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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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11 Marzo 2017 04:00:00
2018: La carrera se mueve
La semana que concluye fue de intensos movimientos en la anticipada sucesión Presidencial. Pero lo que se movió no fueron necesariamente las encuestas, que no han variado mucho en el posicionamiento que mantienen los aspirantes, sino más bien en tropezones, declaraciones y reacomodos de fuerza entre los distintos precandidatos presidenciales y los grupos políticos y de poder que les apoyan.

Los dos aspirantes punteros en esta carrera arrancaron la semana con visitas al territorio de Estados Unidos. Margarita Zavala acudió a Washington, en donde sostuvo reuniones cupulares con políticos estadounidenses, como el senador republicano John McCain y hasta ahí su gira no pintaba mal. El problema vino cuando la señora Zavala aceptó una entrevista desde la capital estadounidense con el periodista Jorge Ramos de la cadena Univisión. Enlazada vía satélite, la panista comenzó la entrevista intentando mostrar seguridad y defendió el combate contra el narcotráfico en el sexenio de su esposo, Felipe Calderón, como una “decisión valiente” y una “obligación del Estado”. De las 12 mil muertes dijo que “fueron problemas de violencia entre las propias bandas criminales”. Incluso dijo no ser “vocera de un gobierno” y pidió no denostar la participación del Ejército.

Hasta ese punto, Zavala se defendió con dificultad. Su problema vino cuando Ramos insistió: ¿la pregunta es si su esposo se equivocó, usted cree que lo que hizo su esposo fue correcto? Y la respuesta mostró a una aspirante que, sin opinión ni una propuesta propia en materia de seguridad, se enredó y se tropezó con las palabras y conceptos en un fallido y cantinflesco intento por defender a su esposo y su sanguinaria guerra contra el crimen:

“En muchas materias, seguramente, puede no estar exento en equivocaciones, pero de que todos los días pensó, como debemos pensar los mexicanos que queremos trabajar en la política y que tomamos decisiones o tomaremos decisiones, lo que tenemos que decidir es lo mejor para México. Algunas veces se entenderá poco, algunas veces poco se comprenderá o como creo que fue uno de los grandes errores, fue la comunicación, puede ser uno de los grandes errores que se tuvieron, pero sí te quiero decir que nunca estuvo fuera de la decisión ni de los gobiernos panistas ni del sexenio del 2006 al 2012, estuvo fuera de foco la decisión de ayudar a México”.

¿Es lo único que propone Margarita, un regreso a la misma estrategia de Calderón, con la agravante de que ni siquiera tiene claridad para entender las consecuencias de una estrategia mal planeada y peor ejecutada con el Ejército y la Marina otra vez como los ejes del combate al crimen organizado?

Si Zavala quiere convencer a los mexicanos de que un voto por ella no sería votar por otros seis años más de calderonato, debe empezar no sólo por mejorar su discurso y hacerlo más sustancial y sin lugares comunes, si la capacidad le alcanza. Y también tendría que definir si en algún punto va a ser capaz de realizar una crítica, un cuestionamiento o decir en qué difiere de lo hecho en los seis años de la presidencia de su esposo. Porque si repetirá solo los argumentos tantas veces dichos por Calderón, sin la contundencia y ni la vehemencia del ex presidente –que “haiga sido como haiga sido”, siempre supo defender retóricamente su sangrienta guerra militar– Margarita simplemente confirmará que no tiene personalidad ni propuesta propias, como siempre han dicho sus críticos.

AMLO, el PRD y Mancera no se raja. El otro aspirante que comenzó la semana en Estados Unidos, por segunda ocasión en menos de un mes, fue Andrés Manuel López Obrador. El dirigente de Morena acudió a El Paso, Texas, donde se reunió con empresarios locales y encabezó un mitin texanos donde volvió a cuestionar la política racista y xenófoba de Donald Trump.

Pero la gira de López Obrador resultó de muy bajo perfil, comparado con la tormenta que provocó el líder de Morena al interior del PRD. Tras el pronunciamiento de Miguel Barbosa, que le dio su apoyo rumbo al 2018, el senador desató una crisis no sólo en la fracción perredista del Senado y hasta en la Mesa Directiva, involucrada en el pleito del sol azteca por la injerencia del presidente senatorial, Pablo Escudero, que respaldó a Barbosa y desconoció a la nueva coordinadora designada por el CEN perredista, Dolores Padierna.

El tema creció tanto que alcanzó al jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera, acusado también por Barbosa de haber orquestado su destitución a través de Héctor Serrano.

Mancera se deslindó con el argumento de que él ni siquiera es militante del PRD, pero luego, ante la presión, dejó en claro que no piensa renunciar a sus aspiraciones presidenciales, aunque colaboradores y apoyadores suyos, como Barbosa, abandonen su proyecto para apoyar a Andrés Manuel. “Nunca nos rajamos, no, no tengo porque rajarme, todo dependerá de la gente, si la gente entonces decide que no vayamos, pues eso ya será una decisión de la gente, mientras no sea eso, ahí vamos, vamos para adelante”, dijo el gobernante capitalino.

¿Será que Barrales de verdad estaría considerando esa posibilidad o ante los cuestionamientos que arreciaron contra su liderazgo quiso mandar una señal para calmar a las corrientes del perredismo proclives a AMLO?

Porque al final ella está “amarrada” al proyecto de Mancera, que fue quien la llevó a la dirigencia nacional del PRD, pues de eso depende también su propio proyecto por la jefatura de la Ciudad de México. ¿O habrá virajes extraños?
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