Aquí tienen mis negritos… su chocolatito”.

Delicioso…

Juan Bembas, con las greñas relamidas de agua sobre la frente… tiembla de frío… las canillas le crujen…

Tiene la angustia en el rostro… el frío.

Aspiro el vapor del chocolate y lo huelo con los ojos cerrados… “¿Quieres?”

Juan Bembas… transido de tristeza, con los labios que le tiemblan mientras dibujan un puchero, dice que sí con la cabeza.

Y viene la venganza…

“¡Cooooompra!”

Y viene la venganza… y viene otro vendaval…

Uno de manazos en la mera cabeza…

Pavita me escuchó…

“Muchacho jijo del hule podrido… ¿a quién le aprendió a burlarse del necesitado?”

Me atraganto del chocolate… me lo quitan de las manos y se lo entregan a Juan Bembas…

“Tenga mi niño… tenga…”

¿Y yo?… ¿y yo?

“Para los negritos groseros no hay chocolate”.

¿Y yo?

Termino sentado, tembloroso, al lado de Juan Bembas…

Un sorbito él… un sorbito yo…

Nunca sabe uno lo que la barrunta ha de traer.

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19 Abril 2015 03:10:37
El mango del gran secreto
Yo era malo para trepar a los árboles… pero trepaba.

En la parte media del mango, podía ver desde allí al bulevar por donde miraba cruzar al tío Juan cuando venía de la Ford, con su uniforme caqui.

Yo era malo para trepar, pero Lucio "El Checherengüe" era poco menos que un simio.

En 15 segundos estaba hasta mero arriba, columpiándose entre las ramas.

“Súbele Negrito”…

Yo me quedaba tranquilo, pescado con todas las uñas de mi rama… “No gracias, aquí estoy bien”.

Pero un día… un malhadado día, en que estaba yo en mi rama disfrutando de una guanábana recién cortada, llegó "Chibirico" resoplando.

“¡Negrito… Negrito!… ¡La Prieta se está bañando!”

Yo no dejé de saborear mi guanábana… pero "Chibirico" insistió…

“¡Te dijo que la Prieta se está bañando!”

Sentí que el desgraciado meneaba mi rama… solté la guanábana y me abracé de las hojas… del tallo… de lo que pude, para no caer.

“¡Deja de fregar!… ya oí que se está bañando… ¿quieres que le vaya a lavar la cola?”

En eso llegó "El Checherengüe"… "Chibirico" le explicó el tema y subió hasta arriba.

“¡Pa’ su rebomba madre!… ¡Está en pelotas!”

¿En pelotas?

"La Prieta"… "mi Prieta"… mi amor imposible… la que me quitaba el sueño…

“¡Ira… ira!… ven a ver”.

"Chibirico" tampoco era bueno escalando árboles, pero era mejor que yo… así que con la lengua de fuera… pescándose a como podía fue subiendo… tres, cuatro metros más arriba…

“¡Aijuepucha!… ¡Aijuepucha!”…

¿Valía la pena arriesgarme a subir… a sentir el vértigo de las ramas mecidas por el viento, conmigo colgado de una de ellas?

Bueno, ¡era "La Prieta"!…

Hice el intento… pero la mera verdad, se me aflojó el cuerpecito…

me temblaron las patitas… me dieron ganas de orinar…

decidí que no…

Los dejé paladeando aquella hermosa vista que para mí, era nada más imaginaria.

Bajé e hice lo que un buen muchacho debía hacer.

“¡Chibirico… chamaco culocaliente!… ¡Bájese de ese árbol!”

Doña Meche estaba abajo del árbol, con tremenda cuarta…

La tía Godeleva no decía nada… pero con la mirada hizo que "Checherengüe" bajara despacito, con la mirada humillada…

¡Y sopas!… cuartazo para uno… cintarazo para el otro.

“¡Sátiros… enfermos… pervertidos… seguro traerán los calzones almidonados!”

Sí señor, fui a denunciar los hechos a la autoridad, y la autoridad procedió.

Esa noche, en la fogata de los descamisados, fui llevado a juicio…

“Pinche Negrito… te mamaste… ¿Pa’ qué nos fuiste a acusar?”

Guardé silencio…

“¿No somos amigos?”, pregunté… dijeron que sí.

“Entonces, si un amigo no se puede papear… nadie se papea…

somos todos o ninguno”.

El argumento bastó…

Además, no me iban a reclamar… yo había llevado un pedazote de pastel que mi má’ linda tenía en el refri… claro, también me gané mi cuartiza por ello.

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12 Abril 2015 03:10:16
Sabios consejos bajo un caminito
Bajo el caimito, el tío Juan pontifica…

En esa silla medio verde y medio café, mira hacia un horizonte cubierto por las ramas de los mangos y los tamarindos… por el ciruelo criollo.

Las manos de la negriza resuman del lechoso caimito que embarra bembas.

“Nunca pongan el pitito más arriba de la cabeza, porque no da… y les va a provocar mucho dolor”.

Nos miramos, sonreímos… ¿A quién se le ocurre que se puede jalar el pitillo y estirarlo por encima de la cabeza?

¿Quién pudiera entender ese mensaje?

En esa tardecita asfixiante, de sol y de humedades en el ambiente, en la que se suda nomás de pestañear, en la que se escucha zumbar a los caraballos que seguro han de buscar refrescarse con el aleteo… en esa tardecita de repente la carrera de Chinchulín… el ladrillo que lo persigue por las patas cuchas… y el grito.

Sí señor, doña Chucha sale detrás suyo, con una sinfonía de gritos y de mentadas… de advertencias y conjuros.

“No tienes huevos… no tienes huevos… regrésate, ándale”.

Miramos un poco, pero no hay gran cosa.

Eso suele darse de perdido una vez a la semana, cuando no es el Chinchulín es Pepe el Charro…

Siempre alguien saldrá corriendo de la cuartería de las muchachas, donde doña Chucha administra el negocio con sapiencia y con toda la discreción posible.

El tío Juan mira… entrecierra los ojos como queriendo aclarar la visión.

“¿Qué no es ese el marido de Filomena la colorada?”

-Ese mero tío… ese mero…

“¿Y no estaba aquí la semana pasada y le dije que no fuera a meterse allí?…

-Sí tío… clarito que me acuerdo.

“¿No es cierto que le dije que nadie le iba a dar servicio gratis por más carita que se sintiera?”

-Uuuuy… hasta parece que lo estoy oyendo, tío.

“¡Les digo… les digo!”…

Silencio total durante varios segundos…

“La cabeza es para pensar… pero si te estiras el pitillo por encima de la cabeza, ni piensas… y como quiera no te alcanza…

¡Pero hasta que no te pasa, no lo entiendes!”

O como remataría Checherengüe…

“No tienes más manguera que la que te tocó… mídete las lumbres”.

Así es, en efecto… pura sabiduría.

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05 Abril 2015 04:10:05
Hubo un niño misionero
La Zona estaba por el rumbo de la Santa Emilia…

Altas paredes descascaradas, en obra gris sin enjarre, y encima sobresalen unos cuartos verdes, con el color a medio devorar por el sol del trópico.

Cuando pasábamos enfrente a bordo del camión, El Negrón me tomaba de la cabeza y me evitaba mirar hacia ese mítico lugar de pecado.

La Zona… La zonaja…

Como si enfrente de mi casa no estuviera plantada la vieja cuartería en donde las muchachas recibían visitas de hombres quienes se medio cubrían el rostro.

El Neto era hijo de una de esas muchachas…

A sus tres años y medio llegaba corriendo con una revista bajo el brazo, nos llevaba hasta la parte baja de la cocina en donde nadie miraba.

Chibirico… Chéchere… Ganso…

Cuatro años nebulosos, y Neto abre la revista.

¡Mujeres peludas!… ¡Inmensamente peludas!

¿Qué es eso?

Nunca habíamos visto una mujer desnuda… ¡Nunca!

Solamente Neto… Sólo él sabía cosas que ninguno de nosotros imaginaba que pudieran existir.

Neto se baja el zipper, saca su diminuto chilillo y lo pone encima de la foto de la mujer desnuda… Y empuja…

“¿Qué hace este jijueputa?”… Chibirico pela los ojos.

“¡Se quiere mear en el papel!”

Ganso salió corriendo asustado… Chéchere hizo lo que no debía… ¡Gritó!… “¡Se te va a podrir el pito!”

Entonces un rostro hartamente conocido se asomó por la ventana de la cocina.

Y allí estaba Neto con la revista de mujeres desnudas…

El pito de fuera…

Bueno, aquella fue una cintariza… La primera que recuerdo a manos de El Negrón…

La que no entendí fue por qué.

Chibirico y yo terminamos en un saloncito junto al pastor de la iglesia que nos hablaba con suavidad sobre los pecados más sucios.

Pelábamos los ojos…

No entendíamos y él lo supo.

Nos llevó de vuelta, Meche estaba furiosa…

“¡Hijo de la gramputa!… Te voy a cortar el pito para que dejes de pensar en cochinadas”

Pero el pastor levantó la mano, pidió calma y habló con la mamá de Chibi… Con El Negrón y con mi Ma Linda.

Éramos aún inocentes de cuerpo y mente.

Decidieron que nunca más nos juntaríamos con Neto, porque él sí que estaba sucio de su cabeza por culpa de la profesión de su madre.

Hablaron con la dueña de la cuartería… Llamaron a doña Muñeca, la mamá de Neto.

Si veían a Neto con nosotros la iban a mandar a la Zona… ¡A la Zona!

No queríamos eso.

Dos semanas Neto fue una sombra… Salía corriendo a la tienda y volvía sin mirar.

Hasta que encontramos la forma…

Caminábamos hacia el río… Con calzón para bañar, con toalla…

Por allá andaba Neto pescando acamayas, y nos juntábamos a tirar piedras a las paguas.

Entonces sacaba sus revistas…

Nos quedamos helados.

No… No eran las peludas.

Eran cuentitos con historias de santitos.

Sí… Después de todo, Neto terminó por convertirse en un niño misionero.

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29 Marzo 2015 03:10:28
El milagroso pan
El Negrón llegó bufando… Derechito al fondo del tejabán sin palabra de por medio.

Mi Ma Linda lo siguió en silencio, pero echando una mirada para que nadie la siguiera.

Éramos apenas tres, de los ocho que llegaríamos a ser…

Nos miramos.

Pollito, que era la mayor nos exigió silencio e hizo recomendación…

“No vayan a pedir pan de dulce”.

Ella sabía bien lo que significaba aquello, tenía seis largos años de experiencia para saber cuándo la cosa estaba fea.

Al rato, salieron con una sonrisa forzada… “

¿Quién quiere cafecito?” Miramos a Pollito, que levantó la mano… Y alborozados la levantamos Yayito y yo.

¡Cafecito!

Con leche, claro…

Estaba mi Ma linda sirviéndolo, cuando tocaron a la puerta, o mejor dicho, tocaron y se metieron.

Un hombre enorme, calado con un impermeable amarillo…

“¿Cómo está la negriza?”

El tío Lolo… José Dolores Román… Con una enorme bolsa de pan, y una sonrisa blanca enmarcada en esos cachetes negros.

¡Pan!… Instintivo estiré la mano para solicitar uno, y un manazo me hirió en el camino, mirada de madre-niña de Pollito.

Nadie lo notó…

“Aquí les traje esto”…

-¡Ay, tío!, dijo Ma Linda, orita nos van a traer una bolsa que mandamos a pedir a la Reynosa… Estamos esperándolo, muchas gracias, pero se nos va a echar a perder.

¡¿Quéeeeeeeee?!

Las tripas crujiendo y esa mujer se pone digna…

¡Nada de andar pidiendo!, decía mi abuela Felisa, la matriarca…

“¡Aquí se come lo que se gana!”

El tío Lolo se encogió de hombros, tomó la bolsa, pidió cafecito y se echó uno, platicó de lo feo que estaba el asunto del trabajo, de lo que se veía en los campos petroleros…

Luego le dijo al Negrón… “Vente mañana, hay chamba, es de abrir zanjas, pero peor es nada” Al Negrón se le olvidó la pena y dibujó una amplia sonrisa, mi Ma Linda sonrió aliviada.

Se acabó tío Lolo su café y pasó a retirarse, dijo que vio un lagarto entre el breñal y dejó la bolsa en la silla del corredor, salió corriendo… “¡Éste me lo voy a cenar!”

¡Carancho!… Se le olvidó su pan.

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22 Marzo 2015 03:10:31
Un aviso del trasero
Dijeron que era para el drenaje, abrieron la zanja y luego la dejaron, vinieron las lluvias y aquello se volvió una poza de lodo y agua.

Metro y medio de reto…

¿Brincamos?

Chibirico y Ganso con los brazos en jarra miden el riesgo, yo hago como que no estoy, le digo a La Rata Armando, que si por mala suerte llego a caer en el pozo, hasta allí llegaron mis negros días… “Me hundo Porque la poza está honda, me acuerdo que estando seco allí me escondía”.

Los ingenieros dicen que agarrando vuelo desde el tamarindo, podrán abrir las puertas y flotar sobre la poza con la gracia de una gacela para caer al otro lado.

“¿Tas trolis o qué?”… Quise advertirlo, pero Chibirico ya iba camino al tamarindo…

Estiraba los pasos para medirlos… Luego regresó otra vez para medir la cantidad de zancadas necesarias… Marcó el sitio exacto en donde dejaría el suelo para elevarse, estirar sus cortas piernas y pegar un brinco de dos metros de longitud para aterrizar sano y salvo al otro lado.

Ganso lo siguió con los mismos pasos largos… Midió en cuartas el espacio entre el sitio del impulso y el comienzo de la zanja.

“Te falta una cosa”, dijo La Rata, caminando en derredor del par de novatos ingenieros del ingenio…

“¿Qué falta?”

“Calcular los chingadazos que te va a dar tu madre cuando llegues como puerco a tu casa”.

¡Cierto… Cierto!… Chibirico se quedó congelado, con el pensamiento que elevaba sus alcances.

El salto lo harían encuerados…

“¿En cayucos?”… “¡Totalmente!… En puros cayucos”

Bueno, eso eliminaba el riesgo de enlodar la ropa, pero imponía otro riesgo… Que lo vieran a uno en pelotas y vinieran burlas…

“Ira… Trais unos cartones, ira… De allá con doña Carlota, los ponemos aquí como una barda y nadie nos va a mirar”.

Me ofrecí a colocar cartones en la calle… Colocarlos como valla para cubrir, pero no iba a saltar… ¡Claro que no!

“Yo no voy a andar en cuirias en la calle”…

No discutieron, fuimos a traer el montón de cartones… Íbamos a tomar uno cada quien, entre el Chéchere… Yuri Remolinos… El Pique… Y su servilleta…

Formar la valla para cubrir a los encuerados.

Listos todos, Chibirico fue el primero en quedar totalmente en pelotas… Abrió las patas y “campaneó” levemente… “Para que no se me peguen los huevos en las piernas, porque pueden estorbar” Cinco años…

¡Cinco años!… aquel iba a ser el salto más largo para un chaval de aquella edad… Cinco años y dos metros en el aire.

Se agachó como los corredores… Estiró los brazos sobre la calle en posición de “liiiiiistos”… ¡Y el disparo! ¡Tremendo disparo!…

Se le salió un pedo estruendoso… Que papaloteó…

“¡Saaaanto culo delator!”, gritó Chéchere, repitiendo la frase que su madre dejaba escapar cuando se le salía una flatulencia sonora.

Pero Chibirico no estaba para distraerse… Se mantuvo concentrado y emprendió la carrera… Agarró vuelo y su negra humanidad en vez de elevarse, hizo maniobra de aterrizaje…

Tropezó o algo parecido y fue a dar de clavado a la poza…

Breve, desapareció de nuestra vista… “¡Ya se ‘ogó este pendejo!” “¡Cállate l’ocico!”, debí corregir el mal presagio del Chéchere y nos acercamos todos al borde…

Salió ese pequeño Golem agitando brazos y gritando por ayuda…

De buenas que había una rama cerca, se la dimos y lo jalamos entre todos…

La libró, esa vez la libró…

Bañado en lodo se tiró en el suelo… Meneó la cabeza, no supo cómo había ocurrido aquello.

“Desde el pedo”, dijo Checherengüe… “Desde el pedo hubieras dicho que no, ya estaba que no ibas a pasarlo… ¡El culo siempre avisa!”.

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