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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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12 Marzo 2017 04:04:00
¡100 y contando!
“Con números, se puede demostrar cualquier cosa”. Thomas Carlyle. Historiador, crítico social y ensayista escocés.

¡Pues llegamos a la entrega número 100 de El Rincón del Sibarita! ¿Por qué ese afán del hombre de contabilizar TODO? Desde siempre los números han estado indefectiblemente unidos a la historia del ser humano y simplemente no se puede visualizar nada de lo que existe sin que esté de algún modo vinculado a un número o cantidad alguna. ¡En fin! Aquí estamos con esta su columna número 100, amable lector, pero ¿de qué hemos hablado en las anteriores 99 entregas?

Hemos hablado de TODO, o casi todo. De la Cuaresma y de la resurrección, de política y de debates políticos, de elecciones, de vez en cuando de leyes, incluso de leyes absurdas y de los legisladores, así como del Tribunal Electoral y hasta del propio Instituto Electoral del Estado. De las decisiones que nos toca tomar en la vida y de la vida misma con sus altas y sus bajas; de mis amigos, algunos de mi primera infancia y otros más recientes. Del Saltillo de ahora, de ayer y de SIEMPRE. De sus rutas urbanas, de sus cines, de su gente, de sus lugares de esparcimiento familiar y no tan familiar, de sus curiosidades, del significado del nombre de su santo patrono, el original: Santiago Apóstol, y también hemos hablado del santo patrono que nos adoptó como tal: el Santo Cristo de la Capilla.

Hemos platicado de igual modo sobre el habla y sus modismos, particularmente en nuestra entidad, y del extraño significado de algunas palabras en uso y en desuso; de distintas figuras literarias como la jitanjáfora y las greguerías; de los aforismos y de los epígrafes. Del albur y del calambur; de la amistad y de la enemistad. De las supersticiones y de las desgracias reales. De la ecología y de la discapacidad. De lugares raros para viajar y de los maravillosos lugares a los que yo he tenido la bendita oportunidad de hacerlo. Del otoño y de lo mucho que este me hace “nostalgiar”.

Hemos hecho la crónica de diversos eventos, empezando por mi propio cumpleaños y del hecho que no me gusta celebrarlo; del festival del Día de la Familia –que no de la Madre y el Padre– que organiza el Colegio Montessori; graduaciones y demás, y hasta de la toma de protesta de nuestro rector universitario, pasando por informes de Gobierno y eventos cívicos; dando cuenta también de lo que se ha dicho en los discursos de los mismos. Hemos hablado de música y de músicos, de géneros musicales y hasta de la banda sonora de mi propia vida. Del Día de Muertos, del Halloween, de la Natividad y de las distintas tradiciones en torno a estas festividades. De las Olimpiadas, del Súper Tazón y por supuesto de mi deporte favorito: la lucha libre y la Wrestlemania.

De libros: MUCHO, MUCHO, MUCHO de libros, de la riqueza que estos significan; de las librerías de viejo o de libros usados, y de los muchos lugares donde he conseguido los que conforman mi biblioteca personal. Libros sobre leyendas –plasmando algunas de ellas–, novela, cuento y casi todos los géneros literarios; libros sobre los libros, inclusive. De poesía y de poemas. Poemas satíricos, poemas burlescos, poemas irreverentes, poemas con contenido social y también poemas de amor.

Hemos reflexionado sobre el amor y sus muchas definiciones a través de la misma poesía en letras de Neruda, Cohen, Quevedo, Poe, Lope de Vega, Eluard y uno de mis favoritos, Benedetti, con su infaltable Corazón Coraza. Les he presentado algunos cuentos como aquel que en tres entregas abordó lo que ocurre con Santa Claus y los Reyes desde una perspectiva surrealista, así como la historia de amor infiel de una amiga ¡Con dos equipos de beisbol! Hemos hablado del tiempo y lo inasible a la par que incomprensible que este resulta con sus múltiples paradojas.

Y bueno, para terminar, quiero agradecer a quienes de algún modo han hecho posible estas 100 entregas empezando por mis hijos y su madre, a quienes les he quitado parte del tiempo que debería a ellos haberles dedicado. A algunos de mis fieles lectores como don Sergio Mora Brondo, que domingo a domingo lo envía al ciberespacio vía Twitter, antes inclusive de que un servidor acabe por despertar. A la siempre alegre Ángela Dariela Ramírez Benítez, sin cuyo auxilio sería imposible para este pelma que escribe, “subir” a redes la columna tal como se publica en el periódico.

A Don Héctor Javier Riojas Vásquez y Omar Jafet Fuentes Espinoza, quienes a más de darme buenas ideas para las mismas, a veces se han tenido que fletar algunas por anticipado para opinión y corrección; a doña Nora Salinas Alejandro y doña Ximena Arriaga, críticas amables y feroces defensoras no sólo de lo que escribo, sino inclusive de mi persona, cuando lo que plasmo en mis textos termina por incomodar a alguien.

¡Ah! Y gracias también a doña… cuyo nombre prefiero omitir para salvaguardar su identidad a petición suya, debido a que de un par de experiencias personales salieron dos de las que considero mis mejores columnas.

Y finalmente, por supuesto, GRACIAS a don Sergio Cisneros y sus muchos colaboradores que no sólo me prestan este espacio todos los domingos, sino que además ayudan a mejorar lo que escribo en Zócalo, mi casa editorial, con quien igualmente estoy infinitamente agradecido por permitirme llegar a cada uno de Ustedes. ¡Vamos, por lo pronto, por otras 100!
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