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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo, así como parte de nuestros deseos se ve satisfecha, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos (me incluyo en primerísimo lugar), las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey, vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar. Igual admiro a quienes han leído bibliotecas enteras, y llegan a conocer la forma de pensamiento de tantos hombres y de tantas culturas. Todos ellos impelidos por una necesidad de descubrir y amar más la vida.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla. Imagino que mi ventana ejerce un efecto como de imán para la naturaleza, de modo que las cosas suceden justo ahí, al otro lado de donde yo estoy, para mi goce y aprendizaje.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo así como parte de nuestros deseos se ve satisfecho, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos –me incluyo en primerísimo lugar--, las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada. Cada elemento es un atractivo que atrapa nuestros sentidos, por supuesto. Ahora habría que preguntarnos si es lo fundamental de las fiestas, o si existe un sentido más profundo que debiera actuar como eje rector. Y habría que cuestionar si en cumplir con todo lo externo estamos descuidando el motivo último de la celebración.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

¿Será realmente tan difícil compartir algo de lo que tenemos? ¿Tan complicado actuar desde la convicción de que todos podemos regalar un tanto que alivie a quienes menos tienen? Y que esas personas poco favorecidas en lo material puedan sentir el amor de Dios en esa pequeña dádiva.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos por tener nuestro propio espacio para gozar.

No nos dejemos llevar por los apremios de la temporada hasta volvernos contradictorios: Nada cristianos al manejar, al desplazarnos en sitios públicos, al festejar, cayendo en ese contrasentido de celebrar de la manera menos cristiana el más grande amor cristiano.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Diciembre 2017 04:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí el otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció –su hogar--, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio foliado.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas. ¡Tanto qué aprender de ellas!

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración. El ocre del otoño invita a eso, al agradecimiento.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos –como dijera Facundo Cabral-- y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños.

Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido. Es la provisión que llevamos para recorrer el camino.

¡Cuántas grandes lecciones nos trae el otoño! La mansedumbre para acatar el orden perfecto del cosmos; la docilidad para atender los tiempos que nos va correspondiendo vivir. La profundidad como seres humanos, para que a pesar de aquello que vamos perdiendo por el camino, no se agote nuestra esencia.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de haber llegado hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de bendiciones que se han hecho presentes día con día.

Es hacer un alto en el camino para dimensionar el tramo final, efectuar un recuento de aquello que tenemos para una buena marcha, y emprenderla con el mejor de los ánimos.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!

https://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Diciembre 2017 03:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí en otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor, pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas.

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos, como dijera Facundo Cabral, y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños. Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de llegar hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de
bendiciones.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario titulado Todo lo Abierto, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana, como llama viva, de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada tres familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128 mil nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros (comenzando por los seres queridos) los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se titula Todas Nosotras.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno en la ciudad de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario intitulado “Todo lo abierto”, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana –como llama viva-de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada 3 familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128,000 nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros –comenzando por los seres queridos—los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se intitula “Todas nosotras”.

Me permito compartir un fragmento de su poemario que dibuja de cuerpo entero a la poeta quien, por cierto, está muy orgullosa de sus cicatrices quirúrgicas. Las identifica como parte de su propio ser, de manera que no piensa desterrarlas atendiendo a la estética, sino conservar con orgullo como parte de su geografía personal. Con esto termino:

Yo no soy
De miel.
De luz.
De aire.
Yo no soy esta herida.
No soy solo esta herida.
Claveles rojos
me estallan en la boca
si pienso un beso.
Yo no soy solo el pecho cercenado,
la maltratada carne.
Yo soy por dentro vuelo,
soy esa oscuridad
de noche con estrellas
que se puede habitar como una casa
De miel.
De luz,
De aire.
Yo no soy una víctima.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Noviembre 2017 04:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula “El corazón de piedra verde”. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que buscó hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California sur, el estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre De la Toba --ombudsman en BCS—y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos –o más bien de todos—durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en quince minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: Se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal. Claro que es importante el conocimiento, pues entre más conoce una persona más avanza por el camino que le llevará a apreciar y amar aquello que conoce. Pero para lo que nos ocupa, la educación va mucho más allá, al fomento de valores.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo como maestro no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno, y el proceso educativo no se da.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: Existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es entonces: “La ley no tiene valor absoluto sino relativo y condicional.”

Si yo me paso los semáforos en rojo, u ocupo los cajones para discapacitados cuando no me corresponde, ¿con qué autoridad moral puedo exigir al hijo que cumpla sus obligaciones? ¿O le estoy enseñando que el respeto a los demás es variable?... Un país de Primer Mundo lo que hace de entrada es poner orden en casa. Si dice “alto” no pasas, si dice “siga” pasas. No a criterio personal, no dependiendo de las circunstancias, una regla siempre se obedece.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas, debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor. El niño necesita saberse aceptado y querido, necesita asimilar que se le corrige por amor, porque queremos que llegue a ser un ciudadano satisfecho, productivo y feliz.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: Todos –sin excepción-- tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.


https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Noviembre 2017 03:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula El Corazón de Piedra Verde. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que busco hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California Sur, el Estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre de la Toba (ombudsman en BCS) y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El Gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis, necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en 15 minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo, como maestro, no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es: “la ley no tiene valor absoluto sino relativo y
condicional”.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: todos, sin excepción, tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde, que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he recordado a don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihua-huense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: El Hombre es su Palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de 2 mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra.

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los gifs y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida.

años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente.

Uno de los apelativos que tenía don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la noutilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he venido recordando a Don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihuahuense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: “El hombre es su palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de dos mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra, y ahí les va:

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los GIFS y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos, y esa falta de expresión de lo propio bien puede ser el germen de interacciones sociales poco afortunadas.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida. Su autoestima se queda muy corta, y necesita de los demás para sentirse bien. Entra al sistema educativo escolarizado y aprende muchas cosas, pero no se le educa para desarrollar su inteligencia emocional. Como por intuición va practicando expresar lo que piensa y lo que siente, y así continúa hasta la edad adulta.

Unos años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad. La maravillosa utilidad que la palabra podría aportar para él se queda flotando en el limbo, en un mundo en el que nos guardamos de expresar lo que sentimos por miedo a ser malinterpretados, y reservamos las palabras amables, y volcamos las de odio cuando ya estamos como olla de vapor, con las emociones a punto de explotar.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente. Nos volvemos violentos, o más bien explosivos, sin que –visto desde fuera-- parezca existir una causa que pueda explicarlo.

Uno de los apelativos que tenía Don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años de edad. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la no-utilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Noviembre 2017 04:00:00
El mejor piloto
Haz de tu vida un sueño, y del sueño una realidad. Antoine de Saint-Exupéry


Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde pueden llevar los mismos a aquel que se atreve a soñar.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo no es la única forma para alcanzar las metas que nos proponemos.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para descubrirlos.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras vivieron, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran, pero nada más.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor. Un pequeño que se siente aceptado a pesar de sus errores, aprende a amar, asume que todo ser humano merece lo mejor, y apuesta a favor suyo.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.


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12 Noviembre 2017 03:00:00
El mejor piloto
Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo, no es la única forma para alcanzar las metas.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de
entusiasmo.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.
05 Noviembre 2017 04:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular. Todo ello condiciona cambios de comportamiento que no siempre apuestan a la armonía social.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando finalmente pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta que debe haberse escuchado a dos cuadras a la redonda.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años de edad me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia. Mis papás y yo gozamos de igual manera el camino como la meta final.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contra reloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo y con todos. Esto es, nos perdemos de disfrutar una gran parte de lo que el trayecto nos ofrece, dispuestos a gozar solo a partir de que lleguemos a nuestra meta.

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que –en mi caso particular-- a más de cincuenta años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del elemental orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia a la frustración. Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros niños y jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.


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05 Noviembre 2017 03:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo, es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contrareloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que, en mi caso particular, a más de 50 años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia.

Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.
29 Octubre 2017 04:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia y disciplina. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber, y a partir del momento cuando ya no existe una exigencia externa, la lectura se abandona.

Nuestros jóvenes la tienen difícil: Les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios. Jóvenes como Yessica amenazan con desestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que –en consecuencia—vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están. Solo quien es capaz de alejarse para ver a la distancia, puede dar una lectura distinta a las cosas, proponer otros caminos para generar el cambio que México necesita.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares. Es bajo esta premisa como podrán prepararse adultos con clara conciencia acerca de qué cambios se necesitan, y cómo conseguirlos.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará. La tarea de nosotros los adultos mayores consiste en animar a niños y jóvenes a perseverar en ese entusiasmo, a reforzarlo, pero sobre todo a que entiendan cómo hemos llegado a donde estamos; de quedarnos aquí qué riesgos corremos, y cuáles serían las maneras para evitar empantanarnos. Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita --como lectora y como escritora--, está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención materna.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
29 Octubre 2017 03:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo, contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber.

Nuestros jóvenes la tienen difícil, les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios.

Jóvenes como Yessica amenazan con de-sestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará.

Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita (como lectora y como escritora), está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.
22 Octubre 2017 04:00:00
El arte de sanar
Mañana 23 de octubre, se celebra en nuestro país el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora, dispuesta a rendir tributo a las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

Con relación a los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en el año 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. De este modo crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César Del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital --el Centro Médico de la Laguna, frente a la Alameda-- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente, primero para diagnóstico y tratamiento, actualmente para control.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en la ciudad de Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros logró evocar algún momento vivido en las aulas que le marcó para siempre. De eso está hecho un buen maestro, de testimonios que apuntalen el incipiente proyecto de vida de sus alumnos.

La figura del médico está completa solo cuando es humana, de otra manera su trabajo podría ser reemplazado por una máquina que haga diagnósticos basada en algoritmos de probabilidad, con la frialdad de cualquier otro aditamento tecnológico. La calidez en el abordaje, la afabilidad y el buen trato para nada están peleados con la objetividad al aplicar los conocimientos científicos.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida vamos enfrentando tormentas grandes y pequeñas, cuando estamos atravesando por ellas es difícil entender las cosas a plenitud o definir un rumbo, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones y superar aquel episodio.

Una vez que va pasando el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu va sanando. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Octubre 2017 03:00:00
El arte de sanar
Mañana se celebra en México el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora de las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

En relación con los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. Así crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital -el Centro Médico de La Laguna, frente a la Alameda- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente,.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad, han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer
profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros evocó algún momento que le marcó para siempre.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida enfrentamos tormentas grandes y pequeñas, cuando atravesamos por ellas es difícil entender las cosas a plenitud, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones. Una vez que pasa el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu sana. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.
15 Octubre 2017 04:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida.

Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte, un arte de carácter sagrado que se practica con amor.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Desde entonces supe que esa consigna a favor de la vida no se abandona nunca, porque habrá de ser el lienzo último que nos cubra cuando rindamos tributo a la madre tierra.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

La existencia nos dota de grandes alas y de un espacio abierto, donde cada cual tiene libertad para ser el pintor de su propio cuadro, el creador de su propia melodía. Tenemos la maravillosa facultad de aprender cosas nuevas, de probar destrezas que antes no hubiéramos acaso imaginado, con una sola consigna en mente, disfrutar todas las oportunidades que se nos presenten, siempre y cuando aquello que adquiramos y aquello que ejerzamos no haga mal a nadie.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen cuarenta años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras. Todo ello sin perder nunca de vista que la felicidad es una opción muy personal, una actitud con la que vamos por el camino hasta exhalar el último aliento.

Si veinte años no es nada, cuarenta menos: Un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.

Doy gracias a la vida por todos sus momentos, por sus retos y oportunidades, en especial por la absoluta libertad que tengo para decidir qué par de lentes uso para mirarla cada día. Momento especial de celebrar, y en tal espíritu gozoso este pequeño espacio nuestro –suyo y mío-- no podía quedarse ajeno a la gran ocasión.

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15 Octubre 2017 03:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida. Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen 40 años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras.

Si 20 años no es nada, 40 menos: un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.
08 Octubre 2017 04:00:00
Claudia Elena
A Claudia la vine a conocer estos últimos años, previamente era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace 6 años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aún cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar.

Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón de madre la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía –entonces sí—sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, desgranarlo y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: Su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

Cronológicamente fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace diez meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: Le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Hace algunas noches, atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del mes de Lucha contra el Cáncer, intitulada “Cáncer en el alma”, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017 en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia. El mayor de estos retos, un diagnóstico que marcó para su vida un antes y un después.

A partir de su experiencia como paciente transmite al público como en esos momentos de incertidumbre y de angustia, gestos tan simples como un abrazo o una palabra de aliento llegan a hacer la gran diferencia. Varios de los asistentes, que ya hemos andado ese mismo camino, asentimos totalmente a lo expresado por ella. En definitiva un diagnóstico de cáncer rompe el equilibrio de tu día a día, te arranca con brusquedad de tu zona de confort y te lleva a temer lo peor, primero la muerte, después la limitación física, y por supuesto el desequilibrio financiero. Una vez superada la crisis comenzamos a ver la vida de otra manera, apreciamos cada pequeño detalle como con lentes de realidad aumentada, provistos de un entusiasmo tal, que los demás no consiguen abarcar.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos y bien. No hay tiempo ocioso, cada día tiene un propósito específico por cumplir, de modo que la existencia se convierte a largo plazo en una colección de experiencias maravillosas.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como “Cáncer en el alma”, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos.

Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro, como el respaldo más fuerte en tiempos de crisis.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!

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08 Octubre 2017 03:00:00
Claudia Elena
A Claudia la conocí estos últimos años, era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace seis años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aun cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran ´por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar. Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace 10 meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del Mes de Lucha contra el Cáncer, titulada Cáncer en el Alma, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017, en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como Cáncer en el Alma, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos. Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!
01 Octubre 2017 04:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del ‘85 -para quienes hemos vivido ambos escenarios- en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los “millennials”. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia. Con toda seguridad Elena Poniatowska o Sabina Berman vendrán recogiendo tantas experiencias de vida que confluyeron en una sola intención, la de levantar a México después del cataclismo. Los grandes que nos hacen falta para ayudarnos a entender las cosas son Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Ignacio Padilla.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución –debemos decirlo-- no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció en buena medida las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados, además –por supuesto- evaluar qué proporción de las afectaciones obedeció a factores humanos que pudieron haberse prevenido. Tiempo de fincar responsabilidades, y por una vez garantizar que esas denuncias de la sociedad civil no se queden en el limbo de la no-procedencia judicial. Para ejemplo el caso del Colegio Rébsamen en el cual se concentran muchos vicios institucionales y que resultó en 26 muertes, cuando si se hubiera cumplido la norma, no tendríamos ese saldo fatal.

Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez –más que nunca- el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío ni merma alguna.

En definitiva este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender. La rapiña a todos los niveles es una mala costumbre que se da a partir del pensamiento --“cultural”, diría nuestro señor Presidente--, de que si aquello no me lo apropio yo, lo hará alguien más, cuando lo ideal sería decir, si no es mío, tiene que ser de alguien más, y me toca respetarlo. Esto último sucede en países con un gran desarrollo humanista, y hacia allá debemos de enfocarnos a llegar.

Nuestros millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
01 Octubre 2017 03:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del 85 (para quienes hemos vivido ambos escenarios) en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los millennials. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución, no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados. Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez (más que nunca) el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío. En definitiva, este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender.

los millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el Gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, es necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es
irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aun en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido, nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aún en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
Que se sienta la viva presencia de los sueños que llevaron a nuestros abuelos a arar la tierra y sembrar –palmo a palmo- pedazos de nuestra historia. Hoy nos toca soñar y luchar por quienes vienen detrás.

El planeta, como ente vivo respira. Sea este estremecimiento la ocasión de reajustar prioridades en nuestra ruta de navegación personal.

Después de este nuevo 19 de septiembre, me quedo con una reflexión que deseo compartir:

México: Gracias por ser la fuerza que remueve escombros, que trabaja hasta con las uñas. Gracias por ser el puño solidario que pide silencio de vida, y ser el grito de alegría cuando de la oscura bocaza surge esta como un milagro.

Gracias por la fe de quienes rezan prendidos de tu nombre, de un rosario, de la imagen de la Guadalupana. Gracias por el espíritu inquebrantable de tus hombres y mujeres de piel de canela, por la sabiduría de tus viejos, y por aquel que se desprende de su pequeño salario para ofrecer un taco a quien lo necesita.

Gracias, México por recordarme dónde te encuentras y dónde te debo buscar cada mañana. Gracias por recargar mi entusiasmo cuando el desánimo amenaza con abatirme.

Gracias por tus niños de colores reunidos en una sola risa. Gracias por tus perros de arnés que buscan vida, y por aquellos sin dueño que puedo sentir míos.
…Por tu música y tus historias, por tus poetas, por la nobleza de quien no tiene para dar más que una gran sonrisa y la reparte feliz por donde va.

Gracias por sembrar en mí una esperanza que se crece con las dificultades, que aprende a volar muy alto con cada 19 de septiembre que sale a su paso. Ahora más que nunca sé que debo honrar el bendito suelo donde he nacido.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Septiembre 2017 04:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos de 37 años se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla solo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión en torno a la pérdida.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la Región Noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina, no sé si sería el caso, pero tal vez algunos comerciantes sacaron tajada económica del caos.

Yo necesitaba conseguir croquetas para mi “entenado” algo que por simple falta de previsión no compré por adelantado. Salí a buscarlas y no pude dejar de sorprenderme de todas las actividades que se trastornaron a causa del apagón: No había cajas registradoras, por tanto los comercios cerraron; clausurados los cajeros de los bancos y las gasolineras; apagados los semáforos; cancelada una función teatral que estaba programada para esa tarde. Ya de regreso a casa pensé en hacerme un café, para lo que tuve que recurrir al método de la percoladora ahora en total desuso.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aún cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente. Abordar el tema de la muerte no es invocarla, es prevenir, es en un dado caso proceder, como ya se tenía contemplado hacer, y no estar adivinando cuál habría sido la voluntad del fallecido.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

En ocasiones nos aferramos a lo material, como si nuestras posesiones fueran a tendernos un puente al infinito. Queremos tener más, aspiramos a la nueva versión de cuanto equipo electrónico sale al mercado, compramos como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina. Desarrollamos una ambición desmedida quizá partiendo de la falacia de que joyas, casas, automóviles o ranchos son lo que define quiénes somos.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: Sus órganos como promesa de vida.
La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?

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17 Septiembre 2017 03:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente, a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos, de 37 años, se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla sólo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la región noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aun cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo, entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: sus órganos como promesa de vida.

La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?
10 Septiembre 2017 04:00:00
Reconocimiento y autoestima
Muy en lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos que de alguna manera, en el contexto de la historia, ha sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad y duración para los humanos.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar. Así nos percatemos de ello, parece no modificarse mucho nuestra toma de decisiones, puesto que seguimos adquiriendo el nuevo equipo que sale a la venta cada vez que las firmas de renombre deciden lanzar un producto novedoso al mercado.

Y así, de este mismo modo que –habrá que decirlo—no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Nuestras elecciones están altamente influenciadas por lo que intereses ajenos determinan para nosotros.

Las redes sociales han venido a revolucionar nuestra forma de comunicarnos con otros, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito con relación a esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio personal con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes” como forma de reconocimiento de parte de quienes visiten su página, cada ícono favorable representa una caricia cibernética.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo altamente tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

Esta palabra “reconocimiento” tiene su parte oscura que explica en gran medida por qué un chico de 12 o 13 años se enlista en las huestes del crimen organizado, no es precisamente por hambre física sino por hambre de sentirse aceptado y estimado. De alguna manera los medios le venden la idea de esos personajes ricos y poderosos, con capacidad para actuar como dueños y señores del mundo. Dicha idea lo seduce de manera que entra, sin saber que entre ese primer paso y el espejismo que se le presenta, hay un camino sembrado de cruces, y que excepcionalmente habrá quien pueda llegar desde aquí hasta el pináculo sin morir en el intento.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para satisfacerse. La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

La gran apuesta en esta época tecnológica es a la autoestima, a conseguir la forma en que cada quien encuentre dentro de sí mismo lo necesario para sentirse feliz, más allá de los elementos del exterior.

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10 Septiembre 2017 03:00:00
Reconocimiento y autoestima
En lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos, que de alguna manera, en el contexto de la historia, han sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular, la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo, cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar.

Y así, de este mismo modo que no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Las redes sociales han revolucionado nuestra forma de comunicarnos, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito en relación con esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello, el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes”.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para
satisfacerse.

La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

03 Septiembre 2017 04:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos los ciudadanos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el gran problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: “Ética y Cultura Cívica”, en el que participaron --entre otros-- los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola. De manera muy descriptiva menciona el Dr. De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo XXI que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa; no es lo mismo que mamá esté allí en el momento en que al niño se le ocurre tal o cual cosa para corregirlo oportunamente, a que mamá llegue a las 9 de la noche y se pueda poner al corriente de todo lo sucedido durante el día.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto. Si el niño no tenía mucha oportunidad en casa de aprender principios de ética y lo que lograba era a través de la educación formal, con estos cambios de programa el niño dejó de tener acceso a elementos que le ayuden a crear un marco de conducta.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva del Dr. De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día. Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas, peinadas, con moño en la cabeza y vestido de fiesta, la más pequeña sentada en el carro de compras y la grandecita caminando junto a su mamá. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt líquido que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre lucía contrariada, sacó una toallita para limpiar a la pequeña, imagino que tal vez irían a una fiesta, y la niña había arruinado su indumentaria. La joven mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino…

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?

Vivimos unos tiempos alrevesados en los que ser ético y cumplir es retrógrado y estúpido, mientras que pasarme la ley por el arco del triunfo indica poderío y nivel de vida envidiable. Para muestra ahí tenemos una serie televisiva sobre narcotráfico que inicia su quinta temporada. ¿No? Con este escenario de fondo, actuando como una sociedad laxa y tibia, que no está dispuesta a comprometerse: ¿Cómo esperar que surjan como por arte de magia funcionarios íntegros y honestos?

Ya por último, tenemos lo que tenemos porque no nos ocupamos en lograr algo distinto, entonces, o comenzamos todos a trabajar en lo pequeño, o dejamos de quejarnos de los grandes tiburones.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
03 Septiembre 2017 03:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: Ética y Cultura Cívica, en el que participaron los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola.

De manera muy descriptiva menciona De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo 21 que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva de De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día.

Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre sacó una toallita para limpiar a la pequeña; la mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino.

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?
27 Agosto 2017 04:00:00
Hacia la paz
La educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo. Nelson Mandela


Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista. Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…” Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros en un dos por tres.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia que le impele a atacar a mujeres y niños? Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes. Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa. Sucede algo parecido a lo que acontece acá con las familias de jóvenes metidos en las drogas, que niegan estar enteradas de sus actividades, como para no confrontarse con una realidad dolorosa que no sabrían cómo manejar.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba anteriormente. En mi niñez, si se perdía un lápiz en el salón de clases, no había recreo hasta que aquel lápiz apareciera, situación que desanimaba a cualquiera del grupo a tomar algo ajeno. En contraste, ahora que compareció Ruiz Esparza con motivo del socavón, dijo con aquel cinismo: “Que se busque y se castigue a los culpables, no a los responsables”, burda manera de pretender sacudirse las consecuencias de sus fallas como titular de una Secretaría. Hemos venido viendo que cuando algo sale mal se echa a andar el juego de la papa caliente, y resulta que nadie se hace responsable de aquello que en principio es asunto específico de alguien cumplir o hacer cumplir.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición. Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas que amenazan con extinguir nuestro mundo. Fue la respuesta que se me ocurrió dar a mi atribulada amiga: Alojar la paz en nuestros hogares, lo que nos brindará además la sensación de estar haciendo algo efectivo por apagar estos terribles vientos incendiarios que el odio genera en los corazones. Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
27 Agosto 2017 03:00:00
Hacia la paz
Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga, quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista.

Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…”.

Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia?

Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste en que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes.

Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba
anteriormente.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición.

Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas.

Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.
20 Agosto 2017 04:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno psicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece. Hay acuerdos internacionales que contemplan un flujo migratorio anual y los presupuestos necesarios para que esos extranjeros, que ingresan en calidad de refugiados a un país, tengan lo necesario en cuanto a vivienda, alimentación, salud y escolaridad durante el primer año de estancia en el sitio de acogida. Pasado ese período inicial se verá qué hacer con dichos grupos, lo habitual es darles albergue permanente, de modo que vienen a constituir una primera generación de inmigrantes ya establecidos que darán pie a una segunda generación de individuos que, nacidos en el país de acogida, cuentan con todos los derechos de los naturales. De esa segunda generación han salido la mayoría de los terroristas que amenazan la seguridad de países del primer mundo, en particular de la Unión Europea, aunque claro, se dan casos de jóvenes no migrantes que se afilian por voluntad propia, habitualmente a través de internet, a organizaciones paramilitares como ISIS o ISIL, por citar algunas.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño “Residente” que yo recomendaría mucho ver, se intitula “Guerra” y puede visualizarse a través de youtube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales, como es en este caso la filiación a grupos armados que buscan cambios radicales, ya en su país de origen, ya en el de acogida.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Ahora bien, con relación a los grupos paramilitares surgidos en países desarrollados, y que se identifican con estas hordas extremistas habría que analizar qué intereses mueven a un joven de primer mundo a involucrarse en doctrinas completamente ajenas a su formación occidental. Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap “Guerra” dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
20 Agosto 2017 03:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno sicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño Residente que yo recomendaría mucho ver, se intitula Guerra y puede visualizarse a través de YouTube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap Guerra dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.
13 Agosto 2017 04:00:00
El principio del cambio
Eres solo un peregrino que camina hacia la patria.
San Agustín.

En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas. Lo más fácil sería pensar que parten del supuesto de que estando en posición de enriquecerse más, no hay razón para no hacerlo. Aunque la hallo como una suposición muy simplista.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado. Esto es, detrás de ese afán de conseguir, guardar o restringir bienes, está la inseguridad o el miedo, en buena medida de corte irracional, capaz de llevar a conductas insensatas con tal de tener más.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa.

Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo como “todos” lo están haciendo.

Loewestein establece una marcada relación entre la esfera emocional y la economía del individuo, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás. Así se explican situaciones como las de aquellos que construyen más mansiones de las que podrían habitar. El decir “puedo” y “poseo” es una falacia que les otorga tranquilidad, al menos por un rato.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo. Valores como el autoconocimiento, la integridad y la honestidad, --desde esta perspectiva-- quedan fuera de lugar, y la generosidad y el altruismo son cosas de ficción. De este modo el apego proviene de la conciencia de saberse pobre en sí mismo, debiendo hacerse de posesiones materiales para sentirse rico. ¡Qué cosas! Y va el individuo tras los símbolos y las quimeras, sin asumir que el tesoro verdadero está en el significado y no en los símbolos.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.

https//contraluzcoah.blogspot.com/
13 Agosto 2017 03:00:00
El principio del cambio
En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar al utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo, este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante, cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa. Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo.

Loewestein establece una relación entre la esfera emocional y la economía, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo, quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.
06 Agosto 2017 04:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían dos y tres años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir el niño de tres años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente -después de unos minutos- aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos detrás.

Cuando observo algo así vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo a la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de doce kilos uno y diez el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre? Si por desgracia fueran muertos y aparecieran en una vereda, ¿puede atribuirse la responsabilidad a la inseguridad, al crimen organizado, o a qué, cuando correspondió a la figura materna que en su momento no los vigiló?...

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a muy temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser. Y más todavía inician su vida sexual a edades muy tempranas inmersos en un mundo altamente erotizado que marca estilos de vida artificiales los cuales llevan a una niña de 12 o 13 años a salir embarazada.

La mujer del relato no tendría menos de 24 años, sin embargo su actitud da cuenta de una falta de responsabilidad cuyo origen podemos imaginar mas no determinar con certeza. Eso sí, está visto que no mide el riesgo al que está sometiendo a sus niños –no lo mide o no le interesa, lo que sería aún más grave--.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas, encargarse generar conciencia en los “beneficiarios” de los riesgos que asumen: La alta tasa de suicidios relacionados con cirugías para cambio de sexo, y el escenario terriblemente desgarrador de niños robados, vejados o muertos porque sus padres no tuvieron la preparación para cuidarlos debidamente.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
06 Agosto 2017 03:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían 2 y 3 años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana, quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir, el niño de 3 años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre, quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente (después de unos minutos) aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos
detrás.

Cuando observo algo así, vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis, dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo con la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro, esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de 12 kilos uno y 10 el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre?

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del Gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas.
30 Julio 2017 04:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país ha sido la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro, más que la capacidad probada del aspirante al cargo. Un ejemplo muy claro ha sido el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos ochenta años.

El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo. ¿Sí o no?...

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en el estado norteamericano de Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de $100,000 pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza. Y aquí es donde quiero iniciar mi reflexión.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de los $30,000, con intereses muy bajos, y -al menos en teoría- están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio o una cadena productiva. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso de manera eficiente, y aquí es donde habría que preguntarnos qué ha hecho el gobierno para detectar esos nichos de oportunidad y diseñar cadenas productivas, de suerte que la gente joven piense en quedarse en su terruño, y así favorecer el desarrollo de esas regiones.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros -el mejor dotado- en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos, como fue esta vez para algunos de ellos. Se confía ese monto que no es cualquier cosa, así como la vida y la integridad de su familiar, en manos de traficantes, que para nada van a actuar como hermanitas de la caridad. A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región, y con la preparación suficiente para diseñar, echar a funcionar, supervisar y evaluar programas encaminados a subsanar esas mismas necesidades.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?... En cualquiera de los casos, se trata de un desperdicio de talento, que da por resultado una pobre calidad de vida para el individuo, su familia y la comunidad misma. ¿Dónde están los programas gubernamentales para capacitar y agremiar a estos jóvenes en cooperativas o en cadenas productivas que apoyen la economía regional?

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes a redes de traficantes que no hacen más que fortalecer el crimen organizado.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompesueños como pompas de jabón.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
30 Julio 2017 03:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país es la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro.

Un ejemplo muy claro es el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos 80 años. El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo.

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho, se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de 100 mil pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de 30 mil con intereses muy bajos, y están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros (el mejor dotado) en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos.

A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?...

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo, seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompe sueños como pompas de jabón.
23 Julio 2017 04:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del ex gobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas –técnicas o más bien a modo—llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

En México tenemos leyes mucho muy complejas que por lógica tienen huecos, los que utilizan en su momento los abogados para ganar un proceso judicial. Y así tenemos a los grandes ladrones salidos de la función pública, enriquecidos de manera inexplicable, a los que el sistema no puede tocar.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos. Es la forma equivocada y malintencionada en que funciona el sistema para beneficio de las cúpulas en el poder.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación: Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida, así de simple. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro “En legítima Defensa”.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?...

Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple cabalmente en nuestro sistema
legislativo.

Si analizamos en qué base ciudadana se sustenta este árbol de frutos amargos, diríamos que en el “no me importa”, pecado venial que todos cometemos en mayor o menor medida:
• No me importa que el joven con un carro deportivo y sin logo que lo justifique, ocupe el cajón de discapacitados.

• No me importa que el matrimonio de clase media con un niño de 6 años, en la tienda departamental, permita que el muchachito saque un juguete de su empaque, juegue con él y luego lo abandone en cualquier pasillo.

• No me importa en esta misma tienda tomar un yogurt para mi hijo, y deshacerme del envase cuando lo haya
consumido.

• No hago nada cuando el sujeto violento se mete en la fila a la brava. Ni cuando observo a un grupo de jóvenes dañando sitios públicos.


• Tampoco me preocupa que el joven se pase sistemáticamente los cruceros con el semáforo en rojo. O que acostumbre ir manejando y hablando por celular.
• Soy indiferente ante la actuación del pariente o amigo que transa, “al fin que todos lo hacen”, y “el que no transa no avanza”.

• No veo –o no quiero ver—que esos pequeños actos encarecen y dificultan la vida de cada uno de nosotros.

• No me importa que los demás batallen, mientras yo resuelva mi problema de manera rápida y eficaz, por cualquier camino.

• No me interesa dejar la justa propina en un establecimiento, así haya recibido una atención de primera.

• No me preocupa pasar por encima de los derechos del otro, en un sistema que aplaude más al ventajoso que al justo.

En esta sociedad que vamos construyendo entre todos, día a día, con nuestras pequeñas acciones, para conformar un gran árbol de frutos agrios, no nos sorprenda entonces que se presenten fenómenos escandalosos y ofensivos como los de los actuales ex gobernadores corruptos, los Duarte, Yarrington y Borge, por citar unos cuantos, o el caso de las constructoras especialistas en socavones, que tienen una historia negra de trabajar mal, con sobreprecios y abandono de la obra, pero que siguen siendo contratadas una y otra vez.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés fundamental de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
23 Julio 2017 03:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del exgobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación. Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro En Legítima Defensa.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?... Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple en nuestro sistema legislativo.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Dejamos de percibir toda su magnificencia individual, ya no sentimos ese contacto maravilloso con la naturaleza, y más bien creemos estar frente a un cúmulo de basura.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia extrema dejan de impactarnos. Asimismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte, un asunto que permea todos los medios de información en sus distintas versiones, para generar en nosotros una tolerancia perversa.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en 5 chats… Sentir esa caricia personalizada, ese decir “aquí estoy”, “te aprecio”, “cuenta conmigo”.

Nuestros hijos saben bastante poco de sus ancestros. En esta época en que la prisa nos gana, no hay mucha oportunidad –como antes- para aquellas pláticas familiares donde se contaban una y otra vez anécdotas de tiempos de los abuelos, que además de sabrosas y originales, otorgaban identidad familiar y sentido de pertenencia al clan. Muchos podemos recordar de labios de nuestros mayores, historias que dibujan las figuras queridas y dejan en nosotros una impronta de orgullo familiar. Ahora sólo falta que digamos a los chicos que vayan a googlear la biografía de sus ancestros para que los conozcan y aprendan a sentirse felices de tenerlos.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos. Poder identificar los relatos que narran hazañas de los ancestros, y que a fin de cuentas nos ponen sobre el planeta. Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos --tiempo y atención--, tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos, que haga patente nuestro interés por ellos… Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único e irrepetible, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia dejan de impactarnos. Así mismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable, el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en cincon chats… Sentir esa caricia personalizada.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos.

Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos: tiempo y atención. Tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos. Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.
09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro.

Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas.

Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista.

De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante –como Tlatoani—pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el período electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos.

En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad.

Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible.

El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad.

De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios.

https://contraluzcoah.blogspot.com/

09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro. Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas. Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista. De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante -como Tlatoani- pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el periodo electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos. En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad. Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible. El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad. De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios

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02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea Ensayo sobre la Ceguera, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia sigo teniendo presente como si la viera ahora.

Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma. Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización.

Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas.

Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.
02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea “Ensayo sobre la Ceguera”, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social, a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años de edad; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia, sigo teniendo presente como si la viera ahora. Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma.

Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización. Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común, que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas. Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor, transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales, para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos, sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la Ciudad de México. Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.

Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares.
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Yo soy un ciudadano, no de Atenas o de Grecia, sino del mundo. Sócrates
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la ciudad de México.

Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.
Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares. Valorar si están siendo congruentes en sus exigencias hacia los jóvenes, en un mundo infectado de actos de doble moral. Nuestro mundo necesita seres humanos íntegros, empáticos con las necesidades de todos, capaces de generar proyectos incluyentes nacidos de una visión global. No funcionan las actitudes mezquinas de quienes a toda costa buscan poder y posición para provecho propio.

Necesitamos ciudadanos que actúen desde sus más elevados ideales y no desde sus miedos. Ciudadanos generosos y empáticos por el interés superior de la humanidad, no nada más para beneficio propio o de su clan.

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18 Junio 2017 04:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace cincuenta o cien años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana. A partir de ello estamos obligados a preguntarnos cómo está funcionando la figura de autoridad en los procesos educativos de nuestra sociedad.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro “Tu hijo” del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces. Habría que ver con óptica antropológica qué sucedió y de qué manera repercute setenta años después.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación activa, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte, la mujer tuvo que salir a trabajar fuera de casa, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha pero mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.
Los niños de los cincuentas, jóvenes de los sesentas, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Viet Nam.

Quienes tenemos edad suficiente para haber conocido aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy en día dan cuenta de que la figura de autoridad es totalmente ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de ponerse de su lado, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de diez o doce años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites. Nuestros hijos pasarán un tiempo a nuestro lado y el resto ya por su cuenta, haciendo su propia vida, de modo que por lógica nos corresponde educarlos desde ahora para que aprendan a vivir bien sin nosotros.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de treinta o cuarenta años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Nos ofrecemos a ayudar en cuestiones que ellos ya deberían resolver por cuenta propia, los cobijamos bajo nuestra ala y casi los asfixiamos. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno, desperdiciando tiempo precioso que les corresponde a ellos vivir por su cuenta.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.

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18 Junio 2017 03:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace 50 o 100 años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro Tu Hijo del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte la mujer tuvo que salir a trabajar, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.

Los niños de los 50, jóvenes de los 70, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Vietnam.

Quienes tenemos edad suficiente para conocer aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy dan cuenta de que la figura de autoridad es ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de 10 o 12 años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de 30 o 40 años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.
11 Junio 2017 04:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo a la religión shintoista, que según nos relata, es practicada por un 70% de los oriundos.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo debo reconocer que en cuestión de derechos humanos, admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta, y en lo personal el estado ideal es el de un grupo humano que cumple con el orden, dando lugar a seguridad y a tranquilidad entre sus integrantes.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. Con relación a la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo. Ver a alguien conocido transgrediendo una regla nos resulta divertido, y de este modo nos vamos haciendo cómplices unos de otros.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar, y que esa apatía cívica se quita con una buena dosis de conocimiento y otra más de voluntad.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Cuando nuestros fallos –que seguirán siendo muchos—puedan atribuirse a cualquier causa menos a la deshonestidad y a la mentira. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa. Ese día cuando actuemos convencidos de que las cosas se hacen por la vía legal, independientemente de si los resultados finales nos puedan favorecer o no. Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos. Un ser humano que no halle justificado actuar fuera del marco legal nunca, por ningún motivo, sabiendo que lo que finalmente nos llevamos cuando morimos es un buen nombre y nada más. Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.

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11 Junio 2017 03:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo con la religión shintoista.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio
coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo, debo reconocer que en cuestión de derechos humanos admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. En relación con la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo
hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa.

Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos.

Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.
04 Junio 2017 04:00:00
Las otras ballenas
Temporada de elecciones, como ahora para Coahuila, momento de revisar cómo anda nuestro sistema, y de qué manera aquellos individuos que escogeremos para representarnos, habrán de cumplir con la responsabilidad que les corresponde y por la que estarán muy pero muy bien pagados.

Meterme en el intríngulis de la política no es lo mío, prefiero enfocarme en aquellos aspectos generales que finalmente impactan en las tribunas porque tienen que ver con el estado de cosas dentro de nuestra sociedad. Para ejemplo van dos asuntos de los que tuve conocimiento esta semana.

La Comisión Permanente del Congreso de la Unión enfoca ahora su atención a casos de suicidio en adolescentes causados por el juego denominado “La Ballena Azul” del que ya hablamos en este espacio, mismo que invita a adolescentes a cumplir retos progresivamente más difíciles, dañinos para ellos, que culminan en el suicidio del jugador. Lo que en Rusia ha sido un problema serio, en México no lo es, aunque a criterio de nuestros legisladores justificó emitir un punto de acuerdo. De 100 muertes registradas en México, 1 es por suicidio, y de 10 casos de suicidio, 4 corresponden a jóvenes entre 15 y 29 años, y de los 2,400 suicidios en adolescentes del último año, 3 fueron por la Ballena Azul, así la proporción.

Nunca jamás podría desestimar la muerte de un solo ser humano, menos aun cuando se trata de suicidio en adolescentes, sin embargo habría que poner las cosas en perspectiva, y para ello algunos datos duros para fundamentar mi reflexión.

Según la asociación SAVE THE CHILDREN, la mitad de los adolescentes en México está en pobreza, y según el CONEVAL en un estudio del 2012 un 8.5% de menores de 18 años padece rezago educativo, un 19.7% no tiene acceso a servicios de salud, un 65.6% no cuenta con seguridad social, el 18.5% no tiene vivienda de calidad, el 24.9% no tiene servicios básicos, y un 28.2% no cuenta con acceso a la alimentación.

De acuerdo a la UNICEF (2009) había en México 12.8 millones de adolescentes entre 12 y 17 años, de ellos 1 de cada 3 no asiste a la escuela. El INEGI señala que 11 de cada 100 mujeres menores de 19 años ha tenido al menos un embarazo. SAVE THE CHILDREN en el 2013 indica que por cada 1000 mujeres menores de 19 años ocurren 77 embarazos, y a más baja escolaridad mayor mortalidad materna. De cada 100 muertes maternas 13.8% corresponden a menores de 19 años.

Hay otros rubros mucho más urgentes que los tres suicidios por la Ballena Azul. Esta semana comparte un compañero pediatra un documento expedido por un chiapaneco que se ostenta como médico y que al describir el estado de salud de una paciente de 28 años que acudió con él a la letra dice, (transcribo respetando las erratas del documento): “Se le encontró un tumor malino (sic) de 2.4 cm de diámetro y anemia de 3er grado a punto de ser leucemia acumulación de animalitos y paracitos (sic) no tiene calcio ni cartilago arteria lenta derrame viliar (sic) y supuracion de liquidos en traquia (sic), inflamacion en la ingue (sic) hernia en piloro, hígado picado, inflamación en páncreas, infección intestinal en 3er grado, quistitis (sic) en vejiga orinaria (sic), gastritis en colon (sic), en concreto, una hernia en supuración de 2.4 de diámetro (tumor).”

Sin necesidad de ser médicos detectaremos un sinnúmero de inconsistencias en este documento escrito por quien se firma como médico, en una clara y evidente usurpación de funciones muy grave y que va contra la ley. En pocas palabras, con su “diagnóstico” desahucia a una joven de 28 años… No quiero ni imaginar la preocupación de la paciente y de sus familiares pensando en que va a morir. ¿Dónde está Profesiones para revisar estos casos? ¿Dónde está la Secretaría de Salud? Escenarios como el descrito proliferan, así como los de estilistas que aplican botox o que inyectan aceite industrial para hacer lipoescultura. Igual está la venta clandestina de medicamentos pirata en las pulgas. ¿Tienen conocimiento de ello nuestros legisladores? ¿Qué están haciendo al respecto?

Ahora cuando vamos a elegir, conozcamos las propuestas de los candidatos, pero sobre todo su trayectoria. Que no nos maree el canto de sirenas de las campañas, investiguemos a fondo su sensibilidad social, la honestidad y espíritu de servicio en su desempeño público, y apostemos por aquellos que se enfocan en las otras ballenas, hacia los graves problemas que merman los segmentos de población más vulnerables. Tomemos conocimiento de cuestiones como la malnutrición, la deficiencia de infraestructura urbana, el analfabetismo funcional, los bajos salarios, la inseguridad, los grandes depredadores que en realidad sí ponen en riesgo significativo a nuestro amado México. Si no lo hacemos, no se vale quejarnos luego.

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28 Mayo 2017 04:00:00
Soledad: ¿hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando hacerse presente y dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando de manera ininterrumpida. Más que una forma de mostrarse ante otros, parece resultado de un angustioso estado que le amenaza, y del cual busca fugarse.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psiqué del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos van ocurriendo a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones, el producto adictivo representa una fuente de placer, que lleva a experimentar por un rato una sensación agradable frente al mundo, al cual se deja de percibir por ese rato como amenazador. La necesidad de poseer para sentir que valemos se agrega a esta creciente estructura, y luego lo hacen otras más, así se explican las tribus urbanas o los grupos secretos, que de alguna manera otorgan al individuo un sentido de pertenencia que lo salva de sentirse solo, aunque habitualmente hay que pagar un precio elevado. Esto es, para pertenecer a estos grupos el individuo está obligado a llevar a cabo ritos que implican riesgo para su propia seguridad o que generan conflicto frente a sus principios éticos o morales. Y de igual modo se añaden otros elementos a esa estructura tridimensional que vienen a explicar parte de los fenómenos de corrupción que vive nuestro vapuleado país. Quiero creer que al menos la mitad de los funcionarios involucrados en actos de corrupción están metidos en dicho ilícito por un sentido de lealtad al jefe, de solidaridad hacia los compañeros, o un angustioso deseo de no quedar fuera de la jugada institucional, y que no tanto actúan así por simple codicia.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no va a terminar colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que estamos viendo en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta. Comencemos hoy por revisar en primera instancia si en nuestra vida la soledad es un estado que se procura para crecer o una angustia traicionera que nos ancla.

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28 Mayo 2017 03:00:00
Soledad: ¿Hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psique del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser
contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos ocurren a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no terminará colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que vemos en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta.
21 Mayo 2017 04:00:00
Ira contenida
En lo personal soy poco dada a procurar imágenes de grandes tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas una y otra vez, no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito. Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos “bloopers” me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros seres humanos. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico. Hoy me encontré viviendo una excepción a la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta del modo como se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído para ir a embestir a distintos grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un ex marino con rasgos paranoides que dentro de lo poco que ha manifestado refiere que actuó así para que la policía lo matara y terminar de una buena vez con todo.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos porqué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Y cómo podemos rebatirles la validez de esos argumentos?

Vivir en una frontera méxicoamericana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que cincuenta o cien metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que cómo allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

Algo similar halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que –por desgracia– quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó “inteligencia emocional”, algo que no está por demás retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo, no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo. La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas. Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se van presentando en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas y confianza en ellos mismos. Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.

Profesionalización de las instituciones: Piedra angular de las sociedades sanas.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
21 Mayo 2017 03:00:00
Ira contenida
En lo personal, soy poco dada a procurar imágenes de tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito.

Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos "bloopers" me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico.

Hoy viví la excepción de la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta cómo se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído al embestir a varios grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un exmarino con rasgos paranoides que refiere que actuó así para que la policía lo matara.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos por qué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Cómo rebatir esos argumentos?

Vivir en una frontera méxico-americana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que 50 o 100 metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que como allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

lo mismo halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que por desgracia quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó "inteligencia emocional", algo que no está de más retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo.

La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas.

Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se presentan en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas, y confianza en ellos mismos.Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.
14 Mayo 2017 04:00:00
Soluciones, no parches
La SCJN ha determinado que los menores de edad de 14 años en adelante, acusados de delitos graves recibirán prisión domiciliaria hasta por 3 meses, mientras se desahoga el proceso judicial en su contra. Desde tiempo atrás se había considerado que estos menores, al cometer delitos graves como si fueran adultos, deberían ser tratados como tales, pero ahora se determina hacer responsable de su custodia temporal a la misma familia de la cual surgió el delincuente.

De acuerdo al International Institute of Strategic Studies (IISS) de Londres, México en el 2016 ha quedado en segundo lugar mundial como país violento, superado únicamente por Siria y su cruenta guerra civil. Mientras que en el 2016 aquel país oriental el conflicto bélico sumó 50,000 muertes, México contabilizó 23,000, casi la mitad de las defunciones sirias. En nuestro caso los indicadores 2016 dan este resultado debido a la violencia que se vive en las calles. El Gobierno federal ha desacreditado por completo dicha información argumentando irregularidades en la forma de medición, restando seriedad a la fuente investigadora, y señalando que la situación no es tan grave, aun cuando durante el 2016 esas 23,000 muertes violentas hayan ocurrido en 22 de los 32 estados que conforman nuestro país, y que la tasa de homicidios haya superado las de Afganistán y Somalia.

Conocemos que el gobierno federal se refiere a todo choque armado como “enfrentamiento entre cárteles rivales”, aunque hay evidencia de que muchos casos son ataques en contra de población civil inocente, ya sea por parte de sicarios o de fuerzas armadas. En México tenemos los aparatos burocráticos más caros del mundo, y en buena medida los menos eficaces, puesto que, además de que muchas instituciones no funcionan en cumplir aquello para lo cual fueron creadas, termina siendo la propia ciudadanía, que en principio debía recibir el beneficio de instituciones fuertes y sanas, la que en ocasiones asume el papel que éstas no cumplen, con los consabidos riesgos.

En el curso de la semana fue acribillada en el interior de su domicilio en San Fernando Tamaulipas Míriam Elizabeth Rodríguez, madre de Karen, una menor desaparecida en el 2012. Ante la ineficacia de las autoridades la madre buscó a su hija, vivió el dolor de encontrar sus restos en una fosa clandestina en el 2015, y ubicó a los delincuentes a los que finalmente presentó a la autoridad. Hace un par de semanas estos homicidas escaparon de prisión, y ahora ella está muerta. En su momento solicitó protección por parte de las autoridades estatales, pero su petición nunca fue atendida. En este mismo estado de Tamaulipas, hasta hace poco el gobierno estatal mantenía un total de 8 custodios para Tomás Yarrington, ex gobernador prófugo de la justicia, pero en cambio para una activista que estaba siendo amenazada no hubo protección, una más de esas paradojas dolorosísimas en nuestro país. El gobernador Cabeza de Vaca expresa que no descansará hasta localizar a los responsables de este crimen. ¿Ya para qué, si Míriam no fue atendida en su momento, y ahora está muerta?...

La SCJN dispuso este martes que los menores de edad que enfrenten cargos por delitos graves como narcotráfico, secuestro o violación reciban el beneficio de la prisión preventiva domiciliaria durante 3 meses para que sigan su proceso fuera de prisión, mientras se determina su situación legal. Yo me pregunto de qué va a servir que a un chico en estas condiciones se le dicte prisión domiciliaria, si de antemano sabemos que no la cumplirá. En lo personal lo veo como una forma cómoda de liberar del problema a las autoridades judiciales.

Las familias disfuncionales que generan menores delincuentes no están en condiciones de actuar como guardianes de los mismos. Las condiciones de la dinámica familiar dieron lugar a un menor que no reconoce orden ni límites, además de que la familia suele, si no apoyar, sí ocultar o justificar las conductas antisociales de los menores. ¿Cómo vamos a esperar que una familia que así se maneja vaya a asumir funciones de guardián? ¿No será una forma de eludir responsabilidades por parte del poder judicial? Si el menor actúa como mayor de edad al momento de cometer el delito, ¿no debe -por lógica- ser tratado como tal? O bien, ¿no irá a ocurrir que en dicha prisión domiciliaria las conductas delictivas, lejos de ser contenidas, se acrecienten?

Aparte de la corrupción que tanto ha afectado a nuestro país, las instituciones requieren de profesionalización y seriedad en su funcionamiento. En México el problema de la inseguridad tiene que verse como lo que es, un problema social de origen que requiere soluciones científicas, no parches que se botan a poco de haberse colocado.

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07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más cuando los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y recordaré al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada El Nacimiento, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeño me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y amiga de grandes y chicos.

El Nacimiento se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí estará siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo, quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han dejado.

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.
07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más todavía cuando ocurre que los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte humana, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y habré de recordar al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada “El Nacimiento”, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños de brazos. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeñito me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y entusiasta amiga de grandes y chicos.

“El Nacimiento” se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí va a estar siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias las cuales seguirán ocupando ese espacio, que si bien ya no existe en el plano físico, en nuestra mente siempre estará presente.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal. Yo sé que la vida sigue y que no podemos detener su marcha, y más porque sabemos que ese ser amado que cambió de dimensión lo que menos hubiera querido es que nos quedáramos anclados a nuestro dolor, así que hay que seguir adelante.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario --de espaldas al sol--, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso. Esto es, independientemente del tamaño de nuestro dolor, necesitamos caminar de frente al sol, rumbo a la fuente de luz y de energía, y no en sentido opuesto. Nuestro pasado clama por atención, pero las cosas no funcionarán si permitimos que nos atrape; cada ser vivo tiene su tiempo, y ese tiempo es perfecto, de modo que el ser que muere parte atendiendo a su propio reloj vital, porque era su hora, por más que quienes nos quedamos acá no logremos alcanzar a entenderlo.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

De cara al sol, dispuestos al cambio, entendiendo que el pasado no nos pertenece, y que no podemos invertir en él los recursos del presente.

De frente a la luz, para permitir que esta inunde y transparente todas nuestras acciones. Quien obra bien y no tiene nada que ocultar, avanza con presteza.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han ido dejando.

De cara al sol, poniendo la mayor voluntad en acrecentar el entusiasmo, apostando todo a creer que cada quien decide qué tan feliz quiere ser y cuánto trabaja por lograrlo…

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.

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30 Abril 2017 04:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado. El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos bendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir” que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso. Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza, es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad.

Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador. Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.

Aquí me permito transcribir la letra de esta hermosa canción a partir de la cual me permitiré hacer unas reflexiones finales acerca de este vivificante encuentro entre hermanos.

“Soy vecino de este mundo por un rato, y hoy coincide que también tú estás aquí. Coincidencias tan extrañas de la vida. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si navego con la mente en los espacios, o si quiero a mis ancestros retornar. Agobiado me detengo y lo imagino. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si en la noche me entretengo en las estrellas, y capturo la que empieza a florecer. La sostengo entre las manos, mas me alarma. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”

“Si la vida se sostiene por instantes, y un instante es el momento de existir. Si tu vida es otro instante, no comprendo, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”
¿Por qué nacimos en este tiempo y no en otro? ¿Por qué en esta exacta latitud? Los ateos dirán que por casualidad o por carga genética; yo pienso que es como parte de un plan divino que busca que cada uno de nosotros esté en condiciones de explotar al máximo su potencial personal.

Andar el camino por cuenta propia nos asegura que nuestros pasos nos lleven justo por el derrotero que nos tracemos, sin embargo hacerlo de manera solitaria cansa el alma. Más vale ir andando en compañía de otros, y aunque nuestro plan no se cumpla exactamente como lo teníamos previsto, la caminata será más enriquecedora.

Es buen momento para comenzar a contar a nuestros seres queridos como bendiciones que el cielo nos regala. Ellos ayudan a conformar la casa dentro de la cual podemos reposar para solaz en tiempos benévolos, o buscando resguardo en la tormenta.

El tiempo con su implacable paso nos recuerda que los sueños expiran si no los mantenemos firmes como elevada cometa que el viento permite sostener en lo más alto.

Es más dulce el sabor de un pedazo de pan compartido que aquel de la hogaza que, con tal de no compartir, tragamos con desesperación y que casi nos ahoga.

Gracias, queridos amigos del grupo ciberpeds por coincidir conmigo en este tramo del camino. Sigamos adelante haciéndonos compañía como hermanos rumbo al gran puerto.

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30 Abril 2017 03:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado.

El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos
wwbendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional, y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir”, que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso.

Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad. Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador.

Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.
23 Abril 2017 04:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro.

Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy. Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado –casi por accidente—la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Desde nuestra zona de confort no le vemos sentido a explorar otras opciones, ahí está el ventanal con su manantial de luz, y por ahí tiene que ser la salida.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje de nuestra elección, a tal grado de adivinar con cierto gozo pueril cuál será el siguiente paso que va a dar dentro de la historia.

Los libros de auto-ayuda en lo personal no me satisfacen. Los encuentro como los recetarios de cocina que te indican cómo elaborar un platillo paso a paso, apagando tu potencial creatividad. En lo personal prefiero los libros que me permiten emprender una lectura muy personal entre líneas, una mirada lateral a aquello que el autor tal vez quiso decir, o tal vez no, porque nos concede total libertad de interpretación, convirtiendo su propia obra en mil obras, a través de la mirada de mil lectores.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos unos a otros afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles, y ¿por qué no?, puede ser a través de un obsequio.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.

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23 Abril 2017 03:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril, pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro. Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy.

Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de Día Mundial del Libro y del Derecho de
Autor.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado (casi por accidente) la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.
16 Abril 2017 04:00:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

En momentos como estos entendemos que lo que hoy nos ofrece cada amanecer serán horas muertas si no lo aprovechamos. Que el tiempo es como agua preciosa, una vez que la hemos vertido no hay manera de regresarla al recipiente de donde salió.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón –en todo momento– un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce y justifique.

No podríamos sentarnos a ver pasar la vida así como si nada. Desde el día cuando fuimos concebidos se nos señaló una consigna vital frente a la cual nos corresponde empeñar todo nuestro ser cada día, hasta el último de los alientos.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino, la posibilidad de modificar aquellos elementos que determinan nuestra vida como ahora la vivimos, de suerte de hacer con ella la mejor versión de nosotros mismos.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos, pues, conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al medirme.

Los recuerdos como perlas preciosas que dejan esos seres amados que parten antes que nosotros, sirvan como inspiración para ponerle todas las ganas a la vida, para sacar esa garra que nos permita avanzar por encima de los escollos que puedan surgir por el camino. Sea esa memoria el impulso extra que tenga nuestro espíritu para creer y crear, poniendo toda la fe y la fibra en aquello que nos proponemos ver cristalizado.

Vivamos con el firme propósito de sacar adelante aquel proyecto para el que fuimos concebidos, y frente al cual no habría en la historia de la humanidad una persona mejor preparada para llevarlo a cabo.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos –como las semillas– los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Que finalmente el día cuando partamos lo hagamos sabiendo que le cumplimos a la vida con la pequeña porción que nos correspondía hacer, ni más ni menos.

La historia de cada ser humano es un libro que se va escribiendo con el aliento de cada día. Para algunos es un libro breve, para otros es uno de grueso lomo. Lo que cuenta al final no es la extensión de la historia, sino su contenido, esto es, con cuánto empeño se fue manejando la pluma para escribir cada una de las palabras que –una a una– fueron poblando aquellas blancas páginas de un principio.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste tanto aceptarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
16 Abril 2017 03:01:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón (en todo momento) un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos pues conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos, nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al
medirme.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos (como las semillas) los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste aceptarlo.
09 Abril 2017 04:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas –como mi amigo—cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

La palabra “compromiso” es un traje que suele quedarnos grande. Entonces, ver la forma como un ser humano se ciñe a esta palabra contra viento y marea, nos lleva a creer que el espíritu es capaz de cosas que ni siquiera imaginamos, y que cuando él llega al final del camino estará en condiciones de partir ligero, sin cuentas pendientes con la vida.
Amar en los hechos, amar a quien no puede corresponder, hacerlo cuando nadie observa, dar sin que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha, lejos de las palabras, al margen del anuncio. ¡Qué hermosa forma de testimoniar el amor de Dios!
Frente a la muerte de un ser querido nos invade la tristeza, nos taladra el cerebro la palabra “jamás” que da cuenta de todo aquello que no volverá a presentarse como antes a raíz de su partida física. A ratos surge la inquietud de preguntarnos si hicimos lo necesario por acompañarlo en el camino como él lo merecía, o –mejor dicho—como él hubiera hecho con nosotros. ¡Los ociosos “hubiera” rondan como aves de la noche en un tiempo cuando ya nada puede hacerse por cambiar las cosas!
Como él querría que yo hiciera, hoy frente a la muerte cuento mis bendiciones, la vida, la salud, el aire, la música. Doy gracias por mis sentidos, la inteligencia, la voluntad. Afortunada de tener una familia, amigos, personas por cuya presencia tengo la oportunidad de trabajar para ser mejor.

Ante el rigor de la inevitable partida de mi gran amigo, me siento privilegiada de haber andado en su compañía una parte del camino, de modo que ahora cuando ya no está, me corresponde trabajar por ser una buena compañía para quienes vienen detrás y que en algún momento emparejarán su marcha con la mía.

El día en que muere un hombre de profunda fe, y lo vemos partir sereno, comenzamos a entender que cuando el Padre es el viento que dirige la barca, no hay derrotero malogrado.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.

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09 Abril 2017 03:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones, nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas (como mi amigo) cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.
02 Abril 2017 04:00:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar “Centinelas”, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de la Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa. Jóvenes que se hallan tranquilos tomando un café con la novia o esperando su turno para entrar a un restaurante se ven rodeados y de la nada son atacados a golpes y patadas por el grupo. Representación del Séptimo Círculo del Infierno de Dante en la tierra.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los “Porkys”; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne –la menor de edad– por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente, el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: Mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar. Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encausados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute. Fueron requiriendo estímulos cada vez mayores para sentirse vivos, y para ahora habrán recorrido un largo camino de elementos generadores de sensaciones que yo no llamaría precisamente “agradables”, sino más bien estimulantes, como descargas de adrenalina, o en términos coloquiales, ellos no buscan subirse a la rueda de la fortuna y disfrutar la feria desde las alturas, sino apearse a una montaña rusa y vibrar al extremo hasta sentir que se pierde la noción de uno mismo.

Una familia que se hace presente para el niño mediante elementos materiales no va a llegar a su corazón, donde el chiquito espera ser reconfortado mediante tiempo, atención, aceptación, ternura y amor incondicional. Cuando los amigos o el trabajo, o las reuniones sociales tienen prioridad, el mensaje que recibe el hijo es muy claro: “No eres importante para mí”, luego no nos sorprenda la conducta del chico de diez o quince años, quien no hace más que reaccionar desde su dolor más profundo. Fuera de esos momentos de energía pura el resto de su existencia es plana, al punto de que ni las fiestas ni el sexo o los químicos consumidos logran provocar estímulo suficiente, estos jóvenes que a nada material aspiran porque todo lo tienen, pretenden sentir que no están muertos, y es por ello que han escalado hasta hacer de la violencia un entretenimiento. La sociedad que genera estos personajes de la sombra está conformada por todos nosotros en nuestro papel de padres, tíos, abuelos, maestros, clérigos, funcionarios de gobierno, ciudadanos… Es resultado de nuestra actitud de indiferencia, de ese cómodo “no me toca” con el que pretendemos zafarnos de cualquier responsabilidad.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quiÉn arregla su pequeño espacio, el mundo se compone. Por desgracia, los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
02 Abril 2017 03:01:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar Centinelas, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido

exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los Porkys; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne (menor de edad) por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar.

Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encauzados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quien arregla su pequeño espacio el mundo se compone. Por desgracia los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.
26 Marzo 2017 04:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo veintiuno ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

Viene a mi mente esta reflexión al inicio de la primavera, temporada de conciertos matutinos alrededor. Será el cambio climático, o que los niños que antes eran cazadores urbanos están metidos en sus aparatos electrónicos, hoy en día los árboles circunvecinos son visitados desde temprana hora por calandrias, cenzontles, unos tordos que conocen popularmente como “pájaros del viento”, y cardenales, que por acá llaman “cadernales”, cambiando dos consonantes, (igual hacen con el chile “piquín” al que muchos llaman “quipín”), y finalmente un par de pájaros carpinteros. En lo personal es una forma deliciosa de mantenerme en contacto con la naturaleza en medio de la mancha urbana, una oportunidad extraordinaria para alabar a Dios.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de los Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

“Para entender los actos irracionales de un adulto, pregúntate qué quiere lograr con ellos el niño que lleva dentro”. Hay infinidad de comportamientos detrás de los cuales se percibe un vacío en el interior de su autor. Son oquedades que buscan llenarse de alguna manera, pero al andar caminos equivocados, no se logra hacerlo. Hay sensaciones de vacío que se extienden a todas las esferas, de modo que el individuo a mediación o cerca del término de su vida se pregunta qué ha hecho en tantos años, y se deprime. Hay vacíos que son producto de una baja autoestima, entonces, como la persona no está satisfecha consigo misma, requiere de manera constante el aplauso exterior, mismo que siempre será insuficiente. En estas condiciones la persona sufre al considerar que no está logrando el justo reconocimiento. Siempre y cuando el sentirnos bien dependa de elementos externos, iremos, si no a la deriva, sí con altas y bajas que terminarán haciendo de la vida algo insufrible.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas, como serían el alcohol o las drogas. Nuevamente esas personas se sienten satisfechas solamente a expensas de elementos externos, de modo que su satisfacción es como una barcaza frágil en alta mar.

El consumismo, dentro de sus premisas busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. No tengo la prenda de última moda que acaba de salir, surge un vacío. No poseo un inmenso capital para pagarme un viaje al espacio, soy un fracaso. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío. Y así avanzamos por la vida, muchas veces olvidando contar las bendiciones que sí tenemos, y más bien lamentando aquello que no es nuestro, por más irracional que resulte, y nos sentimos muy infelices, tanto que hasta consideramos el suicidio, ya sea por la vía corta o larga, pues finalmente –en nuestra depresión—no vale la pena vivir.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando, de dónde surgieron y por qué, y en un dado caso, cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte intangible y prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios cada mañana.

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