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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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18 Noviembre 2018 04:00:00
¿Quién paga el precio?
Grecia celebró 2,525 años de haber dado a luz la idea de la democracia. Fue en 507 A.C. cuando los radicales atenienses espontáneamente se levantaron en armas y expulsaron tanto al tirano como al ejército de la vecina Esparta que la mantenía en el poder.

En ese mismo instante los atenienses inventaron una forma de gobierno que inspiró de tal manera a los ciudadanos que no sólo dominaron el contraataque de Esparta, sino que hicieron de Atenas una gloriosa ciudad: la más próspera, culta y poderosa sobre la tierra.

Registra la historia de las civilizaciones que Atenas practicaba una democracia tan pura como ninguna otra ha existido jamás. Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos. Era absoluta la libertad de expresión. La ley era la voluntad del pueblo. El poder rotaba entre los diversos partidos. Se consideraba sagrado el deber de votar, al grado que el día de elecciones los empleados acudían a ejercer su derecho al voto con la certeza de que recibirían su sueldo íntegro, de la misma manera que cuando eran requeridos como jurado en los tribunales de justicia.

Pero no todo era color de rosa. La primera democracia no era para todos. Sólo los hombres nacidos en Atenas, de padre y madre atenienses, podían ser ciudadanos. A la mujer –nacida o no en Atenas- le era negada la ciudadanía, y no tenía ningún derecho. No se le permitía asistir a reuniones políticas, mucho menos participar en ellas. Una mujer podía ser considerada diosa, pero jamás ciudadana. ¿Y qué decir de los esclavos? Un esclavo era “incapaz de decir la verdad, excepto bajo tortura”. El trabajo bestial que desempeñaban los esclavos permitía a los encumbrados atenienses el suficiente ocio para refinar el concepto de libertad.

Si analizamos al pueblo ateniense a dos mil quinientos veinticinco años de distancia es obvio que tenía fallas considerables. Pero nadie puede negar que fueron los atenienses quienes concibieron la idea más poderosa en la historia política de la humanidad: la finalidad de todo gobierno no debe ser regir, sino servir al pueblo.

Kelístenes, el primer dirigente de la nueva democracia, abolió la nobleza: 700 familias habían dominado la vida pública de Atenas desde tiempos inmemoriales. Luego creó 10 tribus, a las cuales asignó tierra, jurisdicción y representación equitativa en el gobierno. Los cargos públicos eran por tiempo definido. Introdujo el voto secreto. Efectuaba purgas periódicas para mantener actualizada la lista de votantes. Pero después de 200 años, la primera democracia mostró señales inequívocas de decadencia.

Un análisis reciente en una urna milenaria ha desentrañado pruebas de corrupción: mediante un sofisticado equipo se ha podido comprobar que 14 personas emitieron 190 votos. El ocio y la vida licenciosa carcomieron los valores morales en los cuales se había sostenido la democracia. Los votantes eran frágiles. Se dejaban enardecer por un buen orador sin escrúpulos: lo mismo votaban por desterrar a un héroe, como por declarar la guerra a supuestos enemigos. Habían caído en los delitos más nefastos de una democracia: la irreflexión y la irresponsabilidad.

En México hemos decidido tener voz en la determinación de nuestro destino, pero aún no hemos aprendido a respetar la pluralidad. Nos acostumbramos durante muchísimos años a ser conducidos por gobernantes impuestos, en cuyos hombros descansaba el futuro de los mexicanos, dada la muy particular y plenipotenciaria manera de gobernar tradicional en nuestro país.

Nuestro sistema gubernamental se enfrenta a una nueva realidad cambiante, dinámica, que le obliga a modernizarse, so pena de morir. Llegó el día anhelado en que las elecciones han sido del pueblo. Sin embargo, no hemos saboreado aún los frutos de la democracia. La cultura constituye el núcleo mismo de la democracia al manejar la resolución de conflictos a través del diálogo y del consenso. Por lo tanto, la cultura es esencial para comprender y definir el conflicto, así como para resolverlo.

Las naciones que optan por un gobierno democrático pagan un precio muy alto en educación. La pluralidad lo exige. La educación es una defensa contra toda exageración social y política, aún religiosa: evita la violencia y disciplina a la persona a pensar antes de actuar.

El tomar con las manos las riendas del propio destino cuesta mucho: educación, disciplina y respeto. ¿Cuántos estamos dispuestos a pagar el precio de la democracia?


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11 Noviembre 2018 04:00:00
¿Verdad… o mentira?
Cuando los medios de comunicación están en manos de intereses personales, políticos, o económicos, ¿quién nos asegura que las imágenes que nos presentan son fiel reflejo de la realidad? Un mismo acontecimiento manejado por dos fuentes distintas es expresado en versiones completamente diferentes. Así que, ¿quién dice la verdad?

Hoy más que en ningún otro momento nuestras circunstancias exigen una evaluación. Todas las imágenes y datos recibidos hacen necesaria una conciencia crítica: Descubrir qué se quiere decir, con qué intenciones se dice y, sobre todo, ¿quién lo dice?

Esto significa entrenar la mente a que asuma una actitud reflexiva ante la información Está comprobado que una mentira puede dar media vuelta al mundo en menos tiempo en que la verdad tarda en atarse las cintas de los zapatos. Pero... ¿qué es verdad y qué es mentira? ¿Quién o quiénes proporcionan los datos? Acostumbramos pensar en términos de cierto o falso, en blanco o en negro. Sin embargo, entre lo blanco y lo negro hay muchos puntos intermedios, muchas tonalidades en gris.

Desde tiempos inmemoriales la especie humana se ha dejado engañar por las apariencias. Cuentan que un día, el Mal y la Mentira se tomaron de la mano y se fueron a bañar al mar. Allá encontraron –cabriolando sobre la espuma de las olas- al Bien y a la Verdad, entrelazados. Se reunieron para disfrutar de la espléndida mañana en las templadas aguas marinas bajo los rayos del sol y, mientras el Bien y la Verdad contemplaban arrobados los caprichosos dibujos de las nubes, el Mal y la Mentira –muy juntos- nadaron prestos a la playa, cambiaron de ropas para ir a pasear a la ciudad, ataviados de Bien y de Verdad. Desde entonces la especie humana –influenciada por el ropaje y las apariencias- se deja engañar por el Mal, creyendo que es el Bien, y por la Mentira, confundiéndola con la Verdad.

Lo mismo sucede en nuestros días: Justificamos la mentira –que se viste de diáfanos motivos- y condenamos la verdad porque es molesta e incómoda. Justificamos la falsedad diciéndonos que es lo conveniente, lo agradable, y además no nos compromete, y condenamos la verdad porque implica responsabilidad personal. Exige también resolver nuestro futuro sin repetir la línea de pensamiento que originó el problema.

Para poseer una conciencia crítica es necesario aprender a leer la realidad, observarla en su conjunto y en cada uno de sus detalles... y prever las consecuencias. Urge educar la percepción: Cuestionar el cómo vemos, escuchamos y sentimos. Requiere la comprensión del sentido de los acontecimientos con el fin de hacer una apreciación sana, libre de prejuicios. ¿Texcoco o Santa Lucía?

No tenemos los datos ni los conocimientos necesarios para emitir un juicio. Escuchamos de diversas fuentes el pro y el contra de las dos alternativas, pero, ¿estamos capacitados para comprender la complejidad de ambos proyectos? La congoja crece en nuestro interior, intensa y punzante. ¿Texcoco o Santa Lucía?

La tarea educativa por excelencia, ante la comunicación masiva de TV, cine, radio y prensa, consiste en formar personas que, una vez recibida la imagen, concepto o afirmación, sean capaces de entender su verdadero significado. Personas capacitadas para desenmarañar la madeja en la cual el bien, el mal, la verdad y la mentira suelen confundirse en caprichosos nudos.

Las nuevas generaciones han sido entrenadas a recibir impactos sensoriales fuertes y rápidos. A ser pasivas e imitadoras. Los medios de comunicación con frecuencia recurren al sensacionalismo, al impacto de la noticia, a la distorsión interesada de la realidad. Evitan temas cerebrales. La reflexión sobre los eventos que determinarán nuestro futuro como nación toma mucho tiempo, y el tiempo es oro. El espacio en los medios cuesta.

Percibir y reflexionar son actividades difíciles de practicar en nuestros días. Seducidos por la luz y el sonido dialogamos no con nuestra realidad, sino con símbolos e imágenes. Aceptamos pasivamente como verdad una parte de la realidad. Solo una parte del todo.

La ignorancia de lo que se requiere, de lo que es necesario y urgente, de lo que se debe hacer, y de lo que se puede hacer, tanto en lo personal como en lo político, es la causa principal de las dificultades de nuestra nación en desarrollo. Aunque nuestro país es dueño de vastos recursos y tenemos acceso a mucha información, se nos dificulta procesarla para su mayor aprovechamiento.

Hemos dejado de construir nuestro propio bien, nuestra propia verdad. Aceptamos la ‘verdad’ impuesta. Se nos olvida reflexionar.

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04 Noviembre 2018 04:00:00
¿Quién tiene la culpa?
Cuidado cuando una persona soberbia ocupa un puesto público. Experimenta un gozo desordenado: El poder de modificar las vidas de los ciudadanos. Hacer cambios que repercutirán en el futuro de la Nación debe ser una experiencia embriagadora. Un momento que se sube a la cabeza aunque los dolores de cabeza vengan después.

Dicen que la soberbia intelectual es más gruesa que la coraza de un buque de guerra. Al principio es imperceptible: Un simple aleteo que acrecienta la seguridad en sí mismo y agiganta la autoestima. Poco a poco, va cobrando fuerza hasta convertirse en una pasión arrolladora más fuerte que el amor o el odio. Se instala en el cerebro y en el corazón con sus poderosas tenazas y es tal su fuerza que oscurece la mente, robándole toda objetividad. El orgullo y apetito desordenado de la propia excelencia, el exceso de pompa, y la excesiva estimación de las propias cualidades e ideas con menosprecio de las de los demás, son sólo algunas de sus manifestaciones

Antes de convertirse en Satanás, se llamaba Luzbel. De extraordinaria belleza e inteligencia era el príncipe de los ángeles. Dicen las Sagradas Escrituras que Luzbel y algunos de los ángeles, espíritus puros dotados de una inteligencia más aguda y facultades superiores a las de los seres humanos, un día se sintieron como dioses y se rebelaron contra el Creador. Desde entonces Luzbel dejó de ser ángel y su nombre fue cambiado por el de Lucifer, o Satanás. Desde entonces la soberbia ha sido el principio de todo pecado. El relato de Adán y Eva en el Paraíso en que comieron la fruta prohibida del árbol del Bien y del Mal desobedeciendo el mandato de Dios habla de quienes, a semejanza de los ángeles, se dejan morder por la serpiente de la soberbia, y tratan de actuar como dioses.

La persona soberbia llama sabiduría a lo que ella sabe, e ignorancia a lo que saben los demás. Habla con prepotencia porque ignora la realidad: no la conoce porque es superficial, juzga los hechos sin profundizar. Pega la nariz a la pared y no ve lo que hay tras ella.

En realidad el poder es una alucinación. Lo que se tiene no es precisamente el poder sino la autoridad. El poder implica la capacidad y la posibilidad de realizar lo que se planea. La autoridad, en cambio, significa que se puede MANDAR que se haga lo que se ha planeado. El tiempo y los medios que la orden toma para filtrarse hasta los ciudadanos le resta gran parte de su fuerza y también de su sentido. Las órdenes dependen de otros para su ejecución. La autoridad es limitada, y las fórmulas son estrechas, incapaces de contener y de remediar la agonía de un pueblo en crisis.

Si el gobernante se instala en un pedestal difícilmente encontrará quién se atreva a acercarse a él con la verdad o con información que él no desee oír, porque sería tanto como reconocer un error, o un fracaso en su gobierno. Y errores o fracasos jamás son reconocidos por una persona soberbia.

Los que estamos muy lejos del poder gustamos de crear ídolos de nuestros gobernantes. Somos responsables de convertir en tiranos a nuestros líderes: las alabanzas de las multitudes suelen hacer un pastor soberbio de un rebaño sin rostro. Los grandes hombres y mujeres pueden ser en ocasiones peligrosos. Cuando sus sueños fallan, los entierran bajo las cenizas de las ciudades de aquellas muchedumbres que otrora los vitorearon.

La pluralidad que recién estrenamos confirma que es difícil vivir en la arena política y hacer funcionar un gobierno democrático. A menudo se es tentado hacia alguna forma de dictadura o manipulación: El consenso implica mucho tiempo, costo, reflexión y respeto. Sin embargo, aunque parezca paradójico, el gobierno democrático requiere –entre otras cosas- fuertes dosis de humildad. Ser humildes para reconocer errores y modificar el rumbo. Humildad para aceptar puntos de vista de otros que resuelvan mejor los problemas. Humildad para trabajar en equipo y dejar para la historia el gobierno de un solo hombre, de un semidiós.

El gobierno democrático requiere de líderes convencidos de que el fin de toda actividad política debe ser asegurar el bien común. El Paraíso de la Democracia suele perderse cuando se es mordido por la serpiente de la soberbia. Y la soberbia puede anidar hasta en las alas de los ángeles.

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28 Octubre 2018 04:00:00
Cinco cositas que no debemos olvidar
Muchos tratan de explicar cómo se producen los cambios en la vida social ocasionados por las innovaciones tecnológicas. Algunos las apoyan y las justifican, otros las critican. Por lo general los argumentos a favor o en contra no consideran el costo, el beneficio, el impacto al medio ambiente, los riesgos de salud y seguridad pública que éstas entrañan.

¿Cuántos puestos de trabajo se crearán a partir de estas innovaciones? ¿Cuántas ganancias resultarán? ¿A qué sector de la población beneficiará? ¿A cuántos perjudicará? En el renglón de salud, ¿Cuántos cánceres y otras enfermedades producirá?

Neil Postman, Director del Departamento de Cultura y Comunicación de la Universidad de Nueva York, sociólogo, comunicólogo y analista crítico de los medios, plantea cinco cosas que necesitamos saber acerca de cualquier cambio tecnológico:

•Para cada ventaja que una nueva tecnología ofrece, existe siempre la desventaja correspondiente. La cultura inevitablemente paga un precio por la tecnología.

•Las ventajas y desventajas de la tecnología nunca están distribuidas equitativamente entre la población. Específicamente, ¿quién se beneficia con el desarrollo de una nueva tecnología? ¿Cuáles grupos de poder? ¿Cuántas personas? ¿Qué tipo de industria será favorecida? ¿Cuáles grupos de personas serán afectados en consecuencia? ¿A quién le dará poder? ¿A quién se lo quitará? La tecnología favorece a algunos y perjudica a otros. Siempre hay ganadores y perdedores.

•Cada nueva tecnología lleva incorporada una idea poderosa; a veces dos o tres ideas ocultas a nuestra vista porque son de una naturaleza algo abstracta. Eso no significa que no tenga consecuencias. Puede ser que una persona valore la información, no el conocimiento y, ciertamente, no la sabiduría. En la era de la tecnología el concepto de sabiduría podría terminar por desvanecerse. ¿Cómo influye en nuestra mente la nueva tecnología? ¿Cómo afecta nuestros sentidos? ¿Cómo codifica el mundo? ¿Cuáles de nuestros sentidos amplifica y cuáles de nuestras tendencias emocionales e intelectuales ignora?
•La innovación tecnológica no sólo agrega algo, sino que cambia todo. Debemos ser cautos frente a las innovaciones tecnológicas: las consecuencias son siempre vastas, a menudo impredecibles, y ampliamente irreversibles.

•Los medios tienden a volverse “míticos”, que es la tendencia común de pensar en nuestras creaciones tecnológicas como si fueran dadas por Dios; o como si fueran parte del orden natural de las cosas. La TV, películas, videos, periódicos, han alcanzado un estatus mítico, no como un producto dentro de un contexto político e histórico específico. Cuando una tecnología se vuelve mítica, es siempre peligrosa porque es aceptada tal cual y, por consiguiente, no es fácilmente susceptible a modificación o control. Y en cada gran innovación tecnológica existe incorporado un prejuicio de los conocimientos científicos, políticos y sociales.

Un factor muy importante es el considerar si la nueva tecnología mejorará o afectará la calidad de vida, sobre todo en el ambiente familiar. Un video muestra a un bebé de escasos meses jugando con el celular de su madre mientras ella efectúa sus labores domésticas. Cuando trata de rescatar su celular el bebé se torna rabioso a más no poder. No cesa de gritar, patalear y sollozar por varios minutos. La madre le regresa el celular y el bebé calla como por arte de magia. Con su minúsculo dedito empieza a presionar los botones del aparato, se ríe, y empieza a jugar de nuevo.

¿Estaremos condenados a sentarnos a la mesa de la cocina con nuestros hijos y nietos en silencio mientras cada uno envía mensajitos a amigos y compañeros con celulares cada vez más sofisticados? Es grandioso el poder comunicarte con ellos con la facilidad que proporcionan los nuevos celulares y el Facebook, pero, ¿qué pasa con la intimidad familiar? ¿Con las pláticas sabrosas junto a la estufa?
El punto central es cómo pueden hacerse las elecciones sobre adquisición de innovaciones tecnológicas teniendo presente las consecuencias trascendentales que afectarán la calidad de vida.

Pero el mundo gira y no se detiene; las innovaciones continuarán, y está en cada persona darse el tiempo y el entusiasmo de conservar el patrimonio heredado y de alguna manera transmitirlo a las nuevas generaciones.

Cuán sencillo era ‘tener certeza’ de algo; tomar nuestras propias decisiones.

Hoy padecemos el temor recurrente de que alguien con más conocimiento y astucia tecnológica ya decidió por nosotros.

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21 Octubre 2018 04:00:00
¿Paciencia?
Dicen que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces. ¿Paciencia? Paciencia hemos tenido los mexicanos por varios siglos. En México tanto la raíz como sus frutos han sido amargos para la gran mayoría.

Hemos escuchado por ahí que nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar. Sí, volar. Tenemos alas. No tomemos en cuenta la profundidad de nuestra caída, sino mejor precisemos con qué hemos tropezado. ¿Ignorancia?
¿Valemadrismo? ¿Miedo?

El valor no es la ausencia de miedo, sino la habilidad de cada persona para enfrentarlo. Son difíciles los tiempos que vivimos, ciertamente, pero no esperemos una oportunidad, sino salgamos a buscarla. Nadie puede volver atrás y enmendar el pasado, pero cualquiera puede empezar hoy y crear un nuevo final.

Se afirma que no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Los chicos necesitan modelos, anhelan héroes que estimulen las fibras más sensibles de su ser. Los jóvenes se encuentran desesperanzados, perdidos, sin brújula en la selva del mundo de los adultos, cada vez más siniestro. La necesidad de transgredir se incrementa en ellos cuando les es difícil identificarse con la hipocresía de los adultos: Cuando les decimos una cosa y hacemos otra; cuando son unas nuestras creencias y otros nuestros afanes. Cuando separamos la fe religiosa de nuestros actos cotidianos. Cuando reprobamos la conducta de la juventud y no reparamos en que hemos alimentado a las nuevas generaciones con el veneno de la violencia.

¿Paciencia? Sí, paciencia para enseñar a cerebros perezosos, saturados de imágenes sádicas, desenfrenadas, que ofrecemos a diario en series y películas. Sus almas están sedientas de ideales, de héroes, de actos generosos. Ese sí es un enorme reto; no requiere paciencia para soportar nuestra desventura, sino compromiso para remediarlo.

La educación no cambia al mundo, sino a las personas que van a cambiar el mundo.

La dignidad del maestro es un regalo para la sociedad, un estímulo para la familia, una bendición para los alumnos. Educar es un arte, y quien educa es un artista: Pulir, cincelar y diseñar con paciencia y tolerancia las habilidades de cada alumno para hacer de ellos una obra de arte universal. “Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.” (Proverbio Indú)
Si penetramos bajo la embravecida superficie de nuestro presente descubriremos que la gigantesca ola de cambio ya está golpeando nuestras vidas, lo cual provoca conflicto y tensión a nuestro alrededor en todos los campos, desde la vida personal hasta la política. Pero también puede hacer posible distinguir aquellas innovaciones que son meramente cosméticas -solo por encimita- o aquellas que son las verdaderas ideas luz en que la pregunta correcta suele ser más importante que la respuesta correcta a la pregunta equivocada. Mantener a un país en la ignorancia y en la confusión es una forma de esclavitud.

La meta es lograr un acuerdo democrático que suministre respuestas, y plantee también muchas preguntas nuevas. Conceder incluso a los adversarios la posibilidad de verdad parcial, y a uno mismo, la posibilidad de error. Lo mejor de tocar fondo es que ya no podemos caer más… a partir de entonces solo nos queda subir.

En una época de explosivos cambios en que se formulan las más amplias preguntas acerca de nuestro futuro como nación, las preguntas no son una simple cuestión de curiosidad intelectual. Son una cuestión de supervivencia.

Las promesas significan todo, pero cuando no se cumplen, las disculpas y las excusas no significan nada.

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14 Octubre 2018 04:00:00
Con una sola ala
Tanto el mundo gubernamental como el empresarial son amenazados por un problema que se nutre y crece en su misma entraña: El trato hostil y la violencia verbal de sus funcionarios. Esta actitud en las altas esferas trasciende y contamina a supervisores, empleados y obreros. Es difícil lograr altos niveles de productividad y de excelencia en un ambiente cargado de agresividad.

Cuando se establecen patrones de conducta que están orientados a intimidar, distanciar, destruir, decepcionar, degradar y devaluar a las personas, se hace imperativo aprender un nuevo lenguaje. Si consideramos que el anhelo de todo ser humano es encontrar la felicidad, ¿por qué no crear en los centros de trabajo ambientes propicios para ello? No sólo se realizaría plenamente el potencial de cada persona, sino que al mejorar la calidad de su trabajo se beneficiaría notablemente la productividad de la empresa.

El doctor Leo Buscaglia, catedrático de la Universidad de Southern, en Los Ángeles, California, reconocido autor de varios best-sellers y conferencista de gran prestigio, dedicó muchos años de su vida al área de las relaciones humanas.

Su cátedra: ‘Love’ –el desafío de las relaciones humanas- sigue siendo un gran
éxito tanto en el campo gubernamental, empresarial, como en el familiar.

Afirmaba con vehemencia que había llegado el momento de olvidar nuestros egos mezquinos, de renunciar al temor de parecer sentimentales o ingenuos y de unirnos en nuestra necesidad universal de solidaridad. Preguntaba: ¿por qué resulta tan difícil a los seres humanos decir: “Quiero ayudarte, toma mi mano”, cuando vé a alguien con alguna necesidad? Buscaglia citaba con frecuencia a Luciano de Crezcenzo: “Todos y cada uno de nosotros somos ángeles con una sola ala. Y únicamente podemos volar abrazándonos los unos a los otros”.

En sus famosas cátedras Buscaglia mencionaba una fábula sobre una niña que al caminar por la pradera ve a una mariposa atravesada por una espina. Con sumo cuidado la libera y la mariposa se aleja volando, para después regresar convertida en un hada deslumbrante que la abraza suavemente mientras susurra en su oído un secreto.

A medida que la niña crecía, nadie era más feliz que ella. Todo mundo quería saber qué le había dicho el hada. Cuando llegó a la ancianidad, los vecinos temían que el fabuloso secreto se fuese con ella a la tumba. “Revélanos, por favor, lo que te dijo el hada para ser feliz.” La encantadora anciana sonriendo respondió: “Me dijo que todos, no importa lo seguros que pareciesen, todos tenían necesidad de mí”.

Los seres humanos nos necesitamos mutuamente. Pero, ¿cómo saber las necesidades de cada quién? Los innumerables estudios, encuestas y talleres conducidos por Buscaglia comprueban que el mayor obstáculo para las relaciones humanas es la comunicación defectuosa. Cita a Hadley Read: “Hemos desarrollado sistemas de comunicación tan sofisticados que permiten que desde la Tierra, el hombre hable con el hombre en la Luna. Sin embargo, a menudo una madre no puede hablar con su hija, un padre con su hijo, o la clase obrera con la gerencia”.

Buscaglia encontró fórmulas sencillas para lograr una sana y verdadera comunicación entre las personas: el arte de hablar unos con otros. El decir con respeto y claridad, el escuchar con precisión, sin ideas preconcebidas. El ponerse en los zapatos del otro. Esto implica desarrollar cierto grado de compromiso, profundidad y amistad. La incapacidad de trabajar en armonía es responsable de la mayor ansiedad, aislamiento, e incluso, de severas enfermedades psicosomáticas. La disarmonía roba la buena voluntad para satisfacer las sutiles y complejas exigencias de toda relación humana.

El mayor reto de nuestro México es encontrar nuevos patrones de relación, fórmulas sencillas conducentes al crecimiento, a la coexistencia pacífica en la que se pueda vivir un verdadero espíritu de equipo. El bien puede llegar a ser una fuerza irresistible.

Cualquier cosa que se aprende, inclusive la violencia, se puede desaprender. El ser humano jamás pierde la capacidad de renovar sus sistemas de pensamiento. En este proceso, llamado ‘cambio’, se encuentra la esperanza de nuestra patria.

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07 Octubre 2018 04:00:00
» Ebrios, no
‘Chuuu-chuuu’ era la única palabra del vocabulario de su hijo adoptivo de cinco años. La monótona respuesta: Chuuu-chuuu a toda pregunta o comentario le hacía sentir una patada en el estómago. Era como si el pequeño hubiera hecho una sola conexión con el universo: Un tren en marcha. Eso era suficiente para él, no aspiraba a nada más. El niño no poseía la curiosidad ni el sentido común inherentes a la especie humana.

Aunque soltero, el antropólogo Michael Doris obtuvo en adopción al niño de tres años: Fue la única persona interesada en adoptarlo. Al principio pensó que la corta edad del pequeño y su desnutrición extrema se debían a que había sido un niño maltratado: Las profundas cicatrices en muñecas y tobillos parecían confirmar la suposición.

Sintió miedo por la tremenda responsabilidad que implicaba la crianza de un niño de lento aprendizaje. Poco a poco, lo consumió la certeza de que su pequeño hijo tenía un problema mucho más serio que el de aprendizaje: Empezó a desarrollar curvatura de la espina dorsal, doble dentadura, problemas auditivos y visuales, convulsiones, escasa o nula atención, hiperactividad.

Pero Michael Doris amó al pequeño desde el día en que, mientras hacía un trabajo de campo en un sector marginado, el chiquillo, sin poder verlo, abrazó sus piernas y le regaló una deslumbrante sonrisa. Le daría todo el cuidado y atención personal para asegurarle una vida feliz. Le proporcionaría al niño todo tipo de atención médica: Lo máximo que la ciencia pudiera brindar. Pero, ¿quiénes eran los padres?

Después de una afanosa búsqueda, encontró a la madre del niño en un bar. Se llama María pero prefiere que la llamen Madonna. Lleva el cabello teñido de rubio como estropajo, y las raíces oscuras le dan un aspecto descuidado. Aunque debe ser muy joven, su tez ha marchitado y profundas ojeras afean sus ojos.
Entre hipos y lágrimas logró arrancar a María la verdad: Cuando solo tenía 15 años la adolescente quedó embarazada. Alcohólica y promiscua, no supo quién fue el padre de su hijo. Más aún, no se había dado cuenta de su estado: Comenzó la fiesta en Navidad y fue hasta Semana Santa cuando supo que estaba encinta. Trató de abortar pero ya iba por el cuarto mes y le resultaba caro. La hora del parto le sobrevino en una licorería, mientras trataba de robar una botella.

Michael Doris obtuvo del hospital información más espeluznante aún: Al dar a luz, el putrefacto olor a vino del fluido amniótico corroboró que la madre era alcohólica. El alcohol penetra la placenta y la información genética del bebé empieza a dañarse desde el momento mismo de la concepción. Afecta el hígado, páncreas, riñones, timo, corazón, y, sobre todo, el cerebro. Al deshidratar la materia gris aniquila las neuronas en desarrollo, lo cual provoca cortos circuitos cerebrales. Y no importa cuánto amor, dedicación o educación se le prodigue al niño después, el daño es de por vida, irreversible.

Supo entonces que su pequeño hijo estaba condenado a vivir en soledad: Jamás sería un niño normal. Fue rechazado por su madre en el momento mismo en que advirtió su presencia en el vientre. Jamás lo pensó o lo soñó con amor. Por nueve meses, en la oscura prisión de su cuerpo, lo atormentó con líquidos de fuego. Nunca dijo una plegaria por él. Nunca lo bendijo.

Michael Doris supo entonces que su hijo adoptivo caminaría siempre bajo una noche sin luna, con solo relámpagos y el ulular del viento por compañía. Sin saber de donde viene ni a donde va. Sin tener la capacidad de maravillarse con los rayos de sol que se filtran a través de las hojas de los árboles. Tal vez, cayéndose y levantándose, pueda acercarse alguna vez a sus ramas con los brazos extendidos: Pero será para sostenerse, no para acariciar las flores.

Pero hay algo en su hijo adoptivo que logró escapar del exterminio del alcohol: Su capacidad de amar. Cuando Michael Doris llega exhausto de su cátedra, aunque ahora tiene sus propios hijos, es el hijo adoptivo quien pacientemente lo espera en el portal con un abrazo y con su radiante sonrisa.
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30 Septiembre 2018 04:00:00
El camino al infierno
Patéticas escenas que captan de cerca la miseria y los dramas de los pueblos hambrientos son los instrumentos utilizados por diversos organismos no gubernamentales (ONGs) para recabar fondos destinados a ofrecer ayuda humanitaria a los desposeídos de la tierra.

La fotografía de una madre africana que sostiene en brazos a su pequeño hijo que muere de hambre ha sido una de las imágenes de mayor impacto en los televidentes y la que más genera donativos.

¿Se trata realmente de ayuda humanitaria? El libro de Michael Maren: ‘El Camino al Infierno’, describe los deplorables efectos de la ayuda extranjera y de la caridad internacional en ciertos lugares del globo. Maren sostiene que las desgarradoras imágenes de extrema pobreza transmitidas por las principales redes televisivas provocan un alud de donativos provenientes de bien intencionados benefactores. Sin embargo, las contribuciones en gran parte no llegan a las madres famélicas ni a los niños moribundos: se desvían en el camino.

La tesis central de la obra de Maren es que cierta ayuda internacional y algunas obras de caridad sólo son una pantalla para una floreciente industria que explota los sentimientos generosos de los televidentes y que sacrifica a los propios colaboradores de campo, quienes realmente sí prestan ayuda humanitaria a los pueblos en desgracia pero cuyos directivos retienen la mayor cantidad de fondos para beneficio propio en detrimento de las víctimas de la hambruna. En ‘El Camino al Infierno’, Maren, quien prestó servicios a organismos humanitarios durante 12 años, revela la compleja red de factores que han convertido la ayuda internacional en una pesadilla infernal.

El investigador registra cómo, sistemáticamente, se inflan las cifras de refugiados para obtener más ayuda a los contribuyentes. Dos terceras partes de los donativos son desviadas, robadas en gran parte por organismos gubernamentales. Los alimentos se venden en el mercado negro para obtener efectivo e, incluso, para comprar armas. Los organismos de ayuda humanitaria no llevan control de los servicios que prestan o los víveres que distribuyen, y no garantizan que las verdaderas víctimas reciban ayuda.

Uno de los problemas más graves de la ayuda humanitaria a largo plazo es que los alimentos extranjeros destruyen la agronomía local y la economía: la gente que recibe víveres durante un tiempo prolongado pierde el incentivo de trabajar el campo y se vuelve dependiente. El resultado es que unos cuantos se hacen más ricos con el tráfico de alimentos y medicamentos en el mercado negro, y otros muchos están cada vez más pobres y más hambrientos.

¿Quiénes se benefician al convertir países en desventaja en ‘cleptocracias’, dependientes de ayuda internacional? Los traficantes de donativos, los traficantes de subsidios gubernamentales, los productores extranjeros de alimentos, ciertos organismos no gubernamentales y la milicia, entre otros.

El humanismo puede no ser la fuerza motora de muchos servicios ‘humanitarios’, sino un negocio redondo con fachada noble para proveedores, contratistas y distribuidores a quienes conviene conservar las condiciones infrahumanas para no perder ‘el negocio’. Y ésta fuerza bien puede convertirse en el camino al infierno.

¿Cómo saber si un organismo que se promociona como ‘ayuda humanitaria’ realmente lo es? La primera regla es que la asistencia material -aunque imprescindible en época de crisis- no debe hacer dependientes a los beneficiarios. Después de la fase de ‘panza llena corazón contento’, la segunda etapa -cuando se ofrece apoyo asistencial a largo plazo- debe cubrir programas de autoayuda y de desarrollo.

La educación integral de los pueblos en desventaja es el primer objetivo de un verdadero plan humanitario de desarrollo. No se trata de una simple alfabetización, sino además una educación sobre salud, cultivos regionales, supervivencia básica, y oficios. El instalar talleres para despertar la iniciativa, el espíritu de liderazgo, enseñar a trabajar en equipo, tomar conciencia de las habilidades propias y del esfuerzo personal, forman parte del rescate de la dignidad humana.

Una verdadera ayuda humanitaria es aquella que busca el desarrollo económico de los desposeídos, pero también pretende lograr el desarrollo social que los hará independientes.

La auténtica asistencia humanitaria implica no sólo dar el pescado entero al necesitado, sino enseñarlo a pescar.

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23 Septiembre 2018 04:00:00
¡Sí se puede!
Philip slater, doctor en psicología egresado de Harvard, narra la historia de dos hombres que viajan juntos en busca de una nueva tierra de promisión de la que habían oído hablar. El cuento revela los efectos psicológicos y sociales que supone vivir en las sociedades del primer mundo. El progreso industrial y tecnológico ha sido una apasionante arma de dos filos: al resolver un problema, crea otro más sutil y peligroso. Cada etapa del progreso se convierte en un prodigioso mecanismo que, a pesar de estar programado para lograr la perfección, conduce irremisiblemente hacia la destrucción de lo humano.

Los dos hombres pobres, uno blanco y el otro negro, encuentran en el camino un brujo que les dice: “Dadme vuestra conciencia y os haré ricos y así viajaréis elegante y cómodamente”. La propuesta del brujo no le interesa al hombre negro, pero al blanco le parece bien. Tan pronto le da su conciencia, se encuentra hermosamente vestido, jineteando un fino caballo. El hombre negro continúa a pie y no puede seguir su paso y esto enfurece al hombre blanco. Se burla de sus ropas viejas y cada vez que cae le azota con su fusta. Ha perdido completamente el sentido de compasión.

Cuando el hombre negro amenaza con abandonarle, el blanco le ata al caballo y lo lleva arrastrando: tiene miedo de viajar solo. Entonces se opera un cambio en el hombre blanco. Pierde todo interés por el viaje, no disfruta de las cosas que le rodean, y su única satisfacción es compararse a sí mismo con el ‘amigo’, a quien sojuzga y trata como a un esclavo. En cada pueblo se detiene para hacer ostentación de su riqueza y aumentarla, cosa que logra jugando dinero y estafando a los lugareños.

Un día se encuentra con uno igual que él: ambos pretenden hacer trampas en el juego y terminan de pleito. De las palabras pasan a los puños, y luego a las armas. En el tiroteo mueren ambos. El hombre negro logra recuperarse de las llagas y heridas sufridas en el camino, toma el caballo del blanco y prosigue su viaje. El camino está infestado de trampas por el cual ha de avanzar el sojuzgado.

La diferencia entre el opresor y el oprimido es interna. Nada alimenta tanto la opresión como la profunda convicción del oprimido de ser incapaz de protegerse a sí mismo. Para los opresores rescatar la conciencia no es cosa fácil: se han dejado seducir por el concepto de ‘el progreso, a como dé lugar’, visión lineal con orejeras que impide ver hacia los lados o hacia atrás. No interesa a quien se oprima, atropelle, o contamine con tal de ser los amos. El cuento de Slater termina sin decir si el hombre oprimido logra llegar a la tierra prometida.

Obama no provenía de una familia influyente o poderosa, sino que representaba la condición típica estadounidense: uno de la inmensa mayoría que han dependido sólo de su esfuerzo personal en el trabajo y en el desarrollo de sus habilidades para lograr el éxito. Su carisma transcendió su herencia biológica y el color de la piel. El mensaje de Obama fue poderoso para el mundo: ‘Yes we can’. ¡Sí podemos!

Las naciones en desarrollo también podemos lograr la prosperidad, también podemos, a través de una democracia auténtica, obtener una vida digna. No es necesario sacrificar la conciencia. No es necesario vender el alma, los ideales, los sueños, contaminar nuestro entorno. Los que amamos la patria podemos cambiar el sistema de gobierno para crear un país nuevo con igualdad y justicia para todos. ¡Sí se puede! No es necesario recurrir a las armas o a las difamaciones, sino al intelecto y al corazón.

La Tierra Prometida siempre ha estado ante nosotros y es para todos. Aunque continuamos buscando el camino hacia las estrellas, éste no está oculto.

Serpentea con gracia entre los espacios y relaciones que existen entre las naciones, las personas y las cosas.

Ha estado ahí desde el principio de los tiempos, pero no ha sido fácil para los humanos encontrarlo.

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17 Septiembre 2018 04:00:00
Quiero creer, aún
Thomas L. Friedman, periodista y escritor estadounidense, autor de ‘La tierra es plana’, tres veces ganador del premio Pulitzer, es experto en globalización. Afirma en su columna en The New York Times: ‘Cómo México volvió a estar en el juego’ después de participar en la XXVIII Reunión Anual de Consejeros del Sistema Tecnológico de Monterrey.

“Hoy día”, escribió Friedman, “México está recuperando de Asia participación en el mercado de manufacturas, y está atrayendo más inversión global que nunca en automóviles, partes aeroespaciales y electrodomésticos.” Declara en el Financial Times que México exporta más productos manufacturados que todo el resto de América Latina. Se sorprende por la cantidad de nuevas empresas tecnológicas que están surgiendo entre los jóvenes mexicanos.

“México es mucho más que pura violencia”, afirma. Si las capacidades de manufactura e innovación mexicanas se integran mejor al ecosistema industrial, vaticina Friedman, todos saldrían ganando: las empresas en Estados Unidos serían más rentables y competitivas, y los mexicanos bien remunerados tendrían más razones para quedarse en México. Hasta la violencia se reduciría.”

Friedman afirma que la próxima potencia mundial en el transcurso del Siglo XXI no será China o India, sino México. ¿Cómo hacer este vaticinio realidad? Los sociólogos sugieren utilizar ‘El Pensamiento Lateral’.

Cuentan que en un pequeño pueblo un granjero no podía pagar una deuda a un viejo feo y antipático. El granjero tenía una hija muy linda que despertaba las ansias del prestamista y éste le propuso perdonar su deuda si le daba su hija en matrimonio. ¡Granjero e hija quedaron horrorizados!

El prestamista modificó la propuesta: sugirió que fuera el azar el que determinara el asunto. Colocarían una piedra blanca y otra negra dentro de una bolsa vacía; si la chica sacaba la piedra negra, se casaría con él y la deuda de su padre sería saldada, si sacaba la blanca, no tendría que casarse con él, pero aun así la deuda quedaría liquidada. Si la niña no aceptaba el juego, el padre sería inmediatamente enviado a la cárcel.

El prestamista se agachó a recoger dos piedras (las dos negras) y las puso rápidamente en la bolsa. La niña no dijo nada. El viejo le pidió que tomara una. ¿Qué hacer? ¿Negarse? ¿Demostrar que el prestamista hizo trampa? ¿Casarse con el viejo para evitar a su padre la prisión?

Aquí reside la diferencia entre el pensamiento lógico directo y el pensamiento llamado “lateral”. Las tres opciones eran nefastas, entonces, ¿qué hizo? Sacó cualquiera de las piedras e inmediatamente la dejó caer al suelo sin que nadie hubiera tenido tiempo de verla, y se disculpó asustada. La piedra se confundió con las piedras negras y blancas del camino.

¡Ay, qué torpe soy!, exclamó la niña, ¿cómo puede pasarme algo así? No importa, dijo, todo tiene solución: se puede saber cuál es la piedra que saqué primero tomando la que queda en la bolsa; si es negra, saqué anteriormente la blanca, y si es blanca, entonces era la negra. ¿No es así?

Sacó la negra, y el viejo no se atrevió a confesar su trampa. La chica, con el pensamiento lateral transformó una situación imposible en un desenlace ventajoso.

Existe una solución para la mayor parte de los problemas complejos, sólo que no sabemos verlos en perspectiva. ¿Saldremos los mexicanos de la encrucijada en que nos encontramos?

El cerebro puede ser llenado con pensamientos positivos y con decisiones sabias. Dicen los sociólogos que el pensamiento lateral es capaz de encontrar el ángulo adecuado.

Quiero creer. Aún.

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09 Septiembre 2018 04:00:00
La democracia exige
De verdad no es fácil la democracia; de todas las formas de gobierno que conocemos, la democracia es la más justa, pero a la vez la más difícil de lograr. La democracia se basa en el respeto a los derechos humanos: los derechos de uno terminan en el momento en que invaden los derechos del otro. Y… ¿quién define la raya?

Garantizar las libertades individuales, sin renunciar a la seguridad social, implica un respaldo de la fuerza pública. Ello exige un enorme compromiso de las autoridades: el respeto al ser humano antes que cualquier valor ideológico.
No puede existir la democracia sin educación porque la educación es una defensa contra toda exageración social y política, aún religiosa. Para evitar la violencia, la educación disciplina a la persona a pensar antes de actuar. Le da sentido a las tradiciones de la patria y abre las posibilidades para un mejor futuro.

En una democracia las ideas deben ser más viables y menos absolutas: la evolución más factible que la revolución sangrienta. De hecho la cultura constituye el núcleo mismo de la democracia, y es esencial tanto para definir los conflictos como para resolverlos.

Practicar la democracia es ciertamente difícil, pero es indispensable intentarlo. Una sociedad justa requiere mucha habilidad para convivir con lo ambiguo. Son pocas las cosas bien definidas, las situaciones más difíciles de la vida son vagas o llevan muchos asteriscos y excepciones. Las aspiraciones más profundas de la humanidad tienen sus costos, así como sus beneficios: el bien y el mal absoluto no existe entre los mortales.

Las naciones que han optado por la democracia han pagado un precio muy alto en educación; han padecido un proceso lento y complicado. El respetar a todos los participantes cuesta tiempo y esfuerzo. El tomar en cuenta los intereses de
todos exige anteponer el bien común al bien personal, y eso cuesta aún más.

Aunque se necesita mucho valor para ponerse de pie y decir exactamente lo que se piensa, requiere muchas más agallas sentarse y escuchar lo que otro tenga qué decir, y reconocer –cuando el caso lo amerite– que la opinión de aquél es más viable, justa, conveniente para los intereses del bien común, para los intereses de la Nación.

Las naciones que han logrado practicar la democracia han tenido como fruto la solidaridad, el orgullo de patria y, sobre todo, se han acercado más a la justicia social. En una democracia no existen personas pequeñas, ni vidas sin importancia. Tampoco existe trabajo insignificante. La democracia implica un respeto profundo al trabajo y una cuantificación justa al esfuerzo desempeñado.

Tanto vale el voto del que trabaja con el cerebro como del que trabaja con las manos, porque las naciones necesitan tanto del trabajo de las mentes como del trabajo de los brazos. Cuando no hay opción de mejorar las condiciones de vida de los que menos tienen no existe la justicia social. A nadie le gusta perder su dignidad de persona.

El principio de una sociedad justa es la buena voluntad entre los ciudadanos. Supera la costumbre milenaria de que el pez grande se come al chico. De que uno sea esclavizado por el otro. Exige libertad de elección: los votos no se compran ni se venden. Esto implica un conteo escrupuloso de los mismos. Requiere practicar la Moral y la Ética, materias que se han eliminado en las aulas en nuestras escuelas y universidades. Los ciudadanos deben poseer la conciencia crítica necesaria para determinar a quién darán su voto, qué opciones tienen y cuáles serán sus consecuencias.

México ha elegido a su nuevo Presidente. Elegir ha ampliado los sueños de los mexicanos, pero exige las dos erres; Reflexión y Responsabilidad. Esto implica que es indispensable la educación: es el precio que hay qué pagar.

La democracia no es fácil. La democracia cuesta. La democracia exige.
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02 Septiembre 2018 04:00:00
Tragedia educativa
Vender las plazas en el sistema educativo nacional no debe ser un derecho de los maestros sindicalizados, ni el derecho de escalafón el criterio fundamental para decidir ascensos. Tampoco se justifican los paros magisteriales en contra de la Alianza por la Calidad de la Educación con el argumento de que se hacen para impedir el inicio del camino a la privatización de la educación pública. La educación pública no se va a privatizar, y los niños y jóvenes deben estudiar hoy, no perder ni un solo día para alcanzar las metas de desempeño que tienen otros países menos favorecidos que México. Los niños sí tienen el derecho de educación, y ningún maestro debe cerrar una escuela, una carretera, o invadir calles, plazas o instituciones.

La Calidad de la Educación se basa en que la capacidad y preparación de cada maestro debe determinar si es apto para ser contratado por la SEP, y ascendido de acuerdo a su desempeño tomando en cuenta el nivel de respuesta que obtiene de sus alumnos. No importa si es sindicalizado o no, lo que importa es si tiene agallas para ser maestro. Lo importante es si los planes de estudio van de acuerdo con las exigencias de nuestro mundo globalizado, y las herramientas que se utilizan son las adecuadas, y si los maestros saben utilizarlas.

Por la fuerte oposición que ha encontrado la Alianza por la Calidad de la Educación en numerosos sectores de maestros sindicalizados que defienden el punto de que “son dueños de las plazas y pueden heredarlas o venderlas a quienes quieran”, los ciudadanos en general opinan a favor o en contra de esta Alianza, sin tomar en cuenta las graves consecuencias de que los maestros que se manifiestan en mecanismos de protesta –en ocasiones violentos– dejan mucho qué decir de la capacidad que tenemos como país para resolver conflictos. Sin dialogar para llegar a un acuerdo se toman carreteras, calles, edificios, se inmoviliza el buen funcionamiento de la ciudad y nuestros niños y jóvenes son robados de uno de los derechos más importantes, el derecho a la educación que les permitirá una vida digna.

Querer seguir vendiendo plazas –los maestros– es todo lo contrario a la calidad, al mérito y al esfuerzo que los alumnos han hecho y no lo vamos a negociar; es urgente empezar a impartir clases en el aula a través de televisión, internet y sistemas nuevos de aprendizaje.

Tal vez a los maestros de casta no les importe trabajar con sus alumnos en bodegas, talleres, garajes, casas abandonadas: Están comprometidos con las nuevas generaciones para darles una educación que les permita oportunidades y calidad de vida. La nube de niños que rodean los coches para pedir limosna, o que toca la puerta para pedir un taco es inexplicable en una nación que tiene recursos, escuelas, y gente preparada para vivir de otra manera.

Maestros indiferentes al daño que sufren los alumnos ante la toma de escuelas para manifestar su rechazo a una Alianza que mejoraría el nivel de estudios es más inexplicable aún. La historia de México tendrá qué registrar la mayor tragedia educativa que vivimos por la corrupción sindical de unos cuantos, con el asombroso silencio de los buenos, que son muchos.

Dicen que se necesitan héroes para acabar con la corrupción dentro del SNTE para dar un nuevo giro a la educación en México. Pero no hay personas grandes: Solo existen los grandes compromisos, la voluntad de actuar de acuerdo a los principios de la buena educación, y mucho valor para hacerlo. Dicen también que solo una revolución lograría un cambio verdadero en el sector educativo. Pero la única revolución verdadera es la revolución moral. Todas las demás son sangre derramada, lágrimas inútiles y más miseria.

Una nación que presume de ser demócrata está en apuros: Para que exista la democracia debe existir la educación. Es el requisito indispensable. La educación es imprescindible tanto para identificar los problemas del país como para resolverlos de acuerdo al bien común. Solo que en varios estados la educación está en huelga.

La Alianza es un modelo que no pretende transgredir los derechos alcanzados, por el contrario, es una vía moderna para que los maestros gocen un amplio reconocimiento social y económico por su esfuerzo, se impulse un plan de profesionalización permanente, y se reafirme la defensa absoluta de la educación pública, laica, gratuita y de calidad.

En los próximos años se decidirá si México va a ser un país de mexicanos, o de mendigos.

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26 Agosto 2018 04:00:00
¿Agua envenenada?
Hace 3 años la senadora Martha Palafox denunció en rueda de prensa el riesgo que corren todos los habitantes de la Cuenca de Burgos: sus mantos freáticos han sido envenenados por el método de extracción de gas llamado “fracking”.

El explotar sin restricción alguna los yacimientos de gas y petróleo en ríos inyectando al subsuelo enormes cantidades de agua dulce bajo presión, deja el agua inutilizable para consumo humano, animal o agrícola, además de tornarla mortal en caso de beberla.

Como consecuencia de las reformas que promovió Enrique Peña Nieto las empresas transnacionales han podido explotar sin restricción alguna los yacimientos de gas y petróleo utilizando el método “fracking”. Ni ecologistas ni autoridades han dado un informe completo y pormenorizado del impacto ambiental que esto representa.

Aunque todavía no comienza la fase de explotación comercial del llamado gas shale, los efectos del fracking en experimentación ya comienzan a resentirse en la región fronteriza de Coahuila, así como en el sur de Estados Unidos. Una fotografía muestra el agua negra que sale de los grifos del lavabo y del sanitario, y el fuego que se produce en la cocina al abrir las llaves del fregadero.

Algunas comunidades ejidales ya han denunciado la falta de agua para sus cultivos y la presión a la que son sometidas para vender sus tierras a empresas que buscan extraer gas shale en grandes cantidades, a pesar de las muchas implicaciones sociales y ambientales que esto conlleva.

Representantes de los ejidos de Palmira y Emiliano Zapata, de Jiménez, Coahuila, presentaron su caso ante el Tribunal Latinoamericano del Agua -un organismo internacional- que busca evidenciar las injusticias que se cometen en temas hídricos y la manera en que el gobierno ha impulsado una política extractiva para beneficiar a empresas privadas pese a los reclamos de las comunidades:

Cuenta Julio Mendoza, secretario de asuntos jurídicos de la Central Campesina Cardenista:

“En 2015, el mismo gobierno federal nos decía siempre ‘no’: Coahuila no figura dentro de las áreas que pueden ser sujetas al fracking. En un principio nos dio tranquilidad pero hoy nos atemoriza por el acercamiento de las empresas y gobiernos municipales para convencer a los ejidatarios de las bondades del fracking: “Van a ser sujetos de grandes beneficios si venden sus parcelas”.

Asegura que desde la aprobación de la reforma energética las presiones para que los ejidatarios vendan sus tierras no ha cesado. Señala que representantes de varias empresas del llamado Clúster Minero Petrolero de Coahuila han tratado de convencer a ejidatarios a vender sus tierras con la ayuda de representantes municipales. Dice también que desde 2015, la Comisión Nacional del Agua impuso una veda que les impide acceder al agua de sus pozos, lo cual ha traído mermas considerables en sus plantaciones de forraje, maíz y frijol, además de que existe un proyecto de trasvase para trasladar una enorme cantidad de agua desde Coahuila a Tamaulipas: y no es un volumen menor, son 121 millones de metros cúbicos que todo indica será emplearla en la técnica del fracking”.

De acuerdo con la Secretaría de Energía, Coahuila posee el 24% de las reservas nacionales de gas shale, situación que hace a la entidad el lugar más susceptible a los efectos del fracking. Durante la audiencia que sostuvieron ante el Tribunal Latinoamericano del Agua, los ejidatarios coahuilenses mostraron pruebas documentales sobre casos de contaminación de agua, incluyendo afectaciones al Río Bravo, provocadas por la perforación de pozos para explorar posibles yacimientos de gas. Al ser cuestionados sobre las razones por las cuales la autoridad ejidal no se ha manifestado abiertamente contra dichas medidas, los comunitarios respondieron que los niveles de violencia que vive actualmente Coahuila han provocado que muchos campesinos teman levantar la voz ante posibles represalias.

“Nosotros tenemos un problema muy grande en Coahuila, que es la inseguridad. ¿Por qué nuestros ejidatarios, nuestros campesinos, nuestros pequeños propietarios se quedan callados? Porque tenemos temor a represalias; tenemos hijos”, contestó Francisco Castillo, representante de los ejidos de Palmira y Emiliano Zapata.

“Ya se está viendo en los territorios las consecuencias de esta actividad, pues ya se han reportado en México al menos 28 pozos de fracking de lutitas en Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas”, señala la investigadora Aroa de la Fuente, investigadora de Fundar, en entrevista con el Huff Post México.

De acuerdo con un estudio de la organización Fundar, próximo a publicarse, en México existen al menos 28 casos documentados de pozos que ya practican la técnica del fracking para extraer gas shale, aun cuando el gobierno federal todavía no aprueba las licitaciones para la explotación comercial.

Pero el fracking ya está aquí.


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Los efectos del fracking ya comienzan a resentirse en Coahuila.
12 Agosto 2018 04:00:00
Como diamantes
Cuentan que una vez un grupo de personas en torno a un perro muerto que tenía atada al cuello la cuerda que había servido para arrastrarle por el lodo, comentaban:

“Jamás había visto cosa más vil y más repugnante”. “Ese animal putrefacto emponzoña el aire”. “Estorbará la vía por mucho tiempo”. “Sus orejas son asquerosas… están llenas de sangre”. “Deben haberlo ahorcado por ladrón”.

Luego se acercó un hombre y dirigió una mirada de compasión al animal: “Sus dientes son más blancos y hermosos que las perlas”.

¿Quién puede encontrar de qué condolerse y hasta algo qué alabar en un perro muerto? Seguramente alguien que haya puesto en práctica por tanto tiempo la Teoría del Efecto de Pigmalión, que actúa en todo momento de acuerdo a ésta filosofía.

Recordemos que el Efecto de Pigmalión es un término acuñado por los psicólogos cuyo principio se ha aplicado a técnicas de desarrollo humano con magníficos resultados tanto en las grandes corporaciones como en la industria. En el mundo de los negocios cada vez más ejecutivos adoptan esta filosofía para desarrollar al personal. Lo mismo podría hacerse en la capacitación de maestros.

¿En qué consiste el llamado Efecto de Pigmalión y cómo podemos aplicarlo a la educación y al desarrollo humano?

Los psicólogos tomaron el término de la Filosofía Griega: Pigmalión esculpió la estatua de una bellísima mujer. Era tan perfecta que sólo le faltaba hablar. Al escultor no le importó que fuera de marfil: sólo contemplaba su belleza. Y se enamoró de ella. Tenía tanta fe en que su estatua cobraría vida que la diosa Venus se compadeció de él y convirtió la magnífica estatua en mujer, a quien llamó Galatea, después desposada con Pigmalión.

En toda relación humana puede funcionar éste principio. El creer en otra persona es una especie de caricia psicológica. Si Pigmalión tenía fe en que la estatua un día hablaría, los ejecutivos deberán confiar en las habilidades y talentos que su personal puede desarrollar, tanto, que sea capaz de ver más allá de sus limitaciones presentes. Tiene tal fuerza ésta actitud y son tan potentes sus ondas que disuelven la resistencia, inseguridad, falta de compromiso y, de paso el acostumbrado ‘me vale’.

Todo parece indicar que las personas tenemos talentos distintos y todo ser humano necesita a otro para que lo descubra y lo ayude a descubrirse a sí mismo. El espejo nos muestra la realidad de lo que somos, más nunca la poesía.

¿Sueños guajiros? No. Todas las personas son valiosas aunque estén cubiertas de polvo. El Efecto de Pigmalión consiste en diseñar técnicas que ‘desempolven’ los valores de las personas para que éstas brillen como diamantes. El pájaro no canta porque tenga una respuesta, sino porque tiene una canción.

Médicos, científicos en comportamiento y, más recientemente, maestros, afirman que es necesario tener también una confianza desmedida en la propia habilidad para desarrollar el talento de otros.

Algo ocurre en la mente de la persona en que se da el efecto de Pigmalión: piensa que posee la facultad de comunicar y motivar a otras personas a utilizar sus potencialidades. Cuando lo logra, es increíble la respuesta y el vínculo que se establece entre el que descubre los talentos y el que recibe la confianza y el ambiente propicio para su desarrollo.

La poderosa fuerza de las expectativas -el depositar la fe y la confianza en otra persona y manifestarla a través de caricias psicológicas- da como resultado un fenómeno mediante el cual “la profecía causa su propio cumplimiento”. Cuando las expectativas son bajas -las limitaciones son las que cobran importancia y no las cualidades- se impide el desarrollo integral de la persona y la condiciona al fracaso: “no sirves para nada”. (Teoría de Frankestein).

Claro está que las personas pueden alcanzar el pleno desarrollo de sus facultades sin el estímulo de nadie. Pero son pocas... Y en nuestra patria somos muchos, y nuestro México requiere el desarrollo integral de millones de personas. La patria nos necesita.

Y tiene prisa.

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05 Agosto 2018 04:00:00
Hasta en la sopa
¿Qué sucede cuando un país se vuelve rico? Después de la Segunda Guerra Mundial el consenso universal indicó que cuando un país es afluente en exceso debe brindar a sus jóvenes varios años de ocio; algo que el resto del mundo no puede darse el lujo de proporcionar. En aquél entonces, para los adolescentes de la mayoría de los países, el sueño planetario se convirtió en sinónimo de libertad irresponsable, ociosa; y fue expresada fielmente a través de una cultura que con el tiempo fue llamada la cultura pop.

La cultura popular de los Estados Unidos —uno de los países más afluentes— cautivó la imaginación del mundo, y muchos preguntaban: ¿En ella se transmiten o se mutilan los valores estadounidenses? Lo mismo preguntamos en el presente. La mayoría de los temas actuales de films, videos, telenovelas y canciones no los relatan ni los padres, ni las escuelas, ni las iglesias, ni los gobiernos, sino un puñado de conglomerados transnacionales que tienen algo atractivo que vender en los medios de comunicación: Así multiplican las posibilidades de manipulación de masas. No se trata de una expresión directa de los valores del pueblo norteamericano, sino de una operación de mercadotecnia mundial. Eso influye profundamente en los valores de los niños y jóvenes norteamericanos… y los de todo el mundo.

La cultura pop hace girar la Tierra y los EU crean la mejor cultura pop: Gran parte del atractivo para los pueblos de este planeta es que cada uno de ellos se puede ver y oír a sí mismo en la cultura estadounidense a través de la variedad de intérpretes de distintos orígenes étnicos. La cultura de EU es el cuerpo y la sangre de las canciones, epopeyas, danzas y dramas de todas las razas del mundo.

Le preguntaron a William Bennet, exsecretario de Educación de EU: ¿La cultura popular transmite o mutila los valores? Contestó: “Me preocupa ver que hoy muchos niños están siendo educados por la cultura popular. No hay otra influencia en la sociedad que compita con ella. Muchas escuelas han empezado a imitarla, en lugar de contrarrestarla. En algunas escuelas norteamericanas se inician las clases con música estridente de rock. No se trata tan solo de un problema de los EU: Es el problema de la ‘modernidad’.”

Muchos nos preguntamos por qué no es hoy la sociedad como era antes; olvidamos que vivimos en un mundo que cambia en cada latido. Cuando la gente decía que no le gustaba la cultura pop, tenía en sus manos el arma más eficaz que el hombre ha conocido: No verla ni escucharla. Esta opción ya no está al alcance de las familias del mundo, pues una persona término medio ve la televisión de menos 28 horas por semana. Hubo una época en que la gente podía decidir si aceptaba o no los mensajes transmitidos por la cultura popular. Hoy la cultura pop está en cine, TV, radio, prensa, internet, celular; hasta en la sopa.

Ciudadanos del mundo sienten que gobiernos e instituciones no están cumpliendo su cometido de contener el lado oscuro de la humanidad. Se requiere una gran energía moral, casi heroica, para conservar una sociedad donde el individuo sea libre de elegir, sin detrimento del otro. Cada generación tiene el deber de encontrar esa energía. Sin embargo, el simple hecho de dejar al individuo tomar sus propias decisiones, no da buen resultado automáticamente. ¿Dónde termina mi derecho e inicia el del otro? ¿Quién fija los límites? El único árbitro de la cultura debería ser la población que la disfruta. ¿Y cuando los individuos escogen algo inferior porque no conocen las alternativas? ¿Nos hemos de quedar impasibles aunque ellos tomaron una decisión sin conocer las consecuencias? ¿Debemos dejar hacer, dejar pasar, sin hacer reflexión alguna, sin ofrecer la posibilidad de una vida mejor?

Nuestra obligación es tratar de elevar el discurso, de llevar a la gente a un nivel más alto; el ambiente ya está saturado de bajos instintos. Nuestra generación tiene la obligación moral de crear una cultura superior. Pero, ¿cómo crearla?

Hemos comprobado el poder inconmensurable de la comunicación multimedia. En nuestro mundo las ideas más profundas pueden ser difundidas de la manera más persuasiva a través de la industria del entretenimiento y del espectáculo. Los valores tradicionales deben vestirse de lujo, y persuasivamente ser transmitidos a través de los medios masivos de comunicación. Nuestros jóvenes tienen el derecho de conocer lo sublime, lo excelso, lo heroico; tienen el derecho de soñar otro mundo y a trabajar por él.


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29 Julio 2018 04:00:00
Nación impaciente
Si preguntamos a alguien del primer mundo qué sentido tienen sus ambiciones, su vida ajetreada, nos dirá a menudo que se afana por dar a sus hijos una vida mejor: Un acto de autotrascendencia. Un paso más allá es obligado para tomar conciencia de las consecuencias que tiene para las futuras generaciones, pueblos y culturas el dar una “mejor vida” a los hijos de hoy.

Los mexicanos estamos impacientes. Las razones son muchas y muy complejas. La ancestral paciencia de un pueblo que rehúye la responsabilidad de tomar las riendas de su propio destino de pronto se ha agotado.

Las redes televisivas han mostrado la cara oculta de México: Los supervivientes de un mundo que durante siglos han sido condenados a la soledad y al olvido. Cabañas indígenas sumergidas en la oscuridad del paleolítico, suelos duros, hambre nunca saciada, pies descalzos. Enfermedades, hogueras que deben encenderse frotando dos maderos. ¿Cómo conciliar ese mundo lejano con el civilizado paraíso de muchas regiones de nuestro México?

Los economistas afirman que México es un país de contrastes: Un puñado de multimillonarios y muchos millones de pobres. El desarrollo de una nación es incompatible con la desigualdad ofensiva, con la pobreza que cancela oportunidades y esperanzas.

Las cámaras han captado la tremenda pobreza en que aún viven un gran número de las personas afectadas por el reciente sismo. ¿Cómo terminar de limpiar escombros y levantar de nuevo las chozas destruidas por el sismo? ¿Cómo protegerse de la crueldad de vivir a la intemperie? ¿Y los niños?

La justicia social es el primer paso de una nación que ha optado por la democracia. “El Pacto Contra la Pobreza” exige un cambio de actitud de todo el pueblo de México: De los que tienen y de los que nada poseen. ¿Cruzan la frontera porque allá sí les pagan y allá sí trabajan? Se acabaron los tiempos en que unos hacen como que pagan y otros como que trabajan.

El Pacto Contra la Pobreza fue propuesto para asegurar que los sectores más necesitados tuvieran acceso a los servicios básicos de salud, alimentación, vivienda, educación, infraestructura y demás factores que se requieren para asegurar un crecimiento económico sostenido. Este Pacto no consiste en el trabajo de un solo hombre: El Presidente. Este pacto nos compromete a todos los mexicanos, sí, especialmente aquellos al frente de puestos gubernamentales.

El Pacto Contra la Pobreza exige, además de lo citado anteriormente, el otorgar créditos rurales, desarrollo regional, atención jurídica gratuita y generación de empleos para asegurar un crecimiento económico sostenido. Este Pacto es completo y ambicioso, y es necesario recordar que no es trabajo para un solo hombre. Es trabajo de todos los que nos decimos mexicanos.

Cuando una nación padece las consecuencias de errores cometidos en administración y en política, sus habitantes buscan un culpable: El gobierno. Pero por ahí dicen que todo pueblo tiene el gobierno que merece. El dicho popular encierra una gran verdad.

El nacimiento de una nueva patria se da con la progresiva ampliación de la conciencia de sus gobernantes, funcionarios públicos, ciudadanos, y maestros comprometidos con el ideal de la justicia social. Si estamos sentados en una tierra de leche y miel, ¿por qué no administrarla de manera eficiente y justa?

La nueva cultura por nacer deberá ser capaz de proporcionar soluciones adecuadas a las necesidades actuales. La primera regla de una nueva cultura es: “La mejor clase de ayuda es la que capacita a los que la reciben para dejar de seguirla necesitando”.

Las razones de la impaciencia son muchas, ciertamente. Pero ha llegado la hora de despojarnos de nuestra desesperanza, de tomar conciencia del valor de nuestra patria, de las tremendas oportunidades de progreso que pueden estar a nuestro alcance si nos atrevemos a ponernos de pie.

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22 Julio 2018 04:00:00
Juntos poblarán la Tierra…
El poema idealiza las diferencias entre el hombre y la mujer. Palabras bellas, cuidadosamente rimadas. Estoy segura que la intención del poeta pretende halagar al auditorio femenino a través de la polarización de cualidades de hombre y mujer: Fuerza-delicadeza, inteligencia-sensibilidad, pasión-ternura, cielo-tierra, sol-luna.

No cabe duda que por muchos milenios y siglos esta doble y opuesta manera de estar en el mundo funcionó: El padre dedicado a cazar o cultivar el campo, la madre dentro del hogar al cuidado de los hijos y las tareas domésticas, recolección de granos y frutos. Dos mundos distantes. Dos roles diferenciados y separados: Totalmente opuestos.

La era industrial y tecnológica rompió los esquemas y roles de antaño. Hoy un hombre -muy hombre- puede llegar estresado de su trabajo, ponerse pantalones cortos, enfriar una botella de vino blanco o una cerveza, encender su módulo digital, atarse el delantal y ¿por qué no? hacer uso de su creatividad preparando un complicado y sabroso platillo oriental. Una mujer -muy mujer- puede ¿por qué no? cambiar su bata de quirófano por unos overoles de mezclilla, sustituir el bisturí por unas tijeras de podar y recortar los arbustos del jardín haciendo de ellos bellas esculturas. Y cosa curiosa: Ni a uno se le caen los pantalones ni a la otra las faldas. Las pistolas y las muñecas que tradicionalmente diferenciaban los sexos desde la infancia en gran parte han sido sustituidas por juegos digitales. Niños y niñas los disfrutan.

El nuevo concepto de educación ha dado un salto cualitativo: Para el sexo masculino hoy es legítimo tener sentimientos, entenderlos, y aprender una forma adecuada de manifestarlos. Para el sexo femenino ha sido muy valiosa una educación que estimule los procesos mentales lógicos para que el sentimiento no distorsione ni desajuste la objetividad que la vida moderna exige. Las posibilidades de desarrollo y de realización personal se han ampliado para ambos sexos hasta el infinito. Han proliferado las escuelas para padres, quienes comparten y disfrutan la incomparable aventura de la paternidad. En el tercer milenio han surgido grupos de parejas aquí y allá apoyados en la ciencia del comportamiento humano. Es enorme su interés en rediseñar una nueva forma de estar y de convivir con su consorte y sus hijos.

¿Qué cambios presenciaremos en el tercer milenio? Tal vez la mayor participación del padre en la formación de los hijos traerá como resultado ciudadanos más seguros de sí mismos, más orientados al bienestar social. Tal vez las cualidades femeninas utilizadas en hacer rendir la quincena y obtener el máximo beneficio con una mínima inversión trasciendan el ámbito del hogar y se manifiesten en la administración pública. Se requiere cuidar y limpiar, no solo los hogares, sino las calles, los ríos, los mares, los cielos.

Cuentan que un hombre llamado Abur tenía por todo capital un caballo viejo.

Cierto día, habiéndose perdido el caballo en el monte, los vecinos le dijeron: Supimos que todo lo que tenías, que era tu caballo, se te perdió. Qué mala suerte tienes. El hombre contestó: Será mala suerte, será buena suerte, quién sabe. Pasaron unos días y el caballo volvió trayendo consigo varios caballos salvajes. De nuevo los vecinos le comentaron: Supimos que volvió tu caballo acompañado de otros seis, qué buena suerte. Será buena suerte, será mala suerte, quién sabe, les respondió Abur. Tiempo después el hijo de Abur, tratando de domar uno de los caballos fue derribado, y se quebró una pierna. Los vecinos se acercaron y le dijeron: Qué mala suerte tienes. El hombre respondió: Será mala suerte, será buena suerte, quién sabe. Luego llegó a la aldea un grupo de revolucionarios, quienes reclutaron a la fuerza a todos los jóvenes, menos al hijo de Abur, por tener la pierna rota. ¡Qué buena suerte que no se V a tu hijo!, le comentaron los vecinos. Abur les contestó: Será buena suerte, será mala suerte, quién sabe.

Según la filosofía oriental, un acontecimiento no es bueno ni es malo: Es solo un acontecimiento. Su influencia en la vida de las personas determina si el acontecimiento es bueno o es malo.

El resquebrajamiento de los roles milenarios de hombre y mujer ¿será buena suerte o será mala suerte? Depende de lo que hagamos con las diferencias. Para muchos la era industrial es buena suerte, para otros, muy mala. ¿Será buena o mala suerte? Cada quién interpreta los acontecimientos a su manera.

Ha llegado el momento en la historia de la humanidad que exige la utilización de todas las cualidades: Masculinas y femeninas. Y la sabia y equilibrada combinación de ambas. La supervivencia del planeta lo reclama.


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15 Julio 2018 04:00:00
Ser Presidente
En la historia de nuestra nación los presidentes más sobresalientes han sido aquellos que tuvieron la visión para ver más allá de su piel. Detuvieron su mirada en el pasado, la fijaron con determinación en el presente, y marcaron el rumbo hacia el futuro. Supieron soñar despiertos, y el fuego de su espíritu provocó la osadía de confiar en que no sólo su sueño era posible, sino que debía hacerse realidad.

El Presidente de México está llamado a tener la precaución de voltear hacia atrás, a los lados, y marcar el rumbo hacia adelante. Él soñará despierto, y el fuego de su espíritu le permitirá tener la visión clara y determinante para confiar en que no sólo su sueño es posible, sino que debe hacerse realidad.

Dice, entre líneas, la historia de los pueblos que un verdadero Presidente es
aquél que da más de lo que recibe. Alguien que, en soledad, ha pagado el precio del liderazgo. En el desvelo que precede la claridad de la aurora ha conocido lo que ha de hacerse, por qué, para qué, cuándo, quién, y cómo. A pesar de las críticas, zancadillas, golpes bajos, presiones y amenazas, no se quiebran.

Mantienen la estatura del roble que, entre más azotado por el viento, más firme en su propósito.

La promesa de López Obrador es clara: Ha prometido mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de la nación que hoy preside. El pueblo sabe que para eso se requiere un Presidente recio, de convicciones, de ideales para romper el círculo vicioso miseria-ignorancia-dependencia-desesperación-violencia. Está convencido de que el Presidente debe pagar un tributo: Pensar más allá del brillo e intereses personales y estar dispuesto a luchar con el mismo entusiasmo por los intereses del ciudadano común, que por los asuntos internacionales.

Muchos dicen que eso es una utopía. Pero los pesimistas jamás han sido buenos presidentes.

Después de un análisis exhaustivo y sereno, con la realidad en la mano, el Presidente de México esbozará un plan de trabajo para hacer vida el ideal de patria que lleva dentro. Sabrá escuchar a sus enemigos porque son los primeros en advertir sus errores. Será paciente porque está convencido que un pollo se obtiene empollando el huevo, no rompiendo el cascarón. Cuestionará sus propios juicios porque ha vivido lo suficiente para examinar por segunda vez y con cuidado lo que a primera vista no le dejaba duda. La sabiduría no le vendrá por azar: la buscará con afán y la alimentará con diligencia. Optará siempre por la democracia porque sabe que la manera en que un Presidente toma las riendas del destino de su patria es más determinante que el destino proyectado.

Un buen Presidente utiliza un lenguaje ordinario para decir cosas extraordinarias: nada es tan poderoso en este mundo como una idea expresada con claridad y sencillez en el momento oportuno. El carisma de López Obrador ha incendiado el espíritu de millones de mexicanos, y ha logrado que se enamoren del mismo ideal de patria que él lleva en sus entrañas. Ha usado la razón y la imaginación para tender puentes entre lo que es y lo que puede ser. Su lema es un “Sí se puede, ¿cómo no?”.

La valía de un buen Presidente se mide por la cantidad de poder y adulación que puede soportar sin envanecerse. A pesar de estar siempre acompañado, es un ser solitario entre la multitud, consecuencia del mismo liderazgo. Sus afectos son puestos a prueba: Aquellos por los que luchará serán los que menos lo comprendan. El elevarse sobre los demás -la responsabilidad eleva- es separarse de ellos de alguna manera. Renunciará a sus deseos personales, aunque legítimos, por una causa superior: el servicio de su pueblo, que es una de las más excelsas formas de entrega.

Un Presidente posee la sabiduría necesaria para desarrollar a una nación que tiene infinidad de recursos pero le faltan agallas para utilizarlos. Es capaz de echar andar los talentos y habilidades de los que se han caído y piensan que solos no pueden caminar. Un buen presidente está consciente de que cultivar el jardín de la Justicia Social en su país requiere de mucha agua... la mayor parte en forma de sudor de los servidores públicos. Cuando el amor a México sea más grande que el amor al poder, la patria conocerá la abundancia y la paz.

Algunos Presidentes de México han tenido muy buen barniz. ¿Tendrá López Obrador no sólo el barniz, sino la madera adecuada para ser Presidente?

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08 Julio 2018 04:00:00
Transformando México
¿Nuestro futuro? Preguntan los jóvenes. La inquietud o ansiedad ante la incertidumbre del momento crucial que vivimos puede convertirse en fanatismo: En frenesí exacerbado por demagogos deseosos de aprovechar la inestabilidad actual para sus propios fines.

Nuestro futuro nadie lo sabe. Desconocemos lo que funcione mejor en estos días convulsos. Lo que sí sabemos es que es urgente pensar no en un solo cambio impuesto desde arriba, sino en millones de cambios en la base.

Urge canalizar nuestros sentimientos hacia el proceso de una nueva cultura de responsabilidad social y personal. Algunas generaciones han nacido para crear; otras para mantener el status quo; y otras para destruir. Las generaciones que desencadenaron los cambios históricos se vieron obligadas por las circunstancias a ser creadoras: Su destino era crear. Otras han sentido la obligación de conservar lo creado por otros. Otras más, para dilapidar los bienes heredados.

Muchos jóvenes solo en libros han leído que México es el cuerno de la abundancia. Ellos nacieron endeudados, en un país desesperanzado, ahogado en el catastrofismo. En todas las esferas de la vida social, en la familia, escuelas, negocios, industrias, iglesias, sistemas educativos y de comunicaciones, nos enfrentamos a la necesidad de crear una sociedad nueva. En ninguna parte es la obsolescencia más avanzada o más peligrosa que en nuestra vida política: en ningún terreno encontramos menos imaginación, más derroche, ninguna disposición a considerar un cambio fundamental. Aún las personas más audaces parecen petrificarse ante cualquier sugerencia de compromiso personal frente al cambio. ¿Cómo detener el derroche? ¿Cómo respetar lo ajeno? ¿Cómo cuidar nuestros recursos?

Dentro de cada partido político la idea de un cambio profundo hacia la democracia es aterradora. El riesgo de modificar una estructura, por obsoleta y opresiva que sea, parece más temible que el caos actual. La creación de nuevos esquemas políticos para asegurar una sociedad más sobria, más justa, más eficiente, no se produce de un día para otro, sino como consecuencia de mil innovaciones y colisiones a muchos niveles, en muchos lugares, y durante cierto tiempo. ¿Cuánto tiempo? Dependerá del compromiso de participación en el cambio que estemos dispuestos a asumir cada uno de los que nos decimos mexicanos.

Dice la historia que un cambio no excluye la posibilidad de violencia: Habla de que una transición puede provocar un largo y sangriento drama de guerras, revoluciones, hambres, migraciones forzadas, calamidades. El evitarlos dependerá de la disposición, compromiso e inteligencia de cada uno de los ciudadanos. Si demostramos ser miopes, poco imaginativos y asustadizos, ofreceremos demasiada resistencia al cambio que es necesario, y con ello aumentaremos los riesgos de violencia y destrucción.

Está en juego nuestro destino como nación: el tiempo, más corto; la aceleración, más rápida; los peligros, enormes. Si reconocemos la necesidad de una democracia ensanchada, estaremos dispuestos a trabajar en la creación de una nación más digna. Comenzando por nosotros mismos.

Sabemos y percibimos lo peligroso que es el mundo en que vivimos. La inestabilidad social y las incertidumbres políticas pueden desatar feroces energías. Hemos presenciado lo que provoca el combate al narcotráfico y al terrorismo. Sufrimos los efectos del cataclismo económico. Pero la mayoría de los mexicanos ignoramos lo que significa una guerra en carne propia, y no hemos visto correr sangre.

Jamás un número tan elevado de mexicanos había tenido la posibilidad de educase, comunicarse, y aprender de la propia historia, así como de otras culturas. Nunca tantos habían tenido un nivel tan elevado, precario quizá, pero lo bastante amplio para participar en la vida cívica del país. Nunca tantos tuvieron tanto qué ganar garantizando que los cambios necesarios, y profundos, fuesen realizados pacíficamente. La juventud pregunta: ¿Qué nos reserva el futuro?
El gobierno, por tecnócrata, instruido, idolatrado o político que sea, no puede por sí solo crear una sociedad nueva. Necesita la energía y el dinamismo del pueblo entero. Esas energías están a nuestro alcance y solo esperan ser liberadas: La imaginación colectiva está a punto de dar a luz.

En la mente de muchos mexicanos ha comenzado ya el proceso de reconstrucción de la patria.

Los jóvenes claman. Es su fuerza y su derecho.
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01 Julio 2018 04:00:00
¿La despertamos?
Hemos cobrado conciencia de la trascendental importancia de los momentos que vivimos en nuestro país. Enfrentamos un reto monumental. México atraviesa un peligroso y decisivo período de transición: Urge encontrar el equilibrio entre la razón, la intuición y la esperanza.

Al concluir el período de espera es imperativo que surja una nueva cultura para dar comienzo al México responsable, triunfador, comprometido al iniciar la nueva etapa: La inteligencia racional sobre la desesperanza y el conflicto. Esto exige encontrar nuevas fórmulas socioeconómicas y políticas con las cuales sea posible lograr justicia y bienestar para todos los mexicanos.

La nación que cuenta actualmente con mayores probabilidades de dar nacimiento a una nueva cultura es México. ¿Cómo saber que será capaz de superar el atolladero presente para crear una nueva forma de vida fundamentada en la inteligencia racional? Es importante determinar si en los próximos años México se estancará en pleitos políticos, o si por el contrario, proseguirá su evolución dando nacimiento a esta nueva cultura.

Cuando una nación que ha vivido por largo tiempo dentro de los moldes de una determinada forma de ser y de estar, y se sale de estos, trata de sustituirlos por otros más eficientes, más justos, con el fin de encontrar nuevas formas de estructurar su gobierno y su economía.

México está por iniciar una etapa de profundas modificaciones en sus estructuras sociales, políticas y económicas; obra que requerirá la integral dedicación de sus energías: No más pleito entre partidos, no más dimes y diretes, no más difamaciones, no más rencor.

Nuestra patria exige de cada uno de los mexicanos dar lo mejor de sí para liquidar todo resto de moldes ancestrales de fatalismo y pesadumbre y cambiarlos por páginas nuevas, asegurando así un brillante porvenir.

La renovación requiere un cambio de actitud y de conducta de todo el país, y una cuidadosa planeación para obtenerlo. El proyecto de crear la sociedad justa y digna que todos merecemos es un ideal exageradamente ambicioso, pero por ser tan grande, exige una gran energía cerebral y un entusiasmo enorme y comprometido de cada uno de los mexicanos.

Hoy es el momento exacto para determinar de una vez por todas cuál es el ideal de patria por el que dieron la vida nuestros héroes. Y cuál es en la actualidad el mejor método para lograrlo sin derramamiento de sangre.

¿Deseamos construir un sistema de gobierno más eficiente? ¿Un sistema que logre producir en el país estabilidad política, seguridad social, educación y progreso para todos, y la mayor suma de felicidad posible? La cultura que está a punto de surgir tal vez no esté exenta de convulsiones que generalmente se producen en todo cambio. La trascendental modificación que tendrá lugar en el interior de cada ciudadano absorberá gran parte de su energía, pero no lo imposibilitará para participar en una misión tan elevada como es la de contribuir a dar origen a la nueva cultura: “Hecho por mexicanos… en México”.

Tras largos años de inútiles tanteos buscando la fórmula para lograr el camino hacia un cambio verdadero, y seguros como nación de nuestros conocimientos arduamente adquiridos, no es posible resignarnos a regresar a la oscuridad y a la ignorancia: Estas resultarían más insoportables que nunca, sobre todo después de haber comenzado a conocer la verdad.

El futuro está en nuestras manos: Una clara visión de reconquista, de recuperar espacios que en el pasado han sido descuidados, hoy el presente nos da la oportunidad de que esta región del planeta sea la que dé origen a una nueva forma de ser y de estar en el mundo.

Vivimos un momento crucial y definitivo. En el horizonte claro y despejado hoy lucen en toda su imponente belleza los dos volcanes que constituyen los tradicionales guardianes del Valle de México: El Popocatépetl y el Iztaccíhuatl: ‘La Mujer Dormida’.

Una nueva cultura está por nacer. La mujer dormida debe dar a luz.

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24 Junio 2018 04:00:00
No me mientas más
Los tiempos electorales, más que ningún otro momento, exigen una evaluación. Cuando los medios de comunicación están en manos de intereses personales, políticos o económicos, ¿quién nos asegura que las imágenes que nos presentan son fiel reflejo de la realidad? Un mismo acontecimiento manejado por dos fuentes distintas presenta versiones completamente diferentes. Así que, ¿quién dice la verdad?

Las imágenes y datos impuestos hacen necesaria una conciencia crítica, lo cual implica entrenar la mente a que asuma una actitud reflexiva ante la información: un escuchar y mirar con detenimiento. Descubrir qué nos quieren decir exactamente, con qué intenciones y, sobre todo, quién lo dice.

Para poseer una conciencia crítica es necesario aprender a leer la realidad, observándola en su conjunto y en cada uno de sus detalles... y prever sus consecuencias. Exige educar la percepción: cuestionar el cómo vemos, escuchamos y sentimos. Comprender el sentido de los acontecimientos con el fin de hacer una apreciación sana, libre de prejuicios, no malos entendidos.

Las nuevas generaciones han sido entrenadas a recibir impactos sensoriales fuertes y rápidos. A ser imitadoras irreflexivas. La tarea educativa por excelencia ante la comunicación masiva de TV, radio, prensa y la red consiste en formar personas que una vez recibida la imagen, concepto o afirmación, sean capaces de entender su verdadero significado. Personas competentes para desenmarañar la madeja en la cual el bien, el mal, la verdad y la mentira suelen confundirse en caprichosos nudos.

¿Cuántas veces justificamos la mentira —que se viste de diáfanos motivos— y condenamos la verdad porque es molesta e incómoda? Justificamos la mentira diciéndonos que es lo conveniente porque utiliza palabras bonitas que tocan las fibras más sensibles de nuestro corazón. Y condenamos la verdad porque nos exige responsabilidad personal a cada uno de nosotros.

Los medios de comunicación evitan temas cerebrales: la reflexión toma mucho tiempo, y el tiempo, sobre todo en los medios es oro. Reflexionar y percibir son actividades difíciles de practicar en nuestros días. Seducidas por la luz y el sonido de tecnología de punta las personas dialogan no con el mundo y su realidad, sino con símbolos e imágenes. Aceptan pasivamente como verdad una parte de la realidad: aquella que conviene al comunicador. Y dicen que media verdad es una mentira entera.

La ignorancia de lo que uno quiere, y de lo que uno puede hacer en lo estrictamente personal, así como en lo político y lo económico es la causa principal de las dificultades de nuestra nación en desarrollo.

¿Quién es el comunicador? ¿Quién dice qué? Tenemos acceso a mucha información, pero no es fácil procesarla y menos verificarla. Dejamos de construir nuestro propio bien, nuestra propia verdad. Aceptamos la ‘verdad’ impuesta. Imitamos. Se nos olvida pensar. Pero si nos atrevemos a hacerlo descubriremos que muchas de las condiciones que producen los más grandes peligros, abren también la puerta a fascinantes potencialidades nuevas.

El Bien y la Verdad ciertamente se pueden tomar de la mano y acompañarnos a iniciar un nuevo camino. México es nuestra Patria. En medio del conflicto es posible lograr que la sociedad que está surgiendo sea más sana, razonable y defendible, más decente, más democrática y mejor informada que ninguna que hayamos conocido jamás.

Si penetramos bajo la embravecida superficie descubriremos que la gigantesca ola de cambio ya está golpeando actualmente nuestras vidas. El cambio provoca conflicto y tensión a nuestro alrededor en todos los campos, desde la vida personal hasta la política. Pero el cambio también puede hacer posible distinguir aquellas innovaciones que son meramente cosméticas -sólo por encimita- o aquellas que son las verdaderas ideas luz en que la pregunta precisa suele ser más importante que la respuesta correcta a la pregunta equivocada.

La meta es lograr un acuerdo democrático que suministre respuestas, y plantee también muchas preguntas nuevas. Conceder incluso a los adversarios la posibilidad de verdad parcial, y a uno mismo, la posibilidad de error.

En una época de explosivos cambios en que se formulan las más amplias preguntas acerca de nuestro futuro como nación, las preguntas no son una simple cuestión de curiosidad intelectual. Son una cuestión de supervivencia.

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17 Junio 2018 04:00:00
¿Por qué tan pobres?
Es difícil para la persona que nace en extrema pobreza escapar de las redes de la indigencia para crear un nuevo destino. El libro de la economista Susana Mayer: ‘Lo Que el Dinero No Puede Comprar’ basado en numerosas investigaciones, arroja datos sombríos sobre la llamada Cultura de la Pobreza.

Mayer analiza dos tipos de pobreza: La pobreza circunstancial que resulta de falta de ingresos por una catástrofe, crisis familiar, enfermedad temporal o pérdida de empleo; la segunda, la pobreza existencial que se gesta en el vientre de la madre. El niño nace pobre porque el padre y la madre son pobres no solo en la materia, sino en el espíritu.

El término pobreza de espíritu no se refiere a humildad en el sentido de ausencia de soberbia, sino a la pobreza que, además de la carencia de recursos materiales, es pobre en ilusiones, sueños y proyectos: La ausencia total de fe y de esperanza en el futuro. Todo el potencial de la persona, sus capacidades y habilidades únicas quedan encapsuladas dentro de su ser.

La pobreza no se vive sólo en los países en desarrollo, sino que es evidente en amplios sectores de los países industrializados. Dice un refrán hindú: “Tú eres lo que es tu deseo más profundo. Lo que es tu deseo, es tu voluntad. Lo que es tu voluntad, es tu acción. Y tu acción marcará tu destino”.

¿Qué importancia tiene para las instituciones caritativas y organismos de asistencia gubernamental determinar el tipo de pobreza de los diferentes sectores de una población? Las investigaciones de Mayers revelan que la pobreza circunstancial se remedia con un trabajo bien remunerado, o con un préstamo para realizar un proyecto viable, mientras que la pobreza existencial se lleva en la sangre, en la mirada, en la ausencia total de autoestima y seguridad personal, en un sentimiento permanente de desamparo. No es cuestión de raza ni de sexo. Se da en todo el mundo y en todos los continentes. Y lo que es aún peor: Las actitudes de escaso o nulo valor personal se heredan.

Los niños engendrados en extrema pobreza y criados con desamor son marcados con cicatrices sicológicas profundas. En el parque ceden el columpio sin chistar, en el templo bajan la mirada y se retiran de la banca para dar lugar a los elegantes que llegan tarde: Ellos no se creen dignos de tener fe, ni merecedores de un espacio. A la escuela no asisten por no tener zapatos, y si llegaran a tenerlos aprenderían poco, no por falta de capacidad sino por escaso interés vital.

Las organizaciones asistenciales han comprobado que dentro de ambientes de escasos recursos los padres que a pesar de circunstancias críticas conservan la buena salud, la alegría de vivir, y valores como honestidad, diligencia, responsabilidad, con cierta ayuda material -solo un empujoncito- pueden romper el círculo de la pobreza: Sus hijos podrán ser criados en condiciones dignas.

Sin embargo, la pobreza existencial teje pensamientos, palabras y acciones en redes de desesperanza en torno a ella. En este tipo de pobreza no existe conciencia del valor del trabajo, sacrificio, deseo de superación, servicio a la familia, los amigos o la comunidad. Se vive solo el instante, sin sentido de futuro ni responsabilidad alguna, engendrando una nueva generación de pobreza: Se repite así la historia de desventura.

Es difícil romper el círculo de la pobreza existencial. ¿Cómo ayudar a la gente que nace en situaciones adversas y lleva aún a cuestas las cadenas de injusticia social de generaciones pasadas? ¿Cómo cambiar la actitud de quienes son meros observadores de la vida? ¿De aquellos que han puesto todas sus esperanzas en un mesías que vendrá a salvarlos?

Una canción ya olvidada dice: “Vendí mi vida en un centavo/ sin advertir que si hubiera puesto todo mi empeño/ cualquier cosa que le hubiera yo pedido a la vida/ todo, con gusto, todo, me lo hubiera dado”.

La Cultura de la Pobreza ha olvidado la música. Los padres desde hace ya varias generaciones no recuerdan las canciones de cuna. No iluminan el espíritu de sus hijos con amor, paz, alegría, entusiasmo y fe en el futuro. Los niños no saben que pueden tener todo si se lo proponen porque la vida es espléndida y generosa con quienes se esfuerzan.

Los grupos asistenciales compran para los niños leche y pan, pero no pueden comprar sueños, optimismo, esfuerzo personal y, mucho menos, ternura.

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10 Junio 2018 04:00:00
Madera de presidente
La historia del México post revolucionario no registra un número tan nutrido de aspirantes a la Presidencia de la República Mexicana como el año electoral 2018. México desea votar por un cambio. Y por el candidato ideal para ocupar la silla con el Águila de Oro.

Dice, entre líneas, la historia de los pueblos que un verdadero presidente es aquél que da más de lo que recibe. Alguien que en soledad paga el precio del liderazgo. En el desvelo que precede la claridad de la aurora ha conocido lo que ha de hacerse para el desarrollo pleno del país, por qué, para qué, y cómo debe hacerse.

El futuro Presidente de México deberá tener suficiente visión para ver más allá de su piel. Sabrá voltear hacia atrás, a los lados, y marcar el rumbo hacia adelante. Se atreverá a soñar despierto, y el fuego de su espíritu le permitirá tener la visión y osadía para confiar en que no solo su sueño es posible, sino que debe hacerse realidad.

A pesar de los zancadillas, falsos, golpes bajos, presiones, mala prensa, amenazas, no se quebrará. Mantendrá la estatura del roble que, entre más azotado por el viento, más firme en su propósito. Prometer mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de la nación que presidirá no es suficiente. Los ciudadanos saben que se requiere un presidente recio, de convicciones, de ideales para romper el círculo vicioso.

miseria-ignorancia-dependencia-desesperación-violencia. Para ello el presidente debe estar dispuesto a pagar un tributo: Pensar más allá del brillo e interés propio, y estar dispuesto a luchar con el mismo entusiasmo por los intereses del ciudadano común, que por los asuntos internacionales.

Muchos dicen que eso es una utopía. Pero los pesimistas jamás han sido buenos presidentes. Buen presidente es aquél que renuncia a sus deseos personales, aunque legítimos, por una causa superior: El servicio a su país, que es una de las más excelsas formas de entrega. Él está capacitado para advertir que su país tiene infinidad de recursos pero le falta coraje para utilizarlos. También conoce la manera de echar a andar los talentos y habilidades de los que se han caído y piensan que solos no pueden caminar. Está consciente que cultivar el jardín de la Justicia Social en su país requiere de mucha agua... la mayor parte en forma de sudor de los servidores públicos.

Algunos presidentes han tenido muy buen barniz. ¿Pero cuántos han tenido la madera adecuada para presidir nuestra nación? La esperanza de millones de mexicanos está puesta en el cambio prometido de mejorar la calidad de vida y las condiciones de desarrollo de todos los habitantes del país.

Después de un análisis exhaustivo y sereno, con la realidad en la mano, el futuro Presidente de México deberá esbozar un plan de trabajo que le permita hacer vida el ideal de patria que lleva dentro. Sabrá escuchar a sus enemigos porque son los primeros en advertir sus errores. Será paciente porque está convencido que un pollo se obtiene empollando el huevo, no rompiendo el cascarón. Cuestionará sus propios juicios porque ha vivido lo suficiente para examinar por segunda vez y con cuidado lo que a primera vista no le dejaba duda.

La sabiduría no le vendrá por azar: La buscará con afán y la alimentará con diligencia. Optará siempre por la democracia porque sabe que la manera en que un presidente toma las riendas del destino de su patria es más determinante que el destino mismo.

Un buen Presidente utiliza un lenguaje ordinario para decir cosas extraordinarias: “Sí se puede, caray”. Nada es tan poderoso en este mundo como una idea expresada con claridad y sencillez en el momento oportuno. Se compromete a embestir como toro de Miura tanto la corrupción como el importamadrismo, dos de nuestros mayores lastres nacionales.

La valía de un buen presidente se mide por la cantidad de poder y adulación que puede soportar sin envanecerse. Sus afectos son puestos a prueba: Aquellos por los que lucha son los que menos lo comprenden. Es un ser solitario entre la multitud: Consecuencia del mismo liderazgo. El elevarse sobre los demás -la responsabilidad eleva- es separarse de ellos de alguna manera. Renuncia a sus deseos personales, aunque legítimos, por una causa superior: El servicio a su pueblo, que es una de las más excelsas formas de entrega.
México espera.

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03 Junio 2018 04:00:00
México, ponte de pie
México, patria mía, te vistes de luto por esos jóvenes que soñaban con una vida mejor en un país extranjero y hoy regresan derrotados. Muchos diarios y noticieros televisivos del mundo te juzgan como una nación fallida, pero no eres una nación fallida, no, no; eres un país que pelea contra el enemigo: El narcotráfico y la corrupción.

No eres una nación fallida, no, eres un país que lucha contra las fuerzas del mal. México, ponte de pie, eres un país generoso, magnánimo, alegre, dicharachero que le gusta reír, cantar, bailar, sólo que hoy las reglas han cambiado. Pusiste tu esperanza y tu futuro en un país ajeno.

México, ponte de pie, no te arrodilles ante el mal que se ha infiltrado en tus filas. Esta lucha por erradicar los males que te aquejan no debe ser con balas, sino con determinación masiva, educación excelente, trabajo digno bien remunerado, recursos bien administrados. El dinero fácil de los enervantes trae violencia, crueldad, odio, malestar perpetuo, sobresalto, miedo, inestabilidad. Acaba con la bondad, la confianza, el entusiasmo, la alegría de tu gente. Contamina tu suelo con pólvora, lo mancha de sangre inocente.

México, tienes múltiples recursos naturales, eres el cuerno de la abundancia, tus hijos son gente buena. Tu bandera tricolor ondea bajo el sol recordándole al mundo tu orgullo de raza. Ya basta a la impunidad, a la corrupción, a los arreglos por debajo de la mesa en lo oscurito de nuestros gobernantes. Un alto a violencia, a la falta de seguridad. El país está inmerso en una sensación de desamparo.

Mario Benedetti decía: “No te rindas, por favor no cedas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento.”

México, esta es la hora. Recuerda lo que dijo Jorge Wagensberg: Las mentiras se construyen, las verdades se descubren. Hazme llorar con la verdad para que no me destruyas con la mentira.

El pesimismo ante los acontecimientos violentos que presenciamos desencadena sentimientos de descontento que conducen a una mayor insatisfacción de vida. Nuestros sentimientos determinan —en última instancia— la calidad del trabajo que realizamos. Si lo que hacemos lo desarrollamos en forma negativa, con apatía, con desánimo y con una total falta de creatividad, difícilmente lograremos un nivel de excelencia. Estamos derrotados antes de empezar; condenados a realizar trabajos repetitivos, de nula iniciativa y satisfacción personal, de total subordinación y dependencia; trabajos de mala calidad. Y los sentimientos inconscientes de dependencia tienen frecuentemente por resultado la hostilidad abierta o encubierta a la persona de la que se depende.

México, tenemos los recursos naturales y los cerebros que muchos países del planeta envidian. Nadie se explica por qué millones de mexicanos están sumidos en la pobreza, y menos el que hayan sido educados para vivir con la mano extendida, parados en fila, esperando la próxima dádiva del próximo político. El cambio requiere una revolución pacífica, una revolución silenciosa y profunda en el sistema de pensamiento que inicie en los hogares, en las aulas, organizaciones, instituciones. Necesitamos un cambio planificado en todas las estructuras, y eso requiere la transformación de los individuos, de sus conciencias y corazones.

México, el perseguir el “sueño americano” se convirtió en pesadilla. El poner la esperanza en otro país que no es el nuestro es evadir nuestro compromiso personal con nuestra patria. Olvidamos amarte y a menudo te denigramos. No hemos aprendido a decir con orgullo: “Hecho en México, por mexicanos”. Mexicanos bien remunerados.

La visión mental de un futuro luminoso hará que nos sobrepongamos a los obstáculos de nuestra condición presente. El proyecto de crear la sociedad justa y digna que todos merecemos es una idea exageradamente ambiciosa, pero por ser tan grande, exige una gran energía de cada uno de los mexicanos. Y sí, México, tenemos prisa.

Dice un proverbio japonés: “Hay una puerta por la que pueden entrar la buena o la mala fortuna, pero tú tienes la llave.” Un proverbio mexicano dice: “La vida es un laberinto. Solo los iluminados conocen la salida”. Siempre habrá alguien que arroje un vidrio roto sobre la playa, pero a la vez, siempre habrá alguien que se agache a recogerlo.


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27 Mayo 2018 04:00:00
La lección de Zyanya
El suicidio entre jóvenes es un tema incómodo, de esos que quisiéramos mantener en silencio. Suele ser la punta del iceberg bajo la cual existen cuadros depresivos variables.

Hemos avanzado mucho en salud mental. Los trastornos en esta esfera han perdido su atávica condición de tabú, pero aún falta entenderlos bien. Suelen ser vistos como condiciones banales, que para resolverse dependen de la sola voluntad de quien las padece.

Zyanya Estefanía cursaba su segundo año de la especialidad en Pediatría. Sus amigos la recuerdan como una niña linda, dedicada y estudiosa. Pasó de ser la anónima poseedora de tales virtudes, a lamentable noticia a causa de su suicidio. Contrasta la imagen dulce de esta chica, frente a un hecho tan absoluto como contundente, terminar con la propia vida. Varios de sus compañeros atribuyen al acoso laboral su fatal decisión. Imposible descartar un fondo depresivo subyacente.

De por sí la carrera de Medicina es difícil. En nueve o diez semestres hay que aprender mucho acerca del funcionamiento del cuerpo humano sano, para luego interpretar lo que ocurre cuando enferma. Una vez entendido qué sucede en la intimidad de la célula, aprender el método para conocer, limitar y revertir el daño hecho: Un tratamiento que toque todos los aspectos que llevaron al individuo a la enfermedad, y una rehabilitación que lo regrese a la condición previa a enfermar. Más delante enfocarse a modificar factores de riesgo, y así evitar el desarrollo de tal enfermedad.

Prepararse en las aulas para ser médico implica dedicación, disciplina y coraje. Es apegarse a ese propósito por encima de la comodidad personal, la convivencia familiar y la interacción social. Como dijera mi querido maestro, Don Jorge Siller, “La Medicina es la novia más celosa”.

Terminan los años en el aula pero la preparación continúa por muy diversos caminos, en el área clínica o la investigación. Algunos llegan finalmente al período de preparación en una especialidad. Se trata ahora de aprender a profundidad los temas propios de un área específica. Habrá de seguir con la vista puesta en los tratados académicos, y la voluntad empeñada en la atención de los pacientes, bajo la tutela de las jerarquías superiores.

El entrenamiento no es sencillo, implica mucha voluntad, resistencia física, y sobre todo resiliencia. Aprender a sacar la enseñanza de cada situación, aun en los momentos difíciles cuando la angustia o el cansancio quisieran vencernos.

A lo largo de la vida habrá que trabajar a favor de las causas que consideramos justas y válidas. Para hacer bien las cosas, es menester administrar tiempo y energía, de otra suerte sucederá que, repartidos entre tantas actividades, nos volveremos ineficientes. Sobre todo cuando queremos cumplir con tareas que en justicia no nos corresponden. Ello puede resultar difícil de delimitar, en particular cuando deseamos quedar bien con todos, y de alguna forma los demás se aprovechan de esa buena voluntad.

No conocí en vida a Zyanya. Su historia me lleva a suponer que sucedió algo así, quiso repartirse entre tantas causas propias y ajenas, que terminó cayendo en una crisis. Seguramente había un fondo depresivo que se exacerbó debido a las presiones del exterior. De cierta forma me vi reflejada en ella; durante mi preparación en Pediatría viví un episodio parecido al suyo. Venturosamente tuve la oportunidad de entrar a psicoanálisis, que en definitiva ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. No es un tratamiento para locos sino una forma de poner orden a la máquina emocional, entender cómo se activa cada una de nuestras reacciones, y así estar en capacidad de modificarlas. Al final del psicoanálisis el individuo es capaz de analizar sus propios modos de reaccionar, modificar lo que haya que modificar, y seguir adelante.

Sorprende que en pleno siglo veintiuno conservemos modos de pensar anacrónicos para ciertos asuntos. La palabra “depresión” se visualiza aún rodeada de un velo lúgubre, como se entendía en la Europa anterior a la Revolución Francesa.

Necesitamos asimilar que es una condición clínica que cualquiera de nosotros puede padecer, y que –afortunadamente-- vivimos en unos tiempos en los que existen recursos útiles y seguros para tratarla. Habrá que estar en contacto con nuestros jóvenes, animarlos a conocerse. Detectar a tiempo cualquier signo sugestivo de depresión, y en caso necesario facilitarles buscar ayuda profesional. Que no teman delimitar sus responsabilidades, sin pretender cargar el mundo sobre sus hombros, lo que terminaría por aplastarlos.

Descanse en paz Zyanya, quien generosa nos deja una valiosa lección de vida para ser aprendida.

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27 Mayo 2018 04:00:00
Mientras dormíamos…
En lo oscurito el narcotráfico se instaló en el país hace varias décadas, y pasado algún tiempo, el peligro y la complejidad que ello implica se hacen evidentes a plena luz del día. Los narcotraficantes se acomodaron en la política y en nuestra sociedad y algunos ciudadanos durmieron con el enemigo, y nadie dijo nada. A unos cuantos convenía esta relación. Al resto del país nos ha afectado. Mucho.

El rumor, la intriga y la crítica destructiva han creado un ambiente de descomposición social que ha culminado en amargos desenlaces. Son muchas las fuerzas que atentan contra el bienestar de los ciudadanos y obstruyen el camino a la democracia. No hay suficiente espacio en los medios para informar realmente lo que se ha logrado en el país a pesar del conflicto, y demasiado para comunicar a detalle la crueldad de los hechos sangrientos que ocurren en esta lucha contra el crimen organizado, que parece no tener fin.

Mientras dormíamos, el narcotráfico adquirió armas de alto poder y tecnología de punta en el extranjero. Y nadie dijo nada. Por muchos años no hubo información suficiente en los medios para aquilatar la magnitud de la calamidad.

Hoy sabemos que estamos en una crisis profunda, y lo reconocemos: Hemos antepuesto el poder político de los partidos al logro de reformas integrales en todos los ámbitos que el país requiere para contar con ciudadanos mejor preparados, e instituciones más eficaces en la lucha contra narcotraficantes y el crimen organizado. La actualización de las instituciones haría posible capitalizar la grandeza de México, de su gente, de sus recursos, y la creación de empleos. Pero los partidos están en pugna en el Senado, y no han pasado acuerdos porque anteponen los intereses de su partido, al bien de la nación.

Y nadie dice nada.

A pesar del bienestar social que todos anhelamos, se ha generalizado el desaliento y la pérdida de objetividad al optar por la satanización de unos cuantos en el gobierno, y hacerlos chivos expiatorios de todo lo que nos sucede. Olvidamos que contamos con un Congreso de la Unión, formado por dos cámaras, senadores y diputados de diferentes partidos, para tomar acuerdos y dictar leyes, y olvidamos también que nuestra República debe tener un presidente, no un dictador.

La descalificación entre los partidos políticos que hemos presenciado en los últimos días no sólo atenta contra el buen nombre de las personas al hacer juicios temerarios, sino que lesiona profundamente el prestigio de la nación, y una vez que se pierde, es difícil recuperarlo. Pierde México, y perdemos todos. Es difícil purificar la comunicación y despojarla de contaminantes. Más difícil es desinfectar de pasiones humanas y de intereses personales los mensajes. El poder político es complejo y acumula intereses propios de su naturaleza y, sin embargo, en todo momento y circunstancia, debe anteponer la fidelidad a la patria: México es primero.

Es deber de todo ciudadano que se precie de serlo el admitir que es imprescindible fortalecer a nuestro gobierno del partido que sea, para hacer propicio el orden y generar una mayor calidad de gestión. Es urgente que regrese la decencia al debate, y con ella la generosidad y la honorabilidad al debatir. Solo mediante reformas integrales estaremos en condiciones de lograr el bienestar colectivo que todos exigen, pero que muy pocos procuran.

El Gobierno de la República ha planteado la urgencia de alcanzar los cambios que demanda el país, y para ello es necesario el trabajo en equipo de gobernantes y representantes ciudadanos. Las palabras hostiles matan el proyecto de nación. Nuestra comunicación exige alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar porque la solución a ésta problemática de nuestro México es lograr la cohesión social, el bienestar económico de todos, y el acuerdo político, indispensable para el pleno desarrollo de nuestra nación.

Vivimos un tiempo de incertidumbre, como lo viven y lo han vivido otras naciones. John F. Kennedy, en un momento crítico de su gobierno, declaró a las multitudes estadounidenses: “No solo pregunten qué puede hacer el gobierno por los ciudadanos, sino también ¿qué puede hacer cada uno por su patria?

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20 Mayo 2018 04:00:00
Y se atrevió a soñar
El best seller de Richard Back titulado Juan Salvador Gaviota habla de un ave que se atrevió a soñar. La gaviota deseaba vivir en plenitud, potenciar todos sus talentos y posibilidades. No aceptaba su vida de vuelos rastreros, sin alma, detrás de los desperdicios que arrojaban al mar los barcos.

¿Por qué comentar un best seller de 1973? Recibí un video y síntesis del libro de Lima, Perú firmado por Margarita, .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo) y, aunque el libro se publicó hace varias décadas, aún es vigente y aplicable a nuestro tiempo y a las circunstancias que vivimos.

Juan Salvador Gaviota sentía en su alma el llamado de las alturas, la vocación de la libertad. Por el atrevimiento de proponer una vida distinta a la de alimentarse con desperdicios las demás gaviotas lo aislaron, lo dejaron solo, lo tacharon de loco y lo desterraron.

La gaviota aceptó el reto de aprender de nuevo, en soledad, la búsqueda de mares nuevos, nuevos cielos, nuevos horizontes. En lo profundo de su corazón adolorido sentía que sus alas habían nacido para abrirse a la inmensidad de lo desconocido. Y se arriesgó. Tras muchos intentos fallidos ¡pudo volar! Un día se encontró surcando los altos cielos, azules, maravillosos, inmensos: Un halo de eternidad. Y supo para qué había nacido. Experimentó las honduras de la perfección en el manantial de su propio ser. Ya no buscaba tanto la libertad sino ser libre, ser él mismo, sin ataduras ni temores.

Sin embargo, Juan Salvador Gaviota seguía amando a los suyos a pesar de haber sido desterrado y decidió volver a la bandada para enseñarles que la vida podía ser algo más que comer y disputarse los desperdicios de los barcos. No sería fácil; de nuevo lo aislarían, lo ofenderían porque no estaban dispuestos a cambiar ni escuchar que alguien les hablara de la necesidad de cambio. Eso no importaba, pensó: Con una sola gaviota que se atreviera a soñar y aprender un nuevo vuelo, valdría la pena.

En el fondo de su corazón la gaviota adivinaba que era imposible vivir plenamente su libertad sin intentar liberar a otros; comprendió que la plenitud implicaba el servicio. El amor por los suyos, el respeto a cada uno de ellos, y el perdón, eran tan importantes como su ansiada libertad. El espíritu no puede ser libre sin la capacidad de perdonar: El perdonar eleva a un plano superior. Y Juan Salvador Gaviota volvió.

Poco a poco algunas gaviotas jóvenes se fueron acercando a presenciar su vuelo vigoroso, majestuoso, y le pidieron que las enseñara a volar para experimentar otra vida, y atreverse a ser libres. Y se abrieron los cielos… Juan Salvador Gaviota disfrutaba del inmenso gozo que produce el ayudar a otros… y se convirtió en un verdadero maestro.

Vivimos tiempos difíciles. El año 2018 ofrece dificultades e incertidumbres; sin embargo, Juan Salvador Gaviota descubrió que los sueños se cristalizan venciendo obstáculos; el éxito llega a nosotros a través del esfuerzo de elegir la luz en lugar de la oscuridad.

Las dificultades presentes pueden ayudarnos a obtener la fortaleza de enfrentar las dudas y temores cara a cara, pero también pueden hacer que imaginemos escenarios pesimistas, desoladores. La duda en uno mismo es el obstáculo más desafiante porque impide liberar las capacidades y talentos propios. Las circunstancias presentes nos roban la certeza y la determinación para utilizarlas. La violencia es un camino sin futuro, y la paz duradera requiere nuevas estructuras de justicia y respeto al bien común; así que ¿cómo trazar el camino a seguir?

La educación nos cura de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás. Vivimos momentos trascendentales que exigen una preparación intelectual real. Nuestro presente demanda imperiosamente recobrar el orgullo de patria, el respeto, lealtad, ética, dignidad, orden, perseverancia y, sobre todo, el amor a México que nos haga llorar de alegría y ser uno solo con los demás. El amor puro que existe en cada ser humano y que quizás requiera tan solo ser rescatado.

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13 Mayo 2018 04:00:00
Guardando los machetes
En estos días difíciles debemos mostrar en todos los foros posibles la potencialidad de México: Nuestro país cuenta con extraordinaria fuerza productiva y humana, con excelentes oportunidades para la inversión. Cada quién en su ámbito de actividad es llamado a enfrentar los retos que hoy vivimos.

No tenemos muchas alternativas: o trabajamos juntos, o desapareceremos como nación. Trabajar juntos requiere ser solidarios. El concepto de solidaridad ha perdido su encanto original: Ser solidario no es solo dar ayuda, sino que implica un verdadero compromiso con aquél al que se le brinda apoyo.

El sentido básico de la solidaridad supone que se practica sin distinción de sexo, raza, nacionalidad, religión o afiliación política. La única finalidad de la solidaridad es el ser humano necesitado. El término se desvirtúa ante el abuso del discurso político y el denominado marketing solidario. Sin embargo, la verdadera solidaridad es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio con la intención de trabajar por el bien común.

Sacar a la patria de las garras del conflicto en época de campaña es una tarea gigantesca. Requiere unidad de propósito, prioridad y dedicación. Una planeación minuciosa, estrategias claras y precisas, coordinación perfecta, tecnología de punta en comunicaciones y los mejores hombres y mujeres para llevarla a cabo: Personas íntegras con el amor de patria en las entrañas.

Anteponer el bienestar de la nación por encima de intereses partidistas es el primer paso. Los recursos en promover los partidos políticos deben canalizarse hacia la restauración del clima de seguridad que favorezca la inversión y el turismo: Más oportunidades de desarrollo, de crecimiento, mayores sueldos. El resultado repercutirá en mejores condiciones de vida para todos los ciudadanos.

Nuestros dirigentes, con ideas brillantes y el corazón en la mano, deberán dedicar su quehacer público a solucionar los problemas de fondo que limitan el desarrollo de los mexicanos, los problemas de base: El país clama justicia social. La sociedad justa se basa en el principio de la buena voluntad entre los hombres y la libertad de elegir a sus gobernantes, y esto solo se da entre iguales. Poner límites a la libertad de unos al mismo tiempo que se amplía el campo de libertad de otros no es señal de buena voluntad. El desarrollo de unos en detrimento del bienestar de otros, tampoco.

Los mexicanos comprometidos con la nación superarán las actitudes que limitan el cambio. Guardarán en un saco roto los agravios y resentimientos acumulados en estos tiempos difíciles. Esto permitirá una mente clara para comprender el hecho de que nuestro país está en crisis como consecuencia de muchos factores, no todos atribuibles al gobierno.

El país entero parece estar en crisis. Las crisis se agravan cuando las personas se paralizan por el miedo, el pesimismo y la falta de iniciativa. Y se agravan mucho más por el odio, el resentimiento, y los juicios temerarios.

El amor a la patria no tiene barreras: Brinca, salta, corre, vuela, derrumba todos los obstáculos lleno de esperanza, hasta alcanzar la meta. Recordemos que solamente los peces muertos nadan con la corriente sin oposición alguna.

El peor fracaso en un país es la pérdida del entusiasmo. Las naciones que saben enfrentar las dificultades sin recurrir a la violencia guardan los machetes, y contribuyen a la grandeza de la patria por los caminos de la paz.

Esos caminos conducen a la enorme avenida de la educación: La educación hace a la persona difícil de manipular e imposible de esclavizar. La educación es el fundamento de todo progreso humano. Es la base de un diálogo para lograr un acuerdo que beneficie a todas las partes en conflicto.

Un pueblo que desea la democracia no recurre a la violencia. Gandhi decía: ‘Ojo por ojo y el mundo queda ciego’.

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06 Mayo 2018 04:00:00
Un México fatigado
Vivimos en México dos situaciones diferentes. Una relativamente estática: El cambio y la duda son poco tolerados. Otra, un mundo sin fronteras rebosante de información, pleno de independencia, inundado de preguntas y repleto de agitación por la falta de oportunidades para mejorar la calidad de vida de los mexicanos.

El mundo pasa ciegamente ante nosotros, inseguros respecto de lo que el futuro del país pueda ofrecer, o de que pueda ofrecer algo. Un país herido, inquieto y fatigado, inundado de deuda y de miedo. Un gran miedo.

¿Qué tenemos que hacer para lograr una presencia catalizadora en un país tal como el nuestro? La situación que vivimos es sumamente peligrosa. Nos encontramos sin las amarras necesarias para mantener el rumbo en estos tiempos oscuros. Las personas comprometidas con la patria se angustian ante un sistema arbitrario e incongruente, destructivo e inflexible.

Hoy, como ayer, la respuesta radica en la relación entre las raíces y las alas, entre el respeto por el pasado y el compromiso con el presente. La turbulencia social es siempre un signo seguro de que nuestra forma de gobernar debe ser repensada, reinterpretada a raíz de las circunstancias que vivimos.

No es la primera vez en la historia de México que nuevas interpretaciones emergen a la luz de nuevas cuestiones. Muchos han sido los intentos de reformular los principios básicos de gobernar el país de modo que puedan ser entendidos por la gente en circunstancias de conflicto o de desamparo. Los medios actuales no ayudan a aclarar la situación: Publican y emiten noticias sesgadas que en nada contribuyen a iluminar nuestro presente.

Si analizamos al pueblo ateniense, padre de la democracia, a dos mil quinientos veinte años de distancia, es obvio que tenía fallas considerables. Pero nadie puede negar que fueron los atenienses quienes concibieron la idea más poderosa en la historia política de la humanidad: La finalidad de todo gobierno no debe ser regir, sino servir al pueblo.

Pero después de 200 años de su fundación, la primera democracia mostró señales inequívocas de decadencia. Un análisis reciente en una urna milenaria ha desentrañado pruebas de corrupción: Mediante un sofisticado equipo se ha podido comprobar que 14 personas emitieron 190 votos.

El ocio y la vida licenciosa carcomieron los valores morales en los cuales se había sostenido la democracia. La muchedumbre era frágil. Se dejaba enardecer por un buen orador sin escrúpulos: Lo mismo votaba por desterrar a un héroe, como por declarar la guerra a supuestos enemigos. Había caído en los delitos más nefastos de una democracia: La irreflexión y la irresponsabilidad.

El liderazgo democrático de nuestros días se encuentra hoy en un estado de temblorosa agitación. Nuestras instituciones están en proceso de redefinición: La educación, el gobierno, el matrimonio, la ciencia, la ética. La economía se tambalea por los descubrimientos científicos, la emergencia de una conciencia global, la inmediatez de las comunicaciones y la implicación de las relaciones internacionales.

Pero nuestro tiempo no permite optar por la autoridad, sino por el desarrollo. Nuestro México vive un tiempo de revolución ideológica, no un tiempo para optar por las respuestas del pasado en lugar de por las nuevas preguntas.

Un tiempo de revolución no es un tiempo de tomar decisiones inspiradas por los sentimientos, sino por el pensamiento. ¿Una revolución armada? No, por supuesto que no. Una revolución de pensamiento para salvar a nuestra patria.

La transmisión de principios directivos, basados en la inteligencia, no en respuestas vacías

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29 Abril 2018 04:00:00
Sin manos
Un cuento oriental narra el caso de una pareja de enamorados que se perdieron en el desierto siendo una manta su única protección contra el sol calcinante. La compartían amorosamente. Llegó la noche y trajo con ella un fuerte vendaval. El frío intenso y la arena los azotaba, quemando sus ojos. En la desesperación, tratando de cubrirse, tiraban con furia de la manta y, arrebatándosela, la convirtieron en hilachas. No sirvió a ninguno.

Tal vez no hubieran quedado ciegos si la pareja se toma de la mano para no caer y, cada quién con su mano libre hubiese sostenido con fuerza la manta, caminando juntos en la misma dirección.

Dice el afamado escritor norteamericano Alvin Toffler que el problema de la modernidad es que hemos perdido el sentido comunitario en todas las estructuras sociales. Que el problema se presenta en el primer núcleo de la sociedad: La familia, y trasciende a los centros de trabajo, las organizaciones y los gobiernos.

Asegura que el fenómeno se da en todas las naciones -desarrolladas o no- y que esta es la principal causa de insatisfacción en la vida moderna. El perder el sentido de comunidad hace que la persona se sienta sola. El dolor de estar solo no es nuevo, pero el individualismo solitario se encuentra ahora tan extendido que se ha convertido en una plaga. Cada quien trabaja para su santo. Punto.

Comenta que nuestras sociedades modernas acentúan las diferencias entre las personas, lo cual conlleva a la individualización. Esto favorece que cada quien se aproxime más a la realización de sus potencialidades, pero -aunque parezca absurdo- provoca a la vez que sea más difícil el contacto humano: Cuanto más diferente somos, más difícil nos es encontrar otra persona que tenga los mismos intereses, aficiones, valores, horarios y gustos. Nos volvemos más exigentes en las relaciones sociales y los amigos resultan más difíciles de abordar. Resultado: la persona se aísla y acrecienta en ella el sentimiento de soledad.

Relativamente son pocas las personas que tienen la sensación de pertenecer a algo más grande y mejor que ellas mismas. El sentimiento cálido de solidaridad se encuentra ausente en la mayoría de las familias. Lealtad a la empresa, al gobierno, o a la nación es considerada por muchos como una traición a la propia personalidad. Sin embargo, esta cálida sensación surge espontáneamente de vez en cuando en momentos de crisis, tensión, desastres, huelgas, etc., pero es momentánea.

Toffler propone –para los individuos como para las naciones– que es necesario reconocer que la soledad no es ya una cuestión individual, sino un problema generalizado, provocado por la desintegración de familias e instituciones. La oleada de malestar hace que la gente se sienta confusa, dividida y preocupada, en soledad. Esto exige que la sociedad engendre un sentimiento de comunidad. La comunidad excluye la soledad.

En todas las naciones del mundo, adolescentes, matrimonios desilusionados, padres o madres que viven solos, trabajadores y personas de edad avanzada, todos se quejan de aislamiento social. Y, definitivamente, los seres humanos no podemos sobrevivir en total aislamiento. Es común denominador de nuestra especie el anhelo de solidaridad y la necesidad de pertenecer a una comunidad, dentro de estructuras que respeten la individualidad y que tengan un profundo significado humano. Lo expresa simpáticamente una canción popular ya pasada de moda: “Agárrense de las manos, unos a otros, conmigo. Juntos podremos llegar, donde jamás hemos ido”.

¿Pero qué podemos hacer cuando hay tantas personas en el gobierno que están en riesgo de perder una o dos manos por la costumbre de robar? ¿Robar títulos, propiedades, dinero? ¿Para aquellos que trafican con medicamentos y los sustituyen por agua destilada en el tratamiento de niños con cáncer? ¿Para aquellos que tomaron la ayuda humanitaria extranjera recibida para el alivio de los damnificados durante el terremoto en México del 2017?

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22 Abril 2018 04:00:00
¿Verdad o mentira?
Una mentira puede dar la vuelta entera al mundo en unos segundos: En mucho menos tiempo en que la verdad tarda en atar las cintas de sus zapatos. Pero... ¿qué es verdad y qué es mentira? Comúnmente se piensa en términos de blanco o negro. Sin embargo, entre lo blanco y lo negro hay muchos puntos intermedios, muchas tonalidades en gris.

Cuando los medios de comunicación están en manos de intereses personales, políticos, económicos, religiosos o científicos, ¿quién nos asegura que las imágenes que nos presentan son fiel reflejo de la realidad? Un mismo acontecimiento manejado por dos fuentes distintas presenta versiones completamente diferentes. Así que, ¿quién dice la verdad?

Desde tiempos inmemoriales la especie humana se ha dejado engañar por las apariencias. Cuentan que un día el Mal y la Mentira se tomaron de la mano y se fueron a bañar al mar. Allá encontraron entrelazados, cabriolando sobre la espuma de las olas, al Bien y a la Verdad. Se reunieron para disfrutar de la espléndida mañana en las templadas aguas marinas bajo los rayos del sol y, mientras el Bien y la Verdad contemplaban arrobados los caprichosos dibujos de las nubes, el Mal y la Mentira –muy juntos- nadaron prestos a la playa, cambiaron de ropas para ir a pasear a la ciudad ataviados de Bien y de Verdad. Desde entonces la especie humana –influenciada por el ropaje y las apariencias- se deja engañar por el Mal, creyendo que es el Bien, y por la Mentira, confundiéndola con la Verdad.

Lo mismo sucede en nuestros días: Justificamos la mentira –que se viste de diáfanos motivos- y condenamos la verdad porque es molesta e incómoda. Justificamos la mentira diciéndonos que es lo conveniente, justo y agradable, y condenamos la verdad porque nos exige responsabilidad personal.

Hoy más que en ningún otro momento nuestras circunstancias exigen una evaluación. Todas las imágenes y datos impuestos (distorsión ‘interesada’ de la realidad) hacen necesaria una conciencia crítica, lo cual implica entrenar la mente a que asuma una actitud reflexiva ante la información. Escuchar y mirar con detenimiento. Descubrir qué se quiere decir realmente, con qué intenciones se dice y, sobre todo, quién lo dice.

Para poseer una conciencia crítica es necesario aprender a leer la realidad, observándola en su conjunto y en cada uno de sus detalles... y prever sus consecuencias. Educar la percepción: Cuestionar el cómo vemos, escuchamos y sentimos. Comprender el sentido de los acontecimientos con el fin de hacer una apreciación sana, libre de prejuicios.

La tarea educativa por excelencia ante la comunicación masiva de TV, cine, radio y prensa, consiste en formar personas que, una vez recibida la imagen, concepto o afirmación, sean capaces de entender su verdadero significado. Personas entrenadas a desenmarañar la madeja en la cual el bien, el mal, la verdad y la mentira suelen confundirse en caprichosos nudos.

Las nuevas generaciones reciben impactos sensoriales fuertes y rápidos. Se vuelven pasivos e imitadores. Los medios de comunicación evitan temas cerebrales: La reflexión toma mucho tiempo, y el tiempo es oro ($). Reflexionar y percibir son actividades difíciles de practicar en nuestros días. Seducidos por la luz y el sonido la juventud particularmente dialoga no con el mundo y su realidad, sino con símbolos e imágenes. Niños y jóvenes aceptan pasivamente como verdad solo una parte de la realidad vía satélite.

La ignorancia de lo que se quiere, de lo que se debe, y de lo que se puede tanto en lo personal como en lo político, económico, religioso o científico, es la causa principal de las dificultades de nuestra nación en desarrollo. Tenemos acceso a mucha información. Parcial. Y no sabemos procesarla.

Hemos dejado de construir nuestro propio bien, nuestra propia verdad. Aceptamos la ‘verdad’ impuesta. Imitamos. Se nos ha olvidado pensar.

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15 Abril 2018 04:00:00
Anida hasta en los ángeles
Cuidado cuando una persona soberbia ocupa un puesto público. Experimenta un gozo desordenado. El poder de modificar las vidas de los ciudadanos y hacer cambios que repercutan en el futuro de la nación debe ser una experiencia embriagadora. Un momento que se sube a la cabeza. Aunque los dolores de cabeza vengan después.

En realidad el poder es una alucinación. Lo que se tiene no es precisamente el poder sino la autoridad. El poder implica la capacidad y la posibilidad de realizar lo que se planea. La autoridad, en cambio, significa que se puede MANDAR que se haga lo que se ha planeado. El tiempo y los medios que la orden toma para filtrarse hasta el campesino en los campos de trigo, o el minero en las galerías subterráneas de carbón, le resta gran parte de su fuerza y también de su sentido. Las órdenes dependen de otros para su ejecución. La autoridad es limitada, y las fórmulas son estrechas, incapaces de contener y de remediar la agonía de un país en crisis.

Si el gobernante se instala en un pedestal difícilmente encontrará quién se atreva a acercarse a él con la verdad o con información que no desee oír, porque sería tanto como reconocer un error o un fracaso en su gobierno. Y el error y el fracaso jamás son reconocidos por una persona soberbia.

Dicen las Sagradas Escrituras que antes de convertirse en Satanás, el ángel más hermoso se llamaba Luzbel. Algunos de los ángeles -espíritus puros dotados de una inteligencia más aguda y facultades superiores a las de los seres humanos- un día se sintieron como dioses y se rebelaron contra el Creador. Desde entonces Luzbel dejó de ser ángel y su nombre fue cambiado por el de Lucifer, o Satanás. Desde entonces también la soberbia ha sido el principio de todo mal. El relato de Adán y Eva en el Paraíso en que comieron la fruta prohibida del árbol del Bien y del Mal desobedeciendo el mandato divino habla de quienes, a semejanza de los ángeles, se dejan morder por la serpiente de la soberbia, y tratan de actuar como dioses.

Dicen que la soberbia intelectual es más gruesa que la coraza de un buque de guerra. Al principio es imperceptible; un simple aleteo que acrecienta la seguridad en sí mismo y agiganta la autoestima. Poco a poco, si no es detectada, va cobrando fuerza hasta convertirse en una pasión arrolladora más fuerte que el amor o el odio. Se instala en el cerebro y en el corazón con sus poderosas tenazas y es tal su fuerza que oscurece la mente, robándole toda objetividad. El orgullo y apetito desordenado de la propia excelencia, la excesiva estimación de las propias cualidades e ideas con menosprecio de las de los demás, y el exceso de pompa, son algunas de sus manifestaciones.

La persona soberbia llama sabiduría a lo que ella sabe, e ignorancia a lo que saben los otros. Habla con prepotencia porque ignora la realidad. Es superficial porque juzga los hechos sin profundizar. Pega la nariz a la pared y no ve lo que hay tras ella.

Los que estamos muy lejos del poder gustamos de crear ídolos de nuestros gobernantes. Somos responsables de convertir en tiranos a nuestros líderes: las alabanzas de las multitudes suelen hacer un pastor soberbio de un rebaño sin rostro. Los grandes hombres y mujeres son en ocasiones peligrosos. Cuando sus sueños fallan, los entierran bajo las cenizas de las que fueran las ciudades de aquellas muchedumbres que otrora los vitorearon.

La pluralidad que recién estrenamos confirma que es difícil vivir en la arena política y hacer funcionar un gobierno democrático. A menudo se es tentado hacia alguna forma de dictadura o manipulación: el consenso implica mucho tiempo, reflexión y respeto. Sin embargo, aunque parezca paradójico, el gobierno democrático requiere -entre otras cosas- fuertes dosis de humildad. Ser humildes para reconocer errores y modificar el rumbo, aceptar puntos de vista de otros que resuelvan mejor los problemas, aprender a trabajar en equipo y dejar para la historia del país el gobierno de una sola persona, de un semidios.

El gobierno democrático requiere de líderes convencidos de que el fin de toda actividad política debe ser asegurar el bien común. El Paraíso de la Democracia suele perderse cuando se es mordido por la serpiente de la soberbia. Y la soberbia puede anidar hasta en las alas de los ángeles.

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08 Abril 2018 04:00:00
Esperanza
Un enorme sol enojado, de ceño fruncido, dientes amenazantes, echando chispas por todos lados es el tema central de la exposición de dibujos infantiles titulada “Civilización Moderna”. Un hoyo en el cielo deja pasar rayos de sol malévolos, doblando las desdichadas espigas de trigo. El calor infernal de los rayos ultravioleta disecan los sembradíos de arroz y frijol. Pesticidas y residuos radiactivos erosionan la capa de ozono.

Carteles por doquier dicen: ‘El consumismo desenfrenado es responsable de los perjuicios al medio ambiente’, ‘Los países industrializados tienen más centros comerciales que escuelas secundarias’, ‘No burlemos a la humanidad: pasemos de las frases bellas y los buenos propósitos a las realidades’, ‘Unámonos todas las naciones en defensa de la Tierra’.

Una de las obras infantiles se titula: ‘Niños del Ozono’. En ella aparecen las playas desiertas y niños embadurnados de crema bloqueadora solar protegiéndose aún más de los rayos del sol bajo las palapas con enormes sombreros y lentes oscuros. Los pescadores regresan a la playa con los ojos vendados y la piel llagada. Al calce, estadísticas muestran el acelerado incremento en cataratas y cáncer de piel ocasionados por las radiaciones solares. El mensaje es claro: los niños de hoy deben temer al sol. El sol es peligroso.

Uno de los dibujos muestran infinidad de vehículos circulando por las congestionadas calles citadinas, envenenando el aire con emanaciones de monóxido de carbono y óxidos nitrosos, toneladas de residuos industriales radiactivos lanzados a ríos, lagos y mares. Para muchos niños el mundo de los adultos es amenazante y violento: una oscura niebla que todo lo envuelve.

Un buen número de murales expresa temor por el futuro de la Tierra. Sin embargo, al final de los dibujos cargados de horror y pesimismo por el porvenir de la humanidad, hay un mural denominado ‘Esperanza’. En vívidos colores, aparece la majestuosidad de nuestro mundo. La obra pictórica plasma la migración de las aves enlazando todos los continentes del planeta con el listón de sus alas en vuelo.

El destino de las aves migratorias, irrevocablemente ligado a la preservación de sus áreas de recuperación, lo han marcado cuidadosamente en las principales regiones de descanso de las aves en su vuelo anual alrededor del mundo con pancartas que dicen:
“NO CONTAMINAR, POR FAVOR”

La calidad de conciencia de los niños es más esencial, más profunda y más comprometida porque todavía no han perdido el contacto con su centro espiritual.

Al calce de la obra anotan datos interesantes: “La migración de las aves marca el pulso y el ritmo del planeta. La mayor parte de las 8,600 especies de aves que existen en el mundo emigran de acuerdo a las estaciones del año. Algunas hacen un recorrido de hasta 35,000 kilómetros anuales. Unas especies viajan por instinto, otras por orientación: montañas, ríos y mares. Algunas se guían por el sol, otras, por las estrellas. Existen aves que poseen un compás interno que capta las emanaciones magnéticas de la Tierra: se ha descubierto la substancia magnetita en su cabeza. Otras tienen un oído tan fino que captan las olas del mar a increíbles distancias”.

Las aves, en su migración anual, afrontan incontables peligros. Muchas mueren extenuadas en pleno vuelo, otras son atacadas por aves de rapiña o por las tormentas. El ser humano ha interpuesto muchos obstáculos a su paso: rascacielos, antenas, faros, aviones. Pero los niños que concibieron y diseñaron la obra ‘Esperanza’ no se han dejado apabullar por la embestida humana al medio ambiente durante el último siglo. Aunque nunca antes haya sido registrado en la historia de la humanidad.

La obra, ejecutada con bellísimas líneas y colores, plasma en un mural la esperanza de que el círculo migratorio jamás se rompa. Las hermosas aves logran vencer todos los obstáculos y, cada primavera, regresan hilvanando el cielo con el zigzag de sus alas, uniendo todos los continentes del mundo en su vuelo.

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01 Abril 2018 04:00:00
El Servidor de todos
El mundo cristiano celebra la Pascua, un Cristo resucitado, envuelto en níveas vestiduras. A los cristianos nos gusta “encielar” a Cristo: Imaginarlo entre ángeles, espléndido y triunfante. Es más cómodo encielarlo muy lejos, allá arriba en su trono –marcando bien las distancias, porque sería terrible aceptar a un Cristo presente entre nosotros. El entusiasmo popular siempre ha sido pasajero. Cuando Jesús llegó a Jerusalén la multitud lo proclamaba y vitoreaba con ramas de palmera. Luego buscaron motivos para condenarlo.

¿Quién es ese que resucita muertos, limpia a los leprosos, hace ver a los ciegos, oír a los sordos y caminar a los inválidos? ¿Quién es ese que hasta los pecados perdona? Cristo era un misterio, una paradoja: Provocaba una paz enorme, pero su paz causaba inquietud. La paz de la que hablaba no era la de mantenerse al margen de los conflictos y problemas para asegurar la propia tranquilidad.

Cristo se metió en el centro mismo de las pasiones religiosas, sociales, políticas, y quiso morir en medio de ellas. La crucifixión fue la culminación, voluntariamente aceptada: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; si muere, da mucho fruto”. Se atrevió a hablar de paz y de justicia a un pueblo que siempre había buscado el poder mediante la guerra. ¿Cómo hablar de compasión a un pueblo que en el circo se divertía viendo a los leones comer vivos a los hombres?

Cristo Jesús hablaba de una nueva forma de ser persona, tan nueva y tan fuerte que hasta sus discípulos se confundían: Sus palabras, profundas, chocaban con la superficie, pero al mismo tiempo alimentaban con pan eterno a los que se atrevían a sumergirse en la mar de su significado. “El que quiera ser primero de vosotros, será el servidor de todos”.

Las palabras más extraordinarias parecían naturales cuando salían de sus labios. Los que lo escuchaban se dejaban conquistar por Él, ante la esperanza de un mundo nuevo. “Mis ovejas me conocen. Escuchan mi voz y me siguen”.

Los discípulos lo reconocieron, pero luego tuvieron miedo de seguirlo. Ser cristiano entonces, como ahora, implica muchas cosas: Olvidar rencores, perdonar hasta setenta veces siete, comprometerse con los necesitados, amar al prójimo y al enemigo. ¿Quién desea servir a todos, cuando ha sido la costumbre explotarlos?

Cristo Jesús sabía que lo que El proponía era demasiado nuevo para ser aceptado inmediatamente. La irrupción de Dios en el mundo de los humanos tendría que sacudirlos hasta sus mismas raíces: El Reino de Dios es otro; se llega a él sólo mediante un nuevo nacimiento. Pero la persona que se atreve a penetrar en él, aunque todas sus costumbres y valores se vean contrariados, no se siente como un extraño: Es el mismo mundo, pero en una nueva dimensión.

Los evangelistas coinciden en que Cristo dijo que el Reino de los Cielos sería del que se hiciera como niño. Y los niños de hace 2018 años no distinguían el color de la piel, ni el color de las banderas, ni la diferencia de estratos sociales. Solo entendían el lenguaje del amor.

A Cristo lo conocían por sus exigencias y por su generosidad: “Lo que hagáis por el más pequeño de entre vosotros lo haréis por mí”. Nos regaló su palabra y la selló con sangre: “Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré a su casa y cenaré con él y él conmigo”.

Después de más de dos milenios, seguimos teniendo miedo de abrirle la puerta. El mundo sigue frío: No se deja incendiar por el amor. Pero por más que queramos encielar a Cristo, se nos escapa: Ayer como hoy exige que nos cuestionemos al observar lo divino que hay en todos los humanos, y lo humano que hay en Dios. Cristo exige que reconozcamos a Dios en nuestros hermanos.

La Pascua es el paso de la muerte a la vida: Un nuevo estilo de vivir en armonía con todo y con todos; una paz lograda a través del intercambio de dones en exquisita hospitalidad. Un compromiso sutil, etéreo, pero con un dinamismo tal, que hace posible transformar el mundo.

En los seres humanos sigue presente una inmensa sed de ternura, de aprecio. Una sed de hermanarse en el amor.

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25 Marzo 2018 04:00:00
Bajos instintos
En tiempo de elecciones los ciudadanos estamos aterrados de los bajos instintos en que han caído algunos de los candidatos, tanto en nuestra patria como en la de otros países supuestamente civilizados. Es en verdad escalofriante el veneno que se lanzan unos y otros. Con unas cuantas palabras ensucian el buen nombre de un candidato o candidata.

Declaró el afamado escritor norteamericano Alvin Toffler que el problema de la modernidad es que hemos perdido el sentido comunitario en todas las estructuras sociales. Que el problema se presenta en el primer núcleo de la sociedad: la familia, y trasciende a los centros de trabajo, las organizaciones y, particularmente a los gobiernos en tiempo de elecciones. Asegura que el fenómeno se da en todas las naciones —desarrolladas o no— y que ésta es la principal causa de angustia y pesimismo en la vida moderna.

Cuentan que una vez un hombre arrepentido de haber iniciado un rumor que destruyó la honra de una persona, lloró su culpa, y quiso enmendar su falta. Cuando ya estaba moribundo, en su lecho de muerte, pidió ver al que había ofendido y le dijo: “Perdóname, ¿qué puedo hacer para devolverte la honra?” El otro contestó: “Te perdono el daño que me hiciste, pero… si tiras al viento plumas de ave desde lo alto de la montaña, ¿podrás recogerlas?”

La honra y el prestigio, una vez que se pierden, difícilmente se recuperan. Un rumor puede acabar con un individuo, también con una nación. El rumor es el pan nuestro de cada día: rumores van, rumores vienen. Es muy grave perjudicar el buen nombre de las personas, pero es funesto cuando el rumor atenta contra el prestigio y la estabilidad de un pueblo, o de una nación.

Estamos en tiempos de crisis, no cabe duda, crisis económica y crisis de valores. Pero hay otra crisis de la que se habla poco y que es muy urgente remediar: crisis de credibilidad. Nuestras relaciones internacionales exigen de nosotros alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar y, especialmente, en el comunicar. Y nosotros debemos exigir lo mismo de las demás naciones. A pesar de la avanzada tecnología, en la Era de la Comunicación las relaciones se tornan difíciles y escabrosas. Los mensajes se distorsionan, se malinterpretan, se magnifican o son manipulados en multimedia.

A los mexicanos nos achacan que perdemos la objetividad fácilmente debido a resentimientos o complejos de inferioridad. Aseguran que se nos atascan las antenas y perdemos la consciencia nacional por la enmarañada red de sentimientos: No vemos con claridad, ni pensamos con lucidez, ni sabemos expresarnos con asertividad en tiempos de crisis.

La falta de asertividad -no decir exactamente lo que deseamos en el momento preciso a la persona indicada, con fidelidad de datos, y sin herir susceptibilidades- complica nuestras relaciones internacionales. Muchas palabras sí, muchos rodeos, también, pero damos la impresión de que nos cuesta mucho ser directos sin dejar de ser corteses.

El mensaje cuya intención sea estrechar los lazos entre las naciones, deberá vestirse con sus mejores galas: veracidad, claridad y precisión. El medio deberá ser el apropiado para que el mensaje sea recibido con fidelidad. El momento deberá ser exacto: No antes ni después.

Es difícil purificar la comunicación humana y despojarla de contaminantes. También es complicado desinfectar de pasiones humanas y de intereses personales los mensajes. El número de tonalidades con que se puede colorear el significado de una noticia es infinito, e infinita también la variedad en su interpretación.

Como ciudadanos de un país que busca ocupar el lugar que le corresponde dentro del nuevo orden mundial, tenemos un compromiso personal. Cada mexicano deberá entrar a su interior para descubrir ese espacio donde todo es justo, donde todo es exactamente lo que es. Ni más ni menos. El espacio de alta fidelidad desde el cual la mirada se vuelve diáfana, como la mirada de los niños, donde los hechos se contemplan sin distorsión y sin pasión, las palabras no se equivocan al decir, y la comunicación no lleva dolo. El lugar donde Dios se revela al ser humano y, éste, iluminado, empieza a ser auténtico en el mirar, sentir, hablar y negociar.

De otra manera corremos el riesgo de acabarnos el país a lengüetazos.

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18 Marzo 2018 04:00:00
Carta a las Mujeres
En 1995, el Papa Juan Pablo II escribió una Carta a las Mujeres con motivo de la celebración de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer que tuvo lugar en Pekín, en la cual expresó su gratitud a la ONU, promotora de tan importante iniciativa.

El mensaje hace hincapié en la realidad y en los problemas de las mujeres en su conjunto, y reconoce los enormes condicionamientos que en todo lugar y en todos los tiempos de la historia han hecho difícil el camino de la mujer: despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso, reducida a esclavitud. La fuerza de las sedimentaciones culturales a lo largo de los siglos ha plasmado mentalidades e instituciones que repercuten en la desvalorización de la mujer como persona.

Recorriendo la vía dolorosa hacia el Gólgota, Jesús de Nazaret dice a las mujeres: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí.” Este modo de hablar sobre las mujeres (llamándolas Hijas de Jerusalén) implica personas, ciudadanas, en una época en que la mujer no era reconocida como tal. La forma de hablarles a las mujeres y el modo de tratarlas constituye una clara novedad respecto a las costumbres dominantes de entonces: los israelitas no hablaban a las mujeres en público.

El abierto reconocimiento de la dignidad personal de la mujer constituye el primer paso para promover su plena participación tanto en la vida social como en la vida pública y profesional. Si es éste un deber de todos en la Iglesia y en la sociedad, lo es de modo particular de las mujeres mismas, las cuales deben sentirse comprometidas como protagonistas en primera línea.

Todavía queda mucho en el mundo por hacer para destruir aquella injusta y demoledora mentalidad que aún considera al ser humano como una cosa, como un objeto de compraventa, como un instrumento de placer; tanto más cuanto la mujer misma es precisamente la primera víctima de tal mentalidad.

La pregunta tan aguda acerca del espacio que la mujer puede y debe ocupar en la sociedad es cada día más insistente. Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los recursos de la masculinidad; son sólo diferentes. En la última época —frente a las más variadas formas de discriminación y de marginación a las que está sometida la mujer por el simple hecho de ser mujer— los Papas católicos han afirmado repetidamente y con fuerza, “la urgencia de defender y promover la dignidad personal de la mujer y, por tanto, su igualdad con el varón”. (Juan Pablo II, Familiaris consortio, 24)

Las Iglesias, todas, deben oponerse firmemente con acciones específicas, enérgicas e incisivas a las diversas formas de discriminación y de abuso de la mujer. Su dignidad, gravemente vulnerada en la opinión pública por la desmedida importancia que los medios de comunicación dan a la exposición de su aspecto físico en prensa, televisión y cine, particularmente a su cuerpo desnudo, contribuye a promover un modelo de mujer sensual sin cerebro, en detrimento de la promoción de otras cualidades y talentos que serían de enorme beneficio a la sociedad. (Ej. Fotos en redes: Las 5 de Yolanda, Las 5 de Lucero …)

El mundo clama por una “humanización” de las relaciones humanas. La condición para asegurar la justa presencia de la mujer en la sociedad es la de promover la conciencia de que la mujer, con sus dones y cualidades propias, tiene la específica y urgente tarea de aportar la visión femenina a los diferentes campos del saber, la cual exige una mayor participación suya: nutrir con valores humanos a la sociedad que en estos momentos de la historia tiene hambre de compasión, responsabilidad y ternura.

En la celebración del Día Internacional de la Mujer se acostumbra hacer un reconocimiento a aquellas mujeres que se han separado de la cultura de la época para incursionar en tareas conectadas a la ciencia, a las diferentes profesiones; y a todas aquellas mujeres que en silencio nutren sus comunidades con su talento y entusiasmo para ampliar la conciencia universal del valor humano.

En el rostro de la mujer es posible reflejar la belleza que es espejo de los más elevados sentimientos: La ofrenda total del amor a la familia, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad ilimitada, la laboriosidad infatigable, la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo.

El desenterrar los valores esenciales y las cualidades eternas, el compartir con los demás creatividad, intuición e inteligencia, puede influir poderosamente en que surja un mundo nuevo a partir de una semilla nueva. Un mundo inédito, pacífico y armonioso.

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11 Marzo 2018 04:00:00
Lo que pudo haber sido y no fue…
El nuevo deporte es matar con la palabra. Hombres y mujeres en busca de fama y gloria personal han creado monstruos que nos están destruyendo. La desconfianza y la incredulidad alimentada por la difamación a través de los medios, repiten y aumentan la maledicencia. La libertad de expresión y de acción cuando es irresponsable y amoral conduce a la contaminación psíquica de las naciones. Al colorear de odio, rencor, frustración y venganza nuestro medio creamos zozobra e incertidumbre. En nuestro país ha provocado la promoción del voto nulo como manifestación de rechazo institucional. Si difamamos o devaluamos todas nuestras instituciones, ¿cómo es posible comprometernos con la democracia?
La ilusión de pertenecer al Primer Mundo con la firma del TLC se evaporó hace tiempo como pompa de jabón. No olvidemos que el esquema autodestructivo que desarrollamos para ingresar a él es gran parte del problema. Jurábamos que ya era nuestra la “American Way of Life”: Sofisticadas comiditas en microonda, frutas y verduras congeladas ya en trocitos listas para servir, mil y una golosinas extranjeras con cargo a la tarjeta. Enajenados por el “progreso” olvidamos sembrar frijoles, y hoy debemos importarlos, pagarlos en dólares con pesos devaluados.

Hoy queremos un superman o una superwoman que resuelva el problema de la economía y del narcotráfico con una varita mágica. No es de extrañar que cuando miramos al México que hemos creado con nuestras palabras y actitudes, la fealdad y el desconcierto en sus múltiples manifestaciones nos obligan a exigir un cambio. Hemos permanecido durante tanto tiempo imaginándonos primermundistas y viviendo más allá de nuestro presupuesto que olvidamos el compromiso de todo ciudadano: Ser agente de cambio. El cambio no lo hacen los líderes, el cambio lo hacemos los ciudadanos.

Afirmar que íbamos bien, que en un mal momento México tomó un camino equivocado, es aferrarnos a nuestra fijación primermundista. La “American Way” no retornará jamás. Ha desaparecido aún de los Estados Unidos: La crisis es global. El período de luto por lo que pudo haber sido y no fue se ha prolongado demasiado.

Hemos desgastado al país con acusaciones a diestra y siniestra. No será fácil crear un camino nuevo. Los errores no pueden ser eliminados en forma total de la noche a la mañana. Cuando reconozcamos que la ilusión era absurda, podremos dedicar todas nuestras energías a lo que es posible y que está en nuestras manos.

Hemos perdido algunos años no retornables, intoxicados por el sueño imposible de pertenecer al Primer Mundo. Una nueva cultura universal de justicia social empieza a despuntar. Lentamente. Pero no con varitas mágicas. Aún tenemos ocasión de construir una patria nueva, no sobre los rescoldos de la que hemos destruido, sino en base a un nuevo ordenamiento justo de todos los elementos que están a nuestro alcance y que todavía son nuestros.

No debemos negociar con la mentalidad de los oligopolios: Quitar a quien le falta para ofrecerlo a quien le sobra, sino ordenar nuestros elementos con el fin de reducir lo que excede, y engrandecer lo escaso.

Recurrir a la fuerza militar para poner el orden deja mucho qué decir de quienes han olvidado el respeto a la nación y a los conciudadanos. ¿Preferimos que a punta de escopetas o de misiles seamos obligados a un comportamiento digno? Nada alimenta tanto el sentimiento de opresión como la convicción profunda de que se es incapaz de sostener sobre los propios pies. Autocontrol significa poner un poco de nosotros en el medio, sin coerciones. Los cínicos preguntan: ¿Un poco de nosotros? ¿De qué sirve una gota de sangre en el mar?
El reducir lo que excede y engrandecer lo escaso no es trabajo de una sola persona. Es trabajo de toda una nación. El cómo lograr la justicia social es una tarea que implica novedad, frescura y compromiso personal con nuestro país. No se da por decreto. Tampoco con votos nulos. La justicia social la construyen los ciudadanos comprometidos con el cambio.

Cuando por la noche se apagan las luces dentro de una alcoba con ventanas cuesta un rato advertir que la oscuridad no es total. Cuanto más nos deslumbra el recuerdo de la luz artificial, más tardamos en percibir las sutiles texturas de la luz natural y de las sombras, y en comprender que, en efecto, podemos ver, podemos encontrar la salida. No importa la negrura del panorama: Siempre habrá un camino para un pueblo comprometido con su patria.

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04 Marzo 2018 04:00:00
Un vestido nuevo para Eva
Sentada en la banqueta en la intercepción de cuatro caminos, se encontraba una mujer desnuda llamada Eva. La gente pasaba y le arrojaba ropa para que se cubriera, pero ella no la recogía.

Una hermosa señora elegantemente vestida con un traje largo de brocado dorado, cubierto todo con perlas y lentejuelas, al ver a la mujer desnuda, se quita el vestido y se lo regala. Eva le dice: “Está muy pesado. No lo quiero. Si lo usara, tendría que pasármela en el salón de belleza y en el gimnasio cuidando mi figura. Llévatelo.” La mujer elegante se sienta junto a Eva en la banqueta pero no recoge el vestido.

Pasa luego una mujer de vestido gris muy sencillo, más bien feíto, y se lo ofrece: “Te regalo mi vestido, es ligero y no requiere planchado, es ‘wash and wear’.” Le dice Eva, “Entonces ¿por qué pesa tanto?” La mujer de gris le dice: “Soy ama de casa y dedico toda mi vida a cocinar, lavar trastes y ropa, planchar, limpiar, aspirar, lavar baños, cuidar niños, supervisar tareas, llevarlos a la escuela y a sus clases, atender a mi marido…” Eva la interrumpe: “No quiero tu vestido, llévatelo, es muy pesado.” La mujer de gris deja en el suelo el vestido y se sienta junto a la dama elegante.

En ese momento pasa una mujer muy seria en traje sastre azul marino, pelo recogido en la nuca, lentes, y lap-top. Cuando ve a Eva desnuda se quita el traje sastre y se lo regala. “¿Por qué pesa tanto tu traje?” pregunta Eva. “Soy profesionista de tiempo completo y vivo en el mundo estéril de los negocios, no puedo ser bella ni artística, sino calculadora. No puedo tener amistades, solo contactos. No puedo tener una familia, porque me estorbaría. Tampoco puedo cultivar mi espíritu porque el mundo del espíritu debilita el poder de lo material al confrontarlo con la ética y la moral. Así que debo permanecer concentrada en conservar mi poder”. Eva le pregunta, tirando el traje al suelo: “¿Y piensas que yo me pondría algo tan pesado?” La profesionista no lo recoge y se sienta junto a las otras mujeres.

Pasa después una chica en ceñida minifalda roja y escotado suéter. Se quita su atrevida ropa y, al dársela a Eva, esta le pregunta: “¿Por qué pesa tanto si es tan poca?” La chica de rojo le dice: “Vivo angustiada de perder mis atractivos, me la paso mordiéndome las uñas, y como muy poco. Muestro mi cuerpo para que los hombres no dejen de mirarme y no pierdan interés en mí. Pero te juro que hasta este momento, ninguno me ha apreciado realmente, sus ojos solo se posan en mis encantos femeninos y jamás se han interesado en conocer mi alma y mi corazón.” Eva le dice molesta: “No quiero tu ropa, pesa demasiado.” La chica de rojo deja su ropa en el suelo y se sienta en la banqueta.

Todas empiezan a discutir acerca de cuál de los vestidos es el más pesado, cada una asegurando que es el propio. Pasan las horas comentando los motivos y las razones del peso de cada uno y, a punto de entrar en pleito por ello, la mujer de gris propone tomar lo mejor de cada vestido y hacerse un vestido nuevo.

Mientras corta un pedazo de su traje, la mujer profesionista lo entrega a la dama elegante y le dice: “Yo te enseñaré a ser organizada y a administrar tu presupuesto de tal manera que vivas bien y además, puedas invertir tus ahorros”. La dama elegante corresponde con una parte de su vestido bordado y le dice que le enseñará a cuidar su cabello, su rostro y su figura para que sea hermosa. “Enséñenme a mí también”, les dice la mujer de gris, “Y yo les enseñaré a disfrutar el mundo del espíritu, la generosidad, la paciencia, la ternura y el amor”. Se acerca la chica de rojo y les dice: “Yo también quiero aprender eso que dicen, y cortaré mi escasa ropa en pedacitos para compartir mi entusiasmo, mi espontaneidad y mi alegría de vivir”.

Durante muchas horas cortaron y confeccionaron nuevos vestidos con la ropa que se habían quitado. Cada vestido resultó único, y cada uno tenía una parte de los demás. Esa noche, mientras reían y trabajaban juntas, comprendieron el sentido de la solidaridad.

Eva, muy satisfecha, se fue a sentar en la siguiente esquina. Desnuda. Para volver a empezar.

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25 Febrero 2018 04:00:00
Hasta que el águila habló
Ciertamente México tuvo días de gloria antes de la Conquista. Lo mismo sucedió en otros países de Europa y de Asia antes de ser conquistados, mas éstos no recurrieron al lloriqueo y la pesadumbre por lo perdido. Conservaron su identidad, adquirieron nuevas modalidades de vida de los conquistadores, y se enriquecieron mutuamente.

La Noche del Grito la majestuosa bandera tricolor ondeaba beligerante a pesar de la persistente llovizna en el Zócalo durante la celebración de la Independencia de México el 16 de Septiembre. Miles de mexicanos cantaron el Himno Nacional visiblemente emocionados, pequeños grupos aquí y allá con el amor de patria tatuado en el rostro. Pero hubo otros que, enardecidos, coreaban:

“La tierra es para quien la trabaja”. “El petróleo es nuestro”. “Peña Nieto va a mandar a México al pozo”. “La riqueza está mal distribuida”.

Y entonces el águila habló:
“Dices que la tierra es para quien la trabaja y, de todas formas, acabas emigrando al otro lado donde la tierra no es de quien la trabaja.

“Quieres que bajen los precios de la luz, el agua y la tierra y, sin embargo te encanta colgarte de la luz con tu ‘diablito’ para no pagarla, conectarte con la toma de agua del vecino, robarte el cable de televisión, asentarte en terrenos ajenos, dar mordida a la policía para no pagar la multa y… evadir impuestos.

“¿Crees que el petróleo es tuyo…? ¡Si la gasolina la traes del extranjero!

“¿Crees que el futuro de México está en manos de Peña Nieto? México no está en manos de ningún partido político; quienes mejor pueden sacarlo del atolladero son los ciudadanos normales, pero con los pantalones y las faldas bien puestas para pelear por el sueño del pueblo mexicano.

“Dices que la riqueza no se distribuye bien; tienes razón, la riqueza no se distribuye, se gana con trabajo, constancia e inteligencia. ¿Qué no puedes? ¡Claro que puedes! Trabaja con entusiasmo, haz las cosas bien a la primera vez, deja de hacer las cosas a medias, pero sobre todo… ¡Estudia! ¡Lee! ¡Prepárate! ¡Quítate un buen rato de la tele y las heladas; las horas y la vida se van veloces para no volver!

“Estás rodeado de mares, abundantes yacimientos de metales, petróleo y gas, infinidad de recursos naturales, tienes buena tierra para cultivos mil. ¡Usa la imaginación y la astucia de tus ancestros españoles, y la creatividad y la alegría de vivir de la Raza de Bronce! ¡Aprovéchalas! ¡Investiga! ¡Ponte las pilas!

“Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Sí, la gente es determinante: ciudadanos comprometidos, con orgullo de patria, hacen gobiernos responsables, honestos y eficientes. ¡Comienza contigo: Ayuda al que tienes al lado en lugar de meterle el pie! ¡Fíjate en tus propios actos y en tus propias fallas antes que en los de los demás!

“Y ahora ya me voy volando… porque dicen que hay que dar el grito. Con todo respeto.

El Águila de tu Bandera
Es difícil aprender a volar: Aceptar un desequilibrio momentáneo, entrar en crisis tal vez, un rompimiento, profunda desolación y, después, como las águilas, dejar la obscuridad y seguridad del valle para buscar la luz y las alturas más cerca del sol. Descubrir que las crisis son dolorosas pero necesarias porque afirman y desarrollan el espíritu: De las borrascas no hay que esconderse, sino aprender a desafiarlas.

Hay personas favorecidas por la naturaleza, por las circunstancias, las oportunidades, el esfuerzo y preparación personal, en cuyas manos descansa el destino de México. Y aunque han desarrollado suficiente talento para marcar el rumbo y el ritmo del país, y han nacido para ser águilas y liberar al pueblo de la ignorancia, pobreza e indignidad, desaprovechan su situación única, y optan por quedarse en el valle como aves de corral. Cacaraqueando. Con la serpiente amarrada al pescuezo.

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18 Febrero 2018 04:00:00
¿De qué color es el amor?
En la celebración de un 14 de febrero el célebre cantante norteamericano Steavie Wonder, (El Niño Maravilla), preguntó: ¿De qué color es el amor?

Steavie nació invidente, pobre, y huérfano de padre. Fue prematuro y el exceso de oxígeno en la incubadora provocó que perdiera la vista. No recuerda haber visto jamás la luz, ni el rostro de su madre.

Una mañana en la minúscula sala de la humilde vivienda en Saginaw, Michigan, Lula, la madre de Steavie observa silenciosamente a sus cinco hijos armar un castillo con pequeños cubos de madera. El niño, de cinco años, se acerca y le dice: “¿Estás preocupada porque soy ciego, mamá? No debes preocuparte, porque yo soy feliz así”. El niño, abrazando las piernas de su madre, recarga un momento la cabeza sobre sus rodillas. Luego, a tientas regresa a jugar con sus hermanos. Fue el único de sus hijos que, sin ver, fue capaz de presentir su tristeza. Lula asegura que desde ese momento el enorme dolor que la consumía se evaporó, y comenzó a valorar las aptitudes y talentos que su hijo desarrollaba para compensar la incapacidad visual.

El sonido cautivó a Steavie desde la edad de dos años: fue su pasión. Al escuchar música en la radio, con dos cucharas inventaba variadas combinaciones tamborileando sobre todas las superficies de la casa: Paredes, puertas, ventanas, vidrios, muebles, todo. Le cautivaban los diferentes sonidos que arrancaba a cada objeto. Componía encantadores ritmos de acompañamiento al ruido de la lavadora. Era un niño feliz.

Su tío le regaló una armónica y un tambor cuando cumplió cuatro años. A los ocho ya componía y cantaba sus propias melodías en el piano de la escuela. A los trece ya aparecía en un programa de TV en Londres. Era travieso: Lo expulsaron del coro en una iglesia cuando con gran entusiasmo y a todo volumen tocó un rock’n’roll.

En el mundo oscuro de Steavie hay cosas incomprensibles. No sabe de qué color es el viento, ni se explica porqué el sexo de una persona o el color de la piel puede marcarlo como inferior: Las almas no tienen sexo ni color.

Le preguntaron recientemente si le pedía a Dios el milagro de la vista: “Me encantaría ver, pero no. Cuando hablo con Dios le doy gracias por protegerme, consolarme y guiarme por este camino. Tal vez si hubiera visto con los ojos, me hubiera dejado seducir por la belleza y el encanto de la superficie y no hubiera conocido el mundo de fondo: El misterio del alma. Tal vez no hubiera escuchado la sutil voz de la consciencia en mi interior; la energía primordial de la estructura del ser humano y del universo, escondida bajo el peso de las formas. Tal vez no hubiera descubierto el milagro del amor”.

Steavie Wonder, con sus ojos cerrados y sus brazos abiertos, dice que siente el amor a la humanidad como una fuerza irresistible que lo subyuga y lo hace inmensamente feliz. Su poderosa fuerza espiritual lo transfigura y le permite tocar las fibras más encantadoras del corazón humano. Dice, a través de su música, que desea que todos los habitantes de la Tierra descubramos la fuerza del amor que llevamos dentro. Asegura que si cerramos los ojos y escuchamos, sentiremos el poder que sana desde el interior y que es capaz de sanar al mundo entero.

Steavie ha grabado decenas de álbumes y ha obtenido infinidad de premios y condecoraciones a nivel nacional e internacional. Está profundamente comprometido con las grandes causas: Educación, desarme nuclear, ecología, campesinos, hambre, sida, alcoholismo, drogas. Es un gran benefactor de todos los marginados de la Tierra. ¿Qué hubiera sucedido si su invidencia fuera de origen genético y hubiera sido detectado con el ultramoderno equipo científico digital en el vientre de su madre? ¿Y si hubiera sido abortado por su incapacidad?

Steavie dice que solo el amor es capaz de vencer el mal en el mundo. Solo el amor hizo posible que venciera sus desventajas: Nacer invidente, pobre, y huérfano de padre. No sabe de qué color es el amor, la comprensión, o la ternura. Pero los siente. A través de sus composiciones y su milagrosa voz sus melodías amorosas se elevan y caen como fina lluvia, envolviendo al mundo en un abrazo. Aunque jamás haya visto el color del amor.

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11 Febrero 2018 04:00:00
La rana que quería conocer el amor
Érase una vez en un pantano ya olvidado una rana precoz que vivía en una charca. Un día se reunieron ranas de diferentes charcas a orillas del pantano para dialogar acerca de sus convicciones y experiencias sobre el amor.

La Rana Precoz traía en el alma el viento de la inquietud y en el corazón el fuego de la pregunta. Las demás ranas no podían satisfacer su curiosidad porque cada una se aferraba a la ideología de su propia charca. Croaron todo el día y toda la noche en el intento de descubrir, a través del diálogo, lo que era el amor. Aunque sus horizontes se ensancharon hasta el punto de admitir la existencia de distintas ideologías en cada charca, las ranas, roncas de tanto croar, siguieron divididas hablando en términos de tuyo y mío: tu experiencia, tu convicción, tu ideología... y la mía.

Una de las ranas tenía fama de tolerante. Al expresar sus puntos de vista croaba en una forma tranquila, muy cuidada. Pero la Rana Precoz, que además tenía mucho de clarividente, pudo advertir que la Rana Tolerante estaba realmente convencida de tener toda la razón, por lo que aseguraba que quienes no pensaran como ella estaban equivocadas. La Rana Precoz se dio cuenta que su amiga en realidad no era tolerante, sino condescendiente, y el ser así no lleva a la unión de los corazones sino a la división: la Rana Tolerante, con dulce croar, se colocaba arriba, poniendo a las demás abajo. Una posición que le daba una postura de superioridad a ella y de inferioridad a las otras, originando una mayor intolerancia.

La Rana Envidiosa estaba molesta porque ella no tenía nada qué aportar a la discusión: no había experimentado el amor; nunca jamás había amado. Sin embargo, la Rana Decepcionada había amado de más sin ser correspondida, y se negaba a comentar sobre el dolor de su roto corazón. Fuera del pantano se encontraba la Rana Indiferente: No le interesaba el tema de discusión.

La Rana Precoz supo entonces que la verdadera tolerancia ocurriría únicamente si todas ellas fueran lo suficientemente humildes para reconocer que en realidad ignoraban lo que era el amor. Aunque todas trataban de expresarlo –cada quien de acuerdo a la ideología de su propia charca– ella intuía que el amor es esencialmente misterio y no puede entenderse con la mente, sino más bien sentirse con el corazón.

Cuando la luna amarillenta y ojerosa se iba a pique en el horizonte y el alba rompía en el oriente con su dispersión de luces rosadas, las ranas dejaron de croar y regresaron a sus respectivas charcas sin llegar a ningún acuerdo sobre la verdad del amor.

El viento de la inquietud en el alma de la Rana Precoz y el fuego de la pregunta en su corazón no le permitieron conciliar el sueño, y decidió buscar con sus propios ojos la respuesta. Recordó lo que su madre le había dicho: “La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero, si está enfermo, tu cuerpo estará a oscuras, y nunca podrás conocer la verdad.” La Rana Precoz sintió horror al darse cuenta de las muchas capas que oscurecían su mirada. Para sanar sus ojos tuvo qué sufrir: era doloroso despojarse de los prejuicios y de los egoísmos que suelen acumularse los cuales lentamente nublan la percepción.

Momentos después, con mirada diáfana, bajo los racimos esplendorosos de las nubes de ese amanecer decidió salir de su charca en pos del amor. Al dejar el pantano llegó al portal de una casa en la cual una nana mecía dulcemente en sus brazos a un niño. ¿Será esto el amor?

Sus ojos parecían querer abarcarlo todo sin perder detalle. La mujer era muy anciana y excesivamente fea, pero al niño parecía no importarle: Era demasiado joven para haber adquirido los prejuicios de sus mayores. Sus ojos eran aún sanos. No condicionaban el amor: ‘Bonita-joven-mamá’, ‘fea-vieja-nana’, sino que, acariciando con su diminuta mano la mejilla surcada de arrugas de la anciana, respondía no al nombre, la apariencia, la raza o la ideología de la nana –para el niño todo eso era absolutamente irrelevante– sino a la verdad del amor.

Entonces la Rana Precoz confirmó que el amor es una fuerza misteriosa que fluye libremente rompiendo los límites de las respectivas charcas, y une a todos los seres en el océano de la verdad, que es el amor.

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05 Febrero 2018 04:00:00
Almas sedientas
Muchos preguntan: ¿Qué sucede con los muchachos? ¿A qué se debe esta marcada inclinación de los jóvenes a unirse para cometer fechorías de todo tipo? Ya no digamos cubrir de majaderías cercas y paredes, y convertir calles y avenidas en patios de presidio, sino que su comportamiento grupal es francamente intimidatorio. Chicos hostiles, agresivos, delincuentes, desalmados, se reúnen en esquinas y parques, en lotes vacíos, en casas abandonadas. Chicos ociosos e indolentes. Muchos con el cinismo tatuado en el rostro se dan cita para ‘ponerse en onda’ y planear mil barbaridades.

¿Por qué tantos jóvenes en el mundo entero se han tornado violentos al grado de cometer crímenes escalofriantes? sectores completos de ciudades grandes y pequeñas son tomados por delincuentes juveniles quienes se ejecutan entre sí en la lucha por el poder. Las páginas rojas de los diarios registran hechos espeluznantes: Verdaderas masacres entre pandilleros a punta de picahielos, desarmadores, machetes tanto en el primer mundo como en el tercero. Es tal la brutal ferocidad en algunos sectores de ciudades grandes y pequeñas que agentes policíacos no se atreven a penetrar ciertos sectores so pena de ser ‘ejecutados’.

Es motivo de alarma el alto índice de delincuencia juvenil grupal a nivel mundial. Alcoholismo, drogas, violencia que termina en homicidios, incendios, violaciones tumultuarias. Nadie sabe qué está pasando con nuestros jóvenes. Tal vez debiéramos preguntarnos: ¿Con qué hemos alimentado la mente y los sentimientos de la gente joven durante las últimas décadas? hemos permitido vía satélite y a todo color las escenas más brutales, las diversiones más sádicas. Ahora nos escandaliza el que los chicos pongan en práctica lo que ven.

El problema del pandillerismo se da en todo el mundo: En países ricos y en subdesarrollados. La historia de crímenes guarda en sus páginas la ejecución de dos mensajeros de una pizzería por adolescentes en el pequeño poblado de Franklin, New Jersey, entonces de solo 5,000 habitantes. Causó gran consternación hace algunos años reportajes del sangriento suceso que fueron publicados por los principales diarios y revistas estadounidenses. ¿Motivo del crimen? Los chicos querían divertirse, estaban aburridos. Querían saber qué es realmente matar a alguien y ver qué se siente por dentro. Con premeditación ordenaron unas pizzas y amparados por la oscuridad de la noche ‘cazaron’ a los repartidores. Pizzas volaron por todas partes mientras los desdichados trataban de huir de sus ejecutores.

En una aldea remota de Sudáfrica en una taberna al aire libre unos adolescentes ven un programa ‘Solo para Adultos’ en la única televisión del lugar. Bajo los efectos del alcohol terminan en la choza más cercana, amarran a la infortunada madre de uno de ellos quien muere descuartizada por la violación tumultuaria de que es objeto, el cuerpo mutilado en réplica exacta de las escenas de tortura y sexo del film.

¿Qué sucede con nuestras sociedades modernas? Las sociedades tribales separaban de la familia a los jóvenes en casas especiales porque conocían esa necesidad en la adolescencia de buscar la propia identidad, apoyándose en grupo. Vivían en torno a guías espirituales quienes los conducían a través del tormentoso trance de la adolescencia. Así lograban que sentimientos y hormonas no hicieran presa de ellos.

Los chicos necesitan modelos, anhelan héroes que estimulen las fibras más sensibles de su ser. Los jóvenes se encuentran desesperanzados, perdidos, sin brújula en la selva del mundo de los adultos, cada vez más siniestro. La necesidad de transgredir se incrementa en ellos cuando les es difícil identificarse con la hipocresía de los adultos: Cuando les decimos una cosa y hacemos otra; cuando separamos la fe religiosa de nuestros actos cotidianos, cuando son unas nuestras creencias y otros nuestros afanes. Reprobamos la conducta de los jóvenes y, sin embargo, no reparamos en que los hemos alimentado con el veneno del mundo, y sus almas están sedientas.

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28 Enero 2018 04:00:00
Abejitas en el barril
Encerradas en un barril, muy tranquilas, muy tristes, muy aburridas; las abejitas dejaban pasar el tiempo sin saber si era de día o de noche; siempre en la obscuridad. Pero un día, una de las abejas descubrió un rayito de luz muy tenue y lo siguió hasta el exterior. El sol la deslumbró: ¡Todo era hermoso! ¡La belleza del mundo no tenía límites! Los árboles, las flores, el césped, el riachuelo que corría sin fin, el canto de los pájaros, el cielo, las nubes. La abejita se extasiaba ante los encantos y el resplandor de la naturaleza… ¡El mundo le fascinó!

Regresó al barril a contarles a sus compañeras del Paraíso que había encontrado e invitarlas a salir. Unas dijeron que no, que ahí estaban bien, otras dijeron que sí, pero en otra ocasión, porque tenían miedo. Algunas dijeron que tenían flojera. Otras la siguieron y quedaron deslumbradas por la belleza y la libertad que ahora disfrutaban.

Resultó que un día aparece una tormenta en el firmamento; los rayos, los truenos y el chubasco las llenaron de temor: Unas, asustadas, regresaron al barril, otras se escondieron en otros barriles peores del que habían salido, pero hubo unas que se quedaron y decidieron enfrentar las tormentas y los miedos: Era demasiado maravilloso el mundo para huir de él.

Como las abejas, los mexicanos tenemos miedo… Dicen los psicólogos que nos hemos habituado al pesimismo, y las cadenas de hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos hasta que son extremadamente fuertes para que nos animemos a romperlas. El miedo hace a las personas creer lo peor en todas las circunstancias; así pues, la depresión se instala, impidiendo la voluntad de acción. El peor fracaso es la pérdida de entusiasmo. Nunca se despoja tanto a los ciudadanos como cuando se les roba la esperanza en el futuro.

Para romper las cadenas del miedo se necesita una mente sosegada, instruida. Nuestro país exige de nosotros alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar y, especialmente en el comunicar. Los ciudadanos debemos exigir a nuestros representantes y a las instituciones gubernamentales información verídica en cuanto al origen de la presente crisis. Existe un vacío de conocimiento de la realidad que vivimos. Los medios de comunicación no expresan las causas originales de los problemas que nos oprimen, solo las consecuencias.

El Mal que nos aqueja nos ha llevado la delantera: utiliza los medios de comunicación para exhibir los aspectos negativos de nuestro país. Utiliza en forma seductora y alucinante toda la creatividad de la era tecnológica para magnificar la problemática de México.

Aunque un buen número de nuestras instituciones promueve e informa en tecnicolor los logros que se han tenido en diferentes áreas de desarrollo, a la vez, muy guardadito, oculta todas las desventuras de los ciudadanos.

El Bien debe aprender a promocionarse debidamente en los medos de comunicación, en películas, canciones, libros, obras de teatro. Está aún en pañales. Debe salir del barril y promocionar los verdaderos valores mexicanos para que millones de personas se enamoren de él y deseen vivir de otra manera. Así seremos libres y responsables, sin necesidad de incrementar las fuerzas armadas.

Los mexicanos estamos sentados en la Tierra Prometida. Debemos levantarnos de nuestras poltronas y superar nuestro pesimismo. Si aportamos nuestro potencial para el bien de la nación en forma atractiva y fascinante, habremos encontrado la llave para crear un país renovado y familias felices. Cada uno de nosotros buscará la manera echando a volar su imaginación y su individualidad. ¡Buena suerte!

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21 Enero 2018 04:00:00
La manzana prohibida
Claude Stanush, escritor y editorialista norteamericano, escribió que le fascinaba Satanás por esa manera tan inteligente y cautivadora que posee para engañar al mundo. Afirmaba estar “ansioso” por saber cuál sería la próxima ocurrencia o invento que concebiría El Maligno para confundirnos. Cita ‘Paraíso Perdido’, poema de John Milton, el cual expresa por qué es diablo el diablo y por qué siempre estará con nosotros para engañarnos con toda intención y cálculo.

Decía que para entender el origen de Satanás, era necesario remontarse al principio de los tiempos: Luzbel era el mayor y más brillante de los ángeles y se reveló contra Dios cuando la soberbia lo hizo creer en su propia omnipotencia: “No te serviré”. Fue expulsado del cielo con los ángeles que se le habían unido en rebeldía. Luzbel se convierte en Satanás, El Maligno.

El poema de Milton habla también del origen del hombre: Dios, al perder tantos ángeles, crea la raza humana y el planeta Tierra. En un hermoso lugar llamado Paraíso, Adán y Eva procrean seres que, como ellos, tendrán libre albedrío: La facultad de pensar y tomar decisiones por sí mismos. Serán dueños y señores de la Tierra y sus creaturas, siempre y cuando no olviden que son humanos y no dioses, y mientras usen la razón para guiar la voluntad hacia el logro de que todo y todos vivan en perfecta armonía. La única condición: “No comáis de la fruta del árbol del Bien y del Mal”.

Satanás, celoso de las nuevas creaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y, consciente de que su mejor arma para dominarlos es el engaño, se convierte en serpiente y les ofrece una manzana del árbol prohibido. Eva cae en el engaño, y también Adán. Fue mucho más que un acto de desobediencia: Comieron el fruto con la intención de hacerse como dioses.

El ‘Paraíso Perdido’ de Milton expresa que el pecado más grave del ser humano es el de engañarse a sí mismo al distorsionar la realidad a su conveniencia; el sentirse poderoso rompe la armonía de la vida humana planeada y creada por Dios.

No solo la armonía, sino que no respeta límites. La libertad, o libre albedrío, es el regalo por excelencia de Dios al hombre; es lo que verdaderamente lo hace humano, pero es también la fuente de todo mal. La libertad le da el poder de escoger aquello que promueve la vida, pero también le permite optar por aquello que la destruye.

En el poema, el Arcángel Miguel descubre el futuro a Adán y a Eva: Millones de sus descendientes se matarán unos a otros en guerras interminables, cada vez más cruentas y horrorosas (¿las guerras del narco?), y aún lo harán en los periodos de paz relativa; un abuso constante de la propia vida y de la de los demás.

Adán, con un grito de terror, le pregunta al arcángel: “¿Cómo puede ser posible todo esto?”

Todo esto sí ha sido posible: Los últimos acontecimientos lo demuestran. La crisis mundial se agrava, el desequilibrio social es enorme: Millones de pobres tanto en países ricos como en vías de desarrollo sufren las condiciones de una economía enferma que busca solución. La ley suprema, reguladora de las relaciones entre empresa y trabajo, no considera dentro de la ecuación el bienestar de los obreros y el cuidado al medio ambiente. Mientras riquezas exorbitantes se acumulan en manos de unos cuantos, las clases trabajadoras se encuentran en condiciones cada vez más inhumanas y, además, perseguidas por la sombra del espectro del desempleo. Esto conduce a muchas familias a un proceso de desintegración que repercute en el rompimiento del tejido social.

Los sociólogos indican que no debe extrañarnos el hecho de las manifestaciones y la violencia en las principales capitales del mundo: Se rigen por la ley del más fuerte, y el capital tiene el poder. Esto provoca el espíritu de protesta y rebeldía; las teorías extremistas y terroristas se propagan hasta el último rincón del planeta.

Las hojas del árbol de la vida nos preguntan: ¿Por qué no han respetado los límites? ¿Por qué tantos pobres en una tierra rica en leche y miel? ¿Por qué se han convertido en depredadores? ¿Por qué han comido de nuevo la manzana prohibida?

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14 Enero 2018 04:00:00
Despertando a la vida
Los días pasan ciegamente ante nosotros. Nos sentimos inseguros respecto a lo que el gobierno pueda ofrecer a nuestra nación que está herida, inquieta, fatigada. Nosotros, los ciudadanos, ¿qué tenemos que hacer para influir positivamente en la renovación de las fuerzas vivas de la población en un mundo rebosante de distracciones, inundado de preguntas, y sacudido por la agitación y la pobreza desesperada de muchos?

Cuando una nación padece las consecuencias de los errores cometidos en su administración y en su política, los ciudadanos ponen toda su esperanza en un cambio. Pero un cambio exige gran coraje y determinación de los que desean llevarlo a cabo. Y aunque son muchas las personas que desean el cambio tanto en el mundo exterior como en su propio mundo interno, no están dispuestas a soportar los grandes dolores que deben precederlo.

Si observamos cómo efectúa la naturaleza el proceso de renovación, descubriremos que salir del camino errado exige energía, esfuerzo y penalidades. Los ríos en los climas muy fríos se congelan en invierno, y en la primavera el crujido del hielo que se derrite origina un estruendo de increíble violencia. Cuanto más extensa y prolongada es la congelación, más estrepitoso será el deshielo. Sin embargo, cuando terminan esos crujidos, esa época de rompimiento y violencia, el río se abre como dador y portador de vida. Es el momento de renovación, de vida nueva, de un nuevo comienzo.

Cuando la renovación requiere un cambio de actitud y de conducta de todos sus ciudadanos, es necesaria una cuidadosa planeación para lograr el éxito: Asegurar que se esté realmente convencido de que es urgente un cambio, y que éste es posible. Es indispensable lograr la participación de otros en el proceso de cambio, y determinar qué se quiere cambiar, porqué, cómo, cuándo y dónde.

La diferencia en alcanzar el éxito o el fracaso está en que cuando fracasamos, fijamos toda nuestra atención en los obstáculos, y cuando triunfamos, toda nuestra energía es canalizada a lograr el objetivo. Cuando cambian los individuos, cambian las naciones.

Se requiere de una revolución pacífica, de una revolución silenciosa en el sistema de pensamiento que se inicie en los hogares, en las aulas, organizaciones, instituciones, en las series televisivas. Para llegar a ser una nación productiva, México necesita un cambio planificado en todas sus estructuras, y eso solo se puede lograr transformando conciencias y corazones. La participación ciudadana en lugar de la pasividad es el factor determinante.

Nuestro pueblo mexicano es una inmensa y preciosa águila dormida, con miles de posibilidades, que es necesario despertar para enseñarla a volar. La visión mental de un futuro luminoso hará que nos sobrepongamos a los obstáculos de nuestra condición presente. Es necesaria una renovación total de actitud que transforme el hielo en agua, lo seco en verde, la muerte en vida.

La resurrección de un pueblo comienza nutriendo la mente de niños, jóvenes y adultos con ideas, opiniones y datos que fomenten una estructura de pensamiento basada en el bien común. Esta lluvia de ideas penetra hasta tocar las fibras más profundas del ser; así nace la voluntad de sostenerse sobre los propios pies y marchar adelante. La dificultad de la tarea no importa, es inmaterial. Lo que importa es llegar a la meta y estar encaminado hacia ella. Esta actitud de lucha produce el clima propicio para el cambio.

Es cierto que se encuentran obstáculos que no se pueden ignorar, pero es necesario sostener el ojo en el objetivo, y buscar la manera de sacarles la vuelta, brincarlos, o enfrentarlos.

El proyecto de crear la sociedad justa y digna que todos merecemos es una idea exageradamente ambiciosa, pero por ser tan grande, va a generar una gran energía en cada uno de quienes amamos nuestra patria.

No hay invierno que dure eternamente, ni tampoco primavera que deje de sucederle.
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07 Enero 2018 04:00:00
México, país de contrastes
¿Por qué las condiciones de vida en México se agravan en lugar de mejorar?

Los pesimistas son presa del temor ante la enorme dificultad que representa el tratar de abrirse paso en un medio de cerrada competencia. Piensan que el libre comercio terminará por arrojar a la mayoría de nacionales donde no existen posibilidades de progreso: Se acobardan ante la impresionante tecnología y preparación de nuestros competidores.

Los seres humanos nacemos en una habitación espaciosa cuyas paredes están formadas por miles de puertas de posibilidades. Para los mexicanos todas esas puertas se abrieron de golpe al mundo exterior con el Tratado de Libre Comercio, y la habitación se tambaleó al inicio al llenarse de luces extrañas y de sonidos confusos. Esperanzados, nos aventuramos a trascender el umbral de algunas de ellas, y comprobamos que nuestra materia prima y nuestros productos son valiosos en el exterior. Reconoceos que algunas puertas las hemos cerrado por miedo. Otras puertas amenazan con ser cerradas a propósito del exterior por alteraciones al TLC.

Sin embargo, juventudes más instruidas, forjadas en condiciones y disciplinas superiores a las de las generaciones pasadas advierten nuestro extraordinario potencial en recursos naturales y la gran creatividad de nuestro pueblo. Corazones nuevos y vigorosos han decidido bombear una sangre más rica en pureza y energía al país: Actitudes reflexivas, intuitivas, comprometidas con la nación infunden una nueva mística de superación y progreso, una confianza ilimitada en el futuro. Asumen la responsabilidad de un país y unas circunstancias heredadas, fabricadas por otros, con sus aciertos y sus errores.

Los que conservamos orgullo de patria a pesar de los acontecimientos que sacuden la misma entraña del país nos hemos dado a la tarea de reflexionar: ¿Cuáles puertas debemos abrir al exterior? ¿Cuáles debemos cerrar? Es necesario diferenciar los aspectos de nuestra cultura que es imprescindible conservar, de aquellos patrones obsoletos que perjudican nuestro bienestar y desarrollo.

Los economistas afirman que México es un país de contrastes: Un puñado de multimillonarios y un número aún no determinado de millones y millones y millones de pobres. El desarrollo de un país es incompatible con la desigualdad ofensiva, con la pobreza que cierra las puertas de la oportunidad y de la esperanza a la gran mayoría, porque ha abierto las puertas a la corrupción, al narcotráfico, y al enriquecimiento ilegítimo de unos cuantos.

Hablar de cambio es hablar del anhelo más profundo de todo mexicano. Urge cerrar las puertas de actitudes nocivas, malos hábitos, vicios, ideologías reductivas, y abrir nuevas puertas para reorganizar más profunda e inteligentemente la educación, los centros de trabajo, las costumbres, las creencias.

No se trata de violencia, agresividad, plantones, pancartas. El nacimiento de una nueva cultura se da con la progresiva ampliación de la consciencia de un pueblo cuyo objetivo es crear las condiciones para asegurar la justicia social. Se requiere en el sistema de pensamiento una revolución pacífica, tenaz, comprometida, esperanzada, que germine en los hogares, las aulas, las organizaciones, las instituciones.

México se enfrenta a la posibilidad de un salto hacia delante: La creación de una sociedad extraordinariamente nueva. La más profunda conmoción social y reestructuración creativa, eficiente y justa puede acabar con la crisis que ha disgregado familias, zarandeado nuestra economía, convulsionado los procesos políticos, desgarrado nuestros valores nacionales.

La sociedad naciente escribirá un nuevo código de conducta que beneficie a todos, una nueva forma de relacionarse, una manera única de ser y de estar en el mundo. Desafiará a la sociedad corrupta. Será capaz de derribar burocracias, exigir un gobierno más sencillo, menos solemne, más eficaz, más humano.

México puede tener el gobierno más democrático y justo que ninguno de la historia si decide invertir más en educación y servicios públicos y menos en armas. Si opta por la justicia social como base de gobierno, México puede ofrecer su propia perspectiva de orden social ante el mundo. El futuro de México dependerá de la energía y dedicación que el pueblo esté dispuesto a invertir para crear una sociedad nueva, y del compromiso del gobierno con este proyecto de nación. Tenemos un destino que crear. Muchos corazones, mentes y voluntades ya han iniciado el proceso de reconstrucción.

México es La Patria. Nuestra Patria.

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31 Diciembre 2017 04:00:00
No es el fin del mundo
El último día del Año 2017 no olvidemos cerrar círculos, ni poner puntos finales. Preparémonos a vivir nuevas circunstancias, nuevas historias. El fin de año nos lleva a reflexionar en lo que como patria tenemos, y nos insta a superar las condiciones presentes que impiden nuestro pleno desarrollo.

Benjamín Franklin decía: “Deja que cada nuevo año encuentre una mejor versión de ti mismo.” Dalai Lama afirmaba: “Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ‘ayer’ y el otro ‘mañana’. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer, comprometerse, y principalmente….vivir.”

Comenzar un nuevo camino asusta, pero tras cada paso que damos, nos damos cuenta lo peligroso que es quedarse paralizado: “Gracias Pasado, gracias por todas las lecciones de vida que me has dado. Querido Futuro: Gracias, por darme otra oportunidad, estoy listo.”

Sin embargo, los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. Pero no es el fin del mundo; es el inicio de un año nuevo. La persona con el corazón iluminado es consciente de que las preguntas de nuestro tiempo no pueden responderse con la limitada visión del pasado. Necesitamos de principios directivos para recuperar la integridad y seguridad, no de
respuestas vacías.

Es urgente una nueva visión de nuestro país, ciertamente. Necesitaos líderes que, mediante el poder de su presencia y la fuerza de sus ideas infundan fuego a su visión de patria. Una visión que reforme, que ilumine, que aproveche nuestros vastos recursos materiales, nuestras manos y nuestros cerebros para proporcionar una solución a la presente crisis. Una visión que haga realidad lo posible.

Las noticias de progreso, de logros, de buenas acciones, permanecen escondidas en las últimas páginas y nunca hay tiempo para llegar a ellas. La gente compra muy fácil las noticias de nota roja: El miedo vende. En radio, prensa, televisión y en la red se comenta el pánico social que hemos experimentado los mexicanos en los últimos tiempos. Marchas de manifestantes, críticas al gobierno federal en cartelones, grupos de encapuchados con la intención de reventar el aeropuerto del D.F., gritos irascibles: “Ya estamos cansados”.

No sOlo están cansados los jóvenes, también los mayores. Dicen los psicólogos que nos hemos habituado al pesimismo, y las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas. El miedo hace a las personas creer lo peor en todas las circunstancias; así pues, la depresión es inevitable.

Para romper las cadenas del miedo se necesita mente sosegada, voluntad decidida, acción vigorosa, cabeza de hielo, corazón de fuego y mano de hierro. El miedo impide toda acción positiva. Estamos en tiempos de crisis, no cabe duda, crisis económica y de seguridad, pero hay otra crisis de la que se habla poco y que es más grave que las otras dos: Crisis de credibilidad. La consecuencia más grave es la pérdida del entusiasmo. Nunca se despoja tanto a una nación como cuando se le roba la esperanza en el futuro.

Nuestro país exige de nosotros alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar y, especialmente, en el comunicar. Debemos exigir lo mismo de nuestros representantes y de nuestras instituciones. Existe un vacío de conocimiento de la realidad que vivimos: Los medios de comunicación no expresan las causas originales de los problemas que nos oprimen, solo las consecuencias. Exigimos una comunicación integral encaminada a la prevención de los desastres para que la sociedad pueda participar en la resolución de los conflictos. La cultura de la prevención no se instala si no cuenta con una ciudadanía participativa, educada.

Una sociedad que se alimenta de prejuicios, temores y mala prensa es una sociedad que se nutre de excusas para quedarse quieta, apabullada. Un prejuicio puede ser lo más perdurable que exista en el espíritu humano. Los mitos se instalan en la mente por la falta de conocimiento.

¿Quién dice la verdad sobre los sucesos que nos han desgarrado el alma? Nuestro país aumenta la mitificación de la realidad basada en el miedo. Así como las aves no salen de su jaula, de la misma manera los que ignoran qué es el bien y dónde está el mal no escapan de su miseria. Unos dicen que la imaginación abre a veces unas alas grandes como el cielo en una cárcel pequeña como la mano. Otros aseguran que buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.

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24 Diciembre 2017 04:00:00
¡Feliz Navidad!
Una carta escrita por un niño a Santa Claus fue colocada sin estampilla en un buzón de la Corte del Condado de Port Angeles, en Washington. Las autoridades postales la remitieron al Servicio de Protección al Niño, en el Estado. La carta, firmada por un pequeño de nombre Thad, dice:

“Santa Claus, por favor ayuda a mi papi y a mi mami en esta Navidad. Mi papi no está trabajando y recibimos poco alimento ahora del Welfare. Mi mami nos da el alimento que le toca comer a ella. Por favor, ayúdalos.

“Yo quiero ir al Cielo para estar con los Ángeles. ¿Me puedes llevar con ellos en tu trineo? Así mi mami y mi papi no tendrían que comprar cosas para mí. Así no tendrían que preocuparse. Por favor, tráele a mi papi un empleo y algunos alimentos. Yo vivo en la misma casa que el año pasado. Pero ahora tenemos velas.

Un hombre de la ciudad vino y apagó las luces. Parece que ya no viviéramos aquí.

Pero aquí vivimos. Esperaré por ti a que vengas a mi cuarto. No voy a dormir.

Cuando des un empleo a mi papi y algún alimento a mi mami, me iré contigo y los renos al Cielo. Feliz Navidad para ti y para la señora Claus, y también para los duendes”.

Concluye la carta con la firma: ‘Thad’. Junto al nombre aparece dibujado un arbolito y un trineo lleno de regalos, tirado por los renos y conducido por Santa Claus: Los símbolos modernos de la Navidad.

La carta de Thad no solo es triste, sino que revela las circunstancias de nuestro tiempo: Padres preocupados por las exigencias materiales, y niños con hambre de amor y de fe. El cristianismo de nuestros días se ha dejado envolver en la maquinaria de la comercialización: los pesebres y estatuillas de barro de los ‘Nacimientos’ han sido sustituidos en muchos hogares por el árbol de Navidad y Santa Claus. Parece ser que bajo el sortilegio de las esferas del pino y el intermitente parpadeo de los focos de colores importados hubiéramos olvidado el enorme simbolismo que encierra nuestro tradicional Nacimiento.

El motivo de la celebración cristiana es un Niño que nació en Belén. Un Niño que habló al mundo de tres regalos: luz, sal y levadura. Sin embargo, no son regalos materiales, provienen del ser mismo de cada persona.

En las Sagradas Escrituras, la luz, la sal y la levadura revisten un gran simbolismo. La luz, aunque materia, es intangible: El más espiritual de los elementos. La luz convierte la incertidumbre de la noche en la certeza de un nuevo día, con sencillez encantadora, sin ruido, sin estridencias, sin cortes bruscos, sin oscilaciones perturbadoras. La sal en tiempos bíblicos era el elemento fundamental para la conservación de los alimentos: mejoraba su sabor y evitaba su descomposición. La levadura era un gran misterio: multiplicaba muchas veces el tamaño de la masa, y le daba consistencia y suavidad. Un puñado de levadura tenía la fuerza suficiente para fermentar una masa infinita.

El cristianismo trabaja de dentro hacia afuera: Debe iluminar primero la mente, luego fermentar el corazón, y después mejorar la calidad de vida en el mundo. Donde hay guerra, debe hacer la paz, donde hay odio, amor; donde hay explotación, justicia. Con delicadeza, como la luz. Con sabor, como la sal. Como levadura: En forma rápida y misteriosa.

La crisis económica lleva a muchos al borde de la histeria durante las fiestas decembrinas. Olvidan compartir lo más preciado que se encuentra en el corazón de cada persona: La capacidad de amar. Sin embargo, después de más de dos mil años, los regalos de que hablaba el Niño Jesús, siguen esperando ser descubiertos en la mente y en el corazón de los habitantes de la Tierra: Paz, amor, y justicia.

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17 Diciembre 2017 04:00:00
Un trabajo delicado
¿De qué sirve ganar todo el oro del mundo cuando se pierde la familia? En verdad, conservar la unidad familiar en la actualidad requiere un trabajo fino y delicado.

Durante medio siglo tanto europeos como norteamericanos creyeron que los problemas sociales y la desintegración familiar se solucionarían incrementando el nivel de vida. Pero las estadísticas han demostrado lo contrario: la afluencia económica sin precedente que se mantuvo por más de 50 años ha acelerado el colapso de la calidad de vida en las sociedades industrializadas.

El progreso material no ha podido detener el brutal ascenso en desintegración familiar, criminalidad, embarazos tempranos, y la pulverización de los valores tradicionales.

Japón, ante la ola de suicidios que ha registrado en los últimos tiempos, efectuó una encuesta nacional en la que confirmó que la mayoría de los entrevistados prefería pasar más tiempo con su familia en lugar de trabajar al ritmo de locura acostumbrado, aún a costa de reducir sus ingresos.

La familia sufre cuando su centro está vacío: en la carrera tras el poder y el tener, olvida alimentar su espíritu y trata de llenar el hueco con satisfactores cada vez más sofisticados. Pero no son cosas materiales las que satisfacen el vacío existencial: es el silencio afectivo, indispensable para lograr la comunión entre los miembros de una familia. La vigilancia de superficie de los padres no ven más que los aspectos materiales de las cosas y de los seres, pero existe una vigilancia más profunda: la que descubre, más allá de la piel, los sueños, los anhelos, las cualidades y posibilidades únicas de cada hijo. Y también los temores.

Para sobrevivir en los tiempos de crisis cada familia deberá redactar su propio proyecto de vida: un proyecto que dé espacio a cada miembro a experimentar el silencio afectivo, abierto, libre de resistencia, capaz de escuchar realmente lo que se le desea comunicar. La disposición a escuchar es el primer paso de la verdadera comunicación: la base de una familia feliz.

Es interesante analizar las diversas formas de conversar en las familias. La calidad de vida en el seno familiar va en aumento a medida en que son más frecuentes las conversaciones profundas entre sus miembros. Algunas familias manejan de manera excelente el nivel superficial en el cual se hacen comentarios interesantes, pero sin substancia o trascendencia. Los miembros tienen una mayor información sobre lo que hace cada uno, qué le gusta, a dónde va, pero no son conversaciones afectuosas ni van más allá de la piel.

La comunicación superficial en exceso puede ser dañina. En ocasiones es trivial e irreflexiva al grado de no detenerse, y provocar insultos o sarcasmos, críticas desalmadas que hieren a otros. Algunas familias tienen sólo conversaciones relacionadas con el aspecto social. Comentan costos, experiencias de trabajo o de viajes, compras, inquietudes personales de manera abstracta, en forma fría y calculada, desprovista de sentimiento.

Las familias que han alcanzado una mayor calidad de vida son aquellas que conversan sobre temas jocosos, pero también tienen la capacidad para hablar sin máscaras: son personas que se quieren y comparten sus más íntimas preocupaciones, dudas, temores, anhelos, tristezas y quereres. Se dan permiso de reír y llorar juntos. Y también de experimentar el silencio receptivo para escuchar al otro.

La distracción por el ruido de la tecnología de nuestros días disminuye la receptividad. Sólo cuando no hay distracción se crea un estado de comunión en el que la consciencia se vuelve atenta. La mayor atención es el mayor amor.

El silencio afectivo crea un ambiente propicio para un mejor entendimiento.

Aprende a escuchar y comprender con empatía. El corazón se abre al amor cuando sabe darse en atención, porque el amor es un estado de atención completa.

La dirección de los padres deberá aprender a escuchar con cuidado. Estar ahí para los hijos: ¿Qué nos quieren decir? ¿Qué dificultades experimentan? ¿Por qué no se atreven a confiarnos sus inquietudes o sus temores?
El silencio afectivo muestra su presencia a través de la atención amorosa. La conversación de los padres, acompañada de una lealtad y honestidad tal, que permita el deleite de mostrar al hijo el cariño cara a cara.

¿Para qué esperar a que el hijo esté dormido para ir a besar y acariciar su rostro?

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10 Diciembre 2017 04:00:00
Tal vez sucederá…
‘Kan ya makan’ es un término intoxicante en el Islam. Cuando penetra en los discursos de los líderes hace del lenguaje una realidad superior a cualquier hecho consumado. Las palabras alucinantes se tornan más importantes que las realidades, y las promesas más gratificantes que su cumplimiento.

El poder de las palabras rompe la conexión entre causa y efecto: Envuelve el cerebro, hipnotiza el ojo, hechiza el oído, incapacita a la persona para distinguir entre la verdad y la demagogia, entre los actos de heroísmo y las atrocidades.

Su poder es tal que hace que el decir del líder islámico: “Los infieles nadarán en su propia sangre” tenga mayor impacto en las personas que el horror de ver los tanques de guerra destrozar la ciudad. Las palabras ‘dignidad’, ’honor’, y ‘seguridad’ se envuelven con esperanza alucinante, demencial, y cobran vida propia para clamar ‘justicia’. Las palabras dejan de ser motivadoras orientadas a enaltecer a los escuchas para convertirse en vehículos de odio y visiones de sangre ‘redentora’.

Cuando las personas viven en el desierto el lenguaje puede ser su posesión más preciada. Los cuentos y las promesas abren milagrosamente las puertas a otros mundos, los mundos de la esperanza. La esperanza es para el espíritu lo que el sueño es para el cuerpo: Energía que revitaliza, repara, libera de la escualidez de las circunstancias presentes. La esperanza es necesaria para que las personas desencadenen el enorme poder de la mente y de la voluntad. Aunque en la mayoría de los casos las utopías son irrealizables, siempre el conjunto de idealismos permite un considerable margen de esfuerzo que da sentido a sus vidas.

Sin embargo, la esperanza tiene dos caras: El lado soleado y el lado oscuro. El lado soleado motiva a utilizar los sentimientos para dirigir mente, sueños y actitudes hacia el logro de los ideales. El lado oscuro, en cambio, es el que pone a la persona en actitud pasiva, como mera espectadora, y deja hacer a otros lo que puede hacer por sí misma. El lado oscuro de la esperanza tiene aspectos inquietantes: El pavor a lo desconocido y el miedo ante los retos que inmoviliza a las personas y las coloca en eterna espera.

En el Islam las historias se inician de una manera extraña a nuestros oídos: ‘Kan ya makan’, que en lengua árabe significa “Tal vez sucedió, tal vez no”. Esas palabras son capaces de producir efectos mágicos. En una aldea de El Cairo, después de una prolongada sequía y tremenda hambruna la gente salía a las calles a disfrutar la primera mañana fría y lluviosa. Se reunían en las esquinas para compartir historias de bienaventuranza por el agua que provenía del cielo. La gente se saludaba con un precioso ramillete de palabras: “¡Día de bendiciones! ¡Día de luz!” Al decirlo entre sonrisas el hechizo de las palabras compartidas en la banqueta producía en las personas el milagro de abstraerlas de la miserable calle cubierta de lodo y basura y de los perros hambrientos. La esperanza cumplida de la lluvia y el compartir las historias de los antepasados las unía en proyectos comunes para aprovechar las tierras bendecidas por el agua.

‘Kan ya makan’. Tal vez sucedió, tal vez no. Las palabras tienen el poder de mezclar la realidad y la ilusión en intrincada madeja. Poseen la fuerza de vestir de poesía los más terribles y bajos impulsos. Las palabras de historias y cuentos logran seducir a los seres humanos por oscuros laberintos hasta reducirlos a las más degradadas e irracionales creaturas, pero al mismo tiempo, tienen la facultad de conducirlas hacia la más noble expresión de su humanidad.

Las historias de dignidad y valentía que heredamos de nuestros antepasados tal vez sucedieron, tal vez no. Pero nos unen de generación en generación y nos sostienen con lazos cálidos. Logran que enfrentemos nuestros problemas de familia y de nación con resolución y optimismo: El lado soleado de la esperanza.

El lado soleado de la esperanza nos motiva a utilizar sabiamente nuestros recursos para dirigir mente, sueños y actitudes hacia la creación de una patria nueva.

Quetzalcóatl definitivamente no llegará del otro lado del Río Bravo.

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03 Diciembre 2017 04:00:00
¿Qué es el odio?
Dicen que cuando el bien siente hambre, procura alimentarse hasta en los más oscuros antros, y cuando tiene sed, se sacia hasta en las aguas estancadas.

También aseguran que el ansia de bondad está presente en todos los humanos, y que esa ansia es una cascada que se precipita impetuosamente hacia el mar, arrastrando los secretos de las colinas y las canciones de los bosques. Afirman que el mal no es sino el propio bien torturado por su hambre y por su sed. Sin embargo, hablar de odio es hablar de un tema difícil, porque el odio está hecho de una materia amorfa, misteriosa, desordenada.

La conferencia internacional sobre ‘Anatomía del Odio’ reunió en Oslo a mundialmente reconocidos personajes del intelecto y el carisma. La meta era ambiciosa: Desentrañar las oscuras fuerzas del odio en la especie humana, con el objeto de neutralizarlas. La conferencia agrupó por tres días a un sorprendente número de escritores -muchos ganadores de premios Nobel-, profesores, rectores y santos.

¿Qué es el odio? Con el propósito de definirlo, se dividieron los participantes en dos grandes grupos: Los Subjetivistas -poetas y moralistas-, quienes buscan las semillas del odio dentro del corazón del hombre, y los Objetivistas -ecónomos, historiadores, abogados- quienes, contrariamente, citan como principal causa del odio las condiciones de la vida humana.

“Las circunstancias duras, visibles, e injustas, definen la realidad”. “Los conceptos morales son muy bonitos, pero se requiere que sean plasmados en leyes y que los gobernantes sean los primeros en acatarlas”. “De la desigualdad de recursos y la extrema pobreza nace el conflicto”.

No faltó quién dijera que el odio tiene mucho en común con el amor en el sentido de que trasciende a la persona para instalarse en otra y, para alimentarse, crea una dependencia enfermiza de la persona a quien odia. El odiador llega al extremo de ceder hasta su propia identidad en el proceso de odiar. El odiador se consume y no conoce la paz.

Alguien describió a la persona que odia: Tiene cara seria, agria, se ofende con demasiada facilidad, usa palabras ásperas y malsonantes, maldice, grita, y es incapaz de tomar distancia para darse cuenta de sus propios atropellos. El odio permea todo su ser y lo ciega a toda oportunidad de cambio.

La segunda parte de la conferencia versó sobre ‘Cómo resolver el conflicto a través del diálogo y la democracia’, pero ni el uno ni la otra fue considerada como solución definitiva al problema del odio. Se llevó a la mesa y se hizo hincapié en que la conducta de Adolfo Hitler y la Alemania Nazi nacieron a consecuencia precisamente de las elecciones libres y democráticas, y el odio que engendraron perdura aún en el corazón de los Neo-nazis. Después de mucho deliberar, los grandes llegaron a la conclusión de que para que las democracias no se corrompan con la fuerza destructiva del odio entre las facciones es necesario obtener un antídoto. Declararon que el antídoto para el odio se obtiene al reunir cinco elementos: Educación, Ley, Justicia, Responsabilidad y Amor.

Con definición o sin ella, el odio está presente en las relaciones internacionales: Ojo por ojo, misil por misil. El virus del odio enferma el planeta.

En México, a pesar de las serias deficiencias en los cinco elementos que constituyen el antídoto del odio, este todavía no se instala en la gente castigada por las circunstancias dramáticas y visibles. Son muchos los mexicanos con hambre. Pero todavía queda una brizna de esperanza en la gente del campo, donde hasta los perros y los cerdos padecen hambre. No hay odio en los ojos de los niños que cada día en mayor número se alimentan de limosnas al lavar los cristales de los coches. No se percibe el odio en la gente que regresa fatigada de fábricas y maquiladoras, aunque saben que el salario no es suficiente para mantener a la familia con dignidad. Tampoco en los desempleados. Ni en los deportados. Tal vez cuando fueron perseguidos por la patrulla fronteriza al cruzar el Bravo el corazón les dio un vuelco al sentir en ellos una mirada helada, vacía de todo calor humano. Pero sus caras no reflejan odio, todavía no, sino una enorme pesadumbre del alma.

Conclusión: “De la extrema pobreza nace el conflicto”.

El pueblo de México espera. Todavía.

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26 Noviembre 2017 04:00:00
¿Me enseñas?
Comprueban los especialistas en comportamiento humano que aún en las universidades más prestigiadas se padece una tremenda crisis de valores que se manifiesta en la sociedad en conductas cada vez más individualistas, sádicas, escalofriantes, corruptas.

Las sociedades del mundo entero están en crisis por falta de maestros. Maestros que con palabras henchidas de mágicas seducciones guíen a los alumnos a través de los oscuros laberintos del misterioso y complejo mecanismo de la conducta humana.

El magisterio, como medio de subsistencia, no es debidamente valorado en las sociedades contemporáneas, orientadas al consumo. Pero aunque la profesión de maestro sea con frecuencia poco reconocida o mal remunerada, tanto en los países del primer mundo como del tercero, todavía hay maestros. Ellos son los verdaderos héroes de nuestros días. Trabajan con la esencia más preciosa del universo: Las mentes y los corazones de infantes y adolescentes en cuyas manos depositamos el futuro.

Porque si bien la ciencia ha avanzado en grado superlativo en el área tecnológica y computacional, y ha logrado conocer por medio de huellas dactilares el dibujo de una piel, se requiere de profunda intuición para penetrar el cerebro humano y abrirlo a la imaginación y a la voluntad de discernir. Es un trabajo delicado: Requiere una enorme calidad humana para crear un ambiente con palabras que mezclen la severidad y la dulzura, y que envuelvan la realidad con la esperanza.

El trabajo del maestro no consiste tanto en enseñar datos y fórmulas, sino producir en el alumno amor y estima por el conocimiento. El estudio no se considera como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber. Los maestros brillantes se recuerdan con aprecio, pero con mucha gratitud a aquellos que tocaron los sentimientos; aquellos que hicieron nacer en el alumno un deseo grande de aprender.

Mas, ¡ay!, qué increíblemente difícil es ser maestro. ¿Quién sabe de la energía, el esfuerzo, la pasión que invierte al preparar su cátedra? ¿Quién sabe cuánto se desgasta y se consume tratando de iluminar los cerebros dormidos, perezosos? Para el maestro es perdurable el fervor y pasajero el desencanto.

Las ideas son frágiles y suelen permanecer en estado latente mucho tiempo antes de dar fruto. Las ideas, cual pequeñísimas semillas de mostaza, revolotean, juegan, se esconden, se pierden. Unas caen en cabeza dura y mueren. Otras caen en corazones agrios, resentidos, aburridos, y se asfixian. Pero unas cuantas ideas caen en cerebro húmedo, cálido y fértil y ahí se incuban. Tal vez tarden en dar fruto, pero están ahí.

Un día, sin saber por qué ni cómo ni cuándo, la semilla cobra vida, y poco a poco penetra la mente llenándola de luz. Se dispara la chispa que incendia la voluntad y provoca que la idea descienda lentamente al corazón. Lo acaricia, lo envuelve, lo posee; la idea cobra vida y, del campo cognoscitivo pasa al campo afectivo. Al despertar la voluntad, se hace acción. Y, como la minúscula semilla de mostaza, llega a convertirse en frondoso árbol.

El proceso es lento, penoso, requiere un maestro enamorado de la educación holística orientada hacia la unidad mente-cuerpo-espíritu. Un maestro que ha aprendido a conjugar la ciencia y el humanismo. Aquél que se deja iluminar por su mismo resplandor, y se consume por su propia llama.

La misteriosa y lenta maduración de los valores requiere de maestros que tiren su semilla al aire y no les importe dónde germine, ni quién recoja la cosecha, ni cuándo. El maestro no muere: Su presencia perdura en las mentes, corazones y acciones de los que reciben el regalo de sus semillas. Sus palabras están ahí, guardadas, esperando el momento y el lugar apropiados para cobrar vida.

Es grato recordar lo que dicen los filósofos: “Donde hay educación no hay distinción de clases. Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad. Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo.”


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19 Noviembre 2017 04:00:00
¿A quién creer?
En radio, prensa, televisión y redes sociales se comenta el pánico que experimentamos los mexicanos en los últimos tiempos. Marchas de manifestantes, críticas al gobierno federal en cartelones, grupos de encapuchados con la intención de reventar el aeropuerto del D.F., gritos irascibles: “Ya estamos cansados”.

No sOlo están cansados los jóvenes, también los mayores. La gente compra muy fácil las noticias de nota roja: El miedo vende. Las noticias de progreso, de logros, de buenas acciones, permanecen escondidas en las últimas páginas y nunca hay tiempo para llegar a ellas. Dicen los psicólogos que nos hemos habituado al pesimismo, y las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas. El miedo hace a las personas creer lo peor en todas las circunstancias; así pues, la depresión es inevitable.

Para romper las cadenas del miedo se necesita mente sosegada, voluntad decidida, acción vigorosa, cabeza de hielo, corazón de fuego y mano de hierro. El miedo impide toda acción positiva. Estamos en tiempos de crisis, no cabe duda, crisis económica y de seguridad, pero hay otra crisis de la que se habla poco y que es más grave que las otras dos: Crisis de credibilidad. Un rumor puede acabar con un individuo y también con una nación. El rumor es el pan nuestro de cada día: Rumores van, rumores vienen. Es muy grave perjudicar el buen nombre de las personas, pero es funesto cuando el rumor atenta contra el prestigio y la estabilidad de una nación. El peor fracaso es la pérdida del entusiasmo. Nunca se despoja tanto a una nación como cuando se le roba la esperanza en el futuro.

Nuestro país exige de nosotros alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar y, especialmente, en el comunicar. Debemos exigir lo mismo de nuestros representantes y de nuestras instituciones. Existe un vacío de conocimiento de la realidad que vivimos: Los medios de comunicación no expresan las causas originales de los problemas que nos oprimen, sólo las consecuencias.

Exigimos una comunicación integral encaminada a la prevención de los desastres para que la sociedad pueda participar en la resolución de los conflictos. La cultura de la prevención no se instala si no cuenta con una ciudadanía participativa, educada.

Reconocemos que es difícil purificar la comunicación humana y despojarla de contaminantes. También es complicado desinfectar de pasiones humanas y de intereses personales los mensajes. El número de tonalidades con que se puede colorear el significado de una noticia es infinito, e infinita también la variedad en su interpretación. El mensaje cuya intención sea mejorar nuestra calidad de vida deberá vestirse con sus mejores galas: Veracidad, claridad y precisión. El medio deberá ser el apropiado para que el mensaje sea recibido con fidelidad. El momento deberá ser exacto: No antes ni después. Hasta ahora, todo parece indicar que se fija la atención solo en la emergencia que vivimos, y no en la cultura de la prevención. Cuando las situaciones empeoran es más fácil encontrar culpables que inocentes.

Una sociedad que se alimenta de prejuicios, temores y mala prensa es una sociedad que se nutre de excusas para quedarse quieta, apabullada. Un prejuicio puede ser lo más perdurable que exista en el espíritu humano. Los mitos se instalan en la mente por la falta de conocimiento.

¿Quién dice la verdad sobre los sucesos que nos han desgarrado el alma? Nuestro país aumenta la mitificación de la realidad basada en el miedo. Así como las aves no salen de su jaula, de la misma manera los que ignoran qué es el bien y dónde está el mal no escapan de su miseria. Unos dicen que la imaginación abre a veces unas alas grandes como el cielo en una cárcel pequeña como la mano. Otros aseguran que buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.

Solo venciendo el miedo es posible crear una sociedad nueva. La gente que no tiene miedo, piensa, actúa, abre caminos y es libre; vence miedos y afronta incertidumbres. Avancemos por la vida como si el fracaso no existiera. No hagamos caso de nuestros temores. No envidiemos el canto del pájaro que vive cómodamente a salvo dentro de su jaula dorada, porque la libertad de expresión es más valiosa, a pesar de los riesgos que conlleva.


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12 Noviembre 2017 04:00:00
El reto
Al confirmar que Japón y Alemania Occidental son los diseñadores de productos más eficientes y competitivos en el mercado mundial, Estados Unidos buscó la causa del éxito de sus competidores, y la ha encontrado: Para los nipones y alemanes las Bellas Artes son materias básicas desde jardín de niños hasta preparatoria, mientras desde los años sesenta, la gran mayoría de países del mundo ha olvidado la correlación entre arte y calidad, época en que se redobló la carrera armamentista.

La evidencia cada día más contundente de que a través del arte es posible no solo curar el cuerpo y el espíritu, sino mejorar la calidad humana, ha provocado que muchos educadores apoyen la idea de que el arte en las escuelas no es un lujo. El arte sensibiliza a la persona al mundo de los valores, y debe ser una exigencia en las aulas, tanto por su poderosa fuerza motivacional como por sus extraordinarios resultados.

¿Cómo rehabilitar a niños y jóvenes destrozados a palos y balas en el violento mundo de los adultos? Las víctimas de sociedades cada vez más deshumanizadas reciben a través del arte ‘la terapia milagrosa’ en los Centros de Traumatología más avanzados. Las Bellas Artes han probado una vez más ser un medio eficaz por su extraordinaria fuerza rehabilitadora. Talleres de música y pintura fortalecen el cuerpo y el espíritu disminuidos por la violencia característica de nuestra Era.

Dentro de las Bellas Artes el valor terapéutico del teatro es incalculable. Los niños y adolescentes expresan el vacío interior que experimentan, y la pérdida del sentido de la vida. Los ‘sociodramas’ enseñan a niños y jóvenes a manejar sus emociones y conflictos. Así resuelven en parte la tremenda soledad en que viven en un mundo tecnológico, superficial, repleto de adultos indiferentes.

El poder educativo del teatro es increíble. A través de la actividad gozosa de hacer teatro, se despierta la sensibilidad hacia el entorno: Primera etapa del compromiso social. Al representar una historia con juego de luces y sombras bajo el sortilegio de bellas melodías, los personajes infunden sentido a las palabras y revisten de magia las ideas. Y… ¿quién puede predecir las proporciones que alcanza una idea cuando se instala en la mente de un niño o un adolescente?

La historia habla de grandes transformaciones sociales inspiradas por el arte. El encanto y creatividad de las obras teatrales ejerce su hechizo sobre los espectadores, quienes al registrar estados de conciencia más plenos, sueñan con la posibilidad de mundos nuevos, de una más sana y más justa convivencia.

Cada vez un mayor número de países exige que se incluyan las Bellas Artes en los programas escolares desde párvulos. Considera que es urgente elevar el rendimiento académico, adecuándolo a las exigencias de la Nueva Era Tecnológica. Los estudiantes deben aprender a trabajar en equipo, comunicarse, cultivar el razonamiento creativo, incrementar la estima personal, imaginación e inventiva: Precisamente las cualidades que las Bellas Artes desarrollan.

Los programas televisivos ofrecen un magnífico medio para promover el desarrollo humano que exige una sociedad sana y competitiva. La creciente inconformidad de airados padres de familia en el mundo entero por el material violento y pornográfico de películas y series televisivas, ofrece a escritores y guionistas la oportunidad de diseñar programas originales cuyos personajes encarnen los valores que harán de nuestro mundo un lugar seguro, bello, justo, donde los seres humanos puedan convivir en armonía.

Tomando en cuenta el talento y la capacidad de muchos de nuestros filósofos, maestros y actores mexicanos, sólo falta que escritores y guionistas recojan toda la espontaneidad, alegría y generosidad de nuestro país, y la presenten en telenovelas para auditorios juveniles e infantiles a nivel exportación. No solo se beneficiaría nuestra niñez y nuestra juventud, sino el mundo entero se enriquecería con los valores propios de nuestra mexicanidad.

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05 Noviembre 2017 04:00:00
El sueño de México
La historia nos habla de los caminos solitarios que recorrieron los libertadores de nuestro país. Caminos de soledad en la noche fría. Cierto, también fueron caminos de fe, recorridos entre persecuciones, combates y una esperanza inquebrantable.

Dice –entre líneas- la historia de México que los libertadores fueron hombres y mujeres que supieron pagar el precio del liderazgo. Seres que buscaron el silencio quemando sus horas en la noche en espera de la claridad de la aurora. En el silencio conocieron lo que había de hacerse, por qué, para qué y cómo. Seres que tuvieron la visión de ver más allá de su piel y supieron voltear hacia atrás, a los lados y marcar el rumbo hacia adelante.

En el fuego de su espíritu tuvieron un sueño, un soñar despiertos. La visión y la osadía de confiar y de creer que no solo aquel sueño era posible sino que había que hacerlo realidad, A pesar de las críticas, zancadillas, golpes bajos, presiones, amenazas y traiciones no se quebraron.

En su largo y oscuro sendero se mantuvieron a la estatura de los robles que, entre más azotados por el viento por los falsos testimonios, fueron más firmes en su propósito. Personas recias, de convicciones, de ideales, que arriesgaron la vida para salvar a su gente de la opresión, de la pobreza, la ignorancia, y la dependencia. Ello implicaba hacer un trabajo comprometido y cuidadoso. Hacerlo bien y con gran devoción.

¿Y qué de un país que tiene infinidad de recursos pero le falta coraje para ponerse de pie? ¿Cómo echar a andar los talentos y habilidades del que se ha caído por las circunstancias en que vive y cree que solo no puede caminar? ¿De aquél que se apoya en otros porque no confía en sus propios pasos?

Se paga un precio para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Se requiere de un líder que piense más allá de sus intereses personales, y esté dispuesto a luchar y trabajar con el mismo entusiasmo cuando se trate del beneficio propio como cuando se trate del beneficio de los demás. Una persona que sueñe y se prepare en el silencio, con objetividad. ¿Contradictorio? No. Primero son los sueños, los ideales, las convicciones, las utopías, el compromiso personal. Un pesimista nunca ha sido líder.

Después de un análisis sereno y realista, se determina lo que se debe cambiar en el país. Se utiliza la razón y la imaginación para tender puentes entre lo que es y lo que puede ser. Hay peñascos en el camino; muchos obstáculos. Esos hay que enfrentarlos, brincarlos o darles la vuelta, pero nunca detenerse a causa de ellos.

La valía de un libertador será medida por la cantidad de poder y adulación que pueda soportar sin envanecerse. Sus afectos serán puestos a prueba: Aquellos por los que está luchando serán los que menos lo comprendan. El libertador es un ser solitario, consecuencia del mismo liderazgo, que camina en el desierto. El elevarse sobre los demás -la responsabilidad eleva- es separarse de ellos de alguna manera. Renuncia a sus deseos personales, aunque legítimos, por una causa superior. Es una forma de entrega, que va contra el egoísmo. Más cómoda es una vida sin entrega, aunque no más feliz. Su férrea voluntad, esa fuerza superior que lleva siempre consigo, es la que le da su seguridad e independencia.

Así pues, a los que esto leen, ¿qué tesoros han encontrado en sus silencios que puedan aportar a la nación? Los talentos que se quedan encerrados asfixian. Y siendo la solución de nuestra presente crisis la máxima utilización de recursos y talentos, ¿quién está dispuesto a pagar el precio y ser un libertador?

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29 Octubre 2017 04:00:00
Nuestra realidad
La realidad para los latinoamericanos se ha vuelto cada vez más opaca y compleja. Las personas necesitan información verídica, confiable, no rumores. Hoy miran con dolor y desconcierto una realidad que es gigantesca y difícil de interpretar. Los fragmentos dispersos de información no logran unificarse y se pierde el significado coherente de los acontecimientos. Cuando las personas reciben esta fragmentación y limitación suelen sentirse frustradas, ansiosas, angustiadas, impotentes. La realidad social resulta amenazante y, para no pocos, provoca sentimientos de impotencia al carecer de voz en los acontecimientos.

Los pueblos latinoamericanos vivimos hoy una realidad marcada por la violencia. La profanación de nuestro suelo se ha vuelto el pan nuestro de cada día; se ha instalado de tal manera que su capacidad de manipular se ha vuelto enorme, y la red de noticias globales comunica nuestra desventura a todos los rincones del planeta. Los medios de comunicación han invadido todos los espacios y todas las conversaciones, introduciéndose también en la intimidad de los hogares.

¿Cuáles son sus consecuencias? Este fenómeno afecta todos los ámbitos de la vida social: La cultura, la economía, las ciencias, la educación, el deporte, las artes y, sobre todo, la religión. México se define como un país cristiano, pero ¿en realidad lo es?

Hoy más que nunca los mexicanos necesitamos recuperar la dignidad y plenitud de vida. Requerimos que nos consuma el amor a la patria y a la familia para llevar al corazón de la cultura aquel sentido unitario y completo de la vida humana, que ni la ciencia, ni la política, ni la economía ni los medios de comunicación podrán proporcionar.

La forma de actuar de nuestro gobierno afecta la vida de nuestro país, nos confunde, y no representa el sentido religioso y ético de nuestras comunidades que buscan en el caos, infatigablemente, el rostro de Dios.

Cristo dijo a los doce que ellos podían y debían cambiar el mundo. Fue un reto que asumieron los apóstoles. A cuarenta años de la muerte de Cristo ya habían extendido su palabra al mundo civilizado. Ciertamente la palabra de Cristo era muy diferente de las religiones practicadas en ese entonces. El sentido religioso de la época era “cumplir” con Dios mediante rituales escrupulosamente elaborados, incluyendo sacrificios humanos, y una estricta observancia de sus reglamentos.

La llegada de Cristo cambia radicalmente el sentido religioso; para Él, la religión no es un “cumplir”, sino un vivir, un compromiso basado en el amor. Amor a Dios y amor a los semejantes. No un “ojo por ojo, diente por diente”, sino un perdonar, e intentar de nuevo. Él no viene a juzgar a los hombres. No viene a condenar, sino a salvar. A mejorar el trato con los demás. Es perseguido porque su doctrina de compromiso y justicia social amenaza la estructura del Imperio Romano.

Si tomamos como punto de referencia las estadísticas, advertiremos que casi el 90% de los habitantes de América Latina nos decimos cristianos. Pero ¿realmente lo somos? Cristiano es aquél que evita que el mundo se descomponga, que los valores mueran, que la vida se destruya, que la familia se acabe. El cristiano se mezcla con las realidades del mundo: no está peleado con la política, ni con la economía, ni con los deportes. No está peleado con los medios masivos de comunicación. El cristiano se mete en el mundo conservando su identidad. Es valiente, no huye; no se asusta, penetra en el ambiente para buscar nuevos caminos de justicia, de paz y de bienestar.

El cristiano debe iluminar la obscuridad de la adversidad, dar el sentido de eternidad a la vida, y llenar de sentido espiritual lo material. Está llamado a llevar a Cristo como la luz: Sin molestar, sin herir, sin dañar. No increpando a los que dudan, sino iluminándolos. No destruyendo, sino construyendo. No condenando, sino amando. Así como la luz, de trato suave, delicado, exquisito, el cristiano está llamado a ordenar el mundo, a esclarecer lo confuso, a encontrar El Camino en el laberinto de las circunstancias en que se desenvuelve, a desarrollar una sensibilidad para el bien y la justicia. Así convierte con delicadeza la noche del abatimiento en día de fe, confianza y seguridad.

En el corazón y la vida de nuestro México late aún un fuerte sentido de esperanza, no obstante las condiciones en que vivimos que parecen ofuscar todo anhelo. Aún escuchamos a las familias orar unidas: “Quédate con nosotros, Señor, porque atardece y el día ya ha declinado. Quédate con los más vulnerables, con los pobres y humildes, con nuestros niños y nuestros jóvenes, que son la esperanza y riqueza de nuestro continente. Fortalécenos a todos en la fe para ser verdaderos discípulos tuyos”.

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22 Octubre 2017 04:00:00
Tentaciones de la juventud
El hombre sacó una pistola y disparó una y otra vez a cuatro adolescentes en el salón de actos de una escuela secundaria norteamericana. Los chicos cayeron fulminados por las balas y fue tan real la actuación que arrancó gritos de terror del auditorio.

El conferencista Montel Williams, apuesto afroamericano de 35 años de edad, graduado en la Academia Naval estadounidense, oficial de inteligencia retirado, entrenado en Rusia y en China, descubrió que tenía dotes de orador y que era grande su compromiso en encontrar una solución a los problemas de la juventud: Drogas, alcohol, embarazos tempranos, deserción escolar. A solo nueve años de su jubilación dejó el puesto para dedicar tiempo completo a los adolescentes de Norteamérica.

Las balas de mentira son uno de los trucos que utiliza para llegar a las juventudes. Grita a voz en cuello: “Montaña, montaña…” Y rueda por las gradas arrancando risitas nerviosas de los chicos. “Montaña, montaña, retírate de mi camino.” De un salto sube espectacularmente al foro y resbala de un extremo a otro. Montaña es el símbolo que Williams utiliza para representar las tentaciones de la juventud. Ha cautivado al auditorio.

“Si salen a las calles a comprar droga, las balas serán balas de verdad. Los malvivientes que venden droga les robarán el dinero y la vida.” Su estentórea voz cimbra hasta la última butaca. Insiste en que la educación y la buena vida van de la mano y que los narcóticos están casados con la cárcel y la muerte. Ante el desconcierto de los chicos, les habla en ruso y chino. “Si dejan la escuela, jamás hablarán ni chino ni ruso y cuando los chinos y los rusos obtengan sus títulos en inglés y se establezcan en Estados Unidos con una buena profesión, ustedes estarán dorando papas en McDonald’s y lustrando sus zapatos.”

A las chicas les dice sin rodeos. “Grávense bien esto para toda la vida: JAMÁS se acostarán con un hombre para obtener drogas, o vestidos, o para que les pague la renta porque ustedes valen mucho para venderse.” A los chicos les grita: “No los considero todavía hombres aunque ustedes crean que ya lo son. Dios les dio el equipo para hacer bebés, pero les dio algo más precioso: el cerebro. Dios quiere que aprendan a ser responsables. Y si hacen un niño, más les vale que se dediquen a cuidarlo.” El auditorio estalla en aplausos.

Hace algunos años Williams comenzó a hablarles a los muchachos sobre las “Tres Erres” (Responsibility, Restraint, Respect): Responsabilidad, Abstinencia y Respeto. Afirma que si los chicos creen en las tres erres y se arman de educación y de fe moverán montañas: Combatirán el alcohol, las drogas y el sexo temprano. Pasa a los maestros al foro y grita a los chicos: “Ante ustedes, las personas que harán posible un buen futuro, respétenlas.”

Los chicos, emocionados, lo rodean después de cada actuación: “Si mi hermana hubiera escuchado tus palabras, no se hubiera suicidado.” “Tú me has ayudado a dejar las drogas.” “Nunca nos abandones.”

¿Por qué se drogan los chicos? Williams dice que piden a gritos atención, afecto y respeto: Sufren angustia vital. Afirma que les hemos enseñado que cuando se tiene un problema, hay que tomar una bebida para sentirse mejor. Los chicos toman y se drogan más cada día y recurren al sexo a edades más tempranas.

Dejan la escuela. No les hemos enseñado a manejar los conflictos: No es suficiente que aprendan a decir no a las drogas, sino que aprendan también a decir sí a la autoridad, a la disciplina y a la responsabilidad.

Hollywood lo ha contratado para una serie televisiva. Asegura que aunque la serie no trata siempre de tópicos concernientes a la juventud, él insistirá en cubrir esos temas. ¿Durará su determinación en el mundo de celuloide? Williams afirma que su compromiso es de por vida: Lo lleva muy dentro de su corazón.

Detrás de las rejas de las ventanas de la escuela, semejantes a las de una prisión, se escucha el coro de los chicos, quienes entusiasmados lo despiden: “Montaña, montaña, apártate de mi camino.”

“Si tienen fe y educación, moverán montañas”, contesta Williams.

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15 Octubre 2017 04:00:00
El poder de la imagen
¿Ésta es la democracia más avanzada del mundo? ¿El Sueño Americano? La contienda entre Demócratas y Republicanos para la candidatura a la Presidencia de Estados Unidos en las últimas elecciones estadounidenses se volvió viral y encarnizada en los medios de comunicación. Los analistas políticos estuvieron de acuerdo en que las imágenes televisivas hacen la diferencia entre ganar o perder la Presidencia de Estados Unidos. El que tenga más dinero para vender su imagen tiene mayores
posibilidades de ser el ganador.

Neil Postman, sociólogo, y crítico cultural estadounidense, hace 25 años predecía el futuro de la Era de la Información y ya cuestionaba la actitud pasiva de los televidentes: “¿Qué ha pasado con la actitud crítica de la ciudadanía? Se deja llevar por los anuncios políticos pagados que a través de anuncios fríamente calculados por la mercadotecnia de punta, proyectan una imagen de honestidad, eficiencia, compromiso social, preocupación por los marginados, y todo es mera actuación ante las cámaras. La televisión es utilizada para transmitir imágenes de personas profesionalmente
maquilladas”.

No alcanzó a presenciar el espectáculo bochornoso en que se convirtieron las elecciones USA; tampoco vio la falta de escrúpulos de los políticos que los induce a disminuir al contrincante frente a las cámaras hasta casi acabar con él. Se adelantó a su tiempo cuando vaticinó las consecuencias que en la conducta humana tendría la aplicación de la informática en el mundo de alta tecnología: “Cuando la computadora filtra todos los hechos; cuando la diosa Tecnología nos dice que realmente podemos poseer toda la verdad a través de la información, no nos advierte que podemos caer en la pasividad, en la dependencia, el creer todo lo que se nos dice sin cuestionarlo, o sin entenderlo. Como personas somos sujetos a errores de interpretación si no desarrollamos una actitud crítica, y de no hacerlo perderemos nuestra humanidad”.

No es para morir de risa, sino como para llorar el hecho de que inclusive los ciudadanos del país más poderoso del mundo, a pesar de su educación, se dejen impresionar más por la apariencia que por la capacidad de gobernar de sus candidatos. No importa la preparación del candidato/a y su disposición a servir: Las últimas encuestas reflejan una marcada tendencia a votar por la imagen. Tiene mayores probabilidades de triunfo un buen actor que un buen estadista.

Neil Postman acuñó el término Media Ecology, ‘Ecología de los Medios de Comunicación’, para definir el efecto que los medios ejercen en la percepción humana, en el entendimiento, los sentimientos y los valores, y cómo esa interacción facilita o impide nuestra calidad de vida. Neil describió el complejo sistema de mensajes subliminales a través de los medios que se imponen a los televidentes y que influyen en su manera de pensar, sentir, y comportarse. “Las imágenes estructuran lo que vemos, decimos y hacemos.”

Es tan poderosa la imagen que puede determinar quién gana y quién pierde en unas elecciones que afectarán al mundo entero: “Vivimos enterrados en basura de datos y sin una escoba para retirarla”. Se ha roto el vínculo de la comunicación auténtica del ser humano. La información es ahora un artículo que se compra y se vende, se da o se quita indiscriminadamente según los intereses del informador; va dirigido a nadie en particular y al mismo tiempo a todos, en cantidades voluminosas, con la rapidez del rayo, desconectada de significado.”

La información llega sin ser cuestionada, y no tenemos un instrumento para tejer los datos aislados en un tapete que nos dé una visión de la realidad. Los televidentes por lo general no tienen acceso a puntos de vista que expongan en noticieros la importancia de la elección en el aspecto moral, social, y económico y las consecuencias para el futuro de
nuestro país.

Pudiésemos confundir los avances de la tecnología en informática con el progreso humano pero caeríamos en un grave error: La demasiada información no resuelve la problemática actual, sino que la agrava. No proporciona a los televidentes los datos trascendentales que necesitan: El sentido de justicia, responsabilidad, valor, y compasión de un candidato, y se pierde en intrascendencias como cuánto han gastado en ropa y accesorios o cuánto dinero han recabado o gastado en la campaña.

Es necesario abrir nuestro criterio para permitir que la ciencia tecnológica elimine la superstición que en ocasiones substituye a la religión, y que la religión purifique a la ciencia de la adoración a la verdad absoluta, que proclama el falso dios de la tecnología.

La ciencia y la religión, unidas, pueden llenarnos de esperanza, ser dadoras de vida y de promesa si aprendemos a reverenciarlas con sabiduría y con fe. Ciencia y religión pueden proporcionarnos una visión para el futuro basada en ideales, en reglas de conducta para mejorar el ambiente social, en fuente de autoridad moral y, sobre todo, en imágenes e ideas que ayuden a dar sentido a nuestras vidas en un mundo que se encuentra en caos.

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08 Octubre 2017 04:00:00
Rumores
Un jeroglífico persa encontrado en una piedra de mármol en la ciudad de Persépolis, decifrado por un misionero en el año 1730, dice:
_No juzgues todo lo que ves, porque el que juzga todo lo que ve muchas veces juzga lo que no es.

_No creas todo lo que oyes, porque el que cree todo lo que oye muchas veces cree lo que no debe.

_No digas todo lo que sabes, porque el que dice todo lo que sabe muchas veces dice lo que no conviene.

Los persas sabían la fuerza tan destructiva que puede tener un rumor. Es un enemigo invisible que ataca por la espalda. No existe posibilidad alguna de defenderse de él.

Cuentan que un hombre arrepentido de haber iniciado un rumor que destruyó la honra de una persona, lloró su culpa, y quiso enmendar su falta. Se acercó al que había ofendido, y le dijo: “Perdóname, ¿qué puedo hacer para devolverte la honra?” Y le contestó: “Te perdono el daño que me hiciste, pero en cuanto a devolverme la honra, una vez que se ha atentado contra ella, es casi imposible recuperarla. Si tiras al viento las plumas de ave desde lo alto de la montaña, ¿Cómo podrás recogerlas? Así la honra y el prestigio, una vez que se pierde, ¿cómo recuperar la confianza?”
Un rumor puede acabar con un individuo, y también puede acabar con una nación.

¿Cómo y por qué se inician los rumores? Algunas veces se inician en forma inocente, otras, en forma deliberada. Una persona esclava de sus temores puede, inocentemente, iniciar un rumor diciendo: “Dicen que el dólar va a subir a 50 por uno”. Nadie le ha dicho tal cosa, nadie; la mueve un deseo inconsciente de buscar información que contradiga su afirmación, y en esa forma aliviar sus temores. Otra puede en forma ‘inocente’ afirmar algo a manera de sondeo, pretendiendo con una mentira, obtener una verdad. Otra más desea llamar la atención e inventa algo ‘novedoso’, o puede relatar un hecho en forma descuidada, añadiendo o substrayendo algo, desvirtuando el acontecimiento.

El rumor ‘inconsciente’ es uno de los más peligrosos porque el que lo inicia ni siquiera se da cuenta de lo que está haciendo: Escucha algo, lo registra en su mente en forma equivocada por prejuicios personales o experiencias pasadas, y lo repite distorsionado, revistiéndolo con sus fantasías y suposiciones.

Hay también el rumor deliberado, aquél que se genera en forma consciente con el objeto de perjudicar a alguien o a algo, y que llega a alcanzar proporciones gigantescas. Hay mil formas de iniciar los rumores; inconscientes o deliberadas, ambas de consecuencia trágica, trátese de personas, o naciones.

Para los mexicanos es el pan nuestro de cada día. Rumores van, rumores vienen, afectando nuestra economía, nuestro prestigio, nuestro decoro, nuestra confianza. Es muy grave perjudicar el buen nombre y el prestigio de las personas. Es funesto acabar con la confianza en la nación.

Hace tiempo le preguntaron a un gran estadista oriental a qué atribuía que su pueblo le siguiera tan fielmente, aún en épocas de crisis. Les contestó:
_Al pueblo hay que darle tres cosas: Alimentación confianza y ejército.

Su interlocutor, asombrado, respondió:
_¡Darle tres cosas a un pueblo con problemas, son
demasiadas!
El estadista respondió:
_Pues entonces le quitaría el ejército y le dejaría las dos primeras.

El otro insistió:
_Pero si tuviese que darle solo una de esas dos, ¿cuál preferiría?
Le quitaría yo la alimentación. Un pueblo, al igual que un hombre, puede carecer de todo, hasta de alimento, pero nunca subsistir sin confianza. Confianza en Dios, confianza en el futuro, confianza en su gobierno, confianza en sí mismo.
Este estadista era un hombre sabio. Sabía que el bienestar y la grandeza de una nación se fincan en la confianza; tal es su poder.

¿Confiamos los mexicanos en nuestros partidos políticos? ¿Confiamos en el INE, o en el TRIFE? ¿En la Suprema Corte de Justicia? ¿En los candidatos a la Presidencia de México?

La irreflexión y los rumores nos están llevando al desastre. Sin brújula: Cada quién ve lo que quiere ver, oye lo que quiere oír, y dice lo que se le antoja. Corremos el riesgo de perder, inclusive, la soberanía de nuestra nación a lengüetazos.
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01 Octubre 2017 04:00:00
A planchar las alas
Unos dicen que fue Pandora quien abrió la caja. Otros afirman que el marido de Pandora la destapó. La mitología griega despeja la duda: Pandora, la primera mujer terrenal, recibió de la diosa Atenea el don de la gracia y el talento. Desposada con Epimeteo -el primer hombre-, llevó como presente de Zeus una caja donde estaban guardados todos los males. Epimeteo abrió imprudentemente la caja de la que se escaparon todas las calamidades que afligen al género humano: Solo quedó en el fondo la Esperanza.

La mitología griega, ya desde entonces, subrayaba el hecho de que cuando se sienten los seres humanos acobardados por las calamidades, la Esperanza abre sus alas, se acerca, y al oído, les recuerda que no se ha escapado; que se quedará con ellos para siempre.

Las personas que vencen las calamidades no ven las piedras como piedras, ni los cactus como simples nopales. Alguien comentó que un montón de rocas deja de serlo en el momento en que la persona que lo contempla lleva dentro la imagen de una catedral. La gente que sale adelante es aquella que se levanta de su poltrona y sacude el abatimiento. Se entusiasma con una idea, utiliza con creatividad sus recursos, planea hasta el último detalle; busca las circunstancias adecuadas. Y si no las encuentra, las crea.

La necesidad de sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo ha desencadenado la necesidad de formar nuevos bloques comerciales. ¿Quiénes sobrevivirán? Aquellos que logren ofrecer el mejor producto, a tiempo, al menor costo. Los últimos lustros -por no decir sexenios- han desmoralizado a muchos. Sin embargo, en la era de la comercialización, es nuestro deber salvar lo más valioso de nuestra cultura para incorporarla al haber de la Cultura Universal.

Un estado de emergencia priva en todo el mundo. El proceso de globalización sigue su marcha implacable. Con la mira puesta en producir más y mejor a un menor costo, ¿qué sacrificios nacionales nos vemos obligados a hacer? Los últimos lustros, -o sexenios-, han desmoralizado a muchos. En la era de la comercialización, ¿cómo salvar lo más valioso de nuestra cultura, para incorporarla al haber de la Cultura Universal? ¿Cómo conservar nuestros valores nacionales? ¿Cómo promover nuestra cocina y nuestros lugares paradisiacos?

La cadena televisiva CNN, en un documental sin precedentes, hace gala de nuestra cocina mexicana: 3,000 años de historia culinaria. Uno de los más prestigiados restaurantes neoyorquinos sirvió de elegante marco a una brillante exhibición de platillos mexicanos: Desde los más comunes hasta los más sofisticados. El comentarista, con lujo de detalles, describía cada platillo y su procedencia, haciendo alarde de su exquisito sabor y contenido nutritivo. Sugirió incorporarlos a la cocina estadounidense. Todo un espectáculo: Nuestra música instrumental de fondo, preciosos manteles bordados a mano, vajillas mexicanas, y una impresionante decoración de fuentes de exóticas frutas y flores dieron realce al evento.

Poco a poquito se está conformando de nuevo el rostro de México: Ferias, exposiciones industriales además de los medios de comunicación han demostrado ser instrumentos eficaces de promoción. Pero, ¿qué sucedería si los turistas se dejaran llevar por la publicidad y no encontraran lo ofrecido?

Es urgente guardar en la caja de Pandora todos los males nacionales que nos aquejan, rescatar la Esperanza y cerrar la caja para siempre.

Poco a poco habremos de secar nuestras lágrimas por la tragedia que recién ha sacudido a México desde su base. Las oraciones continuarán, la ayuda material a los damnificados seguirá. Aún palpitan con fuerza nuestros corazones al recordar la calidad humana de quienes estuvieron presentes en el siniestro salvando vidas de entre los escombros. No por un pago en efectivo, sino por solidaridad y amor a nuestros hermanos en desgracia. Hombres y mujeres trabajando juntos por una causa común: Un hecho que estremece el alma y nos llena de esperanza para crear una patria nueva.

Hoy es el tiempo de arremangarse la camisa y ponerse a trabajar; retirar escombros, barrer las calles, sacar escobas y brochas, pintar las fachadas, sembrar flores.

Llegó la hora en que las mariposas planchan sus alas.

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24 Septiembre 2017 04:00:00
México, creo en ti
La mejor historia de esperanza que nos ha dejado el sismo es el profundo sentido de solidaridad del pueblo mexicano ante la tragedia de los hermanos en desgracia: No son decenas los edificios colapsados, son cientos, incluyendo inmuebles modernos y torres de departamentos.

México ha temblado desde sus raíces. Nada vuelve cuando los vientos del tiempo arrasan con todo. Pero los mexicanos han sacado la casta. Han decidido enfrentar los retos enormes que vienen a futuro. Los tiempos difíciles son tiempos de oportunidades: Los más fuertes ayudarán a los más débiles y así continuará la mística que ha impulsado a México a través de las tragedias.

Los rescatistas voluntarios siguen luchando palmo a palmo con enorme generosidad para salvar vidas. Son muchos los protagonistas voluntarios que participan en el rescate proporcionando líquidos y sólidos para apoyar a los familiares de las víctimas que esperan con angustia que sean salvados de los escombros.

Cuando Hiroshima y Nagasaki fueron exterminados por las bombas atómicas, los futurólogos decían que Japón había muerto: Había perdido casi toda su industria, colegios y universidades, el suelo contaminado, las personas sobrevivientes con los padecimientos de la radiación nuclear. Pero no tomaron en cuenta la enorme fuerza interior que caracteriza a los japoneses, y su orgullo de raza. Se levantaron de las cenizas, se fijaron una meta, se comprometieron con su patria, trabajaron en equipo creando los llamados Círculos de Calidad, y hoy Japón es uno de los países más poderosos del mundo.

La renovación de un pueblo comienza nutriendo la mente de sus habitantes con ideas, opiniones y datos que fomenten una estructura de pensamiento basada en la justicia social y el bien común. Esta lluvia positiva de ideas va penetrando poco a poco, hasta llegar a tocar las fibras más profundas del corazón y de la mente de sus habitantes. Así nace la voluntad de sostenerse sobre los propios pies, y enfrentar las dificultades. Lo arduo de la tarea no importa, es inmaterial, lo que importa es estar convencido de que es posible superar la condición presente y llegar a la meta. Esta actitud positiva de lucha produce el clima propicio para el cambio.

La diferencia en alcanzar el éxito o el fracaso está en que cuando fracasamos, fijamos toda nuestra atención en los obstáculos, y cuando triunfamos, nuestra atención y energía se canaliza a lograr el objetivo. Cuando concentramos nuestros esfuerzos y nuestra atención en los obstáculos, la perdemos. Si hacemos el propósito de alcanzar el triunfo, desarrollaremos suficiente convicción e ímpetu para alcanzarlo. Solo cuando cambian los individuos, cambian las naciones.

El cambio requiere una revolución pacífica, una revolución silenciosa y profunda en el sistema de pensamiento que inicie en los hogares, en las aulas, organizaciones, instituciones. Es urgente y necesario un cambio planificado en todas las estructuras, y eso requiere la transformación de los individuos, la transformación de conciencias y corazones.

Toda renovación exige un balance de los aciertos y de los errores incurridos en el pasado; los aciertos para reconocerlos, festejarlos, y analizar los factores que contribuyeron a hacerlos posible; y los errores, para estudiarlos a conciencia, enmendarlos, y evitarlos en el futuro.

Dice la historia que Thomas Edison tenía la habilidad de visualizar su objetivo, hasta el más mínimo detalle. Se imaginó cómo sería la lámpara incandescente, y aunque falló 1500 veces antes de lograr su proyecto, el pensar en la bombilla le dio energía para persistir una y otra vez hasta lograr su propósito. Y se hizo la luz.

La visión mental de un futuro luminoso hará que nos sobrepongamos a los obstáculos de nuestra condición presente. El proyecto de crear la sociedad justa y digna que todos merecemos es una idea exageradamente ambiciosa, pero por ser tan grande, exige una gran energía de cada uno de los mexicanos.
Y sí, tenemos prisa.

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10 Septiembre 2017 04:00:00
Las razones de la impaciencia
Una serie de destellos semejantes a los de la aurora boreal iluminó el cielo la noche del jueves 7 de Septiembre. Atemorizados, los habitantes compartieron a través de redes sociales el presagio del sismo que sacudiría principalmente a Oaxaca, Chiapas, y entidades aledañas, así como edificios y monumentos en la Ciudad de México.

Una noche de horror. Según datos proporcionados por el gobierno, el sismo es el de mayor magnitud registrado en los últimos 100 años: 8.4 grados en la escala de Richter. Se desconoce el número total de víctimas y daños materiales que afectan principalmente a las personas de escasos recursos.

Los mexicanos estamos adoloridos por esta enorme desgracia. También impacientes. Las razones son muchas y muy complejas. La ancestral paciencia de un pueblo que rehúye la responsabilidad de tomar las riendas de su propio destino, de pronto se ha agotado.

Las redes televisivas han mostrado la cara oculta de México: Los supervivientes de un mundo que durante siglos han sido condenados a la soledad y al olvido. Cabañas indígenas sumergidas en la oscuridad del paleolítico, suelos duros, hambre nunca saciada, pies descalzos. Enfermedades, hogueras que deben encenderse frotando dos maderos. ¿Cómo conciliar ese mundo lejano con el civilizado paraíso al que unos cuantos se han acostumbrado?

Los economistas afirman que México es un país de contrastes: Un puñado de multimillonarios y muchos millones de pobres. El desarrollo de una nación es incompatible con la desigualdad ofensiva, con la pobreza que cancela oportunidades y esperanzas. Las cámaras captaron la tremenda pobreza en que vive un gran número de las personas afectadas por el sismo. ¿Cómo limpiar escombros y levantar de nuevo las chozas destruidas por el sismo? ¿Cómo protegerse de la crueldad de vivir a la intemperie? ¿Y los niños?

La justicia social es el primer paso de una nación que ha optado por la democracia. El Pacto Contra la Pobreza exige un cambio de actitud de todo el pueblo de México: De los que tienen y de los que nada poseen. ¿Cruzan la frontera porque allá sí les pagan y allá sí trabajan? Se acabaron los tiempos en que unos hacen como que pagan y otros como que trabajan.

El Pacto Contra la Pobreza fue propuesto para asegurar que los sectores más necesitados tuvieran acceso a los servicios básicos de salud, alimentación, vivienda, educación, infraestructura y demás factores que se requieren para asegurar un crecimiento económico sostenido. Este Pacto no consiste en el trabajo de un solo hombre: El Presidente. Este pacto nos compromete a todos los mexicanos, especialmente aquellos al frente de puestos gubernamentales.

El Pacto Contra la Pobreza exige, además de lo citado anteriormente, el otorgar créditos rurales, desarrollo regional, atención jurídica gratuita y generación de empleos para asegurar un crecimiento económico sostenido. Éste Pacto es completo y ambicioso, y no es trabajo para un solo hombre. Es trabajo de todos los que nos decimos mexicanos.

Cuando una nación padece las consecuencias de errores cometidos en administración y en política, sus habitantes buscan un culpable: El gobierno. Pero por ahí dicen que todo pueblo tiene el gobierno que merece. El dicho popular encierra una gran verdad.

El nacimiento de una nueva patria se da con la progresiva ampliación de la conciencia de sus habitantes, comprometidos con el ideal de la justicia social. Si estamos sentados en una tierra de leche y miel, ¿por qué no administrarla de manera eficiente y justa?

La nueva cultura por nacer deberá ser capaz de proporcionar soluciones adecuadas a las necesidades actuales. La primer regla de una nueva cultura es: “La mejor clase de ayuda es la que capacita a los que la reciben para dejar de seguirla necesitando.”

Las razones de la impaciencia son muchas, ciertamente. Pero junto con el sismo, llegó la hora de despojarnos de nuestra desesperanza, de tomar conciencia de todo el valor de nuestra patria, de las tremendas oportunidades de progreso que pueden estar a nuestro alcance si nos atrevemos a ponernos de pie.

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03 Septiembre 2017 04:00:00
¿Dónde está tu hermano?
En las sagradas escrituras Dios pregunta a Caín: ¿Dónde está Abel? Caín, ocultando su culpa, responde: ¿Qué acaso soy yo el guardián de mi hermano? Si hiciésemos esa pregunta a la ONU -organismo creado para hermanar los países del globo- tal vez su respuesta fuese la misma.

Caín mató a su hermano por envidia. Las naciones de nuestro planeta se destruyen unas a otras; a veces con armas nucleares, y otras veces lentamente, casi con premeditación. Matan no por envidia, sino por avaricia y rapacidad. Países industrializados compran a precios miserables las materias primas no renovables a las naciones en desarrollo, y les venden los productos manufacturados a precios excesivos, con un escandaloso margen de utilidad.

Saben que para las naciones en desventaja el nivel de vida no podrá mejorar en esa relación comercial, y sus habitantes sufrirán privaciones sin límite. Entonces se colocan la máscara de la caridad para enviar generosamente algunos millones para los necesitados. No les cuesta mucho sacrificio, pero tampoco alivia su sufrimiento, ni soluciona la miseria. Los países en desventaja se convierten en países dependientes, que estiran la mano para pedir ayuda, pudiendo ser países fuertes porque cuentan con vastos recursos naturales y mano de obra.

La pregunta evangélica sigue en pie: ¿Donde está tu hermano?, y la contestación parece ser la misma: ¿Qué acaso soy yo su guardián? Si tuviésemos una conciencia universal caeríamos en la cuenta de las consecuencias que trae el no regular equilibradamente una sociedad de consumo: Temblaríamos al comprobar que mata a los países en desarrollo, sin escapatoria posible. En la primera etapa ocasiona desánimo generalizado, impotencia, y por último la muerte de la fe, la esperanza y el valor personal.

A la vez, una sociedad de consumo aparentemente rica y poderosa, puede ser en realidad pobre: Pobre de espíritu. La pobreza espiritual acarrea sus propios males. Tal vez en una sociedad así no veamos en la calle a niños desnudos de vientre hinchado, desprovistos de cobijo humano, pero sí a jóvenes drogadictos tirados en los callejones, hastiados de la vida porque para ellos carece de sentido: Las calles saturadas de delincuencia y prostitución. Dicen que cuando se siembra miseria, se recoge miseria.

El contraste entre las naciones se hace cada día más agudo y más aterrador. Mientras los pueblos primitivos danzan al dios de la lluvia para obtener el agua del cielo para el campo, pueblos desarrollados bombardean las nubes con agentes químicos para hacer la lluvia. En las últimas décadas hemos saqueado la tierra, contaminado las aguas y la atmósfera más que en los últimos 10,000 años.

Estuvimos extasiados con las supuestas bondades del ‘Libre Comercio’. Y, en efecto, eran y siguen siendo muy buenas, pero requieren una cuidadosa, inteligente y comprometida planeación para no crear sociedades desequilibradas donde unos cuantos acumulan toda la riqueza que producen las transnacionales, y otros muchos están al borde de la miseria.

No importa si se violentan los derechos de los trabajadores, se labore en condiciones insalubres, y se contamine el ambiente. ‘Producir más al menor costo’ es el lema de un alarmante número de compañías transnacionales.

Una publicación del diario norteamericano ‘The Economist’, informa que el problema del desequilibrio social creado por el libre comercio ha producido una situación más explosiva que la que se dio en la época anterior a la masacre de la Plaza de Tiananmen en Rusia en Junio, 1989. Las políticas establecidas en el mercado global han creado una atmósfera candente que puede hacer erupción de un momento a otro: Unos cuantos de benefician en detrimento de otros muchos.

¿Qué debemos creer en un período de mayúsculas diferencias éticas y de incredulidad social masiva? ¿Dónde están nuestros hermanos? ¿Cómo aprender lo que de verdad significa la compasión en un mundo despiadado?

La semilla del compromiso social se ha de sembrar en los corazones de hombres y mujeres que viven en esta época de desequilibrio global. En cada ser humano queda aún un rincón, un anhelo que espera encontrar una respuesta. La hemos buscado en donde no está, desviando así el sentido del universo.


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27 Agosto 2017 04:00:00
¿Ya nos tocaba?
Cuentan que un hombre que se creía predestinado al fracaso se volvió loco y echó a correr por la calle gritando que le perseguían para matarle. Al verlo, todo mundo quedaba sorprendido por su energía y velocidad. “¿Cómo puede usted correr tan rápido?” Le preguntaron. “Es que corro por mi vida, idiotas”, respondió el hombre jadeando. Su terror sembró el pánico entre quienes le rodeaban y todos empezaron a correr. Cada vez se unía más gente al exaltado grupo de corredores, unos por imitación y otros por miedo. Hasta que el grupo se convirtió en una inmensa multitud que, finalmente, cayó al mar desde un acantilado.

El cuento ilustra el estado de ánimo que vivimos. Escuchamos a aquellos que gritan: “Ahí viene el lobo, nos va a comer. Es nuestro destino”. Una gran mayoría se siente ya devorada por el lobo. “Ya nos tocaba, no hay nada qué hacer”.

La fatalidad como síntoma de decadencia social, se nos revela como una actitud espiritual, una decisión negativa de existencia. El fatalista se siente predestinado a una vida determinada, contra la cual es imposible triunfar. Se disculpa ante sí mismo de todos los fracasos en su vida, no solo en la vida profesional, sino en la vida toda. Se siente como chivo expiatorio al que se cargan todas las culpas de la nación. Los propios errores se presentan como otras tantas consecuencias fatales del destino: “Ya me tocaba”. “Si no hubiera sido por esta o aquél, otro gallo me cantara”.

Por temor a enfrentarse con sus propios errores, o con algo que implique un esfuerzo adicional, o un compromiso personal, el fatalista tiende a enterrar la cabeza en la arena cuando se trata de una introspección. Así, inconscientemente aplasta sus mejores posibilidades, congela su creatividad y descuida el más grande de todos los descubrimientos: El valor de sí mismo. Y lo que es aún peor: Culpa a otros de su fracaso.

Para el fatalista, la vida no vale nada. Sin embargo, es una verdad irrebatible que la persona se encierra dentro del ambiente que ella misma crea, y que es prisionera de las limitaciones que ella misma se impone en la esfera de su propia imaginación porque ve la dificultad en cada oportunidad.

El fatalista puede aprender a actuar de otro modo: puede optar por no entregarse a las fuerzas del destino social, y decidirse a luchar contra ellas. Puede rasgar el velo gris que lo cubre y cambiar aquellos factores que tapan la luz solar de la verdadera realización de su mente y de su vida. Así encontrará el camino hacia la libertad interior y llegar a responsabilizarse de su propio destino.

Muchas personas obligadas por las circunstancias viven en las mismas condiciones desfavorables que él, pero saben mantenerse sanas, sin caer en la apatía ni en la depresión, y conservan su optimismo y espíritu indomable que les permite encontrar alternativas y oportunidades en las mismas situaciones en que otros ven sólo oscuridad.

Todos llevamos dentro una insospechada reserva de fortaleza que emerge cuando la vida nos pone a prueba. Hay mexicanos que a pesar de los gritos: “Ahí viene el lobo, Trump nos va acabar”, han sabido convertir las dificultades en posibilidades, pues el sentido que le dan a sus vidas va más allá de las situaciones concretas y transitorias. Su existencia es plena, aún en la adversidad, porque colocados en situaciones límite, han decidido mantenerse interiormente erguidos, con una enorme fe en Dios y en sí mismos, a pesar de estos tiempos tormentosos en que la brújula moral anda desquiciada.

Aquellos que deciden mantenerse interiormente íntegros tienen, en la lucha contra las circunstancias presentes, mejores perspectivas de triunfar. No se preocupan con exceso de las carencias presentes porque saben que aún están sentados en la Tierra Prometida.

Y han decidido cultivarla.

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20 Agosto 2017 04:00:00
No tiene nombre
El quinto año de cada período presidencial suele cubrirnos con una nube de incertidumbre que se traduce en desesperanza y desaliento, cuando no en violencia. Las actitudes negativas nunca sacan a nadie de la crisis, sino que la hunden más.

Se ha comprobado que existe algo sin nombre que permite a las personas sortear con éxito aún las peores situaciones. Hay seres que aman tanto a su patria que están dispuestos a trabajar por ella aún en las más adversas circunstancias.

Jackeline du Pré, inglesa, contribuyó con su música en una de las épocas más críticas en la historia de Inglaterra a pesar de su mortal enfermedad. Amaba tanto la vida y tenía tanto amor a su patria que estaba dispuesta a afrontar las más terribles circunstancias. Jackeline du Pré tenía garra: La inglesa encarnaba los más excelsos valores del género humano. En su extraordinaria vida logró sobreponerse a los peores momentos. ¿Cómo explicar la fortaleza y alegría que conservó hasta en las etapas más deprimentes de su larga enfermedad?

Un presagio de adversidad puso a prueba su temple cuando debutaba en concierto de violonchelo en Londres, en 1961, a la temprana edad de 16 años. En pleno concierto una cuerda se empezó a aflojar y se desafinó. Jackeline, sin inmutarse, identificó el problema, ajustó la cuerda, y empezó de nuevo como si nada. Su actitud sincera y tranquila le ganó los ensordecedores aplausos de una delirante multitud.

Solo diez años transcurrieron en el embriagador intervalo del debut y su enfermedad; tiempo en el que compartió la gloria y las prestigiadas salas de conciertos internacionales con famosas orquestas y destacados directores del mundo: La instrumentista más sobresaliente que haya dado Inglaterra. Nadie ha logrado igualar su extraordinaria interpretación.

Tenía solo cuatro años cuando en la radio por primera vez escuchó un violonchelo. En ese instante supo que lo quería tocar siempre. Su madre, pianista profesional, le compró un instrumento de tamaño normal y le escribía melodías. Juntas, las interpretaban. El inocente gusto por tocar, su extraordinaria memoria, y una enorme capacidad de trabajo, hacían de ella un diminuto volcán. La pequeña reunía los elementos que aseguran el éxito: Amor a la vida, entusiasmo, trabajo, tenacidad y disciplina. A los once años ganó el premio Sugia, y para los trece ya había obtenido todos los premios de la Escuela de Música Guildhall.

En el pináculo de la fama, y después de acumular honores y premios en todo el mundo, supo que su carrera de concertista había terminado. Se disponía a interpretar a Brahms en el Carnegie Hall de Nueva York, cuando se entumecieron los dedos de sus manos: Esclerosis múltiple. Pero aunque su universo pareció derrumbarse porque el sentido de su vida era contagiar al público con la alegría y la embriaguez de la música, Jackeline du Pré ajustó las velas y cambió de rumbo.

Encontró un nuevo sentido a su vida: Empezó a dar clases de violonchelo a alumnos avanzados. Más que enseñar, inspiraba. Cuando se agravó su enfermedad, ajustó las velas de nuevo. Como ya no podía tocar, las palabras serían su música: Empezó a leer y a escribir poesía. Con el fondo musical de la Orquesta de Cámara inglesa dirigida por su marido, narraba cuentos clásicos, con el mismo entusiasmo que solía manifestar en sus conciertos. A través de los cuentos, Jackie logró inspirar los más profundos y nobles sentimientos en los niños y en los jóvenes.

La enfermedad paulatinamente la privó del uso de las extremidades, del control muscular, de la vista, del habla. Pero dejó intacto su corazón, el cual se volcó en amor y generosidad por los demás enfermos de esclerosis múltiple. Creó el Fondo de investigación Jacqueline de Pré y el Fondo para Violonchelistas.

Dicen que lo que se requiere para afrontar la adversidad no tiene nombre. Unos dicen que se llama fe. Otros le llaman agallas. Más bien es una combinación: Una fe creadora que arranque de las regiones más remotas del espíritu esa fortaleza de ánimo que permite a cada persona en crisis pararse sobre sus propios pies, a pesar de las tormentas. Valoró sus recursos, ajustó las velas, y encontró un camino nuevo.

Decimos que nuestra patria está en crisis. ¿Estamos dispuestos a hacer lo mismo?

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13 Agosto 2017 04:00:00
Corazón vacío
¿Qué hacer con jóvenes de familias prominentes que roban, violan, matan, y no sienten ni sombra de arrepentimiento? Dicen que lo hacen ‘para matar el tiempo’: La vida es realmente aburrida.

El hastío de vivir se ha convertido en epidemia, no sólo en los países industrializados, sino en todo el globo. Nadie sabe exactamente cuándo o en qué generación los jóvenes perdieron la alegría de vivir y el asombro hacia el cosmos. Lo cierto es que en sus canciones y camisetas repiten: ‘¡Que viva la muerte!’, ‘Estoy asqueado de vivir, harto’, o ‘La vida apesta’.

Un hombre fue citado a declarar en relación con la muerte de su hijo de 25 años, secuestrado por dos adolescentes de 17, mientras paseaba con su novia. Después de ‘divertirse’ con la chica, la amarraron a un árbol, robaron su auto, metieron en la cajuela a Juan Javier y lo lanzaron al Lago Town. Los secuestradores se ‘divirtieron’ con las burbujas mientras el joven moría ahogado. Cuando lo llevaron al Departamento de Homicidios de la Inspección de Policía de Austin, Texas, aseguró: “Lo único que sé es que estamos produciendo jóvenes sin esperanza, sin futuro, sin dignidad. ¿Por qué nos sorprende que cometan crímenes por el sólo hecho de matar el tiempo?”

¿Es inexplicable el comportamiento de estos jóvenes? Una nueva escuela de teólogos científicos trata de explicar el fenómeno. Pudiéramos considerar que la religión y la ciencia siempre han andado de pleito. Sin embargo, la nueva tendencia de los científicos es el reconocimiento y la reverencia ante el misterio del universo, mientras que, simultáneamente, coquetean con las implicaciones espirituales de la física y matemáticas contemporáneas.

Para Brian Swimme, teólogo, doctor y catedrático en Cosmología Matemática, el universo no es un rompecabezas o una ecuación, sino un misterio maravilloso que revela la presencia de Dios en todo y en cada momento. En escritos y videos describe el desarrollo del universo como un fascinante drama lleno de suspenso, valor, tragedia y celebración que tuvo lugar en tiempos inmemoriales, muchísimo antes de que los seres humanos pudieran mantenerse erguidos para contemplar una puesta de sol. El trabajo de Swimme oscila entre dos polos: la reverencia y asombro que el universo inspira, y el sentido de destrucción que la humanidad imprime al planeta Tierra.

En su libro: ‘El Corazón Oculto del Cosmos’, Swimme dice: “Dios es el origen del universo, no sólo su nacimiento, sino que está presente en todas las instancias. Dios es la realidad que sostiene y transforma el cosmos”. Swimme argumenta que hoy el consumismo se ha convertido en la religión más extendida en el mundo. En cierto sentido es la ‘Cosmología Oficial’ difundida a todos los niños del planeta a través de programas y anuncios televisivos.

En Estados Unidos, afirma Swimme, el niño promedio ve más de 50,000 programas publicitarios antes de entrar a la escuela primaria –un considerable volumen de adoctrinamiento. Llama a los publicistas ‘los más sofisticados predicadores religiosos’. Swimme habla de la necesidad de contar de nuevo a las juventudes del mundo la historia del universo, su apasionante misterio, en lugar de promover el cuento del consumismo capitalista.

El consumismo se basa en la suposición de que el cosmos está compuesto de objetos inertes y consumibles que pueden y deben ser explotados por el hombre, el cual se vuelve una prisión en cuyos muros y rejas se encuentran los artículos de promoción. El dedicar la vida a adquirirlos hace del hombre su prisionero. Para la mayoría de los seres humanos, aún los más afluentes, este estilo de vida es insatisfactorio hasta la médula: Vivir totalmente apartado de la fuente espiritual del ser es intolerable.

La pérdida del sentido de la vida busca escapes para huir del dolor existencial, y el consumismo ofrece un remedio: Las drogas y el alcohol. Swimme afirma que el humano es el más intrincado, profundo y peligroso ser de la creación. Por lo tanto, dice, nuestros jóvenes no deben ser ignorados. El ser humano es poderoso: La violencia es la otra cara de la creatividad.

El libro ‘El Corazón Oculto del Cosmos’ es una llamada a los adultos de hoy a una reflexión profunda y provocativa. Dice Swimme: “Algún día, después de haber dominado los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, seremos capaces de controlar la energía del corazón. Entonces, por segunda vez en el tiempo en la historia del universo, el ser humano descubrirá el verdadero fuego del alma: El amor.”

¿Tendrán los jóvenes que esperar tanto para encontrarlo?

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06 Agosto 2017 04:00:00
¿Libre o invasor?
La palabra libertad aparece en miles de pancartas en las manifestaciones políticas. Se enarbola como la causa por la que se combate. Todo mundo quiere liberarse. Los jóvenes exigen libertad a sus padres, demandan libertad política, libertad de información, libertad de expresión. Pero, ¿se la han ganado?

Nunca como ahora las juventudes del mundo entero han caído en el desenfreno. Se liberan de la tutela de los padres para ingresar a la familia de pandillas. Se liberan de la escuela para rondar las calles bajo el delirio de las drogas. Se liberan de la responsabilidad del matrimonio para caer en el vacío de la promiscuidad. Se liberan del yugo del trabajo para sobrevivir a base de atracos armados, chantajes, secuestros. Eso deja más que una profesión, dicen. Se liberan del orden establecido porque ¡quieren ser libres!

La libertad no es sinónimo de libertinaje. No es capricho, ni hacer “lo que nos da la real gana”. Una veleta no es libre por el hecho de que pueda girar. Al contrario, es esclava de todos los vientos. Así pues, ¿qué es la libertad?

Los filósofos la han definido de diferentes maneras. Platón decía que la libertad es ser dueño de la propia vida. Stuart Mill indicaba que la única libertad que merece este nombre es la de buscar nuestro bien por nuestro propio camino. Ortega aseguraba que quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: Es un suicida en pie. Goethe afirmaba que la libertad, como la vida, solo la merece quien sabe conquistarla todos los días. Sí, conquistarla a diario.

En estos momentos muchos países del mundo luchan por la libertad. Mientras logran el triunfo, masacran ancianos, mujeres y niños. Durante la lucha los seres humanos se convierten en la más salvaje de las bestias al someter a sus presas a violaciones tumultuarias. En nombre de la libertad atormentan, roban, incendian, destruyen.

Tras todo cambio político se pregona: “Ya somos libres”. No es verdad. La libertad ni se encuentra ni se otorga. La libertad se conquista a plazos. Nunca entera. Además tiene una terrible facilidad para retroceder. Las cadenas que esclavizan a la persona dentro de sí misma y de fuera surgen como la mala hierba en la tierra. Tan pronto se deja de cultivar la libertad, crecen las cadenas de nuevo, y retoñan como los abrojos.

Dicen que el ser humano prefiere pan en la esclavitud al tremendo esfuerzo de ser libre. “Da libertad al hombre débil y él mismo se atará y te la devolverá. Para el corazón débil la libertad no tiene sentido”. No son muchos los que “soportan” la libertad y el riesgo que lleva consigo. La libertad es cara y dolorosa. Ser libre de verdad es ser responsablemente libre. Esa es la razón por la que se elige una cómoda esclavitud frente a una costosa libertad. Las personas muchas veces prefieren recibir órdenes, a que se les enfrente con la propia responsabilidad de tomar decisiones. Y padecer las consecuencias. Maquiavelo aseguraba: “Tan difícil y peligroso es querer dar la libertad al pueblo que desea vivir en la esclavitud como esclavizar a quien quiere ser libre.”

El pueblo mexicano ha decidido ser libre. Los mexicanos hemos elegido la democracia como proyecto de nación. Esa es la meta. Toda libertad empieza por someterse a una ley: La de seguir el camino que hemos libremente elegido.

Pero la libertad no viaja sola: Va detrás de la razón, y camina abrazada de las dos erres: Respeto y responsabilidad. Mi libertad limita con la libertad de los que me rodean. Soy libre de buscar mi propio bien y mi propio camino en tanto no prive a los demás del suyo. De otra manera no sería libre, sino invasor. El proyecto de gobierno democrático se tornaría en la más terrible de las anarquías.

La certeza de que nada, si no lo queremos, puede esclavizarnos, es ya el inicio de la libertad. La persona se hace libre para que sus manos sin cadenas y su mente sin ataduras le permita realizar su proyecto de nación.

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30 Julio 2017 04:00:00
¿Y la cúpula?
Cuenta la mitología oriental que en un pasado remotísimo floreció una civilización de hormigas. Cada hormiga solo sabía hacer un trabajo. Nunca miraba hacia los lados ni hacia atrás, sino que bajaba los ojos, cerraba los oídos, anulaba la mente, y repetía la misma actividad. La excesiva especialización del trabajo y la total subordinación a la comunidad -característica propia de las hormigas- impedía la posibilidad de actualización y las tentativas de superación individual. Así, terminaron no solo por paralizar el avance hacia una mayor aplicación de la consciencia entre los integrantes de esa esplendorosa civilización, sino que poco a poco fueron perdiendo el grado de inteligencia individual alcanzado hasta entonces. Otras
civilizaciones la rebasaron.

En México no tenemos por qué seguir arando con las uñas cuando está a nuestro alcance capacitarnos para usar equipo moderno en el campo. No tenemos por qué estar sentados en los nopales cuando existen nuevas formas de financiamiento para trabajar la tierra y sembrar nuestros propios frijoles.

El progreso de nuestra nación depende de cada uno de nosotros: Del grado en que aprendamos a ampliar la propia visión, miremos hacia los lados, hacia arriba, hacia atrás, y hacia adelante para descubrir y aprovechar las oportunidades que ya están a nuestro alcance.

La tenacidad indomable y la insaciable curiosidad que ha llevado a los mexicanos a interesarse por los problemas sociales y políticos ha provocado un despertar hacia la creación de una sociedad justa y digna. El dejar atrás la ignorancia, el fanatismo, la superstición y la intransigencia, ha sido el inicio de una forma nueva de vivir en México.

Tenemos que admitir que nuestra patria ha venido transformando su consciencia a través de un largo proceso. Empieza a surgir un nuevo modelo de cultura en la cual se utilizan alternativa y equilibradamente la razón, la intuición y la tecnología en la búsqueda incesante de una nueva forma de vida. Razón e intuición: El equilibrio en el desarrollo de ambas facultades, es la clave del progreso. Razón e intuición: Dos fuerzas aparentemente contradictorias… pero no lo son. La virtud de un inexplicable equilibrio entre ellas empieza a surgir en la nueva cultura de nuestro país.

Vivimos mucho tiempo sin advertir lo que México representa en su conjunto. No entendimos la masa de consciencia de la que formamos parte. No consultamos nuestra historia para entender nuestro presente ni planear nuestro futuro. Como una célula que solo conoce el funcionamiento del tejido al que pertenece, nos dejamos llevar sin mirar a los lados, arriba, abajo, atrás o adelante. Sin embargo, el tejido al que cada célula pertenece es solo una parte infinitesimal del cuerpo. Los mexicanos hemos aprendido a dejar la escala ‘celular’ para descubrir la realidad poderosa que es México dentro del concierto de naciones.

La pluralidad nos fortalece como nación. Debemos reconocer que todas las fuerzas políticas tienen una gran responsabilidad con la patria: Trabajar por el desarrollo de la nueva cultura. Millones de mexicanos de diferentes partidos políticos han superado las barreras y las diferentes etiquetas con las que comúnmente se dividen y clasifican: Ideológicas, económicas, y sociales. Se han propuesto trabajar unidos en las obras de beneficio a las comunidades menos favorecidas proporcionando educación y preparación para elevar su condición presente.

La meta de los programas de educación y asistencia social es unir a los integrantes de las diferentes fuerzas políticas en un solo cuerpo que promueva el bienestar de todos los mexicanos, sin distinción de partidos: Una excelente oportunidad de mejorar la vida de las comunidades en desventaja, y arma eficaz contra el paternalismo que tanto daño causa a la nación. Los programas de asistencia social gubernamentales deberán convertir la comunidad pasiva, en generadora activa de su propio progreso. Pararse sobre sus propios pies. No estirar la mano para pedir.

Si las comunidades de base deben aprender a salvar diferencias para trabajar en equipo en proyectos para el beneficio de la nación, ¿por qué no la cúpula?

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23 Julio 2017 04:00:00
La verdad del momento
Un hombre encontró en su habitación una encolerizada avispa que zumbaba al golpearse repetidamente contra un cristal. El insecto insistía en traspasar el vidrio sin percatarse de que la ventana por la que había entrado estaba abierta de par en par. El hombre trató de espantarla hacia la ventana, pero la avispa se violentaba cada vez más dentro de la prisión creada por ella misma. Finalmente, el hombre tomó una gruesa jerga de lana y casi la asfixia para darle una libertad forzada, antes de que terminara por estrellarse en el cristal, o picara la mano de quien trataba de liberarla.

En ratos nos parecemos a la avispa del cuento. A pesar de la libertad que hemos disfrutado para utilizar nuestros recursos, hemos optado por encerrarnos en prisiones de pesimismo y falta de fe en el futuro. Nos preocupamos con exceso de nuestras carencias, mientras estamos sentados en la Tierra Prometida.

Es una verdad irrebatible que la persona se encierra dentro del ambiente que ella misma crea, y es prisionera de las limitaciones que se impone. Vive en la atmósfera de su propia creación en espera de que alguien venga a salvarla. Estira la mano para que le den lo que puede procurarse por sí misma.

Quejarse de la situación que experimentamos resulta tan absurdo como si después de tirarnos al río, estuviéramos molestos porque nos hemos mojado. Sentados en un país rico en recursos, lamentamos la falta de oportunidades: cerramos nuestros ojos y oídos a toda posibilidad de mejorar nuestra condición presente. Paralizados por la incertidumbre que vive el país tememos arriesgarnos, y después la queja de que “no hay inversiones”.

Deseamos tener más, pero rehusamos hacer más, o invertir más tiempo y esfuerzo en un proyecto. Queremos oportunidades, pero nos asimos con ambas manos a cualquier vestigio de seguridad que creemos encontrar. Aspiramos saber más pero no utilizamos los recursos que ofrece la red, sino que despilfarramos nuestro tiempo en chatear. Soñamos con un trabajo mejor, pero no nos preparamos para él, desperdiciando los programas académicos gratuitos que ofrece la nueva tecnología.

Acusamos de nuestros males al gobierno, al jefe, a las circunstancias, pero nunca admitimos nuestra propia apatía. Nos damos una y otra vez en la cabeza, pero no volteamos a los lados en busca de opciones. Vienen los forasteros a nuestro suelo y, de inmediato, arrancan nopales y magueyes de raíz para iniciar en el extranjero una industria impresionantemente rentable, mientras continuamos en eterno lamento sentados sobre las espinas. Somos tan libres como nuestra mente sea libre: las cercas y prisiones las hemos construido nosotros mismos. El poder de la imaginación es impresionante.

La historia registra un caso muy especial: Dos chicas caminaban tomadas de la mano por el bosque, Hellen Keller, totalmente privada de la vista y de audición, y su amiga, quien la conducía con desgano. Hellen entró en éxtasis al sentir la brisa juguetear con su cabello, aspirar el perfume de las flores silvestres, sentir en su mano recargada sobre un pequeño pino las gozosas vibraciones de un pájaro entregado a su canto. La amiga, en pleno uso de sus facultades, malhumorada, sólo advirtió las espinas de las flores, y el polvo que levantaban sus pisadas.

Hellen Keller, sin ver y sin oír, utilizó a tal grado los demás sentidos, que se enamoró de la vida. No lloró por lo que no tenía, sino que se glorió de lo que era suyo, y lo desarrolló. En su mundo silencioso, sin imágenes y sin ruidos, cultivó su espíritu y su inteligencia. En su aislamiento encontró fortaleza y optimismo para vencer la adversidad ayudando a otros. Su alma compuso sus propias
melodías.

El espíritu florece con los retos y dificultades. Hellen Keller aceptó de buen grado sus circunstancias: ir por el mundo sin ver y sin oír. Las aceptó y las convirtió en ventaja, en cualidades que muy pocos mortales han podido imitar.

No es tiempo de lamentaciones. Es tiempo de reconciliación y de compromiso personal. Ha llegado la hora de echar a volar la imaginación y hacer uso de nuestros muchos recursos. Después de todo, vivimos en México, nuestra Tierra Prometida, rica en leche y miel.

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16 Julio 2017 04:00:00
Cosas de soldados
“El enemigo está siempre dentro de nosotros”. Así dicen algunos psicólogos quienes aseguran que la barbarie milenaria de nuestra especie late aún en nuestro inconsciente y hace posible la regresión a la barbarie de la guerra.

De otra manera, ¿cómo explicar que personas habitualmente pacíficas e inofensivas se dejen dominar por el odio en tiempos de guerra, y participen en matanzas con un ensañamiento y una violencia aterradores?
La sicoanalista francesa Marie Bonaparte afirma: “Todos los pueblos, aun los que en tiempos de paz tienen un comportamiento particularmente humano, son susceptibles de recaer en la barbarie original”.

La belicosidad es una disposición universal, y no la característica innata de una etnia o de una nación determinada. Sin embargo, esta belicosidad no es la causa primordial de las guerras, sino su principal arma: el “recurso natural” e irremplazable para que la economía bélica obtenga mayores ganancias. Al Estado militarista le interesa muy especialmente controlar y monopolizar este recurso, demasiado importante para sus fines y estrategias. Marie Bonaparte escribe: “El odio, en el corazón el hombre, es un capital que hay que invertir en alguna parte”. Muchos gobiernos han canalizado el odio ciudadano a una de las inversiones más redituables: la industria bélica.

El Estado emplea diversos procedimientos -sobre todo en épocas de conflicto- para explotar de manera eficaz la agresividad de sus ciudadanos y hacer fructificar el capital del odio. Las autoridades levantan la prohibición de saquear, torturar y matar. En la guerra todo se vale.

Psiquiatras y psicólogos coinciden en que es posible que el ser humano, desde siempre, haya sentido la tentación de satisfacer su necesidad de agresión a expensas del prójimo, de martirizarlo y matarlo. (¿Caín?) Pero a esta tentación se opone el poder de la conciencia, que es el autocontrol del comportamiento humano. Para que el individuo normal se entregue a las atrocidades de la guerra y dé rienda suelta a su agresividad oculta es necesario que engañe a su conciencia. El engaño no necesariamente consiste en neutralizar o eliminar la presión de la censura moral, o adormecer la conciencia, sino convertir el acto mismo de matar en un valor primordial. (¿Las Cruzadas?).

Para un soldado entrenado, matar en la guerra no es una prerrogativa, sino un deber, un sacrificio, un acto heroico. Por el contrario, son despreciables, irresponsables y cobardes los ciudadanos que se niegan a participar en la guerra.

Escribe Fornarik en su ‘Psicoanálisis de la Guerra’: “Los dioses de un pueblo son los demonios de otro”. El individuo es preparado interiormente para transgredir la prohibición de matar que lleva inscrita en su conciencia. Para que llegue a violar efectivamente esta ley -lo que hace en tiempos de guerra- sin caer en la locura, debe justificar sus acciones adecuadamente. ¿Cómo lo logra? Da a los actos bélicos, en particular la destrucción del enemigo, un valor extraordinario, incluso sagrado. La importancia de la victoria por las armas se vuelve primordial: de ello depende la supervivencia de la nación, la integridad física de un pueblo. Para conjugar ese peligro todo está permitido. A los soldados valientes incumbe el deber de perseguir, derrotar y matar al enemigo. Pero, ¿quién es el enemigo? ¿Y quién dice que lo es?

Son muchas las trampas de la propaganda bélica. Las guerras son justificadas como una continuación de la lucha que libraron los antepasados para salvar la patria: una dimensión mítica que llama a identificarse con los ancestros.

El mito hace de las acciones guerreras la divinización del jefe, y la satanización del enemigo. La satanización roba a las personas su humanidad y las convierte en ‘bestia cruel’, ‘monstruo’, bárbaro’. Esto justifica el salvar al mundo de esta nefasta amenaza, justificando su exterminio, no importando la crueldad de los medios utilizados. Las atrocidades son pasadas por alto como intrascendentes: “cosas de soldados; han cumplido con su deber”. La conciencia no ha sido sólo engañada, sino premiada: “Salvadores de la Humanidad”.

Los Países del Tercer Mundo han optado por militarizarse para ofrecer ‘seguridad’ a sus ciudadanos. ¿Quién se beneficiará con el mercado de armas? ¿Cuántos “héroes” habremos de condecorar?

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09 Julio 2017 04:00:00
Bomba Social
‘La Bomba Social’, una caricatura que ha tenido gran impacto en diarios norteamericanos, muestra una copa de champaña sin la base: El 20% de estadounidenses -la champaña- posee el 80% de la riqueza del país, mientras que el 20% restante -el pie de la copa- es distribuida en el 80% de la población. ¿Cuánto tarda una copa en caer cuando no tiene base para sostenerse?

Si la riqueza es mal distribuida en E.U., el país que se dice poseedor de las condiciones de vida más justas y equitativas, ¿qué podrá decirse del resto de las naciones del mundo? En algunos países subdesarrollados se estima que la riqueza está concentrada en el 2% de la población, mientras que el 98% de los habitantes vive solo de las migajas.

Durante las campañas políticas para la presidencia de los Estados Unidos, tanto demócratas como republicanos coincidieron en un punto que afectará a millones de norteamericanos e inmigrantes. A cambio de no subir impuestos, ambos partidos se declararon a favor de un recorte masivo del presupuesto federal a servicios sociales y humanitarios. Los mayormente beneficiados serán los inversionistas de las grandes corporaciones. Los más perjudicados serán los que menos tienen: Millones de niños descenderán al nivel de extrema pobreza al faltar la asistencia federal.

Los politólogos han comentado que los países ricos están adquiriendo las características de los países subdesarrollados: La brecha se amplía entre los que tienen en exceso y los que no tienen lo suficiente para vivir. Algunos culpan a la globalización del mercado por las condiciones ‘tercermundistas’ que ya empiezan a conocer y lamentar.

Aunque la calidad de vida de la gran mayoría de estadounidenses es considerada aceptable, más bien envidiable en términos económicos, existe un temor, una inquietud permanente en las personas de perder el empleo. Observan con nerviosismo extremo situaciones en las que los poderosos consorcios reducen de un plumazo dos terceras partes del personal para ahorrar costos de operación: La computarización y robotización suplen cada vez más al humano.

Es un hecho irrefutable que a pesar del gran incremento en el comercio mundial y la riqueza que genera, existe el temor de que la siguiente generación será más pobre que la presente. El poder económico se concentra en unos cuantos, mientras que millones se quedan sin empleo. La nueva cultura global estigmatiza a los empleados mayores de 45 años considerados ‘ancianos’ en términos de competitividad. El perder el empleo al llegar a esa edad es recibir el ‘beso de la muerte’: Perder casa, coches, aparatos domésticos, etc., pagaderos a plazos. Es casi imposible conseguir otro empleo al mismo nivel: Ingenieros químicos nucleares y pilotos de jets de 50 años pueden encontrarse de vendedores en tiendas de deportes.

Los economistas de los países más desarrollados aseguran que las próximas generaciones tendrán menos capacidad económica solo si fracasan en trabajar con el grado de desarrollo intelectual y el empeño que lo hicieran las generaciones pasadas. Los países ricos, aseguran, se mantendrán ricos si trabajan más y mejor que los países en desventaja. Afirman que puede ser injusto, pero es la manera como se mueve el mundo actual. La productividad, declaran, es un término espantoso nacido de una ciencia cruel, pero es la diferencia básica entre una sociedad rica y una pobre.

Los países ricos se hicieron poderosos no por sus vastos recursos, -otro países también los tienen y son pobres- sino porque saben producir más, y con mayor eficiencia. Conocen de primera mano lo que significa producir más y mejor: Las poderosas compañías cierran sus fábricas en el país de origen para instalarse en países subdesarrollados en donde puedan pagar sueldos a nivel de pobreza, y sin ‘problemas legales´ de contaminación ambiental.

Diversos grupos de acción cívica en Norteamérica han protestado por la importación de productos baratos elaborados en países que violan los derechos humanos y las leyes laborales:

“Rechazamos tanto los extremos del capitalismo como del comunismo. Abogamos por una sociedad perfecta donde exista un equilibrio entre una completa estabilidad económica y un respeto absoluto a la dignidad de la persona”.

¿Cómo lograr una sociedad perfecta? El mundo ya ha visto el lado obscuro del comunismo y del capitalismo. Está convencido de que debe crear un sistema mejor que el de buscar la ganancia propia a costa de la pobreza ajena. Es urgente crearlo ya. La Bomba Social está a punto de explotar.

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02 Julio 2017 04:00:00
Haciendo monstruos
Es realmente motivo de gran preocupación lo que ocurre con los jóvenes en nuestro mundo. Las estadísticas muestran un aumento en grandes proporciones en la ingesta de bebidas alcohólicas en edades cada vez más tempranas.

Por ser la adolescencia la transición de la niñez a la edad adulta, es una etapa de profundos cambios marcada por la inestabilidad y, en la mayoría de las ocasiones, el desconcierto y la confusión de los propios jóvenes a esos cambios.

¿Por qué los adolescentes empiezan a beber?
Los jóvenes desarrollan una personalidad propia que provoca la necesidad de independencia frente al núcleo familiar y, a la vez, la urgencia de integrarse a grupos sociales. Experimentan una profunda necesidad de pertenecer a un grupo, y éste los puede llevar a comportamientos de riesgo: al consumo de alcohol y drogas. Los hábitos de la familia y amigos son cruciales: Previenen o fomentan el comportamiento nocivo que llega a perjudicar, además del organismo, la salud mental y la capacidad de razonamiento. El consumo de alcohol y drogas en adolescentes afecta sobremanera la conducta, lo que provoca el desarrollo de un comportamiento agresivo difícil de controlar.

Los datos anteriores no los conocían en aquel entonces los integrantes de la tribu Lakota de Norteamérica. Los cazadores europeos intercambiaban con la tribu pieles de visón por alcohol y otras baratijas. Los Lakota conocieron el ‘elixir milagroso’ que producía una efervescencia superior a la experimentada en la ‘Hanbleceya’, ritual religioso tradicional que producía alucinaciones después de muchas horas de danza ininterrumpida bajo el sol. El alcohol, o ‘agua mágica’, parecía ofrecer una mayor euforia; una forma más eficaz de alterar la conciencia, y sin dolor.

La tribu adoptó la conducta escandalosa e irracional de los cazadores europeos. El alcohol fue pervirtiendo a los indígenas: Hombres, mujeres y niños. Mientras que la ‘Hanbleceya’ había resuelto para ellos durante siglos la contradicción de la existencia humana, el alcohol aumentaba la confusión de la vida al romper la delicada red de deberes y costumbres ancestrales.

Cayeron por tierra las cuatro virtudes cardinales de los Lakota: generosidad, valentía, fortaleza e integridad moral. Fueron substituidas por el juego, el robo y la prostitución. Eran comunes los suicidios, asesinatos, violaciones. Se hizo frecuente la desintegración familiar, la miseria, y la dependencia. El alcohol diezmaba a los indígenas en la misma proporción que la viruela: 19 morían de cada 20.

Años después, totalmente derrotados por el ‘agua mágica’ -líquido aparentemente delicado que se evaporaba al sol- fueron recluidos en las llamadas Reservaciones, que para su estilo de vida seminómada fue devastador. El ocio y las enormes cantidades disponibles de licor sofocaron la vida cultural y espiritual de los Lakota. Perdieron el sentido de dignidad y el espíritu de lucha.

Los hombres engendraban a sus hijos en estado de ebriedad. La leche de los bebés era mezclada con alcohol “para que se durmieran”. Las niñas jugaban a que “se emborrachaban los papás” reproduciendo escenas de violencia con las muñecas. Las mujeres se pasaban mejor las molestias del embarazo bebiendo. Habían olvidado el tradicional sagrado deber de la maternidad: cuidar con esmero la semilla de vida fecundada en el centro mismo del ser, milagro supremo de la creación. Olvidaron también el Ritual de la Fecundidad: “Yo recibo tus semillas en mí y velaré porque nada les falte para germinar. Cuidaré mi mente, mi cuerpo y mi espíritu, las envolveré con amor y esperanza. Tus semillas de amor seguirán germinando, generación tras generación. Yo las recibo. Sí.”

El polvo ha cubierto esas páginas trágicas de la historia, pero las terribles consecuencias perduran en los infortunados descendientes de los Lakota. Las estadísticas revelan que la tragedia del alcoholismo continúa: millones de hijos de alcohólicos nacen marcados por el FAS (Síndrome del Alcoholismo Fetal). Heredado de generación a generación.

Pudiera justificar a los Lakota el hecho de que ignoraban la relación entre alcohol y la deformación fetal, pero en la Era de la Informática ¿qué excusa tiene una madre al tomar una o dos copas cuando conoce de antemano que cada gota de alcohol es almacenada en su cuerpo en la placenta y causa daños irreversibles a las células de su bebé en gestación?

Alcohol, drogas, tabaco: substancias teratógenas (del griego ‘terrado’ y ‘genes’). Hacer monstruos.

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25 Junio 2017 04:00:00
David y Goliat
En este preciso momento tomamos un nuevo derrotero, el cual nos llevará por caminos del todo diferentes: nuestra anterior forma de vida no podrá retornar jamás.

México está por iniciar una etapa de profundas modificaciones en sus estructuras sociales, políticas y económicas. Regular las inversiones extranjeras en nuestro suelo requerirá gran parte de sus energías.

Los pesimistas son presa del temor ante la enorme dificultad que representa el tratar de abrirse paso en un medio de cerrada competencia. Piensan que terminará por arrojar a la mayoría de los nacionales donde casi no existen posibilidades de progreso: se acobardan ante la astuta diplomacia extranjera en la cual se mezclan alternativamente promesas de paz y amenazas de guerra.

Sin embargo, las nuevas generaciones, forjadas en condiciones de estudio superiores infunden a la nación toda una mística de superación y progreso, una confianza ilimitada en el futuro. Corazones nuevos y vigorosos pronto empezarán a bombear una sangre más rica en pureza y energía en todo el país: actitudes reflexivas, intuitivas, comprometidas frente a la multiplicidad de enfoques, opciones, soluciones que pueden darse ante cada circunstancia. La mayor contribución para el México por llegar la harán los que comprendan plenamente los errores del pasado, y por ello puedan crear con predeterminación y entusiasmo el futuro.

México atraviesa por un peligroso y decisivo período de transición. Cuando una nación ha vivido por largo tiempo dentro de los moldes de una determinada cultura y se sale de éstos, trata de sustituirlos por otros, bien sea creándolos o importándolos. La adopción de formas culturales extranjeras llega a sustituir a las propias. Es fuerte la influencia que ejerce una sociedad sobre otra de distinto desarrollo cultural.

El momento exige una verdadera reflexión nacional: ¿Qué debemos cambiar para que México aproveche esta tierra de leche y miel en beneficio de sus ciudadanos? ¿Qué debemos conservar para seguir siendo el cuerno de la abundancia? ¿Qué factores impiden el pleno desarrollo de la nación? ¿Educación para todos? ¿Falta de oportunidades para el desarrollo de los ciudadanos?
Hace muchísimos años el Tibet, pequeño país de profundas tradiciones, fue invadido por China, nación de más de mil millones de habitantes -David y Goliat-. Un cuento que aún circula en todo el Tibet narra que Tsarong -tibetano que huyó a la India cuando la invasión-, un día regresa al Tibet por la nostalgia de su patria. Los cambios que observa lo dejan pasmado: enormes plantíos de cebada se extienden donde antes eran yermas llanuras. Camiones cargados de cebada transitan por modernas carreteras. Los dos antiguos monasterios convertidos en fábricas: negros penachos de humo ascienden hacia el cielo desde las chimeneas empotradas en los viejos altares.

Su familia lo recibe con gran alegría. De sus labios sólo escucha alabanzas hacia los chinos, con cuya desinteresada y generosa ayuda han prosperado. Al llegar la hora de la comida le es servido a Tsarong únicamente una escasa ración de caldo. Tsarong pide ‘tsampa’, el pan tibetano de cebada, pero le informan que hace años no prueban la harina, su único alimento es el caldo: hierven todos los días el mismo hueso.

Tsarong no da crédito a las palabras de sus familiares: ¡nunca antes había visto más cebada en la región! Pero le informan que ahora ya no la desperdician tontamente elaborando ‘tsampa’ sino que ahora la industrializan. A cambio de la entrega íntegra de las cosechas de cebada, los buenos hermanos chinos instalaron las dos fábricas que hoy son orgullo de la aldea. Una de ellas elabora abonos para obtener cada vez mejores cosechas, la otra produce suficientes implementos agrícolas para que todos los habitantes de la aldea colaboren en la siembra y recolección de cebada. Ahora la aldea se ha incorporado al progreso y a la industrialización del país, gracias a la generosa ayuda de los hermanos chinos.

Es necesario hojear las páginas de la historia para encuadrar nuestro presente dentro de una visión de conjunto: conocer la ideología característica de nuestra cultura, de lo que hemos hecho con nuestros recursos, tanto humanos como materiales. Así sabremos lo que debemos cambiar, y lo que hay que conservar de nuestra nación. A como de lugar.

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18 Junio 2017 04:00:00
El cambio
Cuando un gobierno padece las consecuencias de los errores cometidos en su administración y en su política, los ciudadanos exigen un cambio. Pero todo cambio, en sí, exige agallas: Una enorme determinación de los que desean llevarlo a cabo. Muchas personas lo desean, pero no están dispuestas a soportar los grandes compromisos que deben precederlo.

Cuando la renovación de un país requiere un cambio de actitud y de conducta de todos sus ciudadanos, es necesaria una cuidadosa planeación para lograr el éxito. Es indispensable un número suficiente de personas que estén realmente convencidas de que es necesario el cambio, y que el cambio es posible. Nuestra patria es como una inmensa águila dormida, con miles de posibilidades, que es urgente despertar para enseñarla a volar. Si nuestro país es rico en leche y miel ¿por qué la pobreza de millones de mexicanos?
La renovación de una nación comienza nutriendo la mente de sus habitantes con datos que fomenten una estructura de pensamiento basada en la justicia social y el bien común. Las ideas hacen vibrar lo más profundo de la mente y del corazón de las personas. Así nace el orgullo de patria, el compromiso de hacer algo por ella, las oportunidades de mejorar las condiciones de vida, la voluntad de sostenerse sobre los propios pies para no tener la necesidad de extender la mano para pedir.

La dificultad de la tarea no importa, es inmaterial. Lo que importa es estar convencidos de que es posible llegar a la meta. Esta actitud de lucha produce el clima propicio para el cambio: Conserva lo que se debe conservar, cambia lo que se debe cambiar. Y conocer la diferencia. El compromiso de enfrentar las dificultades que el cambio exige es enorme: Sudor y lágrimas.

¿Cómo lograr que dentro y fuera del gobierno haya personas realmente convencidas de que para sobrevivir como nación independiente es necesario el cambio?
¿Cómo lograr la participación de más personas que se interesen en el bienestar social?

¿Cómo determinar con exactitud qué se quiere cambiar, por qué, cómo, cuándo y dónde?

La diferencia en alcanzar el éxito o el fracaso está en que cuando fracasamos, fijamos toda nuestra atención en los obstáculos, y cuando triunfamos, toda nuestra atención, energía y entusiasmo se canaliza a lograr el objetivo. Cuando concentramos nuestra atención en los obstáculos, definitivamente no vamos a triunfar.

Esta lluvia de ideas va penetrando poco a poco hasta llegar a tocar las fibras más profundas de la mente y del corazón de los ciudadanos: una revolución pacífica, una revolución interior en el sistema de pensamiento que se inicie en los hogares, en las aulas, en las organizaciones, en las instituciones, arropados con un gobierno legalmente elegido. Así, unidos, nace la voluntad de sostenerse sobre los propios pies para enfrentar las vicisitudes que estamos viviendo como nación.

Para ser una nación libre, educada y productiva, México necesita un cambio planificado en todas sus estructuras y eso sólo se puede lograr transformando conciencias y corazones. La disposición a cambiar se convierte gradualmente en característica de los individuos, organizaciones y de las naciones. No añoran el siglo de oro del pasado, sino que sueñan y trabajan por una utopía en el porvenir. Son partidarios de las innovaciones, pero sólo después de haber probado su valor. Conservan lo que deben conservar, y están decididos a cambiar lo que es indispensable cambiar.

Es difícil lograr que todos los ciudadanos participen en el cambio porque éste requiere un acuerdo común en determinar qué se debe cambiar, por qué, cómo, y por dónde empezar.

¿Empezaremos por el respeto al voto
ciudadano?

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11 Junio 2017 04:00:00
¿Quién le pone el cascabel al gato?
Hace exactamente 28 años escuché al Presidente Carlos Salinas de Gortari presentar el Plan Nacional de Desarrollo 1989-1994. Bien elaborado. Sin embargo, me quedaron dudas a pesar de la buena redacción. Las palabras me parecieron vagas.

El documento que nuestro presidente leyó decía: “partimos de la premisa de que debemos conducir el cambio por medio de las instituciones.” Desde entonces me he preguntado: ¿Cuáles instituciones, las públicas o las privadas?
El cambio del que hablaba era de cambiar el rostro de México para el siglo XXI: una patria moderna, rica de nuevas realizaciones y poblada de nuevas esperanzas.

Decía que lo primero que hay que definir es: ¿Qué es lo que queremos? Tenemos dos opciones: ser tierra de mexicanos o ser tierra de mendigos.

Como hablaba de “nuevas esperanzas” supuse que se refería a tierra de mexicanos.

Y como hablaba de conducir el cambio por medio de las instituciones supuse que se refería a todas las instituciones. Y si la primera célula de la sociedad es la institución familia, estaba hablando de palabras mayores. Eso si se empezaba por la base; si se refería a iniciar por la cúpula, el cambio ocurriría en su gabinete y todas las instituciones que dependen y están relacionadas con él. Todas. Y eso sería hablar de palabras aún mayores.

Lo anterior es sólo el primer postulado del documento. Después dice: “Debemos ser fieles a las tradiciones que constituyen la identidad nacional.” No especificó cuáles tradiciones. ¿Se refería a todo el folklore y artesanías mexicanas que se han ganado a pulso un lugar destacado e importante a nivel internacional? ¡Magnífico!

Pero hay muchas tradiciones mexicanas que requieren de un buen análisis para determinar si es conveniente conservarlas o desterrarlas: el malinchismo, el san Lunes, el ‘mañana’, el machismo, -por citar algunas- y así definir nuestra identidad nacional. Ahí se encuentra el meollo del asunto.

No hay identidad nacional cuando las ciudadanos de un país -rico en recursos naturales y mano de obra calificada- tienen que cruzar el Río Bravo para dar decorosamente de comer a sus familias, cuando sus cerebros tienen que buscar centros de trabajo y de investigación fuera del país por carecer de oportunidades en su propia patria, cuando sus niños -como enorme nube- rodean los coches en las calles para pedir limosna.

El Presidente Salinas de Gortari concretó en cuatro puntos su documento.

Sintetizando: 1. Soberanía, 2. Democracia, 3. Crecimiento y 4. Productividad. La meta era alta: “Una patria moderna, rica de nuevas realizaciones y poblada de nuevas esperanzas”.

Creo que olvidó decir que los que desean alcanzar una meta alta, deben dar muchos pasos cortos. Hacia adelante.

El lenguaje de la política frecuentemente está diseñado para ocultar la verdad.

¿En qué lado se sitúan o dónde se encuentran las lealtades de un ciudadano? ¿Lealtad a una empobrecida y estéril tierra que una vez fue su hogar? ¿Lealtad a la raza, la sangre, la tradición? ¿Lealtad a la nación que ha dejado de tener sentido? Y si no hubiera lealtad para ninguno de éstos valores, entonces, ¿nos seguiríamos llamando mexicanos?

Ser mexicano no consiste en seguir siendo lo que se era, ni estar satisfecho con lo que se es. La historia de México tendrá que registrar que la mayor tragedia de nuestra hora es tanto la corrupción de los malos como el asombroso silencio de los buenos.

Se requieren personas grandes para acabar con la corrupción y cambiar el rostro de México. Pero no hay personas grandes: sólo existen los grandes compromisos: la voluntad de actuar de acuerdo a principios. Y mucho valor para hacerlo. Hay quienes afirman que un cambio verdadero desde la cúpula hasta la base sólo se lograría con una revolución. Pero la única verdadera revolución es la Revolución Moral. Todas las demás son sangre derramada, lágrimas inútiles y más miseria.

El Presidente Carlos Salinas de Gortari dijo en su Plan de Desarrollo que no se debe dudar en aplicar la ley, trátese de quienes se trate. Que la ley seguirá aplicándose contra los transgresores de la misma, con toda su fuerza.

Estoy de acuerdo. ¿Por dónde empezamos, por la cúpula o por la base? Y… ¿quién le pone el cascabel al gato?

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