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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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15 Noviembre 2015 05:00:46
13/11: el horror
Este texto estaba pensado para hablar de nosotros, los mexicanos. Todo por un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM que nos reveló cómo nos vemos como nación, como habitantes de este país tan contradictorio.

Pero ocurrieron los trágicos hechos en París y creí que es mejor hacernos preguntas sobre quiénes somos como especie. Explosiones, disparos y rehenes.

Pánico y conmoción. Decenas de muertos y heridos.

Un teatro lleno de gente que esperaba disfrutar de un concierto y que acabó inundado en sangre, la de esos ciudadanos que fueron blanco de unas cuantas personas que los arrastraron a su locura.

Así me vino la pregunta: ¿qué carajos nos sucede? Pocas cosas nos diferencian del resto de los animales.

La razón será acaso nuestra mejor y más poderosa herramienta, pero también se convierte a veces en la más peligrosa de nuestras aliadas.

Porque es con ella que sustentamos nuestras creencias, es en ella en que vertimos nuestros miedos y los dejamos crecer todo lo posible.

La razón y lo que en ella cabe, todo lo que afianza nuestras creencias.

La razón y el odio que nacen a partir de ahí, de lo que entendemos, de lo que nos da miedo.

Odiamos al de junto porque no es como queremos que sea, porque no hace lo que creemos que es lo correcto.

Señalamos porque piensan, visten, hablan y actúan contrario a lo que pensamos. Somos tantos y tantas también las posturas respecto de algo, tanta también nuestra negativa a aceptar las diferencias.

Tantos humanos y tanto daño el que nos hacemos. Porque unos dicen que Dios les ordena, otros que su líder les ha dicho que son superiores, unos más porque ven en la violencia el único vehículo para hacerse de una justicia a la que aspiran.

Somos la especie más contradictoria de todas. La que más daño se hace y la que más conmueve.

La que ha dejado de sorprenderse porque ha llegado a niveles inauditos de agresión. La que justifica todas sus acciones. La que se hunde en lágrimas por lo que sucede a distancia, pero se niega a aceptar su propia realidad, ese entorno de corrupción que ha ayudado a construir. Somos la especie que genera odio a partir del odio, porque lo que ayer sucedió es resultado de cientos de años en que nos hemos mirado
soberbios unos a otros.

Dios y las formas que toma alrededor del mundo, la razón y la ignorancia que vienen con él, que no por él, sino que son consecuencia del nulo entendimiento que se le da a su mensaje.

Somos la especie con razón, pero que no razona y nos convertimos así en la especie más absurda.

¿Para qué se nos concedió ese atributo si lo usamos para hacernos daño?

Ayer fue un día triste. La historia nos dice que a una tragedia le siguen otras más. ¿Cuándo un estallido de violencia ha significado el fin de ésta? ¿Cuándo hemos aprendido a mirarnos a partir de la sangre derramada en tantas guerras? Somos la especie más absurda porque nos parece inconcebible que haya quienes ataquen a otros en nombre de Dios, pero hay quienes aceptan la segregación en el discurso de un
aspirante a la Casa Blanca.

Habrá quien con los hechos de ayer justifique violencia hacia otros inocentes, cuya única coincidencia con los criminales sea el color de su piel.

Y así crece ese círculo de violencia. Somos la peor especie, porque le damos al instinto un nivel inferior al de la razón, tal vez porque en ella no cabe ningún miedo. Somos, al final, la especie más frágil, porque creemos que con la razón justificamos todos los actos, aunque sólo nos convertimos en presas de nuestros prejuicios. Somos tan contradictorios porque, dice Michel Houellebecq, a pesar del odio y de la violencia
que generamos, jamás dejamos de creer en el amor. Aunque tal vez sea un concepto que no entendemos, porque no somos capaces de extenderlo hacia quienes vemos distintos en su aspecto o sus creencias.
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