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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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15 Octubre 2017 04:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida.

Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte, un arte de carácter sagrado que se practica con amor.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Desde entonces supe que esa consigna a favor de la vida no se abandona nunca, porque habrá de ser el lienzo último que nos cubra cuando rindamos tributo a la madre tierra.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

La existencia nos dota de grandes alas y de un espacio abierto, donde cada cual tiene libertad para ser el pintor de su propio cuadro, el creador de su propia melodía. Tenemos la maravillosa facultad de aprender cosas nuevas, de probar destrezas que antes no hubiéramos acaso imaginado, con una sola consigna en mente, disfrutar todas las oportunidades que se nos presenten, siempre y cuando aquello que adquiramos y aquello que ejerzamos no haga mal a nadie.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen cuarenta años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras. Todo ello sin perder nunca de vista que la felicidad es una opción muy personal, una actitud con la que vamos por el camino hasta exhalar el último aliento.

Si veinte años no es nada, cuarenta menos: Un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.

Doy gracias a la vida por todos sus momentos, por sus retos y oportunidades, en especial por la absoluta libertad que tengo para decidir qué par de lentes uso para mirarla cada día. Momento especial de celebrar, y en tal espíritu gozoso este pequeño espacio nuestro –suyo y mío-- no podía quedarse ajeno a la gran ocasión.

https://contraluzcoah.blogspot.com
15 Octubre 2017 03:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida. Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen 40 años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras.

Si 20 años no es nada, 40 menos: un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.
08 Octubre 2017 04:00:00
Claudia Elena
A Claudia la vine a conocer estos últimos años, previamente era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace 6 años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aún cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar.

Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón de madre la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía –entonces sí—sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, desgranarlo y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: Su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

Cronológicamente fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace diez meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: Le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Hace algunas noches, atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del mes de Lucha contra el Cáncer, intitulada “Cáncer en el alma”, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017 en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia. El mayor de estos retos, un diagnóstico que marcó para su vida un antes y un después.

A partir de su experiencia como paciente transmite al público como en esos momentos de incertidumbre y de angustia, gestos tan simples como un abrazo o una palabra de aliento llegan a hacer la gran diferencia. Varios de los asistentes, que ya hemos andado ese mismo camino, asentimos totalmente a lo expresado por ella. En definitiva un diagnóstico de cáncer rompe el equilibrio de tu día a día, te arranca con brusquedad de tu zona de confort y te lleva a temer lo peor, primero la muerte, después la limitación física, y por supuesto el desequilibrio financiero. Una vez superada la crisis comenzamos a ver la vida de otra manera, apreciamos cada pequeño detalle como con lentes de realidad aumentada, provistos de un entusiasmo tal, que los demás no consiguen abarcar.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos y bien. No hay tiempo ocioso, cada día tiene un propósito específico por cumplir, de modo que la existencia se convierte a largo plazo en una colección de experiencias maravillosas.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como “Cáncer en el alma”, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos.

Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro, como el respaldo más fuerte en tiempos de crisis.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!

https://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Octubre 2017 03:00:00
Claudia Elena
A Claudia la conocí estos últimos años, era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace seis años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aun cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran ´por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar. Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace 10 meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del Mes de Lucha contra el Cáncer, titulada Cáncer en el Alma, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017, en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como Cáncer en el Alma, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos. Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!
01 Octubre 2017 04:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del ‘85 -para quienes hemos vivido ambos escenarios- en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los “millennials”. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia. Con toda seguridad Elena Poniatowska o Sabina Berman vendrán recogiendo tantas experiencias de vida que confluyeron en una sola intención, la de levantar a México después del cataclismo. Los grandes que nos hacen falta para ayudarnos a entender las cosas son Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Ignacio Padilla.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución –debemos decirlo-- no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció en buena medida las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados, además –por supuesto- evaluar qué proporción de las afectaciones obedeció a factores humanos que pudieron haberse prevenido. Tiempo de fincar responsabilidades, y por una vez garantizar que esas denuncias de la sociedad civil no se queden en el limbo de la no-procedencia judicial. Para ejemplo el caso del Colegio Rébsamen en el cual se concentran muchos vicios institucionales y que resultó en 26 muertes, cuando si se hubiera cumplido la norma, no tendríamos ese saldo fatal.

Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez –más que nunca- el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío ni merma alguna.

En definitiva este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender. La rapiña a todos los niveles es una mala costumbre que se da a partir del pensamiento --“cultural”, diría nuestro señor Presidente--, de que si aquello no me lo apropio yo, lo hará alguien más, cuando lo ideal sería decir, si no es mío, tiene que ser de alguien más, y me toca respetarlo. Esto último sucede en países con un gran desarrollo humanista, y hacia allá debemos de enfocarnos a llegar.

Nuestros millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
01 Octubre 2017 03:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del 85 (para quienes hemos vivido ambos escenarios) en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los millennials. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución, no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados. Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez (más que nunca) el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío. En definitiva, este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender.

los millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el Gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, es necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es
irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aun en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido, nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aún en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
Que se sienta la viva presencia de los sueños que llevaron a nuestros abuelos a arar la tierra y sembrar –palmo a palmo- pedazos de nuestra historia. Hoy nos toca soñar y luchar por quienes vienen detrás.

El planeta, como ente vivo respira. Sea este estremecimiento la ocasión de reajustar prioridades en nuestra ruta de navegación personal.

Después de este nuevo 19 de septiembre, me quedo con una reflexión que deseo compartir:

México: Gracias por ser la fuerza que remueve escombros, que trabaja hasta con las uñas. Gracias por ser el puño solidario que pide silencio de vida, y ser el grito de alegría cuando de la oscura bocaza surge esta como un milagro.

Gracias por la fe de quienes rezan prendidos de tu nombre, de un rosario, de la imagen de la Guadalupana. Gracias por el espíritu inquebrantable de tus hombres y mujeres de piel de canela, por la sabiduría de tus viejos, y por aquel que se desprende de su pequeño salario para ofrecer un taco a quien lo necesita.

Gracias, México por recordarme dónde te encuentras y dónde te debo buscar cada mañana. Gracias por recargar mi entusiasmo cuando el desánimo amenaza con abatirme.

Gracias por tus niños de colores reunidos en una sola risa. Gracias por tus perros de arnés que buscan vida, y por aquellos sin dueño que puedo sentir míos.
…Por tu música y tus historias, por tus poetas, por la nobleza de quien no tiene para dar más que una gran sonrisa y la reparte feliz por donde va.

Gracias por sembrar en mí una esperanza que se crece con las dificultades, que aprende a volar muy alto con cada 19 de septiembre que sale a su paso. Ahora más que nunca sé que debo honrar el bendito suelo donde he nacido.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Septiembre 2017 04:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos de 37 años se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla solo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión en torno a la pérdida.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la Región Noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina, no sé si sería el caso, pero tal vez algunos comerciantes sacaron tajada económica del caos.

Yo necesitaba conseguir croquetas para mi “entenado” algo que por simple falta de previsión no compré por adelantado. Salí a buscarlas y no pude dejar de sorprenderme de todas las actividades que se trastornaron a causa del apagón: No había cajas registradoras, por tanto los comercios cerraron; clausurados los cajeros de los bancos y las gasolineras; apagados los semáforos; cancelada una función teatral que estaba programada para esa tarde. Ya de regreso a casa pensé en hacerme un café, para lo que tuve que recurrir al método de la percoladora ahora en total desuso.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aún cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente. Abordar el tema de la muerte no es invocarla, es prevenir, es en un dado caso proceder, como ya se tenía contemplado hacer, y no estar adivinando cuál habría sido la voluntad del fallecido.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

En ocasiones nos aferramos a lo material, como si nuestras posesiones fueran a tendernos un puente al infinito. Queremos tener más, aspiramos a la nueva versión de cuanto equipo electrónico sale al mercado, compramos como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina. Desarrollamos una ambición desmedida quizá partiendo de la falacia de que joyas, casas, automóviles o ranchos son lo que define quiénes somos.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: Sus órganos como promesa de vida.
La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Septiembre 2017 03:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente, a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos, de 37 años, se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla sólo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la región noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aun cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo, entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: sus órganos como promesa de vida.

La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?
10 Septiembre 2017 04:00:00
Reconocimiento y autoestima
Muy en lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos que de alguna manera, en el contexto de la historia, ha sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad y duración para los humanos.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar. Así nos percatemos de ello, parece no modificarse mucho nuestra toma de decisiones, puesto que seguimos adquiriendo el nuevo equipo que sale a la venta cada vez que las firmas de renombre deciden lanzar un producto novedoso al mercado.

Y así, de este mismo modo que –habrá que decirlo—no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Nuestras elecciones están altamente influenciadas por lo que intereses ajenos determinan para nosotros.

Las redes sociales han venido a revolucionar nuestra forma de comunicarnos con otros, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito con relación a esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio personal con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes” como forma de reconocimiento de parte de quienes visiten su página, cada ícono favorable representa una caricia cibernética.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo altamente tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

Esta palabra “reconocimiento” tiene su parte oscura que explica en gran medida por qué un chico de 12 o 13 años se enlista en las huestes del crimen organizado, no es precisamente por hambre física sino por hambre de sentirse aceptado y estimado. De alguna manera los medios le venden la idea de esos personajes ricos y poderosos, con capacidad para actuar como dueños y señores del mundo. Dicha idea lo seduce de manera que entra, sin saber que entre ese primer paso y el espejismo que se le presenta, hay un camino sembrado de cruces, y que excepcionalmente habrá quien pueda llegar desde aquí hasta el pináculo sin morir en el intento.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para satisfacerse. La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

La gran apuesta en esta época tecnológica es a la autoestima, a conseguir la forma en que cada quien encuentre dentro de sí mismo lo necesario para sentirse feliz, más allá de los elementos del exterior.

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10 Septiembre 2017 03:00:00
Reconocimiento y autoestima
En lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos, que de alguna manera, en el contexto de la historia, han sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular, la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo, cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar.

Y así, de este mismo modo que no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Las redes sociales han revolucionado nuestra forma de comunicarnos, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito en relación con esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello, el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes”.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para
satisfacerse.

La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

03 Septiembre 2017 04:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos los ciudadanos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el gran problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: “Ética y Cultura Cívica”, en el que participaron --entre otros-- los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola. De manera muy descriptiva menciona el Dr. De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo XXI que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa; no es lo mismo que mamá esté allí en el momento en que al niño se le ocurre tal o cual cosa para corregirlo oportunamente, a que mamá llegue a las 9 de la noche y se pueda poner al corriente de todo lo sucedido durante el día.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto. Si el niño no tenía mucha oportunidad en casa de aprender principios de ética y lo que lograba era a través de la educación formal, con estos cambios de programa el niño dejó de tener acceso a elementos que le ayuden a crear un marco de conducta.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva del Dr. De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día. Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas, peinadas, con moño en la cabeza y vestido de fiesta, la más pequeña sentada en el carro de compras y la grandecita caminando junto a su mamá. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt líquido que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre lucía contrariada, sacó una toallita para limpiar a la pequeña, imagino que tal vez irían a una fiesta, y la niña había arruinado su indumentaria. La joven mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino…

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?

Vivimos unos tiempos alrevesados en los que ser ético y cumplir es retrógrado y estúpido, mientras que pasarme la ley por el arco del triunfo indica poderío y nivel de vida envidiable. Para muestra ahí tenemos una serie televisiva sobre narcotráfico que inicia su quinta temporada. ¿No? Con este escenario de fondo, actuando como una sociedad laxa y tibia, que no está dispuesta a comprometerse: ¿Cómo esperar que surjan como por arte de magia funcionarios íntegros y honestos?

Ya por último, tenemos lo que tenemos porque no nos ocupamos en lograr algo distinto, entonces, o comenzamos todos a trabajar en lo pequeño, o dejamos de quejarnos de los grandes tiburones.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
03 Septiembre 2017 03:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: Ética y Cultura Cívica, en el que participaron los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola.

De manera muy descriptiva menciona De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo 21 que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva de De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día.

Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre sacó una toallita para limpiar a la pequeña; la mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino.

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?
27 Agosto 2017 04:00:00
Hacia la paz
La educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo. Nelson Mandela


Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista. Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…” Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros en un dos por tres.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia que le impele a atacar a mujeres y niños? Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes. Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa. Sucede algo parecido a lo que acontece acá con las familias de jóvenes metidos en las drogas, que niegan estar enteradas de sus actividades, como para no confrontarse con una realidad dolorosa que no sabrían cómo manejar.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba anteriormente. En mi niñez, si se perdía un lápiz en el salón de clases, no había recreo hasta que aquel lápiz apareciera, situación que desanimaba a cualquiera del grupo a tomar algo ajeno. En contraste, ahora que compareció Ruiz Esparza con motivo del socavón, dijo con aquel cinismo: “Que se busque y se castigue a los culpables, no a los responsables”, burda manera de pretender sacudirse las consecuencias de sus fallas como titular de una Secretaría. Hemos venido viendo que cuando algo sale mal se echa a andar el juego de la papa caliente, y resulta que nadie se hace responsable de aquello que en principio es asunto específico de alguien cumplir o hacer cumplir.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición. Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas que amenazan con extinguir nuestro mundo. Fue la respuesta que se me ocurrió dar a mi atribulada amiga: Alojar la paz en nuestros hogares, lo que nos brindará además la sensación de estar haciendo algo efectivo por apagar estos terribles vientos incendiarios que el odio genera en los corazones. Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.

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27 Agosto 2017 03:00:00
Hacia la paz
Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga, quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista.

Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…”.

Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia?

Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste en que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes.

Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba
anteriormente.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición.

Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas.

Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.
20 Agosto 2017 04:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno psicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece. Hay acuerdos internacionales que contemplan un flujo migratorio anual y los presupuestos necesarios para que esos extranjeros, que ingresan en calidad de refugiados a un país, tengan lo necesario en cuanto a vivienda, alimentación, salud y escolaridad durante el primer año de estancia en el sitio de acogida. Pasado ese período inicial se verá qué hacer con dichos grupos, lo habitual es darles albergue permanente, de modo que vienen a constituir una primera generación de inmigrantes ya establecidos que darán pie a una segunda generación de individuos que, nacidos en el país de acogida, cuentan con todos los derechos de los naturales. De esa segunda generación han salido la mayoría de los terroristas que amenazan la seguridad de países del primer mundo, en particular de la Unión Europea, aunque claro, se dan casos de jóvenes no migrantes que se afilian por voluntad propia, habitualmente a través de internet, a organizaciones paramilitares como ISIS o ISIL, por citar algunas.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño “Residente” que yo recomendaría mucho ver, se intitula “Guerra” y puede visualizarse a través de youtube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales, como es en este caso la filiación a grupos armados que buscan cambios radicales, ya en su país de origen, ya en el de acogida.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Ahora bien, con relación a los grupos paramilitares surgidos en países desarrollados, y que se identifican con estas hordas extremistas habría que analizar qué intereses mueven a un joven de primer mundo a involucrarse en doctrinas completamente ajenas a su formación occidental. Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap “Guerra” dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
20 Agosto 2017 03:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno sicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño Residente que yo recomendaría mucho ver, se intitula Guerra y puede visualizarse a través de YouTube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap Guerra dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.
13 Agosto 2017 04:00:00
El principio del cambio
Eres solo un peregrino que camina hacia la patria.
San Agustín.

En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas. Lo más fácil sería pensar que parten del supuesto de que estando en posición de enriquecerse más, no hay razón para no hacerlo. Aunque la hallo como una suposición muy simplista.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado. Esto es, detrás de ese afán de conseguir, guardar o restringir bienes, está la inseguridad o el miedo, en buena medida de corte irracional, capaz de llevar a conductas insensatas con tal de tener más.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa.

Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo como “todos” lo están haciendo.

Loewestein establece una marcada relación entre la esfera emocional y la economía del individuo, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás. Así se explican situaciones como las de aquellos que construyen más mansiones de las que podrían habitar. El decir “puedo” y “poseo” es una falacia que les otorga tranquilidad, al menos por un rato.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo. Valores como el autoconocimiento, la integridad y la honestidad, --desde esta perspectiva-- quedan fuera de lugar, y la generosidad y el altruismo son cosas de ficción. De este modo el apego proviene de la conciencia de saberse pobre en sí mismo, debiendo hacerse de posesiones materiales para sentirse rico. ¡Qué cosas! Y va el individuo tras los símbolos y las quimeras, sin asumir que el tesoro verdadero está en el significado y no en los símbolos.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.

https//contraluzcoah.blogspot.com/
13 Agosto 2017 03:00:00
El principio del cambio
En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar al utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo, este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante, cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa. Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo.

Loewestein establece una relación entre la esfera emocional y la economía, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo, quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.
06 Agosto 2017 04:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían dos y tres años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir el niño de tres años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente -después de unos minutos- aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos detrás.

Cuando observo algo así vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo a la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de doce kilos uno y diez el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre? Si por desgracia fueran muertos y aparecieran en una vereda, ¿puede atribuirse la responsabilidad a la inseguridad, al crimen organizado, o a qué, cuando correspondió a la figura materna que en su momento no los vigiló?...

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a muy temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser. Y más todavía inician su vida sexual a edades muy tempranas inmersos en un mundo altamente erotizado que marca estilos de vida artificiales los cuales llevan a una niña de 12 o 13 años a salir embarazada.

La mujer del relato no tendría menos de 24 años, sin embargo su actitud da cuenta de una falta de responsabilidad cuyo origen podemos imaginar mas no determinar con certeza. Eso sí, está visto que no mide el riesgo al que está sometiendo a sus niños –no lo mide o no le interesa, lo que sería aún más grave--.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas, encargarse generar conciencia en los “beneficiarios” de los riesgos que asumen: La alta tasa de suicidios relacionados con cirugías para cambio de sexo, y el escenario terriblemente desgarrador de niños robados, vejados o muertos porque sus padres no tuvieron la preparación para cuidarlos debidamente.

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06 Agosto 2017 03:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían 2 y 3 años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana, quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir, el niño de 3 años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre, quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente (después de unos minutos) aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos
detrás.

Cuando observo algo así, vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis, dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo con la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro, esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de 12 kilos uno y 10 el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre?

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del Gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas.
30 Julio 2017 04:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país ha sido la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro, más que la capacidad probada del aspirante al cargo. Un ejemplo muy claro ha sido el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos ochenta años.

El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo. ¿Sí o no?...

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en el estado norteamericano de Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de $100,000 pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza. Y aquí es donde quiero iniciar mi reflexión.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de los $30,000, con intereses muy bajos, y -al menos en teoría- están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio o una cadena productiva. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso de manera eficiente, y aquí es donde habría que preguntarnos qué ha hecho el gobierno para detectar esos nichos de oportunidad y diseñar cadenas productivas, de suerte que la gente joven piense en quedarse en su terruño, y así favorecer el desarrollo de esas regiones.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros -el mejor dotado- en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos, como fue esta vez para algunos de ellos. Se confía ese monto que no es cualquier cosa, así como la vida y la integridad de su familiar, en manos de traficantes, que para nada van a actuar como hermanitas de la caridad. A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región, y con la preparación suficiente para diseñar, echar a funcionar, supervisar y evaluar programas encaminados a subsanar esas mismas necesidades.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?... En cualquiera de los casos, se trata de un desperdicio de talento, que da por resultado una pobre calidad de vida para el individuo, su familia y la comunidad misma. ¿Dónde están los programas gubernamentales para capacitar y agremiar a estos jóvenes en cooperativas o en cadenas productivas que apoyen la economía regional?

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes a redes de traficantes que no hacen más que fortalecer el crimen organizado.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompesueños como pompas de jabón.

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30 Julio 2017 03:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país es la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro.

Un ejemplo muy claro es el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos 80 años. El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo.

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho, se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de 100 mil pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de 30 mil con intereses muy bajos, y están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros (el mejor dotado) en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos.

A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?...

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo, seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompe sueños como pompas de jabón.
23 Julio 2017 04:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del ex gobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas –técnicas o más bien a modo—llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

En México tenemos leyes mucho muy complejas que por lógica tienen huecos, los que utilizan en su momento los abogados para ganar un proceso judicial. Y así tenemos a los grandes ladrones salidos de la función pública, enriquecidos de manera inexplicable, a los que el sistema no puede tocar.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos. Es la forma equivocada y malintencionada en que funciona el sistema para beneficio de las cúpulas en el poder.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación: Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida, así de simple. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro “En legítima Defensa”.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?...

Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple cabalmente en nuestro sistema
legislativo.

Si analizamos en qué base ciudadana se sustenta este árbol de frutos amargos, diríamos que en el “no me importa”, pecado venial que todos cometemos en mayor o menor medida:
• No me importa que el joven con un carro deportivo y sin logo que lo justifique, ocupe el cajón de discapacitados.

• No me importa que el matrimonio de clase media con un niño de 6 años, en la tienda departamental, permita que el muchachito saque un juguete de su empaque, juegue con él y luego lo abandone en cualquier pasillo.

• No me importa en esta misma tienda tomar un yogurt para mi hijo, y deshacerme del envase cuando lo haya
consumido.

• No hago nada cuando el sujeto violento se mete en la fila a la brava. Ni cuando observo a un grupo de jóvenes dañando sitios públicos.


• Tampoco me preocupa que el joven se pase sistemáticamente los cruceros con el semáforo en rojo. O que acostumbre ir manejando y hablando por celular.
• Soy indiferente ante la actuación del pariente o amigo que transa, “al fin que todos lo hacen”, y “el que no transa no avanza”.

• No veo –o no quiero ver—que esos pequeños actos encarecen y dificultan la vida de cada uno de nosotros.

• No me importa que los demás batallen, mientras yo resuelva mi problema de manera rápida y eficaz, por cualquier camino.

• No me interesa dejar la justa propina en un establecimiento, así haya recibido una atención de primera.

• No me preocupa pasar por encima de los derechos del otro, en un sistema que aplaude más al ventajoso que al justo.

En esta sociedad que vamos construyendo entre todos, día a día, con nuestras pequeñas acciones, para conformar un gran árbol de frutos agrios, no nos sorprenda entonces que se presenten fenómenos escandalosos y ofensivos como los de los actuales ex gobernadores corruptos, los Duarte, Yarrington y Borge, por citar unos cuantos, o el caso de las constructoras especialistas en socavones, que tienen una historia negra de trabajar mal, con sobreprecios y abandono de la obra, pero que siguen siendo contratadas una y otra vez.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés fundamental de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
23 Julio 2017 03:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del exgobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación. Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro En Legítima Defensa.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?... Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple en nuestro sistema legislativo.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Dejamos de percibir toda su magnificencia individual, ya no sentimos ese contacto maravilloso con la naturaleza, y más bien creemos estar frente a un cúmulo de basura.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia extrema dejan de impactarnos. Asimismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte, un asunto que permea todos los medios de información en sus distintas versiones, para generar en nosotros una tolerancia perversa.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en 5 chats… Sentir esa caricia personalizada, ese decir “aquí estoy”, “te aprecio”, “cuenta conmigo”.

Nuestros hijos saben bastante poco de sus ancestros. En esta época en que la prisa nos gana, no hay mucha oportunidad –como antes- para aquellas pláticas familiares donde se contaban una y otra vez anécdotas de tiempos de los abuelos, que además de sabrosas y originales, otorgaban identidad familiar y sentido de pertenencia al clan. Muchos podemos recordar de labios de nuestros mayores, historias que dibujan las figuras queridas y dejan en nosotros una impronta de orgullo familiar. Ahora sólo falta que digamos a los chicos que vayan a googlear la biografía de sus ancestros para que los conozcan y aprendan a sentirse felices de tenerlos.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos. Poder identificar los relatos que narran hazañas de los ancestros, y que a fin de cuentas nos ponen sobre el planeta. Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos --tiempo y atención--, tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos, que haga patente nuestro interés por ellos… Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único e irrepetible, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia dejan de impactarnos. Así mismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable, el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en cincon chats… Sentir esa caricia personalizada.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos.

Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos: tiempo y atención. Tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos. Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.
09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro.

Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas.

Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista.

De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante –como Tlatoani—pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el período electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos.

En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad.

Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible.

El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad.

De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios.

https://contraluzcoah.blogspot.com/

09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro. Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas. Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista. De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante -como Tlatoani- pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el periodo electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos. En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad. Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible. El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad. De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios

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02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea Ensayo sobre la Ceguera, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia sigo teniendo presente como si la viera ahora.

Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma. Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización.

Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas.

Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.
02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea “Ensayo sobre la Ceguera”, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social, a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años de edad; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia, sigo teniendo presente como si la viera ahora. Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma.

Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización. Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común, que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas. Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor, transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales, para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos, sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la Ciudad de México. Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.

Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares.
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Yo soy un ciudadano, no de Atenas o de Grecia, sino del mundo. Sócrates
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la ciudad de México.

Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.
Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares. Valorar si están siendo congruentes en sus exigencias hacia los jóvenes, en un mundo infectado de actos de doble moral. Nuestro mundo necesita seres humanos íntegros, empáticos con las necesidades de todos, capaces de generar proyectos incluyentes nacidos de una visión global. No funcionan las actitudes mezquinas de quienes a toda costa buscan poder y posición para provecho propio.

Necesitamos ciudadanos que actúen desde sus más elevados ideales y no desde sus miedos. Ciudadanos generosos y empáticos por el interés superior de la humanidad, no nada más para beneficio propio o de su clan.

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18 Junio 2017 04:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace cincuenta o cien años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana. A partir de ello estamos obligados a preguntarnos cómo está funcionando la figura de autoridad en los procesos educativos de nuestra sociedad.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro “Tu hijo” del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces. Habría que ver con óptica antropológica qué sucedió y de qué manera repercute setenta años después.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación activa, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte, la mujer tuvo que salir a trabajar fuera de casa, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha pero mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.
Los niños de los cincuentas, jóvenes de los sesentas, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Viet Nam.

Quienes tenemos edad suficiente para haber conocido aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy en día dan cuenta de que la figura de autoridad es totalmente ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de ponerse de su lado, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de diez o doce años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites. Nuestros hijos pasarán un tiempo a nuestro lado y el resto ya por su cuenta, haciendo su propia vida, de modo que por lógica nos corresponde educarlos desde ahora para que aprendan a vivir bien sin nosotros.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de treinta o cuarenta años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Nos ofrecemos a ayudar en cuestiones que ellos ya deberían resolver por cuenta propia, los cobijamos bajo nuestra ala y casi los asfixiamos. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno, desperdiciando tiempo precioso que les corresponde a ellos vivir por su cuenta.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.

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18 Junio 2017 03:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace 50 o 100 años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro Tu Hijo del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte la mujer tuvo que salir a trabajar, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.

Los niños de los 50, jóvenes de los 70, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Vietnam.

Quienes tenemos edad suficiente para conocer aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy dan cuenta de que la figura de autoridad es ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de 10 o 12 años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de 30 o 40 años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.
11 Junio 2017 04:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo a la religión shintoista, que según nos relata, es practicada por un 70% de los oriundos.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo debo reconocer que en cuestión de derechos humanos, admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta, y en lo personal el estado ideal es el de un grupo humano que cumple con el orden, dando lugar a seguridad y a tranquilidad entre sus integrantes.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. Con relación a la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo. Ver a alguien conocido transgrediendo una regla nos resulta divertido, y de este modo nos vamos haciendo cómplices unos de otros.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar, y que esa apatía cívica se quita con una buena dosis de conocimiento y otra más de voluntad.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Cuando nuestros fallos –que seguirán siendo muchos—puedan atribuirse a cualquier causa menos a la deshonestidad y a la mentira. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa. Ese día cuando actuemos convencidos de que las cosas se hacen por la vía legal, independientemente de si los resultados finales nos puedan favorecer o no. Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos. Un ser humano que no halle justificado actuar fuera del marco legal nunca, por ningún motivo, sabiendo que lo que finalmente nos llevamos cuando morimos es un buen nombre y nada más. Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.

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11 Junio 2017 03:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo con la religión shintoista.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio
coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo, debo reconocer que en cuestión de derechos humanos admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. En relación con la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo
hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa.

Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos.

Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.
04 Junio 2017 04:00:00
Las otras ballenas
Temporada de elecciones, como ahora para Coahuila, momento de revisar cómo anda nuestro sistema, y de qué manera aquellos individuos que escogeremos para representarnos, habrán de cumplir con la responsabilidad que les corresponde y por la que estarán muy pero muy bien pagados.

Meterme en el intríngulis de la política no es lo mío, prefiero enfocarme en aquellos aspectos generales que finalmente impactan en las tribunas porque tienen que ver con el estado de cosas dentro de nuestra sociedad. Para ejemplo van dos asuntos de los que tuve conocimiento esta semana.

La Comisión Permanente del Congreso de la Unión enfoca ahora su atención a casos de suicidio en adolescentes causados por el juego denominado “La Ballena Azul” del que ya hablamos en este espacio, mismo que invita a adolescentes a cumplir retos progresivamente más difíciles, dañinos para ellos, que culminan en el suicidio del jugador. Lo que en Rusia ha sido un problema serio, en México no lo es, aunque a criterio de nuestros legisladores justificó emitir un punto de acuerdo. De 100 muertes registradas en México, 1 es por suicidio, y de 10 casos de suicidio, 4 corresponden a jóvenes entre 15 y 29 años, y de los 2,400 suicidios en adolescentes del último año, 3 fueron por la Ballena Azul, así la proporción.

Nunca jamás podría desestimar la muerte de un solo ser humano, menos aun cuando se trata de suicidio en adolescentes, sin embargo habría que poner las cosas en perspectiva, y para ello algunos datos duros para fundamentar mi reflexión.

Según la asociación SAVE THE CHILDREN, la mitad de los adolescentes en México está en pobreza, y según el CONEVAL en un estudio del 2012 un 8.5% de menores de 18 años padece rezago educativo, un 19.7% no tiene acceso a servicios de salud, un 65.6% no cuenta con seguridad social, el 18.5% no tiene vivienda de calidad, el 24.9% no tiene servicios básicos, y un 28.2% no cuenta con acceso a la alimentación.

De acuerdo a la UNICEF (2009) había en México 12.8 millones de adolescentes entre 12 y 17 años, de ellos 1 de cada 3 no asiste a la escuela. El INEGI señala que 11 de cada 100 mujeres menores de 19 años ha tenido al menos un embarazo. SAVE THE CHILDREN en el 2013 indica que por cada 1000 mujeres menores de 19 años ocurren 77 embarazos, y a más baja escolaridad mayor mortalidad materna. De cada 100 muertes maternas 13.8% corresponden a menores de 19 años.

Hay otros rubros mucho más urgentes que los tres suicidios por la Ballena Azul. Esta semana comparte un compañero pediatra un documento expedido por un chiapaneco que se ostenta como médico y que al describir el estado de salud de una paciente de 28 años que acudió con él a la letra dice, (transcribo respetando las erratas del documento): “Se le encontró un tumor malino (sic) de 2.4 cm de diámetro y anemia de 3er grado a punto de ser leucemia acumulación de animalitos y paracitos (sic) no tiene calcio ni cartilago arteria lenta derrame viliar (sic) y supuracion de liquidos en traquia (sic), inflamacion en la ingue (sic) hernia en piloro, hígado picado, inflamación en páncreas, infección intestinal en 3er grado, quistitis (sic) en vejiga orinaria (sic), gastritis en colon (sic), en concreto, una hernia en supuración de 2.4 de diámetro (tumor).”

Sin necesidad de ser médicos detectaremos un sinnúmero de inconsistencias en este documento escrito por quien se firma como médico, en una clara y evidente usurpación de funciones muy grave y que va contra la ley. En pocas palabras, con su “diagnóstico” desahucia a una joven de 28 años… No quiero ni imaginar la preocupación de la paciente y de sus familiares pensando en que va a morir. ¿Dónde está Profesiones para revisar estos casos? ¿Dónde está la Secretaría de Salud? Escenarios como el descrito proliferan, así como los de estilistas que aplican botox o que inyectan aceite industrial para hacer lipoescultura. Igual está la venta clandestina de medicamentos pirata en las pulgas. ¿Tienen conocimiento de ello nuestros legisladores? ¿Qué están haciendo al respecto?

Ahora cuando vamos a elegir, conozcamos las propuestas de los candidatos, pero sobre todo su trayectoria. Que no nos maree el canto de sirenas de las campañas, investiguemos a fondo su sensibilidad social, la honestidad y espíritu de servicio en su desempeño público, y apostemos por aquellos que se enfocan en las otras ballenas, hacia los graves problemas que merman los segmentos de población más vulnerables. Tomemos conocimiento de cuestiones como la malnutrición, la deficiencia de infraestructura urbana, el analfabetismo funcional, los bajos salarios, la inseguridad, los grandes depredadores que en realidad sí ponen en riesgo significativo a nuestro amado México. Si no lo hacemos, no se vale quejarnos luego.

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28 Mayo 2017 04:00:00
Soledad: ¿hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando hacerse presente y dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando de manera ininterrumpida. Más que una forma de mostrarse ante otros, parece resultado de un angustioso estado que le amenaza, y del cual busca fugarse.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psiqué del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos van ocurriendo a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones, el producto adictivo representa una fuente de placer, que lleva a experimentar por un rato una sensación agradable frente al mundo, al cual se deja de percibir por ese rato como amenazador. La necesidad de poseer para sentir que valemos se agrega a esta creciente estructura, y luego lo hacen otras más, así se explican las tribus urbanas o los grupos secretos, que de alguna manera otorgan al individuo un sentido de pertenencia que lo salva de sentirse solo, aunque habitualmente hay que pagar un precio elevado. Esto es, para pertenecer a estos grupos el individuo está obligado a llevar a cabo ritos que implican riesgo para su propia seguridad o que generan conflicto frente a sus principios éticos o morales. Y de igual modo se añaden otros elementos a esa estructura tridimensional que vienen a explicar parte de los fenómenos de corrupción que vive nuestro vapuleado país. Quiero creer que al menos la mitad de los funcionarios involucrados en actos de corrupción están metidos en dicho ilícito por un sentido de lealtad al jefe, de solidaridad hacia los compañeros, o un angustioso deseo de no quedar fuera de la jugada institucional, y que no tanto actúan así por simple codicia.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no va a terminar colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que estamos viendo en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta. Comencemos hoy por revisar en primera instancia si en nuestra vida la soledad es un estado que se procura para crecer o una angustia traicionera que nos ancla.

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28 Mayo 2017 03:00:00
Soledad: ¿Hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psique del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser
contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos ocurren a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no terminará colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que vemos en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta.
21 Mayo 2017 04:00:00
Ira contenida
En lo personal soy poco dada a procurar imágenes de grandes tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas una y otra vez, no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito. Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos “bloopers” me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros seres humanos. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico. Hoy me encontré viviendo una excepción a la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta del modo como se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído para ir a embestir a distintos grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un ex marino con rasgos paranoides que dentro de lo poco que ha manifestado refiere que actuó así para que la policía lo matara y terminar de una buena vez con todo.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos porqué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Y cómo podemos rebatirles la validez de esos argumentos?

Vivir en una frontera méxicoamericana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que cincuenta o cien metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que cómo allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

Algo similar halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que –por desgracia– quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó “inteligencia emocional”, algo que no está por demás retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo, no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo. La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas. Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se van presentando en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas y confianza en ellos mismos. Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.

Profesionalización de las instituciones: Piedra angular de las sociedades sanas.

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21 Mayo 2017 03:00:00
Ira contenida
En lo personal, soy poco dada a procurar imágenes de tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito.

Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos "bloopers" me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico.

Hoy viví la excepción de la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta cómo se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído al embestir a varios grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un exmarino con rasgos paranoides que refiere que actuó así para que la policía lo matara.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos por qué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Cómo rebatir esos argumentos?

Vivir en una frontera méxico-americana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que 50 o 100 metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que como allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

lo mismo halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que por desgracia quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó "inteligencia emocional", algo que no está de más retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo.

La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas.

Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se presentan en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas, y confianza en ellos mismos.Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.
14 Mayo 2017 04:00:00
Soluciones, no parches
La SCJN ha determinado que los menores de edad de 14 años en adelante, acusados de delitos graves recibirán prisión domiciliaria hasta por 3 meses, mientras se desahoga el proceso judicial en su contra. Desde tiempo atrás se había considerado que estos menores, al cometer delitos graves como si fueran adultos, deberían ser tratados como tales, pero ahora se determina hacer responsable de su custodia temporal a la misma familia de la cual surgió el delincuente.

De acuerdo al International Institute of Strategic Studies (IISS) de Londres, México en el 2016 ha quedado en segundo lugar mundial como país violento, superado únicamente por Siria y su cruenta guerra civil. Mientras que en el 2016 aquel país oriental el conflicto bélico sumó 50,000 muertes, México contabilizó 23,000, casi la mitad de las defunciones sirias. En nuestro caso los indicadores 2016 dan este resultado debido a la violencia que se vive en las calles. El Gobierno federal ha desacreditado por completo dicha información argumentando irregularidades en la forma de medición, restando seriedad a la fuente investigadora, y señalando que la situación no es tan grave, aun cuando durante el 2016 esas 23,000 muertes violentas hayan ocurrido en 22 de los 32 estados que conforman nuestro país, y que la tasa de homicidios haya superado las de Afganistán y Somalia.

Conocemos que el gobierno federal se refiere a todo choque armado como “enfrentamiento entre cárteles rivales”, aunque hay evidencia de que muchos casos son ataques en contra de población civil inocente, ya sea por parte de sicarios o de fuerzas armadas. En México tenemos los aparatos burocráticos más caros del mundo, y en buena medida los menos eficaces, puesto que, además de que muchas instituciones no funcionan en cumplir aquello para lo cual fueron creadas, termina siendo la propia ciudadanía, que en principio debía recibir el beneficio de instituciones fuertes y sanas, la que en ocasiones asume el papel que éstas no cumplen, con los consabidos riesgos.

En el curso de la semana fue acribillada en el interior de su domicilio en San Fernando Tamaulipas Míriam Elizabeth Rodríguez, madre de Karen, una menor desaparecida en el 2012. Ante la ineficacia de las autoridades la madre buscó a su hija, vivió el dolor de encontrar sus restos en una fosa clandestina en el 2015, y ubicó a los delincuentes a los que finalmente presentó a la autoridad. Hace un par de semanas estos homicidas escaparon de prisión, y ahora ella está muerta. En su momento solicitó protección por parte de las autoridades estatales, pero su petición nunca fue atendida. En este mismo estado de Tamaulipas, hasta hace poco el gobierno estatal mantenía un total de 8 custodios para Tomás Yarrington, ex gobernador prófugo de la justicia, pero en cambio para una activista que estaba siendo amenazada no hubo protección, una más de esas paradojas dolorosísimas en nuestro país. El gobernador Cabeza de Vaca expresa que no descansará hasta localizar a los responsables de este crimen. ¿Ya para qué, si Míriam no fue atendida en su momento, y ahora está muerta?...

La SCJN dispuso este martes que los menores de edad que enfrenten cargos por delitos graves como narcotráfico, secuestro o violación reciban el beneficio de la prisión preventiva domiciliaria durante 3 meses para que sigan su proceso fuera de prisión, mientras se determina su situación legal. Yo me pregunto de qué va a servir que a un chico en estas condiciones se le dicte prisión domiciliaria, si de antemano sabemos que no la cumplirá. En lo personal lo veo como una forma cómoda de liberar del problema a las autoridades judiciales.

Las familias disfuncionales que generan menores delincuentes no están en condiciones de actuar como guardianes de los mismos. Las condiciones de la dinámica familiar dieron lugar a un menor que no reconoce orden ni límites, además de que la familia suele, si no apoyar, sí ocultar o justificar las conductas antisociales de los menores. ¿Cómo vamos a esperar que una familia que así se maneja vaya a asumir funciones de guardián? ¿No será una forma de eludir responsabilidades por parte del poder judicial? Si el menor actúa como mayor de edad al momento de cometer el delito, ¿no debe -por lógica- ser tratado como tal? O bien, ¿no irá a ocurrir que en dicha prisión domiciliaria las conductas delictivas, lejos de ser contenidas, se acrecienten?

Aparte de la corrupción que tanto ha afectado a nuestro país, las instituciones requieren de profesionalización y seriedad en su funcionamiento. En México el problema de la inseguridad tiene que verse como lo que es, un problema social de origen que requiere soluciones científicas, no parches que se botan a poco de haberse colocado.

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07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más cuando los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y recordaré al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada El Nacimiento, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeño me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y amiga de grandes y chicos.

El Nacimiento se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí estará siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo, quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han dejado.

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.
07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más todavía cuando ocurre que los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte humana, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y habré de recordar al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada “El Nacimiento”, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños de brazos. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeñito me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y entusiasta amiga de grandes y chicos.

“El Nacimiento” se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí va a estar siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias las cuales seguirán ocupando ese espacio, que si bien ya no existe en el plano físico, en nuestra mente siempre estará presente.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal. Yo sé que la vida sigue y que no podemos detener su marcha, y más porque sabemos que ese ser amado que cambió de dimensión lo que menos hubiera querido es que nos quedáramos anclados a nuestro dolor, así que hay que seguir adelante.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario --de espaldas al sol--, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso. Esto es, independientemente del tamaño de nuestro dolor, necesitamos caminar de frente al sol, rumbo a la fuente de luz y de energía, y no en sentido opuesto. Nuestro pasado clama por atención, pero las cosas no funcionarán si permitimos que nos atrape; cada ser vivo tiene su tiempo, y ese tiempo es perfecto, de modo que el ser que muere parte atendiendo a su propio reloj vital, porque era su hora, por más que quienes nos quedamos acá no logremos alcanzar a entenderlo.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

De cara al sol, dispuestos al cambio, entendiendo que el pasado no nos pertenece, y que no podemos invertir en él los recursos del presente.

De frente a la luz, para permitir que esta inunde y transparente todas nuestras acciones. Quien obra bien y no tiene nada que ocultar, avanza con presteza.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han ido dejando.

De cara al sol, poniendo la mayor voluntad en acrecentar el entusiasmo, apostando todo a creer que cada quien decide qué tan feliz quiere ser y cuánto trabaja por lograrlo…

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.

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30 Abril 2017 04:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado. El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos bendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir” que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso. Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza, es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad.

Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador. Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.

Aquí me permito transcribir la letra de esta hermosa canción a partir de la cual me permitiré hacer unas reflexiones finales acerca de este vivificante encuentro entre hermanos.

“Soy vecino de este mundo por un rato, y hoy coincide que también tú estás aquí. Coincidencias tan extrañas de la vida. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si navego con la mente en los espacios, o si quiero a mis ancestros retornar. Agobiado me detengo y lo imagino. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si en la noche me entretengo en las estrellas, y capturo la que empieza a florecer. La sostengo entre las manos, mas me alarma. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”

“Si la vida se sostiene por instantes, y un instante es el momento de existir. Si tu vida es otro instante, no comprendo, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”
¿Por qué nacimos en este tiempo y no en otro? ¿Por qué en esta exacta latitud? Los ateos dirán que por casualidad o por carga genética; yo pienso que es como parte de un plan divino que busca que cada uno de nosotros esté en condiciones de explotar al máximo su potencial personal.

Andar el camino por cuenta propia nos asegura que nuestros pasos nos lleven justo por el derrotero que nos tracemos, sin embargo hacerlo de manera solitaria cansa el alma. Más vale ir andando en compañía de otros, y aunque nuestro plan no se cumpla exactamente como lo teníamos previsto, la caminata será más enriquecedora.

Es buen momento para comenzar a contar a nuestros seres queridos como bendiciones que el cielo nos regala. Ellos ayudan a conformar la casa dentro de la cual podemos reposar para solaz en tiempos benévolos, o buscando resguardo en la tormenta.

El tiempo con su implacable paso nos recuerda que los sueños expiran si no los mantenemos firmes como elevada cometa que el viento permite sostener en lo más alto.

Es más dulce el sabor de un pedazo de pan compartido que aquel de la hogaza que, con tal de no compartir, tragamos con desesperación y que casi nos ahoga.

Gracias, queridos amigos del grupo ciberpeds por coincidir conmigo en este tramo del camino. Sigamos adelante haciéndonos compañía como hermanos rumbo al gran puerto.

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30 Abril 2017 03:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado.

El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos
wwbendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional, y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir”, que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso.

Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad. Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador.

Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.
23 Abril 2017 04:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro.

Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy. Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado –casi por accidente—la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Desde nuestra zona de confort no le vemos sentido a explorar otras opciones, ahí está el ventanal con su manantial de luz, y por ahí tiene que ser la salida.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje de nuestra elección, a tal grado de adivinar con cierto gozo pueril cuál será el siguiente paso que va a dar dentro de la historia.

Los libros de auto-ayuda en lo personal no me satisfacen. Los encuentro como los recetarios de cocina que te indican cómo elaborar un platillo paso a paso, apagando tu potencial creatividad. En lo personal prefiero los libros que me permiten emprender una lectura muy personal entre líneas, una mirada lateral a aquello que el autor tal vez quiso decir, o tal vez no, porque nos concede total libertad de interpretación, convirtiendo su propia obra en mil obras, a través de la mirada de mil lectores.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos unos a otros afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles, y ¿por qué no?, puede ser a través de un obsequio.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.

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23 Abril 2017 03:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril, pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro. Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy.

Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de Día Mundial del Libro y del Derecho de
Autor.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado (casi por accidente) la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.
16 Abril 2017 04:00:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

En momentos como estos entendemos que lo que hoy nos ofrece cada amanecer serán horas muertas si no lo aprovechamos. Que el tiempo es como agua preciosa, una vez que la hemos vertido no hay manera de regresarla al recipiente de donde salió.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón –en todo momento– un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce y justifique.

No podríamos sentarnos a ver pasar la vida así como si nada. Desde el día cuando fuimos concebidos se nos señaló una consigna vital frente a la cual nos corresponde empeñar todo nuestro ser cada día, hasta el último de los alientos.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino, la posibilidad de modificar aquellos elementos que determinan nuestra vida como ahora la vivimos, de suerte de hacer con ella la mejor versión de nosotros mismos.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos, pues, conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al medirme.

Los recuerdos como perlas preciosas que dejan esos seres amados que parten antes que nosotros, sirvan como inspiración para ponerle todas las ganas a la vida, para sacar esa garra que nos permita avanzar por encima de los escollos que puedan surgir por el camino. Sea esa memoria el impulso extra que tenga nuestro espíritu para creer y crear, poniendo toda la fe y la fibra en aquello que nos proponemos ver cristalizado.

Vivamos con el firme propósito de sacar adelante aquel proyecto para el que fuimos concebidos, y frente al cual no habría en la historia de la humanidad una persona mejor preparada para llevarlo a cabo.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos –como las semillas– los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Que finalmente el día cuando partamos lo hagamos sabiendo que le cumplimos a la vida con la pequeña porción que nos correspondía hacer, ni más ni menos.

La historia de cada ser humano es un libro que se va escribiendo con el aliento de cada día. Para algunos es un libro breve, para otros es uno de grueso lomo. Lo que cuenta al final no es la extensión de la historia, sino su contenido, esto es, con cuánto empeño se fue manejando la pluma para escribir cada una de las palabras que –una a una– fueron poblando aquellas blancas páginas de un principio.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste tanto aceptarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
16 Abril 2017 03:01:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón (en todo momento) un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos pues conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos, nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al
medirme.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos (como las semillas) los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste aceptarlo.
09 Abril 2017 04:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas –como mi amigo—cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

La palabra “compromiso” es un traje que suele quedarnos grande. Entonces, ver la forma como un ser humano se ciñe a esta palabra contra viento y marea, nos lleva a creer que el espíritu es capaz de cosas que ni siquiera imaginamos, y que cuando él llega al final del camino estará en condiciones de partir ligero, sin cuentas pendientes con la vida.
Amar en los hechos, amar a quien no puede corresponder, hacerlo cuando nadie observa, dar sin que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha, lejos de las palabras, al margen del anuncio. ¡Qué hermosa forma de testimoniar el amor de Dios!
Frente a la muerte de un ser querido nos invade la tristeza, nos taladra el cerebro la palabra “jamás” que da cuenta de todo aquello que no volverá a presentarse como antes a raíz de su partida física. A ratos surge la inquietud de preguntarnos si hicimos lo necesario por acompañarlo en el camino como él lo merecía, o –mejor dicho—como él hubiera hecho con nosotros. ¡Los ociosos “hubiera” rondan como aves de la noche en un tiempo cuando ya nada puede hacerse por cambiar las cosas!
Como él querría que yo hiciera, hoy frente a la muerte cuento mis bendiciones, la vida, la salud, el aire, la música. Doy gracias por mis sentidos, la inteligencia, la voluntad. Afortunada de tener una familia, amigos, personas por cuya presencia tengo la oportunidad de trabajar para ser mejor.

Ante el rigor de la inevitable partida de mi gran amigo, me siento privilegiada de haber andado en su compañía una parte del camino, de modo que ahora cuando ya no está, me corresponde trabajar por ser una buena compañía para quienes vienen detrás y que en algún momento emparejarán su marcha con la mía.

El día en que muere un hombre de profunda fe, y lo vemos partir sereno, comenzamos a entender que cuando el Padre es el viento que dirige la barca, no hay derrotero malogrado.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.

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09 Abril 2017 03:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones, nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas (como mi amigo) cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.
02 Abril 2017 04:00:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar “Centinelas”, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de la Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa. Jóvenes que se hallan tranquilos tomando un café con la novia o esperando su turno para entrar a un restaurante se ven rodeados y de la nada son atacados a golpes y patadas por el grupo. Representación del Séptimo Círculo del Infierno de Dante en la tierra.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los “Porkys”; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne –la menor de edad– por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente, el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: Mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar. Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encausados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute. Fueron requiriendo estímulos cada vez mayores para sentirse vivos, y para ahora habrán recorrido un largo camino de elementos generadores de sensaciones que yo no llamaría precisamente “agradables”, sino más bien estimulantes, como descargas de adrenalina, o en términos coloquiales, ellos no buscan subirse a la rueda de la fortuna y disfrutar la feria desde las alturas, sino apearse a una montaña rusa y vibrar al extremo hasta sentir que se pierde la noción de uno mismo.

Una familia que se hace presente para el niño mediante elementos materiales no va a llegar a su corazón, donde el chiquito espera ser reconfortado mediante tiempo, atención, aceptación, ternura y amor incondicional. Cuando los amigos o el trabajo, o las reuniones sociales tienen prioridad, el mensaje que recibe el hijo es muy claro: “No eres importante para mí”, luego no nos sorprenda la conducta del chico de diez o quince años, quien no hace más que reaccionar desde su dolor más profundo. Fuera de esos momentos de energía pura el resto de su existencia es plana, al punto de que ni las fiestas ni el sexo o los químicos consumidos logran provocar estímulo suficiente, estos jóvenes que a nada material aspiran porque todo lo tienen, pretenden sentir que no están muertos, y es por ello que han escalado hasta hacer de la violencia un entretenimiento. La sociedad que genera estos personajes de la sombra está conformada por todos nosotros en nuestro papel de padres, tíos, abuelos, maestros, clérigos, funcionarios de gobierno, ciudadanos… Es resultado de nuestra actitud de indiferencia, de ese cómodo “no me toca” con el que pretendemos zafarnos de cualquier responsabilidad.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quiÉn arregla su pequeño espacio, el mundo se compone. Por desgracia, los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
02 Abril 2017 03:01:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar Centinelas, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido

exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los Porkys; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne (menor de edad) por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar.

Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encauzados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quien arregla su pequeño espacio el mundo se compone. Por desgracia los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.
26 Marzo 2017 04:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo veintiuno ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

Viene a mi mente esta reflexión al inicio de la primavera, temporada de conciertos matutinos alrededor. Será el cambio climático, o que los niños que antes eran cazadores urbanos están metidos en sus aparatos electrónicos, hoy en día los árboles circunvecinos son visitados desde temprana hora por calandrias, cenzontles, unos tordos que conocen popularmente como “pájaros del viento”, y cardenales, que por acá llaman “cadernales”, cambiando dos consonantes, (igual hacen con el chile “piquín” al que muchos llaman “quipín”), y finalmente un par de pájaros carpinteros. En lo personal es una forma deliciosa de mantenerme en contacto con la naturaleza en medio de la mancha urbana, una oportunidad extraordinaria para alabar a Dios.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de los Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

“Para entender los actos irracionales de un adulto, pregúntate qué quiere lograr con ellos el niño que lleva dentro”. Hay infinidad de comportamientos detrás de los cuales se percibe un vacío en el interior de su autor. Son oquedades que buscan llenarse de alguna manera, pero al andar caminos equivocados, no se logra hacerlo. Hay sensaciones de vacío que se extienden a todas las esferas, de modo que el individuo a mediación o cerca del término de su vida se pregunta qué ha hecho en tantos años, y se deprime. Hay vacíos que son producto de una baja autoestima, entonces, como la persona no está satisfecha consigo misma, requiere de manera constante el aplauso exterior, mismo que siempre será insuficiente. En estas condiciones la persona sufre al considerar que no está logrando el justo reconocimiento. Siempre y cuando el sentirnos bien dependa de elementos externos, iremos, si no a la deriva, sí con altas y bajas que terminarán haciendo de la vida algo insufrible.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas, como serían el alcohol o las drogas. Nuevamente esas personas se sienten satisfechas solamente a expensas de elementos externos, de modo que su satisfacción es como una barcaza frágil en alta mar.

El consumismo, dentro de sus premisas busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. No tengo la prenda de última moda que acaba de salir, surge un vacío. No poseo un inmenso capital para pagarme un viaje al espacio, soy un fracaso. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío. Y así avanzamos por la vida, muchas veces olvidando contar las bendiciones que sí tenemos, y más bien lamentando aquello que no es nuestro, por más irracional que resulte, y nos sentimos muy infelices, tanto que hasta consideramos el suicidio, ya sea por la vía corta o larga, pues finalmente –en nuestra depresión—no vale la pena vivir.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando, de dónde surgieron y por qué, y en un dado caso, cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte intangible y prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios cada mañana.

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26 Marzo 2017 03:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo 21 ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de Internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas como el alcohol o las drogas.

El consumismo busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando y cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios.
19 Marzo 2017 04:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían. Constituyen un excelente ejemplo del término “compromiso” del cual hoy quiero hablar.

En días pasados sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones. Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “Paso por ti a las 3” era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños. En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillo que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello que dijo y de lo cual obra sobrada constancia, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda. Lo que anteriormente habría llevado semanas o meses ahora aterriza en nuestra pantalla electrónica en un abrir y cerrar de ojos; la información a la que accedemos por esta vía es amplia pero no necesariamente profunda, la revisamos “a ojo de pájaro” y dentro de un par de horas poco podremos recordar de ella. Todo eso va dejando en nosotros una sensación de vacío, respecto a la cual Gilles Lipovetsky habla de manera muy amplia en su obra, refiriéndose a la “seducción” que ejercen estos medios masivos de comunicación sobre la persona que accede a ellos, y que como seducción que es, pronto pasa.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan, o tal vez llego con mi veliz, sin lonche y sin acaso mencionar que no lo llevo, calladita, pretendiendo que ni me pregunten… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet. Estando los adultos muy ocupados en sus múltiples actividades, los menores quedan en cierto modo a la deriva asimilando patrones de donde pueden, y uno de estos “instructores” es la Internet con sus características: Inmediata, proclive a la dispersión, seductora y vacía. Hasta ahora la red no es capaz de enseñar valores como sería el compromiso, esa virtud de cumplir con aquello que dije que haría, contra viento y marea, simplemente concediendo a la palabra empeñada el valor que se merece.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal, pues un ser humano que no sabe comprometerse, poco o nada trascendental habrá de lograr en la vida. Visualizar un quehacer como algo superior a mi persona que me obliga a cumplir con gusto, inyectándole pasión a lo que hago, es la forma de actuar de quienes hacen historia. No lo perdamos de vista a la hora de educar a nuestros hijos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
19 Marzo 2017 03:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían.

Hace días sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones.

Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “paso por ti a las 3”, era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo, sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños.

En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillos que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco, pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal.
12 Marzo 2017 04:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes del planeta Tierra; cambios climáticos inesperados, elevaciones térmicas fuera de rango y de época, o grandes meteoros que afectan principalmente zonas tropicales. Volteamos la vista y descubrimos que se trata de una cadena interminable de pequeñas situaciones que fueron dándose en el tiempo, cuyo efecto acumulativo a la fecha ha alcanzado graves proporciones.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud. Hoy quiero enfocar mi comentario con relación a otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar, llámese en la pareja o en la propia familia. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, repitiéndose, aumentando en intensidad, pequeñeces a las que se suman otras pequeñeces, y aquello comienza a crecer como bola de nieve, llevándose a su paso todo lo que encuentra. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Se nos olvida que la relación de pareja es precisamente eso, la asociación voluntaria y por amor de dos personas distintas, cuya base de sustentación es la negociación, alcanzar acuerdos que a ambos beneficien. Los patrones de relación se van estableciendo desde el momento cuando se conocen e intercambian las primeras palabras, son adaptaciones de uno al otro, es un dar y recibir; un renunciar y obsequiar; en la medida en que haya satisfacción al hacerlo, no por la fuerza sino de propia voluntad.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo. Esos chispazos mágicos del enamoramiento suelen ser elementos que identificamos en el otro como algo familiar, porque son representaciones con las cuales hemos tenido contacto de niños. La chica de alguna manera buscará en la pareja potencial actitudes, gestos o modos de tratarla a ella que repliquen la forma como su padre trató a su madre, que tantas veces explica ese repetir patrones de conducta que dañaron en la infancia y ahora se repiten como calcados en la pareja que se elige para toda la vida.

Hablando de la familia, son muchas las ocasiones cuando esta es una de la puerta de la casa para afuera y otra muy distinta en el interior de la misma. El hogar es ese sitio en el cual podemos expresarnos de forma natural, sentirnos libres de actuar tal cual somos, sin preocuparnos por el rechazo social que de forma sistemática se da allá afuera. La libre expresión no nos autoriza -sin embargo- a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se va desarrollando la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales, el cuidado, el afecto, la ternura, la paciencia, todas aquellas maneras que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda alguna de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial humano, por favor no lo olvidemos. Una relación de pareja que se convierte en rutinaria y sin chispa es el preámbulo perfecto para vivir lo que llamaba Campoamor: “La soledad de dos en compañía” o la muerte en vida del amor.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Marzo 2017 03:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud.

Hoy quiero enfocar mi comentario en relación con otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, aumentando en intensidad. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo.

La libre expresión no nos autoriza a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se desarrolla la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.
05 Marzo 2017 04:00:00
Riesgo de vida
Las conductas sociales han cambiado con el tiempo. Los jóvenes de hoy pasan pocas horas en comunión con ellos mismos, esto es, la figura de un observador solitario tratando de entenderse a sí mismo o al mundo que le rodea es excepcional, resulta una práctica poco alentada y hasta mal vista en nuestro medio. Los jóvenes conviven poco, quizás en “reventones” multitudinarios, pero casi no lo hacen fuera de estos ambientes festivos, tal como hicieron las generaciones de las dos centurias previas. Lo que prevalece –triste decirlo—es el joven prendido de un aparato, haciendo caras y riéndose solo, en total aislamiento con respecto al mundo exterior. En lo personal me llaman mucho la atención estos jóvenes –ellos y ellas, por aquello de la igualdad de género--, tanto que quisiera acercarme a preguntarles qué es aquello que captura su atención al grado de aislarse de cuanto les rodea, además trataría de descubrir por qué llegan a considerar tan importante una llamada, como para arriesgar la vida en contestarla mientras conducen.

Precisamente con relación a esta manera de terminar atrapados por las tecnologías de la comunicación es que surgen problemas modernos, como la alta tasa de accidentes que ocurren mientras el conductor o el transeúnte, --porque también se da el caso—va distraído atendiendo al celular, sobre todo si va escribiendo mensajes de texto. Si el simple uso de telefonía celular mientras se conduce, así sea utilizando “hands free” provoca visión de túnel que estrecha el campo visual, cuanta más distracción se generará cuando el joven tiene la vista puesta en la pantalla de su celular y no en la vía por la cual transita. Alcanza tal magnitud el problema, que ha dado pie a la creación de campañas para desalentar el uso del teléfono celular mientras se conduce, algo que en lo personal hallo muy positivo para prevenir accidentes con riesgo de graves lesiones o hasta la muerte. En otros sentidos la tecnología es la gran culpable a la cual pretendemos colgar responsabilidades, como antaño se hacía con “las malas compañías” que pasaban a ser las responsables absolutas de los malos pasos en los que pudiera andar alguno de nuestros retoños, saliendo nosotros, mediante tal señalamiento, exculpados.

El uso insensato de tecnologías encierra un riesgo de muerte, eso lo sabemos y trabajamos para prevenirlo, sin embargo la otra faceta, la que he dado por llamar en este espacio “riesgo de vida” ha sido poco explorada, quizá nos refiramos a ella por exclusión, sin darle la importancia que en realidad merece.

La fórmula educativa de los últimos años está generando jóvenes frágiles con poca tolerancia a la frustración, que trazan sus metas muy elevadas, pero no actúan de manera congruente para alcanzarlas. Son jóvenes que quieren un título que les abra puertas, pero no están muy dispuestos a aplicarse con asiduidad a estudiar una carrera; cuando solicitan un trabajo esperan el puesto de categoría “senior”, aun cuando no tienen un respaldo curricular ni para aspirar a una posición ejecutiva. Son chicos caprichudos que fácilmente avientan el pandero cuando las cosas no se dan como ellos lo desean. Tal vez los hemos acostumbrado así, a complacerlos, a cumplirles todos sus gustos, a no permitir que batallen por lograr las cosas, no sea que “se traumen”. Recuerdo un chico que quería ser astrofísico, cuando lo conocí se estaba tomando un año sabático entre primer y segundo año de bachillerato “para prepararse”. La primera pregunta que me hice al conocerlo fue: ¿Pero qué tienen en la cabeza sus padres? ¿Por qué lo dejan tomar malas decisiones en lugar de educarlo?
En ocasiones es la lectura que obtengo de nuestros chicos que viven prendidos de sus aparatos, una cómoda evasión de la realidad, un decir “estoy pero no estoy”, como si hubieran colgado el aviso de “no molestar” en la puerta de su propia vida. Esos chicos que no están dispuestos a salir de su zona de confort para desarrollarse y ganar a pulso una posición que los encauce hacia un futuro satisfactorio. Esos chicos que se sienten dueños del mundo y unos papás que corren tras ellos con algodones en las manos para que, si acaso tropiezan no se golpeen contra el suelo, sin asumir que los padres no somos eternos, y que actuar así es condenar de ya el destino de los hijos. Estamos criando una generación de jóvenes que evita a toda costa el riesgo que implica la vida, aprender a medirse frente a los obstáculos y tener yerros, como futuros adultos que viven sus primeros años conociéndose a ellos mismos para que lo que venga después los halle preparados.

Riesgo de vida que adormecen frente a la pantalla, metidos en una realidad virtual en la que, cuando las cosas salen mal, cambian de aplicación, y asunto resuelto.

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26 Febrero 2017 04:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, ex primera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”. En mi imaginario personal significó como si emergiera un iceberg para explicar muchas cuestiones hasta ahora inexplicables que se dan en una sociedad como la nuestra.

Hace 100 años las cosas tenían un orden, dentro de la casa, dentro de la iglesia, en el propio sistema de gobierno; con sus excepciones existía una forma lógica de pensamiento, de modo que del punto A se pasaba al punto B, todos lo sabían y actuaban en consecuencia. Vinieron las dos grandes guerras a romper el orden mundial, y a raíz de las mismas comenzaron a surgir variaciones en la forma de pensar y de sentir, que fueron más evidentes a partir de los años sesenta, con las guerras de Corea y de Vietnam. El movimiento hippie detonó una particular expresión de libertad de pensamiento, ese asumir que es válido romper el orden establecido. Y así surgieron los grandes pensadores de la época, escritores que se atreven a decir cosas que antes no podrían haberse dicho, lo que a su vez concede licencia de pensamiento al propio lector. En los setenta comenzaron a llegar al continente Americano corrientes filosóficas de oriente que en buena medida, a través de los siguientes cuarenta años adquieren carta de naturalización en la cultura occidental. Religiones tibetanas o de la India generan fenómenos culturales de apropiación que dan pie a corrientes filosóficas y religiosas de lo esotérico o mágico a lo ortodoxo.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo, tal vez como una catarsis íntima, lo que es válido cuando nos vemos obligados a cumplir con algo que no nos satisface, pero que además mezcla la filosofía hindú repitiendo mantras con miras a lograr un enriquecimiento exorbitante e ilícito mediante el saqueo a las arcas de la nación. Para mí es un ejemplo de cómo la libertad de pensamiento y de creencias nos lleva a generar incongruencias de ese tamaño, a esperar merecimientos por los cuales no estamos trabajando por el camino adecuado para lograr, como una canica rodando dentro de una gran vasija, errática y ruidosa.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Surgen aquellas personas que actúan dañando a terceros, pero que esperan recibir buenos tratos, porque se creen merecedores de los mismos.

Hay personas que no le fallan a la misa los domingos sintiendo que ya con ello, independientemente de su modo de proceder, se han hecho merecedoras del cielo.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Estar frente a la mayor libertad para decidir qué somos y a dónde vamos implica la madurez de saber qué hacer, un trabajo mental para ubicarse y no terminar en la enajenación; ser capaces de establecer límites para nuestra propia conducta y no levitar suponiendo que el cargo que ocupamos nos convierte en dioses “de facto”. Quizá hace cien años cuando las estructuras sociales eran rígidas, había más orden, aunque claro, muchísimos sueños jamás se cumplían, o tal vez ni siquiera eran soñados, pues albergarlos era atentar contra lo establecido, y los que llegaban a soñar sin tener permiso para hacerlo, eran considerados los tránsfugas del sistema.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo inédito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.

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26 Febrero 2017 03:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, exprimera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo iné-dito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.
19 Febrero 2017 04:00:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros diez años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: Chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: Tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para su hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como este surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces trece nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo --hay que decirlo-- no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores, y ese vínculo generacional provee para los más pequeños raigambre e identidad, y los sitúa en el mundo globalizado de hoy en día como individuos que se conocen a ellos mismos al conocer y amar su historia.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental. El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño. Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre, y que constituyen elementos formativos que habrán de facilitar la construcción de la propia identidad, y a partir de ella el desarrollo del respeto y la tolerancia, piedras angulares de una sociedad.

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19 Febrero 2017 03:15:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después, vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros 10 años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa, pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para sus hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como éste surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces 13 nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar, es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental.

El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño.

Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre.
12 Febrero 2017 04:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: En el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla se halla una carriola totalmente tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora profusamente mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono. La nota –amarilla o roja, aunque para mí en este instante es negra– la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención con relación a una muerte que nunca debió ocurrir: ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada! Contrario a otras semanas cuando en lenta cocción surge la nota dominical, esta llega a mi mente como latigazo, tanto que siento una urgencia inminente por comenzar a escribir, lo que hago de inmediato, dejando de lado otras tareas literarias que me ocupaban en el momento, es un deber ciudadano hacerlo, al menos así lo siento.

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar los derechos de otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que –queremos creer– se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual desde su propio canal para ir a confluir en un fin común. La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada “Vibra México” la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero por supuesto se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”. Triste decirlo: Los mexicanos no necesitamos enemigos de fuera, pues en cada uno de nosotros mora el mayor enemigo del otro mexicano, en buena parte es por este canibalismo ciudadano que nuestras iniciativas ciudadanas luego no progresan.

Hay problemas muy urgentes por atender. Que un niño de cuatro años muera en la banqueta esperando su turno para ser atendido es un llamado de atención para todos; como sucede en otras áreas de salud, las farmacias con consultorios anexos de bajo costo resuelven buena parte de las deficiencias en la atención de pacientes dentro del sector salud y esto no es un problema menor. Si el niño murió por complicaciones de rubeola, significa que no contaba con la vacuna, un derecho que el sistema debe garantizar en todo menor de edad, entonces... ¿qué pasó aquí? La madre luce joven, tal vez haya sido su primer niño y ella no supo identificar la gravedad en las condiciones de su hijo. ¿Estaría desnutrido? ¿Cuándo iniciaría con su cuadro? ¿No hubo quién orientara a esta madre?... Me recuerda aquel óleo de un niño enfermo, pintado por Gabriel Metsu, y en este caso por el pincel de la pobreza y la ignorancia, frente al cual sería criminal permanecer indiferentes. Menos aún cuando reconocemos que renglones de primer orden como el de salud sufren recortes presupuestales frente a rubros innecesarios que bien pueden ser cancelados.

Los mexicanos necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios unos con otros, corresponsables, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer y alentar sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos de orden personal, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.

Hace un par de días arrancó el Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, integrado por personajes de trayectoria amplia e integridad reconocida por la sociedad (no fue “dedazo”). Apostemos porque sea este el primero de incontables pasos que nos permitan esbozar el proyecto de nación que demandan de nosotros –con justa razón– nuestros hijos. No hay fórmulas mágicas para sacar adelante a México, solamente la conjunción de inteligencia, trabajo y unidad encaminados al logro del bien común. Que vibre México por entusiasta y solidario.

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12 Febrero 2017 03:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: en el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla, se halla una carriola tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono.

La nota la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención en relación con una muerte que nunca debió ocurrir ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada!

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar a los otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que, queremos creer, se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual para ir a confluir en un fin común.

La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada Vibra México la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”.

necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos personales, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.
05 Febrero 2017 04:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip-hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones reggaetoneros.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras al cual ambos pertenecemos compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos con relación a los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual. Para quienes no estamos familiarizados con ese tipo de música, de entrada aquello no llama la atención, aunque a la hora de ir colocando la letra se distingue claramente su contenido. Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos, para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan. Muchas veces es la necesidad de sentirse identificado, de satisfacer su sentido de pertenencia a un grupo que él identifica valioso y validador.

Desde el momento cuando vamos con la espada desenvainada, ya hemos cortado toda posibilidad de apertura de su parte. Cuando nos espantamos con lo que conocemos o fiscalizamos, tenemos asegurado el hermetismo de los jóvenes. Alguna vez cuando una madre me pedía orientación sobre cómo manejar a sus hijos adolescentes, le sugería abrir los sentidos, captar lo que percibe y hacer cara de que nada le asusta. Es la única manera de que el chavo sienta la confianza suficiente como para abrirse, pues para saber sus cosas necesitamos que lo haga, de otro modo poco o nada vamos a lograr.

Esos silencios generados por la diferencia de edad entre jóvenes y adultos, o por la apropiación de tecnologías que ellos como nativos digitales tienen y nosotros no; esos silencios provocados por nuestros temores a indagar y luego no saber qué hacer con lo que hallemos, tanto que prefiramos suponer que no pasa nada y quedarnos en nuestra bendita ignorancia… Esos silencios son los que necesitamos romper antes de que nuestros chavos cometan un error que les cueste demasiado. Ellos saben mucho de muchas cosas, pero el valor de la experiencia no lo da más que el tiempo, y eso no debemos de olvidarlo.

Por cierto: ¿Conoces bien qué música le gusta a tus hijos? ¿Qué personajes admiran y por qué? Hoy domingo es un buen día para platicar y comenzar a averiguarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
05 Febrero 2017 03:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras, al cual ambos pertenecemos, compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos en relación con los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual.

Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan.
29 Enero 2017 04:00:00
Érick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de 2 años como misionero en el extranjero y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey hace once días como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se intitula: “La era del vacío”, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad. Aun cuando su libro fue publicado antes de la proliferación de las redes sociales, contiene principios que se aplican perfectamente a los tiempos actuales. En sus últimas publicaciones Lipovetsky tiene el acierto de incluir lo relativo a los “self media” (perdón por el anglicismo), que explican el narcisismo del individuo frente a la pantalla de uso personal, propio de la que llama “época hipermoderna”. Además acuña un término muy descriptivo: “Felicidad light”.

Con relación a esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Érick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse ellos mismos. Lipovetsky propone que la educación le apueste en serio a la formación artística de los niños desde los primeros grados, como una forma mediante la cual el estudiante pueda sentir que vale frente a la sociedad por aquello que es capaz de expresar. Que el arte le permita asimilar el concepto de que se le reconoce por lo que sabe hacer, lo que le vuelve distinto del resto de los mortales, rompiendo de ese modo el narcisismo colectivo de nuestros tiempos, dentro del cual somos tan parecidos unos y otros, que terminamos sintiendo que la vida es un absurdo, al grado de considerar que da lo mismo tenerla que perderla. Con relación a las redes sociales señala una verdad tan profunda como lamentable, emprendemos una comunicación carente de objetivo preciso o público determinado, movida por la urgencia de expresarnos para cerciorarnos de que seguimos vivos. Esa honda sensación de vacío nos encapsula en nuestro espacio vital, y nos conduce tanto al hedonismo como a la insensibilidad frente a los demás. Todo lo que sucede en la vida real se confunde con lo que se ve en la pantalla, lo que lleva a un desapego emocional en potencia grave.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo de forma única y auténtica. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará tal vez comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso mientras navega en aguas turbulentas que amenazan con hundirlo. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Érick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.

Un principio de comunicación señala que a las dos semanas una noticia pierde vigencia. En tres días más se cumple ese plazo para lo acontecido en un colegio de Monterrey y que en su momento nos cimbró; en este caso no se vale cerrar el libro, sellar la historia y olvidarlo, estamos todos obligados a hacer lo necesario para que algo así nunca vuelva a ocurrir.

No está de más insistir: Los niños y jóvenes están en período de formación, no tienen capacidad para tomar todas las decisiones, no todo lo que hagan está bien hecho, para eso estamos los adultos, para señalar valores y ver porque se cumplan. La mejor manera de garantizarlo es a través del ejemplo: Enseñar amor a la vida amando la vida, enseñar fortaleza siendo fuertes; convertirnos en paradigmas de total congruencia en cada pequeño acto que emprendamos para un cambio verdadero.

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29 Enero 2017 03:00:00
Erick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de dos años como misionero en el extranjero, y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se titula La Era del Vacío, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad.

eN relación con esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Erick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Erick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.
22 Enero 2017 04:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza. Así es como imagino la situación de muchos chicos, que puede ser o no ser el caso del alumno de Monterrey, nosotros como padres atendiendo lo estrictamente necesario; desconociendo las potencialidades de los hijos; pasando por alto o racionalizando aquellos primeros signos de alarma. Y la humedad avanza, infiltra, hasta que en un momento dado la solidez del muro queda hecha polvo a nuestros pies.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. Con relación a casos de violencia en adolescentes la Dra. Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno reconoce tres elementos clave: Depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.

Señala la Dra. Ostrosky que no existe un gen de la maldad, pero sí neuronas-espejo que determinan la empatía hacia los demás, y estas se van apagando con la exposición continua a la violencia, así se trate de videojuegos; son hechos probados científicamente, así que habrá que revisar los contenidos temáticos que dejamos entrar a casa. Por desgracia como sociedad nos hemos acostumbrado a manejarnos en el entendido que nada es malo, y para muestra ahí tenemos a los grandes ladrones de cuello blanco a los que en ratos hasta celebramos. Es en esa confusión donde urge nuestra participación como orientadores.

En el caso de Monterrey nunca vamos a conocer la verdad última de lo ocurrido, pero sí a partir de ello estamos obligados a revisar nuestra actuación frente a los chicos, como padres, como maestros, como médicos, como ciudadanos. Ellos están pidiendo acercamiento, ser escuchados y valorados, no criminalizados. Fomentemos en ellos una identidad que les proporcione raíces; un sentido de pertenencia que les provea de seguridad, y un reconocimiento que les permita extender las alas y volar sin riesgo de venirse a pique.

Un chico es el síntoma pibote de lo que ocurre dentro de la familia, eso no es gratuito. Como sociedad civil y como instituciones profesionales estamos obligados a detectarlo. La operación mochila inicia en casa revisando en tiempo y forma mochilas de viaje, la propia y la que cargan nuestros hijos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Enero 2017 03:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar, pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. En relación con casos de violencia en adolescentes Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno, reconoce tres elementos clave: depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación, además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.

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